El Rincon de Alfonso y Emilia. No concibo mi vida sin ti.
#0
22/06/2011 18:43
“Si de tanto que te quiero me duele.”

Canales






Sandra Cervera y Fernando Coronado.









Mundo fan.


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#9601
18/09/2011 14:22
Gracias Suusi!! ¿Que tal las vacaciones? ;)
Hola silvia e Inma ;)
Hola silvia e Inma ;)
#9602
18/09/2011 14:27
La verdad que las vacaciones han sido geniales, hemos desconectado, descansado y muuuuuuy bien la verdad, ahora ya hemos cargado las pilas de cara al invierno... jeje
Sigo leyendo los fics... que vicio, me encantan, he leido lo último de Pepa... por favor... no nos deje así!!!!
Vosotras que tal por aki??? algo interesante??? jajaja
Sigo leyendo los fics... que vicio, me encantan, he leido lo último de Pepa... por favor... no nos deje así!!!!
Vosotras que tal por aki??? algo interesante??? jajaja
#9603
18/09/2011 14:37
DEFINITIVAMENTE,LOS LIONISTAS ESTAN FUMADOS.CON LO FACIL ES QUE RAMIRO SE VAYA A ESTUDIAR FUERA.ME VOY A COMER...
***La verdad oculta 6***
Como bien vaticino Mariana,una tormenta les pillo de improviso.Estaban en el rio salpicandose con agua cuando empezo a llover.Ella que se habia descalzado y estaba metida en el agua con las faldas remangadas iba a tardar un rato en ponerse los botines ya que hasta las medias tenia mojadas.
Asi que Alfonso se la cargo a caballito llegando a la carrera al chozo que lindaba con la propiedad de Doña Francisca.Entre risas la deposito en el suelo.
-Solo se te ocurre a ti meterte en el agua.Ahora a ver que haces con las medias mojadas.
-Quitarmelas-date la vuelta dijo ella riendo.-¿Cómo quieres coger renacuajos sin mojarte?.Siempre fuiste un poco melindres Castañeda.
-Y tu un poco marimacho.-rio el dandose la vuelta cuando ella le miro furibunda por quedarse mirandole las piernas.-Voy a encender una fuego con esta leña que hay aquí.Hay que ver que bien se aprovisionaba Hipolito cuando se fue de casa.Tiene de todo aquí.Asi mientras escampa te secaran las medias.
Comenzo ha hacer la fogata y Emilia se quito las medias pero sin dejar de mirar de reojo a ver si el la miraba.El por supuesto aunque intentaba encender el fuego poco atinaba pues vislumbraba una pantorrilla que le estaba nublando las entendederas.No podia concebir como podia tardar tanto en quitarse las dichosas medias como si intentara ponerle nervioso,si era asi lo estaba consiguiendo.
-Ya estan-dijo ella-Puedes volverte.Toma ponlas a secar.
Las dos medias cayeron a su lado.El que poca ropa intima femenina habia visto salvo la de su hermana intento ponerlas al fuego para que se le secaran.De pronto escucho una carcajada de Emilia.
-¿Qué pasa?.Dijo el.Intento que no se te quemen.
-No estaba pensando que si nos viera Dolores de esta guisa me pondría de ajo perejil.
El se rio imaginando a la alcaldesa consorte entrando por la puerta y observandoles.Tambien se rio con ella,pero al volverse algo le perturbo mas de lo que queria.Era un espectáculo digno de mecion el ver a Emilia con las faldas remangadas hasta las rodillas echada en la paja canturreando.El se sento primero y luego se tumbo boca arriba a su lado disimulando el que se le iban los ojos por las piernas de la chica.
-Alfonso-dijo ella riendo mientras mordisqueaba una paja.
-Dime-contesto un tanto turbado por estar a solas con la mujer que amaba y en esas circustancias.
-¿No piensas aprovecharte de las circustancias?.-dijo riendo volviendose sobre el costado y haciendole cosquillas con la paja en la barbilla.
-Emilia,no me busques.-dijo el bastante nervioso pensando que si no fuera por que habia prometido a su madre que seria un caballero ahora mismo la habia arrancado la ropa y la estaria haciendo el amor.
-¿Te estoy buscando?.¿Y te encuentro?.-siguiendo jugando con la pajita por el cuello y la oreja.
-No pero te la estas jugando-dijo riendo ante las picardias que Emilia estaba haciendo con la dichosa pajita-Emilia,para que no respondo.
-¿Que pasa?-dijo ella de pronto ligeramente enfurruñada-¿Qué no te gusto?.
-Me gustas demasiado,pero no quiero pasar los limites.Yo te quiero bien,Emilia,yo te quiero para casarnos.
Entonces sin dejar terminar ella se acerco a el y le beso.El le respondio al beso acercandose a ella y besandola con pasion.Ella empezo a desabotonarle la camisa y el la beso el cuello.Un escalofrio recorrio su cuerpo con los besos que el la daba.No queria parar,no queria.
-Sigue-dijo ella en un suspiro-No pares.
-¿Estas segura?.-dijo el intentando coger el aliento que le faltaba.
-Claro que si,Alfonso,te quiero mas que a mi vida.Te quiero.
Se desprendieron de la ropa que les ataba mientras daban rienda a su amor.Mientras afuera la tormenta rugia furiosa.Un rayo cruzo el cielo de parte a parte.
Rosario que acababa de llegar de la casona pregunto por Alfonso y Emilia al ver la maleta de la joven alli.Mariana le informo que habian salido a pasear por que Emilia estaba triste.Y que de seguro les habia pillado la tormenta y se habian guarecido en algun lugar.Rosario se imagino en que andaba su hijo con Emilia y suspiro esperando que volvieran.
***La verdad oculta 6***
Como bien vaticino Mariana,una tormenta les pillo de improviso.Estaban en el rio salpicandose con agua cuando empezo a llover.Ella que se habia descalzado y estaba metida en el agua con las faldas remangadas iba a tardar un rato en ponerse los botines ya que hasta las medias tenia mojadas.
Asi que Alfonso se la cargo a caballito llegando a la carrera al chozo que lindaba con la propiedad de Doña Francisca.Entre risas la deposito en el suelo.
-Solo se te ocurre a ti meterte en el agua.Ahora a ver que haces con las medias mojadas.
-Quitarmelas-date la vuelta dijo ella riendo.-¿Cómo quieres coger renacuajos sin mojarte?.Siempre fuiste un poco melindres Castañeda.
-Y tu un poco marimacho.-rio el dandose la vuelta cuando ella le miro furibunda por quedarse mirandole las piernas.-Voy a encender una fuego con esta leña que hay aquí.Hay que ver que bien se aprovisionaba Hipolito cuando se fue de casa.Tiene de todo aquí.Asi mientras escampa te secaran las medias.
Comenzo ha hacer la fogata y Emilia se quito las medias pero sin dejar de mirar de reojo a ver si el la miraba.El por supuesto aunque intentaba encender el fuego poco atinaba pues vislumbraba una pantorrilla que le estaba nublando las entendederas.No podia concebir como podia tardar tanto en quitarse las dichosas medias como si intentara ponerle nervioso,si era asi lo estaba consiguiendo.
-Ya estan-dijo ella-Puedes volverte.Toma ponlas a secar.
Las dos medias cayeron a su lado.El que poca ropa intima femenina habia visto salvo la de su hermana intento ponerlas al fuego para que se le secaran.De pronto escucho una carcajada de Emilia.
-¿Qué pasa?.Dijo el.Intento que no se te quemen.
-No estaba pensando que si nos viera Dolores de esta guisa me pondría de ajo perejil.
El se rio imaginando a la alcaldesa consorte entrando por la puerta y observandoles.Tambien se rio con ella,pero al volverse algo le perturbo mas de lo que queria.Era un espectáculo digno de mecion el ver a Emilia con las faldas remangadas hasta las rodillas echada en la paja canturreando.El se sento primero y luego se tumbo boca arriba a su lado disimulando el que se le iban los ojos por las piernas de la chica.
-Alfonso-dijo ella riendo mientras mordisqueaba una paja.
-Dime-contesto un tanto turbado por estar a solas con la mujer que amaba y en esas circustancias.
-¿No piensas aprovecharte de las circustancias?.-dijo riendo volviendose sobre el costado y haciendole cosquillas con la paja en la barbilla.
-Emilia,no me busques.-dijo el bastante nervioso pensando que si no fuera por que habia prometido a su madre que seria un caballero ahora mismo la habia arrancado la ropa y la estaria haciendo el amor.
-¿Te estoy buscando?.¿Y te encuentro?.-siguiendo jugando con la pajita por el cuello y la oreja.
-No pero te la estas jugando-dijo riendo ante las picardias que Emilia estaba haciendo con la dichosa pajita-Emilia,para que no respondo.
-¿Que pasa?-dijo ella de pronto ligeramente enfurruñada-¿Qué no te gusto?.
-Me gustas demasiado,pero no quiero pasar los limites.Yo te quiero bien,Emilia,yo te quiero para casarnos.
Entonces sin dejar terminar ella se acerco a el y le beso.El le respondio al beso acercandose a ella y besandola con pasion.Ella empezo a desabotonarle la camisa y el la beso el cuello.Un escalofrio recorrio su cuerpo con los besos que el la daba.No queria parar,no queria.
-Sigue-dijo ella en un suspiro-No pares.
-¿Estas segura?.-dijo el intentando coger el aliento que le faltaba.
-Claro que si,Alfonso,te quiero mas que a mi vida.Te quiero.
Se desprendieron de la ropa que les ataba mientras daban rienda a su amor.Mientras afuera la tormenta rugia furiosa.Un rayo cruzo el cielo de parte a parte.
Rosario que acababa de llegar de la casona pregunto por Alfonso y Emilia al ver la maleta de la joven alli.Mariana le informo que habian salido a pasear por que Emilia estaba triste.Y que de seguro les habia pillado la tormenta y se habian guarecido en algun lugar.Rosario se imagino en que andaba su hijo con Emilia y suspiro esperando que volvieran.
#9604
18/09/2011 14:39
Uy que salgo repetida xD,borro mensaje.
#9605
18/09/2011 14:59
Me alegro que hayan ido bien las vacaiones Susi ;)
Rosa me encanta!!! como le busca que picarona jejejeje
edito:chicas me voy a comer y a currar ;)
Rosa me encanta!!! como le busca que picarona jejejeje
edito:chicas me voy a comer y a currar ;)
#9606
18/09/2011 15:17
Bienvenida Susana...Me voy a pegar un sieston.Hasta luego.
#9607
18/09/2011 15:19
Ais qué picarona Emilia jejeje!!! Me Encantan!!!!
Si si muy fácil que Ramiro se fuera a Estudiar o a aprender oficio en Galicia con la familia y a ver a su padre...
Si si muy fácil que Ramiro se fuera a Estudiar o a aprender oficio en Galicia con la familia y a ver a su padre...
#9608
18/09/2011 15:27
Gracias por las bienvenidas!! Rosa, me encanta tu historia... menuda la emilia y parecia tonta... jajajajaja me gusta el guiño a rosario... la pobre sabe en que anda metido su hijo... jajajaja
#9609
18/09/2011 15:42
Rosa me encanta!!!
Ay Emilia que jodia
ahora mismo pagaba por ver algo asi!!!<3
Ay Emilia que jodia
ahora mismo pagaba por ver algo asi!!!<3
#9610
18/09/2011 15:46
jajaja andala la Emilia, y parecía tonta... jajaja
#9611
18/09/2011 16:52
Ola Chicas!!!
Me encanta entrar y poder leer los fics..jajaja!!QUIERO CONTINUACIÓN de todos...jajajaja!!
En fin espero que esta semana nos den alguna alegria!!En realidad me estoy riendo de mi propia vena ilusa...jajaja!!
Me encanta entrar y poder leer los fics..jajaja!!QUIERO CONTINUACIÓN de todos...jajajaja!!
En fin espero que esta semana nos den alguna alegria!!En realidad me estoy riendo de mi propia vena ilusa...jajaja!!
#9612
18/09/2011 17:15
¿Aguien ha pedido más fics?. Pues ahí va lo último que ha parido mi neurona. Pero nos hagais ilusiones, que mi vena romántica suele brillar por su ausencia. En eso me parezco más a los lionistas de A3....
Lo cierto es que la primera parte ya la colgué ayer en la biblio y no tenía pensado hacer continuación, porque estaba francamente desanimada. Pero al final me he animado y dejo un final abierto a todas esas posbilidades que vosotras tan bien dibujais en vuestros relatos.
-SIN RUMBO-
Sin darse cuenta la noche había caído y ni siquiera sabía donde se encontraba. Llevaba horas vagando por el monte, sin rumbo. No había un lugar al que dirigirse. El frío se estaba apoderando de sus huesos, del mismo modo que la pena se había adueñado de su alma. Por primera vez en su vida no tenía ganas de seguir luchando. Ella, la incansable trabajadora, la hija devota que no se dejó vencer por la desesperación cuando su padre se quedó ciego. Ella, la muchacha que se levantaba despues de cada uno delos golpes que la vida se empeñaba en darle. Había soportado la temprana muerte de su madre, había sobrellevado la ausencia de su hermano durante muchos años. Soportó con la cabeza alta la pérdida de la fortuna familiar y las continuas humillaciones de los Montenegro. Fue el pilar en el que su padre de apoyó durante su enfermedad y su convalecencia. Pero ese pilar había recibido tantos mazazos que acabó por resquebrajarse. Y lo hizo de un modo rápido, en pocos días sucesivos desengaños y algún que otro error propio fueron suficientes para destrozar su existencia.
Recordó el inicio de aquella semana aciaga. Su amigo Alfonso trató de prevenirla por enésima vez de las intenciones de Severiano. Pero ella, ciega por una ilusión, deseosa de ser la heroína de una novela romántica, no sólo no le creyó, sino que lo acusó de desleal y egoísta. La ira habló por su boca. “Eres un envidioso. Como a ti no te hace caso la moza de la que andas enamoriscado, no soportas que los demás seamos felices. No puedo creer que hayas cambiado tanto, tú que siempre has sido un buen muchacho y un buen amigo”. Él bajó la mirada. Por un momento le vió apretar los puños y pensó que trataría de defenderse de las acusaciones. Aun ciega como estaba pudo sentir que la rabia se estaba apoderando del mayor de los hermanos Castañeda. Pero Alfonso sólo acertó a mascullar entre dientes “Espero que el tiempo nunca me de la razón”. Lo vió alejarse por la plaza y sintió que algo se rompía en su interior. No acertaba a entender por qué le dolía tanto discutir con aquel necio.
El viento soplaba con bastante fuerza, no en vano ya había comenzado el otoño y pronto llegarían las lluvias y las nieves. Sintió aullar una alimaña a lo lejos. Recordó de nuevo las palabras de Alfonso cuando le dijo que un lobo andaba rondando los rebaños y por eso era menester tener preparadas las escopetas. Ella trató de hacer chanza de la situación diciendo que ya no era nínguna caperucita. “Nunca se sabe” le contestó él, muy serio. Y como casi siempre llevaba razón. Seguía siendo una caperucita, una niña tonta que se deja engañar por el primer lobo disfrazado de piel de cordero. Había caído en las redes de aquel tunante de Villalpanda, se dejó conquistar con cuatro piropos, dos requiebros y algún que otro beso. Pero fueron sus propios ojos, esos que habían estado tan ciegos, los que la desengañaron cuando lo sorprendió medio borracho y babeando encima de una muchacha. Ni siquiera se defendió, como en ocasiones anteriores cuando llegaba borracho y le echaba la culpa a los Castañeda.
Su orgullo se hizo trizas. Hubiera querido compartir la pena que sentía con Pepa. Pero su amiga del alma tenía problemas mayores. Quién era ella para irle con lamentos porque un zagal al que apenas hacía un mes que conocía la había engañado, cuando Pepa sufría la peor incertidumbre que puede padecer un ser humano: no saber si su hijo estaba vivo o no. Porque no hay vínculo mayor que el que une a las madres con sus hijos. Y a los padres. Pensó en refugiarse en el suyo, la persona más importante de su vida. Pero el golpe más fuerte estaba aun por llegar.
Esa mañana había visto como su padre discutía con un desconocido en el patio. Se había acercado sigilosa para espiar la conversación. En el pecado fue su penitencia. No podía creer lo que estaba oyendo. Ella no era hija de Raimundo Ulloa. Su padre ya no era su padre, su hermano ya no era su hermano. Su vida ya no era su vida, sino una gran farsa que duraba más de veinte años. ¿Cómo habían podido engañarla de ese modo? ¿Cómo se habían podido burlar de ella de esa forma?.
El dolor y la rabia nublaron su mente. Sólo quería huír de aquel lugar. Cruzó la plaza y se encaminó por el callejón que llevaba a la salida del pueblo. Atravesó los huertos, recorrió la vereda de junto al río, pasó cerca de la casa de los Castañeda pero nadie la vio. Nadie se percató de que caminaba llorando y que sus pasos la llevaban a adentrarse en el bosque. Y ahora estaba sóla, aterida de frío, escuchando el lugubre aullido de los lobos. Se acurrucó junto a una roca que la resguardaba del viento. Estaba agotada, cansada de caminar y cansada de llorar. Recordó lo que siempre le decía la que creía había sido su madre. “Cuando te duela algo, cierra los ojos y busca un recuerdo agradable”. A su mente vinieron imágenes de su infancia. Hacía sol y todos los críos se bañaba en el río. O jugaban a rodar por la era. Olía los pucheros que cocinaba su madre y las meriendas que les daba Rosario. Alfonso le regalaba un ramo de lavandas. Raimundo les leía “Veinte mil leguas de viaje submarino” a sus hijos y a los Castañeda. Sonaba la música de una guitarra en la plaza e Hipólito cantaba un pasodoble mientras Alfonso la sacaba a bailar, pero la melodía cambiaba y ahora escuchaba el soniquete de una caja de música. Tenía mucho frío pero sonreía. Ya no escuchaba el viento ni los aullidos. Ya no escuchaba nada. Estaba insconsciente.
Lo cierto es que la primera parte ya la colgué ayer en la biblio y no tenía pensado hacer continuación, porque estaba francamente desanimada. Pero al final me he animado y dejo un final abierto a todas esas posbilidades que vosotras tan bien dibujais en vuestros relatos.
-SIN RUMBO-
Sin darse cuenta la noche había caído y ni siquiera sabía donde se encontraba. Llevaba horas vagando por el monte, sin rumbo. No había un lugar al que dirigirse. El frío se estaba apoderando de sus huesos, del mismo modo que la pena se había adueñado de su alma. Por primera vez en su vida no tenía ganas de seguir luchando. Ella, la incansable trabajadora, la hija devota que no se dejó vencer por la desesperación cuando su padre se quedó ciego. Ella, la muchacha que se levantaba despues de cada uno delos golpes que la vida se empeñaba en darle. Había soportado la temprana muerte de su madre, había sobrellevado la ausencia de su hermano durante muchos años. Soportó con la cabeza alta la pérdida de la fortuna familiar y las continuas humillaciones de los Montenegro. Fue el pilar en el que su padre de apoyó durante su enfermedad y su convalecencia. Pero ese pilar había recibido tantos mazazos que acabó por resquebrajarse. Y lo hizo de un modo rápido, en pocos días sucesivos desengaños y algún que otro error propio fueron suficientes para destrozar su existencia.
Recordó el inicio de aquella semana aciaga. Su amigo Alfonso trató de prevenirla por enésima vez de las intenciones de Severiano. Pero ella, ciega por una ilusión, deseosa de ser la heroína de una novela romántica, no sólo no le creyó, sino que lo acusó de desleal y egoísta. La ira habló por su boca. “Eres un envidioso. Como a ti no te hace caso la moza de la que andas enamoriscado, no soportas que los demás seamos felices. No puedo creer que hayas cambiado tanto, tú que siempre has sido un buen muchacho y un buen amigo”. Él bajó la mirada. Por un momento le vió apretar los puños y pensó que trataría de defenderse de las acusaciones. Aun ciega como estaba pudo sentir que la rabia se estaba apoderando del mayor de los hermanos Castañeda. Pero Alfonso sólo acertó a mascullar entre dientes “Espero que el tiempo nunca me de la razón”. Lo vió alejarse por la plaza y sintió que algo se rompía en su interior. No acertaba a entender por qué le dolía tanto discutir con aquel necio.
El viento soplaba con bastante fuerza, no en vano ya había comenzado el otoño y pronto llegarían las lluvias y las nieves. Sintió aullar una alimaña a lo lejos. Recordó de nuevo las palabras de Alfonso cuando le dijo que un lobo andaba rondando los rebaños y por eso era menester tener preparadas las escopetas. Ella trató de hacer chanza de la situación diciendo que ya no era nínguna caperucita. “Nunca se sabe” le contestó él, muy serio. Y como casi siempre llevaba razón. Seguía siendo una caperucita, una niña tonta que se deja engañar por el primer lobo disfrazado de piel de cordero. Había caído en las redes de aquel tunante de Villalpanda, se dejó conquistar con cuatro piropos, dos requiebros y algún que otro beso. Pero fueron sus propios ojos, esos que habían estado tan ciegos, los que la desengañaron cuando lo sorprendió medio borracho y babeando encima de una muchacha. Ni siquiera se defendió, como en ocasiones anteriores cuando llegaba borracho y le echaba la culpa a los Castañeda.
Su orgullo se hizo trizas. Hubiera querido compartir la pena que sentía con Pepa. Pero su amiga del alma tenía problemas mayores. Quién era ella para irle con lamentos porque un zagal al que apenas hacía un mes que conocía la había engañado, cuando Pepa sufría la peor incertidumbre que puede padecer un ser humano: no saber si su hijo estaba vivo o no. Porque no hay vínculo mayor que el que une a las madres con sus hijos. Y a los padres. Pensó en refugiarse en el suyo, la persona más importante de su vida. Pero el golpe más fuerte estaba aun por llegar.
Esa mañana había visto como su padre discutía con un desconocido en el patio. Se había acercado sigilosa para espiar la conversación. En el pecado fue su penitencia. No podía creer lo que estaba oyendo. Ella no era hija de Raimundo Ulloa. Su padre ya no era su padre, su hermano ya no era su hermano. Su vida ya no era su vida, sino una gran farsa que duraba más de veinte años. ¿Cómo habían podido engañarla de ese modo? ¿Cómo se habían podido burlar de ella de esa forma?.
El dolor y la rabia nublaron su mente. Sólo quería huír de aquel lugar. Cruzó la plaza y se encaminó por el callejón que llevaba a la salida del pueblo. Atravesó los huertos, recorrió la vereda de junto al río, pasó cerca de la casa de los Castañeda pero nadie la vio. Nadie se percató de que caminaba llorando y que sus pasos la llevaban a adentrarse en el bosque. Y ahora estaba sóla, aterida de frío, escuchando el lugubre aullido de los lobos. Se acurrucó junto a una roca que la resguardaba del viento. Estaba agotada, cansada de caminar y cansada de llorar. Recordó lo que siempre le decía la que creía había sido su madre. “Cuando te duela algo, cierra los ojos y busca un recuerdo agradable”. A su mente vinieron imágenes de su infancia. Hacía sol y todos los críos se bañaba en el río. O jugaban a rodar por la era. Olía los pucheros que cocinaba su madre y las meriendas que les daba Rosario. Alfonso le regalaba un ramo de lavandas. Raimundo les leía “Veinte mil leguas de viaje submarino” a sus hijos y a los Castañeda. Sonaba la música de una guitarra en la plaza e Hipólito cantaba un pasodoble mientras Alfonso la sacaba a bailar, pero la melodía cambiaba y ahora escuchaba el soniquete de una caja de música. Tenía mucho frío pero sonreía. Ya no escuchaba el viento ni los aullidos. Ya no escuchaba nada. Estaba insconsciente.
#9613
18/09/2011 17:18
Yo fics no os puedo dar pero un montajito si ;)
#9614
18/09/2011 17:18
-SIN RUMBO- (Continuación)
Nunca antes había sentido las dentelladas del miedo como durante esa noche. Tenía los pies destrozados de patearse el monte, las manos congeladas, la garganta sin voz de gritar su nombre una y otra vez, pero no sentía ningún dolor, sólo miedo, un miedo atroz a perderla. Él, que nunca había creído demasiado en un Dios que permitía tanto sufrimiento, él,que sólo pisaba la iglesia para no incomodar al bueno de don Anselmo y por respeto a su madre, él, rezaba en silencio, suplicando que ella apareciera sana y salva.” Maldita sea, ¿dónde estás Emilia?”
La voz de alarma había saltado en la casa de comidas al mediodía. Raimundo no la encontraba por nínguna parte y fue a preguntarle a Pepa. La partera le confesó que la última vez que la había visto había sido por la mañana, espiando detrás de la puerta que daba al patio la conversación que él mantenía con aquel extraño forastero. Raimundo palideció. “Se ha enterado”-murmuró para sí.
-¿Qué quiere decir?-preguntó preocupada la muchacha-¿De qué se ha enterado?
-Es una historia muy larga y dolorosa que Emilia nunca debería haber descubierto. Aunque mucho me temo que ahora sabe la verdad, si como dices tú estuvo escuchando la conversación de esta mañana. Pero ahora lo importante es saber dónde se ha metido mi hija. Voy a la conservera, por si ha ido a hablar con su hermano.
-No se preocupe Raimundo-trató de tranquilizarlo Pepa mientras le cogía las manos entre las suyas-Vaya a donde Sebastián, que yo preguntaré por la plaza y por el resto del pueblo. Seguro que alguien la ha visto.
Pero ni en la conservera ni en el pueblo sabían nada de Emilia. Sólo Dolores pudo indicarles que la había visto tomar el callejón que llevaba a la salida del pueblo.
-Puede que haya ido a la casa de los Castañeda-sugirió Pepa-Tenía pendiente disculparse con Alfonso por como lo trató el otro día. Además, de siempre se ha refugiado en él cuando ha tenido algún problema.
-Dios te oiga muchacha, pero mucho me temo que no es eso. De todas formas, vayamos hasta allí.
Ni Rosario ni nínguno de sus hijos habían visto a Emilia en todo el día. Alfonso, al ver la cara desencajada del Ulloa, no pudo evitar sentir una punzada de preocupación en el estómago.
-¿Qué ocurre don Raimundo?-le preguntó angustiado. Aun estaba reciente el intento de suicidio de Juán y le faltaba el aliento sólo de imaginar que ella pudiese cometer una locura semejante-¿Es por lo de Severiano?. Le juro que como encuentre a ese mal nacido yo mismo le arranco el corazón.
-No hijo, no es eso. Es cierto que se ha llevado un gran desengaño con ese gañán, pero creo que se ha ido por mi culpa.
-Explíquese, por favor-le instó el muchacho.
Raimundo les contó a grandes rasgos lo sucedido: Emilia se había enterado accidentalmente de un secreto que él había tratado de ocultar durante años. “Seguramente ahora me odia”-dijo antes de derrumbarse. Rosario, que conocía bien cual era el secreto, trató de consolarlo mientras Pepa, con su habitual determinación empezó a dar instrucciones. Ella regresaría al pueblo para dar la voz de alarma mientras los muchachos se internaban en el bosque pues Alfonso había tenido un presentimiento.
Estaba ameneciendo cuando los hermanos divisaron un extraño bulto junto a una gran roca. Alfonso se quedó paralizado por el temor. Sus piernas no eran capaces de dar un paso más.
-¡Es ella!-gritó Ramiro, que se había adelantado a su hermano mayor-¡Está inconsciente!. Debe estar medio congelada por el frío de la noche.
Por fin Alfonso reaccionó. Estaba viva, y eso era lo único importante. Corrió hacia ella y se quitó la vieja chaqueta para ponersela encima. Mientras la abrazaba con desesperación Ramiro regresaba corriendo al pueblo para buscar ayuda. No había tiempo que perder.
“Por favor no te rindas. No ves que si te vas tu padre se muere del digusto. Pobre hombre. Él te quiere, y sea lo que sea lo que te ha ocultado seguro que lo ha hecho para protegerte. Y Sebastián, y Pepa y…..yo. Ya sé que nunca me verás como a un hombre, que siempre seré como un hermano. Pero no me importa. Me conformo con verte cada día, con ver esa maravillosa sonrisa, aunque no sea para mí. Prometo seguir escuchando tus confidencias, te ayudaré en la taberna, brindaré por tu felicidad…..aunque sea con otro hombre. ¿Recuerdas que hace unas semanas viniste por casa y me preguntaste si me seguías teniendo?. Pues ya te lo dije entonces y te lo repito ahora: para lo que quieras. Pero por favor, no te mueras!”.
Cuando Ramiro estuvo de regreso con Sebastián y Tristán, que se había unido a la búsqueda cuando Pepa le relató lo sucedido, encontraron a Alfonso con el rostro anegado en lágrimas y llevando en brazos a Emilia. La muchacha seguía insconsciente.
Nunca antes había sentido las dentelladas del miedo como durante esa noche. Tenía los pies destrozados de patearse el monte, las manos congeladas, la garganta sin voz de gritar su nombre una y otra vez, pero no sentía ningún dolor, sólo miedo, un miedo atroz a perderla. Él, que nunca había creído demasiado en un Dios que permitía tanto sufrimiento, él,que sólo pisaba la iglesia para no incomodar al bueno de don Anselmo y por respeto a su madre, él, rezaba en silencio, suplicando que ella apareciera sana y salva.” Maldita sea, ¿dónde estás Emilia?”
La voz de alarma había saltado en la casa de comidas al mediodía. Raimundo no la encontraba por nínguna parte y fue a preguntarle a Pepa. La partera le confesó que la última vez que la había visto había sido por la mañana, espiando detrás de la puerta que daba al patio la conversación que él mantenía con aquel extraño forastero. Raimundo palideció. “Se ha enterado”-murmuró para sí.
-¿Qué quiere decir?-preguntó preocupada la muchacha-¿De qué se ha enterado?
-Es una historia muy larga y dolorosa que Emilia nunca debería haber descubierto. Aunque mucho me temo que ahora sabe la verdad, si como dices tú estuvo escuchando la conversación de esta mañana. Pero ahora lo importante es saber dónde se ha metido mi hija. Voy a la conservera, por si ha ido a hablar con su hermano.
-No se preocupe Raimundo-trató de tranquilizarlo Pepa mientras le cogía las manos entre las suyas-Vaya a donde Sebastián, que yo preguntaré por la plaza y por el resto del pueblo. Seguro que alguien la ha visto.
Pero ni en la conservera ni en el pueblo sabían nada de Emilia. Sólo Dolores pudo indicarles que la había visto tomar el callejón que llevaba a la salida del pueblo.
-Puede que haya ido a la casa de los Castañeda-sugirió Pepa-Tenía pendiente disculparse con Alfonso por como lo trató el otro día. Además, de siempre se ha refugiado en él cuando ha tenido algún problema.
-Dios te oiga muchacha, pero mucho me temo que no es eso. De todas formas, vayamos hasta allí.
Ni Rosario ni nínguno de sus hijos habían visto a Emilia en todo el día. Alfonso, al ver la cara desencajada del Ulloa, no pudo evitar sentir una punzada de preocupación en el estómago.
-¿Qué ocurre don Raimundo?-le preguntó angustiado. Aun estaba reciente el intento de suicidio de Juán y le faltaba el aliento sólo de imaginar que ella pudiese cometer una locura semejante-¿Es por lo de Severiano?. Le juro que como encuentre a ese mal nacido yo mismo le arranco el corazón.
-No hijo, no es eso. Es cierto que se ha llevado un gran desengaño con ese gañán, pero creo que se ha ido por mi culpa.
-Explíquese, por favor-le instó el muchacho.
Raimundo les contó a grandes rasgos lo sucedido: Emilia se había enterado accidentalmente de un secreto que él había tratado de ocultar durante años. “Seguramente ahora me odia”-dijo antes de derrumbarse. Rosario, que conocía bien cual era el secreto, trató de consolarlo mientras Pepa, con su habitual determinación empezó a dar instrucciones. Ella regresaría al pueblo para dar la voz de alarma mientras los muchachos se internaban en el bosque pues Alfonso había tenido un presentimiento.
Estaba ameneciendo cuando los hermanos divisaron un extraño bulto junto a una gran roca. Alfonso se quedó paralizado por el temor. Sus piernas no eran capaces de dar un paso más.
-¡Es ella!-gritó Ramiro, que se había adelantado a su hermano mayor-¡Está inconsciente!. Debe estar medio congelada por el frío de la noche.
Por fin Alfonso reaccionó. Estaba viva, y eso era lo único importante. Corrió hacia ella y se quitó la vieja chaqueta para ponersela encima. Mientras la abrazaba con desesperación Ramiro regresaba corriendo al pueblo para buscar ayuda. No había tiempo que perder.
“Por favor no te rindas. No ves que si te vas tu padre se muere del digusto. Pobre hombre. Él te quiere, y sea lo que sea lo que te ha ocultado seguro que lo ha hecho para protegerte. Y Sebastián, y Pepa y…..yo. Ya sé que nunca me verás como a un hombre, que siempre seré como un hermano. Pero no me importa. Me conformo con verte cada día, con ver esa maravillosa sonrisa, aunque no sea para mí. Prometo seguir escuchando tus confidencias, te ayudaré en la taberna, brindaré por tu felicidad…..aunque sea con otro hombre. ¿Recuerdas que hace unas semanas viniste por casa y me preguntaste si me seguías teniendo?. Pues ya te lo dije entonces y te lo repito ahora: para lo que quieras. Pero por favor, no te mueras!”.
Cuando Ramiro estuvo de regreso con Sebastián y Tristán, que se había unido a la búsqueda cuando Pepa le relató lo sucedido, encontraron a Alfonso con el rostro anegado en lágrimas y llevando en brazos a Emilia. La muchacha seguía insconsciente.
#9615
18/09/2011 17:20
Nunca antes había sentido las dentelladas del miedo como durante esa noche. Tenía los pies destrozados de patearse el monte, las manos congeladas, la garganta sin voz de gritar su nombre una y otra vez, pero no sentía ningún dolor, sólo miedo, un miedo atroz a perderla. Él, que nunca había creído demasiado en un Dios que permitía tanto sufrimiento, él,que sólo pisaba la iglesia para no incomodar al bueno de don Anselmo y por respeto a su madre, él, rezaba en silencio, suplicando que ella apareciera sana y salva.” Maldita sea, ¿dónde estás Emilia?”
La voz de alarma había saltado en la casa de comidas al mediodía. Raimundo no la encontraba por nínguna parte y fue a preguntarle a Pepa. La partera le confesó que la última vez que la había visto había sido por la mañana, espiando detrás de la puerta que daba al patio la conversación que él mantenía con aquel extraño forastero. Raimundo palideció. “Se ha enterado”-murmuró para sí.
-¿Qué quiere decir?-preguntó preocupada la muchacha-¿De qué se ha enterado?
-Es una historia muy larga y dolorosa que Emilia nunca debería haber descubierto. Aunque mucho me temo que ahora sabe la verdad, si como dices tú estuvo escuchando la conversación de esta mañana. Pero ahora lo importante es saber dónde se ha metido mi hija. Voy a la conservera, por si ha ido a hablar con su hermano.
-No se preocupe Raimundo-trató de tranquilizarlo Pepa mientras le cogía las manos entre las suyas-Vaya a donde Sebastián, que yo preguntaré por la plaza y por el resto del pueblo. Seguro que alguien la ha visto.
Pero ni en la conservera ni en el pueblo sabían nada de Emilia. Sólo Dolores pudo indicarles que la había visto tomar el callejón que llevaba a la salida del pueblo.
-Puede que haya ido a la casa de los Castañeda-sugirió Pepa-Tenía pendiente disculparse con Alfonso por como lo trató el otro día. Además, de siempre se ha refugiado en él cuando ha tenido algún problema.
-Dios te oiga muchacha, pero mucho me temo que no es eso. De todas formas, vayamos hasta allí.
Ni Rosario ni nínguno de sus hijos habían visto a Emilia en todo el día. Alfonso, al ver la cara desencajada del Ulloa, no pudo evitar sentir una punzada de preocupación en el estómago.
-¿Qué ocurre don Raimundo?-le preguntó angustiado. Aun estaba reciente el intento de suicidio de Juán y le faltaba el aliento sólo de imaginar que ella pudiese cometer una locura semejante-¿Es por lo de Severiano?. Le juro que como encuentre a ese mal nacido yo mismo le arranco el corazón.
-No hijo, no es eso. Es cierto que se ha llevado un gran desengaño con ese gañán, pero creo que se ha ido por mi culpa.
-Explíquese, por favor-le instó el muchacho.
Raimundo les contó a grandes rasgos lo sucedido: Emilia se había enterado accidentalmente de un secreto que él había tratado de ocultar durante años. “Seguramente ahora me odia”-dijo antes de derrumbarse. Rosario, que conocía bien cual era el secreto, trató de consolarlo mientras Pepa, con su habitual determinación empezó a dar instrucciones. Ella regresaría al pueblo para dar la voz de alarma mientras los muchachos se internaban en el bosque pues Alfonso había tenido un presentimiento.
Estaba ameneciendo cuando los hermanos divisaron un extraño bulto junto a una gran roca. Alfonso se quedó paralizado por el temor. Sus piernas no eran capaces de dar un paso más.
-¡Es ella!-gritó Ramiro, que se había adelantado a su hermano mayor-¡Está inconsciente!. Debe estar medio congelada por el frío de la noche.
Por fin Alfonso reaccionó. Estaba viva, y eso era lo único importante. Corrió hacia ella y se quitó la vieja chaqueta para ponersela encima. Mientras la abrazaba con desesperación Ramiro regresaba corriendo al pueblo para buscar ayuda. No había tiempo que perder.
“Por favor no te rindas. No ves que si te vas tu padre se muere del digusto. Pobre hombre. Él te quiere, y sea lo que sea lo que te ha ocultado seguro que lo ha hecho para protegerte. Y Sebastián, y Pepa y…..yo. Ya sé que nunca me verás como a un hombre, que siempre seré como un hermano. Pero no me importa. Me conformo con verte cada día, con ver esa maravillosa sonrisa, aunque no sea para mí. Prometo seguir escuchando tus confidencias, te ayudaré en la taberna, brindaré por tu felicidad…..aunque sea con otro hombre. ¿Recuerdas que hace unas semanas viniste por casa y me preguntaste si me seguías teniendo?. Pues ya te lo dije entonces y te lo repito ahora: para lo que quieras. Pero por favor, no te mueras!”.
Cuando Ramiro estuvo de regreso con Sebastián y Tristán, que se había unido a la búsqueda cuando Pepa le relató lo sucedido, encontraron a Alfonso con el rostro anegado en lágrimas y llevando en brazos a Emilia. La muchacha seguía insconsciente.
La voz de alarma había saltado en la casa de comidas al mediodía. Raimundo no la encontraba por nínguna parte y fue a preguntarle a Pepa. La partera le confesó que la última vez que la había visto había sido por la mañana, espiando detrás de la puerta que daba al patio la conversación que él mantenía con aquel extraño forastero. Raimundo palideció. “Se ha enterado”-murmuró para sí.
-¿Qué quiere decir?-preguntó preocupada la muchacha-¿De qué se ha enterado?
-Es una historia muy larga y dolorosa que Emilia nunca debería haber descubierto. Aunque mucho me temo que ahora sabe la verdad, si como dices tú estuvo escuchando la conversación de esta mañana. Pero ahora lo importante es saber dónde se ha metido mi hija. Voy a la conservera, por si ha ido a hablar con su hermano.
-No se preocupe Raimundo-trató de tranquilizarlo Pepa mientras le cogía las manos entre las suyas-Vaya a donde Sebastián, que yo preguntaré por la plaza y por el resto del pueblo. Seguro que alguien la ha visto.
Pero ni en la conservera ni en el pueblo sabían nada de Emilia. Sólo Dolores pudo indicarles que la había visto tomar el callejón que llevaba a la salida del pueblo.
-Puede que haya ido a la casa de los Castañeda-sugirió Pepa-Tenía pendiente disculparse con Alfonso por como lo trató el otro día. Además, de siempre se ha refugiado en él cuando ha tenido algún problema.
-Dios te oiga muchacha, pero mucho me temo que no es eso. De todas formas, vayamos hasta allí.
Ni Rosario ni nínguno de sus hijos habían visto a Emilia en todo el día. Alfonso, al ver la cara desencajada del Ulloa, no pudo evitar sentir una punzada de preocupación en el estómago.
-¿Qué ocurre don Raimundo?-le preguntó angustiado. Aun estaba reciente el intento de suicidio de Juán y le faltaba el aliento sólo de imaginar que ella pudiese cometer una locura semejante-¿Es por lo de Severiano?. Le juro que como encuentre a ese mal nacido yo mismo le arranco el corazón.
-No hijo, no es eso. Es cierto que se ha llevado un gran desengaño con ese gañán, pero creo que se ha ido por mi culpa.
-Explíquese, por favor-le instó el muchacho.
Raimundo les contó a grandes rasgos lo sucedido: Emilia se había enterado accidentalmente de un secreto que él había tratado de ocultar durante años. “Seguramente ahora me odia”-dijo antes de derrumbarse. Rosario, que conocía bien cual era el secreto, trató de consolarlo mientras Pepa, con su habitual determinación empezó a dar instrucciones. Ella regresaría al pueblo para dar la voz de alarma mientras los muchachos se internaban en el bosque pues Alfonso había tenido un presentimiento.
Estaba ameneciendo cuando los hermanos divisaron un extraño bulto junto a una gran roca. Alfonso se quedó paralizado por el temor. Sus piernas no eran capaces de dar un paso más.
-¡Es ella!-gritó Ramiro, que se había adelantado a su hermano mayor-¡Está inconsciente!. Debe estar medio congelada por el frío de la noche.
Por fin Alfonso reaccionó. Estaba viva, y eso era lo único importante. Corrió hacia ella y se quitó la vieja chaqueta para ponersela encima. Mientras la abrazaba con desesperación Ramiro regresaba corriendo al pueblo para buscar ayuda. No había tiempo que perder.
“Por favor no te rindas. No ves que si te vas tu padre se muere del digusto. Pobre hombre. Él te quiere, y sea lo que sea lo que te ha ocultado seguro que lo ha hecho para protegerte. Y Sebastián, y Pepa y…..yo. Ya sé que nunca me verás como a un hombre, que siempre seré como un hermano. Pero no me importa. Me conformo con verte cada día, con ver esa maravillosa sonrisa, aunque no sea para mí. Prometo seguir escuchando tus confidencias, te ayudaré en la taberna, brindaré por tu felicidad…..aunque sea con otro hombre. ¿Recuerdas que hace unas semanas viniste por casa y me preguntaste si me seguías teniendo?. Pues ya te lo dije entonces y te lo repito ahora: para lo que quieras. Pero por favor, no te mueras!”.
Cuando Ramiro estuvo de regreso con Sebastián y Tristán, que se había unido a la búsqueda cuando Pepa le relató lo sucedido, encontraron a Alfonso con el rostro anegado en lágrimas y llevando en brazos a Emilia. La muchacha seguía insconsciente.
#9616
18/09/2011 17:24
Naryak que preciosidad!! Entrar aquí y ver una de tus preciosas creaciones es un deleite para la vista, estás echa una artistaza.
#9617
18/09/2011 17:27
Ais que se nos queda inconsciente! Quién la encontrará jejejeje!!!
Edito: Pues si sabíamos todas quién iba a encontrarla!!! Ais quiero más jajaja!
Tendríamos que enviar los Fanfins a los Lionistas pa ver si se enteran de que estamos hasta LOS OVARIOS de tanto Relleno del malo y sacadas de manga por alargar la serie. Más Raimundo-Francisca-Ulloa-Tristán-Pepa-Soledad-Juan-Emilia-Alfonso más Tramas para Mariana y Ramino y menos Secuestro más largo de la historia de la ficción televisiva, menos Calavera, y menos sacadas de manga Emilia no es hija del Ulloa
!!!
Edito: Pues si sabíamos todas quién iba a encontrarla!!! Ais quiero más jajaja!
Tendríamos que enviar los Fanfins a los Lionistas pa ver si se enteran de que estamos hasta LOS OVARIOS de tanto Relleno del malo y sacadas de manga por alargar la serie. Más Raimundo-Francisca-Ulloa-Tristán-Pepa-Soledad-Juan-Emilia-Alfonso más Tramas para Mariana y Ramino y menos Secuestro más largo de la historia de la ficción televisiva, menos Calavera, y menos sacadas de manga Emilia no es hija del Ulloa
!!!
#9618
18/09/2011 17:27
Que preciosidad de montaje Silvia y que preciosidad de fics... sois increíbles en todo ♥♥.
Os dais cuenta que siempre los momentos importantes con Alfonso (abrazos, baile) Emilia lleva esa camisa? xD
Os dais cuenta que siempre los momentos importantes con Alfonso (abrazos, baile) Emilia lleva esa camisa? xD
#9619
18/09/2011 17:33
Perdón, soy tan torpe que en vez de pegar la tercera parte del fic he repetido la segunda. No, si está visto que la informática no es lo mío. Mil perdones....
Ahora sí que va la última parte.
Le costó abrir los ojos ya que le molestaba la luz del mediodía que entraba a raudales por la ventana. Durante unos segundos no supo donde estaba, pero luego se dio cuenta que aquella era su habitación, su casa. Pepa le sonrió mientras le acariciaba la mejilla. Había pasado dos días inconsciente. Pero era una mujer fuerte y luchadora.
Cuando la trajeron del monte la doctora Casas dijo que era un claro ejemplo de hipotermia, y que la única solución era intentar por todos los medios posibles que su cuerpo volviera a entrar en calor. Le pusieron varias mantas, le dieron friegas con alcohol de romero, vigilaron su sueño día y noche, rezaron para que su estado no se agravase con una probable neumonía. Muchos fueron los que sufrieron durante aquellas horas de incertidumbre: su padre, Sebastián, su amiga Pepa, Tristán, don Anselmo, los Castañeda. Muchas eran las personas que la querían en Puente Viejo, aunque ella no quisiera darse cuenta. Hasta doña Francisca se había acercado a la posada a interesarse por su estado. Tambien Olmo Mesía, aquel misterioso terrateniente recién llegado esperaba ansioso la recuperación de Emilia.
-¡Vaya, por fin se ha despertado la bella durmiente!
-¿Qué ha pasado?-preguntó la muchacha aun desconcertada.
-Es largo de explicar y ahora tú tienes que descansar. Dejemoslo en que te disgustaste por algo y te dio por ir dar un paseo al monte sola. Te perdiste y te pilló la noche. Y el frío hizo el resto. Nos has dado un susto de muerte, chiquilla-le regañó cariñosamente su amiga.
-Ya lo recuerdo…..Siento…..siento que os hayais asustado, pero estaba desesperada. No sabía a donde ir-intentó justificarse- Pepa, mi vida es una gran mentira-.Empezaban a correrle las lágrimas por la mejilla.
-No digas sandeces. Tu padre me ha contado lo sucedido y él sólo ha intentado hacer lo mejor para ti. No puedes culparle por ello.
-Sí, pero no es mi padre. Ni Sebastián es mi hermano. No sé quien soy-se revolvió Emilia.
-Raimundo es tu padre porque él te ha querido y cuidado desde siempre. No es más padre el que engendra una criatura que aquel que la cuida, la educa y le da todo su amor. Ya quisiera yo haber tenido un padre como Raimundo. Primero escucha lo que él tiene que decir y luego ya decides. Y recuerda una cosa: él y Sebastián siempre van a ser tu familia, pase lo que pase. Tienes mucha suerte de tener una familia, te lo digo yo que me he pasado toda la vida vagando sóla y desamparada.
-Pero, ¿por qué me ha mentido?
-Eso tendrás que preguntarselo a él-respondió Pepa
-¿Dónde está?
-Lo he mandado a descansar, que el pobre ha estado toda la noche velándote y estaba agotado. Alfonso y Ramiro se han hecho cago de la taberna-le explicó-Y tú tambien deberías descansar. Voy a prepararte un caldo calentito, que de seguro te sentará bien.
Pepa se dirigía a la puerta cuando Emilia la reclamó de nuevo.
-Dime, ¿quién me encontró en el monte?-preguntó.
“Pues Alfonso, quien si no. No sé como no te has dado cuenta que ese hombre daría la vida por ti sin pensarlo. Has estado muy ciega. Todos hemos estado muy ciegos”. Esa era la respuesta que se le pasó por la mente. Pero no era el momento de hacerle más recriminaciones. Ahora Emilia necesitaba descanso y sosiego para recomponer las piezas de su vida, una vida en la que había recibido demasiados golpes. Primero tendría que sanar sus heridas, que tiempo habría para el amor. Además, si Alfonso la había esperado tanto tiempo, bien podría esperarla un poco más. Y bien que había demostrado cuan grande era su paciecia y su amor.
-Creo que los hermanos Castañeda-trató de responderle en un tono frío- ¿Por qué lo preguntas?
-No sé, te parecerá una tontería pero creo haber oído la voz de Alfonso hablándome mientras estaba dormida. Y estaba llorando. Pero seguramente lo habré soñado.
-Puede-le dijo Pepa mientras cerraba la puerta de la habitación-Ay, tonta, si supieras todo lo que ese hombre te ha dicho mientras velaba por ti. Pero bueno, tiempo habrá. Primero tendrás que recobrar el rumbo.
Ahora sí que va la última parte.
Le costó abrir los ojos ya que le molestaba la luz del mediodía que entraba a raudales por la ventana. Durante unos segundos no supo donde estaba, pero luego se dio cuenta que aquella era su habitación, su casa. Pepa le sonrió mientras le acariciaba la mejilla. Había pasado dos días inconsciente. Pero era una mujer fuerte y luchadora.
Cuando la trajeron del monte la doctora Casas dijo que era un claro ejemplo de hipotermia, y que la única solución era intentar por todos los medios posibles que su cuerpo volviera a entrar en calor. Le pusieron varias mantas, le dieron friegas con alcohol de romero, vigilaron su sueño día y noche, rezaron para que su estado no se agravase con una probable neumonía. Muchos fueron los que sufrieron durante aquellas horas de incertidumbre: su padre, Sebastián, su amiga Pepa, Tristán, don Anselmo, los Castañeda. Muchas eran las personas que la querían en Puente Viejo, aunque ella no quisiera darse cuenta. Hasta doña Francisca se había acercado a la posada a interesarse por su estado. Tambien Olmo Mesía, aquel misterioso terrateniente recién llegado esperaba ansioso la recuperación de Emilia.
-¡Vaya, por fin se ha despertado la bella durmiente!
-¿Qué ha pasado?-preguntó la muchacha aun desconcertada.
-Es largo de explicar y ahora tú tienes que descansar. Dejemoslo en que te disgustaste por algo y te dio por ir dar un paseo al monte sola. Te perdiste y te pilló la noche. Y el frío hizo el resto. Nos has dado un susto de muerte, chiquilla-le regañó cariñosamente su amiga.
-Ya lo recuerdo…..Siento…..siento que os hayais asustado, pero estaba desesperada. No sabía a donde ir-intentó justificarse- Pepa, mi vida es una gran mentira-.Empezaban a correrle las lágrimas por la mejilla.
-No digas sandeces. Tu padre me ha contado lo sucedido y él sólo ha intentado hacer lo mejor para ti. No puedes culparle por ello.
-Sí, pero no es mi padre. Ni Sebastián es mi hermano. No sé quien soy-se revolvió Emilia.
-Raimundo es tu padre porque él te ha querido y cuidado desde siempre. No es más padre el que engendra una criatura que aquel que la cuida, la educa y le da todo su amor. Ya quisiera yo haber tenido un padre como Raimundo. Primero escucha lo que él tiene que decir y luego ya decides. Y recuerda una cosa: él y Sebastián siempre van a ser tu familia, pase lo que pase. Tienes mucha suerte de tener una familia, te lo digo yo que me he pasado toda la vida vagando sóla y desamparada.
-Pero, ¿por qué me ha mentido?
-Eso tendrás que preguntarselo a él-respondió Pepa
-¿Dónde está?
-Lo he mandado a descansar, que el pobre ha estado toda la noche velándote y estaba agotado. Alfonso y Ramiro se han hecho cago de la taberna-le explicó-Y tú tambien deberías descansar. Voy a prepararte un caldo calentito, que de seguro te sentará bien.
Pepa se dirigía a la puerta cuando Emilia la reclamó de nuevo.
-Dime, ¿quién me encontró en el monte?-preguntó.
“Pues Alfonso, quien si no. No sé como no te has dado cuenta que ese hombre daría la vida por ti sin pensarlo. Has estado muy ciega. Todos hemos estado muy ciegos”. Esa era la respuesta que se le pasó por la mente. Pero no era el momento de hacerle más recriminaciones. Ahora Emilia necesitaba descanso y sosiego para recomponer las piezas de su vida, una vida en la que había recibido demasiados golpes. Primero tendría que sanar sus heridas, que tiempo habría para el amor. Además, si Alfonso la había esperado tanto tiempo, bien podría esperarla un poco más. Y bien que había demostrado cuan grande era su paciecia y su amor.
-Creo que los hermanos Castañeda-trató de responderle en un tono frío- ¿Por qué lo preguntas?
-No sé, te parecerá una tontería pero creo haber oído la voz de Alfonso hablándome mientras estaba dormida. Y estaba llorando. Pero seguramente lo habré soñado.
-Puede-le dijo Pepa mientras cerraba la puerta de la habitación-Ay, tonta, si supieras todo lo que ese hombre te ha dicho mientras velaba por ti. Pero bueno, tiempo habrá. Primero tendrás que recobrar el rumbo.
#9620
18/09/2011 18:12
Ni 1, ni 2, ¡¡3!! ¡¡3 fanfics a cada cual en un punto más interesante!! Me va dar algo xD