El Rincón de Francisca y Raimundo:ESTE AMOR SE MERECE UN YACIMIENTO (TUNDA TUNDA) Gracias María y Ramon
#0
08/06/2011 23:44
Vídeos FormulaTV
Nos colamos en el plató de 'Friends' y descubrimos los secretos del apartamento de Monica en el Friends Fest
Selena Leo: "Jamás en la eternidad se va a repetir un reencuentro de Sonia y Selena"
Sonia Madoc: "¿Crees que si tuviese una gira de 80 bolos me iría de Sonia y Selena?"
'Euphoria' regresa tras su salto temporal en el tráiler de la tercera temporada
laSexta cumple 20 años con la información y el entretenimiento como bastiones frente a la competencia
'La isla de las tentaciones 10' lanza un extenso avance antes de su estreno en Telecinco
Tráiler en español de 'Off Campus', la nueva serie de Prime Video con Ella Bright y Belmont Camelli
#7441
25/07/2012 16:08
Bueno chicas, espero no cansaros con tantos capis seguidos, pero me da pena dejar a Francisca ahogándose, así que sigo jaja
Gracias a todas por comentar
Nadia ya te he dicho que me encanta como escribes y leerte
Y mi Peque pa ti no hay palabras corazón, menos mal que de vez en cuando me cae alguna premiere que si no jajaja
Bueno, qeu no me quiero enrollar, no sea qeu se me ahogue la Doña
RECUERDOS DE MEDIANOCHE
Aquellas imágenes, lo que pasó aquella noche y cambió mi vida de una vez por todas y para siempre volvió a mi mente mientras el agua pugnaba poco a poco por entrar en mí.
Las imágenes de Gonzalo volvieron a su mente como aquel crío enfermizo que pasaba la mayor parte de su tiempo encerrado en caso, aislado de cualquier elemento que pudiera empeorar su debilitada constitución. Eran pocos los recuerdos que Francisca tenía de él y no porque no hubieran coincidido sino porque solo tenía ojos para Raimundo y en su presencia Gonzalo empequeñecía, empalidecía todavía más hasta hacerse invisible y perderse en su sombra. Siempre había sido así, siempre… por eso en aquel momento, mientras el agua la engullía más y más, apenas logró recordarlo como una sombra algo que sabía que debía estar pero en lo que nunca se fijó porque era Raimundo, todo era Raimundo, su vida, su amor y ahora su muerte… Hasta que al fin el recuerdo se tornó más vívido, más atormentador, para recordarle una vez más cómo había cambiado todo, cómo Raimundo la había traicionado, cómo ella envió en el último instante, por puro miedo, a la hija de Leonor Cenicientos, la niña con la que se había criado y su única amiga, para entregarle a Raimundo una carta que nunca llegó a su poder y todo por ella, por su miedo, y por Gonzalo…Porque hasta aquella noche, aquella fatídica noche, hasta que no lo descubrió entre las sombras que lo vio realmente, que vio más allá de la sombra de Raimundo en la que se escondía para encontrarse con un hombre sin entrañas y corroído por el odio y la envidia. Hasta aquella noche no lo vio realmente… y fue demasiado tarde.
Después, según se hundía más y más y creía sentir ya el agarre de las algas, como si fueran malvadas sirenas que la atrapaban, todo se tornó más confuso: los gritos, su rostro desfigurado por el odio, un disparo, un sonido atronador, y después solo sangre, sangre y tierra. Y el silencio. Y la culpa. Y el miedo.
La culpa y el miedo… un miedo extremo, terror, pánico, fue lo que sintió Raimundo al darse cuenta de que el ahogamiento de Francisca no era puro teatro. Y él, necio y confiado, había echado andar seguro de que ella se cansaría de gritar, de jugar con él, porque eso era lo que hacía, tenía que ser, lo que había hecho siempre lo mismo de siempre. ¿Cómo iba a imaginarse él si quiera que aquella vez era real…. Cómo…? Porque él había echado a andar y aunque se decía y se repetía que todo era un farsa, también era incapaz de alejarse sin más y por eso alcanzada una cierta distancia se volvió para comprobar que su teoría era cierta. Porque dejó de escuchar a Francisca sí, pero solo tras ser devorada por las olas que ella misma propiciaba. Fue entonces cuando supo que estaba equivocado y que por una vez, era cierto. Por una vez, ella lo necesitaba de verdad y él no había acudido a salvarla. Y entonces fue cuando lo sintió: la culpa, el miedo, y un frío que se clavaba hasta en lo más hondo de su ser. Aunque eso apenas podía notarlo, apenas podía reparar en ello porque Francisca, el amor de su ida, se hundía sin remedio en las pantanosas aguas heladas presa ya del sueño de su abrazo.
Sin pensarlo más se lanzó a las entrañas de aquel lago a medio congelar, para sacarla entre sus brazos y posarla sobre el suelo para masajearle el pecho como algunas veces había visto hacer al algún doctor, sin tomarse nunca la molestia de aprender cómo se hacía. Pero no era el momento de reprocharse aquellos, sino que siguió dejándose caer sobre su pecho para después pegar sus labios a los de ella y espirar con todas sus fuerzas hasta quedarse sin aliento. Y así una y otra vez, una y otra vez hasta que pensó que todos sus esfuerzos eran en vano, porque ella no respondía, pero seguía, una y otra vez, otra vez, otra vez… hasta que comenzó a toser y nunca una tos le había parecido un sonido tan maravilloso. Francisca lo miraba sin entender muy bien lo que acababa de pasar, pero él no le dio tiempo a decir nada y se lanzó hacia ella, rodeándola con sus brazos y meciéndola como si se tratase de una niña.
- Ya está – susurraba a su oído- ya está.
Y sintió que Francisca lo abrazaba con todas sus fuerzas, cómo él le devolvía el abrazo, como si quisieran fundirse en un solo ser. Para después separarse un poco, dejar su frente apoyada a la de ella aspirando su aroma con los ojos cerrados. Hasta que por fin Raimundo se atrevió a romper aquel silencio.
- Te quiero… te quiero y no puedo evitarlo por más que quiera. Mi cuerpo sigue guardando el recuerdo de tu piel y aspiro tu aroma cuando no estás, te veo por todas partes, te siento aunque no te toque… porque te quiero…- Y solo entonces la miró a los ojos- Pero no puedo perdonarte, no puedo entenderte.
Y en aquel momento Francisca volvió a pensarlo: ¿Decirle la verdad o callar? ¿Tratar de explicarle la razón que la había mantenido callada durante tantos años, que le impidió hablar en su día, por qué no le entregó aquella maldita carta en la que le explicaba todo y afrontar quizás un desprecio mucho mayor, el que se merecía por un delito que nunca pagó o mantener las cosas tal como estaban? No le dio tiempo a pensar más, no pudo seguir planteándose aquel dilema porque antes de formularse a sí misma la última pregunta, el sol ya los había descubierto y varias voces, pasos, conversaciones, se oían no muy lejos.
- Le pediré a algún conocido que te lleve a la Casona, ahora que puedes andar no necesitas tanta escolta.
Francisca caminó a casa con un hombre que no conocía de nada y al que no le apetecía conocer, con un pensamiento todavía rondando su cabeza: ¿callar o desvelar la verdad que llevaba ocultando más de 30 años?
Ya sé, ya sé, que queréis que haya encuentro furtivo en el lago, pero es que a mí me gustan las tramas raras, jaja. ¿Cuál será el gran secreto de Francisca?
Gracias a todas por comentar

Nadia ya te he dicho que me encanta como escribes y leerte
Y mi Peque pa ti no hay palabras corazón, menos mal que de vez en cuando me cae alguna premiere que si no jajaja
Bueno, qeu no me quiero enrollar, no sea qeu se me ahogue la Doña

RECUERDOS DE MEDIANOCHE
Aquellas imágenes, lo que pasó aquella noche y cambió mi vida de una vez por todas y para siempre volvió a mi mente mientras el agua pugnaba poco a poco por entrar en mí.
Las imágenes de Gonzalo volvieron a su mente como aquel crío enfermizo que pasaba la mayor parte de su tiempo encerrado en caso, aislado de cualquier elemento que pudiera empeorar su debilitada constitución. Eran pocos los recuerdos que Francisca tenía de él y no porque no hubieran coincidido sino porque solo tenía ojos para Raimundo y en su presencia Gonzalo empequeñecía, empalidecía todavía más hasta hacerse invisible y perderse en su sombra. Siempre había sido así, siempre… por eso en aquel momento, mientras el agua la engullía más y más, apenas logró recordarlo como una sombra algo que sabía que debía estar pero en lo que nunca se fijó porque era Raimundo, todo era Raimundo, su vida, su amor y ahora su muerte… Hasta que al fin el recuerdo se tornó más vívido, más atormentador, para recordarle una vez más cómo había cambiado todo, cómo Raimundo la había traicionado, cómo ella envió en el último instante, por puro miedo, a la hija de Leonor Cenicientos, la niña con la que se había criado y su única amiga, para entregarle a Raimundo una carta que nunca llegó a su poder y todo por ella, por su miedo, y por Gonzalo…Porque hasta aquella noche, aquella fatídica noche, hasta que no lo descubrió entre las sombras que lo vio realmente, que vio más allá de la sombra de Raimundo en la que se escondía para encontrarse con un hombre sin entrañas y corroído por el odio y la envidia. Hasta aquella noche no lo vio realmente… y fue demasiado tarde.
Después, según se hundía más y más y creía sentir ya el agarre de las algas, como si fueran malvadas sirenas que la atrapaban, todo se tornó más confuso: los gritos, su rostro desfigurado por el odio, un disparo, un sonido atronador, y después solo sangre, sangre y tierra. Y el silencio. Y la culpa. Y el miedo.
La culpa y el miedo… un miedo extremo, terror, pánico, fue lo que sintió Raimundo al darse cuenta de que el ahogamiento de Francisca no era puro teatro. Y él, necio y confiado, había echado andar seguro de que ella se cansaría de gritar, de jugar con él, porque eso era lo que hacía, tenía que ser, lo que había hecho siempre lo mismo de siempre. ¿Cómo iba a imaginarse él si quiera que aquella vez era real…. Cómo…? Porque él había echado a andar y aunque se decía y se repetía que todo era un farsa, también era incapaz de alejarse sin más y por eso alcanzada una cierta distancia se volvió para comprobar que su teoría era cierta. Porque dejó de escuchar a Francisca sí, pero solo tras ser devorada por las olas que ella misma propiciaba. Fue entonces cuando supo que estaba equivocado y que por una vez, era cierto. Por una vez, ella lo necesitaba de verdad y él no había acudido a salvarla. Y entonces fue cuando lo sintió: la culpa, el miedo, y un frío que se clavaba hasta en lo más hondo de su ser. Aunque eso apenas podía notarlo, apenas podía reparar en ello porque Francisca, el amor de su ida, se hundía sin remedio en las pantanosas aguas heladas presa ya del sueño de su abrazo.
Sin pensarlo más se lanzó a las entrañas de aquel lago a medio congelar, para sacarla entre sus brazos y posarla sobre el suelo para masajearle el pecho como algunas veces había visto hacer al algún doctor, sin tomarse nunca la molestia de aprender cómo se hacía. Pero no era el momento de reprocharse aquellos, sino que siguió dejándose caer sobre su pecho para después pegar sus labios a los de ella y espirar con todas sus fuerzas hasta quedarse sin aliento. Y así una y otra vez, una y otra vez hasta que pensó que todos sus esfuerzos eran en vano, porque ella no respondía, pero seguía, una y otra vez, otra vez, otra vez… hasta que comenzó a toser y nunca una tos le había parecido un sonido tan maravilloso. Francisca lo miraba sin entender muy bien lo que acababa de pasar, pero él no le dio tiempo a decir nada y se lanzó hacia ella, rodeándola con sus brazos y meciéndola como si se tratase de una niña.
- Ya está – susurraba a su oído- ya está.
Y sintió que Francisca lo abrazaba con todas sus fuerzas, cómo él le devolvía el abrazo, como si quisieran fundirse en un solo ser. Para después separarse un poco, dejar su frente apoyada a la de ella aspirando su aroma con los ojos cerrados. Hasta que por fin Raimundo se atrevió a romper aquel silencio.
- Te quiero… te quiero y no puedo evitarlo por más que quiera. Mi cuerpo sigue guardando el recuerdo de tu piel y aspiro tu aroma cuando no estás, te veo por todas partes, te siento aunque no te toque… porque te quiero…- Y solo entonces la miró a los ojos- Pero no puedo perdonarte, no puedo entenderte.
Y en aquel momento Francisca volvió a pensarlo: ¿Decirle la verdad o callar? ¿Tratar de explicarle la razón que la había mantenido callada durante tantos años, que le impidió hablar en su día, por qué no le entregó aquella maldita carta en la que le explicaba todo y afrontar quizás un desprecio mucho mayor, el que se merecía por un delito que nunca pagó o mantener las cosas tal como estaban? No le dio tiempo a pensar más, no pudo seguir planteándose aquel dilema porque antes de formularse a sí misma la última pregunta, el sol ya los había descubierto y varias voces, pasos, conversaciones, se oían no muy lejos.
- Le pediré a algún conocido que te lleve a la Casona, ahora que puedes andar no necesitas tanta escolta.
Francisca caminó a casa con un hombre que no conocía de nada y al que no le apetecía conocer, con un pensamiento todavía rondando su cabeza: ¿callar o desvelar la verdad que llevaba ocultando más de 30 años?
Ya sé, ya sé, que queréis que haya encuentro furtivo en el lago, pero es que a mí me gustan las tramas raras, jaja. ¿Cuál será el gran secreto de Francisca?
#7442
25/07/2012 17:27
Laury.. Tu también me tienes engachadeta a tu relato. Si es que sigo con más atención lo que comentáis que la propia serie
#7443
25/07/2012 19:34
¡Buenas tardes, tesoros!
Otra vez la Paca "mala". ¡Que bien! -.-'
Supongo que la salud de los guionistas estaba en riesgo tras habernos mostrado DOS capítulos SEGUIDOS, a nuestra Paca. Y hoy ya era necesario volver a las andadas. En fin, tampoco ha sido diabólica así que no nos vamos a quejar mucho, por si acaso.
Destacable, sin duda, la carilla de Francisca al saber el percance de su hija y Juan con Enriqueta. Me ha gustado sin duda la preocupación que ha mostrado en ese momento por Soledad. Aunque al enterarse de que no le había pasado nada y que Juan estaba al borde de la muerte, casi nos la ponen dando un saltito de alegría.
La escena que escena que habíamos calificado como "posiblemente interesante" se ha ido al traste como otras tantas. Me quedo con la mirada que Raimundo le ha echado a Francisca. Gracias Miri por la captura.
En fin, otro capítulo más y a ver que nos depara el que viene... Aunque supongo que esta semana me tendré que quedar con los capítulos de ayer y del Lunes, que al menos "disfrutamos" un poquito al ver a nuestra Paca. Sublime ayer en las escenas con Emilia y Tristán, me encantó.
De los relatos, Laurilla, me chifla la historia. Recuerdo que cuando empezaste te comenté que lo tenías todo para que fuese una velada de lo más romántica, pero ahí estás tú para tirarla por la borda. Y qué mejor expresión cuando me has tirado a Francisca al río -.-' jajaja Sigue anda... Que ya sabes que la trama me gusta, pero quiero ver como la reflejas en el relato.
P.D. Sigo con una cosa pendiente que comentaros, ahora me podré un rato y a ver si mañana lo tengo ;)
Otra vez la Paca "mala". ¡Que bien! -.-'
Supongo que la salud de los guionistas estaba en riesgo tras habernos mostrado DOS capítulos SEGUIDOS, a nuestra Paca. Y hoy ya era necesario volver a las andadas. En fin, tampoco ha sido diabólica así que no nos vamos a quejar mucho, por si acaso.
Destacable, sin duda, la carilla de Francisca al saber el percance de su hija y Juan con Enriqueta. Me ha gustado sin duda la preocupación que ha mostrado en ese momento por Soledad. Aunque al enterarse de que no le había pasado nada y que Juan estaba al borde de la muerte, casi nos la ponen dando un saltito de alegría.
La escena que escena que habíamos calificado como "posiblemente interesante" se ha ido al traste como otras tantas. Me quedo con la mirada que Raimundo le ha echado a Francisca. Gracias Miri por la captura.
En fin, otro capítulo más y a ver que nos depara el que viene... Aunque supongo que esta semana me tendré que quedar con los capítulos de ayer y del Lunes, que al menos "disfrutamos" un poquito al ver a nuestra Paca. Sublime ayer en las escenas con Emilia y Tristán, me encantó.
De los relatos, Laurilla, me chifla la historia. Recuerdo que cuando empezaste te comenté que lo tenías todo para que fuese una velada de lo más romántica, pero ahí estás tú para tirarla por la borda. Y qué mejor expresión cuando me has tirado a Francisca al río -.-' jajaja Sigue anda... Que ya sabes que la trama me gusta, pero quiero ver como la reflejas en el relato.
P.D. Sigo con una cosa pendiente que comentaros, ahora me podré un rato y a ver si mañana lo tengo ;)
#7444
25/07/2012 22:13
Dedicado a todas vosotras con todo mi cariño... ¡¡NUEVO SINGLE!!
#7445
26/07/2012 11:29
Chiquillas, que se me olvidó preguntaros anoche. ¿Queréis que suba la escena de ayer en la plaza?
Se que no es propiamente un momento Raipaquista, y por eso quería consultaros primero.
Se que no es propiamente un momento Raipaquista, y por eso quería consultaros primero.
#7446
26/07/2012 11:47
RUHT: Aunque sea solo por la mirada que le echa raimundo a francisca merecera la pena subirla no?
#7447
26/07/2012 15:46
#7448
26/07/2012 22:10
Hoy no vi el capi pero me da pena soledad! Que futuro la espera? Pobrecita... La veo en un convento... Y encima vuelve a la casona. Yo ya estaba pensando que el hecho de perder a sus dos hijos seria el motivo de redencion de francisca pero veo que llega el salto temporal y seguimos igual:
Francisca mala malisima
Raimundo en la parra
Sin encuentros raipaquistas
Y mariajose... Desesperada!
En fin.... Besitos pars toda!!
Francisca mala malisima
Raimundo en la parra
Sin encuentros raipaquistas
Y mariajose... Desesperada!
En fin.... Besitos pars toda!!
#7449
27/07/2012 00:29
El capítulo de hoy ha sido totalmente de despedida para Juan, todo Puente Viejo (excepto Francisca y Olmo) están apenados por su muerte. Y a mi Soledad también me ha dado mucha pena y la frase que le dirá el próximo día a Francisca...Me enterraré entre estas cuatro paredes para pudrirme aquí, junto a usted(O algo así) Me ha matado, porque es que encima es cierto, las dos se están pudriendo por lo mismo, por perder al amor de su vida.
Y en cuanto a Francisca lo que más me gustan estos días son su miradas, si, señores, Francisca Montenegro odia a sus hijos por encima de todo, estas miradas lo demuestran, una vez más, así es, van acordes con el veneno que sale de su boca... ¿no? ¡Venga va hombre!¡Esta es nuestra Francisca!

Chicas, por miradas como estas vale la pena ser RaiPaquistas, además, también a sido la sutileza de Francisca preguntándole a Mauricio sobre el velatorio de Juan, algo así como:
-Había mucha gente señora (etc).
-Y... ¿Raimundo?
-También señora, se hallaba casi todo el pueblo...
Es que ha sido como, pregunto, pero pregunto rápido y así no se nota.
Un beso y un abrazo muuuuuy fuertee.
Y en cuanto a Francisca lo que más me gustan estos días son su miradas, si, señores, Francisca Montenegro odia a sus hijos por encima de todo, estas miradas lo demuestran, una vez más, así es, van acordes con el veneno que sale de su boca... ¿no? ¡Venga va hombre!¡Esta es nuestra Francisca!

Chicas, por miradas como estas vale la pena ser RaiPaquistas, además, también a sido la sutileza de Francisca preguntándole a Mauricio sobre el velatorio de Juan, algo así como:
-Había mucha gente señora (etc).
-Y... ¿Raimundo?
-También señora, se hallaba casi todo el pueblo...

Es que ha sido como, pregunto, pero pregunto rápido y así no se nota.
Un beso y un abrazo muuuuuy fuertee.
#7450
27/07/2012 13:17
RECUERDOS DE MEDIANOCHE
Casi sin darse cuenta Francisca se encontró de nuevo en su habitación, pensando una vez más en aquella indecisión que la consumía. ¿Era el momento de hablar? Llevaba treinta años callada y no había conseguido nada con su silencio, excepto encadenar una mentira tras otra. De todas formas ya no tenía nada que perder porque aunque Raimundo no la odiara, incluso aunque la amara, saber que aquel amor existía y que aún así no podían ser felices era peor que exponerse a su odio, a su auténtico odio, al conocer la verdad que la obligó a callar en su día. Y por primera vez en treinta años, sintió el impulso de contarlo todo. No estaba segura, realmente no quería hacerlo, no se atrevía, pero aquel pequeño, minúsculo impulso era más de lo que nunca había sentido y se decidió a atraparlo antes de que se acabara del todo. Cogió papel y lápiz y comenzó a escribir sintiendo cómo con cada palabra se aliviaba el peso que durante años había soportado su corazón. Al acabar de relatar lo que se le antojaba una historia interminable se sintió en parte aliviada, pero seguía sintiendo el mismo miedo que sintió aquella noche, tantas lunas atrás, a que la verdad saliera a la luz, y era una tontería, lo sabía, se lo repetía… pero aún así seguía aterrada. Quizás por eso, por aquel miedo irracional nunca se había atrevido a decirle nada a Raimundo, quizás por eso ni siquiera hoy, treinta años después era capaz de mirarle a la cara y contarle lo sucedido; y quizás por eso lo más parecido a una confesión que había logrado hacer estaba en aquella carta, en aquel pedazo de papel que había doblado tantas veces. Cerró los ojos, respiró, y como si fuera un trámite más, como si fuera una carta más de las decenas que enviaba al día y no las palabras que podrían haber cambiado su vida, la metió en el sobre, acompañada de otra confesión, una confesión que se le antojaba muy lejana, casi como si perteneciera a otra vida, pero en la que no había dejado de pensar ni un solo día, ni una sola noche. Y como si fuera una carta más se la dio a un muchacho para que se la entregara a su destinatario. Se la dio como si fuera una carta más, aunque no pudo evitar un ligero temblor al decir su nombre.
- Para Raimundo Ulloa.
Estaba pensando en ella mientras servía a los pocos clientes que llegaban a la posada, porque en la mente de Raimundo no cabía otro pensamiento. Pensaba en ella mientras hablaba con su yerno; pensaba en ella mientras despedía al muchacho que le entregó una curiosa carta y pensó en ella una vez más mientras, solo en su habitación, acariciaba el sobre sin saber qué pensar ni qué decir… pero pensando en ella. Tardó más de lo que habría tardado en abrir ninguna otra carta, porque la curiosidad lo invadía, pero el miedo le acechaba y no sabía cuál era mayor ¿qué querría? El sobre contenía una hoja de papel escrita por ella y otro sobre.
Raimundo… No sé cómo decirte esto, no sé si debería decírtelo, pero tengo que hacerlo. Esta mentira pesa demasiado y el tiempo, en vez de borrarla de mi memoria, solo ha servido para hacer la farsa cada día más dura, cada día más irreal. No hace mucho te desvelé que treinta años atrás te escribí una carta, no muy distinta de esta, en la que te confesaba que esperaba un hijo tuyo y casi te suplicaba para que vinieras a rescatarme de Salvador Castro y mi destino, pero no te la entregué, nunca te dije la verdad sobre Tristán y no fue porque no lo deseara o porque no te quisiera. Si no te entregué esa carta en su día fue por miedo a que junto con la verdad de nuestro hijo supieras otro que quizás te hubiera hecho más daño que la mentira. Ya es tarde para saber qué hubiera sido mejor, pero espero que no demasiado para liberar a mi conciencia de esta carga. ¿Recuerdas a Gonzalo?... Qué tonterías pregunto, ¿cómo no lo ibas a recordar? Si era… tu hermano.
Casi sin darse cuenta Francisca se encontró de nuevo en su habitación, pensando una vez más en aquella indecisión que la consumía. ¿Era el momento de hablar? Llevaba treinta años callada y no había conseguido nada con su silencio, excepto encadenar una mentira tras otra. De todas formas ya no tenía nada que perder porque aunque Raimundo no la odiara, incluso aunque la amara, saber que aquel amor existía y que aún así no podían ser felices era peor que exponerse a su odio, a su auténtico odio, al conocer la verdad que la obligó a callar en su día. Y por primera vez en treinta años, sintió el impulso de contarlo todo. No estaba segura, realmente no quería hacerlo, no se atrevía, pero aquel pequeño, minúsculo impulso era más de lo que nunca había sentido y se decidió a atraparlo antes de que se acabara del todo. Cogió papel y lápiz y comenzó a escribir sintiendo cómo con cada palabra se aliviaba el peso que durante años había soportado su corazón. Al acabar de relatar lo que se le antojaba una historia interminable se sintió en parte aliviada, pero seguía sintiendo el mismo miedo que sintió aquella noche, tantas lunas atrás, a que la verdad saliera a la luz, y era una tontería, lo sabía, se lo repetía… pero aún así seguía aterrada. Quizás por eso, por aquel miedo irracional nunca se había atrevido a decirle nada a Raimundo, quizás por eso ni siquiera hoy, treinta años después era capaz de mirarle a la cara y contarle lo sucedido; y quizás por eso lo más parecido a una confesión que había logrado hacer estaba en aquella carta, en aquel pedazo de papel que había doblado tantas veces. Cerró los ojos, respiró, y como si fuera un trámite más, como si fuera una carta más de las decenas que enviaba al día y no las palabras que podrían haber cambiado su vida, la metió en el sobre, acompañada de otra confesión, una confesión que se le antojaba muy lejana, casi como si perteneciera a otra vida, pero en la que no había dejado de pensar ni un solo día, ni una sola noche. Y como si fuera una carta más se la dio a un muchacho para que se la entregara a su destinatario. Se la dio como si fuera una carta más, aunque no pudo evitar un ligero temblor al decir su nombre.
- Para Raimundo Ulloa.
Estaba pensando en ella mientras servía a los pocos clientes que llegaban a la posada, porque en la mente de Raimundo no cabía otro pensamiento. Pensaba en ella mientras hablaba con su yerno; pensaba en ella mientras despedía al muchacho que le entregó una curiosa carta y pensó en ella una vez más mientras, solo en su habitación, acariciaba el sobre sin saber qué pensar ni qué decir… pero pensando en ella. Tardó más de lo que habría tardado en abrir ninguna otra carta, porque la curiosidad lo invadía, pero el miedo le acechaba y no sabía cuál era mayor ¿qué querría? El sobre contenía una hoja de papel escrita por ella y otro sobre.
Raimundo… No sé cómo decirte esto, no sé si debería decírtelo, pero tengo que hacerlo. Esta mentira pesa demasiado y el tiempo, en vez de borrarla de mi memoria, solo ha servido para hacer la farsa cada día más dura, cada día más irreal. No hace mucho te desvelé que treinta años atrás te escribí una carta, no muy distinta de esta, en la que te confesaba que esperaba un hijo tuyo y casi te suplicaba para que vinieras a rescatarme de Salvador Castro y mi destino, pero no te la entregué, nunca te dije la verdad sobre Tristán y no fue porque no lo deseara o porque no te quisiera. Si no te entregué esa carta en su día fue por miedo a que junto con la verdad de nuestro hijo supieras otro que quizás te hubiera hecho más daño que la mentira. Ya es tarde para saber qué hubiera sido mejor, pero espero que no demasiado para liberar a mi conciencia de esta carga. ¿Recuerdas a Gonzalo?... Qué tonterías pregunto, ¿cómo no lo ibas a recordar? Si era… tu hermano.
#7451
27/07/2012 13:53
Aquí estoy compañeras. De verdad que suscribo todo lo que decís de Francisca. Me enerva sobremanera todo lo que le están haciendo al personaje. Eso sí, me gustó esa mirada a Soledad cuando intenta que vuelva a la Casona.
En cuanto a los relatos tengo que decir que estoy más enganchada a ellos que a la serie (más que nada porque ya no la veo, me resulta muy aburrida)
Ro que ya no sé si te lo he dicho ¡¡¡FELICIDADES POR ESE "EN GALLUMBOS POR LA CASONA"!!!


A las demás seguid así que me encanta leeros. Conseguís que desconecte de todo los problemas
Os debía varios relatos que empecé pero no terminé así que empezaré con este. Espero que os guste. Ha quedado jugosito jejejeje. Me gusta porque he volcado en él las ganas que tenía de ver escenas así entre ellos y que ya no veremos por culpa del adelanto.
MI HOMBRE
Después de todo lo ocurrido en su vida Raimundo sentía que tenía que trabajar más que nunca. Necesitaba pensar en otra cosa. Le dijo a Juan que iría a revisar el techo porque parecía que iba a venirse abajo en cualquier momento. Alfonso se encargó de atender la barra.
Se colocó su mono de trabajo y se puso manos a la obra. Pero a los pocos minutos tuvo calor y se desprendió de él acabando sólo con una camisa de tirantes que marcaba su torso trabajado en el campo. Se dirigió hasta un cubo que tenía lleno de agua y llenó un vaso que vació en su cabeza y otro en su nuca. Todo ello sin percatarse que las mujeres del pueblo estaban observándole y quedándose atónitas ante lo que veían. Entre ellas una sorprendida Francisca Montenegro.
Francisca había salido de la Casona para hace unas compras en el pueblo cuando de repente vio que las señoras murmuraban viendo algo. Raimundo hizo un movimiento que salpicó un poco del agua que se había echado haciendo que Francisca diera un pequeño respingo ante semejante imagen.
- ¡Madre mía Ulloa! – dijo Dolores para sus adentros. Francisca, que estaba detrás, sintió un deseo irrefrenable de hacerla callar cuando vio a lo que se refería.
El agua había hecho que el torso de Raimundo quedara casi al descubierto. La camiseta no impedía que la imaginación se desbordara. Raimundo empezó a cargar material de la carreta con gemidos de esfuerzo. Cosa que hizo que las señoras miraran más embelesadas. Francisca tampoco podía apartar sus ojos de él. “¡Dios estaba tan guapo, tan… varonil!” Raimundo volvió a hacer el mismo ritual del agua esta vez en su pecho y Francisca vio cómo Dolores se mordía el labio. Si permanecía más tiempo ahí acabaría matándola pero a la vez no podía irse. La criada le dio toques en el hombro para que reaccionara.
- Blanca ve a comprar tomates y pimientos que se nos han acabado ¡Presto! – se apresuró a decir Francisca.
Se quedó en la plaza mirando de reojo a Raimundo. No lo podía evitar. De pronto la camiseta de Raimundo se enganchó en la carreta y se desgarró dejando, ahora sí, su pecho al descubierto. Esta vez el murmullo de las señoras fue tan evidente que Raimundo se giró. Las señoras se recompusieron como pudieron pero eso no le importó. Su mirada se posó en una persona en especial que estaba apoyada en un bastón Francisca Montenegro.
Francisca le miraba con todo el amor que tenía para él pero también con otro sentimiento que hacía tiempo que no sentía con esa intensidad: deseo. Su corazón palpitaba con furia al ver el torso trabajado en el campo de Raimundo. “Francisca por Dios que ya no eres una niña.” – se dijo a sí misma mientras Raimundo intentaba desenganchar de la carreta el trozo que se había quedado enganchado.
…
Volvió a la Casona visiblemente afectada por lo que había visto. Hacía años que no veía así a Raimundo: tan fuerte, tan guapo, tan… hombre… Sintió que su corazón retumbaba con fuerza e hizo un esfuerzo por contenerse. Además estaba cansada del paseo que había dado ya que todavía no conseguía que sus piernas aguantaran igual que antes.
Con la ayuda de Mauricio se fue a su cuarto y mandó que llevaran allí la comida.
…
Raimundo se había quedado petrificado al ver a las señoras que se habían congregado en la plaza. Jamás pensó que despertaría tanto interés. Se dirigió a su cuarto un tanto avergonzado. Cuando salió encontró a Pepa vestida para atender a las parturientas y con una sonrisa pícara en su rostro.
- Parece que todavía despierta pasiones Raimundo.
- Yo… tenía calor y… - intentó decir como un niño al que acababan de pillar en una travesura.
- Si es que está hecho un chaval Raimundo… - dijo Pepa antes de darle un beso en la mejilla.
Pepa se fue a atender a una preñada dejando a Raimundo con sus pensamientos. De pronto pensó en el rostro de Francisca. Te ama Raimundo. Te miraba con deseo. – le decía su voz interior a lo que contestaba siempre No digas tonterías. ¿Cómo va a desearme Francisca?
… ¿Y si era cierto? No, definitivamente no podía ser cierto.
En cuanto a los relatos tengo que decir que estoy más enganchada a ellos que a la serie (más que nada porque ya no la veo, me resulta muy aburrida)
Ro que ya no sé si te lo he dicho ¡¡¡FELICIDADES POR ESE "EN GALLUMBOS POR LA CASONA"!!!



A las demás seguid así que me encanta leeros. Conseguís que desconecte de todo los problemas

Os debía varios relatos que empecé pero no terminé así que empezaré con este. Espero que os guste. Ha quedado jugosito jejejeje. Me gusta porque he volcado en él las ganas que tenía de ver escenas así entre ellos y que ya no veremos por culpa del adelanto.
MI HOMBRE
Después de todo lo ocurrido en su vida Raimundo sentía que tenía que trabajar más que nunca. Necesitaba pensar en otra cosa. Le dijo a Juan que iría a revisar el techo porque parecía que iba a venirse abajo en cualquier momento. Alfonso se encargó de atender la barra.
Se colocó su mono de trabajo y se puso manos a la obra. Pero a los pocos minutos tuvo calor y se desprendió de él acabando sólo con una camisa de tirantes que marcaba su torso trabajado en el campo. Se dirigió hasta un cubo que tenía lleno de agua y llenó un vaso que vació en su cabeza y otro en su nuca. Todo ello sin percatarse que las mujeres del pueblo estaban observándole y quedándose atónitas ante lo que veían. Entre ellas una sorprendida Francisca Montenegro.
Francisca había salido de la Casona para hace unas compras en el pueblo cuando de repente vio que las señoras murmuraban viendo algo. Raimundo hizo un movimiento que salpicó un poco del agua que se había echado haciendo que Francisca diera un pequeño respingo ante semejante imagen.
- ¡Madre mía Ulloa! – dijo Dolores para sus adentros. Francisca, que estaba detrás, sintió un deseo irrefrenable de hacerla callar cuando vio a lo que se refería.
El agua había hecho que el torso de Raimundo quedara casi al descubierto. La camiseta no impedía que la imaginación se desbordara. Raimundo empezó a cargar material de la carreta con gemidos de esfuerzo. Cosa que hizo que las señoras miraran más embelesadas. Francisca tampoco podía apartar sus ojos de él. “¡Dios estaba tan guapo, tan… varonil!” Raimundo volvió a hacer el mismo ritual del agua esta vez en su pecho y Francisca vio cómo Dolores se mordía el labio. Si permanecía más tiempo ahí acabaría matándola pero a la vez no podía irse. La criada le dio toques en el hombro para que reaccionara.
- Blanca ve a comprar tomates y pimientos que se nos han acabado ¡Presto! – se apresuró a decir Francisca.
Se quedó en la plaza mirando de reojo a Raimundo. No lo podía evitar. De pronto la camiseta de Raimundo se enganchó en la carreta y se desgarró dejando, ahora sí, su pecho al descubierto. Esta vez el murmullo de las señoras fue tan evidente que Raimundo se giró. Las señoras se recompusieron como pudieron pero eso no le importó. Su mirada se posó en una persona en especial que estaba apoyada en un bastón Francisca Montenegro.
Francisca le miraba con todo el amor que tenía para él pero también con otro sentimiento que hacía tiempo que no sentía con esa intensidad: deseo. Su corazón palpitaba con furia al ver el torso trabajado en el campo de Raimundo. “Francisca por Dios que ya no eres una niña.” – se dijo a sí misma mientras Raimundo intentaba desenganchar de la carreta el trozo que se había quedado enganchado.
…
Volvió a la Casona visiblemente afectada por lo que había visto. Hacía años que no veía así a Raimundo: tan fuerte, tan guapo, tan… hombre… Sintió que su corazón retumbaba con fuerza e hizo un esfuerzo por contenerse. Además estaba cansada del paseo que había dado ya que todavía no conseguía que sus piernas aguantaran igual que antes.
Con la ayuda de Mauricio se fue a su cuarto y mandó que llevaran allí la comida.
…
Raimundo se había quedado petrificado al ver a las señoras que se habían congregado en la plaza. Jamás pensó que despertaría tanto interés. Se dirigió a su cuarto un tanto avergonzado. Cuando salió encontró a Pepa vestida para atender a las parturientas y con una sonrisa pícara en su rostro.
- Parece que todavía despierta pasiones Raimundo.
- Yo… tenía calor y… - intentó decir como un niño al que acababan de pillar en una travesura.
- Si es que está hecho un chaval Raimundo… - dijo Pepa antes de darle un beso en la mejilla.
Pepa se fue a atender a una preñada dejando a Raimundo con sus pensamientos. De pronto pensó en el rostro de Francisca. Te ama Raimundo. Te miraba con deseo. – le decía su voz interior a lo que contestaba siempre No digas tonterías. ¿Cómo va a desearme Francisca?
… ¿Y si era cierto? No, definitivamente no podía ser cierto.
#7452
27/07/2012 13:55
Después de comer Francisca se echó un rato la siesta pero más le hubiera valido no haberlo hecho. Su sueño no hizo más que recordarle sus sentimientos de una manera muy… gráfica.
Estaba en la plaza mientras veía cómo las señoras veían a Raimundo trabajar en la posada. De pronto todas se dispersaron y ella siguió a lo suyo. Llegó a la Casona y se sentó en el comedor a descansar.
A los pocos minutos un ardiente Raimundo Ulloa entró por la puerta solamente con su camiseta de tirantes y una chaqueta encima.
- ¿Qué haces aquí Ulloa?
- Vine a comprobar… si habías disfrutado con… las vistas.
De un movimiento la cogió de la mano y la atrajo hacía sí. Después la aprisionó contra la pared y le susurró al oído:
- Vamos a hacer temblar las paredes…
Francisca ahogó un jadeo mientras que sus manos, en un impulso imposible de dominar, le arrancaron la chaqueta y la camiseta perdiéndose después por el pecho de Raimundo arañándolo tiernamente. Sus alientos se entremezclaban y sus respiraciones se hacían cada vez más difíciles. Raimundo ayudó a Francisca a levantarse para, acto seguido, llevarla en brazos hasta la mesa. Después Raimundo empezó a desabrocharle el vestido a Francisca mientras se fundían en un beso apasionado. Francisca le atraía cada vez más a ella acariciando y arañando su espalda. Raimundo acabó arrancándole el corsé y las enaguas con pasión a la vez que Francisca intentaba hacer lo mismo con los pantalones.
- Hazme tuya… - casi suplicó ella.
Y Raimundo obedeció. Comenzaron un ritmo alocado de embestidas mientras ahogaban gritos de placer en la boca del otro. Sus bocas no tenían tregua mientras sus manos arañaban y acariciaban la espalda del otro. A medida que las embestidas continuaban Francisca intentaba atraer más a Raimundo. Tanto como fuera posible. El placer y el deseo eran tan intensos que Francisca apremiaba a Raimundo susurrándole palabras de amor al oído que le hacían enloquecer.
Al llegar el momento culmen sus cuerpos se tensaron presos de la pasión inflamada que había en sus corazones. Raimundo mordía el cuello de Francisca y ella arañaba, esta vez con más fuerza, la espalda de Raimundo a la vez que dejaban escapar gemidos de intenso placer. Sólo se oyó en esa estancia:
- Te amo Raimundo…
Francisca se despertó sobresaltada de aquel sueño. ¡Dios mío!¡¿Cómo era posible que hubiera despertado tanta pasión en ella? La verdad es que eran demasiados años intentando contenerse. Ahora parecía que la sola visión del torso de Raimundo sirvió para descontrolar esos sentimientos. Pasó su mano por su cuello intentando recordar el sueño que había tenido y los besos de Raimundo y susurró:
- Raimundo… amor mío…
Estaba en la plaza mientras veía cómo las señoras veían a Raimundo trabajar en la posada. De pronto todas se dispersaron y ella siguió a lo suyo. Llegó a la Casona y se sentó en el comedor a descansar.
A los pocos minutos un ardiente Raimundo Ulloa entró por la puerta solamente con su camiseta de tirantes y una chaqueta encima.
- ¿Qué haces aquí Ulloa?
- Vine a comprobar… si habías disfrutado con… las vistas.
De un movimiento la cogió de la mano y la atrajo hacía sí. Después la aprisionó contra la pared y le susurró al oído:
- Vamos a hacer temblar las paredes…
Francisca ahogó un jadeo mientras que sus manos, en un impulso imposible de dominar, le arrancaron la chaqueta y la camiseta perdiéndose después por el pecho de Raimundo arañándolo tiernamente. Sus alientos se entremezclaban y sus respiraciones se hacían cada vez más difíciles. Raimundo ayudó a Francisca a levantarse para, acto seguido, llevarla en brazos hasta la mesa. Después Raimundo empezó a desabrocharle el vestido a Francisca mientras se fundían en un beso apasionado. Francisca le atraía cada vez más a ella acariciando y arañando su espalda. Raimundo acabó arrancándole el corsé y las enaguas con pasión a la vez que Francisca intentaba hacer lo mismo con los pantalones.
- Hazme tuya… - casi suplicó ella.
Y Raimundo obedeció. Comenzaron un ritmo alocado de embestidas mientras ahogaban gritos de placer en la boca del otro. Sus bocas no tenían tregua mientras sus manos arañaban y acariciaban la espalda del otro. A medida que las embestidas continuaban Francisca intentaba atraer más a Raimundo. Tanto como fuera posible. El placer y el deseo eran tan intensos que Francisca apremiaba a Raimundo susurrándole palabras de amor al oído que le hacían enloquecer.
Al llegar el momento culmen sus cuerpos se tensaron presos de la pasión inflamada que había en sus corazones. Raimundo mordía el cuello de Francisca y ella arañaba, esta vez con más fuerza, la espalda de Raimundo a la vez que dejaban escapar gemidos de intenso placer. Sólo se oyó en esa estancia:
- Te amo Raimundo…
Francisca se despertó sobresaltada de aquel sueño. ¡Dios mío!¡¿Cómo era posible que hubiera despertado tanta pasión en ella? La verdad es que eran demasiados años intentando contenerse. Ahora parecía que la sola visión del torso de Raimundo sirvió para descontrolar esos sentimientos. Pasó su mano por su cuello intentando recordar el sueño que había tenido y los besos de Raimundo y susurró:
- Raimundo… amor mío…
#7453
27/07/2012 13:56
Raimundo se dirigió al Colmado a recoger unas cosas que había pedido Mariana para la cena.
- Buenas tardes Dolores.
- Buenas tardes don Raimundo. – dijo Dolores esbozando una sonrisa extraña y un tono muy particular. - ¿Qué desea?
- Necesito un poco de… ¿qué era?... ¡ah sí! De estragón y de romero.
- Ahora mismo se lo traigo don Raimundo. – dijo Dolores que le miraba con una sonrisa demasiado ¿pícara? ¿Acaso Dolores Mirañar se estaba insinuando? Raimundo le miró extrañado mientras se dirigía al almacén. No, eso no era posible. Al cabo de unos minutos volvió con la misma sonrisa.
- Tome don Raimundo. Son 10 pesetas.
- Gracias Dolores. – dijo don Raimundo con su sonrisa amable.
- Quede con Dios Raimundo. – se despidió Dolores.
- Adiós Dolores. – se despidió él.
Volvió a la casa de comidas donde trabajó sintiendo que despertaba un interés especial entre las señoras del pueblo. Alfonso y Juan se carcajearon de ello.
- No tiene gracia Alfonso.
- Vamos Raimundo que todavía está de muy buen ver. No me diga que nunca pensó en volver a encontrar a alguien. – le dijo Juan. – Pues ahora está a tiempo. Tiene a todas las mujeres del pueblo a tiro de piedra.
- ¿Crees que busco eso a estas alturas de la vida? No. Lo que yo quiero realmente no se puede conseguir.
- ¿Y qué es lo que quiere Raimundo?
“El amor de mi pequeña.” – pensó apenado para sí mismo. – Dejémoslo que hay faena ¿quieres?
- Como usted mande Raimundo pero, como dijo mi padre, “nada hay irremediable salvo la muerte”. Si quiere algo, luche. Se merece ser feliz Raimundo. – dijo Alfonso.
- Gracias hijo. – contestó Raimundo dándole una palmada en el hombro.
- Buenas tardes Dolores.
- Buenas tardes don Raimundo. – dijo Dolores esbozando una sonrisa extraña y un tono muy particular. - ¿Qué desea?
- Necesito un poco de… ¿qué era?... ¡ah sí! De estragón y de romero.
- Ahora mismo se lo traigo don Raimundo. – dijo Dolores que le miraba con una sonrisa demasiado ¿pícara? ¿Acaso Dolores Mirañar se estaba insinuando? Raimundo le miró extrañado mientras se dirigía al almacén. No, eso no era posible. Al cabo de unos minutos volvió con la misma sonrisa.
- Tome don Raimundo. Son 10 pesetas.
- Gracias Dolores. – dijo don Raimundo con su sonrisa amable.
- Quede con Dios Raimundo. – se despidió Dolores.
- Adiós Dolores. – se despidió él.
Volvió a la casa de comidas donde trabajó sintiendo que despertaba un interés especial entre las señoras del pueblo. Alfonso y Juan se carcajearon de ello.
- No tiene gracia Alfonso.
- Vamos Raimundo que todavía está de muy buen ver. No me diga que nunca pensó en volver a encontrar a alguien. – le dijo Juan. – Pues ahora está a tiempo. Tiene a todas las mujeres del pueblo a tiro de piedra.
- ¿Crees que busco eso a estas alturas de la vida? No. Lo que yo quiero realmente no se puede conseguir.
- ¿Y qué es lo que quiere Raimundo?
“El amor de mi pequeña.” – pensó apenado para sí mismo. – Dejémoslo que hay faena ¿quieres?
- Como usted mande Raimundo pero, como dijo mi padre, “nada hay irremediable salvo la muerte”. Si quiere algo, luche. Se merece ser feliz Raimundo. – dijo Alfonso.
- Gracias hijo. – contestó Raimundo dándole una palmada en el hombro.
#7454
27/07/2012 17:01
Natalia me encanta el nuevo single. Eres una artista
#7455
27/07/2012 19:41
Solo comentar que raimundo haciendole cariñitos a maria esta para comerselo!!!
Queremos ver a la paca de abuela por favor!!!!
Natalia genial! Eres una maquina!!!
Queremos ver a la paca de abuela por favor!!!!
Natalia genial! Eres una maquina!!!
#7456
27/07/2012 20:02
Natalia genial el mini
#7457
27/07/2012 20:30
Hoy he muerto viendo el capítulo.

¿Puede haber algo más mono? En serio, me he derretido por completo en esa escena.
“Le he dicho a tu padre que podría darle lecciones en cuanto a cuidarte, pero la verdad es que no me acuerdo muy bien. Pero estoy convencido de que si ponemos los dos lo mejor de nuestra parte, hoy lo vamos a pasar tú y yo la mar de bien.”
Y esas monerías que le hacía al final… ¡Pa’ comérselos a los dos!
El Ulloa se ha salido hoy, primero con esa escena, después con la de Segis y para terminar con lo del incendio.
De Francisca pues… Maravillosa en la escena con Emilia, como siempre. Adoro ver sonreír a Francisca, aunque solo sea parte de una de sus triquiñuelas para tenerla cerca.
Por el contrario verla agarrar a Soledad y ofrecerle un brindis cuando sabe por lo que está pasando su hija, no me ha gustado nada. Pero bueno, tampoco ha sido algo totalmente despiadado, así que no me voy a quejar mucho.
Laura, Natalia, muy buenos solos relatos. Seguid

¿Puede haber algo más mono? En serio, me he derretido por completo en esa escena.
“Le he dicho a tu padre que podría darle lecciones en cuanto a cuidarte, pero la verdad es que no me acuerdo muy bien. Pero estoy convencido de que si ponemos los dos lo mejor de nuestra parte, hoy lo vamos a pasar tú y yo la mar de bien.”
Y esas monerías que le hacía al final… ¡Pa’ comérselos a los dos!
El Ulloa se ha salido hoy, primero con esa escena, después con la de Segis y para terminar con lo del incendio.
De Francisca pues… Maravillosa en la escena con Emilia, como siempre. Adoro ver sonreír a Francisca, aunque solo sea parte de una de sus triquiñuelas para tenerla cerca.
Por el contrario verla agarrar a Soledad y ofrecerle un brindis cuando sabe por lo que está pasando su hija, no me ha gustado nada. Pero bueno, tampoco ha sido algo totalmente despiadado, así que no me voy a quejar mucho.
Laura, Natalia, muy buenos solos relatos. Seguid
#7458
27/07/2012 20:54
Como hay que comentar tanto para bien como para mal... tengo que decir que este ha sido uno de los capítulos que más he disfrutado que yo recuerde. Me han gustado todas las escenas, desde la primera hasta la última.
Impresionante Adelfa llorando, Sandra, que cada día es más genial y... de María que decir. Y oye! No vamos a desmerecer a los chicos, que tanto Fernando como nuestro querido Ramón (un poquito ahumado al final) han estado fantásticos.
Y lo que gana Enric cuando lo ponen de serio.
Algo que quería comentar desde hace unos días y que siempre se me olvida. Dejando a un lado que la trama pueda gustar más o menos... pedazo de actriz la chica que hace de Adolfina (Prima de riesgo para los amigos y para las alfonsoemilistas). Me río muchísimo cuando pone la cara de loca y se ve que piensa "Mi hooooombre" mientras mira a Alfonso. Para mi de los mayores aciertos en cuanto a personajes secundarios de tramas transitorias.
Y bueno... con Francisca ahí estamos... que nos la tienen que poner de manipuladora, de hipócrita... y mientras soportar a Santa Pepa, que lo mismo te sirve para un roto que para un descosido, para consolar a Soledad, a Fernando, atender parteras, enfrentarse a Paca...
En fin, veremos a ver qué tal ese salto de cuatro meses que al parecer nos viene la semana que viene (que por cierto, la pequeña María ha mutado de morena a rubia, y sino fijaos en la escena de hoy con Raimundo y en el avance con Pepa...)
Impresionante Adelfa llorando, Sandra, que cada día es más genial y... de María que decir. Y oye! No vamos a desmerecer a los chicos, que tanto Fernando como nuestro querido Ramón (un poquito ahumado al final) han estado fantásticos.
Y lo que gana Enric cuando lo ponen de serio.
Algo que quería comentar desde hace unos días y que siempre se me olvida. Dejando a un lado que la trama pueda gustar más o menos... pedazo de actriz la chica que hace de Adolfina (Prima de riesgo para los amigos y para las alfonsoemilistas). Me río muchísimo cuando pone la cara de loca y se ve que piensa "Mi hooooombre" mientras mira a Alfonso. Para mi de los mayores aciertos en cuanto a personajes secundarios de tramas transitorias.
Y bueno... con Francisca ahí estamos... que nos la tienen que poner de manipuladora, de hipócrita... y mientras soportar a Santa Pepa, que lo mismo te sirve para un roto que para un descosido, para consolar a Soledad, a Fernando, atender parteras, enfrentarse a Paca...
En fin, veremos a ver qué tal ese salto de cuatro meses que al parecer nos viene la semana que viene (que por cierto, la pequeña María ha mutado de morena a rubia, y sino fijaos en la escena de hoy con Raimundo y en el avance con Pepa...)
#7459
27/07/2012 21:09
HOLA CHICAS :
Del capt de hoy decir que me ha encanto ver a Raimundo asi de sonriente y feliz con su nieta ,
(vamos para comerselo) en cuanto a lo demas pues nada haver que pasa con el salto de 4 meses
UN BESO
PDT ; EN CUANTO A LOS RELATOS DECIROS QUE !!!!!FANTASTICOS!!!!!!
Del capt de hoy decir que me ha encanto ver a Raimundo asi de sonriente y feliz con su nieta ,
(vamos para comerselo) en cuanto a lo demas pues nada haver que pasa con el salto de 4 meses
UN BESO
PDT ; EN CUANTO A LOS RELATOS DECIROS QUE !!!!!FANTASTICOS!!!!!!
#7460
28/07/2012 11:50
Hola preciosas ;)
Lo prometido (hace ya mucho tiempo) es deuda. Espero que os guste, con cariño para todas y en especial dedicado a Ruth (que la estuve incordiando para conseguir alguna escena ^^)
Lo prometido (hace ya mucho tiempo) es deuda. Espero que os guste, con cariño para todas y en especial dedicado a Ruth (que la estuve incordiando para conseguir alguna escena ^^)