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El Rincón de Francisca y Raimundo:ESTE AMOR SE MERECE UN YACIMIENTO (TUNDA TUNDA) Gracias María y Ramon

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samureta
samureta
08/06/2011 23:44
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No existe amor en paz. Siempre viene acompañado de agonías, éxtasis, alegrías intensas y tristezas profundas.

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#7301
melisalaura
melisalaura
28/06/2012 04:40
¡¡Pero que estupidez tan grande lo del salto de tiempo!! tengo ganas de acesinar alguien!!! por dios que me aguanten !! esto es demasiado. En estos momentos la Paca no es la Paca, cada día está más odiosa, Raimundo hombre inteligente, flexible, sensato, reflexivo ahora es incapaz de comprender y perdonar cuando él es tan responsable como Francisca, Tris totalmente perdido, ni el mismo se entiende, la Grego pesada como ella solo puede ser... aún no entendemos como es que siguen insistiendo con ese personaje que nadie soporta, Pepa que no deja de sufrir, Martín que no asoma la cabeza, como si se lo hubiera tragado la tierra, Sole que no sabe que hacer con nada (si para aca que si para allá) los Castañeda bbff... lo único que me gusta es Hipolitín (me saca una sonrisa casi siempre). Nunca pensé que llegariamos a este punto. Aaayyy Puente Viejo no será lo mismo, no soporto a los de antena3, todo lo comienzan bien y lo acaban destruyendo, lo mismo pasó con Bandolera que era una historia bella y ahora no se entiende nada, la idea inicial se perdió y de los actores ni hablar pocos quedan de los que comenzaron... A esta gente solo le importa la audiencia y lo demás no interesa, ojalá en PV no pase lo mismo porque no lo merecemos, pero veo la cosa mal muy mal sobre todo para nuestra pareja, creo que Francisca tendría en estos momentos unos 50 años (espero coincidir con algunas), si se le suman 15 años más (que es lo que se comenta) por dios.. tendría 65 años, creo que no sería lo mismo y no es justo, si es que ya veo a Francisca con canas y gafas permanentes para envejecerla más y a Rai ni hablar.... serán tan mayores que no van a tener fuerza ni para tocarse las manossnif ¿cuesta tanto trabajo complacernos un poquito? ¿acaso no hemos sido lo suficientemente fieles e incondicionales con los personajes y con la serie en general? ¿porque nos hacen esto? yo me hubiese conformado con unos besitos, unas manitos y lo otro que se quedara a la imaginación de cada cual, pero ya ni eso nos darán, me disculparán por lo que diré pero prefiero que mueran....(yo deseando la muerte... sin ganas de luchar... esta serie me hace ser otra persona).

Definitivamente NO AGUANTO MÁS..... no tengo esperanza ni fe de que esto se arregle, tiro la toalla. Que cabreoooo tengo..... como nunca.. diabloahora me pongo un dimenhidrinato endovenoso porque voy a vomitar, que asco....

Suerte a todas y besitoss...
#7302
mariajo76
mariajo76
28/06/2012 10:18
Josplis Mel amiga no te pongas así que no es para tanto mujer, que sólo es una serie, tu métete en vena una buena dosis de relatos y ya verás como todo lo ves desde otro punto de vista, por lo menos se te quita esa tristeza.

A lo que voy. ¿Qué mierda es eso de que hay un salto temporal de 15 años? me parto. Lo que faltaba , pero si Rai y Paca van a estar decrépitos, va a parecer amor en el geriátrico por favor, si lo mismo se cogen de las manos y entre el esfuerzo y la emoción igual les da un infarto y de chingar ni hablo, el paso del tiempo es inexorable y hay cosas que ni la viagra puede solucionar, contando que en aquellos tiempos la pastillita azul no existía.

En fin, que ya veremos pero de momento las cosas no pintan muy bien, bueno como siempre.

Niñas los relatos una pasada pero seguid que nos teneis ansiolíticas
#7303
Kerala
Kerala
28/06/2012 11:00
¡Buenas! No estaba muy segura de subir la escena de ayer al canal, pero ¡qué demonios! salen los dos y aunque sea solo por eso, aquí teneis la escena




Sobre el salto temporal, era algo que se venía rumoreando desde hace tiempo. Que sean aproximadamente 15 años de golpe, no es algo que a mí me guste demasiado. Más bien, no me gusta nada. Pero ¿qué podemos hacer? Es un hecho y poco importa lo que nosotras queramos o no. Está ya más que decidido. Solo os digo que estéis tranquilas con lo que supondrá el cambio de imagen en ellos. Me consta que no será tan drástico como pensáis. Os aseguro que no van a aparecer como la tata Leonor jajaja

Y repito lo que dije ayer. Me importa muy poco o nada el salto temporal en tanto me den mi momento Raipaquista. En estos momentos me da igual cómo lleguen a él mientras lleguen. Que sea más elaborado como me hubiera gustado, o que aparezca de repente sin ningún sentido, como en el caso de Juan y Soledad. Pero que llegue. Creo que después de tanto tiempo, no es que se lo merezcan nada más Raimundo y Francisca. Es que se lo merecen María y Ramón, y nos lo merecemos nosotras. Guionistas, NOS LO DEBÉIS.

Además, no nos pongamos tan dramáticas. En este momento Rai y Paca rondan los 48-49 años. Si pasan 15 años, tendrán 63-64 años. ¡Estupendo! Que a esa edad no se está decrépito como algunas estáis diciendo, mira que sois exageradas! y si a esa edad no hay evidentemente tanta pasión como a los 20 años, sí existe la ternura. La delicadeza y el cariño. Y particularmente, me apasiona mucho más ver a Raimundo y Francisca haciéndose arrumacos, queriéndose con dulzura y amor, que teniendo arrebatos pasionales.

Sé que vuestros ánimos no están en el mejor momento. Pero chicas, no olvideis que esto es una serie de ficción. ¡No puede afectarnos tanto! Disfrutemos con lo que nos den, enfadémonos con lo que no nos guste, pero cuando acabe el capítulo, olvidemos hasta el día siguiente. No voy a pediros que tengáis más paciencia porque hasta la mía flaquea en muchas ocasiones. Pero tomároslo con filosofía. Lo que tenga que ser será.

Yo confío muchísimo en mi Ibarra. Él nunca nos falla. Si él nos pide paciencia, yo no sé que haréis vosotras, pero yo le voy a hacer caso. Como siempre! <3

En cuanto a la actitud de Francisca, poco tengo que decir. Según dijo María en su VE, cuando Francisca se ve herida y traicionada, solo tiene dos opciones: o hundirse o atacar. Estaba más que claro que, conociendo a nuestra Montenegro y sobre todo a los guionistas, atacar era lo más fácil y evidente. Cierto es que este ataque está sobrepasando los límites pensados (sobre todo cuando veáis el capítulo de hoy... ¬¬ ), pero aún sigo creyendo que la cosa cambiará. Puede que esté loca, que termine dándome de bruces o puede que al fin, toda la espera habrá merecido la pena.

Sea como sea, a mi todo esto ya me ha compensado. Por muchas razones. Ya las sabéis guiño
Y chicas... ¡disfrutad! no dejéis que os afecte. Es ficción y como tal hay que tomarla.

Besos a todas!!

P.D. Tú Maria José sí que me tienes en un sin vivir....¡que lo sepas!
#7304
mariajose1903
mariajose1903
28/06/2012 13:06
Jaajajaja ruuuth! Lo sientooo pero a ver si quiere salir la nena ya!!! En cuanto sea el momento te mandare un wasap!! Tu tranquila guapaa!!

Por lo demas veremos a ver como pasa todo pero me muero por ver un beso entre estos ya! Solo un besooo!!!
#7305
Kerala
Kerala
28/06/2012 19:49
Me vais a permitir que este capítulo se lo dedique a mi Ibarra. ¡Te robé la frase! guiño

AMOR INCONDICIONAL (PARTE II)

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Abandonó la casona procurando no delatar su presencia allí, pero con la imagen de Francisca y Mauricio grabada en sus retinas. ¡No podía creer lo que habían visto sus ojos! Se movía por inercia, incapaz de asumir que aquello hubiera ocurrido.

Era una actitud irracional y egoísta. Francisca también tenía derecho a rehacer su vida, igual que él mismo lo intentó en su momento junto a Águeda. Pero no estaba preparado para ello. Su actitud era totalmente infantil pero sus sentimientos se negaban a permitir que Francisca pudiera ser de otro que no fuera él mismo.

¿Y qué esperabas?, le inquirió su conciencia. ¿Qué ella estuviera siempre sola para tranquilidad tuya? Aquello era cierto. Nunca pudo aceptarlo. A pesar de haber vivido una inventada felicidad junto a Natalia, no podía soportar que Francisca fuera de Salvador. Y es que en aquel momento aunque ambos pertenecían a otras personas y un mundo era el que los separaba irremediablemente, siempre existieron bajo tierra, ocultos a la vista de todos salvo a las miradas que ellos mismos escondían y se dedicaban, túneles de pasión soterrados que los mantenían unidos por un fino lazo. Cuando ella enviudó, él recuperó cierta calma. Pudiera ser que ellos jamás volvieran a estar juntos. Pero al menos no tendría que sufrir la tortura de verla junto a otro.

Y ahora ocurría esto. Siempre había sospechado que Mauricio sentía por ella algo parecido al amor. Sin embargo la diferencia de estatus entre ellos y el clasismo propio de Francisca, hacían inviable esta unión. Pero ahora ella estaba vulnerable. Lo había percibido cuando regresó a la casona y la descubrió tan afectada. Hasta él pensó en acercarse a ella y…

¿Y qué?, le volvió a preguntar su conciencia. ¿Acaso no te hubieras aprovechado tú mismo de su fragilidad en ese momento? ¿No la hubieras tomado entre tus brazos y besado igualmente para alejar su pena? ¿Qué diferencia hay entre lo que él hizo y lo que tú mismo pretendías?

Se quedó parado en mitad del camino. Con un torbellino de pensamientos y sensaciones bulléndole en la cabeza. Apretó los puños con fuerza y gritó. Lo hizo con toda su alma. Y sin embargo, no consiguió librarse de la opresión que sentía en el pecho. No estaba seguro de cómo actuaría a partir de ese momento. Tan solo esperaba no cruzarse con ella en un tiempo prudencial. Al menos hasta que afrontara ese extraño sentimiento, bien conocido ya y que había aflorado de nuevo cuando estuvo en la Casona.

………………………………….


Tras unos breves instantes donde se dejó llevar por la necesidad de afecto que reclamaba desde hacía ya muchos años y que nadie parecía haber visto hasta ahora, Francisca fue consciente de la situación. De la trascendencia que podía tener su acción y sobre todo, tomó conciencia de la persona que tenía frente a ella. No era Raimundo, por mucho que su mente hubiera ideado que era él quien la estrechaba entre sus brazos. No. No era él. Nunca más sería él. Y aquella evidencia no hacía sino incrementar el vacío de su corazón.

Se fue apartando de Mauricio tan lentamente como había caído en sus brazos. Su actitud fue totalmente injustificada y egoísta, abriendo una puerta que debió permanecer cerrada por los restos. Siempre supo de ese especial afecto de su capataz por ella, pero lo había mantenido a raya hasta ese momento. ¿Cómo pudo ser tan estúpida como para dejarse llevar por esa necesidad patente que escondía en su fuero interno? Estaba más que claro que su fortaleza se estaba viendo minada hasta el punto de dar pie a este tipo de situaciones.

- Mauricio… ¿Cómo te atreviste? -.

Sin embargo, a pesar de la pregunta, no había reproche en su voz. ¿Cómo podría haberlo si ella había sido la única culpable? Debió apartarse de él en el mismo instante en que Mauricio acarició su mejilla. Ella y solo ella, había tenido la culpa.

- Discúlpeme Señora, no sé qué se me pasó por la mente… -.

Totalmente avergonzado, Mauricio se puso en pie, reprochándose mentalmente la torpeza de sus actos. Había dejado más que claros sus sentimientos por ella sabiendo que no tenía ninguna posibilidad. Era cierto que Francisca se había rendido a su caricia, a su beso. Pero igual de cierto era que ella no sentía nada por él. Su corazón seguía perteneciendo al Ulloa más que a él le pesase aquello.

- No…No te disculpes, capataz… -. Francisca apartó la mirada. - Será mejor que esto no vuelva a repetirse -.

- Por supuesto, Señora, y acepte mis disculpas de nuevo -.

Un tenso silencio se instaló entre ellos. Ninguno parecía ser capaz de mirarse de frente. Fue Francisca quien lo hizo finalmente, encontrándose con un Mauricio totalmente avergonzado. Pero también herido por su rechazo.

Suspiró arrepentida. Él siempre había estado a su lado, incluso en los peores momentos de su vida. Se dio cuenta quizá ya tarde, que sentía un afecto por él que sobrepasaba los límites entre patrona y capataz. Lo sentía su amigo, su protector. Pero aunque ese afecto era sincero distaba mucho de ser amor. El suyo siempre sería por Raimundo Ulloa.

Lástima que ella fuera la única en estar enamorada.

- No te martirices más, Mauricio. Lo que ha pasado ha pasado y ahí debemos dejarlo. Sin embargo, te agradezco tu apoyo. El que estés a mi lado… -, ladeó la cabeza y sonrió imperceptiblemente. - Desde siempre -.

Mauricio alzó la mirada. No podía esperar más, lo sabía. Al menos podía dar gracias de no haber despertado la ira de Francisca a causa de su atrevimiento.

- Mi apoyo lo tendrá siempre, Señora, ya lo sabe. Me gustaría que viera en mi a… a un amigo, más que a su capataz -. Respiró tranquilo al ver la sonrisa en el rostro de ella. - No dejaré que nadie le haga daño, se lo prometo -.

- No soy muy dada a tener amigos, capataz… -. Le miró de reojo. Pero sonrió finalmente. - Y te agradezco tu lealtad ahora que todo el mundo me está dando la espalda… -.
#7306
Kerala
Kerala
28/06/2012 19:49
Mauricio suspiró.

- No pene por el Ulloa, Señora. No merece ni una de sus lágrimas… -. Sentenció antes de girar sobre sus pies y salir de la estancia, no sin antes inclinar la cabeza ante Francisca a modo de despedida.

………………………………………………….


- Como lo oye Señora. Hipólito es un as jugando a los dados. Ayer sin ir más lejos ganó unos buenos cuartos a uno que se las daba de listo -.

Francisca sonrió ante las noticias que le refería Mauricio. Habían bajado hasta el pueblo para recoger un pedido en el colmado. La relación entre ellos aunque algo extraña aún por lo sucedido el día anterior, parecía estar dando paso a una tímida amistad. Se detuvieron en uno de los puestos de la plaza sin percatarse de que Raimundo los observaba desde la puerta de la posada.

Frunció el ceño visiblemente enfadado. No esperaba ver a Francisca tan pronto y mucho menos acompañada de ese mastuerzo. Apretó con fuerza el palo de la escoba que llevaba entre sus manos cuando advirtió que Mauricio pasaba una de sus manos por la cintura de Francisca cuando ella dio un pequeño traspiés. Y sintió que le hervía la sangre cuando ella le sonrió en señal de agradecimiento.

¿Desde cuándo se supone que tenían esa relación tan estrecha? ¿Por qué no se había percatado mucho antes de ello? ¿Y por qué ese tipejo tocaba de esa forma a su Francisca?

¿Su Francisca?

Hasta él mismo se extrañó con aquel pensamiento, pero era algo evidente que no podía ocultar por más tiempo. Ella era suya, como todo él le pertenecía a ella. Y ahora de nuevo la iba a perder a manos de otro hombre. No soportaría tener que verla cada día de su brazo. Sonriendo a otro que no fuera él.

¡Maldita sea su estampa!

Observó con estupor cómo ella le miraba de reojo pero sin ninguna intención de pararse a platicar con él. Aquello fue como si le dieran una bofetada en la cara. Francisca nunca había desperdiciado una ocasión semejante en la que dedicarle alguno de sus improperios. Iba a darse media vuelta completamente furioso cuando Mauricio le miró triunfante por encima del hombro. Aquello si que no lo iba a permitir.

- ¿Se puede saber qué estás mirando Mauricio? -. Le dijo en tono desafiante.

Francisca tensó su espalda al escuchar su voz. No tenía ninguna gana de batallar esa mañana. Seguía bastante tocada por la discusión que habían mantenido el día anterior.

- Miro lo que me da la gana, Ulloa… ¿O es que acaso no se me permite? -.

Raimundo tiró la escoba al suelo dispuesto a enfrentarse a él. - Pues no, no te permito que… -.

- Déjalo Mauricio -. Francisca habló, interponiendo uno de sus brazos entre los dos hombres y sin mirar a Raimundo. - Vayamos a por el pedido y aquí paz y después gloria -.

- Vaya, vaya, vaya… Francisca Montenegro evitando una disputa. Debo reconocer que últimamente… no te reconozco -. Le dijo con toda intención, mirándola fijamente a los ojos.

Francisca frunció el ceño extrañada. - ¿Qué has querido decir? -.

- No te hagas la tonta Francisca. No te pega en absoluto. Pero continúa tu camino, por favor… -. Le dijo burlón mientras le hacía una reverencia con el brazo. - No quiero ser yo quien interrumpa este agradable paseo con tu… acompañante -.

- Ulloa, ¡te la estás jugando! -. Mauricio dio un paso hacia él dispuesto a hacerle tragar sus palabras. Había prometido a Francisca que no dejaría que le hicieran daño y por lo más sagrado que lo iba a cumplir.

- Mauricio -, le detuvo Francisca. - Acércate hasta el colmado a recoger el pedido -.

- Pero… -.

- Pero nada. Haz lo que te pido -. Le miró. - Por favor… -.

Dando un bufido, Mauricio se alejó camino del Colmado, dejándolos a solas. Fue entonces cuando Francisca se dirigió a Raimundo.

- ¿Se puede saber qué mosca te ha picado? -.
#7307
EspeLuthor
EspeLuthor
29/06/2012 00:36
¡Hola amores! ¿Cómo están los ánimos? Yo la verdad es que muchiiisimo mejor, espero que vosotras también. Bueno Ruth, que decirte, ¡que sigas yaaa! necesito ver como terminan esos celos.
¡Rocío! Espero la próxima parte de "En gallumbos por la Casona" muajajjajaja que ahora viene lo bueno.
En cuanto a mi historia, paciencia, que me lo tengo pensar bien para que sea un poco diferente a las demás guiño.
Y bueno, no voy a comentar nada, me reservo para mañana que tendré la lengua más suelta.
¡Muchos besos y un gran abrazo! guiño
#7308
Kerala
Kerala
30/06/2012 00:18
Trato de terminarlo mañana, ¿vale?

AMOR INCONDICIONAL (PARTE III)

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Raimundo bufó furioso. - ¿A mi? Ninguna salvo tener que cruzarme contigo esta mañana -.

Francisca tuvo que morderse la lengua para templar sus nervios.

- ¿He de recordarte, Raimundo, que has sido precisamente tú el que ha detenido mi camino? De ser por mí ni siquiera hubiera cruzado palabra contigo -.

Aquello le golpeó de lleno en la cara. Tenía razón y eso dolía. Si él ni hubiese caído en la provocación de Mauricio, ahora mismo no estaría hablando con Francisca. Se quedó en silencio mirándola fijamente. Le pareció que era la primera vez que la miraba realmente en muchos años. Percibió pequeños surcos en su rostro, pero este permanecía igual de hermoso que el primer día que la conoció. Sus ojos, sin embargo, reflejaban una tristeza inmensa. Tanta, que sintió que le estallaba el corazón. Su aspecto le pareció más desvalido y frágil que nunca. ¿Cómo no lo había visto antes?

Francisca se dio cuenta de su escrutinio y del silencio que se había instalado entre ellos.

- ¿Por qué me estás mirando tan fijamente? -. Le preguntó algo turbada.

- Pareces cansada… -, musitó. - Y triste -.

Francisca se sorprendió ante su respuesta.

- ¿Triste y cansada? -, disimuló con orgullo el efecto que le causaron sus palabras. - Más bien hastiada, teniendo que soportar tus impertinencias cada vez que tienes oportunidad…-. Se quedó en silencio varios segundos, antes de proseguir su charla. - Afortunadamente aún tengo a gente a mi lado que hace mis días mucho más llevaderos -.

Su afirmación no hizo sino recordarle el momento que presenció ayer mismo. Y también el que había vivido esa mañana en la plaza. Y su sangre volvió a hervirle en las venas despertando sus irracionales celos. Sí, estaba celoso de Mauricio. Celoso porque ella le había besado. Celoso porque ella le había sonreído.

Celoso porque parecía ocupar el lugar que solo le correspondía a él en el corazón de Francisca.

- ¡Oh, sí! Mauricio por ejemplo, ¿no es cierto? -. Le habló furioso.

Ella le miró con el ceño fruncido, extrañada por su repentino cambio de comportamiento.

- Pues sí, Mauricio está a mi lado siempre que le necesito. Algo que no pude decir de ti -.

Se le quebró la voz al recordar. ¿Por qué se empeñaban en seguir haciéndose daño? En su caso, era un mecanismo de defensa que le permitía esconder el profundo amor que le profesaba. Pero ¿en el caso de Raimundo? ¿A qué podía deberse más que al odio y al desprecio que sentía por ella?

Débil como aún estaba tras el cúmulo de sentimientos que habían aflorado en ella desde el día anterior, pero tratando de mantener a duras penas la compostura, no se dio cuenta de que una lágrima caía por su mejilla.

Raimundo se quedó horrorizado ante aquella muestra de debilidad en Francisca. Realmente estaba más afectada por aquella situación entre ellos y con Tristán de lo que realmente pensó en un principio. Se maldijo por su estúpido comportamiento. Por culpa de su actitud celosa e infantil le estaba ocasionando una pena aún mayor.

Alzó su mano dispuesto a atrapar aquella lágrima entre sus dedos. Aunque tal vez, en el fondo, solo deseaba sentir el tacto de su piel una vez más.

- No lo hagas Ulloa… -, le amenazó Francisca no demasiado convincente.

En su estado anímico actual no sería capaz de soportar una muestra de afecto tal por su parte, sin derrumbarse ante él. Estaba segura de que sucumbiría.

Pero Raimundo no la escuchaba. - ¿Por qué no, Francisca? -, susurró.

Estaba perdido en el mar de sus ojos negros. En la curvatura de sus carnosos labios. Y en el latente deseo que palpitaba en su interior. No podía pensar en nada que no fuera beber de su boca.

Atrapó aquella lágrima antes de deslizar su mano por su mejilla. Bajando por su cuello, su brazo… hasta llegar a su mano, entrelazándola con la suya y tirando de ella suavemente hasta el interior de la posada. Sin dejar de mirarla a los ojos.
#7309
Kerala
Kerala
30/06/2012 00:18
- Raimundo…no… -. Se intentaba negar ella.

Sin embargo, no opuso resistencia cuando él la arrastró hasta el interior. ¡No podía! Era como si su cuerpo no le respondiera y se hubiera convertido en una marioneta que Raimundo movía a su antojo.

Tampoco se negó cuando con delicadeza, la apoyó contra una de las columnas de la posada. En realidad, había soñado con este momento demasiado tiempo. Aunque no por ello dejó de estar asustada ante lo que pudiera pasar. Ante el sentido que tendría todo aquello para él. ¿Sería sincero o simplemente se trataría de una cruel forma de jugar con ella?

- Mi cielo… -, murmuró Raimundo antes de atrapar entre sus dientes el labio inferior de Francisca.

Su boca se abrió como una flor en primavera, exhalando un profundo suspiro. Momento que él aprovechó para introducir su lengua y acorralar a la de Francisca hasta que finalmente se unió con ella en un baile desesperado. Las manos de ambos no alcanzaban a tocarse y acariciarse como les hubiese gustado. Estaban tan desesperados por sentirse de nuevo que no parecían estar lo suficientemente juntos.

Las manos de Raimundo se deslizaron por su espalda hasta llegar a sus muslos, alzándola levemente hasta que se tocaron más íntimamente. Ambos gimieron ante el contacto, mirándose intensamente a los ojos antes de devorarse la boca como hambrientos.

Estaban a punto de perder el control allí mismo. Francisca fue consciente de ello y entró en pánico. Cualquiera que pasara en ese momento por allí podría descubrirlos en aquella situación tan embarazosa, y se vería obligada a tener que dar explicaciones a todo el mundo.

Además, Mauricio estaría a punto de aparecer por allí. Ya hacía tiempo que había marchado para el colmado y era cuestión de pocos minutos que se presentara allí buscándola, y los sorprendiera de aquella guisa.

Por eso apoyó las manos sobre el pecho de Raimundo y empujó levemente. Él interrumpió el beso, aturdido por la interrupción.

- ¿Qué ocurre, amor…? -, besó con brevedad de nuevo sus labios. Estaba tan deseoso de hacerla suya en ese mismo instante que no podía pensar en nada más, salvo en maldecirse por haber desperdiciado tanto tiempo en no estar a su lado. - Te deseo tanto, te necesito tanto… -. Gimió antes de enterrar sus labios en el cuello de Francisca, mordisqueando su piel.

Ella sonrió cerrando los ojos. - Detente Raimundo. Mauricio está… -.

No le dio tiempo a continuar más. Cuando escuchó el nombre del capataz, Raimundo se apartó como un rayo de ella. Había vuelto a ser un completo estúpido. Se había dejado enredar de nuevo por la telaraña de Francisca hasta quedar atrapado en ella. Olvidando todo lo que había sucedido entre ellos. Todo lo que él mismo vio con sus propios ojos en la Casona.

Mauricio. La furia y los celos, sumados al deseo frustrado se apoderaron de él. Francisca sin embargo, le miraba sin entender. ¿A qué ese cambio en su actitud? ¿Por qué se mostraba esquivo y hasta enfadado con ella, cuando segundos antes estaba besando sus labios?

Se acercó a él y lo llamó. - Raimundo… -.

- No te atrevas a tocarme, Francisca -, la miró enfadado. - ¿Hoy era yo tu juguete? Ayer con él, hoy conmigo… -. Cada palabra que salía por su boca destilaba desprecio y se clavaba en ella como un puñal. - Eres de lo peor que he tenido la desgracia de conocer -.

La mano de Francisca se estampó en su cara en una sonora bofetada. La miró a los ojos, con el corazón destrozado y el monstruo de los celos arañando su pecho. Vio lágrimas y dolor en ella, pero no se dejó engañar por sus mentiras. Él sabía muy bien lo que había visto. Y solo recordarlo le mataba lentamente.

Francisca salió corriendo hasta la plaza, chocando prácticamente con Mauricio que regresaba con el pedido.

- Señora, pero ¿qué...? -.

- Llévame a casa, Mauricio. Sácame de aquí -.
#7310
EspeLuthor
EspeLuthor
30/06/2012 13:29
¡Ruuuuuth te matooo! ¿Cómo nos haces esto? ¡No te vuelvas guionista por favor! carcajada
Estoy deseando que sigas pero ¡YA! Espero que la suerte te acompañe y que puedas terminarlo hoy porque me tienes en ascuas.
No he visto el capítulo todavía, así que no puedo comentarlo pero cuando no habéis dicho nada... No presagia nada bueno.
Muchos besos y un abrazoo.guiño
#7311
thirdwatch
thirdwatch
30/06/2012 20:54
Toc toc se peude. Hoy me gusta más el premium proque el desaparecido en combate o sea el señor Raimundo Ulloa sale algo más ¡Aleluya amen!. el capítulo sigue en su linea: la paca en plan soy la mala de españa o en este caso la mala puenteviejeril y Raimundo ulloa y el pajarito. Muy mono el señor ulloa
#7312
soyi
soyi
01/07/2012 11:18
HOLA CHIAS:

Tengo que deciros que estoy aguantando el tiron como todas pero tengo que confesaros que me duele mucho ver asi a francisca de mala mala cuando se que en el fondo no es sai y lo hace por miedo , en cuanto que la serie de ese salto de los años pues si seria para bien pero como no parece que la cosa mejore pues pues nada a guantarse y a seguir teniendo MAS Y MAS PACIENCIA pero saven señores guionista que lo grave esque la paciencia se acaba y no la venden en ningunsitio asi que XD cedan un poquito y acuerdesen de las Raipaquistas como lo han hecho con el resto de las pararejas de pv sin ir mas lejos en juan y soledad (que mira que eso estaba negro )en fin no se si servira de lago mis palabras pero por lo menos algo me desaoge .


RUHT : Como me gusta ver al ulloa celoso eso si como dice Nadia espero que no te contajies de los guionistas ( Que no que yo se que solo lo haces para hacernos sufrir un poco y darle intriga)

RO: XD siguel ¿veremos a francisca espiando en la alconba a raimundo?

chicas estoy deseando que sigais que por lo menos gracias ha vosotras vemos algo de acercamiento en nuestra pareja

UN BESITO GUAPAS
#7313
Naryak
Naryak
01/07/2012 16:28
¡Hola preciosas!

Perdonar mi ausencia pero he estado 12 días de vacaciones y acabo de volver,que depre tengo hijas xd, mañana a trabajar.

He estado poniendome al día, he pasado de ver la serie (el tema bombo de Gregoria estaba más que cantado) y me he ido a lo interesante, vamos a la única escena de Francisca y Raimundo. Vamos progresando la verdad, él se preocupa por ella y va a decirle que va a perder a su hijo, cuando dice nuestro hijo me vuelve loca, de verdad <3 y la frase final, diossssssss casi me levanto de la silla coñe xdddd, seguirlo dios mio. Pues nada, nos quedamos sin contestación/acción de Raimundo...que no decaiga.

A VER,A VER ¿PERO ESO QUE ES DE LOS 15 AÑOS?AY MADRE. ¿Pero que se han fumado?xd, esperemos ver un acercamiento antes de que el salto este pase, que ya me los veo torturandolos 15 años más. A mi más que esten decrepitos o no xd lo que me da miedo es que pierdan protagonismo frente a los demás actores que se incorportan, no se si me explico. No se donde quedarán sus tramas....

Ro, Ruth, seguir esas historias pero ya,que me teneis engachada perdia!!!!!!

Pd: Miri preciosa, te tomo prestada esta fantastica foto que colgastes para mi avatar ;)
Pd2: Maria José bonita ya nos contarás que tal tu niña, seguro que sale todo muy bien!
#7314
Kerala
Kerala
01/07/2012 16:44
Silvi! Mi niña! ¿qué tal te lo has pasado? Me da que muuuuuy bien jejeje. Ya te explicaré lo del salto temporal, pero sí peque...¡16 años de golpe y porrazo!

Perdón por la tardanza...

AMOR INCONDICIONAL (PARTE IV)

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Dejó a Francisca en la Casona no sin antes pedirle a Rosario que le preparase una tisana para calmar sus nervios. Durante todo el trayecto de vuelta a casa, ella se había negado a relatarle lo acontecido con Raimundo, aunque sus labios hinchados delataban fielmente lo que se supone que habían estado haciendo.

Maldijo al Ulloa por dañar de esa manera a una mujer que solo había tenido la mala suerte de enamorarse de él hacía ya tantos años. Pero las cosas no iban a quedar así. ¡Por supuesto que no! Le iba a hacer pagar cada lágrima que Francisca había derramado por su causa.

- ¿Qué vas a hacer Mauricio? -, le preguntó Rosario, sujetándole del brazo antes de llegar a la puerta. - Templa tus nervios y calma tu enfado. Sospecho a qué puede deberse el estado de la Señora y temo que vayas a cometer una estupidez -. Le reprendió con la mirada. - Deja que sean ellos quienes solucionen sus problemas y no te metas -.

- Lo siento Rosario -, refutó Mauricio. - Tú misma has visto con tus propios ojos cómo está ella -. Señaló con el brazo hacia las escaleras, marcando el camino hacia la habitación de Francisca, que era donde reposaba ahora. - ¡Está destrozada! Todo el asunto de Don Tristán está acabando con ella, y no voy a permitir que ese maldito Ulloa colabore en su destrucción -. Se soltó de Rosario y salió por la puerta dando un sonoro portazo.

- Señor, no permitas que le haga nada malo… la Señora no se lo podría perdonar jamás… -.

……………………………………………..

- Raimundo, si sigue frotando esa mesa con tanto brío, ¡terminará por sacarle brillo! -.

Alfonso llevaba ya un buen rato observando a su suegro. Sabía que algo le preocupaba ya que se había pasado toda la mañana con el ceño fruncido y sin pronunciar una sola palabra. Además, cada parroquiano que entraba en la taberna y se atrevía a cruzar alguna palabra con él, salía trasquilado.

Por eso Juan le había ordenado que se dedicara a limpiar las mesas, que de los clientes ya se ocuparían Alfonso y Enriqueta.

Raimundo miró a Alfonso, arqueando una ceja y visiblemente enfadado.

- Será mejor que vaya hasta la fuente para llenar de agua el cubo y seguir limpiando -.

Lo cogió y salió al exterior, dejando que la brisa templara su estado de ánimo. Pasados unos minutos tras el encuentro con Francisca, se había dado cuenta de que había sido especialmente cruel con ella. Y todo porque mencionó a esa mala bestia de Mauricio. Pero es que los celos se habían adueñado de él de tal forma que le impedían pensar con claridad. No era justificación ninguna, pero era la única explicación que podía dar acerca de su errado comportamiento.

Otro hecho sobre el que le había dado tiempo a reflexionar, era que Francisca no le habría besado de aquella forma en la posada si no sintiera aún algo por él. Ahora, pasado el tiempo, podía darse cuenta de ese detalle. Sin embargo, no podía olvidar lo que vio. Ella también había besado a Mauricio y eso era algo que no podía borrar de su mente por más que lo intentara.

Dejó que el cubo fuere llenándose de agua mientras seguía con la mirada perdida y con sus pensamientos. Muy lejos de allí. Podía sentir aún en su boca el sabor y la dulzura de los labios de Francisca. Había sido un completo necio con ella. Quizá sería un buen momento para acercarse a la Casona y disculparse por su comportamiento.

A fin de cuentas, Francisca tenía derecho a rehacer su vida con quien quisiera. Aunque no fuera él.

Apartó el cubo y refrescó sus manos, pasándolas luego por su nuca. Aliviando ligeramente sus tensos músculos. De pronto, un estruendo a su lado, le hizo abrir los ojos sobresaltado. El cubo había caído al suelo derramando todo su contenido. Se giró dispuesto a recogerlo, extrañado por su torpeza cuando se encontró cara a cara con Mauricio.

- Deberías ser más cuidadoso Ulloa, y no ir tirando todo a tu paso… -.

Estaba desafiante. Enseguida se percató de que andaba buscando pelea y no estaba dispuesto a complacerle. Recogería el cubo y se marcharía hacia la taberna sin caer en su provocación. Por mucho esfuerzo que le costase. Por muchas ganas que tuviera de partirle su estúpida bocaza allí mismo. Él era un hombre de paz.
#7315
Kerala
Kerala
01/07/2012 16:44
- Piérdete Mauricio -.

Se dio media vuelta con intención de marcharse, cuando el capataz le empujó por la espalda.

- ¿Tienes miedo de enfrentarte conmigo Ulloa? ¿Temes que te machaque? ¿O es que conmigo no te atreves? -.

Raimundo tensó la espalda y apretó los puños, sin girarse para mirarle. Tomó aire y lo fue expulsando lentamente. No le escuches y sigue tu camino, le sugirió su parte racional, gritando para hacerse oír sobre el deseo que tenía de darse la vuelta y estamparle el cubo en la cabeza. Dio unos cuantos pasos más, cuando de nuevo fue increpado por Mauricio.

- Siempre fuiste un cobarde. Un timorato capaz de hacer daño a una mujer -.

Francisca. Supo de inmediato que estaba refiriéndose a ella. ¿Cómo se atrevía a inmiscuirse en la relación que mantenían? Buena o mala, era solamente algo de ellos dos, que no atañía a nadie más. De nuevo el fantasma de los celos se apoderó de él y se volvió. Enfrentándose a Mauricio. Mirándose ambos hombres cara a cara.

- Lo que ocurra entre Francisca y yo no es de tu incumbencia, Mauricio. Mejor harías en no meterte en camisa de once varas -. Dejó el cubo en el suelo y avanzó hacia él. - Además, ¿con qué derecho te posicionas como protector de ella? Te recuerdo que es la madre de mi hijo Tristán. Lo que me une y me unirá siempre a ella es demasiado fuerte. Y eso es algo que tú nunca tendrás -.

- No me provoques, desarrapado -, le insultó. Le dolía saber que ese hombre estaría siempre en el corazón de Francisca. Y era tan obtuso como para no darse cuenta de que esa mujer le amaba con toda su vida. No se la merecía.

- ¿O qué? ¿Vas a pegarme? -. Una sospecha apareció de pronto cruzando su mente. - Es ella la que te envía, ¿no es cierto? ¡Maldita mujer! -.

El capataz no pudo contenerse y le arreó un puñetazo en toda la cara que le tumbó en el suelo.

- ¡Ni te atrevas a insultarla en mi presencia! -, gritó furioso, mientras Raimundo se frotaba la mandíbula. Dolorido. - Ella no sabe nada de todo esto. Nada más sufre por tu culpa y es algo que no permitiré. Y no se te ocurra volver a hacerle daño o lo pagarás muy caro, ¿me oyes, tabernero? -.

- La amas, ¿no es cierto? -, preguntó Raimundo poniéndose en pie.

Esas palabras le desgarraban la garganta a medida que salían por su boca. Aunque Mauricio fuera un bruto, estaba más que claro que amaba a Francisca. Recordó sus lágrimas. Ella se merecía tener la oportunidad de ser feliz, a pesar de que la idea de que lo fuera junto a otro hombre causara su propia infelicidad.

Mauricio se sorprendió ante su pregunta.

- Ahora soy yo el que te dice que no es de tu incumbencia, Ulloa -. Le espetó.

Raimundo intentó sonreír de medio lado, pero su herida se lo impidió.

- Cuídala. Y hazla feliz -.

Se dio la vuelta con el corazón destrozado. Había perdido a Francisca, pero al menos Mauricio se desviviría por hacerla sonreír. Y él tendría que conformarse con eso.

- ¡Lo haría…! -, gritó Mauricio, -…¡Si fuera a mi a quien amara! -.

Se detuvo en seco, tratando de asimilar las palabras del capataz. - ¿Qué estás diciendo? -.

- Solo una persona enamorada es capaz de renunciar a la persona amada porque esta sea feliz, aunque no sea a su lado -. Había comprendido que Raimundo también quería a Francisca. Y a pesar del dolor que aquello le causaba, supo que era el momento de su retirada. Se acercó al Ulloa lentamente hasta agarrar las solapas de su chaleco. - Ve junto a ella y ámala. Es lo único que desea… pero contigo -.

Le soltó de su agarre, dirigiéndose hacia la taberna. Unos chatos de vino le vendrían muy bien para aliviar su pena. Por su parte, Raimundo permanecía clavado en el sitio. ¿Acaso Mauricio había insinuado que Francisca le amaba? Sintió el corazón latiéndole en la boca. Solo había una manera de comprobarlo.

Se quitó el delantal con una media sonrisa. Iría de visita ahora mismo a la Casona.
#7316
Kerala
Kerala
01/07/2012 20:21
Dedicado a Maria José, para que la espera se haga más llevadera. ¡Guapa!
¡¡¡DANIELAAA!! ¡¡Sal ya, leñe!!!

AMOR INCONDICIONAL (FINAL)

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- Vete ya Rosario, no necesito nada más -, le rogó Francisca. Deseaba quedarse a solas para llorar su pena. Para rememorar lo que había sucedido esa mañana en la plaza y tratar de encontrar, si es que la había, alguna explicación al comportamiento de Raimundo. - Está anocheciendo y aquí ya nada puedes hacer. Además, deseo estar sola -.

Rosario suspiró. - Como desee, Señora. Mañana a primera hora estaré aquí -.

- Rosario, una cosa más. ¿Dónde está Mauricio? No le he visto en todo el día. Desde que… llegamos… -.

Recordó cómo el capataz había insistido en que le narrara lo sucedido con Raimundo, pero ella se había negado. ¿Cómo contarle lo sucedido? ¿Cómo hacerle partícipe de su estupidez y además herir sus sentimientos?

Rosario intentó disimular como pudo. - Mauricio salió a resolver unos asuntos relacionados con la finca. Nada serio, no se inquiete -.

La tranquilizó cuando vio que Francisca se incorporaba del asiento del jardín creyendo que algo grave había sucedido en sus tierras. Respiró con tranquilidad cuando vio que pareció creerse su pequeño embuste. En realidad no tenía ni idea de lo que podía haber hecho Mauricio, aunque no había llegado a sus oídos noticias de que algo hubiera ocurrido en el pueblo.

- Está bien -. Le dijo Francisca. - Márchate pues. Yo me quedaré un rato aquí, disfrutando de la brisa de la noche -.

Cuando se hubo quedado a solas, dejó escapar el aire que había estado conteniendo durante todo el día. Rosario se había empeñado en pasarlo a su lado a pesar de las peticiones de ella para que la dejara a solas. Resultaba paradójico que personas a las que había dedicado duras palabras en el pasado y no menos reprochables actos en su contra, fueran las únicas que ahora permanecían junto a ella.

Aparcó aquellos pensamientos para centrarse en lo que le llevaba perturbando todo el día. Su piel se estremeció cuando recordó los labios de Raimundo sobre ella y sus manos acariciando su cuerpo. Había sido incapaz de encontrarle sentido a todo aquello, pero sobre todo a sus últimas palabras.

Ayer con él, hoy conmigo…

¿Ayer con él? ¿A qué se refería con aquello? De pronto le vino a la mente el beso que compartió con Mauricio. Pero era improbable que Raimundo estuviera enterado de aquello. ¿Y si Mauricio se lo hubiera contado? Descartó también esa posibilidad conociendo la lealtad que le brindaba su capataz. La única posibilidad realmente plausible es que hubiese presenciado aquel beso. Pero de haber sido así, ¿qué importancia podría tener para él, si solo era desprecio lo que sentía por ella? ¿Qué más le daba a él lo que hiciera con su vida?

Y sin embargo, a pesar de todas esas preguntas, el pálpito en su corazón de que Raimundo pudiera estar celoso le hizo sonreír. ¡Qué locura! Tal eran sus deseos de que así fuera que hasta veía cosas donde no las había.

- Vas a terminar por enfriarte si te quedas ahí sentada toda la noche -.

La voz de Raimundo tras ella hizo que se le tensara la espalda. Pero trató de no demostrar aquella inquietud. Como trató de esconder su zozobra y angustia por todo lo acontecido con él apenas unas horas atrás. No permitiría que viera ni una más de sus lágrimas. Por eso, siguió de espaldas a él intentando recomponerse de esa sorpresa inicial de su presencia en la Casona.

- Si me enfrío o no es algo que no debería importarte. Sobre todo, teniendo en cuenta que soy la peor persona que has tenido la desgracia de conocer -. Repitió sus palabras con toda intención, a sabiendas de que no causarían en realidad ningún efecto en él.

¡Qué equivocada estaba! Escuchar de nuevo lo mismo que él le había escupido a la cara no hizo sino dejar patente lo estúpido que había sido. Fue su deseo frustrado el que había hablado por él en ese momento. Se arrepentía de corazón. Solo esperaba que no fuera demasiado tarde para que ella le perdonara.

- Sí…sobre eso… -. Frotó su nuca con nerviosismo. - Quería pedirte disculpas. No debí decir eso cuando además, no es cierto -.

Francisca rio con desprecio. - No te tengo por un mentiroso, Ulloa. Se agradece la visita… -, se levantó lentamente de su asiento, girándose para enfrentarlo. -…pero no era necesario que… ¿Qué demonios te ha ocurrido en la cara? -.

Se reprendió por haber mostrado preocupación en su voz. ¡No se la merecía! Pero al ver su rostro magullado, no había podido evitar que el corazón le diera un vuelco en el pecho. Tenía el labio partido y la zona de la mandíbula empezaba a adquirir un tono amoratado.

Raimundo intentó sonreír al escuchar un deje de desasosiego en la pregunta de Francisca, pero al notar la piel tirante, ahogó un quejido.

- Digamos que me choqué contra un muro -.

Ella arqueó una ceja. - ¿Un muro? Raro es que no vieras por dónde ibas para no chocarte contra él -.

Raimundo la miró con un brillo especial en los ojos. - Estaba ciego, Francisca. Y no supe ver lo que tenía frente a mí. Y no hablo del muro de mi estupidez en este momento -.

Ella tragó saliva, nerviosa. - Ah, ¿no? -. Se movió hasta situarse detrás de la silla buscando sentirse algo más segura. - ¿Y qué se supone que no veías hasta ahora? -.

Raimundo dio unos pasos hacia ella. Mirándola intensamente. Estaba preciosa. Con ese aspecto frágil y a la vez altivo que le había cautivado hace años. Con esa mirada temerosa y expectante que era capaz de decir tantas cosas que antes no había sabido leer.

- ¿Es necesario que te lo diga, pequeña…? -. Susurró.

Pequeña. Apelativo que hacía años que no escuchaba. Tantos como hacía que anhelaba que él volviera a dedicárselo. Pero no hoy. No en ese momento después de que la hubiera herido tanto, burlándose de ella y humillándola. Haciéndola creer que la amaba para luego despreciarla sin motivo.

La furia se apoderó de su ser y salió del cobijo que le daba la silla, poniéndose frente a él. Alzando su mano a continuación y propinándole una sonora bofetada.

- ¡No te atrevas a llamarme así nunca más! No soy tu pequeña. Dejé de serlo en el mismo instante en que decidiste que yo no era buena esposa para ti y te buscaste otra mejor -. Sus ojos refulgían por el enojo.

Raimundo aceptó la bofetada sin rechistar. La tenía bien merecida por su comportamiento. Francisca estaba dolida por lo que había pasado en la taberna y él tal vez no empleó las palabras más adecuadas para acercarse a ella. Pero estaba tan ansioso por saber que ella le amaba de la misma manera que lo hacía él, que su propia impaciencia le había perdido.
#7317
Kerala
Kerala
01/07/2012 20:22
- En un solo día he recibido más golpes que en los últimos años… -, se chanceó en un susurro que, a pesar de todo, Francisca escuchó. Respiró con fuerza, notando como su labio comenzaba a sangrar de nuevo. - ¿Quieres saber por qué me he comportado de esta manera tan irracional? -.

Francisca no le contestó. Se limitó a cruzar los brazos dispuesta a escucharle y mirando cómo un hilo de sangre fluía por su labio. Tuvo que hacer verdaderos esfuerzos por no tomar su pañuelo y limpiarle la herida.

Él entendió su postura como una respuesta afirmativa a su pregunta.

- Estaba celoso -, reconoció sin tapujos. - Ayer, tras nuestra…charla, me quedé muy preocupado por lo que dijiste y decidí regresar para hablar contigo. Cuando entré… -. Francisca abría los ojos tanto como podía, a medida que Raimundo iba hablando. -…te sorprendí llorando desconsolada y quise acercarme a ti para aliviar tu pena, pero Mauricio se me adelantó -. Se quedó en silencio observando las reacciones de ella antes de proseguir. - Vi cómo os besabais, Francisca -.

- ¿Ce…celoso? -. Balbuceaba sin poder creer que Raimundo hubiese reconocido aquello. - ¿Por qué ibas a estarlo? Tú… -.

Raimundo la interrumpió poniendo un dedo sobre sus labios.

- Yo… te quiero Francisca. Siempre te he querido. A pesar de todo, a pesar del odio, de nuestras disputas… Y siempre te querré. Esa es la verdad, pequeña -.

Movió ligeramente el dedo por sus labios en una súbita caricia. Francisca cerró los ojos, estremeciéndose por su contacto. Abriéndolos de pronto para encontrarse con los de él.

- Y si me dices que amas a Mauricio… -, prosiguió Raimundo. -…me apartaré de ti. Solo deseo tu felicidad, amor mío… -.

Francisca se veía incapaz de pronunciar palabra. Aquella repentina declaración de amor resquebrajaba el caparazón que recubría su corazón hasta dejarlo completamente desnudo frente a él. Tragó saliva intentando deshacer el nudo que le oprimía la garganta.

- Es cierto que besé a Mauricio. Pero solamente porque pensé que eras tú, Raimundo… solo tú… -. Musitó con lágrimas en los ojos. - No he querido nunca a nadie más, maldito tabernero. ¿Por qué has tardado tanto en darte cuenta? -.

Raimundo sonrió mientras se acercaba a ella y la tomaba de la cintura.

- ¿Eso significa que voy a poder amarte todos los días de mi vida? -, frotó tiernamente su nariz con la de ella. - ¿Significa que voy a poder besarte a placer y hacerte mía todas y cada una de las noches que me resten de vida? ¿Que podré acariciar tu piel? -, pronunció en un susurro junto a sus labios.

Francisca apoyó las manos en su pecho, dejándose querer. Saboreando cada palabra de amor que salía por boca de Raimundo. Temblando de expectación y de placer ante el futuro que Raimundo le presentaba ante sus ojos.

- Raimundo… -.

- Amor mío… -.

Fueron las últimas palabras que pronunciaron antes de unir sus labios en un beso suave, tierno, que se vio interrumpido ante un gemido de dolor por parte de Raimundo.

- ¿Te duele mucho? -, le preguntó.

Él sonrió mientras acariciaba su rostro. - Ya no, mi hermosa Francisca… ya no… -.

Ella sonrió bajando su mano hasta entrelazarla con la de Raimundo. Moviéndose lentamente hasta el interior de la Casona tirando de él con suavidad.

- Ven… -, susurró. - Deja que te cure esa herida -.

Llegaron hasta el salón, pero no se detuvieron allí. Francisca le arrastró hasta las escaleras, subiendo todos los peldaños y recorriendo el pasillo que llevaba hasta su dormitorio. Raimundo la seguía hipnotizado. Perdido en sus ojos, en su sonrisa.

Llegaron hasta su alcoba. Francisca le pidió que se sentara sobre la cama mientras ella habría un pequeño botiquín que tenía en el armario. Sacó un frasco con alcohol y un poco de algodón para desinfectar la herida y fue hacia él.

- Puede que esto te duela un poco… -, le dijo mientras humedecía el algodón y lo pasaba con cuidado por la herida.

- Nada que venga de ti me hará daño nunca más, ángel mío… -.

Tomó su mano, agarrándola por la muñeca y le quitó el algodón con la otra. Dejándolo sobre la mesita junto a la cama. Después, tiró de ella con delicadeza hasta que Francisca quedó prácticamente recostada sobre su pecho.

- Creo que esta mañana dejamos algo sin terminar, ¿no es cierto? -. Le preguntó arqueando una ceja.

Ella sonrió abiertamente. Y con la misma dulzura que él la dedicaba llevó sus manos a los botones de su camisa. Desabrochándolos uno a uno con tortuosa lentitud. Sin dejar de mirarle a los ojos, abrió la camisa, deslizándola por sus hombros mientras le acariciaba con la yema de los dedos. Percibiendo como su piel se iba estremeciendo con cada roce, con cada caricia.

- Me toca -. Dijo Raimundo.
#7318
Kerala
Kerala
01/07/2012 20:22
Había llegado su turno. Las manos le temblaban ansiosas por acariciar cada palmo de su piel.

Francisca se giró, mostrándole la hilera de botones de su vestido. Sin prisa, igual que había hecho ella, fue abriéndolos todos. Siguiendo después por el lazo de su corpiño. Hasta que su espalda, desnuda y suave se mostró ante él. Tan tierna… tan dulce… su piel le llamaba a gritos.

Y solo pudo rendirse ante ella.

Deslizó la punta de su lengua por su cuello, bajando lentamente por su espalda. Provocándole un escalofrío de placer. Tras unos segundos, desnudos el uno frente al otro, volvieron a mirarse a los ojos. Sonriendo con amor antes de unir sus labios.

Francisca acarició con dulzura su rostro, con cuidado de no abrir de nuevo su herida. Entrelazaron sus lenguas, que se enzarzaron en una batalla donde ambos iban a resultar los vencedores. Raimundo fue dejándola caer sobre el colchón, posicionándose él a su lado. Sin dejar de prodigarse besos y caricias.

Movió su lengua desde la comisura de sus labios hasta enterrar su boca en la carne sensible de su cuello, mordisqueando tiernamente mientras su mano bajaba por sus costados hasta atrapar en ella uno de sus pechos. Ahogando en su boca el gemido que salió de la garganta de Francisca.

- ¿Estás lista, mi vida? -.

Francisca enredó las piernas en torno a sus caderas y entrelazó sus manos con las de Raimundo.

- Lista, mi amor… Te quiero… -, exclamó casi en un grito. Puesto que en ese mismo momento Raimundo se había introducido en su interior.

Se quedaron muy quietos hasta que sus cuerpos se adaptaron de nuevo el uno al otro. Tras unos segundos, comenzó el baile. Ritmo suave al principio. Más intenso a medida que el placer se adueñaba de sus cuerpos.

Francisca liberó sus manos para deslizarlas entonces por su espalda hasta llegar a su trasero. Atrapándolo entre ellas y acercando a Raimundo aún más a su cuerpo. Volviéndole loco con sus caricias. Instándole a que se perdiera con ella en la espiral de pasión en la que se estaba sumergiendo.

Los movimientos finales fueron frenéticos. Desesperados. Sus cuerpos sudorosos y al límite se movían al compás, hasta que el mundo estalló en mil pedazos ante sus ojos. Cayeron en el abismo del placer más intenso que ambos habían compartido jamás, inundando el aire de jadeos. De susurros. De amor.

Un amor que había superado las barreras del orgullo. Para siempre


FIN

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P.D. Bueno niñas, hasta la próxima carcajadacarcajada que os aseguro que será pronto, que tengo una idea rondándome la cabeza guiño
#7319
Crippy
Crippy
02/07/2012 00:51
Buenas noches!

La verdad es que menuda semanita nos están dando entre nuestra Paca malvada y el salto temporal. Personalmente, este último me molesta en la medida en que llevamos trescientos y pico capítulos esperando a ver si la parejita arrancaba y ahora nos quedan cuarenta capítulos aproximadamente para que hagan algo decente. Esto plantea dos dudas: o lo hacen rápido y dudosamente bien (me niego a tener un JuanSole como el que han hecho) o, que no solo se hayan pasado treinta años separados sino que se peguen otros dieciseis.

Pero en fin! Veremos como se desarrollan los acontecimientos

Con la Paca malvada sin corazón me pasa lo mismo ¿Dónde ha quedado esa Francisca que puteaba pero que a salvo de las miradas se arrepentía por lo que estaba haciendo? A ver si en estos capítulos que nos quedan vemos que por fin, en lugar de atacar ante el dolor, Francisca se derrumba de una vez por todas, porque la verdad ver así al personaje... no me mola nada!!

Así que nada, imagen reivindicativa... We want our Paca back!

elrincondefranciscayraimundoesteamorsemereceunyacimientotundatundagraciasmariayramon


Adoro los relatos!! Quiero más!
#7320
EspeLuthor
EspeLuthor
02/07/2012 11:17
¡Hola amores! ¿Cómo van los ánimos? Yo personalmente después del mini de Ruth estoy mucho más calmada, ¡Ruuuuth menos mal que no te me has vuelto guionista! Magnífico mini el que te has marcado si señor bravobravo
Cris, totalmente de acuerdo contigo, y al igual que me uno a la petición del anuncio de colchones lo Mónaco RaiPaquista también me uno a la petición de que vuelva nuestra Francisca, la de siempre, la de la variedad de caras, porque la última buena expresión que se vio creo que fue cuando Raimundo le lleva un trozo de tarta de la boda, ¡y tampoco tanto porque estaba llorando! Y de lo del salto temporal mejor me abstengo de hablar, porque si en vez de treinta tienen que estar separados 46 años...
Bueno señores guionistas, como siempre magníficos, estupendos... hum
En fin, os dejo un trocito de mi historia, a ver si os gusta, aviso, a partir de el próximo trocito empieza lo bueno guiño.

La noche fue avanzando sin dejar de ser intranquila. A todos los que se hallaban esa noche en la Casona les costó trabajo dormirse, pero dos personas no lo consiguieron.
Rosario se disponía a hacer la cama, apenas había dormido dos horas. Sabía que sus hijos no se habrían preocupado por ella, pues sospechaba que todo el pueblo ya se habría enterado de lo que le había ocurrido a la doña, con la inestimable ayuda de Dolores Mirañar. Cuando terminó de hacer dicha faena se dirigió al cuarto de la señora, estaba segura de que otra persona esa noche no había cerrado los párpados ni para pestañear y ahora tenía que hablar con él, la situación se estaba volviendo insostenible para todos. Al entrar se encontró con la imagen que se esperaba.

Raimundo yacía sentado al lado del cuerpo todavía inerte de Francisca mientras besaba y acariciaba una de sus manos susurrando palabras inaudibles, pero que sin duda serían una hilera de ruegos y de palabras de afecto.

-Don Raimundo, usted y yo tenemos una conversación pendiente, como le dije antes.

Raimundo se sobresaltó al sentir una voz dura y reprochadora por sorpresa, además había descubierto la actitud en la que estaba con Francisca, si despertaba no quería acarrearle más problemas y explicaciones a su pequeña. Mas sus ánimos se calmaron al ver que era Rosario, y no dudaba que ella supiera todo lo que todavía ocurrían entre ambos. Recordó en ese instante su
anterior advertencia, quería hablar, con él.

-Rosario ¿qué haces aún despierta? Deberías descansar, me parece que mañana será un día duro para el servicio, cuando Francisca despierte…- Raimundo no dejaba de hablar en susurros y gesticular sin parar, intentando de esa forma evitar la reprimenda de la criada.

-¡Ah!, vaya por Dios, ahora la interesa la señora, qué pena que no haya sido antes ¿no? Nos
habríamos ahorrado todos unos largos años de teatro.

Esa Rosario sarcástica y mordaz no era conocida por Raimundo, pero estaba siendo tremendamente injusta con él.

-Rosario, ¿de verdad crees que en algún momento me ha dejado de interesar Francisca? ¿Crees que no la sigo amando como el primer día? A pesar de sus desplantes, de sus desprecios, del
veneno que suelta cuando se enfada, de su mordacidad…

Rosario rodó los ojos, en verdad aquella mujer estaba irreconocible para el tabernero. Sin más miramientos colocó una silla que había al lado del tocador al lado de la de Raimundo. Este que no había dejado de hablar calló ante su gesto.

-Bien don Raimundo, ahora le pregunto ¿qué hace contándome a mi todo esto? No me importa,- La criada mentía, se alegraba mucho por la que fue su amiga pero no iba a reconocerlo, ese tabernero se merecía una reprimenda por orgulloso, cómo la que iba a recibir también Francisca cuando despertara- es más, me aburre. No necesito saber nada de eso, lo que necesito es que la que fue mi amiga despierte de inmediato porque necesito oír sus gritos y sus exigencias, me encantaría volver a oír sus pasos por las escaleras, hacerle la trenza antes de acostarse. Pero también le digo una cosa, ¿sabe lo que me gustaría más?- Raimundo se quedó expectante, sin romper el silencio que había dejado Rosario- Me gustaría que dejara de ocultar su sonrisa, lleva treinta años haciéndolo, que tirara esa coraza tan elaborada que se ha hecho, que vuelva dar paseos interminables, que viva de nuevo en armonía con sus hijos, que me vuelva a hablar como una amiga, que me cuente eso que le apena, aunque no haga falta que me lo diga porque la conozco bien, que deje de fingir, que vuelva a amar y a ser amada como se merece y sobretodo, que se deje de releer dedicatorias en libros de poesía que le regaló un antiguo amor y que vaya a
por él, no sé si me entiende. ¿Usted no desea también todo eso?

A Raimundo se le heló la sangre, cada palabra de aquel sermón era como un nuevo bofetón en su mejilla. ¡Pues claro que quería todo eso, y mucho más! Deseaba acariciar su rostro mientras dormía, dar largos paseos por los campos, vivir por y para devorar sus labios, respirar todas las mañanas el aroma de su cabello, ver todos y cada uno de sus mohines y expresiones, leer mientras esta se recostaba en su pecho… Pero la última de sus frases le dejó perplejo. Su pequeña conservaba un libro de poemas, con dedicatoria. No hacía falta ser un gran estudioso como para saber que era el libro de Rosalia de Castro. Su Francisca conservaba su dedicatoria, su libro de poemas. Raimundo miró a su amada acostada en la cama, cómo la quería y cada minuto que pasaba sin despertar más, pero lo que más feliz le hacía era saber que ella le correspondía.
Rosario estaba muy satisfecha de los efectos que había causado en Raimundo, por fin tantos años al servicio de su señora daban su fruto, algo de su ironía y de su astucia había hecho mella en ella. Raimundo miraba con los ojos rebosantes de amor a la doña, había cumplido sus planes.

-Está bien señor Raimundo, como veo que no va a decir nada me retiro, -Empezó volviendo a dejar la silla en su sitio- voy a empezar a preparar el desayuno, ya sabe, al menos si doña Francisca no logra despertar yo tendré la faena hecha, como es costumbre y como ella siempre quiso- La criada dio la estocada final, sabía que era cruel, pero con eso se aseguraba una respuesta del tabernero.

-Rosario, ella va a despertar, debe despertar.- Raimundo se llevó las manos a la cabeza, desesperado- Pero Rosario, antes de que marches quiero que sepas que la quiero, pues claro que la quiero, la amo Rosario,- Explicó sacudiendo a Rosario por los hombros- pero han sido treinta años de reproches, discusiones e indiferencia, ¿cómo arreglarlo? Es demasiado tiempo, y aunque mi amor por ella está intacto, puede que el suyo sea un simple recuerdo. Mas aunque no sea mía necesito que despierte, que me menosprecie en cada uno de sus paseos en la plaza y que me
dedique sus duras miradas.
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