El Rincón de Francisca y Raimundo:ESTE AMOR SE MERECE UN YACIMIENTO (TUNDA TUNDA) Gracias María y Ramon
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08/06/2011 23:44
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#7221
17/06/2012 21:49
Era la segunda vez que llamaba a la puerta. Notaba como el ritmo de su respiración aumentaba y su corazón bombeaba rápidamente. Un minuto más así y seguro estaba de que sufriría un ataque.
-Francisca.- la llamó tras golpear la puerta por tercera vez. –Ábreme,- le pidió. –por favor.- Se vio obligado a suplicar en un susurro. No podía más con aquella incertidumbre. Francisca no contestaba. Ni tan siquiera para pronunciar un: “Vete, Ulloa, y déjame en paz”. Suspiró. Volviendo a su cabeza las palabras de Rosario. Su preocupación. – ¡Francisca!- llamó en un tono más alto al antes utilizado. Dando, esta vez, con la palma de la mano en la puerta.
No obtuvo respuesta. Raimundo bajó la mano por la madera. Como si de una caricia se tratase. Llegando al pomo de la puerta. Girándolo con timidez. Notando su corazón latir si cabe con más fuerza al encontrarla abierta. Tragó saliva. Armándose de valor para abrirla del todo. Para entrar allí dónde se despidió de su pequeña al creerla al borde de la muerte. Sonrió levemente al pensar en cómo Francisca, contra todo pronóstico, había salido adelante. Y apeló a esa fuerza de voluntad y arrojo que la caracterizaban para confiar en que de igual modo superaría ese estado en el que Rosario le había dicho que se encontraba.
Cerró los ojos unos segundos. Tiempo en el que, sin pensarlo dos veces, se decidió a empujar la puerta. Y justo entonces, un olor, su olor, impregnó las fosas nasales de Raimundo. Abrió los ojos. Buscándola con la mirada. Creyendo que aún estaría dormida o quizás sentada sobre la cama. Pero no estaba. Ni siquiera parecía que hubiese dormido allí. Pues la cama simplemente estaba un poco destapada. Pero nada más.
El cuarto revuelto. Su silla arrinconada y un escritorio, el cual parecía que Francisca en un arrebato se había encargado de limpiarlo, tirando todo lo que sus manos pudieron abarcar.
Y el deseo que sentía por verla se esfumó al encontrarla. Tendida en el suelo. Inevitablemente la frase de Rosario volvió a su cabeza. “Más parece que haya perdido las ganas de vivir” Un escalofrío lo recorrió de arriba abajo. Temiendo cualquier locura por su parte.
Apenas tardó unas milésimas de segundo en terminar de reaccionar y acudir a su lado. Sorteó la cama y se arrodilló junto a ella.
-Francisca.- la llamó al tiempo que se ayudaba de sus brazos para girarla y erguirla un poco. –¡Eh, Francisca, despierta!- volvió a llamarla. Sintiéndose morir al no obtener respuesta. –Francisca, por favor. Venga, despierta.- repetía. Zarandeándola. Sin respuesta. Ni siquiera un ápice varió su rostro. Fruncido por lo que parecía haber sido llanto.
Raimundo llevó su mano libre hacía la mejilla de la mujer. Notando entonces la calidez de la vida y la humedad de una lágrima. Llevó un mechón de pelo tras su oreja. Pudiéndola contemplar con total claridad.
-Francisca. ¿Qué tienes, Francisca?- musitó. Al tiempo que sus ojos comenzaban a picar por el próximo llanto. Levantó la mirada. Buscando algún indicio de lo que le pudiese haberle pasado a la mujer. Todo estaba tirado por el suelo, sí, pero era prácticamente imposible que se hubiese golpeado con algún objeto. Dejó que su mirada vagase por la habitación. Nada extraño. Contempló la posibilidad de que Francisca se hubiese caído y hubiese sido el impacto lo que la tenía así. Pero entonces miró en la mesita de noche: una jarra de agua con un vaso a su lado y… un bote de pastillas. El aire se le estancó en los pulmones. No podía ser. Era imposible que… Pero todo apuntaba a ello. Primero las palabras de Rosario, después encontrarse a Francisca en ese estado y ahora ese frasco.
Una lágrima escapó irremediablemente de sus ojos. Rodando por su mejilla y cayendo en su mano. Fue entonces cuando dirigió su mirada hacia ella. Zarandeándola aun con más intensidad.
-¿Qué has hecho?- le preguntó. Amonestándola a su manera. –¿Acaso ser una condenada cacique te da derecho a hacer esto?- la siguió regañando. Impotente ante la situación. Reprochándole aún en ese momento su comportamiento egoísta. –Vamos, pequeña. Por el amor de Dios, despierta.- le pidió suplicante.
Percibió entonces como sus labios se movían. –No…- Llegó levemente a sus oídos, en medio de una inaudible frase. Una pequeña sonrisa apareció en los labios de Raimundo ante aquel hilo de voz y sus suaves movimientos.
Creyó entonces necesario llevar a Francisca hacia la cama. Acomodarla allí hasta que despertase, pues el suelo no derrochaba comodidad precisamente.
La tomó entre sus brazos. Asegurándose de que la tenía bien sujeta antes de levantarse. Acercándola todo lo posible a su pecho en un intento de percibir su respiración. Ella suspiró en lo que fue como una caricia para Raimundo. Antes de que sus labios volviesen a intentar pronunciar algo. Pero esta vez el hombre nada escuchó. Y, cercano ya a la cama, solo percibió algunos vagos movimientos al intentar acomodarse en los brazos que la portaban.
En un par de pasos más, Raimundo se colocó junto a la cama. Y con total cuidado, como si del más valioso de los tesoros se tratase, la tumbó. Sentándose a su lado y acariciando en un impulso su rostro. Raimundo miró a la puerta, pensando que tal vez debería llamar a Rosario e informarla de lo ocurrido. Pero parecía estable y la sola idea de separarse de ella lo inmovilizaba.
-Mi pequeña.- pronunciaron sus labios tiernamente. Sorprendiéndose incluso del tono utilizado. Descubriéndose más enamorado de lo que creía estarlo. Cómo podía seguir amando a ese demonio de mujer después de más de 30 años. 30 años de mentiras, insultos y malas jugadas. Y aún después de todo, 30 años de sueños en los que a media noche despertaba buscando su compañía al otro lado de la cama. Cerró los ojos maldiciendo a su orgullo. El de ambos. Ni su padre, ni Salvador, ni Natalia. El orgullo era quien los separaba. Esa capacidad de ambos de espetarse cosas que no sentían. Suspiró. Notando en ese momento como Francisca se removía en la cama.
–No… no podía...- pronunció. Quizás en mitad de un delirio o más bien, por la expresividad de su rostro, dentro de una pesadilla en la que se veía envuelta. -… estaba….- fue lo único que pudo escuchar de otra inaudible frase. Pero Francisca se removía sin descanso, moviendo las piernas que decía tener inservibles. Mas, el hombre no reparó en ello. Se acercó aún más. Preocupado. Tomando el rostro de la mujer con su mano y moviéndolo. Tratando de hacer que Francisca despertase.
Y así fue. Francisca parpadeó aun con los ojos cerrados. Abriéndolos paulatinamente. Intentando darle forma a la persona que tenía delante. Cerrándolos de nuevo. Negándose a creer lo que sus ojos le decían.
-Francisca.- la llamó tras golpear la puerta por tercera vez. –Ábreme,- le pidió. –por favor.- Se vio obligado a suplicar en un susurro. No podía más con aquella incertidumbre. Francisca no contestaba. Ni tan siquiera para pronunciar un: “Vete, Ulloa, y déjame en paz”. Suspiró. Volviendo a su cabeza las palabras de Rosario. Su preocupación. – ¡Francisca!- llamó en un tono más alto al antes utilizado. Dando, esta vez, con la palma de la mano en la puerta.
No obtuvo respuesta. Raimundo bajó la mano por la madera. Como si de una caricia se tratase. Llegando al pomo de la puerta. Girándolo con timidez. Notando su corazón latir si cabe con más fuerza al encontrarla abierta. Tragó saliva. Armándose de valor para abrirla del todo. Para entrar allí dónde se despidió de su pequeña al creerla al borde de la muerte. Sonrió levemente al pensar en cómo Francisca, contra todo pronóstico, había salido adelante. Y apeló a esa fuerza de voluntad y arrojo que la caracterizaban para confiar en que de igual modo superaría ese estado en el que Rosario le había dicho que se encontraba.
Cerró los ojos unos segundos. Tiempo en el que, sin pensarlo dos veces, se decidió a empujar la puerta. Y justo entonces, un olor, su olor, impregnó las fosas nasales de Raimundo. Abrió los ojos. Buscándola con la mirada. Creyendo que aún estaría dormida o quizás sentada sobre la cama. Pero no estaba. Ni siquiera parecía que hubiese dormido allí. Pues la cama simplemente estaba un poco destapada. Pero nada más.
El cuarto revuelto. Su silla arrinconada y un escritorio, el cual parecía que Francisca en un arrebato se había encargado de limpiarlo, tirando todo lo que sus manos pudieron abarcar.
Y el deseo que sentía por verla se esfumó al encontrarla. Tendida en el suelo. Inevitablemente la frase de Rosario volvió a su cabeza. “Más parece que haya perdido las ganas de vivir” Un escalofrío lo recorrió de arriba abajo. Temiendo cualquier locura por su parte.
Apenas tardó unas milésimas de segundo en terminar de reaccionar y acudir a su lado. Sorteó la cama y se arrodilló junto a ella.
-Francisca.- la llamó al tiempo que se ayudaba de sus brazos para girarla y erguirla un poco. –¡Eh, Francisca, despierta!- volvió a llamarla. Sintiéndose morir al no obtener respuesta. –Francisca, por favor. Venga, despierta.- repetía. Zarandeándola. Sin respuesta. Ni siquiera un ápice varió su rostro. Fruncido por lo que parecía haber sido llanto.
Raimundo llevó su mano libre hacía la mejilla de la mujer. Notando entonces la calidez de la vida y la humedad de una lágrima. Llevó un mechón de pelo tras su oreja. Pudiéndola contemplar con total claridad.
-Francisca. ¿Qué tienes, Francisca?- musitó. Al tiempo que sus ojos comenzaban a picar por el próximo llanto. Levantó la mirada. Buscando algún indicio de lo que le pudiese haberle pasado a la mujer. Todo estaba tirado por el suelo, sí, pero era prácticamente imposible que se hubiese golpeado con algún objeto. Dejó que su mirada vagase por la habitación. Nada extraño. Contempló la posibilidad de que Francisca se hubiese caído y hubiese sido el impacto lo que la tenía así. Pero entonces miró en la mesita de noche: una jarra de agua con un vaso a su lado y… un bote de pastillas. El aire se le estancó en los pulmones. No podía ser. Era imposible que… Pero todo apuntaba a ello. Primero las palabras de Rosario, después encontrarse a Francisca en ese estado y ahora ese frasco.
Una lágrima escapó irremediablemente de sus ojos. Rodando por su mejilla y cayendo en su mano. Fue entonces cuando dirigió su mirada hacia ella. Zarandeándola aun con más intensidad.
-¿Qué has hecho?- le preguntó. Amonestándola a su manera. –¿Acaso ser una condenada cacique te da derecho a hacer esto?- la siguió regañando. Impotente ante la situación. Reprochándole aún en ese momento su comportamiento egoísta. –Vamos, pequeña. Por el amor de Dios, despierta.- le pidió suplicante.
Percibió entonces como sus labios se movían. –No…- Llegó levemente a sus oídos, en medio de una inaudible frase. Una pequeña sonrisa apareció en los labios de Raimundo ante aquel hilo de voz y sus suaves movimientos.
Creyó entonces necesario llevar a Francisca hacia la cama. Acomodarla allí hasta que despertase, pues el suelo no derrochaba comodidad precisamente.
La tomó entre sus brazos. Asegurándose de que la tenía bien sujeta antes de levantarse. Acercándola todo lo posible a su pecho en un intento de percibir su respiración. Ella suspiró en lo que fue como una caricia para Raimundo. Antes de que sus labios volviesen a intentar pronunciar algo. Pero esta vez el hombre nada escuchó. Y, cercano ya a la cama, solo percibió algunos vagos movimientos al intentar acomodarse en los brazos que la portaban.
En un par de pasos más, Raimundo se colocó junto a la cama. Y con total cuidado, como si del más valioso de los tesoros se tratase, la tumbó. Sentándose a su lado y acariciando en un impulso su rostro. Raimundo miró a la puerta, pensando que tal vez debería llamar a Rosario e informarla de lo ocurrido. Pero parecía estable y la sola idea de separarse de ella lo inmovilizaba.
-Mi pequeña.- pronunciaron sus labios tiernamente. Sorprendiéndose incluso del tono utilizado. Descubriéndose más enamorado de lo que creía estarlo. Cómo podía seguir amando a ese demonio de mujer después de más de 30 años. 30 años de mentiras, insultos y malas jugadas. Y aún después de todo, 30 años de sueños en los que a media noche despertaba buscando su compañía al otro lado de la cama. Cerró los ojos maldiciendo a su orgullo. El de ambos. Ni su padre, ni Salvador, ni Natalia. El orgullo era quien los separaba. Esa capacidad de ambos de espetarse cosas que no sentían. Suspiró. Notando en ese momento como Francisca se removía en la cama.
–No… no podía...- pronunció. Quizás en mitad de un delirio o más bien, por la expresividad de su rostro, dentro de una pesadilla en la que se veía envuelta. -… estaba….- fue lo único que pudo escuchar de otra inaudible frase. Pero Francisca se removía sin descanso, moviendo las piernas que decía tener inservibles. Mas, el hombre no reparó en ello. Se acercó aún más. Preocupado. Tomando el rostro de la mujer con su mano y moviéndolo. Tratando de hacer que Francisca despertase.
Y así fue. Francisca parpadeó aun con los ojos cerrados. Abriéndolos paulatinamente. Intentando darle forma a la persona que tenía delante. Cerrándolos de nuevo. Negándose a creer lo que sus ojos le decían.
#7222
17/06/2012 21:50
-Raimundo.- musitó con la voz cansada. Más bien, dormida. El hombre sonrió al ver que despertaba y, aún más, lo reconocía. -¿Qué haces aquí?- pudo preguntar. Cerrando los ojos de nuevo sin querer despegarse del sueño. Pues aunque se tratase de la pesadilla más negra, le resultaba más gratificante que la realidad.
-Me has asustado, Francisca. ¿Se puede saber que has hecho? ¿En qué se supone que estabas pensando?- se mostró alterado. Francisca frunció el ceño ante sus palabras.
-¿Asustado tú? ¿Por mí? ¿Por qué?- preguntó. Tratando de incorporarse sin éxito. Raimundo tragó saliva ante sus preguntas. Qué se suponía que iba a contestarle. Ni siquiera tenía una excusa para estar allí. En la Casona. Y mucho menos en su cuarto. Cómo le iba a explicar su preocupación al escuchar las palabras de Rosario. Y mucho peor, por qué se suponía que había sentido tanto temor al pensar en su perdida.
-¡Qué importa eso!- exclamó. –Has estado a punto de quitarte la vida y lo que más te preocupa es el porqué de mi atención hacia ti.
-¿Quitarme la vida? ¿Yo?- Francisca meneó la cabeza. Sintiéndose en ese momento mareada.
-Sí, y no se me puede antojar más infantil tu comportamiento.- casi le gritó. Francisca, con el rostro visiblemente cansado, se ayudó de sus brazos para incorporarse. Mirándolo sin entender nada. –Tomarte un frasco de pastillas, ¿para qué? ¿Para atraer la atención de todos? ¿Para no sentirte tan sola?
-¿Qué frasco, Raimundo? ¿De qué pastillas hablas?- preguntó la mujer. Encontrando su respuesta en el bote que había en la mesilla. –Los tranquilizantes.- susurró para sí. Llegando también sus susurro a oídos del Ulloa. El cual la miró queriendo comprenderla. Y sobre todo, recriminándose su actitud para con ella, aún más cuando creía haber estado a punto de perderla.
-Te encontré tendida en el suelo, con todo tirado a tu lado y… Y ese bote de pastillas sobre la mesa.- explicó. Sin querer entrar en detalles de cómo la había llevado a la cama. -¿Por qué lo has hecho, Francisca?- le preguntó. Suplicándole la respuesta.
-Yo no hice nada.- se limitó a negar. –Si crees que he intentado quitarme la vida, te equivocas.- añadió. –Aunque ahora que lo dices, no me faltan ganas.- agachó la cabeza ante la débil confesión.
Raimundo quedó en silencio. Sin saber que decirle. Pues a sus labios solo acudían las dos únicas palabras que ansiaba y temía decirle a partes iguales.
-Vete. Siento decirte que al menos hoy no presenciarás mi muerte.- en otro momento, lo sarcástico de la frase hubiese alterado a Raimundo. Pero entonces, su tono de voz le impedía enfadarse con ella. Aquellas palabras, acompañadas de un agotado rostro entristecieron su alma.
-No me pienso ir.
-¿Qué dices?
-Que no me pienso ir.- repitió. Queriendo decirle que no iba a dejarla hasta que se encontrase repuesta y una sonrisa surcase su rostro. Se encontró con la mirada de Francisca. La cual le pareció por un momento agradecida del gesto y, contra todo pronóstico, agachó con una debilidad preocupante la cabeza.
-Vete, Raimundo. No serás el primero ni el último que lo haga. Además, no me importa que me vuelvas a abandonar.- pronunció sin odio.
-Te he dicho, pequeña, que no me voy a ir.- dijo mientras se acercaba a la cama de nuevo.
-¿Qué?- musitó.
-Francisca, no pienso dejar que te abandones de esa manera. Tú que siempre has sabido lidiar con el mundo que te rodea. Que siempre has salido adelante. Y, Francisca, yo no…- la animó. Tomando por último un arranque de valentía. Queriendo confesarse al fin.
-Pequeña…- lo interrumpió Francisca. Quien ni siquiera había prestado atención a sus palabras tras oír de sus labios aquel “pequeña”. –Ahora vienes con esas. Pequeña, me llamas. No sabes cuantas veces ha anhelado oír tu voz pronunciándolo.- confesó. –Pero el tiempo en el que así me llamabas ya pasó. Ahora no soy más que el ser más despreciable de la tierra a la que todo el mundo repudia.
-Aun así no dejaré que te encierres aquí.- meneó la cabeza tras su segundo arranque de sinceridad. -Por mucho daño que hayas hecho ni siquiera tú mereces este castigo.- volvió a usar su habitual tono.
-Me llamas “pequeña” y después apelas a mi maldad.- pronunció Francisca. –Así es como no piensas alejarte de mí. Para insultarme, para recordarme que tengo merecida esta soledad…- suspiró. –¿Es lo único que vas a hacer?
Raimundo escuchó sus palabras. Se acercó a ella en silencio y se sentó en la cama. Mirándola.
-¿Odio es lo único que vas a darme?- dijo temerosa de que su respuesta fuese positiva.
-No.- musitó Raimundo. Tomando su rostro entre sus manos. Acercándose a ella y besándola con una mezcla de odio y amor. Con una mezcla de pasión y ternura. De anhelo y deseo. La besó necesitado de sus labios. Sintiedo en ellos la misma calidez que antaño. Los atrapó entre los suyos. Notando en un primer momento la negativa de Francisca a dejarse hacer. Pero poco tardó en ceder. Y cuando se quiso dar cuenta, se descubrió devolviéndole el beso a Raimundo, con más intensidad si cabe.
FIN
Espero que os haya gustado
-Me has asustado, Francisca. ¿Se puede saber que has hecho? ¿En qué se supone que estabas pensando?- se mostró alterado. Francisca frunció el ceño ante sus palabras.
-¿Asustado tú? ¿Por mí? ¿Por qué?- preguntó. Tratando de incorporarse sin éxito. Raimundo tragó saliva ante sus preguntas. Qué se suponía que iba a contestarle. Ni siquiera tenía una excusa para estar allí. En la Casona. Y mucho menos en su cuarto. Cómo le iba a explicar su preocupación al escuchar las palabras de Rosario. Y mucho peor, por qué se suponía que había sentido tanto temor al pensar en su perdida.
-¡Qué importa eso!- exclamó. –Has estado a punto de quitarte la vida y lo que más te preocupa es el porqué de mi atención hacia ti.
-¿Quitarme la vida? ¿Yo?- Francisca meneó la cabeza. Sintiéndose en ese momento mareada.
-Sí, y no se me puede antojar más infantil tu comportamiento.- casi le gritó. Francisca, con el rostro visiblemente cansado, se ayudó de sus brazos para incorporarse. Mirándolo sin entender nada. –Tomarte un frasco de pastillas, ¿para qué? ¿Para atraer la atención de todos? ¿Para no sentirte tan sola?
-¿Qué frasco, Raimundo? ¿De qué pastillas hablas?- preguntó la mujer. Encontrando su respuesta en el bote que había en la mesilla. –Los tranquilizantes.- susurró para sí. Llegando también sus susurro a oídos del Ulloa. El cual la miró queriendo comprenderla. Y sobre todo, recriminándose su actitud para con ella, aún más cuando creía haber estado a punto de perderla.
-Te encontré tendida en el suelo, con todo tirado a tu lado y… Y ese bote de pastillas sobre la mesa.- explicó. Sin querer entrar en detalles de cómo la había llevado a la cama. -¿Por qué lo has hecho, Francisca?- le preguntó. Suplicándole la respuesta.
-Yo no hice nada.- se limitó a negar. –Si crees que he intentado quitarme la vida, te equivocas.- añadió. –Aunque ahora que lo dices, no me faltan ganas.- agachó la cabeza ante la débil confesión.
Raimundo quedó en silencio. Sin saber que decirle. Pues a sus labios solo acudían las dos únicas palabras que ansiaba y temía decirle a partes iguales.
-Vete. Siento decirte que al menos hoy no presenciarás mi muerte.- en otro momento, lo sarcástico de la frase hubiese alterado a Raimundo. Pero entonces, su tono de voz le impedía enfadarse con ella. Aquellas palabras, acompañadas de un agotado rostro entristecieron su alma.
-No me pienso ir.
-¿Qué dices?
-Que no me pienso ir.- repitió. Queriendo decirle que no iba a dejarla hasta que se encontrase repuesta y una sonrisa surcase su rostro. Se encontró con la mirada de Francisca. La cual le pareció por un momento agradecida del gesto y, contra todo pronóstico, agachó con una debilidad preocupante la cabeza.
-Vete, Raimundo. No serás el primero ni el último que lo haga. Además, no me importa que me vuelvas a abandonar.- pronunció sin odio.
-Te he dicho, pequeña, que no me voy a ir.- dijo mientras se acercaba a la cama de nuevo.
-¿Qué?- musitó.
-Francisca, no pienso dejar que te abandones de esa manera. Tú que siempre has sabido lidiar con el mundo que te rodea. Que siempre has salido adelante. Y, Francisca, yo no…- la animó. Tomando por último un arranque de valentía. Queriendo confesarse al fin.
-Pequeña…- lo interrumpió Francisca. Quien ni siquiera había prestado atención a sus palabras tras oír de sus labios aquel “pequeña”. –Ahora vienes con esas. Pequeña, me llamas. No sabes cuantas veces ha anhelado oír tu voz pronunciándolo.- confesó. –Pero el tiempo en el que así me llamabas ya pasó. Ahora no soy más que el ser más despreciable de la tierra a la que todo el mundo repudia.
-Aun así no dejaré que te encierres aquí.- meneó la cabeza tras su segundo arranque de sinceridad. -Por mucho daño que hayas hecho ni siquiera tú mereces este castigo.- volvió a usar su habitual tono.
-Me llamas “pequeña” y después apelas a mi maldad.- pronunció Francisca. –Así es como no piensas alejarte de mí. Para insultarme, para recordarme que tengo merecida esta soledad…- suspiró. –¿Es lo único que vas a hacer?
Raimundo escuchó sus palabras. Se acercó a ella en silencio y se sentó en la cama. Mirándola.
-¿Odio es lo único que vas a darme?- dijo temerosa de que su respuesta fuese positiva.
-No.- musitó Raimundo. Tomando su rostro entre sus manos. Acercándose a ella y besándola con una mezcla de odio y amor. Con una mezcla de pasión y ternura. De anhelo y deseo. La besó necesitado de sus labios. Sintiedo en ellos la misma calidez que antaño. Los atrapó entre los suyos. Notando en un primer momento la negativa de Francisca a dejarse hacer. Pero poco tardó en ceder. Y cuando se quiso dar cuenta, se descubrió devolviéndole el beso a Raimundo, con más intensidad si cabe.
FIN
Espero que os haya gustado
#7223
17/06/2012 22:25
RO : que chulo te que do el relato ojala que ganas tengo de que seden ese beso amor odio pero en enfondo los dos es lo que querian hacer.
LAURA : gracias por ponernos la foto de Maria Y Ramon e maquillaje. Pero como no se le va a querer si siempre estan dispuestos a sacarnos una sonrisa.
GRACIAS MARIA Y RAMON SOIS LOS MEJORES
UN BESITO
CHICAS YO TAMBIEN MORI VIENDO LA FOTO
LAURA : gracias por ponernos la foto de Maria Y Ramon e maquillaje. Pero como no se le va a querer si siempre estan dispuestos a sacarnos una sonrisa.
GRACIAS MARIA Y RAMON SOIS LOS MEJORES
UN BESITO
CHICAS YO TAMBIEN MORI VIENDO LA FOTO
#7224
17/06/2012 23:05
VENCIENDO A LA MUERTE (¿FINAL?)
[/b]- ¿Qué está queriendo decir doctora? ¿Qué Francisca se está dejando morir? -.
Raimundo no podía concebir semejante dislate, y sin embargo, algo en su interior le hacía saber que lo que Gregoria había dicho, era cierto.
- Es exactamente lo que he querido decir, Raimundo -. Gregoria recogió su maletín y se dirigió hacia la puerta, dispuesta a marcharse. - De nada sirven las medicinas y mi trabajo si el paciente no pone de su parte para recuperarse. Y me temo que este es el caso. Doña Francisca debe considerar que ya no tiene ningún aliciente para seguir viviendo -. Miró a los presentes y por último a Francisca. Allí ya no tenía nada que hacer. - Con permiso -.
Abandonó la habitación, dejando a los presentes con un sentimiento de desamparo inundando el ambiente. Eran reacios a creer que una mujer como Francisca se dejara ir así como así, sin luchar.
Raimundo sentía que le faltaba el aire por momentos, y no sabía cómo afrontar aquella situación. No podía permitir que su pequeña muriese. Pero todo parecía estar en contra. Sobre todo, la propia Francisca.
Unos leves sollozos hicieron que todos salieran de su propio infierno personal. Se trataba de Rosario, que estaba al fondo de la habitación, casi oculta a la vista de todos.
- Rosario… -. La llamó suavemente Tristán.
Pepa acudió inmediatamente a su lado, queriendo consolarla.
- Estaba totalmente destrozada cuando te fuiste, Tristán -. Miró al joven a los ojos mientras proseguía. - Hacía muchos años que no la veía llorar… -. Una visible mueca de dolor se dibujó en su rostro. - Tantos como… -. Se interrumpió dirigiendo entonces su mirada a Raimundo. Pero prosiguió. - Aquello la destrozó, pero supo recomponerse. A duras penas… y teniendo que convivir con un hombre despiadado como Don Salvador que la humillaba y golpeaba constantemente -. Se separó de Pepa y fue hasta Tristán. - Sé que no ha actuado como debiera hijo… Pero es tu madre, y te quiere. Perderte ha sido la segunda cosa más dura que ha tenido que soportar en su vida -. Volvió a posar su mirada en Raimundo.
Y él, supo comprender.
Un tenso silencio se apoderó de la estancia. Pepa hizo un gesto a Soledad y ambas se acercaron hasta Rosario.
- Ven Rosario, será mejor que bajemos a la cocina y preparemos algo de té. Nos vendrá bien a todos… -.
Las tres salieron de la habitación dejando a los dos hombres a solas con Francisca.
Tristán se acercó cabizbajo hasta la cama. Sonrió de medio lado mientras aferraba la mano de su madre de manera temerosa. Acercándola hasta sus labios y depositando un beso en ella.
- Yo… -. Las palabras se le atascaban en la garganta, ahogándole hasta casi asfixiarle. - Cuando era niño mi madre solía contarme historias fantásticas de princesas atrapadas a las que un valiente y poderoso príncipe las salvaba de las garras del dragón -. Una imperceptible sonrisa se mezcló con alguna lágrima que caía por su mejilla. - Yo no quería irme a la cama si ella no me contaba cada noche aquella historia. ¡Quién me hubiera dicho que se trataba de su propia vida…! Aunque sabía que mi padre… quiero decir, Salvador Castro, era el dragón de quien ella siempre me protegía -. Giró la cabeza y miró a Raimundo, que observaba la escena totalmente abatido. - Era muy pequeño, pero recuerdo a la perfección que ella no era la mujer que es ahora… Tal vez… Tal vez la vida, o todos nosotros contribuimos a convertirla en lo que es -.
Acercó sus labios hasta la mejilla de su madre y depositó en ella un beso.
- Luche madre… hágalo una vez más, por favor -. La voz se le quebró del todo con aquellas últimas palabras y abandonó la habitación a toda prisa, dejando allí a Raimundo con el corazón destrozado.
Ahora era él quien se acercaba hasta Francisca. Se sentó en la cama, y con algo de esfuerzo, la incorporó hasta aferrarla contra su pecho. Sus manos recorrieron con ternura su espalda en una caricia demasiados años guardada. Tímida. Anhelante. Escondiendo la cara en el hueco de su clavícula y aspirando su aroma.
- Lucha Francisca… Aún no has dicho tu última palabra… -.
....................................................
#7225
17/06/2012 23:06
No hubo discusión sobre quién debía pasar la noche a su lado velándola. Cuando Raimundo se ofreció a ello, nadie osó contradecirle. No se había observado ningún cambio en el estado de Francisca y Pepa quiso animarlos, advirtiéndoles de que aquello podía ser considerado también una buena señal. Todavía quedaba esperanza.
Soledad se retiró a su habitación haciéndole prometer a Raimundo de que le avisaría si se producía algún cambio. Tristán y Pepa decidieron también quedarse a pasar la noche en la Casona. No querían dejar sola ni a Francisca, ni al propio Raimundo.
Cuando este se hubo quedado solo, cerró la puerta con el pestillo y la observó durante unos minutos. Toda la vida quejándose de que sus encuentros con Francisca a lo largo de los años se resumían en gritos y reproches, y ahora no deseaba nada con más fervor que escuchar un maldito tabernero escapando de sus labios.
Se despojó de la chaqueta y fue a dejarla sobre la butaca que había junto al tocador. Al hacerlo, descubrió un sobre que le llamó la atención y que sobresalía por debajo de un libro de Espronceda. Lo tomó, extrañado por no haber reparado antes en él. El corazón se le paró en seco cuando vio que estaba dirigido a él.
Miró a Francisca instantes antes de prestar toda su atención a la carta que latía entre sus manos. La abrió con cuidado y la leyó.
¿Por qué permitiste que te amara? ¿Por qué te amo todavía?
Tengo miedo. Miedo de tu desprecio. De tu odio. Tal vez lo merezca…
- Pero…¿qué…? -.
No daba crédito a lo que estaba leyendo. Francisca había escrito una carta de despedida dirigida a él, donde le decía que aún le amaba.
Cuéntale que no siempre fui así. Hazlo tú amor. Yo ya no lo recuerdo…
Te quiero amor mío. Por siempre jamás. Se feliz.
Con los ojos anegados en lágrimas, estrujó aquella nota contra su pecho. Respirando con fuerza. De nuevo, tantos momentos perdidos por culpa del orgullo. El de ella y el suyo propio. ¿Cómo podía haber sido tan estúpido? ¿Cómo no supo ver en sus ojos lo mucho que todavía le amaba?
Corrió hacia la cama, tomándola de nuevo entre sus brazos.
- ¡No puedes morirte Francisca Montenegro! Tú y yo no hemos acabado, ¿me oyes? -. La separó de él unos centímetros. Los suficientes para poder acariciarle el rostro. - Vieja testaruda, ¡vas a luchar! Lo harás porque no voy a dejar que te vayas. ¡No lo permitiré, mi vida…! No lo haré… -.
Se apoderó de sus labios con ansia. Con pasión. Ella no podía marcharse. No ahora que sabía que le amaba con la misma intensidad con que lo hacía él.
- Te quiero, ¡maldita sea! -, musitó junto a su boca. - Te quiero, pequeña orgullosa… -. La besó con suaves toques. - Te quiero… te quiero… -. Se meció con ella mientras no cesaba de repetirle lo mucho que la amaba.
- Ra…Raimundo… -.
Un imperceptible murmullo le hizo detenerse en seco. Separándose de ella y mirándola expectante. Francisca había abierto los ojos y trataba de enfocar su mirada. De nuevo lo llamó.
- Raimundo… no… no me dejes…. -. Pronunció antes de cerrar de nuevo los ojos, quedándose dormida.
Él lloró de felicidad al tiempo que la abrazaba contra él.
- Ni intentes arrancarme de tu lado, amor mío… ni lo intentes… -.
Francisca se había salvado. Y él, no podía ser más feliz.
P.D. ¿Por qué he puesto ¿FINAL? entre interrogantes? Porque os conozco demasiado bien, y antes de que protesteis, os hago una propuesta. Mi idea era dejar el relato aquí. Si quereis que así sea, pues no hay más que hablar. Peeeeero si quereis que ponga continuación para cuando Francisca se despierte del todo, solo teneis que decirlo.
¡Buenas noches!
Soledad se retiró a su habitación haciéndole prometer a Raimundo de que le avisaría si se producía algún cambio. Tristán y Pepa decidieron también quedarse a pasar la noche en la Casona. No querían dejar sola ni a Francisca, ni al propio Raimundo.
Cuando este se hubo quedado solo, cerró la puerta con el pestillo y la observó durante unos minutos. Toda la vida quejándose de que sus encuentros con Francisca a lo largo de los años se resumían en gritos y reproches, y ahora no deseaba nada con más fervor que escuchar un maldito tabernero escapando de sus labios.
Se despojó de la chaqueta y fue a dejarla sobre la butaca que había junto al tocador. Al hacerlo, descubrió un sobre que le llamó la atención y que sobresalía por debajo de un libro de Espronceda. Lo tomó, extrañado por no haber reparado antes en él. El corazón se le paró en seco cuando vio que estaba dirigido a él.
Miró a Francisca instantes antes de prestar toda su atención a la carta que latía entre sus manos. La abrió con cuidado y la leyó.
¿Por qué permitiste que te amara? ¿Por qué te amo todavía?
Tengo miedo. Miedo de tu desprecio. De tu odio. Tal vez lo merezca…
- Pero…¿qué…? -.
No daba crédito a lo que estaba leyendo. Francisca había escrito una carta de despedida dirigida a él, donde le decía que aún le amaba.
Cuéntale que no siempre fui así. Hazlo tú amor. Yo ya no lo recuerdo…
Te quiero amor mío. Por siempre jamás. Se feliz.
Con los ojos anegados en lágrimas, estrujó aquella nota contra su pecho. Respirando con fuerza. De nuevo, tantos momentos perdidos por culpa del orgullo. El de ella y el suyo propio. ¿Cómo podía haber sido tan estúpido? ¿Cómo no supo ver en sus ojos lo mucho que todavía le amaba?
Corrió hacia la cama, tomándola de nuevo entre sus brazos.
- ¡No puedes morirte Francisca Montenegro! Tú y yo no hemos acabado, ¿me oyes? -. La separó de él unos centímetros. Los suficientes para poder acariciarle el rostro. - Vieja testaruda, ¡vas a luchar! Lo harás porque no voy a dejar que te vayas. ¡No lo permitiré, mi vida…! No lo haré… -.
Se apoderó de sus labios con ansia. Con pasión. Ella no podía marcharse. No ahora que sabía que le amaba con la misma intensidad con que lo hacía él.
- Te quiero, ¡maldita sea! -, musitó junto a su boca. - Te quiero, pequeña orgullosa… -. La besó con suaves toques. - Te quiero… te quiero… -. Se meció con ella mientras no cesaba de repetirle lo mucho que la amaba.
- Ra…Raimundo… -.
Un imperceptible murmullo le hizo detenerse en seco. Separándose de ella y mirándola expectante. Francisca había abierto los ojos y trataba de enfocar su mirada. De nuevo lo llamó.
- Raimundo… no… no me dejes…. -. Pronunció antes de cerrar de nuevo los ojos, quedándose dormida.
Él lloró de felicidad al tiempo que la abrazaba contra él.
- Ni intentes arrancarme de tu lado, amor mío… ni lo intentes… -.
Francisca se había salvado. Y él, no podía ser más feliz.
P.D. ¿Por qué he puesto ¿FINAL? entre interrogantes? Porque os conozco demasiado bien, y antes de que protesteis, os hago una propuesta. Mi idea era dejar el relato aquí. Si quereis que así sea, pues no hay más que hablar. Peeeeero si quereis que ponga continuación para cuando Francisca se despierte del todo, solo teneis que decirlo.

¡Buenas noches!
#7226
17/06/2012 23:19
ya estas tardando en la continuación, Francisca se merece una buena bronca por el susto que nos ha dado y ¿quién mejor que Raimundo para echársela?. Sigueeeeeeeeeeeeeeee
#7227
17/06/2012 23:27
Ruth: continuacion ya!!
Bueno que tal estais todas?!! Pedazo de foto con agarroncito incluidoo!! Me encantan! Un besazo muy fuerte a todas!!
Bueno que tal estais todas?!! Pedazo de foto con agarroncito incluidoo!! Me encantan! Un besazo muy fuerte a todas!!
#7228
18/06/2012 10:34
¡Hola amoreees!
Bueno, ante todo, Ruuuuuth, magnífica, sublime, estupenda, emotiva, divina.... Se puede decir más alto pero no más claro!! Como siempre, en tu linea de historias ESPECTACULARES! Y, creo que habo en nombre de todas cuando digo que queremos una continuación, por supuesto!
Laura gracias por poner la foto aqui! Aaaay ese brazo! Cuánto pagaríamos nosotras por verlo en la serie ya! (Acompañado de un beso si puede ser) Ramón y María, espectaculares, como siempre
Rocío guapa!! Que relato te has marcado! Me ha encantado ese "¿Odio es lo único que vas a darme?" jajjajajaj la Paca igual de impaciente que nostras!
A ver si luego pongo otro trozo de mi historia guapaas!
Muchos besos chicas!
Bueno, ante todo, Ruuuuuth, magnífica, sublime, estupenda, emotiva, divina.... Se puede decir más alto pero no más claro!! Como siempre, en tu linea de historias ESPECTACULARES! Y, creo que habo en nombre de todas cuando digo que queremos una continuación, por supuesto!

Laura gracias por poner la foto aqui! Aaaay ese brazo! Cuánto pagaríamos nosotras por verlo en la serie ya! (Acompañado de un beso si puede ser) Ramón y María, espectaculares, como siempre

Rocío guapa!! Que relato te has marcado! Me ha encantado ese "¿Odio es lo único que vas a darme?" jajjajajaj la Paca igual de impaciente que nostras!

A ver si luego pongo otro trozo de mi historia guapaas!
Muchos besos chicas!
#7229
18/06/2012 16:26
Hola chicas!!, no soy muy aficionada a escribir en los hilos de actores y tal, pero creo q esto es mención de saberlo, ya que quiero compartirlo con todas las fans, pero en especial, con las fans Raipaquistas...
A noche, por curiosidad, busqué guiones de series de televisión, y conseguí dos, el último de El internado y el último de la segunda temporada de Los protegidos, entonces se me ocurrió la idea de buscar uno del secreto de puente viejo...
Para más idea mía, se me ocurrió pedírselo a Ramón Ibarra, debido a que lo tengo en el facebook, no pensaba que me contestaría, pero si lo ha echo, y su respuesta ha sido "te lo haré llegar en cuanto pueda". Concretamente, le sugerí el guión en el que Francisca abatida por la enfermedad de Raimundo cuando este se desmaya en la casona, que eso para mí fue un escenón!!! de ambos, y la respuesta ha sido inmediata.
En cuanto tenga el guión, os lo haré llegar por este hilo y en un post oficial, ¿qué os parece la idea?
Por si no os creéis lo de la respuesta, os doy pantallazo:
http://oi50.tinypic.com/1fxwsk.jpg
Un beso muy grande!!
A noche, por curiosidad, busqué guiones de series de televisión, y conseguí dos, el último de El internado y el último de la segunda temporada de Los protegidos, entonces se me ocurrió la idea de buscar uno del secreto de puente viejo...
Para más idea mía, se me ocurrió pedírselo a Ramón Ibarra, debido a que lo tengo en el facebook, no pensaba que me contestaría, pero si lo ha echo, y su respuesta ha sido "te lo haré llegar en cuanto pueda". Concretamente, le sugerí el guión en el que Francisca abatida por la enfermedad de Raimundo cuando este se desmaya en la casona, que eso para mí fue un escenón!!! de ambos, y la respuesta ha sido inmediata.
En cuanto tenga el guión, os lo haré llegar por este hilo y en un post oficial, ¿qué os parece la idea?
Por si no os creéis lo de la respuesta, os doy pantallazo:
http://oi50.tinypic.com/1fxwsk.jpg
Un beso muy grande!!
#7230
18/06/2012 23:19
O.O Enana creo que hablo en nombre de todas cuando te doy las gracias. Mira que es majo Ramón que ha aceptado y todo! Si lees esto Ramón, GRACIAS POR TODO. Ya nos avisarás cuando lo tengas guapaaa muchas gracias.
Bueno y a las demás, chicas veo que no habéis comentado nada del capítulo de hoy, ¿tan malo ha sido? jou! Yo voy a verlo ahora.
¡Ya hablaremos chicas! ¡Muchos besos guapiisimas!
Bueno y a las demás, chicas veo que no habéis comentado nada del capítulo de hoy, ¿tan malo ha sido? jou! Yo voy a verlo ahora.
¡Ya hablaremos chicas! ¡Muchos besos guapiisimas!
#7231
19/06/2012 04:17
Hola
Ruth: Si no pones el pedazo de historia que todas esperamos te lanzaré unas de mis muletas ( entrañables compañeras de agonía en estas últimas semanas) y si te hago daño, después te las prestaré o te las regalo mejor, esto no es una advertencia es directamente una amenaza
...ES BROMA... no te molestes!! Porfa, pon algo ya... la verdad es que la historia me ha encando, me gustaría que le dieras continuación, estos dos aún tienen que hablar y decirse unas cuantas cosillas estando completamente conscientes, esa frase de: ¡No puedes morirte Francisca Montenegro! Tú y yo no hemos acabado ¡¡ me ha matado!! y lo de: Vieja testaruda, ¡vas a luchar! para que contarte, si es que me muero de la risa jejeje.
besitos
Ruth: Si no pones el pedazo de historia que todas esperamos te lanzaré unas de mis muletas ( entrañables compañeras de agonía en estas últimas semanas) y si te hago daño, después te las prestaré o te las regalo mejor, esto no es una advertencia es directamente una amenaza

...ES BROMA... no te molestes!! Porfa, pon algo ya... la verdad es que la historia me ha encando, me gustaría que le dieras continuación, estos dos aún tienen que hablar y decirse unas cuantas cosillas estando completamente conscientes, esa frase de: ¡No puedes morirte Francisca Montenegro! Tú y yo no hemos acabado ¡¡ me ha matado!! y lo de: Vieja testaruda, ¡vas a luchar! para que contarte, si es que me muero de la risa jejeje. besitos
#7232
19/06/2012 14:52
Ramón gracias por el favor que le haces a enana. Y recuérdales a los guionistas que Francisca y raimuno también existen, que se lleven a tristan con su doctorcita una temporada a repoblar el mundo y os den a María y a ti más protagonismo
#7233
19/06/2012 14:54
RUHT : Por dios los pelos de punta tengo que bonito apesar de lo que esufrido leyendo por el estado de salud de francisca y de raimundo llorando por lo que mas quiere en en esta vida.
(SIGUE POR DIOS )
UN BESITO
(SIGUE POR DIOS )
UN BESITO
#7234
19/06/2012 19:48
¡Buenas corazones!
Esta bien, continuaré el relato, de hecho, estoy en ello. No creo que me de tiempo a subirlo esta noche, pero mañana prometo que lo teneís ¿vale? Además, que con la que nos está cayendo (y lo que nos queda, porque no querais saber el premium de mañana ¬¬ ), andamos necesitadas de un buen chozo RaiPaquista. Prometo esmerarme
Y como las cosas siguen sin avanzar demasiado, y mañana tenemos adelantos, que nuevamente NO nos darán ninguna alegría, propongamos nosotras lo que nos gustaría leer. ¡Animaos y subid vuestra propuesta!
1. Raimundo y Francisca se besan
2. Francisca confiesa la verdad a Raimundo
3. Su noche de amor tras 30 años (y una fotito de ellos para que quede claro de quién va la movida, por si hay duda... Si ponen eso... )
4. Raimundo y Francisca se casan (esto ya, si acaso, al final final, pero sigo confiando en una boda, cuando llegue el momento)
5. La reconciliación más esperada (porque lo es, ¡vaya si lo es!)
6. Raimundo y Francisca mantienen una discusión horizontal
7. Raimundo echa un buen rapa-polvo a Francisca
8. "Tristán es tu hijo" (Y una foto de Francisca agarrada a las solapas de la chaqueta de Raimundo jajaja. Es en realidad como el titular 2, pero más directo)
9. Raimundo, ¡celoso! (yo necesito ver esto aunque me lo pongan tan difícil, si no es con el Casas, que sea con otro).
10. Raimundo cae en su debilidad (¡sí! ¡que pase ya! ¡por favor! Que esa debilidad sustituya al orgullo y, ¡no se si me explico! ejem ejem EJEM).
11. Raimundo y Francisca, cada día más cerca (tras el parto de Emilia, antes de la confesión, después de la confesión, ¡lo que sea! ¡pero que suceda!).
12. EMILIA CELESTINA DE FRANCISCA Y RAIMUNDO
13. RAIMUNDO Y TRISTAN PERDONAN A FRANCISCA
14. Raimundo mira bajo el refajo de Francisca y descubre la luz al final del tunel
15. Rai se pega un golpe en la cabeza, olvida los últimos treinta años y saluda a Francisca con un morreo espectacular
16. 'Raimundo Ulloa y Francisca Montenegro nos abren las puertas de su maravilloso hogar ‘La Casona’ a la que la cacique y el tabernero deciden instalarse juntos tras su luna de miel'.
Y debajo un subtitular: La Montenegro confirma: ‘Sí, estoy embarazada’
17. Don Anselmo se pone firme con Raimundo y Francisca: "Se acabaron las tontás".
18. Raimundo y Francisca ponen las cartas sobre la mesa.
19. Francisca se confiesa ante Emilia: "Quiero a tu padre más que a mi vida".
20. Emilia toma la decisión de encauzar la vida de su padre y Francisca.
21. Gregoria es clara: "Doña Francisca, está embarazada".
22. Raimundo y Francisca, atrapados en la Conservera
23. Francisca le dice a Raimundo: "Ya siento las piernas" después de que el Ulloa arqueé una ceja.
24. Raimundo y Francisca ceden a sus impulsos y se besan y acarician como dos amantes
25. Francisca se queda muda "¿Este libro se lo regaló mi padre? -le pregunta Emilia"
26. Francisca salva la vida a Raimundo atropellando con su silla de ruedas a Juan Castañeda.
27. Francisca manda a Enriqueta hasta La Puebla de una patada en el culo por querer liquidar a Raimundo.
28. Francisca lee la carta que nunca llegó a enviar a Raimundo y que podría haber cambiado sus vidas
29. Raimundo habla a Pepa sobre la tata Leonor y deciden buscarla.
30. Raimundo se encara a Pepa cuando ella le pide que no la acompañe en la búsqueda de Leonor: "Perdona bonita, pero se trata de mi posible hijo"
31. Francisca le canta las cuarenta a Raimundo. : "¡Me dejaste sola con el bombo!"
32. Leonor da un empujón a Raimundo: "30 años no suponen el final de una historia"
¡Nuevas!
33. Raimundo se acuerda del cumpleaños de su pequeña y se acerca a llevarle...tarta
(total, no sería la primera vez jajaja)
34. Raimundo se enfrenta a Francisca: "¿Es cierto que puedes caminar?"
35. A Francisca se le hinchan los ovarios en plena discusión con Raimundo y se pone en pie, abofeteándolo para darle un morreo espectacular a continuación
P.D. Estaba viendo hoy el capítulo y cuando ha salido el anuncio de colchones Lo Mónaco, he pensado: ¿POR QUÉ NO LO ANUNCIAN RAI Y PACA? ¡¡¡La de colchones que se venderían!!
Venga, señores Lo Mónaco, menos air flow y más RaiPaquista flow
¡Imaginaos, verlos en el mismo colchón!
PLATAFORMA: Queremos a Rai y Paca anunciando Lo Mónaco
Esta bien, continuaré el relato, de hecho, estoy en ello. No creo que me de tiempo a subirlo esta noche, pero mañana prometo que lo teneís ¿vale? Además, que con la que nos está cayendo (y lo que nos queda, porque no querais saber el premium de mañana ¬¬ ), andamos necesitadas de un buen chozo RaiPaquista. Prometo esmerarme

Y como las cosas siguen sin avanzar demasiado, y mañana tenemos adelantos, que nuevamente NO nos darán ninguna alegría, propongamos nosotras lo que nos gustaría leer. ¡Animaos y subid vuestra propuesta!
Predicciones RaiPaquistas
[/b]1. Raimundo y Francisca se besan
2. Francisca confiesa la verdad a Raimundo
3. Su noche de amor tras 30 años (y una fotito de ellos para que quede claro de quién va la movida, por si hay duda... Si ponen eso... )
4. Raimundo y Francisca se casan (esto ya, si acaso, al final final, pero sigo confiando en una boda, cuando llegue el momento)
5. La reconciliación más esperada (porque lo es, ¡vaya si lo es!)
6. Raimundo y Francisca mantienen una discusión horizontal
7. Raimundo echa un buen rapa-polvo a Francisca
8. "Tristán es tu hijo" (Y una foto de Francisca agarrada a las solapas de la chaqueta de Raimundo jajaja. Es en realidad como el titular 2, pero más directo)
9. Raimundo, ¡celoso! (yo necesito ver esto aunque me lo pongan tan difícil, si no es con el Casas, que sea con otro).
10. Raimundo cae en su debilidad (¡sí! ¡que pase ya! ¡por favor! Que esa debilidad sustituya al orgullo y, ¡no se si me explico! ejem ejem EJEM).
11. Raimundo y Francisca, cada día más cerca (tras el parto de Emilia, antes de la confesión, después de la confesión, ¡lo que sea! ¡pero que suceda!).
12. EMILIA CELESTINA DE FRANCISCA Y RAIMUNDO
13. RAIMUNDO Y TRISTAN PERDONAN A FRANCISCA
14. Raimundo mira bajo el refajo de Francisca y descubre la luz al final del tunel
15. Rai se pega un golpe en la cabeza, olvida los últimos treinta años y saluda a Francisca con un morreo espectacular
16. 'Raimundo Ulloa y Francisca Montenegro nos abren las puertas de su maravilloso hogar ‘La Casona’ a la que la cacique y el tabernero deciden instalarse juntos tras su luna de miel'.
Y debajo un subtitular: La Montenegro confirma: ‘Sí, estoy embarazada’
17. Don Anselmo se pone firme con Raimundo y Francisca: "Se acabaron las tontás".
18. Raimundo y Francisca ponen las cartas sobre la mesa.
19. Francisca se confiesa ante Emilia: "Quiero a tu padre más que a mi vida".
20. Emilia toma la decisión de encauzar la vida de su padre y Francisca.
21. Gregoria es clara: "Doña Francisca, está embarazada".
22. Raimundo y Francisca, atrapados en la Conservera
23. Francisca le dice a Raimundo: "Ya siento las piernas" después de que el Ulloa arqueé una ceja.
24. Raimundo y Francisca ceden a sus impulsos y se besan y acarician como dos amantes
25. Francisca se queda muda "¿Este libro se lo regaló mi padre? -le pregunta Emilia"
26. Francisca salva la vida a Raimundo atropellando con su silla de ruedas a Juan Castañeda.
27. Francisca manda a Enriqueta hasta La Puebla de una patada en el culo por querer liquidar a Raimundo.
28. Francisca lee la carta que nunca llegó a enviar a Raimundo y que podría haber cambiado sus vidas
29. Raimundo habla a Pepa sobre la tata Leonor y deciden buscarla.
30. Raimundo se encara a Pepa cuando ella le pide que no la acompañe en la búsqueda de Leonor: "Perdona bonita, pero se trata de mi posible hijo"
31. Francisca le canta las cuarenta a Raimundo. : "¡Me dejaste sola con el bombo!"
32. Leonor da un empujón a Raimundo: "30 años no suponen el final de una historia"
¡Nuevas!
33. Raimundo se acuerda del cumpleaños de su pequeña y se acerca a llevarle...tarta

(total, no sería la primera vez jajaja)
34. Raimundo se enfrenta a Francisca: "¿Es cierto que puedes caminar?"
35. A Francisca se le hinchan los ovarios en plena discusión con Raimundo y se pone en pie, abofeteándolo para darle un morreo espectacular a continuación
P.D. Estaba viendo hoy el capítulo y cuando ha salido el anuncio de colchones Lo Mónaco, he pensado: ¿POR QUÉ NO LO ANUNCIAN RAI Y PACA? ¡¡¡La de colchones que se venderían!!
Venga, señores Lo Mónaco, menos air flow y más RaiPaquista flow
¡Imaginaos, verlos en el mismo colchón!
PLATAFORMA: Queremos a Rai y Paca anunciando Lo Mónaco
#7235
19/06/2012 23:06
Tenemos que ir a lobatón:
1) para que localice al Ulloa.. más que nada proque me temo que con la llegada de la Kika (la dra fisiquimiquera) vamos a ver poco al Ulloa y encima entre botis yu la trama Juan sosoman- sole que va a ir crecendo me oy a aburrir
2) Rai y Paca existen y juntos dan mucho juego
3) ¿Qué daría más juego un chozo Paca rai o el sole juan o sole Olmo?
1) para que localice al Ulloa.. más que nada proque me temo que con la llegada de la Kika (la dra fisiquimiquera) vamos a ver poco al Ulloa y encima entre botis yu la trama Juan sosoman- sole que va a ir crecendo me oy a aburrir
2) Rai y Paca existen y juntos dan mucho juego
3) ¿Qué daría más juego un chozo Paca rai o el sole juan o sole Olmo?
#7236
20/06/2012 11:46
thirdwatch
¿Qué daría más juego un chozo Paca rai o el sole juan o sole Olmo?
¿Tengo que contestar a esto, Laura?


Bueno peques, pues nada interesante en los adelantos en lo que a nuestra trama se refiere...¡Qué raro! ¿Verdad? De lo único bueno que veo, y más que nada por los momentazos que nos darán (me encanta verlos juntos) es la presencia de Olmo, que se traslada a la Casona.
Paca y Olmo juntos! miedo me dan! pero tendremos escenones asegurados!
P.D. En los adelantos ni siquiera mencionan a mi Ulloa


¿voy a tener que empezar otra vez a reclamar la presencia de mi Riri en los capítulos? ¬¬
#7237
20/06/2012 12:58
ja ja Laura hija que cosas tienes, el chozo de Sole y Juan para mi tiene el mismo interés que si lo hicieran Julian Muñoz y la Pantoja, es decir, me importa una mierda, Juan es uno de los personajes que más asco me dan y de Sole ni me pronuncio.
Me mola que pillen a la Paca caminando esta semana por dos motivos, el primero por que por fin la vamos a ver de pie, que ya cansaba todo el rato en la silla y la segunda por que esta noticia se va a quedar en nada comparada con la cara del hijo y la nuera cuando se enteren del preñamiento de la Gregor, sin duda una escena memorable.
¿Olmo y Paca bajo el mismo techo?, me encanta, je je ver a estos dos maquinando va a ser genial, sin duda dos actorazos y la verdad y con permiso de RIRI Iago está mmmmmmmmmm.
Bueno que de estos dos juntos no hay nada se suponía, lo mismo al Ibarra aprovechando la llegada de la prima le dan unas minivacaciones. Seguimos con la paciencia
Me mola que pillen a la Paca caminando esta semana por dos motivos, el primero por que por fin la vamos a ver de pie, que ya cansaba todo el rato en la silla y la segunda por que esta noticia se va a quedar en nada comparada con la cara del hijo y la nuera cuando se enteren del preñamiento de la Gregor, sin duda una escena memorable.
¿Olmo y Paca bajo el mismo techo?, me encanta, je je ver a estos dos maquinando va a ser genial, sin duda dos actorazos y la verdad y con permiso de RIRI Iago está mmmmmmmmmm.
Bueno que de estos dos juntos no hay nada se suponía, lo mismo al Ibarra aprovechando la llegada de la prima le dan unas minivacaciones. Seguimos con la paciencia
#7238
20/06/2012 13:55
VENCIENDO A LA MUERTE (FINAL. PARTE 1)
[/b]Se pasó toda la noche en vela. Observándola. Sin querer perderse cualquier pequeño cambio en ella. Apartando aquel rebelde mechón de su cabello que caía suavemente por su rostro. Tantas madrugadas eran las que había soñado que sucedía esto mismo, que se giraba en la cama para encontrarse con ella, que se resistía a perder aquellos preciados segundos en otra cosa que no fuera adorarla con la mirada.
Había estado a punto de perderla y de la peor manera posible. Su conciencia no le hubiera permitido vivir con esa carga a sus espaldas. Todo ello sumado a la pena de no escuchar su voz nunca más. De no volver a ver la chispa de sus ojos cuando se enfrentaban.
¡Tanto tiempo perdido en absurdas disputas! En continuos enfrentamientos a lo largo de los años, sin que ninguno de los dos hubiera conocido la dicha. Mirándola ahora, a su lado, todo parecía disolverse como la arena en el mar. De pronto era como si nada importara. Nada, salvo estrecharla en sus brazos y dormir abrazado a ella toda la vida.
Asistió con sorpresa al momento en que Francisca se removió en la cama para terminar apoyada en su pecho. Buscando quizá una mejor posición. Suspirando relajada a continuación. No había dejado de moverse en toda la noche, presa de fuertes pesadillas que él era incapaz de calmar. Si tan solo pudiera entrar en su mente y decirle que nada malo iba a pasar, que él estaría siempre junto a ella…
- Perdóname pequeña… perdona por no haber estado a tu lado cuando más me necesitabas… -, musitó antes de rozar su frente con los labios.
Francisca movió inconscientemente su brazo hasta rodear la cintura de él. Sintió una descarga recorriéndole la columna vertebral en el momento en que sus suaves manos le rozaron.
- Descansa amor mío… descansa… -.
Cerró los ojos dejándose vencer él también por el sueño.
…………………………………
Francisca se desperezó lentamente, abriendo paulatinamente los ojos. Los primeros rayos de sol se filtraban a través de las cortinas de la alcoba. Se cubrió la vista con la mano cuando la luz la traspasó. Intentó moverse, pero un intenso dolor de cabeza se lo impidió.
¿Estaría muerta? No, no parecía ser lo más probable. La angustia y la pena seguían presentes en ella. Le sobrevino una nausea al recordar lo cobarde de su acción. Se arrepentía de haberlo siquiera pensado, así que mucho más por haberlo llevado a cabo. ¿Qué pretendía? Nunca se había dejado vencer por las adversidades, e innumerables eran las que había tenido que padecer a lo largo de los años. ¿Qué fue diferente esta vez?
Quizá se vio superada por todo. Los años comenzaban a pesar demasiado y la carga a sus espaldas se hacía cada vez más y más complicada. Además, si antes tenía algún tipo de esperanza por recuperar el amor de Raimundo, esta se había esfumado de repente. Y el conocimiento de aquella realidad, había supuesto un jarro de agua fría para ella. Ya que a pesar de todo, en lo más profundo de su corazón, siempre se había permitido soñar.
De pronto se dio cuenta de que no estaba sola. Una presencia cálida dormía junto a ella y sintió el temor apoderándose de todo su ser. ¿Quién podría ser? Giró la cabeza ligeramente, obviando el pinchazo que le sobrevino en la sien.
¡No podía creerlo! Definitivamente tendría que estar muerta. Aquella era la única explicación factible que justificara la presencia de Raimundo Ulloa en su lecho, junto a ella. Profundamente dormido aún, con el pelo alborotado y la camisa desabrochada. Aunque con unas profundas ojeras bajo sus ojos.
Se incorporó un tanto para poder observarlo mejor. ¿Qué se supone que significaba aquello? De manera tímida, acercó una de sus manos hasta él queriendo tocar su rostro. Pero en ese momento, Raimundo se movió y su mano quedó suspendida en el aire para luego morir en su boca. Negando con la cabeza que lo que estaba sucediendo, fuera real.
¿Y si fue él quien la encontró? Pero, ¿Por qué motivo iba a querer salvarla? ¡La despreciaba! Es más, ¡la odiaba con toda su alma! Su desaparición hubiera resuelto de un plumazo todos sus problemas. Y sin embargo, allí estaba junto a ella. Podía percibir su respiración cálida y acompasada. Su inconfundible aroma inundando sus fosas nasales. Sería capaz de reconocerlo aunque pasaran mil años más.
Debía ponerse en pie. Levantarse y pensar en todo lo que se supone que había sucedido desde que ella cometió la estupidez de tomar aquella pócima del demonio. Se incorporó a duras penas, cerrando los ojos cuando la habitación comenzó a darle vueltas presa de un ligero mareo. Tomó aire expulsándolo con cuidado, y se alejó de la cama tambaleándose hasta que llegó al tocador.
Descubrió la nota que ella misma había escrito encima de la mesa. Arrugada. Signo claro de que había sido leída. Un intenso calor que le nacía desde la boca del estómago, ascendió hasta ruborizar sus mejillas. Si bien era cierto todo lo que allí había escrito, también lo era el hecho de que estaba más que claro que Raimundo lo habría leído. ¿Con qué cara iba a enfrentarse ahora a él? ¡Ella pensaba estar muerta cuando leyera esa nota!
No podía pensar, ni razonar con claridad. Además, le seguía doliendo terriblemente la cabeza. Por eso llevó una mano hasta la frente y con la otra se apoyó en la mesa para sostenerse.
- ¡¿Qué crees que estás haciendo levantada, Francisca Montenegro?! -.
Un gemido ahogado salió de su boca provocado por el sobresalto que le causó Raimundo, que en dos zancadas estaba junto a ella y la alzaba en sus brazos. Llevándola de nuevo hacia la cama y depositándola con suma delicadeza. Sentándose después a su lado mientras la miraba con el ceño fruncido.
Aún no recuperada por aquel inusitado arrebato y con el corazón latiéndole con tanta furia que parecía querer salirse de su pecho, Francisca trató de hacer acopio de toda su dignidad. Al menos de la que aún le quedaba.
- ¿Y…y qué crees que haces tú en mi alcoba, Raimundo Ulloa? -, le preguntó con voz titubeante.
#7239
20/06/2012 13:55
- El que esté aquí o no y los motivos que me impulsaran a ello, carecen de importancia ahora mismo, ¿no crees? Merezco una explicación por lo que hiciste -.
Francisca abrió los ojos como platos, sin poder creerse que fuera tan arrogante como para exigirle una justificación de sus actos.
- Ninguna explicación te debo, tabernero… -, apartó sus ojos de él, incapaz de seguir sosteniendo su mirada por más tiempo. Bastante avergonzada se sentía ya con ella misma como para tener encima que disculparse ante él.
- ¿Te volviste loca o qué? -. Alzó la voz un tanto más de lo que hubiera deseado, pero era tal la angustia y el miedo que había sufrido desde que Tristán le dijera de su estado la noche pasada, que no podía controlar sus sentimientos. Aquella noche había sido más que reveladora para él en muchos sentidos. - ¿Qué es lo que pretendías? -.
- ¿Morir? -, le contestó ella mirándole de reojo. Agachó la cabeza ante la mirada de reproche que Raimundo le dedicó en ese instante. - Me gustaría que me dejaras sola, Raimundo. No puedo entender qué es lo que haces aquí, la verdad -.
- ¿He de explicártelo, Francisca? ¡Me has dado un susto de muerte! -, se levantó furioso, moviendo los brazos en el aire. - ¿Puedes creerte el infierno que me has hecho pasar? ¿Pensaste en eso, Francisca? ¡No, claro que no! Solo pensaste en ti y en tu maldito dolor. ¿Y qué hay del mío? ¿Cómo pretendías que viviera sin ti? -.
Estaba frente a ella, mirándola furioso mientras su pecho subía y bajaba con rapidez. Se había descontrolado, pero el padecimiento que había sentido pensando que la perdía para siempre, era algo que no deseaba ni a su peor enemigo.
Francisca le miraba casi sin poder respirar. Sin mover un solo músculo, había asistido atónita al discurso de Raimundo. Estaba… ¡Estaba asustado por ella! ¿Por qué…? Era algo que no podía comprender y sin embargo, su corazón, palpitando de anhelo por él dentro de su pecho, le estaba dando la respuesta.
- ¿Vivir sin mi? -. Volvió a agarrarse a su orgullo, sin ceder ni un ápice a pesar de todo lo que había escuchado. - ¿Cómo se supone que estabas viviendo hasta ahora, Ulloa? ¿No era que me despreciabas? ¿Que jamás perdonarías mi afrenta? -.
Él arqueó una ceja, incrédulo.
- ¿Cómo dices? -. Le daban hasta ganas de reír ante su cabezonería. - Eres una orgullosa. Una maldita y condenada orgullosa que no piensa nada más que en ella misma -.
- ¿Y en quién voy a pensar si no, Ulloa? ¿Acaso vas a hacerlo tú por mí? He estado sola toda mi vida. No necesito nada. No necesito a nadie y mucho menos a ti -.
- No es eso lo que decías en tu carta -. Le dijo él, cruzándose de brazos.
Francisca enmudeció de pronto. Se había olvidado por un momento de aquella nota que había escrito. Era un hombre exasperante.
- No sé de qué me estás hablando -. Se irguió orgullosa.
- ¿Ah no? -. Se acercó hasta la mesa, tomando la nota en sus manos y empezando a leer en voz alta. - “Ojalá se pudiera pintar el futuro con las caricias que aún te guardo. Con los besos que no te he dado. Con el amor que solo conservo para ti.” -. Detuvo su lectura para mirarla fíjamente a los ojos. - ¿Deseas que continúe? -.
- Eres un… desarrapado tabernero de tres al cuarto que… -.
- Que también te adora con todo el alma, pequeña… -.
Raimundo había interrumpido la sarta de improperios de Francisca y se había tumbado sobre ella, atrapándola entre su cuerpo y el colchón. Ahora la miraba fijamente, disfrutando del desconcierto que había provocado en ella.
- Prométeme que no volverás a cometer una estupidez de este calibre… A no ser que quieras matar de pena a un humilde tabernero que te ama con toda su vida… -.
No le dio tiempo a responder, pues segundos después estaba rozando sus labios con los de ella. Tímidos. Anhelantes.
P.D. Esta tarde/noche subo el final!!
Francisca abrió los ojos como platos, sin poder creerse que fuera tan arrogante como para exigirle una justificación de sus actos.
- Ninguna explicación te debo, tabernero… -, apartó sus ojos de él, incapaz de seguir sosteniendo su mirada por más tiempo. Bastante avergonzada se sentía ya con ella misma como para tener encima que disculparse ante él.
- ¿Te volviste loca o qué? -. Alzó la voz un tanto más de lo que hubiera deseado, pero era tal la angustia y el miedo que había sufrido desde que Tristán le dijera de su estado la noche pasada, que no podía controlar sus sentimientos. Aquella noche había sido más que reveladora para él en muchos sentidos. - ¿Qué es lo que pretendías? -.
- ¿Morir? -, le contestó ella mirándole de reojo. Agachó la cabeza ante la mirada de reproche que Raimundo le dedicó en ese instante. - Me gustaría que me dejaras sola, Raimundo. No puedo entender qué es lo que haces aquí, la verdad -.
- ¿He de explicártelo, Francisca? ¡Me has dado un susto de muerte! -, se levantó furioso, moviendo los brazos en el aire. - ¿Puedes creerte el infierno que me has hecho pasar? ¿Pensaste en eso, Francisca? ¡No, claro que no! Solo pensaste en ti y en tu maldito dolor. ¿Y qué hay del mío? ¿Cómo pretendías que viviera sin ti? -.
Estaba frente a ella, mirándola furioso mientras su pecho subía y bajaba con rapidez. Se había descontrolado, pero el padecimiento que había sentido pensando que la perdía para siempre, era algo que no deseaba ni a su peor enemigo.
Francisca le miraba casi sin poder respirar. Sin mover un solo músculo, había asistido atónita al discurso de Raimundo. Estaba… ¡Estaba asustado por ella! ¿Por qué…? Era algo que no podía comprender y sin embargo, su corazón, palpitando de anhelo por él dentro de su pecho, le estaba dando la respuesta.
- ¿Vivir sin mi? -. Volvió a agarrarse a su orgullo, sin ceder ni un ápice a pesar de todo lo que había escuchado. - ¿Cómo se supone que estabas viviendo hasta ahora, Ulloa? ¿No era que me despreciabas? ¿Que jamás perdonarías mi afrenta? -.
Él arqueó una ceja, incrédulo.
- ¿Cómo dices? -. Le daban hasta ganas de reír ante su cabezonería. - Eres una orgullosa. Una maldita y condenada orgullosa que no piensa nada más que en ella misma -.
- ¿Y en quién voy a pensar si no, Ulloa? ¿Acaso vas a hacerlo tú por mí? He estado sola toda mi vida. No necesito nada. No necesito a nadie y mucho menos a ti -.
- No es eso lo que decías en tu carta -. Le dijo él, cruzándose de brazos.
Francisca enmudeció de pronto. Se había olvidado por un momento de aquella nota que había escrito. Era un hombre exasperante.
- No sé de qué me estás hablando -. Se irguió orgullosa.
- ¿Ah no? -. Se acercó hasta la mesa, tomando la nota en sus manos y empezando a leer en voz alta. - “Ojalá se pudiera pintar el futuro con las caricias que aún te guardo. Con los besos que no te he dado. Con el amor que solo conservo para ti.” -. Detuvo su lectura para mirarla fíjamente a los ojos. - ¿Deseas que continúe? -.
- Eres un… desarrapado tabernero de tres al cuarto que… -.
- Que también te adora con todo el alma, pequeña… -.
Raimundo había interrumpido la sarta de improperios de Francisca y se había tumbado sobre ella, atrapándola entre su cuerpo y el colchón. Ahora la miraba fijamente, disfrutando del desconcierto que había provocado en ella.
- Prométeme que no volverás a cometer una estupidez de este calibre… A no ser que quieras matar de pena a un humilde tabernero que te ama con toda su vida… -.
No le dio tiempo a responder, pues segundos después estaba rozando sus labios con los de ella. Tímidos. Anhelantes.
P.D. Esta tarde/noche subo el final!!
#7240
20/06/2012 16:14
¡Hola amoreees! ¿Cómo estamos? Bueeeno si fuera por los guionistas para que peguntar...
Pero menos mal que tenemos los relatos para salir adelante, VIVA A NOSOTRAS... RESISTIREMOS! Y después de esto, vamos por partes:
-Ruuuuth: Sigueee muajjajaja estoy esperando a que llegue la tarde/noche como agua de mayo
y además me uno a las Predicciones/Anhelos Raipaquistas:
1- Que Francisca, derrotada se valla a pasear sola por los campos a llorar y que Raimundo la encuentre... y la consuele.
2- Que Rosario cansada ya, le ponga los puntos sobre la ies a la Doña y que esta se disculpe a duras penas y recupere a su amiga.
3- Que halla un cambio de relación entre Mauricio y Francisca y que Raimundo se ponga igual de celoso o más que Francisca cuando él estaba con Águeda.
-Lauraa: ¿Qué preguntas son esas? Un chozo sería el mejor final que podría tener nuestra pareja
.
¡Bueno chicas nos vemos luego para ver como queda el capítulo! Muchos besos guapaas!
PD: Me parece fatal que Tristán le diga a su madre que nunca ha encontrado el amor de verdad, ¿Pero qué se ha creído? Aaay cuanta falta hace un buen beso entre Francisca y Raimundo!
Pero menos mal que tenemos los relatos para salir adelante, VIVA A NOSOTRAS... RESISTIREMOS! Y después de esto, vamos por partes:-Ruuuuth: Sigueee muajjajaja estoy esperando a que llegue la tarde/noche como agua de mayo
y además me uno a las Predicciones/Anhelos Raipaquistas:1- Que Francisca, derrotada se valla a pasear sola por los campos a llorar y que Raimundo la encuentre... y la consuele.
2- Que Rosario cansada ya, le ponga los puntos sobre la ies a la Doña y que esta se disculpe a duras penas y recupere a su amiga.
3- Que halla un cambio de relación entre Mauricio y Francisca y que Raimundo se ponga igual de celoso o más que Francisca cuando él estaba con Águeda.
-Lauraa: ¿Qué preguntas son esas? Un chozo sería el mejor final que podría tener nuestra pareja
.¡Bueno chicas nos vemos luego para ver como queda el capítulo! Muchos besos guapaas!
PD: Me parece fatal que Tristán le diga a su madre que nunca ha encontrado el amor de verdad, ¿Pero qué se ha creído? Aaay cuanta falta hace un buen beso entre Francisca y Raimundo!
