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YO CONFIESO (PARTE IV)
[/b]Quedaron frente a frente. Mirándose. Esperando a que el otro diera el primer paso que rompiera ese mutismo que los envolvía. Que los asfixiaba desde el mismo momento en que sus ojos se habían cruzado.
Tiene gracia, pensó tristemente Raimundo. Ellos, que siempre parecían tener una palabra hiriente para regalarse, se observaban ahora sin saber qué decir. En el más absoluto silencio.
Silencio de palabras huecas. Vacías. Que no sentían, pero que les ayudaban a esconder un amor del que se sentían esclavos. Mientras sus ojos eran los únicos capaces de no ocultar la verdad que se encerraba en lo más profundo de su ser. Aunque el orgullo los cegara de tal manera, que eran incapaces de vislumbrarlo siquiera.
Deslizó la mirada por su cuerpo, igual que una caricia. Deteniéndose en cada curva. De manera imperceptible. O al menos eso era lo que él creía, ya que al regresar de nuevo por el mismo camino que sus ojos habían trazado, pudo percibir cómo las mejillas de Francisca se habían cubierto de un delicioso rubor.
- ¿Y bien Ulloa? -. Pudo hablar al fin, recuperándose aún del minucioso escrutinio al que la había sometido Raimundo unos segundos atrás. – Aquí me tienes -. Le dijo mientras se adentraba más en la habitación y dejaba el quinqué sobre la mesa. – Te rogaría que fueras breve en tu exposición. Es tarde, y no deseo perder el tiempo con una más de tus tonterías -.
Había permanecido de espaldas a él, poniendo sus manos sobre la mesa en busca del apoyo que necesitaba. No era la primera vez que Raimundo le dedicaba una mirada igual, aunque siempre se había negado a ella. Como ahora. Que era capaz de sentir sus ojos clavados en la nuca. Ocultando a duras penas el intenso escalofrío que recorrió su columna vertebral.
- ¿Cómo dices? -. Su voz profunda vibró en la habitación, haciéndole cerrar los ojos al sentirla tan cerca. Raimundo enlazó sus manos tras la espalda, para evitar la habitual tentación de tomarla por la cintura. Aunque se mostraba bastante extrañado por la situación. – Más bien has de ser tú quien me diga a qué viene esta…reunión. A fin de cuentas, fuiste tú quien me citó aquí para hablar conmigo -.
- ¿Yo? -. Se giró ella. – No. Fuiste tú quien envió una nota para pedirme que viniera -. Se movió nerviosa hacia él. – Para tratar no sé qué asuntos de vital importancia -. Repitió en voz alta las mismas palabras que contenía la nota que había recibido.
- Perdona, pero te equivocas -. Sacó de uno de sus bolsillos la misiva que él había recibido, comenzando a leer en voz alta. – “Reúnete conmigo en la conservera a la caída de la tarde” -. La miró mostrándole el papel. – Déjate de jueguecitos, Francisca -.
- Trae acá -. Casi le arrancó la nota de las manos, leyendo ella misma su contenido. – Yo no he escrito esto -. Le miró burlona. – Además no es mi letra. Y mira… -. Sacó de su bolsito otra carta parecida, ofreciéndosela para que la leyera. Insistiendo al ver que Raimundo la miraba extrañado y no tenía intención de cogerla. – Vamos, tómala y lee. Para que veas que no he sido yo quien ha formado esta absurda pantomima -.
Finalmente cogió la nota que ella le brindaba y la leyó en silencio.
– Tampoco es mi letra -. La miró. – Pues si no has sido tú, y evidentemente, yo tampoco… ¿Quién se supone que nos ha citado aquí? -.
- Y lo más importante… -. Se acercó a él hasta quedar cara a cara. - ¿Por qué motivo? -. Entrecerró los ojos. Desconfiada. - ¿Seguro que esto no es cosa tuya, Raimundo? -.
- Ya te dije que no. Te doy mi palabra -. La encaró alzando el mentón y frunciendo el ceño. - ¿Es que no te basta con ella? -.
Francisca arqueó una ceja. – No me hagas hablar…Ulloa -.
Volvieron a quedarse en silencio. Retándose con la mirada, hasta que un estruendo les hizo volver a la realidad. La puerta se había cerrado de golpe.
- Ha debido ser la corriente -. Dijo él, pero sin moverse y sin despegar sus ojos de ella. – Este viejo caserón está abandonado desde que… -. Se quedó en silencio al pensar en Sebastián y en su forzosa huida de Puente Viejo. Desvió la mirada, haciéndola vagar lentamente por la habitación hasta detenerse de nuevo en Francisca. – Nada más quedan en él los recuerdos. Lejanos y tristes recuerdos -. Suspiró.
- No todos fueron tristes… -. Musitó ella, que se había quedado perdida también en algún rincón del pasado. Pero rápidamente fue consciente de sus palabras y del sentido de las mismas y trató de volver a su pose habitual. – En fin, si no hay más que decir, me marcho. Sea quien fuera quien nos reunió aquí, y los motivos que le llevaron a ello, poco importan -. Se encaminó hacia la puerta. – No pienso quedarme para averiguarlo -.
Al pasar por el lado de Raimundo, se detuvo. Aunque no le miró. No podía. De hacerlo, tal vez olvidaría demasiados años de sufrimiento para renunciar al rencor y entregarse a una pasión que la consumía. Para rendirse a sus pies dispuesta a recibir solamente aquello que él quisiera ofrecerla.
- Con Dios, Raimundo -. Susurró.
Quiso dar un paso hacia adelante, pero él no se lo permitió, tomándola con suavidad de la mano. Soltándola casi de inmediato al ser consciente de su acción.
– Espera -. Musitó.
Volvió su mirada a ella, que se había quedado quieta en el sitio. Observándole de tal manera que sintió cómo su corazón golpeaba con furia sus costillas.
– Es muy tarde ya y no es prudente que andes sola por estos caminos. Si no tienes inconveniente, te acompañaré hasta la Casona -.
Francisca asintió y sin más fue hacia la puerta con intención de abrirla. Giró el pomo, pero esta no se abrió. Un nuevo intento segundos después, le devolvió el mismo resultado.
- No se abre -. Se giró nerviosa.
Raimundo la tomó por la cintura, apartándola con delicadeza. Aunque antes, se recreó unos instantes con su contacto. Sintiendo su calidez bajo las palmas de sus manos. No supo cuánto la extrañaba en su vida hasta ese mismo instante. Teniéndola pegada a su cuerpo.
Con decisión se dispuso a abrir la puerta. Movió el pomo, pero la puerta no cedió. Lo intentó una vez más. Nada. Azorado, y frotándose la nuca por temor a la reacción de Francisca, se giro hacia ella.
- Parece que nos hemos quedado aquí encerrados… -.
Continuará...
[/b]Predicciones RaiPaquistas
[/b]1. Raimundo y Francisca se besan
2. Francisca confiesa la verdad a Raimundo
3. Su noche de amor tras 30 años (y una fotito de ellos para que quede claro de quién va la movida, por si hay duda... Si ponen eso... )
4. Raimundo y Francisca se casan (esto ya, si acaso, al final final, pero sigo confiando en una boda, cuando llegue el momento)
5. La reconciliación más esperada (porque lo es, ¡vaya si lo es!)
6. Raimundo y Francisca mantienen una discusión horizontal
Y añado esta de un colaborador/a anónimo/a:
7. Raimundo echa un buen rapa-polvo a Francisca
y esta mía, que espero se de no tardando:
8. "Tristán es tu hijo" (Y una foto de Francisca agarrada a las solapas de la chaqueta de Raimundo jajaja. Es en realidad como el titular 2, pero más directo)
9. Raimundo, ¡celoso! (yo necesito ver esto aunque me lo pongan tan difícil, si no es con el Casas, que sea con otro).
10. Raimundo cae en su debilidad (¡sí! ¡que pase ya! ¡por favor! Que esa debilidad sustituya al orgullo y, ¡no se si me explico! ejem ejem EJEM).
11. Raimundo y Francisca, cada día más cerca (tras el parto de Emilia, antes de la confesión, después de la confesión, ¡lo que sea! ¡pero que suceda!).
12. EMILIA CELESTINA DE FRANCISCA Y RAIMUNDO
13. RAIMUNDO Y TRISTAN PERDONAN A FRANCISCA
14. Raimundo mira bajo el refajo de Francisca y descubre la luz al final del tunel
15. Rai se pega un golpe en la cabeza, olvida los últimos treinta años y saluda a Francisca con un morreo espectacular
16. 'Raimundo Ulloa y Francisca Montenegro nos abren las puertas de su maravilloso hogar ‘La Casona’ a la que la cacique y el tabernero deciden instalarse juntos tras su luna de miel'.
Y debajo un subtitular: La Montenegro confirma: ‘Sí, estoy embarazada’
17. Don Anselmo se pone firme con Raimundo y Francisca: "Se acabaron las tontás".
18. Raimundo y Francisca ponen las cartas sobre la mesa.
19. Francisca se confiesa ante Emilia: "Quiero a tu padre más que a mi vida".
20. Emilia toma la decisión de encauzar la vida de su padre y Francisca.
21. Gregoria es clara: "Doña Francisca, está embarazada".
22. Raimundo y Francisca, atrapados en la Conservera
23. Francisca le dice a Raimundo: "Ya siento las piernas" después de que el Ulloa arqueé una ceja.
24. Raimundo y Francisca ceden a sus impulsos y se besan y acarician como dos amantes
25. Francisca se queda muda "¿Este libro se lo regaló mi padre? -le pregunta Emilia"
Yo
Silencio de palabras huecas. Vacías. Que no sentían, pero que les ayudaban a esconder un amor del que se sentían esclavos. Mientras sus ojos eran los únicos capaces de no ocultar la verdad que se encerraba en lo más profundo de su ser. Aunque el orgullo los cegara de tal manera, que eran incapaces de vislumbrarlo siquiera.
No hay mejor resumen de su relación que este. En serio. Maravilloso. Esperando estoy a que sigas.
Y mientras espero, a ver si en un rato puedo poneros una gotilla, que sino no avanzo.
VAmos igual que nuestra Paca. Bueno, la Paca incluso más...Luchar contra braceros destripaterrones, tartas de fresa y taberneros mojigatos que no se atreven a dar el primer paso es mucho más duro, donde va a parar!!! PACA: LA CACIQUE GUERRERA! ajajajaja
Y el de la abeja Maya también me ha gustado mucho, pero claro, yo ya no soy de esa generación que vio la abeja MAya, y ya no me es tan cercano...
Pero me encantan eh!! Sigue haciéndolos en la clandestinidad!! jaja
Un besito linda!
En sí venía a pasarme por el hilo para darle la bienvenida a Alba,… a actualizarme en relatos ya que hace tiempo que no lo hago,… a dejar mis impresiones sobre nuestra última escena raipaquista y obviamente para llenarme de buena energía como es habitual cuando me meto en este hilo. Peeeeero me encuentro con que me tengo que leer palabras como ‘vetado’ y ‘en clandestinidad’.
Tuve que leerme dos veces tu mensaje Alba, para dar crédito a lo que leía. Después de contar hasta 1000, he vuelto para dejar constancia mi INDIGNACIÓN! Si realmente es así, es una pena que alguien se sienta vetado y/o censurado y nos tengamos que enterar en este hilo por la forera más reciente. Me hubiera gustado saberlo por aquella persona que se siente vetada y censurada, porque sinceramente no creo que no haya nadie en este hilo con el que no se pueda hablar civilizadamente y con el que no se pueda compartir diferentes opiniones. Parece que ha sido mejor dejarlo 'en clandestinidad'. Yo a esa persona la invito a hablarlo ahí donde se habló en su día y si realmente sigue pensando así yo no pienso darle más cancha. Aquí los protagonistas son Rai y Paca y sinceramente para leer cosas así, no vuelvo por aquí, porque para tener que escribir esto y cabrearme, mejor me dedico a otras cosas!

EDITO: Samu, mejor que cambies la última parte del título que parece que ya no corresponde!
Este hilo siempre se ha caracterizado por su tolerancia y su buen ambiente, nos conocemos todas y me parece lamentable que nos tengamos que enterar por la forera más nueva de una cosa como esta.
Como no me gusta andarme con rodeos me dirigiré directamente a la interesada:
LAURA.
Como yo estuve en la conversación puedo decir con seguridad que en ningún momento se te dijo que no publicaras o se te vetó nada, simplemente se dio una opinión sobre tus montajes, como todo en la vida para gustos colores y a una gente le gustó y a otros no pero en ningún momento se te sugirió, prohibió o se te hizo indicación alguna para que publicaras o no por lo que no entiendo este victimismo.
Me da mucha lástima esta situación y más cuando existe un chat en la que todas podemos decirnos las cosas a la cara sin necesidad de actuar de esta forma.
En fin, que es una lástima lo ocurrido, sobre todo en este hilo donde todas nos hemos llevado
siempre tan bien.
Por mi parte si quieres seguir diciendo que en este hilo se te veta allá tú pero sabed todas que eso no es cierto.
No pienso dar pábulo a toda esta historia porque considero que este no es el sitio para hacerlo. Lo mismo que yo busqué el lugar y el momento apropiado para hablar, fuera de aquí, me hubiera gustado que el asunto (que por la parte que a mi me tocaba, estaba zanjado) se hubiera mantenido ajeno a este tema. De nuevo, buscaré los medios para hablar de ello lejos de aquí. Porque esto se hablará por supuesto. No me gustan las mentiras. En absoluto. Y aquí se ha dicho una muy grande.
REPITO este es un lugar donde los protagonistas son Raimundo y Francisca, Ramón y María.
Y NADIE MÁS
. Donde ha de reinar el respeto por encima de todo. Y ya no solo entre nosotras, sino hacia dos personas maravillosas que son María y Ramón, que no tienen porqué leer estas tonterias propias de patio de colegio.Y ahora sí doy por zanjado el tema. Quien quiera hablar conmigo, que lo haga por privado, que es por donde procede.
Y ahora, para calmar las aguas, os dejo un trozo de mini. Sigo sin tiempo de poder terminarlo. ¡Lo siento! Paciencia conmigo, que ando líada jejeje
YO CONFIESO (PARTE V)
[/b]Fuera, alguien que estaba escuchando sus quejas por el encierro, no pudo ocultar la sonrisa que apareció en su rostro. Su plan, acababa de ponerse en marcha.
…………………………………..
- Deja de decir tonterías Raimundo, y abre esa puerta -. Señaló la misma con la mano, que temblaba en el aire. – Si esto es una de tus chanzas, no tiene gracia -.
- ¿Gracia? ¿Acaso te crees que te estoy mintiendo? -. Se acercó de nuevo hasta la puerta, forcejeando con ella sin éxito. - ¡No se abre! -. Le dijo enfadado, en un tono de voz más alto del deseado.
Francisca se sobresaltó por el grito de Raimundo, pero trató de no hacérselo ver. Por eso, gritó de la misma forma.
– Fantástico. ¡Esto es fantástico! -. Se movía por la habitación agitando los brazos en el aire. - ¿Qué se supone que debemos hacer ahora? ¿Quedarnos aquí hasta que alguien se decida a sacarnos? -.
Raimundo, que se había cruzado de brazos, la miraba con una mezcla entre furiosa y divertida. La gran Francisca Montenegro, había perdido los estribos.
- ¿Se te ocurre una idea mejor? ¿Por qué no pruebas a gritarle a la puerta? A lo mejor se asusta tanto que se abre por sí solita… -.
La mirada que entonces le dedicó ella, hizo que se le borrara esa media sonrisa de la cara. Tal vez debería no echar más leña al fuego, pero en el fondo le encantaba el brillo que aparecía en sus ojos cuando se enfadaba. Y ese mentón que se erguía altivo, retando a quien osara desafiarle. Apartó la mirada ahogando un suspiro. Francisca conseguía que volviera a sentirse vivo cada vez que estaba cerca de él.
- No te pongas así, Francisca… -. Quiso apaciguar los ánimos. – Saldremos de aquí, no te preocupes. Aún no se cómo, pero saldremos -.
- ¿Acaso me ves preocupada? -. Se cruzó de brazos y le miró de medio lado. – Sí me alteré hace un momento es porque lo que menos deseo es permanecer tanto tiempo a tu lado -.
Sintió sus palabras igual que una bofetada en la cara. Cierto era que su relación en todos estos años había resultado ser un tira y afloja constante. Mas “tira” que “afloja” para ser exactos. Pero que ella reconociera abiertamente lo mucho que le desagradaba estar a su lado, había conseguido cortarle hasta la respiración.
- No te creas que para mí estar a tu lado es mi mas ferviente deseo. Cualquier cosa preferiría a tener que soportarte un minuto más -.
Ante aquello, a Francisca los ojos empezaron a picarle por las lágrimas que amenazaban con deslizarse por su rostro. Resultaba poco más que cruelmente triste, que ellos, que nunca fueron capaces de estar separados más de cinco minutos, no soportaran estar ahora en la misma habitación.
*******************
- Aún no nos hemos despedido y ya te extraño… -.
Francisca se escondió en su pecho mientras se refugiaban de la lluvia en el cobertizo limítrofe a las tierras de la Casona. Regresaban del Caserón después de haber pasado toda la tarde juntos cuando les sorprendió aquella pequeña tormenta.
Raimundo la apretó contra él para proporcionarle algo de calor pues sus ropas estaban mojadas. Y, porqué no reconocerlo, disfrutaba de cada segundo que pasaba a su lado, sintiendo su contacto junto a él.
- Mi pequeña… -.
Pasó varias veces la mano por su espalda. Era cierto. Todavía la tenía entre sus brazos y el solo pensar en tener que dejarla en apenas unos minutos, se le hacía insoportable.
- Cada vez que me hace más difícil estar lejos de ti, Raimundo -. Se separó de él lo suficiente como para mirarle a los ojos. – Sé que pasamos gran parte de nuestro tiempo juntos, pero siento que no es suficiente -. Bajó la mirada mientras jugueteaba con los botones de su camisa. – Soy tan egoísta que te quiero solo para mí -.
Raimundo enmarcó su rostro, haciendo que le mirara a los ojos.
- Y solo tuyo soy, mi niña -. Besó lentamente sus labios. - ¿Crees que para mí es fácil tener que decirte “Hasta mañana” cada día? Cada vez que te vas, me dejas lleno de negros presentimientos. Un viento helado cruza mi pecho, y siento que tardaré en volver a verte -.
Ella le miró con los ojos velados de amor. Pero también intranquila. Preocupada. No solo era ella la que sufría por la separación diaria. Raimundo también lo hacía. Se abrazó con fuerza a él, rodeándole la cintura con sus brazos.
- Mi calor y mi vida son tuyos… -. Musitó apoyando su frente en la suya. -…y así será para siempre Raimundo. Para siempre… -.
Permanecieron abrazados en silencio. Escuchando nada más su suave respirar y el latido de sus corazones.
– Pronto estaremos juntos, amor mio -. Habló Raimundo en un susurro. – Y nada ni nadie podrá separarnos nunca -.
*************************
Cuando los recuerdos se hicieron inaguantables le dio la espalda con el único fin de ocultar esas primeras lágrimas que no había podido retener a pesar de sus esfuerzos por evitarlo. ¿Por qué se empeñaba siempre en decir cosas que para nada sentía?
Para hacerle daño… le respondió su corazón.
Te equivocas, le replicó por contra su razón. Lo haces para ocultar que sufres por su indiferencia. Que aún te duele en lo más hondo su abandono.
Aquella herida seguía abierta por más que se empeñara en ocultarlo. Y cuánto mayor era el desprecio con el que se mostraba Raimundo, más profunda era su llaga. Tuvo que morderse los nudillos para no prorrumpir en sollozos.
Pero a Raimundo, que había seguido en silencio todos y cada uno de sus movimientos, no pudo engañarle. Sabía que sus palabras le habían causado daño en el mismo momento en que las pronunció. Lo que no llegaba a comprender era la razón por la cual eso que había dicho le había causado dolor.
Dio un paso hacia ella y se detuvo. ¿Por qué de pronto tenía la imperiosa necesidad de disculparse? ¿Acaso ella no le había dedicado palabras igual de hirientes? Además, se suponía que ella ya no le amaba. Y eso era algo que torturaba su apaleado corazón. Sus ojos se volvieron a posar en Francisca. Algún que otro sollozo que trataba de esconder convulsionaban levemente su espalda.
Y sintió que millones de dagas laceraban su pecho. A pesar de todo lo vivido, y de todo lo padecido, causarle algún dolor le partía el alma en mil pedazos.
- Lo siento -. Dijo finalmente dando un paso más hacia ella. Observó como Francisca se quedaba muy quieta, levantando imperceptiblemente la cabeza.
- ¿El qué sientes? ¿El haberme abandonado? ¿El hecho de lanzarme a los brazos de Salvador Castro? -. Se dio la vuelta lentamente, enfrentándose a él después de haberse limpiado los restos de lágrimas con el dorso de la mano. – Tendrás que ser algo más… específico -.
Raimundo comenzó a respirar con fuerza. Sus ojos enrojecidos le confirmaron que había estado llorando. Pero de nuevo sus reproches se clavaron en su alma. Crueles. Despiadados. ¿Es que acaso él no sufrió todos estos años? ¿Es que ella se había olvidado de todo el mal que le había ocasionado a él y a su familia?
- Te expuse mis motivos reales sobre aquello. Allá tú si me quiere creer o no -. Le habló profundamente dolido. – Pero te puedo asegurar que no ha existido un solo día de mi vida en que no me haya arrepentido de ello… -.
Francisca sonrió con desprecio. – Bonito es el arrepentimiento que se expresa mediante el desprecio Ulloa -. Apretó los puños con fuerza contra sus costados. Mirándole en silencio después.
Continuará....
[/b]Chicas falto el fin de semana y me encuentro otra vez con este tema, que yo tambien daba por zanjado , Laury cariño espero que se a un mal entendido sin mas por que yo creo que na die te veto simple mente que quizas habia que tener cuidado con algunas cosas , espero que recapacitimos y no halla malos rollos que somos un grupo muy majo y que nos queremos mucho y por tonterias no merece la pena estar mal .
UN BESITO CHICAS
SPOILER (puntero encima para mostrar)RAIMUNDO CHANTAJEA A JUAN
Después de que la doctora Casas le facilite la información que necesita sobre el fallecido, Raimundo se enfrenta a Juan: “Sé lo que pasó, pero guardaré silencio si me devuelves la casa de comidas"
El chantaje despierta el temor en Castañeda y Enriqueta le ofrece una solución: “Elimina a Ulloa y se acabarán los problemas”.
¿¿¿PERDONAAAAAAAA?? ¡¡LOS MATO!! Como le toquen un solo pelo, me planto en Puente Viejo a repartir guantadas ¬¬
Sobre mi Paquis...
FRANCISCA CHANTAJEA A OLMO
Francisca visita a Olmo. “Sé que eres un asesino y tengo la prueba que lo demuestra. Sin embargo, puedes estar tranquilo, solo quiero ser tu amiga”, le espeta la terrateniente, dejándole claro que podrá hacer uso de la información cuando lo desee
FRANCISCA SE PONE FIRME
Enterada de que la doctora se traslada a Madrid, Francisca anuncia que va a poner orden en su familia y lo primero que hace es dejar claro a Olmo lo que espera de él
De ellos dos juntos...Nada de nada ¬¬
Pero como Juan haga algo al Ulloa, no va a tener campo suficiente para correr, porque la Montenegro pone el turbo a la silla y le persigue hasta hacérselo pagar
eso si, como el niñato le toque un pelo a raimundo que se despida de su cabeza porque la montenegro le va a perseguir por todo puente viejo con silla y todo jejejeje..menuda es ella! que nadie toque a su raimundo!!
MARIJOSE : como me alegra verte por aqui de nuevo señal de que ya estas mejor .
UN BESITO
. Pero ya está todo explicado.Gracias por vuestra comprensión.He estado intentando acabar unos relatillos que tenía por ahí de Francisca y Raimundo, pero no he podido. En cambio me ha venido la inspiración y os dedico este poemilla raipaquista a todas vosotras. Perdonadme, sois todas un cielo.
He escrito el poema como si fuese Francisca la que habla). Aquí lo teneis, espero que os guste:Si al menos hubiese un día
más allá de esta penumbra.
Si al menos fueran tus ojos
la luz de mi noche oscura...
Si al menos dijeses eso
que parece que algunas veces
te quiere salir de los labios
despacito, lentamente...
Si al menos yo diese el paso
y cruzase este gran abismo
que separa mi alma helada
de tus sentimientos dormidos...
Si al menos tú supieses
que algo muere conmigo
cada vez que apuñalamos
nuestros rencores antiguos.
Si supieses pensarías
que no somos enemigos.
Lo que yo pido es fácil:
que esteas siempre conmigo.
Un besito a todas.
Del capitulo de hoy destacar varias cosas.
Que bien conoce Rosario a francisca por algo lleva toda una vida con ella , por otro lado me ha gustado ver a francisca desafiendo a Olmo , pues que se creia que se iva a ir de rositas ya , ya con la Montenegro has topado.
Eso si la escena que hoy asido para mi buena la de Pepa con Olmo por algo en el fondo le gusta la partera a Francisca por que tiene arrestos y en eso es como ella , por lo demas sin mas , pero parace que mañana veremos a Don alselmo volviaendo a insistir a francisca de que confiese la verdad haver que dice esta vez.
ALBA: Como me gustaria ver en la serie a francisca recitarle la poesia a Raimundo al oido.
UN BESITO
YO CONFIESO (FINAL)
[/b]- ¿Y qué esperabas Francisca? -. Le preguntó en un susurro frío y desolador que le atravesó el corazón. – Me arruinaste la vida. Te empeñaste en despojarme de todo lo que tenía valor y sentido para mí. Me dejaste al borde del abismo -. La miró a los ojos. – Convertiste mi vida en un infierno -.
- ¿Un infierno? -. Ella rio con dolor. – Tú no sabes lo que es el infierno…Saber que quien te juraba amor eterno, te desprecia por dinero. Que te ves atrapada de pronto entre las garras de un monstruo que te golpea, te humilla y te violenta cuando le viene en gana -. Se abrazó la cintura, recordando. – Aguantando su apestoso aliento a licor sobre ti mientras te toma por la fuerza. Mientras te repite que no vales nada. Y te recuerda que el amor de tu vida es feliz en brazos de otra. Y a ti, solo te queda bajar la cabeza, callar y soportar. Si es que no quieres perder la propia vida -. Se volvió a él con lágrimas en los ojos. – Me destrozaste la vida, Raimundo. ¿Y todavía dices que la tuya fue un infierno? -. Tragó saliva para deshacer el nudo que le atenazaba la garganta. – Al menos tú, fuiste feliz con ella… -.
Raimundo había escuchado atónito el discurso de Francisca. Le dolía el pecho y sentía el corazón oprimido en un puño. Rememorar por boca de ella todo lo que tuvo que padecer a manos de ese sinvergüenza le revolvía las entrañas.
- Francisca yo… -.
- Déjalo Raimundo. No vuelvas a decir que lo sientes o que te arrepientes -. Irguió la cabeza orgullosa. – De nada me valen tus arrepentimientos ahora. Habérmelos ofrecido cuando más te necesitaba -.
Se fue hacia una de las esquinas de la habitación, apoyándose en la pared y dándole la espalda. Quedándose en silencio. Tratando de disipar y volver a cerrar, la caja de recuerdos que había abierto hacía tan solo unos minutos. Recuerdos que le destrozaban y que no estaba dispuesta a dar salida de nuevo.
Raimundo se había quedado clavado en el sitio, observando sus movimientos con tristeza. Ambos sufrieron, era cierto. Pero Francisca se llevó la peor parte de aquello y no podía evitar maldecirse por ser el causante. Por no haber tenido el valor necesario en su momento para enfrentarse a su padre y no tener que renunciar a ella. ¡Todo hubiera sido tan distinto!
Pasó cerca de media hora en la que ninguno de los dos abrió la boca. Donde cada uno de ellos había permanecido sumido en sus propios recuerdos. Se habían lanzado algunas miradas a escondidas a sabiendas que el otro no estaba mirando. Siempre era igual, pensó Francisca. Toda una vida de sufrimiento que no se acababa, pues tenía que seguir ocultando a la vista de todos, y sobre todo, a la de Raimundo, que su corazón seguía palpitando por él.
- Francisca… -. La llamó él con suavidad. Se sobresaltó al escuchar su voz y le miró a los ojos, buscando sus palabras. Él se acercó un poco, retorciendo sus manos tras la espalda. – Ya que parece que tenemos que pasar aquí la noche, podríamos preparar un lugar para dormir, ¿no crees? -.
Ella asintió con la cabeza. Estaba demasiado cansada como para hablar y mucho menos para seguir discutiendo. Solo deseaba cerrar los ojos y que cuando volviera a abrirlos, la pena se hubiera alejado de ella. Al menos, tanto como para seguir haciendo su vida algo más soportable.
- Creo recordar que había una alcoba al final de este corredor -. Le dijo, señalándolo con la mirada.
- Así es… -. Sonrió él de manera imperceptible. – Muchas veces nosotros… -. Interrumpió sus palabras en el aire. ¿Qué se supone que iba a decir? Fuera lo que fuese solo serviría para remover de nuevo un pasado que les hacía demasiado daño. - Vamos, te acompañaré para que puedas descansar -. Se acercó a ella, pero sin atreverse a tocarla. No deseaba importunarla más por hoy. – Yo dormiré aquí fuera -.
Fueron hasta el pequeño cuarto del fondo. Todo seguía tal y como ellos recordaban en su corazón. Raimundo tomó una de las mantas para protegerse del frío durante la noche. Ambos recorrieron la estancia con la mirada hasta que sus ojos se cruzaron a medio camino. Tras interminables segundos, ella habló.
- Buenas noches, Raimundo -, le deseó ella en voz baja.
- Buenas noches, Francisca -, respondió él de igual modo. No pudo evitar que su mano se alzara para vagar tímidamente por su mejilla. Rozándola apenas con los nudillos. – Lo siento tanto, pequeña… -. Ella se limitó a cerrar los ojos, sorprendida por el apelativo, y a la vez deseosa de ese temeroso contacto. – Hubiera dado mi vida por evitarte tanto dolor -.
Y sin más, dio media vuelta y salió de allí, cerrando la puerta tras de sí. Dejando a Francisca a solas, que ya no se molestó en detener el caudal de lágrimas que surcaron su rostro.
- ¿Por qué me dejaste, Raimundo? -. Susurró entre sollozos. - ¿Por qué no viniste a por mí? -. Se fue dejando caer lentamente en el suelo mientras la pena se adueñaba de su cuerpo. – Yo solo quería estar contigo… -.
………………………………..
No debía haberla tocado. Ni rozarla siquiera. La mano le quemaba en ardiente súplica por haberla apartado de su piel. De su calor. No sabía por qué lo había hecho. Tan solo sabía que había necesitado hacerlo imperiosamente.
Volvió la cabeza mirando la puerta cerrada que le separaba de ella. Había esperado que Francisca no le dejara marchar. Que le pidiera que se quedara junto a ella. Aunque aquello hubiera sido un error a la larga. ¿Qué pasaría después?
Después todo se volvería demasiado complicado, pensó mientras se quitaba la chaqueta y después el chaleco. Aunque la idea de pasar una única noche a su lado se le antojara lo mejor del mundo. Extendió sobre el suelo la manta que había cogido de la habitación donde ella dormía, y utilizó su chaqueta a modo de almohada, doblándola sobre sí misma.
Se tumbó boca arriba poniendo un brazo sobre su frente. Y pensando en ella. Como todas las noches. Aunque esta fuera la primera que pasara tan cerca de ella en mucho años.
..................................
Se fue despojando del vestido, quedándose con el corsé y las enaguas. Deshizo su moño, peinando después su pelo con los dedos. Metiéndose a continuación entre las sábanas. Cerrando los ojos para olvidar, al menos un instante, todo lo que había sucedido con Raimundo.
********************
- De mí murmuran y exclaman:
¡Ahí va la loca soñando
Con la eterna primavera de la vida y de los campos!
Y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,
Y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado -.
Se volvió hacía Raimundo, que permanecía tumbado boca arriba con los brazos detrás de la cabeza, escuchándola leer poesías del libro que le acababa de regalar. ¡Estaba tan emocionada con aquel presente…!
- Es maravilloso…Gracias Raimundo -. Sus ojos brillaban emocionados mientras le miraba con una preciosa sonrisa en los labios.
El abrió un ojo y la miró de medio lado. - ¿Te ha gustado entonces? -.
- ¿Qué si me ha gustado? -. Dejó el libro con cuidado sobre el mantel donde una hora antes habían improvisado un pequeño picnic. Acercándose de manera pícara a él. - ¿Quieres que te haga saber lo mucho que me ha gustado? -.
Quedó tumbada sobre su pecho apenas a unos centímetros de sus labios. Delineando su contorno con sus dedos. – No te imaginas cuánto te quiero, amor mío -.
- No tanto como yo, pequeña mía -. Besó la punta de sus dedos. - ¿Y bien? -. Le dijo después de unos segundos.
- ¿Y bien qué, Ulloa? -. Le preguntó acariciando su pecho.
- ¿No ibas a agradecérmelo? -. Le respondió arqueando una ceja.
Francisca sonrió antes de abalanzarse sobre él y adueñarse de sus labios en un beso largo y profundo que les robó a ambos el oxígeno. Y que, como siempre, les dejó con ganas de más.
- ¿Estaremos siempre así Raimundo? -. Reposó la cabeza sobre su pecho. – Quiero decir… Me da miedo que el tiempo pase y puedas llegar a dejar de quererme -.
- ¿Cómo puedes pensar eso, mi ángel? -. Raimundo se incorporó, enmarcando su rostro. – Te amo -. Besó sus labios. – Te adoro -. Volvió a besarla. – Solo si el sol dejara de brillar cada día, se extinguiría mi amor por ti -. Sonrió. – Y ni por esas -.
- Te quiero… -. Dijo ella.
- Te quiero… -. La imitó Raimundo. – Y así será siempre. Nunca lo olvides -.
*************
- Raimundo… -.
Pronunció removiéndose en sueños. Despertándose al fin, mientras una lágrima se deslizaba por su rostro hasta morir en sus labios. Apartó las sábanas y se puso en pie, yendo hasta la puerta. Con sumo cuidado, procurando no hacer ningún ruido, la abrió muy despacio y salió. Completamente convencida de lo que iba a hacer.
……………………………………
No hacía más que dar vueltas en el suelo, incapaz de conciliar el sueño. En cuestión de unas horas había vivido un sinfín de situaciones junto a Francisca, que le habían dejado, cuerpo y alma, desangelado.
Si fueras más valiente, pensó, te levantarías ahora mismo, entrarías en esa habitación y la amarías sin descanso. Olvidando el rencor. Apartando el odio. Pero es mejor quedarte aquí, con tu orgullo y penando por ella, ¿verdad?
Un ruido le hizo volverse para encontrarse frente a frente con la representación de todos sus sueños. Francisca, etérea como un ángel, se presentaba ante él mirándole con dulzura.
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Sus mejillas se tiñeron de rubor cuando los ojos de Raimundo se deslizaron por su cuerpo sin ningún pudor. Acariciándola con la mirada. Logrando que su piel, su cuerpo entero se estremeciera de arriba a abajo. Con cierta vergüenza, pero decidida a llevar a cabo su acción, se fue acercando lentamente hacia él, arrodillándose a su lado.
- Francisca… -. Susurró el con voz profunda.
- Shhh…-. Alzó la mano hasta su mejilla, rozándola apenas en una caricia. – No digas nada, por favor… -. La voz se le fue quebrando poco a poco por la emoción. – Déjame estar a tu lado, nada más esta noche…Como antes… -.
Con suma lentitud, acercó sus labios hasta los de Raimundo, que permanecía inmóvil. Dejándole hacer. Apretó con fuerza los puños sobre sus rodillas, hasta que los nudillos se volvieron blanquecinos. Conteniendo las ganas que sentía por tocar su piel. Por tumbarla bajo su cuerpo y alimentarse de ella.
- Raimundo… -. Suspiró ella cuando se separaron para tomar oxígeno.
- Mi pequeña… mi niña… mi amor… -.
Enterró los labios en su cuello, sembrando un camino de besos mientras sus manos se deslizaban por los hombros de ella hasta llegar al nudo que mantenía unido el corsé. Deshaciéndolo al tiempo que emprendía el camino de regreso con sus labios, hasta su boca. Adueñándose de ella de forma aún mucho más apasionada que antes.
La prenda cayó al suelo, e instintivamente, Francisca se apartó de él cubriéndose con las manos. Sentía vergüenza de las marcas de su cuerpo, huellas de los continuos arranques de furia de Salvador.
Raimundo acercó sus manos, apartando las de Francisca y haciendo que se entrelazaran entre sí. Admirando embelesado su belleza. Odiando más profundamente a ese malnacido.
- Eres aún más preciosa de lo que recordaba -.
Los ojos de Francisca se cargaron de nuevo de lágrimas que Raimundo bebió con sus labios. Acercándola hasta él hasta sentarla sobre su regazo. A horcajadas. Tomando las manos de ella y llevándolas hasta los botones de su camisa.
- Hazme tuyo, amor… -.
Francisca le despojó de la camisa, arañando después tiernamente su pecho. Hasta terminar por besar la piel de sus hombros. Provocándole un gemido. Animándola a seguir, dibujando un sendero con sus manos que luego iba cubriendo de besos.
Entre caricias, susurros y gemidos, fueron despojándose de toda la ropa hasta sentirse de nuevo piel contra piel. Francisca se colgó de su cuello instantes antes de que Raimundo se introdujese muy despacio en ella. Poco a poco. Besando sus labios con ternura cuando la unión fue completa. Perfecta.
Ella empezó a moverse lentamente mientras las manos de Raimundo, situadas en sus caderas, le guiaban marcando el ritmo más placentero para ambos. Se miraban a los ojos al tiempo que el placer se iba apoderando de ellos. Francisca bajó sus manos, acariciando su pecho hasta que se encontró con las de él y las entrelazaron. Unieron a sí mismo sus labios en un beso profundo mientras se sumergían en una espiral de pasión que les hizo rozar de nuevo la felicidad de saberse uno solo.
……………………………………
El amanecer los sorprendió abrazados. Francisca fue la primera es despertarse. Saboreando el hecho de estar de nuevo cobijada en su pecho. Grabando en su memoria ese último acto de amor. Besó emocionada sus labios antes de ponerse en pie. Con sorpresa, comprobó que la puerta estaba entreabierta. Al fin podían salir. Dedicó una última mirada a Raimundo, que seguía durmiendo plácidamente. Sí, al fin podían salir… pensó con suma tristeza. Marchó de nuevo a la alcoba. Dispuesta a vestirse y regresar a una realidad lejos de Raimundo.
………………………………………..
Caminaba solo con las manos en los bolsillos. De regreso a la Casa de Comidas. Viéndole, nada hacía presagiar que su vida había vuelto a cambiar para siempre. Francisca había escapado de su lado, presa seguramente de los remordimientos y arrepintiéndose de lo que había ocurrido entre ellos.
Él se había despertado dispuesto a lanzar por la ventana el pasado, y comenzar una vida a su lado. La vida que les arrebataron y que les pertenecía por derecho propio. Pero todo parecía truncarse nuevamente. Después de haber vuelto a probar la miel de sus labios, se le ofrecía un presente demasiado amargo sin ella.
Llegó hasta la plaza sin saber en realidad cómo lo había logrado. Su mente, su corazón estaban tan llenos de ella que no había espacio para nada más.
- ¡Buenos días, Raimundo! Qué madrugador estás hoy -. Don Anselmo apareció a su lado, sobresaltándole. Igual que si hubiera aparecido de la nada. – Aunque… -. Comenzó a escrutarle con la mirada. -… llevas la misma ropa que ayer. ¿Acaso no has dormido en casa? -. Le preguntó inocente.
Raimundo le miró extrañado. - ¿Se dedica usted ahora a controlar mi atuendo, padre? Tal vez debería hacérselo mirar -.
- Bueno, bueno -. Sacudió una mano en el aire. – Déjate de zarandajas y respóndeme: ¿Dónde has pasado la noche? Porque es más que evidente que en tu casa no ha sido -.
- ¿Más…que evidente? -. Se miró a sí mismo de arriba a abajo. - ¿Llevo acaso algún cartel que lo indique? -. La mirada reprochadora de Don Anselmo le hizo terminar la gracia. – Mire que es usted insistente ¿eh? Pues no, no he dormido en casa. ¿Contento? -.
- ¿Y tú? -. Le miró con una amplia sonrisa. - ¿Lo estás? -.
- ¿Yo? -. Inmediatamente pensó en Francisca y en la intensa noche que habían compartido. Apareciendo una sonrisa en sus labios.
- Sí…¡lo estás! -. Respondió satisfecho el páter. – Me alegro mucho, Ulloa. Pero dime una cosa más… -
- Está usted demasiado curioso hoy, ¿no cree? -. Suspiró resignado. - ¿De qué se trata? -.
Don Anselmo no podía borrar la sonrisa que se había dibujado en su cara. Su plan había funcionado a las mil maravillas.
Raimundo abrió los ojos tanto como pudo. - ¿Ella? -. Apenas le salía la voz. - ¿Cómo sabe que…? ¿Cómo es posible que usted…? No entiendo cómo… -. Se frotó la nuca totalmente desconcertado.
- ¡Ulloa por Dios, termina alguna frase! -. Le palmeó un hombro. – Sí… -. Confesó al fin. – Yo me encargué de daros ese empujoncito que os hacía falta. Y visto el semblante de tu rostro, me puedo dar por satisfecho -.
Raimundo no podía creer que hubiera sido el propio Don Anselmo quien se encargara de aquella situación. Lamentablemente, las cosas no habían terminado tan bien como él esperaba. Suspiró mientras bajaba la cabeza.
- No sé si esto haya servido para algo, padre. Francisca ha huido de mí -.
- ¿Y vas a dejar que se te escape, Raimundo? -. Le sonrió por última vez mientras emprendía su camino. – Con Dios Ulloa -.
Se quedó clavado en mitad de la plaza. Retumbando en su cabeza las últimas palabras de Don Anselmo. ¿Realmente iba a consentir que Francisca volviera a escapársele de las manos? ¿Justo ahora, cuando ambos se habían expresado el amor que todavía sentían? Giró la cabeza hacia el lugar por el que había marchado aquel condenado cura. Y sonrió.
………………………………….
Francisca recordaba a solas, en su despacho, cada beso, cada caricia… cada palabra susurrada por Raimundo la noche pasada. Su recuerdo habría de alimentar a partir de ahora, todos los días de su vida.
Las puertas se abrieron de pronto, asustándola. Cuando se giró, se encontró con la mirada enamorada de Raimundo.
- Rai… Raimundo… -. Musitó.
Él, avanzó hasta ella sin pronunciar palabra y sin dejar de mirarla. Tomando dulcemente su rostro entre las manos.
- Solo si el sol dejara de brillar cada día, se extinguiría mi amor por ti -. Sonrió, rozando su nariz con la de ella. – Y ni por esas -. La miró de nuevo a los ojos. – Te quiero mi pequeña. Y no voy a dejar que esta vez nada nos separe… -.
Francisca se abrazó a él por la cintura. Aquella noche, había resultado toda una auténtica confesión de amor.
FIN
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