FormulaTV Foros

Foro El secreto de Puente Viejo

Subforo La Casona

El Rincón de Francisca y Raimundo:ESTE AMOR SE MERECE UN YACIMIENTO (TUNDA TUNDA) Gracias María y Ramon

Anterior 1 2 3 4 [...] 338 339 340 341 342 343 344 [...] 376 377 378 379 Siguiente
#0
samureta
samureta
08/06/2011 23:44
elrincondefranciscayraimundoesteamorsemereceunyacimientotundatundagraciasmariayramon

TODOS SUS VIDEOS
elrincondefranciscayraimundoesteamorsemereceunyacimientotundatundagraciasmariayramon

REDES SOCIALES
elrincondefranciscayraimundoesteamorsemereceunyacimientotundatundagraciasmariayramon
elrincondefranciscayraimundoesteamorsemereceunyacimientotundatundagraciasmariayramon


elrincondefranciscayraimundoesteamorsemereceunyacimientotundatundagraciasmariayramonelrincondefranciscayraimundoesteamorsemereceunyacimientotundatundagraciasmariayramon


No existe amor en paz. Siempre viene acompañado de agonías, éxtasis, alegrías intensas y tristezas profundas.

[/b]
#6801
Crippy
Crippy
10/04/2012 08:09
Chico... como que una retoma con más alegría sus quehaceres diarios después de leer cosas como estas! bravo bravo bravo
#6802
laury93
laury93
10/04/2012 09:07
Hola! Ahora me leere los relatos atrasados, pero no podía dejar pasar esta preciosa mañana de abril sin deciros....Se acabó la sequía de lociras. Por dios! que aburrido es no hacer tonterías, verdaD? es que he sido una niña buena, y no penséis que ahora pretendo haceros nada raro, no que va, pero me he dado cuenta de que como buenas raipaquistas nos falta algo muy importante. Necesitamos...

EL RAIFRANERO RAIPAQUISTA. a ver qeu os parece:
- Unos se cardan a lo Paca y otros usan la lana (unos cardan la lana y otros cargan la fama, creo)
- En casa del tabernero, pantalones de cuero (mas que nada porque rima jaja- en casa del herero cucharas de palo)
- En boca cerrada no entran albóndigas
- A la Paca rogando y con el Mauri dando!

En mi pueblo son muy de refranes, aunque a mi me gustan mas los cuentos y fabulas de ahi que se me haya ido la pinza del todo... no os enfadeis, eh? que es gracioso, venga que necesitamos una subida de animos y como estudiante de medicina os digo que lo mejor que hay es reírse a gusto!

PACANIEVES Y LOS 7 CANSINITOS


Érase una vez, en un alejado reino llamado Puente Viejo, vivía una hermosa doncella. Sus cabellos eran negros como la noche, sus labios rojos cual fresa y todo aquel que la veía se quedaba blanco como la nieve, del susto que producía su belleza y, también, su carácter. Por ello todos la llamaban, Pacanieves.
Pacanieves creció feliz en su reino imponiendo orden y rectitud entre sus habitantes. Pero a Paca nieves le faltaba algo… desde la ventana de su castillo miraba al horizonte y se preguntaba si alguna vez recuperaría a su príncipe, su tabernero azul, príncipe de su corazón, que había partido ya hacía 30 años para derrotar al dragón de la heredera y aún no había vuelto. “Eso es por la manía de los hombres de no pedir indicaciones” decía ella siempre.
Mas eran tiempos difíciles, Pacanieves tenía que atender constantemente las cosechas de manzanos, muy abundantes en la zona, y sobre su feliz reino comenzó a extenderse una inquietante presencia. Otra mujer llegó a Puente Viejo, Águeda de Mesía, una nueva terrateniente dispuesta a arrebatarle el poder que tanto esfuerzo le había costado a Pacanieves. Águeda era conocida por todos como la Reina de Fresa y de pronto volvió loco al reino entero, los pobres habitantes estaban desconcertados ¿derechos? ¿salarios altos? ¿días libres? ¿pero qué era eso? ¿dónde estaba el orden en el que siempre habían vivido? Con sus buenas palabras y ardides, la Reinágueda se ganó el corazón del pueblo y consiguió destronar a la pobre Pacanieves… pero había algo que ni todas sus malas artes podrían conseguir.

Una noche, en el Palacio del Jaral, Reinágueda se escabulló entre las sombras asegurándose de que nadie la seguía para entrar en un pequeño cuarto oscuro. Avanzó con cautela hasta un enorme y ajado espero.
- Dolores, Dolores despierta- gritó
- Ay ya voy, ya voy, que ni dormir la dejan a una- dijo una voz dentro del espejo
- No te me hagas la vaga. Te metí a ese espejo para que me tuvieras informada no para que haraganearas. Venga, dime
- Pues en el espejo de la vecina del cuarto del abuelo de Rufino, el tío del panadero, se comenta que el pueblo está bastante contento. Aunque he oído en un charco al lado de la casa del tío del primo aquel del hombre que se fue a la guerra y casó allí y volvió y se volvió a casar, en muy perro, lo que hay que ver, pues ese tenía una sobrina que resulta que ha dicho que ha escuchado…
- ¡¿QUÉ?!
- Que va a subir el precio del abono- dijo del tirón la Dolores del espejo
- Bien, bien. Y la última y más importante de las preguntas. Espejito, espejito ¿quién es la terrateniente más hermosa y mejor vestida del reino?
- Pues… verás, tú no estás mal pero…Pero a pesar de haberla arruinado, haberle robado al príncipe y haber puesto al pueblo en su contra, Pacanieves sigue siendo la más hermosa.
- ¡No puede ser! No. ¿Cómo va a ser más hermosa que yo? Pero si soy una flor del jardín
- Yo más bien diría un cardo…- susurró
- Pero si soy la mejor vestida
- En los carnavales- volvió a susurrar
- Pero si uso baba de caracol, y veneno de serpiente…
- Se nota, se nota- decía el espejo
Reinágueda estaba tan indignada… que estaba a punto de irse a protestar a la puerta del Sol, pero es que el moreno ya no se llevaba.
- Tú calla o vuelvo a sacarte del espejo para que aguantes al soso de tu marido. Tengo que hacer algo, esto no puede quedar así. ¡OLMO!- chilló de pronto
- Sí señora.
- Olmo, necesito que me hagas un favor, hijo.
- Lo que usted mande Reinágueda
- Mira, lo que has de hacer, es muy sencillo. Quiero que vayas a por Pacanieves y te deshagas de ella para que yo vuelva a ser la más hermosa del pueblo. Y para que sepa que has cumplido tu tarea habrás de traerme…a ver que piense…¡El moño! Sí, tráeme el moño de Pacanieves.
- Como ordene madre
Y así, Olmo fue en busca de Pacanieves a cumplir su misión. Ella, ajena a todo lo que estaba pasando, se encontraba en el prado paseando.
- Pacanieves, Pacanieves- dijo Olmo- tú que eres tan bonita
- ¿Qué quieres zalamero?- dijo ella
- Tú que eres tan bonita, y recoges florecillas, no querrías venir conmigo al bosque a que te enseñe una cosita
- ¿Me estás proponiendo algo indecente, zagal?
- Pacanieves, Pacanives, no te hagas de rogar y ven conmigo que lo que he de enseñarte te ha de agradar.
Pacanieves que sabía que aquel muchacho estaba algo ido, pero que tenía ojos y veía que había cosas que sí estaban puestas lo siguió. Pero en mitad del bosque Olmo la tiró al suelo sacando un cuchillo de debajo de la capa.

- Lo siento, Pacanieves, pero reinágueda me ha ordenado que acabe contigo.
- ¿Y qué pasa si no lo haces?
- ¡¿Qué qué pasa?! ¡¿Qué pasa?!...Pues ahora que lo pienso, nada. Bueno, que me despide y no está la cosa pa quedarse sin faena.
- Cierto…pero mira, haremos una cosa, fingimos que me has matado y todos tan contentos.
- Pero he de llevarle tu moño como prueba.
- Mi moño …Anda, mira, tráeme un nido y verás que rápido lo apañamos.
Extrañado, Olmo le llevó un nido que encontró en lo alto de un árbol, de su bolso, Pacanieves sacó un bote de Laca-Paca que roció sobre el susodicho nido.
- Pues esto ya está- dijo ella- No se nota la diferencia
- Pero ahora, Pacanieves, has de huir, lejos, muy lejos, para que el espejo chivato no le diga la verdad a Reinágueda. Vamos corre, huye
- Ay que me acabo de comer unas albóndigas, no me apetece…
- ¡Corre!
- Qué genio, ya voy, ya voy.
#6803
laury93
laury93
10/04/2012 09:08
Así, Pacanieves, echó a correr por el bsque hasta que el cansancio la venció y ya no pudo continuar. Se encontraba sola, perdida, agotada… pero entonces descubrió una pequeña casita. Tímidamente llamó a la puerta, mas no obtuvo respuesta. Temerosa, entró en la estancia y lo primero que vio fue…
- Puaghhhh que asco, ¿pero qué clase de puerco vive aquí?
- Ey, un respeto- dijo una voz
- ¿Tú quién eres?- dijo ella
- ¿Quién eres tú?
- Yo he preguntado primero
- Las damas primer
- El burro delante que no se espante- dijo ella
- Está bien. Chicos salid.
Ante ella, siete curiosos personajes
- ME llamo Anselmo, pero me dicen Sabiondo. Y nosotros somos los 7 cansinitos. Reinágueda nos desterró porque nuestras tramas eran muy cansinas y le quitaban protagonismo.
- Yo soy Trsitán, el cansinito Ligón
- Sebastián, el cabezón
- Mauricio, el gruñón
- Pardo, el mandón
- Pedro, el glotón. Y este es Hipolitín, el tontín.
- Yo me llamo Pacanieves y tengo el mismo problema, huyo de la Reina. Podría a quedarme a vivir con vosotros, a esta casa le vendría bien un toque femenino.

Todos asintieron, lo que no sabían era que…10 minutos después
- No, no, con agua, con la lengua no se lava. Tú, gruñón, date más aire con los cristales. Venga chicos que aún tenéis que hacer la cena. Ey, y silbando al trabajar os quiero

En otro lugar del Reino…
- ¿Lo tienes?- dijo la Reina
- Sí, claro madre.
- Perfecto, vete, tengo que hablar con mi espejo. Espejito, espejito
- ¡Digamelón!
- Espejito espejito, tú que todo lo ves y todo lo sabes ¿quién es la más hermosa del reino?
- Pues a pesar del sofocón y que se le ha destrozado el peinado por huir… la más hermosa sigue siendo Pacanieves
- No puede ser. Está claro que para que algo salga bien tiene que hacerlo una misma
Reinágueda se determinó a acabar con nuestra pobre damisela.
- Tengo el plan perfecto. Le llevaré un taperware de croquetas de bacalao de Emilia, cuando se las zampe todas le entrará mucha sed y entonces se beberá la botella de sidra de manzana entera, y cuando esté beoda perdida, más pedo que Alfredo, la lanzaré por la ventana. Es genial. Pero necesitaré un disfraz, bien, bastará con quitarme el maquillaje
Y tanto, pues bajo aquella mascara de pintura se encontraba un rostro arrugado y terrorífico.

Más tarde, en la casa de los cansinitos, Pacanieves escucho unos golpes en la puerta
- Jesus, María y José- dijo el ver a la anciana que esperaba en la entrada- ¿En qué puedo ayudarla señora?
- Verás, querida, vengo andando desde hace unbuen trecho y me preguntaba si podría descansar en esta casia tan acogedora.
- Por supuesto, pase.
Lo que Pacanieves no sabía era que aquella entrañable anciantia no era otra que Reinágueda.
- Dime, preciosa, ¿estás sola?- le preguntó
- Sí- Pacanieves dijo- mis amigos los cansinitos están trabajando.
- Ah, bien, bien…Pues verás tengo un taperware lleno de croquetas de bacalao, pero es demasiado para mí ¿querrías?
- No sé, no debería…
- Son de la Emilia
- Venga vale, por hacerle un favor
Pacanieves dio buena cuenta del manjar y al acabar le dijo la reina desifrazada
- Tendrás mucha sed, anda, bebe, bebe sidra de manzana
- No se preocupe, yo solo bebo Paca-power, la bebida de las estrelladas.
Contrariada al o ver cumplidos sus planes, la reina se levantó tomando la botella de sidra entre las manosy con todas las fuerzas que su vestido le permitía, rompió la botella de sidra sobre la cabeza de Pacanieves.
- Pero mujer – dijo ella sin apenas inmutarse- ¿Qué hace? No ve que la Laca-Paca mantiene mi peinado contra todo, ni un pelo se atreve a moverse.
- No puede ser. – Dijo Reinágueda
- Uy, vaya, espérese que visto un bicho, eso lo soluciono yo con insecticida Raipaquista.
- No, no…
Pero ya era demasiado tarde, el insecticida nubló el entendimiento de Reinágueda haciéndola caer por la ventana.
- Si no le gustaba el olor podía haberlo dicho.

De repente, en la lejanía, Pacanieves escuchó a su tabernero azul, prínicpe de su corazón que se acercaba recitando a Espronceda.
- ¿Qué hago?
Pacanieves salió a su encuentro y antes de que él la alcanzara fingió desmayarse.
- Oh, Pacanieves- dijo el tabernero azul al verla- no puede ser. Deberías haber sido mi ocmpañera eterna y ahora, verte aquí postrada… cuánto tiempo perdido.
Raimundo, el tabernero azul, príncipe de su corazón, se acercó a ella creyéndola sumida en una profunda resaca de sidra de manzana, para depositar un suave beso en sus labios. El aquel mismo instante, Pacanieves lo tomó de las solapas obligándolo a prolongar el beso.
- ¿Pero tú no estabas dormida?- dijo él
- Que va, es que si no me hago la inconsciente no me besas, zagal.
- Oh, Pacanieves cásate conmigo, vivamos felices y comamos perdices.
- Vaya, no me gustan las perdices.
- ¿CodorniceS?
- Tampoco
- Pues de lombrices ya ni hablamos
- Digamos que viviremos felices y nos tocaremos las narices… un poco más.

Y colorín colorado, este cuento está contado.


La MORALEJA: cuidado con ponerle a vuestros hijos demasiadas películas Disney porque pueden acabar como yo. =)
#6804
samureta
samureta
10/04/2012 10:07
María eres la luz de esta serie, aportas luz cuando apareces en escena. Magnífica y soberbia con Emilia. Sandra y María nos están mostrando lo mejor de estos capítulos. Ayy francisca que la niña de tu hombre te tiene robada el corazón
¿Cómo puede la gente culpar a Francisca de que su hijo tenga menos personalidad que una ameba? Si Tristan está con Gregoria es proque el nene tiene menos luces que una ameba y su utilización de una mujer es de lo más mezquino que he visto
#6805
Jessicavalido
Jessicavalido
10/04/2012 13:49
Laury no te imaginas como he reído con el cuento,a ver cuando te animas y haces otro jejeje un beso muuuuuuuuuuuuy grande guapa.
#6806
martape
martape
10/04/2012 14:49
Me he partido de risa con la Pacanieves!! El hipolitin tontin, el tristan ligon... jajaja. tienes que coger otro cuento y versionarlo.
Pues para ser estudiante de medicina, te slen bien las gracias y los malos.
Kerala las tuyas fantásticas...

P.D: pues yo me he visto muchas pelis de Disney, no será tan malo verdad...???
#6807
Kerala
Kerala
10/04/2012 15:36
Las noches de insomnio suelen ser bastante productivas cuando decides no tirar el reloj contra la pared para dejar de ver las horas pasar...

Os dejo un trozo del mini que empecé hace...(no recuerdo)


DUELO DE TITANES

[/b]


– Me has… ¡Me has mordido! -. Raimundo puso la mano herida bajo su brazo, emitiendo un sonoro quejido. Después de unos segundos, volvió a mirarse. - ¿Se puede saber qué mosca te ha picado? ¡Estaba tratando de ayudarte! -.

– ¿Ayudarme? -. Le preguntó ella arqueando una ceja. - ¿Llamas ayuda a zarandearme como si fuera un saco de patatas? -. En realidad ocultaba bajo ese aparente enfado que se sentía fatal por haberle mordido creyendo que se trataba de un asaltador de caminos, cuando él solo trataba de prestarle ayuda. Se dio cuenta que, a pesar de las quejas de Raimundo, estaba preocupado por ella. Suspiró dramáticamente tomando su mano. – A ver…déjame mirar esa herida tan macabra que te he ocasionado… -. Examinó su mano con cuidado, rozándole con la yema de los dedos. Percibiendo un ligero temblor. No se atrevió a levantar la vista, pues ella misma estaba turbada por aquel prolongado contacto. De repente, y sin previo aviso, le dio una palmadita con la otra mano haciendo que Raimundo se quejara de nuevo. – Vivirás. Te aseguro que no tengo la rabia -. Aguantó una sonrisa ante el ceño fruncido de él.

– No estaría yo tan seguro -. Farfulló por lo bajo mientras se frotaba la mano. - ¿Y tú? -. Le señaló la herida que surcaba su frente. – ¿Vas a dejar de hacerte la graciosa y decirme qué es lo que te ha ocurrido? -. Se quedó mirándola durante unos instantes, cayendo de pronto en la cuenta de un detalle que antes no había apreciado. - Un momento… ¿Qué haces aquí sola? ¡Por todos los…! ¿Dónde está el cochero? -. Salió de la calesa rápidamente. – ¡Ha de estar herido! O puede que se haya caído por este desnivel -.

– Raimundo… -. Lo llamó Francisca. Pero él seguía sin prestarle atención, sumido como estaba en la búsqueda de aquel hombre.

– No soy capaz de ver nada, y está empezando a llover otra vez. Tendré que bajar por… -.

– Raimundoo… -. Volvió a llamarlo con más intensidad, tratando de no perder la paciencia. Pero de nuevo él continuó sin escucharla.

– Está bien -. Habló con decisión, quitándose la chaqueta que, debido a que empezaba a estar muy mojada, le pesaba demasiado. - Definitivamente voy a bajar por si este pobre hombre se encuentra herido allá abajo -.

- ¡Raimundo Ulloa, maldito tabernero muerto de hambre! ¿Quieres cerrar esa condenada bocaza que tienes y escucharme de una vez? ¡Ay! -. Se llevó la mano a la frente cerrando con fuerza los ojos. Alterarse de aquella manera solo le había ocasionado un fuerte pinchazo en la herida además de un incipiente dolor de cabeza. Él se había girado enseguida al escucharla gritar, y al ver su gesto de dolor, regresó presto a la calesa, poniéndose junto a ella.

– ¿Estás bien? -. Susurró preocupado, haciendo que Francisca abriera los ojos. Cruzándose sus miradas apenas unos segundos antes de que él girase la cabeza, tratando de cambiar radicalmente de actitud. Ocultando ese cosquilleo que sintió en la boca del estómago. – Si no fueras tan soberbia de querer que todo el mundo esté pendiente de ti… -.

– ¡Oh sí, claro! -. Le respondió furiosa. – Discúlpame por haber recreado este accidente solo por llamar tu maravillosa atención. ¿Ves esto? -. Le mostró un rastro de sangre en la mano fruto de la herida de su frente. – Es mentira. Salsa de tomate que le robé a Rosario de la cocina para fingir que sangraba. ¡Todo para que su señoría esté pendiente de mi! -.

Raimundo se sintió avergonzado por su actitud. Solo porque no fuera capaz de contener el cúmulo de sentimientos que le rondaban cada vez que Francisca estaba cerca, no era excusa para comportarse así con ella después de que hubiera sufrido un accidente. Era más que evidente que se encontraba dolorida, y aunque tratara de disimularlo, estaba asustada. Y él, patán insensible no había hecho más que meter la pata.

– Lo siento… -.

– ¿Cómo dices? -. Le preguntó ella, haciendo como si no le hubiera escuchado.

Raimundo suspiró pacientemente.

– He dicho que lo siento, Francisca. He sido un desconsiderado -.

– Perdona, pero como sigas hablando así de bajo no me enteraré de nada de lo que estás diciendo -. Disimuló de nuevo haciéndole ver que seguía sin escucharle. Aguantando como podía las ganas de reírse a carcajadas, a pesar de la situación. Se maravilló al darse cuenta de hasta qué punto sus miedos y hasta el dolor físico, se habían disipado solo por su simple presencia junto a ella.
#6808
Kerala
Kerala
10/04/2012 15:37
– ¡Te he dicho que…! -. Silenció sus palabras al descubrir que ella solo le estaba tomando el pelo. Y sinceramente, lejos de enfadarse, agradeció que así fuera. Le resultaba mucho más fácil continuar con esa absurda batalla dialéctica, que sucumbir a la angustia de pensar que ella estaba herida y de que había podido morir en aquel accidente. – ¿Qué…? ¿Qué era lo que querías decirme? -.

Francisca bajó la mirada a sus manos entrelazadas sobre el regazo.

– Solo que no te preocuparas por el cochero -. Le dijo con suavidad. – Él está bien y fue a buscar ayuda al pueblo -.

– ¡¿Dejándote aquí sola?! -. Bramó Raimundo, quizá con más ímpetu del deseado sobresaltando a Francisca, que le miró con un extraño brillo en los ojos. – Quiero decir, es una temeridad haberte dejado aquí desprotegida. Ha empezado a llover de nuevo. ¿Y si la tormenta es tan fuerte que arrastra hasta el río la calesa contigo dentro? -.

Francisca dejó caer la cabeza hacia atrás, derrotada. Volviendo a cerrar los ojos.

– Bien para todos ¿no? Muerto el perro se acabó… -.

Su frase quedó suspendida en el aire cuando los fuertes brazos de Raimundo la asieron con firmeza.

– Eso ni lo digas… -.

Sobraban las respuestas mordaces en ese momento. Era como si de pronto volviesen a ser los que fueron una vez. Uno frente al otro. Callando las palabras que en cambio sus ojos pronunciaban. La mirada de él descendió hasta sus labios. Oscureciéndose a medida que el deseo siempre presente en él, y que se apoderaba de toda su cordura siempre que Francisca estaba cerca, crecía descontrolado.

Ella entreabrió los labios en muda señal de aceptación. Ansiaba su toque. Sus besos. Moriría antes de reconocerlo, pero deseaba a Raimundo con un anhelo tan grande, tan superior a ella que sentía que explotaba.

Sin saber cómo y sin tener las fuerzas para evitarlo, la distancia entre ellos se fue acortando cada vez más. El perfume de Francisca inundó sus fosas nasales hasta transportarle a un paraje no muy lejano donde una vez fue feliz a su lado. Apretó un poco más la presión sobre los brazos de ella, que no sintió ningún dolor. Solo podía percibir la cálida respiración de Raimundo sobre sus mejillas.

Iba a suceder. Después de añorarlo durante tantos días y de soñarlo eternas noches, sus labios volverían a fundirse en un beso mágico. Anhelante. Desesperado.

Un roce tan suave como efímero. Un intenso rayo seguido de un poderoso trueno les despertó de repente, expulsándolos sin ningún pudor del oasis que había surgido en medio de aquel desierto de sentimientos.

– Será… será mejor que salgamos de aquí cuanto antes -.

Raimundo abandonó la calesa en un intento de poner espacio entre ellos y ordenar sus pensamientos. ¡Había estado a punto de besarla! ¿Cómo podía haber sido posible? Siempre había podido controlar sus emociones y de pronto, sentirla tan cerca junto con ese miedo que le produjeron sus palabras, había terminado por trastornarlo. La lluvia le golpeaba en la cara, cayendo cada vez con más insistencia

– Raimundo… -.

Tembló cuando escuchó su voz suave y temerosa llamándole. Seguramente estaría tan turbada como él, pero no había sido Francisca la que se había apartado, sino él. Y se maldecía por ello. Porque no debía haber permitido que primaran sus sentimientos. Casi no se atrevía a mirarle a los ojos cuando se giró para enfrentarse a ella.

– ¿Ocurre algo? -. Se atrevió a preguntarle de manera un poco brusca.

– Pues verás, nada importante… -. Comenzó a decir ella mientras movía una mano en el aire y arqueaba una ceja. – En realidad es una tontería, pero fíjate que no puedo andar. Resulta que no puedo seguirte porque… -. Se inclinó hacia él y habló en voz baja. – Estoy inválida -.

Si premiaran por cometer la mayor estupidez conocida, seguro que él se llevaría el premio mayor. Sintió que sus facciones se tensaban y que un calor intenso le subía desde la planta de los pies, tiñendo seguramente de rubor sus mejillas. Esperaba que no se le notara demasiado, pero ante las carcajadas de Francisca, se dio cuenta de que no había sido así.


Continuará...

[/b]
#6809
soyi
soyi
10/04/2012 16:00
HOLA CHICAS:la verdad que estoy de moral baja por que no nos dan una escena de nuestra pareja ni atiros esperemos que la aparicion de casas sirva para que el ulloa se ponga celoso y por otra parte espero que emilia vuelva a la casona porque las escenas de Maria y sandra me encantan .
!!!!!POR DIOS!!!!!haver si ya pronto biene algo que nos alegre un poco que ya nos va tocando.

LAURY: lo dicho no me dejas de sorprender pero lo que me he reido gracias por sacarnos una sonrisa
que falta nos hace ultimamente .

RUHT :A ti que te voy ha decir que no te haya dicho ya .


UN BESITO
#6810
Kerala
Kerala
10/04/2012 22:41
Bueno, cumpliendo con lo prometido de volver a comentar el capítulo en el foro para no dejar caer el hilo, aquí estoy sonriente

1º. Escena Hipólito-Don Anselmo. Una lleva unos días hipermegasensible y se ha pegado una buena llorera ante la marcha del cura. ¡Preciosa! Y que digan que Hipólito es tonto, cuando es mucho más cuerdo que otros (Y no pienso mencionar a nadie)

2º. Me ha encantado la escena Paca-Emilia. Me da pánico lo que los lionistas tengan preparado para este par, pero ante las interpretaciones de estas dos, es que me inclino. bravo

3º. Escena Raimundo-Emilia. No voy a perdonar nunca a los lionistas de nuevo, el que me priven del Ibarra cada vez con más frecuencia. ¡¿Pero de qué vais?! O no sale o solo lo hace un par de minutos. De verdad que estoy indignada con esto. ¡Sacad más provecho al Ibarra, coj....! ¬¬
Volviendo a la escena, me encantan esos momentos padre-hija, que a pesar de la situación entre ellos, se nota que se quieren por encima de todo, y que ambos sufren con la situación. Me alegro que Raimundo haya desistido de ese plan absurdo para recuperar la Casa de Comidas.
y GRACIAS por ese momento cuello... esos botones desabrochados del Ulloa son una alegría para las tristes escenas que tenemos o para lo mucho que nos privan de él ¬¬

Por lo demás, añadir que si no fuera por María y por Ramón, no se si seguiría aquí. Sois maravillosos, ya lo sabeis.

P.D. 16 capítulos... no digo más... ¬¬
#6811
Crippy
Crippy
10/04/2012 23:55
Pues que decir. Que vamos ya por los 16 capítulos.

Al contrario que el capítulo de ayer, con el que me lo pasé muy bien, del de hoy la escena que más me ha llamado la atención (casi la única) ha sido la de Paca-Emilia. Me encanta ese puntito que tiene esta última para plantarle cara.

Del resto del capítulo, pues genial el inicio con Tristán y Pepa, me ha gustado la escena, pero a las que han tenido a partir de mitad del capítulo no les he visto coherencia alguna. No sé, con estos lionistas una no se pispa de nada (y lo peor es que ya empieza a cansarme).

No sé. Quiero ver que algo marcha bien. Al principio teníamos personajes "desengrasantes" como eran Alfonso o Marianita, por ejemplo, pero es que ahora saltamos de dramón en dramón y la verdad, según el día que lleves, eso desgasta mucho.

Y tiemblo y tiemblo más aún al pensar al punto al que estos guionistas son capaces de llevar a Francisca. Lo flipé muy muy mucho con la escena de ayer de Rosario, con quien desde el principio se había visto una relación especial (véase cuando echa a los Castañeda de la Casona).

La verdad es que ahora mismo estoy un poco cansada de tantas tristezas y no es menos que también echo de menos la verdadera esencia de este hilo.

¿Tendrá un final feliz nuestra pareja? Días como estos son los que me hacen dudar.
#6812
Kerala
Kerala
11/04/2012 12:51
¡¡¡Adelantos para la semana que viene!!!

SPOILER (puntero encima para mostrar)

¡¡¡¡¡NADA!!!!! ¬¬

Bueno solo que el Casas Senior está encantado con la familia política de su hija. Y dentro de ese encantamiento, espero que destace nuestra Paquis.
Y luego por su parte, el otro miembro del duo, va de Sherlock preguntando a Alfonso y Mariana sobre lo que ha ocurrido, porque Juan le desmiente todas sus sospechas,pidiéndole que no se entrometa. Pero Rai no le cree.

Por lo demás, solo un árido desierto de escenas raipaquistas

#6813
Kerala
Kerala
11/04/2012 14:07

DUELO DE TITANES

[/b]

Dejó escapar el aire con fuerza, visiblemente molesto por su torpeza. – Lo siento… -.

Francisca sonrió de medio lado.

- ¿Por dos veces te disculpas, Ulloa? Voy a pensar que te estás ablandando -.

Raimundo entró de nuevo en la calesa, acercándose a ella. – Cállate Francisca -. Le pidió con sorna. – Además, nunca he tenido problema en disculparme por mis errores -.

Ella bufó con desprecio ante lo que acababa de decir.

– ¿De veras, Raimundo? ¿También te disculpaste por romperme el corazón y destrozarme la vida? ¿Por engañarme haciéndome creer que me querías? -. Él empalideció ante sus palabras, pero Francisca no estaba dispuesta a callarse. – Seguro que ese día me pillaste fuera de casa cuando fuiste a disculparte. Por supuesto que fue eso -. Chasqueó los dedos mientras observaba cómo Raimundo agachaba la cabeza sin saber qué decir, y al poco fue ella la que apartó la mirada. Dolida aún por los recuerdos. Más aún por haber estado a punto de besarse segundos atrás.

– Todo lo hice por ti, Francisca… -. Musitó.

– Claro, por descontado -. Sonrió falsamente ella. – En fin, ¿Vamos a quedarnos aquí de cháchara todo el día o sugieres otro plan? -. Cambió radicalmente de tema. No le apetecía en ese momento seguir removiendo el pasado, a pesar de haber sido ella quien lo sacara a colación.

De nuevo Raimundo agradeció el cambio de conversación, aunque en el fondo de su corazón, sabía que tendrían que resolver ese punto en algún momento. Tal vez así, después de poner las cartas sobre la mesa, podrían seguir con sus vidas.

– Tenemos que salir de aquí inmediatamente -. Se asomó por la puerta de la calesa. – Parece que la lluvia ha amainado un poco, pero se acercan unos nubarrones que no me gustan nada. Y el terreno puede ceder en cualquier momento arrastrando la calesa -.

Francisca tragó saliva.

– ¿Y qué sugieres? Sabes que no puedo caminar, y la silla se quedaría atascada en el barro… -.

– Solo hay una solución posible -. Raimundo se acercó a ella alargando los brazos, dispuesto a tomarla entre ellos.

– Un… un momento -. Francisca alzó la mano nerviosa, dispuesta a detenerlo, pues temía lo que él se proponía hacer. - ¿Qué crees que vas a hacer Ulloa? -.

– Cogerte en brazos y salir de aquí. Hay un chozo cerca, y allí podremos guarecernos. Vamos, Francisca -. La apremió colocándose frente a ella. – Pon los brazos alrededor de mi cuello -.

– Pero… -. Intentó protestar, pero de nada le sirvió.

– Pero nada. Venga. Agárrate a mí, Francisca… -. Musitó con suavidad mirándola a los ojos. Muy cerca de ella. – No te dejaré caer tranquila… -. Trató de quitar hierro al asunto con aquel comentario.

Temblando por tener que estar tan cerca de él movió temerosa los brazos, colocándolos tímidamente sobre los hombros de Raimundo. Se estaba comportando como una chiquilla asustada así que, armándose de valor, movió un poco más los brazos hasta entrelazarlos tras la nuca de él.

– ¿Estás lista? -. Le preguntó en un susurro casi junto a su boca. Trataba de mantener la mente fría, pero era muy complicado cuando el cuerpo de su pequeña estaba tan cerca del suyo después de tantos años anhelándolo. Ella asintió con la cabeza, incapaz como se sentía de pronunciar palabra. – A la de tres, ¿De acuerdo? 1, 2… ¡y 3! -.

Se alzó con ella sujetándola con fuerza. Francisca se aferró a él escondiendo el rostro en el hueco de su cuello. Estaba avergonzada por la situación, a pesar de que trataba de justificarla pensando en que era la única solución.

El camino se hacía bastante pesado porque los pies se le hundían en el barro a cada paso que daba. Ninguno de los dos hablaba. Francisca solo escuchaba la respiración fatigada de Raimundo junto a su oído, y habló al fin.

– Estás cansado… -.

Él giró la cabeza levemente para mirar sus ojos.

– No te preocupes, todo está bien -. La tranquilizó. – Pero vamos a tener que detenernos un momento para que pueda agarrarte mejor, ¿de acuerdo? -.
#6814
Kerala
Kerala
11/04/2012 14:08
Francisca volvió a asentir con la cabeza, perdida como estaba en su mirada. Una de las manos de Raimundo fue descendiendo hasta situarse en el trasero de ella. Francisca, que había seguido los movimientos de Raimundo, se ruborizó en cuando él rozó aquella zona.

– ¡Raimundo esas manos! -. Le dijo alterada.

– ¿Cómo dices? -. No entendía de qué estaba hablando.

– Te digo que muevas esa mano de ahí si no quieres que te la arranque de cuajo. Una cosa es que no tenga sensibilidad ahí abajo y otra es que no vea con mis propios ojos dónde me estás tocando -.

Raimundo abrió los ojos como platos. Inocente. Aguantándose las ganas de reír.

– Francisca, no seas chiquilla ¿quieres? ¡He de sujetarte para que no caigas! Te aseguro que no hay nada indecoroso en mi acción -.

Mentira. Desde el principio sabía perfectamente dónde había colocado su mano. Se estaba aprovechando de la situación y eso no era nada caballeroso. Pero sus pensamientos tampoco lo eran desde el mismo instante en que Francisca se había pegado temerosa a su cuerpo.

– Te digo que muevas la mano -. Estaba totalmente ruborizada. Pero a la vez enfadada por no poder sentir nada. – Hazlo, Raimundo o no nos moveremos de aquí -.

Empezó a moverse de manera enérgica entre sus brazos, queriendo obligarle a que apartara la mano. Pero lejos de conseguirlo, lo que estaba sucediendo es que Raimundo comenzaba a tambalearse para evitar que ella se le escurriera entre los brazos.

– Francisca por favor, estate quieta o nos caeremos los dos al suelo -.

Pero de nada servían sus advertencias. Ella seguía forcejeando cada vez más, hasta que al final Raimundo pisó una zona del terreno que estaba más hundida perdiendo por completo el equilibrio. Ambos cayeron sin remedio al suelo. Él boca arriba y Francisca sobre su pecho. Y los dos llenos de barro hasta las orejas.

Raimundo tuvo que morderse el labio inferior para no estallar en carcajadas cuando vio el semblante de Francisca sobre él. Despeinada, con la cara manchada de barro y el ceño fruncido. Estaba furiosa. Lo sabía perfectamente.

– Te dije que no te movieras… -. Afirmó con una media sonrisa que no podía ya esconder.

Ella bufó furiosa. – ¿Te atreves a chancearte de mí condenado tabernero? Descastado, malnacido… ¡Si nos vemos en esta situación es por tu culpa! ¡Tengo barro hasta en el pelo! Y además me duele todo el cuerpo… -.

Las sonoras carcajadas de Raimundo le interrumpieron. Ella empezó a golpearle el pecho suavemente con el puño consiguiendo que él se riera aún con más ganas. Al final, hasta ella misma pareció encontrar la gracia a la situación, pues empezó a sonreír primero sutilmente para después terminar estallando en carcajadas también. Así estuvieron un buen rato hasta que Raimundo se quedó mirándola en silencio.

No podía recordar haberla visto más hermosa que en ese momento. Llena de barro, con el moño deshecho… y una deliciosa sonrisa en los labios. Alzó su mano para quitarle restos de barro de la mejilla. Logrando que Francisca dejara de sonreír para mirarle con intensidad. Después, colocó un mechón de su cabello detrás de la oreja. Causándole un escalofrío.

– ¿Tiemblas? -. Le preguntó él con ternura. Ella le miraba sin hablar. Estremeciéndose con esa pequeña caricia. Vibrando con su voz. Ligeras gotas de lluvia comenzaron a caer sobre ellos. Francisca se apartó de su mano moviendo la cabeza.

– Será mejor que lleguemos a ese chozo antes de que la tormenta nos alcance -.

Raimundo suspiró. – Sí, será lo mejor… tendré que moverte para poder ponerme en pie, ¿entendido? Luego podremos irnos -.

Emprendiendo de nuevo el camino, nuevamente en silencio, Raimundo pensó que Francisca tenía razón. Tenían que guarecerse enseguida si no querían que la tormenta cayera sobre ellos. Aunque ahora mismo, la única tormenta que le preocupaba era la que se había iniciado en su interior.
#6815
laury93
laury93
11/04/2012 17:48
Hola, Hola!!
Ruth genial el mini, me encanta!! jajaja me encanta ver a Francisca malilla jeje

Bueno, chicas, yo tb quiero comentar el capi. Estoy a medias de vero, ero vamos, asi os digo ahora antes de qu epase algo que lo empeore porque la Paca MOLA! si o si? jajaj, tomando chocolate con la partera!? Lo que me faltaba por ver, esto es el acabose jaja. Uy que dicen que va pa el ueblo...
Claro, como hoy no me chapitea nadie pues yo me lo guiso y me lo como

De sequia andamos servidas saberse se sabe, pero enga, esos animos pa arriba. El REFRAN RAIPAQUISTA DE HOY:
- Las bichas al hoyo y los nuestros al CHOZOGOZO!!! jajaja

Y yo sigo pensando Marta que si, que Disney ha hecho mucho daño poruqe ya esta en proceso: Paquicienta, La Paquirenita, Paquerucita Roja, Paquita en el país de las Majaderias...

Y toda esta locura a santo de que?? Pues Peque es que me tienes abandona y si no estas para llmarme Laura me descontrolo, me hace falta una buena colleja cibernetica. Fijate su te he hecho de menos que me entra una congoja que... Mira te he hecho hasta una mini poesia
¿Acaso no será esta congoja,
que me mata y me aprisiona
a la que mi ser se abandona
la culpable de esta amarga locura
a la que mi desesperada alma recurre
porque tu ser me rehuye?

Y tu me diras
Si bien es verdad que tamaña locura
solo puede ser fruto de la más profunda desventura
También es cierto, amor
que se instaló en ti la sin razón
mucho antes que mi recuerdo en tu corazon

Y te dire verdad de la buena! Así que ya sabes, una de caso pa la loquita! jajaja
Besos a todas!
#6816
Kerala
Kerala
11/04/2012 22:09
Bueno, el capítulo de hoy no ha estado mal,pero tampoco ha sido para tirar cohetes. Destaco como siempre un par de escenas que han sido fantásticas. Y lo han sido gracias a mi Mariquiña, que ha estado GENIAL

1º. Escena Paca-Pepa: cuando estas dos se juntan, la verdad es que nos dan escenas maravillosas. Me ha encantado ver a esa Francis sarcástica y encima pidiéndo un chocolate carcajada. Geniales las dos

2º. Escena Paca-Emilia: doy gracias por la presencia de Emilia en la casona. La verdad es que Paca en silla de ruedas nos está limitando para un montón de cosas. Eso de que no pueda moverse a su antojo, a ella le agobiará, pero lo que es a mí, me desespera ¬¬
Por eso me encanta que la de Ulloa esté allí junto a ella. Porque nos dan unos escenones espectaculares. La vuelta de hoy poniendo Emilia sus condiciones que Paca ha acatado... ¡Estupenda!

Eso sí. Me da terror lo que los lionistas hayan preparado como "venganza" de la Montenegro sobre Emilia. Espero y deseo que al final se encariñe tanto con ella que se olvide de esa venganza por la osadía de la chica. Esas frases finales:

Marucio: La de Ulloa ha tensado demasiado la cuerda
Paca: lo que ella no sabe es que se ha roto

¡aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhh! Pánico. Suplico que no hagan parecer a mi Paca lo que no es. Un ser malvado y sin sentimientos.

El resto de escenas, nada a destacar. De nuevo Don Anselmo que me va a dar mucha pena que se marche. Espero que no sea así después de todo. Que suceda algo y no tenga que marcharse, o que si lo hace, esta marcha sea temporal.

3º. Y Raimundo Ulloa??? pero a ver, ¿esto qué es? ¿Dónde está? ¬¬
No me gusta nada esto, que lo sepais, guionistas!!


Crippy
La verdad es que ahora mismo estoy un poco cansada de tantas tristezas y no es menos que también echo de menos la verdadera esencia de este hilo.



me too snif y mucho además snif
#6817
soyi
soyi
11/04/2012 22:23
HOLA CHICAS:

Del capitulo de hoy ni que decir que segimos con nuestra sequia particular de momentos raipaquistas pero es algo que ya lo tengo asimilado en fin que le vamos hacer seguiremos tirando de nuestra gran virtud la PACIENCIA .

Del capitulo de hoy me ha gustado varias escenas una de ellas asido la de pepa y francisca ( ya echaba en falta escenas de ellas dos juntas ) otra de la s escena s

que me ha gustado asido la de la paca con emilia como me ha gustado ver a la paca pasar por l aro pero me da que ya se esta barruntando algo en su cabeza para tomarse su rebancha ( pues menuda es la paca jajajaj) que grande es la paca y ni que decir mi gran Maria . Pero eso si la escena que hoy me ha llegado al corazon sin duda alguna asido la de Don Alselmo con pepa como he llorado , ( Don Alselmo que corazon mas grande tiene por dios) .

Una pregunta:¿don de esta raimundo ? antes por lo menos le veiamos en los mundos de jupi pero ahora ni en ellos espero que mañana le veasmos

Bueno chicas ya corto que me lie .

UN BESITO
#6818
laury93
laury93
12/04/2012 18:28
REFRAN RAIPAQUISTA DE HOY y sobre todo de mañana!!
A falta de un tabernero bueno es un galeno! si o no?

Flipad niñas! Capitulazo!! y no me importa que no haya habido escena raipaquista ni qeu Raimun tenga cada dia mas ojeras ni qeu a la Grego le pongan esos pedazos moños, solo me importa una cosa: Hoy me he emanorado y reenamorado de la Paca, VIVA LA PACA!!! No me digais qeu no ha molado?? Todo, todo, cuando pensaba que ya me había conquistado tras esa escena con el cura y con esa carita de pena, pues justo cuando pensaba que ya estaba enamorada perdida, va y me mata y me remata con el consejo a la doc: "Me case impulsada por el odio, el rencor y la venzanza. Pero no cometas mi mismo error" AYYYYYY ahi he pensado: ya, ya esta, esto ya no tiene solucion! Soy PACADICTA!!!!! Pues eso, Maria nena, eres cada dia MAS GRANDE!!

Bueno, vale, Pacadicta y Salvadicta jajaja, cada dia estoy peor.

Y Raimundo, el desaparecido en combate, que os dire de el, que me ha encantado la cara de circunstancia cuando ha escuchado el nombre de Francisca! jajaja, Por cierto, que de todo ha de tener la culpa la Paca?? la mala cara de Anselmo, lo de Efren... todo, a este paso cada vez que este nublado como hoy acabaremos diciendo: que la Paca esta de mal humor! de verdad ¬¬

Bueno niñas ANIMO!! Que la Paca proveerá ya vereis y tendremos mas alegrias pa el cuerpo!
#6819
Kerala
Kerala
12/04/2012 19:58

DUELO DE TITANES

[/b]


Tras varios minutos, Raimundo sintió temblar a Francisca en sus brazos, y vio cómo intentaba frotar sus manos heladas. Seguramente para conseguir que entraran en calor. En uno de esos movimientos, rozó su cuello sin querer causándole un escalofrío.

– Tienes las manos heladas -.

Francisca agachó la cabeza. – Lo siento, es que tengo frío… -.

Él sonrió. – Lo sé, tienes la ropa empapada. Tenemos que llegar a ese maldito chozo de una buena vez. Ya no queda mucho, tranquila -. La apretó un poco mas contra su pecho, con el fin de proporcionarle un poco más de calor. – Desabrocha un poco mi camisa y mete las manos -. Ella le miró horrorizada. – Francisca, solo es para que entren un poco en calor. Lo que menos necesito es que cojas una pulmonía -.

– Será mejor que no… -.

– Como quieras. Quédate con tu orgullo entonces -. La picó. Y dio resultado.

– ¿Orgullo dices? -. Le preguntó enfadada. – No se trata de orgullo Raimundo, pero no creo que sea apropiado. Y mucho menos después de todo lo que pasó entre nosotros. Después del pasado que compartimos. Además… soy una señora. No sería decoroso -. ¿Cómo no delatarse si tocaba su piel? Bastante le estaba costando no ceder a sus propios deseos al verse refugiada en sus brazos. Ni siquiera sabía cómo sería capaz de soportar estar a solas con él cuando llegaran al chozo.

– Lo dicho. Orgullo. Además… -. Realmente estaba disfrutando mucho provocándola de aquella manera. Sabía de todas formas que estaba jugando con fuego. Y de seguir así, terminaría por quemarse. Pero había extrañado tanto estar junto a ella, que solo quería saborear estos momentos a su lado. Antes de que todo volviera a truncarse. –…tú lo has dicho. Pasado. Se supone que ya no albergamos sentimientos el uno por el otro, ¿no es cierto? -.

Aquello le dolió. Él acababa de recordarle que no sentía ya nada por ella. La ayuda que le estaba prestando se debía nada más a esa bondad de la que siempre había hecho gala. Sentía rabia. Contra sí misma por seguir amándole de la manera que lo hacía. Sopesó la oferta que le había hecho Raimundo instantes atrás. La verdad es que se estaba quedando helada, y la idea de disfrutar de su contacto una última vez se le antojaba demasiado tentadora.

Por eso, sin decir nada más, sus manos descendieron por su cuello hasta llegar a los primeros botones de la camisa. Desabrochando los tres primeros. Introduciendo tímidamente sus manos y ahogando un gemido al percibir el calor de su piel. Interpretando erróneamente el estremecimiento que se produjo en el cuerpo de Raimundo.

– Lo… lo siento, están demasiado frías… -. Por eso hizo intención de sacarlas, pero él no se lo permitió.

- ¡No! -. Casi le gritó. Por eso trató de disfrazar las ganas que tenía porque ella siguiera tocando su piel. - No temas, fue solo la impresión. Todo está bien -. Pero no era así. No estaba bien. La suavidad de sus manos iba a terminar por trastornarle. ¡En qué momento se le había ocurrido pedirle que hiciera tal cosa! Desde que había descubierto la calesa accidentada, no había hecho más que encadenar una estupidez tras otra.

Apretó el paso queriendo llegar al chozo inmediatamente. De no ser así, terminaría por tumbarla allí mismo, bajo la lluvia, y hacerla suya una y otra vez hasta que su corazón dejara de sentir tanto dolor por tener que vivir alejado de su niña. Prosiguieron en silencio hasta que a lo lejos pudo vislumbrar el pequeño chozo.

– Ya estamos llegando -.

Francisca no le respondió. Estaba demasiado a gusto acariciando su pecho y aspirando su aroma. Embargándose de su calidez. No podía recordar la última vez que sintió algo parecido a aquello. Siempre se sintió segura en sus brazos y le satisfizo comprobar que era algo que no había cambiado con los años. Seguía enamorada de él. Y moriría enamorada de él.

Levantó la cabeza que había mantenido oculta en su cuello, cuando él se detuvo para abrir la puerta del chozo. A pesar de estar a oscuras, no tuvo problemas para reconocerlo casi de inmediato. No habían sido pocas las veces en que estuvo allí mismo en el pasado acompañada por Raimundo. Por su mente pasaron todas y cada una de las veces que se amaron en ese mismo lugar y tuvo que hacer esfuerzos por contener las lágrimas que pugnaban por salir de su prisión.

Raimundo se acercó hasta la desvencijada cama que había allí y la depositó con suavidad. Quedándose ambos mirándose a los ojos durante unos segundos. Francisca tragó saliva y sacó con cuidado las manos de entre los pliegues de su camisa. Apoyándolas sobre la cama y apartando la mirada.

– Gra…gracias… -. Estaba tiritando de frío. Y no era la única. Él también sentía frío. Desde el mismo momento en que ella dejó de tocarle.

– Tienes que quitarte ese vestido inmediatamente o terminarás por enfermar -. Miró a su alrededor y encontró un viejo cubo de latón. – Aprovecharé el agua de la lluvia para que podamos asearnos un poco y quitarnos todo este barro -. Se movió por el chozo hasta que alcanzó el cubo y entonces se giró hacia ella. Seguía en la misma posición. – Francisca, ¿a qué esperas? No consentiré que pongas en riesgo tu salud solo por unos principios absurdos -.

– No se trata de eso -. Pronunció en voz baja.

- ¿Qué? -.

Ella suspiró. Sin mirarle. – Digo que no se trata de eso, Raimundo -. Habló un poco más alto, consiguiendo que esta vez él la escuchara.

Él se encogió de hombros y frunció el ceño. – ¿De qué se trata entonces? -. Preguntó extrañado. Acercándose lentamente hasta ella.

Francisca entonces le miró. Con los ojos brillantes por las lágrimas retenidas. Pero sin dejar atrás ese orgullo tan característico en ella.

– Olvidas que no soy la de antes, Raimundo. Ya no puedo depender de mi misma. Necesito ayuda para todo. Hasta para vestirme -. Se quedó en silencio, pero negándose a apartar la mirada. Altiva y orgullosa como siempre, a pesar de estar confesándose dependiente de alguien para realizar una acción tan sencilla como quitarse la ropa.

– Comprendo… -. Dijo Raimundo.
#6820
Kerala
Kerala
12/04/2012 19:59
Francisca sonrió con burla. – No, no comprendes nada -.

– Al contrario, Francisca. Lo entiendo perfectamente -. Se sentó junto a ella en la cama. – No te olvides que yo estuve ciego hace no demasiado. Y que dependía de mi hija para todo -. Sonrió de medio lado recordando. – Sé cómo te sientes. Pero también sé que no es una deshonra para uno recibir ayuda cuando la necesita -. La miró a los ojos segundos antes de tomarla por la cintura y girarla con ternura, quedando él tras su espalda.

– ¿Qué vas a hacer? -. Le preguntó ella temerosa, cerrando los ojos.

– Ayudarte -. Musitó él. – Solo ayudarte, Francisca… -. Pronunció su nombre en un susurro cuando sus dedos entraron en contacto con la piel desnuda de su espalda después de haber desabrochado el primer botón de su vestido.

Con una lentitud torturadora siguió desbrochando la hilera de botones, conteniendo sus manos para que no acariciaran con pasión el delicioso templo que era su cuerpo. Jamás había podido olvidar la blancura y la suavidad de su piel. Esos recuerdos eran sus compañeros en las eternas noches en vela que pasaba anhelándola. Junto con su risa y su dulzura. Casi la misma que le había parecido percibir hacía unos minutos.

Cuando hubo desabrochado todos los botones, alzó sus manos hasta los hombros de Francisca deslizando el vestido por ellos. Esta vez sí, rozando su piel con la yema de los dedos. Francisca solo podía morderse el labio inferior hasta hacerse sangre, para ahogar los gemidos que querían escapar de su garganta. Aquello tenía que parar si no quería cometer una locura.

– Gracias -. Le dijo. – Ya puedo seguir yo sola -.

– ¿Estás segura? -.

Asintió con la cabeza. Casi no podía hablar en ese momento. Un nudo le oprimía la garganta hasta casi asfixiarla. Se cubrió con los brazos y cerró los ojos cuando sintió que Raimundo se levantaba de la cama. Se negó a volver a abrirlos hasta que no escuchó la puerta del chozo abrirse para después cerrarse de nuevo. Solo entonces miró a su alrededor dejando que algunas lágrimas descendieran por sus mejillas.

Raimundo dejó el cubo en el suelo y se apoyó contra el quicio de la puerta, dejando escapar al fin el aire que había estado reteniendo. De no haber sido porque Francisca lo detuvo no sabría qué locura podía haber cometido. Esta situación se le estaba yendo de las manos. Acumulaba en su interior miles de sentimientos encontrados. Por un lado, solo quería que la tormenta cesara para poder regresar a la comodidad de su vida sin ella. Pero por otro, rogaba para que aquella situación se prolongara. Deseaba quedarse aislado con ella en aquel lugar. Donde solo estaban ellos dos.

Dejó pasar un tiempo prudencial antes de volver a entrar. Se estaba calando, pero quería darle el tiempo suficiente para no incomodarla con su presencia antes de que hubiera terminado de desvestirse. Sintió su cuerpo arder cuando recordó su aroma y cómo se estremecía su piel a medida que el vestido iba cayendo. Tenía que apartar esa visión de su mente. Sería lo mejor.

Entró de nuevo al chozo y se la encontró cubierta con una de las mantas que allí había. La tenía puesta sobre los hombros y le miraba con sus profundos ojos negros.

– Tal vez tú también deberías quitarte esa ropa mojada -. Le sugirió mientras sus mejillas se cubrían de rubor. Un gesto que a él se le antojó delicioso. – No quiero que luego digas por ahí que fui tan malvada como para no permitirte secar tu ropa -.

– Por seguro que me creerían -. Bromeó él, sonriendo de medio lado y sin dejar de mirarla. Dejó el cubo en el suelo, junto a ella y le tendió una vieja sábana que había conocido tiempos mejores. Pero era lo mejor que pudo encontrar. – Toma -. Se la ofreció. – Con esto podrás limpiarte un poco todo el barro que llevamos encima -.

Cuando Francisca lo cogió, él se dio media vuelta alejándose un tanto de ella y se quitó la chaqueta. Empezó a desabrocharse el chaleco y después la camisa. Escuchaba a sus espaldas cómo Francisca escurría el agua sobrante del trapo y suspiraba cuando lo pasaba por su cuerpo. El suyo se tensó. Más aún cuando ella habló.

– Debes reconocer que eres bastante torpe, tabernero. De haber estado más ágil no nos habríamos caído al suelo -. Su voz sonaba divertida. – Ni quieras saber hasta dónde me he encontrado barro… -. Rio. Quedándose en silencio de repente, temiendo que Raimundo quisiera saber precisamente dónde había encontrado ese barro.

Él sonrió. Queriendo provocarla un poquito. – Lo mismo podría decirte yo… Mira, ¿quieres verlo? -. Fue a darse la vuelta cuando Francisca chilló.

– ¡Ni se te ocurra descastado! -. Él detuvo sus movimientos. – Ladino, sinvergüenza… -. Farfullaba en voz baja. – Recuerda que eres un caballero -.

– ¿Eso crees? -. Arqueó una ceja. - ¡Solo bromeaba! -. Levantó los brazos en señal de rendición al ver que ella fruncía aún más el ceño. – Antes siempre podíamos bromear con estas cosas… -.

Todo quedó en silencio en un momento. Donde antes había risas, ahora había recuerdos.

– Antes podíamos hacer muchas cosas Raimundo -. Afirmó con pena y perdiendo su mirada en algún remoto lugar de su pasado.

Él se acercó lentamente hasta sentarse a su lado.

- ¿Qué nos pasó, Francisca? ¿Por qué tuvo que torcerse todo? -.

Ella sonrió con desprecio. - ¿Quieres una lista? -.

– Francisca, estoy hablando en serio -. La miró a los ojos. - Tienes que entender que no tuve otra opción. Mi padre… -.
Anterior 1 2 3 4 [...] 338 339 340 341 342 343 344 [...] 376 377 378 379 Siguiente