FormulaTV Foros

Foro El secreto de Puente Viejo

Subforo La Casona

El Rincón de Francisca y Raimundo:ESTE AMOR SE MERECE UN YACIMIENTO (TUNDA TUNDA) Gracias María y Ramon

Anterior 1 2 3 4 [...] 335 336 337 338 339 340 341 [...] 376 377 378 379 Siguiente
#0
samureta
samureta
08/06/2011 23:44
elrincondefranciscayraimundoesteamorsemereceunyacimientotundatundagraciasmariayramon

TODOS SUS VIDEOS
elrincondefranciscayraimundoesteamorsemereceunyacimientotundatundagraciasmariayramon

REDES SOCIALES
elrincondefranciscayraimundoesteamorsemereceunyacimientotundatundagraciasmariayramon
elrincondefranciscayraimundoesteamorsemereceunyacimientotundatundagraciasmariayramon


elrincondefranciscayraimundoesteamorsemereceunyacimientotundatundagraciasmariayramonelrincondefranciscayraimundoesteamorsemereceunyacimientotundatundagraciasmariayramon


No existe amor en paz. Siempre viene acompañado de agonías, éxtasis, alegrías intensas y tristezas profundas.

[/b]
#6741
Kerala
Kerala
29/03/2012 12:17
Bueno chiquillas, empezamos ya con capítulos nuevos en el relato guiño

Raimundo y Francisca. Lo que debió ser

[/b]


Estaba en casa. En su casa. Se lo decía aquella sensación cálida que sentía en el pecho. El aroma a limpio de las sábanas que Emilia había tendido esa misma mañana. El alegre parloteo de las gentes en la plaza. El mundo seguía su curso. Nada parecía haber cambiado. Nada, excepto él.

Su vida había sufrido un duro golpe a pesar de haber sobrevivido a la operación. Estaba vivo, pero el precio había sido elevado. Tal vez… Tal vez lo mejor hubiese sido no despertar. Su sentir era egoísta. Lo sabía desde el fondo de su corazón. Pero el ser humano, tan complejo como la mayoría cree que es, no deja de ser un mecanismo simple y egoísta. Y él era la prueba más clara en este momento. En vez de dar gracias por vivir, maldecía esa vida que le había tocado en suerte a partir de ahora.

Siempre dependería de alguien. Sería un inútil lo que le restara de vida. Suspiró con rabia y pena. Por lo pronto, permanecería encerrado en aquella habitación sin querer recibir a nadie. La revolvía la sangre pensar en el simple hecho de que sus convecinos pudieran sentir lástima por él. De nuevo egoísmo y actitud irracional, lo sabía. Pero debería asumir su actual situación antes de recibir visitas. Se lo había dejado bien claro a Emilia unos días atrás.

¡No quiero ver a nadie!

Aquel día le había gritado. A su niña. Golpeó con rabia el brazo de la silla en la que estaba sentado casi desde que se había levantado de la cama. La había gritado… volvió a pensar apenado. Ella no se lo merecía.

Tenía tanto miedo… Miedo de la reacción de los demás al saber de su estado.

Eres un mentiroso Ulloa

Su conciencia le taladraba sin piedad. Y aunque no quería escucharla, sabía de sobra que tenía razón. No era la reacción de los demás la que le importaba. Sino la de ella. La de Francisca.

¿Sabría ella acaso el resultado de su operación? ¿Se alegraría de que vivera? ¿O hubiera preferido saberlo muerto? Se aferró la cabeza con ambas manos. Las dudas, los temores, las preguntas… le atormentaban hasta amenazar con estallar su cabeza. ¿En realidad quería saberlo? Quizá era mejor que no. No escuchar de sus labios el que se alegraba de su infortunio.

Porque de todos modos, ¿por qué no habría de ser así? Francisca vivía para herirle. Había intentado destruirlo de mil y una maneras. Y esta vez, el destino se había aliado con ella convirtiéndole en poco más que un despojo.

Se alegrará de todos tus males. Pues tú le destrozaste el corazón. Mataste el amor que ella sentía por ti

Se tapó los oídos con las manos y cerró con fuerza los ojos. No quería seguir escuchando, dolía demasiado la verdad. Con aquella ceguera se había marchado la fuerza y la decisión reencontrada apenas unos días atrás y que le había hecho soñar en un futuro junto a ella. Sonrió con tristeza. Había imaginado su regreso a Puente Viejo de manera muy diferente.

¡Maldita sea! Todo tuvo que truncarse de nuevo. El suyo parecía un amor imposible. Casi llegaba a creer que estaban predestinados para estar separados. Desde el principio de su relación no habían encontrado más que obstáculos que les habían impedido estar juntos. Y sin embargo, seguía amándola a pesar de todo.

Por eso lo mejor era que sus caminos no se cruzaran nunca más. No esperaba que Francisca fuera a verlo ni mucho menos, pero debería estar preparado por si ella se personaba en la Casa de Comidas.

Emilia entró en ese momento en la habitación dispuesta a ayudarlo con su aseo diario. Después, buscó en el armario algo de ropa, que dejó sobre la cama.

– Gracias Emilia, con esto puedo yo solo -.

La muchacha besó su mejilla en un intento de levantar su espíritu y borrar del rostro de su padre ese derrotismo que se había impregnado en él por más que tratara de disimularlo en su presencia.

Y cuando al fin se hubo quedado a solas, se vistió a duras penas, abrochándose con dificultad los botones de la camisa. Aún debilitado como estaba se sentó en la mecedora. Rendido. Quiso probar que al menos su cerebro estaba en perfectas condiciones. Nada como algo de poesía para evadir su mente y su espíritu. Nada como José de Espronceda.

- Y en un mundo de tinieblas
vaga y siente miedo y frío,
y en su horrible desvarío
palpa en su cuello el dogal,
y cuanto más forcejea
cuanto más lucha y porfía
tanto…


No podía recordarlo. Es más, no sabía cómo debía seguir. Respiró con fuerza. Lo mejor era tratar de mantener la calma, y comenzar de nuevo antes de dejarse llevar por el desánimo.

– Cuanto más forcejea, más lucha y porfía, tanto… -.

– Tanto más en su agonía, aprieta el nudo fatal… -.

Aquella voz suave y preocupada le oprimió el alma haciendo sangrar su corazón como si del mismo nudo fatal que narraba Espronceda se tratase. Su pasado, su presente y su atormentado futuro sin ella se mostraban latentes ante él. Todo ello era Francisca. Y el mismo regocijo que sintió al escuchar su voz, luchaba ferozmente con la dolorosa realidad de tener que alejarla de su lado. Pues esta vez su corazón no le engañaba. Asomándose tímidamente entre la espesura del orgullo y la desconfianza, los recuerdos de la chiquilla que un día fue, la que le enamoró hasta hacerle olvidar su propia existencia, tomaron forma convirtiendo por primera vez en muchos años, sus sueños en realidad.

Su pequeña, la verdadera Francisca… estaba de nuevo frente a él.

Continuará...

[/b]
#6742
mariajo76
mariajo76
29/03/2012 19:14
Bueno, hace siglos que no comento aquí, con el chat tengo esto muy abandonado así que hoy que tengo tiempo le voy a dedicar un ratito.

De los relatos que puedo decir, que son todos maravillosos, me emocionais, me haceis sufrir, reir, en resumen, que me alegrais los días así que gracias a todas las que derrochais vuestro talento aquí.

En cuanto a la serie...bueno hoy la he visto después de mas de dos meses sin ver un solo capitulo entero, solo las escenas de nuestra pareja y la verdad es que me he quedado chafada. ES PÉSIMA.

¿Cómo ha podido empeorar tanto?, me ha dado una pena horrorosa, sólo salvo a la Paca que parece que esta volviendo a remontar el vuelo. Tramas tontas, personajes que no se muy bien para que están ahí como los boticarios y otros completamente desdibujados como el pobre Raimundo que no es ni una sombra de ese personaje maravilloso que nos enamoro, sigue tan guapo como siempre, pero nada más. ¿ de verdad el Raimundo de antes iba a dudar en salvar una vida si estuviera en su mano?, yo es que lo flipo.

Como se me termina las vacaciones ya no volveré a ver un capítulo entero hasta yo que se cuanto y la verdad es que no me da ninguna pena, por que con lo que he visto hoy me basta y me sobra, casi casi me dan ganas de pedir que la serie acabe en junio y se termine esta agonía.
#6743
Kerala
Kerala
29/03/2012 20:49
bueno,eso de que se ven...ella al menos sí jajajaja (muackkk)

en serio Paca hace eso? jajajajajajajajajajaja quiero verlo

EDITO: Visto el video del avance y la caída de Paca, solo puedo decir.....
JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA m descojono con esta mujer
No se puede ser más genial que Francisca Montenegro ni mas GRANDE que María Bouzas
¡Te adoro,María!

Eso sí...¿Para qué se tirará al suelo esta mujer? Para presionar a Trístán para que se case ya? Para culpar a Rosario?? ¡A saber! Pero esa caída...¡Fantástica! si hasta m coloca el brazo jajajajajaja
#6744
laury93
laury93
29/03/2012 23:56
SUEÑOS DEL PASADO
Estaba resultando ser un día enojosamente tedioso, verdaderamente agotador. Un ejército entero de acreedores, productores y otros terratenientes de la zona habían elegido precisamente aquella calurosa tarde primaveral para ir a verla con sus exigencias y demandas. Francisca no dejaba de preguntarse por qué razón se encontraba atendiendo las insulsas quejas de aquellos destripaterrones cuando lo único que quería era estar sola. Rodeada de buitres y demás escoria, su mente estaba muy lejos de allí, en Raimundo que no había dado señales de vida en los últimos días, en el dichoso caballo que le había pedido a Tristán cuando el muy terco llevaba años, décadas sin montar y ni siquiera en sus tiempos mozos se le había dado muy bien. Aunque la verdadera pregunta era para qué quería él un caballo, acaso había planeado marcharse fuera del pueblo, acaso pretendía volver a dejarla.
- Habría que coger los frutales antes que las hortalizas- decía un hombre
- Habría que comprar más semillas- decía otro
- No, espere la cuantía que ofrece es insignificante comparada con las hectáreas…
- Las tierras necesitan más regadío…
- Necesitamos trampas para los conejos que acaban con las cosechas…
- Ha llovido poco…
- Necesitamos más abono…

¡No podía más! Todos hablaban a la vez sin que llegase a escuchar a ninguno, rezando solo porque se callasen, cuando de pronto su griterío sin sentido cesó. Casi sin creérselo Francisca contempló a sus invitados que miraban con cara de asombro hacia su espalda, sin entenderse que podría obrar el milagro de conseguir que aquella marabunda de hombres callara, Francisca se giró para ahogar un grito de incredulidad. No podía ser. Raimundo, cual Adonis griego, se acercaba a ella a lomos de un corcel blanco, su pecho cubierto de una fina camisa de lino que mostraba sugerente el comienzo de su pecho dejando los pectorales visibles. Tragó saliva y respiró hondo para no desmayarse de la emoción, no recordaba haberlo deseado tanto como lo hacía justo en aquel instante. Él redujo la marcha de su montura para acercarse a ella al paso, dominando las riendas con una sola mano mientras dejaba a la derecha reposar sobre su cadera. Francisca se levantó de la silla de mimbre en la que se había quedado postrada de la sorpresa y se acercó a él sin poder disimular su sonrisa.

- Mi héroe- le dijo ella- Me has salvado de una manada de cansinos
- Allá donde una bella dama me requiera podrás hallarme- dijo él.
- ¿A qué viene esto del caballo?
- ¿Cuántas veces me has dicho que lo nuestro ya no era un cuento de hadas y que no volvería a salvarte en un caballo blanco?
- O sea que todo este numerito ha sido para darme en las narices
- Ha sido para demostrarte que nuestra historia puede volver a ser un cuento de hadas.
- Solo te falta una cosa- dijo ella
- ¿El qué? – dijo él preocupado
- La melena al viento.- Raimundo se pasó la mano por las incipientes entradas- Pero ese peinado también me gusta.
- Muy graciosa. – Raimundo le tendió la mano- ¿Subes?
- ¿Cómo? ¿Subir yo, al caballo? Estás loco, hace años que no monto.
- Te encantaba montar, todavía recuerdo nuestras carreras por los caminos a caballo.
- ¿También recuerdas que siempre te ganaba? - Dijo ella riendo
- Sí, también lo recuerdo- Dijo él en voz baja- Pero es igual. ¿Subes o no? Se nos va a hacer de noche.
- Raimundo yo no sé, no puedo… cómo…
- Es muy fácil. ¿Confías en mí? – Dijo volviendo a tenderle la mano.

Francisca lo miró intensamente, con la maestría que confieren los años se deshizo el moño dejando que su cabello se meciese suelto con el viento y abrió una larga raja en el vestido a la altura de una de sus piernas para poder subir.
- Sí- le dijo ella mientras aceptaba su mano

Y sin saber muy bien cómo acabó subida a la grupa del majestuoso animal. Los sinuosos movimientos del caballo la hicieron tambalear y en una acto reflejo se asió con fuerza al pecho de Raimundo, rodeándolo con sus brazos.
- Sabía que no podrías resistirte- bromeó él
- Cállate.- dijo ella divertida y a la vez aterrada- no se te ocurra correr
- Solo si prometes no soltarme
- Si me prometes no dejarme caer.
- Nunca te dejaría caer, Francisca.

Siguieron en silencio, sin saber qué decir, si confesar por fin sus sentimientos o rendirse de nuevo a aquella voz que mantenía sus labios cerrados. El caballo, dirigido por Raimundo, comenzó a alejarse de la Casona, transitando parajes que hacía años que no visitaba.
- Vas a decirme de una vez dónde vamos- dijo ella por fin
- Lo importante es el camino, no el destino.
- Bueno, pero dónde lleva este camino.
- Siempre es un placer viajar contigo. –dijo Raimundo
- No te chancees de mí tabernero- dijo ella pellizcándole
- Ay, Francisca, no olvides que yo llevo las riendas…
- Del caballo, Raimundo, solo del caballo. No me provoques.
- Creía que te gustaba que te provocase
- Eres un caso.
- ¿Pero te gusta o no?
- ¿El qué?- dijo ella
- Que te provoque
- Puede…- dijo Francisca
- ¿Y que te lleve a lomos de mi corcel?
- Quizás…
- ¿E ir abrazada a mi espalda?- Dijo por fin
- Yo…- ¿Para qué mentir?- Sí- dijo tímidamente
- A mí también me gusta sentirte tan cerca- dijo él
- Zalamero.- Se rió ella
- ¿No me crees?- Raimundo fingía estar dolido
- ¿Debería? Hace poco ibas a casarte con otra, seguro que le decías lo mismo
- Te aseguro que no me atrevería a montar esta mole con patas y vida propia por ninguna otra mujer.
- ¿Por qué?
- ¿Por qué has accedido tú a venir conmigo? Podías haberte negado si pensabas que te iba a seducir con falsas palabras.
- Temo más que planees lanzarme de este armatoste.
- En serio Francisca
- Encontré tu carta.
- ¿Qué carta?
- La que escribiste hace 30 años. Poco después de tu partida mi padre encontró tus cosas, tu camisa, tus cartas, tus regalos… Los lanzó todos a la chimenea, por suerte, la carta permaneció a salvo, perdida entre las losas hasta que la encontré por accidente hace unos días e… hice lo que me pedías.
- ¿El qué?
- Encender un candil junto a mi ventana mientras te esperase
- ¿Entonces eso quiere decir que tengo esperanzas, Montenegro?
- ¿Tú qué crees, Ulloa?
- Pues que espero que sí, porque si no todo esta puesta en escena no me servirá de mucho.
- ¿A qué te refieres?
- Espera y lo verás. Ya hemos llegado- dijo deteniendo al animal- Cuidado que bajo.
Con una agilidad sorprendente, Raimundo pasó la pierna por encima de la cabeza del caballo para no golpear a Francisca y saltó al suelo.
- Te toca. – le dijo
- Corriendo- dijo ella
- Te ayudo
#6745
laury93
laury93
30/03/2012 00:02
Raimundo posó sus manos sobre la cintura de ella, sujetándola mientras ella descendía lentamente del lomo del animal mirándolo a los ojos, perdiéndose en la inmensidad de su mirada, mordiéndose los labios deseando poder besarlo, sintiendo como el mundo se detenía cuando sus bocas quedaron a la misma altura, separadas por apenas unos centímetros, tan cerca que podían notar la respiración del otro, su agitado corazón, el deseo de perderse en aquella tentación que llevaban demasiado tiempo acallando. Francisca apoyó las manos sobre sus hombros hasta que sus pies tocaron el suelo y se quedó mirándolo, tan irresistible como siempre, tan atrayente, tan prohibido… Pasó sus dedos por los labios de él, sintiendo su tacto, su calor, su deseo irrefrenable de besarlo. Pero no tuvo tiempo de seguir debatiéndose consigo misma, pues él tomó la decisión por ella, apretando su cintura contra él, acortando la ya escasa distancia que los separaba. Francisca sonrió, traviesa, acercándose más a él hasta que sus labios casi podían rozarse. Raimundo se abalanzó hacia ella tratando de atrapar sus labios en un beso, pero justo cuando estaba a punto de conseguirlo ella se retiró, sonriendo, quedándose de nuevo a unos milímetros, Raimundo volvió al ataque y de nuevo aquella artimaña. Hasta el último momento, Francisca Montenegro gustaba de jugar, pero ya estaba bien, se dijo. La estrechó con fuerza entre sus brazos impidiéndole que ella huyera para atraparla por fin entre sus labios, entre sus manos, entre sus suspiros, sintiendo su aroma, su sabor, sus movimientos. Sintiendo que moría por volver a tenerla, por volver a besarla.
- Espera- dijo él sintiendo que la pasión se apoderaba de ellos- Tengo una sorpresa para ti.

Raimundo la tomó de la mano para conducirla a través del camino. Antes de llevarla, él le había tapado los ojos con un pañuelo blanco.
- Raimundo me voy a matar- protestó ella
- No lo permitiría.
- ¿Dónde vamos?
- Aguarda un poco y lo verás

Raimundo aprovechó la indecisión de ella para ponerle el brazo alrededor de la cintura y así guiarla a través de la senda hasta llegar a su destino.
- Hemos llegado- dijo él por fin
- Ya era hora

La venda se deslizó de su rostro dejándole ver el reflejo de la estrellada bóveda celeste reflejada en las cristalinas aguas del lago. A sus pies descansaba una barca cubierta de rosas blancas y farolillos. Cuando quiso darse cuenta Raimundo esperaba ya dentro de la barca.

- ¿Subes?- dijo tendiéndole la mano
- ¿Otra vez? ¿Es que no vamos a parar en todo el día?... Bueno, vale, me subo.

Francisca se sentó frente a él sonriendo casi sin querer, pero sin poder evitarlo. ¿Cómo no sonreírle si estaba allí, sentado frente a ella, con el pecho al descubierto, con el brillo de las estrellas en la mirada y aquella sonrisa que la volvía loca? Mientras seguía ensimismada en su profunda observación de la fauna de la zona, Raimundo, él comenzó a remar adentrándose en las oscuras aguas del lago iluminadas con la luz de la luna llena.
- ¿A qué viene todo esto, Raimundo?- dijo ella por fin
- ¿Qué pasa? ¿Es un delito ser romántico?
- ¿Pero por qué así, ahora…conmigo?
- Pues porque puede que haya tardado 30 años en darme cuenta, pero tú eres la mujer de mis sueños, Francisca, literalmente, te lo aseguro. Y me he dado cuenta que ni en estos años ni en otros 30 lograría encontrar a nadie como tú.
- Lo tomaré como un cumplido
- Deberías

El silencio volvió a acomodarse entre ellos, hasta que Francisca decidió ser valiente por una vez, ella también podía dejarse llevar por el amor, aunque le costase.

- Raimundo- dijo dudando- Yo… lo siento. No sabía, no podía saber que todo lo hiciste por mí. No es que fuera algo lógico y… bueno, ahora da igual, lo que importa es que he sido una auténtica arpía estos años y…lo siento
- ¿Qué? Si lo dices tan bajo no puedo oírte…
- Que lo siento
- ¿Cómo?
- ¡Que lo siento!- gritó ella- ¿Satisfecho?
- Mucho- sonrió- Pero lo cierto es que yo tampoco manejé bien la situación. Si te lo hubiera dicho aquella noche como en mi sueño…
- ¿Cómo?- dijo ella extrañada
- Nada, es igual, cosas mías. Es que si te lo hubiera dicho…
- No Raimundo, si nos atormentamos con el “si hubiera” nunca podremos descansar, a mí ya me ha robado 30 años y no quiero que siga. Quiero olvidarlo todo… ¿si tú estás dispuesto?
- Lo cierto es que… - Francisca se mordió los labios, ¿y si se arrepentía y se daba cuenta de que ella era una bruja y volvía a dejarla?- Lo cierto es que te quiero, te adoro, te necesito. No creo que sea normal, no bueno para la salud, ni razonable, pero es cierto como que estoy aquí. Cierto como que mañana amanecerá y como que no voy a dejar que te vuelvas a separar de mí.
#6746
laury93
laury93
30/03/2012 00:02
- ¿Entonces estarías dispuesto?- Dijo ella- A olvidar estos 30 años y volver a empezar, como si nada hubiera pasado, como si nunca nos hubiéramos separado, ni herido, ni…
- ¿Cuándo pasó todo eso?- Dijo él- Lo último que recuerdo es que ayer salí de tu lecho y me prometiste que me esperarías… y ahora estás aquí. Es todo lo que me importa.
- Raimundo…Te quiero. – Dijo tomándole de las manos, no podía contener su emoción.
- Y yo a ti, por eso te he preparado esto-
Dijo mientras soltaba sus manos para dar dos sonoras palmadas. Justo tras la segunda, unas luces se encendieron en la orilla y un cuarteto de cuerda comenzó a tocar. A Francisca le encantaba el sonido de los violines, pero la perplejidad no le permitía escucharlos.
- ¿Esto?...
- Espera, hay más- dijo él.

De su espalda sacó una especie de lona blanca. Francisca tardó un poco en darse cuenta de que era un farolillo. Raimundo encendió el candil bajo el papel blanco, el aire caliente provocaba que el pequeño farol pretendiera escapar de sus manos para perderse en la inmensidad del cielo.

- Toma- dijo él tendiéndoselo a ella- Pide un deseo y deja que vuele con él.
Francisca miró a Raimundo, después al farolillo y por último a aquella estrella, compañera de anhelos. Volvió a dirigir su vista al pequeño farol que pugnaba por volar y sin hablar, porque si se dicen no se cumplen, le dijo a aquel pequeño aparato:

“Yo no quiero nada más que lo que tengo aquí, justo aquí, no quiero nada más de lo que siempre he querido. Solo lo quiero a él. ¿Es tanto pedir? ¿Tanto le ha costado al mundo devolvérmelo? Anda, pequeño, vuela y dile a quien sea que maneje este loco mundo que se lleve lo que quiera: mi dinero, mis tierras, mi nombre… pero que jamás se le ocurra volver a separarme de mi hombre porque yo misma subiré contigo si es preciso para exigirle que me lo devuelva. Sé que no me he portado bien, que quizás no me lo merezco, pero por favor, por favor, dejadme ser feliz con él, solo un poco, solo lo que me queda de vida. Por favor, solo deseo que podamos ser feliz… juntos”

Y tras aquella confesión con el farolillo dejó que se escurriera entre sus dedos elevando su luz entre la oscuridad de la noche. Pero antes de perderse de su vista, dejó caer un regalo. Una pequeña cajita cayó de su interior a las manos de Francisca. Ella, extrañada, la abrió para contemplar un precioso y sencillo anillo de oro. Sin entender nada miró a Raimundo.
- ¿Es lo que habías deseado?- Dijo él
- ¿Esto es lo que creo que es?- dijo ella a dura penas
- Si me aceptas, sí. Francisca Montenegro, ¿quieres casarte conmigo?
- Sí, sí, sí
Dijo ella mientras se abalanzaba hacia él acurrucándose entre sus brazos, perdiéndose en su calor, en el tacto de su piel.
- Claro que quiero Raimundo. Eres lo mejor que he tenido nunca, eres lo que me da fuerzas para vivir, sin ti no habría podido sobrevivir, no habría existido.
- Yo también te quiero mi pequeña.
- Todavía recuerdo la primera vez que nos vimos, cuando teníamos tres años y justo entonces ya pensé que serías mi marido
- Lo sé, jugamos demasiadas veces a “mamás y papás”
- Y cada vez que te veo me siento como la primera vez, como si siguiera siendo una niña. Durante estos años era una niña perdida, y sola que no sabía qué hacer sin ti, pero ahora que estás aquí, vuelvo a ser yo, vuelvo a tenerte, vuelvo a ser feliz.
- Y esta vez será para siempre.
- Eso espero, tabernero.
Se quedaron allí tumbados, mecidos por el suave movimiento que el viento provocaba en la superficie del agua, con el brillo de las estrellas sobre ellos y la complicidad de la noche. Con una palmada de Raimundo los violines dejaron de sonar y se fueron dejándoles intimidad.
- Lo tenías todo pensado- dijo Francisca
- Contigo no se puede dejar nada al azar- dijo él

Y se quedaron allí, tumbados, yaciendo juntos, como siempre debieron estar, disfrutando del mero hecho de saberse enamorados, juntos y con el resto de sus vidas por delante.
El amanecer los sorprendió aún abrazados, medio dormidos entre las tablas de la barca.
- Deberíamos volver- dijo Francisca
- Tenemos una boda que organizar- dijo él
- Exacto.

Raimundo remó hasta llegar a la orilla, pero justo cuando los dos estaban en tierra, Francisca palideció.
- ¡El anillo! No lo llevo, debe de habérseme caído esta noche… con tanto movimiento. Vaya qué lástima, era precioso.
- Si quieres tu anillo, lo tendrás
- ¿Qué dices, pero si está en el agua?
- Pues allá voy.
- Estás loco

Pero no le dio tiempo a acabar la frase porque cuando quiso darse cuenta Raimundo ya se había zambullido en las heladas aguas. Estaba loco, definitivamente loco. No salía. Francisca comenzó a caminar de un lado a otro preocupada, sin saber qué hacer, preguntándose cuánto podría aguantar sin aire, y si le había pasado algo se decía, y si se había enredado o algo… No pudo soportarlo más y comenzó a desabrocharse el vestido dejando que se deslizara por sus hombros. Ya en enaguas se dispuso a adentrarse en el agua, y en aquel momento lo vio aparecer. Raimundo completamente empapado salía del lago, el agua chorreando de su pecho, cada línea de su cuerpo marcada por la camisa mojada que se adhería a él… quién fuera aquella camisa, pensó. Raimundo se acercó a ella sonriendo, con gotas cayendo de su pelo, de su barba, de todo él, con el anillo en su mano. La cogió con delicadeza, sin decir nada, colocando el anillo en su dedo.
- Me has matado del susto- dijo ella- estaba a punto de meterme a por ti. Ahora tendré que vestirme- dijo ella intentado separarse de él.
Raimundo la detuvo posando sus manos mojadas alrededor de su cintura.
- Ya que estás así…

Raimundo estaba helado, Francisca sintió como un escalofrío recorría todo su cuerpo presa del frío de su piel y a la vez un calor que no podía controlar.

Han sido dos capis, espero no haberos aburrido a base de ñoñerias, me pillo romanticona. Por cierto, ya lo tengo acabado, asi que este finde os metere maraton final si no os parece mal, beunas noches.
#6747
laury93
laury93
30/03/2012 15:25
Hola! No es mi intencion saturar, asi qeu si quereis descansar lo decis, pero mientras yo sigo a lo mio. Teneis ganas de bodorrio chicas? Pues dicho y hecho!

SUEÑOS DEL PASADO


- ¡Tristán Miguel Ulloa Montenegro!- El eco de su voz hizo volar a los pájaros
- Ya voy madre, ya voy, no hace falta que use el nombre entero.- dijo el aludido
- Hace falta, hace falta, porque a este paso llego tarde a mi boda, hijo, y eso sí que no que este hombre es capaz de arrepentirse e irse.
- Dudo mucho que lo haga. A pesar de no haberlo tenido como padre en 30 años…
- ¿Me lo vas a dejar de restregar algún día?
- En treinta años. Como decía a pesar de eso, lo conozco y sé que la quiere. Así que tome mi brazo y caminemos hacia el altar.
Francisca tomó aire, preparada para seguir a su niño, su hijo hacia el amor de su vida.


Raimundo esperaba impaciente ante el altar aguardando a ver a aparecer a Francisca por el interminable pasillo de la iglesia. Un tenue murmullo acrecentado por el eco que producían las paredes del templo inundaba lo envolvían consiguiendo que perdiera los nervios. Un mes entero había tenido que esperar desde su proposición de matrimonio, un mes, cierto que quería que Francisca tuviera la boda que se merecía y siempre había deseado, y que quería verla feliz, pero es que un mes entero sin poder llamarla todavía esposa se había hecho eterno. Daba igual, lo importante era que ya había pasado, que estaba allí frente al altar y a punto de verla, a punto de tomarla como esposa. Todo el pueblo, sorprendido y ciertamente confuso por su enlace, se había decidido a dejarse ver por allí. No todos los días podían asistir a la boda de la Montenegro con el tabernero del pueblo.

- Si llego a saber que esto se iba a llenar tanto- dijo don Anselmo- Hago que os caséis hace mucho tiempo, no había visto junto a tanta gente en la iglesia desde… nunca.
- Padre- Dijo Emilia que acababa de llegar corriendo – Oiga padre aquí no cabe ni un alma más y todavía hay gente fuera esperando para entrar. ¿Qué hacemos?
- Yo… - Raimundo no tenía ni idea
- ¿Y si sacamos unos bancos fuera? Hace un día precioso y así el que quiera asistir pues que se quede de pie.
- Me parece una idea estupenda- Dijo Raimundo


Todo estaba ya dispuesto y todos aguardaban la llegada de la novia. Raimundo ya creía que no podía soportar más la espera cuando un callado murmullo hizo que su vista se dirigiera al final del largo pasillo, al lugar por el que Francisca avanzaba preciosa, etérea, como un ángel, como una aparición, como un sueño… como su sueño. Revoltosos pétalos volaban a su alrededor, aquellas pequeñas gotas de color que abandonaban su refugio en las flores de los cerezos para perderse entre los oscuros cabellos de su melena, suelta, meciéndose con el viento, solo decorada por el adusto velo que cubría parte de su rostro. En aquel momento Raimundo temió que aquello se tratara de nuevo de un sueño, que todo se desvaneciese, que volviese a despertar solo en mitad de la noche. Por aquella razón, cuando tuvo a Francisca cerca, la tomó de la mano para no volver a soltarla jamás.

- Queridos hermanos- comenzó el cura- estamos aquí reunidos para unir en santo matrimonio a Francisca Montenegro y a Raimundo Ulloa. Las Sagradas Escrituras nos enseñan que el hombre ha de ser piados, prudente, que Dios puede ser benevolente a la par que vengativo… podemos aprender muchas cosas de ellas es cierto, pero no tantas como podemos aprender de la historia de amor de los novios. Lo normal sería que yo leyese un pasaje de la Biblia, pero como ya he dicho, no podremos sacar de este mamotreto una historia tan real, tan bella ni un amor tan intenso como el que este par de tercos se profesan. Así que pasemos a los votos. Raimundo.
- Francisca, tú eres mi vida, mi ayer, mi hoy, mi sueño… lo eres todo. No hemos tenido una vida fácil, ni una historia de cuentos de hadas… no hemos sido príncipes, ni logramos vencer siempre los obstáculos que nos puso el camino. Y hoy por fin tenemos nuestro final feliz, como en todos los cuentos, pero el nuestro se ha hecho esperar demasiado tiempo. Treinta años, una vida que hemos vivido separado y que siempre me pesarán como una condena. Porque estar sin ti fue mi condena, fue mi castigo ante el peor error que cometí en mi vida, que fue dejar que nos separasen. Lo sé ahora, como supe entonces que nunca podríamos ser felices el uno sin el otro, porque somos uno, porque tú eres parte de mí, una parte que hace años me arrancaron dejándome vacío, desprotegido… y ahora sé que vivir no merece la pena si no luchas por lo que quieres, si no defiendes lo que amas, si no peleas por lo que crees. ¿Qué ha valido mi vida sin ti? ¿Qué vale el permanecer en silencio viendo cómo te roban lo que más amas, cómo destruyen tu vida poco a poco sin hacer nada por evitarlo? Nada, no vale nada. No vale la pena tener miedo, no vale la pena dejar que el miedo te domine. Yo lo hice, me dejé vencer y me arrepiento, me he arrepentido cada uno de los días de mi vida. Y por eso, aquí, ahora, ante un Dios que no sé si existirá, ante todos los que nos quieren y aprecian y ante ti misma, el amor de mi vida, mi voto es para prometerte, para jurarte que siempre te amaré, pero es que eso no puedo evitarlo, lo que de verdad necesito prometerte es que a partir de hoy sí lucharé siempre lucharé por nosotros, por nuestro amor, por lograr que este loco mundo sea un lugar mejor.
- Tu turno, Francisca
- Raimundo… Yo no te culpo por lo que nos pasó, lo hice en su día, pero si hay algo de lo que de verdad me arrepiento es de haber dejado que el odio y la rabia me cegaran, que nublaran mis sentidos, que me hicieran perderme en mi propia desesperación haciendo que olvidara quién era, cómo era. Y a pesar de todos estos años alejados sigo queriéndote como si el tiempo no hubiera pasado, sigo necesitándote a mi lado como una niña perdida. Porque eso he sido yo todos estos años un barco a la deriva, con el rumbo perdido, atrapado en una nube de niebla que me impedía ver la realidad que me rodeaba, que no me dejaba ver que te amaba, que me amabas, que podíamos ser felices… pero podemos ser felices, tenemos que ser felices. Todavía siento miedo, y por las noches me asalta la duda, el temor, pensando que no merezco nuestro final feliz, que yo no soy la princesa de este cuerpo, no soy la que debe acabar con el apuesto caballero, sino que soy la bruja, el malvado y despiadado ser que le ha robado a otro su oportunidad de ser feliz. Pero Raimundo, yo quiero ser feliz, yo necesito estar a tu lado y poco me importa el mérito, o el pasado o el futuro, ¿qué más da? Demasiado tiempo hemos estado asustados, perdiendo el amor que creíamos no tener. Es el momento de desafiar al mundo, de desafiar a la vida, al destino, a todos. Es el momento de arriesgarnos y saltar desafiando a la misma gravedad y si hemos de caer, caeremos, pero juntos, siempre juntos. Esa es mi promesa, ser yo, la que era, la que siempre he sido aunque nadie, ni yo misma pudiera verlo; y estar a tu lado pase lo que pase, porque es hora de que confiemos en nosotros. Raimundo, este es nuestro final feliz.

- Bien- dijo el cura limpiándose una imperceptible lágrima- Pues si alguien tiene algo que objetar que hable ahora o calle para siempre…

De pronto se escuchó un tremendo estrépito, que hizo que todos los presentes se giraran hacia el origen de aquel aterrador disparo para ver a Pedro con una botella de champán abierta en la mano y la cara totalmente roja.
- Perdón… no se abría- dijo casi sin voz
- Pues, como decía, si nadie tiene…
- Yo objeto …
#6748
Franrai
Franrai
30/03/2012 19:23
Ayer permanecí totalmente fuera de combate. Y hoy al ponerme al día lo primero que me encontré fue que la Paca se tiraba al suelo en el avance jaja ¡Que grande! A ver porqué se tirará.

De los relatos, que hacía unos días también que no los comentaba.

Miri, me encanta. Esperando estoy a que sigas porque me tienes enganchadisima. Adoro a Eugenio y los celos de Raimundo.

Ruth, cuanto me gusta “lo que debió ser”. Ya están juntos, al menos en la misma habitación sonriente

Laury, muy bonito. Me ha enternecido entera el momento “Enredados” jaja A ver como termina el bodorrio.

Os pongo las escenas del capítulo 281

-Raimundo a punto de permitir la muerte de Julieta. Por suerte Juan, en un brote de bondad, dejó a Julieta libre. Esto va a traer consecuencias morales para Rai. (Parte 1, minuto 9:17)

-Pepa informa a Francisca de que la acequia ya está arreglada. Como siempre entre improperio e improperio. (Parte 2, minuto 7:01)

-Raimundo escuchando a Juan y Enriqueta. (Parte 2, minuto 9:45)

-Francisca hace saber a Rosario que a partir de ahora será Emilia la que lleve a cabo sus labores. (Parte 3, minuto 7:20)

-Don Anselmo consolando a Raimundo. Pobre hombre, está destrozado. (Parte 5, minuto 2:48)

C’est fini :)
#6749
Kerala
Kerala
31/03/2012 16:21


Raimundo y Francisca. Lo que debió ser

[/b]


Una puerta. Solo eso le separaba del amor de su vida. Qué irónico. ¿Tal vez la misma que no terminaron de cerrar ambos dentro de su historia inconclusa? Jamás consintió abandonar las esperanzas y los sueños de un futuro a su lado.

Soñar. Que algún día las cosas cambiarán. Que podremos mirarnos a los ojos sin encontrar odio ni rencor. Soñar con un momento. Un lugar. Donde solo volvamos a ser tú y yo.

¿Era pedir demasiado? La vida le había mostrado golpe tras golpe que era una ilusión vivir de fantasías, y sin embargo, se negaba a renunciar a ellas. Cuando lo has perdido todo, hasta tu propia existencia, lo único que te mantiene con vida es el anhelo de que las cosas mejoren.

El ser humano egoísta tenía que verse siempre en una situación límite para abrir los ojos a la verdad. ¿Y cuál era su verdad? ¿Su única verdad? Raimundo. Él era lo único puro que había en su vida, lo único auténtico. Tuvo que ocurrir aquella desgracia para no ser tan cobarde como para poder asumirlo al fin.

Pero ¿estaba dispuesta a asumirlo frente a él?

Sentía miedo. Una risa amarga le brotó del corazón. Miedo ante la persona con la que siempre fue libre. Libre de ser ella misma. Pero el temor ante lo que podía encontrarse inundó de desasosiego su espíritu. Y es que ante una desgracia puede aparecer lo mejor pero también lo peor del ser humano. Sentimientos encontrados que le hacían albergar dudas sobre su presencia allí.

Descansó su frente sobre la puerta que los separaba. Acariciando el pomo, infundándose del valor suficiente para moverlo ligeramente y desafiar por una sola vez, al destino que tanto se había empeñado en herirla.

– Y en un mundo de tinieblas
vaga... y siente miedo y frío.
Y en su horrible desvarío
palpa en su cuello el dogal.
Y cuanto más forcejea,
cuanto más lucha y porfía
Tanto… -.

Anhelos. Deseos disfrazados de silencios. Lágrimas que luchan por salir victoriosas del encierro al que las somete un burdo orgullo que solo muestra aquellos sentimientos que no son los verdaderos. Miradas que narran recuerdos de un pasado no tan lejano.

Me estremezco solo por percibir de nuevo el sonido de tu voz. Esa voz que nunca más creí que volvería a escuchar. Que nunca más creí que volvería a atravesar mi cuerpo haciéndolo vibrar con cada palabra que escapa de tus labios. Cierro los ojos. Solo quiero que tu voz me llene. Que se instale en mis oídos, reteniéndola a mi lado si es preciso para que pueda acompañarme en todos aquellos momentos en los que siento que la vida me asfixia.

– Y cuanto más forcejea, más lucha y porfía… -.

Luchas. Combates por recordar los mismos versos que antaño me leías. Te miro y siento que desfallezco. Deseo hincarme de rodillas y dar gracias a la vida por dejar que te quedaras a mi lado. Un nudo me atenaza en la garganta, quemándome como si del fuego de los infiernos se tratara. ¡Pierdes tu tiempo, orgullo descastado e hiriente! ¿No te das cuenta de que para mí es el paraíso? Amor de mis deseos más profundos, que solo puedo observar cómo te meces mientras una tímida sonrisa se dibuja en mis labios.

– Tanto más en su agonía aprieta el nudo fatal -.

Francisca. Mi pequeña. Mi dulce niña, la dueña de todo mi ser. ¿Tal vez sueño despierto o es tu voz la que me acompaña? Siempre a mi lado, como una marca de fuego en mi piel. En mi alma. Respiro tu aroma a jazmín cayendo rendido a la realidad. Estás aquí. Esta vez no eres un sueño de mi imaginación a pesar de que siempre serás el único sueño de mi alma.

Me duele. Me desgarra el alma pensar que solo has venido a humillarme. A regodearte en mi desgracia. Mi dulce niña. Mi pequeña Francisca. ¿Qué nos hicimos?


– Francisca Montenegro, ¿Cómo te atreves a entrar en mi casa sin mi permiso? -.

Orgullo, ¡habla de nuevo por mí! No permitas que el regocijo que siente mi alma solo por percibir el calor de su presencia junto a mí, me haga olvidar que no deseo su sacrificio. Disfraza de nuevo mis sentimientos. No le permitas ver que aún la amo. Más que a mí mismo.

– Recitas poemas, pero no atiendes a lo que significan. En tu agonía sigues apretando el nudo en vez de aflojarlo -.

Me escondo detrás de mi dura coraza, ocultando a tus ciegos ojos cuánto me ha herido tu recibimiento. Más mis palabras se han escapado antes de que tuviera las fuerzas necesarias para retener su huida. ¿Por qué, amor de mi vida, te empeñas en seguir separando nuestras vidas? Me vence el desaliento. Y sin embargo mi amor guía mi mano, que se pierde en el camino por rozar de nuevo tu piel. De nuevo la daga de tu desprecio parte en dos mitades mi corazón.

– Si yo aflojara tú vendrías a retorcerlo hasta asfixiarme -.

Cuando lo único que me asfixia en realidad es el miedo de saber que puedas avergonzarte de mí. Y sé sin embargo que te estoy hiriendo con mis palabras. Con mi actitud. ¡Lo siento tanto amor mío…! pero esto no es vida para ti. No puedo pretender que estés junto a un hombre incompleto, que lo único que puede ofrecerte es amor. Y sigo hablando. Para alejarte de mí. Para apartar el dolor de no poder perderme en tus ojos.

– Como lo has hecho muchas veces, como lo has hecho ahora y como lo harás siempre -.

Como también sé que yo mismo te he dañado a ti, pequeña mía. Como lo sigo haciendo ahora, justificándome a mí mismo. Haciéndome creer que de esa manera no te dañaré en el futuro. Noto mi pecho lacerado por un dolor tan grande que aún no sé cómo sigo con vida. Y te zahiero con mi desprecio inexistente, pues al único al que se lo profeso es a mi persona. Por herirte creyendo que así te salvo. ¡Perdóname ángel de mis sueños! ¡Perdóname!

– Tú solo te bastas y te sobras para asfixiarte. Yo solo tengo que sentarme a mirar -.

A mirar y a dejarme morir lentamente, pues siento que la vida se me escapa en cada aliento. Tu rencor es tan grande como un día lo fue tu amor por mí. Y solo puedo rogar a mis debilitadas piernas que tengan las fuerzas suficientes para sostenerme, cuando solo quiero descansar. Morir, pues ya nada me queda.
#6750
Kerala
Kerala
31/03/2012 16:21
– Y a eso has venido ¿no? ¡A contemplar el espectáculo de mi desgracia! ¡Hasta que te canses y decidas rematarme! -.

¡Perdóname amor mío! ¡Perdóname pero es lo mejor! ¡Afortunado infeliz que no puedes ver el dolor que se estará reflejando en sus ojos…! Corazón mío no me lastimes más… Mi desgracia será vivir en la penumbra de no ver jamás a la niña de mis ojos. Al único amor de mi vida. Mi desgracia. Tener que vivir sin ti. ¡Es lo mejor, niña mía sí…! Pero mi alma llora lágrimas de sangre. Desgraciado infeliz… desgraciado que rompes su corazón una vez más…

– Si yo te quisiera muerto, ya lo estarías infeliz… -.

¿Es que no te das cuenta de que si tú mueres yo muero? ¿De que el mundo no tiene ningún sentido para mi si tú no estás en él? No me pagues con tus ofensas, amor de mis amores. ¿Tanto daño nos hemos hecho que me crees capaz de querer tu propia muerte? ¿Tanto dolor impregna nuestra historia, que ha sido capaz de borrar aquello que nos unió? ¿Aquello que todavía nos une? ¡No solo son tus ojos los que no pueden ver!

– ¡Tú no me quieres muerto porque me necesitas como enemigo! Necesitas odiarme… ¡Necesitas tramar venganzas y emponzoñar mi existencia para así tu sentirte viva! Si yo abandonara este mundo, tú también lo harías ¡pero por puro aburrimiento! -.

¡Ódiame amor mío…! Ódiame, pues lo prefiero antes que condenarte a una vida de amargura a mi lado… no soportaría escuchar cómo tus mudas lágrimas surcan tu hermoso rostro solo porque no puedo darte la felicidad que mereces. ¡Ódiame! Hazlo tanto como yo ya me odio a mí mismo… ¡Maldito seas destino que me obligas a separarme por segunda vez de ella! Maldito seas…mil veces maldito por no haberme llevado de una vez de este mundo…

– ¿Tan buen enemigo crees que eres? ¡Contigo nunca tuve ni para empezar! Y si sigues ahí sentado es porque me das… pena… -.

¿Pena? Pena la que siente mi corazón en este instante. Dolor desgarrado que me arrebata la vida con cada segundo que te empeñas en herirme con tus palabras y tu desprecio. Pena que me embarga por mi tonta estupidez. Por creer que nuestro futuro podría ser diferente. Por creer que mi felicidad podía encontrarse a la vuelta de la esquina. Te miro y noto morirme. Y sin embargo no me arrepiento de haber contribuido a salvar tu vida. Pues a pesar de todo, tú… mi amor… mi Raimundo…sigues vivo.

– Deberías darme las gracias por tener la decencia de compadecerme de ti -.

Ocúltame de nuevo orgullo… ¡te necesito! Necesito que me protejas de su rechazo. Necesito que tapones la herida que solo sangra a borbotones ante el conocimiento de una esperanza que se descubre perdida. Amor de mi pasado, recuerdos de mi presente… que os cerráis con violencia ante mis ojos, devolviéndome a la realidad de un futuro incierto lejos de su lado.
………………….

Te escucho y no puedo evitar sentirme herido en lo más hondo. ¿Por qué te duele lo que tú mismo has provocado? ¿No es acaso lo que querías? ¡Cállate razón descorazonada! ¡No quiero escucharte más! ¿No entiendes que mi ángel me odia? ¿No comprendes que me lastima ese desprecio que yo mismo he buscado?
……………………

– Si me compadeces es porque te sabes culpable de todas mis desgracias. ¡No ha habido un solo instante en mi vida en el que tú no jugases un papel crucial! Me has envenenado hasta casi matarme… Pero no lo has logrado, ¡ni lo vas a lograr, Francisca! ¡Márchate de mi casa! -.

¡Ruin desgraciado que la culpas por haberle destrozado el alma! Mi orgullo maledicente se impone ante el supuesto honor que me obliga a buscar su bienestar… No puedo soportar la idea de imaginar su rostro desencajado… No quiero escuchar el crujido desgarrado de su corazón partiéndose en mil pedazos… ¡Perdóname Francisca… perdóname por ser un cobarde…!

……………………………..

Mi pulso se paraliza. Mi sangre deja de fluir. Ya no siento el aire llenando mis pulmones. Mi corazón malherido, que salió de su encierro voluntario para correr a tu lado, se deshace a pedazos hasta convertirse en poco más que polvo.

– No solo estás privado de vista… también te has quedado sin juicio, no entiendes nada… -.

Ni yo misma entiendo nada. ¿Qué absurda idea me hizo suponer que aún me amabas Raimundo? ¿Qué broma del destino me hizo pensar que todavía me querías a tu lado? Ya no me sostengo por más tiempo. ¡No soy capaz! Y la sola idea de haber querido desnudar mi alma se me antoja demasiado ridícula en este momento. ¡Qué desatino seguir viviendo de sueños! Me ahogo…

– ¡Aléjate de mí! ¡Fuera de mi casa, Francisca! ¡Fuera! -.

¡Lo siento! Lo siento ángel mío… lo siento, mi Francisca… No puedo soportarlo por más tiempo. Me derrumbo… Me dejo caer para que no puedas ver las lágrimas que queman mis ojos. No puedo sentirme más miserable que en este momento, amor mío… ¡Te odio cruel destino! Viviré odiándote por el resto de mis días…

……………………………..

Te caes. Te derrumbas. Y me desgarra saber que me odias. Que me alejas de tu vida. No puedo dejar de quererte sin embargo, Raimundo. Mi desgraciado corazón herido solo sabe amarte. Late por ti. Vive por ti. Raimundo… mi amor… Mi orgullo se resquebraja al verte derrotado y vuelvo a ser de nuevo yo. Moribunda y desgraciada solo quiero tocarte… una vez más…

– ¡No me toques! ¡No me toques…! -.

No lo hagas niña mía… que tus suaves manos no me rocen o no tendré el valor de alejarte de mi… ¡Por favor mi pequeña…! Por favor…

………………………….

¿Dolor? Creo que mi alma ya ha alcanzado las cotas más altas de sufrimiento. Estoy hueca. Destrozada. Herida de muerte. Respiro porque he de hacerlo. Me mantengo firme casi por inercia. Sé que he de alejarme y sin embargo no puedo hacerlo. ¡Mira Francisca! ¡Mira con tus propios ojos lo que tu venganza ha ocasionado! ¡Sufre! ¡Llora…! Llora por una vida que jamás tendrás. Sola. Sola… a unos pasos de él.


Continuará...

[/b]
#6751
laury93
laury93
31/03/2012 19:16
Vale Ruth bravo bravo bravo bravo bravo bravo bravo
Me quito el sombrero, genial, no solo porque sea super bonito y emotivo y precioso y sea lo qeu siempre hemos querido oir, sino porque esta escrito genial!! o sea bravo No hay mas!
#6752
Nhgsa
Nhgsa
31/03/2012 20:03
Ruth... sin palabras bravobravobravobravobravobravo[bravobravo Sigue pronto por favor.

Y las demás increíbles también bravo Ahora que vuelvo a tener aire por mis vacaciones me encanta leer vuestros relatos bravo Miri y laury seguid pronto por fa.

¡Ay niñas! Es mi primera vez escribiendo un parto jajajajajaja espero que os guste. Le estoy dando los últimos retoques y os lo pongo. Sé que el de Nati está en un momento amargo para nosotras pero aún así espero que os guste. ¡Ah! El padre de Natalia retomará la profesión que el destino le tenía guardado ¡fijo! carcajada

En cuanto a la novela... ¡qué grande la paca tirándose a posta! jajajajajajaja ¡qué bueno!

Y por lo demás... ¡os quiero niñas!¡os quiero muchoooooooooooooooooooooo!
#6753
laury93
laury93
31/03/2012 21:30
Se acerca el final niñas! agarraros a los machos, preparad palomitas, pañuelos y respirar profundamente para no matarme en capitulos sucesivos!

SUEÑOS DEL PASADO

Todos los invitados se quedaron en silencio, incluso el viento parecía querer enmudecer frente a aquella aparición, aquel fantasma del pasado que volvía para atormentarlos, justo entonces, justo aquel día.
- No puede ser- Fue lo único que acertó a decir Francisca

La oscura figuro que había hablado caminó por el pasillo porque el que minutos antes, la novia había avanzado, su rostro permanecía tapado, pero en sus ojos podía leerse el brillo de una maliciosa sonrisa. El sonido de cada paso reverberaba en la mente de Francisca que creía, que deseaba encontrarse en una pesadilla. Hasta que la sombra de su pasado quedó a apenas dos pasos de ella, frente al altar, vestido de negro. Se deshizo del pañuelo que cubría su rostro para descubrir a un demonio regresado de los infiernos, a un monstruo, a Salvador Castro.
- Estás muerto- Balbuceó Francisca
- Puedes ver que no.- Le respondí con su profunda voz
- Pero…¿cómo?
- Es una larga historia. Hace 10 años tuve que “fingir” mi muerte por unos asuntillos que tenía pendiente, y aproveché la oportunidad que la ramera de tu hija y su amante me brindaron cuando me dispararon errando el tiro por completo y me dieron por muerto. Pero me he enterado de que te casabas con Raimundo Ulloa y no he podido evitar venir a felicitarte por tu enlace y a desearte…uy espera, qué descuido el mío, pero si estamos casados. De hecho no puedes casarte con él.
En su rostro podía leerse la diversión que aquel sufrimiento le estaba causando. Francisca no estaba dispuesta a darle esa satisfacción, pensaba casarse con Raimundo aunque para ello ella misma tuviera que dejarse viuda, pero Raimundo se adelantó a sus planes.
- Has estado diez años fuera- Dijo Raimundo. – No tienes ningún derecho para recriminarle que rehiciera su vida.
- Yo no le recrimino nada- contestó Salvador en su clásico tono de burla- Solo le informo que estoy vivo, y, por tanto, no puede casarse. ¿No es así…padre?
- Sí…sí, eso me temo- acertó a decir el cura mirando apenado a los novios.
- Pues entonces habrá que remediarlo- Dijo Raimundo dando un paso adelante
- ¿Qué propones?- Le contestó
- Un duelo. Te reto a un duelo.
- ¿Tú? ¿A mí?...Será divertido. Acepto
- Raimundo, ¿qué haces?- Le susurró Francisca- Te matará, déjalo, me da igual que se me lleve, pero no hagas esa estupidez, te lo suplico.
- No, pequeña, esta vez afrontaré mi destino. – Y dirigiéndose a Salvador dijo- Parece que el mundo quiere que luchemos, y esta vez seré yo el que te plante cara. Así que decide las condiciones.
- ¿Qué tal aquí y ahora?

Antes incluso de acabar la frase, Salvador Castro desenfundó la espada que llevaba oculta tras la inmensa capa negra, blandiéndola contra Raimundo, quien a duras penas logró reaccionar a tiempo empujando a Francisca y apartándose a él mismo para esquivar el filo.
- Padre- le gritó Tristán, lanzándole la espada del uniforme que portaba.
Sin saber muy bien cómo, Raimundo logró tomarla al vuelo, preparándose para la contienda. Los dos combatientes se miraron, retándose sin palabras, caminando en círculos en el estrecho pasillo habilitado para la boda bajo la atenta mirada de todos los presentes. Sin apartar la mirada de los oscuros ojos de Salvador, Raimundo pudo ver cómo Tristán y Sebastián trataban de acercarse a él para ayudarlo.
- Quietos- les ordenó- Esto es algo entre nosotros dos
- Veo que has crecido mucho, Ulloa
Siguieron caminando lentamente, como leones enjaulados, un sepulcral silencio reinaba entre los presentes. Y los dos avanzaban a la espera, tranquilos, como si nada fuera a suceder, con la calma que precede a la tempestad. Sin poder contener más sus ansias asesinas, Salvador Castro se abalanzó sobre Raimundo, el metálico sonido de las espadas al chocar pareció romper cualquier atisbo de calma, y la batalla comenzó. Las espadas chocaban, se retaban, se separaban, en un baile descompasado, que los obligaba a estar atentos hasta del más mínimo detalle de su adversario. Raimundo no tenía la experiencia de Castro, pero estaba decidido a no dejarse vencer, no podía, no ahora que estaba tan cerca de alcanzar la felicidad. En el fragor de la batalla, Salvador logró herirle el brazo abriendo una profunda brecha en su piel, pero Raimundo no podía sentir dolor, ni siquiera era consciente de la calidez de la sangre que se perdía entre sus dedos, solo podía ver los ojos de aquel malnacido que le había arrebatado lo que más le importaba en la vida y que había vuelto para volver a atormentarlo. Confiado en sus habilidades con la espada, Salvador se excedió en el ataque dejando el flanco derecho libre, lo que Raimundo aprovechó para asestarle un golpe en el costado que hubiera podido acabar con su vida si Salvador no hubiera rectificado en el último momento, justo a tiempo para desviar la trayectoria del filo, pero no para impedir que la espada de Raimundo desgarrase la negra tela que cubría su pierna dejando fluir un torrente de sangre. El rojo intenso del líquido que manaba sin tregua de los dos se perdía entre sus pies, mezclándose con el barro. Salvador apenas podía caminar sin gemir de dolor, Raimundo no podía sujetar la espada con el brazo herido, pero aún así la lucha continuaba, pues ya habían olvidado por qué luchaban, por qué vivían, por qué se entregaban en cuerpo y alma a aquel descompasado fragor que los arrollaba, pero les daba igual. Un instinto mayor que ellos mismos, un odio, una rabia que no podían controlar, se había apoderado de sus mentes, haciendo que olvidaran el peligro de la muerte, que dejaran de escuchar los gritos de su alrededor. Y solo quedaron ellos dos, las gotas de sangre estallando contra los pequeños charcos que comenzaban a formar, y el amenazador filo de sus espadas. Volvieron a abalanzarse, el uno sobre el otro, chocando las espadas, fundiendo sus cuerpos, pudiendo sentir la respiración del otro, el putrefacto aliento de Castro en su piel.

- Déjalo ya, Raimundo- le susurró Salvador- Tú nunca podrás satisfacer a Francisca como yo lo hacía

Aquellas palabras enervaron a Raimundo, tanto que solo pudo sentir odio hacia él, tanto que olvidó quién era, cómo era, y aprovechó la debilidad de su contrincante, propinándole una patada en el muslo herido. Presa del dolor, Salvador perdió el equilibrio, lo que Raimundo aprovechó para desarmarlo y lanzarlo al suelo. Castro yacía sobre el oscuro barro que su sangre había creado, mirando a Raimundo sin creerse lo que había pasado, retándolo de nuevo con la mirada, sin querer mostrar el miedo que Raimundo sabía que sentía. Raimundo avanzó hacia él, lentamente, colocando su espada a la altura de la barbilla.
- Dame una buena razón para no matarte- Le espetó Raimundo
- Tú no eres como yo, no serías capaz de matar…y menos a tu hermano.

Vale, se qeu esto lo he usado en el conjunto, pero era tan bueno que no he podido resistirlo!!
#6754
Franrai
Franrai
01/04/2012 14:53
Que dije que lo tendía para ayer, pero terminé rendida lengua A ver, esta escena termina con el capítulo.
Y aquí os voy a dejar decidir. Como ya os he medio comentado voy a hacer pequeñas... "gotillas" que resuman los 13 años que siguen. Sí, son muchos, pero a excepción de una cosilla, no pasa mucha cosa en esos años. El Kitkat que viene ahora es el último. Y a mi me da igual ponéroslo antes de las "gotillas" o después. Así que como veáis vosotras ;)



GOTAS DEL PASADO


-¡Sebastián! ¡Sebastián!- los gritos del hijo de Francisca irrumpieron en la Casa de Comidas llamando la atención de todos los presentes.

-¡Tristán! Pero ¿qué haces aquí, pequeño?- Raimundo les terminó de servir los platos de comida a dos parroquianos. Y se dirigió hacia él.

-Don Raimundo.- exclamó el niño acercándose a prisa al tabernero. Lanzándose a sus brazos. El hombre se agachó para estar a su altura, recibiendo sorprendido el abrazo de Tristán. Y lo acuchó con tanta ternura como tenia para él. A pesar de no ser su hijo quería a ese niño con una fuerza superior a todo. Él era solo el hijo de la mujer a la que más amaba sobre la faz de la tierra, y aun así el afecto que le profesaba era comparable al que sentía por sus propios hijos. -¿Está Sebastián?- preguntó Tristán tras separarse de Raimundo.

-Mmm…- apretó los labios con fuerza moviéndolos en un gesto reflexivo. –Sí. – terminó contestando. –Pero no te voy a decir donde está hasta que tu no me digas que es lo que te trae tan contento.- negoció. Supo que no había hecho un mal trato cuando el pequeño ensanchó su imborrable sonrisa. Se meneó un poco haciéndose el interesante pero las ganas de contarle a aquel hombre, al que apreciaba más que su padre, que tenía una hermana pequeña le podían.

-Soy mayor, Don Raimundo.- dijo provocando el desconcierto del tabernero. Quien frunció el ceño en un cómico gesto. –Soledad.- volvió a pronunciarse. Pero la emoción podía con él impidiéndole expresarse con claridad. –Mi madre ya ha tenido el bebé. ¡Es preciosa!- claro que era preciosa. Francisca siempre fue preciosa en la mente de Raimundo, y en la de todos. Era una mujer realmente hermosa. Mas Raimundo comprendió que el niño no hablaba de su madre sino de su hermana. No supo si alegrarse o por el contrario hacer caso a sus verdaderos sentimientos. Y terminó por sonreírle tiernamente al niño.

-¡Enhorabuena, muchacho!- lo felicitó. -Sebastián tiene que estar en su habitación.- le indicó cumpliendo con su parte del trato. El niño lo miró agradecido. Esbozándole una infantil sonrisa.

-¡Tristán!- la voz del pequeño Sebastián hizo que el Montenegro y Raimundo apartasen sus miradas el uno del otro. Dirigiéndolas entonces hacia la puerta del patio donde el chiquillo, de unos escasos siete años, se encontraba.

-¡Sebastián!- exclamó Tristán al tiempo que corría hacia su amigo. – ¡Es preciosa! ¡Es preciosa!- añadió entusiasmado viendo como Sebastián también se acercaba a él.

-¿Quién? ¡Tu hermana!- dijo el pequeño contagiado por el nerviosismo de Tristán.

-Si.- contestó el mayor.
#6755
Franrai
Franrai
01/04/2012 14:53
-Tristán, no podemos demorarnos mucho. Hemos de irnos.- pronunció Rosario desde la puerta.
Raimundo levantó su mirada al tiempo que se erguía. Dirigiéndose hacia donde la mujer, de la que hasta entonces no se había dado cuenta de su presencia, se encontraba.

-Buenas, Rosario.- saludó el tabernero.

-Buenas tardes, Raimundo.- le devolvió el saludo Rosario. Recolocando la cesta que portaba entre sus brazos.

-¿Habéis de volver ya a la Casona o tienes aún algún recado por hacer?- preguntó educadamente.

-Debería de haberme acercado a la Puebla para encargarle a la Señora unas ropitas para la pequeña, pero Tristán se encaprichó en venir a ver a Sebastián y cualquiera le decía que no. Así que habré de ir en otro momento.- contestó Rosario resignada. Viendo como Raimundo miraba un poco a su alrededor antes de contestar.

-¿A la Puebla? Aún te da tiempo de ir y estar aquí antes de la cena.- dijo el hombre con total convencimiento. Rosario meneó la cabeza.

-Cualquiera separa ahora a estos dos.- pronunció mirando a los pequeños. Que hablaban entusiasmados de sus respectivas hermanas.

-Déjalo aquí.- dijo el tabernero. –Los niños estarán bien, no pasará nada.- añadió adelantándose a la negativa de Rosario.

-No quiero causarte molestia, Raimundo.

-Tristán no causa problema alguno.- sonrió lanzando una mirada hacia el niño. –La que me los da es su madre.- añadió a modo de chanza. Rosario sonrió sabedora de la relación que, en ese momento y desgraciadamente, unía a Raimundo y a Francisca.

-Bueno, en ese caso será mejor que me vaya ya. Que hay un buen trecho de aquí a la Puebla y de la Puebla a aquí.

-Espera.- la paró Raimundo casi sin saber por qué. Rosario lo miró expectante, sin comprender la actitud repentina del tabernero. -¿Cómo está?- preguntó en un susurro. Provocando así que una sonrisa tan hermosa como tierna se posase sobre los labios de la criada.

-Está bien.- respondió tranquilizadora. –Todo transcurrió sin complicación alguna. La pequeña vino sana y como ya le ha dicho su orgulloso hermano, - ensanchó su sonrisa.- es una niña realmente hermosa.- dejó una pausa antes de continuar.- Y Francisca… Francisca está bien.- dijo escuetamente. No quiso dar más información. El parto había salido bien. Y ella seguía fuerte como un roble. Con los típicos dolores de una mujer que acaba de dar a luz, sí. Pero para qué iba a darle más información.

-Me alegro.- pudo pronunciar Raimundo después de observar como Rosario reflexionaba sobre lo que había de contar y lo que no.

-¡La cogí en brazos!- las palabras de Tristán llegaron a ellos. Rompiendo el silencio que se había instalado entre Rosario y Raimundo.

-Marcho ya. Gracias por todo, Raimundo. Con Dios.- dijo Rosario rápidamente a modo de despedida antes de perderse entre las calles del pueblo.

El tabernero apenas le hizo caso. Ni siquiera prestó atención a lo irónico que resultaba aquel “Con Dios” para un ateo como él. Había quedado demasiado preocupado por las palabras de Rosario sobre Francisca. O más bien, escamado por el silencio que hablar de ella le provocó.

-Yo también puedo coger a mi hermana en brazos.- contestó Sebastián a su amigo.

-No.- dijo rotundamente la aludida desde la última mesa de la tasca. Su padre la había sentado allí minutos antes de la aparición de Tristán. Y allí había seguido hasta entonces. Tranquila. Jugueteando con una muñeca de trapo mal hecha, debido esto a la poca habilidad que Raimundo tenia para con las agujas.
Los niños dirigieron su mirada hacia ella. Observado como después de su negativa continuaba hablando con la muñeca como si ésta tuviese vida propia.

Un lazo celeste, a juego con el conjunto que llevaba puesto, recogía en una coleta alta los dorados y rizados cabellos de la niña. En su rostro se posaba una hermosa e imborrable sonrisa. Y con sus tres escasos años de vida, su mirada, oscura y penetrante, llenaba de alegría y entusiasmo a todo aquel que la miraba. Sus mejillas adquirían un tono escarlata con gran facilidad. Maravillando con aquel perfecto conjunto a todo aquel con el que se cruzaba.

-Vamos Emilia…- dijo Sebastián con la voz suplicante.

Emilia les sacó la lengua en un gesto tan divertido como firme.

-¿Qué pasa por aquí?- preguntó Raimundo acercándose a ellos. La pequeña se bajó de la silla dando un pequeño salto, sin soltar en ningún momento la muñeca.

-Sebastián me quiere caer.- dijo con torpeza la niña. Raimundo la cogió en brazos y besó cariñoso su frente.

-¿Es eso cierto, hijo?- le preguntó levantando la ceja. Sin dejar de sonreír en ningún momento.

-No.- negó el niño. Meneando la cabeza a su vez.

-La querías coger, Sebastián.- apuntó Tristán reprochador. Emilia soltó una carcajada al sentir a su hermano pillado por todos. Y el pequeño Ulloa continuó con una expresión en la cara de no haber roto un plato. Raimundo y Tristán menearon la cabeza en un gesto sorprendentemente parecido.

-Y dime, Tristán, ¿cómo es eso de que has cogido a tu hermana?- le preguntó el hombre viendo como el rostro del niño se iluminaba de entusiasmo por contarlo.

Cogió la silla en la que Emilia estaba y, sin soltarla, se sentó con ella. Escuchando así, con detenimiento e interés, lo que Tristán les contaba.

La Casa de Comidas no estaba demasiado llena así que la tarde se pasó sin mayor percance. Observando a los niños jugar tranquilos. Escuchando a ratos sus historias. Sus fantasías. Tristán tenía un ángel. Era demasiado parecido a ella. Capaz de llenar una estancia entera con su presencia. Capaz de cautivar a cualquiera con su animada charla. Con aquel brillo en los ojos tan parecido al de su madre. Con aquella sonrisa encantadora. Tristán se parecía demasiado a la Francisca de antaño. A la Francisca que sin saber cómo cada día la vea más lejana. Tristán se le parecía demasiado. Y tenerlo cerca le ayudaba a no perder el recuerdo de lo que un día pudo ser y no fue. El recuerdo de sus mañanas de risas. El recuerdo de sus tardes de besos y noches de caricias. Aunque unos recuerdos así, nunca podría olvidarlos. Nunca podría borrar de su mente los años en los que verdaderamente fue feliz.
#6756
laury93
laury93
01/04/2012 16:47
Ro, peque! bravobravobravobravoqeu bonito!!!! de verdad, con lo guapos qeu son estos, me los imagino asi de monisimos de peques y dan ganas de comerselos a besos y a achuchones!! precioso como tu, paca de mis amoresguiño

Bueno, Sonia dice qeu le gustan mis comentarios y cmo yo por vosotras hago lo que sea os voy a comentar algo muy interesante (y nada loco no os preocupeis, bueno segun como se mire) Sabeis que me ha pasado hoy? Pues resulta qeu me he ido a montar a caballo para galopar mucho y echar energi qeu si no llego aqui y la lio parda porqeu me siento como un periquito inquieto jajaja, pues el caso es que le iba ganando a mi padre con mi pequeñin (caballo) cuando escuché un grito aterrador qeu proferia un palabrostio qeu mejor no dire. Como soy asi de como soy, paro el caballo y me acerco al hombre y resulta que era un hombre ya mayor, de estos que no tienen na que hacer ya en casa y se habia ido solete a podar un arbl frutal que no es ni la epoca de podar, y se había hecho un tajo en la mano. Cuando he visto tanta sangre... he dicho esta es la mia. Le he lavado la herida con el aguia qeu llevabamos en la cantimplora y cojo sus tijeras de podar y le digo "necesitara una venda" y no el no llevaba na, y cojo y me hago un tajo en la camiseta, ala! mi madre casi me mata al verme. Pero el señor no se ha desangrado y yo le he improvisado un vendaje chachi, chachi. Que os parece? Jajaj, menos mal que llevaba una sudadera, asi qeu no, no he hecho destape!! jajaja.

Que conste qeu lo digo para qeu no penseis qeu soy una malota..AVISO: si hay alguien qeu hoy se sienta sensible, puede que tras leer esto necesite pañuelos o quiera matarme...

SUEÑOS DEL PASADO: Antepenultimo capi


- ¿Mi hermano? ¿Qué tonterías dices?- Le gritó Raimundo- No tengo hermanos, pero tú menos que nadie podrías considerarte como tal.
- Eres mi hermano, Raimundo, por tus venas corre mi sangre, quieras o no.
- ¿Pero cómo… no puede ser?
- No soy tu único hermano… no era tu único hermano. Los gemelos y yo nacimos en un pequeño pueblo asturiano, en la más absoluta de las pobrezas, al cuidado de un padre alcohólico que nos pegaba a la menor oportunidad y una madre… una madre que nos decía que nos quería y que siempre nos protegería, pero que un buen día se escapó para no volver, dejándonos solos, desamparados. Mis hermanos murieron poco después, consumidos por la enfermedad, y yo sé que también, por la pena. Yo me juré en aquel instante, sobre la tumba de mis hermanos, que no pararía hasta encontrarla y vengarme por lo que nos hizo. Tan pronto como fui capaz de plantarle cara, me enfrenté a mi padre, todavía recuerdo su mirada, vidriosa a causa del vino, perdida en mis ojos mientras contemplaba impotente como segaba su vida con mis propias manos, apretando su cuello sin compasión. Después vinieron años duros, en los que aprendí a sobrevivir, cambiando de nombre en cada pueblo, en cada ciudad, para no dejar pistas… podría decirse que me buscaba a mí mismo, y que solía encontrarme en las casas de viejas decrépitas que caían rendidas a mis pies por meros halagos, que bajaban la guardia justo lo suficiente para que pudiera llevarme todo lo que poseían, incluida su vida. Conseguí amasar cierta fortuna, con algunos trapicheos sucios, y creé a Salvador Castro al casarme con la madre de Carlos. El resto, más o menos, lo conoces. Lo que no sabías es que por fin, tras una vida de búsqueda encontré a mi madre, aquí, en Puente Viejo, con otro nombre, como yo, con otro marido y… otro hijo. Aquello acabó de convencerme de que no merecía nada mejor que la muerte, y yo mismo me procuré ese placer asaltándola un día, en el camino al Caserón. Su última palabra fue mi nombre, mi verdadero nombre. A partir de ese momento, cumplida mi venganza y saciada mi sed de riquezas me encontré en un tedio horrible, hasta que me di cuenta de que no acababa de ser del todo feliz y que la razón era que todavía quedaba un culpable por castigar… tú, el hijo que ocupó mi lugar y me robó todo. Por eso porfié en apartarte de Francisca, en quitarte todo lo que tenías y que debió haber sido mío, en hacerte tan desgraciado como yo,

Raimundo escuchó su historia odiándolo más a cada nueva palabra acompañada por aquella pérfida sonrisa.
- Entonces- dijo Raimundo comprendiendo al fin- Tú eres Abel
- ¿Cómo lo sabes?- Por primera vez, era Castro el sorprendido. - ¿Cómo sabes mi nombre?
- Madre me lo dijo. En realidad no era mi madre, mi verdadera madre murió al nacer yo, ella se casó con mi padre años después, pero siempre la quise como tal. Y cuando tuve edad suficiente me contó que hacía años se había visto obligada a abandonar a sus hijos, Abel, el mayor; y los traviesos gemelos, Mateo y Pelayo. Y que cada día lamentaba haberse marchado y os echaba de menos, pero su marido… tu padre, un ser según ella despreciable, terrible, sin escrúpulos, la golpeaba cada día con más fuerza, llegó a temer por su vida, aún así, pretendía quedarse pues prefería ser ella la golpeada a que lo fuerais vosotros mas… Un día tu padre la sorprendió hablando, solo hablando con un hombre que andaba perdido, ebrio de vino como iba la obligó a marcharse y a jurar que no volvería, que se iría lejos de vosotros porque decía que no quería que sus hijos vivieran con una ramera. Ella intentó volver, pero él siempre se lo impedía, golpeándola hasta dejarla medio muerta tirada en algún camino, hasta que amenazó con haceros lo mismo a vosotros si seguía empeñada en volver y tuvo que marcharse para siempre.
- No puede ser…Mientes, tienes que mentir.- Toda su vida, todo por lo que había luchado, todo lo que había hecho para vengarse no había servido de nada aquello significaría que toda su vida era una mentira… y no podía aceptarlo.
- Pero decías la verdad en algo, yo no soy como tú.

Hastiado de la imagen de aquel ser despreciable, Raimundo se dio la vuelta para dirigir una sonrisa tranquilizadora, que de pronto, tras un desgarrador grito se tornó en una muestra de dolor.
- ¡Mientes!
#6757
laury93
laury93
01/04/2012 16:47
Aquel fue el grito de Salvador mientras se alzaba imponiéndose a su dañada pierna para asestarle una puñalada por la espalda a Raimundo. Inundado por el dolor que comenzaba a trepar por su costado, Raimundo se giró para devolverle el golpe a Salvador, clavando su espada en el vientre de su verdugo perdiéndose en aquellos ojos vacíos, sin vida, sin esperanza.
- No puede ser que mi vida acabe así…- Susurró Salvador justo antes de desplomarse, inerte en el suelo.
- ¡Raimundo!- Escuchó él retumbar en sus oídos mientras caía al suelo, sintiendo que sus fuerzas lo abandonaban lentamente.

Las piedras del suelo se clavaron sobre su piel mientras notaba cómo la sangre brotaba de su interior sin cesar.
- Raimundo- Volvió a gritar Francisca arrodillándose a su lado- Raimundo no te mueras, no me dejes, por favor, Raimundo… aguanta por favor, aguanta…
- Francisca…- susurró él con esfuerzo- te quiero.
- Y yo a ti, yo ti mi vida, más que a nada, pero no hables, guarda las fuerzas. Todavía te quedan muchos años para decirme que me amas. Por favor Raimundo- le rogaba ella sin parar de llorar- Raimundo no te mueras, no podría vivir sin ti, no podría… por favor Raimundo no me dejes, no me dejes, resiste, hazlo por mí, hazlo por la vida que nos han negado una y otra vez, que nos pertenece. Por favor, Raimundo, ya casi lo tenemos, casi lo tenemos.
- Padre…padre- volvió a susurrar él- cásenos- dijo tomando la mano de Francisca, sin apartar la mirada de ella- cásenos
- Raimundo no digas tonterías- le dijo ella- nos casaremos, cuando te pongas bien, tú ahora solo piensa en recuperarte, en quedarte a mi lado.
- Si he de morir…
- No digas tonterías, no te vas a morir, no te puedes morir, no lo permitiré…
- Francisca, amor mío, no quiero irme de este mundo sin que seas mía.
- Raimundo, yo siempre, siempre he sido tuya y solo tuya….Está bien. Cásenos, padre- dijo ella
- Si nadie más tiene nada que añadir- siguió el cura sin saber muy bien qué hacer- Yo os declaro marido y mujer, podéis besaros.

Francisca lo miró, viendo cómo su rostro empalidecía a cada segundo, cómo sus ojos perdían lentamente el brillo, y las perlas de sudor que poblaban su frente, temiendo que aquel último beso que sellaba su unión acabara sellando su vida. Se acercó más a él, sintiendo los escalofríos que sacudían el cuerpo de Raimundo fundiéndose con su propio temblor, sintiendo su cálido aliento, tratando de apartar el pensamiento de que sería la última vez.
- Te quiero más que a mi vida- Dijo Raimundo justo antes de que sus labios se unieran en un dulce y suave beso- Sé…sé feliz mi amor…
- ¡Raimundo!
Un grito desgarrador surgió de lo más hondo de su alma al notar como la presión de la mano de Raimundo disminuía hasta desaparecer.
- Raimundo, por favor, no…no te mueras, no puedes dejarme, no ahora, no me dejes, Raimundo. Raimundo vive, por favor, vive, Raimundo háblame, no te duermas, no te duermas. Raimundo… por favor… mi vida no tiene sentido sin ti, ya me dejaste una vez, perdida, sola, sin tener a nadie, ni nada más que tu recuerdo para acompañarme en la soledad de las noches. La vida nos ha negado nuestro final feliz por mucho tiempo, pero ahora lo tenemos, ya lo tenemos, lo tenemos…Raimundo…Se suponía que esta vez íbamos a ser felices, que íbamos a envejecer juntos ¿qué hemos hecho para merecer esto? Raimundo, mi amor, vive… hazlo por nosotros, hazlo por mí. – Pero él no respondía, no reaccionaba y su piel iba perdiendo lentamente su calor- No me lo quites ahora- gritó de pronto al cielo- No ahora, y si te lo has de llevar, llévame a mí también, pero no nos separes, no nos separes otra vez, otra vez no, no podré soportarlo. Raimundo…

Todo se tornó difuso, como una nube, como una pesadilla, Francisca sintió unas manos que tiraban de ella para apartarla del cuerpo de Raimundo, pero no podía permitirlo, no podía alejarse de él, no quería dejarlo, no quería que se marchase.

- No, no, soltadme, dejadme a su lado. ¡No te vayas! No me dejes- rogaba sin cesar
- Madre, hay que llevarlo al consultorio, madre…

Pero ella ya no podía escuchar nada, no podía ver, ni sentir nada…nada excepto un oscuro y profundo abismo que comenzaba a abrirse en su corazón.

mejor no hago comentarios, continuara...
#6758
martape
martape
01/04/2012 17:01
Maravillosas historias, pero LAURY alma de cántaro como se te ocurre dejarnos así??
Raimundo no puede terminar así, resucitale o hazle lo que haga falta pero tiene que disfrutar de su felicidad, recientemente conseguida.

P.D: ME HA ENCANTADO LA AYUDA QUE PRESTASTE A ESE SEÑOR, en cosas como estas se demuestra el buen corazón.

CONTINUAD TODAS VUESTRAS HISTORIAS, QUE ESTOY IMPACIENTE POR LEERLS..
#6759
Kerala
Kerala
01/04/2012 17:13
Rocio, t adoro!! qué ganas tenía de leer tus gotas.
En cuanto al kit kat, pues yo tengo ganas d leerlo ya. Que andamos un poco bajas, y sobre todo perdidas. Creo que nos vendría de maravilla! A ver qué opinan las demás.
Maravilloso como siempre bravo
#6760
Kerala
Kerala
01/04/2012 21:04
elrincondefranciscayraimundoesteamorsemereceunyacimientotundatundagraciasmariayramon

No puedo decirte más,siamesa
Anterior 1 2 3 4 [...] 335 336 337 338 339 340 341 [...] 376 377 378 379 Siguiente