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El Rincón de Francisca y Raimundo:ESTE AMOR SE MERECE UN YACIMIENTO (TUNDA TUNDA) Gracias María y Ramon

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samureta
samureta
08/06/2011 23:44
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No existe amor en paz. Siempre viene acompañado de agonías, éxtasis, alegrías intensas y tristezas profundas.

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#6701
Franrai
Franrai
24/03/2012 10:29
GOTAS DEL PASADO

Los primeros rayos del sol se colaron entre las cortinas acariciando a Francisca con su calidez. A aquellas caricias se unieron las pequeñas manos de Tristán que recorría con la yema de sus dedos la suave piel del rostro de su madre. Ésta se removió aún en sueños al notar aquellas dulces cosquillas.
El pequeño sonrió al verla moverse presintiendo que de un momento a otro despertaría. Miró hacia atrás buscando con la mirada a Rosario. Ésta mecía a la pequeña recién nacida tratando que calmase su llanto.

-¿Por qué llora, Rosario?- le preguntó Tristán levantándose de la cama de su madre y acercándose a ella.

-Tiene hambre.- contestó la mujer totalmente segura, pues otra cosa no le faltaba.

-Voy por un poco de leche.- dijo Tristán, entusiasmado con la idea de comenzar a ejercer como hermano mayor.

-No, pequeño.- lo paró Rosario. -Para que tu hermana coma tu madre habrá de despertar primero.- explicó escuetamente. Tristán frunció el ceño sin entender claramente lo que Rosario le había dicho. Iba a refutar pero el suave quejido de Francisca lo hizo callar y dirigir su mirada hacia ella. Sin saber verdaderamente a cuál de las mujeres atender, miró a su hermana y viendo como ésta terminaba de hacer los últimos pucheros de su llanto decidió volver con su madre. Saltando sobre la cama para quedar sentado junto a ella. Viendo como restregaba su rostro con la mano, terminando de despertarse.

-Mamá, mamá.- la llamó entusiasmado.

-Tristán.- sonó la voz correctora de Rosario desde atrás. Indicándole con aquel deje que no forzase a Francisca.

-Mamá.- volvió a decir el niño ignorando a la buena mujer.

-Tesoro.- pronunció Francisca entre tierna y aún quejicosa. Miró a Tristán sonriéndole levemente. El niño se lanzó a sus brazos tumbándose sobre Francisca. Abrazándola y depositando dulces besos sobre su mejilla. Estaba feliz. Contento por haber podido ver al fin el rostro de su hermana. Francisca reprimió el gemido que estuvo a punto de salir por su boca por el peso que Tristán ejercía sobre su aún dolorido cuerpo. -¿Qué haces aquí, mi príncipe?- le preguntó con ternura mientras el niño se separaba un poco, quedando sentado sobre la cama.

-Quería ver como estaban.- respondió el niño. Francisca acarició fugazmente el rostro de su hijo. Intentando, después, hacer fuerza con los brazos pasa incorporarse.

-Espere, Señora.- dijo Rosario. –Tristán, ¿quieres coger a tu hermana?- le preguntó al niño sin percatarse de las connotaciones que aquella frase tenia para Francisca. Tristán, también ajeno a esto asintió felizmente sintiendo que no podía estar más orgulloso ante la responsabilidad.

-¿Hermana?- pronunció Francisca en un susurro. -¿Ha sido una niña?- preguntó.

-Sí, madre.- respondió en niño. -¡Es preciosa!- terminó exclamando entusiasmado. Esperando que Rosario colocase a la pequeña entre sus brazos.

-Siéntate ahí, Tristán. Y ten cuidado.- después de darle aquellos consejos que más fueron órdenes, Rosario le tendió a la pequeña. Acercándose, tras cerciorarse de que la niña no corría peligro, hacia Francisca. Ayudándola a incorporarse.

-¿Qué ha dicho Salvador?- le preguntó Francisca a Rosario. Temerosa de la reacción que el Castro hubiese tenido.

-Nada, solo dijo que era una niña muy guapa.- contestó Rosario como si nada. La Montenegro la miro sin creérselo del todo. Mas no quiso seguir dándole importancia. Era una niña, sí. Una mujer que sufriría los golpes de la vida por ser así. Pero la educaría para que nadie consiguiese pisarla. Para que nadie se burlase de ella.

-Déjamela ver.- dijo Francisca. Justo en ese momento la niña emitió un par de gemidos y al segundo siguiente estalló en llanto con una fuerza mayor si cabe a la vez anterior. Tristán la miro sintiéndose culpable del lloro de su hermana.

-Dame, Tristán.- Rosario cogió de nuevo a la niña y se la dio a Francisca. Quien la acomodó tiernamente en sus brazos.

-Hola, mi niña.- le susurró. Meciéndola para que dejase de llorar. Diciéndole dulces palabras. Cariñosa. Quedó embobada al ver la belleza que desprendía aquella criatura que tenía entre sus brazos. Su cabello, que aún no era más una simple pelusilla, mostraba un tono claro, color oro. Tenía los ojos cerrados por lo cual le fue imposible ver el color de estos. Su nariz, parecida más bien un pellizco, estaba fruncida por el llanto. Y sus finos labios no paraban de moverse al llorar. Tranquilizándose ahora. Mostrando poco a poco la tranquilidad de sentirse entre los brazos de su madre. –Mi niña preciosa.- pronunció Francisca contemplando el rostro relajado de su hija. –Mi otro tesoro.- le dijo. –Mi pequeña Soledad.- terminó pronunciando.

-¿Soledad?- preguntó Tristán extrañado. Francisca, asegurándose de que la niña estaba bien sujeta con un brazo, tomó la mano de su hijo con la que ella tenía libre. Sonrió. Contestándole así a Tristán. –Pero…- quiso decir el niño nada convencido con las implicaciones que aquella palabra tenía. Mas, ver la mirada que su madre le dirigió a la niña y el saber que él la quería con toda su alma, terminó por hacerlo. Se acercó un poco más hacia ellas. –Hola, Soledad.- le dijo con una sonrisa. Y la pequeña, lejos de devolvérsela, hizo ademán de romper otra vez el llanto. –Jo,- pronunció Tristán fuertemente. Exasperado pues cada vez que se acercaba a su hermana, ésta terminaba gimoteando. –mi hermana no me…- su madre sonrió.

-Tu hermana tiene hambre, Tristán.- lo interrumpió antes de que terminase aquella frase. Con maestría la mujer se descubrió el pecho y comenzó a dar de comer a la niña. Tristán quedó callado. Entendiendo solo entonces lo que Rosario le había dicho minutos antes.

Pasó un rato en el que Tristán no dejó de adorarlas con la mirada. Francisca lo miraba de reojo y no podía evitar que una sonrisa se posase en su rostro.

-Madre,- la llamó el niño rompiendo el silencio. -¿podemos ir esta tarde a pasear?- preguntó. Deseoso por salir a la calle y enseñar a su hermana a todos. Francisca ensanchó su sonrisa y lo miró.

-Si quieres ir a dar un paseo con nosotras aún tendrás que esperar un par de días.- contestó.-Pero si quieres puedes preguntarle a Rosario si quiere ir contigo.- dirigió su mirada hacia la criada que le respondió con una sonrisa. El niño quedó desilusionado pero aquella idea tampoco era tan mala. Al menos podría relatar a su amigo Sebastián la belleza de su hermana y decirle orgulloso que la había cogido en brazos. Sí, aquella idea no estaba nada mal.
-¿Podemos ir, Rosario?- formuló levantándose a su vez de la cama. –Por favor.- empleó un tono demasiado irresistible por lo que la criada, ya convencida de antemano, terminó asintiendo.

Francisca sonrió al ver como su hijo pegaba botes de alegría ante la respuesta de Rosario.
Dirigió su mirada hacia Soledad y acarició su rostro mientras terminaba de comer. La pequeña se parecía terriblemente al Castro. Al mirarla no podría evitar que aquel temor, asco y odio que sentía hacia Salvador, le afectase a ella de alguna manera. Era su hija, y por supuesto la quería con todo su corazón. Mas nunca sentiría lo mismo por ella que por Tristán, hijo este de su gran amor. Una sombra de culpabilidad por pensar aquello la acechó.

Pero por desgracia, el tiempo no hizo más que darle la razón.
#6702
Kerala
Kerala
24/03/2012 12:20
Escena subida al canal

#6703
Kerala
Kerala
24/03/2012 14:11
Rocio!! me encanta! una escena preciosa. Me encanta ver la relación entre Tristán y su madre.
Sigue pronto guiño


TU AMOR ES MI CONDENA

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Minutos que se le hicieron eternos pasaron hasta que la puerta del dormitorio se abrió por fin, dando entrada a Raimundo seguido de Pepa y Rosario. Raimundo corrió hacia la cama, tomando su mano con fuerza.

– Tranquila, mi amor. Pepa ya está aquí -. Le acarició la frente, perlada de sudor. – Todo irá bien, ya lo verás -.

Pepa, que se había detenido junto a Rosario terminando de preparar todo lo necesario para el inminente parto, se acercó a ellos, rogándole a Raimundo que abandonara la habitación.

– Pero… -.

– Pero nada Raimundo. Nada puede hacer usted aquí más que estorbar -. Le costó un mundo separarle de la cama de Francisca, pero en esos momentos era lo mejor. – Cuando todo haya ocurrido, usted será el primero en saberlo -.

– Raimundo, no le discutas y márchate, por favor… -. Un grito ahogado se escapó de la garganta de Francisca cuando una nueva contracción llegó.

– Te quiero, princesa. Te quiero… -. Le gritó Raimundo desde la puerta antes de salir.

Pepa fue entonces hacia Francisca, palpando su vientre y levantando después el camisón para comprobar que todo estaba como debería ser.

– Señora, está preparada. Pero antes… -. Tragó saliva antes de continuar. Tomó aire, llenado sus pulmones y prosiguió. -…antes tengo que contarle algo… -.


********************

4 meses atrás…

- Tristán, he de hablarte de algo importante -.

Pepa estaba realmente preocupada y no sabía cómo revelarle a Tristán lo que había descubierto apenas una hora atrás, cuando Francisca estuvo en su consulta para una nueva revisión.

– Se trata de tu madre y de su embarazo -.

Tristán la miró con el ceño fruncido. Asustado por la expresión de Pepa. Algo ocurría.

– ¿Qué sucede? ¿El niño está bien? ¡Habla, por Dios! Me estás preocupando… -. Tomó sus manos visiblemente nervioso. – ¿Es que acaso algo va mal? -.

Pepa le miró de frente. – Todo va bien, Tristán -.

– ¿Entonces? -. La arrastró hacia el sofá, tomando asiento ambos. – Por tu rostro sé que algo ocurre. Dime de qué se trata -.

– Examiné esta tarde a tu madre y… -. Le miró de reojo, pero decidió que lo mejor era soltarlo todo de golpe. – Hay dos Tristán. Tu madre está esperando dos bebes -.

El joven abrió los ojos como platos. – ¿Dos? -. Casi gritó. Se dejó caer de espaldas sobre el sofá, deslizando la mano por su frente. – Dos… bebes… -. Miró a Pepa. – ¿Estás segura? -.

– Completamente, Tristán. No me he atrevido a decírselo, debido al estado en el que ella se encuentra todavía. Pero debe saberlo. Tenemos que decírselo. A ella y a… Raimundo -.

Tristán no sabía si reír o llorar. De felicidad, por supuesto. Pero temía la reacción de su madre y que esta pudiera afectar a su embarazo. Lo mejor era no decir nada por el momento.

– No diremos nada Pepa -. Se puso en pie. Ella le miraba atónita.

– ¿No quieres contarle nada? ¿Te has vuelto loco? -. Le siguió. – Tienen derecho a saberlo -.

Él se volvió a ella, mirándola preocupado. – Tú has visto cómo está mi madre Pepa. Solo ahora parece que empieza a remontar. Su estado está muy avanzado y si le contamos que está esperando dos bebes puede que la impresión le afecte sobremanera -.

Pepa suspiró. – ¿Y Raimundo? ¿Tampoco piensas contárselo a él? -.

– Créeme Pepa, es lo mejor. Si todo va bien y sigue su curso, ya se enterarán cuando llegue el momento -. La abrazó sonriente, deseando haber tomado la mejor decisión para su madre.


******************************

– ¿Me estás diciendo partera, que estoy esperando dos bebés? -. Francisca no se lo podía creer. Pero poco pudo detenerse a pensarlo, pues una fuerte contracción más aguda que las anteriores, le hizo gritar de dolor. – ¡Maldita seas, partera! ¿Cómo has podido ocultármelo? -.
#6704
Kerala
Kerala
24/03/2012 14:11
– Ya me maldecirá en otro momento, Señora. Pero ahora tiene que empujar cuando yo le diga ¿entendido? ¡Empuje! -.

Un grito de Francisca acompañó a su acción. Rosario mojó un paño de lino en agua fresca y se lo pasó por la frente. – Ánimo Señora. Haga un esfuerzo más -.

– Doña Francisca -. La llamó Pepa. – Veo la cabeza. Empuje con fuerza esta vez… ¡Ahora! -.

Aquel último empujón fue seguido del dulce llanto de un bebé.

– ¡Es una niña! -. Sonrió emocionada Rosario, que se acercó presta a cogerla entre sus brazos. Con inmensa ternura – Es preciosa Señora. Una princesa -.

Francisca cerró los ojos emocionada. Estaba muy cansada por el esfuerzo. – Mi niña… -.

– Ya la verá después Señora. Necesito un último esfuerzo. Un empujón más. El otro bebé está asomando la cabeza -.

Apenas le quedaban fuerzas. Estaba agotada, pero aun así sacó energía de donde no la tenía. Y empujó. Con todas sus ganas.

– Así es, Doña Francisca -. La animó Pepa. – Ya está. ¡Lo tengo! -. Tomó al bebé entre sus brazos. - ¡Es un niño! -.

Francisca rio de alegría antes de cerrar los ojos y caer rendida sobre la cama.

...................................

En el salón, Raimundo no hacía más que dar vueltas de arriba a abajo. Poniendo nerviosos a Tristán y Soledad, que le observaban sentados desde el sofá.

– Padre por favor, ¿quiere tranquilizarse? ¡Todo irá bien! -.

Al menos, eso esperaba. Aún no le había contado la pequeña sorpresa que le esperaba. El timbre de la Casona sonó y Mariana fue a abrir. Eran Emilia acompañada de Alfonso y Sebastián y de la pequeña Natalia, que iba en brazos de su padre. La joven se acercó corriendo hasta Raimundo y lo abrazó.

– ¿Cómo está? ¿Se sabe algo? -.

– Nada todavía Emilia -. La saludó Soledad. – Sentaos, por favor -. Con un gesto, les hizo pasar al salón. – Hola Sebastián… -. Le saludó con timidez.

Con sonrisa nerviosa y con la misma timidez, la saludó también el joven Ulloa. – Hola Soledad -.

Oyeron pasos por las escaleras. Rosario apareció entonces con un bebé en los brazos. Raimundo se acercó con rapidez a ella. Terriblemente emocionado. Antes de tomarlo en sus brazos, quiso saber de su pequeña.

– Francisca… ¿está bien? -. Susurró.

La mujer sonrió. – Perfectamente. Ahora descansa -. Con un gesto, le pasó al bebé, poniéndole en sus brazos. – Aquí tiene Raimundo. Una preciosa princesita -.

Él miró a Rosario con lágrimas en los ojos. – ¿Una… una niña? -. Y entonces, miró embobado a su hija. – Hola mi niña… -. Le musitó. – Soy yo…Papá… -. Se giró hacia los presentes con la niña en brazos. – ¿Es preciosa, no es cierto? -. Les dijo. Después, volvió a dedicar toda su atención a su pequeña. Depositando un beso sobre su frente. – Tan preciosa como su mamá -.

– Esto… Raimundo… -.

La voz de Pepa le hizo levantar la cabeza. Cuando se giró, vio a la joven con… ¿otro bebé?

Estupefacto, abrió los ojos como platos. No sabía qué decir… Pepa se acercó a él, dejando que viera al niño.

– Le presento a su hijo. Un niño precioso. Sano y fuerte -.

Raimundo, con la boca abierta alternaba la mirada entre ella y el bebé. – Mi… ¿mi hijo? -. Comenzó a respirar con fuerza. – Creo que… creo que tengo que sentarme -.

Ayudado por Tristán y Emilia, Raimundo llegó hasta el sofá y se sentó, con su pequeña princesa entre los brazos. Segundos después, Pepa le ofreció al niño, que ocupó el brazo que le quedaba libre. Los miró a ambos, que dormían plácidamente entre sus brazos. Y sintió que el amor por ellos le desbordaba el corazón.

– Mis hijos… -. Musitó lleno de alegría. – Mis hijos… -.


Continuará....

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#6705
soyi
soyi
24/03/2012 15:56
RUHT : Tengo que reconocer que me has dejado sorpredida lo de los dos bebes que buena eres mi niña jajajajaj. haver cual sera la siguiente sorpresa

UN BESITO
#6706
laury93
laury93
24/03/2012 16:24
hola!!!Lo primero
Ro qeu bonito!! esos momentos family son geniales, qeu bonito!!! lo he dicho ya? jajaja, me ha encantado!

Ruth tenemos premio doble?? jajaja, qeu cucada todo, no se por que me daba a mi qeu ibamos a tener un 2x1 pero me ha encantado!

Bueno, yo hoy estoy intentando portarme bien y estudiar, pero os dejare un capi porque viendo lo leido seguro que estais todo el dia suspirando y diciendo "ay qeu bonito" pues ya llego yo para daros un poco de marcha! os acordais qeu anuncie pelea en el barro...jejeje

SUEÑOS DEL PASADO


- No sé que es mejor

La voz de don Anselmo los separó de su prolongado beso, momento que aprovecharon para respirar. No hubiera sabido el tiempo que llevaban abrazados, besándose desesperadamente olvidando que el aire existía, y sobre todo que lo necesitaban para vivir, porque en aquel momento solo se necesitaban el uno al otro. Al escuchar al cura, separaron por fin sus labios sin dejar de rodear al otro con sus brazos, para mirarlo.

- Decía que no sé si es mejor- repitió el cura- si que estéis enfadados y os insultéis o que os reconciliéis y os matéis a besos. Al menos parece que se ha obrado un milagro y os ha entrado en la sesera que vuestro enfado era un despropósito.
- Eso depende de cómo se mire- dijo Francisca.
- ¿Otra vez, Francisca? – dijo el cura cansado de sus enfados
- No me entienda mal, pero yo sigo sin ver un diamante en mi dedo.
- Yo sí que veo uno en el mío- dijo de pronto una voz a sus espaldas- lo que me falta es el novio.

Raimundo y Francisca se giraron a la vez para descubrir a Águeda todavía vestida de novia seguida de un séquito de parroquianos y pueblerinos encabezados, como no, por el alcalde y su esposa.

- ¿Qué hace esta aquí?- preguntó Francisca separándose bruscamente de Raimundo
- Lo mismo podría decir yo- respondió Águeda desafiándola con la mirada- Vaya, ya veo que no pierde el tiempo, en cuanto ha conseguido volver a andar ha corrido a los brazos de mi prometido
- A lo mejor él ha corrido a los míos- dijo ella acercándose a la novia
- Lo dudo mucho, por qué iba Raimundo a quererte a ti, teniéndome a mí ante el altar
- Eso pregúntaselo a él, que es el que te ha plantado
- Pero al menos conmigo se ha comprometido, no pienses que un momento de duda significa que te quiere.
- ¿Perdona?- dijo Francisca- ¿me vas a decir que te quiere a ti, después de haberte dejado en el altar?
- No me hagas reír. ¿No me digas que la gran Francisca Montenegro ha creído de veras que Raimundo me había dejado por ella?
- Yo…- espanto de mujer, mira, que la sujetasen porque le iba a meter el moño por el lugar en el que las señoritas no piensan
- Raimundo no me ha plantado, ha salido un momento a tomar el aire
- Claro y por eso has salido a perseguirle con el pueblo detrás. Me parece que te han dado más calabazas que a la Cenicienta
- Al menos yo no soy una lagarta que va restregándose con los prometidos de otras- dijo Águeda acercándose más
- ¿qué me has dicho?
- ¡Lagarta!
- Uy, esto no se queda así espantapájaros esmirriada
- Pero será…. Cacique prepotente
- Siesa
- Siempre va de luto
- Y tú pareces un merengue pasado- le gritó Francisca

Aquella tensión era demasiada, todos las miraban expectantes si llegar a sospechar lo que podía pasar. Sin saber muy bien no cómo ni quién empezó, Francisca y Águeda se lanzaron la una contra la otra agarrándose de los moños.

- Suéltame so bicha- gritaba Francisca
- No vas a tocar a mi hombre- decía la otra
- Es tan tuyo como este moño postizo- dijo mientras le arrancaba el repollo que llevaba por peinado riéndose con la desorbitada mirada de Águeda
- ¿cómo te has atrevido?
- Aprovecha para hacerte una ensalada.

Sin mediar palabra, Águeda se abalanzó sobre Francisca cayendo las dos al barro, donde comenzaron a revolcarse prodigándose toda clase de golpes bajos, mezclando sus siluetas con aquella marrón pasta que ya las cubría por completo.

- Chicas, parad- Gritó por fin Raimundo intentando separarlas.

El cura consiguió agarrar a Francisca, mientras el alcalde se las deseaba para inmovilizar a Águeda.

- Raimundo- gritó Águeda- dile a esta mujer que te vas a casar conmigo y que esta pequeña huida ha sido un error.
- Yo…
- No- dijo Francisca- informa a este pastelito que nunca la has querido.
- Bueno, yo…
- ¿Qué?- gritaron las dos a la vez
- No puedo creer que encima dudes- dijo Francisca- pues quédate con este mal intento de tarta rellena.
- Pero Francisca….- dijo él
- Ni peros ni peras… hombre ¡ya está bien Raimundo! Lo tuyo… no lo nuestro es un sin vivir, 30 años esperándote para que te prmetas con otra y encima, justo cuando estábamos alcanzando la felicidad que la vida nos negaba, tú DUDAS. Pero como puedes ser tan extremadamente cazurro.
- Francisca…
- No me digas nada, no digas nada que me caliento y no respondo…Pues que sepas que yo también puedo rehacer mi vida y no me importa un comino lo que hagas tó con la siesa esa.

Francisca se giró hacia don Anselmo que todavía la tenía agarrada impidiendo que se abalanzara sobre Raimundo o Águeda, pero no pudo evitar que Francisca se arrojara sobre él, devorando sus labios con una ansia que el pobre cura nunca había experimentado, sintiendo su lengua, sus manos, su aliento y dejándose llevar por la tentación que suponía aquella mujer. Al sentir que ella se separaba se quedó sin habla, sin poder moverse, paralizado, sobrecogido. Al igual que todos los presentes. Francisca miró a Raimundo, que no acertaba a decir una palabra. Se acercó a él y le plantó una sonora bofetada en la mejilla.

- Y por cierto, cuidado con la escoba que parece que le hayan metido a la bicha por el… ya sabes.

Y dicho eso se marchó dejando a todos los presentes sin habla. Solo Tristán reaccionó y comenzó a andar tras ella hacia la Casona.

- Bueno, Raimundo, mejor será que sigamos con la boda- dijo Águeda
- Pero Águeda, yo no quiero casarme contigo, lo siento mucho….
- ¿Cómo? – sin esperar respuesta, Águeda avanzó hacia él dejando la marca de su mano en el lado que no había sido ya ocupado por la bofetada de Francisca.
- Pues que sepas que yo no te necesito para nada, tú te lo pierdes.

Águeda comenzó a andar hacia el lado contrario por el que Francisca acababa de irse, pero antes, para demostrar sus palabras, agarró de las solapas de la chaqueta al pobre alcalde plantándole un empalagoso beso en los labios bajo la mirada atenta de su señora.

- Pero Pedro- gritó Dolores
Aunque él no podía hablar. Águeda se marchó como si tal cosa dejando a Raimundo con la cara colorada y más solo que la una, otra vez.

Jajaja, no he podido evitarlo!! pero despues de esto viene ya lo romanticon de verdad! Besos guapetonas mias
#6707
Nhgsa
Nhgsa
24/03/2012 19:09
Aquí os dejo otro capítulo de la historia de Aranjuez.

Después de lo vivido los ánimos se calmaron en la Casona. Estefanía y su madre accedieron a quedarse a pasar la tarde ahí y cenar. Raimundo necesitaba descansar después de lo poco que había dormido y comido estos días y, como es natural, se quedó en el dormitorio de Francisca.
Ella no podía dejar de mirarle. ¿Cómo había podido dudar de él? No había parado hasta conseguir liberarla y así lo había hecho. Además, iban a tener un hijo. ¿Se podía pedir más? Le miraba embobada viendo su respiración acompasada y su rostro. Tenía ganas de lanzarse a él y llenar su cuerpo de besos. Con cuidado se acurrucó a su lado y le acarició el rostro con ternura. Oír el latido de su corazón le supo a música celestial. Se sentía a salvo, protegida. Sentir su olor y su calor tan cerca supuso un serio problema para Francisca que luchaba por contenerse. Finalmente no pudo evitar que una mano se deslizara por el pecho de Raimundo adorándolo y sonriendo cada vez que él respiraba hondo. Era tan hermoso.
Después de unas horas con Francisca velando su sueño, Raimundo se despertó. Sus miradas se cruzaron y sonrieron.
- Hola mi pequeña. – dijo Raimundo atrapando la mano de Francisca entre la suya y alzando la otra para acariciar el rostro de Francisca mientras le atraía a él.
- Hola mi amor. – dijo Francisca emocionada antes de besarle.
- He pasado tanto miedo por ti, por lo que ese hombre pudiera hacer. – dijo Raimundo con dolor al recordarlo. Francisca le tapó la boca con la mano.
- Shhh. Eso no importa ahora. Lo que importa es que estás aquí, que me has liberado y… - dijo Francisca que se interrumpió para coger la mano de Raimundo y ponerla en su vientre - … nuestro hijo. – añadió emocionada.
- Todavía estoy que no quepo en mí. – dijo Raimundo emocionado. – Gracias – le susurró a un milímetro de su boca.
- No mi amor, gracias a ti. Gracias por devolverme la vida. Pensé que nunca podría volver a sentir tanta felicidad. – dijo Francisca.
Raimundo la atrajo hacia sí devorando su boca con dulzura. Francisca terminó tumbada encima de él devolviéndole los besos y acariciando su pecho. Raimundo entonces se giró para poner a Francisca debajo de él sin dejar de besarla ni de prodigarle tiernas caricias. Unos toques en la puerta les despertaron del trance pero no se repusieron demasiado. Al fin y al cabo no hacían nada malo. Era Rosario. Cuando les vio, sonrojados pero sonrientes, sonrió de manera cómplice.
- Señor, la cena está servida.
- Ahora mismo bajamos Rosario. – dijo Francisca.
Ante esa pillada Raimundo y Francisca se miraron y al segundo rompieron en carcajadas. Se sentían jóvenes y llenos de vida.

Esa cena fue la más alegre y bonita que habían tenido en mucho tiempo. Toda la familia se reunió. Estefanía y su madre charlaban de manera distendida y relajada. Tristán y Pepa respondían con anécdotas de Martín y Soledad y Sebastián se dedicaban a escuchar mientras se dedicaban miradas cómplices al igual que Emilia y Alfonso.
Raimundo, al terminar la cena, se levantó y con tono solemne interrumpió la conversación para exclamar.
- Querida familia, queridos invitados. No puedo dejar pasar esta oportunidad sin hacer algo que mi corazón anhelaba desde hace mucho tiempo. Francisca por favor, ¿quieres venir un momento?
Francisca, ruborizada por tal situación. Se levantó y acompañó a Raimundo detrás del sillón. Acto seguido Raimundo se arrodilló ante ella y le cogió la mano. Todos los presentes sonrieron ante la situación y ante la cara de vergüenza de Francisca. Raimundo al fin, se declaró:
- Francisca, llevo esperando este momento tanto tiempo que se me antoja una eternidad. – dijo Raimundo emocionado. – Si vivo, si existo, si aún respiro es porque tu recuerdo alimenta mis días. Tú y sólo tú eres la fuerza que siempre me ha impulsado para seguir adelante pese a todo: pese al tiempo, a los insultos, a nuestras bodas… Nunca he dejado de amarte, de soñar contigo. Y quiero que el mundo entero lo sepa por eso no puedo aguantar más sin preguntarte algo… ¿quieres casarte conmigo?
Francisca escuchó emocionada toda la declaración de Raimundo. Soltó una risa de alegría cargada de muchas lágrimas. Se tapó la boca para contener la emoción. Finalmente asintió mientras decía:
- Sí… sí quiero.
Los dos se fundieron en un abrazo mientras que todos los presentes aplaudían radiantes de alegría. Rosario y Mariana subieron para averiguar a qué se debía tanta alegría. Tristán se acercó a ellas exultante.
- ¡Rosario! Saca el champán que al fin hay algo que celebrar.
- ¿El qué señor?
- Mi madre y Raimundo al fin se casan.
- ¡Ay señor! No sabe la alegría que me da oír eso. Ahora mismo lo saco.
#6708
Kerala
Kerala
24/03/2012 20:37
Qué bonito Nati!!


TU AMOR ES MI CONDENA

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Francisca dormía plácidamente después del esfuerzo vivido. Se removió en la cama abriendo lentamente los ojos. Los tímidos rayos de sol de la mañana entraban por la ventana. Por lo visto, había logrado dormir toda la noche. Ayudándose de los brazos, se incorporó quedando sentada en la cama. Un silencio sepulcral dominaba la habitación y recorriéndola con la mirada, se dio cuenta de que estaba sola.

¿Dónde estaban sus hijos?

Hijos. Aún no podía creerlo. ¡Dos hijos! Tenía ganas de matar a esa maldita partera por haberle ocultado aquello. Pero solo pensar en la idea de dos pequeñas criaturas, suyas y de Raimundo, sentía que su corazón estallaba de gozo. Ahora solo quedaba saber cómo se lo había tomado Raimundo, porque…

Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando la puerta de la habitación se abrió. Por ella entraron Rosario y el propio Raimundo, con un bebe cada uno en los brazos.

– ¡Hola mami! -.

Saludó Raimundo con una voz tan graciosa que ella prorrumpió en carcajadas. Se le veía realmente orgulloso. Sus temores iniciales se vieron rápidamente disipados. Él llegó al fin hasta la cama.

– ¿Cómo está la mamá mas bonita del mundo? -. Besó sus labios con dulzura. – Hola pequeña mía… -. Susurró junto a sus labios.

– Hola amor mío… -. Le respondió ella. Acariciando su mejilla. Después, miró al bebé que él llevaba en brazos. – Es… -.

– Es nuestra princesita. Tan guapa y refunfuñona como tú -. Se la ofreció para que la cogiera en sus brazos, sonriendo ante la mirada que le dedicó Francisca por su comentario. – Porque vaya nochecita que nos ha dado, ¿verdad Rosario? -.

– Esta niña será un verdadero diablillo -. Rio Rosario.

– Es preciosa… -. Musitó Francisca con lágrimas en los ojos mientras acariciaba su carita. La niña trataba de mirarla con sus enormes ojos castaños. – Tiene tus ojos… -. Dijo mirando de nuevo a Raimundo. Enamorándose más de él.

– Señora -. Interrumpió Rosario. – Y aquí tiene al hombrecito -.

Raimundo volvió a coger a la pequeña mientras Francisca conocía a su hijo. Un precioso niño de cabello negro como el suyo. Tenía el ceño fruncido y ella sonrió. Con el dedo índice, borró ese ceño haciendo que el niño emitiera un balbuceo.

– Hola cariño mío… -. Tomó una de sus manitas, besando sus deditos.

– Yo los dejo solos -. Sonrió Rosario. – Con permiso -.

Cuando se hubieron quedado a solas, Raimundo rodeó la cama y se sentó a su lado, poniendo a la niña sobre las mantas. Haciendo Francisca lo propio con el niño.

– Raimundo, son dos… -. Suspiró ella.

– Lo sé amor mío -. Pasó su brazo por sus hombros y la acercó a él. – Dos pequeños milagros -.

Francisca le miró arqueando la ceja y sonriendo de medio lado.

– ¿Tú creyendo en los milagros? Me sorprendes, Ulloa… -.

Raimundo la miró a los ojos, tan enamorado de ella que Francisca se perdió en ellos.

– Hace tiempo que empecé a creer en ellos… -. Musitó junto a su boca antes de besar sus labios. Con suavidad. Francisca no se apartó sino que le respondió con el mismo entusiasmo.

– Te quiero, Raimundo -. Afirmó antes de reposar la cabeza sobre su hombro, dedicando toda su atención a sus pequeñines.

– Y yo a ti, mi ángel. Y yo a ti -.

Quedaron en silencio abrazados. Mirando embobados a sus hijos, que no hacían más que balbucear. Francisca suspiró feliz. Habían formado una bonita familia.

– Raimundo… -. Lo llamó.

– Dime mi niña -.

Se separó de él para coger a la niña en brazos. – ¿Cómo vamos a llamarles? -.

Raimundo se acercó a sus dos amores, y acarició la mejilla de la niña.

– Yo había pensado que podíamos poner a esta preciosidad, el nombre de mi abuela… Si te parece bien -.

– ¿María? -. Preguntó Francisca. María. Sonrió con ternura mirando a su hija. – María Ulloa Montenegro -. Miró a Raimundo. – Me gusta -. Y se acercó para besar sus labios.

– Y a mí me gustas tú… -. Pronunció él antes de volverá besarla. Apoyando después la frente sobre la de ella. – ¿Y al niño? ¿Cómo vamos a llamarle? -.

Francisca suspiró. Pensando.

– Ya que estamos con abuelos… ¿Qué te parece si le llamamos como el mío? -.

Raimundo miró al niño y sonrió. Después, miró a Francisca asintiendo con la cabeza. Se acercó hasta el niño, tomándolo en sus brazos.

– Ramón Ulloa Montenegro -. Besó su frente, henchido de orgullo. – Nuestros hijos Francisca... nuestros niños... -.

Ella se dejó caer hacia atrás, apoyando la espalda en la almohada. Arrastrando a la pequeña María que reposaba en su pecho. Alargó una mano, tocando el brazo de Raimundo, que seguía embobado mirando a Ramón.

Al sentir la mano de Francisca sobre él, la miró y se acomodó junto a ella. Poniendo al pequeño en la misma posición que estaba su hermana, pero sobre su pecho. Tomó la mano de Francisca entre la suya, entrelazando sus dedos.

– Te quiero, Francisca. Eternamente -.


Continuará...

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P.D. Mañana.... ¡GRAN FINAL! snif
#6709
Kerala
Kerala
25/03/2012 12:53
¡siamesa! sigue que ya me tienes atrapada!
Por cierto, esta primera parte del final, va dedicada a tí.
Ya te darás enseguida cuenta del porqué guiño


TU AMOR ES MI CONDENA (FINAL. PARTE I)

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Aquella mañana Francisca bajó a desayunar. Todas las mañanas era la misma rutina. Alimentaba a sus pequeños bajo la atenta mirada de Raimundo, que no podía despegar sus ojos de ella, y después ambos bajaban al salón. Pero aquel día fue diferente. Tristán se había llevado a Raimundo de su lado, con una excusa que a ella no le pareció demasiado creíble. Él se había separado de ella a regañadientes, pues esos momentos en los que Francisca amamantaba a sus hijos, se habían convertido en uno de los momentos más sagrados del día.

Llegó hasta el salón, donde Soledad desayunaba en agradable conversación con Sebastián. Aquel muchacho pasaba ya más tiempo en la Casona de visita, que en su propia casa. Sonrió con ternura al ver las tímidas miradas que ambos se dedicaban. Sebastián era un buen muchacho y ella solo quería lo mejor para Soledad. Parecía que su hija había acertado esta vez con muy buen tino.

– Buenos días -. Los saludó cuando llegó hasta ellos.

– Buenos días, madre. ¿Cómo están los niños? -. Preguntó Soledad.

Sebastián, como todo un caballero, se levantó en cuanto ella hizo su aparición y la apartó la silla para que tomara asiento. Francisca le respondió su cortesía con una dulce sonrisa.

– Ahora duermen. Afortunadamente… porque María nos hace pasar las noches en vela. Tu padre la malcría demasiado Sebastián -. Se dirigió al joven. – En cuanto la niña emite un solo quejido, se levanta presto a tomarla en sus brazos -. Comenzó a servirse una taza de café. – Y la niña se está acostumbrando a que él la cargue continuamente -.

Soledad y Sebastián no pudieron evitar reírse ante lo que Francisca decía. Para él, imaginarse a su padre mimando a aquella preciosidad, no le costaba ningún esfuerzo. Aún recordaba cómo se comportaba con Emilia cuando esta no era más que un bebé.

– Por cierto -. Habló de nuevo Francisca. – ¿Sabéis acaso dónde están Raimundo y Tristán? No los he visto desde hace un buen rato -.

Soledad apartó la mirada de su madre. No quería que descubrieran su secreto por culpa de ella.

– No los he visto madre, lo siento -.

Francisca frunció el ceño ante la actitud de su hija. Quiso preguntarle el motivo, pero Sebastián, dándose cuenta también de ello, actuó con rapidez queriendo desviar la atención de Francisca sobre su hija.

– Doña Francisca, hay algo de lo que me gustaría hablarle -.

Ella le miró. – Tú dirás -. Removió su café con la cucharilla mientras trataba de ocultar su sonrisa. Por un extraño motivo, sospechaba aquello de lo cual quería hablarle Sebastián.

– Pues verá. Yo… -. Apoyó sus manos sobre las rodillas. Se le veía nervioso. Y qué decir de Soledad, que no se atrevía a levantar la mirada del suelo. –…yo… -.

– Habla de una vez muchacho -. Le apremió Francisca.

Sebastián tomó aire y se levantó. Situándose al lado de Soledad y tomando con delicadeza su mano. – Doña Francisca, quería pedirle permiso para cortejar a su hija -.

Lo soltó todo de carrerilla. Francisca miró a su hija de reojo mientras daba un sorbo a su café. La joven se había ruborizado y miraba ahora a Sebastián de manera embelesada. Dejó la taza sobre la mesita y sonrió.

– Por lo que parece mi hija ya te ha dado su permiso hace tiempo. ¿No es cierto Soledad? -.

Aquella frase de su madre no hizo sino que ella se ruborizase aún más. Tomó la mano de su hija que aún quedaba libre y la apretó.

– Si ella te quiere, no seré yo quien se interponga entre vosotros -. Les sonrió. – Solo te pido una cosa Sebastián Ulloa -. Fingió una seriedad que provocó que el joven tragara saliva. Asustado.

– Usted… usted dirá, Señora -.

Francisca amplió su sonrisa. – Que hagas a mi hija la mujer más feliz de este mundo -.

Ambos jóvenes se miraron enamorados a los ojos. – Eso por descontado, Doña Francisca -.

Los tres rieron felices. Parecía que la vida de su hija se había encauzado, y no podía haber encontrado mejor hombre que Sebastián. Ni por supuesto, él podía haber encontrado muchacha más maravillosa que su pequeña Soledad. Se sentía dichosa por ambos.

Tan inmersa estaba contemplando la felicidad de ellos, que no sintió como unos ojos se clavaban en ella desde la entrada del comedor. Raimundo la observaba enamorado. Feliz de verla sonreír tan abiertamente de nuevo. Atrás parecían quedar los fantasmas del pasado. Las angustias y el dolor, para dar paso a una vida que solo les traería dicha a todos. Y estaba seguro que muy pronto, su felicidad sería completa. Francisca se mostraba cada vez más cariñosa con él y aceptaba de mejor grado sus caricias.

Era cierto que todavía no habían compartido intimidad alguna, pero él sería paciente con ella. Las cosas ocurrirían sin forzarlas. Solo cuando Francisca se sintiera preparada.

Francisca sintió la mirada de Raimundo sobre ella. Y sin borrar su sonrisa, se volvió hacia él, que ya caminaba a su encuentro.

– Buenos días otra vez, mi pequeña… -. Pronunció antes de besar sus labios con dulzura. – Te echaba de menos -.

Ella sonrió. – Yo también a ti, zalamero. ¿Dónde estabas, por cierto? -.

Raimundo suspiró sin saber muy bien qué decirle. Tristán le había sacado a rastras de la habitación y aún no sabía con certeza el motivo.

– Tristán quería que revisara unos papeles con él -. Frunció el ceño extrañado. – Y luego me pidió que por favor esta tarde fuera en la Calesa hasta La Puebla para recoger unos encargos que él no podía atender -.

Francisca también se extrañó. – Qué raro… -.

– ¿Por qué piensa eso madre? -. Le habló nerviosa Soledad. – Tristán está desbordado entre la finca y su boda con Pepa. No tiene tiempo apenas para nada. ¿Qué le parece si acompaña usted a Raimundo? -. Éste, que se había quedado en silencio pensando en la propuesta de Tristán, se incorporó al escuchar a la muchacha. – Por los niños no se preocupe -. Prosiguió. – Sebastián y yo nos quedaremos con ellos. ¿Te parece, mi amor? -.

– ¿Mi amor? -. Preguntó atónito Raimundo.

Francisca rio a carcajadas al ver su cara. – Si no estuvieras tan ensimismado con María y Ramón, te hubieras dado cuenta de que los chicos se quieren… -. Miró a su hija y sonrió. – La verdad es que me gustaría tener una tarde tranquila junto a vuestro padre -. Se dirigió a Raimundo y tomó su mano entre la suya. – ¿Te importaría si te acompaño? Podríamos dar un paseo después… -.

Raimundo la acercó hasta su pecho y la besó. – Lo que me importaría es que no vinieras conmigo, mi ángel… -. Volvió a besarla. Un beso tierno que les supo a poco. – Entonces, decidido. Esta tarde saldremos hacia La Puebla -.

Tan concentrados estaban en dedicarse mimos y arrumacos, que no percibieron las miradas cómplices entre Soledad y Sebastián. El plan que entre todos habían elaborado, se había puesto en marcha.


Continuará...

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#6710
Franrai
Franrai
25/03/2012 13:25
Que sabado y mañana de domingo más bien aprovechados jaja

Laury, menuda guerra de fieras. Y ¿qué es eso de que Raimundo haya dudado? Mal, Ulloa, mal.
Genial, como siempre.

Nati, que tenemos boda fiesta Muy bonito.

Ruth, un babero me he tenido que comprar contigo. Entre imaginarme a Raimundo con sus dos pequeños, uno en cada brazo. Los nombre de los peques que no podian ser otros. Y ahora este último que ya me huelo cual es el plan de han tramado... bravobravobravo Maravilloso.
Me va a dar muchisima pena que termines con "Tu amor es mi condena" snif Pero bueno, sabiendo que sigues con la escena alternativa, compensa un poco.

Miri, ¡ME ENCANTA!. Estoy deseando que sigas, me has atrapado completamente.
Educado, simpatico... y a la Paca le a caido en gracia. Que se vaya preparando el Ulloa jaja.
#6711
laury93
laury93
25/03/2012 13:38
Vale niñas hoy los relatos MARAVILLOSOS!!! De hecho yo no pongo hoy qeu me dejais muy mal jeje. no es broma, pero me encantan todos!!!

Vle, tengo qeu decir algo IMPORTANTE: Maria y Ramon, por favor NO os enfadesi conmigo por lo que mi imaginacion alocada y estas niñas me hacen hacer, que es todo con mucho humor, eh? Lo hago con cariños

Si es que porque me lo estais pidiendo pero HASTA A MI me da verguenza lo de esta vez...pero bueno, habeis insistido asi qeu

Las Movidas de Laury presenta...
Lo estabais esperando, lo estabais pidiendo a gritos y por fin ha llegado la hora, ¿estais preparadas para el producto estrella del año? Ir cogiendo el babero y a poder ser tener el telefono a mano por si hay que llamar a emegercencias!!
elrincondefranciscayraimundoesteamorsemereceunyacimientotundatundagraciasmariayramon
elrincondefranciscayraimundoesteamorsemereceunyacimientotundatundagraciasmariayramon
#6712
laury93
laury93
25/03/2012 13:39
elrincondefranciscayraimundoesteamorsemereceunyacimientotundatundagraciasmariayramon
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#6713
laury93
laury93
25/03/2012 13:42
Empieza atras!!!
elrincondefranciscayraimundoesteamorsemereceunyacimientotundatundagraciasmariayramon
elrincondefranciscayraimundoesteamorsemereceunyacimientotundatundagraciasmariayramon
#6714
laury93
laury93
25/03/2012 13:46
elrincondefranciscayraimundoesteamorsemereceunyacimientotundatundagraciasmariayramon
elrincondefranciscayraimundoesteamorsemereceunyacimientotundatundagraciasmariayramon

AVISO: La compañia no se hace cargo de inundaciones por babas, mandibulas desencajadas, ojos desorbitadas, taquicaridas ni ningun otro problema derivado del visionado de este anuncio

Lo repito SORRY!!! No lo he podido evitar, pero lo peor es que me ha ocurrido algo peor, si, si, peor qeu esto y lo tengo hecho, pero dejare primero qeu os repongais...
#6715
Kerala
Kerala
25/03/2012 15:36
ayyyyyyy que la Paca ya sonríe al Casas!
sigue por favor!!


TU AMOR ES MI CONDENA. (FINAL. PARTE II)

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– ¿Estás lista, preciosa? -. Raimundo abrió la puerta del dormitorio buscando a Francisca. La encontró frente al tocador, terminando de dar algo de color a sus mejillas. Se acercó a ella por detrás, y agachándose, la abrazó. – Aún me cuesta creer que seas mía -.

Francisca le miró a través del espejo. – Nunca dejé de serlo, Raimundo -. Apartó la mirada. – Ni siquiera cuando trataba de alejarte de mi lado por… -.

– No recuerdes aquello, mi niña -. La tomó por los hombros, obligándole a ponerse en pie. – Lo importante es el presente. Y el feliz futuro que nos espera -. Apoyó su frente sobre la de ella mientras se abrazaban con amor. – ¿Nos vamos? -.

Ella asintió con la cabeza, y ambos salieron de la habitación tomados de la mano.

Cuando llegaron al salón, todos sus hijos estaban allí reunidos, cosa que a Francisca por lo menos, le extrañó.

– Solo vamos a dar un paseo y parece que nos habéis preparado un comité de despedida -.

Todos sonrieron ante las palabras de Francisca.

– ¡Qué cosas tiene madre! Nada más lejos de la realidad -.

Tristán se había acercado a ella con el pequeño Ramón en los brazos, que al ver a su madre, comenzó a sonreír.

– ¿Cómo está mi pequeñín? -. Comenzó a hacerle carantoñas, provocando que él niño mostrara más entusiasmo. – No se si es una buena idea alejarme de ellos tan pronto… aunque sea unas horas… -.

– Y mí tampoco me hace mucha gracia separarme de mi princesa -. Raimundo tenía a la pequeña María en los brazos. – ¿No podemos dejarlo para otro momento Tristán? Tal vez pasados unos días te encuentras más liberado de trabajo y puedes ir tú mismo a La Puebla… -.

Todos contuvieron la respiración. El plan no podía torcerse justamente ahora. No cuando ya tenían todo preparado. Pepa fue la que reaccionó con rapidez, acercándose a Raimundo y cogiéndole a la niña de los brazos.

– No se preocupen por los niños y márchense. Necesitan alejarse de la Casona y pasar algo de tiempo los dos solos, ¿no creen? -. Les sonrió a ambos. – Los niños estarán bien. Emilia, Soledad y yo estaremos pendientes de ellos todo el tiempo -.

Francisca suspiró. Pepa tenía razón. No pasaría nada por pasar una tarde tranquila junto a Raimundo. Y por descontado que los niños estarían bien atendidos.

– En fin, está bien -. Dejó un beso sobre la frente de Ramón y luego se acercó hasta María, haciendo lo propio. – Adiós mis amores… -. Se volvió a Raimundo. – ¿Nos vamos? -.

Él sonrió, y después de besar a sus dos pequeños, ofreció la mano a Francisca. Esbozando un “Hasta luego”, salieron de la Casona y se subieron a la calesa. Consiguiendo que todos los presentes en el salón de la casa, respiraran al fin con tranquilidad.


– Aún no me puedo creer que vayamos a pasar la tarde solos. Tu y yo nada más… -.

Francisca descansó su cabeza sobre el hombro de Raimundo. Él movió la cabeza ligeramente, besando su cabello mientras cerraba los ojos.

– Yo tampoco, mi ángel… -.

Al tiempo que hablaba, acarició la pequeña cajita de terciopelo que llevaba guardada en el bolsillo. Si todo salía como esperaba, muy pronto le haría entrega de su contenido.

Viajaron inmersos en una agradable conversación hasta que Raimundo se percató al mirar por la ventana de la calesa, de que el camino que seguían no era el que llevaba hasta La Puebla. Le comentó su parecer a Francisca, y esta miró también por la ventanita.

– Es cierto… ¿A dónde se supone que vamos? -.

– Avisaré al cochero -. Raimundo sacó una de sus manos por la ventana y golpeó sobre la puerta. La calesa se detuvo entonces de inmediato. – ¿Por qué no estamos siguiendo el camino hacia La Puebla? -. Le preguntó Raimundo al hombre. Ellos habían bajado del carruaje y Francisca les escuchaba sentada dentro, asomada por la ventana.

El cochero buscó entre sus bolsillos y sacó un sobre. Le hizo entrega del mismo a Raimundo al tiempo que le decía: - Lo siento Señor, solo cumplo órdenes -.

Se apartó de ellos volviendo a su puesto. Raimundo subió entonces de nuevo a la calesa y se sentó junto a Francisca.

– ¿Qué se supone que es eso? -. Preguntó ella.

– No se pequeña, lo averiguaremos ahora mismo -.

Rompió el lacrado del sobre, sacando una nota de su interior. Leyó en voz alta.

“Queridos padres:

Sabemos lo mucho que les ha costado conseguir esa felicidad de la que ahora tanto presumen. Nadie se la merece más. Se la han ganado con creces. Y ahora es momento de que piensen nada más en ustedes y en su amor. Por eso, les hemos preparado esta pequeña sorpresa.

El cochero tiene órdenes expresas de llevarles hasta un pequeño pueblecito en Galicia. En una casita junto a una preciosa playa. Allí disfrutaran de la tranquilidad y la paz que necesitan. Para amarse. Para rencontrarse de nuevo. Para ser felices.

Les quieren

Sus hijos”


Raimundo apretó emocionado la nota contra su pecho, mirando a Francisca al mismo tiempo. Ella sonreía a pesar de las lágrimas de alegría que corrían por su rostro.

– Es tiempo para nosotros, mi vida… -.

Lentamente, unieron sus labios en un beso infinito. El primero de los muchos que compartirían aquel fin de semana.


Continuará...

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#6716
estonic
estonic
25/03/2012 15:36
jajaja que bueno Laury!!!! carcajada carcajada carcajada carcajada carcajada carcajada carcajada carcajada
Mi paca anonadada se ha quedado con semenjantes tangas, encargare uno bravobravobravobravobravo

Me has alegrado la tarde
#6717
Kerala
Kerala
25/03/2012 17:32
Para descargar relato completo

TU AMOR ES MI CONDENA


TU AMOR ES MI CONDENA (FINAL)

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Francisca observaba atónita cómo todo estaba dispuesto para cuando llegaron. Estaba agotada del viaje. Había anochecido durante el trayecto, y cuando llegaron a El Grove, estaba ya bien entrada la noche.

La casa era preciosa y estaba decorada con un gusto exquisito. Entró en la habitación y se acercó hasta la enorme terraza, que daba salida a un tranquilo y apartado trozo de playa. Cerró los ojos escuchando el batir de las olas y aspirando el aroma a sal y aire libre inundando sus pulmones.

Sintió de pronto unos brazos que la ceñían por la cintura. Raimundo apoyó el mentón sobre su hombro y suspiró. – Te quiero tanto, amor mío… -.

Ella acarició sus manos, dejando caer la cabeza sobre él. – No tanto como yo a ti -.

Raimundo besó su cuello, despertando su piel que se erizaba bajo sus labios. Le dio la vuelta, haciendo que sus ojos se encontraran. Ella aguantó un bostezo. – ¿Estás cansada? -.

Francisca asintió con la cabeza. – Mucho -. Le abrazó. – Desde que María y Ramón están en nuestras vidas apenas dormimos. Estoy rendida -.

– ¿Por qué no te quitas este vestido y te vas a la cama? -. Acarició su mejilla con los nudillos. Con dulzura. – Intenta dormir un poco -.

Ella rostro entre las manos. – ¿No te importa? -.

Raimundo sonrió pacientemente. – Ya habrá tiempo princesa… Ahora debes descansar -.

Comenzó a desabrocharle los botones del vestido, ayudándole a quitárselo. Después, ella se puso el camisón y se metió en la cama, quedando dormida a los pocos minutos.


Abrió los ojos, parpadeando varias veces. Miró a su lado en la cama y Raimundo no estaba junto a ella. Se incorporó hasta quedar sentada. Estaba sola. Se puso en pie y fue hasta la terraza. La puerta estaba abierta, y le divisó a lo lejos. Mirando al mar, con las manos en los bolsillos del pantalón.

Y supo en ese instante, que tenía que ir a su lado.

Raimundo escuchaba hipnotizado el rumor de las olas al llegar hasta la orilla. Se había despojado de la camisa, dejando que la suave brisa de la noche acariciara su piel. Pensaba en lo mucho que había cambiado su vida en el último año. Tristán era su hijo mayor, tenía dos bebés más que dependían totalmente de él y de Francisca… Francisca… Suspiró esbozando su nombre con los labios. Después de todo lo que habían tenido que sufrir, se sorprendía de lo inmenso que era el amor que compartían. Tan grande que había sido capaz de resistirlo todo.

Se sobresaltó cuando sintió una caricia en su espalda. Lentamente, se giró para ver a su pequeña. A su Francisca junto a él, mirándole enamorada. Feliz.

– ¿Qué haces levantada? -. Le preguntó.

– Te echaba de menos… -. Prosiguió ella con su caricia. – Me has acostumbrado a dormir entre tus brazos y ahora soy incapaz de hacerlo si tú no estás a mi lado -. Musitó apenada.

– Vamos dentro entonces -. Respondió Raimundo.

– ¡No! -. Le pidió Francisca. – Espera… -.

Se movió hasta que se puso frente a él. Y entonces, con suma lentitud deshizo el lazo que sujetaba el camisón y lo deslizó por sus hombros. Cayendo sobre la arena y quedando completamente desnuda frente a él.

– Francisca… -. Susurró su nombre.

Ella sonrió con dulzura y sin darle tiempo a más, se giró y salió corriendo hasta meterse en el agua. Llamándolo con la mirada. Incitándole con su cuerpo para que se uniera a ella. Y Raimundo no se lo pensó dos veces. Llevó sus manos hasta el cinturón y se deshizo de los pantalones. La ropa interior siguió el mismo camino.

Y corrió hacia ella.

Se miraron a los ojos mientras la luna se reflejaba sobre el agua. Francisca se fue acercando lentamente hacia él hasta que enredó sus piernas en torno a las caderas de Raimundo, y enlazó los brazos en su cuello. Dejando escapar ambos un gemido cuando sus cuerpos desnudos se encontraron.

– ¿No tienes miedo, princesa? -. Raimundo quiso darle la oportunidad, pero poniendo a la vez sus manos bajo los muslos de ella. – ¿Estás segura de esto, pequeña mía? -.

Francisca le respondió acercando sus labios hasta su boca. Rozándole con pequeños toques. Mezclando sus alientos, hasta que no pudo contenerse más y atrapó el labio inferior de él entre sus dientes. Tirando de él con suavidad. Raimundo abrió por fin la boca y sus lenguas se encontraron a medio camino. Enredándose de nuevo. Recordando su sabor hasta impregnar cada célula de sus cuerpos.

La falta de oxígeno se hacia más que evidente. Se separaron tan solo unos segundos antes de verse otra vez inmersos en un beso infinito, en el que sus lenguas bailaron. Sus manos acariciaron. Y sus corazones palpitaron al unísono.

Sin dejar de besarse, llegaron hasta la orilla. Raimundo la tumbó con delicadeza, admirando su belleza. Embriagándose de ella. Venerando cada centímetro de su piel con las manos.

– Te amo más que a mi vida, Francisca -. Susurró con voz profunda.

Ella solo podía mirarle enamorada. Acariciando su amplio pecho salpicado de diminutas gotas de agua. Reptando por él hasta llegar a su barba. Mojada. Enredando sus dedos en ella, mientras el agua que se deslizaba por su cabello, caía sobre su cuerpo como pequeños alfileres.

– Te amo… Raimundo… -.

Alzó sus labios hasta que se encontraron con los de Raimundo en un beso tierno, pero a la vez apasionado, que inundó de calor sus cuerpos. Con cuidado de no cargar todo su peso sobre ella, rompiendo el beso para deslizar sus labios por su cuello hasta perderse en la plenitud de sus pechos. Los devoró con dulzura, mientras ella arqueaba la espalda buscando desesperada su boca.
#6718
Kerala
Kerala
25/03/2012 17:33
Raimundo emprendió el camino de regreso hasta sus labios, besándolos fugazmente antes de mirarle a los ojos.

– Mírame mi ángel. Mírame mientras volvemos a ser uno… -.

Con toda la delicadeza de la que era capaz, se deslizó en su interior hasta llenarla por completo. Arrancando un intenso gemido de su garganta. Haciendo gala de un esfuerzo sobrehumano, se quedó muy quieto, esperando a que ella se adaptara a él. Cuando Francisca se relajó, comenzó entonces un cadente baile de cuerpos. Bajó la mano por su muslo hasta flexionarlo, haciendo que su unión fuera aún más completa.

Francisca se retorcía debajo de él, y sus manos viajaron por su espalda hasta llegar a su trasero. Dibujando arabescos con sus dedos. Volviéndole loco. Raimundo enterró su boca en el hueco de su clavícula, mordisqueando su piel para después dejar un reguero de besos húmedos y calientes.

– Me vuelves loco, Francisca… loco… -. Musitó sin dejar de moverse en su interior.

Francisca cerró entonces sus manos, abarcando su trasero en ellas.

– No te detengas amor mío. Soy tuya… -. Dejó un beso en su mejilla. – Toda tuya… -.

Sus palabras y sus actos terminaron de romper el fino hilo que le mantenía sujeto a la cordura. Comenzó entonces a moverse de manera frenética. Embistiendo su cuerpo sin piedad mientras entrelazaba sus manos con las de ella y unían sus bocas en un interminable beso que ahogaba sus jadeos.

El mundo. El tiempo. Todo se detuvo a su alrededor. Sus pupilas se dilataron cuando el placer más intenso invadió su cuerpo traspasándole como un cuchillo afilado. Gritó con todas sus fuerzas mientras se dejaba llevar por la espiral de deseo a la que le había transportado Raimundo. Él siguió con sus embestidas hasta que el clímax arrasó también su cuerpo. Tensándose sobre ella para después caer rendido en su pecho.

Sus respiraciones agitadas murieron en un suave beso. En una tierna caricia. Raimundo se dejó caer sobre su espalda arrastrando con él a Francisca, que quedó apoyada sobre su pecho. Cerrando los ojos. Escuchando nada más el latir de su corazón.

– Francisca… -. La llamó él.

Ella movió la cabeza lo suficiente para cruzar su mirada con la de él.

– Mi amor… -. Le respondió.

Raimundo se movió hasta alcanzar sus labios y dejar un breve beso.

– Tengo algo que pedirte -.

Alargó la mano hasta que alcanzó sus pantalones. Francisca le miraba hacer, con el ceño fruncido y la curiosidad invadiendo su mente. Observó como él sacaba una cajita de uno de los bolsillos. Raimundo la acercó hasta su boca y la besó antes de abrirla y ofrecérsela.

– ¿Quieres casarte conmigo? -.

Lagrimas de felicidad surcaron el rostro de ella, que se lanzó a sus brazos, aferrándose a él con fuerza.

- ¡Sí! Sí, sí y mil veces sí… -. Pronunció antes de besarle de nuevo.

Tras varios minutos en los que volvieron a prodigarse miles de caricias, Raimundo tomó su mano y deslizó el anillo en su dedo.

– Te adoro, mi niña. Siempre lo hice. Y siempre lo haré. He vivido toda mi vida preso de tus ojos, de tu boca. De ti. Quiero vivir eternamente encerrado en la cárcel de tu corazón. Y que tu amor… -. Sonrió emocionado. -… que tu amor, sea mi única condena -.

Sus almas se unieron en un abrazo eterno. Su vida, comenzaba en ese instante.


FIN

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P.D. Mil gracias a todas por leer mi historia. Por haber aguardado pacientemente (¬¬) cada capítulo. Por cada comentario que me dejais. Por todo vuestro apoyo siempre. Espero y deseo sinceramente, que al menos, pueda compensaros con mis historias. Un beso y gracias guiño
#6719
Franrai
Franrai
25/03/2012 18:12
Ruth, un final perfecto para una historia perfecta. Gracias por regalarnos de una manera tan maravillosa tu talento sonriente


Miri, ¡Primera dosis de celos Ulloa! jajaja Me encanta.
#6720
Kerala
Kerala
25/03/2012 18:15
¡Celos! fiesta
sigue sigue sigue!!
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