El Rincón de Francisca y Raimundo:ESTE AMOR SE MERECE UN YACIMIENTO (TUNDA TUNDA) Gracias María y Ramon
#0
08/06/2011 23:44
Vídeos FormulaTV
Nos colamos en el plató de 'Friends' y descubrimos los secretos del apartamento de Monica en el Friends Fest
Selena Leo: "Jamás en la eternidad se va a repetir un reencuentro de Sonia y Selena"
Sonia Madoc: "¿Crees que si tuviese una gira de 80 bolos me iría de Sonia y Selena?"
'Euphoria' regresa tras su salto temporal en el tráiler de la tercera temporada
laSexta cumple 20 años con la información y el entretenimiento como bastiones frente a la competencia
'La isla de las tentaciones 10' lanza un extenso avance antes de su estreno en Telecinco
Tráiler en español de 'Off Campus', la nueva serie de Prime Video con Ella Bright y Belmont Camelli
#6681
22/03/2012 12:04
TU ERES MI CONDENA
[/b]Se pasó la noche despierto, sin poder pegar ojo. Después de todos los sinsabores que habían sufrido y a pesar de todos los que aún quedaban por vivir, de nuevo se sentía esperanzado. No le importaba que Francisca le hubiera echado de su habitación, pues sabía que todos sus actos estaban provocados por el temor que ella tenía a que la considerase indigna de él.
¿Cómo podría pensar algo así?
¿Acaso ella había sido la culpable de lo que le había pasado? ¡Por supuesto que no! Hacia ya unas semanas en las que gracias al apoyo de los suyos había dejado de culpabilizarse de lo ocurrido. Aunque en el fondo de su corazón quedara esa espinita de no haber actuado de otra manera. Y sobre todo su niña, su pequeña, no le culpaba. Al contrario, seguía amándole con la misma intensidad.
Les costaría recuperar sus vidas, pero no se dejaba llevar por la desesperanza. Si algo les sobraba a ambos era amor.
…………………………
- Rosario… -. La llamó Francisca mientras la criada se disponía a salir con la bandeja del desayuno. – Me gustaría pedirte un favor -.
Rosario se detuvo. – Por supuesto Señora. Lo que usted quiera -.
Francisca se acercó hacia ella, quitándole la bandeja de las manos y volviendo a ponerla sobre la mesa. – Tengo que bajar al pueblo y me gustaría que me acompañaras… -.
– Claro, Señora… pero ¿ocurre algo? ¿Cree que está preparada ya para salir? -.
– Sigo teniendo miedo Rosario. Miedo de que en cualquier momento esos hombres vuelvan a acecharme. Sé que es una locura pero… -. Bajó la cabeza. –…pero no puedo evitar seguir teniendo este temor irracional… -.
Rosario tomó sus manos entre las suyas. – Sus miedos no tienen nada de irracional, Doña Francisca. Es comprensible que sienta estas cosas habiendo pasado tan poco tiempo desde lo sucedido…Pero, dígame, y perdone mi atrevimiento. ¿Qué vamos a hacer en el pueblo? -.
Francisca comenzó a llorar en silencio. – Estoy embarazada Rosario… -.
Le relató todo lo acontecido la tarde pasada cuando Pepa la examinó. Aquellos temores que la habían acompañado durante días y que se habían confirmado al fin el día anterior. Limpió sus lágrimas con el dorso de la mano al tiempo que emitía una leve sonrisa.
– No sé cómo me siento… feliz porque una nueva vida crece dentro de mí -. Acarició con ternura su vientre. – Pero desgraciada al mismo tiempo… Nunca más podré estar junto a Raimundo… -. Sollozó abrazándose a su amiga.
Largos minutos fueron los que permanecieron abrazadas. Una sólida amistad forjada a través de los años y que había superado infinidad de obstáculos era el lazo de unión más sincero entre ellas.
– Señora, me tendrá a su lado siempre, ¿de acuerdo? Nunca la abandonaré. Pase lo que pase -.
Ambas se sonrieron volviendo a abrazarse.
– Haz que preparen la calesa Rosario. Saldremos enseguida. Tengo ganas de resolver esta duda que me atormenta -.
……………………………………….
Francisca terminaba de bajar las escaleras tan metida en sus pensamientos que no sintió que Raimundo bajaba tras ella. Sin darse apenas cuenta, y mientras terminaba de ponerse los guantes, sintió un estremecimiento por todo su cuerpo cuando él la habló en un susurro.
– Buenos días mi ángel… ¿Has dormido bien? -.
– Sí… -. Le contestó sin volverse siquiera.
Raimundo sonrió de medio lado. – Anoche dejamos una conversación pendiente -. Musitó.
Ella tragó saliva. Seguía sin querer volverse a mirarle. – Creo que todo quedó muy claro ya… no hay más que tengamos que hablar. Y ahora, he de irme -.
Dio un paso hacia la puerta, pero Raimundo la sujetó por un brazo deteniéndola. No con brusquedad pero sí sin esa suavidad que pretendía. Haciendo que Francisca se revolviera. Que se asustara al verse retenida en contra de su voluntad.
– ¡Suéltame, por favor! -. Gritó suplicando.
Raimundo se quedó blanco como la cal. De nuevo había metido la pata con ella.
– Yo… lo siento mucho… -. La soltó apartando la mirada. – No quise… lo siento… -. Se alejó unos pasos de ella, viendo que trataba de respirar con normalidad. – Será mejor que me vaya. No hago más que herirte, pequeña mía… -.
Se dio la vuelta. Maldiciéndose por su poca delicadeza. La desesperación se apoderaba de él obligándole a actuar de forma irracional, sin tener en cuenta los sentimientos de Francisca y el dolor que ella estaba viviendo.
Sintió su mano sobre él. Tan leve fue el contacto que creyó que lo había imaginado. Buscó ese roce con la mirada y descubrió la mano de Francisca en su brazo. Le estaba mirando con los ojos cargados de dolor.
– Raimundo… lo siento tanto amor mío…-. Musitó emocionada. – Pero no puedo darte lo que deseas. Mira tan solo lo que acaba de pasar. Siento terror. Las imágenes de lo vivido vuelven sobre mí y me atormentan… -. Las lágrimas se deslizaban por su rostro sin que pudiera detenerlas. – Se feliz… sin mí. ¡Te lo suplico! -.
Raimundo lloraba con ella. – ¿Aún no sabes que no hay felicidad para mí sin ti? No me apartes de tu lado, Francisca… El tiempo mitigará tu dolor. Y mi amor también lo hará -. Le dolían las manos por tocarla, pero no lo hizo. No quería que ella volviera a asustarse por su causa. – Tú y yo, Francisca. Nosotros y nuestro hijo. Nuestros hijos -.
Al escuchar sus últimas palabras empalideció. ¡Maldita partera! pensó. Le pedí que no contara nada…
- Te has enterado… -. Se apartó de él bajando la mirada. – No puedo pedirte que permanezcas a mi lado si resulta que el niño no es tuyo… -
Raimundo la miraba desconcertado. Sin entender. Frunció el ceño tratando de descifrar sus palabras, cuando observó cómo ella se acariciaba el vientre. Y entonces lo vio todo claro.
– ¿Estás embarazada? -.
Continuará...
[/b]
#6682
22/03/2012 13:57
María eres la mejor actriz que ha dado esta serie. Te mereces todos los premios
Sigo llorando con la escena cada vez que la veo. Gracias María por regalarnos tu talento cada vez que apareces en pantalla la indundas de emoción
Sigo llorando con la escena cada vez que la veo. Gracias María por regalarnos tu talento cada vez que apareces en pantalla la indundas de emoción
#6683
22/03/2012 14:26
Aquí os dejo un mini que hice en un momento de bajón. El principio es un poco chungo pero la justificación está en la escena que me gustaría ver entre la Paca y Juan. Aunque visto lo visto no sé si me ha quedado con la intensidad que a mí me gustaría. Juzgadlo vosotras. Lo pongo también por si queréis descargarlo así practico el cómo poner enlaces jajajajaajjaja
P.D. Ruth sigueeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee
QUÉDATE CONMIGO
Gregoria luchaba sin descanso por la vida de Raimundo pero parecía una batalla imposible de ganar. Uno de los esbirros de Juan Castañeda intentó propasarse con Emilia y Raimundo, al intentar defenderla, recibió un disparo en el estómago. Raimundo convulsionaba mientras que nadie podía hacer nada. Parecía su fin. El fin que durante tantos días borracho había esperado. Finalmente la pérdida de sangre hizo que se desmayara.
Pero no fue el fin. Abrió los ojos y vio un hermoso parque. El suelo estaba cubierto de verde hierba y contaba con grandes y hermosos árboles.
- ¿Dónde estoy? – preguntó Raimundo extrañado - ¿Estoy… muerto?
- No Raimundo. Todavía no. – dijo una voz a su espalda.
Raimundo se giró y vio a una hermosa mujer de pelo castaño que avanzaba hacia él. Raimundo la reconoció enseguida.
- ¿Madre? – preguntó Raimundo emocionado. Aquella mujer le sonrió.
- Sí hijo, soy yo. Ven aquí. – le dijo ella extendiendo sus brazos. Raimundo enseguida fue a abrazarla y sintió cómo el calor le recorría el cuerpo.
…
Emilia y Alfonso no se separaban de Raimundo. Todavía no podía aceptar lo que había pasado.
- Y pensar que me he pasado días sin hablarle. No se merecía esto Alfonso. No se merece acabar así. – se lamentaba Emilia. Alfonso la abrazó por detrás.
- Tu padre es fuerte Emilia. Saldrá de esta seguro como salió de aquella operación.
- No estoy tan segura Alfonso. Esta vez no hay ninguna operación que pueda salvarle. – se lamentó Emilia que acabó llorando en los brazos de Alfonso.
En ese momento entraron en la habitación. Eran Pepa y Gregoria.
- ¡Dios mío Emilia! – exclamó Pepa dirigiéndose a Emilia para abrazarla.
- Pepa… mi padre se va a morir… - sollozó Emilia.
- No, no digas eso ni en broma. Raimundo no va a morir ¿me oyes? – afirmó Pepa tajantemente. – Dígaselo Gregoria.
- Lo cierto es que Raimundo está muy grave Pepa. – dijo Gregoria que le dolía un mundo tener que dar mensajes pésimos en estas situaciones. – La bala ha alcanzado el estómago así que las próximas horas son vitales. Si Raimundo no mejora no podrá resistir el traslado al hospital.
- No puede estar todo perdido Gregoria. Algo se podrá hacer. – dijo Pepa angustiada. – Raimundo no puede acabar así.
- Llamaré a mi padre y después enviaré un telegrama al médico de La Puebla para que venga urgentemente y veremos qué podemos hacer. Si pasa de la noche, habrá esperanza pero desgraciadamente… no demasiada. – dijo Gregoria preparándose para marchar a la Casona.
- Vaya entonces Gregoria. Nosotros nos quedaremos aquí. – dijo Pepa
Ante las palabras de Gregoria, Emilia se abrazó a Alfonso.
- Vamos mi amor. Tenemos que tener fe. Tu padre es fuerte y saldrá de esta. – intentaba animarla Alfonso. Emilia lloraba sin consuelo.
---
En la Casona estaban todos ajenos a esta situación. Eugenio Casas se dedicaba a relatar anécdotas de su vida de estudiante haciendo reír a Francisca. Tristán y Soledad intentaban mostrarse divertidos y cordiales pero en el fondo no les hacía ninguna gracia que Eugenio se dedicara a frecuentar tanto a Francisca siendo el padre de Gregoria.
- Vaya, me pregunto por qué tardará Gregoria. Ya debería estar aquí. – dijo Eugenio
- Seguro que habrá tenido alguna urgencia en el consultorio y conociéndola se estará empleando a fondo. – dijo Francisca
- Eso es cierto. Gregoria siempre mostró unas aptitudes inmensas ante la medicina. Su entrega y su pasión son dignas de admiración. – alabó Eugenio.
Como si de una conexión telepática se tratara en ese momento llamaron a la puerta de una manera un tanto nerviosa. Todos se sobresaltaron ante la insistencia de la llamada ya que nadie había osado llamar así en la casa de Francisca Montenegro. Y cuando Rosario abrió la puerta se extrañaron más aún al ver que se trataba de Gregoria.
- Pero ¡¿qué desfachatez es esta llamando así a mi puerta Gregoria?! ¡Exijo una explicación! – exclamó Francisca.
- La tiene señora. Es una emergencia. Sintiéndolo mucho necesito a mi padre conmigo en el consultorio. – dijo Gregoria
- Hija ¿qué pasa?
- Se trata de una emergencia padre. Es sobre un caso a vida o muerte. – dijo Gregoria.
- Gregoria ¿qué ocurre? – preguntó Tristán preocupado.
- No tengo tiempo para explicarlo Tristán. Padre por favor necesito su ayuda. – insistió Gregoria.
- Claro hija. Discúlpenme. – dijo Eugenio recogiendo su abrigo y saliendo tras su hija.
- Espero que tengas una buena excusa para este desplante Gregoria. Porque no perdono con facilidad.
- Una vida está en juego señora así que poco me importa si me perdona o no. – dijo Gregoria.
- ¿De quién se trata? – preguntó Tristán angustiado.
- De Raimundo Ulloa.
Padre e hija se fueron raudos de la Casona dejando a los presentes en estado de shock incluido Francisca que sentía cómo la calidez de la cena se tornaba en un frío sepulcral. Necesitaba saber qué había pasado.
P.D. Ruth sigueeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee

QUÉDATE CONMIGO
Gregoria luchaba sin descanso por la vida de Raimundo pero parecía una batalla imposible de ganar. Uno de los esbirros de Juan Castañeda intentó propasarse con Emilia y Raimundo, al intentar defenderla, recibió un disparo en el estómago. Raimundo convulsionaba mientras que nadie podía hacer nada. Parecía su fin. El fin que durante tantos días borracho había esperado. Finalmente la pérdida de sangre hizo que se desmayara.
Pero no fue el fin. Abrió los ojos y vio un hermoso parque. El suelo estaba cubierto de verde hierba y contaba con grandes y hermosos árboles.
- ¿Dónde estoy? – preguntó Raimundo extrañado - ¿Estoy… muerto?
- No Raimundo. Todavía no. – dijo una voz a su espalda.
Raimundo se giró y vio a una hermosa mujer de pelo castaño que avanzaba hacia él. Raimundo la reconoció enseguida.
- ¿Madre? – preguntó Raimundo emocionado. Aquella mujer le sonrió.
- Sí hijo, soy yo. Ven aquí. – le dijo ella extendiendo sus brazos. Raimundo enseguida fue a abrazarla y sintió cómo el calor le recorría el cuerpo.
…
Emilia y Alfonso no se separaban de Raimundo. Todavía no podía aceptar lo que había pasado.
- Y pensar que me he pasado días sin hablarle. No se merecía esto Alfonso. No se merece acabar así. – se lamentaba Emilia. Alfonso la abrazó por detrás.
- Tu padre es fuerte Emilia. Saldrá de esta seguro como salió de aquella operación.
- No estoy tan segura Alfonso. Esta vez no hay ninguna operación que pueda salvarle. – se lamentó Emilia que acabó llorando en los brazos de Alfonso.
En ese momento entraron en la habitación. Eran Pepa y Gregoria.
- ¡Dios mío Emilia! – exclamó Pepa dirigiéndose a Emilia para abrazarla.
- Pepa… mi padre se va a morir… - sollozó Emilia.
- No, no digas eso ni en broma. Raimundo no va a morir ¿me oyes? – afirmó Pepa tajantemente. – Dígaselo Gregoria.
- Lo cierto es que Raimundo está muy grave Pepa. – dijo Gregoria que le dolía un mundo tener que dar mensajes pésimos en estas situaciones. – La bala ha alcanzado el estómago así que las próximas horas son vitales. Si Raimundo no mejora no podrá resistir el traslado al hospital.
- No puede estar todo perdido Gregoria. Algo se podrá hacer. – dijo Pepa angustiada. – Raimundo no puede acabar así.
- Llamaré a mi padre y después enviaré un telegrama al médico de La Puebla para que venga urgentemente y veremos qué podemos hacer. Si pasa de la noche, habrá esperanza pero desgraciadamente… no demasiada. – dijo Gregoria preparándose para marchar a la Casona.
- Vaya entonces Gregoria. Nosotros nos quedaremos aquí. – dijo Pepa
Ante las palabras de Gregoria, Emilia se abrazó a Alfonso.
- Vamos mi amor. Tenemos que tener fe. Tu padre es fuerte y saldrá de esta. – intentaba animarla Alfonso. Emilia lloraba sin consuelo.
---
En la Casona estaban todos ajenos a esta situación. Eugenio Casas se dedicaba a relatar anécdotas de su vida de estudiante haciendo reír a Francisca. Tristán y Soledad intentaban mostrarse divertidos y cordiales pero en el fondo no les hacía ninguna gracia que Eugenio se dedicara a frecuentar tanto a Francisca siendo el padre de Gregoria.
- Vaya, me pregunto por qué tardará Gregoria. Ya debería estar aquí. – dijo Eugenio
- Seguro que habrá tenido alguna urgencia en el consultorio y conociéndola se estará empleando a fondo. – dijo Francisca
- Eso es cierto. Gregoria siempre mostró unas aptitudes inmensas ante la medicina. Su entrega y su pasión son dignas de admiración. – alabó Eugenio.
Como si de una conexión telepática se tratara en ese momento llamaron a la puerta de una manera un tanto nerviosa. Todos se sobresaltaron ante la insistencia de la llamada ya que nadie había osado llamar así en la casa de Francisca Montenegro. Y cuando Rosario abrió la puerta se extrañaron más aún al ver que se trataba de Gregoria.
- Pero ¡¿qué desfachatez es esta llamando así a mi puerta Gregoria?! ¡Exijo una explicación! – exclamó Francisca.
- La tiene señora. Es una emergencia. Sintiéndolo mucho necesito a mi padre conmigo en el consultorio. – dijo Gregoria
- Hija ¿qué pasa?
- Se trata de una emergencia padre. Es sobre un caso a vida o muerte. – dijo Gregoria.
- Gregoria ¿qué ocurre? – preguntó Tristán preocupado.
- No tengo tiempo para explicarlo Tristán. Padre por favor necesito su ayuda. – insistió Gregoria.
- Claro hija. Discúlpenme. – dijo Eugenio recogiendo su abrigo y saliendo tras su hija.
- Espero que tengas una buena excusa para este desplante Gregoria. Porque no perdono con facilidad.
- Una vida está en juego señora así que poco me importa si me perdona o no. – dijo Gregoria.
- ¿De quién se trata? – preguntó Tristán angustiado.
- De Raimundo Ulloa.
Padre e hija se fueron raudos de la Casona dejando a los presentes en estado de shock incluido Francisca que sentía cómo la calidez de la cena se tornaba en un frío sepulcral. Necesitaba saber qué había pasado.
#6684
22/03/2012 14:27
QUÉDATE CONMIGO II
Raimundo no podía creer lo que estaba viviendo. Su madre, su querida madre volvía estar frente a él. Nunca imaginó que la echaría tanto de menos. Se sentaron los dos en la verde hierba
- ¿Dónde estoy?
- En tierra de nadie. A causa del disparo caíste en coma cariño.
- ¿En coma?
- Sí. Ahora mismo están en tu cuarto de la posada entre la vida y la muerte.
Raimundo la miró incrédulo pero después comprendió que esa era la única explicación de dónde se encontraba. “Así que esto es lo que pasa cuando estás en coma. Pues no da miedo.” – pensó para sí mismo.
- En verdad es hermoso pero ¿y ahora qué?
- Ahora tendrás que elegir cariño. Elegir entre volver a la gran travesía que supone la vida o dejarte llevar por la muerte.
- ¿Y cómo hago eso? – preguntó Raimundo
- Muy fácil. Si quieres vivir tendrás que ir hacia el frente, hacia la luz. – dijo su madre señalando el frente con la cabeza. – Pero si decides rendirte tendrás que ir al otro lado.
Raimundo se fijo en lo que había detrás de él. Allá donde miraba estaba todo borroso por una niebla tenue. De pronto oyó un sollozo. Miró a su alrededor pero no vio de dónde venía.
- ¿Qué es eso? – preguntó Raimundo. - ¿De dónde viene ese sollozo?
- Es tu hija Raimundo. En coma se puede oír todo lo que pasa en el exterior.
- ¿Emilia? ¿mi Emilia llora por mí? – preguntó Raimundo emocionado. – Entonces ¿me quiere?
- Claro que te quiere cariño. Tienes mucha gente que te quiere a tu alrededor a pesar de tus debilidades.
En ese momento oyeron la voz de Emilia:
- Padre… dicen que las personas en este estado oyen lo que pasa a su alrededor. – dijo mientras tenía la mano de Raimundo cogida. – Padre yo… lo siento… no sabe cuánto lo siento… Siento haber sido tan dura con usted… Me dejé llevar por el orgullo Ulloa del que tanto ha hablado usted… Pero nunca he dejado de quererle… - dijo antes de besarle la palma de la mano. – No se vaya por favor… sin usted y ahora sin Sebastián me quedaré sola y no sé si lo soportaré… Además… tiene que conocer a su nieta… y jugar con ella, enseñarle a pescar, a leer… y darle todo el amor que me dio a mí… Quédese conmigo padre… por favor…
Raimundo lo oyó con lágrimas en los ojos.
- Mi niña… mi Emilia…
- Te quiere muchísimo hijo. Al igual que alguien muy especial que seguro que vendrá…
- ¿Quién?
- Para eso tendrás que esperar.
- Pero aunque viniera no sé si merezco seguir viviendo. He vuelto a caer madre. No pude soportar tanto dolor, tantas derrotas,… ¿Cómo puedo volver a levantarme después de esto?
- Puedes Raimundo. Si algo te enseñamos fue que los Ulloa nunca se rinden. Pudiste con el alcohol una vez y volverás a hacerlo. – le aseguró su madre.
Unas lágrimas se deslizaron por las mejillas de Raimundo a la vez que la niebla que había detrás se revolucionó.
- ¿Qué ocurre?
- Que tienes que elegir Raimundo. – dijo su madre que al ver el atisbo de temor en Raimundo se acercó a él y le dijo. – Pero tranquilo, que yo estaré contigo.
Raimundo no podía creer lo que estaba viviendo. Su madre, su querida madre volvía estar frente a él. Nunca imaginó que la echaría tanto de menos. Se sentaron los dos en la verde hierba
- ¿Dónde estoy?
- En tierra de nadie. A causa del disparo caíste en coma cariño.
- ¿En coma?
- Sí. Ahora mismo están en tu cuarto de la posada entre la vida y la muerte.
Raimundo la miró incrédulo pero después comprendió que esa era la única explicación de dónde se encontraba. “Así que esto es lo que pasa cuando estás en coma. Pues no da miedo.” – pensó para sí mismo.
- En verdad es hermoso pero ¿y ahora qué?
- Ahora tendrás que elegir cariño. Elegir entre volver a la gran travesía que supone la vida o dejarte llevar por la muerte.
- ¿Y cómo hago eso? – preguntó Raimundo
- Muy fácil. Si quieres vivir tendrás que ir hacia el frente, hacia la luz. – dijo su madre señalando el frente con la cabeza. – Pero si decides rendirte tendrás que ir al otro lado.
Raimundo se fijo en lo que había detrás de él. Allá donde miraba estaba todo borroso por una niebla tenue. De pronto oyó un sollozo. Miró a su alrededor pero no vio de dónde venía.
- ¿Qué es eso? – preguntó Raimundo. - ¿De dónde viene ese sollozo?
- Es tu hija Raimundo. En coma se puede oír todo lo que pasa en el exterior.
- ¿Emilia? ¿mi Emilia llora por mí? – preguntó Raimundo emocionado. – Entonces ¿me quiere?
- Claro que te quiere cariño. Tienes mucha gente que te quiere a tu alrededor a pesar de tus debilidades.
En ese momento oyeron la voz de Emilia:
- Padre… dicen que las personas en este estado oyen lo que pasa a su alrededor. – dijo mientras tenía la mano de Raimundo cogida. – Padre yo… lo siento… no sabe cuánto lo siento… Siento haber sido tan dura con usted… Me dejé llevar por el orgullo Ulloa del que tanto ha hablado usted… Pero nunca he dejado de quererle… - dijo antes de besarle la palma de la mano. – No se vaya por favor… sin usted y ahora sin Sebastián me quedaré sola y no sé si lo soportaré… Además… tiene que conocer a su nieta… y jugar con ella, enseñarle a pescar, a leer… y darle todo el amor que me dio a mí… Quédese conmigo padre… por favor…
Raimundo lo oyó con lágrimas en los ojos.
- Mi niña… mi Emilia…
- Te quiere muchísimo hijo. Al igual que alguien muy especial que seguro que vendrá…
- ¿Quién?
- Para eso tendrás que esperar.
- Pero aunque viniera no sé si merezco seguir viviendo. He vuelto a caer madre. No pude soportar tanto dolor, tantas derrotas,… ¿Cómo puedo volver a levantarme después de esto?
- Puedes Raimundo. Si algo te enseñamos fue que los Ulloa nunca se rinden. Pudiste con el alcohol una vez y volverás a hacerlo. – le aseguró su madre.
Unas lágrimas se deslizaron por las mejillas de Raimundo a la vez que la niebla que había detrás se revolucionó.
- ¿Qué ocurre?
- Que tienes que elegir Raimundo. – dijo su madre que al ver el atisbo de temor en Raimundo se acercó a él y le dijo. – Pero tranquilo, que yo estaré contigo.
#6685
22/03/2012 14:28
QUÉDATE CONMIGO III Y IV
Francisca no cabía en sí. Tenía que salir al pueblo para saber qué le había pasado a Raimundo. Tenía que hacerlo. Tristán se adelantó y se preparó para irse.
- Espera Tristán, voy contigo.
- Madre ¿está segura?
- Voy contigo y no hay discusión que valga. – sentenció Francisca. - ¡Mauricio!
- Sí señora.
- Ven con nosotros. Presiento que te necesitaremos.
--
Todo Puente Viejo andaba inquieto desde que oyeron el disparo. La plaza estaba llena de gente deseando saber qué había pasado. Tristán, Francisca y Mauricio se abrieron paso entre la multitud hasta entrar en la casa de comidas. Ahí encontraron a Pepa que había recogido todo lo que Eugenio le había pedido que trajera del consultorio.
- Pepa ¿qué ha pasado? – preguntó Tristán al verla.
- Tristán no soy yo quien debería contar esto. – dijo Pepa.
- Pepa por favor. Dinos qué ha pasado.
- Al parecer Juan se reunió con unos prestamistas y uno de ellos intentó sobrepasarse con Emilia. Raimundo forcejeó con él y acabó recibiendo un disparo.
Francisca tuvo que apoyarse en la barra mientras que Pepa relataba lo ocurrido.
- ¡Maldito desarrapado! – gritó Francisca con furia.
- Y ¿cómo está Raimundo?
- Muy mal. Ha perdido mucha sangre y ha caído en un profundo coma. La doctora dice que todo depende de esta noche. Si no mejora… podría morir.
Esas palabras fueron el acabose para Francisca. A duras penas consiguió contener el torrente de lágrimas que amenazaba con inundar su rostro. Gregoria interrumpió ese momento buscando a Pepa.
- Pepa necesitamos que entres rápido.
- Voy. Tengo que irme Tristán. – dijo Pepa antes de alejarse camino de la habitación de la posada.
- Tristán por favor contén a esa gente. No quiero que esos desarrapados entren aquí. – suplicó Francisca.
Tristán se encargó de ello sin percatarse de las verdaderas intenciones de Francisca. En cuanto se alejaron ella cogió un cuchillo de la casa de comidas y salió, llena de rabia y dolor, a la casa de los Castañeda junto con Mauricio.
--
En la casa de los Castañeda se encontraban Juan, Enriqueta y una inquieta Mariana. Todavía no podían creer lo que habían ocurrido pero teniendo en cuenta los negocios de Juan era algo que cabía esperarse. Todo aquello se les había ido de las manos. La puerta se abrió como si hubiera sido presa de un vendaval y, como tal, entraron Mauricio y Francisca. Mauricio, por órdenes de Francisca, se dirigió hasta Juan apartando a las dos mujeres y le inmovilizó. Francisca entonces, llena de rabia y dolor, se dirigió hasta él blandiendo el cuchillo que había cogido. Ninguno de los presentes había visto así a Francisca así que se temieron lo peor.
- Señora ¿qué hace? – preguntó Mariana angustiada.
- ¡Cállate! Esto es entre él y yo.
- Señora yo lo siento… no quería hacerle daño.
- ¡Cállate cerdo! Desde el día en que te acercaste a mi familia supe que me traerías desgracias y no me equivoqué. – dijo acercándose a él y poniendo el cuchillo en su garganta. – Debería matarte aquí mismo con la misma piedad que has mostrado con él.
- No señora yo… yo no lo hice. – suplicó Juan.
- ¡Y qué me importa eso! Tú fuiste el que llevaste esos negocios a la posada maldito imbécil. Sólo eres un crío, un niñato que intenta hacerse el mayor antes de tiempo creyendo que lo sabe todo sobre la vida. Cuando en realidad no eres nadie. No eres más que escoria y debería despellejarte.
- Pero usted… usted odia a Raimundo… no entiendo por qué…
- ¡Qué vas a entender tú! ¡Qué va a entender un niñato como tú! – exclamó Francisca con toda la furia que sentía en ese momento. - No tienes ni idea de lo que él significa para mí. Y si él muere… empieza a rezar. Porque ninguno de tus amigos impedirá que te mate con mis propias manos Castañeda. Y si huyes como el perro que eres te encontraré. Aunque sea lo último que haga te encontraré y te lo haré pagar con tu sangre.
Dio orden a Mauricio de que lo soltara pero después este le propinó un soberano puñetazo en el estómago haciendo que Juan se retorciera de dolor en el suelo. Después se alejaron de ahí para dirigirse de nuevo a la posada.
Francisca no cabía en sí. Tenía que salir al pueblo para saber qué le había pasado a Raimundo. Tenía que hacerlo. Tristán se adelantó y se preparó para irse.
- Espera Tristán, voy contigo.
- Madre ¿está segura?
- Voy contigo y no hay discusión que valga. – sentenció Francisca. - ¡Mauricio!
- Sí señora.
- Ven con nosotros. Presiento que te necesitaremos.
--
Todo Puente Viejo andaba inquieto desde que oyeron el disparo. La plaza estaba llena de gente deseando saber qué había pasado. Tristán, Francisca y Mauricio se abrieron paso entre la multitud hasta entrar en la casa de comidas. Ahí encontraron a Pepa que había recogido todo lo que Eugenio le había pedido que trajera del consultorio.
- Pepa ¿qué ha pasado? – preguntó Tristán al verla.
- Tristán no soy yo quien debería contar esto. – dijo Pepa.
- Pepa por favor. Dinos qué ha pasado.
- Al parecer Juan se reunió con unos prestamistas y uno de ellos intentó sobrepasarse con Emilia. Raimundo forcejeó con él y acabó recibiendo un disparo.
Francisca tuvo que apoyarse en la barra mientras que Pepa relataba lo ocurrido.
- ¡Maldito desarrapado! – gritó Francisca con furia.
- Y ¿cómo está Raimundo?
- Muy mal. Ha perdido mucha sangre y ha caído en un profundo coma. La doctora dice que todo depende de esta noche. Si no mejora… podría morir.
Esas palabras fueron el acabose para Francisca. A duras penas consiguió contener el torrente de lágrimas que amenazaba con inundar su rostro. Gregoria interrumpió ese momento buscando a Pepa.
- Pepa necesitamos que entres rápido.
- Voy. Tengo que irme Tristán. – dijo Pepa antes de alejarse camino de la habitación de la posada.
- Tristán por favor contén a esa gente. No quiero que esos desarrapados entren aquí. – suplicó Francisca.
Tristán se encargó de ello sin percatarse de las verdaderas intenciones de Francisca. En cuanto se alejaron ella cogió un cuchillo de la casa de comidas y salió, llena de rabia y dolor, a la casa de los Castañeda junto con Mauricio.
--
En la casa de los Castañeda se encontraban Juan, Enriqueta y una inquieta Mariana. Todavía no podían creer lo que habían ocurrido pero teniendo en cuenta los negocios de Juan era algo que cabía esperarse. Todo aquello se les había ido de las manos. La puerta se abrió como si hubiera sido presa de un vendaval y, como tal, entraron Mauricio y Francisca. Mauricio, por órdenes de Francisca, se dirigió hasta Juan apartando a las dos mujeres y le inmovilizó. Francisca entonces, llena de rabia y dolor, se dirigió hasta él blandiendo el cuchillo que había cogido. Ninguno de los presentes había visto así a Francisca así que se temieron lo peor.
- Señora ¿qué hace? – preguntó Mariana angustiada.
- ¡Cállate! Esto es entre él y yo.
- Señora yo lo siento… no quería hacerle daño.
- ¡Cállate cerdo! Desde el día en que te acercaste a mi familia supe que me traerías desgracias y no me equivoqué. – dijo acercándose a él y poniendo el cuchillo en su garganta. – Debería matarte aquí mismo con la misma piedad que has mostrado con él.
- No señora yo… yo no lo hice. – suplicó Juan.
- ¡Y qué me importa eso! Tú fuiste el que llevaste esos negocios a la posada maldito imbécil. Sólo eres un crío, un niñato que intenta hacerse el mayor antes de tiempo creyendo que lo sabe todo sobre la vida. Cuando en realidad no eres nadie. No eres más que escoria y debería despellejarte.
- Pero usted… usted odia a Raimundo… no entiendo por qué…
- ¡Qué vas a entender tú! ¡Qué va a entender un niñato como tú! – exclamó Francisca con toda la furia que sentía en ese momento. - No tienes ni idea de lo que él significa para mí. Y si él muere… empieza a rezar. Porque ninguno de tus amigos impedirá que te mate con mis propias manos Castañeda. Y si huyes como el perro que eres te encontraré. Aunque sea lo último que haga te encontraré y te lo haré pagar con tu sangre.
Dio orden a Mauricio de que lo soltara pero después este le propinó un soberano puñetazo en el estómago haciendo que Juan se retorciera de dolor en el suelo. Después se alejaron de ahí para dirigirse de nuevo a la posada.
#6686
22/03/2012 14:31
QUÉDATE CONMIGO V y FINAL
Raimundo no sabía qué hacer.
- ¿En qué piensas hijo?
- En el rumbo de mi vida, en las palabras de Emilia, en todo… - dijo Raimundo con aire un tanto triste. – Las palabras de Emilia me llenan de alegría y me animarían a seguir adelante de no ser por…
- ¿De no ser por? – preguntó su madre animándole a que siguiera.
- De no ser porque me encuentro sin fuerzas para seguir. Tengo a Emilia sí pero he fallado a Sebastián. Si hubiera actuado como un verdadero padre no hubiera permitido que mi hijo acabara así. Le fallé y por eso es un prófugo y en cuanto a… - dijo Raimundo parándose antes de terminar la frase. No estaba seguro de encontrarse con fuerzas para hablar de Francisca.
- ¿En cuanto a Francisca? – le preguntó su madre haciendo que hablara. – Vamos Raimundo, háblame de ella. Dime lo que sientes.
- No tengo fuerzas para seguir discutiendo. Hace tiempo que ya no quiero que sea así pero ella me sigue odiando. En cambio yo… nunca he dejado de quererla. Soy una carga para todos. Después de tantos errores no traigo más que disgustos a la gente que quiero. Tal vez será lo mejor abandonar. No puedo soportar más toda esta situación.
- Emilia te echará de menos.
- Lo superará. Aunque ella no lo vea ahora no se merece tener al cobarde de su padre a su lado. A ese cobarde que ha vuelto a caer.
Pero antes de que pudiera decidir definitivamente una voz le llamó la atención.
- ¡Francisca! ¡Qué sorpresa! No pensé que acabaría enterándose. – dijo Emilia casi susurrando.
- Siempre me entero de todo Emilia. Ya deberías saberlo. – dijo Francisca intentando darle un aire de broma de a sus palabras.
- ¿Francisca? – preguntó Raimundo. No podía creerlo.
- ¿Podría hablar a solas con tu padre por favor? Si hay alguna novedad yo te aviso pierde cuidado. – suplicó Francisca. Emilia, sabiendo de los sentimientos de los dos, accedió.
Francisca, al fin, dejó escapar las lágrimas que había evitado todo ese tiempo desde que se enteró de lo que había pasado. Se sentó en el borde de la cama y le cogió la mano. Estaba muy pálido y Francisca no pudo evitar besarle la mano con fuerza, como si quisiera que Raimundo lo sintiera de verdad.
- Raimundo… no te mueras mi amor… ¡Qué será de mí!... – sollozó Francisca aferrándose a la mano de Raimundo como si fuera un tesoro. – Raimundo… te necesito… verte aunque sea para… volver a discutir es el motor de mi vida… porque así puedo verte… y tenerte cerca de mí… No soportaré que vuelvas a dejarme… no lo soportaré… Si supieras… cuánto te he echado de menos mi amor… cuántas veces he soñado que volvíamos a estar juntos… que volvía a besarte… a acariciarte… que volvía a ser tuya… como nunca dejé de ser. Si supieras cuántas veces soñé que éramos una familia feliz… con nuestro hijo… con Tristán… al que tuve que defender sola de él… Perdóname por no contártelo pero no podía soportar que me rechazaras… no podía soportar volver a perderte… - sollozó Francisca mientras le acariciaba la mejilla. - No te vayas mi amor… no puedes irte sin saberlo… Te quiero… te quiero… te quiero… te quiero con todo mi corazón… te amo… quédate conmigo…
Raimundo oía emocionado las palabras de Francisca. Ahora sí que no podía dejarse vencer por la muerte, ahora sí que tenía fuerzas para lo que fuera. Miró a su madre ilusionado. Ella sonreía.
- Veo que ya has tomado una decisión.
- Sí. Ahora sí. Voy a vivir. Mi pequeña me necesita…
- Me alegro que decidas vivir Raimundo. El amor siempre merece la pena aunque a veces duela.
- Con ella todo lo puedo. Voy a despertar y a dedicar lo que quede de vida a hacerla feliz y a curar sus heridas. La amo. – dijo Raimundo emocionado.
- Entonces ve Raimundo. Ve hacia la luz hijo. Yo siempre estaré a tu lado.
Raimundo entonces corrió con fuerzas hacia la luz. El final parecía lejano de alcanzar pero nada importaba ahora que sabía que su pequeña le amaba.
....
Francisca no se apartó en ningún momento de Raimundo. Emilia entró pasados unos minutos.
- ¿Alguna novedad? – preguntó Emilia. Francisca negó con la cabeza.
- Esto es desesperante. – dijo Francisca. – No sé cuánto más podré aguantar.
Emilia se acercó a ella y le pasó un brazo por su cuello para que se apoyara en su pecho. Francisca agradeció ese gesto.
- Tranquila que con la laca que usa no le estropearé el peinado. – intentó bromear Emilia. Francisca sonrió.
- Gracias. – le dijo Francisca.
- No, gracias a usted por venir. Seguro que eso le dará fuerzas para salir de esta.
- ¿Tú crees?
- Seguro. Mi padre la quiere con locura Francisca. Cuando usted estaba inconsciente acudió para verla y lloró al verla frágil. Seguro que le dedicó palabras hermosas.
Francisca sonrió a la vez que se lamentaba de haber estado inconsciente en ese momento.
- Nunca he podido olvidar lo que vivimos. Ni la felicidad que me hizo sentir. – admitió Francisca. – Y pese a todo el odio que hubo entre nosotros. Nunca he podido dejar de amarle.
- Lo sé. No he visto amor tan grande que el suyo Francisca. Por eso le animo a que destruyan ese orgullo de una vez que tanto daño les ha hecho. Mi padre le necesita mucho Francisca y sobretodo ahora que ha caído en el alcohol. – dijo Emilia arrodillándose frente a ella y haciendo que la mirara.
- Y yo a él Emilia… y yo a él. Daría mi vida por él si hiciera falta.
De pronto sintió como la mano de Raimundo la apretaba con fuerza. Francisca se sobresaltó al sentirlo.
- ¿Raimundo? ¡Raimundo! – dijo llamándole sin cesar.
- Francisca ¿qué ocurre? – preguntó Emilia angustiada.
- Me ha apretado la mano ¡Raimundo! – dijo Francisca angustiada dándole pequeñas bofetadas en la cara para que reaccionara.
- Mi pequeña… - susurró Raimundo.
- ¡Raimundo! – exclamó Francisca con euforia.
- Te amo mi pequeña… - susurró Raimundo. Francisca reía de alivio.
- Y yo a ti mi amor… y yo a ti. – susurró Francisca apoyando su frente en la de Raimundo y dejando escapar lágrimas de felicidad.
Ese fue el comienzo para ellos. El comienzo de una nueva vida para amarse y curar sus heridas y esta vez nada les volvería a separar.
FIN... ¿qué tal?
Raimundo no sabía qué hacer.
- ¿En qué piensas hijo?
- En el rumbo de mi vida, en las palabras de Emilia, en todo… - dijo Raimundo con aire un tanto triste. – Las palabras de Emilia me llenan de alegría y me animarían a seguir adelante de no ser por…
- ¿De no ser por? – preguntó su madre animándole a que siguiera.
- De no ser porque me encuentro sin fuerzas para seguir. Tengo a Emilia sí pero he fallado a Sebastián. Si hubiera actuado como un verdadero padre no hubiera permitido que mi hijo acabara así. Le fallé y por eso es un prófugo y en cuanto a… - dijo Raimundo parándose antes de terminar la frase. No estaba seguro de encontrarse con fuerzas para hablar de Francisca.
- ¿En cuanto a Francisca? – le preguntó su madre haciendo que hablara. – Vamos Raimundo, háblame de ella. Dime lo que sientes.
- No tengo fuerzas para seguir discutiendo. Hace tiempo que ya no quiero que sea así pero ella me sigue odiando. En cambio yo… nunca he dejado de quererla. Soy una carga para todos. Después de tantos errores no traigo más que disgustos a la gente que quiero. Tal vez será lo mejor abandonar. No puedo soportar más toda esta situación.
- Emilia te echará de menos.
- Lo superará. Aunque ella no lo vea ahora no se merece tener al cobarde de su padre a su lado. A ese cobarde que ha vuelto a caer.
Pero antes de que pudiera decidir definitivamente una voz le llamó la atención.
- ¡Francisca! ¡Qué sorpresa! No pensé que acabaría enterándose. – dijo Emilia casi susurrando.
- Siempre me entero de todo Emilia. Ya deberías saberlo. – dijo Francisca intentando darle un aire de broma de a sus palabras.
- ¿Francisca? – preguntó Raimundo. No podía creerlo.
- ¿Podría hablar a solas con tu padre por favor? Si hay alguna novedad yo te aviso pierde cuidado. – suplicó Francisca. Emilia, sabiendo de los sentimientos de los dos, accedió.
Francisca, al fin, dejó escapar las lágrimas que había evitado todo ese tiempo desde que se enteró de lo que había pasado. Se sentó en el borde de la cama y le cogió la mano. Estaba muy pálido y Francisca no pudo evitar besarle la mano con fuerza, como si quisiera que Raimundo lo sintiera de verdad.
- Raimundo… no te mueras mi amor… ¡Qué será de mí!... – sollozó Francisca aferrándose a la mano de Raimundo como si fuera un tesoro. – Raimundo… te necesito… verte aunque sea para… volver a discutir es el motor de mi vida… porque así puedo verte… y tenerte cerca de mí… No soportaré que vuelvas a dejarme… no lo soportaré… Si supieras… cuánto te he echado de menos mi amor… cuántas veces he soñado que volvíamos a estar juntos… que volvía a besarte… a acariciarte… que volvía a ser tuya… como nunca dejé de ser. Si supieras cuántas veces soñé que éramos una familia feliz… con nuestro hijo… con Tristán… al que tuve que defender sola de él… Perdóname por no contártelo pero no podía soportar que me rechazaras… no podía soportar volver a perderte… - sollozó Francisca mientras le acariciaba la mejilla. - No te vayas mi amor… no puedes irte sin saberlo… Te quiero… te quiero… te quiero… te quiero con todo mi corazón… te amo… quédate conmigo…
Raimundo oía emocionado las palabras de Francisca. Ahora sí que no podía dejarse vencer por la muerte, ahora sí que tenía fuerzas para lo que fuera. Miró a su madre ilusionado. Ella sonreía.
- Veo que ya has tomado una decisión.
- Sí. Ahora sí. Voy a vivir. Mi pequeña me necesita…
- Me alegro que decidas vivir Raimundo. El amor siempre merece la pena aunque a veces duela.
- Con ella todo lo puedo. Voy a despertar y a dedicar lo que quede de vida a hacerla feliz y a curar sus heridas. La amo. – dijo Raimundo emocionado.
- Entonces ve Raimundo. Ve hacia la luz hijo. Yo siempre estaré a tu lado.
Raimundo entonces corrió con fuerzas hacia la luz. El final parecía lejano de alcanzar pero nada importaba ahora que sabía que su pequeña le amaba.
....
Francisca no se apartó en ningún momento de Raimundo. Emilia entró pasados unos minutos.
- ¿Alguna novedad? – preguntó Emilia. Francisca negó con la cabeza.
- Esto es desesperante. – dijo Francisca. – No sé cuánto más podré aguantar.
Emilia se acercó a ella y le pasó un brazo por su cuello para que se apoyara en su pecho. Francisca agradeció ese gesto.
- Tranquila que con la laca que usa no le estropearé el peinado. – intentó bromear Emilia. Francisca sonrió.
- Gracias. – le dijo Francisca.
- No, gracias a usted por venir. Seguro que eso le dará fuerzas para salir de esta.
- ¿Tú crees?
- Seguro. Mi padre la quiere con locura Francisca. Cuando usted estaba inconsciente acudió para verla y lloró al verla frágil. Seguro que le dedicó palabras hermosas.
Francisca sonrió a la vez que se lamentaba de haber estado inconsciente en ese momento.
- Nunca he podido olvidar lo que vivimos. Ni la felicidad que me hizo sentir. – admitió Francisca. – Y pese a todo el odio que hubo entre nosotros. Nunca he podido dejar de amarle.
- Lo sé. No he visto amor tan grande que el suyo Francisca. Por eso le animo a que destruyan ese orgullo de una vez que tanto daño les ha hecho. Mi padre le necesita mucho Francisca y sobretodo ahora que ha caído en el alcohol. – dijo Emilia arrodillándose frente a ella y haciendo que la mirara.
- Y yo a él Emilia… y yo a él. Daría mi vida por él si hiciera falta.
De pronto sintió como la mano de Raimundo la apretaba con fuerza. Francisca se sobresaltó al sentirlo.
- ¿Raimundo? ¡Raimundo! – dijo llamándole sin cesar.
- Francisca ¿qué ocurre? – preguntó Emilia angustiada.
- Me ha apretado la mano ¡Raimundo! – dijo Francisca angustiada dándole pequeñas bofetadas en la cara para que reaccionara.
- Mi pequeña… - susurró Raimundo.
- ¡Raimundo! – exclamó Francisca con euforia.
- Te amo mi pequeña… - susurró Raimundo. Francisca reía de alivio.
- Y yo a ti mi amor… y yo a ti. – susurró Francisca apoyando su frente en la de Raimundo y dejando escapar lágrimas de felicidad.
Ese fue el comienzo para ellos. El comienzo de una nueva vida para amarse y curar sus heridas y esta vez nada les volvería a separar.
FIN... ¿qué tal?
#6687
22/03/2012 15:22
NATALIA :
Como me has emocionado con tu relato es muy bonito y espero asi como en tu relato Emilia juege un papal importante cuando trabaje en la casona se de cuenta del gran amor que se tienen y les ayude a unirse otra vez ya que ella sabe toda la verdad sobre su gran amor.
UN BESITO GUAPA
Como me has emocionado con tu relato es muy bonito y espero asi como en tu relato Emilia juege un papal importante cuando trabaje en la casona se de cuenta del gran amor que se tienen y les ayude a unirse otra vez ya que ella sabe toda la verdad sobre su gran amor.
UN BESITO GUAPA
#6688
22/03/2012 19:02
TU ERES MI CONDENA
[/b]Francisca enmudeció ante la pregunta de Raimundo. ¿Acaso no había dado a entender él mismo hace un momento que conocía su estado? Le miró entre temerosa y expectante, escrutando su rostro en busca de algún tipo de reacción. Raimundo estaba atónito. Pero de pronto una inmensa sonrisa apareció en su rostro.
– Embarazada… -. Musitó emocionado.
– ¿Es que acaso te hace feliz la idea? -. Francisca no podía creerlo. Raimundo parecía no comprender el verdadero trasfondo de aquel embarazo. - ¿No te das cuenta de que este niño puede que no sea tuyo? -. Gritó desesperada. - ¡Me violaron! ¡Abusaron de mí! -.
De pronto todas las angustias, todo lo que llevaba dentro, estalló en mil pedazos. Durante este mes había procurado no pensar en lo ocurrido. El dolor se fue acumulando dentro de ella hasta formar una especie de bomba a punto de explotar. Tal y como había ocurrido en ese momento. Raimundo se debatía entre correr hacia ella y refugiarla en sus brazos, o permanecer impasible dejando que ella se desahogara, por no querer asustarla como antes. Venció su deseo de consolarla y se acercó lentamente hacia ella. Tocándola con suavidad.
– Mi pequeña… amor mío… -.
Francisca quería apartarse, pero él se lo impidió. Le golpeaba en el pecho con los puños, pero a Raimundo no le importaba. ¡Solo quería que ella descargara la pena de su corazón! Y tras varios minutos en los que se revolvió, gritó y maldijo al destino, se abrazó al pecho de Raimundo que la protegió con sus brazos.
– Ese niño será mío, Francisca… -. Acarició su pelo. – No me importa lo que Pepa pueda averiguar - Con su mano derecha, buscó delicadamente su rostro, acariciándolo con dulzura y haciendo que ella le mirara. – Es tuyo, y con eso me basta… Te amo, ángel mío y amaré a mi hijo -.
Francisca se tranquilizó, sintiendo cómo la calidez de sus palabras llegaba hasta su corazón. Tan grande era el amor de Raimundo por ella que estaba dispuesto a pasar como suyo al que posiblemente era hijo de otro. Y ella… ella no podía amarle más. Acarició su barba mientras su propio rostro estaba surcado por las lágrimas.
– ¿Por qué me quieres, Raimundo? -. Sollozó. – Te privé de Tristán todos estos años. He sufrido abusos que han dejado cicatrices perennes en el alma, de las que no creo que logre recuperarme. ¡Ni siquiera se si podré volver a estar contigo! -. Se quedó en silencio unos segundos. Pero continuó. – Y aun así estás a mi lado… -. Susurró.
– No hablemos de eso ahora, mi vida. Te quiero. Sin más. ¿Acaso se puede pedir al sol que no brille? Me diste un hijo… -. Llevó su mano hasta el vientre de ella, notando un ligero abultamiento. – Y ahora me vas a dar otro -. Miró sus ojos. – Y no puedo estar más feliz. Aunque mi felicidad no será completa hasta que tú también lo seas, amor mío -. Rozó sus labios con los suyos. – Déjame quererte, Francisca… déjame amarte y darte todo de mí -. La besó con dulzura extrema. – Para siempre… -.
Ella cerró los ojos, queriendo aceptar su amor. Desoyendo a su conciencia que le gritaba que estaba siendo egoísta por no permitir la felicidad de Raimundo lejos de ella. Pero por una vez, iba a hacer caso a su corazón.
– No te pido nada pequeña -. Prosiguió él. – Nada más que estar a tu lado y al de nuestro hijo. Y solo cuando tú te sientas preparada, volveré a besarte. Y a amarte con todo mi cuerpo -.
Francisca sonrió a pesar de las lágrimas. – ¿Y si no llego a estar preparada nunca, Raimundo? ¿Y si no logro olvidar mis temores, mis miedos, y permitirte entonces que vuelvas a tocarme? ¿Podrías soportarlo? -.
– Podría. Porque te amo. Y tendría la dicha de pasar a tu lado cada segundo, cada minuto de la vida que me quede en este mundo -. Sacó un pañuelo y le secó las lágrimas. – Y ahora hermosa dama, ¿nos vamos a ver a Pepa? -.
#6689
22/03/2012 19:02
Rosario entró junto en el momento en que Raimundo y Francisca se miraban sonrientes.
– ¿Interrumpo algo? -. Sonrió ella también. Parecía que poco a poco las aguas volvían a su cauce. – La calesa ya está lista, Señora -.
– Yo iré también, Rosario -. Afirmó Raimundo. – Nada me importa lo que pueda desvelar esa nueva revisión. Nada excepto saber que mi hijo crece sano y fuerte -.
Rosario miró a Francisca, que se había quedado emocionada mirando a su vez a Raimundo. Sonriendo tímidamente cuando él tomó su mano y la besó con ternura.
– ¿Sabe Señora? -. Habló Rosario. – Ya que Raimundo va a ir con usted, yo me quedaré en la Casona -. Francisca la miró queriendo decirle con aquella mirada que también fuera con ellos, pues se sentía insegura todavía. Pero la criada continuó hablando. – Tengo mucha faena que hacer por aquí, y sabiendo que va tan bien acompañada me quedo más traquila -.
– No hay más que hablar entonces -. Sonrió Raimundo frotándose las manos. Después, fue hacia la puerta y la abrió. – ¿Nos vamos, Francisca? -.
Ella suspiró. Después de todo, aunque tuviera que compartir un espacio tan reducido en la calesa junto a Raimundo, no había nadie con quien deseara estar más, que con él.
La llegada a la plaza supuso el fin del tortuoso traqueteo de la calesa por los caminos de Puente Viejo. Durante el trayecto, Raimundo se había mantenido separado respetuosamente de ella, evitando que sus cuerpos se rozaran para que ella no se sintiera incómoda. A medida que avanzaban, Francisca se fue relajando cada vez más, llegando incluso a disfrutar del paseo.
– Pasen por favor -. Les recibió una sonriente Pepa en la habitación de la posada que utilizaba como consulta. – Veo que me hizo caso, Señora… -. Susurró.
– ¿Cómo dices, Pepa? -. Preguntó Raimundo. – Discúlpame, pero no te escuché -.
Francisca le dedicó una intensa mirada a la partera rogándole que no continuara hablando. Ella captó enseguida el mensaje y sonrió.
– Nada Raimundo, no se preocupe -. Se volvió a Francisca. – Señora, túmbese sobre la cama por favor. Y usted Señor Ulloa… -. Le fue empujando hacia la puerta. – Será mejor que espere fuera y me deje hacer mi trabajo -.
Cuando cerró la puerta, se giró mirando a Francisca que se había quedado sentada sobre la cama. Sonriendo sin darse apenas cuenta.
– Bueno Doña Francisca -. Pepa la sacó de su ensimismamiento. – Antes de revisarla, me gustaría hacerle unas cuantas preguntas. Le rogaría que fuera sincera -.
Pepa comenzó a interrogarla acerca de cuestiones íntimas, que Francisca intentó responder con la mayor precisión posible. Después, la partera procedió a examinarla de nuevo, pero esta vez con todos los medios de los que disponía en su consulta. Tras largos y tensos minutos, Pepa se apartó de ella y fue a lavarse las manos.
– Puede vestirse Señora -.
Francisca se incorporó. – Habla partera. ¿De cuánto tiempo estoy? -. Tragó saliva mientras terminaba de recomponerse el vestido. – Mi hijo es… -.
– De Raimundo, Doña Francisca -. Se volvió Pepa con una sonrisa en los labios. – Está embarazada de algo más de dos meses, así que sin ningún tipo de duda puedo afirmar que el bebe que espera es de Raimundo Ulloa -.
– ¿Interrumpo algo? -. Sonrió ella también. Parecía que poco a poco las aguas volvían a su cauce. – La calesa ya está lista, Señora -.
– Yo iré también, Rosario -. Afirmó Raimundo. – Nada me importa lo que pueda desvelar esa nueva revisión. Nada excepto saber que mi hijo crece sano y fuerte -.
Rosario miró a Francisca, que se había quedado emocionada mirando a su vez a Raimundo. Sonriendo tímidamente cuando él tomó su mano y la besó con ternura.
– ¿Sabe Señora? -. Habló Rosario. – Ya que Raimundo va a ir con usted, yo me quedaré en la Casona -. Francisca la miró queriendo decirle con aquella mirada que también fuera con ellos, pues se sentía insegura todavía. Pero la criada continuó hablando. – Tengo mucha faena que hacer por aquí, y sabiendo que va tan bien acompañada me quedo más traquila -.
– No hay más que hablar entonces -. Sonrió Raimundo frotándose las manos. Después, fue hacia la puerta y la abrió. – ¿Nos vamos, Francisca? -.
Ella suspiró. Después de todo, aunque tuviera que compartir un espacio tan reducido en la calesa junto a Raimundo, no había nadie con quien deseara estar más, que con él.
La llegada a la plaza supuso el fin del tortuoso traqueteo de la calesa por los caminos de Puente Viejo. Durante el trayecto, Raimundo se había mantenido separado respetuosamente de ella, evitando que sus cuerpos se rozaran para que ella no se sintiera incómoda. A medida que avanzaban, Francisca se fue relajando cada vez más, llegando incluso a disfrutar del paseo.
– Pasen por favor -. Les recibió una sonriente Pepa en la habitación de la posada que utilizaba como consulta. – Veo que me hizo caso, Señora… -. Susurró.
– ¿Cómo dices, Pepa? -. Preguntó Raimundo. – Discúlpame, pero no te escuché -.
Francisca le dedicó una intensa mirada a la partera rogándole que no continuara hablando. Ella captó enseguida el mensaje y sonrió.
– Nada Raimundo, no se preocupe -. Se volvió a Francisca. – Señora, túmbese sobre la cama por favor. Y usted Señor Ulloa… -. Le fue empujando hacia la puerta. – Será mejor que espere fuera y me deje hacer mi trabajo -.
Cuando cerró la puerta, se giró mirando a Francisca que se había quedado sentada sobre la cama. Sonriendo sin darse apenas cuenta.
– Bueno Doña Francisca -. Pepa la sacó de su ensimismamiento. – Antes de revisarla, me gustaría hacerle unas cuantas preguntas. Le rogaría que fuera sincera -.
Pepa comenzó a interrogarla acerca de cuestiones íntimas, que Francisca intentó responder con la mayor precisión posible. Después, la partera procedió a examinarla de nuevo, pero esta vez con todos los medios de los que disponía en su consulta. Tras largos y tensos minutos, Pepa se apartó de ella y fue a lavarse las manos.
– Puede vestirse Señora -.
Francisca se incorporó. – Habla partera. ¿De cuánto tiempo estoy? -. Tragó saliva mientras terminaba de recomponerse el vestido. – Mi hijo es… -.
– De Raimundo, Doña Francisca -. Se volvió Pepa con una sonrisa en los labios. – Está embarazada de algo más de dos meses, así que sin ningún tipo de duda puedo afirmar que el bebe que espera es de Raimundo Ulloa -.
Continuará....
[/b]
#6690
22/03/2012 19:13
Comento ahora que este va a ser el último ratito libre del día.
De los relatos todos maravillosos.
Laury, genial con “Sueños del pasado”. El musical, fantástico no sé de donde sacas ese derroche de imaginación, chica. Y la gama de productos tuyos…
jajaja
Ruth, adoro “Tu amor es mi condena” me pierde. ¡Raimundo va a ser papá! Me encanta
Nati, otra. Maravilloso. Me gusta mucho como metes en tus relatos a esos “fantasmas” para que se den cuenta de la realidad. Muy bonito.
Creo que no se me olvida nada.
Intentando relajarme un poco y volver a mi costumbre de poneros las escenas destacables, aquí las dejo. Capítulo 275.
-Creo que no hay nada más que decir de esta escena que no hayáis dicho vosotras. Grandísima María. (Parte 1, minuto 6:40)
-Francisca le dice a su hijo que no hablaron más que de… el futuro enlace de Olmo y Soledad. Queda como que está mintiendo, porque efectivamente está mintiendo. (Parte 2, minuto 2:03)
-Rosario ha sufrido un desfallecimiento y Tristán la acusa de ello a Francisca por tenerla explotada. No me gusta nada que pongan a Francisca de mala malísima, y encima que sea con Rosario. (Parte 3, minuto 9:45)(Minuto de la entrada de la Paca)
-Raimundo por la Casa de Comidas. Los productos de Laury están triunfando en Puente Viejo jaja (Parte 4, minuto 00:30)
-Francisca ofrece trabajo a Emilia. (Parte 4, minuto 4:13)
-Cruel de nuevo Francisca con Rosario. Tristán le planta cara y la amenaza con que esto no se va a quedar así. Tras otro enfrentamiento con Rosario llega Emilia para aceptar el trabajo. (Parte 5, minuto 6:37)
De los avances solo comentar lo raro que le queda el moño a Emilia. Vamos a tener que darles un premio también a los peluqueros jaja.
Bueno, me voy que tengo que volver a los libros que mucho tiempo me he tomado ya.
Mañana si tengo oportunidad me paso por aquí cuando termine el examen.
Un beso
De los relatos todos maravillosos.
Laury, genial con “Sueños del pasado”. El musical, fantástico no sé de donde sacas ese derroche de imaginación, chica. Y la gama de productos tuyos…
jajajaRuth, adoro “Tu amor es mi condena” me pierde. ¡Raimundo va a ser papá! Me encanta

Nati, otra. Maravilloso. Me gusta mucho como metes en tus relatos a esos “fantasmas” para que se den cuenta de la realidad. Muy bonito.
Creo que no se me olvida nada.
Intentando relajarme un poco y volver a mi costumbre de poneros las escenas destacables, aquí las dejo. Capítulo 275.
-Creo que no hay nada más que decir de esta escena que no hayáis dicho vosotras. Grandísima María. (Parte 1, minuto 6:40)
-Francisca le dice a su hijo que no hablaron más que de… el futuro enlace de Olmo y Soledad. Queda como que está mintiendo, porque efectivamente está mintiendo. (Parte 2, minuto 2:03)
-Rosario ha sufrido un desfallecimiento y Tristán la acusa de ello a Francisca por tenerla explotada. No me gusta nada que pongan a Francisca de mala malísima, y encima que sea con Rosario. (Parte 3, minuto 9:45)(Minuto de la entrada de la Paca)
-Raimundo por la Casa de Comidas. Los productos de Laury están triunfando en Puente Viejo jaja (Parte 4, minuto 00:30)
-Francisca ofrece trabajo a Emilia. (Parte 4, minuto 4:13)
-Cruel de nuevo Francisca con Rosario. Tristán le planta cara y la amenaza con que esto no se va a quedar así. Tras otro enfrentamiento con Rosario llega Emilia para aceptar el trabajo. (Parte 5, minuto 6:37)
De los avances solo comentar lo raro que le queda el moño a Emilia. Vamos a tener que darles un premio también a los peluqueros jaja.
Bueno, me voy que tengo que volver a los libros que mucho tiempo me he tomado ya.
Mañana si tengo oportunidad me paso por aquí cuando termine el examen.
Un beso
#6691
22/03/2012 20:59
RUHT: que decirte que no te aya dicho ya por aqui, por el caht pero , es que tienes mis mas sincera admiracion , que bonito cuando raimundo le dice ( dejame quererte francisca ,dejame amarte y darte todo de mi.)
UN BESITO GUAPA
UN BESITO GUAPA
#6692
23/03/2012 09:28
Hola, Hola! Siento no haberme pasado ayer por aqui, pero ayer fue un dia de esos de Non-STOP!!Y ahora tengo mucho que decir:
Nati qeu bonitno!! me ha encatnado el momento en coma, pero mas todavia qeu me patrocinaras la Laca-PACA jajaja, no en serio, precioso!
Ruth tu ya lo sabes pero te lo repito, menos mal que el niño es de Rai, y que bonito!! no tengo palabras
En cuanto a la escena de ayer: GENIAL, MARAVILLOSA, no hay más palabras, bueno muhcos elogios sí, pero ya lo sabeis todas qeu el momento Paca-Bichagueda Flashback fue... pa echarse a llorar, con lo sensiblera que soy yo, ya me veis a mi sola gritandole a mi compañera de piso: "Si es qeu la Paca es un sola" y llorando a moco tendido...jaja
Por cierto he pensado qeu al final vamos a tener qeu darle las gracias y todo a Agueda proqeu nos ha hecho muchos favores: alegrar a Rai, ponerle las pilas a la Paca, sacarle el lado romantico y sensible y, el mayor favor qeu nos ha hecho...Morirse!! asi que ya sabeis, le debemos un gracias, pero pa otro dia jaja
Hoy no tengo profe de anatomia que me alegre la vista asi que me contentare con dejaros un capi larguito en compensacion porque ayer no me dio tiempo
Por cierto, dejo constancia de qeu Raimundo ayer uso GOMINA RAIMUNDO, la mejor del mundo y Francisca y Emilia, Laca-Paca. Y claro, ahora pienso, como se den tanta prisa en sacar la linea de ropa interior...a alguna le da un mal y no se si podre cargar sobre mi conciencia...que digo? por ver a Raimundi??Si qeu puedo, ahroa msimo me pongo jajaja
Bueno, espero qeu os guste el capi, os recuerdo qeu teniamos sombra misteriosa...apuestas?
SUEÑOS DEL PASADO
Desde una distancia prudente, había podido observarlo todo, escuchando cada una de sus palabras, deseando acabar con ellos en aquel mismo instante, pero sin atreverse a intervenir, prefería seguir observando, ver a dónde llevaba todo aquello. Esperó pacientemente hasta que la obra pareció llegar a su fin y Raimundo comenzó a separarse de Francisca dejándola allí sola, tirada sobre una roca, sin ser apenas capaz de ponerse en pie. Ella no habría querido decirlo, no había querido decírselo a Raimundo para no parecer débil, pero lo cierto es que sus piernas volvían a negarle sus peticiones de movimiento. Aquella era su oportunidad para conseguir lo que pretendía, debía aprovechar que estaban los dos, todavía juntos, vulnerables. Era el momento que llevaba tiempo, demasiado tiempo, esperando para conseguir su propósito. La oscura figura se deslizó entre las sombras de los árboles hasta llegar a la altura de la pareja.
- Quieto ahí Ulloa, nadie se va a ir a ninguna parte- dijo con su grave voz.
- Pero ¿qué hace usted aquí?- dijo Francisca sin poder creérselo
- Mire Don Anselmo, lo siento pero no estoy de humor, me voy-Dijo Raimundo
- No se te ocurra dar un paso más, Raimundo. Vamos a hablar como adultos. Os he estado… observando
- Diga mejor espiando- dijo Francisca
- Lo que sea. Lo que importa es que os habéis estado comportando como críos, discutiendo sin escuchar al otro. Así que vais a conversar como personas adultas.
- Ya nos hemos dicho todo lo que nos teníamos que decir- Dijo Raimundo
- Cierto, métase en sus asuntos- dijo ella
- ¿Os habéis dicho todo? ¿Le has preguntado a Francisca, Raimundo, por qué se ha levantado de la silla de ruedas y ha salido sola en dirección a la iglesia? ¿O tú, Francisca, le has preguntado por qué ha salido como alma que lleva el diablo de su propia boda? ¿Tanto os cuesta ser sinceros? ¿Qué podéis perder? Ya habéis perdido treinta años en discusiones, decid la verdad, aunque solo sea por variar.
Pero no era tan fácil. Para ninguno.
- Está bien, si ninguno tiene valor para empezar, lo haré yo. - Dijo el cura.- Sois los dos un par de locos cabezotas. Dios os ha bendecido con el amor y os habéis dedicado a corromperlo durante treinta años, 30 años que ya nunca recuperaréis, que habéis perdido en disputas sin sentido. Y ahora, cuando tenéis otra oportunidad, preferís seguir discutiendo, solo por no dar vuestro brazo a torcer. Y lo peor es que con vuestra terquedad no solo os condenáis a vosotros, sino también a Tristán y Pepa, a la infelicidad.
- Él me abandonó primero- dijo Francisca, como una niña enfadada
- Y ella se ha dedicado a arruinarme.
- Él me dejó tirada por una ricachona sin buen gusto, y me refiero a la de hace 30 años no a la de ahora, mientras yo tenía que hacerme cargo del hijo que esperaba.
- Ni siquiera me lo dijo. Me dejó vivir en la ignorancia
- De eso no tengo la culpa yo, Raimundo, ahí te metiste a vivir tú solo.
- Muy graciosa. Lo ve padre, no se puede con ella.
- No se puede con vosotros- dijo el cura- Pero vamos a ver, Raimundo hace 30 años ¿la querías?
- Yo…- qué podía decir, estaba claro- sí, con toda mi alma
- ¿Y tú a él, Francisca?
- Sí- dijo apartando la mirada.
- Vale. Os queríais y los dos os hicisteis mucho daño, tomasteis malas decisiones, pero los errores están para aprender y las caídas para levantarse no para regocijarnos en el barro en el que hemos caído. Así, que por una vez, aprended de todo este tiempo que lleváis separados, aprended de vuestro hijo, que tiene mucho que enseñaros, y decidme la verdad, porque esta es la gran pregunta…¿Os seguís queriendo?
Nati qeu bonitno!! me ha encatnado el momento en coma, pero mas todavia qeu me patrocinaras la Laca-PACA jajaja, no en serio, precioso!
Ruth tu ya lo sabes pero te lo repito, menos mal que el niño es de Rai, y que bonito!! no tengo palabras
En cuanto a la escena de ayer: GENIAL, MARAVILLOSA, no hay más palabras, bueno muhcos elogios sí, pero ya lo sabeis todas qeu el momento Paca-Bichagueda Flashback fue... pa echarse a llorar, con lo sensiblera que soy yo, ya me veis a mi sola gritandole a mi compañera de piso: "Si es qeu la Paca es un sola" y llorando a moco tendido...jaja
Por cierto he pensado qeu al final vamos a tener qeu darle las gracias y todo a Agueda proqeu nos ha hecho muchos favores: alegrar a Rai, ponerle las pilas a la Paca, sacarle el lado romantico y sensible y, el mayor favor qeu nos ha hecho...Morirse!! asi que ya sabeis, le debemos un gracias, pero pa otro dia jaja
Hoy no tengo profe de anatomia que me alegre la vista asi que me contentare con dejaros un capi larguito en compensacion porque ayer no me dio tiempo
Por cierto, dejo constancia de qeu Raimundo ayer uso GOMINA RAIMUNDO, la mejor del mundo y Francisca y Emilia, Laca-Paca. Y claro, ahora pienso, como se den tanta prisa en sacar la linea de ropa interior...a alguna le da un mal y no se si podre cargar sobre mi conciencia...que digo? por ver a Raimundi??Si qeu puedo, ahroa msimo me pongo jajaja
Bueno, espero qeu os guste el capi, os recuerdo qeu teniamos sombra misteriosa...apuestas?
SUEÑOS DEL PASADO
Desde una distancia prudente, había podido observarlo todo, escuchando cada una de sus palabras, deseando acabar con ellos en aquel mismo instante, pero sin atreverse a intervenir, prefería seguir observando, ver a dónde llevaba todo aquello. Esperó pacientemente hasta que la obra pareció llegar a su fin y Raimundo comenzó a separarse de Francisca dejándola allí sola, tirada sobre una roca, sin ser apenas capaz de ponerse en pie. Ella no habría querido decirlo, no había querido decírselo a Raimundo para no parecer débil, pero lo cierto es que sus piernas volvían a negarle sus peticiones de movimiento. Aquella era su oportunidad para conseguir lo que pretendía, debía aprovechar que estaban los dos, todavía juntos, vulnerables. Era el momento que llevaba tiempo, demasiado tiempo, esperando para conseguir su propósito. La oscura figura se deslizó entre las sombras de los árboles hasta llegar a la altura de la pareja.
- Quieto ahí Ulloa, nadie se va a ir a ninguna parte- dijo con su grave voz.
- Pero ¿qué hace usted aquí?- dijo Francisca sin poder creérselo
- Mire Don Anselmo, lo siento pero no estoy de humor, me voy-Dijo Raimundo
- No se te ocurra dar un paso más, Raimundo. Vamos a hablar como adultos. Os he estado… observando
- Diga mejor espiando- dijo Francisca
- Lo que sea. Lo que importa es que os habéis estado comportando como críos, discutiendo sin escuchar al otro. Así que vais a conversar como personas adultas.
- Ya nos hemos dicho todo lo que nos teníamos que decir- Dijo Raimundo
- Cierto, métase en sus asuntos- dijo ella
- ¿Os habéis dicho todo? ¿Le has preguntado a Francisca, Raimundo, por qué se ha levantado de la silla de ruedas y ha salido sola en dirección a la iglesia? ¿O tú, Francisca, le has preguntado por qué ha salido como alma que lleva el diablo de su propia boda? ¿Tanto os cuesta ser sinceros? ¿Qué podéis perder? Ya habéis perdido treinta años en discusiones, decid la verdad, aunque solo sea por variar.
Pero no era tan fácil. Para ninguno.
- Está bien, si ninguno tiene valor para empezar, lo haré yo. - Dijo el cura.- Sois los dos un par de locos cabezotas. Dios os ha bendecido con el amor y os habéis dedicado a corromperlo durante treinta años, 30 años que ya nunca recuperaréis, que habéis perdido en disputas sin sentido. Y ahora, cuando tenéis otra oportunidad, preferís seguir discutiendo, solo por no dar vuestro brazo a torcer. Y lo peor es que con vuestra terquedad no solo os condenáis a vosotros, sino también a Tristán y Pepa, a la infelicidad.
- Él me abandonó primero- dijo Francisca, como una niña enfadada
- Y ella se ha dedicado a arruinarme.
- Él me dejó tirada por una ricachona sin buen gusto, y me refiero a la de hace 30 años no a la de ahora, mientras yo tenía que hacerme cargo del hijo que esperaba.
- Ni siquiera me lo dijo. Me dejó vivir en la ignorancia
- De eso no tengo la culpa yo, Raimundo, ahí te metiste a vivir tú solo.
- Muy graciosa. Lo ve padre, no se puede con ella.
- No se puede con vosotros- dijo el cura- Pero vamos a ver, Raimundo hace 30 años ¿la querías?
- Yo…- qué podía decir, estaba claro- sí, con toda mi alma
- ¿Y tú a él, Francisca?
- Sí- dijo apartando la mirada.
- Vale. Os queríais y los dos os hicisteis mucho daño, tomasteis malas decisiones, pero los errores están para aprender y las caídas para levantarse no para regocijarnos en el barro en el que hemos caído. Así, que por una vez, aprended de todo este tiempo que lleváis separados, aprended de vuestro hijo, que tiene mucho que enseñaros, y decidme la verdad, porque esta es la gran pregunta…¿Os seguís queriendo?
#6693
23/03/2012 09:28
Ninguno respondía pero los dos esperaban la respuesta del otro. Se miraron como si fueran unos adolescentes, ruborizándose cuando sus miradas se cruzaban, sin atreverse a hablar.
- Yo…- los dos hablaron a la vez y se callaron.
- Dilo tú primero- dijo Raimundo
- No tú- dijo ella
- Las damas primero
- El burro delante para que no se espante- dijo ella
- No se puede contigo- se enfadó Raimundo
- Ni contigo, si es una frase hecha
- Claro, hecha por ti.
- Pero mira que eres susceptible. ¿Quieres contestar a la pregunta del cura?- Por favor, por favor, pensaba Francisca, di que me quieres y lo olvidaré todo, solo dos palabras, dímelo.
- ¿Por qué no lo dices tú primero?- Dímelo Francisca, solo di que me quieres, que siempre me has querido y te juro que dejaré todo lo demás atrás, que te perdonaré por todo, que me olvidaré de tus maldades. Solo necesito escuchar que me quieres.
- El que sea, pero decidlo de una vez, que esto se está haciendo más largo que el Antiguo Testamento.
Volvieron a callar. No voy a hablar primero, decía Francisca, y si le digo que le quiero y él me dice que está enamorado de Águeda. No, no podría soportarlo, mejor vivir en la ignorancia, mejor sola que abandonada.
- Han sido muchas cosas- dijo Francisca
- Demasiadas- dijo Raimundo que había estado pensando lo mismo. No podía decirle que la quería sin saber lo que ella diría
- Sería mejor…
- Pasar página- Se miraron sin saber qué decían, ni por qué lo decían- Cada cual…
- Por su camino- dijo ella sin dejar de mirarlo ¿de verdad Raimundo? ¿Tú lo crees? porque yo no
- Sí.
- Pues adiós- otra vez aquellas palabras odiosas, por qué se habría inventaod el adiós
- Adiós.- Cobarde se dijo Raimundo.
- Par de cabezotas
Pero ninguno le hizo caso. Raimundo se giró y comenzó a andar camino al pueblo. Mientras, con las pocas fuerzas que le quedaban Francisca se levantaba de la piedra y trataba de andar hacia la Casona, dando más de un pequeño Traspiés.
Seré imbécil, por qué lo he hecho, por qué lo he dicho. Pensaba Raimundo. Solo yo puedo ser tan cobarde, por qué siempre se iba, siempre la dejaba, siempre abandonaba, era cierto. Cuándo había luchado por su amor, nunca, poco y mal. Y ahora volvía a irse.
Se había ido, pensaba Francisca, él había sido el primero en irse, en alejarse de ella, dejándola sola con el cura. Se había cansado de esperar, se había cansado de no saber a qué atenerse, si la quería o no, no sabía qué pensar, no sabía qué hacer. Solo sabía que él no había podido decirle que la quería, que había comenzado a andar primero. Pero por qué ella lo había imitado, ¿no era la fuerte? ¿no era la luchadora? Podía luchar, ella era la que podía luchar. Pero estaba demasiado cansada para seguir luchando por él. No le quedaban fuerzas, no le quedaban…
Esperanza. No tenía la esperanza de que ella lo quisiese, de que ella lo perdonara. Seguía andando, impasible, abatido, con paso firme. Por qué seguía andando si en cada paso le gritaba a sus pies que se detuviesen, que retornaran sobre sus pasos para volver con Francisca. Era cierto que había sido malvada, pero lo era todo ara él, y si ella tenía razón ¿y si no era tan cruel como él la pintaba? ¿Y si tenía que ver más allá? Más allá de lo que ella mostraba, más allá de lo que él pensaba, de lo que había imaginado. ¿Y si su pequeña seguía allí?
- SOIS LOS DOS UNOS TERCOS- escucharon gritar de pronto. Ya los separaba una buena distancia, pero la voz del cura se elevó sobre la explanada.- ¿No veis que ninguno ha respondido porque os queréis?
Raimundo se giró, la miró en la lejanía. Francisca también se había detenido y lo miraba. A pesar de la distancia podía ver cómo el viento mecía su cabello, suelto a causa de las caídas, cómo se mevía su falda. Entonces le pareció, pero no podía ser, o sí. Ella le sonreía. Raimundo buscó sus ojos, no podía vivir un día más sin aquellos ojos, no podría… y no lo haría. Echó a correr, pero esta vez hacia ella, dejando todo su dolor, sus rencores, las pesadillas, los malos recuerdos atrás. Corrió hacia ella.
Francisca escuchó el grito del cura y se volvió para mirar a Raimundo, ¿sería cierto? Ella lo quería, lo quería tanto… pero es que después de tanto tiempo. Sin embargo, al verlo allí de pie, parado mirándola, no pudo evitar sonreír. Lo quería, lo necesitaba, maldita sea. Y entonces él comenzó a correr hacia ella- Sin pensárselo dos veces, Francisca agarró sus faldas para lanzarse a la carrera en busca de su amor. Las piernas dejaron de dolerle, por una vez, le respondieron sin oponer quejas, y aunque las hubieran puesto, no les hubiera hecho caso.
Corrieron, corrieron hasta que los latidos de sus corazones les impidieron escuchar sus agitadas respiraciones, hasta que les faltó el aliento, hasta que sus piernas comenzaron a temblar del cansancio… hasta encontrarse en mitad de la verde pradera. Raimundo la tomó por la cintura para elevarla sobre él, girándola en el aire. Al hacerla descender, lentamente, sus rostros se encontraron, podían notar la respiración del otro en su piel, los ojos brillantes por el ejercicio, las mejillas todavía sonrosadas, y el deseo clavado a fuego en su piel. Francisca alzó la mano para acariciar su rostro, dibujando con la yema de su dedo todas las líneas de su faz, sintiendo su piel, queriendo perderse en aquellos profundos ojos castaños. Fue como si se vieran por primera vez en treinta años, como si por fin se vieran, como si el tiempo no hubiera pasado y aquellos años separados hubiera sido una vulgar pesadilla. Mientras Francisca unía su frente a la de él, dejando caer el peso que había llevado encima en aquella pesadilla, incluso le pareció verlo de nuevo, treinta años más joven, con su melena castaña, con aquellos hoyuelos de niño travieso que aparecían con cada sonrisa y que ahora tapaba la barba, con todo aquello por lo que llevaba más de media vida suspirando.
- Vale- dijo ella, casi sin aliento- Te quiero
- Y yo quiero pasar el resto de mi vida contigo.
Por fin, casi sin atreverse, comenzaron a acercar sus labios, lentamente, con miedo, pero con deseo, con el ardor contenido en treinta años. Disfrutando de la escasa distancia que los separaba, dejando que el ocaso iluminase el rostro del otro, contemplando el brillo que el sol escondiéndose dibujaba en aquellos oscuros ojos, sintiendo su cálido aliento y muriendo, muriendo de ganas de recorrer aquel último centímetro para unir sus labios por una vez, solo una vez, solo un poco más.
Venga, sed sinceras...ya pensabais que era Castro verdad??jajaja Muchos besos
- Yo…- los dos hablaron a la vez y se callaron.
- Dilo tú primero- dijo Raimundo
- No tú- dijo ella
- Las damas primero
- El burro delante para que no se espante- dijo ella
- No se puede contigo- se enfadó Raimundo
- Ni contigo, si es una frase hecha
- Claro, hecha por ti.
- Pero mira que eres susceptible. ¿Quieres contestar a la pregunta del cura?- Por favor, por favor, pensaba Francisca, di que me quieres y lo olvidaré todo, solo dos palabras, dímelo.
- ¿Por qué no lo dices tú primero?- Dímelo Francisca, solo di que me quieres, que siempre me has querido y te juro que dejaré todo lo demás atrás, que te perdonaré por todo, que me olvidaré de tus maldades. Solo necesito escuchar que me quieres.
- El que sea, pero decidlo de una vez, que esto se está haciendo más largo que el Antiguo Testamento.
Volvieron a callar. No voy a hablar primero, decía Francisca, y si le digo que le quiero y él me dice que está enamorado de Águeda. No, no podría soportarlo, mejor vivir en la ignorancia, mejor sola que abandonada.
- Han sido muchas cosas- dijo Francisca
- Demasiadas- dijo Raimundo que había estado pensando lo mismo. No podía decirle que la quería sin saber lo que ella diría
- Sería mejor…
- Pasar página- Se miraron sin saber qué decían, ni por qué lo decían- Cada cual…
- Por su camino- dijo ella sin dejar de mirarlo ¿de verdad Raimundo? ¿Tú lo crees? porque yo no
- Sí.
- Pues adiós- otra vez aquellas palabras odiosas, por qué se habría inventaod el adiós
- Adiós.- Cobarde se dijo Raimundo.
- Par de cabezotas
Pero ninguno le hizo caso. Raimundo se giró y comenzó a andar camino al pueblo. Mientras, con las pocas fuerzas que le quedaban Francisca se levantaba de la piedra y trataba de andar hacia la Casona, dando más de un pequeño Traspiés.
Seré imbécil, por qué lo he hecho, por qué lo he dicho. Pensaba Raimundo. Solo yo puedo ser tan cobarde, por qué siempre se iba, siempre la dejaba, siempre abandonaba, era cierto. Cuándo había luchado por su amor, nunca, poco y mal. Y ahora volvía a irse.
Se había ido, pensaba Francisca, él había sido el primero en irse, en alejarse de ella, dejándola sola con el cura. Se había cansado de esperar, se había cansado de no saber a qué atenerse, si la quería o no, no sabía qué pensar, no sabía qué hacer. Solo sabía que él no había podido decirle que la quería, que había comenzado a andar primero. Pero por qué ella lo había imitado, ¿no era la fuerte? ¿no era la luchadora? Podía luchar, ella era la que podía luchar. Pero estaba demasiado cansada para seguir luchando por él. No le quedaban fuerzas, no le quedaban…
Esperanza. No tenía la esperanza de que ella lo quisiese, de que ella lo perdonara. Seguía andando, impasible, abatido, con paso firme. Por qué seguía andando si en cada paso le gritaba a sus pies que se detuviesen, que retornaran sobre sus pasos para volver con Francisca. Era cierto que había sido malvada, pero lo era todo ara él, y si ella tenía razón ¿y si no era tan cruel como él la pintaba? ¿Y si tenía que ver más allá? Más allá de lo que ella mostraba, más allá de lo que él pensaba, de lo que había imaginado. ¿Y si su pequeña seguía allí?
- SOIS LOS DOS UNOS TERCOS- escucharon gritar de pronto. Ya los separaba una buena distancia, pero la voz del cura se elevó sobre la explanada.- ¿No veis que ninguno ha respondido porque os queréis?
Raimundo se giró, la miró en la lejanía. Francisca también se había detenido y lo miraba. A pesar de la distancia podía ver cómo el viento mecía su cabello, suelto a causa de las caídas, cómo se mevía su falda. Entonces le pareció, pero no podía ser, o sí. Ella le sonreía. Raimundo buscó sus ojos, no podía vivir un día más sin aquellos ojos, no podría… y no lo haría. Echó a correr, pero esta vez hacia ella, dejando todo su dolor, sus rencores, las pesadillas, los malos recuerdos atrás. Corrió hacia ella.
Francisca escuchó el grito del cura y se volvió para mirar a Raimundo, ¿sería cierto? Ella lo quería, lo quería tanto… pero es que después de tanto tiempo. Sin embargo, al verlo allí de pie, parado mirándola, no pudo evitar sonreír. Lo quería, lo necesitaba, maldita sea. Y entonces él comenzó a correr hacia ella- Sin pensárselo dos veces, Francisca agarró sus faldas para lanzarse a la carrera en busca de su amor. Las piernas dejaron de dolerle, por una vez, le respondieron sin oponer quejas, y aunque las hubieran puesto, no les hubiera hecho caso.
Corrieron, corrieron hasta que los latidos de sus corazones les impidieron escuchar sus agitadas respiraciones, hasta que les faltó el aliento, hasta que sus piernas comenzaron a temblar del cansancio… hasta encontrarse en mitad de la verde pradera. Raimundo la tomó por la cintura para elevarla sobre él, girándola en el aire. Al hacerla descender, lentamente, sus rostros se encontraron, podían notar la respiración del otro en su piel, los ojos brillantes por el ejercicio, las mejillas todavía sonrosadas, y el deseo clavado a fuego en su piel. Francisca alzó la mano para acariciar su rostro, dibujando con la yema de su dedo todas las líneas de su faz, sintiendo su piel, queriendo perderse en aquellos profundos ojos castaños. Fue como si se vieran por primera vez en treinta años, como si por fin se vieran, como si el tiempo no hubiera pasado y aquellos años separados hubiera sido una vulgar pesadilla. Mientras Francisca unía su frente a la de él, dejando caer el peso que había llevado encima en aquella pesadilla, incluso le pareció verlo de nuevo, treinta años más joven, con su melena castaña, con aquellos hoyuelos de niño travieso que aparecían con cada sonrisa y que ahora tapaba la barba, con todo aquello por lo que llevaba más de media vida suspirando.
- Vale- dijo ella, casi sin aliento- Te quiero
- Y yo quiero pasar el resto de mi vida contigo.
Por fin, casi sin atreverse, comenzaron a acercar sus labios, lentamente, con miedo, pero con deseo, con el ardor contenido en treinta años. Disfrutando de la escasa distancia que los separaba, dejando que el ocaso iluminase el rostro del otro, contemplando el brillo que el sol escondiéndose dibujaba en aquellos oscuros ojos, sintiendo su cálido aliento y muriendo, muriendo de ganas de recorrer aquel último centímetro para unir sus labios por una vez, solo una vez, solo un poco más.
Venga, sed sinceras...ya pensabais que era Castro verdad??jajaja Muchos besos
#6694
23/03/2012 11:26
TU AMOR ES MI CONDENA
[/b]Francisca creyó que el mundo se abría bajo sus pies. ¿Sería posible que la vida le otorgara aquella felicidad? Bajó la mirada hasta su vientre, acariciándolo con las manos. Su pequeño, su bebe… era de Raimundo.
– ¿Estás segura, Pepa? -. Lloraba emocionada. – ¿No hay posibilidad de que te hayas equivocado? -. Le daba miedo creer que por una vez, las cosas eran como debían ser.
– No hay duda Señora -. Se acercó hasta ella, agachándose y poniendo las manos con ternura sobre ella. – Este pequeñín es un Ulloa Montenegro -. Dirigió su mirada hasta la puerta, pensando en Raimundo que esperaba fuera. – Debería darle al papá la feliz noticia, ¿no cree? -.
Francisca con lágrimas en los ojos, agachó la mirada.
– Un bebe, Pepa… no puedo retenerle a mi lado solo porque sea suyo… -.
Pepa suspiró.
– Doña Francisca, dese tiempo. Y déjese cuidar y mimar. Raimundo la ama y esperará el tiempo que sea necesario -. Se incorporó sentándose a su lado. – Tanto usted como yo hemos pasado mucho, Señora. Golpes, abusos… y aquí nos tiene. Somos supervientes. Y tenemos la suerte de tener a nuestro lado a gente que solo quiere querernos. Y cuidarnos -. La miró de medio lado, sonriendo. – ¿No cree que ya va siendo hora de ser feliz? -.
Se puso en pie sin decir nada más y abrió la puerta.
– ¡Raimundo! -. Le llamó. – Puede pasar -.
Raimundo se giró con rapidez en cuanto escuchó la voz de Pepa a sus espaldas. Corrió hacia la puerta. Mirando hacia el interior. Viendo a su pequeña Francisca sentada en la cama. Amándola cada vez más con cada segundo que pasaba.
– Los dejo solos -. Pepa salió de la habitación, otorgándoles la intimidad que necesitaban.
Raimundo se acercó lentamente hacia ella. Adorándola con la mirada. Se agachó junto a ella y tomó sus manos entre las suyas.
– ¿Cómo estás preciosa? -. Le susurró.
Francisca le miró. Y no pudo encontrarse con una mirada cargada con tanto amor como la que le dedicaba Raimundo en ese instante. Acercó sus manos unidas hasta su vientre.
– Raimundo… es tuyo -. La voz se le quebraba por la emoción. – Es nuestro hijo -. Lloró.
Él cerró los ojos con fuerza. En realidad ya quería a ese bebe como suyo propio, pero saber que en realidad sí lo era, inundó su cuerpo y su alma de una calidez, y de un amor que hasta a él mismo le sorprendió. Se acercó hasta su boca. Quedando tan solo a unos milímetros.
– Te amo, Francisca -.
Musitó emocionado. Haciendo que sus labios se rozaran en un beso incompleto. Aguantándose las ganas de tumbarse sobre ella y amarla sin descanso. Con la misma lentitud con la que se había acercado a ella, se fue soltando hasta abarcar su vientre con las manos. Acariciándole con ternura.
– Hola princesa… papá está aquí -. Apoyó la frente sobre él. – Papá está aquí… -.
Francisca estaba paralizada. Observaba a Raimundo cegada por las lágrimas sintiendo que su amor por él la desbordaba. ¿No cree que ya va siendo hora de ser feliz? Las recientes palabras de Pepa retumbaban en su cabeza.
Feliz.
Algo muy parecido a eso estaba sintiendo en ese momento. Cuando creía que ya jamás volvería a serlo. Cuando pensaba que su vida estaba acabada, se le ofrecía una nueva oportunidad. Eran muchos los sinsabores que había sufrido a lo largo del tiempo. Pero la alegría y el amor que le ofrecía Raimundo, compensaba con creces todo lo demás.
Movió sus manos hasta él, que reposaba la cabeza sobre su regazo. Con ternura, acarició su cabello. Dando gracias al destino por haber puesto en su camino a ese hombre maravilloso hacía ya tantos años.
– ¿Princesa? -. Atisbó a decir. – ¿Qué te hace pensar que será una niña? -.
Raimundo movió la cabeza ligeramente. No quería separarse de ella. De sus caricias. Era la primera vez que ella le mostraba afecto por iniciativa propia desde lo ocurrido.
– Será una preciosa niñita de cabello oscuro. Igualita a su mamá -.
Francisca sonrió a pesar de las lágrimas. Tomó su rostro y muy despacio lo acercó hacia ella. Dejando un leve beso sobre sus labios.
– Procuraré no llevarte la contraria… -. Raimundo acarició su rostro. Escuchándola.- Te amo con toda mi alma Raimundo… -. Apoyó su frente en la de él. – Te amo y te amaré todos los días de mi vida. Y solo te pido que me ames…y que tengas paciencia conmigo…-.
Raimundo se puso en pie arrastrándola entre sus brazos.
– ¿Amarte? Nunca he dejado de hacerlo, mi niña. Te amaré eternamente -. Escondió su rostro en el hueco de su cuello. Aspirando su aroma a jazmín. – Tenemos toda la vida para amarnos, mi ángel. Cuando tú quieras. Yo siempre estaré a tu lado -.
Con timidez, Francisca se abrazó a él. Amándole y dejándose amar. Borrando de su mente los fantasmas del pasado.
– Volvamos a casa, Francisca. A nuestro hogar -.
Continuará...
[/b]
#6695
23/03/2012 14:00
LAURY : Como tegusta tenernos intrigadas quien podia ser yo te confienso que pensaba que era salva dor pero , meha gutado que sea don alselmo jajajjaj sigue por favor.
RUHT: NO se porque me da que esto guele a boda .
UN BESITO GUAPAS
RUHT: NO se porque me da que esto guele a boda .
UN BESITO GUAPAS
#6696
23/03/2012 19:18
TU ERES MI CONDENA
[/b]Pasaron varios meses en los que el embarazo siguió su curso. Raimundo no se separaba de ella ni un solo instante, salvo en las noches. Seguía sin querer compartir intimidad con él. No se sentía preparada y además aún tenía miedo. Sabía que era irracional, porque Raimundo no iba a hacerle ningún daño. Al contrario. Cada día que pasaba era más atento y delicado con ella.
Únicamente habían compartido algunos tímidos besos y tiernas caricias, que siempre terminaban de la misma forma. Ella terminaba por apartarse de él, temerosa de que Raimundo no pudiera controlarse. Sabía, aunque no lo mirara, que él sufría pensando en que jamás superaría sus temores. Ella quería hacerlo. Quería amarle y darle lo que pedía. Pero tenía miedo. Bajaba la cabeza apenada y entonces Raimundo se acercaba a ella depositando un suave beso en su mejilla.
– Tranquila mi amor -.
Y cambiaba de tema, aligerando el momento pasado e iniciando una agradable conversación sobre algún tema poco trascendental. Hasta que ella volvía a sentirse relajada y tranquila en su compañía.
Faltaba poco para que el bebe naciera, y Francisca se sentía demasiado pesada para moverse con facilidad. Pepa le había recomendado que diera largos paseos por la finca, pero siempre manteniendo la cautela y no excediéndose. En el momento en que se viera fatigada, debería detenerse a descansar.
Pero esa última semana le había sido imposible casi dar un solo paso. Hacía demasiado calor, pues ya estaba comenzando el verano. Estaba de un humor irritable y le dolían demasiado las piernas. Aquella noche, sintió un leve pinchazo en el estómago y Raimundo se asustó.
– No se preocupe, Raimundo -. Le tranquilizó Pepa, que esa noche se había quedado a cenar en la Casona y que salía de la habitación de Francisca después de haberla examinado. – Aún no es momento de que llegue el niño -.
– Niña, Pepa. Será una niña -. Suspiró con alivio.
Tristán y Pepa también se sonrieron ante la seguridad de Raimundo.
– Pero… -. Añadió Pepa.
– ¿Pero? ¡Pero qué! -. Se asustó él de nuevo. – ¿Qué ocurre? ¡Dime lo que sea! -.
A Pepa le daban ganas de reír. Cualquiera que viera a Raimundo en ese momento pensaría que era un padre primerizo, cuando estaba más que claro que no era el caso. Tristán puso los ojos en blanco al ver el nerviosismo de su padre.
– No ocurre nada Raimundo, relájese -. Se acercó a él y le tomó del brazo. – Lo que quería decirle es que no es conveniente que ella pase las noches sola. Puede ponerse parto en cualquier momento y necesita a alguien a su lado -.
Raimundo comprendió lo que ella le pedía. Tendría que quedarse junto a Francisca hasta que llegara el momento del alumbramiento. Porque no habría discusión en quien se quedaría con ella. No permitiría que fuera Rosario o cualquier otra persona las que pasaran esa noche a su lado. Era el padre de la criatura y a él es a quien le correspondía quedarse.
– Yo estaré a su lado, no os preocupéis. Estaré pendiente de ella -. Sonrió ante la idea de pasar las noches junto a Francisca, aunque fuera solo por tenerla en sus brazos. – Voy a verla -.
Se despidió de ellos y fue hacia el dormitorio. Francisca trataba de ponerse el camisón a duras penas. Se volvió al escuchar la puerta y vio a Raimundo apoyado en el dosel, mirándola embobado con una media sonrisa en los labios. Ella trató de cubrirse, pero luego pensó en lo absurdo de su acción. Estaba claro que ella sola no iba a poder terminar de vestirse, así que le pidió su ayuda.
– ¿Podrías… podrías ayudarme a ponerme el camisón? -.
#6697
23/03/2012 19:19
Él no contestó, pero terminó de entrar en la habitación cerrando la puerta tras él. Se acercó lentamente hacia ella hasta que se situó a su lado. Le quitó el camisón de las manos y la giró con suavidad, empezando a desabrocharle el vestido. Tentado estuvo de acariciar con la yema de sus dedos la piel de ella que iba quedando desnuda a su paso, pero se contuvo con todas sus fuerzas. La despojó del vestido finalmente y tomó el camisón. Se lo puso por la cabeza, ayudándole a meter los brazos por las mangas. Cuando terminó, la tomó del rostro con suavidad y besó su frente.
– Lista -.
Se apartó de ella y fue hacia la ventana. Francisca se había quedado sorprendida por su actitud. Pensaba que, como siempre, él trataría de besarla y acercarse a ella, pero no había sido así en esta ocasión. En fin, tal vez se había cansado de intentarlo, pensó. Se sintió ridícula por seguir manteniendo esa distancia entre ellos. Aunque su estado actual haría imposible cualquier acercamiento entre ellos. Se volvió a él dispuesta a darla las buenas noches cuando descubrió que Raimundo se había quitado la chaqueta y comenzaba a hacer lo propio con la camisa, desabrochando uno a uno los botones.
– ¿Qué haces Raimundo? -.
Él la miró sin dejar de quitarse la ropa. – Me preparo para ir a dormir -.
– Eso ya lo veo Ulloa, pero… ¿piensas dormir aquí? -. Su voz sonó más temerosa de lo que hubiera querido. Raimundo se dio cuenta de ello.
– Tranquila mi niña -. Se acercó a ella. – En tu estado puedes ponerte de parto en cualquier momento y solo quiero estar alerta por si eso ocurre. Eso es todo -. La sujetó por los brazos mientras la miraba con ternura. – Te dije que esperaría todo el tiempo que fuera necesario, pequeña mía. No haremos nada que tú no quieras hacer -.
Francisca sonrió nerviosa. Deseaba tanto estar con él… Tímidamente, subió sus manos por el pecho de Raimundo, deteniéndose a cada momento para acariciarlo. Él la dejaba hacer sin interrumpirla. Se dio cuenta de que Francisca estaba más relajada cuando ella llevaba la iniciativa, así que la dejó continuar. Sus manos reptaron hasta llegar a su barba, enredando los dedos en ella.
– Te quiero mucho, Raimundo… Ojalá… -.
Él subió las manos hasta enmarcar su rostro. – ¿Ojalá qué, mi vida? -.
Ella no contestó. Lo único que hizo fue acercarse muy despacio hasta sus labios, rozándolos con dulzura. Tanteando. Hasta que al fin se decidió a aplicar más presión sobre ellos. Mordisqueando. Lamiendo con la punta de la lengua. Raimundo se estaba volviendo loco, pero aun así trataba de resistir. Francisca le obligó a abrir la boca con sus labios hasta que por fin se fundieron en un beso. Tierno. Suave. Sus lenguas se enredaron con timidez. Igual que cuando compartieron su primer beso.
Raimundo la aferró por las caderas, acercándola con toda la delicadeza que su escaso control le permitía. ¡Estaba en la gloria! Sintiendo su cuerpo al fin cerca del suyo. Tan sumido estaba en saborearla, que se sorprendió cuando sintió los brazos de Francisca apartándole por el pecho. Se separó de ella, mirando su rostro desencajado.
– Por todos los santos Francisca, lo siento mucho… -.
– No…Raimundo… -. Francisca se retorció. – Creo que ya viene… -.
– ¿Ya viene? -. Tardó unos segundos en reaccionar. – ¡Ya viene! ¡Ya viene! -. Gritó. Con rapidez, la llevó hasta la cama, posándola con delicadeza. – Dame un segundo mi vida. Pepa debe estar aún en la Casona -. Besó fugazmente sus labios. – Te quiero mi vida… -.
Salió corriendo de la habitación en busca de Pepa, mientras ella sufría una nueva contracción.
– Lista -.
Se apartó de ella y fue hacia la ventana. Francisca se había quedado sorprendida por su actitud. Pensaba que, como siempre, él trataría de besarla y acercarse a ella, pero no había sido así en esta ocasión. En fin, tal vez se había cansado de intentarlo, pensó. Se sintió ridícula por seguir manteniendo esa distancia entre ellos. Aunque su estado actual haría imposible cualquier acercamiento entre ellos. Se volvió a él dispuesta a darla las buenas noches cuando descubrió que Raimundo se había quitado la chaqueta y comenzaba a hacer lo propio con la camisa, desabrochando uno a uno los botones.
– ¿Qué haces Raimundo? -.
Él la miró sin dejar de quitarse la ropa. – Me preparo para ir a dormir -.
– Eso ya lo veo Ulloa, pero… ¿piensas dormir aquí? -. Su voz sonó más temerosa de lo que hubiera querido. Raimundo se dio cuenta de ello.
– Tranquila mi niña -. Se acercó a ella. – En tu estado puedes ponerte de parto en cualquier momento y solo quiero estar alerta por si eso ocurre. Eso es todo -. La sujetó por los brazos mientras la miraba con ternura. – Te dije que esperaría todo el tiempo que fuera necesario, pequeña mía. No haremos nada que tú no quieras hacer -.
Francisca sonrió nerviosa. Deseaba tanto estar con él… Tímidamente, subió sus manos por el pecho de Raimundo, deteniéndose a cada momento para acariciarlo. Él la dejaba hacer sin interrumpirla. Se dio cuenta de que Francisca estaba más relajada cuando ella llevaba la iniciativa, así que la dejó continuar. Sus manos reptaron hasta llegar a su barba, enredando los dedos en ella.
– Te quiero mucho, Raimundo… Ojalá… -.
Él subió las manos hasta enmarcar su rostro. – ¿Ojalá qué, mi vida? -.
Ella no contestó. Lo único que hizo fue acercarse muy despacio hasta sus labios, rozándolos con dulzura. Tanteando. Hasta que al fin se decidió a aplicar más presión sobre ellos. Mordisqueando. Lamiendo con la punta de la lengua. Raimundo se estaba volviendo loco, pero aun así trataba de resistir. Francisca le obligó a abrir la boca con sus labios hasta que por fin se fundieron en un beso. Tierno. Suave. Sus lenguas se enredaron con timidez. Igual que cuando compartieron su primer beso.
Raimundo la aferró por las caderas, acercándola con toda la delicadeza que su escaso control le permitía. ¡Estaba en la gloria! Sintiendo su cuerpo al fin cerca del suyo. Tan sumido estaba en saborearla, que se sorprendió cuando sintió los brazos de Francisca apartándole por el pecho. Se separó de ella, mirando su rostro desencajado.
– Por todos los santos Francisca, lo siento mucho… -.
– No…Raimundo… -. Francisca se retorció. – Creo que ya viene… -.
– ¿Ya viene? -. Tardó unos segundos en reaccionar. – ¡Ya viene! ¡Ya viene! -. Gritó. Con rapidez, la llevó hasta la cama, posándola con delicadeza. – Dame un segundo mi vida. Pepa debe estar aún en la Casona -. Besó fugazmente sus labios. – Te quiero mi vida… -.
Salió corriendo de la habitación en busca de Pepa, mientras ella sufría una nueva contracción.
Continuará...
[/b]
#6698
23/03/2012 19:54
A ver, que Laury me enrreda por el chat jaja y se me hace tarde.
Escenas del capítulo de hoy. 276
-Emilia… Ulloa va a la Casona. Rosario intenta convencerla de que no es buena idea el que trabaje en la Casona. (Parte 2, minuto 2:57)
-Continuación de la escena anterior con Francisca y Emilia. (Parte 2, minuto 7:17)
-Raimundo se entera por Mauricio de que su hija va a trabajar en la casona, aunque este no se lo termina de creer.(Parte3, minuto 0:08)
-Francisca y el alcalde.(Parte 3, minuto 2:34)(Justo cuando os recuperéis de la mirada de Rai jaja)
-Emilia vestida de criada. (Parte 3, minuto 9:02)
-Alfonso le confirma a Raimundo que Emilia está trabando para Francisca. (Parte 3, minuto 9:55)
-Francisca con Emilia y Olmo. (Parte 4, minuto 2:16)
-Raimundo y Emilia. La Ulloa, porque aunque no lo sea de sangre lo es, se ha pasado un poquito con nuestro Rai... pero bueno. (Parte 5, minuto 5:47)
De los relatos, Laury y Ruth, so wonderful
Escenas del capítulo de hoy. 276
-Emilia… Ulloa va a la Casona. Rosario intenta convencerla de que no es buena idea el que trabaje en la Casona. (Parte 2, minuto 2:57)
-Continuación de la escena anterior con Francisca y Emilia. (Parte 2, minuto 7:17)
-Raimundo se entera por Mauricio de que su hija va a trabajar en la casona, aunque este no se lo termina de creer.(Parte3, minuto 0:08)
-Francisca y el alcalde.(Parte 3, minuto 2:34)(Justo cuando os recuperéis de la mirada de Rai jaja)
-Emilia vestida de criada. (Parte 3, minuto 9:02)
-Alfonso le confirma a Raimundo que Emilia está trabando para Francisca. (Parte 3, minuto 9:55)
-Francisca con Emilia y Olmo. (Parte 4, minuto 2:16)
-Raimundo y Emilia. La Ulloa, porque aunque no lo sea de sangre lo es, se ha pasado un poquito con nuestro Rai... pero bueno. (Parte 5, minuto 5:47)
De los relatos, Laury y Ruth, so wonderful
#6699
23/03/2012 20:28
Chicas sois cojonudas escribiendo
#6700
23/03/2012 23:00
Chicas, solamente decir que los relatos son maravillosos no... LO SIGUIENTE.
Ruth, lo que te he dicho en el chat, ya quisiera yo que me salieran relatos con la misma calidad que los tuyos. SIGUEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE
También tengo que avisaros que en el relato de Natalia ha llegado un momento crucial para Natalia y doloroso para nosotras. La primera vez de Natalia y Raimundo. Tenía que llegar. Pero estoy preparando un pedazo de capítulo en el que Raimundo quedará como un héroe... Ya veréis
Un besazo a todas guapísimas
Ruth, lo que te he dicho en el chat, ya quisiera yo que me salieran relatos con la misma calidad que los tuyos. SIGUEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE
También tengo que avisaros que en el relato de Natalia ha llegado un momento crucial para Natalia y doloroso para nosotras. La primera vez de Natalia y Raimundo. Tenía que llegar. Pero estoy preparando un pedazo de capítulo en el que Raimundo quedará como un héroe... Ya veréis

Un besazo a todas guapísimas
