FormulaTV Foros

Foro El secreto de Puente Viejo

Subforo La Casona

El Rincón de Francisca y Raimundo:ESTE AMOR SE MERECE UN YACIMIENTO (TUNDA TUNDA) Gracias María y Ramon

Anterior 1 2 3 4 [...] 330 331 332 333 334 335 336 [...] 376 377 378 379 Siguiente
#0
samureta
samureta
08/06/2011 23:44
elrincondefranciscayraimundoesteamorsemereceunyacimientotundatundagraciasmariayramon

TODOS SUS VIDEOS
elrincondefranciscayraimundoesteamorsemereceunyacimientotundatundagraciasmariayramon

REDES SOCIALES
elrincondefranciscayraimundoesteamorsemereceunyacimientotundatundagraciasmariayramon
elrincondefranciscayraimundoesteamorsemereceunyacimientotundatundagraciasmariayramon


elrincondefranciscayraimundoesteamorsemereceunyacimientotundatundagraciasmariayramonelrincondefranciscayraimundoesteamorsemereceunyacimientotundatundagraciasmariayramon


No existe amor en paz. Siempre viene acompañado de agonías, éxtasis, alegrías intensas y tristezas profundas.

[/b]
#6641
Kerala
Kerala
18/03/2012 23:07
miri bravobravobravo
#6642
Triestrellasara
Triestrellasara
19/03/2012 01:19
Bueno yo os dejo una cosilla que hice para Rocío y que os la pongo por aquí y espero que os guste :)
elrincondefranciscayraimundoesteamorsemereceunyacimientotundatundagraciasmariayramon
#6643
laury93
laury93
19/03/2012 08:53
HolA!! Lo primero, si no he calculado mal...
Felicidades MARIA JOSE!!!Pasalo bien! que tienes premio doble, santo y cumple!!!y tu ya vienes con regalo de serie!! (mi sobrinita jeje) Pues eso felicidades!

Pero, ademas de por su cumple, hoy es un dia muy importante: poruq ees el dia de la cremá, no; porque tengo fiesta, tampoco... porque es el BICENTENATIO DE LA PEPA ¡Viva la PEPA!! Me encanta! la primera constiucion española! estoy emocionada!! jaja, y eso qeu soy de ciencas, imaginaos! Pero, bueno, en honor a tan señalada fecha hoy os dejare DOBLE entrega de relato!!, Mi duda es junto o separado?
Os dejo ahora la primera parte, dejo que lo asimileis, que penseis en matarme si eso y luego sigo, pero hoy sigo qeu hay que celebrar que hace 200 años hubo españoles qeu quisieron tener derechos, aunqeu no les durase na!

¡¡Viva la Pepa, viva la Paca!!

SUEÑOS DEL PASADO


Raimundo aguardaba impaciente la llegada de su gran amor, junto con sus dos acompañantes había sembrado el camino que ella seguiría de pétalos de rosa roja y había improvisado un pequeño altar bajo el gran roble que cobijaba la casa de los Castañeda. Raimundo no apartaba la vista de la pequeña cabaña de la que ella saldría de un momento a otro, estaba nervioso, claro, pero se preguntaba quién lo estaba más si él o el pobre párroco novato que no acertaba a pronunciar una oración completa de la propia presión, cómo si a él le importasen las palabras de ese viejo libro cuando lo único que quería era pasar el resto de su vida con su pequeña, su Francisca, su… No puede ser, dijo de pronto al ver aparecer en la puerta lo más hermoso que había contemplado en toda su vida.

- Me acabo de hacer creyente padre, - Dijo Raimundo- porque solo ese Dios del que tanto habla podría hacer algo tan bello.

No podía despegar los ojos de Francisca ni un segundo, no podía dejar de recorrer con la mirada las líneas de su cuerpo dibujadas tras el delicado vestido blanco, sus cabellos bajo el velo adornados con una corona de flores. Casi sentía impulsos de lanzarse a tierra y besar el suelo por el que pisaba porque todavía no podía creerse que una mujer tan… simplemente perfecta lo amase como él la amaba. Francisca llegó a su lado sin dejar de sonreír.

- Raimundo cariño mírame a los ojos, que no hay nada donde miras que no hayas visto- dijo ella divertida.
- Sí, sí. –Raimundo intentó recuperar la compostura, pero era muy difícil con ella delante.
- Bueno, pues si queréis empezamos- Dijo Anselmo- Mirad que es la primera boda que oficio, así que…
- Descuide padre- dijo Francisca.- Llevo soñando con este día desde que conocí a este hombre así que si necesita ayuda, yo seré su apuntadora personal.
- Vale, bien. Pues queridos hermanos estamos aquí…
- Eso se lo puede ahorrar- le cortó Francisca- somos cuatro gatos los reunidos y todos sabemos el por qué, vamos a lo importante.
- El Señor dijo una vez…
- ¿Qué parte de “importante” no ha entendido?
- Encima de que lo traen a uno arrastras a hacer una boda en mitad de ninguna parte, le van con exigencias, de verdad que menudo oficio el mío.
- Menos quejarse y más casar- Dijo Raimundo
- Vale, vosotros lo habéis querido: Raimundo Ulloa, ¿quieres a Francisca por esposa a pesar de que sea orgullosa, de que vaya a tenerte más “amarrau” que a un perro cojo y te propine de vez en cuando más de una colleja bien dada por legítima esposa? Y me refiero a pa siempre del todo, en lo bueno, en lo malo (que será más probable); en la salud y en la enfermedad; en la riqueza, pero muy sobre todo en la pobreza.
- Pues vaya cura positivo hemos encontrado- Dijo Francisca aludida
- Sí quiero- Dijo Raimundo mirándola a los ojos- Recibiría una y mil collejas suyas solo a cambio de un beso, de una sonrisa… Y lo de la pobreza, será toda una aventura.
- Allá tú infeliz- siguió el cura- ¿Y tú Francisca? Quieres a Raimundo, o sea, a este hombre terco, cabezota como él solo, descreído, ateo, más dado a las palabras que a la acción, con cierta inclinación por las bichas (porque menuda prometida la de la semana pasada), que no sabe hacer ni un huevo frito, que lleva días sin afeitarse…
- Vale ya se hace una idea- dijo Raimundo- y por cierto, es que me estoy dejando barba.
- De acuerdo, pues quieres a este hombre… terco como una mula, pero honrado que te quiere de veras, quieres compartir con él todos y cada uno de los días de tu vida, porque con lo cansino que es va a estar siempre, aunque eso signifique alejarte de todo lo que tienes y has conocido.
- Lo único verdadero que he conocido en mi vida es a él, así que sí quiero. Y, Dios me perdone, que les den a todos, y a mi padre el primero, es un amargado de la vida, pero yo pienso ser feliz y solo lo seré con él, aunque es verdad eso de que es algo cansino y no me ha salido muy valiente el hombretón, pero lo quiero con todo mi corazón.
#6644
laury93
laury93
19/03/2012 08:54
- Te perdono lo de que no soy valiente porque soy un caballero
- Y porque sabe que no puede conmigo- Le susurró Francisca al cura.
- ¿Tenéis los anillos?- Dijo el cura. Francisca y Raimundo se miraron consternados
- Ups- dijeron a la vez, ni se acordaban
- Sí, sí, yo los llevo- dijo Pedro- En algún bolsillo… tienen que estar
- Por Dios que alguien cachee a este hombre que a este paso no nos casamos hasta dentro de 30 años- dijo Francisca viendo como Pedro se desesperaba inspeccionando cada retazo de sus vestiduras
- Como diría Arquímedes: “Eureka”- dijo sacando los anillos
- Como diría mi tío el del pueblo: arreando que es gerundio- le apresuró Raimundo
Pedro fue a darles los anillos pero se le cayeron al suelo, rodando a su alrededor.
- Lo que yo te diga, en 30 años- dijo Francisca
- Eso ni en broma, como mucho en 29- se rió Raimundo
Pero por fin, Pedro los encontró y se los dio. Raimundo introdujo el fino anillo en el dedo de Francisca sabiendo que con aquel simple acto se unían para siempre, al igual que ella.
- Pues yo os declaro marido y mujer. Puedes…- Pero no les hizo falta permiso porque se lanzaron uno en brazos del otro para besarse llenos de alegría- besar a la novia- dijo el cura resignado- Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre
- Ni la mujer, padre, ni la mujer- dijo Francisca separándose de Raimundo- que hay mucha lagarta suelta.
- Ven aquí, lagartija mía.
- ¿Qué me has dicho?- dijo ella
- Corazón, cielo, preciosa, rebonita, sol mío, pequeña…-Ups, pensó Raimundo, pero se relajó al ver que ella sonreía.
- Anda, vámonos ya esposo mío.
- Esposo… sí, vamos… ¿pero dónde? – dijo Raimundo
- Tenemos algo para vosotros, tomadlo como el regalo de bodas de Salvador Castro.- Rosario les guió al camino en el que aguardaba el carruaje de Salvador, pero decorado con flores, dos caballos blancos y atrás un cartel en el que se leía: Recién casados- No creo que lo vaya a usar más
- Y esto tampoco- dijo Francisca sacando una enorme bolsa de dinero- Puede que se la sustrajera por hacerle rabiar, pero ahora van a venir muy bien.
- Esta es mi mujer.
- Sí lo soy- le dijo ella.

Tras despedirse de todos y darle parte del dinero a Rosario para que pudiera ayudar a su madre enferma y escapar de aquella casa de esclavos, Francisca y Raimundo se subieron a la calesa. No tenían conductor, pero así sería más divertido. Raimundo tomó las riendas pero tan pronto como Francisca se subió se las arrebató.

- Está claro quién va a llevar las riendas en esta relación- dijo él
- ¿Todavía lo dudabas?
- Qué mala eres
- Un poquito… pero porque sé que te gusta
- Me encanta.- Dijo él antes de besarla ardientemente
- Y ahora, cabalguemos hacia el horizonte- dijo ella- ¿Y luego?
- A donde nos lleve el viento, el mundo nos pertenece y nosotros, el uno al otro. ¿Por qué decidir un lugar? Viajemos, vivamos… juntos
- Me gusta la idea. Aún puedo hacer un hombre de provecho de ti.

Los caballos salieron a galope tendido, a donde el viento los llevara. Y los llevó lejos. Se acomodaron en Madrid para el nacimiento de su hijo. Raimundo, liberado de la carga de ser un terrateniente se dedicó a su gran pasión, la política, en 1879 fue cofundador del Partido Socialista Obrero Español y tomó parte activa en las revoluciones, en especial en la República. Claramente eso lo llevó a meterse en muchos líos, tantos que a Francisca le dio por estudiar leyes y derecho para ir sacándolo de los calabozos y lo que empezó como una necesidad la llevó a convertirse en la primera jueza mujer española y del mundo, tomó parte en los movimientos sufragistas, por cierto. Por lo demás, su primer hijo nació y le pusieron Miguel, pero después vinieron muchos más, mucha felicidad y sobre todo mucho amor.

Con aquel mismo sentimiento de dicha que inundaba su ser Raimundo se dio la vuelta en la cama, buscando con su brazo el cuerpo de Francisca que había escapado de su abrazo. Con los ojos todavía cerrados por el sueño, tanteó en la oscuridad, pero no la encontró. Comenzó a abrir lentamente los ojos, ¿dónde estaba? Estaba… donde siempre había estado, en la realidad, en la cruel realidad. Todo había sido un sueño.

La vida es sueño y los sueños sueños son... Si chicas, es peor que en los Serrano, pero vereis la razon dentro de nada. Y ahora antes de qeurer matarme leer el titulo del relato y decid si no andabais avisadas. Pero esto no es un sueño sin más, que tb me puedo poner profunda si es menester, es una señal del destino, del universo, del mundo qeu le ha permitido saber lo que hubiera pasado si hubiera luchado y quizás eso le de fuerzas para seguir luchando ahora, en la realidad, en su realidad. Eso lo vereis en el proximo capi! Ademas que asi teneis a Riri en caballo blanco, pero al de ahora, no a un zagalillo y os lo imaginais mejor jaja.
#6645
mariajose1903
mariajose1903
19/03/2012 10:41
Laury!! Muchas gracias por acordartee!!!y felicidades a mi tocaya por su santo


El relato grandeeee jajaja como tu!! Mil besos
#6646
Kerala
Kerala
19/03/2012 11:45
uyyyyyyyyy a cuántas que felicitar el día de hoy!

Felicidades a Maria José por partida doble! (Santo y cumple). Estás que lo tiras niña! Muchos besos de mi parte, muacksss

Felicidades a mi Mariajo, que encima lo estará disfrutando en Roma. Millones de besos para tí!

Y como no...Felicidades a mi Mariquiña, que también le toca hoy. Feliz santo! Te adoro!
Trillones de besos para ti

Y por supuesto, feliz día a todos los papis, el mío el primero! guiño
#6647
soyi
soyi
19/03/2012 14:53
HOLA :

LAURY : lo que me diverido con tu relato la parte de la boda jajajja pero, comfieso que te has quedado conmigo por que no era real sino un sueño jejejej .


MIRI:me ha gustado mucho el video gracias por compartirlo con nosotras .



MARIAJOSE , CHUS, MARIAJO , !!!!!!FELICIDADES!!!!!!


UN BESITO
#6648
laury93
laury93
19/03/2012 18:35
Hola! Lo prometido es deuda os dejo otro capi!! En honor a todos las Mª Joses!jaja

SUEÑOS DEL PASADO

Todo había sido un sueño ¿cómo podía haber sido un sueño? ¿Cómo podía haber soñado toda una vida de felicidad para volver a despertar en la cruda realidad? Un parte de él sentía que era en aquel momento cuando soñaba, que había vivido su verdadera vida junto a Francisca y que ahora aquella cochambrosa habitación, aquella boda, era un sueño. Porque ¿por qué el universo o ese demonio que la gente tomaba por Dios le iban a mostrar una felicidad inalcanzable el día que se disponía a desposar a Águeda? Era el día de su boda, debería ser feliz, sentirse feliz, y no sentía más que nostalgia de un sueño, de lo que podía haber sido y no fue ¿y por qué no fue? Por una decisión, por una absurda decisión. Era como si el destino se burlase de él, como si disfrutase mofándose de su desgracia, como si de alguna forma que escapaba a su entendimiento, su vida tomase dos caminos distintos: aquella noche en la fiesta de compromiso Raimundo se había decidido a contarle la verdad, pero tardó demasiado porque acudió a la llamada de su padre, a su brindis, y cuando quiso buscar a Francisca ya se había marchado, y allí comenzó su pesadilla. En cambio, era como si otra parte de él hubiera tomado la decisión adecuada, hubiese pasado toda su vida con la mujer que amaba y en aquel instante, solo para mortificarle a él, al pobre infeliz al que se le había concedido el camino equivocado, se le permitiese ver cómo hubiera sido su vida si hubiese tomado la decisión correcta. Pero ya era tarde, se decía. Se miró en el espejo, elegante, bien peinado, solo la sombra de la tristeza empañaba la imagen de su reflejo. No era el reflejo de un novio feliz. Ni siquiera era su reflejo pues hacía tiempo que no se reconocía, pero era él, y aquel era el día de su boda.

Era el día de su boda. No se lo podía creer, no otra vez. Era como si hubiera vivido aquella historia, aquel día miles de veces, quizás en sus pesadillas, quizás en su mente, poco importaba, lo único en lo que Francisca podía pensar era que era el día, el día en el que volvería a perder a Raimundo, y esta vez sería para siempre. Se casaría con otra, con aquella escuchimizada advenediza, con aquella mujer ojerosa, desesperante, cansina, repipi, pero con piernas… Cómo odiaba al mundo, cómo odiaba al Dios al que debía rezar, cómo odiaba a la creación por haber puesto ante ella un amor tan grande como el que sentía por Raimundo para entretenerse una y otra vez arrebatándoselo, atormentándola. Qué sentido tenía su vida si la única razón de su existencia iba a casarse con otra y ella estaba allí, postrada, sola, sin poder impedirlo, sin poder moverse. No, no podía permitirlo, no otra vez. Cuántas veces había jugado y perdido, cuántas veces había sufrido por ver a Raimundo con su esposa, con su prometida, con Águeda, feliz con sus hijos o simplemente viendo cómo la odiaba. Y a pesar de todo, lo amaba y pensar que iba a volver a marcharse de su vida. No. Ella era Francisca Montenegro, maldita sea, ni una silla, ni dos piernas inútiles ni una Lady ñoñas la iban a separar de él. Llamó a gritos a Mauricio, pero no aparecía y ella no podía esperar. Se impulsó con todas sus fuerzas, haciendo girar las ruedas de la silla hasta dirigirse a la puerta, consiguió abrirla pero ante ella apareció un obstáculo que se le antojaba insuperable, algo tan mundano como unos simples escalones eran ahora una montaña. Daba igual. Nada podría detenerla, no a ella, no aquel día. Porque no iba a volver a dejar que nada los separase aunque tuviese que desafiar las reglas del mundo, aunque muriese en el intento. Porque aquel era el día de su boda… pero no debía casarse.

¿Y si no debía casarse? Se preguntó de nuevo Raimundo, ya era algo tarde para aquello. La iglesia había comenzado a llenarse con personajes de lo más pintorescos, amigos de Águeda sin duda, pensó. Murmullos y comentarios de todo tipo se hacían eco entre las frías pareces del templo, don Anselmo seguía preparando su instrumental mientras él volvía a preguntarse una y otra vez si estaría haciendo lo correcto. Se había convencido a sí mismo, el día anterior no había tenido dudas, pero aquel maldito sueño había querido mostrarle una felicidad que nunca podría saborear, no con Águeda y eso era lo que le preocupaba, que la historia se volviera a repetir, volver a casarse con una mujer buena que lo amaba, como Natalia, aún sabiendo que nunca podría llegar a corresponderla, que por mucho que la quisiera, no podría entregarle su corazón porque hacía tiempo que no le pertenecía, y saber que aquello iría acabando poco a poco con su espíritu, con sus ganas de vivir. Y otra vez, Francisca volvió a su mente. Maldita mujer, hasta en su pensamiento era terca y se empeñaba en permanecer cuando él la quería olvidar. Hasta él se acercó un rostro conocido, muy conocido de pronto, como si hubiera pasado una vida viéndolo crecer y, era extraño, pero nada más verlo le embargó un profundo amor paternal.
#6649
laury93
laury93
19/03/2012 18:36
- ¿Nervioso Raimundo?
- Algo preocupado hijo, pero no te apures Miguel…
- ¿Miguel? ¿Cómo sabe que es mi segundo nombre? Solo mi madre me llama así, y ya hace mucho que no lo hace.

Claro, eso era, Tristán era su hijo, en su sueño, era su hijo. Las palabras de Francisca que creyó escuchar en su mente volvieron a él “Si me casaba con Castro había pensado en llamarle Tristán, reflejaría mi propio estado” Pero no podía ser, o sí.

- Tristán, una pregunta, y disculpa mi indiscreción, pero ¿llevaban ya mucho tus padres desposados cuando naciste?
- Ni siete meses, me adelanté bastante según dicen, ¿por qué?
- Por nada- Todo su cuerpo comenzó a temblar, podía ser cierto, acaso había sido real aquella vida que conquistó sus sueños- Anda, dame un abrazo- No podía ser de otra forma, pues al abrazarlo se sentía igual que cuando abrazaba a Sebastián o a Emilia, se sentía completo, orgulloso.
Si aquello era cierto, tenía que hablar con Francisca. Olvidando dónde y por qué estaba allí quiso salir, pero en aquel instante comenzó a sonar la música. “Maldita sea”

Maldita sea, se dijo, solo faltaba aquello, se había despeñado, silla incluida por las escaleras, y estaba allí, tirada, con la silla a metros de distancia, el vestido hecho jirones, el pelo destrozado. Agotada, frustrada, cansada de todos los obstáculos, de todas las piedras que el destino se había dedicado a ponerle. Pero daba igual, no se iba a rendir, no podía, no quería, que se rindieran los demás, que se rindiera el cielo en su empeño por separarlos, que se rindiera el sol y se apagara, que se rindieran la vida y la muerte… pero no ella, no por Raimundo. Se tenía que levantar, se iba a levantar. Vamos malditas piernas, vamos. Se incorporó con las manos concentrándose en mover solo un dedo, un dedo, vamos, por favor, solo uno, solo un poco. Tenía que moverse, tenía que llegar, tenía que ir. Muévete, se gritó con todo su ser, y por primera vez se escuchó y un ligero temblor recorrió sus piernas. Espérame, Raimundo, dijo. Y se dispuso a levantarse.

- Levantaros- dijo el cura
Raimundo se movía inquieto, ¿debía casarse o no? ¿Podría dejar allí a Águeda sin más? No podía, no podía hacerle aquello
- Queridos hermanos estamos aquí reunidos…
¿Pero podía condenarse él mismo a una vida de incertidumbre y a Águeda, de dolor?
El dolor recorría sus piernas, todavía entumecidas, como si tuviera que arrastrar a cada paso toneladas de peso, pero poco le importaba, poco podía hacer más que cerrar los ojos con cada nueva envestida de dolor que la invadía y la obligaba a pararse a tomar aliento. No podía soportar aquella tortura indescriptible, pero tenía que hacerlo, solo un poco más, solo tenía que correr un poco más. Por él, por Raimundo…

- Raimundo- repitió el párroco
- ¿Sí?- No dejaba de pensar en Francisca, cómo iba a casarse con una mujer en la que ni siquiera el día de su boda pensaba, cómo iba a casarse con ella, si al verla llegar al altar lo único que había pensado era “qué inoportuna” aquello no era amor.
- ¿Llevas los anillos?
- Sí- pero ¿por qué seguía con aquella farsa? ¿por qué no se atrevía a plantarle cara, a decir la verdad? Iba a volver a dejar que el miedo ganase la partida, iba a volver a dejarse vencer por el destino sin plantarle cara, sin luchar.
- Perfecto, entonces, Raimundo Ulloa ¿quieres a esta mujer por legítima esposa?
Buena pregunta ¿quería?

Quería llegar, lo deseaba con todas sus fuerzas, pero no podía más. Una desconsiderada piedra se interpuso en su camino haciendo que Francisca cayera al suelo, notando la humedad de la tierra en su rostro. Ya no podía llegar, era imposible que llegara a tiempo. Cerró los puños sintiendo el frío de la tierra, las piedras clavándose en su piel, concentrándose en aquel dolor para no caer en el abismo que se abría de nuevo en su corazón. No otra vez, no, tanto esfuerzo… para perderlo. No podía, no quería aceptarlo, pero entonces lo escuchó, campanas. ¿Por quién doblan las campanas? ¿Por ellos, por su boda o por la muerte de mi corazón? Se dijo. Una lágrima incontrolable resbaló por su rostro, creyó escuchar unos pasos y se la limpió disimuladamente llenándose la cara de barro. Lo que le faltaba, sola y humillada.

- ¿Necesitas ayuda?- Esa voz, no podía ser
- ¿No deberías estar casándote?- dijo ella
- ¿No deberías estar en una silla de ruedas?- le respondió él
- Buena observación.

Y ahora que? Otra boda? Y donde esta el caballo? jajaja Espero qeu ya os hayais recuperado del susto del sueño, ya vereis qeu se pone interesante!
#6650
soyi
soyi
19/03/2012 19:02
LAURY:

!!!!!!!Por dios sigue que me da algo !!!!!


Como te gusta hacernos sufrir pero que sepas que me encanta por otro lado .

UN BESO GUAPA
#6651
Kerala
Kerala
19/03/2012 20:21

TU AMOR ES MI CONDENA

[/b]


- Raimundo, ¿qué esperaba? -.

Soledad consolaba como podía a un destrozado Raimundo. Consciente del dolor que estaba padeciendo aquel hombre al que ya consideraba como su propio padre. Pero entendía aún mucho más el sufrimiento que arrastraba su propia madre.

– No lo tome como algo personal, se lo suplico -. Le rogó. – Entiéndala, por favor…Está todavía bajo un fuerte shock… -. Pasó su mano repetidamente por su brazo, queriendo alivia su pena.

– Soledad, lo se -. Se puso en pie. – ¡Pero tenías que haber visto su mirada! -. Se quedó en silencio, recordando el rostro de Francisca apenas unos minutos atrás. – Era la viva imagen del terror… -. Dijo más para él mismo que para la muchacha. – Tengo miedo de que no consiga salir de esto -. Se volvió hacia ella. – Tengo miedo de que se sumerja en un pozo de amargura y dolor del que no podamos sacarla -.

La joven se levantó y fue hacia él, posando el brazo sobre sus hombros.

– Necesita tiempo. Y mucho cariño por parte de todos… Ella le ama, no lo olvide -. Raimundo la miró con lágrimas en los ojos. – Nunca vi a mi madre tan feliz como cuando está con usted. Ella le necesita -. Tomó su rostro entre las manos. – Usted la necesita. No se abandonen ahora… -. Dejó un beso en su mejilla antes de abrazarse a él.

– Gracias hija… -. Una sonrisa leve apareció en su rostro. – Te prometo que no me separaré de ella. No podría hacerlo… la amo más que a mi vida… -.

Escucharon pasos tras ellos. Tristán bajaba las escaleras visiblemente cansado. En pocos segundos se vio abordado por su padre y por su hermana que, preocupados, le preguntaron por Francisca.

– Ahora está dormida -. Se dejó caer en el sofá, echando la cabeza hacia atrás y cerrando los ojos unos instantes. La escena que había vivido en el dormitorio de su madre le tenía profundamente apenado.

- ¿Quieres que te pida algo de cena? ¿Y a usted, Raimundo? -.

– No, gracias hija. Para mí al menos no -. Se dirigió hacia las escaleras.

Tristán se levantó como un rayo. – ¿Qué piensa hacer? -.

Raimundo lo miró con firmeza. – Voy a ir con ella Tristán. Quiero velar su sueño, no temas -. Le tranquilizó al ver la expresión del joven. – Pero entiende que la necesito. No voy a volver a dejarla sola nunca más. Eso te lo juro -.

Pronunció con firmeza antes de emprender el camino hasta el lugar en el que descansaba su pequeña. Cuando llegó, se detuvo frente a la puerta del dormitorio. El mismo donde apenas una hora atrás, ella le había echado con cajas destempladas. Se repitió a sí mismo que en realidad, Francisca no le había echado a él, sino al recuerdo tangible de todo lo que había vivido, representado en ese momento suyo de torpeza en el que intentó besarla.

¡Cómo había podido ser tan necio!

Pero es que habían sido tan grandes sus ganas de volver a estrecharla entre sus brazos y tan intensos sus miedos, nacidos de la posibilidad de haberla perdido para siempre, que no tuvo en cuenta la situación extrema a la que la estaba exponiendo.

Francisca había vivido una experiencia tremendamente dolorosa y extrema. Seguía en un estado de shock terrible y lo que menos necesitaba era que él le ocasionara nuevos disgustos. Él sufría enormemente, eso era cierto. Pero ella lo hacía infinitamente más, y en eso no había discusión ni dudas. Por eso nadie era importante en ese momento. Nadie, excepto ella.

Eran muchas las cosas que tendrían que hablar. Muchas las cosas por las que tendría que disculparse. Pero ahora todo pasaba a un segundo plano. Lo fundamental era que ella se recuperara física y psicológicamente de aquel trago tan amargo. Y después, solo habría felicidad para ellos dos. De eso se encargaría él, aunque tuviera que dejarse la vida en ello.
#6652
Kerala
Kerala
19/03/2012 20:21
Abrió la puerta tan sigilosamente como pudo evitando interrumpir su sueño. Por nada del mundo quería volver a alterarla. Cerró con la misma cautela, apoyándose en ella y permaneciendo en esa posición durante varios minutos. Tantos como fueron necesarios para que sus ojos se habituaran a la escasa luz de la estancia. Como llamados por una fuerza superior, se detuvieron sobre la cama en la que ella reposaba de manera apacible.

– Mi pequeña… -.

Caminó de puntillas, parándose en seco en mitad de la habitación cuando percibió que ella se movía emitiendo un leve quejido.

¡Desgraciados!, pensó con crudeza. Tendría el cuerpo tan dolorido por la brutalidad con la que aquellos hombres la habían atacado, que de nuevo sintió nacer en él las ansias de venganza. Francisca quedó con el rostro mirando hacia él y los ojos cerrados, frunciendo el ceño de vez en cuando, debido seguramente a esos dolorosos recuerdos que la perseguían hasta en sus sueños.

Rozó con ternura el contorno de su cara, evitando tocar los cortes. Sintiendo el mismo chispazo que sentía cada vez que tocaba su piel. ¡Cómo la amaba! Percibió el sutil cambio que se produjo en su rostro mientras él la acariciaba. Apartó con rapidez la mano cuando ella movió los labios, pronunciando en silencio su nombre. Raimundo.

Su corazón comenzó a palpitar con fuerza al darse cuenta de que ella estaba pensando en él. Sin dejar de mirarla, acercó hasta el borde de la cama la butaca que había junto al tocador y se sentó. A su lado. Dispuesto a pasar la noche mirándola. Igual que pensaba hacer todas las noches que le quedaran de vida. Tomó su mano con suavidad, dejando un fugaz beso.

– Descansa amor mío. Estoy aquí contigo…Como entonces. Como ahora…. -. Musitó antes de volver a dejar su mano sobre la cama. – Como siempre -.

Pasaron las horas. Lentas. Frías. Tragándose las ganas de tumbarse junto a ella y abrazarla hasta disipar sus miedos. Sus temores. Sus angustias.

Suspiró cansado. Necesitaba mover un poco las piernas, pues las sentía entumecidas después de tantas horas sin moverse de esa silla.

Se levantó y fue hacia la ventana mirando al exterior. La luna brillaba en lo alto dando a la noche un aspecto siniestramente bello. Cerró los ojos un momento, apoyando la frente sobre el cristal. Se avecinaban momentos duros, pero confiaba en la fortaleza de Francisca y estaba seguro de que las cosas mejorarían. Solo necesitaban tiempo.

– ¡No! -.

Escuchó un grito a su espalda y se giró con rapidez. Francisca se removía en la cama, presa de una fuerte pesadilla. Raudo, fue hacia la mesita junto a la cama y tomó un paño de lino. Lo mojó en agua fresca y se lo puso sobre la frente.

– Por favor, ¡soltadme! -. Sollozó ella. Ríos de lágrimas brotaban de sus ojos aún cerrados mientras movía la cabeza hacia los lados. – ¡No me hagáis daño, os lo suplico…! … Raimundo… Raimundo, ven a por mí… -.

– Estoy aquí princesa -. Musitó dolorósamente, pensando en las veces que ella le habría llamado a gritos aquella terrible noche. Se sentó junto a ella en la cama y la abrazó con fuerza, meciéndose con ella. – Agárrate a mí, mi ángel, yo te sostengo… -.

Lloró con ella en silencio. Abrazándola hasta que se tranquilizó, y su cuerpo dejó de convulsionarse. Quedando todo de nuevo en suave quietud. Todo en paz. Entonces, se acomodó mejor junto a ella, que descansó su cabeza sobre su pecho.

Aquella iba a ser la primera de muchas largas y complicadas noches.


Continuará...

#6653
Franrai
Franrai
19/03/2012 21:07
Ahora me pongo a leeros pero quiero soltar esto ya, que esta mañana no me dio tiempo a colgarlo ;)

GOTAS DEL PASADO

Apretó su cabeza contra la almohada al sentir de nuevo aquel incesante dolor. Cerró sus puños con fuerza atrapando con ello la sabana que reposaba sobre el colchón. Y un grito desgarrador quebró en su garganta.
Rosario se cercioraba de que todo estaba minuciosamente preparado para el parto. Ordenando lo ordenado por enésima vez. Mas al escuchar de nuevo a Francisca no pudo sino girarse y acudir presto junto a ella. Que se removia en la cama sin descanso. Con la trenza, que ella misma pacientemente le había hecho, deshecha. Empapada de sudor y con los primeros botones del camisón desabrochados.

-No puedo más, Rosario.- dijo la Montenegro con el rostro contraído por las continuas molestias. De nuevo una contracción, aguda e incansable, la atravesó.

-Vamos, Señora. Concéntrese en respirar.- atinó a decirle. Compadeciéndose de su sufrimiento. Tratando de aliviarla de alguna forma. Francisca hizo caso a aquel consejo. Inspirando y después soltando el aire por la boca, aprovechando los segundos en los que el dolor remitía.

-¡Aahh!- de nuevo otro grito. Rosario no supo que hacer. Se veía impotente ante aquella situación. Había estado en demás partos, pero siempre acompañada del doctor o alguna que otra partera.

-Respire.- volvió a decirle. Sabía que aquello la calmaría un poco pero la siguiente contracción no tardaría. Miró a la puerta deseando que se abriese en aquel instante. Esperando que el médico entrase. Pero no lo hizo. Hacía un par de horas desde que Salvador se había ofrecido para ir el mismo a por Don Julián y aún no había regresado. Cierto era que había largo trecho de la Casona a la plaza de Puente Viejo, pero no se tardaba más de media hora en recorrer aquella distancia a caballo.
Temió a que Salvador se hubiese olvidado de su encomienda. Quizás aún no era demasiado tarde para enviar a Mauricio a por el doctor. Hizo ademán de separarse de la cama, mas Francisca volvió a retorcerse de dolor y desechó aquella idea.
-Vamos.- se armó de valentía. Tenía que ayudarla, pues aunque Francisca no fuese primeriza aquellos dolores resultaban igual de incomodos que la primera vez. Ella misma lo sabía por experiencia. Tomó su mano esperando que la mujer la apretase al sentir la siguiente punzada.
Y así lo hizo. El dolor regresó y Francisca aferró la mano de su criada con fuerza. Apretando los dientes al mismo tiempo para no gritar. Respirando cuando el dolor se suavizó.

-Rosario,- soltó el aire que acababa de inspirar. – ¿dónde está el médico?- gimió. La joven meneó la cabeza sin saber responderle pues ella misma se hacía aquella pregunta.

-No tardará, espero.- musitó la última palabra más para sí que para Francisca. Y ésta no la oyó pues de nuevo la atormentó otra contracción y un grito ahogado salió por su garganta.
Rosario apretó su mano. Planteándose la posibilidad de ser ella misma la que finalmente tuviese que traer a aquella criatura al mundo. Estaban solas y Francisca no aguantaría la demora del doctor mucho rato más.

Como si de música se tratase para sus oídos el estruendo de la puerta chocando contra la pared al abrirse bruscamente las alentó.

-¿Cómo está? ¿Cuánto tiempo lleva así?- preguntó Don Julián atropelladamente. Soltando el maletín sobre la mecedora que estaba cercana a él. Ojeó rápidamente la habitación percatándose de que todo estaba dispuesto y le sonrió a Rosario por su buen hacer. La criada se levantó acariciando al tiempo el rostro de Francisca. Ya estaba. Ya quedaba poco.

-Dimos aviso para que lo llamasen hace unas horas.-comenzó a explicarse Rosario. –Los dolores son constantes y por el poco tiempo que transcurre entre ellos…- el doctor la dejó con la palabra en la boca al separarse de ella e ir rápidamente a examinar a Francisca. La criada dirigió su mirada hacia la entrada de la habitación. En la que sin darse hasta entonces cuenta Salvador se encontraba, anclado en el suelo y con una expresión neutra en el rostro.
Salvador observó como el médico atendía a Francisca. Dirigió después su mirada hacia Rosario. Notando como por primera vez la joven la sostenía. Reprochándole su actitud y ordenándole a su vez que abandonase la habitación.

-Esperaré fueras.- dijo con una seriedad aplastante.

-Perfecto. El niño viene bien colocado.-musitó el médico para si tras examinar a Francisca. -Rosario.- la llamó, sacándola del ensimismamiento en el que había quedado tras la salida de Salvador. La cocinera se giró, acercándose hacia Francisca. La tomó de nuevo de la mano notando como en aquel justo instante apretaba con tanta fuerza que creyó que se la rompería.
-Vamos, Francisca. – la animó Don Julián. Éste se acomodó en la silla que él mismo, minutos atrás, había colocado a los pies de la cama. –Empuje.- le indicó.
Francisca obedeció notando que el dolor se hacía más llevadero al hacerlo.
Rosario miró al doctor que andaba concentrado en sacar a la criatura. La sirvienta apretó la mano de Francisca entre la suya. Diciéndole con ello que volviese a empujar.

-Piense en cuan hermosa será esa criatura.- le dijo.

Respiró tras el esfuerzo realizado.

-Un poco más, Francisca. Un poco más y este pequeño estará entre nosotros.

Inspiró y soltó el aire en dos largos soplidos antes de empujar con todas sus fuerzas. Sintió que algo se partía en su interior al hacerlo.

-Ya lo tengo. Vamos, el último esfuerzo.- pronunció el doctor alzando la voz para poder ser escuchado entre los gritos de Francisca.
La mujer así lo hizo. Notándose, dentro del malestar, liberada. Se dejó caer hacia atrás agotada. Y una dulce sonrisa apareció en sus labios al escuchar el llanto del bebe. Su hijo. El fruto de su vientre.
Rosario acarició el rostro de Francisca y le sonrió ampliamente.
-Ayúdeme, Rosario.- la llamó Don Julián. Ella amplió su sonrisa, regalándosela a Francisca, y sin más se giró hacia donde el doctor se encontraba.


Tras un rato de espera la puerta de la alcoba de Francisca se abrió y tras ella salió Rosario con él bebe en brazos.

-¿Cómo están?- preguntó Salvador dejando vislumbrar un poco de preocupación.

-Ambas están bien.- contestó Rosario.

-¿Ambas?- formuló.

-Ha sido una niña.- le informó. –Es preciosa.- añadió como si aquello al Castro le importase. La peor noticia que podría haber escuchado era aquella. Su segundo heredero era una niña.
Suspiró desilusionado. Y Rosario, buscando encontrar en Salvador una pizca de corazón le tendió a su hija. Esta sí, su hija.
Salvador la cogió con torpeza sintiéndose cohibido ante la pequeña criatura.

-Es muy guapa, si.- pronunció dándole la razón a lo que antes Rosario había dicho. La miró. Mas continuaba con aquella invariable expresión neutra en el rostro. Tras unos minutos con la niña en brazos se la devolvió a la criada. –Francisca entonces está bien.- preguntó antes de irse.

-Si.- respondió exclusivamente Rosario. Viendo cómo, segundos después, Salvador desaparecía al bajar las escaleras.

Entró de nuevo en la habitación. En una de las mesas en las que estaban dispuestos todos los utensilios para el parto, Don Julián terminaba de recoger sus cosas. Llevó su mirada hacia la cama donde Francisca reposaba, ya dormida. No había visto a su hija, pues por el agotamiento cayó rendida ante Morfeo. Miró a la pequeña que también estaba dulcemente dormida entre sus brazos. Y se dispuso finalmente a acostarla en la cuna preparada para ella.
#6654
laury93
laury93
19/03/2012 22:23
Uy que dia cargado de emociones...

Ruth muy bonita la escena, me sigue dando pena Francisca por todo, pero el momento me despierto de la pesadilla me encanta! Sigue pronto...

Ro cari!! Te confieso algo? Entre qeu me estoy metiendo en la piel de Salva para el relato multitudinario y que lo has escrito muy bien y daba la impresion de un chico malo pero serio y atromentado... me empieza a gustar! dios! qeu alguien me de una leche!! pero es que los chicos malos mmm... pues eso, genial, genial! aunque como sigas poniendo asi a Salva vas a hacer que me acabe molando!
#6655
laury93
laury93
20/03/2012 09:41
¡Esta nevando! jajaja, soy la mujer del tiempo del foro.

Antes de qeudarme incomunicada por la nieve os dejare un capitulin!

SUEÑOS DEL PASADO

Los dos permanecieron en silencio unos minutos, Francisca no quería levantar la mirada del suelo porque le daba pánico ver un anillo en el dedo de Raimundo.

- ¿Vas a levantarte?- dijo él por fin
- No creo que pueda- dijo ella
- ¿Te ayudo?
- Me las arreglaré sola, como siempre he hecho
- No me cabe la menor duda

Francisca lo intentó, pero todas sus fuerzas la habían abandonado y no conseguía mover un solo músculo.

- ¿Necesitas ayuda?- repitió él
- ¿Por qué? Debería encantarte verme aquí tirada, como un perro
- No todos tenemos un pedazo de hielo por corazón- Ojalá se dijo ella
- Peor para ti en verano.
- Muy graciosa, ¿te vas a levantar algún día?
- Me gusta la tierra
- Pues por mí te puedes quedar ahí revolcándote como un cerdo, me voy.
- No, espera. Ayúdame.
- ¿Por…?
- Porque te lo digo yo.
- Incorrecto. ¿Por…?
- Por… favor.

Raimundo la levantó del suelo palpando el descomunal esfuerzo que ella estaba haciendo. Consiguió ponerla en pie, pero al soltarla, Francisca perdió el equilibrio y casi vuelve a caer.

- Agárrate a mí
- Ni lo sueñes
- A mí tampoco me apasiona la idea de cargar contigo ni de que nos vean agarrados, pero es eso o quedarse aquí tirada, y aunque sé que tú no serías capaz de hacer esto por nadie, yo no puedo dejarte tirada.
- Serás impertinente, yo sí te ayudaría si estuvieras en mi situación
- Seguro que sí
- Cree lo que quieras. ¿Qué más da? Solo te importará ya lo que piense de ti tu esposa.
- No… no me he casado
- ¿No te has casado?- dijo ella
- No hace falta alegrarse tanto
- No me alegro- dijo ella intentando disimular.- ¿Qué ha pasado? ¿Te ha dejado por el espantapájaros del Eulalio, que compartía su gusto en moda?
- No, la he dejado yo, y lo lamento terriblemente, pero no podía casarme sin saber una cosa.- Hacía rato que había comenzado a andar cogidos por el brazo, Francisca no pudo evitar agarrarlo algo más fuerte.- Una cosa sobre nosotros y Tristán.- Notó como el cuerpo de Francisca se tensaba
- ¿El qué?
- ¿Recuerdas la última vez que yacimos? ¿Qué significó para ti?... ¿Por qué me preguntaste eso?
- ¿Por qué no quisiste escucharme en su momento? Ahora es tarde, qué más da.
- A mí me da Francisca. ¿Qué querías decirme?
- Yo…estoy cansada, necesito sentarme
Francisca se separó del brazo opresor de Raimundo para sentarse sobre una enorme roca a la sombra de los viejos olmos del paraje.
- Francisca deja de jugar conmigo ¿qué ibas a decirme?
- ¿Yo? ¿Jugar contigo? Lo que me faltaba. Eres tú el que se ha pasado la vida jugando conmigo, primero me dejaste por otra podrida de dinero a la que apenas conocía; después tardaste 30 años en decirme el por qué. ¡Treinta años! ¡Una vida sin saber que me querías! Y cuando te dignaste a decírmelo tuviste a bien estar a punto de morir, pedazo de terco, ni siquiera me dejaste ir a verte. ¿Qué querías que pensase? Que todo lo que me dijiste no fue más que un embuste, que me has mentido, engañado, vejado, humillado…
- ¿Yo? Tú eres la gran cacique, la que me arruinó, la que destrozó la vida de mi hijo hundiendo su empresa, la que...
- La que dejaste tirada como a una vulgar ramera por dinero.
- La mujer a la que amaba y por la que me sacrifiqué- dijo él indignado.
- ¿Tú? No me hagas reír Raimundo, no conoces el significado de la palabra sacrificio. No te haces una idea de lo yo pasé, de lo que dejé atrás.
- Pues dímelo, explícamelo. Explícame cómo una muchacha dulce y decente ha podido convertirse en el ser sin entrañas que tengo delante.
- Sufriendo, más de lo que te puedas imaginar, más de lo llegues a pensar, sufriendo tanto que tuve que esconder mis “entrañas”, como tú dices, mis sentimientos, mi alma, lejos de aquel dolor que me quemaba por dentro.
- ¿Esconderlos de qué?
- De ti, maldita sea- su voz sonaba desgarradora- de ti y de tu esposa, de tus hijos, de tu felicidad lejos de mí. De mi marido, de sus abusos, de sus palizas, lejos de las miradas de reproche de mis propios hijos, del odio del pueblo, de la pérdida de todos a los que amaba. Tan lejos que ya ni siquiera sé si podría encontrarlo.- dijo callando de golpe.
- No es suficiente, ¿crees que no he sufrido? ¿crees que no sé lo que ese malnacido te hacía y que no lloraba cada noche de frustración por no poder ayudarte? No, Francisca, tú sola has decidido ser quien eres, como eres.
- ¿Y cómo soy? Ni siquiera quieres verlo, ni siquiera puedes mirar más allá y olvidar tu necedad por un momento para ver….
- ¿Para ver qué? – dijo él

“Para ver que te quiero” pensó Francisca, pero no se atrevía a pronunciar aquellas palabras lejos del refugio de su mente. ¿De qué le serviría? Si él no la creería, si se reiría de ella, si… si la odiaba.

- Nada, no hay nada en mí que puedas ver- dijo ella
- Francisca no voy a quedarme aquí todo el día escuchando tus artimañas ni viendo como finges tener corazón.
¿Fingir? Pensó ella, “ojalá aquel dolor que corroía su alma, ojalá aquel amor que la mataba cada día un poco más, fueran fingidos”
- Pues vete, con viento fresco, nadie te pide que te quedes.
- He venido por una razón y no me iré hasta que me respondas, y nada de irse por las ramas. ¿Tristán es mi hijo?
- ¿Tu hijo?- dijo ella extrañada “¿Cómo puede saberlo?” - ¿Por qué me preguntas eso, por qué hoy?
- Es una larga historia. Tú solo respóndeme. ¿Es mi hijo?
#6656
Kerala
Kerala
20/03/2012 12:38

TU ERES MI CONDENA

[/b]


Pasó cerca de un mes en el que cada día era igual que el anterior. Francisca no parecía levantar cabeza, y cada día estaba más y más cerrada en sí misma. Eran muy pocas las personas a las que accedía a ver, y Raimundo no era una de ellas.

Sabía que él estaba sufriendo por ella. A sus oídos llegaban comentarios que no quería oír. Podía escuchar su voz junto a la puerta preguntando insistentemente por ella. Rogando porque intercedieran por él y accediera a verle. Siempre le ofrecía la misma respuesta.

No.

Siempre con lágrimas en los ojos. Y siempre escuchaba el suspiro ahogado que escapaba de sus labios antes de desaparecer por el pasillo.

– Señora, ¿por qué no accede a verlo? -. Le preguntó Rosario mientras le cepillaba el cabello esa mañana. – Él solo quiere estar a su lado. Cuidarla. Amarla -.

Francisca cerró los ojos con tristeza. – ¿No lo entiendes, Rosario? No es por él. Es por mí. Me siento indigna… -. Apartó la mirada del espejo. N siquiera soportaba ver su reflejo. – Se que Raimundo sufre pensando que le culpo por todo lo que me pasó. ¡Y no es así, Rosario! -. Se giró mirando a su fiel amiga. – No le culpo… Los culpables fueron otros… Además le amo demasiado -.

– ¿Entonces? ¿Cuál es el problema? -. Rosario dejó el cepillo sobre el tocador y la miró. – Las heridas de su cuerpo ya están curadas. Y me consta que las noches las pasa tranquila… -.

Eso era cierto. No había vuelto a tener pesadillas. Cada noche, cuando los horrores de lo vivido se cernían sobre ella hasta asfixiarla, soñaba con Raimundo, que la estrechaba entre sus brazos y le susurraba palabras tranquilizadoras hasta que de nuevo volvía a encontrar la paz que necesitaba. Tragó saliva para deshacer el nudo que le atenazaba la garganta. Esos momentos jamás volverían. No podía hacerle vivir con eso.

– El problema Rosario, es que no quiero esto para él. Se merece ser feliz, y yo… -. Bajó la cabeza entristecida. -…yo no soy lo que Raimundo merece. No quiero obligarlo a que permanezca a mi lado solo porque se siente culpable de lo que me ocurrió. Además, él no quería verme. ¡Me lo dijo! Le oculté la paternidad de Tristán, y eso tampoco podrá perdonármelo nunca -.

– ¿Por eso no quiere verlo? -. Rosario suspiró. – Señora, está muy equivocada si piensa que Raimundo no quiere estar a su lado. ¡Él la ama! ¡La adora! Creo que… -.

Se quedó callada cuando se dio cuenta de que el rostro de Francisca se volvía blanquecino como la cal.

– ¿Se encuentra bien? -.

Una intensa nausea le hizo correr hasta la palangana que había junto a la cama. Desde hacia dos semanas, todas las mañanas terminaba por vomitar el desayuno. Siempre lo achacó al estado de nervios y ansiedad a los que estaba sometida desde la violación. Pero estaba empezando a preocuparse. Y una idea, en la que se negaba a pensar, le acompañaba ya desde hacía un par de días.

– Señora, no puede continuar así. Ha de verla un médico -.

Francisca se limpió con un paño refrescado en agua al tiempo que asentía con la cabeza. Ya iba siendo hora de comprobar si aquello que pensaba era cierto.

– Rosario por favor. Haz que llamen a Pepa. Necesito hablar con ella -.

– ¿Pepa? -. Le preguntó extrañada. A pesar de que había aceptado la relación entre la partera y su hijo, le pareció extraño que fuera a ella a quien quisiera ver, y no a la doctora Casas.

– Rosario, ¡no me discutas y haz lo que te pido! Por favor… -. Le puso la mano sobre el brazo a modo de disculpa por haberle gritado. Rosario tomó su mano y la apretó entre la suya.

– Descuide Señora. Yo misma me encargaré de ir a avisarle -. Recogió la bandeja del desayuno apenas tocado. – ¿Necesita algo más? -. Francisca negó con la cabeza. – Con su permiso entonces -.

Salió de la habitación dejándola a solas. Francisca escondió el rostro entre sus manos y lloró. Lloró pensando en la vida que casi había conseguido y que se había esfumado ante sus ojos de un día para otro. Esta vez no habría posibilidad de solución. Raimundo se merecía ser feliz y no iba a encontrar esa felicidad atado de por vida a su lado, únicamente porque se sentía culpable. Y luego estaban sus propios sentimientos. Se sentía sucia. Indigna. Deshonrada. No merecía estar junto a un hombre tan maravilloso como Raimundo.

De nuevo otra nausea que esta vez pudo controlar a duras penas. Respiró varias veces hasta que su estómago se asentó levemente. Llevó las manos hasta él pensando en aquella idea que tomaba forma cada vez con más claridad. Esperaría a hablar con Pepa antes de adelantar acontecimientos. Pero temía que aquello sería un nuevo motivo que confirmaría que el final de su historia con Raimundo ya era prácticamente un hecho.



Aquella misma tarde unos golpes en su puerta le hicieron salir de su estado de introversión.

– ¿Quién es? -.

Siempre preguntaba. Tenía miedo de que fuera Raimundo el que se presentara en su habitación. Se negaba a verle para no ceder al amor que sentía por él y acceder a sus súplicas de que le dejara permanecer a su lado. Meneó la cabeza. Sentía un inmenso terror por el hecho de ver en sus ojos la vergüenza de estar a su lado.

– Soy yo, Señora. Pepa -.

Había llegado el momento. – Adelante -.

– Rosario me dijo que quería verme -. Afirmó cuando ya estuvo dentro de la habitación, junto a ella. – Cuénteme lo que le preocupa -.

Francisca informó a la partera acerca de su estado de salud durante los últimos días y sobre todo de sus sospechas sobre el motivo por el que podía tratarse. Pepa pasó entonces a hacerle una revisión exhaustiva, pidiéndole que se tumbara en la cama.

Tras unos minutos, ya estaba en condiciones de ofrecerle una respuesta. Sus temores parecían confirmarse.

– Señora, está usted embarazada -.


Continuará...

[/b]
#6657
laury93
laury93
20/03/2012 15:21
Hola chicas! Hoy estoy acabando el musical y solo os digo que desde que lo empece se ha acabado la sequia en mi pueblo!! menudo aguacero! soy mano de santo jaja

Ruth nena yo te acelero y tu me matas (jaja) depre por la depre de mi Francisca, cotnenta por el nuevo bombo y depre otra vez, pero espero que hagan cuentas y sea de Rai, por favor!

CHICAS NOTICIÓN!!¿Preparadas?
Las Movidas de Laury presenta...

Las guerras publicitarias entre Raimundo y Francisca se han hecho patentes, Puente Viejo entero está dividido entre los que usan Gomina Raimundo y los defensores de la Laca-Paca : que si la laca es mala para el medio ambiente, qeu si la gomina te deja el pelo como un chupito de hielo... Por no hablar del pique comercial de estos dos que aprovechan cualquier momento para patrocinar sus productos (o no os habéis fijado en lo repeinados que van últimamente?) Pero incluso nuestro par de tercos es capaz de unirse por una buena causa y es esta... por primera vez y en exclusiva para nosotras FRANCISCA Y RAIMUNDO DE ACUERDO EN ALGO!! Lo se ouch increible pero cierto. ¿Que que es lo que ha obrado este nuevo milagro? Pues un nuevo y exclusivo producto indispensable para todas las Raipaquistas (espero vuestros pedidos, a este paso me forro jaja)
elrincondefranciscayraimundoesteamorsemereceunyacimientotundatundagraciasmariayramon
elrincondefranciscayraimundoesteamorsemereceunyacimientotundatundagraciasmariayramon
#6658
laury93
laury93
20/03/2012 15:23
elrincondefranciscayraimundoesteamorsemereceunyacimientotundatundagraciasmariayramon
elrincondefranciscayraimundoesteamorsemereceunyacimientotundatundagraciasmariayramon
elrincondefranciscayraimundoesteamorsemereceunyacimientotundatundagraciasmariayramon
#6659
laury93
laury93
20/03/2012 15:29
elrincondefranciscayraimundoesteamorsemereceunyacimientotundatundagraciasmariayramon
elrincondefranciscayraimundoesteamorsemereceunyacimientotundatundagraciasmariayramon

AVISO: el uso de este producto puede conducir a una locura persecutoria de bichas, úsese con MODERACIÓN!! La compañia no se hace responsable del uso indiscriminado del producto con fines de "enganchar to pa mi" a Raimundo. Se avisa a las consumidoras de que no tiene efecto sobre Francisca, porqeu el peinado de la Paca resiste a todo gracias a su laca, jaja, asi que no os flipeis qeu de ella no os librais asi como asi!
Por cierto queda desvelada la verdad verdadera: Agueda no murio por el arsenico, ni por la caida... lo qeu de verdad paso es que la Paca la roció con Insecticida Raipaquista (eficacia probada!!!) como se entere el Zami... pero sera nuestro secretito verdad? jaja

Vale! aqui teneis otra locura, no me ha quedado muy bien, y ya se qeu estais esperando como locas la linea de ropa interior de Raimundo pero es que ese tema es algo mas delicado, me esta costando convencerle de que el tanga de leopardo le queda de muerte! jaja
Besos niñas!!
#6660
Kerala
Kerala
20/03/2012 19:15

TU ERES MI CONDENA

[/b]


Un silencio sepulcral inundó la estancia. Pepa miraba a Francisca tratando de escrutar su rostro buscando una reacción a la noticia que acababa de darle. Ella se movía entre la incredulidad y el miedo, a pesar de que en el fondo de su ser conocía aquella verdad. Lo había sentido dentro de sí. Pero lo que verdaderamente le aterraba y lo que le estaba matando, era que aquel bebe no fuera fruto de su amor con Raimundo sino resultado de aquella horrible violación.

– ¿Embarazada, dices? -. Fruncía el ceño pensando a la vez que hablaba.

– Vamos Señora. En el fondo usted también lo sabía, sino no me hubiera hecho llamar -. Cerró su maletín y se acercó hasta ella. – Dígame lo que piensa. Desahóguese -.

- ¿Contigo? -.

- ¿Y por qué no? En este momento no soy más que una partera. Puede confiar en mí y en mi discreción -. Pepa se cruzó de brazos esperando a que ella empezara a hablar.

Francisca la miró, suspirando con resignación. En ese momento necesitaba hablar con alguien y ella era una buena muchacha. Quería a su hijo y era buena en su trabajo. Además siempre había admirado sus arrestos. Algo de lo que ella carecía ahora mismo. Estaba terriblemente asustada.

– Tengo miedo, partera -.

Lo reconoció. Odiaba tener que hacerlo, pero se veía incapaz de disimularlo después de todo lo que le había pasado. Y de todo lo que se avecinaba.

– Lo sé Señora. Y sé perfectamente lo que está pensando -.

- ¿Lo sabes? -. Le preguntó extrañada temiendo ser demasiado evidente. Después apartó la mirada de ella, sintiendo que le faltaba el aire.

– Sí. Y le ruego que por favor espere a que le haga una revisión más profunda antes de sacar sus propias conclusiones -. Le pidió con calma, aunque ella misma pensaba en la posibilidad remota de que ese bebe… No. Trató de alejar aquellos pensamientos. La Doña no podía tener tan mala suerte, pensó mientras agachaba la mirada.

Francisca sonrió entristecida.

– Tú también lo piensas, ¿verdad? -. Se abrazó el vientre, comenzando a llorar en silencio. – Este niño es resultado de… -.

Pepa la interrumpió. – No piense en eso ahora, se lo ruego -.

- ¿¡Cómo no hacerlo, partera!? -. Se levantó desesperada, agitando los brazos en el aire. - ¡Este bebe tenía que ser de Raimundo! Y no de… -. Se dejó caer en el suelo de rodillas, llorando desconsolada. -…y no de alguno de esos malnacidos… -. Sollozó.

Pepa se acercó hacia ella, sentándose a su lado en el suelo y abrazándola. Dándole apoyo sin palabras. Francisca se aferró a su abrazó y lloró descargando la pena de su corazón.

– Existe la posibilidad, es cierto. Pero no puede dar por hecho de buenas a primeras, que este bebe que está esperando es de alguno de esos desgraciados. Mañana vaya mi consultorio. Le haré una revisión más a fondo y saldremos de dudas -. Le agarró de los hombros, obligándole a que la mirara. – Y usted se enfrentará a lo que sea con los mismos arrestos con los que se ha enfrentado siempre a todo, Señora. No hay nadie más valiente que la Montenegro en este pueblo -. Le sonrió. – No me haga cambiar de opinión ahora, ¿entendido? -.

– No soy la que era, partera. Nunca volveré a serlo… y más si cabe si resulta que este bebe… -.

– Él no tiene la culpa -. Pepa la miró con seriedad. Esperaba que a ella no se le ocurriese ninguna locura al respecto.

– Por supuesto que no ¿por quién me tomas? –. Suspiró. – Este niño nacerá y lo querré con todo mi corazón -. Un nuevo sollozo nació de su garganta. – A pesar de que no sea de Raimundo… -.

– Eso no lo sabe Señora -.

Se puso en pie ofreciéndole la mano para ayudarle a levantar. Francisca tomó la mano que ella le daba hasta quedar ambas encaradas.

– Mañana saldremos de dudas. Pero le ruego que confíe en que ese niño es de Raimundo, por favor -.

– ¿Y qué si así fuera? No hay futuro para nosotros dos, partera. No puedo pretender que él esté junto a mí por un supuesto sentimiento de culpabilidad. Y menos puedo retenerle a mi lado si resulta que este niño no es suyo -.

– Disculpe mi atrevimiento, Doña Francisca, pero usted ya me conoce. Y si por algo me caracterizo es por decir las cosas tal cual son -. Se terminó de poner el abrigo para marcharse. Después, volvió a acercarse a ella. – Raimundo ha de saberlo. Sea lo que sea. Y debe darle la opción de elegir qué hacer. Él la ama y permanecerá a su lado, estoy segura -.

Francisca agachó la cabeza y se quedó en silencio, pensando en la recomendación de Pepa.

– Mañana la espero. Y piense en lo que le acabo de decir -. Se acercó hasta la puerta y la abrió. Se detuvo cuando Francisca la llamó.

- ¡Partera! -. Ella se giró. – Te ruego discreción. No menciones con nadie lo que acaba de pasar aquí, ¿de acuerdo? -.

– Creo que a estas alturas ya debería confiar en mí, Señora. No diré nada, descuide -. Se dispuso a marcharse, cuando recordó algo. – Y Doña Francisca… me parece que ya va siendo hora de que deje de llamarme partera. Puede llamarme Pepa -.

– Hasta mañana… partera… -. Pero le dedicó una leve sonrisa cuando ella al fin cerró la puerta.


Cuando se hubo quedado sola, la desesperación volvió a hacer acto de presencia. Maldecía al destino por haberle castigado con aquella terrible experiencia. Se acarició el vientre con las manos, pensando en esa nueva vida que crecía en su interior. Ahora tenía un motivo para luchar y reponerse de las adversidades que había vivido.

Un motivo por el que luchar y salir adelante, dejando atrás el pasado. Un motivo que traería luz a su vida, a pesar de ser un triste recordatorio de una vida que ya no podría disfrutar.

Una vida sin Raimundo Ulloa.


Continuará...

[/b]
Anterior 1 2 3 4 [...] 330 331 332 333 334 335 336 [...] 376 377 378 379 Siguiente