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El Rincón de Francisca y Raimundo:ESTE AMOR SE MERECE UN YACIMIENTO (TUNDA TUNDA) Gracias María y Ramon

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samureta
samureta
08/06/2011 23:44
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No existe amor en paz. Siempre viene acompañado de agonías, éxtasis, alegrías intensas y tristezas profundas.

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anfrjaun
anfrjaun
10/03/2012 15:12
Felicidades María José ¿de cuánto estás si no es indiscrepción? Vas a ser mamá a la vez que una amiga mía jajajaja.
#6562
mariajose1903
mariajose1903
10/03/2012 16:32
De 5 meses!! Es una niña! Y se llamara daniela!
#6563
Kerala
Kerala
10/03/2012 17:53

SIGO ESTANDO AQUÍ

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Sentía la fresca y suave hierba bajo sus pies, teñida ya por los primeros brotes de multitud de flores silvestres, dotando al paisaje de un cálido tinte que anunciaba que la primavera ya había llegado a Puente Viejo. Caminó sin un rumbo definido. Solo por el placer de poder hacerlo tras meses postrada en una silla de ruedas. Cerró los ojos con fuerza dejando que la brisa meciera su cabello y los primero rayos de sol de aquella tarde acariciaran con suave roce la piel de sus mejillas.

Fueron muchos meses los que permaneció ligada a una silla que se convirtió en su compañera inseparable, para su desgracia. Y durante todo ese tiempo pudo comprobar el resultado de sus acciones pasadas sobre los demás. Nadie parecía sentir ningún tipo de compasión hacia ella, y se sintió terriblemente sola. Aunque eso poco le importaba en realidad. Toda su vida la había vivido sola, rodeada de un montón de gente. Pero la única persona de la que le dolía realmente esa indiferencia, era Raimundo. Con él había vivido lo mejor y lo peor, y sin embargo, su amor por él crecía cada vez más con el paso de los años. Fue testigo doloroso de su pena cuando su prometida falleció y ella sufrió con él.

Por ese motivo, todo lo acontecido en su vida recientemente le había hecho darse cuenta de lo mucho que estaba a punto de perder, si es que no lo había perdido ya. Mientras vivieron sin la presencia de una mujer en la vida de Raimundo que fuera capaz de enturbiar esa extraña relación que ambos mantenían, ella se sentía segura. Su supuesto odio hacia él le permitía no desfallecer ante una realidad que la golpeaba duramente. Y es que, a pesar de que Raimundo la hubiese abandonado sin ningún tipo de explicación, ella seguía viva porque respiraba el mismo aire que él.

El terror que supuso para ella la enfermedad de Raimundo le hizo cometer el mayor acto de amor que jamás pensó. Sin dudarlo un solo instante, pagó aquella operación que le salvó de una muerte segura. Sus defensas ante él se vinieron abajo cual montaña de arena, y corrió rauda a su lado, desnuda emocionalmente y dispuesta a abrirle su corazón, plagado de sentimientos hacia su persona. Pero el rechazo que vivió aquel triste día le hizo encerrarse de nuevo en sí misma y prometerse que jamás volvería a mostrar esa parte de ella. Su corazón era demasiado frágil y estaba tan dañado, que cualquier nuevo golpe volvería a romperlo en mil pedazos.

Y sin embargo, allí estaba de nuevo. Dispuesta a intentarlo otra vez. Resuelta a no permitir que Raimundo se dejara llevar por la pena. Nadie había estado a su lado en su sufrimiento, pero ella no iba a consentir que él acabara desahuciado. Perdido en el mar del olvido donde los recuerdos navegan a la deriva hasta que poco a poco se pierden por el horizonte o terminan ahogados en el fondo de una botella de licor.

Encontró refugio en su paseo bajo el cobijo de un inmenso roble que comenzaba a dar sus frutos. Sus suaves manos acariciaron la rugosa corteza del árbol, que había permanecido en pie a pesar de los innumerables envites de la naturaleza. Fuerte y robusto, en aquellas tierras húmedas y fértiles de Asturias. Igual que su amor imperecedero por Raimundo.

Se sentó con delicadeza apoyando su espalda en él, como tantas veces lo hizo antaño. Cuando el roble en el que se apoyaba era Raimundo, y el tronco era su pecho. Las fuertes ramas de sus brazos la ceñían con dulzura por la cintura mientras su cálido aliento acariciaba sus sienes haciéndole estremecer de arriba a abajo.

Disfrutó de una paz y de una tranquilidad que hacía tiempo no sentía. Se dejó llevar por aquel sosiego descansando apaciblemente durante largos minutos, tratando de dejar su mente en blanco. Olvidando por un momento quién era y todo lo que arrastraba a sus espaldas. Cuando los abrió de nuevo, transcurrido ese tiempo, una tierna sonrisa se dibujó en su rostro.

Llevó sus manos hasta su pequeño bolso, sacando del interior aquellas cartas de amor que no fue capaz de destruir. Las mismas que suponían el finísimo hilo tangible que le hacía recordar que su historia de amor con Raimundo no había sido una mentira.

Francisca…

No me pidas que contenga la pasión que siento por ti.
¿Se puede pedir al sol que no salga por la mañana? ¿A los pájaros que no canten?
¡Pues eso mismo siento yo en mi pecho!


Acarició con la punta de los dedos el contorno de cada palabra allí escrita repitiéndolas a su vez con sus labios en silencio. Por primera vez desde que había recuperado aquellas cartas, sentía una dicha en su pecho que no era capaz de expresar con palabras. Volvió a sonreír cerrando los ojos y visualizando en su mente cada gesto de Raimundo. Su manera de fruncir el ceño cuando algo se le resistía, o su manera de arquear la ceja. O esa dulce mirada hacia sus hijos cuando piensa que nadie le está observando.

Le amaba. Y a pesar de todo lo que habían pasado, volvería a enamorarse de él una y mil veces, pues prefería haber conocido el amor a su lado que no haber amado nunca. Por encima del dolor y la tristeza que la acompañó toda su vida. Caería rendida de nuevo en sus brazos si volviera a tener la oportunidad.

Pasó toda la tarde recordando su juventud. Reuniendo el valor suficiente para llevar a cabo la misión que se había propuesto. Se acabó el vivir en la oscuridad, ocultando esos sentimientos que tan celosamente había guardado.

……………………

Aprovechó la caída de la noche, cobijada bajo el manto estrellado que tantas veces contempló entre sus brazos, para abandonar la Casona y adentrarse en las tierras que bordeaban su finca. No quiso alertar a nadie de su marcha, pues no había motivo para ello. Además, estaba acostumbrada a no tener que dar explicaciones a nadie por sus actos y en esta ocasión, no iba a ser diferente.

Se arrebujó bajo su capa, ya que aunque estaban en primavera, las noches aún no eran demasiado cálidas. Llevaba escondidas las cartas de amor que había estado leyendo durante toda la tarde, junto con una sensación de temor en la boca del estómago que la había acompañado desde el mismo momento en que decidió tomar el toro por los cuernos y resolver cuál iba a ser el sentido de su vida a partir de ahora.
#6564
Kerala
Kerala
10/03/2012 17:53
Ya había sufrido bastante por haber reprimido sus verdaderos sentimientos durante tantos años, negándose por orgullo, una felicidad que merecía. Atrás habían quedado los rencores pasados y solo se presentaba ante ella, un futuro cargado de promesas por cumplir.

Casi sin darse cuenta, perdida como iba en sus pensamientos, llegó hasta la plaza del pueblo. Quiso asegurarse antes de que no hubiera gente en la Casa de Comidas, por lo que se adentró sigilosamente por la posada y observó el interior a través de la pequeña ventana que las comunicaba. Tan solo un par de parroquianos que se hacían los remolones pese a la insistencia de Emilia de que abandonaran ya la taberna y fueran a dormir la borrachera a sus casas.

Sonrió con dulzura cuando divisó a Raimundo. Salía en ese mismo momento de la cocina. Su aspecto había desmejorado en demasía desde la última vez que se vieron. Unas profundas ojeras surcaban su rostro dándole un aspecto cansado y triste.

Mi vida… pensó mientras apretaba contra sí las cartas.

Raimundo se acercó hasta Emilia y la tomó suavemente del brazo para llamar su atención. La respuesta de ella fue apartarse algo bruscamente del toque de su padre, y abandonó la estancia, dejándole más cabizbajo de lo que ya estaba.

Todo se arreglará. Yo estaré a tu lado para lo que necesites…

A pesar de saber que Raimundo había puesto en jaque el futuro de su familia por ayudar a Sebastián, y de que entendía que Emilia estuviera disgustada con su padre por tal motivo, le dolió en el alma comprobar con sus propios ojos aquel desplante de la muchacha. Pensó en su propia situación. Ella misma había actuado movida por lograr el beneficio de ellos, aunque no siempre sus decisiones fueran las más acertadas. Raimundo había cometido errores, es cierto. Pero adoraba a sus hijos y estaba dispuesto a todo por ellos. Debido a eso, se encontraba ahora en la situación en la que estaba.

Aquellos hombres parecieron despertar de su ebrio letargo levantándose a duras penas de la silla. El tintineo de unas cuantas monedas al caer sobre la mesa aceleró el palpitar de su corazón al tomar conciencia de que el momento de la verdad estaba cerca. Aprovecharía que Raimundo cerraba la taberna con el pestillo para colarse por la puerta que comunicaba con la posada.

Ahora o nunca Francisca

Tomó aire y acercó su mano hasta el pomo, girándolo suavemente. Adentrándose en la tenue taberna y situándose tras la espalda de Raimundo, que no se había percatado de su presencia.

– Buenas noches, Raimundo -. Musitó con apenas un hilo de voz.

Su espalda se tensó al oírla y el aire se atascó en sus pulmones. Se quedó quieto y en silencio, pensando que quizá su imaginación le hubiera jugado una mala pasada. No era la primera vez que creía oírla llamándole, sobre todo en la noche. En la que se despertaba empapado en sudor y escuchando en su mente la voz de su pequeña suplicándole que no la abandonara.

Nada. De nuevo silencio. Sonrió de medio lado con profunda tristeza. Francisca no estaba allí. Nunca lo estaría. Y de hacerlo, él tenía tanto miedo que seguramente la rechazara, apartándola de su lado. Miró hacia la plaza y se dio cuenta de lo solo que estaba. Había perdido a su otra mitad cuando tuvo que marcharse de Puente Viejo alejándose de ella. Toda su vida había sido un completo fracaso, perdiendo poco a poco todo lo que más amaba. A su pequeña, a Sebastián. A Emilia….

Apoyó la frente sobre la puerta dejando caer los hombros hacia delante. ¡Estaba tan cansado de perder siempre…! Aquella noche bebería hasta emborracharse y perder el sentido. Hasta que los recuerdos que le atormentaban, riéndose cruelmente de él, se disiparan hasta convertirse en poco más que polvo.

De pronto una mano recorrió con dulzura su espalda. Tocándole tan levemente que hasta creyó que de nuevo imaginaba. Que de nuevo soñaba. Un beso en su hombro izquierdo. Otro en el derecho. Un dulce roce de labios en la base de su nuca.

– Francisca… -. Susurró. - Francisca… -.

Con lentitud se fue dando poco a poco la vuelta hasta entrelazar su mirada con la de ella.

– ¿Qué haces aquí? -. Musitó. Aquella pregunta era más fácil que el hecho de conocer por qué le había besado. ¿Quería saber la respuesta? No. Le daba demasiado miedo. Miedo a que Francisca estuviera jugando con sus sentimientos. Que quisiera aprovecharse de su debilidad. – No te sentí llegar…-.

– Me colé por la posada y esperé a que estuvieras solo -. Bajó la mirada avergonzada al escuchar en su voz lo que había hecho. Le sonó ridículo. Apretó de nuevo las cartas contra su pecho. Necesitaba fuerzas para declararle su amor.

Alzó la mirada cuando sintió los ojos de Raimundo clavados en ella. Se quedaron perdidos en un mar de palabras silenciadas. Muertas en los labios antes de que llegaran siquiera a pronunciarse. Los ojos de Francisca brillaban con un halo especial que le hizo rememorar los mismos de los que se enamoró.

– ¿Te colaste? -. Le dijo extrañado. – ¿Por qué motivo? -.

Ella sonrió con timidez. – Quería saber cómo estabas -. Afirmó. – Se que no estás pasando por tu mejor momento, Raimundo, y yo… -.

– Y tú viniste a comprobarlo con tus propios ojos, ¿verdad? Dispuesta a rematar mi desgracia -. La interrumpió, quedándose después callado. Mirándola. Odiaba verse como un fracasado ante los ojos de su niña. Abrió los brazos en señal de rendición. – ¡Vamos! Acaba conmigo ya de una vez Francisca… termina con este sufrimiento que no me deja vivir -. Dio un paso hacia ella. – Cumple tu promesa de destruirme -.

Una lágrima se había escapado de sus ojos sin que hubiera podido evitar retenerla. Raimundo sufría mucho más de lo que ella pensaba.
#6565
Kerala
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10/03/2012 17:53
– Para acabar contigo tendría que destruirme a mí misma… -. Pronunció en voz baja. – Acabar contigo sería matar todo lo que amo. Lo único bueno que hay en mí…-.

Y otra vez el silencio reinó entre ellos haciéndose palpable. Envolviéndoles hasta casi asfixiarlos. ¡Era tan poco y a la vez tanto lo que tenían que decirse…!

– ¿Qué estás tratando de decirme, Francisca? -. Pronunció en un susurro apenas audible.

Ella le sonrió enamorada. – Creo que es fácil de entender… -. Dio un paso hacia él, posando con timidez la palma de su mano sobre la camisa. Sintiendo debajo el intenso palpitar de su corazón. – Pero si aun así necesitas que te lo diga… te quiero… -. Musitó. – Te quiero… -.

Raimundo tomó la mano de ella, la que estaba apoyada sobre su pecho y cerró los ojos.

– Ojalá pudiera creerte… -. Los abrió de nuevo y la miró. – De veras que me encantaría creerte… pero no puedo -. Apartó con delicadeza la mano de ella. – No puedo… -.

Se alejó, caminando hacia la barra. Necesitaba poner algo de espacio vital entre ellos para no sucumbir al amor que todavía le profesaba.

– ¿Por qué? -. Pronunció Francisca dejando escapar el aire en un sollozo.

– ¿Y tú me lo preguntas? -. Apoyó los brazos sobre la barra, dejando caer la cabeza hacia adelante. – ¿Acaso has olvidado todo lo que nos hemos hecho? ¿Todo lo que nos hemos dicho? -.

– Podría hacerlo si tu también quisieras intentarlo… -. Francisca avanzó hacia él, aferrándose a su espalda entrelazando sus brazos por delante. – Te amo, y el amor lo perdona todo… -.

Cerró los ojos con fuerza. La amaba. No tenía ninguna duda acerca de esa cuestión. El problema era que seguía sin confiar en sus palabras.

– No todo puede perdonarse -. Otra vez apartó las manos de su cuerpo. – Vete a casa, Francisca… -. Le dijo con dolor sin volverse a mirarla. – No remuevas aquello que ya no puede ser… te lo suplico… -.

Lo había intentado pero no lo había conseguido. Raimundo no confiaba ni en ella ni en su amor. Con tristeza sacó del interior de su capa las cartas que había llevado consigo. Tal vez ellas supusieran un punto al que él pudiera aferrarse cuando sintiera que las cosas no tenían ningún sentido. Igual que le ayudaron a ella. Las dejó sobre una de las mesas y le llamó.

– Raimundo… -. Él se dio la vuelta, deteniendo su mirada sobre las cartas. – No pude destruirlas… -. Sonrió a pesar de la tristeza encogiendo su hombro, al ver la expresión de sorpresa en su rostro. – Léelas de nuevo. Recuerda todo lo que nos amamos… todo lo que te amo… -.

– Simples palabras Francisca -. Avanzó hasta ella y acarició su mejilla con los nudillos. – Todo queda reducido a palabras que no puedo creer… -. Subió la otra mano, enmarcando su rostro. – Los hechos han hablado por nosotros. Y ellos nos hicieron perdernos el uno para el otro -.

Francisca apoyó su frente en la de Raimundo subiendo las manos y apoyándolas en los antebrazos de él.

– Prométeme al menos una cosa… -. Le pidió en un susurro.

– ¿Qué…? -. Le preguntó aspirando su aroma.

– Prométeme que tratarás de ser feliz… aunque no sea a mi lado… -.

Rozó sus labios con los suyos en un beso tan suave como breve, y que sonó a despedida. Al separarse de él, acarició con ternura su mejilla. Después, sonriéndole con tristeza dio media vuelta y salió por la puerta, dejándole sumido de nuevo en una profunda oscuridad de la que, en esta ocasión, él era el único responsable. Sintiendo que tras ella, su corazón también le había abandonado.

Apartó una silla y se dejó caer derrotado. ¿Y si ella era sincera? ¿Habría dejado él de nuevo escapar el amor? Miró las cartas. Conocía cada palabra, cada línea allí escrita. Cada sentimiento allí plasmado. Las acarició con las yemas de los dedos. Leerlas sería torturarse de nuevo. Pero no hacerlo sería dejar morir la mejor parte de su vida.

Nuestro amor todo lo puede Raimundo… y no tendrá sentido la vida del uno sin el otro…

…De día porque estoy a tu lado Raimundo…y de noche también…porque no hay sueño en el que no me acompañes…

…y caí en tus brazos rendida, y tus labios calmaron mi sed…

La hoja cayó lentamente de sus manos y a la vez lo hicieron sus brazos sobre la mesa. Escondió su rostro en ellos y se lamentó por no haber tenido el valor suficiente para reconducir su vida. Suspiró resignado y se levantó. Apiló las cartas en un pequeño montón acercándolas a su rostro. Aspirando su olor a promesas y sueños por cumplir.

Aquella noche no bebería ni una gota de alcohol. Hacerlo suponía borrar lo acontecido en los últimos minutos a su lado. Y por nada del mundo deseaba hacerlo. Apagó las luces antes de subir a su habitación. Esa noche no podría conciliar el sueño por el simple recuerdo del sabor de los labios de su Francisca sobre los suyos.

…………………………………………………………………….

La mañana llegó, y con ella el fin de una torturadora noche en la que no había podido pegar ojo. Pensando en ella. ¡Maldita seas, Francisca! Y maldito él y su cobardía por no haber creído en sus palabras. ¿Cómo hacerlo cuando el pasado se cernía aun sobre ellos? Y a la vez ¿cómo no hacerlo cuando lo deseaba con todas sus fuerzas?

Iba a volverse loco. Aquello era lo último que necesitaba para llenar su cupo de problemas y desgracias. Se acercó hasta el armario para coger una camisa limpia y un chaleco. Terminó de vestirse y fue hacia el espejo para peinarse. Sobre la mesita encontró las cartas que Francisca le entregó anoche, y todo volvió a su mente en cuestión de segundos.
#6566
Kerala
Kerala
10/03/2012 17:54
Pero algo llamó su atención. Entremezclada con las cartas antiguas, un papel mucho más reciente destacaba entre ellas. Extrañado, lo cogió.

9 de Marzo de 1903

Raimundo…

Siempre estuvimos tan cerca… tan unidos y a la vez tan separados…Y sin embargo mis pensamientos siempre giran en la misma dirección. Giran en torno a ti. No soporto la idea de pensar que no supe aprovechar los días mientras te tuve a mi lado. Ojalá hubiera podido detener el tiempo para siempre y quedarnos en aquella tarde en la que nos juramos amor eterno.
Te quiero. Te quiero… las palabras brotan de mis labios sin que ya quiera detenerlas. Sigo estando aquí, Raimundo. Para ti. Solo para ti…

Francisca


Un nudo que amenazaba con ahogarle, empezó a tomar forma en su garganta aprisionándole con fuerza. Aquella carta tenía fecha. 9 de Marzo. Fue escrita ayer mismo. Ayer…

No podía dejar las cosas así. Necesitaba creer en sus palabras. Mirarle a los ojos y decirle que la amaba con cada fibra de su ser. Convencerse de que esa nueva ilusión que empezaba a brotar en su corazón no era una utopía.

Cogió todas las cartas y abrió la puerta de la habitación saliendo de allí con decisión. Necesitaba una explicación. Necesitaba recuperar la fe.

………………………………..

– La Señora bajará en unos instantes, Raimundo… -. La voz de Rosario le hizo girarse rápidamente. – ¿Por qué no la espera en el despacho? -. Le señaló la estancia con la mano y ambos entraron. – ¿Le apetece una taza de té? -.

– No, gracias Rosario -. Sonrió a la mujer. – Espera… -. La detuvo cuando ella ya salía. –Francisca…ella… -. Se frotaba la nuca avergonzado, sin ser capaz de encontrar las palabras adecuadas.

– La Señora siempre ha estado pendiente de usted Raimundo… siempre… -. Palmeó su mano con suavidad y le dejó a solas. Totalmente desconcertado por sus palabras.

¿Qué habría querido decir con aquello? Se llevó las manos a la cabeza. Desde la noche pasada sentía que todo le desbordaba. Necesitaba sentarse. Si no lo hacía, caería en redondo sobre la cara alfombra del despacho. Apartó la silla junto al escritorio y se sentó. Cerró los ojos y apoyó los brazos sobre las rodillas y en ellos su cabeza. Respiró pausadamente un par de veces tratando de apaciguar esa ansiedad que se estaba apoderando de él.

Cuando estuvo más calmado abrió los ojos, advirtiendo que uno de los cajones estaba a medio abrir. Reconoció de inmediato la cubierta de aquel libro que asomaba tímidamente en su interior. Sintió que el suelo se abría bajo sus pies resquebrajando el orgullo que le había mantenido alejado de Francisca durante todos estos años. Con mano temblorosa, terminó de abrir el cajón y sacó el libro. Rosalía de Castro. Acercó su mano hacia él, pero no se atrevía a tocarlo. Si aquello se trataba de un sueño, no quería despertar nunca más. ¿Cómo podía ser posible que Francisca lo conservara con ella?

Con suma lentitud apartó la tapa y descubrió la dedicatoria que él mismo había escrito hacía ya tanto tiempo. Acariciándola con los dedos.

– Mi pequeña… -. Lloró.

Encontró una marca en uno de los poemas, y lo leyó en voz baja.

Busca y anhela el sosiego
Mas… ¿quién le sosegará?
Con lo que sueña despierto,
Dormido vuelve a soñar…


– Amor mío… mi niña… -.

Se puso de pie aferrando el libro entre sus manos. El corazón desbordándole en el pecho. Al hacerlo, una nota manuscrita cayó al suelo. Debía estar escondida entre sus páginas. Se agachó a recogerla y advirtió que se trataba de una carta dirigida a Francisca. Movido por una curiosidad insana, la abrió, leyendo su contenido.

Doña Francisca

Todo se hizo tal cual pidió. El dinero para la operación de Raimundo se entregó a la clínica pidiéndoles absoluta discreción sobre su procedencia. En cuanto regrese a Puente Viejo le pondré al tanto de lo acontecido.

Alberto Guerra


Las manos le temblaban. Hechos, le había pedido. ¿Qué muestra de amor necesitaba más que ella le había salvado la vida? Su niña, su pequeña. Su ángel, siempre había estado a su lado.

– Raimundo… -. Francisca le llamó con suavidad. Estaba junto a la puerta y le miraba con timidez y ternura. – Imagino que habrás venido a… -.

En dos pasos Raimundo estaba a su lado enmarcando su rostro con las manos.

–…a esto… -.

Musitó junto a sus labios antes de apoderarse de ellos en un beso cargado de amor. Varios roces de sus bocas fueron el preludio del acto de amor más apasionado que iban a compartir. Tiró con ternura de su labio inferior con los dientes haciendo que ella abriera la boca. Enredando su lengua con la de Francisca. Bailando juntos. Mezclando alientos y salivas. Mezclando sus almas.
#6567
Kerala
Kerala
10/03/2012 17:54
Francisca se aferró a sus brazos para no caer. Él se apartó a regañadientes unos instantes tan solo para poder cerrar la puerta. Apoyándola a continuación sobre ella. Devorando hambriento su cuello. Refugiándose en él. Apretándola en su abrazo.

– Te amo… te amo… te amo… -. Susurraba sin cesar. – No quiero estar sin ti amor mío… sálvame de esta soledad que me atormenta… -. Se apartó de ella mirándole a los ojos. – Solo tu amor puede salvarme… -.

Francisca se aferró a su cintura, metiendo las manos por dentro de su chaqueta y acariciando su espalda.

– Estoy aquí mi amor… -. Dejó un cálido beso en su cuello, haciéndole estremecer. – Para ti… para amarte… -.

– Estoy aquí mi ángel… para ti… para amarte… -. Repitió él.

Besándose de nuevo. Amándose, como nunca dejaron de hacer. Su amor, a pesar de todo, seguía estando ahí.


FIN

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DEDICADO A CHUS, QUE ME AYUDA Y ME ACONSEJA SIEMPRE QUE LO NECESITO.
GRACIAS MIÑA BOLBORETA LINDA! <3
#6568
melisalaura
melisalaura
10/03/2012 18:45
Maria José enhorabuena por esa noticia, que dicha tan grande es traer un angelito a este mundo y poder brindarle todo tu cariño y amor¡¡ FELICIDADES!! para tí y toda tu familia, deben estar muy contentos. Besitosssssss
#6569
melisalaura
melisalaura
10/03/2012 20:04
Niñas tengo problemas para entrar al chat, ahora me dice que tengo que pedir permiso al moderador, les pido ayuda pleaseeeeeee, no entiendo nadaaaaaaaaa
#6570
mariajo76
mariajo76
10/03/2012 20:06
Melisa metete en el chat que ahora mismo me conecto a ver si te veo y te puedo dar permiso
#6571
laury93
laury93
11/03/2012 13:23
Hola chicas!!!
Lo primerisimo:
Ruth me encantó el mini!! qeu romantico, qeu bonito, qeu ganas de saltar que me dio, no te haces uan idea!
Miri: me matas, una y otra vez, por lo menos haber si el desvanecimiento les da un empujoncito, no? Sigue pronto

Por cierto, ya se porque en valencia no me va el chatr, opruqe alli tengo otro ordenador y me tendreis qeu aceptar! jajaja, me ha costado pillarlo eh? Bueno, intentare pasarme. Os voy a dejar otra parte del relatillo pero antes deciros una cosita para las AFORTUNADAS del 14-M como no se si me conectare al chat desearos qeu vaya todo bien y qeu les deis recuerdos de nuestra parte y pasaroslo bien, pero Ruth deja algo de Riri por favor!! jajaja ;P

SUEÑOS DEL PASADO

No podía creérselo, se iba a ir con Raimundo, fuera, lejos de aquel pueblo que la asfixiaba. Estaba ansiosa porque el día acabara para que pudiera empezar su nueva vida, era tan feliz que apenas podía contener la sonrisa, porque tampoco quería su padre se diese cuenta de la mejora de su humor. No había cenado mucho, era tal su impaciencia que apenas podía comer. Quedaban pocas horas para su ansiado encuentro, solo unas horas. Unos golpes en la puerta la sorprendieron empaquetando sus pertenencias, se apresuró a guardarlas bajo la cama antes de permitir el paso.

- Salvador, ¿qué haces aquí?
- Nada, solo veía a asegurarme de que estabas bien, en tu alcoba.
- Lo estoy, gracias.
- También quería asegurarme de que no cometías ninguna estupidez.
- No te entiendo.
- Seguro que sí, querida, haz algo de memoria ¿o acaso has olvidado tu cita de esta noche?- El corazón comenzó a latirle con fuerza, qué iba a hacer para escapar.
- De verdad que no sé a qué te refieres.
- No te hagas la tonta conmigo Francisca- Su voz zalamera desapareció de pronto dando paso a un tono autoritario.- Sé perfectamente que tú y ese trapacero del Ulloa habíais planeado escapar esta noche…
- ¿Cómo…?- No, no podía ser, su mundo se derrumbaba.
- Y eso no es todo lo que sé. También estoy enterado de tu pequeño secretito… ramera –“No eso sí que no” se dijo—Que llevas en tus entrañas a un bastardo.
- ¿Qué quieres?
- ¿Qué es lo que no quiero? No quiero que desperdicies tu vida con ese muchacho, ni que ensucies el nombre de tu familia ni el mío propio… pero sobre todo, no quiero- Un brillo de codicia relució en su mirada- quedarme sin la dote.
- Ya imaginaba que tus razones no podían ser tan altruistas.
- Al contrario, solo pienso en ti y en ese joven. – Se acercó más a ella hasta que su penetrante aliento a alcohol se clavó en su rostro.—Tengo guardas apostados en todas las salidas y alrededores de la finca, y por supuesto, cerca de la cabaña de mala muerte en la que os citasteis, con orden de disparar a matar a cualquier pareja que intente escapar.
- ¿Cómo puedes ser tan ruin? ¿Qué quieres? ¿dinero? Te daré el que quieras, pero deja que me vaya. No intentes fingir conmigo, todos saben que no te importa el nombre, ni el honor, solo los cuartos.
Lo siguiente que sintió fue un fuerte dolor en su mejilla izquierda que la derribó contra la cama. “Malnacido” lo pensó, pero no se atrevió a decirlo. Por primera vez en su vida, sintió auténtico miedo.
- No me andes con tonterías Francisca, cuanto antes me vayas conociendo mejor, y si hay algo que debes saber de mí es que no me detengo ante nada ni ante nadie para conseguir lo que quiero, y la única manera de conseguirlo es haciéndote mi esposa. Así que escúchame bien, porque solo lo diré una vez: mis hombres te escoltarán allá donde vayas, si se acerca a ti o hablas con él más de un minuto seguido, le dispararán; y si, en un alarde de temeridad, intentas contactar con él, escapar de mis hombres o hacerle llegar algún mensaje yo mismo me encargaré de que ese bastardo no llegue a nacer nunca, y que sepas que me emplearé a fondo en el asunto.
- Eres un monstruo.
- Me encantan las mujeres guerreras, disfruto más dominándolas. Eso mismo podría hacer contigo aquí y ahora- Francisca se apartó de él instintivamente, temblando de miedo ante la sola idea de que la tocara- Tienes suerte de que no me gusten las furcias. Pero ya sabes, querida, no me provoques o habrás de saber antes de tiempo quién es tu futuro marido.
Salvador salió del cuarto dejándola tirada en el suelo, llorando de rabia, de dolor. Sus sueños destrozados por culpa de aquel malnacido. No podía salirse con la suya, ¿pero qué podía hacer ella? Estaba atrapada y no había nadie que pudiera salvarla. Maldito mundo, pensó, maldito mundo, ¿por qué una mujer no podrá valerse por sí misma? Si pudiera plantarle cara a ese demonio, pero qué podía hacer ella. Nada, ya no había nada que pudiera hacer, Raimundo, su hijo, su vida, estaban condenados.

Llegó la medianoche. Y tal como llegó se fue, sin noticias de ella. Raimundo esperó en la cabaña hasta que el amanecer le devolvió a la realidad confirmándole que Francisca no vendría. Debía de haberle pasado algo, o quizás se había arrepentido. Podía ser, pero no quería pensar en aquella posibilidad. ¿Mas que pensar si no? Llegó a su casa, derrotado, desanimado, con el sol ya brillando en lo alto. Pensaba que su día no podía ir a peor hasta que aquella misma mañana su padre le dio la gran noticia: su boda con la heredera se adelantaba por su mala salud. Se casarían en tres días, el mismo día, dejó caer sutilmente su padre, que los Montenegro tenían planeada su partida hacia el norte para celebrar la boda de su hija. Tenía que hacer algo, tenía que hablar con ella. La aguardó durante todo el día en el pueblo, pero no apareció; trató de buscarla en la Casona, pero se negaba a recibirlo. El día siguiente probó de nuevo, Francisca solo apareció para ir a misa y cada vez que él intentaba hablar con ella, se marchaba, le huía, lo evitaba. Solo quedaba un día para la boda, el día siguiente, él habría de casarse y Francisca se marcharía para siempre. Era entonces o nunca. Pues mejor entonces, se dijo.

Qué hara Raimundo?? Nada bueno, eso os digo jejej. Besets!
#6572
soyi
soyi
11/03/2012 15:35
HOLA CHICAS :

Deciros que me encanto el encuentro de francisca con raimundo por que por lo menos no terminaron discutiedo haver chicas si poco a poco la cosa con ellos va ha mejor que yo tengo la corazonada de que si .

LURY: a ti decirte que me tienes el corazon en un puño ( lo que le esta haciendo sufrir salvador a mi francisca espero que no por mucho laury)

MIRI: me encanta tu relato por que gracias al embarazo de francisca se van descubriendo secretos y solucionado problemas con su hijo y su gran amor ( como me gustaria ver pronto algo asi ) sigue por favor me tienes encantada con tu historia.


RUHT:gracias por escribir lo que siempre hemos querido que pase ver a ese raimundo encontrando la factura de la operacion para que raimundo se de cuenta de que francisca no es la mala que siempre desa su mal y abriera sus ojos de una vez.

Ya quedan solo 3 dias


UN BESITO
#6573
mariajo76
mariajo76
11/03/2012 17:24
Bueno ahora que he terminado por fin mis deberes tengo un poquitín de tiempo para comentar:

Nuestra pareja. Me encantó la última escena, yo no pienso que Francisca fuera Borde ni mala, yo creo que se comportó como una verdadera amiga intentando hacerle ver Raimundo que lo que estaba haciendo no lo estaba llevando a nada bueno, estaba intentando que reaccionase, esa mirada de cariño, ese tono de voz no eran para hacerle daño sino para avisarle que no va por buen camino. Y Raimundo....ayyyyyy, me tiene enfadada, no es él pero...es tan guapo que no puedo enfadarme con un hombre así sólo me dan ganas por una parte de pegarle una leche para que reacciones y luego un abrazo de oso por que me da cosita verlo tan decaído con esos ojazos marrones tan tristes.

De Francisca decir que me tienen harta los guionistas con esa manía de ponerla de mala malísima, que ese papel ya no le pega hijos, que yo ya no me lo trago además me encantaba cuando era una cabrona, de verdad que me moría de risa con su mala leche anda que no la he aplaudido veces, tenía mas narices que todo un batallón de legionarios ja ja, pero ahora...es una mala sin sentido y eso no mola y eso que Maria...

Mi niña, mi xoubiña guapa eres fantástica, maravillosa, sublime, genial, cuando te dejan y tu Francisca se quita la coraza dan ganas de saltar la pantalla para darte un achuchón. Ya le he dicho a Ruth que uno de los abrazos que te de sea de mi parte de esta loca que te quiere por que consigues que su vida sea mejor por solo verte actuar. Gracias María de todo corazón.

En cuanto a los relatos ufffffffff
Miri, hija mía ME ENCANTA genial, esa bofetada a Raimundo es como si se la hubiera dado yo, que se la llevaba ganando hace ya unos capis, a ver si ahora espabila y está al lado de Francisca y de su bebé incondicionalmente que lo necesitan mucho y se deja de rencores y gilipolleces y con el susto vuelve a ser el Raimundo que conocemos y queremos.

Laury que me da algo, como no se vean menudo disgusto, algo tiene que pasar y se tienen que ir juntos, no me fastidies, escribas en comedia o en drama eres la leche y me tienes con una ansiedad que ni te la imaginas.

Ruth, mi RIRI, que ya no te queda naaaaaaaaa, ¿cuantas veces hemos soñado que Rai se enteraba de quien pagó la operación?. Es increíble como los guionistas dejaron olvidado ese punto, que yo creo que es fundamental para la historia de estos dos y aclararía muchas cosas entre ellos.
Me ha encantado, tan dulce y tan romántico, maravilloso como siempre, que te voy a decir que no te haya dicho ya, que espero que en la serie también sea .

Y a las demás os quiero

Se me olvidaba, si teneis problemas para entrar en el chat mandarnos un privado a Ruth o a mi para que os demos permiso
#6574
Kerala
Kerala
11/03/2012 17:41
Buenas! qué tal llevais el día?

los relatos son fantásticos. Laury, miri... ¡me encantan!
seguid pronto guiño

Gracias por los comentarios sobre mi mini de ayer. Ya sabeis que cuando querais uno,solo teneis que pedir jejeje. Tenía ganas de escribir uno más romántico y me alegro que os haya gustado.

¡no queda nada para el día 14!
María, Ramón, ya estoy deseando abrazaros. Nos vemos el miércoles!

un beso a todas guiño
#6575
Crippy
Crippy
11/03/2012 23:36
Buenas noches!!! ¿Os acordáis de ese relato que empecé hace mucho mucho tiempo y que dejé sin final? Pues gracias a Mariajo que ha estado animándome a ponerle un final, aquí lo traigo. Como hace muchísimo que lo escribí he decidido dejarlo entero para que os lo podáis descargar. Lo nuevo, el final, empieza a partir de la página 31. Espero que os guste y que la espera haya merecido la pena.

Para descargar, en esta página, debéis darle al botón azul, no al verde ;)

Aquí en word (pero puede dar problemas)
Click aquí para descargar

Aquí en PDF
Click aquí para descargar
#6576
Franrai
Franrai
11/03/2012 23:57
Ahora mismo me pongo a leer esos maravillosos relatos sonriente Eso si, mañana lo os los comento detenidamente que hoy ya es tarde.

Yo os dejo una Gotita, que espero como siempre que os guste. La próxima en cuanto tenga un hueco la escribo que no quiero tardar hasta el finde que viene en ponerla.


GOTAS DEL PASADO


Noviembre

Tres meses habían pasado desde que las heridas del rostro de Francisca habían cicatrizado. Tres meses desde su conversación con el Ulloa. Tres meses pensando si aquello que le dijo fue lo correcto. Martirizándose con la idea de haber errado disuadiendo a Raimundo para que se marchase. Rosario levantó la mirada de la taza encontrándose con el aprobador gesto de la dama que estaba sentada al otro lado de la mesa. Irguió la tetera y la colocó en la bandeja que portaba. Fue a coger otra taza para Francisca, pero ésta con la mano le indicó que no gustaba de té alguno. La criada asintió y, tras asegurarse de que todo estaba dispuesto, salió del salón.

-Entonces, ¿has leído sus obras?-preguntó la cercana mujer retomando la conversación. Francisca ni siquiera la escuchó. Andaba perdida en un mar de pensamientos en los que ni ella misma encontraba orden.
Todo estaba dispuesto para su futuro alumbramiento. Según el doctor podría demorarse unas semanas más o, por el contrario, ser ya mismo. Y los típicos nervios de toda embarazada a punto de tener entre sus brazos a su hijo la acechaban.
Meneó la cabeza y llevó su mirada hacia su invitada. La cual esperaba una respuesta a su pregunta.

-¿Eh?- exclamó levemente. Acompañando aquello con una expresión de total desconcierto. La mujer sonrió ante el ensimismamiento de su prima.

-Galdós - apuntó. -Te preguntaba si habías leído alguno de sus libros.- Francisca quedó pensativa un instante. Con la mirada fija en la amable sonrisa de Margarita. Sonrió ella también, asintiendo a su vez con la cabeza.

-Un par de ellos, que si no recuerdo mal han de estar aún en la biblioteca.- contestó. –Sin duda posee una lírica magnífica,- señaló.- pero ese comunismo y herejía incluso con la que carga sus obras…- la frase quedó cortada de repente. Sucedida por un leve quejido procedente de la garganta de Francisca.
Llevó instintivamente la mano a la parte baja de su vientre. Allí donde un agudo pinchazo la había atravesado. Apenas segundos duró aquella molestia. Cerró los ojos y respiró. No era la primera vez que lo sentía. Esos breves pinchazos de habían sucedido a lo largo de aquel último mes de embarazo. Eso sí, mucho más leves y esporádicos.

-¿Te encuentras bien?- preguntó su acompañante preocupada. Francisca, una vez que el dolor se disipó, levantó la cabeza.

-Sí, no es nada.- contestó. Esta era la segunda contracción que recibía de una intensidad mayor a las demás en el mismo día. Aunque aún así seguían siendo totalmente soportables y el tiempo bastante considerable ente ambas.

-Es una pena no haber podido retrasar mi visita unos días más. Con algo de suerte podría haber visto a esa nueva criatura.- dijo Margarita sonriente.

-Sí, una pena.- pronunció Francisca con ironía. Su prima Margarita era la única de su familia con la que mantenía contacto tras la muerte de sus padres. Y aunque tampoco le resultaba muy agradable su presencia allí era de agradecer que se hubiese molestado en salir de la capital para visitarla. –¿Estás segura de que no deseáis quedaros unos días?- le preguntó esta vez con amabilidad.

-No.- contestó. –En cuanto mi esposo vuelva de ese… paseo que ha ido a dar con Don Salvador regresaremos a casa. Si nos demoramos más nos caerá la noche antes de llegar.- se explicó sin apartar la sonrisa de sus labios.

-Como quieras.- respondió aliviada. Sonriéndole a su prima, quien le devolvió el gesto con otra de sus amables sonrisas. Francisca se reclinó hacia atrás. Llevó su mano hacia su abultadísimo vientre, sintiendo que poco faltaba para poder acariciar a su pequeño.

-Con la madre que tiene seguro que ese niño será realmente hermoso.- comentó Margarita tras observar los gestos de Francisca. Ésta suspiró al comprobar que aquella mujer no podía estar callada ni un instante. –Al igual que Tristán, aunque… a este no término de cogerle el parecido.- Francisca se tensó al presentir el cáliz que iba a tomar la conversación.

-Llamaré a Rosario, el té se te habrá enfriado con tanta cháchara.- intervino con una falsa sonrisa. Un segundo después el llamador de la puerta sonó. Y al ser ésta abierta, dos sonoras carcajadas irrumpieron la tranquilidad de la Casona.

-Y así me fui de allí dejándolo con los papeles de venta en la mano.- terminó de contar Salvador. Finalizando de ese modo la conversación que mantenía con Guillermo.

-Buenas tardes, señoras.- saludó el esposo de Margarita al entrar en el salón. Ambas inclinaron levemente la cabeza devolviéndole el gesto.

-¿Lo han pasado bien?-preguntó educadamente Francisca.

-Sí, su esposo resulta de una compañía excelente.- respondió. Ella no pudo evitar pensar en lo equivocado que estaba aquel hombre. ¿Salvador buena compañía? Resultaba imposible imaginarlo siendo el Castro el mismísimo diablo en persona. Pero ese era el papel que hacía, era un lobo con piel de cordero y solo los que vivían a su alrededor conocían la verdadera personalidad de Salvador.

-Me alegro.- se limitó a decir Francisca. Asió entre sus manos los posabrazos de la silla ayudándose con ello a levantarse. Aquel simple movimiento se le hacia un mundo en su estado.

-La había visto antes, mas no me percaté de que estuviese en tan avanzado estado. Ha de estar a punto de dar a luz, ¿no es así?- pronunció Guillermo.

-Así es.- intervino Margarita. –Hace un rato le comentaba a mi prima que si hubiésemos venido unos días más tarde quizás podríamos haber conocido al nuevo heredero.- comentó. Francisca les sonrió amablemente y Salvador, que aún no había pronunciado palabra vio en allí el momento ideal para seguir actuando.

-Una verdadera lástima, pero ya saben que aquí tienen una casa para lo que gusten.- dijo con toda la amabilidad que su emponzoñado corazón le permitió.

-Agradecidos.- habló Guillermo por su esposa y por él.

Francisca cerró los ojos al notar otra molestia en su vientre. Igual que la anterior. Respiró, tratando de calmar el dolor. Y tras unos segundos, volvió a desaparecer.

-¿Se encuentra bien?- le preguntó el marido de su prima.

-Sí, si.- contestó. –Mas, si me disculpan preferiría retirarme a mi alcoba.- dijo educada.

-Claro. Nosotros nos iremos enseguida.- pronunció el hombre, igual de amable él que Margarita.
Francisca no escuchó lo que sucedió a aquella frase. Con pasos torpes y pesados se dirigió hacia las escaleras. Subiéndolas despacio. Con cuidado. Al llegar arriba pudo oír como educadamente, como en ningún momento habían dejado de serlo, Margarita y Guillermo se despidieron de Salvador. Y éste, con su habitual tono de voz, ordenó a Rosario a que los acompañase a la salida. Poco después la Casona volvió a su habitual frialdad. La puerta de la alcoba de Francisca al cerrarse rompió el silencio que allí se instaló.
#6577
Franrai
Franrai
11/03/2012 23:58
Cayó la noche. Rosario terminó rápidamente de recoger la mesa en la que Salvador había cenado. Llevaba toda la tarde preocupada por Francisca, ésta había subido a su habitación poco antes de que Margarita y su esposo se marchasen, y ni siquiera había bajado a cenar. Lo dejó todo listo en el comedor y dirigió sus pasos hacia la cocina, donde cogió la cena de Francisca para subírsela.
Una vez llegó golpeó suavemente la puerta y, al no escuchar respuesta, decidió entrar sin esperarla.
Ojeó brevemente la habitación. Iluminada por la luz de la luna llena y un par de candiles. Francisca estaba sentada de espaldas a la puerta en la mecedora que, en aquellos últimos meses de embarazo, era el único asiento en el que se encontraba cómoda.

-Señora, ¿se encuentra bien?- preguntó tímidamente entrando en el cuarto. Francisca se giró hacia ella con dificultad.

-Rosario.- pronunció suavemente.

-Le he subido la cena, por si tenía hambre.- la informó mientras dejaba la bandeja sobre la mesita de noche. Se dio la vuelta rápidamente al escuchar un gemido ahogado de la Montenegro. Francisca apretó los dientes sintiendo como de nuevo el dolor la atravesaba. Esta vez le resultó insoportable. Respiró hondo, o al menos eso intentó. Y al soltar el aire que había cogido el dolor fue desapareciendo.

-Estaba a punto de bajar, Rosario. Ya viene.- dijo sonriendo levemente al decir aquella última frase. Levantó la mirada para encontrarse con el preocupado semblante de la criada. Rosario sin dejar a un lado su preocupación le esbozó una tierna sonrisa.

-Iré a llamar al doctor.
#6578
laury93
laury93
12/03/2012 17:28
Menudo dia non-stop llevamos!! Me vais a matar pero a diferencia de lso lionsitas vosotras no me matais a disgustos sino a emociones!
Ro ya te lo he dicho pero e lo repito, me encantan estas gotetas, a ver si sigues pronto qeu yo aun estoy estudiando la fecundacion pero el parto tambien tiene tela jaja
Miri: te lo digo todo en 2 palabras: que bonito!!! que tierno que romantico, me encanta!! sigue pronto!

Yo no se si seguir hoy o que, porque estareis hartas a relatos o no? Y ocmo el capi de hoy es extenso y con carga emociona jajaja, bueno, me lo pensare si ponerlo hoy o no, pero despues de la novela que va a empezar y me la pierdo! jjeje
#6579
Franrai
Franrai
12/03/2012 18:53
Buenas tardes!

Laury, no dudes que queremos leer :)

Miri, PERFECTO. Con esa palabra te lo resumo todo. Me tienes enamorada de este relato, esperando deseosa la continuación. De verás, te está quedando todo genial. Esa última conversación, esta vez si, de padre e hijo, preciosa. Y despues la escena con Pepa, Francisca y sus respectivos Ulloa, maravilloso.



Escenas destacables del capítulo de hoy 267.

-Francisca con Mauricio. (Parte 2, minuto1:45)

-Adoro la relación que tienen estas dos mujeres. Ambas en sus respectivas poses pero dejando entrever el cariño y la amistad pasada que las une. Rosario intenta que Francisca readmita a Mariana. (Parte 3, minuto 7:49)

-GRANDE esta escena. Como me gusta que hayan retomado la costumbre de unir a Francisca, el alcalde e Hipolito en escena. Esplendidos.(Parte 4, minuto 9:23)


C’est fini. Y sí, el Ulloa hoy no salió triste
#6580
Kerala
Kerala
12/03/2012 20:26
Buenas!

Cris! ya me tenías loca con esta historia y al fin (¡¡¡AL FIN!!!) has colgado el colofón final, que no ha podido ser más perfecto y más maravilloso. ¡Gracias!

Rocio,amo tus GOTAS DEL PASADO. ¡las amo! no puedo decir más.
Y gracias como siempre por ponerme las escenas destacadas del capítulo. Eres un sol!

Miri,qué preciosidad de historia te has montado. Me ha encantado de principio a fin. ¡Bravo!

Bueno niñas, que no queda nada para el 14M... María! Ramón! en apenas dos días nos vemos!
os quieroguiño
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