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El Rincón de Francisca y Raimundo:ESTE AMOR SE MERECE UN YACIMIENTO (TUNDA TUNDA) Gracias María y Ramon

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samureta
samureta
08/06/2011 23:44
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No existe amor en paz. Siempre viene acompañado de agonías, éxtasis, alegrías intensas y tristezas profundas.

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#6481
laury93
laury93
01/03/2012 23:51
Cris!! que bueno por favor, siemrpe me rio mucho con tu montajes y me siento muy orgullosa de haber participado aunque sea en darte una frase para uno!! ese me lo pongo de fondo!!! Jajajaja, espera qeu todavia me estoy descononando viva... Bueno, pues eso, que eres muy grande niña!
Por cierto me alegra qeu te guste el relato, pero soy demasiado previsible, ya os digo qeu esto no se qeuda asi, en el proximo sorprendo si o si.
Otra vez, y te juto que lo dije, QUE BUENAS LAS IMAGENES!
#6482
laury93
laury93
02/03/2012 09:28
Good Morning niñas. Una qeu se pone a estudiar, pero antes, mi capi favorito o casi del relato. Es el penultimo o antepenultimo asi qeu aunque no os sorprensa, espero qeu os guste!

AMORES QEU MATAN


Entregados al amor que durante años les había quemado las entrañas, ni Raimundo ni Francisca pudieron escuchar unos pasos en la tierra, una risa atormentada, una voz del averno, hasta que fue demasiado tarde. Francisca reposaba la cabeza sobre el pecho desnudo de Raimundo, sintiendo su respiración, pensando que nada más podría ir mal. Pero habló demasiado pronto. La desgastada puerta se abrió de golpe, un viento helado entró revolviéndolo todo a su alrededor, los dos se levantaron de golpe para ver como una oscura figura arrojaba una antorcha en mitad de la cabaña. El fuego comenzó a extenderse por la roída madera, la paja ardía con demasiada facilidad. Raimundo tomó a Francisca de la mano y trató de correr hacia la puerta, pero paró en seco al escuchar el ruido de un gatillo. El desconocido los apuntaba con un arma a la espera de que cualquier movimiento le diese una excusa para disparar.
- Vaya hola, parejita. Veo que no perdéis el tiempo,
- Esa voz… no puede ser
Francisca estaba aterrada, no podía ser, no podía ser. Que el cielo se apiadase de ella aunque fuera una vez y no fuera… Pero, no, el cielo disfrutaba viéndola sufrir pues bajo aquella capa y aquel sombrero de ala ancha que ocultaban la oscura figura apareció un ser sin rostro, la piel había sido devorada por el fuego, sin nariz y apenas sin pelo, pero con aquellos ojos, aquellos ojos de maldad inconfundible. Era Salvador Castro.
- Estás muerto- dijo Francisca- Tú estabas muerto
- Tú lo has dicho, lo estaba.
- No puede ser, no, por favor, dime que es una pesadilla.
Raimundo sintió como su corazón se encogía de miedo al ver a Francisca, la mujer más fuerte y orgullosa que conocía, asustada como una chiquilla ante tal aparición. Cuánto daño le habría causado ese monstruo para que sintiera tamaño pavor.
- No estoy muerto, aunque a veces lo preferiría. La zorra de tu hija y su amante pensaron que habían acabado conmigo con aquel disparo, y en cierta forma, así fue pues acabaron con mi humanidad, me robaron mi rostro que fue devorado por la pólvora convirtiéndome en el monstruo que soy ahora.
- Siempre has sido un monstruo Salvador, solo que ahora también lo pareces.
- Cállate, ramera. No pienses que no estoy al tanto de todo lo que me has hecho tú, Francisca. Ni siquiera hiciste que pagará por mi muerte.
- Era mi hija y lo hizo en propia defensa.
- Era una bastarda, como tu hijo, todos, una sarta de bastardos sin honra, como su madre.
- Déjala de una vez- gritó por fin Raimundo
- No me provoques tabernero, puedo perdonarte que yazcas con la zorra de mi esposa, allá tú, pero no olvides quién manda, de quién es, si quiero puedo quitártela con mover un dedo- dijo apuntándola
- Como le toques un pelo te juro que te mataré aunque tenga que seguirte al mismísimo infierno.
- Ya he estado allí, y no pienso volver. Pero os enviaré con recuerdos.
Las llamas ya habían comenzado a extenderse, devorando todo lo que encontraban a su paso, lenguas de fuego se alzaban indómitas, bailando hacia el techo de paja, una densa nube de humo inundaba la estancia haciendo cada vez más y más difícil respirar.
- Te has vuelto del todo loco- gritó Francisca- déjanos salir o moriremos los tres asfixiados.
- No, yo no, pero vosotros pereceréis de eso no tengáis la menor duda. Pero tranquila, cielo, yo cuidaré de los niños, también ellos tienen que ajustar cuentas con papá
- Déjalos tranquilos- gritó Francisca
- ¿Por qué habría de hacer tal cosa? Cuando esa zorra me disparó y me enterró, pero la muy estúpida ni siquiera se dio cuenta de que seguía vivo, grité y algún idiota desprevenido vino a socorrerme, me desenterró y limpió la herida de mi rostro pero al ver el resultado, al ver lo que aquella ramera me había hecho…- Su voz destilaba odio- no podía volver con semejante rostro, pero tampoco quería que supiesen que seguía vivo, necesitaba tiempo para planear mi venganza. Así que maté a ese samaritano de poca monta y le puse mis vestiduras. Supongo por tu sorpresa que nadie sospechó nada de mi verdadero paradero.
- Eres un ser despreciable- Francisca lo aborrecía con todo su ser.
- ¿Y tú, cómo eres? No me hagas reír Francisca, no eres mejor que yo, o crees que no sé lo que has hecho estos años. Has sido una cacique temible, despiadable, has ordenado muertes, has contribuido personalmente a muchas, encerraste a ese loco bastardo que parió una campesina que se me resistió, has tenido dos hijos bastardos, porque ninguno es hijo mío, ¿se lo has dicho ya a tu gran amor? ¿le has dicho ya que eres una ramera?
- Ya sabe que Tristán es hijo suyo.
- ¿Y la ramera? ¿Le has dicho que estuviste con otro hombre?
- No…- no podía decirle aquello, se sentía demasiado avergonzada, él…- Maldito hombre sin entrañas, ¿cómo te atreves a culparme? Si fuiste tú.
- Cuéntaselo- dijo Salvador
- No- no quería decepcionarlo aún más, ¿y si la repudiaba? Pero el humo era cada vez más denso, el aire se acababa, los ojos comenzaban a escocerle.
- Cuéntaselo o dejaré que os devoren las llamas.
- Vale, vale, está bien. Hace unos veinte años, Salvador organizó una partida de cartas en casa con sus amigos y compañeros de borracheras. Tristán y yo nos encerramos arriba, y a pesar de la distancia podíamos percibir los gritos de las criadas a las que forzaban, las campesinas, el olor a alcohol. No era la primera fiesta de esas que organizaba, todo se convertía en un infierno, aquellos monstruos sin corazón, sin entrañas, embriagados por la bebida cometían tropelías sin nombre. Y una de aquellas noches, Salvador perdió todo el dinero que tenía en las cartas, pero quería seguir apostando… así que …- apenas podía reprimir el llanto- me apostó a mí… y perdió. Yo no quería, Raimundo, de verdad que no, pero eran muchos y más fuertes que yo y no pude resistirme por más que lo intenté, lo único que me llevé fue una paliza mayor y nueve meses después nació Soledad, ni siquiera sé quién es su padre- Las lágrimas anegaban su rostro, ¿cómo podía ser aquel hombre tan despreciable?
- No llores Francisca- Raimundo la abrazó desconsolado, su pequeña, qué le había hecho aquel monstruo- Eres un ser ruin y depravado
- Gracias, eso intento.
- Has dicho que si se lo decía no dejarías que el fuego nos abrasase
- Cierto, como soy un hombre de palabra os ahorraré ese suplicio, pegándoos un tiro ¿quién quiere ser el primero?
Ya podían sentir el calor de las llamas en sus rostros, aquel calor asfixiante que hacía arder el aire que respiraban sintiendo en cada bocanada que su interior ardía como la propia casa. Raimundo se abrazó a Francisca intentando protegerla con su cuerpo.
- Te quiero- le susurró
- Y yo a ti- dijo ella- lo siento mucho.
Esperaron su final, escucharon un golpe seco y volvieron a esperar, pero nada. Por fin abrieron los ojos para ver a Salvador tirado en el suelo y a Águeda tras él con un palo entre las manos y la mirada llena de odio.
- Corred
No tuvo que repetirlo. Francisca y Raimundo saltaron por la ventana que quedaba tras ellos justo antes de que toda la cabaña saltara por los aires en un tremendo estruendo.
#6483
anfrjaun
anfrjaun
02/03/2012 16:42
CHICAS NOTICIÓN (Gracias Aiffoe)

SPOILER (puntero encima para mostrar)

El lunes, Francisca QUIERE contarle a Raimundo que Tristán es su hijo.

#6484
Franrai
Franrai
02/03/2012 18:58
Escenas de hoy.

-Raimundo con Pepa. (Parte 2, minuto 1:28)

-Continuación de la escena anterior. Pepa le dice a Raimundo y a Emilia que no puede hacer nada pues aun no dispone de la parte de su herencia. (Parte 2, minuto 5:31)

-Don Anselmo presiona a Francisca para que confiese la verdad. (Parte 4, minuto 4:28)

-Lo que me faltaba, la Bicha con los manteles de hilo Egipcio y ahora la Paca con los pasteles de la Puebla… desde luego. Merienda de Francisca con Tristán y Gregoria. (Parte 5, minuto 1:00)

-Raimundo con Olmo. (Parte 5, minuto 8:43)

RIRI, te dejo una pequeña capturilla guiño
[img=elrincondefranciscayraimundoesteamorsemereceunyacimientotundatundagraciasmariayramon] http://i41.tinypic.com/14l0ys4.jpg[/img]

P.D. Laury, genial como siempre. Lo dicho, no puedo odiar más a Salvador. Pobre Francisca.
Un besito a todas, preciosas sonriente
#6485
MrsT
MrsT
02/03/2012 19:50
hola chicas,

Laury, genial tu relato, mira que es entretenido!! y ya sabemos que en esa familia la tradición es chamuscarse. buen final sería. a ver cómo sigue!

Ro, gracias por poner las mejores escenas! por cierto no sé si te dije que como siempre, estoy encandilada con tus Gotas del pasado, estoy esperando ese Kit- Kat como agua de mayo!

Alex, gracias por los spoilers

SPOILER (puntero encima para mostrar)

bueno si realmente es eso lo que Francisca le va a querer decir, me da que Rai la va a cagar de nuevo, para que ella recule! Últimamente se le da muy bien meter la pata!



hoy he visto el capítulo,... en fin!! estoy del hecho de que pongan a Paca diabólica hasta el moño.
#6486
Kerala
Kerala
03/03/2012 14:03
Ro!!!! y esa captura para mí? ¡Guapo!
Riri muere con Riri diablo
(gracias como siempre por ponerme las escenas guiño )

voy a ver si empiezo el mini después de comer y os le subo,sino hoy...¡mañana!
(muy José Mota me quedó eso, pero desde que hablé ayer con Cris una cosita, me anda rondando jajaja)
#6487
thirdwatch
thirdwatch
03/03/2012 17:04
Ro unete a la causa y deja tus maravillosas creaciones por el hilo de rescoldos y voto a favor que Miri se las lleve al face de Paca y rai. Son absolutamente preciosas. Estoy dseando ver en tamaño original la preciosa creación que Ro envió al concurso de fondos.
laury estioy enganchadísima a tu historia
#6488
laury93
laury93
03/03/2012 18:03
Hola chicas! siempre ponen lo mejor los dias qeu no puedo ver la novela, qeu el lunes por la tarde tengo diseccion y el martes una conferencia en ingles de epidemiologia infantil (interesante verdad?) Pues eso, por favor hacerme un resumen detalladisimo!
Os dejo el PENULTIMO capi del relato, espero qeu os guste, y no os preocupes que ya tengo otros dos. No se quien esta mas enganchada, si vosotras a mis historias o yo a colgaroslas!! jaja.
AMORES QUE MATAN
Tardaron un rato en volver a la normalidad, los ojos les lloraban, el corazón latía agitadamente, los oídos zumbaban en un pitido incesante. Se miraron comprobando que el otro estaba bien, sin importarles a ninguno su propia condición, palpando con sus manos para asegurarse de que estaban vivos. Entonces se giraron para ver como las llamas se habían cernido sin piedad sobre aquella cabaña de la que apenas quedaban cenizas y escombros. A su alrededor solo caían pequeñas briznas de paja que estaban siendo devoradas por las débiles llamas que se resistían a apagarse.
- ¿Y Águeda?- dijo Francisca, Raimundo negó con la cabeza. – Puede que ahora me arrepienta de haberle puesto tantos motes.
- Ella lo ha querido así, podía haber huido, pero ha preferido morir a su lado presa del fuego eterno.
- Es que ese fuego del que hablas llevaba años consumiéndola, lo vi en su mirada y por una vez supe que teníamos algo en común: éramos prisioneras de un amor no correspondido. En su caso, era todavía más peligroso, pues quiso enamorarse de un monstruo.
- No creo que quisiera, en el amor se quiere, pero no siempre se quiere querer a quien se quiere.
- Eso también lo sé. Hay amores que matan, y hay quien muere por amor.
- Pero el amor debería ser algo que nos ayude a vivir, no a morir, Francisca.
- Lo sé, pero el amor de verdad es tan peligroso como el propio fuego: bien usado nos permite vivir, alumbra nuestro camino, pero si se escapa de nuestras manos puede hacer cenizas un corazón puro.
- Mas también puede hacer que vuelva a renacer.
Raimundo tomó su rostro entre sus manos, negras a causas del polvo, dejando las marcas de sus dedos en la piel de ella, sin percatarse de aquel detalle. Solo quería besarla, sentir sus labios.
- Lo siento- le dijo
- Yo también- respondió ella.
Francisca se entregó a su abrazo inspirando su aroma a humo, queriendo, necesitando sentirlo a su lado más que nunca, ni siquiera al verse al borde del precipicio había sentido tanto miedo como cuando había vuelto a ver a aquel hombre. Pero no, no era un hombre, era un demonio que regresaba de los infiernos, de eso estaba segura, aquella idea se clavó en su mente justo en el instante en el que lo vio surgir de entre las cenizas, la capa todavía en llamas, las ropas chamuscadas, su rostro ya dañado por la pólvora había quedado completamente irreconocible presa del fuego que con un hambre voraz había devorado la poca piel que le restaba, su cabello, sus manos… Francisca pudo ver aquel ser infernal que avanzaba hacia ellos con un brillo de odio tan profundo en su mirada que sintió que aquella misma rabia podría acabar con ella. Raimundo, que estaba de espaldas a lo que se avecinaba, notó como su cuerpo se tensaba. La miró para contemplar en su rostro pálido como la nieve un miedo atroz, primigenio, oscuro. Se giró guiado por los ojos de ella y entonces lo vio. Era imposible, Salvador Castro o lo que quedaba de él avanzaba hacia ellos.
- Corre, levanta Francisca, vámonos- Dijo él
- Es inútil- se sentía derrotada, paralizada por el temor- no podemos escapar de él.
- No, no podéis.

Su voz había perdido todo rastro de humanidad, al igual que su rostro, al igual que su mirar. Llegó hasta ellos para empujar a Francisca sin consideración, que solo sintió un intenso ardor en la mejilla y el sabor de la sangre en su boca, antes de ver horrorizada, compungida, como Salvador estrangulaba con sus propias manos a Raimundo.

Aquella fuerza no era humana, con ambas manos lo levantó del suelo, Raimundo intentaba luchar, patalear, soltarse, pero todo era en vano, la presión sobre su cuello iba en aumento, su cuerpo temblaba presa de los espasmos, necesitaba aire, necesitaba… Todo su mundo se tornaba borroso, lo único que podía ver era aquella faz propia de un demonio, de un monstruo. Con aquella profunda voz que destilaba rabia, Salvador le susurró:
- Cuando acabe contigo, se lo haré pagar a ella, y no tendrá una muerte tan placentera como la tuya.
Intentó gritar, insultarlo, maldito animal, se decía, pero la voz no le salía, no le quedaba aire, no le quedaban fuerzas. Pensó que aquel horrible ser sería lo último que vería en su vida, un dolor mayor que el que atenazaba su garganta inundó su corazón en pensar en Francisca, en lo que le pasaría a ella, en que no podía protegerla. Mi Francisca, mi pequeña… nos veremos en el otro mundo. Todo se acababa para él, ya notaba como la vida le iba abandonando poco a poco, desconsideradamente, fugazmente, pero su último hálito de vida, su último pensamiento sería para ella… Francisca.
Todo se volvió oscuro y de pronto se sintió caer, sintió que sus rodillas se abrasaban y al abrir los ojos lentamente se vio tirado en el suelo. Una gota de sangre cayó sobre la palma de su mano y al levantar la vista se encontró de nuevo con Salvador, un hilo rojo recorría la comisura de sus labios, en su mirada ni siquiera quedaba aquel odio imperecedero, lo único que Raimundo pudo leer en ellos fue miedo, el terror de quien sabe que vuelve al infierno al que pertenece. Atravesando su estómago, una vara de metal candente y al otro lado de la misma, Francisca.

Las manos le ardían por el calor que desprendía el metal, pero le daba igual, quería asegurarse de que aquella vez era la definitiva, de que no volvería a regresar de entre los muertos. Retorció la barra ahondando más en su interior pensando en todo el sufrimiento que aquel monstruo, aquel demonio, le había hecho pasar. El cuerpo de Salvador cayó al suelo, tirado, inerte, sin vida, y Francisca notó que sus fuerzas también la abandonaba, todo su cuerpo tembló, y justo cuando pensó que iba a caer al suelo, que sus piernas dejarían de sujetarla, Raimundo la cogió, meciéndola entre sus brazos.
- Ya está pequeña, ya ha acabado todo.- todavía le costaba hablar.
- Lo he matado, lo he matado- no se creía lo que había pasado
- No lo pienses, ni siquiera era una persona, no merece tu dolor. Me has salvado la vida eso es lo que cuenta.
- Necesito… quiero ir a casa- lo miró como una niña perdida.- Llévame a casa.
#6489
soyi
soyi
03/03/2012 18:27
Hola a todas:

Me alegro que os haya gustado el video para ser el primero que hago , espero porder hacer mas con el tiempo de nuestros dos tortolos y prometo mejorar . Por ortro lado quiero felicitaros ha todas por vuestros relatos que cada dia me teneis mas enganchada y a ti cris decirte que eres un genio de los fondos.

Encuanto a la serie lo estamos pasado mal con raimundo viendolo sufrir de esta manera pero esperemos que remonte y sepa salir de sa tristeza y vuelva ha ser aquel hombre que era ,y en cuanto a nuestra francisca que os voy ha decir que ya vale de que siempre quede de mala que no me estraña que lo sea por que cuando las veces que quiere habri su corazon parece que todo el mundo zas arremeten contra ella pero bueno chicas espero que que no tengamos que esperar hasta el capitulo 400 y pronto podamos ver escenas bonitas entre francisca y raimundo asi que haver señores guionistas nos complacen de una vez ,que yo creo que ya nos va tocando.


UN BESO A TODAS
#6490
anfrjaun
anfrjaun
04/03/2012 01:53
Chicas en el hilo de spoilers de monkeygirl he dejado el capítulo del lunes con capturas.
#6491
MrsT
MrsT
04/03/2012 10:17
Gracias Alex, por acordarte de nosotr@s y por las capturas de la escena raipaquista. A ver ahora con qué nos vienen! Por lo que veo la escena sigue el martes. Miedo me dan.

Laury, seguro que está muerto, no? Porque mira que lo tuyo no le envidia nada a cualquier culebrón eh! Gracias por hacerme disfrutar como una enana con Francisca retorciéndole la vara en el estómago! Qué a gusto me quedé! diablo Plasta de tío joer, qué asqueroso!
#6492
Kerala
Kerala
04/03/2012 10:43
Buenos,lluviosos y madrugadores días en los que ya he hecho varias cosas!

Alex,gracias guiño

CANAL ACTUALIZADO!



Este video es una licencia de la administradora del canal (osea,yo jajaja)
Raimundo recitando a Espronceda...¡babas totales! (ay RIRI)




P.D. como siempre, si quereis algún video más,solo teneis que pedirlo (capítulo,parte y minuto)
#6493
Kerala
Kerala
04/03/2012 12:31
"TU AMOR ES MI CONDENA"


– ¡Francisca! -.

Raimundo se lanzó hacia ella, desesperado por hacerla reaccionar. La estrechó entre sus brazos sin dejar de llamarla, acariciando con temor su rostro evitando rozar las marcas de heridas en su piel. Sintiendo desgarrar su alma con cada segundo que pasaba sin que Francisca abriera los ojos.

– No perdamos más el tiempo, se lo ruego -. Gregoria hizo acto de presencia acompañada de Hipólito que se quedó tras ella, apenado por la situación. – Tristán… -. Le inquirió ella en busca de ayuda, pues Raimundo seguía aferrado al cuerpo inconsciente de Francisca llamándola sin cesar.

– Padre, por favor… -.

La mano temblorosa de Tristán se posó en su brazo y entonces él le miró como si no le reconociera. Movió la mirada por todos los presentes hasta que la dirigió de nuevo a Francisca.

– Te pondrás bien, mi niña… -. Acarició su pelo. – Todo pasará, no tengas miedo -. Rozó su frente con los labios. – Yo estoy a tu lado, mi vida. No voy a dejarte -.

– Debemos llevarla inmediatamente a mi consultorio -. Gregoria se atrevió a romper el silencio que se había creado tras las palabras de Raimundo. Cada segundo era vital para el estado de Francisca y no podían perder más el tiempo.

Tristán hizo ademán de acercarse para tomar a su madre en brazos. Casi se la tuvo que arrancar a Raimundo de los suyos, pues se negaba a soltarla. Pronto se armó un revuelo en la plaza que Hipólito disipó como mejor pudo. Los ánimos estaban caldeados ya que tan solo unos días atrás, los hombres de Pardo habían atacado a la hija de Fermín, el herrero.

Raimundo seguía los pasos de Tristán hasta el consultorio con los ojos anegados en lágrimas y maldiciéndose a sí mismo por haber permitido a Francisca marcharse sola a casa siendo de noche. Ni siquiera se percató de que Emilia caminaba a su lado guiando sus pasos. ¿Cómo pudo dejar que el orgullo le cegara de aquella manera? ¿Es que todo el sufrimiento pasado por causa de ese mismo orgullo no le había hecho escarmentar? Recordó cómo ella se había marchado anoche de la posada, entristecida porque él no había querido escucharla.

Gregoria abrió la puerta del consultorio con rapidez para que Tristán pusiera a su madre sobre la camilla. Francisca apenas tenía pulso y parecía que ni respiraba. Las marcas de su rostro empezaban a adquirir un color amoratado y Raimundo apretó los puños con furia al percibirlo. Tanto Tristán como él estaban renuentes a abandonar la consulta, pero Gregoria les insistió para que se fueran. Necesitaba examinar a Francisca con urgencia, y limpiar sus heridas. Finalmente, y tras mucho apremiarles, los dos hombres salieron acompañados de Emilia, con una mezcla de dolor y furia en su interior. Se quedarían esperando en el pasillo hasta que la doctora les diera noticias de ella.

– No puedo creer que esto nos esté pasando -. Tristán se llevaba las manos a la cabeza desesperado. – ¿Es que nuestra felicidad no podrá ser completa nunca? Todo es por mi culpa, yo le pedí que viniera a hablar con usted. Ella no se encontraba bien, debí acompañarla. No tenía que haberle permitido que… -.

– Tristán -. Emilia tocó su brazo con suavidad, llamándole. – No ganas nada con torturarte de esa forma. Tu madre hubiera hecho su voluntad aunque tú no se lo hubieras consentido -. Sonrió a pesar de todo. – Parece mentira que no la conozcas… Se pondrá bien, ya lo verás… -.

Tristán la miró con ternura y la abrazó tomándola por los hombros. Después de todo, Emilia era su hermana y ahí estaba a su lado. Apoyándole.

– Si aquí hay un culpable ese soy yo -. La voz de Raimundo, cargada de dolor les hizo levantar la mirada hacia él. Tenía una mano apoyada en la puerta del consultorio, la misma que le separaba de Francisca. – Fui yo quien permitió que se fuera sola de noche. Fui yo quien prácticamente la echó de la taberna… -. Cerró los ojos con fuerza. Después se volvió hacia ellos. – Si algo llega a pasarle… -.

– Padre…-. Emilia corrió a él y se abrazó. – Es una mujer muy fuerte, se recuperará, estoy segura -. Le miró tomando su rostro. – Muy pronto todo esto será un mal sueño -.

– ¡Emilia! ¿No lo entiendes? ¡Mi vida está acabada! -. La miró. – Si ella muere, no querré seguir viviendo. Y si despierta…me despreciará toda la vida por ser el causante de tanto dolor -. Se separó de Emilia y regresó a su posición inicial junto a la puerta. – Pero seré capaz de vivir con su desprecio si ella se salva -.

– Señores… -. Pedro Mirañar hizo acto de presencia acompañado de Hipólito y de un miembro de la Guardia Civil. – Siento importunarles en este momento, pero necesito que uno de ustedes me acompañe a poner la pertinente denuncia. Esos mal nacidos pagarán por lo que le han hecho a Doña Francisca, se lo prometo -.

– Tristán por favor… -. Habló Raimundo. – ¿Podrías encargarte tu? No quiero separarme de ella… por favor… -. Le suplicó con lágrimas en los ojos. Sabía que estaba siendo egoísta, porque su hijo también estaba sufriendo, pero lo único que le importaba en ese momento era no volver a separarse de ella.

– Yo te acompaño Tristán -. Emilia era consciente de que su hermano necesitaba apoyo, tanto como su padre. Y en este momento, era él quien la necesitaba. El joven solo pudo ofrecerle una dolorosa sonrisa y ofreciéndole su mano, ambos salieron acompañando a Don Pedro, a Hipólito y al guardia civil.



Los minutos pasaban lentamente y la puerta no se abría. Había recorrido el pequeño pasillo de arriba a abajo tratando de calmar su angustia, pasando de la rabia a la desesperación en cuestión de segundos. De pronto, escuchó el crujido de la puerta abriéndose a sus espaldas y se giró con rapidez, acudiendo en dos zancadas hasta la doctora Casas.

– ¡Doctora! -. La tomó por los brazos. – Dígame ¿cómo está? ¿Se recuperará? -. Le temblaba la voz. Las manos fueron cayendo hasta abandonar sus brazos al observar la cara con que le estaba mirando. No presagiaba nada bueno. – Ella… -.

– Está dormida, pero se recuperará, no tema -. Raimundo soltó todo el aire que había retenido en sus pulmones y se apoyó en la pared. – He tenido que suministrarle un fuerte sedante para ayudarle a descansar. Las heridas… -, caminó por el pasillo entrelazando sus manos, - aunque muy aparatosas, son superficiales y confío en que no le quedarán marcas -.

– ¡Gracias! -. Suspiró Raimundo aliviado. Su pequeña iba a recuperarse. En estos momentos no podía pedir nada más.

– Pero… -.

Se volvió hacia ella borrando la aparente tranquilidad de su rostro. La doctora parecía tener dificultades para seguir hablándole y aquello le asustó. Lentamente, se acercó hasta ella.

– Pero…¿qué? -. Tragó saliva. – Dígame lo que sea, por favor… -.

Gregoria tomó aire y comenzó a hablar.

– Doña Francisca sufría desgarros importantes y al examinarla con mayor detenimiento… -. Bajó la mirada. Aquello estaba resultando más difícil de lo esperado.

– Doctora ¡por favor! -. Gritó Raimundo. – Hábleme… -.

– Esos hombres abusaron de ella, Raimundo. De manera reiterada. Lo siento mucho… -. Gregoria regresó al consultorio, dejándole a solas.

Segundos después, escuchó un grito desgarrado y la puerta cerrándose con violencia.
#6494
MrsT
MrsT
04/03/2012 12:48
Ruth, cariño, tu nos quieres matar?
Por Dios, qué desgarrador, qué rabia, qué dolor! Pobre Raimundo! ¿cómo vivir con esa culpa? y Paca? cómo reaccionará al despertar? Dime que seguirás pronto!!!! PLEASE! tengo el corazón en un ¡ay! llorando de rabia estoy!

Miri, gracias por relatarnos aquí el capítulo!! tengo una duda! Pasa algo en el capítulo que incite a Francisca a hablar del tema Tristán?
#6495
thirdwatch
thirdwatch
04/03/2012 13:58
Lo de Sebas como me comentaba Alex podría ser el tema Martín, Alex está convencido que alertará sobre ello. Yo ahora mismo no se ni que pensar
#6496
melisalaura
melisalaura
04/03/2012 15:10
Hola, que lindo despertar con esa historia que tanto había esperado, estoy que me como las uñas jajajaja , porfa Ruth nos nos dejes con el corazón en la boca, pon otro pedasito aunque pequeño, me conformo jajaja.

Miri, gracias por el adelatón, me mantengo pegada a la serie por vosotras.

Sonia ese video me encantó, sería fenomenal si los dos tuviesen el valor para decirse lo que refleja la canción y dejarse de tanta boberia... ¡que ya están maduritossss!

Cris, casi me muero con los montejes, bién graciosos jajajaja

Un besitos a tod@s.
#6497
Kerala
Kerala
04/03/2012 17:06
Mini a petición de mi Crispi guiño

"QUIERO EMBORRACHARME DE TÍ" (1ª PARTE)

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Estaba borracho. Y solo. Regodeándose en su desgracia. ¿Cómo no hacerlo cuando había perdido todo en cuestión de días? Su hijo. Sebastián se había visto obligado a huir de Puente Viejo por todo lo acontecido con la conservera. Tal vez no volviera a verle nunca más. Y en su afán por ayudarle, él mismo había empeñado su casa. Perdiéndolo todo, pues al conocer la noticia, Emilia cambió radicalmente su actitud hacia él.

Se golpeó la frente con el puño. Había puesto en riesgo el futuro de su familia. De su nieto. Emilia no iba a perdonárselo en la vida. Y para colmo de males, Águeda, su tabla de salvación, a la que se aferró con uñas y dientes para escapar de sus propios sentimientos hacia Francisca había fallecido hacía dos días víctima de un accidente.

Recorrió la taberna con la mirada vidriosa por los efectos del alcohol. Vació el contenido restante de su segunda ya botella de vino. Era la última noche que podrían pasar en ella, ya que al día siguiente se haría efectivo el embargo. Un comprador anónimo se había hecho cargo de la deuda que pesaba sobre la taberna y pasaría por tanto a sus manos. A su mente volvieron recuerdos del pasado. Cómo junto a Natalia levantó poco a poco aquel negocio que les proporcionó sustento durante su vida hasta ahora. Cómo Sebastián y Emilia crecieron correteando entre sus piernas mientras servía chatos de vino a las gentes de Puente Viejo.

Suspiró con tristeza. Alzó su vaso a modo de brindis de despedida.

– Lo siento Natalia… no he podido cumplir con lo que te prometí -.

Se derrumbó llorando sobre la mesa. ¡Qué más daba concederse ese momento de autocompasión, si ya había caído a lo más bajo! No veía salida a su situación. Uno no puede escapar del pasado, pues este es el que le había desembocado a este triste final.

Evocar ese pasado le hizo pensar en Francisca. Dejarla fue el comienzo de su largo camino de desgracias. ¡Qué feliz se sentiría ese veneno de mujer con su infortunio! Se la imaginada riéndose a carcajadas al enterarse de que lo había perdido todo. Lo poco que le quedaba después de que le arrebatara el patrimonio de los Ulloa. ¡Maldita sea! ¿Es que tendría que pagar toda la vida por haber cometido el error de dejarla? Lanzó el vaso con rabia, que se estrelló contra el suelo estallando en mil pedazos.

La gente de alta cuna se traga las lágrimas y levanta la cabeza

De pronto aquellas palabras pronunciadas por Francisca en el velatorio de Águeda retumbaron en su cabeza. ¿Cómo podía ser tan insensible? ¿Cómo su pequeña, su dulce Francisca, podía haber cambiado tanto? Era una persona triste y amargada con el alma llena de ponzoña.

¡Era tan dulce! Tan bella, graciosa e inteligente que le costaba reconocer en ella a la muchacha de la que se enamoró. Se rio de sí mismo con desprecio.

De la que sigues enamorado irremediablemente, Raimundo Ulloa.

Lo mejor era dejar aparcados aquellos pensamientos que no llevaban a ningún lugar. Solo seguir sufriendo por un pasado que ya no iba a volver. Llevaban más años separados que juntos, pero el recuerdo de ese amor le atormentaba hasta asfixiarle. Tambaleándose, se levantó para irse a dormir. Bueno, más bien a terminar de empacar sus pocas pertenencias antes de que llegara el alba y tuviera que abandonar la posada. Emilia y Alfonso ya se habían marchado a casa de los Castañeda esa noche. Él prefirió quedarse para pasar esa última noche a modo de despedida de ese lugar que se había convertido en su hogar.

No supo cómo consiguió llegar hasta su cuarto. Abrió la puerta y casi se derrumbó de nuevo al ver la maleta sobre la cama. Suspirando abrió el armario para terminar de sacar lo poco que le quedaba. Al coger unas camisas del estante de arriba, vio al fondo, medio escondida, una pequeña cajita de latón. Un nudo se le formó en la garganta al reconocerla de inmediato. Se estiró todo lo que pudo hasta alcanzarla, perdiendo casi el equilibrio en el intento.

Se maldijo por estar tan borracho. Por haber sido tan débil como para haber sucumbido de nuevo en ese pozo del cual no atisbaba el fondo. Llegó hasta la cama con la caja entre las manos y se sentó. No le hacía falta abrirla para saber lo que ocultaba su interior. Por eso acarició la tapa con suma delicadeza con las yemas de los dedos.

– Francisca… -.

De nuevo ella. Siempre ella. Ahora que no tenía nada se sentía desnudo e indefenso ante sus sentimientos. Ante su amor por ella. Y en esa caja se resumían muchos de esos recuerdos vividos a su lado. Tal vez no era el momento más indicado para abrir esa puerta del pasado. Pero cuando uno lo pierde todo, solo le quedan sus recuerdos. Y a él, solo le quedaba Francisca.

Levantó la tapa, que emitió un leve sonido como si de una queja se tratara. Eran muchos años los que había permanecido arrinconada en aquel armario, aunque su presencia inundara cada día de su insulsa y triste vida. Algunas cartas de amor, rescatadas de aquellas que él mismo entregó a Francisca en su día dormían apacibles en el fondo. ¿Sería capaz de leerlas de nuevo? Rio con desprecio. No, no era tan valiente. Cada palabra escrita en ese papel color sepia se clavaría en su alma como de si dagas envenenadas se tratase.

Palabras de amor que ella jamás le repetiría. Besos camuflados bajo la firme presión de su pluma. No, definitivamente no las leería. Aun así, no pudo evitar acercarlas a su boca, venerando cada palabra allí escrita con un beso de sus labios. Uno de los tantos que guardaba solo para ella y que nunca podría darle.

Al querer depositarlas de nuevo en su lugar, descubrió algo que llamó su atención. Dejó entonces las cartas sobre la colcha de la cama, a su lado y aferró la caja con las dos manos. Con fuerza. Comenzando a respirar de manera errática al reconocer de qué se trataba. Acercó la mano hasta ello y lo sacó con cuidado. Se trataba de un retrato de Francisca.

Lloró amargamente cuando vio su sonrisa. La misma que los años y el rencor habían borrado de su precioso rostro, excepto en muy contadas ocasiones en las que había podido disfrutarla, a escondidas. Eso sí, nunca dedicada a él. Jamás volvió a ser para él. Se dejó caer de espaldas sobre la cama, aferrando el retrato contra su pecho. Era la forma mas parecida de tener a su pequeña de nuevo entre los brazos.

Debió quedarse dormido al menos unos minutos. La cabeza le daba vueltas y seguía bastante borracho, pues le costó darse de cuenta de dónde estaba. Se incorporó, sentándose de nuevo en la cama y encontrando el retrato de Francisca en su mano. Lo volteó y encontró una dedicatoria de ella.

¿Quién eres tú, lucero misterioso,
tímido y triste entre luceros mil,
que cuando miro tu esplendor dudoso
turbado siento el corazón latir?

Siempre tuya… Francisca.


Siempre tuya. Acompañando a esos versos de Espronceda que le trasladaron a una cálida tarde de verano. Quién iba a decirle que apenas unos meses después, su vida cambiaría para siempre. ¡Cuánto sufrimiento ocasionado por una mala decisión! Creyó estar salvándola y en realidad les estaba condenando a ambos a una vida de infelicidad. Lo que le desgarraba el alma es que, a pesar de todo, él seguía estando enamorado de ella. Y es que cuando de amor de verdad se trata, se clava en el corazón y se queda ahí para siempre, como una bala atravesando el cuerpo de lado a lado.

El principal de sus problemas sin duda era que su amor por ella, no era correspondido.

Se levantó con una idea en la mente. Bien es cierto que si hubiera estado sobrio tal acción le parecería descabellada, pero en ese momento, se vio con las fuerzas necesarias para ir hasta la Casona y decirle a Francisca aquello que por orgullo no se atrevía a confesarle.
#6498
Kerala
Kerala
04/03/2012 18:42

"QUIERO EMBORRACHARME DE TÍ" (2º PARTE)

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Francisca ojeaba las escrituras que la habían convertido en la nueva propietaria de la Casa de Comidas. En cuanto se enteró que Raimundo iba a perderlo todo supo que tenía que hacerlo. No cabía ningún tipo de duda. Abandonarlo a su suerte no estaba dentro de sus planes, aunque él si lo hiciera con ella hace ya casi 30 años. Un largo tiempo en el que había tratado con todas sus fuerzas de arrancárselo del alma sin éxito alguno.

El recuerdo de ese amor que ella sí sintió de verdad, era lo único a lo que podía aferrarse cuando las sucias manos de Salvador Castro se posaban en su cuerpo. Bien para golpearla o bien para violentarla. Meneó la cabeza para alejar aquellos horribles recuerdos. Queriendo quedarse solo con los buenos junto a Raimundo.

Porque a pesar de que se gritaba que él nunca la quiso, en el fondo de su corazón sabía que eso no era cierto. Era una forma de convencerse a ella misma de que no había basado su vida en el despecho por su abandono. Raimundo se alejó de su lado para salvarla de un destino cruel, sin darse cuenta de que así la enviaba a las fauces de un ser despreciable.

Guardó los documentos en el cajón de la mesa del despacho. Aquel que siempre permanecía cerrado bajo llave. Donde se escondían las cosas importantes para ella y a las que nadie más tenía acceso. Ahora quedaba pensar cómo haría llegar esos documentos a Raimundo. Para nada quería que él la relacionara con la compra de la deuda. Eso supondría dar unas explicaciones que no estaba preparada para dar.

Se levantó y fue hacia la ventana. No, no podía decirle que le amaba con cada fibra de su ser cuando él había estado a punto de casarse con otra mujer. Y que ese matrimonio no se había llevado a cabo solo por el simple hecho de que ella había fallecido. Se masajeó las sienes al tiempo que cerraba los ojos. Hasta sus oídos había llegado que Raimundo se había pasado los dos últimos días en estado de embriaguez.

Llora por ella. Por su pérdida

Ella misma lo había presenciado el día del fatal infortunio. Comprobó destrozada cómo Raimundo se derrumbaba roto de dolor por haberla perdido. Se le escapó de los labios una risa dolorosa. Ella había estado a punto de morir apenas unas semanas atrás y él ni siquiera se había dignado a preguntar por su estado. Y sabiendo que su amor no era para ella, no pudo dejarle en la estacada.

Se dio la vuelta extrañada cuando un ruido que provenía del salón la sobresaltó. Era como si alguien hubiera tropezado. Se llevó la mano al pecho asustada, pues ya era tarde y se supone que todos dormían. Busco a su alrededor algo que aferrar para protegerse si se viera en la necesidad. Encontró un candelabro sobre la chimenea. Empuñándolo con firmeza, se acercó de puntillas hasta la puerta del despacho y acercó la oreja.

Otro estruendo. Cerró los ojos y tomó aire llenando sus pulmones. Contaría hasta tres y después abriría la puerta, enfrentándose a lo que fuera causante de aquellos ruidos.

1… 2… ¡3!

Abrió la puerta de golpe alzando el candelabro sobre su cabeza, dispuesta a estamparlo sobre el bulto que se movía en la penumbra del salón. Pero quien fuera no parecía moverse hacia ella. Más bien… era como si tratara de no perder el equilibrio y caer sobre la alfombra. De hecho, ni siquiera se había percatado de su presencia frente a él, parapetada como estaba con un candelabro en las manos.

Por eso, menos asustada que en un principio, se acercó a la mesita junto al piano y tras unos segundos encendió el quinqué alumbrando toda la estancia. Para descubrir que el causante de tal desvelo, no era otro que Raimundo. Abrió los ojos como platos y tragó saliva para deshacer el nudo que se había formado en su garganta. Verle tan desvalido le partía el corazón en mil pedazos.

Al ver aquella luz cegadora, Raimundo se cubrió los ojos con el brazo y entrecerró los ojos. Cuando se hubo habituado a la luz, bajó lentamente el brazo y parpadeó varias veces tratando de enfocar la imagen que tenía frente a sí. Cobrando forma poco a poco. Reconociendo su silueta. Francisca. Su pequeña Francisca.

– Fran… Francisca… -. Susurró su nombre con dificultad.

¿Podía alguien sentirse enternecida de pronto solo por la simple mención de su nombre en boca de la persona amada? Y todo a pesar de ser consciente de que estaba ebrio. Era más que evidente. Como también lo era que su mirada no guardaba ningún resto de odio ni de desprecio hacia ella. Volvía a mirarla como antes. Como nunca deseó que dejara de hacerlo.

¡Basta Francisca! No te engañes…

– ¿Ha qué has venido, Raimundo? -. No alzó la voz. No había ninguna necesidad. – Es tarde y deberías estar en tu casa -.

– ¿Mi casa? -. Sonrió con tristeza. – Ya no tengo casa, Francisca. No me queda absolutamente nada -. Bajó la cabeza pero sin dejar de mirarla. Estaba preciosa iluminada bajo la tenue luz del quinqué.

– Y crees que yo he tenido algo que ver, ¿no es cierto? -. Le preguntó ella con resignación en la voz. – Te aseguro que no… -.

– No, no es eso -. La interrumpió él, alzando la mano y dando unos pasos hacia ella. – El motivo de mi visita no es otro que… -. Se quedó de pronto en silencio llevándose una mano a la cabeza y tambaleándose un poco.

Francisca no lo pensó dos veces y corrió a él, sujetándole por la cintura y ayudándole a tomar asiento en el sofá.

– ¿Estás bien? -. Le preguntó con preocupación.

Raimundo la miró sonriendo y arqueando una ceja.

– ¿Preocupada por un Ulloa? -. Aun notaba el cosquilleo en su cuerpo después de haber sentido la mano de Francisca en torno a su cintura. Y no le pasó desapercibida la rapidez con la que ella acudió en su ayuda.

Francisca apartó la mirada. De nuevo un ataque por su parte.

– Solo estoy un poco mareado, pero sobreviviré… -. Se dejó caer sobre el sofá, apoyando su espalda completamente y sin dejar de mirarla ni un solo instante. Tomó su mano con suavidad, y la llevó hasta su pecho. – Quería hablar contigo… -. Musitó.

Francisca sentía palpitar su corazón dentro de la boca. Quería convencerse de que aquello no estaba sucediendo, que Raimundo no se encontraba en las mejores condiciones para hablar de nada, pero aun así, su necesidad de él, esas ganas acuciantes de volver a sentirse amada por él le llevaron a contestarle.

– Y…¿qué se supone que querías decirme? -.

Raimundo sonrió con dulzura. Alzó la mano que tenía libre y la llevó hasta su cabello, deshaciendo su peinado, y dejando que este cayera desparramado por la espalda de Francisca y por su pecho. Enredó un mechón en su mano.

– Así estás mucho más guapa… si es que eso es posible… -.

Ella cerró los ojos, dejándose hacer. Pero quería escuchar aquello que fuera lo que él quería contarle.

– ¿A qué has venido, Raimundo? -.
#6499
Franrai
Franrai
04/03/2012 21:18
Ruth, TE ADORO. Primero con "Tu amor es mi condena" me tienes con el corazón en un ay. Y ahora el mini... Me encanta.


El embarazo de Francisca aun no ha terminado pero como me quiero saltar 3 meses de golpe y porrazo, os pongo un poco de actualidad para que sirva de "enlace". Espero que os guste sonriente


Gotas del pasado


Actualidad

La servilleta de tela terminó estampándose en el rostro distraído de Raimundo. Este pareció entonces despertar y Francisca no pudo evitar soltar una carcajada al ver su expresión de desconcierto. El Ulloa rápidamente relacionó lo ocurrido y lanzó una acusadora mirada a su acompañante. La mujer mudó el rostro colocando en él un gesto de total inocencia.

-¿Se puede saber a qué ha venido este ataque?- preguntó Raimundo. Francisca sonrió levemente con la misma expresión de inocencia en su rostro.

-Vamos, no seas plañidero, Raimundo.- le dijo restándole mayor importancia. Sonriendo.
Un brillo malicioso relampagueó, esta vez, en los ojos de Raimundo. Quien, sin que Francisca se percatase arrugó la servilleta, tirándola contra ella en un rápido movimiento.
-Serás…- exclamó Francisca entrecerrando los ojos. Lanzándole a Raimundo una mirada casi asesina. Mirada que él sostuvo sin problema, esbozándole una sonrisa a su vez.

Tristán irrumpió en la sala en ese justo momento.
-Buenas noches, madre.- saludó. Francisca y Raimundo apartaron sus miradas el uno del otro y las dirigieron hacia el joven. –Raimundo.- añadió cortésmente.

-Buenas noches, hijo.- respondió Francisca esbozándole a su vez una pequeña sonrisa. Raimundo le devolvió el gesto al joven de igual forma, sonriéndole cálidamente. Un silencio incomodo se instaló en la sala, haciendo sentir a Tristán fuera de lugar.

-Siento si les he interrumpido.- se disculpó.

-No molestas, Tristán.- le dijo sin dejar de sonreírle. –Al contrario,- miró brevemente a Francisca. – me acabas de salvar del apocalipsis.- comentó risueño.
Tristán entendió la chanza al ver la mirada que su madre le lanzó a Raimundo. Y temiendo ser fulminado, él también, borró rápidamente la sonrisa de su rostro.

-Creí que ya se habría marchado.- continuó explicándose. Tratando, también, de suavizar los ánimos que, según le parecía, estaban un poco caldeados.

-A punto estaba de hacerlo. –dijo Francisca. Sonriente. Vengativa.

-¿A sí?- exclamó Raimundo al darse cuenta de las implicaciones de las palabras de Francisca.

-Sí.-contestó con total naturalidad. Disfrutando de la expresión que quedó en el rostro del Ulloa. Sin darle mayor importancia llevó su mirada hacia su hijo. Sonriéndole tiernamente. -¿No cenas?- le preguntó.

-No.- respondió. –Estuve en la Casa de Comidas conversando con Emilia y al llegar la hora no pude rechazar uno de sus platos.- explicó. Encontrándose con la aprobadora mirada de su madre y la orgullosa sonrisa de Raimundo. –Por cierto,- dijo el muchacho cayendo en la cuenta de algo. –Emilia me dijo que le gustaría hablar con usted.

-En cuanto llegue a la taberna…- Raimundo dejó la frase suspendida en el aire al ver que la mirada del chico no se dirigía hacia él.

-¿Conmigo?- exclamó Francisca extrañada.

-Sí, mas no me dijo lo que quería referirle.- comentó. Francisca agachó la cabeza pensativa. Sonrió. Al levantar la mirada vio como los dos hombres la observaban expectantes. Meneó la cabeza restándole importancia.

-¿Te sientas con nosotros, hijo?- propuso. Aunque tanto ella como Raimundo desearon que su respuesta fuese negativa.

-Ya iba a retirarme a mi alcoba, así que les dejo solos.- dijo el joven Montenegro regalándoles una hermosa sonrisa.

-Descansa pues, mi vida.- Tristán se acercó a su madre depositando en su rostro un beso cargado de amor y ternura. Francisca acarició el rostro de su hijo y ambos quedaron mirándose unos instantes. Nunca perdieron del todo la intensa relación que los unía, pero era entonces, tras muchos años viéndola como una mujer fría, cuando volvía a sentir a la madre de su infancia.
Raimundo observó desde la silla contraria a la de Francisca aquel hermoso gesto de madre e hijo.

-Buenas noches, Tristán.- se despidió una vez que el chico se separó de Francisca. Él le sonrió y sin decir nada más tomó rumbo hacia su habitación.
Francisca y Raimundo quedaron sumergidos en el silencio que guardaba el recuerdo del bonito momento que Tristán y ella habían compartido. La mujer suspiró.

-Vamos, te acompaño a la puerta.- dijo levantándose de la silla. Raimundo frunció el ceño. Alargó la mano y tomó la de Francisca antes de que ella se distanciase más de la cuenta.

-Así que me vas a echar.- pronunció al tiempo que se ponía a la altura de Francisca. –Creí que no era más que una excusa para que tu hijo no supiese lo que…- Francisca selló rápidamente los labios de Raimundo con su dedo índice. Impidiendo así que el Ulloa terminase de decir alguna de sus sinvergonzonerías.

-Ni se te ocurra.- dijo en un tono amenazador. Seria. Intentando de transmitírselo también con la mirada. Pero fue un intento fallido, pues terminó sonriendo al ver la ternura e inocencia fingida que encontró en sus ojos.
Aferró con fuerza la mano que aún mantenía entrelazada a la suya. Y, casi a rastras, llevó a Raimundo hacia la entrada.
Hizo un esfuerzo atroz por no estallar en carcajadas viendo la expresión del rostro de Raimundo.

-Vamos, Francisca…- pronunció como un niño que pide a su madre quedarse un rato más jugando con sus amigos. Pero ella se mantuvo firme mirando hacia otro lado como si no le importase. Raimundo entrecerró los ojos. Tiró de Francisca, pegando así un poco sus cuerpos. -Déjame al menos llevarme un beso de buenas noches.- la Montenegro sonrió. Tomó el rostro de Raimundo con la mano que tenía libre, rozando con la yema de sus dedos su barba. Acercó sus labios hacia la mejilla de él y la besó. Mas, tras el beso, sus labios no se separaron. Lentamente, Francisca, deslizó sus labios por su mejilla. Por su cuello. Su hombro. Dejando un reguero de besos a su paso. Y sin dejar que el aire pusiese distancia entre su piel y la de él volvió a subir. Llegando al fin a sus labios. Depositó allí un breve y tierno beso. Separándose. Perdiéndose entonces en la mirada de Raimundo. Éste adoraba los ojos de Francisca pero el anhelo que sentía por besar sus labios era tal que no pudo evitar lanzarse a ellos.
Se perdieron en aquel beso. Primero dulce y pausado, dando paso después al deseo. Francisca y Raimundo separaron sus manos entrelazadas para recorrer con ellas el cuerpo del otro. Jugaron con sus lenguas. Con sus manos. Con sus cuerpos, ya pegados el uno al otro. Perdieron la noción del tiempo y fue solo cuando el oxígeno se le hizo necesario, cuando se separaron.

-Te quiero, pequeña.- pronunció Raimundo aún con la respiración descontrolada. Francisca besó fugazmente sus labios como respuesta. –Te quiero.- repitió. Siendo él esta vez quien la besó a ella. Acarició su rostro. – ¿Sigues queriendo que me vaya?- le preguntó tiernamente. Francisca sonrió ampliamente y volvió a tomar sus labios como respuesta.
#6500
laury93
laury93
04/03/2012 21:35
Que bonito!!!
Ruth me encanta el mini me tienes metiendome cada 5 minutos para ver si lo acabas, no nos dejes asi!!! Y lo Tu amor es mi condena, sin palabras, chica, mi pobrecita Paca, si to le pasa a la pobre!! ay madre...

Rocio!! qeu bonito, ese momento jugar como niños lanzándose la servilleta y lo de Tristan!! yo quiero un momento asi en la serie para que Rai vea qeu no es tan mala!!!

Ah! y gracias por los momentos de mañana al detalle, supongo que ella no dira nada porque seguro qeu RAI, POR NO PERDER LA COSTUMBRE, LA CAGA!!! pero bueno, paciencia, qeu le vamos a hacer, por lo menos nos quedan los relatos!
Besos
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