El Rincón de Francisca y Raimundo:ESTE AMOR SE MERECE UN YACIMIENTO (TUNDA TUNDA) Gracias María y Ramon
Nos colamos en el plató de 'Friends' y descubrimos los secretos del apartamento de Monica en el Friends Fest
Selena Leo: "Jamás en la eternidad se va a repetir un reencuentro de Sonia y Selena"
Sonia Madoc: "¿Crees que si tuviese una gira de 80 bolos me iría de Sonia y Selena?"
'Euphoria' regresa tras su salto temporal en el tráiler de la tercera temporada
laSexta cumple 20 años con la información y el entretenimiento como bastiones frente a la competencia
'La isla de las tentaciones 10' lanza un extenso avance antes de su estreno en Telecinco
Tráiler en español de 'Off Campus', la nueva serie de Prime Video con Ella Bright y Belmont Camelli
Tengo terminado esto desde ayer por la noche pero hasta ahora no he podido colgarlo.
Espero como siempre que os guste
Despues de esto me voy a saltar 3 meses del embarazo de Francisca para poner el parto. Por eso lo próximo es un Kit-Kat.GOTAS DEL PASADO
Cerró sus ojos antes de mover la mano que tenía apoyada sobre la puerta. Suspiró. Tomó la valentía necesaria y, cerrando su puño, golpeó la madera con sus nudillos. Vio a través de los cristales como Rosario soltaba un pequeño recipiente sobre la encimera de la cocina. La mujer se limpió las manos con el delantal. Dejó la tarea y dirigió sus pasos hacia la puerta.
Era tarde. Se recriminó a si mismo haber venido a molestarla, pero no hubiese podido dormir con aquella imagen en la cabeza. La mejilla de Francisca. Sus heridas. No hubiese podido dejar de pensar en ella. Su alma no podía estar tranquila tras haber visto la tristeza más profunda en sus ojos.
-Raimundo,- exclamó Rosario en un susurro al tiempo que abría la puerta. -¿Qué le trae por aquí?- preguntó la cocinera en el mismo umbral. Raimundo quedó callado. "Vamos, ¿qué vas a decirle?" pensó. El silencio del hombre hizo que Rosario comenzase a asustarse. -¿Ha ocurrido algo?- formuló. De nuevo no obtuvo respuesta. – ¿Y los niños?- dijo cayendo en la cuenta de que no estaban con él. -¿Están bien?- añadió acto seguido. Atropelladamente. Nerviosa. Preocupada.
-Sí, si.- contestó al fin Raimundo. Apiadándose del sufrimiento al que había sometido a la mujer. –Están bien.- agregó intentando calmarla. –Avelina se los llevó para darles de cenar, decía que les hacía falta un buen caldo caliente.- dijo con una sonrisa entre sus labios.
-Entonces, conociéndola, le dará tal puchero que se los devolverá hechos persona.- comentó Rosario continuando con la chanza.
-No lo dudo. Además, esa mujer tiene una mano excelente con los niños.- intentaba buscar un tema de conversación. Algo que lo alejase del verdadero motivo por el que estaba allí. Rosario sonrió.
-Y dígame, ¿a qué ha venido?- preguntó, aún en la entrada. Preguntando lo que Raimundo segundos antes había querido alejar.
-No había nadie en la Casa de Comidas y antes que estar allí esperando a que cualquiera entrase para tomarse el último chato, preferí cerrar y acercarme hasta aquí para parlamentar un rato con usted.- argumentó. Rosario entrecerró los ojos observando al hombre. Parecía nervioso. Incómodo. Como si algo lo atormentase. Pero él ya le había dicho que nada malo ocurría por tanto no dudo más.
-Pase y tome asiento si quiere.- le dijo al tiempo que se daba la vuelta. Adentrándose en la cocina. Dispuesta a retomar sus quehaceres. Sin dejar, claro, de prestarle atención.
El tabernero le hizo caso y pasó. Cerrando la puerta una vez que estuvo dentro.
-Está segura de que no la molesto. Mire que es tarde y seguro desea irse ya a casa.- pronunció Raimundo.
-No, tranquilo. Aún tengo que terminar de fregar todos estos cacharros y preparar la masa para los bollos de mañana. –dijo. –Al pequeño Tristán le encantan y se alegrará de tenerlos mañana para desayunar.- Una sonrisa se posó en los labios de la joven al hablar del chiquillo. Raimundo también sonrió.
-Ese niño es un ángel.- comentó. Rosario asintió dándole la razón.
-Es capaz de sacarle una sonrisa a todo el que lo rodea. Sobre todo a la Señora, a quien bien le hace falta.- la tristeza de pronto envolvió el rostro de la criada. Contagiando así a Raimundo.
-¿Cómo está?- preguntó con temor a que Rosario no contestase o pusiese alguna pega a hacerlo. La mujer cogió una taza con una mano y un trapo con la otra.
-No son tiempos fáciles para ella.- pronunció comenzando a secar insistentemente la taza. –Hace años que no lo son.- musitó para sí. Raimundo observó la tristeza con la que Rosario se comportaba y sintió que una daga se clavaba sin piedad en su corazón ya malherido. Agarró el respaldar de la silla que tenía enfrente. Retirándola de la mesa.
-Si le dijo algo que no…- pronunció comenzando a disculparse por Francisca.
-No, no dijo nada.- la interrumpió. –Bueno, sí pero… nada que no nos hubiésemos dicho antes.- aclaró. Sintiéndose mezquino al pensar que todos sus encuentros con ella se resumían en un intercambio de reproches e insultos. –Pero no es eso lo que quería referirte.- dijo. Agachando la cabeza.
-¿Entonces?
-Rosario,-levantó la mirada. Buscando sinceridad en una pregunta que aún no sabía cómo iba a formular. La mujer lo miró expectante. -¿Cómo se ha hecho esas heridas?- dijo. Directo. Sin pararse a pensarlo más. Dejando a la cocinera desconcertada. Sin saber, ahora ella, que decir. Mas, pronto recordó las palabras de Francisca.
-Fue… Tristán.- dijo tal y como ella le había apuntado cuando ambas regresaban a la Casona aquella misma tarde. Sonrió levemente. Satisfecha. Aunque acto seguido se encontró con la mirada de Raimundo quien no parecía del todo convencido. Rosario suspiró. –Francisca estaba jugando con el pequeño y sin querer este le dio con uno de sus juguetes.- argumentó. Inventando parcialmente su testimonio.
Raimundo entrecerró los ojos. Del mismo modo que no había creído a Francisca tampoco lo hacía con Rosario. Y más aún cuando sus versiones no terminaban de encajar.
-¿La viste tú?- indagó. Rosario asintió, dándole así respuesta a Raimundo. Mintiendo.
-Será mejor que siga con la faena, se va a hacer tarde.- dijo haciendo ademán de levantarse. Nerviosa. Intentando acabar con aquella conversación antes de que, sin quererlo, dijese demasiado.
-Espere, Rosario.- la paró el tabernero.
-Raimundo…- musitó intentado resistirse.
-Por favor.- susurró el hombre. Agarrando a su vez la mano de la criada. Quien suspiró y volvió a sentarse. –Por favor.- repitió. Pero esta vez suplicándole a Rosario que fuese sincera.
-Ya sabe cómo es.- No hizo falta pronunciar su nombre para que ambos supiesen de quien hablaban. Salvador Castro.
-Un monstruo.-señaló Raimundo.
-Todo ha de ser y estar según le plazca.- comenzó a decir. -Cree que puede hacer y deshacer a su antojo, y lo hace. –dejó que su mirada se perdiese. –Siempre a la fuerza y acompañado de todo tipo de gritos e improperios.- el rostro de la mujer reflejaba el calvario al que diariamente se veía sometida. Raimundo intentó calmarla aferrando con cariño sus manos. Ella respondió a sus caricias pero el dolor y el sufrimiento seguían ahí. Y se sintió indigna de aquel gesto pues no era ella la que más lo necesitaba. –La Señora es la que paga siempre sus frustraciones. Ella es la única que a veces es capaz de rebelarse contra él, más del mismo modo que alza el mentón se ve obligada a bajarlo.- Raimundo cerró los ojos apenado. Sabía la dureza de aquel hombre, pero siempre se había negado a creerlo del todo. Levantó la mirada.
-¿Y Tristán?- preguntó preocupado. Si se atrevía a tocar y gritar a Francisca, qué no haría con el niño.
-De pequeño siempre decía que Salvador era el malo de sus cuentos,- sonrió levemente.- su madre era la reina y él el príncipe que la salvaría de sus garras.- meneó la cabeza. –Francisca siempre se ha desvivido porque el Señor no tocase a su niño, y las veces que ha fallado en su intento han sido porque Salvador ha podido con los dos.-la realidad lo estaba golpeando duramente. Haciéndolo de repente conocedor de unos hechos que nunca hubiese querido escuchar.
-¿Por qué fueron las heridas de ahora?- se atrevió a preguntar.
-Como ya le he dicho ninguna razón tiene, simplemente odia que no se actué según el dictamine. La Señora está embarazada y en su estado le resulta muy difícil complacer sus deseos.- contestó lo mejor que pudo. Raimundo sintió como otro duro mazazo lo golpeaba. Meneó la cabeza negándose a pensar en lo que Rosario había dicho.
-Yo…-musito. Soltó las manos de ella y entrelazó las suyas entre sí. Apoyo su frente sobre ellas encontrando una privacidad que se le hacía necesaria.
-No se atormente.- le dijo. Raimundo levantó la mirada.
-Lo sé.- Rosario no supo que más decirle.
-No sabe cuántas veces he soñado con que aun la tenía entre mis brazos. Con que aun podía abrazarla, besarla, amarla… Pero en esos sueños siempre despierto. Un frio intenso recorre mi cuerpo al ver como la cama está vacía. Tan vacía como queda mi alma al comprobar que ella no está a mi lado.- enjugó en un tardío impulso el rastro que dejó la lágrima que anteriormente había caído. –En ese instante me siento culpable por haberla dejado escapar, mas ahora… Fui un miserable, Rosario, un cobarde que no supo defender lo que amaba. –meneó la cabeza.
-Torturándose ahora no va a conseguir nada.- dijo Rosario. Quizás más seria y dura de lo que le hubiese gustado. –Todos cometemos errores y, algunos, hemos de llevarlos a nuestras espaldas hasta el fin de nuestros días.- Raimundo clavó su mirada en sus ojos, suplicándole con ella un poco de luz. Algo que le diese esperanzas. Pero Rosario no se las daría. No podía hacerlo. –No podemos remendar nuestros errores, Raimundo.- se levantó de la silla. –Y mucho menos si de la vida y el futuro de alguien se trata.- terminó.
El leve sonido de unos pasos en la planta de arriba hizo que Raimundo se levantase apresuradamente. Su corazón se paró temiendo que fuese aquel monstruo del que habían estado hablando.
-Será mejor que se vaya.- le dijo Rosario.
-Pero…- intentó refutar.
-¿Qué hará? ¿Le plantará cara a Salvador o tomará a Francisca de la mano huyendo junto a ella hasta perder de vista incluso el horizonte?- Rosario negó con la cabeza, indicándole que no era una buena idea. Aunque su parte menos cabal deseaba que Raimundo diese un paso al frente y se llevase a Francisca lejos de todo este sufrimiento. –Váyase, por favor. Váyase si no quiere causar más daño a Francisca.- habló la razón. Salvador no se quedaría de brazos cruzados si “el tabernero borracho del pueblo”, como él lo llamaba, se llevaba a su esposa manchando así su nombre. Francisca tampoco estaba preparada para aquello.
Rosario meneó la cabeza. Pensar más en ello no era sino una pérdida de tiempo. Todos habían de conformarse con la vida que les había tocado vivir. Nada podían hacer.
-Prométeme que…- comenzó a decir. Pero se vio interrumpido por un crujido en la madera de los escalones al pisar. Rosario asintió al Ulloa como respuesta a lo que iba a decir. Se giró. Miró las escaleras y se apresuró a ayudar a quien intentaba bajarlas.
La tomó de un brazo y cogió la pequeña bandejita que Francisca portaba. Una bandeja con algodones y alcohol que anteriormente ella misma le había subido para que curase sus heridas.
-Gracias, Rosario.
-Nada, Señora. Pero se puede saber a qué baja.-casi le regaño. Inevitablemente lanzó una triste mirada hacia la puerta. Eliminando toda posibilidad de que Raimundo estuviera. Eliminando las esperanzas de que la cabezonería del hombre esta vez se hiciese notar.
-Venía a pedirte una tisana. Últimamente no tengo la misma facilidad que Tristán para dormir. –dijo con una forzada sonrisa. Rosario le devolvió el gesto.
-La acompañaré a su alcoba y en un momento le subo la tisana.- le respondió. Bajó la mirada hasta encontrarse con el vientre abultado de la mujer. Ensanchó su sonrisa, haciendo que Francisca, que la miraba, hiciese lo propio. Ambas se miraron a los ojos. Consolándose mutuamente. Rosario se giró un instante para soltar la bandeja y sin más demora se acercó de nuevo a la Montenegro. Colocó una mano en su espalda. Dispuesta a ayudarla. A acompañarla. A cuidarla. Como hasta el momento había hecho. Como seguiría haciéndolo. Como le había prometido a Raimundo.




Que bonito!!!!!!!!!!!Rocío me ha encantado como todo lo que escribes genial. Sigue. Amo las gotas del pasado. Precioso. sigueeeee.
Ruthh!! Que bonito final. Como dos adolescentes. Recibiéndolo con los brazos abiertoss

Que suerte tiene Raimundo que no puede controlarse. Es adicto a la paca 




Da penita ver al pobre de Raimundo con esa carita 

Tranquilo que tienes a tu Paca!!
Geniales los relatos!!!
Ruth genial el relato!!! qeu excitante, casi me levanto en mitad de clase de embrio jeje
Rocio qeu bonito!!! pobreta de mi Paca!!!
AMORES QUE MATAN
El viento azotaba su rostro sin compasión, como queriendo atraerla hacia el fondo de aquel profundo abismo que se abría ante sus inertes pies. Águeda se había distanciado unos mitros de ella, para disfrutar mejor de su victoria, no pudo evitar pensar Francisca. Porque eso era, una victoria para aquella mujer que había deseado su muerte desde el mismo día que supo de su existencia. Era su victoria porque estaba derrotada, no sentía nada, nada excepto un vacío más profundo que aquel precipicio. No le quedaba nada por lo que vivir, por eso, no le importaba caer.
El silencio la envolvía, solo podía escuchar el acelerado latido de su corazón, apretaba con tanta fuerza las ruedas de la silla que apenas podía sentir ya las manos. Todo su mundo se concentró en avanzar, para acabar. Pero entonces el viento quiso traer un murmullo. Primero era un simple susurro, después un eco lejano, para dar lugar a una voz conocida.
- Francisca
Lo escuchó, pero debían de ser imaginaciones suyas.
- Francisca
Volvió a oír. Parecía… pero no podía ser. Sin poder soportar aquella intriga, se giró olvidando por un momento su propósito. Era Raimundo que corría hacia ella. Todavía los separaban muchos metros pero ya se distinguía una terrible mancha roja en su cabeza y parecía que corría con dificultad porque llevaba las manos atadas. No sabía, ni quería pensar qué significaba aquello, porque la simple imagen de verlo correr hacia ella le devolvió la esperanza de que quizás todo lo que había dicho Águeda sobre él era mentira.
Águeda lo contemplaba todo horrorizada. No podía ser que su plan fallara, llevaba toda la vida planificándolo, toda su vida pensando hasta en el más mínimo detalle, y ahora no iba a dejar que aquel tabernero lo arruinase todo. Francisca tenía que morir, en aquel momento, no admitía más espera. Tenía que acabar con ella.
Francisca comenzó a separarse del borde del abismo, girando para mirar a Raimundo, sonriendo in saber bien por qué, deseando poder levantarse para correr a sus brazos. No podía alzarse, pero aún así intentó avanzar con la silla hacia él. Sin embargo, aquella maldita silla no se movía, por más que lo intentaba, con todas sus fuerzas, no conseguía avanzar. Fue entonces cuando al volver la vista atrás contempló a Águeda. Su falsa sonrisa, su rostro más pálido que nunca y en su mirada pudo ver un brillo de locura que dominaba su ser, mezclado con una determinación que por un instante lograron asustarla. Aquella mujer intentaba lanzarla al vacío, lo supo en cuanto la miró a los ojos, intentaba mover su silla para poder acercarla de nuevo al borde. Pero no lo permitiría. No ahora, Raimundo estaba allí, quizás aún tuviera motivos para vivir. No quería, no podía permitir que aquella desvelada demente se saliera con la suya. Se enzarzaron en una lucha, cada una con todas sus fuerzas tratando de dirigir la silla. Francisca agarraba firmemente las ruedas, pero desde su posición era muy difícil. Oponía toda la resistencia de la que era capaz, sin embargo, la silla comenzó a arrastrarla hacia el precipicio. No, no podía ser, no podía acabar así. Intentaba resistirse, pero aquel maldito armatoste no le respondía y avanzaba impasible. Ya volvía a sentir el viento implacable, a ver el profundo abismo. No, no puede ser… Águeda dio un último empujón y silla comenzó a despeñarse por el risco. Francisca vio llegar su fin, cerró los ojos suplicando por que fuera breve, así creía sentir ya el dolor de las rocas punzando su cuerpo cuando notó que una mano firme la sujetaba. Abrió los ojos. Raimundo la tenía cogida por los brazos. Sus piernas sin vida colgaban del precipicio. Francisca usaba toda la fuerza que le quedaba para agarrarse a Raimundo que la mantenía enganchada a la vida, y no caer. El rostro de Raimundo enrojeció del esfuerzo.
- Raimundo, estás aquí.
- ¿Dónde iba a estar si no? Vamos sube.
- No puedo
- Sí que puedes, Francisca no te rindas, venga hazlo por mí.
- ¿Pero tú quieres que viva?
- ¿Cómo me preguntas eso?- dijo él- No concibo mi vida sin ti, así que deja de decir tonterías y ayúdame a salvarte.
En un último empujón, Raimundo subió a Francisca hasta ponerla a salvo en tierra. Cuando estuvieron a la misma altura, los dos cansados, exhaustos, sentados en el suelo, Francisca lo miró. La había salvado, todo lo que había dicho Águeda era falso, él la amaba, Raimundo la quería de verdad. Lo abrazó, con todas sus fuerzas como si sus cuerpos pudieran fundirse en uno para no separarse jamás.
- Ya ha pasado todo, pequeña- le dijo él.
- ¿Pero qué te ha pasado?- Francisca se dio entonces cuenta de que seguía atado y comenzó a desatarle las manos.
- A mí me golpearon y me ataron, pero parece que tú has tenido una mañana más interesante, ¿qué está pasando aquí?
Raimundo miró a Águeda que parecía totalmente desorientada, mirándolos sin dar crédito a lo que había pasado. Había estado tan cerca.
Al verse libre de ataduras, Raimundo cogió a Francisca en brazos para alejarla del borde del precipicio, por si acaso.
- Raimundo…- estaba agotada- Por un momento creí que tú querías eso.
- ¿El qué?
- Que me lanzara al vacío, que me habías citado aquí por orden de Águeda, que estabas al tanto de la inquina que me tiene y el deseo de acabar conmigo que la consume.
- No, yo- Raimundo no entendía nada, no podía creer lo que le decía de Águeda pero aún así…- Francisca, no sé lo que está pasando, pero mírame. Nunca podría desear tu muerte porque no sabría vivir sin ti. Te quiero, y siempre estaré a tu lado para protegerte de los enemigos que vas dejando a tu paso.
- Muy bonito- dijo entonces una voz que salía de su letargo- Pero yo no puedo permitirlo. Lo siento Raimundo- Águeda sacó el revólver que guardaba entre las enaguas y los apuntó. – pero no puedo consentir que Francisca siga viva.
Siempre acabo igual, eje, aun quede mucha tela!

El cápitulo ha sido bastante triste para todos, especialmente para nosotras, que se que estais llorando por ahi jaja Lo siento por Pepa, por Raimundo y por todos los que la querian, pero yo no puedo evitar decir que hoy dormiré mejor.
Os dejo las escenas destacables, siento no haberlas puesto antes pero me he ido liando de una manera...

-Me mata Raimundo llorar. No puedo verlo así
Y Francisca que lo miraba con una mezcla de tristeza por verlo a él así y dolor por verlo sufrir por otra mujer que no era ella. (Parte 1, minuto 5:24)-Todos dentro del Jaral. (Parte 2, minuto 0:46)
-Francisca explica a Rosario y Mauricio lo que ha pasado. (Parte 3, minuto 3:16)
-Raimundo se lamenta por la muerte de la Bicha. (Parte 3, minuto 5:16)
(Van seguidas las dos)
-Emilia hablando con Alfonso. (Parte 5, minuto 4:15) Os la pongo porque en un momento (minuto 5:30) aparece Raimundo escuchandolos desde el umbral.
-Mariana cada vez más harta de Francisca. Que mal carácter tiene, pero es genial. (Parte 5, minuto 8:37)
Comento tambien los relatos.
RIRI, ya te lo dije pero te lo repito, genial. Que gran mini para celebrar que llevamos 369 pág. de espera. De deseos. De lágrimas, que alguna que alguna que otra ha caido. Y sobre todo de muchas risas y buena compañia. Ahora a por la 469 jaja
Laury, me tienes sorprendida. No de digo más. Águeda es un mal bicho con todas las letras. Empuja a mi Paca y ahora saca una pistola de debajo de las enaguas... Sigue pronto :)
Melisa, precioso el video. Si es que esta pareja es máravillosa.
Creo que no me dejo nada. Un besito.
AMORES QUE MATAN
- Águeda ¿por qué haces esto? Yo te conozco, eres una buena persona, no serías capaz de algo así.
- No sabes nada de mí Raimundo, todo lo que creías conocer no era más que un disfraz. Lamento hacer esto, sinceramente llegué a apreciarte, pero Francisca siempre ha sido un obstáculo para mi felicidad y ya llevo demasiado tiempo viviendo bajo su sombra. Necesito que desaparezca.
Raimundo estaba en pie, mirando a Águeda fijamente, ella no dejaba de apuntarle con el arma. Raimundo avanzó alejándose de Francisca, intentando que dejara de estar en su punto de tiro. No se alejó demasiado por si aquella loca decidía disparar sin previo aviso. Se movió lentamente como si Águeda fuera un animal al que temiera asustar.
- Deja esa pistola Águeda, no sé qué te ha hecho Francisca, pero seguro que te puedo ayudar.
- Oye que yo no he hecho nada- protestó Francisca- es una bruja demente.
- Francisca no ayudas- le amonestó él
- Raimundo olvídate de ella- empezó Águeda con ese tono de voz empalagoso que usaba cuando quería algo de él- Tú y yo tenemos mucho en común. Tú llegaste a sentir algo por mí porque en el fondo nos une un vínculo eterno, a los dos nos arruinó la vida la misma persona. Ella y solo ella nos alejó del amor y de la felicidad. Yo era solo una chiquilla cuando me enamoré perdidamente de Salvador y hubiera podido ser feliz con él de no haber sido por Francisca, solo ella se interponía entre nosotros porque él me amaba, yo sé que él me amaba digan lo que digan. Ella se casó con Salvador Castro solo por despecho y lo ataba a su lado impidiéndonos estar juntos. Y a ti, mi pobre Raimundo, contigo fue incluso más cruel. Deberías odiarla, dejarla, es más, deberías desear su muerte tanto o más que yo, porque no contenta con romperte el corazón, con arruinarte, te ocultó lo peor que se le puede ocultar a un hombre.
- Cállate- le gritó Francisca- tú no tienes ni idea de lo que he pasado. Estás loca si piensas que Salvador pudo quererte, yo viví con él, era un monstruo.
- No me provoques Montenegro, ¿o quieres que le cuente todo a Raimundo?
- ¿El qué? – Dijo él
- No- dijo Francisca
- Demasiado tarde. Raimundo, resulta que Tristán es hijo tuyo, pero esta vieja harpía nunca te lo dijo, jugó contigo, conmigo, con Salvador, ha jugado con todos los que estaban a su alrededor, nunca le ha importado nadie más que ella misma
- ¿es cierto eso? – Raimundo miró a Francisca, desolado
- Sí… pero no es como ella dice, tú te ibas a casar yo no sabía qué hacer… he intentado decírtelo antes, pero…
- Cállate. No lo ves Raimundo, juega contigo. Ven a mi lado, acabemos con ella. Solo así podremos descansar.
Raimundo permanecía en silencio, pálido, sin saber qué decir, qué hacer, su mente hervía en mil ideas, pensamientos, gritos, reproches que ni siquiera podía formular con palabras.
- No- gritó Raimundo haciendo que Águeda volviera a puntarle- No sé qué sentir por Francisca ahora mismo, es cierto que no ha sido buena persona y no sé si podré perdonarla. Pero sí sé que no puedo dejar que la mates.
- Si esa es tu decisión, lo siento mucho Raimundo, pero tendré que acabar contigo.
Francisca lo contemplaba todo impotente, sin poder levantarse, sin poder correr, sin poder apenas gritar porque ningún músculo de su cuerpo le respondía estaba demasiado aterrorizada por la simple idea de ver una bala abandonando su refugio metálico para incrustarse en el corazón del hombre al que amaba. Tenía que hacer algo, y tenía que hacerlo ya, no cabía espera, ni demora, no había tiempo. Agarró una piedra que tenía a su vera y se la lanzó a Águeda. Apuntaba a su moño de escarola, pero su puntería no era muy fina, al menos consiguió golpearla en la mano haciendo que dejara de apuntar a Raimundo lo que él aprovechó para acercarse a ella y comenzar a forcejear. La agarró por las muñecas, levantando la pistola que se quedó apuntando al cielo. Raimundo era más fuerte que ella, pero Águeda se movía por una fuerza infernal, un odio eterno, una locura imperecedera que le conferían una fuerza sorprendente. Consiguió avanzar, los dos se movían descoordinados como en un violento baile avanzando inexorables hacia el precipicio. Hasta que pasó lo que Francisca se temía. Raimundo llegó al borde y resbaló. Su cuerpo se precipitó hacia abajo al mismo tiempo que la pistola volaba de la mano de los contendientes.
- Ayúdame, Águeda.
Raimundo colgaba de una rama a apenas un metro del borde, pero Águeda no lo escuchaba, seguía perdida en su propia obsesión, en su misma locura e intentaba por todos los medios alcanzar la pistola que había caído sobre una roca de la escabrosa pared a uns metros de donde ella se encontraba amenazando con caer al vacío por su propia tozudez.
- Socorro- gritaba Raimundo- no sé lo que podré aguantar.
Francisca miraba el borde del que provenía su voz horrorizada. No podía moverse, aquellas malditas piernas. No, no podía ser, no podía dejar que Raimundo cayera, no podía morir estando ella allí, tenía que ayudarlo como fuera. Le daba igual lo que hubieran dicho todos aquellos matasanos a los que había consultado o su galena, le daba igual el mundo, el Dios que la había impedido, la operación y su propia vida, pensaba ponerse en pie e iba a salvar a Raimuhndo, costara lo que costase. Entonces sintió como un ligero escalofrío recorió sus piernas, después un hormigueo como si estuvieran dormidas. Se concentró con todas sus fuerzas y se levantó. Corrió, cayéndose a cada paso porque todavía no dominaba del todo sus piernas, pero tenía que llegar, tenía que llegar.
Raimundo observaba aterrorizado como su mano cedía ante su peso y comenzaba a soltarse de la rama presa de la gravedad. Maldito Newton, dijo entre dientes, pero eso no le servía de nada. Iba a morir y no podía hacer nada. Cerró los ojos dispuesto a asumir su propio destino y justo cuando su mano se soltó de aquella rama notó la presión de unos dedos alrededor de su brazo.
- Francisca, ¿pero cómo?
- No es momento de preguntas, venga, tengo que subirte.
- Es imposible, no aguantarás, y encima con tus piernas… suéltame
- Jamás
- No quieras hacerme creer que me quieres después de lo que sé. Todos estos años Francisca, negándonos la felicidad
- Este no es el momento- ella seguía intentando tirar de él
- Me voy a morir así que es el mejor momento. Explícamelo antes de que me caiga.
- ¿Qué quieres que te diga? Sí he sido una orgullosa, cruel, manipuladora, una bruja, una arpía y lo siento muchísimo, no sabes hasta que punto me arrepiento. Y si salimos de aquí con vida te juro que haré lo imposible por redimirme y compensar mis maldades con todos aquellos a los que he dañado, en especial te compensaré a ti y a Tristán. De verdad que lo siento, créeme, perdóname Raimundo y ayúdame a salvarte.
- Francisca suéltame ya o te caerás conmigo
- Mírame bien Raimundo Ulloa porque acabo de ponerme en pie a pesar de todos los diagnósticos de invalidez perpetua solo para salvarte. Así que te sacaré de este abismo o caeré contigo, pero no pienso soltarte.
- Vieja testaruda
- Tabernero cabezón
Entonces Raimundo se concentró en subir y Francisca en ayudarlo, el esfuerzo de los dos era palpable y estuvieron a punto de desfallecer en más de una ocasión, pero se daban fuerzas entre ellos. Al final los dos se sentaron en tierra firme respirando agotados.
- No era tan difícil- bromeó Francisca sin aliento.
Raimundo se levantó y la ayudó a ponerse en pie, sujetándola en todo momento.
- Vámonos deprisa, antes de que Águeda coja la pistola
- Acabo de levantarme de una silla de ruedas, no querrás que corra una maratón
Apoyada en Raimundo, los dos avanzaron. Lo que no podían imaginar es que tras la vieja carrasca que resguardaba el viejo puente una oscura figura, testigo de todo lo acontecido, los observaba dispuesto a acabar lo que había empezado.
aprovecho un ratín para comentar, que ayer ni tiempo tuve!
Rocio, enamorada me tienes con esas Gotas del Pasado. Qué penita me da siempre Rai,no lo puedo evitar jejeje. Sigue!!
Laury, increible tu relato también. Sigue pronto

melisa, precioso el video,que creo que no te lo había dicho.
Gracias de nuevo Rocio por dejarme aquí las escenas más destacadas del capitulo. No sabes el trabajo que me ahorras jeje. Gracias mi ángel.
Yo lo siento mucho,pero... ¡nos libramos de la bicha!
P.D. ¡Jueves! estoy muerta y deseando que llegue mañana a las 8....
P.D.2. María, RIRI...no sabeis las ganas que tengo de veros. (Ya queda muy poquito)
Lauri que nunca te lo digo: Estoy enganchadísima a vuestras historias
[yotube]_ou_pqFt_srA[/yotube]
AMORES QUE MATAN!
- ¿Estás cansada?- preguntó Raimundo
- No, solamente agotada, exhausta y sin fuerzas, como si me acabara de levantar de una silla de ruedas, pero no te preocupes.
- ¿Cómo no me voy a preocupar? Estás totalmente pálida.
- No puedo caminar más, mis piernas han perdido la costumbre de andar tanto.
- Venga, un poco más y podremos refugiarnos en la vieja cabaña para que descanses.
No tardaron en llegar a una casucha de madera que se caía a pedazos destrozada por el tiempo, pero que a Francisca se le antojó como un pequeño oasis donde poder descansar. Entraron y Francisca se dejó caer sobre un montón de paja totalmente agotada.
- No entiendo qué ha podido pasarle a Águeda- dijo entonces Raimundo
- Yo sí- él la miró sorprendida- Entiendo que el dolor de un amor no correspondido puede sacar lo peor de ti.
- Sufrir no es excusa para causar sufrimiento, al revés, habría que apiadarse del sufrimiento de los demás una.
- Sí, pero no puedes pedirle a un corazón roto que escuche a la razón, porque la conciencia es acallada por la voz de la desolación.
- Pero había enloquecido por completo.
- Todo el que está realmente enamorado enloquece, de otro modo no nos expondríamos al peligro del amor. Ya sabes, de amor no preguntes nunca a un cuerdo porque los cuerdos aman cuerdamente y eso es como no haber amado nunca. Y la locura nos hace cometer cosas de las que no siempre estamos orgullosos.
- Creo que hemos dejado de hablar de Águeda.
- Yo sí, pero no sé si tú puedes sacarla de la cabeza.
- Podría, si me explicaras por qué lo has hecho Francisca, ¿por qué condenarnos a una vida de miseria cuando tenías la llave para nuestra felicidad?
- Supongo que hablas de Tristán. Yo… hice lo que consideré mejor para él.
- ¿Mejor? Separarlo de su padre, hacerle creer que es hijo de un monstruo y hermano de la mujer que ama, ¿te parece lo mejor?
- Puede que se me haya ido algo de las manos…Lo siento
Raimundo apenas podía creer lo que estaba oyendo, Francisca disculpándose, desde luego aquel era un día de lo más extraño. Pero lo cierto era que no podía culparla, él sabía mejor que nadie lo que la había empujado a ocultarle la verdad, fue él el primero que abandonó su amor, por más que sus motivos fueran honrados, lo cierto era que la había dejado sin darle explicaciones. Si lo hubiera pensado, si lo hubiera sabido… Francisca no lo miraba, permanecía tumbada sobre la paja, desolada, abatida, cansada, pero no sabía si del viaje o de la misma vida. No soportaba verla así. Se acercó a ella y se sentó a su lado sobre la paja. Ella lo miró, expectante, esperando alguna nueva recriminación, más reproches, preparada para contestar a cualquier ataque. Pero él no quería atacarla, no quería hacerle más daño. Lo único que quería, lo que siempre había buscado con sus actos era protegerla, cuidarla, amarla. Y verla así, con el estricto recogido completamente deshecho, las mejillas rojas del ejercicio, los ojos todavía brillantes por el miedo, el vestido hecho jirones, lo hacía sentir extraño, como si su sangre ardiera y su mente se nublara. No podía culparla, hacía mucho tiempo, desde que la vio postrada inerte sobre la cama, que la había perdonado, en aquel momento solo quería sentirla, amarla, protegerla. Solo la quería a ella.
Sin dejar de mirarla a los ojos, se acercó más, tomando su rostro entre sus manos, sin hacer caso de la expresión de asombro que se dibujaba en su cara. Avanzó hasta que pudo notar su cálido aliento, hasta que pudo rozar la punta de la nariz, y miró sus labios, tan irresistibles como los recordaba, y miró sus ojos, expectante, como si esperase su permiso para poder hacer algo que llevaba años desenado hacer. Ella no dijo nada, no se movió, pero en sus ojos se leía un deseo tan intenso como el suyo propio y con aquello le sobró. Recorrió el escaso espacio que los separaba para probar sus labios, al principio lentamente, como si temiese que pudieran desvanecerse con su roce; después apasionadamente, sintiendo sus labios, su lengua, sus manos que recorrían su espalda. Queriendo, necesitando sentir su calor, su piel, su cuerpo.
Mientras, a la orilla del río, Águeda seguía empeñada en recuperar la pistola, sin querer si quiera ver que se habían ido, que se habían escapado, que había fallado. Intentando borrar aquel sentimiento de fracaso de su mente se agachó más de lo debido haciendo que sus manos resbalase y quedando suspendida en el aire, apenas agarrada a unos salientes. Miró hacia abajo, no podría sobrevivir a aquella altura, estaba perdida. Las manos le dolían pero apenas podía sentirlo, su corazón latía acelerado y se concentraba en no soltarse. Entonces escuchó unos pasos que se acercaban.
- Por favor, ayuda
- Me has fallado- Era una voz que conocía muy bien, la misma voz oscura y profunda que le había ordenado tantas veces acabar con Francisca, y por un momento sintió esperanza, él la salvaría.
- Sí señor, lo siento mucho, no volverá a pasar. Pero ayúdeme a subir.
- Te dije que esta era tu última oportunidad. Ahora tendré que encargarme personalmente.
Los pasos se alejaron. No podía creerlo, la había dejado allí, a merced de la muerte, a punto de despeñarse. Por primera vez, pudo ver la realidad. No la amaba, la había usado. Francisca tenía razón. Pero ya era demasiado tarde, tarde para sí misma y… para ellos.
Laury, le habremos de dar las gracias al internet de tu casa por dejarnos disfrutar de otro capítulo de tu fantástico relato. Ese beso ha sido muy bonito. Y Salvador... que asco le tengo, a ver que va ha hacer ahora. Sigue pronto

A ver si es verdad y pronto cae nuestro VE de María y Ramón

Sonia, si no consigues colgar el video avisa que te ayudamos encantadas.
P.D. Las escenas destacables las cuelgo, encantada
, en cuanto llegue (sobre las 8 o asi). Aunque de momento no hay mucho. Un besito, os quiero.
Pero acabo pronto, basicamente con una palabra ABURRIDO!!! Si la Paca no ha salido na, mas que una vez y pa mal, poruqe no me gusta verla asi, que lleva unas semanas de mala malisima y no me mola, yo quiero a mi Francis!! y a mi Rai de siempre!! Por favor, por favor
que sea Francisca la que salve a los Ulloa de la ruina que tiene que empezar a redimirse o al final se nos queda a pan y agua y nosotras idem. Hablando de aburrimientos, no se ira a casar Tristi con la doc en serio??Por dios qeu seria la 3ª vez qeu usan la misma trama, a ver si los lionistas empiezan a leernos porque se nos estan quedando sin ideas.
Pero bueno, mirando el lado positivo y aunque me sienta
porque todo el mundo me dice "pobre Pepa" "pobre Agueda" yo estoy mas feliz qeu una perdiz sabiendo qeu mi Raimun sigue libre como el viento!!! La que no esta libre como el viento soy yo asi que voy a ver si acabo los apuntes =S, besets!!

Escenas del cap. de hoy.
-Esto nos ayuda a comprender las palabras que ayer no nos gustaron nada del Ulloa. Pobre hombre todo se le ha venido encima. (Parte 1, minuto 8:50)
-Velatorio de la Bicha. “La gente de alta cuna se traga las lágrimas y levanta la cabeza”. Tomáoslo como queráis. No me esperaba que Francisca estuviese en el velatorio de Águeda pero bueno, un par de miraditas le ha echado a Raimundo aunque él nada de nada. (Parte 3, minuto 1:00)
Pedazo de video de sonia!!! enhorabuenaaa!!
SPOILER (puntero encima para mostrar)Francisca, Olmo y Soledad en el jardín, es otro día pero Sole sigue con el luto.
Paca: Soledad, tu prometido me ha pedido mi opinión sincera. Nadie mas que Pepa estaba junto a Águeda, y vi su mirada. Sintiéndolo mucho, en esta ocasión estoy de acuerdo con los rumores del pueblo. Pepa es la única sospechosa.
La Paca, el cura y Dolores en la casona.
Paca: ¿Eso hicieron? Pues si qué han entrado fuerte esos boticarios.
Dolores: Son unos ángeles caídos del cielo.
Paca: Eso ya se verá, que no es oro todo lo que reluce.
Paca y Mau en la entrada.
Mauri no respeta a la Paca y siente aversión por ella.
Paca y Rai en la cocina y de noche.
Paca: Sientate Raimundo, lo que vas a escuchar es para ti de sumo interés.
Paca y Mariana en el salón.
La Paca humilla a Mariana por llevar pendientes, la llama ramera/ prostitua/ fulana etc...

...............
¡Venga hombre! ¡Que soy yo! (La frase es de Laury)


Si es que te han faltado alas!!! (Idea de Ruth)

--------------
Sonia, genial el video!!!
Los avances... me reservo la opinión porque no me fío un pelo de los guionistas
Laury, me encanta el relato, aunque esté rondando por ahí Salvador Castro...
El capítulo me ha gustado bastante, aunque nuestra Paquis haya salido muy muy poco, eso si, lo suficiente para dedicarle una frasecita a Rai. Al tabernero a ver si se le pasa la tontuna en la que está sumida, que no lo aguanto de llorón!!