FormulaTV Foros

Foro El secreto de Puente Viejo

Subforo La Casona

El Rincón de Francisca y Raimundo:ESTE AMOR SE MERECE UN YACIMIENTO (TUNDA TUNDA) Gracias María y Ramon

Anterior 1 2 3 4 [...] 320 321 322 323 324 325 326 [...] 376 377 378 379 Siguiente
#0
samureta
samureta
08/06/2011 23:44
elrincondefranciscayraimundoesteamorsemereceunyacimientotundatundagraciasmariayramon

TODOS SUS VIDEOS
elrincondefranciscayraimundoesteamorsemereceunyacimientotundatundagraciasmariayramon

REDES SOCIALES
elrincondefranciscayraimundoesteamorsemereceunyacimientotundatundagraciasmariayramon
elrincondefranciscayraimundoesteamorsemereceunyacimientotundatundagraciasmariayramon


elrincondefranciscayraimundoesteamorsemereceunyacimientotundatundagraciasmariayramonelrincondefranciscayraimundoesteamorsemereceunyacimientotundatundagraciasmariayramon


No existe amor en paz. Siempre viene acompañado de agonías, éxtasis, alegrías intensas y tristezas profundas.

[/b]
#6441
laury93
laury93
26/02/2012 13:24
Raimundo le lanzó una última mirada de reproche antes de marcharse con el libro en la mano. Hasta que no escuchó sus pasos alejarse y la puerta de la Casona cerrarse tras él no permitió que el torrente de lágrimas que atenazaba su garganta se desbordase.

Los días fueron pasando y aunque las palabras de Raimundo seguían fustigando su alma a cada segundo, en cada sueño, en cada pesadilla, no pudo evitar hacer lo posible por mitigar el dolor que sabía que él sentía. No se explicaba cómo podía seguir amándolo de esa manera a pesar de todo lo que le había dicho, hecho, de todo el daño. A veces deseaba … ni lo sabía, ¿estar con él o recuperar la movilidad en las piernas para arrearle una patada? Sin duda, una patada ayudaría, y aunque se había prometido no volver a verlo, intentar olvidarlo, no podía dejar de quererle, y era tan exasperante aquel angustioso amor. ¿No se acabaría nunca? Parecía que no, así que llegado un punto en el que estaba tan dolida como preocupada por él, decidió ayudarle un poquito. Concertó una cita con los prestamistas que pensaban quitarle la taberna Raimundo. No le costó demasiado convencerles para que ella pagara la deuda, sabían que tal y como estaba el mercado con una taberna no recuperarían su inversión, pero ella les ofrecía una buena suma en metálico e incluso un incentivo extra para que les dijeran a los Ulloa que todo era una obra “altruista”.
El tiempo pasó, Emilia volvió a respirar con tranquilidad viendo de nuevo seguro su futuro y confiando en que todavía existía gente buena en el mundo como el cirujano y …¿los prestamistas? No, es que era imposible. Aquellos hombres no les hubieran dado ni agua a sus madres sedientas, por más que quisiese creer en la bondad humana aquello no le entraba en la cabeza. Así que se decidió a encontrar la verdad del asunto hasta que logró sonsacarle a los usureros que la Montenegro les había pagado el dinero que ellos les debían. Sin dar crédito, Emilia fue a ver a Francisca, quien apenas sin fuerzas, no pudo negarle lo evidente.
- Solo una cosa más- dijo la muchacha- ¿La operación de mi padre, también la pagó usted?- La mirada de Francisca fue suficiente respuesta- Gracias
- Solo quiero pedirte un favor, no se lo digas a tu padre.
- ¿Por qué no quiere que sepa que no es la desalmada que él piensa, que no es un monstruo?
- Porque preferiría que lo supiera sin necesidad de demostrárselo.
Emilia aceptó de mala gana, sobre todo, por la gratitud que le debía a aquella mujer. Pasaron semanas, meses, (hasta llegar a los casi 400 capítulos) en los que Francisca y Raimundo se evitaron, él porque seguía culpándola de todos sus males; ella, simplemente porque no sabía si quererlo u odiarlo. Meses en los que las Raipaquistas maldijimos a los guionistas, nos volvimos locas, histéricas, de estar siempre a pan y agua. Hasta que un día, en un nuevo arrebato de Raimundo en el que comenzó a despotricar contra Francisca, Emilia estalló con la verdad.
- No puede ser- fue lo único que él acertó a decir (Y todas nosotras pensamos “SÍIIIIIIIII TERCUZO”)
Con aquella nueva información la vida de Raimundo dio un vuelco. Porque si ella lo había salvado, dos veces, si era inocente de las culpas que él le achacaba, si había conservado el libro, lo quería. Dios y él se había dedicado a mortificarla, si solo le faltó echarle la culpa de la Caída del Imperio Romano. No podía soportar el sentimiento de culpa que lo corroía. Era ya de noche, todos, incluida ella, estarían ya en el lecho. Pero no podía esperar. Emprendió el camino a la Casona y se coló sin ser vistos hasta llegar a su alcoba. Abrió la puerta despació, intentando evitar el irritante chirrido que profería. No lo consiguió y escuchó una voz.
- ¿Quién es?
- Francisca
- ¿Qué quieres ahora? No me lo digas, se te ha muerto el canario y también es culpa mía. Claro que sí hombre, me colé para envenenarlo, pero aún es más, lo hice trepando por tus muros. – Dijo señalándose las piernas impedidas.
- Me merezco eso y más. He venido a pedirte perdón. Se ha demostrado que fue Olmo el que mató a Águeda y Emilia me ha contado…
- Nadie sabe guardar ya secretos.
- Escucha, lo siento mucho, de veras, es que el dolor me cegó. Pero no pienso nada de lo que te dije, fui muy cruel, fui un estúpido, un cabezota.
- Sí. Pero eso ya da igual, no es que me importase lo que me dijiste, mas te dije que no quería volver a verte y lo mantengo.
- Francisca, perdóname.
- ¿Para qué?¿Para qué en la nueva crisis política me vuelvas a echar la culpa de los males del mundo? No, Raimundo
- No, no, no, de verdad- Raimundo se arrodilló ante su cama- Perdóname. Francisca, yo te quiero.
- Eso le decías también a esa rancia
- No, a ella la apreciaba; a ti, te amo.- Raimundo trató de cogerla de la mano pero ella la retiró
- No puedo perdonarte Raimundo, es que lo que me dijiste… lo de Salvador, lo de la silla… no podré olvidar tu mirada de odio mientras lo decías.
- Pues si ya no puedes perdonarme, mi vida no tiene sentido
- ¿Qué dices?
- Lo que oyes- Raimundo se acercó hasta su ventana y la abrió, el gélido aire inundó la estancia.
- Estás loco
Pero él no la oía, Francisca no sabía qué hacer, le dijo que bajara, pero él no respondía. Que se tiraba, se tiraba, este terco, cabezota se me mata, se decía, se me mata y entonces ¿a ver qué hago yo? Hasta ese momento se había debatido entre su odio y el amor, pero al verlo a punto de saltar, ganó el amor. Y con esa certeza, la certeza de que lo quería sin más, sin más odio, ni resentimientos ni deseos de venganza, una cálida sensación recorrió sus piernas, como un hormigueo, como si despertaran de un largo letargo. Se alzó de la cama y corrió hacia él para agarrarlo por la cintura y evitar que cometiera una locura, otra locura.
#6442
laury93
laury93
26/02/2012 13:24
- Estás fatal de la cabeza
- Y tú estás mejor de las piernas
- No me cambies de tema, gañán, que me tienes contenta ¿A quién se le ocurre venir a mi casa a saltar por la ventana?
- A un hombre enamorado
- ¿Pero enamorado por qué, si me odiabas, si me dijiste de todo, menos guapa?
- No sé por qué te quiero tanto, y no debe ser normal, pero lo hago. Perdóname.
- Eres un veleta, chaquetero, terco, tunante, gañán…
Francisca tenía toda una lista de improperios preparada pero Raimundo los ahogó con un beso. Intentó resistirse a aquel abrazo, pero era imposible no sucumbir a sus labios, a su piel, a su aliento, al deseo. Las manos de Raimundo se deslizaron por su cuerpo sobre el fino camisón haciendo que todo su ser temblara. Había perdido la cabeza, había perdido la decencia, pero no el orgullo. Consiguió separarse de él lo bastante como para propinarle una sonora bofetada.
- Esto por lo que me has hecho pasar.
No le dejó protestar, antes de que pudiera decir nada lo agarró de las solapas de la camisa para atraerlo de nuevo a sus labios.
- Y esto por volver- dijo tras besarlo.
Raimundo la levantó en volandas, tomándola entre sus manos para llevarla hasta el lecho, de donde pensaba, nunca debieron levantarse, para entregarse tras tanto tiempo a aquella pasión que los consumía, los corroía y los destrozaba, acariciando cada rincón de su piel, admirando su cuerpo, entrando en su ser, fundiéndose en uno solo, gimiendo, sudando, mordiendo…
Hasta que el alba, y después el mediodía, y el atardecer, y el anochecer y de nuevo el alba los sorprendió una y otra vez en plena faena. Por fin, al tercer día de ardor y pasión incontrolados, los rayos de luz los encontraron durmiendo abrazados.
- No noto las piernas- dijo Francisca
- ¿Ya no las puedes mover?- Dijo él preocupado
- Moverlas sí, pero no las noto del cansancio
- Qué susto me has dado.
- Y tú a mí muchos sofocos.
- Y los que te quedan por pasar.- dijo él volviendo a tomarla entre sus brazos
- Pero hombre, que insaciable eres, déjame descansar que aún estoy convaleciente. Además quiero decirte algo, pero no sé cómo.
- Yo también quiero decirte algo, pero tú primero
- No tú- le dijo Francisca
- Tú, tú
- Que no que tú…
Y justo a la vez dijeron:
- Cásate conmigo- dijo Raimundo / - Tristán es tu hijo- dijo ella
- ¡¿QUÉ?! – Gritaron los dos
- ¿Y no me lo habías dicho?- preguntó él enfadado
- ¿Quieres que me case contigo?- dijo ella sorprendida
- No me cambies de tema
- No cambies tú. ¿Quieres que me case contigo?
- ¿Tristán es mi hijo?
- Responde tú primero.
- No tú.
- Pareces un crío. Sí es tu hijo, por eso me casé tan pronto, estaba en cinta.
- ¡Has tardado 30 años en decírmelo!
- Y tú en pedirme que me case contigo, tunante.
- Eres imposible.
- Y tú eres un impertinente- Los dos se levantaron de la cama para mirarse a los ojos
- Me has ocultado a mi hijo
- Y tú me acusaste de una muerte, o de muchas.
- Demonio de mujer
- Condenado tabernero
La tensión iba subiendo, se acercaron más y más.
- Siempre has sido una egoísta – dijo él
Francisca alzó la mano para propinarle otra bofetada pero él paró su mano en el aire. Sin poder evitarlo la atrajo hacia sí para volver a sumergirse en sus labios.
- Eres un caso perdido- le dijo él entre besos
- Pues tú me has encontrado.
- ¿Entonces qué?
- ¿Qué de qué?
- ¿Te casas conmigo?
- Alguien tiene que dar algo de emoción a tu insulsa vida.
- ¿Te he dicho ya que eres imposible?
- Sí, mucho
- ¿Y que te quiero?
- No lo suficiente
Y así, volvieron a unirse, esta vez hasta que la muerte, o los guionistas en su afán por alargar la serie los separaran. Pero no preocuparse, en el último caso, los guionistas los volverán a juntar en el capítulo 1000 (qué ilusión)

FIN
Soy una acaparadora, eh. Bueno esto ha sido un desliz qeu hice anoche asi que no me lo tengais muy en cuenta
#6443
thirdwatch
thirdwatch
26/02/2012 18:22
Lauy como siempre de diez. No dejes de tgraernos tus relatitos por aqui
#6444
Nhgsa
Nhgsa
26/02/2012 22:00
Laury como siempre de 10.
Miri y Ruth, relatos fantásticos. Menudos retos os pegáis.

Chicas, ahí os dejo la continuación de mi relato. Un besazo muy grande a todas.

Mientras, las cosas en la Casona no iban muy bien. Entre Tristán y Sebastián conseguían contener a Salvador pero sabían que era una fiera a punto de estallar. Salvador no soportaría demasiado no ser el hombre de la casa. Por el momento se conformó con volver a estar cerca de Soledad, como ya pasó antaño.
Pasaron semanas y Francisca no tenía noticias de Raimundo al igual que Emilia y Sebastián. Contra más tiempo pasaba menos creían que Raimundo lo conseguiría. Nadie osaba alzarse en contra del gran Salvador Castro. Las peleas y los malos modos aumentaban de nivel día a día. En cualquier momento todo iba a estallar. Francisca rezaba interiormente para que Raimundo volviera pronto.
Una noche Salvador volvió de Villalpanda hecho una furia ya que hasta allí habían llegado los rumores de Francisca con Raimundo. Eso fue superior a sus fuerzas. Entró en la casa dispuesto a enfrentarse a quien fuera… y después su mujer lo pagaría muy caro.
- ¡¡¡FRANCISCA!! – vociferó Salvador. - ¡¡¡¿DÓNDE ESTAS?!!!
Francisca, que se encontraba en su cuarto, no sabía qué hacer. Sabía que esos gritos no traían nada bueno. Se tocó el vientre por instinto. Su hijo estaba en el comedor y no permitiría que nada pasara ahora que sabía lo de su embarazo por Pepa. Ese niño iba a salir adelante costara lo que costara. Abrió la puerta temerosa y se encontró con Salvador en el rellano mirándola furioso.
- ¡¡¡¡ESTA VEZ HAS LLEGADO DEMASIADO LEJOS ZORRA!!!! ¡¡¡VAS A PAGÁRMELA!!!!
- ¡¿SE PUEDE SABER QUÉ ES ESTE ALBOROTO?! – dijo Tristán.
- ¡No es asunto tuyo bastardo! – gritó Salvador con desprecio. Seguidamente empezó a subir las escaleras. Francisca, asustada, corrió a su cuarto y se cerró. Después intentó atrancar la puerta. - ¡¿Crees que puedes esconderte de mí Francisca?! – dijo golpeando la puerta como un loco.
Francisca se volvía loca poniendo sillas y mesas para atrancar la puerta. Tristán mientras intentaba defenderla.
- ¡Déjela en paz!
- ¡¡¡Suéltame!!! – gritó Salvador a la vez que se oía algo caer.
Después de unos minutos de tensión entró en casa un grupo de guardias civiles encabezados por Rodrigo, Raimundo y Estefanía.
- ¡¡¡¡¡TOMÁS SANCHEZ, SALGA EN NOMBRE DE LA GUARDIA CIVIL!!!!!
Salvador palideció al oír su nombre.
- Vayan por él y que no escape. – dijo Rodrigo. Los soldados obedecieron. Tras unos segundos le cogieron mientras lanzaba improperios. Pero su cara cambió al ver a Estefanía como si de un hechizo se tratara. Lo llevaron al rellano y ella se acercó a un tembloroso Tomás.
- He pasado 30 años de mi vida martirizada por tu culpa Tomás. – dijo y añadió tomándole la cara para obligarle que le mirara a los ojos. – Pero al fin puedo decir que tengo algo que se le pueden llamar agallas. Al fin puedo decir que eres escoria y que no te mereces nada en la vida. Ojalá te pudras en el infierno y que yo pueda verlo. Llévenselo.
Los guardias civiles se llevaron a Tomás entre gritos y forcejeos. Raimundo mientras corrió al dormitorio de Francisca mientras que Estefanía y Tristán era atendidos por Rosario y Mariana.
- ¡Francisca! ¡Mi pequeña soy yo!
La voz de Raimundo fue un tranquilizante para Francisca. Enseguida apartó todo lo que había puesto y abrió la puerta. Cuando vio a Raimundo se echó a sus brazos.
- ¡Raimundo!
- Mi pequeña. – dijo Raimundo abrazándola fuerte. – ¿Estás bien? ¿Estás bien? ¿Te ha hecho algo? – Francisca negó con la cabeza - Ya se acabó mi pequeña. Lo conseguí. Ya no te volverá a hacer daño.
- Raimundo… – dijo ella mientras todavía temblaba de miedo y las lágrimas caían por su rostro. – Creí que no volvería a verte.
- Te dije que lo lograría mi amor. – dijo antes de tomarle el rostro y fundirse en un cálido beso. Francisca le atrajo a ella con ansia. Su calor era lo único que le aliviaba del miedo. – Lo logré. Tengo las pruebas para meterle en la cárcel Francisca. Todo ha acabado.
- Pero… ¿cómo?
Raimundo pasó a detallarle todo lo que había investigado. Después le mostró la foto del verdadero Salvador Castro. Francisca no podía creerlo.
- Y ¿está aquí?
- Sí, quiso tenerle frente a frente y no supe decirle que no. – admitió Raimundo
- Raimundo antes de bajar quiero decirte algo.
- ¿Qué?
- Nuestro amor nos va a volver a dar un hijo.
Raimundo la miró anonadado.
- ¿Estás… segura? – preguntó Raimundo emocionado al ver que Francisca asentía. Después Raimundo la abrazó con fuerza antes de comenzar a besar el vientre de Francisca con amor y llenándolo de caricias. Francisca reía por la felicidad. Al fin eran libres.
#6445
Crippy
Crippy
27/02/2012 00:08
En este hilo hay un derroche de talento importante. Entre los retos "siamesiles" Laury que lo mismo te pone a Rai bailando que sufriendo y Natalia con el beso tierno tierno de Rai... me vais a matar!

Yo os dejo aquí a nuestra Paquis entrando a imponer orden al País de los Osos Amorosos!!!!

elrincondefranciscayraimundoesteamorsemereceunyacimientotundatundagraciasmariayramon
#6446
Kerala
Kerala
27/02/2012 14:47
Fantásticos los relatos, Laury y Nati guiño

Crispi, me muero jajajajajajaja
pero que sepas que me has destrozado ya a los Osos Amorosos hum ¡Con lo que me gustan a mí! Aunque ya me han destrozado antes a Tarta de Fresa que me encanta desde criaja ¬¬
¿Algo más?

(¿y el huevo kinder?? jajaja)

P.D. Empieza nuestra semana grande fiesta
#6447
laury93
laury93
27/02/2012 15:39
Cris eres demasiado!!! pobreta Paca con esa cara mala leche, pero lo que me he reido no tiene precio!
Natalia precioso el realto
Bueno, me voy a estudiar, pero antes od dejo un poquete... como esta semana se que estareis contentas no pasa nada si meto un poco de drama, verdad? jeje

AMORES QEU MATAN

Por fin, entre la maleza del caminó creyó ver a alguien que corría hacía ella, era solo un crío se dijo, pero se dirigía a ella. Sin mediar palabra el niño le dio una nota y volvió a salir corriendo en la dirección contraria. Extrañada, abrió la nota y la leyó con cierto temor.

Francisca, reúnete conmigo en el viejo puente que da nombre al pueblo. Sé que no te gustan las sorpresas, pero está será distinta, lo prometo.
Raimundo

Intrigada, pero a la vez preocupada miró a su alrededor. Aún le quedaba un trecho considerable hasta el puente. No hubiera sido mucho a pie, sin embargo con aquella maldita silla le costaría una eternidad. Ese maldito hombre debía de saberlo. Se puso en marcha hacia el punto de encuentro que Raimundo había convenido con ella, sin dejar de pensar que él debería haber sabido lo que le iba a costar… si lo sabía, ¿por qué la hacía ir?

El puente estaba tal y como lo recordaba. No pudo evitar sonreír al rememorar los paseos por aquellas antiguas piedras que se elevaban sobre el río, pero su sonrisa se tornó en una expresión amarga… paseos. Bueno, mejor no pensar en aquellas cosas. Respiró profundamente, intentando concentrarse en el único pensamiento que podía devolverle la alegría, aunque fuera fugazmente: Raimundo. Pero… ¿Dónde estaba? Miró a su alrededor. Los pájaros volaban de un árbol a otro, el frío se hacía notar en el vapor que se escapaba de sus labios, flores que dormitaban esperando tiempos mejores, el sonido del agua… pero ni rastro de él.
- Raimundo.- Se atrevió a gritar.
- Siento desilusionarte, Francisca
Se giró hacia origen de aquella voz que conseguía penetrar en lo más hondo de su ser, arañando sus oídos, su corazón, mientras un escalofría la recorría. Por un momento, no supo que pensar, se preguntó que qué hacía ella allí, y lo peor no era no saber la respuesta, sino que solo se le ocurría una posible respuesta.
- Águeda. – dijo
- Hola, un día precioso, ¿verdad, Francisca? Raimundo ha tenido una gran idea al citarte aquí.
No, Raimundo, no.
- ¿Qué quieres?
- Todavía no me has agradecido que te prestara el carruaje, aunque no importa, sé que en mi situación hubieras hecho lo mismo.
- Por supuesto- O no, se dijo.- Águeda, me alegro de verla de nuevo, pero estoy esperando a alguien.
- Lo sé, a Raimundo, él también me ha citado aquí.
- ¿Cómo? No, no puede ser, ¿por qué?
- Mi querida Francisca, siento ser yo quien le de esta noticia, pero vamos, ¿acaso no se lo imaginaba? ¿De verdad ha sido tan ilusa como para creer que Raimundo podía estar interesado en usted? Tras tanto tiempo, sus artimañas y su… nueva situación- dijo mirando la silla con desprecio.
- Será hipócrita. Lo único que le molesta es que incluso con todas esas cosas que ha enumerado Raimundo dejase de verla para venir a ayudarme.
- ¿De verdad lo cree? Francisca, mi pobre y orgullosa Francisca- su voz había adoptado un tono meloso- lo cierto es que Raimundo nunca dejó de verme. Venía cada noche para saciar los instintos que usted no podría mitigar- aquellas palabras se hundieron como una daga en su corazón- y después, mientras descansábamos, él me contaba lo que habían hecho, sus ridículos poemas, los paseos… no se imagina lo que nos reíamos al pensar que tú le creías enamorado.
- Mientes- intentaba con todas sus fuerzas pensar que así era
- ¿Miento? ¿Acaso te faltan pruebas? Podría decirte todo lo que habéis hecho estos días. El propio Raimundo te ha abandonado en mitad de ninguna parte y te ha citado en un lugar dejado de la mano de Dios donde casualmente me encuentro. Mi dulce Francisca, desengáñate, no existen tales casualidades, él me dijo dónde y cuándo y te ha traído hasta mí como si de un cerdo que va al matadero se tratase.
- ¿Y por qué habría de hacer eso?
- Porque yo se lo pedí, claro
- ¿Pero por qué? ¿Qué le he hecho para que me odie así?
- Es algo más que odio, Francisca, es una rabia que me consume, indignación, desprecio, y sí, la odio, con cada fibra de mi ser, la detesto con todas mis fuerzas y haría cualquier cosa por acabar con usted.
Francisca la miró horrorizada. Aquella santa mujer ante los ojos del pueblo entero no era más que un feroz lobo disfrazado de cordero, y ahora que se había deshecho de su disfraz, Francisca podía ver en sus ojos una maldad sin límites, un profundo odio y, lo que más la asustaba, la locura que consumía su interior.
- ¿Qué quiere de mí?
Águeda había permanecido a una distancia prudencial de ella, pero comenzó a acercarse, lentamente, sin dejar de mirarla, disfrutando de aquel momento. Por fin, aquella a la que apenas conocía pero que había sido la causante de todos sus males, estaba a punto de desaparecer y cuando lo hiciera, ella podría comenzar a vivir.
- Quiero que haga algo muy sencillo. En realidad, solo miro por su bien, es lo mejor, Francisca. Tu hija se ha estado confesando con Olmo, te aborrece, incluso prefería que hubieras muerto en la operación. Raimundo, el amor de tu vida, solo ha estado jugando contigo, me ama a mí y te a engañado a mi voluntad, nunca has significado nada para él. Yo tengo la mayor parte de tu hacienda, tu economía decae sin control y eso solo cuestión de tiempo que me haga con todo. Estás postrada en una silla de ruedas para el resto de tus días, sin andar, correr, sin poder ser libre ¿De verdad quieres seguir con esta vida? Hazle un favor al mundo, a tus hijos, al pueblo… a ti misma y pon fin al sufrimiento. –
Dirigió una mirada fugaz hacia el río. Un profundo precipicio se abría paso entre los lados que unía el puente, incluso con la silla, saltar, morir, sería tan fácil pensó.
- No- murmuró Francisca intentando contener las lágrimas
- ¿No? ¿Y por qué postergar lo inevitable?
- Tristán…
- Tristán te odiará en cuanto se entere del pequeño secretito que has estado ocultándole- Francisca la miró sorprendida- Yo lo sé todo de ti Francisca, pero tú no sabes nada de mí. No sabes lo que puedo llegar a hacer, ni te interesa conocerlo. Si no te tiras me encargaré personalmente de que me supliques clemencia.
Francisca no tenía fuerzas para seguir hablando. Águeda la empezó a empujar suavemente, dejándola justo en la orilla, un pequeño soplo de viento, un ligero movimiento y todas sus penas se acabarían. Francisca no quería saltar, no quería acabar así; pero tampoco quería vivir en aquel mundo que le había destrozado tantas veces el corazón, que la había desgarrado, apaleado, abandonado. Lo que más le dolía era que Raimundo había aceptado llevarla hasta su muerte. No podía ser, cómo la había engañado así, cómo… si sus ojos estaban llenos de amor, si la había cuidado, ayudado. Cómo había podido dejarla de esa manera, su propia alma era ya un abismo más profundo que el que se abría ante sus pies, y al sentir el dolor que atenazaba su pecho imaginando a Raimundo riéndose de ella en la cama de otra pensó que saltar no era tan difícil. Solo unos centímetros más, y podría olvidar…

Uyuyuyyyy qeu pasara???
#6448
Franrai
Franrai
27/02/2012 18:17
A ver si no me dejo nada que hace unos días que no comento :P

Cris, adoro tus montajes, son todos geniales. Si hay algo que voy a echar en falta cuando muera la Bicha es esto y el BORA.

Laury, igual vales pa' un roto que pa' un descosio. Te has pasado de la comedia al drama en 0'0 segundos. Espero que mi Paca no se tire, que no se va a tirar, pero por si acaso. Mira que es maala la Bicha.
Del otro mini, que angustia por favor. Me ha dolido más el agarre de Raimundo a mi que a ella, por suerte todo se soluciona al final :)

Y las siamesas, adoro vuestros retos, chicas.
Ruth, precioso. Perfecto. No sé que decirte que no te haya dicho ya. Me ha encantado.
Miri, genial. De veras, maravilloso. Ese anillo recuerdo de aquella boda frustrada.
Quiero más retos como esos.

Nati, que tierno, por favor. Que asco le tengo a Salvador. Pero ese monstruo no es capaz de eclipsar esos besos de Raimundo. Son adorables.


Os quiero a todas, mis preciosas. Besos.


EDITO:
Escenas destacables del cap. de hoy

-Grande escena de Francisca con la Bicha. Es maravillosa esta mujer. (Parte 1, minuto 5:19)

-Raimundo se niega a pedirle dinero a Voldemort, aun sufriendo el rechazo de Emilia y Alfonso. (Parte 1, minuto 9:25)

-Francisca en la Casona. Pepa se presenta para saber que le ha hecho a su mami. Mariana también le planta cara a Francisca. (Parte 2, minuto 2:22)

- Con diez cañones por banda,
viento en popa, a toda vela,
no corta el mar, sino vuela
un velero bergantín.
Bajel pirata que llaman
por su bravura, el Temido,
en todo mar conocido
del uno al otro confín.

Me ha encantado esta escena padre-hijo interrumpida por el gran Hipólito. Maravilloso viéndolo recitar a nuestro ya conocido Espronceda jaja Genial. (Parte 2, minuto 4:36)

(Estas primeras 4 escenas son las primeras del cap. van todas seguidas)

-Escena de la despedida de Sebastián snif (Parte 5, minuto 6:33)
#6449
Kerala
Kerala
27/02/2012 23:15
Relato homenaje a la página 369 a la que no hemos llegado, pero como me habeís pedido "amablemente" que cuelgue un trozo (jajaja) aquí va la primera parte.


"ADDICTED TO YOU" (1ª PARTE)


(que no se diga que en PV no se saben idiomas jajajaja)


Raimundo resoplaba después de escuchar por quinta vez el sermón de su hija. Y así llevaba todo el día. ¡Por una simple contractura en el cuello! Nada que un poco de hielo no remediara. Mañana estaría como nuevo. Pero en ese momento se arrepentía de haber cargado con aquellas cajas de vino. Por ahorrarse un paseo, ahora tenía el cuello destrozado.

– Emilia, te he dicho que estoy bien y que no pienso ir a ver a la doctora Casas por una tontería como esta -. Se dio media vuelta dejando a su hija plantada en mitad de la taberna.

– Muy bien -. Se dijo Emilia. – Pues si él no quiere ir al médico, iré yo misma -.

……………………………..

– Mira que eres cabezota Raimundo -. Don Anselmo, junto con Hipólito que también andaba rondando por allí, amonestaba a Raimundo por no querer ir al médico. - ¿Ves? Tu cara refleja el dolor que te empeñas en decir que no sientes -. Le señaló con el dedo índice al ver cómo contraía el rostro debido a un pinchazo en el cuello por intentar alcanzar una de las botellas del estante.

– ¿Usted también va a leerme la cartilla? -. Se llevó la mano al punto justo donde notaba el dolor. – Estoy bien. No hay más que hablar -.

– Pero Don Raimundo… -.

– Hipólito… -. Le cortó. – Ni una palabra más -.

……………………………..

Emilia deshacía en un mortero una de las pastillas que la doctora Casas le había recetado para su padre. Le expuso su dolencia así como la cabezonería típica de los Ulloa. Aquel antibiótico le calmaría el dolor, pero le advirtió que estas no debían mezclarse con bebidas estimulantes como café o té. Emilia no le dio mayor importancia pues su padre no era dado a ninguna de esas dos bebidas.

Mezcló la pastilla ya deshecha con el plato de comida de Raimundo. Poco más que había echado a su padre de la cocina para poder llevar a cabo tal menester. No iba a permitir que por una cabezonería mal entendida, siguiera sufriendo aquellos dolores que estaban afectando ya a su carácter. Estaba de un humor de perros y los clientes habían empezado a expresar su malestar. Como siguiera así, terminarían por quedarse sin clientela.

Pensó que quizá un poco de comino disimularía el sabor. Por eso fue a la despensa a buscarlo, momento en el cual, Alfonso entró en la cocina. Él estaba también preocupado por Raimundo. Emilia le había hablado esa mañana de las pastillas que la doctora le había recetado para él. Bajó la mirada hacia el frasco que escondía entre sus manos. Emilia lo había dejado olvidado en la habitación y a él se le ocurrió que podría mezclar una de las pastillas con la comida de Raimundo.

Por eso abrió el frasco volcándolo sobre la palma de la mano. Tomó una de las pastillas y guardó el resto de nuevo en el frasco. La machacó con ayuda de un mazo y después la mezcló en el plato de comida que Emilia tenía sobre la mesa de la cocina. Sabía que era el de Raimundo, pues ellos dos ya habían comido un rato antes. Con la ayuda de una cuchara, removió bien la comida para no levantar sospechas. Trató de dejarlo todo como estaba y salió de la cocina.

…………………………

– Aquí tiene…que…le aproveche -. Le dijo Emilia con toda intención. La puerta de la taberna se abrió y Don Anselmo se acercó hasta ellos. – Buenas padre, ¿le sirvo un poco de potaje? Mire que hoy me quedó buenísimo -.

Don Anselmo le sonrió. – No, gracias muchacha, ya he comido. Pero sírveme un vaso de vino si no te es molestia -. Se quitó el sombrero. – Me quedaré aquí charlando un rato con el cabezota de tu padre -.

Emilia le sirvió un vaso y después los dejó a solas. Raimundo siguió comiendo tranquilamente no queriendo prestar atención a la mirada del cura, que se había clavado en él desde el mismo momento en que se sentó en la silla de enfrente. Pero tan penetrante e insistente era que al final, Raimundo dejó caer la cuchara de mala gana sobre el plato y le miró.

– ¡¿Qué?! -. Se arrepintió al instante de haber levantado la cabeza de manera tan brusca. Un nuevo pinchazo en el cuello le hizo fruncir el ceño, maldiciendo por lo bajo.

– No seas hereje Raimundo y tómate una de estas -. Arrastró un frasco sobre la mesa hasta ponerle a su altura.

– ¿Qué se supone que es eso? Ya le dije que no es necesario. Este dolor pasará pronto -.

Raimundo seguía negándose, aunque con menor vehemencia que ayer pues el dolor no había remitido sino que se había incrementado hasta hacerle retorcer.

– Estas fueron las pastillas que me recetó la doctora cuando estuve igual que tú hace unos meses, y fueron mano de santo te lo aseguro -. Se quedó en silencio observando cómo Raimundo miraba el frasco. – Vamos, tómate una y deja de padecer inútilmente -.

Él miró el frasco y suspiró. Podría tomar una de esas pastillas y el dolor desaparecería al menos durante unas horas. Además, más tarde tenía que pasarse por el Jaral para hablar con Águeda de los preparativos de la boda. Silenció la voz interior que le gritaba que aquel compromiso no era más que un error y abrió el frasco cogiendo una de las grageas. La tragó dando un largo sorbo de agua después para ayudar a que bajara.

– Ya está. ¿Contento? -.

Don Anselmo no dijo nada, pero a cambio le ofreció una gran sonrisa.

…………………………

Se sentía estupendamente. Desde luego, ese condenado cura tenía razón. Si hubiera entrado antes en razón tomándose una de aquellas pastillas, se habría ahorrado muchas horas de sufrimiento inútil.

– Buenas tardes, Don Raimundo -.

Hipólito entró en la taberna con su habitual desparpajo. Esta vez llevaba algo entre las manos y casi lo tira al suelo al tropezarse con una de las sillas.

– Cuidado muchacho, que me destrozas el negocio -. Sonrió. - ¿Qué es eso que llevas ahí? -. Miró con curiosidad la tartera que llevaba entre las manos. - ¿Vienes acaso llamado por el aroma del potaje de Emilia? -. Se carcajeó.

– Se equivoca de cabo a rabo, Don Raimundo -. Le puso la tartera frente a la cara. – Aquí le traigo un plato especial que han cocinado estas dos manitas especialmente para usted -.

Raimundo arqueó una ceja mirando con recelo lo que Hipólito le ofrecía. ¿A cuento de qué le tenía que preparar algo a él? ¿Y cómo podría negarse? El muchacho estaba ilusionado y él no tenía ganas de hacerle sentir mal.

– ¿No va a probarlo? -. Le dijo con pena. – Yo que se lo traía con toda mi ilusión deseando que usted fuera el primero en probar el resultado de mis recién descubiertas artes culinarias… -. Bajó la cabeza apenado. – No, si ya me lo decía mi madre: “Hipólito, eres un auténtico negado para…” -.

– ¡Calla ya de una vez y dame esa dichosa tartera! -. Probaría un poco de ese mejunje con tal de que cerrara la boca de una vez. Cogió una cuchara de madera y se la llevó a la boca con un poco de ese engrudo asqueroso.

Por su parte, Hipólito sonreía satisfecho. En su afán por ayudar a Raimundo había disuelto una de las pastillas que tenía su padre en el colmado. Se jactó disimuladamente por haber cumplido su misión. En unos pocos minutos Raimundo se sentiría más que aliviado.
#6450
estonic
estonic
27/02/2012 23:26
Esa Cris!! Esa Criss!! oe oe oe

carcajada carcajada carcajadaBuenísimo lo de los osos amorosos. Me encantan.

Y mi Paca carcajada carcajada carcajada Que se ha puesto to cachas.

Un Ole por ti!!! bravo bravo bravo bravo bravo
#6451
melisalaura
melisalaura
28/02/2012 02:41
Para los que aún creen que este amor es posible (aunque sea en el capítulo 400)
#6452
laury93
laury93
28/02/2012 09:59
Hola, hola, voy corriendo asi qeu comento luego, os dejo un mini capi y luego sigo...

AMORES QUE MATAN


Tenía la boca seca. Un penetrante dolor le martilleaba la cabeza. ¿Qué ha pasado? Fue lo primero que se dijo. Intentó abrir los ojos, pero la cabeza le dolía demasiado y la luz que se encontró al abrir los párpados amenazaba con cegarlo. Se acostumbró a la luz lentamente mientras se llevaba la mano a la cabeza, sintió algo húmedo y tibio, y al bajar la mano se dio cuenta de que se había teñido se sangre. Pero aquello no era lo único, estaba atado. Sus manos estaban rodeada por una gruesa cuerda que apenas permitía fluir la sangre a la punta de los dedos, los tobillos también habían sido atados. No se explicaba cómo había llegado hasta allí, intentó hacer memoria y a su mente llegó el recuerdo de unos pasos, un fuerte golpe y…Francisca. Estaba sola, la había dejado en el camino haría… no sabía el tiempo que había pasado, pero a juzgar por la sequedad de su boca y la sangre seca a su alrededor, demasiado tiempo. No sabía dónde estaba, ni quién podía haber hecho aquella locura, pero tenía que salir de allí y buscarla. No hubiera podido explicarlo, pero algo dentro de él lo urgía a apresurarse. Dónde estaría Francisca. No podía soportar aquella duda que lo corroía, aquella sensación como si estuviera a punto de pasar algo espantoso, ¿y si iba pasar? No, no podía pensarlo. Tenía que salir de allí, tenía que concentrarse en encontrar una escapatoria, pero cómo. Respiró profundamente, recapacitando. Se miró una y otra vez las cuerdas que lo apresaban. Eran gruesas pero no parecían haber sido atadas por un experto, con algo de maña, si llegara a sus tobillos. Ya no estaba tan ágil como en sus años jóvenes y le costó llegar al nudo que apretaba la piel de sus piernas, aunque en aquel momento no sentía el dolor, ni siquiera tenía miedo, una única sensación se había apoderado por completo de él: la de salir de allí y encontrar a Francisca.
La cuerda cedió por fin ante su insistencia y pudo levantarse del suelo. Sintió un leve mareo, pero se repuso enseguida, o había tiempo que perder. Se dispuso a correr ante la puerta, pero paró. Había escuchado unos pasos, de eso estaba seguro. Lo habían golpeado. Miró a su alrededor, pero no se habían llevado nada, ni siquiera parecía que se hubieran molestado en buscar nada. Y lo habían atado, entonces, lo querían mantener ocupado, ¿para qué? Solo una respuesta vino a su mente: Francisca. Algo, algo le había pasado, quizás los hubieran seguido, lo hubieran visto irse, la hubieran cogido, él era un tabernero pero ella tenía muchos cuartos y estaba indefensa. Pero cómo había sido tan estúpido como para dejarla sola en su estado, él lo había provocado todo. No, no era momento para reproches, ya lo haría cuando la encontrara. Primero tenía que averiguar dónde estaría. Miró desesperado a su alrededor, qué podía hacer, qué… entonces se dio cuenta de un pequeño detalle. Lo único de aquella habitación que sí parecía haber sido tocado era el lápiz y el papel de cartas sobre su mesa, no estaba como él lo solía colocar. Se le ocurrió un pequeño truco que había leído en muchas novelas. Difuminó el carboncillo sobre la hoja para dejar entre ver las líneas que alguien había firmado en su nombre. Ya sabía dónde estaba, salió corriendo, lo único que podía hacer era rezar por llegar a tiempo.

El abismo que se abría ante sus pies era cada vez más atrayente. Lo cierto era que cuanto más lo pensaba más razón tenía aquella insufrible mujer. ¿Qué era su vida? Una mentira, una burda broma del destino, un esperpento. ¿Y ella? El vano y lejano reflejo deformado de la mujer que un día fue. Aún así, y aunque deseaba acabar cuanto antes con aquella farsa que llamaba existencia, había algo de ella que la retenía en la orilla. Y además había algo que aún la intrigaba.
- Si voy… si voy a morir- dijo por fin Francisca- antes quiero saber por qué me odia tanto, ¿qué le he hecho?
- ¿No lo sabe? ¿No lo imagina? La gran Francisca Montenegro, cacique, gran señora y la persona que destruyó mi vida, mis sueños, yo solo era una cría y por su culpa todo mi mundo se desmoronó.
- Pero si apenas la conozco, ni siquiera cuando era una niña la vi.
- No, no me conoció, y aún así… me quitó lo que yo más amaba.
- ¿No sé a qué se refiere?
- No lo entiendes, nunca lo has entendido. Yo amaba a Salvador Castro con todo mi corazón y él me amaba a mí. Podíamos haber sido felices, podíamos haber estado juntos, pero tenía que regresar a tu lado.
- Salvador era incapaz de sentir amor, Águeda, te utilizó, ¿no lo ves?
- No te atrevas a decir eso. Él me amaba, y claro que podía sentir, no creas que no sé la verdad sobre ti, Francisca, Salvador me lo contó todo, me contó cómo lo usaste para enriquecerte y tapar tu vergüenza y cómo lo tenías atrapado por sus hijos y sus más queridas posesiones. Salvador me confesó que lo dejaría todo y huiría conmigo, pero que tú lo tenías encadenado porque no le dejarías que se llevase nada ni que volviera a ver a su hijo.
- Todo eso era mentira Águeda, ¿no lo ves? Salvador era un ser manipulador que solo quería meterse entre tus faldas.
- ¡Mientes! Él era bueno, amable, me quería… No tienes ni idea- su voz era pura rabia- No sabes lo que le quería, tanto que cuando se marchó creí que moriría de dolor. Y lloré, lloré como nunca había llorado y con cada lágrima te maldecía porque tú eras el único obstáculo que nos separaba. Cuando supe que estaba embarazada, él me dijo que abandonara a mi niña, porque sabía que si te enterabas de que había tenido una hija con otra, con una mujer que realmente le daba lo que quería y a la que amaba, tú enfurecerías y hubieras podido atentar con la vida de nuestra pequeña, el fruto de nuestro amor. Todo el dolor, la rabia, la pena que sentí al tener que dar a mi hija a una vulgar partera la concentré en desear cada segundo de mi vida, con toda la fuerza de mi corazón tu muerte. Porque si tú morías, sabía que él vendría a mí y seríamos felices.
- Pobre insensata, ¿no te das cuenta que tus palabras no tienen sentido? Él nunca te quiso, todo eso te lo dijo para encamarse contigo, nunca le importaste un ápice.
- Cállate- se acercó a ella y descargó toda su rabia contra el rostro de Francisca.- No vuelvas siquiera a pensarlo, él me amaba como yo a él. El peor día de mi vida fue cuando supe de su muerte, cuando creí todas mis esperanzas de una vida feliz a su lado, muertas con él. En aquel mismo instante me juré a mí misma que acabaría contigo Francisca Montenegro, que no descansaría hasta hacerte pagar lo que me has hecho sufrir. Me casé con el viejo Mesía para usar su dinero y todo lo demás ya lo sabes. Ahora, no me hagas perder más el tiempo y tírate, o yo misma te empujaré.
- Puede que vaya a morir, pero quiero que sepas algo, Águeda, mi muerte no te traerá la felicidad, porque la felicidad con la que soñabas no existe. Salvador era incapaz de amar a nadie y cuanto antes veas que te usó antes podrás encontrar la dicha. Yo no he tenido una vida feliz, pero he sabido lo que es la felicidad, quizás conocerla para perderla es más cruel que no haberla tenido. Pero el caso es que el amor, el amor de verdad, no tiene nada que ver con lo que tú sentías por él.
- Salta de un vez y deja de decir insensateces
- Solo quiero pedirte un pequeño favor, una última voluntad.
- ¿Cuál?
- Cuida…- Una lágrima se escapó corriendo por su mejilla- Cuida de Raimundo.
Se agarró con firmeza a las ruedas de la silla y comenzó a avanzar, lentamente. Ya podía sentir el viento que la incitaba a desprenderse, cuando de pronto, se escuchó algo, priemro un eco lejano, luego un grito angustiado, y creyó escuchar:
- ¡Francisca!
#6453
mariajo76
mariajo76
28/02/2012 11:09
Bueno por fin tengo tiempo de comentar así que espero no dejarme nada

Lo primero lo de la muerte de Águeda, pues que queréis que os diga, pues que me alegro, me resultaba un personaje empalagoso, aburrido y cansino a más no poder así que gracias por los servicios prestados y hasta luego Lucasssssssssss.

Mi Rai...es que este no es mi Rai, es una sombra, espero que a partir de este momento vuelva de donde lo hayan guardado y sea otra vez ese personaje maravilloso, la escena con Francisca, esos ataques gratuitos...no, definitivamente ese no es el Rai que conozco.

Mi Francisca, mi María guapa, ¿qué voy a decir? que eres increíble, fantástica, maravillosa y que tengo unas ganas enormes de que te levantes de esa silla tu pose altiva es inigualable, te adoro con el alma María guapa.

Y los relatos:
Siamesas sois las leche, de verdad que me dejais siempre con la boca abierta, ya que a los guionistas no les da para mas es un lujazo contar con vuestro talento en este hilo. RIRI loca me tienes con el último relato aunque...¿no crees que te has pasado un poquito? ja ja que el hombre va a ver Pacas en colores

Natalia que ternura ese Rai acariciando la tripita de Francisca, y que asco me da Salvador por favor, menos mal que el amor triunfa (por lo menos en nuestras historias)

Pequeñaaaaaaaaaaa RIRI PLAYA ja ja, estas fatal, esa Pacahulk es una pasada, casi me meo y del montaje Raipaquista pues que te voy a decir, que de esta serie directas al Vaticano para que nos beatifiquen por que a paciencia y a moral no nos gana nadie.

Melisa que preciosidad de video y de música, basta mirar esas imágenes para que no tenga ninguna duda de por que adoro a estos dos, son simplemente únicos, que historia de AMOR, aunque ahora nos quieran hacer creer otra cosa. Por cierto mándame un privado y cuéntame que problema tienes para entrar en el chat a ver si te podemos echar una mano.

Laury me encanta cuando escribes en plan de coña y me haces reir a carcajadas pero cuando escribes "en plan serio" también es una gozada leerte, este relato me tiene con el corazón encogido, si ya le tenía manía a la bicha ahora lo que me da es auténtico asco, si te da tiempo sigue un poquito entre clase y clase que lo has dejado en un momento que....

Y para terminar mi super tocho decirles a todas aquellas que piensan que si que hay amor entre la bicha y Rai que un amor tranquilo y sin pasión se ha llamado de toda la vida AMISTAD
#6454
melisalaura
melisalaura
28/02/2012 12:35
Mis niñas espero que les guste a todas el vide, lo hice para recordar aquellos dias que se declaraban su amor a escondidas entre desmayo y miradas , que lástima que por ahora no se repitan esos momentps esperemos que recrecen esas escenas .

Mariajo, ayer entre en el chat entre cirugía y cirugía escribí algo, mi niña yo no era tu mascota ja ja ja, hoy no creo que puede conectarme tengo mucho trabajo un besotes a todas, voy corriendo , en la noche escribo, buen dia pasen.
#6455
Kerala
Kerala
28/02/2012 20:19
buenas!

Hoy he podido ver el capítulo en directo fiesta
Destacable y que me haya gustado:

- El momento en que Pepa va a la Casona para invitarles a la fiesta de compromiso de su madre. Lo siento pero... ¡Qué grande es mi Paca!

- El bofetón (aunque llamarlo así me parece irrisorio) de la bicha a Olmo, ha sido de risa. Yo por lo menos me he descojonado viva mientras lo veía.

- La escena Rai-Tristán en la conservera me ha encantado. El soldado le gritaba a Rai y eso que le tenía al lado jajaja. Curioso... ¡Y qué bonito ver a dos hombres tan enamorados juntos! Era palpable el amor que ambos sienten por sus "novias" (JA JA JA que me parto)

- Ver a Rai llorar es superior a mis fuerzas. No lo soporto aunque llore por la bicha snif

- Preciosa mi Paca con su vestido verde si

Creo que no me dejo nada de lo que me ha gustado. Lo mejor del capi como siempre Francisca Montenegro. Y Raimundo, que a pesar de que haga el tonto, es mi debilidad.

P.D. Si quereis leer la continuación del relato, ya podeis llegar a la página 369 enseguida! que ya está terminado.

P.D.2. María...RIRI... nos vemos pronto!!! (la semana del 12 nos teneis allí guiño )
#6456
MrsT
MrsT
28/02/2012 20:43
De hoy sí que ya no podía pasar que no me desfilara por nuestro rinconcito de una manera un pelín mas decente, ya que desde que nos hemos vuelto más Chat-inas y Chat-ín (eh Chusiño!) pues claro, yo en estas últimas semanas no daba abasto y es aún hoy que me puse al día con ciertos relatos!

bueno, hoy he visto el capi, he visto a Rai 'supermegailusionado' (modo retranca gallega on) por su eminente compromiso con la bicha ( o su amiga como bien diría Mariajo). Vi a Águeda caer, sobre todo para cerciorarme que realmente la palma. me ha dado algo de congoja ver a Rai sufrir, pero sobre todo a mi Paca mirándolo con carita de pena por verlo llorar por la otra. y aunque sea aún mañana que la Doc certifique su muerte, por si acaso no me paso, yo ya entono hoy el Rip Rip Hurra! Hasta la vista baby! has caído pesada hasta para morir!

la más grande del capi como siempre ha sido la Paca, mi Mariquiña, mi debilidad, te adoro!!! Cómo se la devolvió a Pepa, qué a gusto me quedé! Qué guapa estos últimos capítulos y hoy con su vestido verde.

Me da pena cerrar el Bora eso sí, o que nos hemos reído mucho a ver como lo rematamos!! jeje
Crispitina, tus montajes han sido la caña todos! Esperemos seguir en la misma linea pero sólo con nuestros dos o al menos con un buenorro para la Francis.

Laury, qué manera de fabricar relatos niña! tengo el corazón en un puño, sácame a la Paca de ahí ya! Qué sufrimiento!

Melisalaura, qué alegría haberte visto ayer por el Chat! qué video más bonito! se me erizó la piel con esa canción de Shakira. Gracias!

RIRI, asíque esperando llegar a la 369 no? pues yo también, porque I AM ALSO ADDICTED TO YOU!!!!!!
#6457
mariajose1903
mariajose1903
28/02/2012 20:53
No he visto el capi hoy!!! Luego lo vere pero con tal de leer a ruth escribo lo que sea... A ver si llegamos a la pag 369.

Besos a todaaaas!!!


Edito: yujuuuuu ruth he pasado de paginaaaaaa!!!
#6458
Kerala
Kerala
28/02/2012 21:17
bueno, 369!! allá vamos! esperando que os guste guiño

"ADDICTED TO YOU" (2ª PARTE)

[/b]


– ¿Desea que le sirva un poco más de té? -.

Águeda tomó la jarra entre sus manos manteniéndola en el aire esperando la respuesta de Raimundo. Esté le contestó afirmativamente acercándole su taza.

– ¿Qué le parece si empezamos a organizar los preparativos del compromiso? -. Raimundo dio un sorbo evitando dar la respuesta que en realidad quería dar, ofreciéndole una sonrisa forzada a cambio. ¿Cómo había podido meterse en ese lio? Todo por ser un cobarde incapaz de afrontar sus verdaderos sentimientos. - ¿Qué tipo de flores le gustarían? Los lirios son los más apropiados en una celebración de este tipo, ¿no cree? -. Siguió hablando ella.

Él se limitó a sonreír mientras apuraba la taza de té. Tal vez lo más conveniente sería tomarse otra. Al menos mantendría sus manos ocupadas sus manos. Cogió la jarra y se sirvió una nueva taza. Empezaba a notarse un poco agitado y creyó que otro té le calmaría un poco esa ansiedad.

Pasaron varios minutos en los que él se limitaba a escuchar mientras Águeda no dejaba de parlotear sobre flores, manteles de hilo egipcio y quién sabe qué más tonterías. ¿Cómo no se había dado cuenta de lo molesta que le resultaba su voz? ¡Por todos los demonios, solo quería que se callara un rato! Miró su taza extrañado. ¿Qué clase de té era aquel? Sentía una especie de fuego quemándole las entrañas. Se aflojó un poco el corbatín buscando un poco de oxígeno. ¿Se estaba empezando a sentir… excitado? Empalideció ante ese pensamiento. Miró a Águeda con cautela. Nunca había experimentado esa sensación estando junto a ella, así que no era capaz de encontrar explicación a su estado.

– Raimundo ¿se encuentra bien? -. Le preguntó ella preocupada al mismo tiempo que le rozaba la mano con la suya. Él la apartó casi de inmediato. Tenía la piel extremadamente sensible. ¡¿Qué es lo que le estaba pasando?!

– Sí, no se preocupe. ¿Hace un poco de calor aquí, no? -.

Ella se levantó entonces y fue hacia la ventana. – Abriré un poco para que entre algo de aire -.

– Eh… gracias Águeda -.

Volvió a su asiento y siguió hablándole sobre el convite y los invitados ilustres que acudirían al enlace. Raimundo se iba sintiendo cada vez peor, y ya no solo eso. Esa mujer le estaba levantando un tremendo dolor de cabeza.

– Por todos los santos, qué pesadez… -. Pronunció fastidiado, en un susurró poco audible.

– ¿Decía algo, Raimundo? -. Águeda le miró extrañada.

– ¿Eh? -. Ya tenía el corbatín de la mano. – Decía que si quería un poco más de té… -. Disimuló.

Ella sonrió negando con la cabeza y prosiguió con su charla. Él no estaba prestándole ninguna atención. Bastante tenía con tratar de controlar su extraño estado, hasta que de pronto, algo de lo que ella dijo le llamó poderosamente la atención.

– ¿Francisca? -. Fue pronunciar su nombre y cierta parte de su cuerpo cobró vida propia, haciéndole sentir visiblemente incómodo.

– Como le digo. Esa odiosa mujer vino a llenarme la cabeza con un montón de tonterías sobre usted y yo -. Se puso en pie. Estaba agitada porque en el fondo intuía que él aún albergaba sentimientos por Francisca.

Raimundo encontró de repente una excusa para huir del Jaral.

– No se preocupe Águeda. Iré yo mismo a llenarla… -. ¿Llenarla? Raimundo, ¿en qué estás pensando? . – …quiero decir… a exigirle de manera taxativa que no vuelva a inmiscuirse en lo que no le interesa -. Se pudo en pie, besó cortésmente su mano y salió rápidamente de allí.

………………………………

Estaba que se la llevaban los demonios. Esa mujer melindrosa al final se iba a salir con la suya. Y aunque estaba segura de que había conseguido sembrar la duda en su idílica historia con Raimundo, no sería suficiente y terminaría casada con él.

¡Con su Raimundo!

¿Y él? ¿Cómo podía haberla sustituido por esa mujer? Eran como el día y la noche. No se parecían en nada. Afortunadamente pensó. Además Águeda no había tenido que soportar todas las desgracias que a ella le habían hecho ser más fuerte convirtiéndola en lo que era hoy en día.

Sí, pero será ella quien se case con Raimundo

¡Maldita sea! Si al menos tuviera alguna prueba de que él seguía amándola, por mínima que fuera, estaría dispuesta a luchar por su amor. Y no permitiría que nadie se lo arrebatara. Pero debía reconocer que sus últimos encuentros con Raimundo habían sido de todo menos pacíficos. Y ahora él iba a casarse. Si le tuviera delante en ese momento…

Estaba tan furiosa que no sintió cómo la puerta del despacho se abría. Solo pudo percatarse de que había alguien junto a ella cuando escuchó el estruendo de la misma al cerrarse. Se giró extrañada pues nadie había en la Casona. Solo estaba ella.

Era Raimundo.
#6459
Kerala
Kerala
28/02/2012 21:20

"ADDICTED TO YOU" (3ª PARTE)

[/b]

Fantástico. Estupendo. Seguro que Doña Plañidera le habría estado llorando lo malísima persona que era. Se puso las manos sobre las caderas enfrentándose a él, dispuesta para recibir sus ataques verbales.

Sin embargo, lo que recibió fue una sensual mirada que la recorrió el cuerpo de arriba a abajo. Haciéndola sentir turbada. Disimuló lo mejor que pudo y le habló furiosa.

– ¿Se puede saber qué estás haciendo en mi casa? ¿Y además entrando en ella de esa manera? Aunque claro, no sé de qué me sorprendo -. Avanzó hacia él. – Deberías decirle a tu querida Águeda que te enseñe buenos modales -.

– Modales que a ti te faltan también, ¿verdad Francisca? -. Arrastró su nombre a medida que deslizaba la mirada por cada curva de su cuerpo.

Había estado infinidad de veces frente a ella a lo largo de todos estos años. Y aunque sus sentimientos por Francisca, así como su deseo por ella siempre habían estado ahí, nunca había tenido serios problemas para controlarlos. Pero en esta ocasión era bien distinto. Ella le estaba hablando, desafiante. Altiva. Orgullosa. Y él solo podía pensar en hacerle callar mordiendo sus labios antes de saborear su lengua en un beso tan largo y tan intenso, que no le quedarían ganas de seguir discutiendo con él. El solo pensamiento le excitó de tal manera que le sudaban hasta las manos.

– Atrévete a decirme a la cara todo lo que le has contado a ella -. La desafió. – Vamos… no te dejes ni una sola palabra en el tintero -. Se fue acercando lentamente hacia ella hasta que sus piernas se empezaron a enredar entre las faldas de su vestido. – Dímelo… -. Le susurró.

Francisca estaba tan atónita con su actitud que titubeó y dio un paso hacia atrás para alejarse de él. No sería capaz de pronunciar ni una sola palabra si permanecía tan cerca de Raimundo. Chocó con la mesa del despacho en su huida. Él bajó la mirada riendo profundamente.

– No es tan fiera la bestia como quiere parecer -.

– ¿Cómo me has llamado? -. Le dijo furiosa.

–…Fiera… -. Musitó Raimundo volviendo a acercarse e inclinándose sobre ella, sonriendo de medio lado.

Francisca levantó la mano dispuesta a estamparla sobre su mejilla, pero él la detuvo a medio camino. Aferrándola por la muñeca. Sintiendo el pulso acelerado de Francisca bajo las yemas de sus dedos. Percibiendo como su pecho subía y bajaba preso de la misma ansiedad que él estaba padeciendo.

Muy despacio, y sin dejar de mirarla a los ojos ni un solo instante, acercó esa mano hasta sus labios. Mordisqueándola. Sacando la punta de su lengua y lamiendo a continuación la piel sensible, arrancando un jadeo de la garganta de Francisca que apartó la mano con rapidez.

– ¿Qué… qué se supone que estás haciendo? -. ¡Por todos los santos, le temblaba todo el cuerpo…! ¿A qué se supone que estaba jugando Raimundo?

– ¿Nerviosa, pequeña…? -. Avanzó hacia ella quitándose la chaqueta y dejándola caer sobre la alfombra. Acorralando después a Francisca contra la mesa y apoyando los brazos a ambos lados de su cuerpo. Sin dejarle posibilidad de escapar.

Sentía el irrefrenable deseo de besar sus labios, de arrancarle ese vestido que tan bien se amoldaba a su cuerpo, y acariciar y adorar cada centímetro de su piel desnuda. No sabía qué es lo que le estaba ocurriendo, pero poco le importaba. Por una vez no quería pensar en el mañana. Solo en el presente, en lo que estaba ocurriendo en esa habitación. Solo en ella. En su Francisca.

– Y entonces, ¿cuál era el motivo por el que Águeda no debe casarse conmigo? -. Sonrió ante la expresión de Francisca. – O ¿es que simplemente estás celosa por no haber sido tú la elegida? -. Ella seguía en silencio. No podía hablar siquiera. – ¿No hablas? ¿Te has quedado ya sin veneno que escupir? -.

Se quedaron en silencio, desafiándose con la mirada. Francisca nunca había visto así a Raimundo. Tan desatado. Tan… ¡era incapaz de encontrar la palabra adecuada! Y ella empezaba a sentir ese cosquilleo tan característico en la boca del estómago. Ese mismo que hacía años que no sentía. Tantos como Raimundo había permanecido lejos de ella. Tenía que escapar. Estaba perdiendo el control de la situación, y eso era algo que no podía permitirse.

Trató de moverse, pero él la sujetó con fuerza por las caderas, apretándola contra su cuerpo. Entonces ella se quedó muy quieta. Incapaz de creer que estuviera sintiendo en su vientre lo que estaba sintiendo. Miró a Raimundo con los ojos abiertos como platos y la mandíbula desencajada.

– ¡Raimundo! -. Bajó azorada la mirada hacia donde sus cuerpos se unían.

– ¿Qué? -. Preguntó él. – No te imaginas lo que me provocas Francisca… -.

Francisca seguía sin moverse.

– Creo que me lo puedo imaginar… -. Musitó. – Suéltame, por favor. No es decente que me sujetes así -.
#6460
Kerala
Kerala
28/02/2012 21:24

"ADDICTED TO YOU" (FINAL)

[/b]


Él respondió apretándola más contra su cuerpo, emitiendo un jadeo por el contacto. Frotando su nariz por el cuello de ella al mismo tiempo.

– En este momento no deseo hacerte cosas demasiado decentes, mi ángel… -. Besó su cuello suavemente. – Me muero por tumbarte en esa mesa y amarte toda la noche -.

Francisca se zafó hasta separarse de él.

– ¿Cómo te atreves a tratarme así, Raimundo? ¿A qué estás jugando? -. Estaba furiosa, dolida, atónita con todo lo que estaba pasando. ¿Era una especie de castigo por haber perturbado la paz de su Águeda?

Él la miró con deseo.

– ¿Jugando? Eso es lo que hemos estado haciendo nosotros todos estos años. Jugando. Perdiendo el tiempo sin hacer lo que realmente queremos hacer -. Se iba acercando a ella a medida que iba hablando. – Sin amarnos hasta la desesperación -.

Ella se carcajeó frente a él.

– ¿Y qué te hace suponer que yo siento lo mismo que tú? Además, ¿cómo creerte si vas a casarte con ella? -. Le gritó afligida. – ¡No des un solo paso más! -. Alzó la mano a modo de barrera cuando Raimundo trató de acercarse a ella. – Respóndeme -.

– ¿Qué quieres que te diga, pequeña mía? -. Al ver cómo cerraba los ojos al escuchar ese apelativo que reservaba solo para ella, avanzó hasta tomarla de nuevo por las caderas y acercarla a él. – ¿Que te amo? -. Francisca abrió los ojos y sus miradas se cruzaron. – Sí, te amo. Me vuelves loco. Me mata verte cada día y no poder tocarte -. Sintió como ella se relajaba. – Me mata tu indiferencia… -. Besó su boca fugazmente. – Y moriré si no te hago mía ahora mismo -.

Francisca tragó saliva.

– Pero Raimundo… -.

– ¿Qué te parece si hablamos después? No creo que pueda contenerme mucho tiempo más. Te deseo hasta la desesperación… -.

No le dio opción de contestar. Atacó su boca impaciente por saborearla de nuevo. Mordiendo su labio inferior tirando sensualmente de él para obligarle a abrirla. Besándola entonces con rápidas embestidas de su lengua. Arrancándose la camisa, deseoso de que Francisca le acariciara.

– Tócame amor mío -. Descendió hasta su cuello, mordiendo su mandíbula. Desabrochando por el camino los botones de su vestido. Besando su clavícula.

Francisca acarició con timidez la espalda de Raimundo. No podía creer que aquello estuviera sucediendo. Él se percató de las reticencias de ella y la miró.

– Soy todo tuyo, preciosa… hazme lo que quieras -. La besó. – Lo que quieras… -.

Terminó de quitarle el vestido con una rapidez que la asombró. Le dieron ganas de reír ante la desesperación que Raimundo tenía por estar con ella. La misma desesperación que sentía ella misma por estar con él.

Sin saber cómo lo había hecho en tan poco tiempo, se vio arrinconada contra la mesa del despacho, completamente desnuda y con Raimundo a su espalda. La hizo descender hasta que su pecho casi tocaba la mesa y le separó las piernas. Entró en ella de una sola vez arrancando un grito de su garganta. Las embestidas fueron rápidas y descontroladas. Cada vez más profundas. Se agachó hasta ella, mordiendo tiernamente su hombro mientras seguía embistiéndola sin piedad. Susurrándole al oído cuánto la amaba.

La liberación llegó igual de rápido para ambos, pues llevaban demasiado tiempo conteniendo sus instintos. Raimundo se dejó caer sobre Francisca, pero con cuidado de no cargar todo su peso sobre ella. Recuperando ambos el ritmo normal de la respiración poco a poco.

– ¿Has terminado? -. Dijo ella. – ¿Estás ya satisfecho? -.

Raimundo se incorporó tomándola por los hombros y girándola para que le mirara.

– Francisca te amo. Y respondiendo a tus preguntas… -. La alzó en sus brazos saliendo con ella del despacho y recorriendo el camino que llevaba hasta la habitación de ella. – No, no he terminado. Y te aseguro que tampoco estoy satisfecho -.

– Raimundo, espera… -. Él se detuvo en mitad de la escalera y la miró. – ¿A dónde nos va a llevar todo esto? -.

Él sonrió. – Por lo pronto a tu cama de la que no te voy a dejar salir en una semana. Y después… después nos casaremos, si es que quieres aceptarme en tu vida -. Ella se abrazó a su cuello con fuerza. – ¿Me tomo eso como un sí? -. Dijo Raimundo.

Siguió subiendo las escaleras hasta llegar a la habitación. La posó en el suelo mientras abría la puerta.

– Raimundo, una cosa… ¿A qué se debe este…ardor que te ha dado de pronto? -.

Él frunció el ceño pensando.

– Creo que cuando salgamos de aquí tendré una charla con Don Anselmo sobre cierta pastillita que me hizo tomar -.

– ¿Don…Don Anselmo? -. Le preguntó Francisca extrañada.

– Dejemos al cura para otro momento… -. Cerró la puerta con el pie mientras se acercaba de nuevo peligrosamente a ella hasta abrazarla. Ella se colgó de su cuello y le besó.

– Te quiero Raimundo… -. Él la alzó sobre su cadera y fue con ella hacia la cama.

– Ya lo se -. Le dijo con autosuficiencia, recibiendo a cambio un pellizco en el brazo.

Las risas llenaron la habitación al tiempo que volvían a acariciarse. Raimundo arqueó una ceja y le preguntó.

– ¿Preparada para otro asalto? -.

Ella le recibió con los brazos abiertos. Raimundo volvió a perderse en su cuerpo, incapaz de resistirse por más tiempo a su adicción por ella.


FIN

[/b]
Anterior 1 2 3 4 [...] 320 321 322 323 324 325 326 [...] 376 377 378 379 Siguiente