El Rincón de Francisca y Raimundo:ESTE AMOR SE MERECE UN YACIMIENTO (TUNDA TUNDA) Gracias María y Ramon
#0
08/06/2011 23:44
Vídeos FormulaTV
Nos colamos en el plató de 'Friends' y descubrimos los secretos del apartamento de Monica en el Friends Fest
Selena Leo: "Jamás en la eternidad se va a repetir un reencuentro de Sonia y Selena"
Sonia Madoc: "¿Crees que si tuviese una gira de 80 bolos me iría de Sonia y Selena?"
'Euphoria' regresa tras su salto temporal en el tráiler de la tercera temporada
laSexta cumple 20 años con la información y el entretenimiento como bastiones frente a la competencia
'La isla de las tentaciones 10' lanza un extenso avance antes de su estreno en Telecinco
Tráiler en español de 'Off Campus', la nueva serie de Prime Video con Ella Bright y Belmont Camelli
#6421
24/02/2012 21:08
Hola!!
Cris qeu esta mañana con las prisas no me he podido explayar asi que te repito: te ha quedado GENIAL, nena eres la caña de España, más que las pipas tijuana, ole tu!!
Melisa Laura muchas gracias por tu comentario, yo encantada de crear adiccion. Por cierto he de decirte que me asustas ya porque estoy estudiando medicina y casi no doy mas de mi y encima te leo lo agobiada qeu vas y pienso descansare algun dia??? Asi que animo de una futura (eso espero) compi de profesion jeje
Por cierto chicas: UN MINUTO DE SILENCIO POR Águeda. Una gran mujer, por su altura, qeu no por sus actos, que vivio tocandonos los huevos y murió como un huevo frito contra el suelo!! Que Descanse en paz... pa qeu no vuelva!! (qeu mala soy
)
1 minuto de silencio.... y ahora que se ha pasado FIESTA!!!

Solo veo un little problem que fijo qeu Rai le echa las culpas a mi dear Paca(pobreta mia si es un angel...caido), qeu lo conozco como si lo hubiera parido y seguro que aun tiene el cuajo de cargarle el muerto (nunca mejor dicho)
Cris qeu esta mañana con las prisas no me he podido explayar asi que te repito: te ha quedado GENIAL, nena eres la caña de España, más que las pipas tijuana, ole tu!!
Melisa Laura muchas gracias por tu comentario, yo encantada de crear adiccion. Por cierto he de decirte que me asustas ya porque estoy estudiando medicina y casi no doy mas de mi y encima te leo lo agobiada qeu vas y pienso descansare algun dia??? Asi que animo de una futura (eso espero) compi de profesion jeje
Por cierto chicas: UN MINUTO DE SILENCIO POR Águeda. Una gran mujer, por su altura, qeu no por sus actos, que vivio tocandonos los huevos y murió como un huevo frito contra el suelo!! Que Descanse en paz... pa qeu no vuelva!! (qeu mala soy
)1 minuto de silencio.... y ahora que se ha pasado FIESTA!!!

Solo veo un little problem que fijo qeu Rai le echa las culpas a mi dear Paca(pobreta mia si es un angel...caido), qeu lo conozco como si lo hubiera parido y seguro que aun tiene el cuajo de cargarle el muerto (nunca mejor dicho)
#6422
25/02/2012 00:31
Miri que preciosos nuestros Rai y Paca Jr
#6423
25/02/2012 09:12
Oooooooooooooh que cosetas mas monas!! Yo me pido una mini Paca tambien, que ojazos!!!
Buenos dias chicas, aqui una qeu se levanta a intentar estudiar, bueno os dejo un poco de relato pa qeu tengais un despertar más agradable, ya empieza a ponerse emocionante la cosa.
AMORES QUE MATAN
- ¿Me vas a soltar algún día?
- Con que me digas gracias me doy por satisfecho, Francisca
De nuevo en la Casona, Raimundo subía de nuevo con ella en brazos. Entró en la habitación y se detuvo en el centro de la estancia.
- ¿Las gracias? Pero si tú disfrutas más que yo de esta situación.
- No lo dudes, cualquier excusa es buena para tenerte entre mis brazos.
- Eres imposible, ¿lo sabías?
- Tú te encargas de que no se me olvide querida.
Se miraron de nuevo, sonriéndose en silencio.
- Bueno…- dijo ella
- ¿Bueno?
- ¿Me dejas ya?
- ¿Y privarme de tu peso? Será un placer
- Tienes suerte de que no pueda darte un patada.
- Soy un hombre afortunado.
La dejó caer sobre su cama suavemente sin apartar la mirada de sus profundos ojos marrones. Sin decir nada se levantó para dirigirse hacia la puerta.
- Raimundo- Él se paró justo antes de abrir la puerta
- Dime
- ¿Ven…vendrás mañana?
- Llevas una semana preguntándome lo mismo cada noche ¿y?
- Y siempre vuelves- dijo ella como una niña aleccionada
- Siempre vuelvo. Aunque…
- ¿Aunque? Mañana no volverás, claro, ya te has hartado.
- Aunque – siguió él impasible- Mañana no tendría que volver si me dejaras quedarme esta noche… contigo.
- ¿Conmigo? ¿Dónde, cómo, por qué?
- A ver, poco a poco. Cómo, pues quedándome. Por qué, porque me apetece. Y en cuanto al dónde, aquí me valdría- Dijo señalando el lado de la cama vacío.
- Pero, yo…- Francisca no sabía qué decir, los nervios, por una vez, pudieron con ella.
- Me encanta hacerte titubear.
- Francisca Montenegro no titubea… como mucho, recapacita durante unos minutos.
- Bueno, y ¿ya has recapacitado sobre compartir el lecho? Venga Francisca, no te creas tan importante, ya tengo una edad para aprovecharme de ti y si necesitas algo en mitad de la noche podría ayudarte. Además es muy tarde.
- Está bien. Pero si roncas te tiro de la cama
- Podría decir lo mismo- ella lo fulminó con la mirada.- O no.
Antes de que le diera tiempo a arrepentirse, Raimundo se quitó los zapatos, chaqueta y pantalón y se metió en la cama a su lado. Tenerlo tan cerca hacía que un escalofrío recorriera su piel. Su corazón latía acelerado, estaba nerviosa y algo asustada, pero a la vez era un sentimiento que la colmaba por dentro. Su cercanía la hacía sentir segura, protegida, como si su mera presencia pudiera ahuyentar las pesadillas más arraigadas en sus sueños.
Raimundo se tumbó, ajeno a las interminables sensaciones que recorrían el cuerpo de Francisca. Ella intentó relajarse, fingir, aparentar una tranquilidad que estaba lejos de poseer. Lo único que quería, lo que su cuerpo le pedía a gritos era que se lanzara sobre él, que lo abrazara, que se dejara acurrucar. Pero su mente le decía que no. Él giró quedando frente a ella, mirándose, enfrentados, separados por apenas un palmo de almohada. Avanzó hacia ella y envolvió entre sus brazos, acercándose todavía más. Sabía que aquello no estaba bien, una parte de ella la advertía que era una quimera, que al día siguiente volvería a estar en una silla de ruedas, que volvería el dolor, que él podría marcharse, pero en aquel momento le daba igual, pero esa noche solo existían ellos.
Y un pequeño cosquilleo fugaz que recorrió sus piernas haciendo que Francisca tuviera esperanza… pero no, se dijo, no ha sido nada… o quizás sí.
En otro lugar de la comarca… Una pálida figura se entretenía en decorar su estancia, cambiando muñecos de sitio, cuadros. Tanto daba, aquel movimiento era solo una excusa para poder pensar en algo. Aún no sabía cómo, pero tenía que separarlos.
- ¿Ya has pensado en algo?
Una oscura y profunda voz que parecía surgir de las propias entrañas de la tierra llenaron la estancia. No pudo evitar un pequeño temblor al volver a escuchar ese sonido que le traía tantos recuerdos.
- No del todo- contestó- Bueno, sí que tengo un plan solo que todavía me faltan muchos detalles.
- Mi paciencia se va a acabar y ¿no querrás que eso pase, verdad?
- No, no claro que no, pero no ha de preocuparse, tengo la solución a nuestros problemas.
- Eso espero.
- Sí, puede confiar en mí.
Escuchaba sus pasos, moviéndose entre las sombras de su alcoba. Su piel se erizaba con el mero contacto de su negra capa. Todo su cuerpo respondía ante aquella voz, aquella presencia. Lo deseaba tanto que estaba dispuesta a hacer cualquier cosa por él, lo que él dijese, lo que él ordenase, cualquier cosa porque le dedicara una sonrisa, una caricia.
- No tendrás más oportunidades.
- Lo sé, pero esta vez por fin cumpliré mi cometido y así, usted será libre y podremos estar juntos.
- Claro, mi ángel, si me haces este favor podremos irnos de aquí y olvidarnos de todos
Por un instante la profunda voz se tornó cálida, casi hipnótica. Se acercó a ella, tomando su barbilla con delicadeza entre sus manos. Pero al acabar la frase, su expresión se volvió dura de nuevo, su voz recuperó su melodía infernal y su mano se clavó en la piel de ella como una garra.
- Pero si fallas, tendrás que pagar, ¿entendido?
- Sí señor, no le defraudaré
- Por tu bien, espero que así sea.
La oscura silueta abandonó la habitación por uno de los pasadizos secretos que ella misma había dispuesto para él. Lo vio alejarse reprimiendo las ganas de correr tras él, notando como su corazón se relajaba con cada metro que él se alejaba. Intentó normalizar su respiración, pero lo cierto era que tardaría todavía unas horas en poder disimular la excitación que él le causaba. Desde la primera vez que lo vio, que vio ese fuego infernal en sus ojos, esa mirada de depredador, su pelo, su porte, se había abandonado a la loca pasión que le hacía sentir, que la consumía, que la devoraba y le arrebataba su voluntad.
Frente a la ventana, Águeda se esforzó por concentrar su vista en las tierras que se perdían en el horizonte. Ya había hecho mucho por él, pero no era suficiente, tenía que quitársela de encima. Toda su energía volvió a canalizarse en una sola idea: su odio hacia Francisca Montenegro. Hasta que esa mujer no desapareciese ella no podría ser feliz. Ya había hecho grandes progresos desde su llegada al pueblo: le había quitado las tierras que más apreciaba, el dinero, a sus hijos, se había convertido en el paradigma de la virtud del pueblo haciendo que todos la prefirieran a ella, por eso le dejó su calesa, quedando como la mujer más generosa del pueblo, mientras movía hilos en la oscuridad para impedir que el cirujano llegase a operarla. Pensaba que con aquel movimiento se la quitaría de encima, pero aquella impertinente de la doctora tuvo que actuar, al menos, ahora que estaba inválida minar su confianza sería mucho más fácil. Y, claro, su movimiento preferido, había conquistado a Raimundo, pensar en el dolor que aquello causaría en Francisca era lo que más placer le producía.
Así, mientras el sol comenzaba salir por el este, Águeda se preguntaba cómo podría hacer que aquel día fuera el último para Francisca Montenegro.
Buenos dias chicas, aqui una qeu se levanta a intentar estudiar, bueno os dejo un poco de relato pa qeu tengais un despertar más agradable, ya empieza a ponerse emocionante la cosa.
AMORES QUE MATAN
- ¿Me vas a soltar algún día?
- Con que me digas gracias me doy por satisfecho, Francisca
De nuevo en la Casona, Raimundo subía de nuevo con ella en brazos. Entró en la habitación y se detuvo en el centro de la estancia.
- ¿Las gracias? Pero si tú disfrutas más que yo de esta situación.
- No lo dudes, cualquier excusa es buena para tenerte entre mis brazos.
- Eres imposible, ¿lo sabías?
- Tú te encargas de que no se me olvide querida.
Se miraron de nuevo, sonriéndose en silencio.
- Bueno…- dijo ella
- ¿Bueno?
- ¿Me dejas ya?
- ¿Y privarme de tu peso? Será un placer
- Tienes suerte de que no pueda darte un patada.
- Soy un hombre afortunado.
La dejó caer sobre su cama suavemente sin apartar la mirada de sus profundos ojos marrones. Sin decir nada se levantó para dirigirse hacia la puerta.
- Raimundo- Él se paró justo antes de abrir la puerta
- Dime
- ¿Ven…vendrás mañana?
- Llevas una semana preguntándome lo mismo cada noche ¿y?
- Y siempre vuelves- dijo ella como una niña aleccionada
- Siempre vuelvo. Aunque…
- ¿Aunque? Mañana no volverás, claro, ya te has hartado.
- Aunque – siguió él impasible- Mañana no tendría que volver si me dejaras quedarme esta noche… contigo.
- ¿Conmigo? ¿Dónde, cómo, por qué?
- A ver, poco a poco. Cómo, pues quedándome. Por qué, porque me apetece. Y en cuanto al dónde, aquí me valdría- Dijo señalando el lado de la cama vacío.
- Pero, yo…- Francisca no sabía qué decir, los nervios, por una vez, pudieron con ella.
- Me encanta hacerte titubear.
- Francisca Montenegro no titubea… como mucho, recapacita durante unos minutos.
- Bueno, y ¿ya has recapacitado sobre compartir el lecho? Venga Francisca, no te creas tan importante, ya tengo una edad para aprovecharme de ti y si necesitas algo en mitad de la noche podría ayudarte. Además es muy tarde.
- Está bien. Pero si roncas te tiro de la cama
- Podría decir lo mismo- ella lo fulminó con la mirada.- O no.
Antes de que le diera tiempo a arrepentirse, Raimundo se quitó los zapatos, chaqueta y pantalón y se metió en la cama a su lado. Tenerlo tan cerca hacía que un escalofrío recorriera su piel. Su corazón latía acelerado, estaba nerviosa y algo asustada, pero a la vez era un sentimiento que la colmaba por dentro. Su cercanía la hacía sentir segura, protegida, como si su mera presencia pudiera ahuyentar las pesadillas más arraigadas en sus sueños.
Raimundo se tumbó, ajeno a las interminables sensaciones que recorrían el cuerpo de Francisca. Ella intentó relajarse, fingir, aparentar una tranquilidad que estaba lejos de poseer. Lo único que quería, lo que su cuerpo le pedía a gritos era que se lanzara sobre él, que lo abrazara, que se dejara acurrucar. Pero su mente le decía que no. Él giró quedando frente a ella, mirándose, enfrentados, separados por apenas un palmo de almohada. Avanzó hacia ella y envolvió entre sus brazos, acercándose todavía más. Sabía que aquello no estaba bien, una parte de ella la advertía que era una quimera, que al día siguiente volvería a estar en una silla de ruedas, que volvería el dolor, que él podría marcharse, pero en aquel momento le daba igual, pero esa noche solo existían ellos.
Y un pequeño cosquilleo fugaz que recorrió sus piernas haciendo que Francisca tuviera esperanza… pero no, se dijo, no ha sido nada… o quizás sí.
En otro lugar de la comarca… Una pálida figura se entretenía en decorar su estancia, cambiando muñecos de sitio, cuadros. Tanto daba, aquel movimiento era solo una excusa para poder pensar en algo. Aún no sabía cómo, pero tenía que separarlos.
- ¿Ya has pensado en algo?
Una oscura y profunda voz que parecía surgir de las propias entrañas de la tierra llenaron la estancia. No pudo evitar un pequeño temblor al volver a escuchar ese sonido que le traía tantos recuerdos.
- No del todo- contestó- Bueno, sí que tengo un plan solo que todavía me faltan muchos detalles.
- Mi paciencia se va a acabar y ¿no querrás que eso pase, verdad?
- No, no claro que no, pero no ha de preocuparse, tengo la solución a nuestros problemas.
- Eso espero.
- Sí, puede confiar en mí.
Escuchaba sus pasos, moviéndose entre las sombras de su alcoba. Su piel se erizaba con el mero contacto de su negra capa. Todo su cuerpo respondía ante aquella voz, aquella presencia. Lo deseaba tanto que estaba dispuesta a hacer cualquier cosa por él, lo que él dijese, lo que él ordenase, cualquier cosa porque le dedicara una sonrisa, una caricia.
- No tendrás más oportunidades.
- Lo sé, pero esta vez por fin cumpliré mi cometido y así, usted será libre y podremos estar juntos.
- Claro, mi ángel, si me haces este favor podremos irnos de aquí y olvidarnos de todos
Por un instante la profunda voz se tornó cálida, casi hipnótica. Se acercó a ella, tomando su barbilla con delicadeza entre sus manos. Pero al acabar la frase, su expresión se volvió dura de nuevo, su voz recuperó su melodía infernal y su mano se clavó en la piel de ella como una garra.
- Pero si fallas, tendrás que pagar, ¿entendido?
- Sí señor, no le defraudaré
- Por tu bien, espero que así sea.
La oscura silueta abandonó la habitación por uno de los pasadizos secretos que ella misma había dispuesto para él. Lo vio alejarse reprimiendo las ganas de correr tras él, notando como su corazón se relajaba con cada metro que él se alejaba. Intentó normalizar su respiración, pero lo cierto era que tardaría todavía unas horas en poder disimular la excitación que él le causaba. Desde la primera vez que lo vio, que vio ese fuego infernal en sus ojos, esa mirada de depredador, su pelo, su porte, se había abandonado a la loca pasión que le hacía sentir, que la consumía, que la devoraba y le arrebataba su voluntad.
Frente a la ventana, Águeda se esforzó por concentrar su vista en las tierras que se perdían en el horizonte. Ya había hecho mucho por él, pero no era suficiente, tenía que quitársela de encima. Toda su energía volvió a canalizarse en una sola idea: su odio hacia Francisca Montenegro. Hasta que esa mujer no desapareciese ella no podría ser feliz. Ya había hecho grandes progresos desde su llegada al pueblo: le había quitado las tierras que más apreciaba, el dinero, a sus hijos, se había convertido en el paradigma de la virtud del pueblo haciendo que todos la prefirieran a ella, por eso le dejó su calesa, quedando como la mujer más generosa del pueblo, mientras movía hilos en la oscuridad para impedir que el cirujano llegase a operarla. Pensaba que con aquel movimiento se la quitaría de encima, pero aquella impertinente de la doctora tuvo que actuar, al menos, ahora que estaba inválida minar su confianza sería mucho más fácil. Y, claro, su movimiento preferido, había conquistado a Raimundo, pensar en el dolor que aquello causaría en Francisca era lo que más placer le producía.
Así, mientras el sol comenzaba salir por el este, Águeda se preguntaba cómo podría hacer que aquel día fuera el último para Francisca Montenegro.
#6424
25/02/2012 15:43
Rai-paquistas perdonar mi intromisión para algo que no es vuestra amada parejita. Todas sabéis mi opinión sobre el tema Francisca. Pero siempre os he respetado y lo sabéis. Creo al igual que vosotras que el personaje de Francisca lo han estropeado. Creo que no le han dado la oportunidad de seguir desarrollandose y liberandose de su coraza para volver a ser humana y le han negado la posibilidad de volver a ser la joven dulce que fue y todo por que necesitan una mala y la han estropeado en aras de joder a Pepa sin sentido ni lógica, solo por alargar y alargar y nadie da la talla en el reparto para poder ser ese malo/a.
En aras de esto, la han convertido de mala divertida e irónica, en una mala sin objetivo claro y cada vez mas lejos de la redención y la posibilidad de recobrar el amor de Rai.
Si estáis indignadas pasar por el hilo de indignadas con la serie y dejar constancia. Todas estamos en el mismo barco nos guste o no y o nos hundimos juntas o salimos juntas.
Pasar y así "las contentas" se darán cuenta de que no somos cuatro monos como dicen.
Esto por supuesto es una decisión personal, jamas bajo ningún concepto debéis sentiros obligadas o inducidas o condicionadas a hacer algo que no deseéis o creáis justo.
Yo os lo pido, pero la decisión última, es cosa de cada una.
En aras de esto, la han convertido de mala divertida e irónica, en una mala sin objetivo claro y cada vez mas lejos de la redención y la posibilidad de recobrar el amor de Rai.
Si estáis indignadas pasar por el hilo de indignadas con la serie y dejar constancia. Todas estamos en el mismo barco nos guste o no y o nos hundimos juntas o salimos juntas.
Pasar y así "las contentas" se darán cuenta de que no somos cuatro monos como dicen.
Esto por supuesto es una decisión personal, jamas bajo ningún concepto debéis sentiros obligadas o inducidas o condicionadas a hacer algo que no deseéis o creáis justo.
Yo os lo pido, pero la decisión última, es cosa de cada una.
#6425
25/02/2012 22:33
Hola!! Pero que pasa entonces, estais haciendo todas huelga??? o es que este finde estais todas mu ocupadas? Porqeu aqui ni hay movimiento.
Que yo estoy de acuero con protestar e indignarme, pero del foro no qeu es la unica alegria qeu me queda. Puedo hacer huelga de serie si es preciso, pero de foro NO. Esto es que es demasiado adictivo, jeje.
Que yo estoy de acuero con protestar e indignarme, pero del foro no qeu es la unica alegria qeu me queda. Puedo hacer huelga de serie si es preciso, pero de foro NO. Esto es que es demasiado adictivo, jeje.
#6426
25/02/2012 22:44
Que cosas más monas!!!
Laury Me parece que ya te lo he dicho. Pero por si acaso. Lo digo otra vez "Que arte tienes"
Me encantan me río mucho además que tienen el toque de Francisca y Raimundo es como si los estuviera viendo. Me encantan


Criss eres la mejor de verdad.

Que montage más bonito. Me ha encantado. Lo de taberning vamos me ha dado una risa. 
Ojalá llos veamos asín de abrazados. Eres la leche. Sigue haciendoo más montajes please
Laury Me parece que ya te lo he dicho. Pero por si acaso. Lo digo otra vez "Que arte tienes"
Me encantan me río mucho además que tienen el toque de Francisca y Raimundo es como si los estuviera viendo. Me encantan



Criss eres la mejor de verdad.


Que montage más bonito. Me ha encantado. Lo de taberning vamos me ha dado una risa. 
Ojalá llos veamos asín de abrazados. Eres la leche. Sigue haciendoo más montajes please
#6427
25/02/2012 22:56
Hola acabo de ver el caítulo de viernes, por dios creo que me muero, esa escena de Rai y Agueda estuvo bella, las palabras justa , la calidez con que se miraban y ese beso al final maravilloso solo faltÓ una cosa para la perfección, que fuera Francisca, quiero pensar que Raimundo le habló a LA BICHA imaginando a Francisca, no es posible que se halla olvidado del gran amor de su vida de sopetón, ahora la cosa empeora, estoy segura que después de la muerte de Ricitos culparán a la Paca de ello, y vendrán más encontronazos entre nuestros amores, lo único que me consuela es que el martes estaremos de luto, ja ja ja, mis niñas supe que la serie se extiende a 400 cap todavía hay esperanzas de que a Francisca le den una oportunidad de redimirse, y encontrar la felicidad, ya estoy harta de que cada día la pongan más malvada, ¿ Por que no inventan otro personaje negativo? con la cantidad de posibilidades que hay para ello, el mismo Salvador puede aparecer y crear conflictos nuevos (celos para RAI , problemas con Tristan y Soledad etc y que se yo, tantas cosas podrian pasar, si a vosotras se les ocurren tantas ideas como a eso guionista no se les pasa por la mente nada bueno, ya es tiempo que dejen a Francisca descansar un poquito de sus maldades, ella también se merece ser feliz, ha pasado por mucho en la vida y no le dan la opotrtinidad de ser quien ella es en realidad, asi lleva 30 años escondiendo su verdadero yo y sus sentimientos, todo el peso de la serie (en cuanto a lo negativo) se lo han dejado a ese personaje. Esa cara que pone cuando se entera del compromiso me Matóóó, espero que en los capítulos que faltan por ver y grabar la serie de un giro de 180 grados a favor de lo que los espectadores quieren ver.
- Miri esos amores que pusiste están para comérselos, a mí en particular me encantan los niños, esos dos son unas linduras.
- Laury, no te asustes con la carrera, debes saber que un médico no tiene horario ni decanso , constantemente tendrás que estudiar y superarte, siempre habrá personas que nos necesiten y que depositen en nosotros sus esperanzas para vivir, así que estudia fuerte para que no les falles, para esta carrera se necesitan 4 cosas, talento, esfuerzo, disciplina y sobre todo corazón, tu lo lograrás, por el momento disfruta de tu vida estudiantil, organiza el estudio de las asignaturas por horarios y prioriza Fisiologia que es la madre de la medicina y ya basta de chachara como diria la Paca ja ja ja un besote para todas, no me tomes por una vieja por todo lo que te he dicho( PUES NO LO SOY) JA, JA JA JA JA .Hasta mañana y que descansen, a mí me queda mucho por hacer, aqui es plena tarde, mañana tengo el dia libre intentare por el chat besooooosssssss
- Kerala porfa termina la historia "TU ERES MI CONDENA" esta bellísima.
- Besitos para Mariajo, Cris, Soyi, Lua , Edirne, Estonic, Nhgsa, Franrai y tod@s las que se me quedan,las quiero un montón.
- Miri esos amores que pusiste están para comérselos, a mí en particular me encantan los niños, esos dos son unas linduras.
- Laury, no te asustes con la carrera, debes saber que un médico no tiene horario ni decanso , constantemente tendrás que estudiar y superarte, siempre habrá personas que nos necesiten y que depositen en nosotros sus esperanzas para vivir, así que estudia fuerte para que no les falles, para esta carrera se necesitan 4 cosas, talento, esfuerzo, disciplina y sobre todo corazón, tu lo lograrás, por el momento disfruta de tu vida estudiantil, organiza el estudio de las asignaturas por horarios y prioriza Fisiologia que es la madre de la medicina y ya basta de chachara como diria la Paca ja ja ja un besote para todas, no me tomes por una vieja por todo lo que te he dicho( PUES NO LO SOY) JA, JA JA JA JA .Hasta mañana y que descansen, a mí me queda mucho por hacer, aqui es plena tarde, mañana tengo el dia libre intentare por el chat besooooosssssss
- Kerala porfa termina la historia "TU ERES MI CONDENA" esta bellísima.
- Besitos para Mariajo, Cris, Soyi, Lua , Edirne, Estonic, Nhgsa, Franrai y tod@s las que se me quedan,las quiero un montón.
#6428
25/02/2012 23:04
¡Duelo de retos!

"SALVAR AL TABERNERO ULLOA" (nuestro particular soldado Ryan
)
No se lo podía creer. Estaba tan nerviosa que no atinaba a pronunciar palabra. Mariana había derramado sobre la falda de su vestido un poco del café de la merienda y ella había sentido el calor del oscuro líquido en sus piernas. Y aquel hecho la dejó tan atónita que ni siquiera regañó a la muchacha por su torpeza. Solo deseaba quedarse a solas para cerciorarse de que su imaginación y sobre todo, su deseo por volver a recuperar la sensibilidad en sus piernas, no le habían jugado una mala pasada.
Por eso, cuando Mariana desapareció corriendo hacia la cocina, encontró la intimidad que necesitaba. Con mano temblorosa, pellizcó su muslo con los dedos. Fue leve, pero ahí estaba. ¡Era capaz de sentir de nuevo! No sabía si sentía más ganas de reír que de llorar. La doctora Casas había errado en su diagnóstico. ¡Afortunado error! Aun así quiso probar de nuevo. Otro pellizco, algo más fuerte que el anterior. ¡Dios mío! Su vida volvía a tener sentido. Volvía a…
La puerta del despacho se abrió de pronto apartándola momentáneamente de sus cavilaciones. Con la sonrisa aún pintada en el rostro se volvió para darse cara a cara con Tristán y… ¿Emilia? Cambió enseguida la expresión de su rostro. ¿Qué hacía la hija de Ulloa en la casona? ¿Y esa cara? No tenía buen aspecto. Parecía preocupada. Triste.
Un presentimiento atravesó su pecho igual que si de un rayo se tratara. Raimundo. ¿Habría ocurrido algo con él? Muy contadas eran las ocasiones en las que había coincidido con él desde la muerte de Águeda. El día del fatal infortunio vivió con sumo dolor el sufrimiento de Raimundo. Por ella. Por aquella mujer. Y se dio cuenta de que todo estaba perdido para ella. Esa noche había llorado en su habitación hasta quedarse sin lágrimas. Aquellos sentimientos que aún le inspiraba a él apenas unos meses atrás, habían desaparecido para siempre. Ojalá los de ella se hubieran disipado con igual rapidez. Pero no había sido así. Hacía tiempo que había asumido que moriría enamorada de Raimundo Ulloa.
Volvió a centrar su atención en Tristán y Emilia. La joven la saludó educadamente, pero enseguida desapareció por la puerta. Tristán se dejó caer pesadamente en el sofá y se pasó la mano por la frente. Ese gesto era muy típico en su hijo cuando algo le preocupaba. Tenía miedo hasta de preguntar.
- ¿Qué hacía Emilia Ulloa aquí, Tristán? -. Llegaba la temida pregunta. Sentía que no le salía la voz. - ¿Acaso ha ocurrido algo? -.
Escuchó a su hijo suspirar. Después vio cómo la miraba. – No es nada madre, no se preocupe -. Se levantó dispuesto a marcharse y a dejarla allí con aquella terrible duda.
- Tristán no me tomes por tonta. La expresión de Emilia presagiaba de todo excepto algo bueno -. Se quedó en silencio apenas unos segundos. Sería más directa. - ¿Ocurre algo con Raimundo? -.
……………………………………………………
Rosario peinaba su cabello justo después de haberle ayudado a ponerse el camisón. Francisca permanecía sumida en sus pensamientos. No había podido borrar de su mente la conversación mantenida con Tristán hace unas horas.
- Señora ¿se encuentra bien? Está muy callada -. Rosario se atrevió a preguntar con la confianza que daban los años a su lado.
Francisca la miró de reojo. – No Rosario. No estoy bien -.
Suspiró. Y no lo estaba, pero ya no tanto por ella, sino por lo que había descubierto esa misma tarde. Era como si las últimas semanas solo fueran portadoras de malas noticias.
Rosario la ayudó a acomodarse en la cama y la cubrió con las mantas.
- ¿Está bien así? ¿Necesita algo más? -. Francisca le respondió negando con la cabeza. Ella le dijo entonces. – Señora, perdone mi atrevimiento… Pero ese tema que le preocupa ¿tiene solución? -.
- ¿Qué quieres decir, Rosario? -. La miró extrañada.
La mujer sonrió. – Solo que si se siente mal por algo que puede solucionarse, ¿por qué no hace lo posible por resolverlo? Usted no es una persona conformista Señora, y me duele ver que es en lo que se ha convertido -.
Francisca se quedó en silencio, meditando las palabras de Rosario. Tenía razón. De no haber estado postrada, ella misma habría acudido ya a la Casa de Comidas para interesarse por Raimundo. Por supuesto ocultando ese interés bajo la indiferencia. Pero tal vez todavía podría ayudarle sin necesidad de tener que recurrir a otra persona. Le horrorizaba tener que dar explicaciones por sus actos, y más si estos tenían que ver con Raimundo. A lo largo de la tarde había tenido numerosas muestras de sensibilidad en las piernas y si se esforzaba con los ejercicios poniendo todo su empeño, tal vez muy pronto podría caminar. Y sería ella misma la que acudiría a él para sacarle del pozo en el que estaba sumido.
…………………………
Los días pasaban lentamente. Y con ellos los duros ejercicios con los que Francisca se torturaba prácticamente desde el alba. Los dolores eran insoportables, pero se había empeñado en recuperar la movilidad total de sus piernas en un tiempo record. Y ese duro trabajo estaba dando sus frutos. Ya se mantenía de pie con ayuda, y aquella misma mañana, había sido capaz de dar sus primeros pasos, apoyada en un bastón.
Tristán estaba atónito por los progresos de su madre, mas sabiendo que Gregoria no tenía esperanzas sobre su recuperación total. De lo que no estaba sorprendido, era de la capacidad de lucha de su madre. Siempre fue algo que envidió de ella. Su forma de enfrentarse a la vida y a no dejarse vencer por los infortunios. Lo que no llegaba a comprender era el motivo que le había sacado de esa aparente apatía en la que estaba sumida prácticamente desde que recuperó la consciencia tras la operación. No tenía ganas de luchar hasta que algo le hizo cambiar de opinión. Daba gracias al cielo por ese cambio, ya que bastantes quebraderos de cabeza tenía ya con Raimundo como para sumar los problemas de su madre.

"SALVAR AL TABERNERO ULLOA" (nuestro particular soldado Ryan
)No se lo podía creer. Estaba tan nerviosa que no atinaba a pronunciar palabra. Mariana había derramado sobre la falda de su vestido un poco del café de la merienda y ella había sentido el calor del oscuro líquido en sus piernas. Y aquel hecho la dejó tan atónita que ni siquiera regañó a la muchacha por su torpeza. Solo deseaba quedarse a solas para cerciorarse de que su imaginación y sobre todo, su deseo por volver a recuperar la sensibilidad en sus piernas, no le habían jugado una mala pasada.
Por eso, cuando Mariana desapareció corriendo hacia la cocina, encontró la intimidad que necesitaba. Con mano temblorosa, pellizcó su muslo con los dedos. Fue leve, pero ahí estaba. ¡Era capaz de sentir de nuevo! No sabía si sentía más ganas de reír que de llorar. La doctora Casas había errado en su diagnóstico. ¡Afortunado error! Aun así quiso probar de nuevo. Otro pellizco, algo más fuerte que el anterior. ¡Dios mío! Su vida volvía a tener sentido. Volvía a…
La puerta del despacho se abrió de pronto apartándola momentáneamente de sus cavilaciones. Con la sonrisa aún pintada en el rostro se volvió para darse cara a cara con Tristán y… ¿Emilia? Cambió enseguida la expresión de su rostro. ¿Qué hacía la hija de Ulloa en la casona? ¿Y esa cara? No tenía buen aspecto. Parecía preocupada. Triste.
Un presentimiento atravesó su pecho igual que si de un rayo se tratara. Raimundo. ¿Habría ocurrido algo con él? Muy contadas eran las ocasiones en las que había coincidido con él desde la muerte de Águeda. El día del fatal infortunio vivió con sumo dolor el sufrimiento de Raimundo. Por ella. Por aquella mujer. Y se dio cuenta de que todo estaba perdido para ella. Esa noche había llorado en su habitación hasta quedarse sin lágrimas. Aquellos sentimientos que aún le inspiraba a él apenas unos meses atrás, habían desaparecido para siempre. Ojalá los de ella se hubieran disipado con igual rapidez. Pero no había sido así. Hacía tiempo que había asumido que moriría enamorada de Raimundo Ulloa.
Volvió a centrar su atención en Tristán y Emilia. La joven la saludó educadamente, pero enseguida desapareció por la puerta. Tristán se dejó caer pesadamente en el sofá y se pasó la mano por la frente. Ese gesto era muy típico en su hijo cuando algo le preocupaba. Tenía miedo hasta de preguntar.
- ¿Qué hacía Emilia Ulloa aquí, Tristán? -. Llegaba la temida pregunta. Sentía que no le salía la voz. - ¿Acaso ha ocurrido algo? -.
Escuchó a su hijo suspirar. Después vio cómo la miraba. – No es nada madre, no se preocupe -. Se levantó dispuesto a marcharse y a dejarla allí con aquella terrible duda.
- Tristán no me tomes por tonta. La expresión de Emilia presagiaba de todo excepto algo bueno -. Se quedó en silencio apenas unos segundos. Sería más directa. - ¿Ocurre algo con Raimundo? -.
……………………………………………………
Rosario peinaba su cabello justo después de haberle ayudado a ponerse el camisón. Francisca permanecía sumida en sus pensamientos. No había podido borrar de su mente la conversación mantenida con Tristán hace unas horas.
- Señora ¿se encuentra bien? Está muy callada -. Rosario se atrevió a preguntar con la confianza que daban los años a su lado.
Francisca la miró de reojo. – No Rosario. No estoy bien -.
Suspiró. Y no lo estaba, pero ya no tanto por ella, sino por lo que había descubierto esa misma tarde. Era como si las últimas semanas solo fueran portadoras de malas noticias.
Rosario la ayudó a acomodarse en la cama y la cubrió con las mantas.
- ¿Está bien así? ¿Necesita algo más? -. Francisca le respondió negando con la cabeza. Ella le dijo entonces. – Señora, perdone mi atrevimiento… Pero ese tema que le preocupa ¿tiene solución? -.
- ¿Qué quieres decir, Rosario? -. La miró extrañada.
La mujer sonrió. – Solo que si se siente mal por algo que puede solucionarse, ¿por qué no hace lo posible por resolverlo? Usted no es una persona conformista Señora, y me duele ver que es en lo que se ha convertido -.
Francisca se quedó en silencio, meditando las palabras de Rosario. Tenía razón. De no haber estado postrada, ella misma habría acudido ya a la Casa de Comidas para interesarse por Raimundo. Por supuesto ocultando ese interés bajo la indiferencia. Pero tal vez todavía podría ayudarle sin necesidad de tener que recurrir a otra persona. Le horrorizaba tener que dar explicaciones por sus actos, y más si estos tenían que ver con Raimundo. A lo largo de la tarde había tenido numerosas muestras de sensibilidad en las piernas y si se esforzaba con los ejercicios poniendo todo su empeño, tal vez muy pronto podría caminar. Y sería ella misma la que acudiría a él para sacarle del pozo en el que estaba sumido.
…………………………
Los días pasaban lentamente. Y con ellos los duros ejercicios con los que Francisca se torturaba prácticamente desde el alba. Los dolores eran insoportables, pero se había empeñado en recuperar la movilidad total de sus piernas en un tiempo record. Y ese duro trabajo estaba dando sus frutos. Ya se mantenía de pie con ayuda, y aquella misma mañana, había sido capaz de dar sus primeros pasos, apoyada en un bastón.
Tristán estaba atónito por los progresos de su madre, mas sabiendo que Gregoria no tenía esperanzas sobre su recuperación total. De lo que no estaba sorprendido, era de la capacidad de lucha de su madre. Siempre fue algo que envidió de ella. Su forma de enfrentarse a la vida y a no dejarse vencer por los infortunios. Lo que no llegaba a comprender era el motivo que le había sacado de esa aparente apatía en la que estaba sumida prácticamente desde que recuperó la consciencia tras la operación. No tenía ganas de luchar hasta que algo le hizo cambiar de opinión. Daba gracias al cielo por ese cambio, ya que bastantes quebraderos de cabeza tenía ya con Raimundo como para sumar los problemas de su madre.
#6429
25/02/2012 23:04
Hacía ya un mes desde la visita de Emilia pidiéndole ayuda para su padre. Raimundo había recaído en el alcohol tras los últimos golpes sufridos. La marcha de Sebastián y la muerte de Águeda lo habían sumido en una profunda tristeza. Poco podía saber él en ese momento que el estado de su madre, también había jugado un papel fundamental en el estado de ánimo de Raimundo Ulloa.
………………………
Francisca terminaba de vestirse en su dormitorio. Las noticias que cada día le llegaban puntualmente sobre el estado de Raimundo no eran nada alentadoras. Había llegado el momento de presentarse en la taberna y comprobar con sus propios ojos si era cierto todo lo que se venía comentando de él desde hacía tiempo. Aunque aún con torpeza, podía caminar apoyada en su bastón y no necesitaba a nadie a su lado para poder moverse por la casa. Esta sería la primera vez que saldría al pueblo ella sola. Había ordenado preparar la calesa y Rosario, aunque a regañadientes, la había obedecido.
Bajó lentamente las escaleras. Cuando llegó hasta la puerta se volvió a la mujer, que la observaba con el rostro preocupado.
- Rosario, no me mires así. Sabes que es algo que necesito hacer -.
Ella suspiró. – Lo se Señora. Pero no sea cruel con él. Está pasando por uno de los peores momentos de su vida. Solo recuerdo haberle visto una vez así. Y fue cuando él y usted… -. Decidió callar aunque Francisca conocía perfectamente el final de esa frase.
Aquella vez el dolor fue tan grande que la anuló. Supo del infortunio de Raimundo mucho después, cuando las vidas de ambos habían tomado rumbos diferentes. Esta vez, consciente y asumido el profundo amor que aún sentía por él, no podía dejarlo abandonado a su suerte. A pesar de que sus caminos posiblemente no volvieran a confluir juntos nunca más.
………………………………………………..
- ¡Emilia por favor, déjame solo ¿quieres?! -. Raimundo se servía un vaso de vino con muy poco tiento. Derramó parte de la bebida sobre la mesa a medida que el vaso se iba llenando. – Mi vida es una auténtica porquería -. Se dejó caer sobre la silla de nuevo. – Pero tú has de ser feliz hija. Se feliz con tu marido y con tu pequeña. Para mí, ya no hay salvación posible -. Bebió el contenido del vaso de un solo trago y después se pasó el dorso de la mano por la boca.
- Padre por favor, ¡se lo suplico! Deje ya de beber por hoy -.
Emilia le hablaba al borde del llanto. Era incapaz de concebir que sus vidas hubiera dado un giro tan radical en los últimos meses. Sebastián, huido de la justicia, ellos a punto estuvieron de perder la taberna y su padre… su padre había recaído de nuevo en aquel oscuro pozo del que nadie conseguía sacarlo. Ni siquiera Tristán, que se personaba cada día en la taberna había sido capaz de conseguirlo. Nadie parecía ser capaz de ayudar a su padre.
- Vete Emilia. Ve a dormir y déjame solo -. La miró con los ojos entrecerrados, tratando de enfocar su figura. Suspiró con tristeza. – Te prometo que en cuanto acabe este vaso que me estoy sirviendo, me marcho a la cama. ¿De acuerdo? -.
- Haga usted lo que quiera, padre -. Con ojos llorosos dejó solo a Raimundo, sentado en una de las mesas abrazado a una botella de vino. Por hoy no lograría que le hiciera caso.
Su vida era un absoluto fracaso. Así había sido desde que tuvo que alejarse de su pequeña Francisca solo por su bien. Creyó tocar algo de esa felicidad cuando Natalia apareció en su vida, pero aquello duró poco tiempo. Los años pasaron solitarios y teniendo qué soportar cómo su gran amor se volvía una persona amargada y rencorosa. Y a pesar de todo, no podía dejar de amarla. Con ese amor enfermizo que era el único de hacerle sentir que todavía estaba vivo.
Hasta que ella estuvo a punto de morir. En ese mismo instante, comenzó su declive. Su particular caída a los infiernos. Quiso huir de lo que sentía por ella engañándose con la idea de que podía alcanzar algo de felicidad con Águeda. Y es cierto que sentía un sincero aprecio por ella, pero no la amaba. No sentía esa pasión arrolladora que le quemaba la sangre cuando Francisca estaba frente a él.
Pero ella ya no le amaba. Ese era el gran problema. Y ahora Águeda estaba muerta. La única persona que le podía ayudar a olvidar a su pequeña, había perecido un mes atrás. Volvía a estar solo. Únicamente con sus recuerdos y su amor por ella.
Escuchó cómo forcejeaban con la puerta de entrada y se levantó a duras penas, tambaleándose hasta que llegó a ella. Una sonrisa de auto desprecio apareció en su rostro cuando vio que se trataba de la propia Francisca.
A pesar de ser conocedor del error que suponía abrirle la puerta, no pudo evitar hacerlo. Ansiaba escuchar su voz, aunque fuera para insultarle.
- Vaya, vaya, vaya… debo estar muy borracho, pues me parece ver a la mismísima Francisca Montenegro caminando por su propio pie -. La observó mientras ella entraba en la taberna. – Pasa hombre, encantado con tu presencia -. Hizo ademán de una reverencia que casi le lleva al suelo pero no llegó a caer.
Francisca le miraba entristecida. Las noticias eran totalmente verídicas. O mucho peor. En este caso, la realidad parecía superar con creces los rumores.
- Estás borracho -. Le dijo.
Raimundo se carcajeó entonces de ella. - ¡Premio para la cacique! -. Y comenzó a aplaudir no con demasiado tino. – Te veo muy recuperada Francisca. ¿Es que ni tu silla de ruedas te soporta? -. Sonrió con desprecio.
Francisca aguantó como pudo el envite. – Más bien era al revés. Yo no la soportaba a ella -. Se quedó mirándole unos segundos. – Los rumores eran ciertos, por lo que veo. Has vuelto a beber -
Raimundo pasó por delante de ella hasta llegar de nuevo a la mesa y servirse otro vaso de vino.
- ¿Y a ti qué te importa lo que yo haga o deje de hacer con mi vida? -. Levantó el vaso a modo de brindis. – Por ti y por tu recuperación Francisca -. Lo bebió de un solo trago. – No todos podemos recuperarnos tan rápidamente -. Bajó la mirada. – Tal vez no lo hagamos nunca… -.
………………………
Francisca terminaba de vestirse en su dormitorio. Las noticias que cada día le llegaban puntualmente sobre el estado de Raimundo no eran nada alentadoras. Había llegado el momento de presentarse en la taberna y comprobar con sus propios ojos si era cierto todo lo que se venía comentando de él desde hacía tiempo. Aunque aún con torpeza, podía caminar apoyada en su bastón y no necesitaba a nadie a su lado para poder moverse por la casa. Esta sería la primera vez que saldría al pueblo ella sola. Había ordenado preparar la calesa y Rosario, aunque a regañadientes, la había obedecido.
Bajó lentamente las escaleras. Cuando llegó hasta la puerta se volvió a la mujer, que la observaba con el rostro preocupado.
- Rosario, no me mires así. Sabes que es algo que necesito hacer -.
Ella suspiró. – Lo se Señora. Pero no sea cruel con él. Está pasando por uno de los peores momentos de su vida. Solo recuerdo haberle visto una vez así. Y fue cuando él y usted… -. Decidió callar aunque Francisca conocía perfectamente el final de esa frase.
Aquella vez el dolor fue tan grande que la anuló. Supo del infortunio de Raimundo mucho después, cuando las vidas de ambos habían tomado rumbos diferentes. Esta vez, consciente y asumido el profundo amor que aún sentía por él, no podía dejarlo abandonado a su suerte. A pesar de que sus caminos posiblemente no volvieran a confluir juntos nunca más.
………………………………………………..
- ¡Emilia por favor, déjame solo ¿quieres?! -. Raimundo se servía un vaso de vino con muy poco tiento. Derramó parte de la bebida sobre la mesa a medida que el vaso se iba llenando. – Mi vida es una auténtica porquería -. Se dejó caer sobre la silla de nuevo. – Pero tú has de ser feliz hija. Se feliz con tu marido y con tu pequeña. Para mí, ya no hay salvación posible -. Bebió el contenido del vaso de un solo trago y después se pasó el dorso de la mano por la boca.
- Padre por favor, ¡se lo suplico! Deje ya de beber por hoy -.
Emilia le hablaba al borde del llanto. Era incapaz de concebir que sus vidas hubiera dado un giro tan radical en los últimos meses. Sebastián, huido de la justicia, ellos a punto estuvieron de perder la taberna y su padre… su padre había recaído de nuevo en aquel oscuro pozo del que nadie conseguía sacarlo. Ni siquiera Tristán, que se personaba cada día en la taberna había sido capaz de conseguirlo. Nadie parecía ser capaz de ayudar a su padre.
- Vete Emilia. Ve a dormir y déjame solo -. La miró con los ojos entrecerrados, tratando de enfocar su figura. Suspiró con tristeza. – Te prometo que en cuanto acabe este vaso que me estoy sirviendo, me marcho a la cama. ¿De acuerdo? -.
- Haga usted lo que quiera, padre -. Con ojos llorosos dejó solo a Raimundo, sentado en una de las mesas abrazado a una botella de vino. Por hoy no lograría que le hiciera caso.
Su vida era un absoluto fracaso. Así había sido desde que tuvo que alejarse de su pequeña Francisca solo por su bien. Creyó tocar algo de esa felicidad cuando Natalia apareció en su vida, pero aquello duró poco tiempo. Los años pasaron solitarios y teniendo qué soportar cómo su gran amor se volvía una persona amargada y rencorosa. Y a pesar de todo, no podía dejar de amarla. Con ese amor enfermizo que era el único de hacerle sentir que todavía estaba vivo.
Hasta que ella estuvo a punto de morir. En ese mismo instante, comenzó su declive. Su particular caída a los infiernos. Quiso huir de lo que sentía por ella engañándose con la idea de que podía alcanzar algo de felicidad con Águeda. Y es cierto que sentía un sincero aprecio por ella, pero no la amaba. No sentía esa pasión arrolladora que le quemaba la sangre cuando Francisca estaba frente a él.
Pero ella ya no le amaba. Ese era el gran problema. Y ahora Águeda estaba muerta. La única persona que le podía ayudar a olvidar a su pequeña, había perecido un mes atrás. Volvía a estar solo. Únicamente con sus recuerdos y su amor por ella.
Escuchó cómo forcejeaban con la puerta de entrada y se levantó a duras penas, tambaleándose hasta que llegó a ella. Una sonrisa de auto desprecio apareció en su rostro cuando vio que se trataba de la propia Francisca.
A pesar de ser conocedor del error que suponía abrirle la puerta, no pudo evitar hacerlo. Ansiaba escuchar su voz, aunque fuera para insultarle.
- Vaya, vaya, vaya… debo estar muy borracho, pues me parece ver a la mismísima Francisca Montenegro caminando por su propio pie -. La observó mientras ella entraba en la taberna. – Pasa hombre, encantado con tu presencia -. Hizo ademán de una reverencia que casi le lleva al suelo pero no llegó a caer.
Francisca le miraba entristecida. Las noticias eran totalmente verídicas. O mucho peor. En este caso, la realidad parecía superar con creces los rumores.
- Estás borracho -. Le dijo.
Raimundo se carcajeó entonces de ella. - ¡Premio para la cacique! -. Y comenzó a aplaudir no con demasiado tino. – Te veo muy recuperada Francisca. ¿Es que ni tu silla de ruedas te soporta? -. Sonrió con desprecio.
Francisca aguantó como pudo el envite. – Más bien era al revés. Yo no la soportaba a ella -. Se quedó mirándole unos segundos. – Los rumores eran ciertos, por lo que veo. Has vuelto a beber -
Raimundo pasó por delante de ella hasta llegar de nuevo a la mesa y servirse otro vaso de vino.
- ¿Y a ti qué te importa lo que yo haga o deje de hacer con mi vida? -. Levantó el vaso a modo de brindis. – Por ti y por tu recuperación Francisca -. Lo bebió de un solo trago. – No todos podemos recuperarnos tan rápidamente -. Bajó la mirada. – Tal vez no lo hagamos nunca… -.
#6430
25/02/2012 23:05
El silencio se tornó demasiado denso, envolviéndoles a ambos. Raimundo quiso alcanzar la botella dispuesto a servirse un nuevo vaso. Pensaba que ya no podía caer más bajo cuando su pequeña, el gran amor de su vida, estaba junto a él mirándole con compasión. Pero Francisca fue más rápida, alcanzando antes la botella. Arrebatándosela. La escondió tras su espalda sujetándola con ambas manos y le miró desafiante.
- Por hoy no vas a beber ni una sola gota más -. Le dijo con dureza. – No te lo voy a permitir -.
Raimundo arqueó una ceja incrédulo.
- ¿Qué tu… qué? ¿Qué no me lo vas a permitir? -. Bajó la cabeza riéndose a carcajadas. – No tienes ninguna potestad sobre mí ni sobre mi negocio Francisca. Nadie me dice qué es lo que puedo o lo que no puedo hacer -.
- ¿Y qué quieres? ¿Seguir haciendo daño a tu familia? ¿Convertirte en una piltrafa? ¿Un bueno para nada? -. Su pecho subía y bajaba con rapidez. No soportaba ver cómo Raimundo se dejaba ir poco a poco, hundido como estaba en su autocompasión. Pensó que quizá provocándole… - Siempre fuiste un cobarde. Ahogando siempre tus penas en el alcohol en vez de enfrentarte a la vida como un hombre -.
Raimundo se acercó lentamente hasta ella, hasta quedar a penas a dos palmos.
– Prefiero emborracharme a volverme un miserable como tú. Y ahora, devuélveme la botella y vete a escupir tu veneno a otra parte -.
Estaba preparada para el ataque y a pesar de ello dolía. Aun así, no se dejó vencer por él y alzó orgullosa el mentón.
- No pienso entregarte la botella Raimundo. Te dije que hoy no ibas a tomar ni un solo vaso más -. Se irguió todo lo que pudo. – Si la quieres tendrás que pasar por encima de mí -.
Él frunció el ceño, pero aun así avanzó hacia ella sintiendo cada vez más su cercanía. Su calor. No quería seguir, pero ella le había retado. Le había llamado cobarde a la cara. Y por todos los demonios que le arrebataría la botella de las manos.
- Francisca no pongas a prueba mi paciencia. Dame esa botella o lo lamentarás -.
Ella sonrió de medio lado. – Ya te dije que no. ¿Además de borracho eres sordo? -. No sentía ningún temor. Sabía que Raimundo jamás le haría ningún daño. El mayor miedo que tenía, provenía de ella misma.
En un movimiento tan rápido que la pilló desprevenida, se vio rodeada por los brazos de Raimundo, que trataba de arrancarle la botella de las manos. Sus rostros, sus cuerpos se rozaban de una manera que no lo habían hecho en años. Ambos forcejearon hasta que en uno de esos forcejeos, sus labios quedaron separados apenas unos milímetros.
Francisca notó el cálido aliento de Raimundo quemándole la piel, y miró hipnótica su boca. Aquellos labios que tantas veces besó en el pasado la llamaban irremediablemente de nuevo. Por su parte, Raimundo estaba igual de perdido en sus ojos. En su boca. El aroma de Francisca impregnaba cada poro de su ser. La tersura de sus manos entre las suyas, su cuerpo… toda ella le llamaba con un dulce canto.
Ambos acallaron la voz interior que les gritaba que aquello era un error. Por una vez, y después de muchos años, decidieron escuchar a sus corazones. Como dos hambrientos devoraron la boca del otro sin tregua. Sin piedad. La botella se escurrió de sus manos cuando estas corrieron a entrelazarse tras la nuca de Raimundo. Queriendo acercarlo más a ella. Abriendo la boca para que él la invadiera.
Raimundo la acorraló contra la barra de la taberna, mordiendo sus labios, su lengua en un beso tan arrollador que le estaba robando la cordura. Eran demasiados años los que había anhelado su sabor. Su piel. Su…
¿Qué demonios estaba haciendo?
Se separó de ella lentamente, mirándola a los ojos con un sentimiento parecido al arrepentimiento. Lo peor es que Francisca pudo leerlo en sus ojos. Por eso, cuando se vio libre de su agarre, levantó su mano hasta estamparla en su mejilla.
Después, salió de allí lo más rápido que sus recién recuperadas piernas le permitieron.
…………………..
Tres días habían pasado desde aquel encuentro entre ellos. Tres días en los que apenas había pegado ojo y se mostraba nerviosa e inquieta, despertando las suspicacias de todos en la Casona. Ella esquivaba las preguntas como podía cortando la conversación tajantemente. Cuando de nuevo estaba sola, cerraba los ojos y podía sentir la boca de Raimundo sobre la suya. ¡Se estaba volviendo loca!
Rosario entró aquella tarde en el despacho con la bandeja de la merienda mientras ella trataba de leer por tercera vez la misma página de ese libro. Notó la preocupación en Rosario mientras le servía una taza de té.
- ¿Qué ocurre Rosario? ¿Algo va mal? -. Se quitó las gafas y prestó toda su atención a la mujer.
Ella la miró. Preocupada. Triste. – Señora, se trata de Raimundo -. Las manos de Francisca temblaron con la sola mención de su nombre. – Está mal… muy mal… Emilia acaba de estar aquí hace un momento. Ella… -.
- ¿Ella qué? ¡Por Dios Rosario, termina ya de hablar! -. Se puso en pie tomando sus manos. - ¿Qué pasa con él? -.
- Raimundo lleva tres días encerrado en la bodega de la taberna, sin querer ver a nadie y sin dejar que ni siquiera Emilia entre. Esa pobre muchacha ya no sabe qué hacer -.
Francisca tomó aire. ¡Condenado hombre! Tendría que ir ella misma a sacarle de allí a patadas si era menester.
– Ordena que preparen la calesa, Rosario -.
……………………………………………
- ¡No quiero ver a nadie! ¡¿Es que no podéis dejarme en paz de una vez?! -.
Por todos los demonios, no estaba pidiendo tanto. Solo quería estar solo. Y seguir maldiciéndose por haber probado de nuevo aquellos labios que le volvían completamente loco. Jamás debió besarla.
- Por hoy no vas a beber ni una sola gota más -. Le dijo con dureza. – No te lo voy a permitir -.
Raimundo arqueó una ceja incrédulo.
- ¿Qué tu… qué? ¿Qué no me lo vas a permitir? -. Bajó la cabeza riéndose a carcajadas. – No tienes ninguna potestad sobre mí ni sobre mi negocio Francisca. Nadie me dice qué es lo que puedo o lo que no puedo hacer -.
- ¿Y qué quieres? ¿Seguir haciendo daño a tu familia? ¿Convertirte en una piltrafa? ¿Un bueno para nada? -. Su pecho subía y bajaba con rapidez. No soportaba ver cómo Raimundo se dejaba ir poco a poco, hundido como estaba en su autocompasión. Pensó que quizá provocándole… - Siempre fuiste un cobarde. Ahogando siempre tus penas en el alcohol en vez de enfrentarte a la vida como un hombre -.
Raimundo se acercó lentamente hasta ella, hasta quedar a penas a dos palmos.
– Prefiero emborracharme a volverme un miserable como tú. Y ahora, devuélveme la botella y vete a escupir tu veneno a otra parte -.
Estaba preparada para el ataque y a pesar de ello dolía. Aun así, no se dejó vencer por él y alzó orgullosa el mentón.
- No pienso entregarte la botella Raimundo. Te dije que hoy no ibas a tomar ni un solo vaso más -. Se irguió todo lo que pudo. – Si la quieres tendrás que pasar por encima de mí -.
Él frunció el ceño, pero aun así avanzó hacia ella sintiendo cada vez más su cercanía. Su calor. No quería seguir, pero ella le había retado. Le había llamado cobarde a la cara. Y por todos los demonios que le arrebataría la botella de las manos.
- Francisca no pongas a prueba mi paciencia. Dame esa botella o lo lamentarás -.
Ella sonrió de medio lado. – Ya te dije que no. ¿Además de borracho eres sordo? -. No sentía ningún temor. Sabía que Raimundo jamás le haría ningún daño. El mayor miedo que tenía, provenía de ella misma.
En un movimiento tan rápido que la pilló desprevenida, se vio rodeada por los brazos de Raimundo, que trataba de arrancarle la botella de las manos. Sus rostros, sus cuerpos se rozaban de una manera que no lo habían hecho en años. Ambos forcejearon hasta que en uno de esos forcejeos, sus labios quedaron separados apenas unos milímetros.
Francisca notó el cálido aliento de Raimundo quemándole la piel, y miró hipnótica su boca. Aquellos labios que tantas veces besó en el pasado la llamaban irremediablemente de nuevo. Por su parte, Raimundo estaba igual de perdido en sus ojos. En su boca. El aroma de Francisca impregnaba cada poro de su ser. La tersura de sus manos entre las suyas, su cuerpo… toda ella le llamaba con un dulce canto.
Ambos acallaron la voz interior que les gritaba que aquello era un error. Por una vez, y después de muchos años, decidieron escuchar a sus corazones. Como dos hambrientos devoraron la boca del otro sin tregua. Sin piedad. La botella se escurrió de sus manos cuando estas corrieron a entrelazarse tras la nuca de Raimundo. Queriendo acercarlo más a ella. Abriendo la boca para que él la invadiera.
Raimundo la acorraló contra la barra de la taberna, mordiendo sus labios, su lengua en un beso tan arrollador que le estaba robando la cordura. Eran demasiados años los que había anhelado su sabor. Su piel. Su…
¿Qué demonios estaba haciendo?
Se separó de ella lentamente, mirándola a los ojos con un sentimiento parecido al arrepentimiento. Lo peor es que Francisca pudo leerlo en sus ojos. Por eso, cuando se vio libre de su agarre, levantó su mano hasta estamparla en su mejilla.
Después, salió de allí lo más rápido que sus recién recuperadas piernas le permitieron.
…………………..
Tres días habían pasado desde aquel encuentro entre ellos. Tres días en los que apenas había pegado ojo y se mostraba nerviosa e inquieta, despertando las suspicacias de todos en la Casona. Ella esquivaba las preguntas como podía cortando la conversación tajantemente. Cuando de nuevo estaba sola, cerraba los ojos y podía sentir la boca de Raimundo sobre la suya. ¡Se estaba volviendo loca!
Rosario entró aquella tarde en el despacho con la bandeja de la merienda mientras ella trataba de leer por tercera vez la misma página de ese libro. Notó la preocupación en Rosario mientras le servía una taza de té.
- ¿Qué ocurre Rosario? ¿Algo va mal? -. Se quitó las gafas y prestó toda su atención a la mujer.
Ella la miró. Preocupada. Triste. – Señora, se trata de Raimundo -. Las manos de Francisca temblaron con la sola mención de su nombre. – Está mal… muy mal… Emilia acaba de estar aquí hace un momento. Ella… -.
- ¿Ella qué? ¡Por Dios Rosario, termina ya de hablar! -. Se puso en pie tomando sus manos. - ¿Qué pasa con él? -.
- Raimundo lleva tres días encerrado en la bodega de la taberna, sin querer ver a nadie y sin dejar que ni siquiera Emilia entre. Esa pobre muchacha ya no sabe qué hacer -.
Francisca tomó aire. ¡Condenado hombre! Tendría que ir ella misma a sacarle de allí a patadas si era menester.
– Ordena que preparen la calesa, Rosario -.
……………………………………………
- ¡No quiero ver a nadie! ¡¿Es que no podéis dejarme en paz de una vez?! -.
Por todos los demonios, no estaba pidiendo tanto. Solo quería estar solo. Y seguir maldiciéndose por haber probado de nuevo aquellos labios que le volvían completamente loco. Jamás debió besarla.
#6431
25/02/2012 23:05
Pero había soñado tantas veces con volver a hacerlo que no pudo resistirse cuando sintió la calidez de su cuerpo bajo sus manos. Pero bastantes problemas tenía como para añadir uno más a la lista. No, definitivamente, jamás debió besarla.
Lanzó la botella que tenía entre las manos estrellándola contra el suelo. – ¡Fuera de aquí! -.
La puerta se abrió de pronto.
– Deja de gritar y sobre todo de hacer el ridículo -. Francisca entró iluminando la estancia con una lamparilla que llevaba entre sus manos. Arrugó la nariz. – Aquí apesta a licor -.
Raimundo sonrió burlón. – Es una bodega Francisca. ¿A qué quieres que huela? -. Se incorporó hasta encararla. – Si vienes a sermonearme, mejor será que vuelvas por donde has venido -.
Ella suspiró. – Vengo a sacarte de aquí Raimundo… ¿Es que no entiendes que te estás destruyendo? ¿A ti y a tu hija? ¿A…? -. Bajó la mirada. - ¿…a todos los que te quieren y se preocupan por ti? -.
- Emilia… -. Musitó él. – Mi pobre niña está sufriendo por mí… -.
- ¡Por supuesto que sí! Ella te adora… -. Se acercó lentamente a él y le tocó el brazo. – Tienes que dejar de beber, Raimundo. No puedes seguir así… -.
- No me queda nada Francisca. Lo he perdido todo -. La miró con ojos llorosos. – Mi hijo… Águeda… -. Silenció que también la había perdido a ella hace muchos años. Y cómo le mataba lentamente su desprecio e indiferencia. – No tengo nada por lo que seguir adelante -.
Francisca dejó la lamparilla en el suelo y le rodeó con su brazo por la cintura para ayudarle a salir. Raimundo se dejaba hacer. Además empezaba a sentirse mareado por todo lo que había bebido. ¡Se estaba tan bien junto a ella…!
Caminaron junto hacia la puerta. Cuando estaban a punto de cruzarla, Francisca habló de nuevo.
- ¿Qué te parece luchar por ti mismo Raimundo? Vamos, te acompaño a tu habitación -.
A duras penas consiguieron llegar hasta el cuarto de Raimundo. Todavía retumbaban en su cabeza las palabras de él. La muerte de Águeda le había afectado sobremanera. Ya fue testigo de ello en el funeral y volvía a serlo ahora mismo. Viéndole hundido. Derrotado. Su corazón sangraba de dolor por saber que su amor no era para ella.
- Yo…será mejor que me marche -. Fue a salir de la habitación cuando Raimundo la retuvo, sujetándola por la muñeca. Tenía lágrimas en los ojos.
- ¿Por qué tuviste que dejarme? -. La atrajo a él hasta abrazarla. – Te fuiste cuando más te necesitaba… yo solo quería casarme contigo… amarte… -. Se separó de ella tomándole el rostro con una mano. – No puedo vivir sin ti… no puedo seguir adelante sin ti… -. Besó sus labios con suavidad al tiempo que acariciaba su rostro.
Francisca no podía sentirse más desgraciada. Era más que evidente que Raimundo estaba enamoradísimo de Águeda y lloraba su muerte. Y ahora mismo, en su embriaguez la había confundido con ella. No la estaba besando a ella, sino a Águeda. No estaba acariciando su cuerpo. Era el de Águeda. Y a pesar del dolor que le causaban aquellos pensamientos, no pudo negarle ese momento de paz.
Raimundo la necesitaba. Necesitaba desahogar su dolor. Y ella estaba dispuesta a todo por él. Porque le amaba con cada fibra de su ser.
Por eso fue desabrochando uno a uno los botones de su chaleco hasta despojarle de él. Acto seguido la camisa cayó a sus pies. Besó sus hombros, acarició su espalda. Y no se resistió cuando Raimundo comenzó a desvestirla. Gimió cuando sus manos se colaron por su vestido, acariciando su piel desnuda.
- Te necesito tanto, amor mío… -. Susurró Raimundo junto a sus labios antes de atraparlos de nuevo entre los suyos.
Fueron caminando hasta la cama de espaldas, besándose con una ternura infinita. Amándose con cada caricia, con cada susurro, con cada jadeo. Se dejaron caer sobre el lecho. Desnudos.
Raimundo besaba cada trozo de piel del cuerpo de Francisca, que se retorcía de placer con cada toque de sus labios. Con cada toque de su lengua. Húmeda y caliente.
-…Raimundo… te quiero… -. Gritó ella cuando él la hizo suya al fin.
Enredó las piernas en torno a sus caderas haciendo que cada embestida fuera cada vez más profunda, cada vez más intensa. Sus manos bajaron por su espalda hasta atrapar el trasero de Raimundo entre ellas, acercándole aún más. Nunca parecían estar lo suficientemente cerca. Él la susurraba al oído todo lo que la amaba y lo mucho que la echaba de menos.
Cuando Francisca creyó que moriría de placer, un grito ahogado salió de su garganta y murió en la boca de Raimundo que comenzó a embestirla con mayor rapidez hasta que él consiguió su propia liberación. Cayó sobre su pecho suavemente. Francisca le acariciaba la espalda con las manos mientras mudas lágrimas se deslizaban por su rostro.
- Te quiero… -. Musitó. – Te quiero… -.
……………………..
Raimundo abrió los ojos. Recordó de pronto la noche pasada con su pequeña entre sus brazos. Y cómo antes del amanecer volvieron a amarse con más pasión que la vez anterior. Cómo ella no había dejado de repetirle lo mucho que le amaba. De nuevo la esperanza había vuelto a su vida. Giró la cabeza esperando encontrarla a su lado, pero Francisca no estaba. Extrañado, se incorporó hasta quedar sentado en la cama.
¿Se había ido?
Lanzó la botella que tenía entre las manos estrellándola contra el suelo. – ¡Fuera de aquí! -.
La puerta se abrió de pronto.
– Deja de gritar y sobre todo de hacer el ridículo -. Francisca entró iluminando la estancia con una lamparilla que llevaba entre sus manos. Arrugó la nariz. – Aquí apesta a licor -.
Raimundo sonrió burlón. – Es una bodega Francisca. ¿A qué quieres que huela? -. Se incorporó hasta encararla. – Si vienes a sermonearme, mejor será que vuelvas por donde has venido -.
Ella suspiró. – Vengo a sacarte de aquí Raimundo… ¿Es que no entiendes que te estás destruyendo? ¿A ti y a tu hija? ¿A…? -. Bajó la mirada. - ¿…a todos los que te quieren y se preocupan por ti? -.
- Emilia… -. Musitó él. – Mi pobre niña está sufriendo por mí… -.
- ¡Por supuesto que sí! Ella te adora… -. Se acercó lentamente a él y le tocó el brazo. – Tienes que dejar de beber, Raimundo. No puedes seguir así… -.
- No me queda nada Francisca. Lo he perdido todo -. La miró con ojos llorosos. – Mi hijo… Águeda… -. Silenció que también la había perdido a ella hace muchos años. Y cómo le mataba lentamente su desprecio e indiferencia. – No tengo nada por lo que seguir adelante -.
Francisca dejó la lamparilla en el suelo y le rodeó con su brazo por la cintura para ayudarle a salir. Raimundo se dejaba hacer. Además empezaba a sentirse mareado por todo lo que había bebido. ¡Se estaba tan bien junto a ella…!
Caminaron junto hacia la puerta. Cuando estaban a punto de cruzarla, Francisca habló de nuevo.
- ¿Qué te parece luchar por ti mismo Raimundo? Vamos, te acompaño a tu habitación -.
A duras penas consiguieron llegar hasta el cuarto de Raimundo. Todavía retumbaban en su cabeza las palabras de él. La muerte de Águeda le había afectado sobremanera. Ya fue testigo de ello en el funeral y volvía a serlo ahora mismo. Viéndole hundido. Derrotado. Su corazón sangraba de dolor por saber que su amor no era para ella.
- Yo…será mejor que me marche -. Fue a salir de la habitación cuando Raimundo la retuvo, sujetándola por la muñeca. Tenía lágrimas en los ojos.
- ¿Por qué tuviste que dejarme? -. La atrajo a él hasta abrazarla. – Te fuiste cuando más te necesitaba… yo solo quería casarme contigo… amarte… -. Se separó de ella tomándole el rostro con una mano. – No puedo vivir sin ti… no puedo seguir adelante sin ti… -. Besó sus labios con suavidad al tiempo que acariciaba su rostro.
Francisca no podía sentirse más desgraciada. Era más que evidente que Raimundo estaba enamoradísimo de Águeda y lloraba su muerte. Y ahora mismo, en su embriaguez la había confundido con ella. No la estaba besando a ella, sino a Águeda. No estaba acariciando su cuerpo. Era el de Águeda. Y a pesar del dolor que le causaban aquellos pensamientos, no pudo negarle ese momento de paz.
Raimundo la necesitaba. Necesitaba desahogar su dolor. Y ella estaba dispuesta a todo por él. Porque le amaba con cada fibra de su ser.
Por eso fue desabrochando uno a uno los botones de su chaleco hasta despojarle de él. Acto seguido la camisa cayó a sus pies. Besó sus hombros, acarició su espalda. Y no se resistió cuando Raimundo comenzó a desvestirla. Gimió cuando sus manos se colaron por su vestido, acariciando su piel desnuda.
- Te necesito tanto, amor mío… -. Susurró Raimundo junto a sus labios antes de atraparlos de nuevo entre los suyos.
Fueron caminando hasta la cama de espaldas, besándose con una ternura infinita. Amándose con cada caricia, con cada susurro, con cada jadeo. Se dejaron caer sobre el lecho. Desnudos.
Raimundo besaba cada trozo de piel del cuerpo de Francisca, que se retorcía de placer con cada toque de sus labios. Con cada toque de su lengua. Húmeda y caliente.
-…Raimundo… te quiero… -. Gritó ella cuando él la hizo suya al fin.
Enredó las piernas en torno a sus caderas haciendo que cada embestida fuera cada vez más profunda, cada vez más intensa. Sus manos bajaron por su espalda hasta atrapar el trasero de Raimundo entre ellas, acercándole aún más. Nunca parecían estar lo suficientemente cerca. Él la susurraba al oído todo lo que la amaba y lo mucho que la echaba de menos.
Cuando Francisca creyó que moriría de placer, un grito ahogado salió de su garganta y murió en la boca de Raimundo que comenzó a embestirla con mayor rapidez hasta que él consiguió su propia liberación. Cayó sobre su pecho suavemente. Francisca le acariciaba la espalda con las manos mientras mudas lágrimas se deslizaban por su rostro.
- Te quiero… -. Musitó. – Te quiero… -.
……………………..
Raimundo abrió los ojos. Recordó de pronto la noche pasada con su pequeña entre sus brazos. Y cómo antes del amanecer volvieron a amarse con más pasión que la vez anterior. Cómo ella no había dejado de repetirle lo mucho que le amaba. De nuevo la esperanza había vuelto a su vida. Giró la cabeza esperando encontrarla a su lado, pero Francisca no estaba. Extrañado, se incorporó hasta quedar sentado en la cama.
¿Se había ido?
#6432
25/02/2012 23:05
La noche había caído en Puente Viejo. Francisca había conseguido esconderse de todos en la Casona, excusándose con una oportuna indisposición. Cuando estuvo segura de que todos se habían retirado a sus habitaciones, decidió salir de la suya propia. Se puso una bata sobre el camisón y salió de aquel cuarto que había sido testigo de sus lágrimas. Necesitaba salir de esas cuatro paredes que la estaban asfixiando.
Bajó las escaleras en silencio y salió al jardín. Quería respirar aire limpio y puro. Tomó una gran bocanada y se sentó en una de las sillas de mimbre, cerrando los ojos. Se había pasado todo el día recordando a Raimundo. Feliz por haber estado de nuevo entre sus brazos. Pero dolorosamente entristecida por creer que no había sido a ella a quien había hecho suya. No sabía cómo actuaría a partir de ahora con respecto a él, pero esperaba que al menos Raimundo empezara a remontar.
Escuchó un ruido a su espalda y se levantó como un resorte. Empalideció de pronto cuando vio que se trataba de él.
- ¡Raimundo! -. Le llamó en voz baja.
Él se acercó lentamente. – Pareces sorprendida de verme -. Sus ojos se deslizaron acariciadores por su cuerpo cubierto por aquella fina bata. Al ver que Francisca seguía sin hablar, lo hizo él. – Quería darte las gracias por ayudarme a ver lo equivocado de mis acciones. Me… me había dejado llevar por la pena y busqué la salida más fácil -.
Francisca apretaba con fuerza sus manos hasta que sus nudillos se volvieron blanquecinos.
- Me alegro que vuelvas a ser tú de nuevo -.
Raimundo dio un paso más hasta sentarse en la silla en frente a donde ella estaba.
– Hoy no has ido por la taberna… -.
Francisca tragó saliva.
– Es que he tenido jaqueca durante todo el día… -. Avanzó unos pasos. - ¿Quieres tomar algo? -.
Pero cuando quiso pasar por su lado, Raimundo la tomó de la mano, sujetándola.
– A ti…-. Tiró suavemente de ella hasta que Francisca quedó sentada en su regazo. – Mi preciosa… -. Besó sus labios. – Mi apasionada… -. Otro beso. – Mi pequeña Francisca… -.
Francisca sentía un nudo en la garganta.
- Raimundo… -. Bajó la mirada. – Sé que sigues enamorado de Águeda y que ayer me tomaste a mí creyendo que era ella la que estaba en tus brazos… Pero… -. Una lágrima se deslizó por su mejilla. -…yo no puedo Raimundo. Te quiero y sufro. No quiero ser una sustituta de ella… -.
Raimundo la escuchaba completamente atónito. ¿Cómo había podido creer semejante tontería?
- ¿Una sustituta? ¿Tú? -. Recogió su lágrima con el pulgar. – Nunca podrás ser sustituta de nadie amor mío… -. Tomó su mentón haciendo que sus ojos se encontraran. – Anoche eras tú, mi cielo. Solo tú. La única dueña de mi corazón… -. Rozó su mejilla con la nariz. -…la única dueña de todo mi ser… -.
- Pero tu dijiste qué querías casarte… yo pensé…. -.
- Pensaste mal -. La interrumpió él. – Hablaba de ti, pequeña mía -. La abrazó, escondiendo el rostro en el hueco de su cuello. – No puedo volver a estar sin ti Francisca. No ahora que sé que me amas tanto como yo a ti -. Dejó un beso en su cuello sintiendo como se estremecía. - Francisca te adoro… siempre lo he hecho, y cuando creí que te perdía, sentí morirme. Afloraron todos mis sentimientos por ti y tuve miedo. Miedo de quererte sabiendo que tu no lo hacías. Me refugié primero en Águeda y al morir ella, creí que caería en el abismo más profundo por tener que seguir viviendo en este mundo sin poder estar a tu lado -. Volvió a dirigir su mirada hacia ella. – Dime que me quieres, princesa… necesito escucharlo de nuevo de tus labios… -.
Francisca le miró con los ojos cargados de amor. Con el mismo amor que siempre había estado reflejado en ellos pero que no había sabido ver en todos estos años. Tomó su rostro entre las manos.
- Te quiero Raimundo. Te quiero… -. Se acercó a su boca. -… te quiero… -.
Se besaron con ternura, pues ya habría tiempo para la pasión. En ese momento solo querían disfrutar de su intimidad. Raimundo la apretó contra él, dichoso por haber recuperado su vida.
Feliz porque el amor de su pequeña Francisca le había salvado.
FIN
Bajó las escaleras en silencio y salió al jardín. Quería respirar aire limpio y puro. Tomó una gran bocanada y se sentó en una de las sillas de mimbre, cerrando los ojos. Se había pasado todo el día recordando a Raimundo. Feliz por haber estado de nuevo entre sus brazos. Pero dolorosamente entristecida por creer que no había sido a ella a quien había hecho suya. No sabía cómo actuaría a partir de ahora con respecto a él, pero esperaba que al menos Raimundo empezara a remontar.
Escuchó un ruido a su espalda y se levantó como un resorte. Empalideció de pronto cuando vio que se trataba de él.
- ¡Raimundo! -. Le llamó en voz baja.
Él se acercó lentamente. – Pareces sorprendida de verme -. Sus ojos se deslizaron acariciadores por su cuerpo cubierto por aquella fina bata. Al ver que Francisca seguía sin hablar, lo hizo él. – Quería darte las gracias por ayudarme a ver lo equivocado de mis acciones. Me… me había dejado llevar por la pena y busqué la salida más fácil -.
Francisca apretaba con fuerza sus manos hasta que sus nudillos se volvieron blanquecinos.
- Me alegro que vuelvas a ser tú de nuevo -.
Raimundo dio un paso más hasta sentarse en la silla en frente a donde ella estaba.
– Hoy no has ido por la taberna… -.
Francisca tragó saliva.
– Es que he tenido jaqueca durante todo el día… -. Avanzó unos pasos. - ¿Quieres tomar algo? -.
Pero cuando quiso pasar por su lado, Raimundo la tomó de la mano, sujetándola.
– A ti…-. Tiró suavemente de ella hasta que Francisca quedó sentada en su regazo. – Mi preciosa… -. Besó sus labios. – Mi apasionada… -. Otro beso. – Mi pequeña Francisca… -.
Francisca sentía un nudo en la garganta.
- Raimundo… -. Bajó la mirada. – Sé que sigues enamorado de Águeda y que ayer me tomaste a mí creyendo que era ella la que estaba en tus brazos… Pero… -. Una lágrima se deslizó por su mejilla. -…yo no puedo Raimundo. Te quiero y sufro. No quiero ser una sustituta de ella… -.
Raimundo la escuchaba completamente atónito. ¿Cómo había podido creer semejante tontería?
- ¿Una sustituta? ¿Tú? -. Recogió su lágrima con el pulgar. – Nunca podrás ser sustituta de nadie amor mío… -. Tomó su mentón haciendo que sus ojos se encontraran. – Anoche eras tú, mi cielo. Solo tú. La única dueña de mi corazón… -. Rozó su mejilla con la nariz. -…la única dueña de todo mi ser… -.
- Pero tu dijiste qué querías casarte… yo pensé…. -.
- Pensaste mal -. La interrumpió él. – Hablaba de ti, pequeña mía -. La abrazó, escondiendo el rostro en el hueco de su cuello. – No puedo volver a estar sin ti Francisca. No ahora que sé que me amas tanto como yo a ti -. Dejó un beso en su cuello sintiendo como se estremecía. - Francisca te adoro… siempre lo he hecho, y cuando creí que te perdía, sentí morirme. Afloraron todos mis sentimientos por ti y tuve miedo. Miedo de quererte sabiendo que tu no lo hacías. Me refugié primero en Águeda y al morir ella, creí que caería en el abismo más profundo por tener que seguir viviendo en este mundo sin poder estar a tu lado -. Volvió a dirigir su mirada hacia ella. – Dime que me quieres, princesa… necesito escucharlo de nuevo de tus labios… -.
Francisca le miró con los ojos cargados de amor. Con el mismo amor que siempre había estado reflejado en ellos pero que no había sabido ver en todos estos años. Tomó su rostro entre las manos.
- Te quiero Raimundo. Te quiero… -. Se acercó a su boca. -… te quiero… -.
Se besaron con ternura, pues ya habría tiempo para la pasión. En ese momento solo querían disfrutar de su intimidad. Raimundo la apretó contra él, dichoso por haber recuperado su vida.
Feliz porque el amor de su pequeña Francisca le había salvado.
FIN
#6433
25/02/2012 23:24
Es una maravilla de relatos siamesas 











Que bien estan descritos. Sus pensamientos, sus gesto, el dolor. Me ha encanado. Ya quisiera yo escribir así. Parece que lo podía ver ha sido maravillosa. Felicidades que arte teneís
Mi frase favorita ha sido está:
Solo quería estar solo. Y seguir maldiciéndose por haber probado de nuevo aquellos labios que le volvían completamente loco. Jamás debió besarla.
Esa frase me ha matado de verdad. Es preciosa. Se ve el sufrimiento de Raimundo


La última parte ha sido preciosa. Francisca creyendo que era una sustituta

P-R-E-C-I-O-S-O












Que bien estan descritos. Sus pensamientos, sus gesto, el dolor. Me ha encanado. Ya quisiera yo escribir así. Parece que lo podía ver ha sido maravillosa. Felicidades que arte teneís
Mi frase favorita ha sido está:
Solo quería estar solo. Y seguir maldiciéndose por haber probado de nuevo aquellos labios que le volvían completamente loco. Jamás debió besarla.
Esa frase me ha matado de verdad. Es preciosa. Se ve el sufrimiento de Raimundo



La última parte ha sido preciosa. Francisca creyendo que era una sustituta


P-R-E-C-I-O-S-O
#6434
26/02/2012 00:45
Gracias a estas maravillas que escribís voy a dormir en la gloria siamesas.
Son preciosas de verdad, ya podríais darle unas clases a los guionistas y que tomaran ejemplo de estas pequeñas maravillas.
Son preciosas de verdad, ya podríais darle unas clases a los guionistas y que tomaran ejemplo de estas pequeñas maravillas.
#6435
26/02/2012 00:46
Yo que quería poner hoy algo decente en este foro y van y me dejan sin palabras!!!! Qué maravillas de verdad. Me quito el sombrero siamesas!! soñaré con esto!
Laury, me tienes anonadada! Hay algún género al que no sucumbas?. Comedia, tragedia, musical. Qué grande! me desternillo contigo!
... y ya nos vamos acercando peligrosamente a esa página 369 que como ya marca la tradición, nuestra Riri ha de rubricar con un relato erótico –festivo. ay ay ay qué ganas!!!
Laury, me tienes anonadada! Hay algún género al que no sucumbas?. Comedia, tragedia, musical. Qué grande! me desternillo contigo!
... y ya nos vamos acercando peligrosamente a esa página 369 que como ya marca la tradición, nuestra Riri ha de rubricar con un relato erótico –festivo. ay ay ay qué ganas!!!
#6436
26/02/2012 03:35
Enviad los relatos con sello urgente a los guionistas. Andan escasos d ideas y las necesitan
#6437
26/02/2012 10:30
HOLA :
RUHYT , MIRI : MI henorabuena padazo de relatos si ya digo yo que directas ha seguir vosotras como guionistas de pv!!!!! que felices seriamos todas nosotras!!!
UN BESO
RUHYT , MIRI : MI henorabuena padazo de relatos si ya digo yo que directas ha seguir vosotras como guionistas de pv!!!!! que felices seriamos todas nosotras!!!
UN BESO
#6438
26/02/2012 12:32
Canal actualizado 
No se porqué extraño motivo los dos primeros videos se quedan colgados. Os prometo que los he descargado 4 veces y otras tantas los he editado y sigue pasando. ¡Lo siento! es lo que hay...
P.D: por favor,si falta algún video o quereis añadir alguna escena que se me ha pasado poner,me dejais aquí escrito el capítulo,parte y minuto en el que esté esa escena (os fijais en el modo salón). A partir de ahora,actualizo los findes porque durante la semana no puedo hacerlo. (Lo intentaré cuando se den las escenas que llevamos meses esperando!! jejeje)

No se porqué extraño motivo los dos primeros videos se quedan colgados. Os prometo que los he descargado 4 veces y otras tantas los he editado y sigue pasando. ¡Lo siento! es lo que hay...
P.D: por favor,si falta algún video o quereis añadir alguna escena que se me ha pasado poner,me dejais aquí escrito el capítulo,parte y minuto en el que esté esa escena (os fijais en el modo salón). A partir de ahora,actualizo los findes porque durante la semana no puedo hacerlo. (Lo intentaré cuando se den las escenas que llevamos meses esperando!! jejeje)
#6439
26/02/2012 13:00
Hola!! Ya veo qeu aqui va mas trasnochar jeje...
Ruth, Miri que bonitas las historias!!! ojala nos hicieran un poco de caso y pasara algo asi en la serie, pero al menos con los relatos nos distraemos y soñamos por un rato. Muchas gracias!!
A y ruth gracias por los videos!!
Melisa Laura, no te preocupes por mi, si yo esoy encantada de la vida de no dar abasto, va con mi personalidad o vivo agobiada o no soy yo, ademas me encata la carrera, el otro dia saque sangre por primera vez y no paraba de dar botes, me encanta. Talento no se si tengo, pero te prometo qeu trabajo duro, quitando los ratillos qeu dedico a escribir mis relatillos... jejeje, pero me encanta por mucho qeu a veces me gustaría tirar el monton de apuntes por la ventana, me entiendes verdad?
Bueno, pues os dejo otro poco de relato, qeu empieza la accion, no en este pero en el siguiente capi si!!Espero que os guste mi cambio de registro.
AMORES QUE MATAN
Acababa de amanecer, el cálido viento golpeaba suavemente su rostro mientras Raimundo empujaba su silla por el camino al pueblo.
- Te digo que no Raimundo, que no quiero bajar así al pueblo.
- ¿Y por qué no mujer?
- ¿Y por qué sí? Para que todos esos destripaterrones me miren por encima del hombro, me niego.
- Primero, son buenas personas ni destripaterrones ni haraganes ni ninguno de tus epítetos. Segundo, les sorprenderá tanto que sea yo el que empuje tu silla que apenas se fijarán que estás a menos altura de la normal.
- Condenado hombre, ¿quieres parar? Déjame. ¡Raimundo!
Su grito fue tal que hasta los pájaros volaron de su nido. Del mismo susto que le produjo Raimundo paró en seco
- Gracias
- No, Francisca, gracias a ti por dejarme sordo.
- No exageres, pareces una plañidera.
- Y tú eres terca como una mula.
- Puede ser, pero mejor terca que criticada por el pueblo entero
- Mejor criticada que muerta
- Depende de para quien
- No hay en el mundo mujer como tú.- Dijo derrotado
- Lo tomaré como un cumplido, pero eso no cambia nada, da la vuelta y llévame a la Casona.
- Tengo una idea mejor, me adelantaré para asegurarme de que no haya nadie, todavía es muy pronto y las calles estarán despejadas y te llevaré directa a la posada
- ¿Y por qué iba a acceder a ir a ese tugurio de mala muerte?
- Porque en el fondo estás deseando ver el pueblo… y más aún estar en mi alcoba.
- Pero serás…
No le dio tiempo a acabar la frase porque Raimundo se acercó a ella raudo para unir sus labios a los suyos. Francisca intentó resistirse durante unos segundos, pero no tardó en caer rendida a sus pies, a sus labios y a participar en aquel beso hasta que se quedaron sin aliento.
- … impertinente. – dijo en un susurro con el poco aire que le quedaba cuando sus labios se separaron.
- Vuelvo enseguida, no te muevas de aquí
- Muy gracioso, como si pudiera.
Raimundo comenzó a alejarse corriendo hasta desaparecer tras la primera curva que ocultaban los árboles. Francisca no podía dejar de sonreír al verlo aunque al mismo tiempo le hiciera hervir la sangre, ese era el efecto de Raimundo. Solo él podía animarla en momentos así, aunque no pudiera reconocerlo su mera presencia le daba fuerzas para vivir.
Pasaron los minutos, y después las horas. El tiempo avanzaba inexorable sin noticias de Raimundo. Ya comenzaban a verse trabajadores, ¿qué podía hacer? ¿Qué podía pensar? ¿Se habría olvidado de ella? ¿Le habría pasado algo? Esa idea fue la que más la asustó, y si se había caído por correr o lo habían atracado. Los nervios y la angustia se apoderaron de su cuerpo, de su estómago, de su mano, incluso en sus… no, en las piernas no sentía nada. Pero Raimundo, dónde estaba.
Llegó agotado a la Casa de Comida pero impulsado por una nueva alegría que le embargaba y reponía sus fuerzas. Se había fijado en cada calle, y como sospechaba todo estaba vacío, no quería hacer esperar a Francisca, sobre todo, sabiéndola sola en su estado, pero no se atrevía a llevarla a su habitación sin recoger un poco antes, era lo que tenía ser un soltero empedernido como lo llevaba siendo tantos años. Sin perder la sonrisa, esa sonrisa que solo Francisca sabía dibujar en él se agachó dispuesto a esconder toda la ropa sucia que había en el suelo. Pero de repente sintió un duro golpe en la cabeza, todo comenzó a dar vueltas a su alrededor, creyó escuchar unos pasos a su alrededor, y al final solo quedó la oscuridad.
Qué le habra pasado a Raimundo?? Pero os doy una pist,a que le va a pasar a Francisca???Uyyyy...
Ruth, Miri que bonitas las historias!!! ojala nos hicieran un poco de caso y pasara algo asi en la serie, pero al menos con los relatos nos distraemos y soñamos por un rato. Muchas gracias!!
A y ruth gracias por los videos!!
Melisa Laura, no te preocupes por mi, si yo esoy encantada de la vida de no dar abasto, va con mi personalidad o vivo agobiada o no soy yo, ademas me encata la carrera, el otro dia saque sangre por primera vez y no paraba de dar botes, me encanta. Talento no se si tengo, pero te prometo qeu trabajo duro, quitando los ratillos qeu dedico a escribir mis relatillos... jejeje, pero me encanta por mucho qeu a veces me gustaría tirar el monton de apuntes por la ventana, me entiendes verdad?
Bueno, pues os dejo otro poco de relato, qeu empieza la accion, no en este pero en el siguiente capi si!!Espero que os guste mi cambio de registro.
AMORES QUE MATAN
Acababa de amanecer, el cálido viento golpeaba suavemente su rostro mientras Raimundo empujaba su silla por el camino al pueblo.
- Te digo que no Raimundo, que no quiero bajar así al pueblo.
- ¿Y por qué no mujer?
- ¿Y por qué sí? Para que todos esos destripaterrones me miren por encima del hombro, me niego.
- Primero, son buenas personas ni destripaterrones ni haraganes ni ninguno de tus epítetos. Segundo, les sorprenderá tanto que sea yo el que empuje tu silla que apenas se fijarán que estás a menos altura de la normal.
- Condenado hombre, ¿quieres parar? Déjame. ¡Raimundo!
Su grito fue tal que hasta los pájaros volaron de su nido. Del mismo susto que le produjo Raimundo paró en seco
- Gracias
- No, Francisca, gracias a ti por dejarme sordo.
- No exageres, pareces una plañidera.
- Y tú eres terca como una mula.
- Puede ser, pero mejor terca que criticada por el pueblo entero
- Mejor criticada que muerta
- Depende de para quien
- No hay en el mundo mujer como tú.- Dijo derrotado
- Lo tomaré como un cumplido, pero eso no cambia nada, da la vuelta y llévame a la Casona.
- Tengo una idea mejor, me adelantaré para asegurarme de que no haya nadie, todavía es muy pronto y las calles estarán despejadas y te llevaré directa a la posada
- ¿Y por qué iba a acceder a ir a ese tugurio de mala muerte?
- Porque en el fondo estás deseando ver el pueblo… y más aún estar en mi alcoba.
- Pero serás…
No le dio tiempo a acabar la frase porque Raimundo se acercó a ella raudo para unir sus labios a los suyos. Francisca intentó resistirse durante unos segundos, pero no tardó en caer rendida a sus pies, a sus labios y a participar en aquel beso hasta que se quedaron sin aliento.
- … impertinente. – dijo en un susurro con el poco aire que le quedaba cuando sus labios se separaron.
- Vuelvo enseguida, no te muevas de aquí
- Muy gracioso, como si pudiera.
Raimundo comenzó a alejarse corriendo hasta desaparecer tras la primera curva que ocultaban los árboles. Francisca no podía dejar de sonreír al verlo aunque al mismo tiempo le hiciera hervir la sangre, ese era el efecto de Raimundo. Solo él podía animarla en momentos así, aunque no pudiera reconocerlo su mera presencia le daba fuerzas para vivir.
Pasaron los minutos, y después las horas. El tiempo avanzaba inexorable sin noticias de Raimundo. Ya comenzaban a verse trabajadores, ¿qué podía hacer? ¿Qué podía pensar? ¿Se habría olvidado de ella? ¿Le habría pasado algo? Esa idea fue la que más la asustó, y si se había caído por correr o lo habían atracado. Los nervios y la angustia se apoderaron de su cuerpo, de su estómago, de su mano, incluso en sus… no, en las piernas no sentía nada. Pero Raimundo, dónde estaba.
Llegó agotado a la Casa de Comida pero impulsado por una nueva alegría que le embargaba y reponía sus fuerzas. Se había fijado en cada calle, y como sospechaba todo estaba vacío, no quería hacer esperar a Francisca, sobre todo, sabiéndola sola en su estado, pero no se atrevía a llevarla a su habitación sin recoger un poco antes, era lo que tenía ser un soltero empedernido como lo llevaba siendo tantos años. Sin perder la sonrisa, esa sonrisa que solo Francisca sabía dibujar en él se agachó dispuesto a esconder toda la ropa sucia que había en el suelo. Pero de repente sintió un duro golpe en la cabeza, todo comenzó a dar vueltas a su alrededor, creyó escuchar unos pasos a su alrededor, y al final solo quedó la oscuridad.
Qué le habra pasado a Raimundo?? Pero os doy una pist,a que le va a pasar a Francisca???Uyyyy...
#6440
26/02/2012 13:23
Por cierto, que, ya se qeu 3 son multitud, pero tambien dicen qeu donde caben 2 caben 3, no? Es que he estado pensando qeu seguro, seguro que los lionistas nos la lían parda. Como soy buena persona y no quiero qeu os pille por sorpresa os he hecho un avance de lo que es posible que los señores guionistas nos hagan pasar (menos el final que ahi ya me he dejado llevar, jeje
TERCUZOS A PARES
Intentaba concentrarse en la montaña de papelas que cubrían su mesa en vano, no podía dejar de pensar en Raimundo. Por más que una parte de ella se alegrara de que no fuera a casarse, lamentaba de verás que fuera en aquellas circunstancias. Águeda nunca había sido santo de su devoción, pero era una mujer en cierto modo parecida a ella. Lo que más le dolía era pensar en cómo se encontraría él, destrozado por los últimos golpes que el destino le había propinado: Sebastián condenado y huido, la ruina y ahora aquello. Hubiera dado cualquier cosa por intentar consolarlo, por estar con él, pero sabía que no sería bien recibida. De pronto escuchó unos fuertes golpes en la puerta de entrada, voces, gritos. Escuchaba la voz de Rosario rogando que esperase a ser presentado y unos pasos que avanzaban directos hacia ella. La puerta del despacho se abrió sin consideración dando paso a la imagen de un Raimundo demacrado, pálido, ojeroso, con los ojos inyectados en rabia y enrojecidos por el llanto.
- Está bien Rosario, déjanos solos.
Ella se fue cerrando la puerta.
- Raimundo… ¿Cómo te encuentras?
- No intentes hacerte la amable conmigo, Francisca, ya sé qué clase de mujer eres. Pensaba que habías llegado al límite de tu maldad, pero esto es demasiado.
- No sé de qué hablas.
- La guardia civil ha dictaminado que alguien la empujó, están buscando pruebas, pero a mí no me hacen falta. En cuanto los escuché supe que habías sido tú. No podía soportar verme feliz.
- ¿Pero qué dices? Si estaba en la fiesta, si estoy inválida.
- Por supuesto, tú no te mancharías las manos, contratarías a alguien que lo hiciera por ti, cualquier mercenario barato. Eres un ser despreciable, tú corazón está completamente seco, no mereces ni llamarte persona. No podías verme feliz, ¿era eso verdad? No podías aguantar que pudiera volver a enamorarme mientras tú te pudrías en una silla de ruedas.
- No voy a permitir que vengas a mi casa a insultarme y a acusarme de crímenes que no he cometido. Siento la muerte de Águeda, y siento que estés tan apenado pero yo no tengo la culpa de ello.
No quería que Raimundo pudiera ver todo el daño que le estaban causando sus palabras que desgarraban su alma lentamente.
- Tú y solo tú eres la culpable de todos mis males. Me arruinaste la vida, a mí, a mis hijos, condenaste a mi hijo en una empresa sin futuro y ahora me has quitado la única alegría que me quedaba. Eres un monstruo. Se ve que tu marido te enseñó bien, no tienes nada que envidiarle a Castro.
- No te atrevas a decir eso, tú no tienes ni idea de lo que he pasado.
- ¿Tú? No me hagas reír. Has vivido toda tu vida en un palacio jugando con las vidas de los demás, decidiendo quién vivía o moría; encerrando a una pobre criatura media vida, y eres capaz de asesinar a sangre fría.
- ¡Yo no maté a Águeda!
- Sí lo hiciste- Él se acercó hasta ella, rodeando el escritorio que los separaba, la agarró por los brazos con fuerza, clavándole las uñas, zarandeándola violentamente- Lo hiciste, lo hiciste, la has matado, confiésalo, monstruo, confiésalo.
Luchaba por no llorar, pero aquello era demasiado.
- Raimundo me haces daño- Sus dedos la atenazaban con tanta fuerza que casi la levantaban de la silla, no podía moverse, ni defenderse y él seguía apretando cada vez más y más- Raimundo…- Sin poder evitarlo emitió un leve sollozo, el dolor era cada vez más insoportable, pero no solo el de sus brazos, pues notaba su corazón quebrarse a cada palabra de él.
Entonces Raimundo pareció darse cuenta y aflojó las manos, soltándola, pero quedando a su altura, espalda encorvada, para poder mirara a la cara con una mirada de desprecio que nunca antes había visto en sus ojos.
- Te mereces todo lo que te ha pasado en la vida, a Salvador Castro, que no te llegaba a la suela de los zapatos, te mereces quedarte sola sin nadie que te quiera, pudriéndote en tu propia crueldad, en la prisión en la que enterraste tus sentimientos. Te mereces estar así, impedida…
Ya no pudo soportarlo más, su mano cobró vida propia para ir a aterrizar con fuerza en su rostro, notando cómo la palma comenzaba a picarle al chocar contra su mejilla. Raimundo la miró de nuevo con desprecio, con odio, con rabia y se alejó de ella.
- La verdad duele.- Le dijo
- Espero que algún día te des cuenta del grave error que has cometido hoy Raimundo. Aunque lo dudo.
- El único error que he cometido en mi vida, fue amarte, pero ya está acabado.- Otra estocada en su corazón.
- Bien. Pues piensa, si eso te va a aliviar, que yo la maté, ¿qué más da? Piénsalo si te parece mejor, pero mientras tanto has de saber que el verdadero asesino sigue suelto.
- La única asesina eres tú.
- Maldito hombre, ¿por qué eres tan terco? ¿No ves que yo no la maté?
- A mí no puedes engañarme, arpía, bruja sin sentimientos, tu vida es la venganza. Águeda era mil veces mejor que tú, era todo lo que tú nunca podrás ser, la mujer que amaba.
Aquello era demasiado. Buscó con la mano algún objeto contundente y se lo lanzó a la cabeza. Solo consiguió acertarle en el pecho y su artillería cayó a sus pies. Entonces se dio cuenta de lo que había lanzado, el libro de Rosalía de Castro que había estado leyendo aquella tarde. Raimundo se agachó para cogerlo y lo observó sorprendido. Abrió la tapa para comprobar sus sospechas y leer la dedicatoria que él mismo escribió.
- ¿Es…?- dijo él
- Es. Pero por mí puedes llevártelo, quémalo ¿qué más da? Ya has dejado bien claro que aquella época fue un error, que lo has olvidado todo.
- Tú eres la que lo ha olvidado, has olvidado quién eras para ser una asesina.
- Y vuelta la burra al trigo. Mira, llévate el libro, tíralo, quémalo, guárdalo, me da igual. Pero vete, vete de aquí ahora mismo. No quiero volver a verte en mi vida Raimundo Ulloa, nunca más. Fuera de mi casa, fuera de mi vida. ¡Ya!
TERCUZOS A PARES
Intentaba concentrarse en la montaña de papelas que cubrían su mesa en vano, no podía dejar de pensar en Raimundo. Por más que una parte de ella se alegrara de que no fuera a casarse, lamentaba de verás que fuera en aquellas circunstancias. Águeda nunca había sido santo de su devoción, pero era una mujer en cierto modo parecida a ella. Lo que más le dolía era pensar en cómo se encontraría él, destrozado por los últimos golpes que el destino le había propinado: Sebastián condenado y huido, la ruina y ahora aquello. Hubiera dado cualquier cosa por intentar consolarlo, por estar con él, pero sabía que no sería bien recibida. De pronto escuchó unos fuertes golpes en la puerta de entrada, voces, gritos. Escuchaba la voz de Rosario rogando que esperase a ser presentado y unos pasos que avanzaban directos hacia ella. La puerta del despacho se abrió sin consideración dando paso a la imagen de un Raimundo demacrado, pálido, ojeroso, con los ojos inyectados en rabia y enrojecidos por el llanto.
- Está bien Rosario, déjanos solos.
Ella se fue cerrando la puerta.
- Raimundo… ¿Cómo te encuentras?
- No intentes hacerte la amable conmigo, Francisca, ya sé qué clase de mujer eres. Pensaba que habías llegado al límite de tu maldad, pero esto es demasiado.
- No sé de qué hablas.
- La guardia civil ha dictaminado que alguien la empujó, están buscando pruebas, pero a mí no me hacen falta. En cuanto los escuché supe que habías sido tú. No podía soportar verme feliz.
- ¿Pero qué dices? Si estaba en la fiesta, si estoy inválida.
- Por supuesto, tú no te mancharías las manos, contratarías a alguien que lo hiciera por ti, cualquier mercenario barato. Eres un ser despreciable, tú corazón está completamente seco, no mereces ni llamarte persona. No podías verme feliz, ¿era eso verdad? No podías aguantar que pudiera volver a enamorarme mientras tú te pudrías en una silla de ruedas.
- No voy a permitir que vengas a mi casa a insultarme y a acusarme de crímenes que no he cometido. Siento la muerte de Águeda, y siento que estés tan apenado pero yo no tengo la culpa de ello.
No quería que Raimundo pudiera ver todo el daño que le estaban causando sus palabras que desgarraban su alma lentamente.
- Tú y solo tú eres la culpable de todos mis males. Me arruinaste la vida, a mí, a mis hijos, condenaste a mi hijo en una empresa sin futuro y ahora me has quitado la única alegría que me quedaba. Eres un monstruo. Se ve que tu marido te enseñó bien, no tienes nada que envidiarle a Castro.
- No te atrevas a decir eso, tú no tienes ni idea de lo que he pasado.
- ¿Tú? No me hagas reír. Has vivido toda tu vida en un palacio jugando con las vidas de los demás, decidiendo quién vivía o moría; encerrando a una pobre criatura media vida, y eres capaz de asesinar a sangre fría.
- ¡Yo no maté a Águeda!
- Sí lo hiciste- Él se acercó hasta ella, rodeando el escritorio que los separaba, la agarró por los brazos con fuerza, clavándole las uñas, zarandeándola violentamente- Lo hiciste, lo hiciste, la has matado, confiésalo, monstruo, confiésalo.
Luchaba por no llorar, pero aquello era demasiado.
- Raimundo me haces daño- Sus dedos la atenazaban con tanta fuerza que casi la levantaban de la silla, no podía moverse, ni defenderse y él seguía apretando cada vez más y más- Raimundo…- Sin poder evitarlo emitió un leve sollozo, el dolor era cada vez más insoportable, pero no solo el de sus brazos, pues notaba su corazón quebrarse a cada palabra de él.
Entonces Raimundo pareció darse cuenta y aflojó las manos, soltándola, pero quedando a su altura, espalda encorvada, para poder mirara a la cara con una mirada de desprecio que nunca antes había visto en sus ojos.
- Te mereces todo lo que te ha pasado en la vida, a Salvador Castro, que no te llegaba a la suela de los zapatos, te mereces quedarte sola sin nadie que te quiera, pudriéndote en tu propia crueldad, en la prisión en la que enterraste tus sentimientos. Te mereces estar así, impedida…
Ya no pudo soportarlo más, su mano cobró vida propia para ir a aterrizar con fuerza en su rostro, notando cómo la palma comenzaba a picarle al chocar contra su mejilla. Raimundo la miró de nuevo con desprecio, con odio, con rabia y se alejó de ella.
- La verdad duele.- Le dijo
- Espero que algún día te des cuenta del grave error que has cometido hoy Raimundo. Aunque lo dudo.
- El único error que he cometido en mi vida, fue amarte, pero ya está acabado.- Otra estocada en su corazón.
- Bien. Pues piensa, si eso te va a aliviar, que yo la maté, ¿qué más da? Piénsalo si te parece mejor, pero mientras tanto has de saber que el verdadero asesino sigue suelto.
- La única asesina eres tú.
- Maldito hombre, ¿por qué eres tan terco? ¿No ves que yo no la maté?
- A mí no puedes engañarme, arpía, bruja sin sentimientos, tu vida es la venganza. Águeda era mil veces mejor que tú, era todo lo que tú nunca podrás ser, la mujer que amaba.
Aquello era demasiado. Buscó con la mano algún objeto contundente y se lo lanzó a la cabeza. Solo consiguió acertarle en el pecho y su artillería cayó a sus pies. Entonces se dio cuenta de lo que había lanzado, el libro de Rosalía de Castro que había estado leyendo aquella tarde. Raimundo se agachó para cogerlo y lo observó sorprendido. Abrió la tapa para comprobar sus sospechas y leer la dedicatoria que él mismo escribió.
- ¿Es…?- dijo él
- Es. Pero por mí puedes llevártelo, quémalo ¿qué más da? Ya has dejado bien claro que aquella época fue un error, que lo has olvidado todo.
- Tú eres la que lo ha olvidado, has olvidado quién eras para ser una asesina.
- Y vuelta la burra al trigo. Mira, llévate el libro, tíralo, quémalo, guárdalo, me da igual. Pero vete, vete de aquí ahora mismo. No quiero volver a verte en mi vida Raimundo Ulloa, nunca más. Fuera de mi casa, fuera de mi vida. ¡Ya!