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El Rincón de Francisca y Raimundo:ESTE AMOR SE MERECE UN YACIMIENTO (TUNDA TUNDA) Gracias María y Ramon

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samureta
samureta
08/06/2011 23:44
elrincondefranciscayraimundoesteamorsemereceunyacimientotundatundagraciasmariayramon

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No existe amor en paz. Siempre viene acompañado de agonías, éxtasis, alegrías intensas y tristezas profundas.

[/b]
#6341
Crippy
Crippy
19/02/2012 17:47
¿Qué pasa cuando Ruth y yo nos juntamos? Pues esto...

Águedita escarolita mejorada>evoluciona en...>¡¡La alegría de la huerta!!

elrincondefranciscayraimundoesteamorsemereceunyacimientotundatundagraciasmariayramon

Y sin olvidarnos de... Topo Gigia!!

elrincondefranciscayraimundoesteamorsemereceunyacimientotundatundagraciasmariayramon
#6342
thirdwatch
thirdwatch
19/02/2012 18:06
Jajajajajajajajajajajajajaja es buenísimo jajajajajajajajajajaajaja tenéis que dejar todo esto en el hilo recopìlatorio. Que buenísimas is jajajajajajajajajaja
#6343
Kerala
Kerala
19/02/2012 18:37
jajajajajajajajajajjajajajajajajajajjajajajajjajajaja ¡qué grande!
somos un peligro andante Crispilla jajajaja

Os dejo capi largo guiño Las cosas mejorarán!! en la serie y en mi relato. Asi que ¡Don't worry!


"TU ERES MI CONDENA"


Tristán desayunaba tranquilamente en el salón cuando apareció Rosario visiblemente preocupada. Dejó su taza sobre la mesa antes de dirigirse a ella.

- ¿Qué ocurre Rosario? -.

- Se trata de su madre, Señor. No ha dormido en casa -. Retorcía las manos nerviosa. Acababa de llamar a la puerta de su habitación, y al no haber obtenido respuesta, se decidió a entrar. La cama estaba sin deshacer y las cortinas no estaban echadas.

Tristán se quedó pensativo únicamente unos segundos. Después sonrió, comprendiendo lo que había pasado.

- No te preocupes Rosario -. Se puso en pie dando el último sorbo a su café. – Ayer mi madre fue a ver a Rai… -. Suspiró. Aún se le hacía raro. – A mi padre. Y si esta noche no ha regresado, es que consiguieron arreglar sus diferencias -. Estaba feliz. Por su madre y por su padre. Y por él mismo. Puede que hubieran tardado en conseguirlo, pero empezaban a ser una verdadera familia. – Creo que me pasaré por la Casa de Comidas para hablar con ellos -.

Se despidió de Rosario con un beso, y se marchó, dispuesto a reunirse con sus padres.

…………………..

Otra noche más que había pasado en vela. Los ánimos estaban más apaciguados, pero el dolor seguía impregnando su ser. Se veía incapaz de pensar con claridad. ¡Tenía otro hijo! Le costaba asimilarlo. Un hijo… Tristán nada más y nada menos. Suyo y de su pequeña Francisca.

Salió a la entrada de la posada queriendo disfrutar de lo últimos momentos de paz que tendría a lo largo del día, ya que enseguida llegarían las primeras cuadrillas de jornaleros. Había decidido que hablaría con Tristán hoy mismo de su nueva situación. De sobra era conocido el aprecio que siempre había mostrado por aquel muchacho, y saber que era hijo suyo le llenaba de orgullo. Tristán era un gran muchacho.

Se sentó en el banco que había junto a su negocio y apoyó la cabeza en la pared cerrando los ojos. Emilia salió para llenar un cántaro de agua en la fuente y al verlo ahí sentado, se acercó. Estaba preocupada por él. Después de haber presenciado la escena de ayer con Doña Francisca, llegó a la conclusión de que esta vez, el disgusto entre ellos, tenía pocos visos de solucionarse.

- Buenos días padre. Tiene mala cara -. Raimundo abrió un ojo y la miró unos segundos, para volver de nuevo a su posición inicial. – Bueno ¿qué? ¿Me va a contar de una vez que es lo que se traen ustedes dos? -.

- ¿Qué dos, Emilia? -.

Ella abrió los ojos todo lo que pudo. - ¿Qué dos van a ser? Usted y la Doña. ¿Por qué están de morros? -. Se sentó a su lado esperando una respuesta.

Raimundo suspiró. Tarde o temprano se iba a enterar, así que ¿por qué no contárselo ya?

- Verás Emilia. Hay algo que tengo que contarte -. Se sentó correctamente, mirando a su hija y tomó su mano. Suspiró. – Ayer me enteré de algo que va a cambiar nuestras vidas -.

- ¿Nuestras…vidas? -. Preguntó ella asustada. Raimundo asintió con la cabeza.

– Emilia… cuando me separé de Francisca, ella… ella estaba embarazada -.

- ¿Embarazada? -. Emilia movía la cabeza tratando de comprender el alcance de lo que su padre le estaba contando. – ¿Y qué pasó con ese niño? -.

- Ese niño creció pensando que su verdadero padre era otra persona -. Bajó la cabeza apenado. – Y yo viéndole cada día sin saber que estaba ante mi hijo. ¡Mi hijo, Emilia! -. La miró con lágrimas en los ojos.

Emilia empezó a encajar todas las piezas y comprendió la realidad. Su respiración se volvió entrecortada y llevó la mano a su abultado vientre, donde una nueva vida se estaba gestando.

- Padre… ¿está tratando de decirme que…? -.

- Que Tristán es mi hijo Emilia. Tu hermano -. Observó a su hija, que llevó la mano a su boca, incrédula de lo que él le estaba diciendo. - ¿Entiendes ahora lo que me pasa? Francisca me lo ocultó. Tardó casi 30 años en decirme la verdad, y solo porque se vio obligada por las circunstancias -. Apoyó los brazos sobre las rodillas, derrotado. – No podré perdonárselo nunca. Lo nuestro se ha terminado para siempre -.

Emilia se quedó callada unos minutos. Era demasiada la información que acababa de recibir y no menos numerosos los cambios que su vida había sufrido en los últimos tiempos. Tomó aire mientras seguía acariciando con ternura su vientre. Desde que aquella personita estaba creciendo en su interior, veía la vida de otra manera.

- ¿Por qué? -.

Raimundo la miró extrañado. - ¿Por qué…qué? -.

- ¿Por qué no puede perdonarla que se lo ocultara? -. Le miró a los ojos esperando su respuesta. Raimundo por su parte, no daba crédito a las palabras de su hija.

- Emilia… ¿has escuchado alguna palabra de lo que te he dicho? ¡Me privó de mi hijo! Me negó la posibilidad de verlo crecer… -.

- Pero, ¿usted la abandonó, no es cierto? Sin darle ningún tipo de explicación. Solo que iba a casarse con otra mujer -. Raimundo la miraba con la boca abierta. – Me equivoco ¿acaso? No se, pero yo en su lugar tampoco habría corrido a contárselo, padre -.

Él frunció el ceño. - ¿Estás defendiéndola? -.

Emilia suspiró. – No es cuestión de defenderla o no. Pero la entiendo -. Miró a su padre y le tomó de la mano. – Yo misma me quedé embarazada de alguien que creí que me amaba. ¿Y qué hizo él? Me abandonó sin ninguna explicación. ¿He de recordarle cómo vivimos los primeros meses de mi embarazo, padre? ¿Cómo tuvimos que soportar las habladurías y los cuchicheos? -. Apretó su mano. – No sé qué hubiera sido de mi vida si no le hubiera tenido a usted a mi lado. Pero sé que habría sido capaz de cualquier cosa por mi hijo. Lo que fuera -. Soltó la mano de su padre y le tomó del rostro. - ¿A quién tuvo ella a su lado, padre? ¿Quién le aconsejó y la apoyó? -.

Raimundo comenzó a sopesar las palabras de su hija. Su enojo no le había permitido llegar a esas conclusiones. Solo había pensado en su propio dolor. No pensó en todo lo que ella había tenido que pasar.

- Pero pudo haber acudido a mí. Decirme que estaba esperando un hijo. ¡Yo lo habría dejado todo por ella! -.

- ¿Pretendía que ella le buscara para decírselo cuando usted la había abandonado por otra? -. Se movió buscando una postura mejor, pues el pequeño comenzaba a dar patadas en su vientre. – Si hubiera sido por mí, se habría quedado esperando eternamente. Jamás se lo habría contado, eso se lo aseguro -.

- ¿Pero qué estás diciendo? -. La miraba horrorizado. - ¿He de recordarte que tuve que dejarla para que mi padre no acabara con su familia? ¿Para que no terminaran arruinados? -.
#6344
Kerala
Kerala
19/02/2012 18:38
Emilia sonrió.

– Cierto, tiene usted razón -. Raimundo asintió al ver que su hija parecía entrar en razón. Pero ella continuó hablando. - ¿Y cuándo descubrió ella las razones de su abandono? -. Se puso en pie cogiendo el cántaro. – Piense en ello padre. Piense en ello. Tal vez no debería ser tan duro con ella. Quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra -.

Se alejó hacia la fuente dejando a Raimundo estupefacto. Había sido un estúpido. Un patán. Un miserable. Apoyó la cabeza entre las manos. Tendría que disculparse con ella, y mucho. Pensó en el día anterior y en cómo Francisca había acudido a él tratando de explicarse. Y cómo él la había prácticamente echado a patadas. ¿Cómo podía haber sido tan pazguato? Tenía que ir a la Casona inmediatamente. Y rogar que ahora fuera ella quien quisiera escucharle.

Dio media vuelta dispuesto a entrar en la taberna cuando una voz le llamó.

- ¡Raimundo! -.

Era Tristán. Le sonrió nervioso mientras el muchacho se acercaba.

- Raimundo… bueno… padre -. Le ofreció tímidamente la mano. Raimundo la estrechó emocionado.

- Padre… -. Pronunció en voz baja sonriendo de medio lado. – Se me hace raro escucharte llamarme así -. Le miró. – Pero no sabes cómo me alegro de oírtelo decir -.

Ambos hombres sonrieron. Siempre habían sentido un sincero afecto mutuo, por eso la noticia de su parentesco, aunque sorpresiva, les había agradado enormemente.

- ¡Buenos días… hermanito! -. Era Emilia que estaba junto a ellos.

Tristán se carcajeo por la naturalidad con la que la muchacha trataba su nueva situación. Mucho mejor de cómo lo habían hecho ellos. Como todo un caballero, le cogió el cántaro y le dio un beso en la mejilla.

- ¿Te apetece desayunar algo? -. Le dijo.

- No gracias, ya desayuné en la Casona -. Miró a su padre. – Venía a verle a usted y… a mi madre -.

Raimundo frunció el ceño extrañado. - ¿A Francisca? -.

- Sí -. Tristán le miraba sorprendido. - ¿Está aquí con usted, no es así? -.

Raimundo sintió un escalofrío recorriéndole la espalda. – Vino aquí ayer por la tarde, es cierto. Pero…yo no quise escucharla. Quiso esperarme hasta que anocheció. Discutimos… -. Bajó la cabeza avergonzado. – … y ella se marchó de regreso a la Casona -.

Tristán se quedó pálido ante las palabras de su padre. Y Raimundo se preocupó aún más al verlo.

- ¿Qué ocurre Tristán? -.

- Mi madre no ha dormido en la Casona -. Empezó a moverse nervioso. – Yo creí que estaba aquí, con usted… ¿Dónde se ha metido? -.

Raimundo sintió que el suelo se abría bajo sus pies. – Ella… ella volvió hacia la Casona… -.

Tristán se volvió hacia él. – Dios mío…¿y si le ha pasado algo? -. Su tono de voz fue más alto de lo normal. - Acababa casi de despertarse después de que la doctora tuviera que sedarla cuando yo la convencí de que viniera a hablar con usted -.

- ¿Sedarla? -. La voz le temblaba. Casi le daba hasta miedo preguntar.

- Sufrió una crisis nerviosa muy fuerte cuando ambos nos fuimos de su lado sin dejar que se explicara. Rosario me lo contó -. Se golpeó con el puño en el muslo. – No hacía más que llamarnos…desesperada… -.

Raimundo cerró los ojos. Sintió como si le estuvieran atravesando con un cuchillo. ¿Cómo podía haber sido tan egoísta? ¿Y ahora? Francisca estaba desaparecida. Quería morirse. Se dejó caer en el banco deseando que esa pesadilla no estuviera sucediendo.

- ¿Cómo permitió que se fuera sola? -.

La voz de Tristán sonaba a reproche. Él mismo se lo estaba reprochando también. ¿Tan cegado estaba que permitió que ella se fuera sola? ¿De noche? Si le hubiera pasado algo no se lo perdonaría en la vida.

Escucharon unas voces al final de la plaza. Hipólito, con la cara desencajada, venía corriendo acompañado del hijo pequeño de Manolín. Al ver a Tristán y Raimundo, se paró en seco junto a ellos.

- Don Tristán, qué bueno que le encuentro -.

- ¿Qué ocurre Hipólito? ¿Ha pasado algo? -. Dios mío, ¡estaba aterrado! La cara del muchacho no presagiaba nada bueno.

- Se trata de su madre… ella… -.

- Ella ¿qué? -. Era la voz de Raimundo, que se había levantado como un rayo, y agarraba al muchacho por la solapa de la chaqueta. - ¡Vamos! ¡Habla de una vez! -.

- Doña Francisca está malherida. Manolín la encontró en el camino junto a la ribera -. Los rostros de Tristán y de Raimundo se volvían blancos como la cal a medida que el joven hablaba. – Al parecer los hombres de Pardo debieron atacarla cuando regresaba a la Casona. Ella… ella no reacciona -.

Raimundo soltó al muchacho y buscó apoyo para no caer desplomado al suelo. Emilia corrió a su lado, sujetándole.

- ¿Dónde está ella ahora? ¡¿Dónde?! -. Le gritó Tristán.

- Manolín la trae en su carro. Yo me adelanté para avisar a la doctora Casas -. Cuando terminó la frase, salió corriendo hacia el consultorio. Raimundo seguía clavado en el sitio, con la mirada perdida.

- Voy a salir a su encuentro -. Dijo Tristán. Aquellas palabras parecieron hacer reaccionar a Raimundo, que salió tras él. No habían salido de la plaza cuando Manolín entró en ella. Ambos corrieron al final del carro y lo que vieron les destrozó el alma.

Francisca tenía el vestido rasgado y heridas en la cara y en el cuello. No se movía.
#6345
laury93
laury93
19/02/2012 19:52
jajajajajaja! Cris eres mi diosa qeu lo sepas, que risa, lo del espantapajaros ha sido buenisimo ademas es que yo la llamo espantapajaros!! me ha encantado y lo de la alegria de la huerta que risa!!! bravo bravo bravo

Ruth!! contigo se me han acabado las risas, no ves que estamos ahora mu sensibles con el futuro compr... no quiero ni decir la palabra. Y me la dejas asi, ahi, a mi pobre Paca dios!! te lo perdono poruqe eres tu y porqeu me ha encantado, estaba todo el rato pensando qeu alguien se de cuenta y gritandole a Rai por tonto!!!

Niñas no nos espera una semana facil, a mi en particular, me va a matar entre los trabajos y la novela, pero por si a alguien le sirve ya tengo el relato acabado y otros 2 a medias!! de algo tengo que sacar la alegria!
#6346
thirdwatch
thirdwatch
19/02/2012 21:27
Esto no iba aqui. por cierto Ruth que sufra y sufra Rai
#6347
estonic
estonic
19/02/2012 22:11
ajajaja Crippy que bueno por Dios!!

Con esto te sube el ánimo rapidísimo que bueno por favor. carcajada carcajada carcajada carcajada carcajada
#6348
Aiffoe
Aiffoe
19/02/2012 22:44
Os recomiendo ver el cap. 200 parte 4...

Nada más empezar esa parte la conversación de Olmo y Agueda... lo que dice Agueda de la compañía de los taberneros xD


Agueda
Además esta muy encariñada con esos taberneros que no es gente que le convenga... y no quiero decir que sean mala gente, entiéndeme.

#6349
Crippy
Crippy
19/02/2012 22:46
Lo dicho...

elrincondefranciscayraimundoesteamorsemereceunyacimientotundatundagraciasmariayramon
#6350
estonic
estonic
19/02/2012 22:49
Cris como siempre perfecto. carcajada carcajada carcajada
Ya lo puede ir leyendo bien la bicha pa que se vaya enterando. carcajada carcajada carcajada
está genial
#6351
Nhgsa
Nhgsa
20/02/2012 12:56
Hola genteeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee

Ya os echaba de menos tías de verdad. Mañana termina mi ciclo de facturación (tiempo durante el cual van calculando lo que me van a cobrar de teléfono) asi que vuelvo a tener el giga que tengo contratado y podré volver al chaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaatttt ;) Ya tengo ganas no os imagináis cuántas. Ahí sigo con las historias que sé que os las he dejado un poco abandonás. De momento os voy dejando un mini que hice en un momento de bajón :( Pero tranquilas que el título ya dá esperanzas. Por la tarde comento los relatos que los he leído y de entrada os digo que están increíiiiiibles.

LA NOCHE ES MÁS OSCURA ANTES DEL AMANECER

Raimundo miraba sus barrotes derrotado. ¿Cómo había llegado hasta este punto? Todo su mundo se desmoronaba y nadie podía remediarlo: Sebastián detenido por homicidio, Emilia embarazada y sola con Alfonso, Francisca inválida, Águeda muerta y él acusado de su muerte. Antes de ayer, los guardias entraron en su cuarto y encontraron unas botellas de veneno. Por mucho que él trató de defenderse nadie le escuchaba. Él no era un asesino pero alguien se había molestado en hacer que así lo pareciera. Intentaba pensar en quién había podido ser la persona que le había acusado y por mucho que se esforzaba en su cabeza sólo aparecía un nombre: Francisca Montenegro. Aquella que fue capaz de mandar que le apalearan, aquella que siempre había querido su mal. Dejó que un grito desgarrador saliera de su boca. En el fondo se negaba a creerlo pero todo apuntaba a ella.
Pensó en el momento en el que su padre truncó su existencia. ¿Qué se supone que debió haber hecho? Antaño los Ulloa tenían poder suficiente para hundir a cualquier persona incluso a los Montenegro. Si los hubiera arruinado jamás se lo hubiera perdonado, ni él mismo ni ellos. Francisca sería una mantenida ante los ojos de los demás. Una mantenida y una mujerzuela. No podía permitirlo. Ninguna persona aceptaría pasar de tener todo a no tener nada como si tal cosa. Ellos jamás se lo hubieran perdonado… y probablemente ella tampoco. Era un chaval que no vio otra salida. Las lágrimas se deslizaban por su rostro nublándole la vista. Se dejó caer en el lecho que tenía en su celda desconsolado. Pensó en Emilia
- Mi niña… lo siento tanto. – dijo desconsolado
Después pensó en Natalia. ¡Dios cómo la echaba de menos! Natalia siempre aparecía cuando necesitaba ayuda. Era su salvadora, su ángel de la guarda. Ella le ayudó a ser fuerte y siempre vio en él lo bueno. Cosa que Francisca parecía haber olvidado. Sentía que sólo Natalia le había querido de verdad. Pero ella no cruzaría la puerta de la cárcel para salvarle como ya hiciera antes y eso le hizo sentirle más solo. Al girarse en el lecho sintió un profundo dolor en el pecho. Los presos ya le habían dado la bienvenida. Se quedó mirando al techo intentando relajarse tal y como le había enseñado Natalia cuando le ayudaba a dejar de beber: respirar hondo y soltar el aire en tres veces. Tras unos minutos se sintió más relajado y consiguió dormirse.

Cuando abrió los ojos se encontró de pie en la plaza del pueblo. No había nadie.
- ¡Qué extraño! – exclamó extrañado.
De pronto se fijó en la taberna. Alguien había dentro tarareando una canción. Raimundo la reconoció enseguida. Era “Adeste fideles”, la canción preferida de su madre. Entró en la taberna y se sorprendió al ver la mujer que había en su interior.
- Natalia… - dijo emocionado.
Natalia enseguida paró de limpiar la barra y de cantar y le dedicó una hermosa sonrisa. Estaba tal y como la recordaba: rubia y de hermosos ojos azules. Raimundo avanzó hacia ella emocionado y la abrazó con fuerza. Él no creía en estas cosas pero en estos momentos la necesitaba muchísimo.
- Te he echado tanto de menos. – dijo Raimundo abrazándola fuerte.
- Siempre he estado contigo Raimundo. – dijo Natalia devolviéndole el abrazo.
Raimundo después le tomó el rostro y apoyó su frente en la de ella. Se dio la oportunidad de creer en esto que estaba viviendo.
- Lo siento Natalia. No he sabido ser…
- Shhhh. – dijo Natalia tapándole la boca con una mano. – Eres un gran padre Raimundo. Nunca lo he dudado. Has estado ahí cuando tus hijos te han necesitado. Has peleado con ellos.
- Natalia… - dijo Raimundo emocionado y acariciándole el rostro y tomando sus labios. La besó con ternura y con cariño y ella se dejó hacer. Sabía que Raimundo lo necesitaba.
- ¿Por qué? – dijo Raimundo atrayéndola a él por la cintura. - ¿Cómo he llegado a esto?
- La vida es injusta Raimundo. Eso lo sabes mejor que nadie. Pero recuerda que la noche es más oscura justo antes del amanecer. Todo pasará cariño.
- ¿Cómo? ¿Cómo puede haber amanecer si estoy acusado de asesinato? – dijo Raimundo desesperado.
- Ten esperanza Raimundo. La fe no es sólo para los cristianos sino para todos los que creen en algo. Ten fe en mis palabras y en la familia. Alguien conoce la verdad y lo sacará a la luz.
- ¿Alguien? ¿Quién? ¿Quién va a atreverse a denunciar a Francisca Montenegro?
- Ella no ha sido Raimundo. – dijo Natalia dejando a Raimundo paralizado.
- ¿No ha sido Francisca? ¿Entonces? – preguntó Raimundo.
- Alguien que también desea tu mal. Francisca ya no ha hecho nada contra ti cariño. – dijo Natalia que al ver la cara de confusión de Raimundo añadió – Ella te ama Raimundo. Es terca y orgullosa pero te ama después de todo.
Un viento fuerte empezó a correr en el exterior de la taberna.
- Volveréis a ser una familia Raimundo. Diles que les quiero. Y a Emilia que estaba preciosa en su boda. Y nunca olvides… – dijo atrayendo a Raimundo cogiéndole de la chaqueta –…que hagas lo que hagas, pase lo que pase yo estaré contigo. Sólo deseo que seas feliz Raimundo.
- Ya intenté ser feliz una vez y mira dónde he acabado.
- Quizás no buscaste en el sitio adecuado… - dijo Natalia antes de que todo se desvaneciera.

Raimundo despertó un tanto sobresaltado. Se incorporó para comprobar dónde estaba. Volvía a estar en su celda. El dolor en el pecho hizo que se volviera a acostar. Reflexionó sobre lo ocurrido. Si no había sido Francisca ¿quién deseaba su mal?
#6352
thirdwatch
thirdwatch
20/02/2012 13:46
Natalia al final podré coincidir contigo en el chat
#6353
Nhgsa
Nhgsa
20/02/2012 16:59
LA NOCHE ES MÁS OSCURA ANTES DEL AMANECER

Soledad no podía estar quieta en su habitación. No podía creer el rumbo que había tomado su vida. Primero su gran amor le engaña con otra y después… ¡Dios santo! Después casi se casa con un psicópata. Y para más inri un inocente estaba siendo acusado. Había ido a ver a Olmo para que parase esa locura pero no estaba dispuesto a ceder incluso había amenazado con hacerle daño a su madre y a su hermano.

- Tu madre ahora no puede moverse ¿recuerdas? Es extremadamente fácil acabar con ella si está lejos de su silla de ruedas. – insinuó Olmo.

¿Qué podía hacer? ¿La guardia civil conseguiría protegerles de Olmo? Se arregló y fue enseguida a la iglesia. Tenía que hablar con alguien sabio de esto.
__

Francisca tampoco podía estarse quieta y eso que estaba inválida. No podía creer lo que estaba sucediendo. Raimundo acusado de la muerte de Águeda. Si nadie hacía algo Raimundo acabaría… Acalló enseguida ese pensamiento. No, ese no podía ser el final de Raimundo. Pero ¿qué podía hacer en esa silla de ruedas? Maldijo su suerte con todas sus fuerzas.
- ¡MALDITA SILLA! – gritó Francisca con desesperación.
- Señora cálmese. En su estado no le conviene…
- ¡No te atrevas a decirme lo que me conviene Rosario! ¡Ya soy mayorcita! – gritó angustiada. – ¡Mauricio! ¡Mauricio!
- ¿Si señora?
- ¡Llévame abajo! ¡Pronto! Y después vas al pueblo y te enteras de todo lo que está pasando con Raimundo.
__

Soledad se dirigía a la iglesia temblando. Jamás pensó en verse en esta situación. Encontró al sacerdote hablando con otra persona.
- ¿Has venido a confesarte hija? – dijo don Anselmo. Soledad asintió. - Un segundo hija. Ahora estoy contigo. – se disculpó don Anselmo.
Cuando terminaron de hablar se dirigieron al confesionario. Soledad le miró con aire preocupada.
- ¿Quién era? – preguntó Soledad intrigada antes de entrar.
- Mi hermano. Es el abogado que intenta ayudar a Raimundo. La cosa parece que no pinta bien.
Cuando don Anselmo entró en el confesionario Soledad se arrodilló.
- Ave María purísima.
- Sin pecado concebida.
- Padre, necesito contar algo que me está destrozando por dentro
- Cuenta hija. ¿Qué es eso que te aflige? – dijo don Anselmo intrigado.
Soledad le relató su encuentro con Olmo y las amenazas. Don Anselmo miraba a Soledad sorprendido.
- Cielo santo.
- ¿Qué hago padre? Si hablo pondré en peligro a mi familia pero si no, condenaré a un inocente.
- Es una dura prueba la que el Señor te ha puesto en tu camino hija. Ahora debes ser fuerte y denunciarle.
- Pero… - intentó decir Soledad.
- ¿Cómo te sentirías tú el resto de tu vida sabiendo que pudiste salvar a una persona de la muerte y que has encubierto a un asesino y destruido a una familia?
- Tengo miedo padre. – confesó Soledad asustada.
- Yo estaré contigo hija. Iremos juntos a la guardia civil si quieres. Tienes que denunciarlo.
- Pero si le hace daño a mi familia no me lo perdonaré tampoco. No puedo… - dijo Soledad saliendo del confesionario temerosa.
- ¡Soledad! ¡Espera! – dijo don Anselmo desesperado. Lo peor era que estaba bajo secreto de confesión. Tiene la llave para salvar a Raimundo pero no puede utilizarla. Y es que hay veces que la labor de un sacerdote es más difícil de lo que se imagina.
#6354
Nhgsa
Nhgsa
20/02/2012 17:00
LA NOCHE ES MÁS OSCURA ANTES DEL AMANECER

Soledad llegó a la Casona más alterada de cómo había salido. Sabía que don Anselmo no contaría nada pero aún así estaba inquieta. Cuando llegó vio a su madre en el comedor junto a Tristán. Francisca lloraba. Soledad se quedó perpleja ante semejante imagen. Nunca pensó que su madre tuviera sentimientos.
- Soledad ¿dónde estabas te he buscado por todas partes?
- He bajado al pueblo a estirar las piernas. ¿Qué le ocurre madre?
- ¿Sabes algo de Raimundo? – preguntó Francisca al fin.
- Me temo que nada que usted no sepa ya madre. Encerrado por asesinato y por don Anselmo parece que la cosa no pinta bien. – dijo Soledad que añadió intrigada al ver los sollozos de su madre. – Madre ¿se encuentra bien?
- ¡Sí! ¡¿No me ves?! ¡Estoy perfectamente!
- Madre, Soledad no sabe nada. Sosiéguese.
- ¡Llévame a la cocina! Necesito que Rosario me prepare una infusión.
Tristán obedeció dejando a Soledad paralizada en el comedor. Cuando volvió no pudo evitar preguntarle.
- ¿Saber qué? – preguntó Soledad.
- Siéntate. – dijo Tristán a su hermana invitando a que se sentara con ellos. Tristán empezó a relatarle la historia de amor de Francisca y Raimundo. Soledad se quedó paralizada. Definitivamente su madre tenía sentimientos.
- Vaya… nunca pensé en algo parecido.
- Ni yo. Por eso está tan alterada. Hemos mandado multitud de cables a todos los jueces pero nadie quiere ayudar a Raimundo. Está destrozada.
Soledad estaba inquieta. Por un lado se sentía poderosa al tener la llave que hundiera a su madre y así hacerle pagar por todo el daño que le había hecho todo este tiempo, pero por otro estaba condenando a un inocente. Condenar a Raimundo sería convertirse en la viva imagen de su madre. Y eso era algo que no soportaba pensar.
- Soledad ¿te encuentras bien?
- Sí, sí Tristán. No te preocupes.
- Lo lamento por Emilia. Embarazada y con un negocio a cuestas. Está destrozada y más aún con Sebastián detenido. Ojalá pudiera hacer algo. – dijo Tristán derrotado.
Esas palabras hicieron que el coraje despertara en Soledad. Apreciaba mucho a Emilia y no podía permitir que pasaran por eso.
- Tú no puedes hacer nada, pero yo sí. – dijo Soledad que se levantó decidida y se marchó dejando a Tristán confundido.
__

Soledad llegó al Jaral dispuesta a enfrentarse a Olmo sintiéndose fuerte. Con una valentía que jamás pensó sentir: su madre la despreciaba, su hermano cada día se alejaba más de ella, su amor la engañó con otra además de secuestrarla y para más inri era estéril. Sentía que era totalmente prescindible y que por tanto no tenía nada que perder.
Se quedó esperando a Olmo en el comedor mientras reunía todo su valor. Esta locura tenía que acabar. Además tenía el revólver con que le amenazó la otra vez por si la cosa se ponía fea.
- Soledad ¡qué agradable sorpresa! – dijo Olmo encantado antes de besarle. Soledad le devolvió los besos fingiendo deseo.
- He pensado mucho en lo que me dijiste. – dijo Soledad midiendo sus palabras. – Y tienes razón tenemos que defender lo nuestro con uñas y dientes. – y añadió dirigiéndose sensualmente a él. – Tengo que darte las gracias por otra cosa.
- ¿Ah sí? ¿Y eso por qué? – preguntó Olmo sonriente.
- Bueno… Porque me has dado la llave para acabar con mi madre. Por fin puedo devolverle todo el daño que me ha hecho.
- ¿En serio?
- Sí… - dijo Soledad. – Raimundo y mi madre fueron novios hace tiempo. Él la dejó pero ella le sigue queriendo. Tendrías que ver cómo estaba. – añadió Soledad sonriente.
- Me alegro enormemente. Culpando a Raimundo de la muerte de mi madre he matado dos pájaros de un tiro.
- ¿Qué quieres decir? – preguntó Soledad.
- Que yo manipulé los quemadores de la conservera. Sabía que el orgullo de ese niñato de Sebastián era muy fuerte y que él arreglaría los quemadores. Sólo mandé que aflojaran unas válvulas para que todo explotara al simple contacto. Así, sin rivales, nuestros negocios prosperarán mi amor. Seremos ricos… - dijo Olmo abrazándola pero de pronto su rostro cambio al oír algo muy pesado en el bolso de Soledad. Ella se tensó rezando para que el guardia entrara antes de que Olmo se diera cuenta de nada. Olmo cogió el bolso extrañado al notar en su mano la silueta de algo que ya había visto antes. Miró a Soledad serio y abrió el bolso. Era un revólver.
- ¡Entren! – dijo Soledad.
Dos guardias civiles entraron en ese momento en el comedor pero de un rápido movimiento Olmo les abatió. Uno recibió un disparo en el hombro y otro en el pecho. Soledad forcejeó con él pero Olmo era más fuerte. La abrazó por detrás contra su pecho a la vez que le apuntaba a la espalda con el revólver.
- Si te mueves te mato. – dijo Olmo amenazante. – Vamos a ir a dar un paseo.
#6355
Nhgsa
Nhgsa
20/02/2012 17:21
LA NOCHE ES MÁS OSCURA ANTES DEL AMANECER (FINAL)

Pepa llegó al Jaral algo preocupada. Había ido a visitar a Raimundo que estaba algo animado pero visiblemente desmejorado. Le había llevado mantas y comida. Sabía que él no era el asesino de su madre pero ¿quién podía ser? De pronto una criada corrió hasta ella asustada.
- Inés ¿qué pasa?
- Olmo… Soledad… los guardias…
- Inés cálmate y cuéntame que ha pasado.
- Soledad vino con unas guardias para sonsacarle la verdad a Olmo.
- ¿Verdad? ¿Qué verdad?
- La verdad sobre la muerte de su madre señora. Fue él quien la envenenó y culpó a Raimundo. Y quien dañó la conservera.
- ¡Dios mío! ¿Pero dónde están ahora?
- Olmo disparó a los guardias señorita. Hay uno herido y otro muerto. Ya hemos avisado a la doctora.
- ¿Y Soledad? – preguntó Pepa inquieta.
- Secuestrada señorita. Olmo se la llevó.
De pronto vieron aparecer a la doctora con otros guardias.
- Inés yo tengo que avisar a Tristán de esto. Encárgate de lo que precisen ¿de acuerdo?
__
Tristán enseguida inició una partida de búsqueda para encontrar a Soledad a la vez que los guardias ordenaban la detención de Olmo y la puesta en libertad de Raimundo y Sebastián. Francisca mientras no podía estarse quieta. Por un lado estaba feliz porque se había demostrado la inocencia de Raimundo pero por otro lado su hija estaba desaparecida. A saber lo que le había hecho el desgraciado de Olmo Mesía.
Al caer la noche oyó como la puerta se abría y cómo entraba mucha gente. Habían encontrado a Soledad y la llevaban a la habitación.
- ¡Hija! ¡Soledad! – gritó Francisca desesperada.
- Madre tranquilícese. Soledad no está grave. – se apresuró a decir Tristán. – Sólo tiene unos cuantos golpes pero se pondrá bien.
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Raimundo salió ya bien entrada la noche de la celda acompañado de Emilia, Alfonso y Sebastián. Tal y como predijo Natalia todo salió bien salvo para Soledad. Nadie les daba nuevas noticias de ella.
Dolorido por los numerosos golpes recibidos, Raimundo se dejó caer con cuidado en el lecho de su cuarto. Su cama… ¡cuánto la había echado de menos! Mañana iría a la Casona a preguntar por Soledad y a ver a Francisca. Estaba preocupado por las dos.
Se quedó dormido absorto en sus pensamientos. Cuando abrió los ojos vio a Natalia a los pies de su cama. Raimundo pasó de sorprendido a alegre.
- Al final acabaré acostumbrándome a esto. – bromeó Raimundo. Natalia sonrió.
- Ya te dije que todo pasaría cariño. – dijo Natalia.
- Natalia… gracias. Gracias por estar ahí. De corazón. – dijo Raimundo emocionado.
- Era lo que me dictaba el corazón. Y gracias a hacerle caso fui feliz Raimundo. Por eso deberías hacer lo mismo. ¿Qué te dice el corazón?
- Que le declare mis sentimientos. Y besarla hasta la desesperación… Pero ella me odia.
- No es verdad Raimundo. Ella te ama pero es demasiado orgullosa para reconocerlo. Ábrele tu corazón. Sólo el amor puede vencer al orgullo. Francisca ha sufrido un duro golpe pero te escuchará. En el fondo está deseando hacerlo. – dijo Natalia que añadió acercándose a él. – Te quiero Raimundo y deseo tu felicidad. Ámala como hiciste conmigo. Yo estaré contigo si necesitas fuerza.
Todo se desvaneció de nuevo. Raimundo despertó de su sueño pero esta vez estaba solo. Debía de intentarlo aunque fuera por última vez.
__
Francisca permanecía al lado de Soledad. Le cogió la mano y la besó con amor. No fue concebida con amor pero era su hija. La quería con todo el corazón. Tristán tras jurar venganza contra Olmo, se había ido a hablar con los militares para ayudar en su detención y todavía no había vuelto. La doctora dijo que Soledad se recuperaría pero aún así estaba preocupada por sus heridas.
Rosario entró con el desayuno pero Francisca no comió nada. Mientras, Sebastián y Raimundo llamaron a las puertas de la Casona. Mariana les abrió y les informó que Tristán había salido y que Francisca estaba en la habitación junto a Soledad. Afortunadamente se iba a recuperar. Sebastián no se atrevió a subir así que dejó que su padre lo hiciera solo. Cuando abrió la habitación encontró a Francisca acariciándole el rostro a Soledad. Por un momento volvió a ver a su pequeña y por ello quiso creer que Natalia tenía razón. Quiso pensar que Francisca en el fondo lo amaba.
- ¡Rosario he dicho que no quiero comer nada! – dijo Francisca molesta al oír la puerta cerrarse.
- No soy Rosario. – dijo Raimundo. Francisca se sobresaltó. No esperaba verle en ese momento.
- ¿Qué haces aquí? – preguntó Francisca.
- He venido a interesarme por ella. Ya me han contado lo que hizo. – dijo Raimundo.
- La doctora dice que se recuperará pero ha recibido golpes muy fuertes. – dijo Francisca y añadió entre dientes. - ¡Maldito Mesía!
- Se nota que es una Montenegro. Ha sido muy valiente enfrentándose a él. – dijo Raimundo – Igual que lo es su madre.
Francisca se quedó paralizada. No esperaba esas palabras de Raimundo. Esta vez no encontró fuerzas para rearmar su capa de orgullo y contestó sinceramente.
- Te equivocas. No soy valiente. – dijo Francisca
- Mi pequeña. Te enfrentaste tú sola a un malnacido como Salvador Castro. Claro que eres valiente. – dijo Raimundo agachándose junto a ella y haciendo que le mirara a los ojos.
- No. – admitió Francisca emocionada. – Si fuera valiente… - añadió acariciándole el rostro – te habría dicho hace tiempo que… que te quiero… que te amo. Que sólo de pensar que… que podía perderte para siempre… yo…
Raimundo la calló con un beso. Se besaron con ternura y amor contenidos.
- Mi pequeña.
- No vuelvas a alejarte de mí. – susurró Francisca emocionada acariciándole la barba.
- Nunca mi pequeña. No habrá nada que nos separe.
Se fundieron en un beso tan apasionado que Francisca, deseando con todas sus fuerzas ponerse de pie, se impulsó con las manos apoyadas en los reposabrazos y se levantó. Raimundo lo notó y la sujetó antes de que se cayera pero… no se cayó. Ambos se miraron extrañados. Después miró a suelo y vio por qué Francisca no había caído y no era por el agarre de Raimundo.
- Raimundo… vuelvo a… sentir las piernas. – dijo Francisca emocionada.
Ambos se sonrieron mutuamente a la vez que lo hacía interiormente una dolorida Soledad que decidió seguir con los ojos cerrados antes de que la vieran. Francisca y Raimundo se abrazaron y no dejaron de prodigarse besos y caricias.

Y es que Natalia tenía razón… la noche es más oscura justo antes del amanecer.
#6356
Franrai
Franrai
20/02/2012 19:06
Pongo las escenas del capítulo de hoy.
-Raimundo en la conservera hablando con Alfonso y Sebastián. Algo bueno tenía que tener esa trama, ahora mismo es el único momento en el que podemos ver a Raimundo, el Raimundo de siempre. (Parte 1, minuto 9:40)
-Francisca se entera de lo de Efrén. (Parte 3, minuto 0:27)
La siguiente escena es la de Mauricio con Efrén y Tristán. Coged los pañuelos snif
-IMPORTANTE: Momento Bicha-Raimundo (que no es Raimundo) (Parte 3, minuto 6:25) Vomitiva, no la veais.
-Mauricio con Francisca y Calvario. (Parte 5, minuto 0:26)
-Conversación de Francisca con Soledad. (Parte 5, minuto 4:09)
-Pepa, Tristán, Mauricio, Soledad y Águeda despidiéndose de Efrén. Muerte del muchacho. (Parte 5, minuto 7:50) Esto está en los mejores momentos del capítulo junto con la de Mauricio y otra más.


P.D. Me tengo que ir corriendo que llego tarde al inglés. A la noche comento los relatos guiño
Os quiero.
#6357
Nhgsa
Nhgsa
20/02/2012 19:36
Que se me había olvidado comentar los relatos.

- Ruth tía siempre pensé que la casa de los Castañeda era improfanable pero acabas de demostrar que nada puede impedir el amor de estos dos XD. Grande como siempre.
- Mariajo cielo gracias por esas palabras. Yo también te quiero muchísimo.
- Esa maratón de "tu amor es mi condena" ha estado super bien ruth. Me encanta cómo llevas la historia y cómo han encajado tristán y raimundo la noticia. La llegada de los hombres de pardo ha sido dolorosa pero de ahí saldrá una gran escena seguro conociendo tu talento. Estoy preparando una maratón de la mía. Es que el giro que le he dado a la historia os va a encantar seguro y estoy deseando ponerlo.
- Laury me meo contigo. Eres estupenda escribiendo.

No sé si se me olvida algo pero es que cuando tengo páginas acumuladas siempre me pasa. Ahora repasaré.

Otra cosa después de ver los mejores momentos: GRANDE XABI Y GRANDE MARIO. Increíbles.
#6358
laury93
laury93
20/02/2012 22:14
Hola niñas!! hoy no voy bien de tiempo solo os digo 2 cositas:
1. que la novela me deprime cada dia más y mas y mas y cuando creo que no puede mas, me deprime MAS!! asi que para todas aquellas con sindrome postnovela os dejo uno de lso ultimos capi, personalmete de mis favoritos!
2- Natalia me ha encantado el relato, en dias como hoy lo que mas apetece es leer algo de amor!!

TRES HOMBRES Y UNA PACA


- Venga señora anímese- Le dijo Rosario mientras la ayudaba a vestirse- Hoy es su cumpleaños, no todos los días se cumplen…
- Ni lo digas- Le dijo Francisca
Francisca se separó de ella, dando vueltas por su habitación mirando involuntariamente el jardín en el que se había convertido su estancia, llena de ramos de todos los tamaños, gustos y colores con los que sus admiradores la habían obsequiado. Una semana había pasado desde sus “vacaciones” en la montaña. Una semana sin haber sabido nada de Raimundo, cierto que ella había dicho que no quería verle, pero pensaba que él pondría un poco más de insistencia.
- Señora, ya verá como tengo algo que la anima- Rosario salió de la habitación para volver a entrar en un minuto con un tulipán amarillo- Para usted
- Gracias, no tenías por qué
- No, no es mía, me la ha dado esta mañana Raimundo para usted
- Raimundo, se ha acordado.
- ¿De su cumpleaños?
- No, de que era mi flor favorita.- Las dos se quedaron calladas unos minutos
- Pues ya está, señora, esta noche celebraremos su cumpleaños y no hay más que hablar.
- ¿Celebraremos?
- Sí, traeré a algunas invitadas, para que sea más alegre. Usted solo preocúpese de estar guapa.
Francisca intentó replicar pero antes de que pudiera darse cuenta Rosario ya había abandonado la habitación. “Esta mujer… a saber qué habrá pensado”
Las horas pasaron, la noche llegó y Francisca intentaba, sin mucho éxito, ocultar su nerviosismo. A la hora señalada por Rosario, tras haberse arreglado lo suficiente para estar guapa, pero no demasiado como para parecer deseosa de aquello, bajó las escaleras, lentamente, conteniendo el aliento, pero ni todos sus preparativos podían haberla preparado para lo que vio al bajar: Rosario, Dolores, Salud, Calvario y Soledad esperándola a los pies de la escalera con una pancarta en la que ponía felicidades “qué ilusión” pensó Francisca que no sabía si sonreír o subir corriendo de nuevo a su habitación para encerrarse y no ver a aquellas mujeres.
- Doña Francisca baje, que tenemos un regalo para usted.
- Sorpréndeme- dijo ella sin demasiado entusiasmo
Las cinco invitadas la acompañaron al salón donde se encontraba una tarta de cumpleaños gigante.
- Válgame Dios- Dijo Francisca
- A mí me disculpará madre, pero no quiero estar en lo que se avecina- sin más explicaciones, Soledad subió corriendo las escaleras.
- Soledad- Pero su voz no tuvo efecto. De pronto comenzó a sonar una extraña música, la habitación se quedó medio en penumbra- ¿Qué está pasando?
Como si quisiese responder a su pregunta, de repente, la parte superior de la tarta salió volando por los aires y de ella emergió, vestido con un smoking negro, Raimundo.
- ¡Raimundo!- Todas las presentes gritaron sorprendidas a la vez.
Él no hizo caso las marujas que se agolpaban a sus pies y miró solo a Francisca. Ella se limitó a sonreír mientras elevaba una ceja. “¿Qué iba a hacer?”
La música envolvía la sala, mezclándose con los gritos de Dolores y Salud que no pudieron aguantar el nerviosismo cuando Raimundo comenzó a quitarse la ropa. Se quitó la chaqueta mientras bailaba al son de la música para lanzársela a Francisca, Dolores y Salud se engancharon a las piernas de él como si quisieran arrancarle los pantalones de golpe, Calvario lo miraba atónita sin atreverse a moverse ni a mirar demasiado, Rosario sonreía apartada, y Francisca… Francisca no sabía si estallar en carcajadas… o ayudar a Dolores a arrancarle los pantalones. Entonces, Raimundo comenzó a desabrocharse la camisa, botón a botón mientras movía el trasero. Todas las presentes se volvieron locas al ver como tiraba al aire la camisa, incluida Calvario que pareció olvidar todos los votos eclesiástico, y comenzó a gritar más que ninguna. Entonces Francisca se percató de que todo aquel vello que cubría su pecho y del que ella se había quejado en su último encuentro, había desaparecido, no podía ser. De un tirón, Raimundo se quitó los pantalones rasgándolos, quedando solo con una pajarita y los calzones. Las piernas también parecían haber perdido toda la pelambrera “Se ha depilado” pensó Francisca sin poder evitar sonreír. Raimundo comenzó a bailar sin dejar de mirarla y Francisca no sabía qué le hacía más gracias si ver a Raimundo de aquella guisa o a Calvario gritando como una loca y metiéndole billetes por los calzones. Dolores y Salud se agarraban de sus desnudas piernas provocándole profundos arañazos. Las tres se habían vuelto locas con aquel cuerpo, y Francisca, por más que mantuviera la distancia del espectáculo, también se estaba poniendo… mala. Raimundo la miró, ella sonrió desafiándole con la mirada como si quisiera decirle “Aún te queda una cosa por quitarte”. Raimundo saltó de la tarima en la que había estado bailando quedando a la altura de aquellas marujas y casi-monja de hormonas revolucionadas. Tuvo que arrancárselas prácticamente de encima, porque las tres, pero sobre todo, Calvario se abalanzaron sobre él, azotándole en el trasero a su paso y tratando de arrancarle los calzones. Con una fuerza titánica, Raimundo logró zafarse del desesperado abrazo de aquellas mujeres que más bien parecían pulpos para llegar hasta donde estaba Francisca, solo un palmo los separaba.
- Creo que me he equivocado de oficio estos años, con esto se gana más- dijo señalando los billetes de sus calzones- ¿Quieres que me lo quite?- Dijo él
- ¿Te lo quitarías delante de ellas?
- Haría cualquier cosa que me pidieras.
- ¿Te has depilado?
- Absolutamente TODO- dijo él- todavía me cuesta andar
En aquel momento, Raimundo no podía saberlo pero había construido los cimientos de una nueva generación, él fue el primer metrosexual de la historia.
- Pues eso habrá que verlo-Dijo ella sonriendo
Raimundo no necesitó escuchar nada más. Agarró las manos de Francisca y las llevó a su cintura.
- Ya sabes lo que tienes que hacer- le dijo él esperando que tirara de ellos.
Francisca lo miró a los ojos, sin apartar las manos del borde de sus calzones, a su espalda los gritos de las demás que la animaban, la urgían a arrancar aquel pedazo de tela para dejar al descubierto el verdadero “pastel”. Se tensó, preparada para dar un tirón, pero aunque se moría de ganas de ver lo que había debajo de aquel calzón, no quería compartir con aquellas locas desesperadas su regalo de cumpleaños.
- Dejaré que conserves la poca dignidad que te queda.- le dijo ella
- Pero Doña Francisca, quítesela ya- gritó Salud
- Que Dios me perdone, pero quiero ver esa culebrilla del demonio- Dijo Calvario-
- De culebra nada, queremos a la boa constrictor- Gritó Dolores
- Lo siento señoras- Dijo entonces Francisca- Pero hasta aquí pueden ver- “el resto me lo guardo para mí” pensó.
- ¿Entonces no quieres que haga nada más por ti en tu cumpleaños?- Francisca lo miró, sabiendo a lo que se refería y le sonrió.
- Sí, podemos aprovechar tu indumentaria… Haznos de camarero
- ¿Cómo?
- Pero así tal como vas- Ella lo miró pensando que saldría corriendo, pero Raimundo se limitó a coger una bandeja y a decir
- Tus deseos son órdenes para mí.
- No faltaba más

El proximo capitulo es un SOPRESON!!besos cariñets!
#6359
Kerala
Kerala
20/02/2012 22:34
Laura m tienes llorando d la risa jajajajajajajajaja
el primer metrosexual de la historia! jajajajajaaaaaaaaaaaaaaa. Aunque a mi tan pelado no ¿eh?
¡culebrilla del demonio!? jajajajja m muero!
¡boa constrictor!

sigue!!! YA

Natalia, precioso tu mini bravo
#6360
thirdwatch
thirdwatch
20/02/2012 23:03
Laury gracias por tu talento y por lo que nos haces reír, a veces con tu historia
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