El Rincón de Francisca y Raimundo:ESTE AMOR SE MERECE UN YACIMIENTO (TUNDA TUNDA) Gracias María y Ramon
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08/06/2011 23:44
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#6301
18/02/2012 09:44
Me encanta el BORA, es lo mejor de lo mejor!!
No quiero saturaros pero a riesgo de que me mateis al haber leido los ultimos capitulos os voy a poner ya la continuación.
TRES HOMBRES Y UNA PACA
Casi una semana había transcurrido desde que llegara a la montaña la nefasta noticia del destino de Sebastián y desde entonces Francisca no había parado. Nada más saber la noticia salió corriendo porque no había tiempo que perder para mandar un telegrama a su hijo y varios a todos sus contactos, cualquier persona con un mínimo de influencia le valía: altos, medios y hasta bajos mandos del ejército a todos les pidió ayuda, a los jueces que le debían favores, a los jueces a los que no quería deberles favores, le daba igual. Por muy picaflor que fuese Raimundo últimamente él había estado a su lado cuando ella estuvo a punto de perder a Tristán, y por eso lo hacía, en cierta en forma estaba en deuda. Pero eso era todo, claramente. Hacía tres días que los caminos se habían despejados, a aquellas alturas podría estar ya en la Casona sin ningún tipo de preocupación, sin pensar en Raimundo, ni en ninguno de sus múltiples pretendientes, pero no podía irse sin haber arreglado el asunto, Raimundo la necesitaba, y aunque no se lo merecía y aunque ella lo estaba olvidando, claramente, y aunque le dolía más que nada verlos cada día juntos, no podía irse y dejarlo solo. Porque había otro asunto que la escamaba, desde que se despejaron los caminos, había encontrado a Águeda muy extraña, faltaba a las cenas y comidas porque decía encontrarse mal, y sin embargo después aparecía demasiado sonriente, había algo que no le encajaba. Y aún así Francisca seguía repitiéndose que no quería a Raimundo.
- La veo muy tensa- oyó de pronto- Necesita un masaje- Gabriel apareció de pronto rodeándola con sus musculosos brazos que se deslizaron por la espalda.
- Pero serás tío pulpo, que me dejes tranquila, hombre ya.
- Sé que me está deseando
- Sí, estoy deseando que te vayas, no pienses que por ponerme ojitos seductores voy a caer rendida a tus pies como si fuera una colegiala.
- Sé que no lo es y por eso me gusta tanto. No me puedo controlar- Gabriel se abalanzó sobre ella, pero Francisca, que ya estaba entrenada, se escapó de su abrazo y salió corriendo por la puerta.
- Pégate una ducha, baboso. Jesús, que pesao.
Dios pareció escuchar sus plegarías y decidió enviarle a un cura, pero que no pretendía precisamente darle la comunión, más bien la vara.
- Francisca deja que hable contigo, mira la biblia está llena de historias de amor prohibidas que al final Dios bendice.
- Anselmo por favor, no- Lo que menos necesitaba era una clase de teología.
- Sí, sí, mira que te leo.
El cura comenzó a leer las Sagradas Escrituras, tan ensimismado estaba en ellas que Francisca aprovechó la oportunidad para salir corriendo en la dirección contraria y por primera vez agradeció que aquel hombre llevara sotana porque así no pudo alcanzarla. Con la respiración agitada, exhausta y sobre todo harta de los hombres y de la atracción innata que poseía, paró por fin cuando no vio a nadie. Se dejó caer, cansada, sobre la pared tratando de recuperar el aliento. Todo estaba en silencio, solo podía escuchar el latido de su corazón, pero este se fue haciendo más lento, más bajo y entonces otros sonidos la envolvieron.
- Dime que no es lo que yo pienso.- Rogó
Caminó hacia el lugar del cual provenía aquel estremecedor ruido, y cuanto más se acercaba más se reafirmaba su sospecha, llevaba mucho tiempo a pan y agua pero aquel gemido era inconfundible. Reparó de la parte de la casa en la que estaba, aquella habitación, la habitación cerrada, oscura, de la que provenían los lujuriosos gritos de placer era la de Águeda. No había otra posibilidad “Se la está trifulcando, maldita sea su estampa, yo aquí preocupada por él mientras que se beneficia al espantapájaros” Si era Águeda, y lo era porque aquella voz de pelagatos solo podía ser suya, aquello significaba que encima o debajo estaría Raimundo. Se fue de allí corriendo de nuevo solo quería escapar de aquellos gemidos. Y por qué, si ya no quería a Raimundo, si era un desconsiderado, un hipócrita, un chaquetero, un veleta… si no se merecía su amor. Pero aún así lo quería. Porque aquel amor que sentía por él era más grande que ella misma, era parte de su ser, no podía recordar un segundo de su vida en el que no lo hubiera amado a pesar de todo, se habían criado juntos y habían crecido amándose. Francisca no podía verse queriendo a otro hombre, ni siquiera podía imaginarse sin quererlo a él, porque aquel amor que henchía su pecho, que daba luz a su alma, aquel amor la definía, la completaba, la hacía ser quien era y de repente, decir que no iba a amarlo era como pedirle a sus pulmones que dejasen de respirar o a su corazón que dejase de latir, era imposible, pero tenía que intentarlo. No supo cuanto tiempo pasó sentada en un sofá a oscuras pensando, pero debió de ser bastante porque la puerta se abrió de pronto y tras ella apareció Raimundo.
- Perdona, la luz estaba a pagada y no sabía que estabas- dijo él
- Me dolía la cabeza. ¿Qué tal estás, estarás cansado?- no pudo evitar decir
- En realidad sí- “Cómo no” pensó ella- Estoy cansado de esperar noticias de mi hijo que no llegan, pero no creo que te interese, no te has molestado ni en fingir que te importaba estos días.
- ¿Perdona?- Aquello era lo que le faltaba ella desviviéndose por él mientras que se trifulcaba a la cara pava y ahora ella era la mala
- Pues eso, que en cuanto lo supiste te fuiste y ni te has molestado en estar a mi lado, si no estuvieras atrapada aquí ya te habrías ido.
- Mira Raimundo, lo primero es que ya tienes a alguien para que esté a tu lado, tú lo has elegido así, y lo segundo… es que eres muy injusto, pero no tengo ganas de discutir ni de intentar quitarte una venda que parece que ya es parte de tu piel, ¿Quién soy yo para intentar abrirte los ojos?
- Entonces dices que no eres nadie en mi vida.
- No, digo que tú me has echado de ella, pero no te preocupes por mí que últimamente me salen los novios a pares. Yo que tú me preocuparía por ti.
- No intentes engañarme.
- Raimundo no me provoques que el día menos pensado te afeito a base de palos- ¿Cómo explicarle a aquel pedazo de terco que era un pedazo de terco?- Puede que no me creas, y no te culpo del todo, porque no siempre lo he demostrado, pero yo quiero que seas feliz, hubiera preferido que lo fueras conmigo pero no has querido. No te deseo ningún mal, bueno que sufras sí pero solo un poquito. Lo que quiero decir es que a pesar de todo lo que hemos pasado tú eres parte de mí y por eso necesito que seas feliz para poder serlo, así que no quiero que te pase nada malo ni a ti ni a tus hijos.
- No te creo en absoluto, siempre has sido una arpía- Lo dicho, un pedazo de terco
- Vale, intentaba acabar bien, pero si te empeñas, me iré y no nos volveremos a ver, sé feliz o no, lo mismo me da que me da lo mismo- Francisca se dirigió hacia la puerta airada, pero antes de salir se giró para decirle una última cosa a la cara- Que sepas que esta ya ha sido la última que te aguanto Raimundo, preferiría que no nos volviéramos a ver… y por cierto ten cuidado con Águeda, que no te destroce la cadera
Y salió dando un fuerte portazo
No quiero saturaros pero a riesgo de que me mateis al haber leido los ultimos capitulos os voy a poner ya la continuación.
TRES HOMBRES Y UNA PACA
Casi una semana había transcurrido desde que llegara a la montaña la nefasta noticia del destino de Sebastián y desde entonces Francisca no había parado. Nada más saber la noticia salió corriendo porque no había tiempo que perder para mandar un telegrama a su hijo y varios a todos sus contactos, cualquier persona con un mínimo de influencia le valía: altos, medios y hasta bajos mandos del ejército a todos les pidió ayuda, a los jueces que le debían favores, a los jueces a los que no quería deberles favores, le daba igual. Por muy picaflor que fuese Raimundo últimamente él había estado a su lado cuando ella estuvo a punto de perder a Tristán, y por eso lo hacía, en cierta en forma estaba en deuda. Pero eso era todo, claramente. Hacía tres días que los caminos se habían despejados, a aquellas alturas podría estar ya en la Casona sin ningún tipo de preocupación, sin pensar en Raimundo, ni en ninguno de sus múltiples pretendientes, pero no podía irse sin haber arreglado el asunto, Raimundo la necesitaba, y aunque no se lo merecía y aunque ella lo estaba olvidando, claramente, y aunque le dolía más que nada verlos cada día juntos, no podía irse y dejarlo solo. Porque había otro asunto que la escamaba, desde que se despejaron los caminos, había encontrado a Águeda muy extraña, faltaba a las cenas y comidas porque decía encontrarse mal, y sin embargo después aparecía demasiado sonriente, había algo que no le encajaba. Y aún así Francisca seguía repitiéndose que no quería a Raimundo.
- La veo muy tensa- oyó de pronto- Necesita un masaje- Gabriel apareció de pronto rodeándola con sus musculosos brazos que se deslizaron por la espalda.
- Pero serás tío pulpo, que me dejes tranquila, hombre ya.
- Sé que me está deseando
- Sí, estoy deseando que te vayas, no pienses que por ponerme ojitos seductores voy a caer rendida a tus pies como si fuera una colegiala.
- Sé que no lo es y por eso me gusta tanto. No me puedo controlar- Gabriel se abalanzó sobre ella, pero Francisca, que ya estaba entrenada, se escapó de su abrazo y salió corriendo por la puerta.
- Pégate una ducha, baboso. Jesús, que pesao.
Dios pareció escuchar sus plegarías y decidió enviarle a un cura, pero que no pretendía precisamente darle la comunión, más bien la vara.
- Francisca deja que hable contigo, mira la biblia está llena de historias de amor prohibidas que al final Dios bendice.
- Anselmo por favor, no- Lo que menos necesitaba era una clase de teología.
- Sí, sí, mira que te leo.
El cura comenzó a leer las Sagradas Escrituras, tan ensimismado estaba en ellas que Francisca aprovechó la oportunidad para salir corriendo en la dirección contraria y por primera vez agradeció que aquel hombre llevara sotana porque así no pudo alcanzarla. Con la respiración agitada, exhausta y sobre todo harta de los hombres y de la atracción innata que poseía, paró por fin cuando no vio a nadie. Se dejó caer, cansada, sobre la pared tratando de recuperar el aliento. Todo estaba en silencio, solo podía escuchar el latido de su corazón, pero este se fue haciendo más lento, más bajo y entonces otros sonidos la envolvieron.
- Dime que no es lo que yo pienso.- Rogó
Caminó hacia el lugar del cual provenía aquel estremecedor ruido, y cuanto más se acercaba más se reafirmaba su sospecha, llevaba mucho tiempo a pan y agua pero aquel gemido era inconfundible. Reparó de la parte de la casa en la que estaba, aquella habitación, la habitación cerrada, oscura, de la que provenían los lujuriosos gritos de placer era la de Águeda. No había otra posibilidad “Se la está trifulcando, maldita sea su estampa, yo aquí preocupada por él mientras que se beneficia al espantapájaros” Si era Águeda, y lo era porque aquella voz de pelagatos solo podía ser suya, aquello significaba que encima o debajo estaría Raimundo. Se fue de allí corriendo de nuevo solo quería escapar de aquellos gemidos. Y por qué, si ya no quería a Raimundo, si era un desconsiderado, un hipócrita, un chaquetero, un veleta… si no se merecía su amor. Pero aún así lo quería. Porque aquel amor que sentía por él era más grande que ella misma, era parte de su ser, no podía recordar un segundo de su vida en el que no lo hubiera amado a pesar de todo, se habían criado juntos y habían crecido amándose. Francisca no podía verse queriendo a otro hombre, ni siquiera podía imaginarse sin quererlo a él, porque aquel amor que henchía su pecho, que daba luz a su alma, aquel amor la definía, la completaba, la hacía ser quien era y de repente, decir que no iba a amarlo era como pedirle a sus pulmones que dejasen de respirar o a su corazón que dejase de latir, era imposible, pero tenía que intentarlo. No supo cuanto tiempo pasó sentada en un sofá a oscuras pensando, pero debió de ser bastante porque la puerta se abrió de pronto y tras ella apareció Raimundo.
- Perdona, la luz estaba a pagada y no sabía que estabas- dijo él
- Me dolía la cabeza. ¿Qué tal estás, estarás cansado?- no pudo evitar decir
- En realidad sí- “Cómo no” pensó ella- Estoy cansado de esperar noticias de mi hijo que no llegan, pero no creo que te interese, no te has molestado ni en fingir que te importaba estos días.
- ¿Perdona?- Aquello era lo que le faltaba ella desviviéndose por él mientras que se trifulcaba a la cara pava y ahora ella era la mala
- Pues eso, que en cuanto lo supiste te fuiste y ni te has molestado en estar a mi lado, si no estuvieras atrapada aquí ya te habrías ido.
- Mira Raimundo, lo primero es que ya tienes a alguien para que esté a tu lado, tú lo has elegido así, y lo segundo… es que eres muy injusto, pero no tengo ganas de discutir ni de intentar quitarte una venda que parece que ya es parte de tu piel, ¿Quién soy yo para intentar abrirte los ojos?
- Entonces dices que no eres nadie en mi vida.
- No, digo que tú me has echado de ella, pero no te preocupes por mí que últimamente me salen los novios a pares. Yo que tú me preocuparía por ti.
- No intentes engañarme.
- Raimundo no me provoques que el día menos pensado te afeito a base de palos- ¿Cómo explicarle a aquel pedazo de terco que era un pedazo de terco?- Puede que no me creas, y no te culpo del todo, porque no siempre lo he demostrado, pero yo quiero que seas feliz, hubiera preferido que lo fueras conmigo pero no has querido. No te deseo ningún mal, bueno que sufras sí pero solo un poquito. Lo que quiero decir es que a pesar de todo lo que hemos pasado tú eres parte de mí y por eso necesito que seas feliz para poder serlo, así que no quiero que te pase nada malo ni a ti ni a tus hijos.
- No te creo en absoluto, siempre has sido una arpía- Lo dicho, un pedazo de terco
- Vale, intentaba acabar bien, pero si te empeñas, me iré y no nos volveremos a ver, sé feliz o no, lo mismo me da que me da lo mismo- Francisca se dirigió hacia la puerta airada, pero antes de salir se giró para decirle una última cosa a la cara- Que sepas que esta ya ha sido la última que te aguanto Raimundo, preferiría que no nos volviéramos a ver… y por cierto ten cuidado con Águeda, que no te destroce la cadera
Y salió dando un fuerte portazo
#6302
18/02/2012 09:45
Francisca se había marchado. Y aquella vez era para siempre, y era lo mejor, aquella mujer estaba loca, lo mismo se le declaraba que se liaba con tres maromos a la vez que no le hacía ni caso, era lo mejor. Era lo mejor, y si lo sabía, ¿Por qué no lo sentía?
Un muchacho entró corriendo para entregarle una carta. Al punto reconoció la letra, era de Sebastián:
Querido Padre,
Por fin estoy libre y absuelto de todos los cargos. Creo que tiene que dar las gracias a alguien porque me han dejado ver que se han movido muchos hilos de las altas esferas.
Sebastián
Al fin, libre. Raimundo no cabía en sí de gozo. Libre y seguro que gracias a Águeda; tenía que ir a verla para agradecérselo, aquella mañana no había salido de su cuarto porque estaba algo indispuesta, pero aún así tenía que decírselo. Su corazón latía tan fuerte al llegar a la puerta de su alcoba que no pudo escuchar nada, abrió la puerta sin acordarse siquiera de que los nudillos servían de algo y entró. Y lo vio. Águeda estaba en la cama sí, pero no precisamente enferma, en todo caso algo cansada. Al verlo paró de inmediato el salvaje movimiento sobre el peludo cuerpo de un fornido hombre y al mirarlo mejor Raimundo lo reconoció. Águeda le estaba poniendo descaradamente la cornamenta con… Pardo.
- Raimundo- Águeda intentó taparse
Raimundo cerró las puertas de golpe. Francisca tenía razón, era una lagarta de cuidado. La puerta se abrió y salió ella con el pelo de escarola revuelto y una bata rosa, hasta para dormir tenía mal gusto.
- Raimundo siento que te hayas enterado así, quería decírtelo, verás, Pardo y yo nos conocimos no hace mucho por casualidad y verás… pues nosotros nos enamoramos
- ¿Cómo?
- Sí. Raimundo yo pensaba que te quería de verdad, pero al conocer a Pardo con esa pose de chico malo tan masculina, con la pistola, con esa risa malvada… que me pone, Raimundo, me pone periquita perdida. Es que siempre he tenido debilidad por los malotes, primero Salvador y ahora él.
- ¿Pero cómo ha llegado si estábamos incomunicados? por eso no se ha ido Francisca
- No, hace tres o cuatro días que le dije que podía irse, pero no quería- “Así que sí ha estado a mi lado” pensó en aquel momento sintiendo como mil dagas ardiendo se clavaban en su corazón.
- Yo, solo quería darte las gracias por hacer que liberasen a Sebastián.
- ¿Yo? No he hecho nada, me hubiera gustado pero era muy difícil y he estado algo ocupada últimamente. Mira Raimundo, lo siento mucho, pero me gusta otro tipo de hombre, tú eres demasiado buena persona para mí- “Y por qué ahora me siento despreciable” pensó él- No es por ti es por mí, podemos seguir siendo amigos.
- Claro, claro, adiós
Raimundo salió corriendo, no es que le molestara ver a Águeda con otro, en realidad no le había dolido ni la mitad que ver a Francisca tocando al cura. Y ella se había quedado, sí que le importaba, sí que era verdad. Tenía que ir a disculparse antes de que fuera demasiado tarde. Abrió la puerta de su habitación igual de atropelladamente que lo había hecho minutos atrás, pero allí no encontró un alma. Francisca no estaba, pero sí su aroma que impregnaba aquella estancia y lo llamaba a su interior. Avanzó por aquella habitación que le recordaba a ella, acarició sus flores, su mesa, sus papeles… un momento, pensó. Una carta. Sobre la mesa descansaba una carta en la que le había parecido ver la palabra Sebastián. No pudo evitar echarle un vistacito.
Madre,
Los trámites que me pidió están hechos y sus contactos del tribunal parece que por fin han aceptado el generoso soborno que les mandó. Querida madre, espero que al menos se digne esta vez en contarle a Raimundo que usted ha sido la artífice de la liberación de Sebastián y no se lo calle igual que hizo cuando le pagó la operación en la sombra. ¿Le sorprende que lo sepa? ¿Acaso cree que no entiendo los libros de cuentas y que no me di cuenta que faltaba la cantidad justa en el momento oportuno? No entiendo a qué ese interés de quedar como una bruja cuando es un cacho de pan, aunque le cueste de vez en cuando.
Tristán
Pero aquello no podía ser… o sí. Lo cierto era que no le costaba creer en los actos de Francisca sino en lo estúpido que había sido. La había acusado casi de todo, de dejarlo solo, de bruja, de arpía sin corazón y aquella mujer a la que amaba más que a nada le había salvado la vida y se la había salvado a su hijo. Y él, necio, terco, cobarde, la había abandonado por una mujer que no había tardado ni una semana en romper su compromiso y echarse en brazos de otro, y no de cualquiera, sino de Pardo, solo de pensarlo le daban arcadas. Pero Francisca, su Francisca, su pequeña… ella lo amaba de verdad. Por qué había sido tan irremediablemente estúpido, por qué no habría podido callarse, haber sido valiente y haberla escuchado en su momento, por qué se dedicó a culparla sin más, si casi le faltó acusarla de la caída del Imperio Romano. Su pobre pequeña, su gran amor. Tenía que hablar con ella antes de que se marchara y fuera demasiado tarde. Corrió de nuevo inspeccionando cada habitación del lujoso palacete, pero todas estaban vacías hasta que al llegar al salón se encontró con dos figuras conocidas, quiso cerrar la puerta y seguir con su búsqueda, pero entre el chulazo multifunción y el párroco enamorado lo detuvieron y lo obligaron a sentarse en el sillón.
- Raimundo- dijo el cura- Necesito tu ayuda. Verás, sé que esto es irrisorio pero te juro que estoy realmente enamorado de Francisca- Lo que le faltaba. Era cierto se le había olvidado el pequeño detalle por el que dejó a Francisca, tenía otros dos novios.
- ¿Y qué quiere que le haga? Pues que sean felices, pero ya sabe que tres son multitud
- Pero es que ni tres, ni dos, aquí andamos locos perdidos con la señora- dijo Gabriel.
- ¿Qué quieres decir?- A Raimundo le empezó a sonar interesante
- Verás Raimundo, yo estoy enamorado de Francisca de corazón y este… muchacho solo quiere llevarla a la cama, pero el caso es que tenemos un sufrimiento en común y es que Francisca no… no siente nada por nosotros, por ahora.
- ¿Dice que no están juntos? Pero si yo pensaba… si los vi jutnos… y creí que ella estaba con los dos
- Que más querríamos- Dijo Gabriel- que tener a esa diosa en nuestro lecho, pero ni mi encanto animal la seduce y ya no sabemos qué hacer.
- Por eso queremos, que ya que te vas a casar con otra, lo más justo sería que compartieras tus “conocimientos sobre ella” Raimundo me consta que eres el único hombre al que ha amado- De nuevo las dagas clavándose en su corazón- pero si tú vas a seguir tu vida, ella también tiene derecho a volver a enamorarse, y si es de mí mejor, así que dinos ¿qué le gusta? ¿cómo la conquistamos?
- Pues estamos buenos, porque yo estaba pensando en lo mismo.
Esa era la gran pregunta, ahora que se había dado cuenta de que nada de lo que pensaba era cierto, que Francisca lo amaba, que no había estado con ningún otro, que lo había salvado, que había descubierto que Águeda era una fresca… ahora solo podía preguntarse ¿cómo la reconquistaría?
A partir de aqui viene lo bueno!! Redencion de Raimundo a base de carne magra, ay es na! jeje
Un muchacho entró corriendo para entregarle una carta. Al punto reconoció la letra, era de Sebastián:
Querido Padre,
Por fin estoy libre y absuelto de todos los cargos. Creo que tiene que dar las gracias a alguien porque me han dejado ver que se han movido muchos hilos de las altas esferas.
Sebastián
Al fin, libre. Raimundo no cabía en sí de gozo. Libre y seguro que gracias a Águeda; tenía que ir a verla para agradecérselo, aquella mañana no había salido de su cuarto porque estaba algo indispuesta, pero aún así tenía que decírselo. Su corazón latía tan fuerte al llegar a la puerta de su alcoba que no pudo escuchar nada, abrió la puerta sin acordarse siquiera de que los nudillos servían de algo y entró. Y lo vio. Águeda estaba en la cama sí, pero no precisamente enferma, en todo caso algo cansada. Al verlo paró de inmediato el salvaje movimiento sobre el peludo cuerpo de un fornido hombre y al mirarlo mejor Raimundo lo reconoció. Águeda le estaba poniendo descaradamente la cornamenta con… Pardo.
- Raimundo- Águeda intentó taparse
Raimundo cerró las puertas de golpe. Francisca tenía razón, era una lagarta de cuidado. La puerta se abrió y salió ella con el pelo de escarola revuelto y una bata rosa, hasta para dormir tenía mal gusto.
- Raimundo siento que te hayas enterado así, quería decírtelo, verás, Pardo y yo nos conocimos no hace mucho por casualidad y verás… pues nosotros nos enamoramos
- ¿Cómo?
- Sí. Raimundo yo pensaba que te quería de verdad, pero al conocer a Pardo con esa pose de chico malo tan masculina, con la pistola, con esa risa malvada… que me pone, Raimundo, me pone periquita perdida. Es que siempre he tenido debilidad por los malotes, primero Salvador y ahora él.
- ¿Pero cómo ha llegado si estábamos incomunicados? por eso no se ha ido Francisca
- No, hace tres o cuatro días que le dije que podía irse, pero no quería- “Así que sí ha estado a mi lado” pensó en aquel momento sintiendo como mil dagas ardiendo se clavaban en su corazón.
- Yo, solo quería darte las gracias por hacer que liberasen a Sebastián.
- ¿Yo? No he hecho nada, me hubiera gustado pero era muy difícil y he estado algo ocupada últimamente. Mira Raimundo, lo siento mucho, pero me gusta otro tipo de hombre, tú eres demasiado buena persona para mí- “Y por qué ahora me siento despreciable” pensó él- No es por ti es por mí, podemos seguir siendo amigos.
- Claro, claro, adiós
Raimundo salió corriendo, no es que le molestara ver a Águeda con otro, en realidad no le había dolido ni la mitad que ver a Francisca tocando al cura. Y ella se había quedado, sí que le importaba, sí que era verdad. Tenía que ir a disculparse antes de que fuera demasiado tarde. Abrió la puerta de su habitación igual de atropelladamente que lo había hecho minutos atrás, pero allí no encontró un alma. Francisca no estaba, pero sí su aroma que impregnaba aquella estancia y lo llamaba a su interior. Avanzó por aquella habitación que le recordaba a ella, acarició sus flores, su mesa, sus papeles… un momento, pensó. Una carta. Sobre la mesa descansaba una carta en la que le había parecido ver la palabra Sebastián. No pudo evitar echarle un vistacito.
Madre,
Los trámites que me pidió están hechos y sus contactos del tribunal parece que por fin han aceptado el generoso soborno que les mandó. Querida madre, espero que al menos se digne esta vez en contarle a Raimundo que usted ha sido la artífice de la liberación de Sebastián y no se lo calle igual que hizo cuando le pagó la operación en la sombra. ¿Le sorprende que lo sepa? ¿Acaso cree que no entiendo los libros de cuentas y que no me di cuenta que faltaba la cantidad justa en el momento oportuno? No entiendo a qué ese interés de quedar como una bruja cuando es un cacho de pan, aunque le cueste de vez en cuando.
Tristán
Pero aquello no podía ser… o sí. Lo cierto era que no le costaba creer en los actos de Francisca sino en lo estúpido que había sido. La había acusado casi de todo, de dejarlo solo, de bruja, de arpía sin corazón y aquella mujer a la que amaba más que a nada le había salvado la vida y se la había salvado a su hijo. Y él, necio, terco, cobarde, la había abandonado por una mujer que no había tardado ni una semana en romper su compromiso y echarse en brazos de otro, y no de cualquiera, sino de Pardo, solo de pensarlo le daban arcadas. Pero Francisca, su Francisca, su pequeña… ella lo amaba de verdad. Por qué había sido tan irremediablemente estúpido, por qué no habría podido callarse, haber sido valiente y haberla escuchado en su momento, por qué se dedicó a culparla sin más, si casi le faltó acusarla de la caída del Imperio Romano. Su pobre pequeña, su gran amor. Tenía que hablar con ella antes de que se marchara y fuera demasiado tarde. Corrió de nuevo inspeccionando cada habitación del lujoso palacete, pero todas estaban vacías hasta que al llegar al salón se encontró con dos figuras conocidas, quiso cerrar la puerta y seguir con su búsqueda, pero entre el chulazo multifunción y el párroco enamorado lo detuvieron y lo obligaron a sentarse en el sillón.
- Raimundo- dijo el cura- Necesito tu ayuda. Verás, sé que esto es irrisorio pero te juro que estoy realmente enamorado de Francisca- Lo que le faltaba. Era cierto se le había olvidado el pequeño detalle por el que dejó a Francisca, tenía otros dos novios.
- ¿Y qué quiere que le haga? Pues que sean felices, pero ya sabe que tres son multitud
- Pero es que ni tres, ni dos, aquí andamos locos perdidos con la señora- dijo Gabriel.
- ¿Qué quieres decir?- A Raimundo le empezó a sonar interesante
- Verás Raimundo, yo estoy enamorado de Francisca de corazón y este… muchacho solo quiere llevarla a la cama, pero el caso es que tenemos un sufrimiento en común y es que Francisca no… no siente nada por nosotros, por ahora.
- ¿Dice que no están juntos? Pero si yo pensaba… si los vi jutnos… y creí que ella estaba con los dos
- Que más querríamos- Dijo Gabriel- que tener a esa diosa en nuestro lecho, pero ni mi encanto animal la seduce y ya no sabemos qué hacer.
- Por eso queremos, que ya que te vas a casar con otra, lo más justo sería que compartieras tus “conocimientos sobre ella” Raimundo me consta que eres el único hombre al que ha amado- De nuevo las dagas clavándose en su corazón- pero si tú vas a seguir tu vida, ella también tiene derecho a volver a enamorarse, y si es de mí mejor, así que dinos ¿qué le gusta? ¿cómo la conquistamos?
- Pues estamos buenos, porque yo estaba pensando en lo mismo.
Esa era la gran pregunta, ahora que se había dado cuenta de que nada de lo que pensaba era cierto, que Francisca lo amaba, que no había estado con ningún otro, que lo había salvado, que había descubierto que Águeda era una fresca… ahora solo podía preguntarse ¿cómo la reconquistaría?
A partir de aqui viene lo bueno!! Redencion de Raimundo a base de carne magra, ay es na! jeje
#6303
18/02/2012 11:05
Bueno Laury yo es que me parto de risa contigo jajajaja
ese momento del cura y el maromo cubano pidiendo ayuda a Raimundo para conquistar a Francisca ha sido lo más grande! jaja
La Cágueda que se quede con Pardo,que tal para cual,me caen los dos igual de mal
Y Rai que vaya que pierde el culo a por su Paca. Ipso Facto!
Empieza a ser ya un poco buena con el tabernero,anda...que me da penita <3
¡Sigue por dios!
melisa,precioso el video! muchísimas gracias
Rocio,mi ángel,gracias por seguir poniéndome las escenas. Me ahorras mucho trabajo.¡Eres un sol! y una masoquista jajaja por tragarte las escenas del bipolar de Rai y la bicha. (muackkksss)
ese momento del cura y el maromo cubano pidiendo ayuda a Raimundo para conquistar a Francisca ha sido lo más grande! jaja
La Cágueda que se quede con Pardo,que tal para cual,me caen los dos igual de mal

Y Rai que vaya que pierde el culo a por su Paca. Ipso Facto!
Empieza a ser ya un poco buena con el tabernero,anda...que me da penita <3
¡Sigue por dios!
melisa,precioso el video! muchísimas gracias

Rocio,mi ángel,gracias por seguir poniéndome las escenas. Me ahorras mucho trabajo.¡Eres un sol! y una masoquista jajaja por tragarte las escenas del bipolar de Rai y la bicha. (muackkksss)
#6304
18/02/2012 11:41
Este fin de semana pienso poneros maratón de TU ERES MI CONDENA, a ver si avanzamos un poco en la historia,que la tenía un poquito abandonada
. Tengo preparada otra sorpresilla para vosotras,que si me da tiempo,la pongo a la noche. Sino, mañana.
Aquí va la primera parte!
"TU ERES MI CONDENA"
- ¿Qué ocurre mi niña? ¿De qué estaba hablando Tomás? -. Raimundo tomó asiendo junto a Francisca en el sofá y aferró su mano entre las suyas. – Sabes que puedes contarme lo que sea -
Bajó la mirada hasta sus manos entrelazadas. Francisca temblaba y él sintió un frío intenso recorriéndole el cuerpo. ¿De qué podría tratarse para tenerla tan alterada? Y sobre todo, ¿por qué Tomás era conocedor de ese supuesto secreto de Francisca? Fuera lo que fuera, estaba realmente asustado. E intrigado. Creía conocer todos los asuntos de su pequeña, pero estaba claro que algo había que escapaba de entendimiento.
Ella apartó la mirada.
– Tristán por favor, ¿me dejarías hablar a solas con Raimundo? -.
- Lo siento madre -. Tristán se sentó en la butaca junto a ellos. – Pero ese hombre me mencionó a mí también. Sea lo que sea que tenga que contarnos, es algo que me incumbe. A mí y a Raimundo -. Le dedicó una mirada de soslayo a Raimundo que cada vez apretaba con más fuerza la mano de su madre.
- Muy bien -. Habló Francisca. – Quédate pues. Solo os pido que no me interrumpáis hasta que no haya terminado de relatar mi historia -. Se soltó de la mano de Raimundo y se puso en pie, mirándoles a los dos. – Por favor… -.
Ambos hombres asintieron sin pronunciar palabra. Dispuestos a escuchar aquello que Francisca albergaba oculto en su corazón.
Francisca cerró los ojos y comenzó a hablar.
- Cuando no era más que una niña conocí a Raimundo. Recuerdo ese momento igual que si fuera ayer -. Sonrió levemente. – Fue uno de los mejores días de mi vida. A raíz de aquello, todo mi mundo dio un vuelco. Él era mi mejor amigo. Siempre estábamos juntos… éramos incapaces de pasar más de cinco minutos separados. Y pasó lo que tenía que pasar. La amistad dio lugar al amor casi sin que nos diéramos cuenta -. Abrió los ojos y les miró. – Bueno, esta parte de la historia creo que los dos ya la conocéis. Frunció el ceño con amargura. – Pero un día todo se torció y me vi sola y abandonada por el gran amor de mi vida -. Dirigió su mirada a Raimundo. – Ahora conozco los motivos que te llevaron a actuar de aquella manera, pero en aquel entonces el dolor me cegaba. No quería vivir… -. Encogió uno de sus hombros mientras hablaba. Estaba abriendo su corazón por primera vez en muchos años y a pesar del sentimiento de desprotección que sentía, se obligó a continuar. – Me estaba dejando morir lentamente hasta que descubrí un motivo por el que luchar. Y que no estaba dispuesta a dejar que me arrebataran. Planeé un viaje a Asturias, al que mis padres accedieron con tal de que no intentara buscar a Raimundo. Allí conocí a… -. Tomó aire. La sola mención de su nombre aún le causaba escalofríos recorriéndole la columna. -… a Salvador Castro. Se acercó a mí agasajándome con regalos y buenas palabras en un momento en el que solo una cosa tenía sentido para mí. ¡Y no podía permitirme el lujo de dejar pasar más tiempo! -. Se llevó las manos al vientre en un gesto que no fue indiferente para Raimundo. – Casé con él y mi vida se convirtió en un infierno. Pero conseguí salvar a aquello que más amaba -.
Raimundo se puso en pie. Su voz temblaba cuando consiguió articular palabra.
- ¿Qué estás tratando de decir Francisca? -. No podía despegar la mirada de sus manos, que seguían apoyadas en el vientre. – Dime que no es aquello que estoy imaginando… -.
Tristán alternaba la mirada entre uno y otro visiblemente confundido. No era capaz de entender nada de lo que se estaba tratando allí, pero estaba claro que se trataba de algo de extrema gravedad e importancia.
- Francisca contesta -. El tono de Raimundo se había endurecido de pronto, así como su mirada. Francisca sintió temor, pero ya era inútil seguir ocultándolo.
- Estas no eran las circunstancias que yo hubiera deseado para revelaros esto… Tristán… -. Miró a su hijo con los ojos humedecidos por las lágrimas. – Hice lo que creía que era mejor para ti… -. Extendió su mano hasta él y Tristán la tomó, desconcertado por lo que su madre estaba narrando.
Francisca volvió entonces su mirada a Raimundo. A su amor. Consciente de que sus palabras podrían lograr que le perdiera para siempre. Solo le quedaba esperar que él la escuchara y entendiera las razones que le llevaron a ocultárselo. Apretó con fuerza la mano de Tristán, notando como las ganas de llorar se apoderaban de ella sin que ya pudiera contenerse. Se dio cuenta en ese momento que ocultar ese secreto durante tanto tiempo no iba sino a terminar de destrozarle la vida. No soportaría ver el odio y el desprecio en los ojos de los dos hombres más importantes de su vida. Tomó aire por última vez antes de pronunciar...
- Tristán es hijo tuyo, Raimundo -.
Silencio. Nadie parecía querer hablar después de la bomba que acababa de soltar. Miraba a uno y a otro esperando alguna señal. Sintió un vacío en su interior cuando Tristán soltó lentamente su mano sin atreverse a mirarla a los ojos, y salió de la habitación con la cabeza gacha. Lo llamó, pero no obtuvo respuesta, ni consiguió que se detuviera para escucharla.
El corazón se le estaba rompiendo en mil pedazos. Y estaba tan destrozada por la reacción que había tenido su hijo que le horrorizaba pensar en la que tendría Raimundo. Lentamente, se giró hacia él, que se había vuelto a sentar en el sofá. Estaba con la cabeza agachada y los brazos apoyados sobre las rodillas. Se acercó hasta él y le tocó suavemente en el hombro al tiempo que le llamaba.
- Raimundo… -.
Él levantó la mirada y ella sintió morir. Raimundo la miraba como si no la conociera. El amor con el que la había contemplado hacía apenas unos instantes, se había tornado en una mirada fría cargada de reproches.
Raimundo apartó el brazo como si el contacto de su mano le quemara. Se levantó y se dispuso a salir del salón. No podía ni pensar. Quería descargar su ira. Estaba profundamente desolado. ¿Cómo había podido ocultarle algo así? Necesitaba salir. Alejarse de ella. Su enojo era tan intenso que le nublaba la razón. De nuevo Francisca había jugado con él privándole de conocer una verdad que hubiera cambiado sus vidas para siempre hace años. Y no lo hizo. Solo por el simple hecho de hacerle daño. ¿Se puede considerar acaso amor lo que ella decía sentir por él? ¡No! Alguien que te ama no puede ocasionarte un dolor tan grande como el que sentía él en ese momento.
Había llegado casi a la puerta cuando Francisca le detuvo asiéndole de nuevo por el brazo.
- Raimundo ¡espera!, tenemos que hablar… -.
- En estos momentos necesito estar solo -. Le dijo con dureza. Se zafó de ella quizá con más brusquedad que la que hubiese querido. Pero en ese instante, solo le importaba su propio dolor.
……………………
Un grito desgarrado alertó a Rosario, que subió lo más rápido que pudo las escaleras de la cocina. Cuando abrió la puerta, se encontró a Francisca derrumbada en el suelo y presa de un profundo llanto.
- ¡Señora, por Dios! -. Fue junto a ella. - ¿Qué le ha ocurrido? -.
Francisca se volvió hacia ella, con los ojos enrojecidos.
- Se ha ido Rosario… lo ha vuelto a hacer… -.
Y acto seguido, se desmayó.
. Tengo preparada otra sorpresilla para vosotras,que si me da tiempo,la pongo a la noche. Sino, mañana.Aquí va la primera parte!
"TU ERES MI CONDENA"
- ¿Qué ocurre mi niña? ¿De qué estaba hablando Tomás? -. Raimundo tomó asiendo junto a Francisca en el sofá y aferró su mano entre las suyas. – Sabes que puedes contarme lo que sea -
Bajó la mirada hasta sus manos entrelazadas. Francisca temblaba y él sintió un frío intenso recorriéndole el cuerpo. ¿De qué podría tratarse para tenerla tan alterada? Y sobre todo, ¿por qué Tomás era conocedor de ese supuesto secreto de Francisca? Fuera lo que fuera, estaba realmente asustado. E intrigado. Creía conocer todos los asuntos de su pequeña, pero estaba claro que algo había que escapaba de entendimiento.
Ella apartó la mirada.
– Tristán por favor, ¿me dejarías hablar a solas con Raimundo? -.
- Lo siento madre -. Tristán se sentó en la butaca junto a ellos. – Pero ese hombre me mencionó a mí también. Sea lo que sea que tenga que contarnos, es algo que me incumbe. A mí y a Raimundo -. Le dedicó una mirada de soslayo a Raimundo que cada vez apretaba con más fuerza la mano de su madre.
- Muy bien -. Habló Francisca. – Quédate pues. Solo os pido que no me interrumpáis hasta que no haya terminado de relatar mi historia -. Se soltó de la mano de Raimundo y se puso en pie, mirándoles a los dos. – Por favor… -.
Ambos hombres asintieron sin pronunciar palabra. Dispuestos a escuchar aquello que Francisca albergaba oculto en su corazón.
Francisca cerró los ojos y comenzó a hablar.
- Cuando no era más que una niña conocí a Raimundo. Recuerdo ese momento igual que si fuera ayer -. Sonrió levemente. – Fue uno de los mejores días de mi vida. A raíz de aquello, todo mi mundo dio un vuelco. Él era mi mejor amigo. Siempre estábamos juntos… éramos incapaces de pasar más de cinco minutos separados. Y pasó lo que tenía que pasar. La amistad dio lugar al amor casi sin que nos diéramos cuenta -. Abrió los ojos y les miró. – Bueno, esta parte de la historia creo que los dos ya la conocéis. Frunció el ceño con amargura. – Pero un día todo se torció y me vi sola y abandonada por el gran amor de mi vida -. Dirigió su mirada a Raimundo. – Ahora conozco los motivos que te llevaron a actuar de aquella manera, pero en aquel entonces el dolor me cegaba. No quería vivir… -. Encogió uno de sus hombros mientras hablaba. Estaba abriendo su corazón por primera vez en muchos años y a pesar del sentimiento de desprotección que sentía, se obligó a continuar. – Me estaba dejando morir lentamente hasta que descubrí un motivo por el que luchar. Y que no estaba dispuesta a dejar que me arrebataran. Planeé un viaje a Asturias, al que mis padres accedieron con tal de que no intentara buscar a Raimundo. Allí conocí a… -. Tomó aire. La sola mención de su nombre aún le causaba escalofríos recorriéndole la columna. -… a Salvador Castro. Se acercó a mí agasajándome con regalos y buenas palabras en un momento en el que solo una cosa tenía sentido para mí. ¡Y no podía permitirme el lujo de dejar pasar más tiempo! -. Se llevó las manos al vientre en un gesto que no fue indiferente para Raimundo. – Casé con él y mi vida se convirtió en un infierno. Pero conseguí salvar a aquello que más amaba -.
Raimundo se puso en pie. Su voz temblaba cuando consiguió articular palabra.
- ¿Qué estás tratando de decir Francisca? -. No podía despegar la mirada de sus manos, que seguían apoyadas en el vientre. – Dime que no es aquello que estoy imaginando… -.
Tristán alternaba la mirada entre uno y otro visiblemente confundido. No era capaz de entender nada de lo que se estaba tratando allí, pero estaba claro que se trataba de algo de extrema gravedad e importancia.
- Francisca contesta -. El tono de Raimundo se había endurecido de pronto, así como su mirada. Francisca sintió temor, pero ya era inútil seguir ocultándolo.
- Estas no eran las circunstancias que yo hubiera deseado para revelaros esto… Tristán… -. Miró a su hijo con los ojos humedecidos por las lágrimas. – Hice lo que creía que era mejor para ti… -. Extendió su mano hasta él y Tristán la tomó, desconcertado por lo que su madre estaba narrando.
Francisca volvió entonces su mirada a Raimundo. A su amor. Consciente de que sus palabras podrían lograr que le perdiera para siempre. Solo le quedaba esperar que él la escuchara y entendiera las razones que le llevaron a ocultárselo. Apretó con fuerza la mano de Tristán, notando como las ganas de llorar se apoderaban de ella sin que ya pudiera contenerse. Se dio cuenta en ese momento que ocultar ese secreto durante tanto tiempo no iba sino a terminar de destrozarle la vida. No soportaría ver el odio y el desprecio en los ojos de los dos hombres más importantes de su vida. Tomó aire por última vez antes de pronunciar...
- Tristán es hijo tuyo, Raimundo -.
Silencio. Nadie parecía querer hablar después de la bomba que acababa de soltar. Miraba a uno y a otro esperando alguna señal. Sintió un vacío en su interior cuando Tristán soltó lentamente su mano sin atreverse a mirarla a los ojos, y salió de la habitación con la cabeza gacha. Lo llamó, pero no obtuvo respuesta, ni consiguió que se detuviera para escucharla.
El corazón se le estaba rompiendo en mil pedazos. Y estaba tan destrozada por la reacción que había tenido su hijo que le horrorizaba pensar en la que tendría Raimundo. Lentamente, se giró hacia él, que se había vuelto a sentar en el sofá. Estaba con la cabeza agachada y los brazos apoyados sobre las rodillas. Se acercó hasta él y le tocó suavemente en el hombro al tiempo que le llamaba.
- Raimundo… -.
Él levantó la mirada y ella sintió morir. Raimundo la miraba como si no la conociera. El amor con el que la había contemplado hacía apenas unos instantes, se había tornado en una mirada fría cargada de reproches.
Raimundo apartó el brazo como si el contacto de su mano le quemara. Se levantó y se dispuso a salir del salón. No podía ni pensar. Quería descargar su ira. Estaba profundamente desolado. ¿Cómo había podido ocultarle algo así? Necesitaba salir. Alejarse de ella. Su enojo era tan intenso que le nublaba la razón. De nuevo Francisca había jugado con él privándole de conocer una verdad que hubiera cambiado sus vidas para siempre hace años. Y no lo hizo. Solo por el simple hecho de hacerle daño. ¿Se puede considerar acaso amor lo que ella decía sentir por él? ¡No! Alguien que te ama no puede ocasionarte un dolor tan grande como el que sentía él en ese momento.
Había llegado casi a la puerta cuando Francisca le detuvo asiéndole de nuevo por el brazo.
- Raimundo ¡espera!, tenemos que hablar… -.
- En estos momentos necesito estar solo -. Le dijo con dureza. Se zafó de ella quizá con más brusquedad que la que hubiese querido. Pero en ese instante, solo le importaba su propio dolor.
……………………
Un grito desgarrado alertó a Rosario, que subió lo más rápido que pudo las escaleras de la cocina. Cuando abrió la puerta, se encontró a Francisca derrumbada en el suelo y presa de un profundo llanto.
- ¡Señora, por Dios! -. Fue junto a ella. - ¿Qué le ha ocurrido? -.
Francisca se volvió hacia ella, con los ojos enrojecidos.
- Se ha ido Rosario… lo ha vuelto a hacer… -.
Y acto seguido, se desmayó.
#6305
18/02/2012 11:56
Holaaaaaaaaaaa
Laury no puedo contigo,ja ja es que me parto tienes la cabeza fatal ¿de dónde sacas tanta imaginación?, te juro que pensaba que la Voldemort se estaba trajinando al cura.
Bueno creo que va siendo hora de darle un poco de cancha al Rai, pobrecico.
Melisa gracias por el video y no te enfades que no merece la pena. Es una pena que por las horas no te puedas pasar por el chat pero sería una gozada comentar en vivo y en directo con alguien que está la otro lado del charco.
Rocío soy tu fan ¿cómo puedes tragarte al bipolar y a la sor tonta?. Si en algún momento ves que es demasiado para ti dinoslo y te sometemos a terapia.
Pequeña, ya te lo he dicho pero me encantan tus clases aburridas, no es por nada pero a ver si tienes una especialmente asquerosa y terminas de una santa vez esas historias que tiens por ahi colgando desde la prehistoria.
Y RIRI, ¿te parece bien dejarme con este mal cuerpo antes de pegarme las 8 horas de curro que me voy a meter en vena?, cada vez que escribis que Raimundo se mosquea con Francisca por no haberselo dicho me entra un cabreo que para qué. ¿qué iba a hacer la pobre mujer cuando el otro ya la había abandonado?. Hizo lo que creía mejor y además muchas de nosotras en su misma situación habríamos hecho exactamente lo mismo.
RIRI síguelo por Dios, no puedes dejarlo con este mal royo.
Laury no puedo contigo,ja ja es que me parto tienes la cabeza fatal ¿de dónde sacas tanta imaginación?, te juro que pensaba que la Voldemort se estaba trajinando al cura.
Bueno creo que va siendo hora de darle un poco de cancha al Rai, pobrecico.
Melisa gracias por el video y no te enfades que no merece la pena. Es una pena que por las horas no te puedas pasar por el chat pero sería una gozada comentar en vivo y en directo con alguien que está la otro lado del charco.
Rocío soy tu fan ¿cómo puedes tragarte al bipolar y a la sor tonta?. Si en algún momento ves que es demasiado para ti dinoslo y te sometemos a terapia.
Pequeña, ya te lo he dicho pero me encantan tus clases aburridas, no es por nada pero a ver si tienes una especialmente asquerosa y terminas de una santa vez esas historias que tiens por ahi colgando desde la prehistoria.
Y RIRI, ¿te parece bien dejarme con este mal cuerpo antes de pegarme las 8 horas de curro que me voy a meter en vena?, cada vez que escribis que Raimundo se mosquea con Francisca por no haberselo dicho me entra un cabreo que para qué. ¿qué iba a hacer la pobre mujer cuando el otro ya la había abandonado?. Hizo lo que creía mejor y además muchas de nosotras en su misma situación habríamos hecho exactamente lo mismo.
RIRI síguelo por Dios, no puedes dejarlo con este mal royo.
#6306
18/02/2012 12:09
Hola!!!!!!!!
Os he tenido abandonaditas.......este cuatrimestre es horroroso, estoy llena de prácticas, trabajos, clases y demás....un agobio.
Pero en ratitos he leído vuestros comentarios, relatos y he visto los vídeos que habéis puesto.
Como sigo escasa de tiempo......os digo a todas a la vez que tooodos los relatos me encantan!!!!! Aquel reto conjunto de Miri y Ruth FABULOSO!!!!! tu otro relato Ruth me encantó, como para no darle algo a Rai al ver a la PAca de esa guisa, con esa camisa na' más, jajaja!!! Laury (mi tocaya) que siempre me haces reír, me gustan muchos tus relatos.......hasta el chulazo cubano se prendó de la Paca, jaja.....es que es mucho!!!!! Y a todas muchas gracias por seguir compartiendo, escribiendo y demás a pesar de los malos tiempos que corren pa las RAipaquistas!!!!
No estoy viendo los capítulos pero me mantengo informada por vuestros comentarios.....y si hay algo destacable pues lo miro.....pero se me han quitado un poco las ganas la verdad. Q guionistas dios mío!!!! Eso sí, no van a poder con nosotras........no van a conseguir que dejemos de creer en esta historia de amor, en ese amor que se profesan Raimundo y Francisca....de eso nada guionistas!!!!!!!!!
Buen finde......os quiero. Besossssssssssssss
EDITO: se me olvidan muchas cosas!!!! Ahora me acuerdo de mi canaria linda, Jessica....enhorabuena por atreverte a escribir....también me ha gustado eh!!!!.
Os he tenido abandonaditas.......este cuatrimestre es horroroso, estoy llena de prácticas, trabajos, clases y demás....un agobio.
Pero en ratitos he leído vuestros comentarios, relatos y he visto los vídeos que habéis puesto.
Como sigo escasa de tiempo......os digo a todas a la vez que tooodos los relatos me encantan!!!!! Aquel reto conjunto de Miri y Ruth FABULOSO!!!!! tu otro relato Ruth me encantó, como para no darle algo a Rai al ver a la PAca de esa guisa, con esa camisa na' más, jajaja!!! Laury (mi tocaya) que siempre me haces reír, me gustan muchos tus relatos.......hasta el chulazo cubano se prendó de la Paca, jaja.....es que es mucho!!!!! Y a todas muchas gracias por seguir compartiendo, escribiendo y demás a pesar de los malos tiempos que corren pa las RAipaquistas!!!!
No estoy viendo los capítulos pero me mantengo informada por vuestros comentarios.....y si hay algo destacable pues lo miro.....pero se me han quitado un poco las ganas la verdad. Q guionistas dios mío!!!! Eso sí, no van a poder con nosotras........no van a conseguir que dejemos de creer en esta historia de amor, en ese amor que se profesan Raimundo y Francisca....de eso nada guionistas!!!!!!!!!
Buen finde......os quiero. Besossssssssssssss
EDITO: se me olvidan muchas cosas!!!! Ahora me acuerdo de mi canaria linda, Jessica....enhorabuena por atreverte a escribir....también me ha gustado eh!!!!.
#6307
18/02/2012 14:04
2º Sesión jajaja
"TU AMOR ES MI CONDENA"
Mariana apareció en la Casona al cabo de unos diez minutos acompañada de la doctora Casas. Subieron hasta la habitación de Francisca, que ya había recuperado el conocimiento gracias a que Rosario le hizo oler unas sales. Pero ahora, recobrada ya la consciencia, era presa de un ataque de ansiedad imposible de calmar. Antes de que llegara la doctora, Francisca le había referido a Rosario el origen de su estado. Se había visto obligada por las circunstancias y tuvo que revelar el secreto que tantos años llevaba ocultando.
Rosario solo pudo compadecerse de ella y abrazarla mientras intentaba por todos los medios que se calmara, sin conseguirlo.
- Doña Francisca, voy a darle un fuerte sedante que le ayude a dormir, ¿de acuerdo? -. Le dijo Gregroria.
- ¡No! No quiero dormir… -. Sollozaba. – Solo quiero ver a Raimundo…Rosario por favor, ve a buscarle -. Le suplicó. – No puede dejarme otra vez, no… ¡estaba sola! No tenía a nadie, por favor Rosario, ¡díselo! -.
La doctora le hizo una seña a la criada para que le sujetara los brazos mientras ella le inyectaba el sedante. Pero Francisca seguía suplicándole a Rosario.
- ¡No puedo vivir sin él, Rosario...! ¡Moriré sin él! -. Empezó a llorar de nuevo. - ¡Y Tristán…! Mi niño, Rosario…mi pequeño…me odia…me…odia… -. Su voz comenzaba a sonar más calmada y su cuerpo comenzó a relajarse. Entre las dos mujeres le ayudaron a tumbarse sobre el colchón.
- Me odia…mi…Tristán… -.
Fue lo último que pronunció antes de quedarse profundamente dormida.
.............................
- ¿Qué ha ocurrido? -. Preguntó Gregoria cuando hubieron salido de la habitación. – Nunca la había visto tan alterada. Temo que el sedante que le he suministrado no sea suficiente para hacerle dormir toda la noche. Habrá que vigilarla -.
- Yo lo haré, descuide -. Se ofreció enseguida Rosario. – No me moveré de su lado en toda la noche -.
Gregoria suspiró. Aquella mujer mostraba algo más que un férreo sentido del deber. Sentía verdadero afecto por Francisca. Le explicó detalladamente el proceso a seguir si se despertaba durante la noche al tiempo que le entregaba un frasquito con pastillas.
- Si ocurre algo importante no duden en llamarme. Sea la hora que sea -.
La doctora se marchó y Rosario entró de nuevo en la habitación dispuesta a no separarse de Francisca en toda la noche.
…………………….
Los primeros rayos de sol de la mañana se colaron por la ventana, y con ellos el anuncio de un nuevo día. Rosario se levantó de la butaca en la que había pasado toda la noche velando el sueño de Francisca. Había sido una noche larga en la que se despertó varias veces, pero en las que consiguió volver a calmarla, no sin poco esfuerzo.
Se acercó hasta las cortinas para ocultar la luz que amenazaba con colarse e inundar toda la estancia. Francisca necesitaba seguir durmiendo.
- Rosario, no te molestes en correr las cortinas. Estoy despierta -.
Se le heló la sangre al escuchar la intensa pena y el derrotismo que escondían aquellas palabras. Trató de sonreír cuando se volvió hacia ella, pero el alma se le cayó a los pies al observar la profunda tristeza que reflejaban los oscuros ojos de Francisca.
- Señora, ¿cómo se siente? -. La ayudó a incorporarse en la cama, poniendo un cojín tras su espalda, y llenado un vaso con agua de la jarra que había en la mesita para que pudiera tragar la pastilla. Ofreciéndoselo después.
- Muerta -.
Tomó el vaso que le ofrecía y tragó la pastilla dando un largo sorbo después. Poco le importaba ya la vida, pues las dos personas a las que más amaba en este mundo le habían dado la espalda sin ni siquiera dejar que se explicase.
"TU AMOR ES MI CONDENA"
Mariana apareció en la Casona al cabo de unos diez minutos acompañada de la doctora Casas. Subieron hasta la habitación de Francisca, que ya había recuperado el conocimiento gracias a que Rosario le hizo oler unas sales. Pero ahora, recobrada ya la consciencia, era presa de un ataque de ansiedad imposible de calmar. Antes de que llegara la doctora, Francisca le había referido a Rosario el origen de su estado. Se había visto obligada por las circunstancias y tuvo que revelar el secreto que tantos años llevaba ocultando.
Rosario solo pudo compadecerse de ella y abrazarla mientras intentaba por todos los medios que se calmara, sin conseguirlo.
- Doña Francisca, voy a darle un fuerte sedante que le ayude a dormir, ¿de acuerdo? -. Le dijo Gregroria.
- ¡No! No quiero dormir… -. Sollozaba. – Solo quiero ver a Raimundo…Rosario por favor, ve a buscarle -. Le suplicó. – No puede dejarme otra vez, no… ¡estaba sola! No tenía a nadie, por favor Rosario, ¡díselo! -.
La doctora le hizo una seña a la criada para que le sujetara los brazos mientras ella le inyectaba el sedante. Pero Francisca seguía suplicándole a Rosario.
- ¡No puedo vivir sin él, Rosario...! ¡Moriré sin él! -. Empezó a llorar de nuevo. - ¡Y Tristán…! Mi niño, Rosario…mi pequeño…me odia…me…odia… -. Su voz comenzaba a sonar más calmada y su cuerpo comenzó a relajarse. Entre las dos mujeres le ayudaron a tumbarse sobre el colchón.
- Me odia…mi…Tristán… -.
Fue lo último que pronunció antes de quedarse profundamente dormida.
.............................
- ¿Qué ha ocurrido? -. Preguntó Gregoria cuando hubieron salido de la habitación. – Nunca la había visto tan alterada. Temo que el sedante que le he suministrado no sea suficiente para hacerle dormir toda la noche. Habrá que vigilarla -.
- Yo lo haré, descuide -. Se ofreció enseguida Rosario. – No me moveré de su lado en toda la noche -.
Gregoria suspiró. Aquella mujer mostraba algo más que un férreo sentido del deber. Sentía verdadero afecto por Francisca. Le explicó detalladamente el proceso a seguir si se despertaba durante la noche al tiempo que le entregaba un frasquito con pastillas.
- Si ocurre algo importante no duden en llamarme. Sea la hora que sea -.
La doctora se marchó y Rosario entró de nuevo en la habitación dispuesta a no separarse de Francisca en toda la noche.
…………………….
Los primeros rayos de sol de la mañana se colaron por la ventana, y con ellos el anuncio de un nuevo día. Rosario se levantó de la butaca en la que había pasado toda la noche velando el sueño de Francisca. Había sido una noche larga en la que se despertó varias veces, pero en las que consiguió volver a calmarla, no sin poco esfuerzo.
Se acercó hasta las cortinas para ocultar la luz que amenazaba con colarse e inundar toda la estancia. Francisca necesitaba seguir durmiendo.
- Rosario, no te molestes en correr las cortinas. Estoy despierta -.
Se le heló la sangre al escuchar la intensa pena y el derrotismo que escondían aquellas palabras. Trató de sonreír cuando se volvió hacia ella, pero el alma se le cayó a los pies al observar la profunda tristeza que reflejaban los oscuros ojos de Francisca.
- Señora, ¿cómo se siente? -. La ayudó a incorporarse en la cama, poniendo un cojín tras su espalda, y llenado un vaso con agua de la jarra que había en la mesita para que pudiera tragar la pastilla. Ofreciéndoselo después.
- Muerta -.
Tomó el vaso que le ofrecía y tragó la pastilla dando un largo sorbo después. Poco le importaba ya la vida, pues las dos personas a las que más amaba en este mundo le habían dado la espalda sin ni siquiera dejar que se explicase.
#6308
18/02/2012 14:04
- Yo…señora… durante la noche... -. Sabía que le haría mucho bien escucharlo. – Tristán estuvo aquí. Acompañándola -.
Francisca volvió sus ojos hacia ella.
- ¿Tristán? -. Preguntó con miedo.
Rosario asintió con la cabeza sonriendo.
– Por lo visto se encontró con la doctora Casas y ella le refirió su estado. Está preocupado por usted aunque se niegue a reconocerlo -.
- Necesito hablar con él. Yo… -. Estaba esperanzada de nuevo. Si su hijo había mostrado preocupación por ella es que quizá no todo estaba perdido. - ¿Querrá escucharme? -.
- Sí madre. Quiero escucharla. Necesito escucharla -.
La voz de Tristán inundó la habitación y Francisca se sobresaltó al escucharla. Pero no pudo evitar que sus ojos le buscaran emocionados.
- Me gustaría conocer la verdad. Y los motivos que le llevaron a ocultarlo -. Se acercó lentamente hacia la cama. Quiso mantener su porte erguido y orgulloso, pero Francisca reconoció en él a su pequeño. A ese adorable niño de rizos castaños que se acercaba todas las mañanas a despertarla con un beso. Mirándola con sus grandes ojos marrones. – Quiero conocer a esa mujer que arriesgó todo… por mí -.
Francisca se quedó sin respiración. Miró cómo su hijo apretaba la mano de Rosario. De nuevo aquella maravillosa mujer le había ayudado. No tendría vida suficiente para agradecerle su fidelidad y su cariño. Rosario palmeó la mano de aquel muchacho al que quería como a su propio hijo. Sonrió a Francisca, y salió del dormitorio cerrando suavemente la puerta. Dejándoles a solas.
Tristán se sentó en la butaca que había junto a la cama y se cruzó de brazos.
- Madre…soy todo oídos -.
Durante las siguientes dos horas Francisca abrió por primera vez su corazón relatando a su hijo la tragedia de su vida. De cómo su infancia estuvo marcada por una madre autoritaria que nunca sintió un especial cariño por ella. De cómo su vida cambió en el mismo instante en que Raimundo se cruzó en su camino y cómo este le ayudó a olvidar el poco cariño que sus padres le daban, pues el amor que le brindaba cada día llenaba todo su mundo.
- Fuiste concebido con amor, Tristán… -. Francisca aferraba la mano que su hijo le había ofrecido apenas unos instantes atrás. – Tu padre y yo nos amábamos con locura, pero ni su familia ni la mía propia estaban de acuerdo con nuestra relación. Raimundo fue obligado a comprometerse con otra mujer y por lo tanto abandonarme a mí si no quería mi ruina -. Suspiró. – Hice lo que consideré mejor, hijo mío. No podía permitir que fueras un bastardo. O mucho peor. Que te arrebataran de mi lado -. Le miró con los ojos anegados por las lágrimas. – Perdóname Tristán por favor…perdóname -.
Tristán se quedó en silencio. Tratando de asimilar la historia que su madre le había relatado. Siempre le había reprochado su dureza para con él y Soledad. Conocedor ahora de la vida que le había tocado en suerte a la mujer que tenía frente a él, empezó a comprender muchas cosas. Y supo, por encima de todas las cosas, lo mucho que su madre le amaba.
Se levantó de la butaca y se sentó a su lado, en la cama, dejando un beso en la frente de Francisca y abrazándola después.
- Perdóneme usted a mí por no haberme interesado nunca por su vida. Por ser tan egoísta como para pensar únicamente en mí -. La apretó contra su pecho. – Yo siempre la he querido madre… Le agradezco todos los sacrificios que ha tenido que padecer por mi bienestar… -.
Francisca sonrió abrazada a su pequeño. – Ningún sacrificio fue malo, pues todo lo hice por ti, mi niño -. Lloraba de felicidad. – Te quiero mucho, Tristán -.
Estuvieron abrazados largo rato, hasta que Tristán le dijo
- Madre, ¿no cree que Raimundo…mi…padre, también debería conocer esta historia? -. La apartó para mirarla a la cara. – Él entenderá que usted hizo las cosas como mejor supo. Solo era una chiquilla asustada y embarazada, que estaba sola -.
- No querrá escucharme Tristán -. Respondió apenada. – No sabes lo orgulloso y terco que es -.
El joven acarició su mejilla. – Me puedo hacer una idea… -. Sonrió. – Hable con él. Es más, creo que debería ir a la Casa de Comidas ya mismo. Raimundo la ama. No dejen que su historia se pierda de nuevo por el orgullo y terquedad de ambos -.
Francisca miró a su hijo y sonrió. Un auténtico Ulloa Montenegro, poseedor de lo mejor de su padre y de su madre. Su padre. Raimundo. Suspiró con tristeza. Hace años no tuvo la oportunidad de luchar por su amor. Pero ahora era diferente. Lograría hablar con él y hacerle ver cómo fueron las cosas. Además, si ella se vio abocada a tomar aquella decisión fue por su abandono. Apartó las sábanas y se puso en pie.
- ¿Sabes hijo? Creo que iré a hablar con tu padre ahora mismo -.
Francisca volvió sus ojos hacia ella.
- ¿Tristán? -. Preguntó con miedo.
Rosario asintió con la cabeza sonriendo.
– Por lo visto se encontró con la doctora Casas y ella le refirió su estado. Está preocupado por usted aunque se niegue a reconocerlo -.
- Necesito hablar con él. Yo… -. Estaba esperanzada de nuevo. Si su hijo había mostrado preocupación por ella es que quizá no todo estaba perdido. - ¿Querrá escucharme? -.
- Sí madre. Quiero escucharla. Necesito escucharla -.
La voz de Tristán inundó la habitación y Francisca se sobresaltó al escucharla. Pero no pudo evitar que sus ojos le buscaran emocionados.
- Me gustaría conocer la verdad. Y los motivos que le llevaron a ocultarlo -. Se acercó lentamente hacia la cama. Quiso mantener su porte erguido y orgulloso, pero Francisca reconoció en él a su pequeño. A ese adorable niño de rizos castaños que se acercaba todas las mañanas a despertarla con un beso. Mirándola con sus grandes ojos marrones. – Quiero conocer a esa mujer que arriesgó todo… por mí -.
Francisca se quedó sin respiración. Miró cómo su hijo apretaba la mano de Rosario. De nuevo aquella maravillosa mujer le había ayudado. No tendría vida suficiente para agradecerle su fidelidad y su cariño. Rosario palmeó la mano de aquel muchacho al que quería como a su propio hijo. Sonrió a Francisca, y salió del dormitorio cerrando suavemente la puerta. Dejándoles a solas.
Tristán se sentó en la butaca que había junto a la cama y se cruzó de brazos.
- Madre…soy todo oídos -.
Durante las siguientes dos horas Francisca abrió por primera vez su corazón relatando a su hijo la tragedia de su vida. De cómo su infancia estuvo marcada por una madre autoritaria que nunca sintió un especial cariño por ella. De cómo su vida cambió en el mismo instante en que Raimundo se cruzó en su camino y cómo este le ayudó a olvidar el poco cariño que sus padres le daban, pues el amor que le brindaba cada día llenaba todo su mundo.
- Fuiste concebido con amor, Tristán… -. Francisca aferraba la mano que su hijo le había ofrecido apenas unos instantes atrás. – Tu padre y yo nos amábamos con locura, pero ni su familia ni la mía propia estaban de acuerdo con nuestra relación. Raimundo fue obligado a comprometerse con otra mujer y por lo tanto abandonarme a mí si no quería mi ruina -. Suspiró. – Hice lo que consideré mejor, hijo mío. No podía permitir que fueras un bastardo. O mucho peor. Que te arrebataran de mi lado -. Le miró con los ojos anegados por las lágrimas. – Perdóname Tristán por favor…perdóname -.
Tristán se quedó en silencio. Tratando de asimilar la historia que su madre le había relatado. Siempre le había reprochado su dureza para con él y Soledad. Conocedor ahora de la vida que le había tocado en suerte a la mujer que tenía frente a él, empezó a comprender muchas cosas. Y supo, por encima de todas las cosas, lo mucho que su madre le amaba.
Se levantó de la butaca y se sentó a su lado, en la cama, dejando un beso en la frente de Francisca y abrazándola después.
- Perdóneme usted a mí por no haberme interesado nunca por su vida. Por ser tan egoísta como para pensar únicamente en mí -. La apretó contra su pecho. – Yo siempre la he querido madre… Le agradezco todos los sacrificios que ha tenido que padecer por mi bienestar… -.
Francisca sonrió abrazada a su pequeño. – Ningún sacrificio fue malo, pues todo lo hice por ti, mi niño -. Lloraba de felicidad. – Te quiero mucho, Tristán -.
Estuvieron abrazados largo rato, hasta que Tristán le dijo
- Madre, ¿no cree que Raimundo…mi…padre, también debería conocer esta historia? -. La apartó para mirarla a la cara. – Él entenderá que usted hizo las cosas como mejor supo. Solo era una chiquilla asustada y embarazada, que estaba sola -.
- No querrá escucharme Tristán -. Respondió apenada. – No sabes lo orgulloso y terco que es -.
El joven acarició su mejilla. – Me puedo hacer una idea… -. Sonrió. – Hable con él. Es más, creo que debería ir a la Casa de Comidas ya mismo. Raimundo la ama. No dejen que su historia se pierda de nuevo por el orgullo y terquedad de ambos -.
Francisca miró a su hijo y sonrió. Un auténtico Ulloa Montenegro, poseedor de lo mejor de su padre y de su madre. Su padre. Raimundo. Suspiró con tristeza. Hace años no tuvo la oportunidad de luchar por su amor. Pero ahora era diferente. Lograría hablar con él y hacerle ver cómo fueron las cosas. Además, si ella se vio abocada a tomar aquella decisión fue por su abandono. Apartó las sábanas y se puso en pie.
- ¿Sabes hijo? Creo que iré a hablar con tu padre ahora mismo -.
#6309
18/02/2012 14:57
RUHT :
gracias has sido maravilloso poder leer lo que tanto ansiamos que francisca le diga a raimundo lo has
clavado .( haver si te animas hacer de le encuentro con muerdo eso si los dos conscientes )
esto si que es ser una buena guionista y lo demas tonteris guapa
UN BESO
gracias has sido maravilloso poder leer lo que tanto ansiamos que francisca le diga a raimundo lo has
clavado .( haver si te animas hacer de le encuentro con muerdo eso si los dos conscientes )
esto si que es ser una buena guionista y lo demas tonteris guapa
UN BESO
#6310
18/02/2012 16:54
Ruth A tus pies como de costumbre maravilloso
#6311
18/02/2012 18:16
Normal que nuestra Paquis le entrase la risa...




#6312
18/02/2012 19:49
jajajjaja Crippy que bueno
Buenas tardes chicas. Esta semana...viene chunga (por decirlo de alguna manera) esperemos que la bicho deje a Raimundo.
Voy atrasadito en los relatos pero










por todos los que llevo leídos sois unas artistas vosotras tendríasis que ser las guionistas de la historia de Paca-Rai y no esos...
Buenas tardes chicas. Esta semana...viene chunga (por decirlo de alguna manera) esperemos que la bicho deje a Raimundo.
Voy atrasadito en los relatos pero











por todos los que llevo leídos sois unas artistas vosotras tendríasis que ser las guionistas de la historia de Paca-Rai y no esos...
#6313
18/02/2012 19:55
jajajaja Cris como mola!!!! xD Que bueno, somos muy perversas pero se lo merece la lagarta esta!!
Ruth que triste me tienes! como me dejas asi! Menos mal qeu Tristi nos ha salido comprensivo. Pero GENIAL
Por cierto LLAMAMIENTO A AQUELLAS QUE PIENSAN QUE ESTOY MEDIO LOCA: no habéis visto na, pero na de na. Hoy me ha entrado la isnpiracion y he acabado la histora, solo os digo qeu hasta yo estoy empezando a pensar que lo mio no es normal, pero me lo he pasado de bien, vamos con que os riais la mitad qeu yo escribiendo ya me conformo, jeje. Pero no os quiero saturar, mañana más, e intentaremos que mejor.
Ruth que triste me tienes! como me dejas asi! Menos mal qeu Tristi nos ha salido comprensivo. Pero GENIAL
Por cierto LLAMAMIENTO A AQUELLAS QUE PIENSAN QUE ESTOY MEDIO LOCA: no habéis visto na, pero na de na. Hoy me ha entrado la isnpiracion y he acabado la histora, solo os digo qeu hasta yo estoy empezando a pensar que lo mio no es normal, pero me lo he pasado de bien, vamos con que os riais la mitad qeu yo escribiendo ya me conformo, jeje. Pero no os quiero saturar, mañana más, e intentaremos que mejor.
#6314
18/02/2012 20:11
Laury, qué vas a saturar. Jaja eres terapia chica, no me puedo reir más con tu relato. Me alegro que Raimundo ya se haya dado cuenta de lo que ha hecho la Paca por él. Águeda con Pardo jaja por mi se pueden ir los dos bien lejos de viaje de novios.
Lo dicho, que no saturas. Y que miedo me da lo que hayas pensado para estos dos...
RIRI, menudo mal cuerpo me has dejado, tesoro. Pobre Francisca, sus temores se han hecho realidad. No queria contarlo por miedo a que las dos personas más importantes de su vida la odiasen y esa a sido la reacción que los dos Ulloa han tenido. Suerte que despues se ha reconciliado con Tristán, el niño de sus ojos. A ver si pasa lo mismo con el Ulloa. Espero temerosa la continuación.
Cris, es buenisimo jaja Justo como me lo había imaginado xD
Jaja Por lo del masoquismo no os preocupeis. Que la buena compañia ameniza mucho las escenas vomitivas
Lo dicho, que no saturas. Y que miedo me da lo que hayas pensado para estos dos...

RIRI, menudo mal cuerpo me has dejado, tesoro. Pobre Francisca, sus temores se han hecho realidad. No queria contarlo por miedo a que las dos personas más importantes de su vida la odiasen y esa a sido la reacción que los dos Ulloa han tenido. Suerte que despues se ha reconciliado con Tristán, el niño de sus ojos. A ver si pasa lo mismo con el Ulloa. Espero temerosa la continuación.
Cris, es buenisimo jaja Justo como me lo había imaginado xD
Jaja Por lo del masoquismo no os preocupeis. Que la buena compañia ameniza mucho las escenas vomitivas
#6315
18/02/2012 22:44
Última sesión de hoy!
"TU AMOR ES MI CONDENA"
Raimundo estaba faenando en la taberna como si no hubiese mañana. Pensaba que si centraba todas sus energías en el trabajo dejaría de pensar en cómo su vida había dado un giro de 180º en cuestión de minutos. No había pegado ojo en toda la noche. Había vagado por sus tierras, rompiendo el silencio de la noche en gritos desgarradores que apaciguaron momentáneamente su alma. Pero se negaba a volver a la Casona. Sus pasos le llevaron hasta la Casa de Comidas y de ahí a su cuarto.
Esa mañana le había explicado escuetamente a Emilia su presencia allí, y su hija tuvo el buen tino de no seguir preguntando. Pero también tuvo la prudencia de no dejarle servir a los parroquianos que aquel día tuvieron la “osadía” de cruzarse en su camino. Estaba de un humor de perros.
Emilia observaba a su padre limpiar las mesas con más brío de lo acostumbrado. No se atrevió a preguntarle el motivo de su enfado, pero al haberle encontrado aquella mañana en la taberna cuando ella se levantaba para preparar los desayunos, le hizo suponer que había tenido algún disgusto con Doña Francisca. Eso sí, el disgusto debió ser bastante importante como para que hubieran pasado la noche separados. Desde que su padre y la Doña se habían reencontrado, no se habían despegado ni un solo instante.
- Hablando del rey de Roma… -. Dijo Emilia en voz baja.
Raimundo levantó la vista de la mesa que estaba limpiando. - ¿Qué dices hija? -.
- Nada padre… que tiene visita -.
Le hizo un gesto con la cabeza y Raimundo se giró hacia la puerta. Francisca acababa de entrar por ella. El corazón le dio un vuelco en el pecho al ver la sonrisa temerosa con la que ella le miraba. Parecía como si no se atreviera a acercarse a él.
- Será mejor que te marches, Francisca -. Se dio media vuelta y siguió limpiando la mesa.
- Buenas tardes Emilia -. Le dijo a la muchacha, que le devolvió el saludo con una afectuosa sonrisa. Dirigió de nuevo su mirada a Raimundo. – Me gustaría hablar contigo. En privado -.
Añadió al ver cómo muchos de los clientes que estaban en ese momento en la taberna no les quitaban ojo. Atentos a sus movimientos a cualquier palabra que saliera de sus bocas.
Raimundo no se giró.
– No creo que tengamos nada de lo que hablar. Ni en público ni en privado -.
¡Hombre cabezota! . Pensó Francisca. Terco como una mula. Pero para terca, Francisca Montenegro. Avanzó lentamente hacia él, hasta situarse a su espalda.
- Yo creo que sí tenemos algo importante de lo que hablar -. Le tocó el brazo con la mano. Y sintió cómo se estremecía. – Necesito que me escuches, mi amor -.
Raimundo miró la mano de ella sobre su brazo. Y del mismo modo que se apartó de ella la noche anterior, lo hizo de nuevo en ese momento. Bruscamente. Se giró hasta enfrentarla.
- No vuelvas a llamarme así. Y ¿escucharte? -. Le dijo con dureza. - ¡En este momento no puedo ni siquiera verte, Francisca! -. Le gritó.
Toda la taberna se quedó en silencio. Francisca tragó saliva para deshacer el nudo que se le había formado en la garganta. Sabía que estaba enfadado, pero no tenía ningún derecho a hablarle de aquella manera.
Raimundo vio la expresión de su rostro y se maldijo por haberle gritado de aquella forma. Pero su orgullo le impidió disculparse con ella.
- Márchate Francisca. Deja las cosas como están -.
- No pienso marcharme hasta que me escuches, hombre terco y cabezota -. Se defendió ella. - ¿Tengo que recordarte que tú no fuiste el único que sufrió? ¿Tengo que recordarte mi vida Raimundo? -.
Él no se atrevió a contestarla. Sabía que Francisca había sufrido mucho, pero en aquel momento su enfado con ella era demasiado grande. Le había privado de su hijo. De su primogénito nada menos. Si ella le hubiera confesado en aquel entonces que estaba esperando un hijo jamás habría consentido en obedecer a su padre.
- Haz lo que quieras. Márchate o quédate. Me es indiferente -.
- Me quedaré. Hasta que tu estúpido orgullo te deje escucharme. Eso sí… -. Miró a su alrededor. – Esperaré…fuera -.
Raimundo la siguió a su pesar con la mirada. Sabía que estaba actuando como un estúpido y que tarde o temprano tendría que enfrentarse a la realidad y a ella. Pero su enojo le nublaba la razón y prefería que este se disipase antes de hablar con ella. Vio cómo Francisca sacaba su pañuelo y lo ponía sobre el banco que había junto a la posada. Después, se sentó. Erguida como una vela. Estaba tan hermosa…
Maldita sea Raimundo. Se puso con rabia el trapo encima del hombro y se dirigió hacia la cocina, no sin antes mirar a Emilia que tenía intención de abogar por Francisca.
- Ni una palabra, Emilia -. Y desapareció por la cocina.
...........................
Las horas pasaron y Raimundo no salió en ningún momento a hablar con Francisca, que seguía sentada en el banco esperándole. Era ya de noche y había perdido toda esperanza de hablar con él. Un ratito más y me marcho . Tenía ganas de llorar. Pero no lo haría. Raimundo era un cabezota, pero ella lo era mucho más. Eso sí. Su paciencia tenía un límite.
La puerta de la taberna se abrió y Raimundo salió al exterior, quedándose de pie a su lado, pero sin mirarla. Los nervios se apoderaron de ella.
- Raimundo…-.
Él suspiró. – Francisca es tarde. Márchate ya a casa -.
- Tienes que escucharme Raimundo. ¿Es que no te das cuenta de que no me quedó otra opción? -.
- Si tenías otra opción. Contármelo -. La miró. – No se si podré perdonarte que me ocultaras algo así -. Se giró dispuesto a entrar de nuevo en la taberna. – Adiós Francisca -.
Sola. Lo había intentado y Raimundo no había querido escucharla. ¿Qué más podría hacer? Si él no era capaz de dejar que se explicara es que tal vez no la amaba lo suficiente. Los ojos le empezaban a quemar por las lágrimas. Pero se prometió a sí misma que ya no iba a llorar más.
Muy despacio se levantó y caminó como una autómata por la plaza hasta que desapareció por el callejón. Era muy tarde y tendría que volver andando sola hasta la Casona, pues había llegado hasta el pueblo a pie. Pero no le importaba. Ya nada tenía sentido para ella. Volvería a su casa y trataría de olvidarse de Raimundo para siempre.
Decidió tomar el atajo que discurría por las tierras junto a la ribera. Deseaba encerrarse en su habitación y despertar dentro de mucho tiempo. Hasta que el dolor que sentía desapareciera por completo.
No escuchó como unos hombres se acercaban peligrosamente hasta ella. No hasta que la rodearon, impidiéndole continuar. Eran hombres de Pardo y apestaban a alcohol.
- Hola preciosa…¿cómo tan sola por aquí? -. Le preguntó uno de ellos.
- Apartaos de mi camino -. Dijo pero sin demasiada convicción. – No sabéis con quién estáis hablando -. Reculó pero uno de ellos la sujetó por los brazos.
- Por supuesto que sabemos quien eres…Francisca Montenegro -. Se carcajearon mientras uno de ellos recorría su cuello con una navaja. – Y vas a darnos todas las joyas que lleves encima, si no quieres que te rajemos este precioso cuello -.
Francisca se rebeló tratando de escapar. Casi lo había conseguido, pero entonces uno de los hombres, el más fornido de todos descargó su mano sobre el su rostro haciéndole caer al suelo inconsciente.
"TU AMOR ES MI CONDENA"
Raimundo estaba faenando en la taberna como si no hubiese mañana. Pensaba que si centraba todas sus energías en el trabajo dejaría de pensar en cómo su vida había dado un giro de 180º en cuestión de minutos. No había pegado ojo en toda la noche. Había vagado por sus tierras, rompiendo el silencio de la noche en gritos desgarradores que apaciguaron momentáneamente su alma. Pero se negaba a volver a la Casona. Sus pasos le llevaron hasta la Casa de Comidas y de ahí a su cuarto.
Esa mañana le había explicado escuetamente a Emilia su presencia allí, y su hija tuvo el buen tino de no seguir preguntando. Pero también tuvo la prudencia de no dejarle servir a los parroquianos que aquel día tuvieron la “osadía” de cruzarse en su camino. Estaba de un humor de perros.
Emilia observaba a su padre limpiar las mesas con más brío de lo acostumbrado. No se atrevió a preguntarle el motivo de su enfado, pero al haberle encontrado aquella mañana en la taberna cuando ella se levantaba para preparar los desayunos, le hizo suponer que había tenido algún disgusto con Doña Francisca. Eso sí, el disgusto debió ser bastante importante como para que hubieran pasado la noche separados. Desde que su padre y la Doña se habían reencontrado, no se habían despegado ni un solo instante.
- Hablando del rey de Roma… -. Dijo Emilia en voz baja.
Raimundo levantó la vista de la mesa que estaba limpiando. - ¿Qué dices hija? -.
- Nada padre… que tiene visita -.
Le hizo un gesto con la cabeza y Raimundo se giró hacia la puerta. Francisca acababa de entrar por ella. El corazón le dio un vuelco en el pecho al ver la sonrisa temerosa con la que ella le miraba. Parecía como si no se atreviera a acercarse a él.
- Será mejor que te marches, Francisca -. Se dio media vuelta y siguió limpiando la mesa.
- Buenas tardes Emilia -. Le dijo a la muchacha, que le devolvió el saludo con una afectuosa sonrisa. Dirigió de nuevo su mirada a Raimundo. – Me gustaría hablar contigo. En privado -.
Añadió al ver cómo muchos de los clientes que estaban en ese momento en la taberna no les quitaban ojo. Atentos a sus movimientos a cualquier palabra que saliera de sus bocas.
Raimundo no se giró.
– No creo que tengamos nada de lo que hablar. Ni en público ni en privado -.
¡Hombre cabezota! . Pensó Francisca. Terco como una mula. Pero para terca, Francisca Montenegro. Avanzó lentamente hacia él, hasta situarse a su espalda.
- Yo creo que sí tenemos algo importante de lo que hablar -. Le tocó el brazo con la mano. Y sintió cómo se estremecía. – Necesito que me escuches, mi amor -.
Raimundo miró la mano de ella sobre su brazo. Y del mismo modo que se apartó de ella la noche anterior, lo hizo de nuevo en ese momento. Bruscamente. Se giró hasta enfrentarla.
- No vuelvas a llamarme así. Y ¿escucharte? -. Le dijo con dureza. - ¡En este momento no puedo ni siquiera verte, Francisca! -. Le gritó.
Toda la taberna se quedó en silencio. Francisca tragó saliva para deshacer el nudo que se le había formado en la garganta. Sabía que estaba enfadado, pero no tenía ningún derecho a hablarle de aquella manera.
Raimundo vio la expresión de su rostro y se maldijo por haberle gritado de aquella forma. Pero su orgullo le impidió disculparse con ella.
- Márchate Francisca. Deja las cosas como están -.
- No pienso marcharme hasta que me escuches, hombre terco y cabezota -. Se defendió ella. - ¿Tengo que recordarte que tú no fuiste el único que sufrió? ¿Tengo que recordarte mi vida Raimundo? -.
Él no se atrevió a contestarla. Sabía que Francisca había sufrido mucho, pero en aquel momento su enfado con ella era demasiado grande. Le había privado de su hijo. De su primogénito nada menos. Si ella le hubiera confesado en aquel entonces que estaba esperando un hijo jamás habría consentido en obedecer a su padre.
- Haz lo que quieras. Márchate o quédate. Me es indiferente -.
- Me quedaré. Hasta que tu estúpido orgullo te deje escucharme. Eso sí… -. Miró a su alrededor. – Esperaré…fuera -.
Raimundo la siguió a su pesar con la mirada. Sabía que estaba actuando como un estúpido y que tarde o temprano tendría que enfrentarse a la realidad y a ella. Pero su enojo le nublaba la razón y prefería que este se disipase antes de hablar con ella. Vio cómo Francisca sacaba su pañuelo y lo ponía sobre el banco que había junto a la posada. Después, se sentó. Erguida como una vela. Estaba tan hermosa…
Maldita sea Raimundo. Se puso con rabia el trapo encima del hombro y se dirigió hacia la cocina, no sin antes mirar a Emilia que tenía intención de abogar por Francisca.
- Ni una palabra, Emilia -. Y desapareció por la cocina.
...........................
Las horas pasaron y Raimundo no salió en ningún momento a hablar con Francisca, que seguía sentada en el banco esperándole. Era ya de noche y había perdido toda esperanza de hablar con él. Un ratito más y me marcho . Tenía ganas de llorar. Pero no lo haría. Raimundo era un cabezota, pero ella lo era mucho más. Eso sí. Su paciencia tenía un límite.
La puerta de la taberna se abrió y Raimundo salió al exterior, quedándose de pie a su lado, pero sin mirarla. Los nervios se apoderaron de ella.
- Raimundo…-.
Él suspiró. – Francisca es tarde. Márchate ya a casa -.
- Tienes que escucharme Raimundo. ¿Es que no te das cuenta de que no me quedó otra opción? -.
- Si tenías otra opción. Contármelo -. La miró. – No se si podré perdonarte que me ocultaras algo así -. Se giró dispuesto a entrar de nuevo en la taberna. – Adiós Francisca -.
Sola. Lo había intentado y Raimundo no había querido escucharla. ¿Qué más podría hacer? Si él no era capaz de dejar que se explicara es que tal vez no la amaba lo suficiente. Los ojos le empezaban a quemar por las lágrimas. Pero se prometió a sí misma que ya no iba a llorar más.
Muy despacio se levantó y caminó como una autómata por la plaza hasta que desapareció por el callejón. Era muy tarde y tendría que volver andando sola hasta la Casona, pues había llegado hasta el pueblo a pie. Pero no le importaba. Ya nada tenía sentido para ella. Volvería a su casa y trataría de olvidarse de Raimundo para siempre.
Decidió tomar el atajo que discurría por las tierras junto a la ribera. Deseaba encerrarse en su habitación y despertar dentro de mucho tiempo. Hasta que el dolor que sentía desapareciera por completo.
No escuchó como unos hombres se acercaban peligrosamente hasta ella. No hasta que la rodearon, impidiéndole continuar. Eran hombres de Pardo y apestaban a alcohol.
- Hola preciosa…¿cómo tan sola por aquí? -. Le preguntó uno de ellos.
- Apartaos de mi camino -. Dijo pero sin demasiada convicción. – No sabéis con quién estáis hablando -. Reculó pero uno de ellos la sujetó por los brazos.
- Por supuesto que sabemos quien eres…Francisca Montenegro -. Se carcajearon mientras uno de ellos recorría su cuello con una navaja. – Y vas a darnos todas las joyas que lleves encima, si no quieres que te rajemos este precioso cuello -.
Francisca se rebeló tratando de escapar. Casi lo había conseguido, pero entonces uno de los hombres, el más fornido de todos descargó su mano sobre el su rostro haciéndole caer al suelo inconsciente.
#6316
18/02/2012 22:49
Hola, esos relatos de primera, me rio de lo lindo jajaja, no se de donde sacan tantas ideas, pero sigan asi que esta mucho mejor que la serie, Mariajo, Laury como me conecto con ustedes, lo he intentado y nada de nada besitos a todas
#6317
18/02/2012 23:01
se q me paso poco xo gracis x mantener vivo sto q cree hace un tiempo a mi pareja preferida d l serie pareja q tienen abandonads ls guionists
#6318
18/02/2012 23:59
Melisa la dirección del chat es
http://xat.com/RAIPAQUISTA
Si cuando entres no puedes cambiar el nombre dinoslo y te ayudamos pero ten en cuenta que cuando tu duermes aquí estamos despiertos y al contrario así que puede ser que entres y no haya nadie conectado
http://xat.com/RAIPAQUISTA
Si cuando entres no puedes cambiar el nombre dinoslo y te ayudamos pero ten en cuenta que cuando tu duermes aquí estamos despiertos y al contrario así que puede ser que entres y no haya nadie conectado
#6319
19/02/2012 00:38
Bueno yo tenía muchos relatos atrasados y ya me he puesto al día. Deciros que gracias a vosotras voy a dormir a pierna suelta gracias a esas maravillas
Kera precioso. Nosé pero el título que me has puesto me suena de algo, nose si era una cancion, un poema...vamos que me encanta
Laury por si no te lo había comentado me encanta tus historias que sepas que me río mucho con ellas y que sirven para descargar las tensiones. Está genial
melisalaura muy bonito el video. Ya ves con lo que me gusta a mi la Paca me has dejado.Está muy bien.
Cris me han encantado los relatos. No sabes lo bien que voy a dormir gracciass a ti.
Rocío. El de la peinadora no lo encuentro. He rebuscado mil veces y nada. Ese se me quiere escapar, haber si mañana me echas una ayudita pa encontrarlo.
Que paseís buena noche chicas. Y procurad que no se os meta en el sueño la bicha que esa no deja de atormentarnos.
Este foro y vosotras es una de las mejores cosas que he encontrado.
Os mando un beso. Y muchas fuerzas para que podamos seguir aguantando a la bicho.
Kera precioso. Nosé pero el título que me has puesto me suena de algo, nose si era una cancion, un poema...vamos que me encanta
Laury por si no te lo había comentado me encanta tus historias que sepas que me río mucho con ellas y que sirven para descargar las tensiones. Está genial
melisalaura muy bonito el video. Ya ves con lo que me gusta a mi la Paca me has dejado.Está muy bien.
Cris me han encantado los relatos. No sabes lo bien que voy a dormir gracciass a ti.
Rocío. El de la peinadora no lo encuentro. He rebuscado mil veces y nada. Ese se me quiere escapar, haber si mañana me echas una ayudita pa encontrarlo.
Que paseís buena noche chicas. Y procurad que no se os meta en el sueño la bicha que esa no deja de atormentarnos.

Este foro y vosotras es una de las mejores cosas que he encontrado.
Os mando un beso. Y muchas fuerzas para que podamos seguir aguantando a la bicho.
#6320
19/02/2012 01:48
SALVADOR EL SECRETO DE ROSARIO Y FRANCISCA
Francisca y Rosario ocultan un oscuro secreto en relación a Castro, algo horrible que la Montenegro considera lo peor que ha visto nunca, o consideraría si no fuera por otras circunstancias, algo de lo que Rosario fue testigo.
SOLEDAD LA CONFESORA
Lejos de ser alguna de ellas quien de a conocer a los espectadores de que se trata, será Soledad quien lo saque a la luz al decírselo a don Anselmo en un momento de angustia y bajo secreto de confesión.
¿Qué ocultan Francisca y Rosario?
Francisca y Rosario ocultan un oscuro secreto en relación a Castro, algo horrible que la Montenegro considera lo peor que ha visto nunca, o consideraría si no fuera por otras circunstancias, algo de lo que Rosario fue testigo.
SOLEDAD LA CONFESORA
Lejos de ser alguna de ellas quien de a conocer a los espectadores de que se trata, será Soledad quien lo saque a la luz al decírselo a don Anselmo en un momento de angustia y bajo secreto de confesión.
¿Qué ocultan Francisca y Rosario?