El Rincón de Francisca y Raimundo:ESTE AMOR SE MERECE UN YACIMIENTO (TUNDA TUNDA) Gracias María y Ramon
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08/06/2011 23:44
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#6221
13/02/2012 20:10
Ahi ahi ruth!! MAROMO PARA FRANCISCA YAAAA!!
Que tambien se merece ser feliz!
Que tambien se merece ser feliz!
#6222
13/02/2012 20:15
Yo me uno a Ruth en todo, en que aunque se me lleven los demonios de vez en cuando confio en el pazguato de Raimundo y sobre todo...
EN QUE QUEREMOS UN CHULAZO PARA FRANCISCA!!!
Si señor, estoy por mandar mi histori de Dos hombres y una Paca a los lionistas a ver si la lian con Anselmo, molaria eh? y aunque aun no habeis llegado a leerlo ya le he metiod un tercer hombre en discordia eje. De aqui a na teneis nueva version... TRES hombres, una Paca y un moscorrofio (no hay que olvidar a la bicha) jaja
EN QUE QUEREMOS UN CHULAZO PARA FRANCISCA!!!
Si señor, estoy por mandar mi histori de Dos hombres y una Paca a los lionistas a ver si la lian con Anselmo, molaria eh? y aunque aun no habeis llegado a leerlo ya le he metiod un tercer hombre en discordia eje. De aqui a na teneis nueva version... TRES hombres, una Paca y un moscorrofio (no hay que olvidar a la bicha) jaja
#6223
13/02/2012 20:27
jajaja laury me parto contigo...pero tambien estoy de acuerdo...
ahora nuestro lema debia ser.
El rincon de Francisca y Raimundo: Raimundo con la bicha y para Francisca un chulazooooo!! (a lo robert redfor en memorias de africa, jesus que hombre!!)
ahora nuestro lema debia ser.
El rincon de Francisca y Raimundo: Raimundo con la bicha y para Francisca un chulazooooo!! (a lo robert redfor en memorias de africa, jesus que hombre!!)
#6224
13/02/2012 20:36
Me apunto al chulazo, la Paca necesita una alegria pa ese cuerpo serrano. Que le pongan un tordo a la de ya que le de marcha tropical por un tubo.
De la trama de Rai y la estúpida esa esencialmente me la refanfinfla QUE OS DEN GUIONISTAS, ya no digo que sepais desarrollar bien una trama que no sabeis pero ¿mantener una cierta coherencia?. que lastima
De la trama de Rai y la estúpida esa esencialmente me la refanfinfla QUE OS DEN GUIONISTAS, ya no digo que sepais desarrollar bien una trama que no sabeis pero ¿mantener una cierta coherencia?. que lastima
#6225
13/02/2012 21:18
Hoy ha sido tarde intensiva de empollar, así que, por suerte, no he podido ver el capítulo. Mi hermana lo tenía puesto y de vez en cuando escuchaba alguna conversación suelta por ahí... Y ha sido oír de boca de Pepa a Efrén: "Raimundo está enamorado de Voldemort" (o algo así) y casi me da algo... En fin, no merece la pena pillar disgustos por esto; ellos se lo guisan y ellos se lo comen. Mañana podría verlo, pero como que voy a pasar.
Yo me apunto también, si hemos visto los celos de la Paca (aunque mal aprovechados creo yo), ¡TAMBIÉN QUEREMOS LOS DE RAIMUNDO!
Menos mal que sabemos que vosotras no nos fallaréis con esas historias que os marcáis, fabulosas todas. Un besazo.
Yo me apunto también, si hemos visto los celos de la Paca (aunque mal aprovechados creo yo), ¡TAMBIÉN QUEREMOS LOS DE RAIMUNDO!
Menos mal que sabemos que vosotras no nos fallaréis con esas historias que os marcáis, fabulosas todas. Un besazo.
#6226
13/02/2012 21:21
Auxilio que dolor tan grande siento en el pecho se me irradia al brazo isquierdo con sensación de muerte inminente , esto sin duda es un infarto traigan la Everquinaza( dice el comercial que es más rápida que el infarto ) que no lo rebaso, que DOLORRRR, que TRISTEZA que escena tan patética , saquen a esa flaca teñida de la serie porque siento que la mataría si no deja al Rai tranquilo, y ese que se ande por el caminito por que está cada vez peor, ya no le amaré más me ha decepcionado, esas palabras tenían que ser para la Paca, joder, joder yo tan feliz del viaje a casa de mi madre en Cuba y llego y me encuentro con esto MI CORAZÓN NO AGUANTA MÁS, la serie se vino abajo, malditos guionistas, malditos productores como permiten eso , los odio, los odio y los odio, , es la primera vez que veo que no se tiene en cuenta lo que los fans desean , no sufro más, se acabó, me voy com mis pacientes para mantener mi mente ocupada y a esparar que se me pase el berrinche, mis niñas las adoro pero la cosa pinta muy feo estoy en el piso, nunca esperé del Ray una traición así(deja a Francisca por segunda vez por una ricachona de un dia para oto) me duele como si me lo estubieran haciendo a mí, en cuanto llegué me conecté y veo este desastre, no entiendo nada lo mejor lo están destruyendo, quiero morirme, chaoooo
#6227
13/02/2012 23:27
Venga niñas que al menos siempre nos quedara... na si no nos han dejau na, si almentos tuvieramos un chozogozo pa el recuerdo, pero al menos no nos pueden quitar neustra fantasia. Aui os dejo otro poquete de celos de Raimundo que os digo qeu yo segun lo voy escribiendo me descojono ya tengo de todo, pero mas adelante... ya vereis jeje
DOS HOMBRES Y UNA PACA
Francisca estaba disfrutando como nunca en la vida viendo las caras de Raimundo cada vez que se acercaba unos centímetros de más al cura. Había dejado de importarle ser decorosa o cortés o simplemente ser una dama, aquella noche había dejado suelta a la loba que habitaba en su interior, porque nadie podía tocar a su hombre. La cena estaba acabando. Los criados recogieron los platos y comenzaron a traer el postre. Su sorpresa fue mayúscula cuando descubrió una fuente de chocolate fundido del que emanaba un dulce aroma y toda clase de frutas.
- Esto me lo enseñó un amigo francés, ellos los llaman fon-du-e o algo así- Águeda pronunció la palabra tal cual la había leído en las cartas, incluso la e, haciendo que Francisca sonriera por lo bajo.- Espero que les guste.
- No sé es consciente de lo que puede provocar con tanto chocolate- dijo entonces Francisca.
- ¿Por qué?- Agueda estaba extrañada
- No por nada, solo que había escuchado que era como muy…afrodisíaco, ¿no?
“Ojalá,” pensó en aquel momento Águeda “porque yo llevo semanas dándoselo a Raimundo y nada de nada, no tiene efecto”
- No crea señora, lo exageran mucho.
- Pues me alegro, porque Anselmo y yo vamos a volver a casa solos y no estamos en condiciones de dejarnos llevar por la pasión… por ahora
Raimundo tuvo que usar toda su fuerza de voluntad para no morder la servilleta, o mejor morderla a ella. Toda aquella rabia se estaba concentrando en un único punto de su cuerpo y no era precisamente el cerebro. No quería, no podía permitir que otro hombre la tocara, ya había pasado por aquella tortura durante los años en los que ella estuvo con Salvador. Pero saber que podía entregarle a otro hombre, no solo su cuerpo sino también su corazón lo atromentaba más que nada. Y verla allí, sonriendo, tan ceñida, tan… deliciosamente perversa, mirando a otro, hablando de pasión. Dios, qué podía aguantar, estaba tan desesperado que casi quería rezar para que la noche se acabara de una vez.
- Qué cosas tiene, Doña Francisca.
- Pero, mejor cambiemos de tema, no quiero que Anselmo se sonroje. Dígame, ¿algo más que le hayan enseñado sus amigos franceses?
- No digno de mención, aunque sí que puedo aprovechar su pregunta para contarles una costumbre muy interesante de Madrid. Ya saben que San Valentín es el santo del amor, por decirlo de algún modo, pues en Madrid ha comenzado la costumbre entre las parejas de hacerse regalos ese día y yo le he propuesto a Raimundo…- ¿Qué leches habría propuesto la bicha salida? Como le tocase un pelo a Raimundo se iba a enterar de lo que era un peine, que parecía no saberlo- Le he propuesto hacer una escapada romántica a mi casa de las montañas
- Qué idea tan fantástica- …mente horrible, pero sería la tía esa aprovechada querer llevarse a Raimundo de escapada romántica, fresca, más que fresca- De hecho me parece una idea encantadora.
- ¿De verdad? – Raimundo y don Anselmo coincidieron al preguntar
- Sí, tanto que creo que deberíamos tomar ejemplo Anselmo, sería ideal para nosotros. Lejos de este pueblo en un lugar en el que no nos conozcan y podamos ser nosotros mismos, sin familia, sin ataduras, sin hábito.
- Ah no- tras gritar Raimundo se dio cuenta de que había metido la pata- digo que no pueden ir solos por…por… por la silla más que nada, estando inválida necesitarás más ayuda.
- Puedo pasarme el día tumbada en la cama, no me importa.
De ninguna manera, se dijo Raimundo, jamás en la vida iba a dejar que su Francisca, porque era suya y solo suya se pasara el día en la cama en compañía de otro hombre, por muy inválida que estuviera o muy cura que fuera él.
- No creo que sea lo mejor- dijo
- Y qué lo es
- Deberíamos ir todos juntos.
- ¡¿Cómo?!- Águeda y don Anselmo no daban crédito, pero Francisca estaba encantada “este no puede con los celos, pues se va a enterar”
- No sé, Anselmo y yo queremos intimidad.
- Y nosotros también- dijo Raimundo cogiendo de la mano a Águeda, “aparta de ahí la mano o te la corto Raimundo, no me provoques” pensó Francisca- pero cada uno estaría a su aire y solo nos ayudaríamos.
- No sé si cabremos en esa casa
- Por lo que Águeda me ha dicho es muy amplia, podríamos estar cada uno en una punta
- Sería mejor, no quiero despertaros con mis gritos- ¿Con tus qué, cómo, cuándo, dónde, qué pasa aquí?” pensó Raimundo “espero que se refiera a las pesadillas”
- Sí hay habitaciones de sobra para don Anselmo y para ti.
- Nosotros podemos compartir.
Francisca lo miró sonriendo como una niña traviesa y él le devolvió la sonrisa mientras pensaba “por encima de mi cadáver, cariño”
- Claro… ya se verá, ¿entonces qué, venís?
- ¿Tú qué opinas cielo?- Francisca miró al cura que se estaba poniendo completamente rojo, rogándole con la mirada que aceptase.
- Por mí… estupendo preciosa.
Triunfante, esa era la palabra y más aún cuando vio la cara que puso Raimundo al escuchar cómo la llamaba preciosa. Sin duda, la mejor noche de su vida, hubiera podido saltar y hasta bailar encima de aquella mesa. Raimundo no cabía en sí de celos y ya ni siquiera miraba a esa escuchimizada. Uno frente al otro se retaban con la mirada, con aquellas miradas que tan bien conocidas, pero por primera vez en mucho tiempo, Francisca sentía que lo tenía comiendo de la palma de su mano. No tenía ni idea de lo que iba a hacer ni de lo que podía pasar, sólo sabía una cosa: en aquella escapada romántica se iba a armar el belén.
Y se va a armar, pero bien!
DOS HOMBRES Y UNA PACA
Francisca estaba disfrutando como nunca en la vida viendo las caras de Raimundo cada vez que se acercaba unos centímetros de más al cura. Había dejado de importarle ser decorosa o cortés o simplemente ser una dama, aquella noche había dejado suelta a la loba que habitaba en su interior, porque nadie podía tocar a su hombre. La cena estaba acabando. Los criados recogieron los platos y comenzaron a traer el postre. Su sorpresa fue mayúscula cuando descubrió una fuente de chocolate fundido del que emanaba un dulce aroma y toda clase de frutas.
- Esto me lo enseñó un amigo francés, ellos los llaman fon-du-e o algo así- Águeda pronunció la palabra tal cual la había leído en las cartas, incluso la e, haciendo que Francisca sonriera por lo bajo.- Espero que les guste.
- No sé es consciente de lo que puede provocar con tanto chocolate- dijo entonces Francisca.
- ¿Por qué?- Agueda estaba extrañada
- No por nada, solo que había escuchado que era como muy…afrodisíaco, ¿no?
“Ojalá,” pensó en aquel momento Águeda “porque yo llevo semanas dándoselo a Raimundo y nada de nada, no tiene efecto”
- No crea señora, lo exageran mucho.
- Pues me alegro, porque Anselmo y yo vamos a volver a casa solos y no estamos en condiciones de dejarnos llevar por la pasión… por ahora
Raimundo tuvo que usar toda su fuerza de voluntad para no morder la servilleta, o mejor morderla a ella. Toda aquella rabia se estaba concentrando en un único punto de su cuerpo y no era precisamente el cerebro. No quería, no podía permitir que otro hombre la tocara, ya había pasado por aquella tortura durante los años en los que ella estuvo con Salvador. Pero saber que podía entregarle a otro hombre, no solo su cuerpo sino también su corazón lo atromentaba más que nada. Y verla allí, sonriendo, tan ceñida, tan… deliciosamente perversa, mirando a otro, hablando de pasión. Dios, qué podía aguantar, estaba tan desesperado que casi quería rezar para que la noche se acabara de una vez.
- Qué cosas tiene, Doña Francisca.
- Pero, mejor cambiemos de tema, no quiero que Anselmo se sonroje. Dígame, ¿algo más que le hayan enseñado sus amigos franceses?
- No digno de mención, aunque sí que puedo aprovechar su pregunta para contarles una costumbre muy interesante de Madrid. Ya saben que San Valentín es el santo del amor, por decirlo de algún modo, pues en Madrid ha comenzado la costumbre entre las parejas de hacerse regalos ese día y yo le he propuesto a Raimundo…- ¿Qué leches habría propuesto la bicha salida? Como le tocase un pelo a Raimundo se iba a enterar de lo que era un peine, que parecía no saberlo- Le he propuesto hacer una escapada romántica a mi casa de las montañas
- Qué idea tan fantástica- …mente horrible, pero sería la tía esa aprovechada querer llevarse a Raimundo de escapada romántica, fresca, más que fresca- De hecho me parece una idea encantadora.
- ¿De verdad? – Raimundo y don Anselmo coincidieron al preguntar
- Sí, tanto que creo que deberíamos tomar ejemplo Anselmo, sería ideal para nosotros. Lejos de este pueblo en un lugar en el que no nos conozcan y podamos ser nosotros mismos, sin familia, sin ataduras, sin hábito.
- Ah no- tras gritar Raimundo se dio cuenta de que había metido la pata- digo que no pueden ir solos por…por… por la silla más que nada, estando inválida necesitarás más ayuda.
- Puedo pasarme el día tumbada en la cama, no me importa.
De ninguna manera, se dijo Raimundo, jamás en la vida iba a dejar que su Francisca, porque era suya y solo suya se pasara el día en la cama en compañía de otro hombre, por muy inválida que estuviera o muy cura que fuera él.
- No creo que sea lo mejor- dijo
- Y qué lo es
- Deberíamos ir todos juntos.
- ¡¿Cómo?!- Águeda y don Anselmo no daban crédito, pero Francisca estaba encantada “este no puede con los celos, pues se va a enterar”
- No sé, Anselmo y yo queremos intimidad.
- Y nosotros también- dijo Raimundo cogiendo de la mano a Águeda, “aparta de ahí la mano o te la corto Raimundo, no me provoques” pensó Francisca- pero cada uno estaría a su aire y solo nos ayudaríamos.
- No sé si cabremos en esa casa
- Por lo que Águeda me ha dicho es muy amplia, podríamos estar cada uno en una punta
- Sería mejor, no quiero despertaros con mis gritos- ¿Con tus qué, cómo, cuándo, dónde, qué pasa aquí?” pensó Raimundo “espero que se refiera a las pesadillas”
- Sí hay habitaciones de sobra para don Anselmo y para ti.
- Nosotros podemos compartir.
Francisca lo miró sonriendo como una niña traviesa y él le devolvió la sonrisa mientras pensaba “por encima de mi cadáver, cariño”
- Claro… ya se verá, ¿entonces qué, venís?
- ¿Tú qué opinas cielo?- Francisca miró al cura que se estaba poniendo completamente rojo, rogándole con la mirada que aceptase.
- Por mí… estupendo preciosa.
Triunfante, esa era la palabra y más aún cuando vio la cara que puso Raimundo al escuchar cómo la llamaba preciosa. Sin duda, la mejor noche de su vida, hubiera podido saltar y hasta bailar encima de aquella mesa. Raimundo no cabía en sí de celos y ya ni siquiera miraba a esa escuchimizada. Uno frente al otro se retaban con la mirada, con aquellas miradas que tan bien conocidas, pero por primera vez en mucho tiempo, Francisca sentía que lo tenía comiendo de la palma de su mano. No tenía ni idea de lo que iba a hacer ni de lo que podía pasar, sólo sabía una cosa: en aquella escapada romántica se iba a armar el belén.
Y se va a armar, pero bien!
#6228
14/02/2012 07:36
os dejo esta imagen de las chicas de puente viejo!! os digo: maria estaba espectacular!!! sin duda guapisima. Para mi super elegante.. ¿que os parece?
#6229
14/02/2012 08:57
Para mi MARIA LA MAS GUAPA!!!!Ole ella!
Pero por cierto, ganaron o no???
Venga os dejo un poquito pa qeu se vaya alegrando la mañana, que la cosa va a empezar aponerse interesante!
DOS HOMBRES Y UNA PACA
Todo estaba saliendo tal y como lo había planeado. Raimundo se moría de celos y ella se sentía volar sobre el mundo entero, porque si estaba celoso era porque la quería. LA QUERÍA. Cada vez que lo pensaba se derretía. Aquellas palabras que había escuchado en su profundo sueño habían pasado de verdad. Respiró hondo, tenía que centrarse, la cosa era muy simple: Raimundo la quería, la deseaba, la perseguía con la mirada, estaba claro, y a la siesa esa… pues era un entretenimiento o quizás una amiga, le daba igual. Los hombres eran tan simples, un traje ceñido y otro hombre y sacan a relucir sus instintos más ocultos. Pero lo cierto era que le daba igual, no quería que él le dijese que la amaba y se escaparan galopando en un caballo blanco hacia el horizonte, ni que la despertara con un puro beso en mitad de la noche… no, no quería un final de cuento de hadas, quería verlo suplicando a sus pies su perdón, arrepentido, humillado, sufriendo, quería disfrutar viendo como los celos se dibujaban en su rostro cada vez que tuteaba al padre, quería jugar con él un poquitín… o mucho, daba igual. Solo había un pequeño asunto que se escapaba a su control: sus malditas piernas. Si pudiera andar todo sería más fácil, podría usar otras técnicas para ponerlo celoso, pero en aquella condición usar armas de seducción era muy difícil. Así que Francisca estaba decidida, lo que dijeran los matasanos le importaba un bledo, se iba a levantar de aquella silla y lo iba a hacer solo porque Raimundo Ulloa pudiera verla caminar del brazo de otro y se muriera de arrepentimiento por haber preferido pasar su tiempo con un intento fallido de espantapájaros. Tenía unas 3 semanas para despedirse de aquella silla. 3 semanas.
Tres semanas temiendo que aquel día se acercase, el día en el que Francisca y su “querido Anselmo” llegasen al Jaral para ponerse en marcha juntos hacia un lugar perdido en una montaña que no había oído en la vida. Sabía que estaba loco por querer ir con ellos, pero lo que no podía consentir era que aquel cura renegado intentara sobrepasarse con su pequeña y era mejor tenerlo bien vigilado, y no es que estuviera nervioso, cuidado, que lo hacía por ella porque ese don Anselmo no era lo que parecía: había pasado de las tablas sagradas a las curvas sagradas, pero las de su Francisca, no había mujeres en el mundo, y encima se le antojaba que tenía la manos muy larga, si en la taberna le faltaba tiempo para hincarle el diente al jamón que no le hincaría a Francisca. Pero no, se tranquilizaba, entre ellos no ha podido pasar nada porque Francisca estaba en silla de ruedas. Por muy triste que fuera aquel era su mayor consuelo y lo único que impedía que se tirase de los pelos, porque al estar ella impedida no podían… vamos que no podían… romper el voto de castidad. Llegaba el momento de la verdad, la parejita feliz estaba a punto de llegar y Águeda se puso a su lado para recibirlos. Raimundo se giró para recibirla con una sonrisa y al verla aparecer con aquel enorme sombrero rosa más grande que su cabeza y con varias plumas de pavo real asomando no pudo evitar decirse que la sutileza en el vestir no era una de esas virtudes con las que había martirizado a Francisca. Pero en fin, estaba con ella, mal que en ese momento le pesase, ¿pero qué diantres pasaba por su cabeza el día que le propuso mantener una relación? Si era incapaz de verla de forma distinta a una amiga, quizás por eso, Raimundo había pensado que su relación sería tranquila, más bien platónica, pero estaba claro que ella quería marcha, ya se le había insinuado en más de una ocasión y él había tenido que salir huyendo con cualquier pretexto porque aquella mujer era encantadora, pero no le “inspiraba” nada en absoluto.
Ya llegaban, el ruido de una calesa le permitió separar la mirada del “llamativo” a falta de otra palabra conjunto de su acompañante para dirigirla al camino por el que se acercaba el carruaje tirado por dos caballos blancos. Cuando pasó frente a ellos, Raimundo pudo ver a Francisca tras el cristal, estaba tan… ¿sonriente? No podía ser. El cura bajó del carromato y se apartó un poco.
- ¿Quiere que le ayude a coger la silla, padre?
- No será necesario.
- ¿Por qué?
- Porque- le cortó Francisca- yo sola me vasto y me sobro, tabernero. Aunque no me vendría mal una mano.
Sin entender a lo que se refería Raimundo extendió la mano sintiendo cómo un escalofrío recorría su cuerpo en el momento que la suave mano de Francisca se posaba sobre la suya. La aferró inconscientemente como si no quisiera volver a soltarla, quería seguir sintiendo aquella cálida piel cada día de su vida, pero sobre todo, no quería que se la diera al cura. Todos sus pensamientos, e incluso su corazón, se detuvieron cuando la vio descender por su propio pie ayudada de un elegante bastón. Bajó el primer escalón sin dificultad, pero en el segundo perdió el equilibrio cayendo sobre Raimundo. Cuando quiso darse cuenta estaba tumbado en la fría losa de piedra bajo el cuerpo de Francisca, aquel cuerpo que tanto había anhelad, que tanto deseaba, que se moría por rodear con sus brazos, pro apresar entre sus besos. Durante unos segundos, el tiempo se paró, la miró a los ojos sintiéndola más cerca que nunca, notando su aliento, el movimiento de su pecho al respirar, queriendo poseerla en aquel mismo momento sin importar quién estuviese allí, pero aquel fastidioso cura tuvo que agarrarla de los brazos y tirar de ella, separándolos.
- ¿Estás bien?
- Sí, lo siento mucho, he conseguido andar, pero no del todo recta, ni sin accidentes.
- No tiene importancia- dijo Raimundo- Encantado de hacerte de colchón- “y de llevarte a uno” pensó- pero ¿cómo lo has hecho?
- ¿El qué? ¿Abalanzarme sobre ti?
- No- “Ojalá”- Andar, Francisca, todos los médicos decían que era irreversible
- Lo decían, pero ningún médico conoce a Francisca Montenegro.- Lo miró sonriendo, con aquella sonrisa que lo volvía loco- nunca me atengo a las indicaciones de nadie, ya lo sabes.
- Lo sé.- no podía dejar de mirarla estaba radiante.
- Además- paró para disfrutar del momento- Anselmo me ha ayudado mucho- se acercó a él posando una mano sobre su hombro sin dejar de mirar a Raimundo, le encantaba verlo sufrir así.- No hubiera podido hacerlo sin él, me daba un motivo muy poderoso para querer usar las piernas.
Hubiera querido gritar, pero ni así hubiera podido descargar toda la rabia que se acumulaba en su interior. Aquello desmontaba todas sus teorías tranquilizadoras. Pero sería falso aquel cura de pacotilla, más le valía no haber puesto una mano, ni un solo dedo encima de Francisca o ya podía ir encomendándose a ese Dios suyo y a todos los santos que conociese porque ni el poder divino le iba a salvar de la furia que carcomía su interior. Aquello era demasiado para él, eso sí que no, una cosa era verlos prodigarse carantoñas, pero más allá… NO. Tenía que ponerle fin a aquel despropósito cuanto antes.
- ¿Nos vamos?- dijo Águeda
- Lo estamos deseando- dijo Francisca sin apartar la mano del pecho del cura ni los ojos de Raimundo. Ese viaje iba a ser memorable.
Los cuatro se sentaron en el enorme carruaje de Águeda en silencio. Francisca miraba por la ventana divertida pensando en la de cosas que podría hacer estando los cuatro en una casa, pero no podía esperar tanto y tomó de la mano al cura, echándole una mirada fugaz a Raimundo. Así le gustaba, que sufriese. A veces se preguntaba si no era demasiado dura con él, pero la respuesta tardaba poco en formarse en su mente…No.
Yo tampoco creo que este siendo mala con el, sobre todoo tras lo de ayer, ya os digo qeu voy a hacer sufrir mucho a RAIMUNDITO qeu se lo merece jeje
Pero por cierto, ganaron o no???
Venga os dejo un poquito pa qeu se vaya alegrando la mañana, que la cosa va a empezar aponerse interesante!
DOS HOMBRES Y UNA PACA
Todo estaba saliendo tal y como lo había planeado. Raimundo se moría de celos y ella se sentía volar sobre el mundo entero, porque si estaba celoso era porque la quería. LA QUERÍA. Cada vez que lo pensaba se derretía. Aquellas palabras que había escuchado en su profundo sueño habían pasado de verdad. Respiró hondo, tenía que centrarse, la cosa era muy simple: Raimundo la quería, la deseaba, la perseguía con la mirada, estaba claro, y a la siesa esa… pues era un entretenimiento o quizás una amiga, le daba igual. Los hombres eran tan simples, un traje ceñido y otro hombre y sacan a relucir sus instintos más ocultos. Pero lo cierto era que le daba igual, no quería que él le dijese que la amaba y se escaparan galopando en un caballo blanco hacia el horizonte, ni que la despertara con un puro beso en mitad de la noche… no, no quería un final de cuento de hadas, quería verlo suplicando a sus pies su perdón, arrepentido, humillado, sufriendo, quería disfrutar viendo como los celos se dibujaban en su rostro cada vez que tuteaba al padre, quería jugar con él un poquitín… o mucho, daba igual. Solo había un pequeño asunto que se escapaba a su control: sus malditas piernas. Si pudiera andar todo sería más fácil, podría usar otras técnicas para ponerlo celoso, pero en aquella condición usar armas de seducción era muy difícil. Así que Francisca estaba decidida, lo que dijeran los matasanos le importaba un bledo, se iba a levantar de aquella silla y lo iba a hacer solo porque Raimundo Ulloa pudiera verla caminar del brazo de otro y se muriera de arrepentimiento por haber preferido pasar su tiempo con un intento fallido de espantapájaros. Tenía unas 3 semanas para despedirse de aquella silla. 3 semanas.
Tres semanas temiendo que aquel día se acercase, el día en el que Francisca y su “querido Anselmo” llegasen al Jaral para ponerse en marcha juntos hacia un lugar perdido en una montaña que no había oído en la vida. Sabía que estaba loco por querer ir con ellos, pero lo que no podía consentir era que aquel cura renegado intentara sobrepasarse con su pequeña y era mejor tenerlo bien vigilado, y no es que estuviera nervioso, cuidado, que lo hacía por ella porque ese don Anselmo no era lo que parecía: había pasado de las tablas sagradas a las curvas sagradas, pero las de su Francisca, no había mujeres en el mundo, y encima se le antojaba que tenía la manos muy larga, si en la taberna le faltaba tiempo para hincarle el diente al jamón que no le hincaría a Francisca. Pero no, se tranquilizaba, entre ellos no ha podido pasar nada porque Francisca estaba en silla de ruedas. Por muy triste que fuera aquel era su mayor consuelo y lo único que impedía que se tirase de los pelos, porque al estar ella impedida no podían… vamos que no podían… romper el voto de castidad. Llegaba el momento de la verdad, la parejita feliz estaba a punto de llegar y Águeda se puso a su lado para recibirlos. Raimundo se giró para recibirla con una sonrisa y al verla aparecer con aquel enorme sombrero rosa más grande que su cabeza y con varias plumas de pavo real asomando no pudo evitar decirse que la sutileza en el vestir no era una de esas virtudes con las que había martirizado a Francisca. Pero en fin, estaba con ella, mal que en ese momento le pesase, ¿pero qué diantres pasaba por su cabeza el día que le propuso mantener una relación? Si era incapaz de verla de forma distinta a una amiga, quizás por eso, Raimundo había pensado que su relación sería tranquila, más bien platónica, pero estaba claro que ella quería marcha, ya se le había insinuado en más de una ocasión y él había tenido que salir huyendo con cualquier pretexto porque aquella mujer era encantadora, pero no le “inspiraba” nada en absoluto.
Ya llegaban, el ruido de una calesa le permitió separar la mirada del “llamativo” a falta de otra palabra conjunto de su acompañante para dirigirla al camino por el que se acercaba el carruaje tirado por dos caballos blancos. Cuando pasó frente a ellos, Raimundo pudo ver a Francisca tras el cristal, estaba tan… ¿sonriente? No podía ser. El cura bajó del carromato y se apartó un poco.
- ¿Quiere que le ayude a coger la silla, padre?
- No será necesario.
- ¿Por qué?
- Porque- le cortó Francisca- yo sola me vasto y me sobro, tabernero. Aunque no me vendría mal una mano.
Sin entender a lo que se refería Raimundo extendió la mano sintiendo cómo un escalofrío recorría su cuerpo en el momento que la suave mano de Francisca se posaba sobre la suya. La aferró inconscientemente como si no quisiera volver a soltarla, quería seguir sintiendo aquella cálida piel cada día de su vida, pero sobre todo, no quería que se la diera al cura. Todos sus pensamientos, e incluso su corazón, se detuvieron cuando la vio descender por su propio pie ayudada de un elegante bastón. Bajó el primer escalón sin dificultad, pero en el segundo perdió el equilibrio cayendo sobre Raimundo. Cuando quiso darse cuenta estaba tumbado en la fría losa de piedra bajo el cuerpo de Francisca, aquel cuerpo que tanto había anhelad, que tanto deseaba, que se moría por rodear con sus brazos, pro apresar entre sus besos. Durante unos segundos, el tiempo se paró, la miró a los ojos sintiéndola más cerca que nunca, notando su aliento, el movimiento de su pecho al respirar, queriendo poseerla en aquel mismo momento sin importar quién estuviese allí, pero aquel fastidioso cura tuvo que agarrarla de los brazos y tirar de ella, separándolos.
- ¿Estás bien?
- Sí, lo siento mucho, he conseguido andar, pero no del todo recta, ni sin accidentes.
- No tiene importancia- dijo Raimundo- Encantado de hacerte de colchón- “y de llevarte a uno” pensó- pero ¿cómo lo has hecho?
- ¿El qué? ¿Abalanzarme sobre ti?
- No- “Ojalá”- Andar, Francisca, todos los médicos decían que era irreversible
- Lo decían, pero ningún médico conoce a Francisca Montenegro.- Lo miró sonriendo, con aquella sonrisa que lo volvía loco- nunca me atengo a las indicaciones de nadie, ya lo sabes.
- Lo sé.- no podía dejar de mirarla estaba radiante.
- Además- paró para disfrutar del momento- Anselmo me ha ayudado mucho- se acercó a él posando una mano sobre su hombro sin dejar de mirar a Raimundo, le encantaba verlo sufrir así.- No hubiera podido hacerlo sin él, me daba un motivo muy poderoso para querer usar las piernas.
Hubiera querido gritar, pero ni así hubiera podido descargar toda la rabia que se acumulaba en su interior. Aquello desmontaba todas sus teorías tranquilizadoras. Pero sería falso aquel cura de pacotilla, más le valía no haber puesto una mano, ni un solo dedo encima de Francisca o ya podía ir encomendándose a ese Dios suyo y a todos los santos que conociese porque ni el poder divino le iba a salvar de la furia que carcomía su interior. Aquello era demasiado para él, eso sí que no, una cosa era verlos prodigarse carantoñas, pero más allá… NO. Tenía que ponerle fin a aquel despropósito cuanto antes.
- ¿Nos vamos?- dijo Águeda
- Lo estamos deseando- dijo Francisca sin apartar la mano del pecho del cura ni los ojos de Raimundo. Ese viaje iba a ser memorable.
Los cuatro se sentaron en el enorme carruaje de Águeda en silencio. Francisca miraba por la ventana divertida pensando en la de cosas que podría hacer estando los cuatro en una casa, pero no podía esperar tanto y tomó de la mano al cura, echándole una mirada fugaz a Raimundo. Así le gustaba, que sufriese. A veces se preguntaba si no era demasiado dura con él, pero la respuesta tardaba poco en formarse en su mente…No.
Yo tampoco creo que este siendo mala con el, sobre todoo tras lo de ayer, ya os digo qeu voy a hacer sufrir mucho a RAIMUNDITO qeu se lo merece jeje
#6230
14/02/2012 10:18
ahi ahi laury raimundo debe sufrir y yo pienso que si algun dia vuelve a francisca (he perdido la esperanza...) debe sufrir de lo lindo antes de conseguirla...eso si luego que acaben juntos pero quiero verlo celoso tambien!!
#6231
14/02/2012 10:59
raimundo dn estas? q han echo contigo? tb tenían q destrozarte a ti?
#6232
14/02/2012 11:50
hola niñas,
me encanta la foto mariajosé, no me digáis que Mariquiña no iba preciosa, elegante, sobria y esa pose tan tan Montenegro!! Es que ella es mi debilidad, qué voy a decir de ella si es que me tiene encandilá!! las demás también eh! me parecen todas monísimas! aunque personalmente me pregunto si Maribel ha obtenido el vestido de la colección de Dolores Mirañar!!
Vi alguna foto ahora en el teleprograma y la verdad que se lo saben pasar pipa, me encanta verlos así! Parece que Maria y Megan no se han separado en toda la noche, ya podían haberse hecho una fotito juntos Ramón y María! habrá alguna purulando por ahí??
Laury, tus ida de olla son Too much baby!!
me encanta la foto mariajosé, no me digáis que Mariquiña no iba preciosa, elegante, sobria y esa pose tan tan Montenegro!! Es que ella es mi debilidad, qué voy a decir de ella si es que me tiene encandilá!! las demás también eh! me parecen todas monísimas! aunque personalmente me pregunto si Maribel ha obtenido el vestido de la colección de Dolores Mirañar!!
Vi alguna foto ahora en el teleprograma y la verdad que se lo saben pasar pipa, me encanta verlos así! Parece que Maria y Megan no se han separado en toda la noche, ya podían haberse hecho una fotito juntos Ramón y María! habrá alguna purulando por ahí??
Laury, tus ida de olla son Too much baby!!
#6233
14/02/2012 12:16
Teníamos a María,y ahora tenemos a mi RIRI <3


#6234
14/02/2012 12:24
y quién es es chico en el medio??? es nuevo??? mmhhhh es Ulloa, Montenegro, Castañeda?? es de todo??? jajajaja
ay RIRI qué bien te quedaba esa bufanda ayer!!!
!GUAPO!
ay RIRI qué bien te quedaba esa bufanda ayer!!!
!GUAPO!
#6235
14/02/2012 12:51
Chus,puse otra de RIRI con todos los demás!
Las fotos son de la revista TELEPROGRAMA
Aqui dejo estas que me gustan mucho! María, ¡Guapa! con Megan


Las fotos son de la revista TELEPROGRAMA

Aqui dejo estas que me gustan mucho! María, ¡Guapa! con Megan


#6236
14/02/2012 13:47
Maria muy muy guapa, elegantisima. De RIRI que voy a decir lo que faltaba el color morado le sienta fenomenal para estar aun mas guapo.
Nati ver a Rai en plan csi va a ser genial, a ver si nos libra pronto de ese asqueroso de Salvador.
Laury es que me parto con tu relato y te digo una cosa no me extraña que Rai este celoso por que don Anselmo de calle es un maduro bastante interesante.
Os veo esta noche guapas. Un beso
Nati ver a Rai en plan csi va a ser genial, a ver si nos libra pronto de ese asqueroso de Salvador.
Laury es que me parto con tu relato y te digo una cosa no me extraña que Rai este celoso por que don Anselmo de calle es un maduro bastante interesante.
Os veo esta noche guapas. Un beso
#6237
14/02/2012 13:55
hUY HUY
k bien salen todos....xD
pero kien es el buenorro de en medio??????
jejejje
k bien salen todos....xD
pero kien es el buenorro de en medio??????
jejejje
#6238
14/02/2012 13:55
HOLA CHICAS :
Que guapos en especial maria y ramon que grandes son todos ellos a pesar de no llevarse el tp de oro , no cabe duda que son los mejores.
LAURY : ya es hora de que francisca le de celos a raimundo jajaj
MARIAJOSE Y RUHT : gracias por las fotos guapas
UN BESO
Que guapos en especial maria y ramon que grandes son todos ellos a pesar de no llevarse el tp de oro , no cabe duda que son los mejores.
LAURY : ya es hora de que francisca le de celos a raimundo jajaj
MARIAJOSE Y RUHT : gracias por las fotos guapas
UN BESO
#6239
14/02/2012 15:48
Os dejo esto con todo el resentimiento de mi corazón hacia los guionistas por estar destrozando el personaje de Raimundo (Veleta) Ulloa.
#6240
14/02/2012 16:18
Hola!!! Me reitero MARIA GUAPISIMA!! por cierto me encantan sus zapatos
Cris muy chulo el fondo
Os dejo otro trocito que seguro qeu necesitais echaros unas risas pa animaros y en este capi ya empieza la marcha!!
DOS HOMBRES Y UNA PACA
CAPÍTULO 10
Dudaba de muchas cosas con respecto a Águeda, que fuera sincera con su edad, que ese pelo fuera suyo, que los trajes se los trajeran de Francia, porque en ningún país tienen tan mal gusto, pero si había algo en lo que no había mentido era en la enormidad de aquella casa. A su lado la Casona parecía una casa de recreo.
- Creo que yo me quedaré aquí en el salón, porque solo de pensar en buscar mi habitación en esta casa me dan ganas de recuperar la silla de ruedas. – dijo Francisca mientras se sentaba.
- Como quiera Francisca- dijo Águeda- don Anselmo, yo le mostraré la habitación y la nuestra, Raimundo
- Sí, bueno, si no te importa yo también me quedaré aquí, me he mareado un poco con el viaje.
- Sí, claro
Don Anselmo y Águeda salieron del salón dejando a Raimundo y a Francisca completamente solos.
- Así que ¿Don Anselmo?- dijo él
- ¿Verdad que es encantador?- Le encantaba hacerle rabiar
- Sí, sin duda. Aunque, ¿no crees que ya estáis algo mayores para esto?
- Eso no es razón, no hay edad para el amor. Además yo soy más joven que tú y, si no me falla la vista por la edad, tú también estás con… una especie de persona.
- Sí, pero me refiero a que él es un cura, ¿vas a hacer que abandone sus creencias solo por divertirte?
- ¿Quién te ha dicho que sea solo por divertirme?
- Porque tú eres incapaz de sentir amor por nadie.
- Lo sentí una vez, y puedo volver a hacerlo. ¿No será que te molesta que no seas tú el depositario de dicho amor?
- ¿Y a mí a cuento de qué habría de molestarme?- Raimundo se levantó airado
- Tú sabrás
- Pues que sepas que no me molesta. Yo estoy muy bien con Águeda, me escucha, me apoya, me comprende.
- Mmm, suena de lo más excitante.
- ¿No pretenderás que me ponga celoso de ti, a estas alturas, y porque estás con un cura? Si ese pobre hombre no ha conocido más mujer que la virgen de sus oraciones
- Pues si necesita aprender algo, yo se lo he de enseñar. Además, si lleva mucho tiempo a pan y agua, tendrá más hambres que nadie. Da gracias que he podido controlarlo hasta hoy porque este hombre me tiene loca, desde que dejé la silla de ruedas me persigue como un perro a su amo.
- ¡¿Cómo?!
- Como un perro a su amo.
- No me refiero a por qué dices eso
- Pues por eso, que no me deja descansar, es como si tuviera la energía de tantos años de celibato acumulada y…
- No, mejor no sigas- Francisca se moría de la risa, su cara era un poema, lo tenía justo donde quería, solo iba a atormentarlo un poquito más.
- No hace falta que siga, esta semana podrás comprobarlo por ti mismo, es un hombre insaciable, no solo con la comida.
- No, eso sí que no. Francisca, ¿no ves que por más que lo intente él no podrá amarte como yo lo hago?- Se acercó a ella- Nunca podrá tocarte como yo lo hago- deslizó su mano por su cuerpo, recorriendo cada curva- ni susurrarte, ni acariciarte, ni besarte…- comenzó a acercarse a sus labios.
Francisca estaba deseando morder aquellos labios, volver a sentirlos como hacía tanto tiempo, pero el placer de la venganza era más dulce que el de un beso.
- Quieto, parao zagal, que las manos van al pan
- Y eso quiero
- ¿No decías que estabas muy a gusto con esa estirada? Parece que te tiene a dos velas, pobrecito mío, está desesperado, tanto chocolate y luego nada de nada.
- ¿No ves que no Francisca, que yo solo te deseo a ti?
- ¿Y no ves que yo tengo un bastón y no dudaré en usarlo?
- No lo harás, estás deseando que te bese.
- ¿Creía que estábamos muy mayores para esto?
- No, el cura está muy mayor, yo estoy hecho un jovenzuelo.
Francisca se incorporó un poco, quedando a la altura de Raimundo mirando traviesa sus labios, acercándose a él para que pudiera sentir su respiración, para que pudiese ver el ritmo de su pecho que se elevaba en cada respiración mostrando una generosa delantera que le dejaba sin aire. Ella se acercaba cada vez más y cuando él intentaba besarla se apartaba lo justo para que fallara, sonriendo.
- Así que estás hecho un chaval- susurró.
- Sí, todo un chaval.
- ¿Y tienes energía de sobra? Porque puede que tenga que mandarte un trabajo muy pesado.
- Sí, sí, tengo mucha energía.
- ¿De verdad?
- Sí- Raimundo ya no veía nada más que sus labios provocándole, tentándole
- Pues eso habrá que comprobarlo.- Francisca se acercó más a él, la punta de sus narices se rozaron, Raimundo estaba dispuesto a saltar sobre ella y justo cuando iba a hacerlo, ella lo apartó con el bastón y le puso una cesta en las manos- Ves a por leña, que hace mucho frío en la montaña.
Se levantó como si nada y se fue sonriendo y dejando a Raimundo solo con… su pequeño amiguito.
Cris muy chulo el fondo
Os dejo otro trocito que seguro qeu necesitais echaros unas risas pa animaros y en este capi ya empieza la marcha!!
DOS HOMBRES Y UNA PACA
CAPÍTULO 10
Dudaba de muchas cosas con respecto a Águeda, que fuera sincera con su edad, que ese pelo fuera suyo, que los trajes se los trajeran de Francia, porque en ningún país tienen tan mal gusto, pero si había algo en lo que no había mentido era en la enormidad de aquella casa. A su lado la Casona parecía una casa de recreo.
- Creo que yo me quedaré aquí en el salón, porque solo de pensar en buscar mi habitación en esta casa me dan ganas de recuperar la silla de ruedas. – dijo Francisca mientras se sentaba.
- Como quiera Francisca- dijo Águeda- don Anselmo, yo le mostraré la habitación y la nuestra, Raimundo
- Sí, bueno, si no te importa yo también me quedaré aquí, me he mareado un poco con el viaje.
- Sí, claro
Don Anselmo y Águeda salieron del salón dejando a Raimundo y a Francisca completamente solos.
- Así que ¿Don Anselmo?- dijo él
- ¿Verdad que es encantador?- Le encantaba hacerle rabiar
- Sí, sin duda. Aunque, ¿no crees que ya estáis algo mayores para esto?
- Eso no es razón, no hay edad para el amor. Además yo soy más joven que tú y, si no me falla la vista por la edad, tú también estás con… una especie de persona.
- Sí, pero me refiero a que él es un cura, ¿vas a hacer que abandone sus creencias solo por divertirte?
- ¿Quién te ha dicho que sea solo por divertirme?
- Porque tú eres incapaz de sentir amor por nadie.
- Lo sentí una vez, y puedo volver a hacerlo. ¿No será que te molesta que no seas tú el depositario de dicho amor?
- ¿Y a mí a cuento de qué habría de molestarme?- Raimundo se levantó airado
- Tú sabrás
- Pues que sepas que no me molesta. Yo estoy muy bien con Águeda, me escucha, me apoya, me comprende.
- Mmm, suena de lo más excitante.
- ¿No pretenderás que me ponga celoso de ti, a estas alturas, y porque estás con un cura? Si ese pobre hombre no ha conocido más mujer que la virgen de sus oraciones
- Pues si necesita aprender algo, yo se lo he de enseñar. Además, si lleva mucho tiempo a pan y agua, tendrá más hambres que nadie. Da gracias que he podido controlarlo hasta hoy porque este hombre me tiene loca, desde que dejé la silla de ruedas me persigue como un perro a su amo.
- ¡¿Cómo?!
- Como un perro a su amo.
- No me refiero a por qué dices eso
- Pues por eso, que no me deja descansar, es como si tuviera la energía de tantos años de celibato acumulada y…
- No, mejor no sigas- Francisca se moría de la risa, su cara era un poema, lo tenía justo donde quería, solo iba a atormentarlo un poquito más.
- No hace falta que siga, esta semana podrás comprobarlo por ti mismo, es un hombre insaciable, no solo con la comida.
- No, eso sí que no. Francisca, ¿no ves que por más que lo intente él no podrá amarte como yo lo hago?- Se acercó a ella- Nunca podrá tocarte como yo lo hago- deslizó su mano por su cuerpo, recorriendo cada curva- ni susurrarte, ni acariciarte, ni besarte…- comenzó a acercarse a sus labios.
Francisca estaba deseando morder aquellos labios, volver a sentirlos como hacía tanto tiempo, pero el placer de la venganza era más dulce que el de un beso.
- Quieto, parao zagal, que las manos van al pan
- Y eso quiero
- ¿No decías que estabas muy a gusto con esa estirada? Parece que te tiene a dos velas, pobrecito mío, está desesperado, tanto chocolate y luego nada de nada.
- ¿No ves que no Francisca, que yo solo te deseo a ti?
- ¿Y no ves que yo tengo un bastón y no dudaré en usarlo?
- No lo harás, estás deseando que te bese.
- ¿Creía que estábamos muy mayores para esto?
- No, el cura está muy mayor, yo estoy hecho un jovenzuelo.
Francisca se incorporó un poco, quedando a la altura de Raimundo mirando traviesa sus labios, acercándose a él para que pudiera sentir su respiración, para que pudiese ver el ritmo de su pecho que se elevaba en cada respiración mostrando una generosa delantera que le dejaba sin aire. Ella se acercaba cada vez más y cuando él intentaba besarla se apartaba lo justo para que fallara, sonriendo.
- Así que estás hecho un chaval- susurró.
- Sí, todo un chaval.
- ¿Y tienes energía de sobra? Porque puede que tenga que mandarte un trabajo muy pesado.
- Sí, sí, tengo mucha energía.
- ¿De verdad?
- Sí- Raimundo ya no veía nada más que sus labios provocándole, tentándole
- Pues eso habrá que comprobarlo.- Francisca se acercó más a él, la punta de sus narices se rozaron, Raimundo estaba dispuesto a saltar sobre ella y justo cuando iba a hacerlo, ella lo apartó con el bastón y le puso una cesta en las manos- Ves a por leña, que hace mucho frío en la montaña.
Se levantó como si nada y se fue sonriendo y dejando a Raimundo solo con… su pequeño amiguito.