El Rincón de Francisca y Raimundo:ESTE AMOR SE MERECE UN YACIMIENTO (TUNDA TUNDA) Gracias María y Ramon
#0
08/06/2011 23:44
Vídeos FormulaTV
Nos colamos en el plató de 'Friends' y descubrimos los secretos del apartamento de Monica en el Friends Fest
Selena Leo: "Jamás en la eternidad se va a repetir un reencuentro de Sonia y Selena"
Sonia Madoc: "¿Crees que si tuviese una gira de 80 bolos me iría de Sonia y Selena?"
'Euphoria' regresa tras su salto temporal en el tráiler de la tercera temporada
laSexta cumple 20 años con la información y el entretenimiento como bastiones frente a la competencia
'La isla de las tentaciones 10' lanza un extenso avance antes de su estreno en Telecinco
Tráiler en español de 'Off Campus', la nueva serie de Prime Video con Ella Bright y Belmont Camelli
#6181
11/02/2012 21:51
BORA (Boletín Oficial Raipaquista Antiaguedista) 11/02/2012
Decreto Ley por el que se dispone la ampliación de la lista definiciones de nuestra 'Queridísima' (modo retranca on) Voldemort, con la expresión de:
PALO CON OJOS
AGUA-DA (PORQUE ES INCOLORA, INODORA E INSÍPIDA)
Lista final 11/02:
Bicha, insípida, desvelada, ñoña, pija, sosa, parásita, sopinstant, tenia, ojerosa, Sor Águeda, enfermiza, Voldemort, la-que-no-debe-ser-nombrada, tarta de fresa, Cursi, Resabida, Empalagosa, Dormidina (porque no hay mejor manera de conciliar el sueño), Diazepan (con propiedades ansiolíticas), Melindres, Cansina, Harta Sopas, Pregoná, Sor Bicha de la Cruz Perpetua de las Santas Calesas transporta Pacas, tragapastas, Favoritista, Cágueda, Campanita (porque es tan TON-TI-NA), Lady Moños, Real(mente) pava, Plumífera,Lola Escarola (Escarola por los rulos de su pelo. Lola, porque rima con escarola), Mosca Cojonera (está hasta en la sopa), Gremlim (anti Guizmo) Cuando se moja con agua se convierte en bicha, Valeriana (efecto sedante), Dulcolaxo (te ayuda a ir al baño), Palo con ojos, Agua-da (porque es incolora,inodora e insípida)
Decreto Ley por el que se dispone la ampliación de la lista definiciones de nuestra 'Queridísima' (modo retranca on) Voldemort, con la expresión de:
PALO CON OJOS
AGUA-DA (PORQUE ES INCOLORA, INODORA E INSÍPIDA)
Lista final 11/02:
Bicha, insípida, desvelada, ñoña, pija, sosa, parásita, sopinstant, tenia, ojerosa, Sor Águeda, enfermiza, Voldemort, la-que-no-debe-ser-nombrada, tarta de fresa, Cursi, Resabida, Empalagosa, Dormidina (porque no hay mejor manera de conciliar el sueño), Diazepan (con propiedades ansiolíticas), Melindres, Cansina, Harta Sopas, Pregoná, Sor Bicha de la Cruz Perpetua de las Santas Calesas transporta Pacas, tragapastas, Favoritista, Cágueda, Campanita (porque es tan TON-TI-NA), Lady Moños, Real(mente) pava, Plumífera,Lola Escarola (Escarola por los rulos de su pelo. Lola, porque rima con escarola), Mosca Cojonera (está hasta en la sopa), Gremlim (anti Guizmo) Cuando se moja con agua se convierte en bicha, Valeriana (efecto sedante), Dulcolaxo (te ayuda a ir al baño), Palo con ojos, Agua-da (porque es incolora,inodora e insípida)
#6182
11/02/2012 22:16
Me encantais!!!
Miri qeu bonito, si tendrian qeu poner una voz en off pa Rai en la serie porqeu no hay quien lo entienda.
Ruth qeu bueno!! o sea qeu risa, en el mejor lugar posible di qeu si y con publico y to, viva la Paca!!
Venga qeu yo tampoco me puedo resistir, os dejo el principio de uno de los relatos, ya los iré alternando pa que no os aburrais.
DOS HOMBRES Y UNA PACA!!
Los días pasaban lentamente desde se agónico despertar, el saberse inválida para el resto de sus días, allí sola postrada en una cama. Recibiendo reprimendas de sus hijos, de su doctora y hasta de la partera. De vez en cuando se sorprendía sonriendo amargamente, era una situación irónica, ella que siempre se había jactado de ser imparable estaba allí, tumbada, parada ciertamente, y para los restos. Solo había una cosa que le daba esperanzas, que la hacía sonreír, que conseguía emocionarla. No se lo había dicho a nadie, pero durante su periodo en coma había estado sumida en un profundo letargo que le impedía hablar, moverse y casi sentir, pero lo que en ocasiones sí podía era oír, sentir lo que había a su alrededor aunque muchas veces no sabía si aquello que parecía estar ocurriendo a su alrededor era real o un sueño. Eso fue exactamente lo que le parecieron las palabras de Raimundo. Había creído escucharle confesándole su amor, cogiéndola de la mano e incluso… besándola. Hubo un tiempo en el que lo creyó real, mas al despertar y ver que él no llegaba, que no iba a verla, que ni siquiera se molestaba en pasar a saludar como ella había hecho, fue perdiendo la esperanza. Y eso la enfadó, la enfadó que Raimundo pareciese haberse olvidado de ella, aunque más todavía pensar que aquella declaración, aquellas hermosas palabras nunca habían existido más que en su mente. Quizás por eso la negativa de confesar la verdad sobre Tristán, quizás. Aún así, y a pesar de haber perdido las esperanzas, seguía habiendo una parte de ella que necesitaba comprobarlo, comprobar que él nunca había estado allí.
Rosario entró interrumpiendo sus pensamientos y sin mediar palabra comenzó a darle las friegas que la doctora había recomendado. No sabía cómo decirlo, pero ella era la única a la que podía preguntar.
- Rosario
- Sí señora
- He estado pensando… quizás vino alguien a verme mientras estaba convaleciente por la operación, durante la operación o… en el coma. Me gustaría saber si vino alguien
- ¿Para qué señora?
- De buen nacido es ser agradecido, y ya que no lo pude recibir, quería agradecerlo ahora.
- Pues que yo recuerde no tuvo muchas visitas: sus hijos, Don Anselmo, la doctora, Pepa.
- ¿nadie más?
- No- apartó la mirada decepcionada- Bueno…- volvió a mirar- Creo que Tristán comentó que Raimundo había venido. Y… que le ha estado preguntando por usted.
La buena de Rosario siguió a lo suyo mientras Francisca se esforzaba por ocultar la sonrisa. La quería, la quería. Si no hubiera estado impedida hubiera dado saltos de alegría.
- Rosario.
- Si, señora
- Ya estoy harta de estar aquí postrada. Arregla la silla de ruedas y ayúdame a vestirme, quiero bajar al pueblo.
- Como quiera señora
Tardó un mundo en vestirse, en cualquier otro momento aquella situación le habría parecido humillante pero estaba demasiado ansiosa por encontrarse con Raimundo. Porque la amaba, se sentía como una quinceañera, mejor, se sentí como cuando aún estaban juntos. No sabía qué iba a hacer cuando lo viera. Saludarlo… muy frío. Decirle que también lo quería… muy directo. Decirle: hola Raimundo, te acuerdas de la última vez que yacimos, pues me hiciste un bombo… muy vulgar. No sabía qué decir, que nervios.
Cuando quiso darse cuenta ya estaba llegando al pueblo, y todavía no había pensado qué decirle: pasaba casualmente por aquí y me he acercado a preguntarte si querías algo o si me querías a mí… sí claro, Francisca, eso es lo mejor que puedes decir. ¿Acaso además de las piernas se me han apagado las entendederas? No, se dijo, soy una mujer cabal, encontraré algo para decirle. Lo mejor, pensaba, es que las piernas no me van a temblar como me pasaba antes cuando lo veía. Y por fin llegó, estaba frente a la Casa de Comidas, se lo cruzaría en cualquier momento y estaba preparada para encontrarse con él… pero no abrazado a esa ojerosa, ladina, escuchimizada:
- Dª Águeda, Raimundo, qué sorpresa- Raimundo se había quedado completamente pálido al verla, su mundo se paró al contemplarla en una silla de ruedas.
- Sí, aquí estamos, dando un paseo- dijo Águeda- ¿Qué tal se encuentra? No pensaba que fuera a salir tan pronto.
- Ya ve, me apetecía estirar las piernas, uy que tonta, estirar los brazos quería decir.
- Al menos se lo toma con humor- siguió aquella insufrible mujer
- Sí, qué remedio.- Francisca miraba fijamente a Raimundo que seguía sin hablar.- No me dices nada Raimundo.
- No sabría qué decir, ¿estás recuperada del todo?
- En realidad solo de cintura para arriba, pero no me quejo, al menos esa parte funciona bien. – no como la de esa bruja, se dijo
- Me alegro por ti.
- Gracias- se quedaron en silencio. Raimundo y Francisca mirándose fijamente
- Creo que será mejor que sigamos con el paseo querido- ¿Qué le había dicho? La mato, se dijo, la mato
- ¿Querido? – dijo intentando disimular las ganas de atropellarlos con la silla
- Sí bueno…- empezó él
- Raimundo me propuso que hiciéramos oficial nuestra relación, al principio me negué, pero ya sabe cómo es este hombre.
- Sí. Ya lo sé- Lo miró- Pues espero que seáis muy felices, y que encontréis la dicha, pues no es eso al fin y al cabo lo que todos buscan, ser feliz con la persona amada.
Raimundo se quedó aún más pálido al escuchar de sus labios las palabras que él mismo le había dedicado y entender que ella lo había escuchado, que había bajado para verlo y lo había encontrado en menos de una semana, en brazos de otra.
- Si me disculpan los tortolitos, he de irme.
Francisca dio la vuelta sin mirarlos. Los odiaba, a él por veleta y chaquetero y a ella, por… existir simplemente. Pero, no se iba a quedar así, se iba a vengar costara lo que costase, se iban a enterar de quién era Francisca Montenegro.
Miri qeu bonito, si tendrian qeu poner una voz en off pa Rai en la serie porqeu no hay quien lo entienda.
Ruth qeu bueno!! o sea qeu risa, en el mejor lugar posible di qeu si y con publico y to, viva la Paca!!
Venga qeu yo tampoco me puedo resistir, os dejo el principio de uno de los relatos, ya los iré alternando pa que no os aburrais.
DOS HOMBRES Y UNA PACA!!
Los días pasaban lentamente desde se agónico despertar, el saberse inválida para el resto de sus días, allí sola postrada en una cama. Recibiendo reprimendas de sus hijos, de su doctora y hasta de la partera. De vez en cuando se sorprendía sonriendo amargamente, era una situación irónica, ella que siempre se había jactado de ser imparable estaba allí, tumbada, parada ciertamente, y para los restos. Solo había una cosa que le daba esperanzas, que la hacía sonreír, que conseguía emocionarla. No se lo había dicho a nadie, pero durante su periodo en coma había estado sumida en un profundo letargo que le impedía hablar, moverse y casi sentir, pero lo que en ocasiones sí podía era oír, sentir lo que había a su alrededor aunque muchas veces no sabía si aquello que parecía estar ocurriendo a su alrededor era real o un sueño. Eso fue exactamente lo que le parecieron las palabras de Raimundo. Había creído escucharle confesándole su amor, cogiéndola de la mano e incluso… besándola. Hubo un tiempo en el que lo creyó real, mas al despertar y ver que él no llegaba, que no iba a verla, que ni siquiera se molestaba en pasar a saludar como ella había hecho, fue perdiendo la esperanza. Y eso la enfadó, la enfadó que Raimundo pareciese haberse olvidado de ella, aunque más todavía pensar que aquella declaración, aquellas hermosas palabras nunca habían existido más que en su mente. Quizás por eso la negativa de confesar la verdad sobre Tristán, quizás. Aún así, y a pesar de haber perdido las esperanzas, seguía habiendo una parte de ella que necesitaba comprobarlo, comprobar que él nunca había estado allí.
Rosario entró interrumpiendo sus pensamientos y sin mediar palabra comenzó a darle las friegas que la doctora había recomendado. No sabía cómo decirlo, pero ella era la única a la que podía preguntar.
- Rosario
- Sí señora
- He estado pensando… quizás vino alguien a verme mientras estaba convaleciente por la operación, durante la operación o… en el coma. Me gustaría saber si vino alguien
- ¿Para qué señora?
- De buen nacido es ser agradecido, y ya que no lo pude recibir, quería agradecerlo ahora.
- Pues que yo recuerde no tuvo muchas visitas: sus hijos, Don Anselmo, la doctora, Pepa.
- ¿nadie más?
- No- apartó la mirada decepcionada- Bueno…- volvió a mirar- Creo que Tristán comentó que Raimundo había venido. Y… que le ha estado preguntando por usted.
La buena de Rosario siguió a lo suyo mientras Francisca se esforzaba por ocultar la sonrisa. La quería, la quería. Si no hubiera estado impedida hubiera dado saltos de alegría.
- Rosario.
- Si, señora
- Ya estoy harta de estar aquí postrada. Arregla la silla de ruedas y ayúdame a vestirme, quiero bajar al pueblo.
- Como quiera señora
Tardó un mundo en vestirse, en cualquier otro momento aquella situación le habría parecido humillante pero estaba demasiado ansiosa por encontrarse con Raimundo. Porque la amaba, se sentía como una quinceañera, mejor, se sentí como cuando aún estaban juntos. No sabía qué iba a hacer cuando lo viera. Saludarlo… muy frío. Decirle que también lo quería… muy directo. Decirle: hola Raimundo, te acuerdas de la última vez que yacimos, pues me hiciste un bombo… muy vulgar. No sabía qué decir, que nervios.
Cuando quiso darse cuenta ya estaba llegando al pueblo, y todavía no había pensado qué decirle: pasaba casualmente por aquí y me he acercado a preguntarte si querías algo o si me querías a mí… sí claro, Francisca, eso es lo mejor que puedes decir. ¿Acaso además de las piernas se me han apagado las entendederas? No, se dijo, soy una mujer cabal, encontraré algo para decirle. Lo mejor, pensaba, es que las piernas no me van a temblar como me pasaba antes cuando lo veía. Y por fin llegó, estaba frente a la Casa de Comidas, se lo cruzaría en cualquier momento y estaba preparada para encontrarse con él… pero no abrazado a esa ojerosa, ladina, escuchimizada:
- Dª Águeda, Raimundo, qué sorpresa- Raimundo se había quedado completamente pálido al verla, su mundo se paró al contemplarla en una silla de ruedas.
- Sí, aquí estamos, dando un paseo- dijo Águeda- ¿Qué tal se encuentra? No pensaba que fuera a salir tan pronto.
- Ya ve, me apetecía estirar las piernas, uy que tonta, estirar los brazos quería decir.
- Al menos se lo toma con humor- siguió aquella insufrible mujer
- Sí, qué remedio.- Francisca miraba fijamente a Raimundo que seguía sin hablar.- No me dices nada Raimundo.
- No sabría qué decir, ¿estás recuperada del todo?
- En realidad solo de cintura para arriba, pero no me quejo, al menos esa parte funciona bien. – no como la de esa bruja, se dijo
- Me alegro por ti.
- Gracias- se quedaron en silencio. Raimundo y Francisca mirándose fijamente
- Creo que será mejor que sigamos con el paseo querido- ¿Qué le había dicho? La mato, se dijo, la mato
- ¿Querido? – dijo intentando disimular las ganas de atropellarlos con la silla
- Sí bueno…- empezó él
- Raimundo me propuso que hiciéramos oficial nuestra relación, al principio me negué, pero ya sabe cómo es este hombre.
- Sí. Ya lo sé- Lo miró- Pues espero que seáis muy felices, y que encontréis la dicha, pues no es eso al fin y al cabo lo que todos buscan, ser feliz con la persona amada.
Raimundo se quedó aún más pálido al escuchar de sus labios las palabras que él mismo le había dedicado y entender que ella lo había escuchado, que había bajado para verlo y lo había encontrado en menos de una semana, en brazos de otra.
- Si me disculpan los tortolitos, he de irme.
Francisca dio la vuelta sin mirarlos. Los odiaba, a él por veleta y chaquetero y a ella, por… existir simplemente. Pero, no se iba a quedar así, se iba a vengar costara lo que costase, se iban a enterar de quién era Francisca Montenegro.
#6183
11/02/2012 22:17
El viento azuzaba las ramas de los árboles. Le hubiera gustado salir a pasear, pero no podía, ni quería. Y si se los volvía a encontrar. No, mejor se quedaba allí, sentada, viendo la vida pasar. Concentraba sus energías en odiar a Raimundo y a aquella bicha insípida que había llegado a su vida para ponerla patas arriba, ¿quién se creía que era para robarle así a Raimundo, a su Raimundo? Lagarta ojerosa, arpía demente, bruja rosa… Dios, qué mala leche le ponía pensar en aquello, hubiera podido coger a ese mal intento de tarta rellena y…
- Señora- la voz de Rosario interrumpió sus sueños vengativos- Ha venido a verla Don Anselmo.
- Que pase- otra vez aquel santo párroco, santo por decir algo.
- Buenos días doña Francisca
- Buenos días padre, ¿qué le trae aquí tan temprano?
- Ya puede imaginárselo, ayer hablé con Raimundo y me dijo que lo vio, con Águeda
- ¿Y ha venido a ver cómo estoy? Pues estoy perfectamente, que no crea ese tabernero de pacotilla que me iba a molestar verlo ennoviado a sus años con esa… escuchimizada sin gusto.
- Ya veo que está de lo más tranquila…
- Pues sí lo estoy- dijo gritando- y si no me cree me la trae al pairo, fíjese. Ya puede ir a Raimundo y decirle que me importa un bledo si es tan tonto como para pasar su tiempo con esa bruja anodina, y cuidado, que lo digo desde el cariño- no se lo creía ni ella.
- Dª Francisca, nos conocemos, y yo sé algo que nadie más sabe. No tiene que fingir conmigo. – Ella lo miró seria
- Pues sí, lo odio, lo aborrezco, no consigo dormir, ni comer, ni pensar en nada que no sea en ellos juntos y eso me mata, pero no creo que quiera estar al tanto de todos mis pensamientos impuros, padre.
- Y, dígame, no ha pensado en decirle lo de Tristán
- Ahora menos que nunca, no pienso decirle lo de mi niño. Por lo que a mí respecta es mío y solo mío, para lo que él hizo, una noche de pasión y después se lía con el primer florero-espantapájaros que pasa frente a él.
- De veras que lo lamento, por el muchacho y por usted. Sé que no lo admitirá ni aunque le fuera la vida en ello, pero que le duele mucho, más de lo que quiere hacer ver.
- Empiezo a pensar que es el único que me conoce de verdad
- Son muchos años, y aunque no apruebe sus decisiones, la tengo en gran estima.
Entonces se le ocurrió una idea, un tanto… perversa
- Don Anselmo, ¿usted me ayudaría, en honor a la amistad que nos une?
- ¿A qué?
- A que mi alma descanse en paz y pueda sentirme más libre para confesarle a Tristán la verdad.
- En ese caso, haré lo que sea.
- Bien, bien
Ya os adelanto yo que esta idea de la Paca va a ser total!! poco creible a lo mejor, pero me lo he inventado yo no le busqueis el sentido, en el proximo capitulo Raimundo muriendose de celos y de to un poco, buenas noches!
- Señora- la voz de Rosario interrumpió sus sueños vengativos- Ha venido a verla Don Anselmo.
- Que pase- otra vez aquel santo párroco, santo por decir algo.
- Buenos días doña Francisca
- Buenos días padre, ¿qué le trae aquí tan temprano?
- Ya puede imaginárselo, ayer hablé con Raimundo y me dijo que lo vio, con Águeda
- ¿Y ha venido a ver cómo estoy? Pues estoy perfectamente, que no crea ese tabernero de pacotilla que me iba a molestar verlo ennoviado a sus años con esa… escuchimizada sin gusto.
- Ya veo que está de lo más tranquila…
- Pues sí lo estoy- dijo gritando- y si no me cree me la trae al pairo, fíjese. Ya puede ir a Raimundo y decirle que me importa un bledo si es tan tonto como para pasar su tiempo con esa bruja anodina, y cuidado, que lo digo desde el cariño- no se lo creía ni ella.
- Dª Francisca, nos conocemos, y yo sé algo que nadie más sabe. No tiene que fingir conmigo. – Ella lo miró seria
- Pues sí, lo odio, lo aborrezco, no consigo dormir, ni comer, ni pensar en nada que no sea en ellos juntos y eso me mata, pero no creo que quiera estar al tanto de todos mis pensamientos impuros, padre.
- Y, dígame, no ha pensado en decirle lo de Tristán
- Ahora menos que nunca, no pienso decirle lo de mi niño. Por lo que a mí respecta es mío y solo mío, para lo que él hizo, una noche de pasión y después se lía con el primer florero-espantapájaros que pasa frente a él.
- De veras que lo lamento, por el muchacho y por usted. Sé que no lo admitirá ni aunque le fuera la vida en ello, pero que le duele mucho, más de lo que quiere hacer ver.
- Empiezo a pensar que es el único que me conoce de verdad
- Son muchos años, y aunque no apruebe sus decisiones, la tengo en gran estima.
Entonces se le ocurrió una idea, un tanto… perversa
- Don Anselmo, ¿usted me ayudaría, en honor a la amistad que nos une?
- ¿A qué?
- A que mi alma descanse en paz y pueda sentirme más libre para confesarle a Tristán la verdad.
- En ese caso, haré lo que sea.
- Bien, bien
Ya os adelanto yo que esta idea de la Paca va a ser total!! poco creible a lo mejor, pero me lo he inventado yo no le busqueis el sentido, en el proximo capitulo Raimundo muriendose de celos y de to un poco, buenas noches!
#6184
11/02/2012 23:00
os dejo un video que he hecho porque me ha recordado el relato de miri a esta cancion. Los pensamientos de raimundo pueden ir acompañados de esta musica
#6185
12/02/2012 01:29
Os dejo esto antes de irme a dormir que ya es hora. Mañana comento los maravillosos relatos que hay por aqui.
En este trozo no avanzo mucho, yo diria que casi nada, pero bueno. Espero como siempre que os guste.
GOTAS DEL PASADO
El suave camisón de Francisca se amoldó sin problemas a las curvas de su cuerpo. La mujer llevó sus manos hacia delante y comenzó a abrochar la hilera de botones que constituían el cierre de la prenda.
Dirigió sus pasos hacia la hermosa peinadora que había justo al fondo de la habitación. Arrastró un poco la banqueta que allí estaba. Tras hacerlo dejó caer el peso de su cuerpo sobre ella. Sentándose. Alzó un poco sus brazos. Llevando la palma de su mano sobre su nuca. Sin apartarla y con un movimiento suave, sacó sus cabellos de bajo la seda de la prenda que acababa de colocarse. Llevó su melena hacia adelante. Sin apenas dejarla reposar comenzó a desenredarla. Al terminar soltó el cepillo sobre la peinadora y dividió su pelo en tres mechones. Empezó así a entrelazarlos con una deslumbrante maestría. Y al quedarse sin posibilidad de realizar más movimientos ató un pequeño lazo alrededor del extremo. Cuando lo hizo dejó caer la trenza. Dejándola descansar sobre su pecho.
Ahora, sin ningún molesto mechón ocultando su precioso rostro se miró en el espejo. En aquel momento no se vio hermosa. No veía belleza alguna en las heridas que allí encontraba. No. No la había. Llevó las yemas de sus dedos a su mejilla. Acariciando levemente los bordes de aquel morado. Contrajo su rostro en un gesto de dolor al presionar más de lo debido sobre la marca.
-Ay.-exclamó en un susurro.
Tomó uno de los algodones que Rosario le había dejado sobre la peinadora. Acompañado este de un pequeño bote con alcohol. Vertió el contenido del frasco en el algodón. Empapándolo. Lo pasó por la brecha que acompañaba al hematoma. Desinfectándola. Intentando con ello que sanase rápido. Aunque de igual forma no lo hiciese su corazón. Malherido este por los golpes da Salvador. Destrozado desde hacía tiempo por un amor malogrado. Por un abandono injustificado. Por un odio aparentado. La herida escoció provocando que Francisca se tensara momentáneamente. Cerró sus ojos y soltó el algodón. Tomó otro seco. Pasándolo suavemente sobre la herida. Secándola de alguna forma. Al terminar se levantó. No quiso mirarse al espejo. Estaba harta de hacerlo y no encontrar más que dolor y sufrimiento en él. Harta de día tras día no poder sonreír pues su alma no sentía dicha alguna. De ser con él, el espejo, con el único con quien podía llorar tranquila. Llorar, eso era lo único que le apetecía hacer. Llorar hasta cansarse. Hasta quedarse sin lágrimas. Llorar hasta olvidar todo el daño que le habían causado. Meneó la cabeza. No quería pasar el tiempo que tenía para estar sola recordando a Salvador. Tampoco quiso hacerlo con Raimundo. Mas esto último no pudo evitarlo. Y menos con ese encuentro que habían tenido en mitad de la plaza. De nuevo un encuentro cargado de palabras hirientes. De dagas que, ya casi como una costumbre, se lanzaban mutuamente. Pero, en este encuentro había sentido miedo. Temor porque Raimundo viese sus heridas. Aunque, de nuevo, la vida se mofó de ella y lo hizo verlo. Lo hizo preguntarle por las marcas que tenía en la cara. Francisca sonrió en aquel momento. “Preocupado” Se reía de sí misma por pensar que Raimundo podía estarlo por ella. No. No lo estaba. Ella ya no le importaba. El amor que hubo entre ambos ya solo quedaba allí. En el sitio de siempre. En su corazón. Pero no en el de él. Meneó la cabeza. No quería hacerse más daño pensando en él. No quería seguir recordándolo.
Justo en el momento en el que, con autoridad sobre ella misma, decidió poner fin a sus pensamientos un sonido la alertó. Unos pequeños toques en la puerta.
-Adelante.-dijo lo suficiente alto como para que quien estuviese al otro lado la escuchase.
-Madre.- Tristán. Su niño entró lentamente en la habitación. Francisca esbozó la sonrisa más sincera y amplia que pudo.
-¿Qué te ocurre, pequeño?- su voz sonaba suave. Con él siempre lo hacía. El niño se acercó a ella. Había entrado casi sin motivo. Dudaba que su madre fuese a su habitación para darle un beso de buenas noches y quiso asegurar aquel beso. Además Tristán, que cada vez era más responsable y consiente de todo, notaba como a Francisca le costaba ir de un lado a otro debido a su embarazo.
-Quería ver como estaba mi hermanito.- dijo ocultando en parte sus motivos. Sonriente. Sonrisa que dejaba ver aquellos dientes aún torcidos debido a su corta edad.
-Y tú madre qué.- repuso Francisca fingiendo estar enfadada. El pequeño rió al ver el mohín de su madre. –Pero es que encima te atreves a reírte.- sus palabras y su tono de voz sonaban escandalizados pero su rostro no reflejaba tal estado.
-También quería saber cómo estaba.- contestó el niño una vez que se hubo serenado. Fue entonces cuando se fijó en las heridas que, aunque ya las había visto con anterioridad, le seguían pareciendo muy feas. -¿Quiere que se las cure?- le preguntó. Francisca se inclinó un poco y flexionando sus rodillas lo necesario besó la frente de su hijo a modo de respuesta. Tristán no la dejó apartarse y la abrazó tiernamente. Una lágrima estuvo a punto de caer sobre la mejilla de Francisca al recibir el gesto. Tras unos instantes en los que ambos se aferraban al otro con amor se separaron.
-Mi vida.- le susurró al tiempo que le acariciaba fugazmente el rostro.
-¿Puedo?- le preguntó el chiquillo con temor. Francisca asintió dejándolo colocar su pequeña mano sobre el vientre abultado de ella.
-Serás el mejor hermano mayor.- pronunció. Sin dejar de observar como Tristán acariciaba con ternura su barriga. El niño la miro con sus grandes ojos castaños. Buscó con la mano libre la de su madre y la aferró con fuerza.
Tristán desbordaba amor, cariño y ternura. Los mismos que Francisca necesitaba.
En este trozo no avanzo mucho, yo diria que casi nada, pero bueno. Espero como siempre que os guste.
GOTAS DEL PASADO
El suave camisón de Francisca se amoldó sin problemas a las curvas de su cuerpo. La mujer llevó sus manos hacia delante y comenzó a abrochar la hilera de botones que constituían el cierre de la prenda.
Dirigió sus pasos hacia la hermosa peinadora que había justo al fondo de la habitación. Arrastró un poco la banqueta que allí estaba. Tras hacerlo dejó caer el peso de su cuerpo sobre ella. Sentándose. Alzó un poco sus brazos. Llevando la palma de su mano sobre su nuca. Sin apartarla y con un movimiento suave, sacó sus cabellos de bajo la seda de la prenda que acababa de colocarse. Llevó su melena hacia adelante. Sin apenas dejarla reposar comenzó a desenredarla. Al terminar soltó el cepillo sobre la peinadora y dividió su pelo en tres mechones. Empezó así a entrelazarlos con una deslumbrante maestría. Y al quedarse sin posibilidad de realizar más movimientos ató un pequeño lazo alrededor del extremo. Cuando lo hizo dejó caer la trenza. Dejándola descansar sobre su pecho.
Ahora, sin ningún molesto mechón ocultando su precioso rostro se miró en el espejo. En aquel momento no se vio hermosa. No veía belleza alguna en las heridas que allí encontraba. No. No la había. Llevó las yemas de sus dedos a su mejilla. Acariciando levemente los bordes de aquel morado. Contrajo su rostro en un gesto de dolor al presionar más de lo debido sobre la marca.
-Ay.-exclamó en un susurro.
Tomó uno de los algodones que Rosario le había dejado sobre la peinadora. Acompañado este de un pequeño bote con alcohol. Vertió el contenido del frasco en el algodón. Empapándolo. Lo pasó por la brecha que acompañaba al hematoma. Desinfectándola. Intentando con ello que sanase rápido. Aunque de igual forma no lo hiciese su corazón. Malherido este por los golpes da Salvador. Destrozado desde hacía tiempo por un amor malogrado. Por un abandono injustificado. Por un odio aparentado. La herida escoció provocando que Francisca se tensara momentáneamente. Cerró sus ojos y soltó el algodón. Tomó otro seco. Pasándolo suavemente sobre la herida. Secándola de alguna forma. Al terminar se levantó. No quiso mirarse al espejo. Estaba harta de hacerlo y no encontrar más que dolor y sufrimiento en él. Harta de día tras día no poder sonreír pues su alma no sentía dicha alguna. De ser con él, el espejo, con el único con quien podía llorar tranquila. Llorar, eso era lo único que le apetecía hacer. Llorar hasta cansarse. Hasta quedarse sin lágrimas. Llorar hasta olvidar todo el daño que le habían causado. Meneó la cabeza. No quería pasar el tiempo que tenía para estar sola recordando a Salvador. Tampoco quiso hacerlo con Raimundo. Mas esto último no pudo evitarlo. Y menos con ese encuentro que habían tenido en mitad de la plaza. De nuevo un encuentro cargado de palabras hirientes. De dagas que, ya casi como una costumbre, se lanzaban mutuamente. Pero, en este encuentro había sentido miedo. Temor porque Raimundo viese sus heridas. Aunque, de nuevo, la vida se mofó de ella y lo hizo verlo. Lo hizo preguntarle por las marcas que tenía en la cara. Francisca sonrió en aquel momento. “Preocupado” Se reía de sí misma por pensar que Raimundo podía estarlo por ella. No. No lo estaba. Ella ya no le importaba. El amor que hubo entre ambos ya solo quedaba allí. En el sitio de siempre. En su corazón. Pero no en el de él. Meneó la cabeza. No quería hacerse más daño pensando en él. No quería seguir recordándolo.
Justo en el momento en el que, con autoridad sobre ella misma, decidió poner fin a sus pensamientos un sonido la alertó. Unos pequeños toques en la puerta.
-Adelante.-dijo lo suficiente alto como para que quien estuviese al otro lado la escuchase.
-Madre.- Tristán. Su niño entró lentamente en la habitación. Francisca esbozó la sonrisa más sincera y amplia que pudo.
-¿Qué te ocurre, pequeño?- su voz sonaba suave. Con él siempre lo hacía. El niño se acercó a ella. Había entrado casi sin motivo. Dudaba que su madre fuese a su habitación para darle un beso de buenas noches y quiso asegurar aquel beso. Además Tristán, que cada vez era más responsable y consiente de todo, notaba como a Francisca le costaba ir de un lado a otro debido a su embarazo.
-Quería ver como estaba mi hermanito.- dijo ocultando en parte sus motivos. Sonriente. Sonrisa que dejaba ver aquellos dientes aún torcidos debido a su corta edad.
-Y tú madre qué.- repuso Francisca fingiendo estar enfadada. El pequeño rió al ver el mohín de su madre. –Pero es que encima te atreves a reírte.- sus palabras y su tono de voz sonaban escandalizados pero su rostro no reflejaba tal estado.
-También quería saber cómo estaba.- contestó el niño una vez que se hubo serenado. Fue entonces cuando se fijó en las heridas que, aunque ya las había visto con anterioridad, le seguían pareciendo muy feas. -¿Quiere que se las cure?- le preguntó. Francisca se inclinó un poco y flexionando sus rodillas lo necesario besó la frente de su hijo a modo de respuesta. Tristán no la dejó apartarse y la abrazó tiernamente. Una lágrima estuvo a punto de caer sobre la mejilla de Francisca al recibir el gesto. Tras unos instantes en los que ambos se aferraban al otro con amor se separaron.
-Mi vida.- le susurró al tiempo que le acariciaba fugazmente el rostro.
-¿Puedo?- le preguntó el chiquillo con temor. Francisca asintió dejándolo colocar su pequeña mano sobre el vientre abultado de ella.
-Serás el mejor hermano mayor.- pronunció. Sin dejar de observar como Tristán acariciaba con ternura su barriga. El niño la miro con sus grandes ojos castaños. Buscó con la mano libre la de su madre y la aferró con fuerza.
Tristán desbordaba amor, cariño y ternura. Los mismos que Francisca necesitaba.
#6186
12/02/2012 01:38
NECESITADOS DE AMOR
No sabía cómo se había dejado convencer por Rosario para salir de la cama y, con la ayuda de de Mauricio y otro jornalero, sentarse en esa silla de ruedas que, según la doctora, la acompañaría resto de su vida.
- Señora hace un día precioso. Debería salir al jardín. - Dijo Rosario un poco temerosa de la reacción de ella.
- Haz lo que quieras Rosario. Hoy no tengo ánimos ni ganas de discutir.
Entonces, Rosario empujó la silla hacia el jardín de la Casona. Francisca se sintió viva al percibir el resplandeciente Sol en la cara, y no pudo evitar que una sonrisa asomara en su hermoso rostro.
- Bueno señora, la dejo aquí, que tengo mucho que hacer en la cocina.
- Gracias, Rosario. - Dijo Francisca, tomando la mano de Rosario - Por todo. Por cuidar de mis hijos como si de los tuyos se tratase y, sobre todo, por ese afecto que me tienes a pesar de que no siempre te traté como hubiera debido.
- Es que yo veo a esa Francisca que intenta ocultar a todo el mundo. - Dijo Rosario esbozando una sonrisa y marchando a la cocina.
Francisca se quedó sola en ese momento, o eso es lo que ella creía, porque un par de ojos la observaban enamorados. Raimundo temía acercarse. Estaba tan hermosa con ese camisón y el cabello suelto, que pensó que moriría contemplándola. Había bebido un par de chatos de vino para animarse a hacer lo que de otra manera su cordura le habría impedido. Se tambaleó un poco, y eso hizo que pisara una rama seca alertando a Francisca de que no estaba sola.
- ¿Quién anda ahí? - Dijo ella un poco asustada.
- Soy yo, Francisca. - Contestó Raimundo acercándose a ella.
No sabía cómo se había dejado convencer por Rosario para salir de la cama y, con la ayuda de de Mauricio y otro jornalero, sentarse en esa silla de ruedas que, según la doctora, la acompañaría resto de su vida.
- Señora hace un día precioso. Debería salir al jardín. - Dijo Rosario un poco temerosa de la reacción de ella.
- Haz lo que quieras Rosario. Hoy no tengo ánimos ni ganas de discutir.
Entonces, Rosario empujó la silla hacia el jardín de la Casona. Francisca se sintió viva al percibir el resplandeciente Sol en la cara, y no pudo evitar que una sonrisa asomara en su hermoso rostro.
- Bueno señora, la dejo aquí, que tengo mucho que hacer en la cocina.
- Gracias, Rosario. - Dijo Francisca, tomando la mano de Rosario - Por todo. Por cuidar de mis hijos como si de los tuyos se tratase y, sobre todo, por ese afecto que me tienes a pesar de que no siempre te traté como hubiera debido.
- Es que yo veo a esa Francisca que intenta ocultar a todo el mundo. - Dijo Rosario esbozando una sonrisa y marchando a la cocina.
Francisca se quedó sola en ese momento, o eso es lo que ella creía, porque un par de ojos la observaban enamorados. Raimundo temía acercarse. Estaba tan hermosa con ese camisón y el cabello suelto, que pensó que moriría contemplándola. Había bebido un par de chatos de vino para animarse a hacer lo que de otra manera su cordura le habría impedido. Se tambaleó un poco, y eso hizo que pisara una rama seca alertando a Francisca de que no estaba sola.
- ¿Quién anda ahí? - Dijo ella un poco asustada.
- Soy yo, Francisca. - Contestó Raimundo acercándose a ella.
#6187
12/02/2012 10:32
Así da gusto levantarse si lo primero qeu pillas son estas historias!!!
Maria Jose el video precioso!
Rocio: que bonito!! Este Tristi es un solete, a ver si los ve Rai
Jessi: pero chica no pares en lo mejor, uqe me has dejado con la emocion contenida!
Maria Jose el video precioso!
Rocio: que bonito!! Este Tristi es un solete, a ver si los ve Rai
Jessi: pero chica no pares en lo mejor, uqe me has dejado con la emocion contenida!
#6188
12/02/2012 12:16
Buenas chicas!
No suelo comentar mucho por aqui,mas que nada porque yo con estos dos estoy dividido.
Por una parte la pareja de Raimundo y Francisca me agrada,y por todo lo que han pasado se merecen estar juntos.Pero tambien Francisca le hizo sufrir mucho a Raimundo y le esta ocultando que tiene un hijo suyo y por eso no se lo merece tanto.
Y por eso por otro lado la pareja de Agueda y Raimundo no me disgusta,sino que creo que Raimundo despues de tantos años sufriendo lo que le hacia la Doña,se merece ser feliz,y si no puede con Francisa,pues ha encontrado en Agueda la personalidad de Francisca de joven:dulce y comprensiva.
Asi que yo preferiria que primero estubiera con Agueda para ver como se pone celosa Francisca y si quiere conseguir a Raimundo que lo haga,pero costandole para que entienda como estaba Raimundo cuando ella se caso con Salvador.
Bueno,me ire pasando mas por aqui!
No suelo comentar mucho por aqui,mas que nada porque yo con estos dos estoy dividido.
Por una parte la pareja de Raimundo y Francisca me agrada,y por todo lo que han pasado se merecen estar juntos.Pero tambien Francisca le hizo sufrir mucho a Raimundo y le esta ocultando que tiene un hijo suyo y por eso no se lo merece tanto.
Y por eso por otro lado la pareja de Agueda y Raimundo no me disgusta,sino que creo que Raimundo despues de tantos años sufriendo lo que le hacia la Doña,se merece ser feliz,y si no puede con Francisa,pues ha encontrado en Agueda la personalidad de Francisca de joven:dulce y comprensiva.
Asi que yo preferiria que primero estubiera con Agueda para ver como se pone celosa Francisca y si quiere conseguir a Raimundo que lo haga,pero costandole para que entienda como estaba Raimundo cuando ella se caso con Salvador.
Bueno,me ire pasando mas por aqui!
#6189
12/02/2012 12:46
Buen domingo a todas! Me voy dentro de un ratillo que tengo comida familiar :) Pero antes aprovecho y comento.
Miri, me emocionas muchisimo con los miedos de Raimundo. Es la mejor forma de entender por qué nuestro Raimundo actua de esa manera aparentemente tan incomprensible. Al menos si no queremos tirarnos de los pelos. Sigue que quiero ver como afrontas la conversación del otro día con la bicha y la que nos espera mañana.
Laury, jaja "DOS HOMBRES Y UNA PACA"
Con en título ya me parto. Me ha dado penilla ver como Francisca toda ilusionada va reencontrarse con Raimundo y se lo encuentra con la bicha. Pero es genial todos los sapos y culebras que hecha sobre la insipida. Que a Francisca le damos el BORA y nos deja sin espacio para meter una palabrilla más. A ver que le va a pedir a Don Anselmo. Continua con este pronto.
Ruth, te adoro. Jaja en el Jaral no se nos habia ocurido. Y con espectadores jaja, esto es calidad si señor. "Perdonad que no me levante a saludarles". Tronchante. Me encanta.
Mariajose, que BONITO. La canción le viene de perlas. Maravilloso
Fann3 tu opinion es tan respetable como la de cualquiera, pero por aqui ninguna quiere que haya nada con Voldemort. Nada de nada. Rien. Nothing... Raimundo Ulloa es para Francisca Montenegro solo. Que si, que los celos estarán genial, pero quiero que Raimundo se de cuenta rapidito y termine esto cuanto antes. Que ultimamente es pura agonia todo.
Un besazo a todas, os leo a la tarde
Miri, me emocionas muchisimo con los miedos de Raimundo. Es la mejor forma de entender por qué nuestro Raimundo actua de esa manera aparentemente tan incomprensible. Al menos si no queremos tirarnos de los pelos. Sigue que quiero ver como afrontas la conversación del otro día con la bicha y la que nos espera mañana.
Laury, jaja "DOS HOMBRES Y UNA PACA"
Con en título ya me parto. Me ha dado penilla ver como Francisca toda ilusionada va reencontrarse con Raimundo y se lo encuentra con la bicha. Pero es genial todos los sapos y culebras que hecha sobre la insipida. Que a Francisca le damos el BORA y nos deja sin espacio para meter una palabrilla más. A ver que le va a pedir a Don Anselmo. Continua con este pronto. Ruth, te adoro. Jaja en el Jaral no se nos habia ocurido. Y con espectadores jaja, esto es calidad si señor. "Perdonad que no me levante a saludarles". Tronchante. Me encanta.
Mariajose, que BONITO. La canción le viene de perlas. Maravilloso

Fann3 tu opinion es tan respetable como la de cualquiera, pero por aqui ninguna quiere que haya nada con Voldemort. Nada de nada. Rien. Nothing... Raimundo Ulloa es para Francisca Montenegro solo. Que si, que los celos estarán genial, pero quiero que Raimundo se de cuenta rapidito y termine esto cuanto antes. Que ultimamente es pura agonia todo.
Un besazo a todas, os leo a la tarde
#6190
12/02/2012 13:05
Buenos días por la mañana!
a ver,vamos por partes jeje
Laury,estás fatal de los tuyo
¡Me encanta ese título! jajaja preveo que me voy a echar unas buenas risas con esta historia. Igual que con todas las que escribes.
Rocio,cómo extrañaba esas Gotas del pasado. ¡Cuánto tuvo que sufrir esta mujer! Ya no solo golpes. Ni el abandono de Raimundo. Sino además la soledad...esa en la que a veces se vive aunque estés rodeado de mucha gente.
Cada día amo más a Francisca. Por todo lo que tuvo que vivir.
Jessi! continua ese encuentro en el jardín!
mariajo,me apasiona el video. Gracias,gracias, gracias!
Luego me pongo con mi reto,siamesa. ¡Esto es la guerra!
fann3, bienvenido (creo que eres chico,no? ). Espero que escribas por aquí mas a menudo. Tu opinión es respetada, pero aquí no queremos a la bicha ni un poquito jejeje. Yo se que todo el mundo odia a Francisca por todo lo que se supone que ha hecho sufrir a Tristán, a Pepa, a Soledad... y sí, incluso a Raimundo. Privándole de saber que Tristán es su hijo.
¡Y digo yo!
¿Alguien se remonta al origen de todo esto? Es cierto que ha hecho daño a Raimundo,pero no fue él acaso el primero en dar la estocada? abandonándole? rompiéndole el corazón? Dejándole sola a su suerte y encima embarazada para casarse con otra mujer que tenía más dinero?
30 años tardó esta mujer en conocer las razones "supuestamente nobles" de Raimundo (yo tengo mi opinión al respecto,y creo que él se equivocó y mucho al actuar de esa manera). Sinceramente,si yo me quedo embarazada de un hombre que me promete amor eterno y que de pronto se larga para casarse con otra,os aseguro que tampoco le hubiera contado lo del niño. El tema de porqué no lo hace ahora, es demasiado complejo. Hay que situarse en la época. En todo el tiempo transcurrido. Y en que, a pesar de que ella diga que todo es por el patrimonio, eso es una mentira como una casa. Tiene un miedo atroz. Y ya no al posible odio de Raimundo (que también). Creo que teme ver odio en la mirada de su hijo. E incomprensión.
Todos hemos visto cómo el pueblo se cebó con Emilia al quedarse embarazada siendo soltera. Pues bien,imaginad eso mismo 30 años antes y encima en una familia con posibles.
Repito. Francisca ha hecho mucho daño a Raimundo. Pero siendo justos,no debemos olvidar todo el daño que Raimundo le ha hecho a ella. Aquí no solo hay una persona "malvada". A pesar de que siempre nos quieran poner a Francisca como lo peor de este mundo.
Ahí queda mi opinión. Como siempre, no pretendo que nadie cambie de parecer. Lo único que me gustaría es que se mirase un poco más allá. Entonces se verían muchas más cosas de esa Francisca que yo amo y adoro. Se merece ser feliz junto a Raimundo. Perdonándose mutuamente muchas cosas los dos.
y de nuevo, bienvenido!
a ver,vamos por partes jeje
Laury,estás fatal de los tuyo
¡Me encanta ese título! jajaja preveo que me voy a echar unas buenas risas con esta historia. Igual que con todas las que escribes.Rocio,cómo extrañaba esas Gotas del pasado. ¡Cuánto tuvo que sufrir esta mujer! Ya no solo golpes. Ni el abandono de Raimundo. Sino además la soledad...esa en la que a veces se vive aunque estés rodeado de mucha gente.
Cada día amo más a Francisca. Por todo lo que tuvo que vivir.
Jessi! continua ese encuentro en el jardín!
mariajo,me apasiona el video. Gracias,gracias, gracias!
Luego me pongo con mi reto,siamesa. ¡Esto es la guerra!

fann3, bienvenido (creo que eres chico,no? ). Espero que escribas por aquí mas a menudo. Tu opinión es respetada, pero aquí no queremos a la bicha ni un poquito jejeje. Yo se que todo el mundo odia a Francisca por todo lo que se supone que ha hecho sufrir a Tristán, a Pepa, a Soledad... y sí, incluso a Raimundo. Privándole de saber que Tristán es su hijo.
¡Y digo yo!
¿Alguien se remonta al origen de todo esto? Es cierto que ha hecho daño a Raimundo,pero no fue él acaso el primero en dar la estocada? abandonándole? rompiéndole el corazón? Dejándole sola a su suerte y encima embarazada para casarse con otra mujer que tenía más dinero?
30 años tardó esta mujer en conocer las razones "supuestamente nobles" de Raimundo (yo tengo mi opinión al respecto,y creo que él se equivocó y mucho al actuar de esa manera). Sinceramente,si yo me quedo embarazada de un hombre que me promete amor eterno y que de pronto se larga para casarse con otra,os aseguro que tampoco le hubiera contado lo del niño. El tema de porqué no lo hace ahora, es demasiado complejo. Hay que situarse en la época. En todo el tiempo transcurrido. Y en que, a pesar de que ella diga que todo es por el patrimonio, eso es una mentira como una casa. Tiene un miedo atroz. Y ya no al posible odio de Raimundo (que también). Creo que teme ver odio en la mirada de su hijo. E incomprensión.
Todos hemos visto cómo el pueblo se cebó con Emilia al quedarse embarazada siendo soltera. Pues bien,imaginad eso mismo 30 años antes y encima en una familia con posibles.
Repito. Francisca ha hecho mucho daño a Raimundo. Pero siendo justos,no debemos olvidar todo el daño que Raimundo le ha hecho a ella. Aquí no solo hay una persona "malvada". A pesar de que siempre nos quieran poner a Francisca como lo peor de este mundo.
Ahí queda mi opinión. Como siempre, no pretendo que nadie cambie de parecer. Lo único que me gustaría es que se mirase un poco más allá. Entonces se verían muchas más cosas de esa Francisca que yo amo y adoro. Se merece ser feliz junto a Raimundo. Perdonándose mutuamente muchas cosas los dos.
y de nuevo, bienvenido!
#6191
12/02/2012 13:33
Hola!!!
Fann 3 bienvenido, yo entiendo tus razones pero la verdad es qeu apoyo a Ruth 100%, Francisca ha sufrido muchisimo y nadie parece querer darse cuenta, en realidad no es mala, es una incomprendida de la vida, y un poco perversa
Para las qeu pensais que se me va la pinza: AGARRAOS porque eso no es nada, a ver qeu os parece esta salida de tono que me esta dando mucho de si, os hago una avance rapido de este relato: muchos celos, pasion, chulazos y amores prohibidos...
Os dejo otro trocete pa qeu veais hasta donde llega mi cabeza loca!!
DOS HOMBRES Y UNA PACA
- ¿Cómo dice? Pero eso es terrible, pecado mortal.
- Es como una pequeña obra, padre, fingir, actuar, mentir un poco, pero por una buena causa.
- ¿Si accedo le dirá la verdad a Tristán?
- Sí, cuando hayamos acabado con Raimundo
- ¿Y si quiero ponerle fin a la broma, lo hará?
- Sí, lo prometo.
- Puede que me arrepienta, pero acepto. Que Dios nos pille confesados.
- No, a nosotros no padre, a ellos…- Le divertía tanto su idea que no podía dejar de sonreír.- En un rato comenzará la función, pero para aplacar los nervios ¿qué tal unas copitas de brandy?
Solo que la copita se convirtió en varias botellas y al llegar el momento de salir al encuentro de Raimundo los dos parecían cuanto menos algo achispados. Don Anselmo fue con Francisca a pasear por el pueblo. Los dos estaban muy nerviosos, el cura porque no sabría si podría mentir a un amigo como Raimundo, y ella porque sabía que se exponía a verlos de nuevo juntos, pero esta vez tenía un arma secreta, un pequeño as en la manga. Para quitar hierro al asunto, los dos iban charlando amigablemente, lo cierto era que el propio nerviosismo hacía que Francisca no pudiera dejar de sonreír, ansiosa por ver la reacción de Raimundo y por que todo saliera bien. Eso sumado a las botellas vacías de la Casona hacía que sus carcajadas se oyeran por toda la plaza.
- Pues sí Don Anselmo, eso dijo, en mitad de misa, a grito pelado. Le juro que nunca había visto nada así.
- Qué barbaridad- el cura parecía escandalizado, pero aún así reía de buena gana.
Entonces apareció, Raimundo salió de la nada para chocarse con ellos
- Vaya, lo siento, ahora parece que soy un peligro público.- dijo ella
- Querrá decir más que antes- dijo el cura.
- Qué malo eres, Anselmo- y los dos, ella y el párroco echaron a reír
Raimundo se quedó parado, ¿Anselmo? ¿y esas risas? ¿a santo de qué?
- Se os ve muy animados
- Será que lo estamos- dijo Francisca
- ¿Se puede saber por qué?- se interesó Raimundo
- Porque es bonito tener alguien en quien confiar y que te ayude. Don Anselmo está siendo un gran apoyo para mí.
- Me halagas, Francisca, yo solo hago lo que haría cualquiera
- No, cualquiera no, Raimundo por ejemplo ni ha pasado a verme, y en cambio usted está conmigo cada día- Se miraron acaramelados
Raimundo volvió a preguntarse qué narices estaba pasado y desde cuándo esos dos se tuteaban. No sabía por qué, porque en el fondo sabía que era imposible, pero una cierta rabia se apoderaba de su cuerpo mientras observaba la mirada que se prodigaban.
- Sí, yo siento no haber ido Francisca es que…
- No has de disculparte, Raimundo, entiendo perfectamente que has estado ocupado atendiendo a tu… ¿novia? ¿amiga especial?... Es igual, tampoco te he echado mucho de menos gracias a Anselmo
¿Otra vez Anselmo? En serio, qué le pasaba a aquella mujer, por qué sonreía tanto, tuteaba al cura y parecía tan contenta con su relación con Águeda.
- ¿Queréis pasar a la casa de comidas?
- ¿Con este armatoste por piernas? No gracias, no creo que quepa. Pero tú puedes entrar Anselmo
- ¿No te importa?
- No, Elena me llevará a casa, tranquilo
- Vale, pues nos veremos en unas horas, iré a la Casona antes de cenar
- ¿Por qué? ¿Tantos pecados cometes Francisca que tienes al pobre párroco monopolizado?- dijo Raimundo
- No, no es eso- dijo el aludido- voy para asegurarme de que esté bien, eso es todo
- Anselmo es todo un caballero.- Miró al cura- Nos vemos esta noche
Se cogieron de la mano para despedirse, mirándose a los ojos, aunque fue un roce rápido, breve, para no llamar la atención de las gentes, sí llamó y mucho la atención de Raimundo que no podía soportar que el cura la tocase. Y no entendía por qué, solo eran amigos, se decía, él era cura, y además él estaba con Águeda y eran felices… al menos eso se decía.
Francisca se alejó sin dejar de sonreír al párroco que también se giraba para mirarla. Raimundo se giraba más que ninguno esperando que alguna de esas miradas de Francisca fueran para él, pero ni una sola. Los dos hombres se sentaron en una mesa más alejada del resto para parlamentar. Lo primero en lo que se fijó Raimundo era que el párroco tenía una mirada distinta, y eso le inquietó.
- Me va a explicar ya qué estaba pasando- le espetó por fin
- No sé a qué te refieres Raimundo
- Venga, no se haga el tonto conmigo que me he dado cuenta de todo, se tutean, se dan la mano ¿qué pasa?
- No sé si debo contárselo a alguien y a ti menos que a nadie
- ¿Por qué? Don Anselmo de aquí no se va hasta que me cuente la verdad
- Pues verás, Raimundo, estoy enamorado de Francisca
- ¡¿CÓMO?!- Su grito se oyó en toda la posada e incluso en toda la plaza. No podía ser, no podía ser. Bajó la voz- ¿Pero cómo?
- No lo sé, he estado mucho con ella desde la operación, estaba distinta, más débil, más tranquila, sosegada, dulce, amable… incluso cariñosa con sus hijos. Empezamos a hablar, primero como siempre, luego a compartir anécdotas, vivencias, nos dimos cuenta que teníamos mucho en común, y, en fin, no sé si hablar de amor es precipitarme, pero lo cierto es que no dejo de pensar en ella. En sus ojos, su recién redescubierta sonrisa, su pelo… y creo que ella también siente algo por mí ¿Tú qué crees Raimundo?
Raimundo lo miró atentamente y pudo ver que su mirada tenía un brillo especial. No podía imaginarse que se debiera al brandy ingerido, y solo se le ocurrió atribuírselo al amor. Y al recordar, se dio cuenta de que ella también lo tenía. No podía ser, su alma se partió en dos y no podía explicárselo, si la había olvidado, si quería a Águeda, o eso creía hasta que pensó que Francisca pudiera estar en manos de otro. Y menos de un cura.
Fann 3 bienvenido, yo entiendo tus razones pero la verdad es qeu apoyo a Ruth 100%, Francisca ha sufrido muchisimo y nadie parece querer darse cuenta, en realidad no es mala, es una incomprendida de la vida, y un poco perversa
Para las qeu pensais que se me va la pinza: AGARRAOS porque eso no es nada, a ver qeu os parece esta salida de tono que me esta dando mucho de si, os hago una avance rapido de este relato: muchos celos, pasion, chulazos y amores prohibidos...
Os dejo otro trocete pa qeu veais hasta donde llega mi cabeza loca!!
DOS HOMBRES Y UNA PACA
- ¿Cómo dice? Pero eso es terrible, pecado mortal.
- Es como una pequeña obra, padre, fingir, actuar, mentir un poco, pero por una buena causa.
- ¿Si accedo le dirá la verdad a Tristán?
- Sí, cuando hayamos acabado con Raimundo
- ¿Y si quiero ponerle fin a la broma, lo hará?
- Sí, lo prometo.
- Puede que me arrepienta, pero acepto. Que Dios nos pille confesados.
- No, a nosotros no padre, a ellos…- Le divertía tanto su idea que no podía dejar de sonreír.- En un rato comenzará la función, pero para aplacar los nervios ¿qué tal unas copitas de brandy?
Solo que la copita se convirtió en varias botellas y al llegar el momento de salir al encuentro de Raimundo los dos parecían cuanto menos algo achispados. Don Anselmo fue con Francisca a pasear por el pueblo. Los dos estaban muy nerviosos, el cura porque no sabría si podría mentir a un amigo como Raimundo, y ella porque sabía que se exponía a verlos de nuevo juntos, pero esta vez tenía un arma secreta, un pequeño as en la manga. Para quitar hierro al asunto, los dos iban charlando amigablemente, lo cierto era que el propio nerviosismo hacía que Francisca no pudiera dejar de sonreír, ansiosa por ver la reacción de Raimundo y por que todo saliera bien. Eso sumado a las botellas vacías de la Casona hacía que sus carcajadas se oyeran por toda la plaza.
- Pues sí Don Anselmo, eso dijo, en mitad de misa, a grito pelado. Le juro que nunca había visto nada así.
- Qué barbaridad- el cura parecía escandalizado, pero aún así reía de buena gana.
Entonces apareció, Raimundo salió de la nada para chocarse con ellos
- Vaya, lo siento, ahora parece que soy un peligro público.- dijo ella
- Querrá decir más que antes- dijo el cura.
- Qué malo eres, Anselmo- y los dos, ella y el párroco echaron a reír
Raimundo se quedó parado, ¿Anselmo? ¿y esas risas? ¿a santo de qué?
- Se os ve muy animados
- Será que lo estamos- dijo Francisca
- ¿Se puede saber por qué?- se interesó Raimundo
- Porque es bonito tener alguien en quien confiar y que te ayude. Don Anselmo está siendo un gran apoyo para mí.
- Me halagas, Francisca, yo solo hago lo que haría cualquiera
- No, cualquiera no, Raimundo por ejemplo ni ha pasado a verme, y en cambio usted está conmigo cada día- Se miraron acaramelados
Raimundo volvió a preguntarse qué narices estaba pasado y desde cuándo esos dos se tuteaban. No sabía por qué, porque en el fondo sabía que era imposible, pero una cierta rabia se apoderaba de su cuerpo mientras observaba la mirada que se prodigaban.
- Sí, yo siento no haber ido Francisca es que…
- No has de disculparte, Raimundo, entiendo perfectamente que has estado ocupado atendiendo a tu… ¿novia? ¿amiga especial?... Es igual, tampoco te he echado mucho de menos gracias a Anselmo
¿Otra vez Anselmo? En serio, qué le pasaba a aquella mujer, por qué sonreía tanto, tuteaba al cura y parecía tan contenta con su relación con Águeda.
- ¿Queréis pasar a la casa de comidas?
- ¿Con este armatoste por piernas? No gracias, no creo que quepa. Pero tú puedes entrar Anselmo
- ¿No te importa?
- No, Elena me llevará a casa, tranquilo
- Vale, pues nos veremos en unas horas, iré a la Casona antes de cenar
- ¿Por qué? ¿Tantos pecados cometes Francisca que tienes al pobre párroco monopolizado?- dijo Raimundo
- No, no es eso- dijo el aludido- voy para asegurarme de que esté bien, eso es todo
- Anselmo es todo un caballero.- Miró al cura- Nos vemos esta noche
Se cogieron de la mano para despedirse, mirándose a los ojos, aunque fue un roce rápido, breve, para no llamar la atención de las gentes, sí llamó y mucho la atención de Raimundo que no podía soportar que el cura la tocase. Y no entendía por qué, solo eran amigos, se decía, él era cura, y además él estaba con Águeda y eran felices… al menos eso se decía.
Francisca se alejó sin dejar de sonreír al párroco que también se giraba para mirarla. Raimundo se giraba más que ninguno esperando que alguna de esas miradas de Francisca fueran para él, pero ni una sola. Los dos hombres se sentaron en una mesa más alejada del resto para parlamentar. Lo primero en lo que se fijó Raimundo era que el párroco tenía una mirada distinta, y eso le inquietó.
- Me va a explicar ya qué estaba pasando- le espetó por fin
- No sé a qué te refieres Raimundo
- Venga, no se haga el tonto conmigo que me he dado cuenta de todo, se tutean, se dan la mano ¿qué pasa?
- No sé si debo contárselo a alguien y a ti menos que a nadie
- ¿Por qué? Don Anselmo de aquí no se va hasta que me cuente la verdad
- Pues verás, Raimundo, estoy enamorado de Francisca
- ¡¿CÓMO?!- Su grito se oyó en toda la posada e incluso en toda la plaza. No podía ser, no podía ser. Bajó la voz- ¿Pero cómo?
- No lo sé, he estado mucho con ella desde la operación, estaba distinta, más débil, más tranquila, sosegada, dulce, amable… incluso cariñosa con sus hijos. Empezamos a hablar, primero como siempre, luego a compartir anécdotas, vivencias, nos dimos cuenta que teníamos mucho en común, y, en fin, no sé si hablar de amor es precipitarme, pero lo cierto es que no dejo de pensar en ella. En sus ojos, su recién redescubierta sonrisa, su pelo… y creo que ella también siente algo por mí ¿Tú qué crees Raimundo?
Raimundo lo miró atentamente y pudo ver que su mirada tenía un brillo especial. No podía imaginarse que se debiera al brandy ingerido, y solo se le ocurrió atribuírselo al amor. Y al recordar, se dio cuenta de que ella también lo tenía. No podía ser, su alma se partió en dos y no podía explicárselo, si la había olvidado, si quería a Águeda, o eso creía hasta que pensó que Francisca pudiera estar en manos de otro. Y menos de un cura.
#6192
12/02/2012 17:32
HOLA CHICAS .
Queria felicitaros a todas por los relatos que haceis que lo mal que nos lo estan haciendo pasar se nos haga mas llevadero y a ti mariajose que el video es muy bonito y que le va ni pintado a nuestro raimundo en estos momentos. chicas de vredad gracias`por estra hay apesar que no sean buenos momentos para todas pero estoy segura que las cosas cambiaran animo
UN BESO A TODAS
Queria felicitaros a todas por los relatos que haceis que lo mal que nos lo estan haciendo pasar se nos haga mas llevadero y a ti mariajose que el video es muy bonito y que le va ni pintado a nuestro raimundo en estos momentos. chicas de vredad gracias`por estra hay apesar que no sean buenos momentos para todas pero estoy segura que las cosas cambiaran animo
UN BESO A TODAS
#6193
12/02/2012 18:31
Bueno ya se que os dije que os iba a dejar un mensajito de amor perooooo....la noche me confundió y no ha podido ser. Lo que si es que estais hiperactivas, que cantidad de relatos y de comentarios, que gustazo es estar en este foro.
Bueno a ver, lo primero. Despues de mucho meditarlo pienso que tienes razón Ruth, que una cosa es abrir tu corazón y reconocer tus sentimientos cuando sientes que pierdes al amor de tu vida y otra muy diferente es tener que enfrentarte a estos sentimientos cuando la que te los provoca esta viva, yo también creo que lo que le pasa a Rai es que está buscando una estabilidad, no quiere más complicaciones y la cretina, tan suave, tan condescendiente, es quien se lo puede dar, pero los sentimientos hacia una persona no se pueden cambiar en 0.3 segundos y sigue queriendo a Francisca como el primer día y sospecho que la mamarracha también lo sabe y de ahí que rechace la propuesta.
Laury, me meo contigo, esos relatos son la leche, ja ja el estudiar te sienta divinamente, de verdad que me lo paso genial y lo de meter al cura en medio...muy grande.
Pequeña, los avatares una pasada, ja ja es que Voldemort aquí tiene muchos fans, que se note je je. En cuanto a tu relato....de verdad que me imagino la cara de Tristán y me meoooooo, el pobre no sabría si darle una leche a Raimundo o teletransportarse a cualquier otro lugar, ahora, eres una mujé crué, 30 años sin catar y los dejas a medias, tenías que haber seguido para darles (y darnos) esa satisfacción mujer.
Miri, hija mía, no se que decir, que preciosidad, es como si estuvieras en la cabeza de Rai, que bien reflejas su dolor, su miedo, como tiene el corazón dividido, lo malo es que si piensa que una relación basada en la amistad y no en el amor le va a traer la felicidad lo lleva claro.
RIRI, sin duda de todos los lugares profanados este ha sido el mejor pero con diferencia y esa pillada OLEEEEEEEEEE menos mal que no ocurrirá jamás en la serie por que en ese mismo instante me muero toda. Ay Ruth ese pecho de un km, que nos vuelve locas...quien fuera Francisca.
Tocaya que bonito el video y la música que apropiada para las circustancias, a ver cuando puedes hacer un video de estos dos besándose y abrazándose felices.
Rocio que ternura me da cada vez que pones a Paca y a Tris, que ricura, y que tristeza al mismo tiempo, joer es que ya se que lo pongo siempre pero ¿como pueden decir que quieren que Francisca sufra cuando su vida ha sido un infierno?. Quiero que lleguen los momentos felices. Sigueeeeeee
Jessi quiero leer ese encuentro cuanto antes que tiene muy muy buena pinta, siguelo por fa
Fann3 por supuestísimo que respeto tu opinión, pero ¿Raimundo y la Bicha? ni muerta. Ten en cuenta y si has leido el hilo ya sabrás lo que te voy a decir, que decir que Francisca es mala es muy fácil, pero si buceas un poco en el personaje te darás cuenta de que no es así por casualidad y que de todos los personajes de la serie, es seguro el más maltratado.
Bueno chicas perdonadme por el tocho y un besito
Bueno a ver, lo primero. Despues de mucho meditarlo pienso que tienes razón Ruth, que una cosa es abrir tu corazón y reconocer tus sentimientos cuando sientes que pierdes al amor de tu vida y otra muy diferente es tener que enfrentarte a estos sentimientos cuando la que te los provoca esta viva, yo también creo que lo que le pasa a Rai es que está buscando una estabilidad, no quiere más complicaciones y la cretina, tan suave, tan condescendiente, es quien se lo puede dar, pero los sentimientos hacia una persona no se pueden cambiar en 0.3 segundos y sigue queriendo a Francisca como el primer día y sospecho que la mamarracha también lo sabe y de ahí que rechace la propuesta.
Laury, me meo contigo, esos relatos son la leche, ja ja el estudiar te sienta divinamente, de verdad que me lo paso genial y lo de meter al cura en medio...muy grande.
Pequeña, los avatares una pasada, ja ja es que Voldemort aquí tiene muchos fans, que se note je je. En cuanto a tu relato....de verdad que me imagino la cara de Tristán y me meoooooo, el pobre no sabría si darle una leche a Raimundo o teletransportarse a cualquier otro lugar, ahora, eres una mujé crué, 30 años sin catar y los dejas a medias, tenías que haber seguido para darles (y darnos) esa satisfacción mujer.
Miri, hija mía, no se que decir, que preciosidad, es como si estuvieras en la cabeza de Rai, que bien reflejas su dolor, su miedo, como tiene el corazón dividido, lo malo es que si piensa que una relación basada en la amistad y no en el amor le va a traer la felicidad lo lleva claro.
RIRI, sin duda de todos los lugares profanados este ha sido el mejor pero con diferencia y esa pillada OLEEEEEEEEEE menos mal que no ocurrirá jamás en la serie por que en ese mismo instante me muero toda. Ay Ruth ese pecho de un km, que nos vuelve locas...quien fuera Francisca.
Tocaya que bonito el video y la música que apropiada para las circustancias, a ver cuando puedes hacer un video de estos dos besándose y abrazándose felices.
Rocio que ternura me da cada vez que pones a Paca y a Tris, que ricura, y que tristeza al mismo tiempo, joer es que ya se que lo pongo siempre pero ¿como pueden decir que quieren que Francisca sufra cuando su vida ha sido un infierno?. Quiero que lleguen los momentos felices. Sigueeeeeee
Jessi quiero leer ese encuentro cuanto antes que tiene muy muy buena pinta, siguelo por fa
Fann3 por supuestísimo que respeto tu opinión, pero ¿Raimundo y la Bicha? ni muerta. Ten en cuenta y si has leido el hilo ya sabrás lo que te voy a decir, que decir que Francisca es mala es muy fácil, pero si buceas un poco en el personaje te darás cuenta de que no es así por casualidad y que de todos los personajes de la serie, es seguro el más maltratado.
Bueno chicas perdonadme por el tocho y un besito
#6194
12/02/2012 20:15
MINI RETO DE RIRI.
Mi compañera de cerebro y de fatigas,mi siamesa (miri) decidimos hacer este reto anoche. Y a mi me tocó la Conservera jajaj
Aquí está el resultado. ¡Que os guste!
"AMOR EN CONSERVA" (PARTE I)
A pesar de que Tristán trató de ocultarle el interés de aquel hombre para adquirir las frutas y verduras que se cultivaban en sus tierras, Francisca había encontrado la oferta que les propuso escondida entre una pila de papeles dentro de uno de los cajones de la mesa del despacho. Su primer pensamiento fue hacia Sebastián Ulloa. Estaba segura de que Tristán no había aceptado la oferta para no perjudicar a su amigo, y aunque hacía tiempo que había desechado sus motivos para querer hundir a ese muchacho, los negocios eran los negocios. Y Los Montenegro seguían con el agua al cuello. Esa inyección de capital sería muy provechosa para ellos.
Lo mejor sería acercarse hasta la conservera y hablar con Sebastián. Ese muchacho tendría que entender que ante una buena oferta, ellos no podían negarse. Era tarde ya, pero seguro que él seguiría en la conservera. Ordenó preparar la calesa y subió a su dormitorio para arreglarse.
Había perdido peso últimamente. Los disgustos ocasionados por la de Mesía, la aparición de Efrén y esa supuesta amistad entre Raimundo y esa mujer habían minado poco a poco su estado de salud. Y ella apenas comía. Rosario la miraba desconfiada en muchas ocasiones cuando recogía la bandeja con el almuerzo, apenas tocado, de su despacho. Ella esgrimía una burda excusa, alegando que o no tenía hambre o que ya había picoteado algo antes en la cocina.
La ropa empezaba a quedarle grande. Le sobraba tela de vestido por todas partes. A pesar de todo seguía teniendo buen color, aunque la sombra de unas profundas ojeras deslucía un poco la tez de su rostro. Abrió la puerta del armario y encontró al fondo uno de sus antiguos vestidos. Era bastante más colorido que los que usaba habitualmente, pero también se ajustaría mejor a su nuevo cuerpo. Pesadamente, se deshizo de la ropa que llevaba y se colocó por la cabeza el viejo vestido color verde agua. Al hacerlo, su peinado se deshizo completamente.
Suspiró con resignación. Cuando las cosas se torcían un poco, el destino se empeñaba en torcerlas un poco más. Cogió el cepillo que había sobre su tocador y empezó a desenredarse el cabello. Justo en ese momento llamaron a su puerta. Era Rosario.
- Señora, la calesa ya está dispuesta -.
- Gracias Rosario, enseguida bajo -.
No tenía tiempo para nada más que elaborar un sencillo peinado. Se hizo un pequeño recogido que dejaba la mayor parte de su cabello caer suelto por los hombros y la espalda. Cuando se miró frente al espejo, se sorprendió del resultado y le pareció reconocerse…30 años atrás. Cuando la vida no le había golpeado aún tan duramente. Sonrió apenada. Si Raimundo la viera así… En fin, no era momento para sentimentalismos. Abrió la puerta de su habitación y bajó las escaleras. No avisó a nadie de su partida, pues total, a nadie le importaría si entraba, salía o no regresaba nunca a la Casona. Así de dura era la realidad.
El camino hacia la conservera no se hizo demasiado largo. Le sorprendió encontrar poco movimiento por los alrededores ya que no era muy tarde, pero no le dio la mayor importancia. Descendió de la calesa y con paso firme se adentró por los pasillos del recinto. El antiguo caserón de los Ulloa, pensó. Aquel que escondía entre sus paredes tantos encuentros con Raimundo. No pudo evitar rozar con la yema de sus dedos esos muros cargados de tan buenos recuerdos para ella. Estaba demasiado sentimental estos días y eso no le gustaba. Los sentimientos nublaban la razón y te convertían en alguien débil. De quien todos se pueden aprovechar. La vida se lo había enseñado a base de palos.
Abrió la puerta del despacho sin llamar primero. No tenía por qué hacerlo.
- Sebastián, querido… -.
Interrumpió su frase. Allí no había absolutamente nadie. ¡Qué extraño! Lo habitual era que Sebastián estuviera trabajando hasta altas horas de la noche. Se fijó en la habitación. Parecía algo desordenada, como si alguien hubiera salido apresuradamente de allí. Se acercó hasta la mesa y revolvió entre los papeles que allí había. Le pareció escuchar pasos a lo lejos y tomó el abrecartas. La puerta se abrió de pronto y ella se giró con él en la mano.
- Sebastián es urgente que… -.
- Ahhhhhhhhhhhhhhhhhh -. Gritó Francisca.
Raimundo se lo arrebató de las manos.
- ¿Qué haces? ¿Estás loca? ¡Podías haberme matado! -.
- ¿Con un abrecartas? -. Bufó ella irónica, llevándose una mano al pecho y notando el latir desbocado de su corazón. Se había llevado un buen susto. Apoyó su cuerpo sobre la mesa y trató de tomar grandes bocanadas de aire, cerrando los ojos.
- ¿Estás bien? -. La voz preocupada de Raimundo le obligó a abrirles de nuevo. Asintió con la cabeza y tragó saliva. - ¿Qué demonios estabas haciendo aquí tu sola? -. Preguntó él extrañado.
Tardó unos segundos en responder. Poco a poco se iba encontrando mejor y se recuperaba del susto. Se irguió hasta quedar de nuevo de pie frente a Raimundo.
- Vine a hablar con Sebastián para tratar unos asuntos sobre la provisión de mis verduras. Llegué, pero no había absolutamente nadie. Escuché pasos, me asusté y a los pocos minutos entraste tú provocando que casi me diera un ataque al corazón. Fin de la historia -.
- ¿No había nadie? -. Preguntó extrañado Raimundo. Apartó la mirada al tiempo que arqueaba una ceja, como si estuviera pensando. Después, frunció el ceño preocupado. Francisca observaba sus gestos tratando de descifrar lo que ocurría.
- ¿Qué ocurre Raimundo? -.
Él pareció volver a la realidad y la miró fijamente. – No es nada -.
De pronto fue como si cayera en la cuenta de que Francisca estaba diferente. Su melena caía suelta y brillante por su pecho y ese vestido…Recordaba perfectamente habérselo visto puesto en infinidad de ocasiones en el pasado. Las mismas que recordaba habérselo quitado con sus manos.
- Estás… diferente… -. La recorría de arriba a abajo con la mirada. Igual que si la estuviera acariciando. O al menos esa era la sensación que ella tenía.
Mi compañera de cerebro y de fatigas,mi siamesa (miri) decidimos hacer este reto anoche. Y a mi me tocó la Conservera jajaj
Aquí está el resultado. ¡Que os guste!
"AMOR EN CONSERVA" (PARTE I)
A pesar de que Tristán trató de ocultarle el interés de aquel hombre para adquirir las frutas y verduras que se cultivaban en sus tierras, Francisca había encontrado la oferta que les propuso escondida entre una pila de papeles dentro de uno de los cajones de la mesa del despacho. Su primer pensamiento fue hacia Sebastián Ulloa. Estaba segura de que Tristán no había aceptado la oferta para no perjudicar a su amigo, y aunque hacía tiempo que había desechado sus motivos para querer hundir a ese muchacho, los negocios eran los negocios. Y Los Montenegro seguían con el agua al cuello. Esa inyección de capital sería muy provechosa para ellos.
Lo mejor sería acercarse hasta la conservera y hablar con Sebastián. Ese muchacho tendría que entender que ante una buena oferta, ellos no podían negarse. Era tarde ya, pero seguro que él seguiría en la conservera. Ordenó preparar la calesa y subió a su dormitorio para arreglarse.
Había perdido peso últimamente. Los disgustos ocasionados por la de Mesía, la aparición de Efrén y esa supuesta amistad entre Raimundo y esa mujer habían minado poco a poco su estado de salud. Y ella apenas comía. Rosario la miraba desconfiada en muchas ocasiones cuando recogía la bandeja con el almuerzo, apenas tocado, de su despacho. Ella esgrimía una burda excusa, alegando que o no tenía hambre o que ya había picoteado algo antes en la cocina.
La ropa empezaba a quedarle grande. Le sobraba tela de vestido por todas partes. A pesar de todo seguía teniendo buen color, aunque la sombra de unas profundas ojeras deslucía un poco la tez de su rostro. Abrió la puerta del armario y encontró al fondo uno de sus antiguos vestidos. Era bastante más colorido que los que usaba habitualmente, pero también se ajustaría mejor a su nuevo cuerpo. Pesadamente, se deshizo de la ropa que llevaba y se colocó por la cabeza el viejo vestido color verde agua. Al hacerlo, su peinado se deshizo completamente.
Suspiró con resignación. Cuando las cosas se torcían un poco, el destino se empeñaba en torcerlas un poco más. Cogió el cepillo que había sobre su tocador y empezó a desenredarse el cabello. Justo en ese momento llamaron a su puerta. Era Rosario.
- Señora, la calesa ya está dispuesta -.
- Gracias Rosario, enseguida bajo -.
No tenía tiempo para nada más que elaborar un sencillo peinado. Se hizo un pequeño recogido que dejaba la mayor parte de su cabello caer suelto por los hombros y la espalda. Cuando se miró frente al espejo, se sorprendió del resultado y le pareció reconocerse…30 años atrás. Cuando la vida no le había golpeado aún tan duramente. Sonrió apenada. Si Raimundo la viera así… En fin, no era momento para sentimentalismos. Abrió la puerta de su habitación y bajó las escaleras. No avisó a nadie de su partida, pues total, a nadie le importaría si entraba, salía o no regresaba nunca a la Casona. Así de dura era la realidad.
El camino hacia la conservera no se hizo demasiado largo. Le sorprendió encontrar poco movimiento por los alrededores ya que no era muy tarde, pero no le dio la mayor importancia. Descendió de la calesa y con paso firme se adentró por los pasillos del recinto. El antiguo caserón de los Ulloa, pensó. Aquel que escondía entre sus paredes tantos encuentros con Raimundo. No pudo evitar rozar con la yema de sus dedos esos muros cargados de tan buenos recuerdos para ella. Estaba demasiado sentimental estos días y eso no le gustaba. Los sentimientos nublaban la razón y te convertían en alguien débil. De quien todos se pueden aprovechar. La vida se lo había enseñado a base de palos.
Abrió la puerta del despacho sin llamar primero. No tenía por qué hacerlo.
- Sebastián, querido… -.
Interrumpió su frase. Allí no había absolutamente nadie. ¡Qué extraño! Lo habitual era que Sebastián estuviera trabajando hasta altas horas de la noche. Se fijó en la habitación. Parecía algo desordenada, como si alguien hubiera salido apresuradamente de allí. Se acercó hasta la mesa y revolvió entre los papeles que allí había. Le pareció escuchar pasos a lo lejos y tomó el abrecartas. La puerta se abrió de pronto y ella se giró con él en la mano.
- Sebastián es urgente que… -.
- Ahhhhhhhhhhhhhhhhhh -. Gritó Francisca.
Raimundo se lo arrebató de las manos.
- ¿Qué haces? ¿Estás loca? ¡Podías haberme matado! -.
- ¿Con un abrecartas? -. Bufó ella irónica, llevándose una mano al pecho y notando el latir desbocado de su corazón. Se había llevado un buen susto. Apoyó su cuerpo sobre la mesa y trató de tomar grandes bocanadas de aire, cerrando los ojos.
- ¿Estás bien? -. La voz preocupada de Raimundo le obligó a abrirles de nuevo. Asintió con la cabeza y tragó saliva. - ¿Qué demonios estabas haciendo aquí tu sola? -. Preguntó él extrañado.
Tardó unos segundos en responder. Poco a poco se iba encontrando mejor y se recuperaba del susto. Se irguió hasta quedar de nuevo de pie frente a Raimundo.
- Vine a hablar con Sebastián para tratar unos asuntos sobre la provisión de mis verduras. Llegué, pero no había absolutamente nadie. Escuché pasos, me asusté y a los pocos minutos entraste tú provocando que casi me diera un ataque al corazón. Fin de la historia -.
- ¿No había nadie? -. Preguntó extrañado Raimundo. Apartó la mirada al tiempo que arqueaba una ceja, como si estuviera pensando. Después, frunció el ceño preocupado. Francisca observaba sus gestos tratando de descifrar lo que ocurría.
- ¿Qué ocurre Raimundo? -.
Él pareció volver a la realidad y la miró fijamente. – No es nada -.
De pronto fue como si cayera en la cuenta de que Francisca estaba diferente. Su melena caía suelta y brillante por su pecho y ese vestido…Recordaba perfectamente habérselo visto puesto en infinidad de ocasiones en el pasado. Las mismas que recordaba habérselo quitado con sus manos.
- Estás… diferente… -. La recorría de arriba a abajo con la mirada. Igual que si la estuviera acariciando. O al menos esa era la sensación que ella tenía.
#6195
12/02/2012 20:15
"AMOR EN CONSERVA" (PARTE II)
- Déjate de tonterías Raimundo -. Se dio media vuelta para esconder la media sonrisa que apareció en su rostro. – Estoy como siempre -.
- No. No lo estás… -. Se acercó a ella por detrás. – Te has dejado suelto el cabello… -. Con timidez rozó su pelo haciendo que Francisca se estremeciera. – Y este es el mismo vestido que te pusiste el último día que…-.
Francisca cerró los ojos. No quería escuchar más. Se apartó interrumpiéndole.
- De eso hace mucho tiempo Raimundo. No se a cuento de qué te afloraron los recuerdos -.
Le escuchó suspirar. – Puede que sea este lugar. Que seas tú… yo… demasiados recuerdos conservados aquí… -.
Un intenso frío se apoderó de ella. Y miedo. No de él. Pero sí de ella misma y de sus recuerdos. De sus debilidades. De su profundo amor por él.
- Será mejor que me vaya. Sebastián no está y yo no tengo nada más que hacer aquí -. Pasó por su lado para ir hacia la puerta. Se detuvo cuando Raimundo habló.
- ¿Necesitas que te acompañe? -. La miró al girar su cabeza. Ella permanecía con la cabeza baja. – No son horas para que vayas sola -. Susurró.
- La calesa me espera fuera -. Le miró a los ojos. – Hasta más ver…Raimundo… -.
No le dio tiempo a llegar a la puerta cuando esta se abrió de pronto y varios soldados del ejército hicieron su aparición, obligando a ambos a retroceder hasta quedar junto a la mesa del despacho.
- ¿Qué demonios es esto? -. Chilló Francisca. – Exijo una explicación inmediatamente. Ustedes no saben… -.
- ¡Cállese! -. Habló el mayor de los oficiales y el que parecía estar al mando. – Aquí las preguntas las hago yo. ¿Quiénes son ustedes y qué hacen aquí? -.
- ¡Qué desfachatez! -. Farfullaba Francisca. – Son ustedes unos groseros y unos malditos muertos de hambre. Pero pagarán caro el tratarme de esta forma tan desconsiderada. En cuanto… -.
- Le advertí que cerrara el pico -. La amenazó con una escopeta. – No me obligue a hacerla callar por la fuerza -.
- Si se atreve a tocarla un solo pelo se las tendrá que ver conmigo -. Dijo un enfurecido Raimundo que se puso delante de ella, cubriéndola con su cuerpo. Llevando una de sus manos a la espalda y rozando levemente las suyas. – Y me darán igual todos sus galones -.
Tras las presentaciones y las pertinentes disculpas, los ánimos se apaciguaron. Francisca y Raimundo estaban ahora sentados en las sillas junto a la mesa, y el oficial sentado frente a ellos. Conversaban sobre los motivos de su presencia en la conservera. Se había producido un brote de botulismo debido a una partida de conservas en mal estado. Todas ellas procedentes de “La Deliciosa”. Francisca escuchaba hablar a los dos hombres, pero en realidad no les estaba prestando atención. No podía quitarse de la cabeza la intensa defensa que Raimundo había hecho con ella. Incluso ahora, le lanzaba miradas sonrientes con el fin de tranquilizarla. Su actitud había sido bastante desconcertante.
- Sintiéndolo mucho… -. Las palabras del oficial, que comenzó a hablar en ese momento, la sacaron de su ensimismamiento. - …no puedo permitir que abandonen el recinto. Correríamos el riesgo de que avisaran a Sebastián Ulloa y este tuviera tiempo para escapar -.
- ¿Quiere decir que piensa tenernos retenidos aquí toda la noche? -. Francisca estaba horrorizada. – Nada me une a ese muchacho, así que le agradecería que me permitiera marcharme -.
- Lo siento Señora, pero no podemos correr el riesgo -. Se puso en pie. – Este lugar es inmenso y seguro que hay alguna habitación en la que puedan estar más cómodos. Cuando la encuentren, háganmelo saber -. Apoyó las manos sobre la mesa y les miró. – Hasta nueva orden, ustedes dos permanecerán retenidos aquí -.
Salió de la habitación dejándoles a solas. Raimundo daba golpecitos en la mesa con el dedo. Sin atreverse a hablar. Sin atreverse a mirar a Francisca que suponía que estaría furiosa. Pero seguía inmóvil. Con las manos sobre su falda. La miró de reojo. Estaba con la cabeza erguida, mirando al frente. Suspiró pesadamente.
- …Francisca… -. La llamó.
- ¿Cómo pretenden que pase aquí la noche? ¡Es de locos! -. Se volvió a él. – Yo no puedo estar aquí. No debería estar aquí -. Se puso en pie. – Tengo que marcharme. Hablaré con él y volveré a la Casona -.
- ¿Es que no has oído ni una sola palabra de lo que ha dicho, Francisca? -. Ahora fue él quien se levantó. – No podemos abandonar la conservera a riesgo de perder la vida. Así que vete haciéndote a la idea de que tenemos que pasar la noche aquí -. Se acercó a ella. – Juntos -. Sentenció.
- Definitivamente te has vuelto loco Ulloa -. Ya no había seguridad en su voz. Estaba asustada y eso lo veía Raimundo. ¿Pasar la noche juntos? Aquello era lo último que hubiera deseado ese día. ¿Por qué habría tenido la maravillosa idea de ir a la conservera?
Raimundo observaba la lucha que mantenía Francisca consigo misma. Podía notar su miedo y eso es lo último que él deseaba. Tal vez si la provocaba un poco dejaría de estar asustada. Él también estaba nervioso. Todo este asunto de Sebastián le tenía muy preocupado. Y el hecho de tener que pasar la noche junto a su pequeña, le tenía visiblemente nervioso. ¿Pequeña?. ¿Cómo es posible que hubiera pensado en ella en esos términos?
- ¿Es que acaso tienes miedo de pasar aquí la noche conmigo? -. La picó. Sonrió cuando vio que había conseguido el efecto deseado.
Francisca se irguió orgullosa acercándose a él. Le empezó a dar golpecitos con el dedo en el pecho a la vez que le hablaba.
- Déjate de tonterías Raimundo -. Se dio media vuelta para esconder la media sonrisa que apareció en su rostro. – Estoy como siempre -.
- No. No lo estás… -. Se acercó a ella por detrás. – Te has dejado suelto el cabello… -. Con timidez rozó su pelo haciendo que Francisca se estremeciera. – Y este es el mismo vestido que te pusiste el último día que…-.
Francisca cerró los ojos. No quería escuchar más. Se apartó interrumpiéndole.
- De eso hace mucho tiempo Raimundo. No se a cuento de qué te afloraron los recuerdos -.
Le escuchó suspirar. – Puede que sea este lugar. Que seas tú… yo… demasiados recuerdos conservados aquí… -.
Un intenso frío se apoderó de ella. Y miedo. No de él. Pero sí de ella misma y de sus recuerdos. De sus debilidades. De su profundo amor por él.
- Será mejor que me vaya. Sebastián no está y yo no tengo nada más que hacer aquí -. Pasó por su lado para ir hacia la puerta. Se detuvo cuando Raimundo habló.
- ¿Necesitas que te acompañe? -. La miró al girar su cabeza. Ella permanecía con la cabeza baja. – No son horas para que vayas sola -. Susurró.
- La calesa me espera fuera -. Le miró a los ojos. – Hasta más ver…Raimundo… -.
No le dio tiempo a llegar a la puerta cuando esta se abrió de pronto y varios soldados del ejército hicieron su aparición, obligando a ambos a retroceder hasta quedar junto a la mesa del despacho.
- ¿Qué demonios es esto? -. Chilló Francisca. – Exijo una explicación inmediatamente. Ustedes no saben… -.
- ¡Cállese! -. Habló el mayor de los oficiales y el que parecía estar al mando. – Aquí las preguntas las hago yo. ¿Quiénes son ustedes y qué hacen aquí? -.
- ¡Qué desfachatez! -. Farfullaba Francisca. – Son ustedes unos groseros y unos malditos muertos de hambre. Pero pagarán caro el tratarme de esta forma tan desconsiderada. En cuanto… -.
- Le advertí que cerrara el pico -. La amenazó con una escopeta. – No me obligue a hacerla callar por la fuerza -.
- Si se atreve a tocarla un solo pelo se las tendrá que ver conmigo -. Dijo un enfurecido Raimundo que se puso delante de ella, cubriéndola con su cuerpo. Llevando una de sus manos a la espalda y rozando levemente las suyas. – Y me darán igual todos sus galones -.
Tras las presentaciones y las pertinentes disculpas, los ánimos se apaciguaron. Francisca y Raimundo estaban ahora sentados en las sillas junto a la mesa, y el oficial sentado frente a ellos. Conversaban sobre los motivos de su presencia en la conservera. Se había producido un brote de botulismo debido a una partida de conservas en mal estado. Todas ellas procedentes de “La Deliciosa”. Francisca escuchaba hablar a los dos hombres, pero en realidad no les estaba prestando atención. No podía quitarse de la cabeza la intensa defensa que Raimundo había hecho con ella. Incluso ahora, le lanzaba miradas sonrientes con el fin de tranquilizarla. Su actitud había sido bastante desconcertante.
- Sintiéndolo mucho… -. Las palabras del oficial, que comenzó a hablar en ese momento, la sacaron de su ensimismamiento. - …no puedo permitir que abandonen el recinto. Correríamos el riesgo de que avisaran a Sebastián Ulloa y este tuviera tiempo para escapar -.
- ¿Quiere decir que piensa tenernos retenidos aquí toda la noche? -. Francisca estaba horrorizada. – Nada me une a ese muchacho, así que le agradecería que me permitiera marcharme -.
- Lo siento Señora, pero no podemos correr el riesgo -. Se puso en pie. – Este lugar es inmenso y seguro que hay alguna habitación en la que puedan estar más cómodos. Cuando la encuentren, háganmelo saber -. Apoyó las manos sobre la mesa y les miró. – Hasta nueva orden, ustedes dos permanecerán retenidos aquí -.
Salió de la habitación dejándoles a solas. Raimundo daba golpecitos en la mesa con el dedo. Sin atreverse a hablar. Sin atreverse a mirar a Francisca que suponía que estaría furiosa. Pero seguía inmóvil. Con las manos sobre su falda. La miró de reojo. Estaba con la cabeza erguida, mirando al frente. Suspiró pesadamente.
- …Francisca… -. La llamó.
- ¿Cómo pretenden que pase aquí la noche? ¡Es de locos! -. Se volvió a él. – Yo no puedo estar aquí. No debería estar aquí -. Se puso en pie. – Tengo que marcharme. Hablaré con él y volveré a la Casona -.
- ¿Es que no has oído ni una sola palabra de lo que ha dicho, Francisca? -. Ahora fue él quien se levantó. – No podemos abandonar la conservera a riesgo de perder la vida. Así que vete haciéndote a la idea de que tenemos que pasar la noche aquí -. Se acercó a ella. – Juntos -. Sentenció.
- Definitivamente te has vuelto loco Ulloa -. Ya no había seguridad en su voz. Estaba asustada y eso lo veía Raimundo. ¿Pasar la noche juntos? Aquello era lo último que hubiera deseado ese día. ¿Por qué habría tenido la maravillosa idea de ir a la conservera?
Raimundo observaba la lucha que mantenía Francisca consigo misma. Podía notar su miedo y eso es lo último que él deseaba. Tal vez si la provocaba un poco dejaría de estar asustada. Él también estaba nervioso. Todo este asunto de Sebastián le tenía muy preocupado. Y el hecho de tener que pasar la noche junto a su pequeña, le tenía visiblemente nervioso. ¿Pequeña?. ¿Cómo es posible que hubiera pensado en ella en esos términos?
- ¿Es que acaso tienes miedo de pasar aquí la noche conmigo? -. La picó. Sonrió cuando vio que había conseguido el efecto deseado.
Francisca se irguió orgullosa acercándose a él. Le empezó a dar golpecitos con el dedo en el pecho a la vez que le hablaba.
#6196
12/02/2012 20:15
"AMOR EN CONSERVA" (PARTE III)
- ¿Miedo? Ya te gustaría Ulloa. Francisca Montenegro no le teme a nada ni a nadie -.
Se adentró un poco más en el despacho. Si bien recordaba, había un pequeño cuarto al fondo. Raimundo la siguió sin rechistar. Ambos conocían demasiado bien aquel lugar y sabía perfectamente a dónde se dirigía ella.
Abrió la portezuela de la habitación. Allí seguía la vieja cama que en pasadas ocasiones ambos usaron. Una pequeña mesita con un quinqué completaba todo el mobiliario. Francisca se dejó caer rendida sobre la cama. Estaba muy cansada y tenía los músculos entumecidos. Cuando escuchó que la puerta se cerraba se incorporó rápidamente. Vio cómo Raimundo se empezaba a quitar la chaqueta sin ni siquiera mirarla.
- ¿Qué se supone que estás haciendo, Raimundo? -.
Él la miró como si nada. - ¿Quitarme la chaqueta? -.
- No te chancees de mi ¿quieres? Me refiero a qué crees que estás haciendo aquí. ¿Es que piensas quedarte? -.
- ¿Tú que crees? -. Al ver la cara de horror que puso ella, Raimundo siguió hablando. - ¿Dónde pretendes que vaya? -. Lanzó los brazos al aire. – Además, ¿quieres que te deje sola habiendo tantos soldados por aquí? -.
- No digas tonterías Raimundo. No se atreverían a hacerme nada -. Gritó Francisca.
- Son hombres. Y tú una mujer -. Y preciosa además silenciaron sus labios. Pero no pudieron hacerlo sus ojos. Desvió la mirada. – Así que no seas chiquilla y tengamos la fiesta en paz. Además, esa cama es suficientemente grande para los dos. Ni siquiera te enterarás de mi presencia en ella -.
Eso es lo que tú te crees… pensó Francisca. Pero estaba visto que dijera lo que dijese, Raimundo se quedaría con ella. Y estaba tan cansada que decidió no seguir discutiendo. Volvió a dejarse caer de espaldas sobre la cama y cerró los ojos poniendo las manos entrelazadas sobre su vientre. Escuchó a Raimundo decirle que salía un momento para avisar al oficial de que ocuparían ese cuarto, pero ni siquiera le contestó. Trató de poner la mente en blanco. Aún no podía creerse que su día terminara de aquella forma.
No oyó la puerta cuando esta se abrió de nuevo. Ni sintió los pasos que lentamente se acercaban hasta ella. Solo cuando percibió el peso de alguien al sentarse junto a ella en la cama, abrió los ojos y giró la cabeza. Se encontró con la mirada de Raimundo.
Estuvieron unos segundos en silencio, mirándose. Raimundo fue el primero en hablar.
- Pareces cansada -. Musitó al tiempo que la recorría con la mirada. - ¿Estás bien Francisca? -.
Ella suspiró. – Perfectamente -. Movió la cabeza y miró al techo. No pensaba hacerle ver que su amistad con Águeda le hacía tanto daño que le robaba la respiración. Y que estar encerrada con él esa noche entre los muros del caserón, terminaría por acabar con la poca cordura que le quedaba. – Es tarde, será mejor que nos acostemos ya -.
Se levantó y miró la cama. – Yo dormiré bajo las sábanas y tú por encima. Así nos aseguraremos de que no exista ningún tipo de contacto entre nosotros -. Raimundo la miró sorprendido, pero asintió con la cabeza. – Y ahora… ¿te importaría darte la vuelta? Quisiera quitarme el vestido. Y no se te ocurra mirar o te arrancaré los ojos con mis propias manos. ¿Estamos? -.
Raimundo sonrió. – Estamos. Pero déjame decirte que estás preciosa -. Le dijo antes de dar media vuelta y cruzar los brazos sobre el pecho, dándole la espalda.
Francisca se había quedado clavada en el sitio sorprendida aún por las palabras de Raimundo. Tan nerviosa estaba que no atinó a quitarse los botones del vestido. Los dedos le temblaban y comenzó a mascullar mil y una maldiciones en voz baja. Raimundo sonreía consciente de lo que le estaba pasando.
- ¿Necesitas ayuda? -. Le dijo mientras arqueaba una ceja.
- ¡No! -. Bufó ella enfadada. – Puedo sola perfectamente -. Pero no podía. Era inútil. Estaba demasiado nerviosa y saber que Raimundo sabía de ese nerviosismo le crispaba los nervios todavía más.
- Anda, déjame -.
Sintió a Raimundo a su espalda, tomándole las manos y apartándoselas con suavidad. Comenzó a desabrocharle los botones lentamente. Uno a uno.
– Recuerdo la última vez que te quité este vestido… -.
Ella también lo recordaba. Fue la última vez que yacieron juntos. La última vez que sintió sus manos sobre ella. Sus besos. Su cuerpo.
– Prefiero que no sigas hablando, Raimundo -.
- ¿Por qué? ¿Es que acaso no es también mi vida? -. Le dio la vuelta haciendo que sus miradas se encontraran. - ¿Acaso vas a negarme también mis recuerdos? -.
- ¿Y para qué los conservas, maldita sea? -. Estaba furiosa. Dolorosamente furiosa. - ¡Fuiste tú quien consintió que nuestro amor se redujera a recuerdos! Así que no me vengas ahora a echar en cara más cosas Raimundo. Además, no creo que a tu nueva amiguita le haga mucha gracia que recuerdes esas cosas -. Estaba tan furiosa que terminó de quitarse ella misma el vestido delante de él y fue hacia la cama apartando las sábanas.
Se acostó de medio lado y cerró los ojos con fuerza. No quería hablar ni escuchar nada más. Solo notó que él suspiraba con tristeza y que se acostaba en la cama después de haberse quitado los zapatos.
- Los conservo porque son los más maravillosos de mi vida. Los únicos que me hacen evocar que una vez en mi vida fui feliz -. Susurró. – Buenas noches, Francisca -.
Ella no le contestó. Solo mordió con fuerza su mano para ahogar el sollozo de su garganta. Después, el silencio.
- ¿Miedo? Ya te gustaría Ulloa. Francisca Montenegro no le teme a nada ni a nadie -.
Se adentró un poco más en el despacho. Si bien recordaba, había un pequeño cuarto al fondo. Raimundo la siguió sin rechistar. Ambos conocían demasiado bien aquel lugar y sabía perfectamente a dónde se dirigía ella.
Abrió la portezuela de la habitación. Allí seguía la vieja cama que en pasadas ocasiones ambos usaron. Una pequeña mesita con un quinqué completaba todo el mobiliario. Francisca se dejó caer rendida sobre la cama. Estaba muy cansada y tenía los músculos entumecidos. Cuando escuchó que la puerta se cerraba se incorporó rápidamente. Vio cómo Raimundo se empezaba a quitar la chaqueta sin ni siquiera mirarla.
- ¿Qué se supone que estás haciendo, Raimundo? -.
Él la miró como si nada. - ¿Quitarme la chaqueta? -.
- No te chancees de mi ¿quieres? Me refiero a qué crees que estás haciendo aquí. ¿Es que piensas quedarte? -.
- ¿Tú que crees? -. Al ver la cara de horror que puso ella, Raimundo siguió hablando. - ¿Dónde pretendes que vaya? -. Lanzó los brazos al aire. – Además, ¿quieres que te deje sola habiendo tantos soldados por aquí? -.
- No digas tonterías Raimundo. No se atreverían a hacerme nada -. Gritó Francisca.
- Son hombres. Y tú una mujer -. Y preciosa además silenciaron sus labios. Pero no pudieron hacerlo sus ojos. Desvió la mirada. – Así que no seas chiquilla y tengamos la fiesta en paz. Además, esa cama es suficientemente grande para los dos. Ni siquiera te enterarás de mi presencia en ella -.
Eso es lo que tú te crees… pensó Francisca. Pero estaba visto que dijera lo que dijese, Raimundo se quedaría con ella. Y estaba tan cansada que decidió no seguir discutiendo. Volvió a dejarse caer de espaldas sobre la cama y cerró los ojos poniendo las manos entrelazadas sobre su vientre. Escuchó a Raimundo decirle que salía un momento para avisar al oficial de que ocuparían ese cuarto, pero ni siquiera le contestó. Trató de poner la mente en blanco. Aún no podía creerse que su día terminara de aquella forma.
No oyó la puerta cuando esta se abrió de nuevo. Ni sintió los pasos que lentamente se acercaban hasta ella. Solo cuando percibió el peso de alguien al sentarse junto a ella en la cama, abrió los ojos y giró la cabeza. Se encontró con la mirada de Raimundo.
Estuvieron unos segundos en silencio, mirándose. Raimundo fue el primero en hablar.
- Pareces cansada -. Musitó al tiempo que la recorría con la mirada. - ¿Estás bien Francisca? -.
Ella suspiró. – Perfectamente -. Movió la cabeza y miró al techo. No pensaba hacerle ver que su amistad con Águeda le hacía tanto daño que le robaba la respiración. Y que estar encerrada con él esa noche entre los muros del caserón, terminaría por acabar con la poca cordura que le quedaba. – Es tarde, será mejor que nos acostemos ya -.
Se levantó y miró la cama. – Yo dormiré bajo las sábanas y tú por encima. Así nos aseguraremos de que no exista ningún tipo de contacto entre nosotros -. Raimundo la miró sorprendido, pero asintió con la cabeza. – Y ahora… ¿te importaría darte la vuelta? Quisiera quitarme el vestido. Y no se te ocurra mirar o te arrancaré los ojos con mis propias manos. ¿Estamos? -.
Raimundo sonrió. – Estamos. Pero déjame decirte que estás preciosa -. Le dijo antes de dar media vuelta y cruzar los brazos sobre el pecho, dándole la espalda.
Francisca se había quedado clavada en el sitio sorprendida aún por las palabras de Raimundo. Tan nerviosa estaba que no atinó a quitarse los botones del vestido. Los dedos le temblaban y comenzó a mascullar mil y una maldiciones en voz baja. Raimundo sonreía consciente de lo que le estaba pasando.
- ¿Necesitas ayuda? -. Le dijo mientras arqueaba una ceja.
- ¡No! -. Bufó ella enfadada. – Puedo sola perfectamente -. Pero no podía. Era inútil. Estaba demasiado nerviosa y saber que Raimundo sabía de ese nerviosismo le crispaba los nervios todavía más.
- Anda, déjame -.
Sintió a Raimundo a su espalda, tomándole las manos y apartándoselas con suavidad. Comenzó a desabrocharle los botones lentamente. Uno a uno.
– Recuerdo la última vez que te quité este vestido… -.
Ella también lo recordaba. Fue la última vez que yacieron juntos. La última vez que sintió sus manos sobre ella. Sus besos. Su cuerpo.
– Prefiero que no sigas hablando, Raimundo -.
- ¿Por qué? ¿Es que acaso no es también mi vida? -. Le dio la vuelta haciendo que sus miradas se encontraran. - ¿Acaso vas a negarme también mis recuerdos? -.
- ¿Y para qué los conservas, maldita sea? -. Estaba furiosa. Dolorosamente furiosa. - ¡Fuiste tú quien consintió que nuestro amor se redujera a recuerdos! Así que no me vengas ahora a echar en cara más cosas Raimundo. Además, no creo que a tu nueva amiguita le haga mucha gracia que recuerdes esas cosas -. Estaba tan furiosa que terminó de quitarse ella misma el vestido delante de él y fue hacia la cama apartando las sábanas.
Se acostó de medio lado y cerró los ojos con fuerza. No quería hablar ni escuchar nada más. Solo notó que él suspiraba con tristeza y que se acostaba en la cama después de haberse quitado los zapatos.
- Los conservo porque son los más maravillosos de mi vida. Los únicos que me hacen evocar que una vez en mi vida fui feliz -. Susurró. – Buenas noches, Francisca -.
Ella no le contestó. Solo mordió con fuerza su mano para ahogar el sollozo de su garganta. Después, el silencio.
#6197
12/02/2012 20:15
"AMOR EN CONSERVA" (FINAL)
Se despertó cuando notó un suave peso sobre él. Abrió los ojos en el mismo momento en que el brazo de Francisca acariciaba su pecho hasta llegar a su costado y abrazarle. La miró y vio que seguía dormida.
- …Raimundo… -. Vio que sonreía. -…Te quiero… -.
- Y yo a ti, ángel mío. Y yo a ti -. Musitó emocionado.
Francisca debía estar soñando. Y soñando con él. ¿Cómo podía haber vivido tanto tiempo sin ella? Mirándole el rostro en ese momento, encontró a la pequeña chiquilla de la que se enamoró. A su niña. Se tensó cuando Francisca movió de nuevo la mano hasta llevarla a su cuello. Pero no fue solo su mano lo que se movía. Su rostro se fue acercando muy despacio también hasta dejar un suave beso en él. Cerró los ojos. Sabía que ella estaba dormida, que nada de aquello era real. Pero sentirla de nuevo junto a él le trastornaba. Nada malo pasaría si no la despertaba. Echaba demasiado de menos sus besos.
Pero la boca de Francisca se movía, y fue subiendo por su cuello hasta encontrarse con su boca. Acariciándole. Rozándole con los labios. Besándole. Amándole. Y él estaba tan necesitado de ese amor que sucumbió a su debilidad y le devolvió el beso con la misma suavidad. ¡No! gritó su mente. No puedes aprovecharte de su sueño . Lo mejor era despertarla. Antes de que él no pudiera contenerse por más tiempo.
- …Francisca…- La zarandeó tiernamente. -… Francisca…-. Ella abrió los ojos, parpadeando varias veces. -…estabas soñando… -.
- ¿Qué? -. Se incorporó levemente y se dio cuenta de que estaba medio tumbada en el pecho de Raimundo y demasiado cerca de su boca. – Yo… lo siento… -. Fue a apartarse, pero él la detuvo.
- Francisca, ¿tú me quieres? -.
Ella abrió los ojos todo lo que pudo. ¿Cómo iba a contestarle a eso tan cerca como estaba de su cuerpo, de su boca? ¡No podría mentirle!
- ¿No crees que ya va siendo hora de que seamos sinceros el uno con el otro? Son muchas las cosas que debemos perdonarnos. Y para ello debemos ser completamente sinceros el uno con el otro. Respóndeme… ¿me quieres? -.
- ¿Y tú? ¿Me quieres a mí? -. Contestó ella irónica con otra pregunta. – No pienso abrir mi corazón para que me lo destroces de nuevo, Raimundo. Y si me quisieras… no estarías con ella -.
- Ella me da paz… -. Francisca quiso zafarse de él. No podría soportar que Raimundo comenzara a hablarle de aquella mujer. Pero antes de que lograra soltarse, él se giró y se puso sobre ella, cargando suavemente su peso. – Pero no la amo -. Bajó la cabeza y rozó dulcemente sus labios. – Solo una vez amé en mi vida y ella sigue siendo dueña de mi corazón -. La besó otra vez. – De mi alma -. Otro beso. – De mi cuerpo -. Esta vez el beso fue más prolongado e intenso. – Te quiero Francisca. Siempre te he querido. Y siempre te querré -.
Se quedó mirándole a los ojos, esperando su respuesta. Francisca acortó la distancia hasta su boca y se entregó a un beso largo y profundo. Sus manos vagaron por la espalda de Raimundo, por debajo de la camisa, hasta subir hasta sus hombros quitándosela. Perdiéndose en un mar de caricias por su pecho. Arañando.
Las manos de Raimundo tampoco permanecían quietas. Se deslizaron hasta sus muslos acariciándola con la yema de los dedos. Aquello era un festín de besos, de caricias, de jadeos, que pronto dejó de ser suficiente.
- Moriré si no te hago mía, pequeña… -. Gimió Raimundo.
- Pues entonces tendrás que hacerlo -. Jadeó ella. – No quiero cargar con la muerte del tabernero del pueblo a mis espaldas -. Bromeó en un gemido.
La respuesta de Raimundo fue concisa. Se introdujo en su interior de una sola estocada que les hizo gritar a ambos. Comenzaron a moverse despacio, acoplándose de nuevo el uno al otro. Rápidamente encontraron el ritmo que les hacia alcanzar las estrellas. No dejaron de besarse ni un segundo, ni de prodigarse mil palabras de amor. Todas las que habían guardado durante tantos años para entregárselas únicamente a ellos y a su amor.
- No puedo más, Raimundo… -.
- Déjate llevar mi niña… ven conmigo -. Seguía moviéndose sobre ella. Esta vez el ritmo era más frenético y descontrolado. – Vámonos juntos… -. Bajó su mano hasta el muslo de ella y lo flexionó, llegando más profundo a su interior.
Ella le provocaba con sensuales caricias en su trasero. Agarrándole con sus manos. Atrayéndole más hacia ella. Hasta que ninguno pudo contenerse por más tiempo. Y juntos alcanzaron el clímax. Ahogando los gritos en un beso tan profundo como su amor.
Un amor que se había conservado intacto a lo largo de los años. Un amor en conserva.
FIN
Se despertó cuando notó un suave peso sobre él. Abrió los ojos en el mismo momento en que el brazo de Francisca acariciaba su pecho hasta llegar a su costado y abrazarle. La miró y vio que seguía dormida.
- …Raimundo… -. Vio que sonreía. -…Te quiero… -.
- Y yo a ti, ángel mío. Y yo a ti -. Musitó emocionado.
Francisca debía estar soñando. Y soñando con él. ¿Cómo podía haber vivido tanto tiempo sin ella? Mirándole el rostro en ese momento, encontró a la pequeña chiquilla de la que se enamoró. A su niña. Se tensó cuando Francisca movió de nuevo la mano hasta llevarla a su cuello. Pero no fue solo su mano lo que se movía. Su rostro se fue acercando muy despacio también hasta dejar un suave beso en él. Cerró los ojos. Sabía que ella estaba dormida, que nada de aquello era real. Pero sentirla de nuevo junto a él le trastornaba. Nada malo pasaría si no la despertaba. Echaba demasiado de menos sus besos.
Pero la boca de Francisca se movía, y fue subiendo por su cuello hasta encontrarse con su boca. Acariciándole. Rozándole con los labios. Besándole. Amándole. Y él estaba tan necesitado de ese amor que sucumbió a su debilidad y le devolvió el beso con la misma suavidad. ¡No! gritó su mente. No puedes aprovecharte de su sueño . Lo mejor era despertarla. Antes de que él no pudiera contenerse por más tiempo.
- …Francisca…- La zarandeó tiernamente. -… Francisca…-. Ella abrió los ojos, parpadeando varias veces. -…estabas soñando… -.
- ¿Qué? -. Se incorporó levemente y se dio cuenta de que estaba medio tumbada en el pecho de Raimundo y demasiado cerca de su boca. – Yo… lo siento… -. Fue a apartarse, pero él la detuvo.
- Francisca, ¿tú me quieres? -.
Ella abrió los ojos todo lo que pudo. ¿Cómo iba a contestarle a eso tan cerca como estaba de su cuerpo, de su boca? ¡No podría mentirle!
- ¿No crees que ya va siendo hora de que seamos sinceros el uno con el otro? Son muchas las cosas que debemos perdonarnos. Y para ello debemos ser completamente sinceros el uno con el otro. Respóndeme… ¿me quieres? -.
- ¿Y tú? ¿Me quieres a mí? -. Contestó ella irónica con otra pregunta. – No pienso abrir mi corazón para que me lo destroces de nuevo, Raimundo. Y si me quisieras… no estarías con ella -.
- Ella me da paz… -. Francisca quiso zafarse de él. No podría soportar que Raimundo comenzara a hablarle de aquella mujer. Pero antes de que lograra soltarse, él se giró y se puso sobre ella, cargando suavemente su peso. – Pero no la amo -. Bajó la cabeza y rozó dulcemente sus labios. – Solo una vez amé en mi vida y ella sigue siendo dueña de mi corazón -. La besó otra vez. – De mi alma -. Otro beso. – De mi cuerpo -. Esta vez el beso fue más prolongado e intenso. – Te quiero Francisca. Siempre te he querido. Y siempre te querré -.
Se quedó mirándole a los ojos, esperando su respuesta. Francisca acortó la distancia hasta su boca y se entregó a un beso largo y profundo. Sus manos vagaron por la espalda de Raimundo, por debajo de la camisa, hasta subir hasta sus hombros quitándosela. Perdiéndose en un mar de caricias por su pecho. Arañando.
Las manos de Raimundo tampoco permanecían quietas. Se deslizaron hasta sus muslos acariciándola con la yema de los dedos. Aquello era un festín de besos, de caricias, de jadeos, que pronto dejó de ser suficiente.
- Moriré si no te hago mía, pequeña… -. Gimió Raimundo.
- Pues entonces tendrás que hacerlo -. Jadeó ella. – No quiero cargar con la muerte del tabernero del pueblo a mis espaldas -. Bromeó en un gemido.
La respuesta de Raimundo fue concisa. Se introdujo en su interior de una sola estocada que les hizo gritar a ambos. Comenzaron a moverse despacio, acoplándose de nuevo el uno al otro. Rápidamente encontraron el ritmo que les hacia alcanzar las estrellas. No dejaron de besarse ni un segundo, ni de prodigarse mil palabras de amor. Todas las que habían guardado durante tantos años para entregárselas únicamente a ellos y a su amor.
- No puedo más, Raimundo… -.
- Déjate llevar mi niña… ven conmigo -. Seguía moviéndose sobre ella. Esta vez el ritmo era más frenético y descontrolado. – Vámonos juntos… -. Bajó su mano hasta el muslo de ella y lo flexionó, llegando más profundo a su interior.
Ella le provocaba con sensuales caricias en su trasero. Agarrándole con sus manos. Atrayéndole más hacia ella. Hasta que ninguno pudo contenerse por más tiempo. Y juntos alcanzaron el clímax. Ahogando los gritos en un beso tan profundo como su amor.
Un amor que se había conservado intacto a lo largo de los años. Un amor en conserva.
FIN
#6198
12/02/2012 20:41
Raimundo temia acercarse,estaba tan hermosa con ese camison y el
cabello suelto que penso que moriria contemplandola.habia bebido un par de chatos de vino
para animarse a hacer lo que de otra manera su cordura le habria impedido.Se tambaleo un poco,
y eso hizo que pisara una rama seca alertando a Francisca que no estaba sola.
-¿Quien anda ahi?-dijo ella un poco asustada.-Soy yo, Francisca-dijo Raimundo
acercandose a ella.-¿Que haces aqui tabernero?-dijo ella avergonzada de que
la viera en ese estado-¿No tienes borrachos que atender en tu posada que
tienes que venir aqui a regodearte en mi desgracia?.-Raimundo se agacho a
su altura-¿Has bebido?-dijo ella arqueando una ceja cuando percibio el olor a
alcohol que emanaba de el-Si mi pequeña de otra manera jamas me hubiera atrevido-
ella sintio un escalofrio al escucharlo llamarla de esa manera,trayendo a su mente
hermosos recuerdos.De repente en un acto impulsivo llevo su mano a la mejilla de
Raimundo notando que estaba humeda por las lagrimas que el habia derramado
-¿Porque estas llorando tabernero.aqui la que esta invalida soy yo-Le dolio
pronunciar esas palabras pero le partia el alma verlo llorar como si de un
niño se tratase.-Porque soy un cobarde lo fui entonces y lo soy ahora,
solo soy capaz de acercarme a ti cuando se que no puedes oirme-
Francisca se quedo sin habla al oir aquellas palabras,entonces no
habia soñado su Raimundo habia estado junto a ella en su alcoba.
-No eres ningun cobarde-Dijo ella moviendo la mano por su mejilla,
provocando en el millones de escalofrios-Hace falta mucho valor
para seguirme amando despues de todo lo que te hice pasar-en
ese instante era ella la que dejaba caer sus lagrimas.-No llores
mi pequeña-Dijo el acariciando su mejillla, Francisca cerro los ojos
ante el calor de su mano,esa mano que hacia demasiado tiempo que no
sentia.
cabello suelto que penso que moriria contemplandola.habia bebido un par de chatos de vino
para animarse a hacer lo que de otra manera su cordura le habria impedido.Se tambaleo un poco,
y eso hizo que pisara una rama seca alertando a Francisca que no estaba sola.
-¿Quien anda ahi?-dijo ella un poco asustada.-Soy yo, Francisca-dijo Raimundo
acercandose a ella.-¿Que haces aqui tabernero?-dijo ella avergonzada de que
la viera en ese estado-¿No tienes borrachos que atender en tu posada que
tienes que venir aqui a regodearte en mi desgracia?.-Raimundo se agacho a
su altura-¿Has bebido?-dijo ella arqueando una ceja cuando percibio el olor a
alcohol que emanaba de el-Si mi pequeña de otra manera jamas me hubiera atrevido-
ella sintio un escalofrio al escucharlo llamarla de esa manera,trayendo a su mente
hermosos recuerdos.De repente en un acto impulsivo llevo su mano a la mejilla de
Raimundo notando que estaba humeda por las lagrimas que el habia derramado
-¿Porque estas llorando tabernero.aqui la que esta invalida soy yo-Le dolio
pronunciar esas palabras pero le partia el alma verlo llorar como si de un
niño se tratase.-Porque soy un cobarde lo fui entonces y lo soy ahora,
solo soy capaz de acercarme a ti cuando se que no puedes oirme-
Francisca se quedo sin habla al oir aquellas palabras,entonces no
habia soñado su Raimundo habia estado junto a ella en su alcoba.
-No eres ningun cobarde-Dijo ella moviendo la mano por su mejilla,
provocando en el millones de escalofrios-Hace falta mucho valor
para seguirme amando despues de todo lo que te hice pasar-en
ese instante era ella la que dejaba caer sus lagrimas.-No llores
mi pequeña-Dijo el acariciando su mejillla, Francisca cerro los ojos
ante el calor de su mano,esa mano que hacia demasiado tiempo que no
sentia.
#6199
12/02/2012 22:14
Ruth eres increíble, fabulosa. Enhorabuena por tus relatos
#6200
12/02/2012 22:44
bueno bueno,cómo me gustan estos "Retos".
Fabuloso compañera! me ha encantado. Los "momentos trasero" que ya empiezan a ser un clásico en todos los relatos,me vuelven loca
Cómo sabemos tu y yo lo que vale ese culito jajaja
Gracias por este relato! ojalá se portaran tan bien con nosotras en la serie
siamesa
Fabuloso compañera! me ha encantado. Los "momentos trasero" que ya empiezan a ser un clásico en todos los relatos,me vuelven loca

Cómo sabemos tu y yo lo que vale ese culito jajaja
Gracias por este relato! ojalá se portaran tan bien con nosotras en la serie
siamesa
