El Rincón de Francisca y Raimundo:ESTE AMOR SE MERECE UN YACIMIENTO (TUNDA TUNDA) Gracias María y Ramon
#0
08/06/2011 23:44
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#6161
10/02/2012 20:31
Una servidora se cambia ahoara mismo el icono. Graciass Crisss. Es precioso
#6162
10/02/2012 20:38
Cris abrelo me parece una idea estupenda. Además podéis poner el enace directo en la cabecera
#6163
10/02/2012 21:18
Bfff, cuanta lectura tenía atrasada... por partes:
Ruth... tú y yo adoramos a "Cojito" y... que buen uso le hubieran dado los guionistas poniéndolo de compañero de Francisca!! Me ha encantado el relato, me quedaba por leerme el final y ese último momento de... "visitarl@" me ha encantado. Mini pronto para levantar los ánimos!!!
Laury... como nos gusta por estos lares dejar a la Paca embarazada de un Raimundito jajajajaj. Me encanta el relato!!!
Miri... esos pensamientos de Raimundo, que hace una semana comprendía tan bien y que ahora estos guionistas... me están haciendo la cabeza un lío. Espero que con tu relato puedas explicarnos que **** se le está pasando a Rai por la cabeza para hacer las tonterías que está haciendo. Continúalo pronto!!! Por cierto, que he estado mirando lo de los avatares que me has dicho en fb pero no me deja poner nada, los existentes son de Silvia y no sé si será por eso o porque los tienes que subir tú pero... no me deja allí.
Me alegro de que os hayan gustado los avatares. Es una forma de sacar de buena manera la mala leche progresiva que me van poniendo los guionistas con las escenas Cágueda-Rai.
Lo del hilo... era un idea, por compartir creatividad gráfica.
Un beso a todas!
Ruth... tú y yo adoramos a "Cojito" y... que buen uso le hubieran dado los guionistas poniéndolo de compañero de Francisca!! Me ha encantado el relato, me quedaba por leerme el final y ese último momento de... "visitarl@" me ha encantado. Mini pronto para levantar los ánimos!!!
Laury... como nos gusta por estos lares dejar a la Paca embarazada de un Raimundito jajajajaj. Me encanta el relato!!!
Miri... esos pensamientos de Raimundo, que hace una semana comprendía tan bien y que ahora estos guionistas... me están haciendo la cabeza un lío. Espero que con tu relato puedas explicarnos que **** se le está pasando a Rai por la cabeza para hacer las tonterías que está haciendo. Continúalo pronto!!! Por cierto, que he estado mirando lo de los avatares que me has dicho en fb pero no me deja poner nada, los existentes son de Silvia y no sé si será por eso o porque los tienes que subir tú pero... no me deja allí.
Me alegro de que os hayan gustado los avatares. Es una forma de sacar de buena manera la mala leche progresiva que me van poniendo los guionistas con las escenas Cágueda-Rai.
Lo del hilo... era un idea, por compartir creatividad gráfica.
Un beso a todas!
#6164
11/02/2012 00:25
Natalia Soy tu fan número uno. Dices verdades como puños. Y yo también estoy en modo desconexion de la serie. Como bien dices las tramas ahora mismo no invitan a pasar una tarde viendo lo que nos estamos tragando. POrefiero volver cuando haya algo de luz aunque sea dentro de unos meses , un años, dos.
#6165
11/02/2012 11:08
¡Buenos días!
En vista de que ayer,una servidora se lió (y mucho) haciendo otras cosas, se le olvidó comentar sobre ciertos aspectos de la conducta del Ulloa cuando prometió haberlo hecho. ¡Lo siento!
En fin, en vista de que el Señor Raimundo Ulloa nos tiene bastante calentitas ultimamente, y en esta ocasión no se debe a sus múltiples encantos y a su atractivo, sino a la actitud con la que está enfrentándose a la enfermedad primero y posterior invalidez del amor de su vida, paso a decir, que en mi humilde opinión todo se debe a....
MIEDO.
Exacto. Miedo es la palabra que define su actitud. Pensamos erróneamente que la enfermedad de Francisca iba a servir para unir a este par de cabezotas, pero no ha sido así. Para lo que ha servido, es para que este hombre se de cuenta del alcance de sus sentimientos actuales por Francisca Montenegro y cuán de intensos son estos. Vive en una constante negación.
1º. Se negó a creer que dicha enfermedad era más grave de lo que en realidad fue. No fue consciente de dicha gravedad hasta que abrió la puerta del dormitorio de Francisca y la vió en esa cama. Inerte (ay! me se la despedida de memoria). En ese momento a solas con ella,afloraron una serie de sentimientos que, aunque él sabía que aún tenía, no era verdaderamente consciente de que la amaba hasta ese punto y con tal intensidad. A pesar de todo lo que ella le había hecho. A pesar de sus enfrentamientos y disputas continuas.
Conclusión a este primer punto: Se sintió desbordado de sentimientos.
2º. Preocupación por el resultado de la operación: Como vimos, se la pasó preguntando disimuladamente a Tristán primero y a Pepa después. Con Tristán debía disimular más aún pues él no conoce la relación pasada que tuvo con su madre. Con Pepa fue más abierto al ser ella conocedora de dicha relación. "ESA MUJER ME HA HECHO LA VIDA IMPOSIBLE Y SIN ELLA NO LA CONCIBO". Pues eso. Mas sentimientos.
3º. Aquí viene ya el momento "SE QUE ESTÁ INVÁLIDA, PERO PASO PORQUE TENGO UNA NUEVA ILUSIÓN" ¿Qué ocurre?. Pues que Francisca está viva. Y nuestro amado Ulloa, está muerto de miedo.
Miedo que sintió al hecho de perderla. Miedo que sintió de sus propios sentimientos. Tiene un caos mental y emocional en este momento demasiado fuerte. Y se siente abrumado. Por lo que busca la estabilidad y volver a la paz emocional que tenía antes de la enfermedad de Francisca. ¿Y quién es la persona que le da esa tranquilidad? Cágueda. Con ella está cómodo, con ella está tranquilo. Con ella, no siente pasión. Se siente seguro, porque sabe que a ella no la va a amar nunca.
Y se autoengaña pensando que así todo volverá a ser como antes. Centrándose con todas sus fuerzas en esta "relación" no piensa en sus verdaderos sentimientos. No piensa en Francisca. Está viendo a Cágueda como su tabla de salvación para recuperar la estabilidad que cree haber perdido. Y no se da cuenta de la espiral en la que se va a ver inmerso. En la que va a ser peor el remedio que la enfermedad. Porque en algún momento, todos estos sentimientos que está reprimiendo y ocultando, van a estallar y harán daño, no solo a él mismo sino a las personas a las que ha involucrado.
Se ha visto perfectamente estos días el esfuerzo que está haciendo por sentir algo que de verdad no siente. Amor por Cágueda. Se vio en el momento en que se entera de que Francisca se ha quedado inválida y al medio segundo habla de una "nueva ilusión en su vida".
El Señor Ulloa sabe que le amo. Pero uno no puede huir eternamente de sus sentimientos. Ni mucho menos ocultarlos. Acusó en una ocasión a Francisca de esconder los problemas con el tema de Efrén. Y no se da cuenta de que, en este caso, él está haciendo lo mismo. Esconder. Ocultar. HUIR. Y va a sufrir muchísimo.
"A veces la persona que nos causa el mayor dolor, es la única que puede sanarnos"
Por todo esto,voya a dar un voto de confianza a mi Rai y aguantaré los intentos de querer "enamorarse" de alguien que no es ella. Que no es su pequeña. Porque tarde o temprano, recuperaré a mi Raimundo Ulloa de siempre. Aunque se que tardaré aún mucho tiempo en volver a verle.
En vista de que ayer,una servidora se lió (y mucho) haciendo otras cosas, se le olvidó comentar sobre ciertos aspectos de la conducta del Ulloa cuando prometió haberlo hecho. ¡Lo siento!
En fin, en vista de que el Señor Raimundo Ulloa nos tiene bastante calentitas ultimamente, y en esta ocasión no se debe a sus múltiples encantos y a su atractivo, sino a la actitud con la que está enfrentándose a la enfermedad primero y posterior invalidez del amor de su vida, paso a decir, que en mi humilde opinión todo se debe a....
MIEDO.
Exacto. Miedo es la palabra que define su actitud. Pensamos erróneamente que la enfermedad de Francisca iba a servir para unir a este par de cabezotas, pero no ha sido así. Para lo que ha servido, es para que este hombre se de cuenta del alcance de sus sentimientos actuales por Francisca Montenegro y cuán de intensos son estos. Vive en una constante negación.
1º. Se negó a creer que dicha enfermedad era más grave de lo que en realidad fue. No fue consciente de dicha gravedad hasta que abrió la puerta del dormitorio de Francisca y la vió en esa cama. Inerte (ay! me se la despedida de memoria). En ese momento a solas con ella,afloraron una serie de sentimientos que, aunque él sabía que aún tenía, no era verdaderamente consciente de que la amaba hasta ese punto y con tal intensidad. A pesar de todo lo que ella le había hecho. A pesar de sus enfrentamientos y disputas continuas.
Conclusión a este primer punto: Se sintió desbordado de sentimientos.
2º. Preocupación por el resultado de la operación: Como vimos, se la pasó preguntando disimuladamente a Tristán primero y a Pepa después. Con Tristán debía disimular más aún pues él no conoce la relación pasada que tuvo con su madre. Con Pepa fue más abierto al ser ella conocedora de dicha relación. "ESA MUJER ME HA HECHO LA VIDA IMPOSIBLE Y SIN ELLA NO LA CONCIBO". Pues eso. Mas sentimientos.
3º. Aquí viene ya el momento "SE QUE ESTÁ INVÁLIDA, PERO PASO PORQUE TENGO UNA NUEVA ILUSIÓN" ¿Qué ocurre?. Pues que Francisca está viva. Y nuestro amado Ulloa, está muerto de miedo.
Miedo que sintió al hecho de perderla. Miedo que sintió de sus propios sentimientos. Tiene un caos mental y emocional en este momento demasiado fuerte. Y se siente abrumado. Por lo que busca la estabilidad y volver a la paz emocional que tenía antes de la enfermedad de Francisca. ¿Y quién es la persona que le da esa tranquilidad? Cágueda. Con ella está cómodo, con ella está tranquilo. Con ella, no siente pasión. Se siente seguro, porque sabe que a ella no la va a amar nunca.
Y se autoengaña pensando que así todo volverá a ser como antes. Centrándose con todas sus fuerzas en esta "relación" no piensa en sus verdaderos sentimientos. No piensa en Francisca. Está viendo a Cágueda como su tabla de salvación para recuperar la estabilidad que cree haber perdido. Y no se da cuenta de la espiral en la que se va a ver inmerso. En la que va a ser peor el remedio que la enfermedad. Porque en algún momento, todos estos sentimientos que está reprimiendo y ocultando, van a estallar y harán daño, no solo a él mismo sino a las personas a las que ha involucrado.
Se ha visto perfectamente estos días el esfuerzo que está haciendo por sentir algo que de verdad no siente. Amor por Cágueda. Se vio en el momento en que se entera de que Francisca se ha quedado inválida y al medio segundo habla de una "nueva ilusión en su vida".
El Señor Ulloa sabe que le amo. Pero uno no puede huir eternamente de sus sentimientos. Ni mucho menos ocultarlos. Acusó en una ocasión a Francisca de esconder los problemas con el tema de Efrén. Y no se da cuenta de que, en este caso, él está haciendo lo mismo. Esconder. Ocultar. HUIR. Y va a sufrir muchísimo.
"A veces la persona que nos causa el mayor dolor, es la única que puede sanarnos"
Por todo esto,voya a dar un voto de confianza a mi Rai y aguantaré los intentos de querer "enamorarse" de alguien que no es ella. Que no es su pequeña. Porque tarde o temprano, recuperaré a mi Raimundo Ulloa de siempre. Aunque se que tardaré aún mucho tiempo en volver a verle.
#6166
11/02/2012 12:17
Hola!!!!!!
Ruth que bien lo describes todo eh!! captas muy bien lo que le pasa a Raimundo y yo stoy totalmente contigo...bueno, creo que todas estamos de acuerdo.
Es que no se puede entender que en un milisegundo pase de preocuparse por Francisca a decir que tiene una nueva ilusión, no puede ser!!! No nos podemos creer ese "amor" que nos querrán hacer creer los guionistas hacia Cágueda ..... y está claro que lo hace para ver si olvida a su pequeña, aunque pobrecito si se lo cree, porque jamás la olvidará. Le dijo que no nunca ha dejado de anhelarla ..... después de 30 años Raimundo, y lo harás ahora? no, sabes que no.
No sé por dónde irá la historia ahora, no sé que hará Francisca cuando se entere de ello... espero que intente acercarse a él, pero no sé si su orgullo se lo permitirá. Estoy cansada de tanto enfado .... no quiero que volvamos a aquellos tiempos en los que teníamos que esperar tropecientos capítulos para ver una escena de ellos, no!!!! Q se descubra la de la operación de Raimundo, que se entere que conserva el libro, que a la Paca le de un ataque monumental de celos y termine diciéndole en la cara que lo ama, o que aparezca un "cuarto" en discordia y Raimundo se ponga celoso y se plantee que puede perderla para siempre.....yo que sé!!! pero que pase algo por favor!!!!!!!!!! Las raipaquistas nos merecemos que esta historia no muera, que no quede en el olvido ............. aunque confiamos plenamente que eso no pasará.
Miri ... como te dije ayer, maravilloso tu relato....una pasada!!!! A tí Laury q te digo?? que me gusta mucho y que siempre nos sacas una sonrisa, esa Paca embarazada no me la pierdo!!! Ruth, que aquí estoy esperando ese relato, que anoche me dejaste intrigada, jeje!!!! Rocío, Cris, Natalia........cuando podáis poner otro trocito ;)
Silvia, Lourdes ............ nunca me olvido de ustedes, se os echa de menos.
Perdonad el tocho!!!! Buen día
Ruth que bien lo describes todo eh!! captas muy bien lo que le pasa a Raimundo y yo stoy totalmente contigo...bueno, creo que todas estamos de acuerdo.
Es que no se puede entender que en un milisegundo pase de preocuparse por Francisca a decir que tiene una nueva ilusión, no puede ser!!! No nos podemos creer ese "amor" que nos querrán hacer creer los guionistas hacia Cágueda ..... y está claro que lo hace para ver si olvida a su pequeña, aunque pobrecito si se lo cree, porque jamás la olvidará. Le dijo que no nunca ha dejado de anhelarla ..... después de 30 años Raimundo, y lo harás ahora? no, sabes que no.
No sé por dónde irá la historia ahora, no sé que hará Francisca cuando se entere de ello... espero que intente acercarse a él, pero no sé si su orgullo se lo permitirá. Estoy cansada de tanto enfado .... no quiero que volvamos a aquellos tiempos en los que teníamos que esperar tropecientos capítulos para ver una escena de ellos, no!!!! Q se descubra la de la operación de Raimundo, que se entere que conserva el libro, que a la Paca le de un ataque monumental de celos y termine diciéndole en la cara que lo ama, o que aparezca un "cuarto" en discordia y Raimundo se ponga celoso y se plantee que puede perderla para siempre.....yo que sé!!! pero que pase algo por favor!!!!!!!!!! Las raipaquistas nos merecemos que esta historia no muera, que no quede en el olvido ............. aunque confiamos plenamente que eso no pasará.
Miri ... como te dije ayer, maravilloso tu relato....una pasada!!!! A tí Laury q te digo?? que me gusta mucho y que siempre nos sacas una sonrisa, esa Paca embarazada no me la pierdo!!! Ruth, que aquí estoy esperando ese relato, que anoche me dejaste intrigada, jeje!!!! Rocío, Cris, Natalia........cuando podáis poner otro trocito ;)
Silvia, Lourdes ............ nunca me olvido de ustedes, se os echa de menos.
Perdonad el tocho!!!! Buen día
#6167
11/02/2012 13:25
Sois geniales chicas, sois geniales con vuestras historias.. Me cambié el avatar ayer pero no hay forma de que salga
#6168
11/02/2012 14:10
Comento hoy que ayer no tuve ni tiempo, ni cuerpo para hacerlo.
RIRI, sabes que no puedo estar más de acuerdo contigo. Raimundo está cagadisimo, asustado del cúmulo de sentimientos que han despertado con los últimos acontecimientos. Porque esos sentimientos estaban ahi y Raimundo sabía que los tenía, pero de alguna forma estaban dormidos y no se ha dado cuenta de la magnitud de su amor por Francisca hasta ahora. Y al creerla imposible quién mejor que Águeda para producirle el sosiego que necesita. Es comprensible. Aunque esto no significa que no se merezca un par de capones.
Voy a ir por parte que tengo unas cuantas cosas atrasadas.
Laury, tus relatos son la caña. Este empezó totalmente sentimental y ahora me la preñas jaja Me encanta. Espero la boda con ganas
Eva, una vez más gracias por tus chascarrillos.
Cris, qué te digo de los avatares? Los dos primeros (los de Francisca y Raimundo) son preciosos. Y los demás (Cágueda) son geniales, muestran todo el aprecio que le tenemos a esta mujer jaja
Miri, maravilloso.
Me has hecho llorar. Sigue en cuanto puedas que ardo en deseos de leer como plasmas el comportamiento actual de Raimundo.
Thid, tu avatar si se ve ¿eh? Y por cierto fue genial la idea de Cris de ponerle el escudo del Barcelona a Rai jaja
Creo que no me dejo nada, y si lo hago lo siento.
Un besito a todas
RIRI, sabes que no puedo estar más de acuerdo contigo. Raimundo está cagadisimo, asustado del cúmulo de sentimientos que han despertado con los últimos acontecimientos. Porque esos sentimientos estaban ahi y Raimundo sabía que los tenía, pero de alguna forma estaban dormidos y no se ha dado cuenta de la magnitud de su amor por Francisca hasta ahora. Y al creerla imposible quién mejor que Águeda para producirle el sosiego que necesita. Es comprensible. Aunque esto no significa que no se merezca un par de capones.
Voy a ir por parte que tengo unas cuantas cosas atrasadas.
Laury, tus relatos son la caña. Este empezó totalmente sentimental y ahora me la preñas jaja Me encanta. Espero la boda con ganas

Eva, una vez más gracias por tus chascarrillos.
Cris, qué te digo de los avatares? Los dos primeros (los de Francisca y Raimundo) son preciosos. Y los demás (Cágueda) son geniales, muestran todo el aprecio que le tenemos a esta mujer jaja
Miri, maravilloso.
Me has hecho llorar. Sigue en cuanto puedas que ardo en deseos de leer como plasmas el comportamiento actual de Raimundo. Thid, tu avatar si se ve ¿eh? Y por cierto fue genial la idea de Cris de ponerle el escudo del Barcelona a Rai jaja
Creo que no me dejo nada, y si lo hago lo siento.
Un besito a todas
#6169
11/02/2012 15:20
Hola!!!
Ruth estoy totalmente de acuerdo con tu teoria yo pensaba lo mismo, en realidad si esta con Agueda es por comodidad, por miedo a la magnitud de sus sentimientos, nada mas
Creo qeu os debo una explicacion para la que no se crea que la Paca se pueda quedar embarazada, yo he hecho mis claculos y si Pepa se quedó embarazada a los 16 y han pasado 6 años deberia tener 22, pongamos que Tristán es algo mayor, sobre 24 y Francisca lo tuvo a los 20, pues tiene 44, en mi mente alocada, con lo que es posible perfectamente, jeje
Bueno os dejo EL FINAL, espero que os guste!
SEGUNDAS OPORTUNIDADES
Los nervios lo obligaban a moverse, de un lado a otro en el altar bajo la mirada cómplice de don Anselmo. A su lado, lo acompañaba Sebastián, Emilia y Alfonso lo miraban divertidos al igual que Soledad y Juan. Y Pepa intentaba tranquilizarlo, pero no había manera. La música comenzó a sonar haciendo que Raimundo temblara. “Por fin ha llegado el momento” se dijo. Al final del largo pasillo apareció Francisca cogida del brazo de su hijo Tristán, avanzando hacia él en una marcha que se le hacía infinitamente lenta, a una distancia, infinitamente enorme porque no podía esperar a tenerla a su lado.
Francisca se agarraba con todas sus fuerzas a Tristán temiendo caerse de la misma emoción. Todo aquello le parecía tan perfecto que casi parecía un sueño y temía despertarse en cualquier momento. Al verlo allí de pie, junto al altar como debían haber estado tantos años atrás vestido con un elegante traje se dijo así misma que había encontrado su lugar en el mundo. Justo allí con todos a los que amaba y, se acarició la barriga, los que faltaban por llegar.
Avanzó lentamente hasta alcanzar el altar, hasta encontrarse frente a él, frente al amor de su vida, frente al hombre que llevaba treinta años poblando sus sueños, viviendo en sus suspiros, rondando sus recuerdos. Estaba frente a él y esta vez con el convencimiento de que no volverían a separarse. Tristán le dio un beso en la mejilla y posó la mano de Francisca sobre la de Raimundo.
- Cuídamela padre- Le susurró
- Siempre- le respondió.
“Querido hermanos…” Don Anselmo empezó a hablar mientras Francisca se perdía en la inmensidad de los ojos de Raimundo, y pensar que a partir de aquel día podría ver esa misma mirada en cada despertar, se decía.
- Ahora sus votos. Raimundo
- Francisca, mi querida Francisca, he tenido 30 años para pensar y aún así no he encontrado palabras para describir lo mucho que te quiero, lo que significas para mí. Podría decir que eres como el aire que respiro, que eres la esencia de mi alma, que estás clavada a fuego en lo más hondo de mi ser. Podría decirte que tu mera existencia ha dado sentido a mi vida todos estos años, que siempre has estado a mi lado, en cada sueño, en cada susurro del viento, podría decir todo eso y mucho más y ni siquiera entonces podría mostrarte todo mi amor. Porque lo que siento por ti, lo que siento cuando te veo, cuando te escucho- la cogió de la mano- cuando te toco es algo inmenso, que me llena, me desborda, me completa, me hace ser mejor y me da fuerzas para superar cada obstáculo. En realidad no sé cómo podría decirte en unos votos lo mucho que te amo, pero hay algo que sí que sé, que siempre, siempre te amaré porque no puede acabar lo que es eterno ni puede tener fin la inmensidad. Y eso es lo que tenemos, un amor inmenso y la eternidad para amarnos y cuidar de nuestro futuro hijo.
- O hija- le cortó ella
- Francisca, tu turno- dijo el padre
- Condenado hombre, siempre me dejas sin palabras. Me pides que me case así sin previo aviso y claro tú ya tenías los votos pensados, ¿pero yo qué? Pues que sepas que conmigo no vas a poder. Y pensarás: ¿Qué puedes decir que no haya dicho sobre nuestro amor? Que es eterno, que es inmenso, que te quiero más que a mi propia vida. Te he esperado treinta años y podría esperar una vida entera por ti… pero preferiría no hacerlo, bastante tiempo hemos estado separados ya. Reconozco que la vida conmigo no es fácil, no soy una persona dócil, ni tranquila, tengo un carácter complicado, soy orgullosa y…bueno, no quiero asustarte el día de la boda, sobre todo si tenemos en cuente que el embarazo me pone aún más “sensible”. En fin, que no pienses que con ese discursito de poeta bohemio vas a hacer que me derrita porque en el fondo siempre supe que me encontrarías por muy lejos que estuviese o pareciese estar. Hace treinta años te escribí una vez que había soñado que caminaba por un desierto mucho tiempo, y que cuando me creía a punto de desfallecer tú me salvabas y calmabas mi sed con tus labios. Y eso ha pasado: estos treinta años he vagado por el más árido de los desiertos porque estaba lejos de ti y cuando estaba a punto de morir, enferma, hundida, tú llegaste, me colmaste de amor y me salvaste. Por una vez, y que no sirva de precedentes, te diré que te quiero más que a nada, que eres mi salvación, mi guía, mi todo y por eso quiero pasar el resto de mi vida a tu lado y no dejaré que nada ni nadie nos separe. Pero como estas palabras salgan de aquí las negaré, ¿entendido? Que la Montenegro tiene que mantener una imagen.
- Yo también te quiero Francisca- dijo él sonriendo, esa era su pequeña.
- Bueno, pues yo os declaro marido y mujer. Ya puedes besar a la novia.
- Ya era hora de que lo dijera padre- dijeron a la vez
Y sus labios se encontraron con ansia, con amor, con la alegría más infinita. Casados, unidos, juntos para el resto de sus vidas, con un bebé en camino y el resto de sus días para amarse.
Salieron a la calle cogidos de la mano y allí medio pueblo los esperaba con todo tipo de platos: cazuela de arroz, paella, arroz al horno, arroz con bajocas, arroz caldoso…Los dos se quedaron parados sin entender nada y Tristán tuvo que explicar:
- El pueblo lleva tanto tiempo esperando esta boda que les ha dado tiempo a usar todo el arroz del pueblo.
- Pues ya tenemos banquete- Rieron los dos
- Para que luego digan que se nos iba a pasar el arroz- comentó Francisca.
Y todos dieron buena cuenta del banquete, en especial Francisca a la que su nuevo estado le daba un hambre voraz.
- ¿Cómo puedes comer así? – Se sorprendió Raimundo
- ¿Qué pasa? estoy casada y embarazada, lo de guardar la línea queda muy atrás
- ¿No querrás que empiece a arrepentirme?
- Más te vale que no. Además con lo que hemos pasado para volver a encontrarnos yo creo que ya he gastado por adelantado el banquete. – Raimundo la agarró por la cintura, aquella cintura en la que comenzaban a notarse las redondeces de la preñez y la acercó a él para fundir sus labios en los suyos una vez más.
Y lo cierto era que Francisca tenía razón, habían recorrido un largo camino hasta llegar allí. Hasta encontrar su lugar. Su lugar, juntos. El tiempo pasa, a veces todo cambia, otras veces, todo permanece. Y al final del largo viaje llegamos a nuestro destino. Mirándose entre la gente, sonriéndose solo entre ellos, Raimundo y Francisca volvieron a pensar que habían recorrido una interminable senda, demasiado larga, pero que al fin, todos los obstáculos, todos los baches del recorrido habían merecido la pena porque habían llegado a su destino y se habían encontrado en él. Poco importaban ya los parajes transitados en aquellos caminos que un día tuvieron que tomar por separados, poco importaba el dolor sufrido y el causado, porque habían encontrado su lugar, algo que les pertenecía solo a ellos. Habían vuelto a encontrar el amor, la felicidad, la esperanza… habían encontrado su segunda oportunidad, y esta vez nada los separaría porque no puede acabar lo que es eterno, ni puede tener fin la inmensidad.
FIN
Ruth estoy totalmente de acuerdo con tu teoria yo pensaba lo mismo, en realidad si esta con Agueda es por comodidad, por miedo a la magnitud de sus sentimientos, nada mas
Creo qeu os debo una explicacion para la que no se crea que la Paca se pueda quedar embarazada, yo he hecho mis claculos y si Pepa se quedó embarazada a los 16 y han pasado 6 años deberia tener 22, pongamos que Tristán es algo mayor, sobre 24 y Francisca lo tuvo a los 20, pues tiene 44, en mi mente alocada, con lo que es posible perfectamente, jeje
Bueno os dejo EL FINAL, espero que os guste!
SEGUNDAS OPORTUNIDADES
Los nervios lo obligaban a moverse, de un lado a otro en el altar bajo la mirada cómplice de don Anselmo. A su lado, lo acompañaba Sebastián, Emilia y Alfonso lo miraban divertidos al igual que Soledad y Juan. Y Pepa intentaba tranquilizarlo, pero no había manera. La música comenzó a sonar haciendo que Raimundo temblara. “Por fin ha llegado el momento” se dijo. Al final del largo pasillo apareció Francisca cogida del brazo de su hijo Tristán, avanzando hacia él en una marcha que se le hacía infinitamente lenta, a una distancia, infinitamente enorme porque no podía esperar a tenerla a su lado.
Francisca se agarraba con todas sus fuerzas a Tristán temiendo caerse de la misma emoción. Todo aquello le parecía tan perfecto que casi parecía un sueño y temía despertarse en cualquier momento. Al verlo allí de pie, junto al altar como debían haber estado tantos años atrás vestido con un elegante traje se dijo así misma que había encontrado su lugar en el mundo. Justo allí con todos a los que amaba y, se acarició la barriga, los que faltaban por llegar.
Avanzó lentamente hasta alcanzar el altar, hasta encontrarse frente a él, frente al amor de su vida, frente al hombre que llevaba treinta años poblando sus sueños, viviendo en sus suspiros, rondando sus recuerdos. Estaba frente a él y esta vez con el convencimiento de que no volverían a separarse. Tristán le dio un beso en la mejilla y posó la mano de Francisca sobre la de Raimundo.
- Cuídamela padre- Le susurró
- Siempre- le respondió.
“Querido hermanos…” Don Anselmo empezó a hablar mientras Francisca se perdía en la inmensidad de los ojos de Raimundo, y pensar que a partir de aquel día podría ver esa misma mirada en cada despertar, se decía.
- Ahora sus votos. Raimundo
- Francisca, mi querida Francisca, he tenido 30 años para pensar y aún así no he encontrado palabras para describir lo mucho que te quiero, lo que significas para mí. Podría decir que eres como el aire que respiro, que eres la esencia de mi alma, que estás clavada a fuego en lo más hondo de mi ser. Podría decirte que tu mera existencia ha dado sentido a mi vida todos estos años, que siempre has estado a mi lado, en cada sueño, en cada susurro del viento, podría decir todo eso y mucho más y ni siquiera entonces podría mostrarte todo mi amor. Porque lo que siento por ti, lo que siento cuando te veo, cuando te escucho- la cogió de la mano- cuando te toco es algo inmenso, que me llena, me desborda, me completa, me hace ser mejor y me da fuerzas para superar cada obstáculo. En realidad no sé cómo podría decirte en unos votos lo mucho que te amo, pero hay algo que sí que sé, que siempre, siempre te amaré porque no puede acabar lo que es eterno ni puede tener fin la inmensidad. Y eso es lo que tenemos, un amor inmenso y la eternidad para amarnos y cuidar de nuestro futuro hijo.
- O hija- le cortó ella
- Francisca, tu turno- dijo el padre
- Condenado hombre, siempre me dejas sin palabras. Me pides que me case así sin previo aviso y claro tú ya tenías los votos pensados, ¿pero yo qué? Pues que sepas que conmigo no vas a poder. Y pensarás: ¿Qué puedes decir que no haya dicho sobre nuestro amor? Que es eterno, que es inmenso, que te quiero más que a mi propia vida. Te he esperado treinta años y podría esperar una vida entera por ti… pero preferiría no hacerlo, bastante tiempo hemos estado separados ya. Reconozco que la vida conmigo no es fácil, no soy una persona dócil, ni tranquila, tengo un carácter complicado, soy orgullosa y…bueno, no quiero asustarte el día de la boda, sobre todo si tenemos en cuente que el embarazo me pone aún más “sensible”. En fin, que no pienses que con ese discursito de poeta bohemio vas a hacer que me derrita porque en el fondo siempre supe que me encontrarías por muy lejos que estuviese o pareciese estar. Hace treinta años te escribí una vez que había soñado que caminaba por un desierto mucho tiempo, y que cuando me creía a punto de desfallecer tú me salvabas y calmabas mi sed con tus labios. Y eso ha pasado: estos treinta años he vagado por el más árido de los desiertos porque estaba lejos de ti y cuando estaba a punto de morir, enferma, hundida, tú llegaste, me colmaste de amor y me salvaste. Por una vez, y que no sirva de precedentes, te diré que te quiero más que a nada, que eres mi salvación, mi guía, mi todo y por eso quiero pasar el resto de mi vida a tu lado y no dejaré que nada ni nadie nos separe. Pero como estas palabras salgan de aquí las negaré, ¿entendido? Que la Montenegro tiene que mantener una imagen.
- Yo también te quiero Francisca- dijo él sonriendo, esa era su pequeña.
- Bueno, pues yo os declaro marido y mujer. Ya puedes besar a la novia.
- Ya era hora de que lo dijera padre- dijeron a la vez
Y sus labios se encontraron con ansia, con amor, con la alegría más infinita. Casados, unidos, juntos para el resto de sus vidas, con un bebé en camino y el resto de sus días para amarse.
Salieron a la calle cogidos de la mano y allí medio pueblo los esperaba con todo tipo de platos: cazuela de arroz, paella, arroz al horno, arroz con bajocas, arroz caldoso…Los dos se quedaron parados sin entender nada y Tristán tuvo que explicar:
- El pueblo lleva tanto tiempo esperando esta boda que les ha dado tiempo a usar todo el arroz del pueblo.
- Pues ya tenemos banquete- Rieron los dos
- Para que luego digan que se nos iba a pasar el arroz- comentó Francisca.
Y todos dieron buena cuenta del banquete, en especial Francisca a la que su nuevo estado le daba un hambre voraz.
- ¿Cómo puedes comer así? – Se sorprendió Raimundo
- ¿Qué pasa? estoy casada y embarazada, lo de guardar la línea queda muy atrás
- ¿No querrás que empiece a arrepentirme?
- Más te vale que no. Además con lo que hemos pasado para volver a encontrarnos yo creo que ya he gastado por adelantado el banquete. – Raimundo la agarró por la cintura, aquella cintura en la que comenzaban a notarse las redondeces de la preñez y la acercó a él para fundir sus labios en los suyos una vez más.
Y lo cierto era que Francisca tenía razón, habían recorrido un largo camino hasta llegar allí. Hasta encontrar su lugar. Su lugar, juntos. El tiempo pasa, a veces todo cambia, otras veces, todo permanece. Y al final del largo viaje llegamos a nuestro destino. Mirándose entre la gente, sonriéndose solo entre ellos, Raimundo y Francisca volvieron a pensar que habían recorrido una interminable senda, demasiado larga, pero que al fin, todos los obstáculos, todos los baches del recorrido habían merecido la pena porque habían llegado a su destino y se habían encontrado en él. Poco importaban ya los parajes transitados en aquellos caminos que un día tuvieron que tomar por separados, poco importaba el dolor sufrido y el causado, porque habían encontrado su lugar, algo que les pertenecía solo a ellos. Habían vuelto a encontrar el amor, la felicidad, la esperanza… habían encontrado su segunda oportunidad, y esta vez nada los separaría porque no puede acabar lo que es eterno, ni puede tener fin la inmensidad.
FIN
#6170
11/02/2012 16:12
Miri por eso yo siempre tengo la mania de dar a copiar ante sde enviar las cosas.. Conozco como va esto ultimamente y tiene muchos fallos.
He pedido vía twitter que hagan una foto a María y ramón juntos en los TP. Como comentó miri que irían juntos
He pedido vía twitter que hagan una foto a María y ramón juntos en los TP. Como comentó miri que irían juntos
#6171
11/02/2012 16:27
menos mal q olmo ns va a hacer un favor quitandonos a voldermort d en medio
#6172
11/02/2012 17:45
Hola chicas, estoy de acuerdo con todo lo que se ha comentado, solo quisiera que alguien con propiedad nos diera una esperanza( por mas paqueña que fuese )de recuperación entre estos dos no concibo la serie sin que triunfe el amor entre Rai y la Paca, lo de Pepa y Tris es al seguro pero no quiero pensar en que esos malditos guionistas nos dejen con las ganas de ver a nuestra parejita unidos, que lindo seria que la Paca se recuperase dejara su orgullo a un lado y diera batalla por su amor al sentir que lo está perdiendo (Maria lo dijo en una ocasión si mal no recuerdo expresó que Raimundo necesitaba señales) queremos escena de celos descontrolados, de bofetadas si es necesario, de besos robados, de tiernas palabras de amor y arrepentimiento en fín de tantas cosas, pero que pase algo por dios, QUE NO NOS DECEPCIONEN, no a nosotras que como buenas fans hemos seguido la serie, no es justo que nos dejen colgadas,( QUE ALGUIEN NOS ESCUCHE PORFA) vamos a morir de la angustia, chicas cambiando de tema las dejo por unos dias, salgo de viaje hacia Cuba( trabajo en Venezuela) regreso a casa ¡que alegría y entusiasmo!, en 3 dias nos encontramos trataré de seguir los capítulos si mi familia no me adsorbe en demasía besotes a todas chaooooo
#6173
11/02/2012 18:48
Chicas, dejo esto y me voy muy rápido que he quedado (había quedado) en diez minutos. Este relato es un puesnomegustaasíqueyomeloguisoyomelocomo del capítulo 228 que escribí en su momento pero que como tantas y tantas cosas quedó arrinconado entre un montón de papeles. Ayer por el chat salió el tema de los relatos y me animaron a pasarlo, así que aquí lo dejo. Espero que os guste.
- ¿Sabes? Esta escenita me recuerda sospechosamente a otra –le dijo Raimundo comprendiendo al fin que era lo que estaba ocurriendo para que Francisca se pusiera así.
- ¿A qué te refieres?
- Irene de Mercadal. Creo que nunca volvió a ser la misma después de la charla que tuviste con ella.
Francisca se sobresaltó al oír el nombre y rápidamente se apresuró a rebatirle.
- Para nada es el mismo caso. Esa niña era una entrometida que gustaba de inmiscuirse en los asuntos de los demás. Y ahora eres tú quien ha buscado alianza en la Mesía solo para fastidiarme.
- Sabes perfectamente que no es eso por lo que frecuento la compañía de Águeda. Y es lo que verdaderamente te molesta. Porque estás celosa –concluyó con una sonrisa de suficiencia. Como si fuese un adolescente.
Mientras, ella, al verse sorprendida, trataba de refutarlo.
- A cuento de qué iba yo a estar celosa porque una mujer se acercase a ti.
- Eso mismo me pregunto yo… porque… tú ya no sientes nada por mi ¿No? –preguntó con toda la intención.
- Por supuesto que no –respondió ella cortante.
- ¿De verdad? –comenzó a acercarse lentamente a ella.
- Claro –sintiéndose tremendamente incómoda por su cada vez más cercana posición. Desviando la mirada.
- ¿Segura? –observó a Francisca, consciente de que mentía.
- Absolutamente.
Le hubiera resultado casi creíble sino hubiese sido por el leve y casi imperceptible suspiro que se le escapó nada más soltar esa palabra. Quiso probarla un poco más. Acercándose a ella como no lo había estado desde que pocos meses antes le hubiese salvado la vida.
- Entonces… si yo ahora mismo comenzara una relación con Águeda, a ti no te afectaría para nada…
- Evidentemente –a la mirada esquiva de antes hubo de añadir la manera en que cerró los ojos cuando escuchó la palabra “relación”.
Transcurrieron varios segundos en los que Francisca trató de recuperar la compostura. Realmente sus palabras le habían hecho daño. Y como contrapunto, del rostro de Raimundo se desprendía una gran sonrisa de victoria.
- Mientes… siempre he sabido cuando mentías –Francisca trató de apartarse, pero simplemente el roce de su mano en el brazo la detuvo.
Instintivamente ella levanto la mirada hacia él.
- ¿Qué es lo que temes Francisca? –mudó Raimundo su tono de voz. Aturdido por la manera en que le afectaba esa mirada de tristeza y debilidad que le estaba dedicando en esos momentos. La mano que suavemente se había apoyado en su brazo se apartó de improviso para colocarse suavemente en su mejilla. Aproximándose -¿Que mis besos –depositó un suave e inesperado beso sobre sus labios –sean para ella? –aprovechó su mirada de incredulidad para darle un segundo beso mucho mas apasionado y algo más largo.
Un beso de unos labios sonrientes disfrutando del mismo momento y contentos por haber comprendido al fin que le importaba más de lo que le quería hacía creer.
Y cuando ya por fin iba a separarse una mano en la nuca le impidió retirarse. De repente, lo que había comenzado siendo un beso desafiante se había convertido en un torbellino de pasión demasiados años mal contenida.
Una vorágine de sensaciones acompañada por manos que acariciaban sobre la tela.
El sonido de unos pasos bajando por las escaleras les hizo ser conscientes del lugar en el que se encontraban. Atropelladamente aunque sin separar sus labios ni por un segundo se dirigieron hacia el despacho. Sin necesidad de palabras.
A ciegas y perdidos en un maremagnum de labios consiguieron abrir las puertas del despacho y cerrarlas de golpe. Y el saberse en la intimidad no hizo sino intensificar la pasión que les recorría. Las manos de Raimundo comenzaron a moverse por sitios en los que pensó que jamás volverían a hacerlo. La mente y los remordimientos habían sido abandonados en algún lugar muy lejano.
Buscando sentirse más cerca se condujeron hacia el primer sitio que les sirvió de apoyo, tropezando ante la falta de visión, impulso que Raimundo aprovechó para profundizar aún más el beso. Cuando por fin llegaron a lo que ellos simplemente podían imaginarse que era la mesa del despacho, él la ayudó a apoyarse en ella mientras que las manos de Francisa desaparecían bajo los pliegues de su camisa en un intento de quitarle todo de una vez. Perdidos en unos besos apasionadamente interminables.
- ¿Sabes? Esta escenita me recuerda sospechosamente a otra –le dijo Raimundo comprendiendo al fin que era lo que estaba ocurriendo para que Francisca se pusiera así.
- ¿A qué te refieres?
- Irene de Mercadal. Creo que nunca volvió a ser la misma después de la charla que tuviste con ella.
Francisca se sobresaltó al oír el nombre y rápidamente se apresuró a rebatirle.
- Para nada es el mismo caso. Esa niña era una entrometida que gustaba de inmiscuirse en los asuntos de los demás. Y ahora eres tú quien ha buscado alianza en la Mesía solo para fastidiarme.
- Sabes perfectamente que no es eso por lo que frecuento la compañía de Águeda. Y es lo que verdaderamente te molesta. Porque estás celosa –concluyó con una sonrisa de suficiencia. Como si fuese un adolescente.
Mientras, ella, al verse sorprendida, trataba de refutarlo.
- A cuento de qué iba yo a estar celosa porque una mujer se acercase a ti.
- Eso mismo me pregunto yo… porque… tú ya no sientes nada por mi ¿No? –preguntó con toda la intención.
- Por supuesto que no –respondió ella cortante.
- ¿De verdad? –comenzó a acercarse lentamente a ella.
- Claro –sintiéndose tremendamente incómoda por su cada vez más cercana posición. Desviando la mirada.
- ¿Segura? –observó a Francisca, consciente de que mentía.
- Absolutamente.
Le hubiera resultado casi creíble sino hubiese sido por el leve y casi imperceptible suspiro que se le escapó nada más soltar esa palabra. Quiso probarla un poco más. Acercándose a ella como no lo había estado desde que pocos meses antes le hubiese salvado la vida.
- Entonces… si yo ahora mismo comenzara una relación con Águeda, a ti no te afectaría para nada…
- Evidentemente –a la mirada esquiva de antes hubo de añadir la manera en que cerró los ojos cuando escuchó la palabra “relación”.
Transcurrieron varios segundos en los que Francisca trató de recuperar la compostura. Realmente sus palabras le habían hecho daño. Y como contrapunto, del rostro de Raimundo se desprendía una gran sonrisa de victoria.
- Mientes… siempre he sabido cuando mentías –Francisca trató de apartarse, pero simplemente el roce de su mano en el brazo la detuvo.
Instintivamente ella levanto la mirada hacia él.
- ¿Qué es lo que temes Francisca? –mudó Raimundo su tono de voz. Aturdido por la manera en que le afectaba esa mirada de tristeza y debilidad que le estaba dedicando en esos momentos. La mano que suavemente se había apoyado en su brazo se apartó de improviso para colocarse suavemente en su mejilla. Aproximándose -¿Que mis besos –depositó un suave e inesperado beso sobre sus labios –sean para ella? –aprovechó su mirada de incredulidad para darle un segundo beso mucho mas apasionado y algo más largo.
Un beso de unos labios sonrientes disfrutando del mismo momento y contentos por haber comprendido al fin que le importaba más de lo que le quería hacía creer.
Y cuando ya por fin iba a separarse una mano en la nuca le impidió retirarse. De repente, lo que había comenzado siendo un beso desafiante se había convertido en un torbellino de pasión demasiados años mal contenida.
Una vorágine de sensaciones acompañada por manos que acariciaban sobre la tela.
El sonido de unos pasos bajando por las escaleras les hizo ser conscientes del lugar en el que se encontraban. Atropelladamente aunque sin separar sus labios ni por un segundo se dirigieron hacia el despacho. Sin necesidad de palabras.
A ciegas y perdidos en un maremagnum de labios consiguieron abrir las puertas del despacho y cerrarlas de golpe. Y el saberse en la intimidad no hizo sino intensificar la pasión que les recorría. Las manos de Raimundo comenzaron a moverse por sitios en los que pensó que jamás volverían a hacerlo. La mente y los remordimientos habían sido abandonados en algún lugar muy lejano.
Buscando sentirse más cerca se condujeron hacia el primer sitio que les sirvió de apoyo, tropezando ante la falta de visión, impulso que Raimundo aprovechó para profundizar aún más el beso. Cuando por fin llegaron a lo que ellos simplemente podían imaginarse que era la mesa del despacho, él la ayudó a apoyarse en ella mientras que las manos de Francisa desaparecían bajo los pliegues de su camisa en un intento de quitarle todo de una vez. Perdidos en unos besos apasionadamente interminables.
#6174
11/02/2012 18:49
- Cuando vean que comienza a salir sangre, paren por favor –les llegó un hilo de voz.
Tristán, sentado tras la mesa los observaba con una mezcla de horror y sorpresa. Rápidamente, las manos y los cuerpos entrelazados se separaron, abochornados por la situación. Ruborizados y con los labios enrojecidos.
Francisca se retiró junto a la ventana en un intento de ocultarse de su hijo. Tratando disimuladamente de recomponer su ropa mientras que Raimundo hacía lo propio, clavado en el sitio, frente a Tristán pero rehuyendo su mirada.
El joven apenas podía contener la risa de ver a aquellos dos adultos hechos y derechos como chiquillos que habían sido pillados en falta.
- Madre, que conste que cuando los vi entrar iba a ir presto a defenderla de su atacante, pero visto donde tenía usted las manos no estaba seguro de que esa definición se refiriese precisamente a él – expuso con sorna.
Francisca se volvió dispuesta a echarle una buena regañina a su hijo pero en el último momento decidió que en esos momentos lo mejor era callar.
Tristán observó complacido la reacción de su madre. Raimundo a su vez estaba concentrado en su propia chaqueta por lo que el muchacho decidió acabar con la tensión del momento y salir del despacho.
- Les dejo solos para que… hablen. O… lo que sea menester –se chanceó, antes de dirigirse hacia la puerta –La cierro, ¿No? –bromeó.
- Tristán… -lo amenazó su madre, sobrepasada por todo lo que le había ocurrido en los últimos minutos.
El joven esbozó una última sonrisa antes de cerrar, con el cuidado que ellos no habían tenido, las puertas correderas del despacho.
Raimundo soltó todo el aire que había estado conteniendo desde que Tristán comenzara a hablarles y la observó como descansaba con la cabeza apoyada en el cristal de la ventana y los ojos cerrados. Lentamente se acercó a ella, sabiendo que era plenamente consciente de su cercanía.
- Sabes lo que hubiese ocurrido si Tristán no hubiese estado aquí, ¿verdad?
Francisca suspiró, aun sin alterar su posición. Pero no respondió.
- Francisca, hemos perdido treinta años. ¿Estás dispuesta a perder más? Porque yo no… murmuró acercándose de frente a ella.
De nuevo sin obtener respuesta. Pero sin ser consciente del torrente de sentimientos que la atenazaban por dentro. Hasta que abrió los ojos y volvió a ver esa pena y esa fragilidad que le habían llevado a besarla y a toda la situación que se había dado detrás.
- No me mires con esa cara Francisca. Porque la solución es clara. Águeda no es más que una amiga porque yo llevo soñando voluntaria o involuntariamente con lo que ha estado a punto de suceder esta tarde desde hace demasiado tiempo. Porque no he podido olvidarte. Ahora es tu turno, Francisca –concluyó mirándola fijamente a los ojos.
Sin recibir respuesta, pues demasiado era el miedo que la consumía. El haber visto el poder que seguía teniendo sobre ella; que conseguía hacer que temblara de pies a cabeza solo con estar junto a él.
- Decídete pronto Francisca –murmuró él antes de darse la vuelta y terminar saliendo del despacho.
Al verlo desaparecer ella se dejó caer sobre el cristal, golpeándose suavemente un par de veces la cabeza con él como castigo.
Era demasiado el orgullo y el miedo contra los que tenía que luchar. Pero lo intentaría con todas sus fuerzas.
FIN
Tristán, sentado tras la mesa los observaba con una mezcla de horror y sorpresa. Rápidamente, las manos y los cuerpos entrelazados se separaron, abochornados por la situación. Ruborizados y con los labios enrojecidos.
Francisca se retiró junto a la ventana en un intento de ocultarse de su hijo. Tratando disimuladamente de recomponer su ropa mientras que Raimundo hacía lo propio, clavado en el sitio, frente a Tristán pero rehuyendo su mirada.
El joven apenas podía contener la risa de ver a aquellos dos adultos hechos y derechos como chiquillos que habían sido pillados en falta.
- Madre, que conste que cuando los vi entrar iba a ir presto a defenderla de su atacante, pero visto donde tenía usted las manos no estaba seguro de que esa definición se refiriese precisamente a él – expuso con sorna.
Francisca se volvió dispuesta a echarle una buena regañina a su hijo pero en el último momento decidió que en esos momentos lo mejor era callar.
Tristán observó complacido la reacción de su madre. Raimundo a su vez estaba concentrado en su propia chaqueta por lo que el muchacho decidió acabar con la tensión del momento y salir del despacho.
- Les dejo solos para que… hablen. O… lo que sea menester –se chanceó, antes de dirigirse hacia la puerta –La cierro, ¿No? –bromeó.
- Tristán… -lo amenazó su madre, sobrepasada por todo lo que le había ocurrido en los últimos minutos.
El joven esbozó una última sonrisa antes de cerrar, con el cuidado que ellos no habían tenido, las puertas correderas del despacho.
Raimundo soltó todo el aire que había estado conteniendo desde que Tristán comenzara a hablarles y la observó como descansaba con la cabeza apoyada en el cristal de la ventana y los ojos cerrados. Lentamente se acercó a ella, sabiendo que era plenamente consciente de su cercanía.
- Sabes lo que hubiese ocurrido si Tristán no hubiese estado aquí, ¿verdad?
Francisca suspiró, aun sin alterar su posición. Pero no respondió.
- Francisca, hemos perdido treinta años. ¿Estás dispuesta a perder más? Porque yo no… murmuró acercándose de frente a ella.
De nuevo sin obtener respuesta. Pero sin ser consciente del torrente de sentimientos que la atenazaban por dentro. Hasta que abrió los ojos y volvió a ver esa pena y esa fragilidad que le habían llevado a besarla y a toda la situación que se había dado detrás.
- No me mires con esa cara Francisca. Porque la solución es clara. Águeda no es más que una amiga porque yo llevo soñando voluntaria o involuntariamente con lo que ha estado a punto de suceder esta tarde desde hace demasiado tiempo. Porque no he podido olvidarte. Ahora es tu turno, Francisca –concluyó mirándola fijamente a los ojos.
Sin recibir respuesta, pues demasiado era el miedo que la consumía. El haber visto el poder que seguía teniendo sobre ella; que conseguía hacer que temblara de pies a cabeza solo con estar junto a él.
- Decídete pronto Francisca –murmuró él antes de darse la vuelta y terminar saliendo del despacho.
Al verlo desaparecer ella se dejó caer sobre el cristal, golpeándose suavemente un par de veces la cabeza con él como castigo.
Era demasiado el orgullo y el miedo contra los que tenía que luchar. Pero lo intentaría con todas sus fuerzas.
FIN
#6175
11/02/2012 19:17
Jajajaja Que bueno Cris!!!! Nos tenian qeu contratar de guionistas, la serie molaria mucho mas!!! me ha encantado!!!
Por cierto, ya que estoy aqui ENCUESTA DE LECTORAS
Tengo 2 relatos a medio hacer, pero os dejo elegir cual quereis primero:
1. Uno de intriga y accion, mucho amor, msiterio y escenas de estas qeu dices "la madre qeu te pario, ¿que va a pasar? (o al menos eso he intentado)
2. Comedio pura y dura, yo me parto escirbiendo basicamtne os digo: Raimundo celoso, en realidad con el titulo lo digo todo: DOS HOMBRES Y UNA PACA (proximamente en los mejores foros, este of course!)
3. Los dos a la vez y vamos alternando
Que os parece? por mi os voy poniendo los dos y asi después del de intriga nos descojonamos un rato.
Por cierto, ya que estoy aqui ENCUESTA DE LECTORAS
Tengo 2 relatos a medio hacer, pero os dejo elegir cual quereis primero:
1. Uno de intriga y accion, mucho amor, msiterio y escenas de estas qeu dices "la madre qeu te pario, ¿que va a pasar? (o al menos eso he intentado)
2. Comedio pura y dura, yo me parto escirbiendo basicamtne os digo: Raimundo celoso, en realidad con el titulo lo digo todo: DOS HOMBRES Y UNA PACA (proximamente en los mejores foros, este of course!)
3. Los dos a la vez y vamos alternando
Que os parece? por mi os voy poniendo los dos y asi después del de intriga nos descojonamos un rato.
#6176
11/02/2012 19:47
Cris........ eres la bomba!!! ojalá hubiera pasado eso de verdad. La pillada de Tris, jajajaja....me imagino la cara de la Paca. Gracias niña, ves? tu pon lo que escribas que sabes que aquí nos encantará seguro!!!!!
Laury .... pues yo creo que tb los dos a la vez ... pero lo que tú decidas, jeje!!! ese de dos hombres ya estoy deseando leerlo!!! jajaja
Laury .... pues yo creo que tb los dos a la vez ... pero lo que tú decidas, jeje!!! ese de dos hombres ya estoy deseando leerlo!!! jajaja
#6177
11/02/2012 19:51
Cris, ME ENCANTA. Maravilloso todo. Eso es lo que hubiese pasado si Raimundo en esa escena no hubiese estado en las nubes. Y los dos que escuchan unos pasos y no se les ocurre otra que ir al despacho mientras se besan... Ya llevan mucho tiempo separado si señor. Tristán detras de la mesa jaja me imagino al pobre con una carilla. Genial.
Laury, si quieres ponerlos los dos a la vez adelante, pero tengo personalmente si hay que elegir entre los dos prefiero el 2 que nos hace más falta.
Laury, si quieres ponerlos los dos a la vez adelante, pero tengo personalmente si hay que elegir entre los dos prefiero el 2 que nos hace más falta.
#6178
11/02/2012 21:11
Crispilla!!1 genial!! no veas lo que me he reído. ¿Cómo pudiste tenernos en la oscuridad sin ponernos este relato? ¡ay ay ay! hay que presionarte por chat para que pongas las cosas 
Miri...te adoro! Gracias por esta maravilla.Estoy deseando ver la continuación. No tardes mucho!
"UNA MERIENDA DELICIOSA"
- ¡Qué desfachatez! –
Repetía Francisca por décima vez aquella tarde mientras mordisqueaba una pasta que acababa de tomar de la bandeja de plata que había sobre la mesita. El té aún humeaba en las dos tazas que había servidas, pero solo ella estaba en el salón. Había acudido esa misma tarde al Jaral con el fin de ultimar los preparativos para el compromiso de Soledad con Olmo Mesía. No es que estuviera de acuerdo con aquella boda y le horrorizaba tener que emparentar con esa gente. Pero Soledad había tomado la decisión de casarse con el joven heredero y ella no pudo encontrar razones para impedirlo.
Bien pensado, Olmo era un buen partido para su hija. Educado en los mejores colegios, hombre de alta alcurnia y con un patrimonio más que considerable. Soledad no podía haber elegido mejor. El único defecto que tenía era esa madre que le había tocado en gracia. No soportaba a
Raimundo Ulloa.
Esa mujer parecía tener una especial conexión con Raimundo. Varias eran las veces que se les había encontrado paseando por el pueblo. Y no menos eran las que le habían informado de que Ulloa visitaba asiduamente el Jaral. Bufó enfurecida mientras daba otro bocado a esa insulsa pasta. Nada en comparación con las que se servían en la Casona. Esas mismas que Rosario preparaba con tan buena mano. No podía terminarla. Se le atragantaba en la garganta. Sosa y sin sabor. Igual que la dueña de la finca.
¿Y qué demonios hacia ella allí todavía?
Permanecer sentada en ese incómodo sofá, en ese salón de colores pastel y tratando de tragar una pasta seca.
Definitivamente Francisca, las jaquecas te deben haber dejado trastocado el cerebro se dijo a sí misma. En fin, lo mejor era salir de allí cuanto antes. Su tiempo era demasiado preciado como para perderlo inútilmente. Si deseaba hacerlo lo haría en su propia casa. ¡Faltaría más!
Se levantó con rapidez y se recompuso la falda del vestido. En esas estaba cuando escuchó que la puerta de la salita se abría de pronto y un sonriente Raimundo aparecía por ella. Pero la sonrisa en sus labios no fue lo único que le llamó la atención y le hizo ahogar un gemido.
Iba elegantemente vestido con un traje color marrón con corbatín color crema. Hacía demasiado tiempo que no le veía así, y los recuerdos se agolparon frente a ella haciéndole perder casi la respiración. A pesar de todo, la sorpresa inicial no le hizo olvidar dónde estaban y el hecho de que Raimundo se había vestido así para visitarla a ella. A
Sonrió con dureza al percibir que ese fortuito encuentro entre ellos no solo le había afectado a ella. Raimundo se mostraba igual de sorprendido y la recorría de arriba a abajo con la mirada.
- ¿Qué estás haciendo aquí? -. Le preguntó él.
- Lo mismo puedo preguntarte yo a ti ¿no crees? -. Arqueó una de sus finas cejas mirándole con burla. – Demasiado bien vestido para ser un simple tabernero. ¿Recuerdo tal vez de tus mejores tiempos Raimundo? -.
- No tengo ganas de discutir contigo Francisca. Y si pretendes burlarte de mí, adelante. -.
Apartó la mirada, pero no pudo evitar seguir observándola de medio lado. Se sentía confuso y desconcertado. Primero por haberse encontrado con ella precisamente en el Jaral. Y segundo porque le hubiera descubierto de aquella guisa. Sabía de sobra que había causado un especial efecto en ella. Lo notaba por como retorcía nerviosa sus manos. Por el ligero temblor que la embargaba. Por como apartaba sutilmente la mirada cuando él la dirigía hacia ella.
Y qué decir de él. Tenía la sensación de ser un chiquillo descubierto en una travesura. Y se sentía avergonzado cuando en realidad no estaba haciendo nada malo. Simplemente había acudido al Jaral para pasar una agradable velada con
- ¿Y dónde se supone que está
- La señora de la casa tenía por lo visto mejores cosas que hacer y se marchó dejándome aquí -. Acompañó sus palabras con un movimiento de la mano. - Está claro que no conoce lo que es la educación ni las buenas maneras -.
- Sus razones serían poderosas para marcharse Francisca.
¿Marcharme? ¡JA! De eso nada Ulloa….Francisca se sentó también.
– Siento desilusionarte Ulloa, pero
Tomó de nuevo la pastita que antes había dejado y le dio un furioso bocado. Raimundo estaba loco si pensaba que ella se marcharía tranquilamente dejándole a solas con la de Mesía. No soportaba verles juntos y nada podía hacer por evitarlo. Al menos en otras ocasiones, pero en este caso, pensaba fastidiarles la tarde.

Miri...te adoro! Gracias por esta maravilla.Estoy deseando ver la continuación. No tardes mucho!
"UNA MERIENDA DELICIOSA"
- ¡Qué desfachatez! –
Repetía Francisca por décima vez aquella tarde mientras mordisqueaba una pasta que acababa de tomar de la bandeja de plata que había sobre la mesita. El té aún humeaba en las dos tazas que había servidas, pero solo ella estaba en el salón. Había acudido esa misma tarde al Jaral con el fin de ultimar los preparativos para el compromiso de Soledad con Olmo Mesía. No es que estuviera de acuerdo con aquella boda y le horrorizaba tener que emparentar con esa gente. Pero Soledad había tomado la decisión de casarse con el joven heredero y ella no pudo encontrar razones para impedirlo.
Bien pensado, Olmo era un buen partido para su hija. Educado en los mejores colegios, hombre de alta alcurnia y con un patrimonio más que considerable. Soledad no podía haber elegido mejor. El único defecto que tenía era esa madre que le había tocado en gracia. No soportaba a
SPOILER (puntero encima para mostrar)aunque las razones de su desagrado poco tenían que ver con la falta de afinidad que existía entre ellas. Ni siquiera el hecho de que fuera una más de las “amigas” de Salvador Castro o por ese maldito empeño de arrebatarle sus tierras. No, el motivo de su inquina hacia ella tenía nombre y apellidos.Águeda
Raimundo Ulloa.
Esa mujer parecía tener una especial conexión con Raimundo. Varias eran las veces que se les había encontrado paseando por el pueblo. Y no menos eran las que le habían informado de que Ulloa visitaba asiduamente el Jaral. Bufó enfurecida mientras daba otro bocado a esa insulsa pasta. Nada en comparación con las que se servían en la Casona. Esas mismas que Rosario preparaba con tan buena mano. No podía terminarla. Se le atragantaba en la garganta. Sosa y sin sabor. Igual que la dueña de la finca.
¿Y qué demonios hacia ella allí todavía?
SPOILER (puntero encima para mostrar)había salido con urgencia por no sé qué asunto relacionado con la partera. Esgrimió una rápida disculpa ante ella y desapareció por la puerta, instándola a que terminara tranquilamente su taza de té. ¿Y qué había hecho ella en vez de marcharse de aquel lugar?Águeda
Permanecer sentada en ese incómodo sofá, en ese salón de colores pastel y tratando de tragar una pasta seca.
Definitivamente Francisca, las jaquecas te deben haber dejado trastocado el cerebro se dijo a sí misma. En fin, lo mejor era salir de allí cuanto antes. Su tiempo era demasiado preciado como para perderlo inútilmente. Si deseaba hacerlo lo haría en su propia casa. ¡Faltaría más!
Se levantó con rapidez y se recompuso la falda del vestido. En esas estaba cuando escuchó que la puerta de la salita se abría de pronto y un sonriente Raimundo aparecía por ella. Pero la sonrisa en sus labios no fue lo único que le llamó la atención y le hizo ahogar un gemido.
Iba elegantemente vestido con un traje color marrón con corbatín color crema. Hacía demasiado tiempo que no le veía así, y los recuerdos se agolparon frente a ella haciéndole perder casi la respiración. A pesar de todo, la sorpresa inicial no le hizo olvidar dónde estaban y el hecho de que Raimundo se había vestido así para visitarla a ella. A
SPOILER (puntero encima para mostrar)Águeda
Sonrió con dureza al percibir que ese fortuito encuentro entre ellos no solo le había afectado a ella. Raimundo se mostraba igual de sorprendido y la recorría de arriba a abajo con la mirada.
- ¿Qué estás haciendo aquí? -. Le preguntó él.
- Lo mismo puedo preguntarte yo a ti ¿no crees? -. Arqueó una de sus finas cejas mirándole con burla. – Demasiado bien vestido para ser un simple tabernero. ¿Recuerdo tal vez de tus mejores tiempos Raimundo? -.
- No tengo ganas de discutir contigo Francisca. Y si pretendes burlarte de mí, adelante. -.
Apartó la mirada, pero no pudo evitar seguir observándola de medio lado. Se sentía confuso y desconcertado. Primero por haberse encontrado con ella precisamente en el Jaral. Y segundo porque le hubiera descubierto de aquella guisa. Sabía de sobra que había causado un especial efecto en ella. Lo notaba por como retorcía nerviosa sus manos. Por el ligero temblor que la embargaba. Por como apartaba sutilmente la mirada cuando él la dirigía hacia ella.
Y qué decir de él. Tenía la sensación de ser un chiquillo descubierto en una travesura. Y se sentía avergonzado cuando en realidad no estaba haciendo nada malo. Simplemente había acudido al Jaral para pasar una agradable velada con
SPOILER (puntero encima para mostrar). ¿Por qué era como si fuera que la estaba engañando?Águeda
- ¿Y dónde se supone que está
SPOILER (puntero encima para mostrar)? Había quedado con ella esta tarde -. La observó de reojo mientras hablaba. Sonrió para sus adentros cuando Francisca frunció el ceño molesta.Águeda
- La señora de la casa tenía por lo visto mejores cosas que hacer y se marchó dejándome aquí -. Acompañó sus palabras con un movimiento de la mano. - Está claro que no conoce lo que es la educación ni las buenas maneras -.
- Sus razones serían poderosas para marcharse Francisca.
SPOILER (puntero encima para mostrar)es una mujer educada y solo un buen motivo podría hacer que se marchara, privándose de pasar junto a ti una agradable velada -. Raimundo se estaba burlando de ella. Le encantaba hacerlo. – Te marchabas ya ¿verdad? -. Dijo mientras tomaba asiento. – Yo creo que la esperaré aquí tranquilamente -.Águeda
¿Marcharme? ¡JA! De eso nada Ulloa….Francisca se sentó también.
– Siento desilusionarte Ulloa, pero
SPOILER (puntero encima para mostrar)me pidió que la esperase aquí y eso mismo pienso hacer -.Águeda
Tomó de nuevo la pastita que antes había dejado y le dio un furioso bocado. Raimundo estaba loco si pensaba que ella se marcharía tranquilamente dejándole a solas con la de Mesía. No soportaba verles juntos y nada podía hacer por evitarlo. Al menos en otras ocasiones, pero en este caso, pensaba fastidiarles la tarde.
#6179
11/02/2012 21:19
- Y dime… ¿es que vienes por aquí con asiduidad? -. Dejó caer la pregunta. Nunca se le habían dado bien las sutilezas. Cuando quería saber algo, lo preguntaba sin más.
- ¿Tanto te interesa mi vida y mis amistades, Francisca? -. Se incorporó para servirse una taza de té. – No creo que sea de tu incumbencia, pero si tanto quieres saber te diré que disfruto tanto de la compañía de Águeda que ambos pasamos agradables veladas aquí mismo, en este salón -.
- Oh, no sigas por favor. Me imagino lo divertidísimas que han de ser vuestras conversaciones. Vamos Raimundo…- le dijo al ver la cara molesta que puso él. -…esa mujer aburre hasta las ranas. Sinceramente, no sé qué has podido ver en ella -. Pronunció esta última frase en voz baja, pero Raimundo igualmente lo escuchó.
- Si quieres te hago una lista de sus múltiples cualidades -. Arqueó una ceja dejándose caer sobre la butaca. Cruzó las piernas. – Es una mujer culta, educada…-.
-…Aburrida…- Farfulló Francisca.
-…con una magnífica conversación. Es bondadosa y generosa con todos los que le rodean… -.
-…Es una melindres sin sangre en las venas… -. Volvió a mascullar Francisca.
-…Además de ser considerablemente hermosa. Tiene una figura envidiable -.
-…¿Envidiable? A quien le guste estar plana como una tabla, sin ninguna forma, puede que así sea… -.
- ¿Decías algo, Francisca? -.
El tono burlón en la voz de Raimundo fue la gota que colmó su paciencia. Estar ahí sentada escuchando nada más que sandeces por parte de Raimundo era demasiado para ella. Estaba tan furiosa porque él sintiera todo eso sobre la de Mesía que no pudo contenerse por más tiempo.
- Sí Raimundo -. Se dirigió a él furiosa. - Decía que no sé cómo pueden haber cambiado tanto tus gustos en lo que a mujeres se refiere. Un palo con ojos. ¡Eso es lo que es ella! No como… -. Se detuvo antes de continuar. Había estado a punto de cometer una imprudencia debido a sus celos. Si es que no la había cometido ya… Tomó de nuevo su taza de té y la llevó hasta sus labios. Lo mejor era no seguir con aquella conversación.
- ¿No como tú? -. Raimundo se había quedado perplejo ante las palabras de Francisca, pero no pudo evitar continuar la frase que ella había iniciado. Francisca no se atrevió a levantar la mirada. – No creas que he olvidado lo que se oculta bajo ese vestido, Francisca -. Musitó.
La taza se escapó de sus manos sin que pudiera hacer nada. Su contenido quedó desparramado por toda su falda y parte de la blusa. Se quedó mirando todo ese estropicio sin ni siquiera moverse. Raimundo ¿acababa de decir lo que acababa de decir?
Presto, Raimundo se levantó y fue junto a ella. Recogió la taza y el platillo del suelo y los dispuso sobre la bandeja. Después, tomó una de las servilletas y comenzó a pasarla por encima de las ropas de Francisca para secar la humedad. Al llegar a su blusa, se detuvo durante más tiempo del necesario sobre uno de sus pechos. La respiración de Francisca estaba tan entrecortada que el simple hecho de sentir la mano de Raimundo sobre ella le provocaba ahogados jadeos.
- No…-. Susurró Raimundo. -…no he sido capaz de olvidarlo… -. Subió la mirada hasta encontrarse con los ojos de su pequeña. ¿A qué se supone que habían estado jugando todos estos años? Él no había podido arrancarla de su corazón y era más que evidente que ella seguía sintiendo algo por él. Algo tan fuerte que no podía confundirse con el rencor. Ni mucho menos con el odio. – Se que tú tampoco has podido olvidarme Francisca…-.
Ella quiso replicarle. Decirle que se equivocaba.
- Atrévete a negarlo -. Raimundo seguía tocándola de aquella forma poco decorosa y ella no tenía fuerzas para seguir mintiendo. Aun así su orgullo quiso prevalecer sobre sus sentimientos.
- ¿No estás siendo demasiado presuntuoso? -. Dijo con un hilo de voz. Orgullosa. Pero sin apartarse de Raimundo. Sin alejarse de esa mano que la estaba volviendo loca. Habían sido demasiadas las noches que soñó con que él volviera a tocarla. Demasiado tiempo soportando una larga ausencia de dulces caricias.
- ¿Presuntuoso? -. Raimundo detuvo su movimiento, pero no varió su posición. Con la mano que le quedaba libre se deshizo del corbatín en un rápido movimiento dejándole caer al suelo. Después, tomó una de las manos de Francisca y la llevó hasta el nacimiento de su camisa. A la piel que había quedado libre. Y se estremeció cuando sintió la calidez de su piel. – Tócame. Dime que has olvidado mi piel -.
- ¿Cómo hemos podido llegar a esto? -. Francisca quiso apartar su mano, pero él se lo impidió. – Viniste para estar con ella, no lo olvides -. Sus ojos comenzaban a brillar por lágrimas que no estaba dispuesta a derramar. Haciendo que sus ojos fueran aún más negros.
- Vine para hablar con ella. Y te encontré a ti… Mi ángel… Mi pequeña… -. Jamás pensó en volver a pronunciar aquellas dos palabras que consideraba sagradas. Prohibidas para otra que no fuera ella. Seguro de volver a pronunciarlas como seguro estaba del amor de su niña.
- Condenado tabernero -.
Una mano en su nuca atrayéndole hacia la boca de Francisca le hizo saltar el corazón de júbilo en el pecho. Mordisqueó sus labios tentándole hasta que ambos abrieron la boca para devorarse en un beso quizá demasiado ansioso y que les robó el aire demasiado pronto.
- Estabas como loca por besarme ¿eh? -. Dijo Raimundo divertido y casi sin resuello.
- No era yo la que estaba tocándome un pecho, tabernero -. La frase murió en la boca de Raimundo, pues de nuevo volvió a atrapar sus labios en un beso más apasionado e intenso que el anterior.
- ¿Tanto te interesa mi vida y mis amistades, Francisca? -. Se incorporó para servirse una taza de té. – No creo que sea de tu incumbencia, pero si tanto quieres saber te diré que disfruto tanto de la compañía de Águeda que ambos pasamos agradables veladas aquí mismo, en este salón -.
- Oh, no sigas por favor. Me imagino lo divertidísimas que han de ser vuestras conversaciones. Vamos Raimundo…- le dijo al ver la cara molesta que puso él. -…esa mujer aburre hasta las ranas. Sinceramente, no sé qué has podido ver en ella -. Pronunció esta última frase en voz baja, pero Raimundo igualmente lo escuchó.
- Si quieres te hago una lista de sus múltiples cualidades -. Arqueó una ceja dejándose caer sobre la butaca. Cruzó las piernas. – Es una mujer culta, educada…-.
-…Aburrida…- Farfulló Francisca.
-…con una magnífica conversación. Es bondadosa y generosa con todos los que le rodean… -.
-…Es una melindres sin sangre en las venas… -. Volvió a mascullar Francisca.
-…Además de ser considerablemente hermosa. Tiene una figura envidiable -.
-…¿Envidiable? A quien le guste estar plana como una tabla, sin ninguna forma, puede que así sea… -.
- ¿Decías algo, Francisca? -.
El tono burlón en la voz de Raimundo fue la gota que colmó su paciencia. Estar ahí sentada escuchando nada más que sandeces por parte de Raimundo era demasiado para ella. Estaba tan furiosa porque él sintiera todo eso sobre la de Mesía que no pudo contenerse por más tiempo.
- Sí Raimundo -. Se dirigió a él furiosa. - Decía que no sé cómo pueden haber cambiado tanto tus gustos en lo que a mujeres se refiere. Un palo con ojos. ¡Eso es lo que es ella! No como… -. Se detuvo antes de continuar. Había estado a punto de cometer una imprudencia debido a sus celos. Si es que no la había cometido ya… Tomó de nuevo su taza de té y la llevó hasta sus labios. Lo mejor era no seguir con aquella conversación.
- ¿No como tú? -. Raimundo se había quedado perplejo ante las palabras de Francisca, pero no pudo evitar continuar la frase que ella había iniciado. Francisca no se atrevió a levantar la mirada. – No creas que he olvidado lo que se oculta bajo ese vestido, Francisca -. Musitó.
La taza se escapó de sus manos sin que pudiera hacer nada. Su contenido quedó desparramado por toda su falda y parte de la blusa. Se quedó mirando todo ese estropicio sin ni siquiera moverse. Raimundo ¿acababa de decir lo que acababa de decir?
Presto, Raimundo se levantó y fue junto a ella. Recogió la taza y el platillo del suelo y los dispuso sobre la bandeja. Después, tomó una de las servilletas y comenzó a pasarla por encima de las ropas de Francisca para secar la humedad. Al llegar a su blusa, se detuvo durante más tiempo del necesario sobre uno de sus pechos. La respiración de Francisca estaba tan entrecortada que el simple hecho de sentir la mano de Raimundo sobre ella le provocaba ahogados jadeos.
- No…-. Susurró Raimundo. -…no he sido capaz de olvidarlo… -. Subió la mirada hasta encontrarse con los ojos de su pequeña. ¿A qué se supone que habían estado jugando todos estos años? Él no había podido arrancarla de su corazón y era más que evidente que ella seguía sintiendo algo por él. Algo tan fuerte que no podía confundirse con el rencor. Ni mucho menos con el odio. – Se que tú tampoco has podido olvidarme Francisca…-.
Ella quiso replicarle. Decirle que se equivocaba.
- Atrévete a negarlo -. Raimundo seguía tocándola de aquella forma poco decorosa y ella no tenía fuerzas para seguir mintiendo. Aun así su orgullo quiso prevalecer sobre sus sentimientos.
- ¿No estás siendo demasiado presuntuoso? -. Dijo con un hilo de voz. Orgullosa. Pero sin apartarse de Raimundo. Sin alejarse de esa mano que la estaba volviendo loca. Habían sido demasiadas las noches que soñó con que él volviera a tocarla. Demasiado tiempo soportando una larga ausencia de dulces caricias.
- ¿Presuntuoso? -. Raimundo detuvo su movimiento, pero no varió su posición. Con la mano que le quedaba libre se deshizo del corbatín en un rápido movimiento dejándole caer al suelo. Después, tomó una de las manos de Francisca y la llevó hasta el nacimiento de su camisa. A la piel que había quedado libre. Y se estremeció cuando sintió la calidez de su piel. – Tócame. Dime que has olvidado mi piel -.
- ¿Cómo hemos podido llegar a esto? -. Francisca quiso apartar su mano, pero él se lo impidió. – Viniste para estar con ella, no lo olvides -. Sus ojos comenzaban a brillar por lágrimas que no estaba dispuesta a derramar. Haciendo que sus ojos fueran aún más negros.
- Vine para hablar con ella. Y te encontré a ti… Mi ángel… Mi pequeña… -. Jamás pensó en volver a pronunciar aquellas dos palabras que consideraba sagradas. Prohibidas para otra que no fuera ella. Seguro de volver a pronunciarlas como seguro estaba del amor de su niña.
- Condenado tabernero -.
Una mano en su nuca atrayéndole hacia la boca de Francisca le hizo saltar el corazón de júbilo en el pecho. Mordisqueó sus labios tentándole hasta que ambos abrieron la boca para devorarse en un beso quizá demasiado ansioso y que les robó el aire demasiado pronto.
- Estabas como loca por besarme ¿eh? -. Dijo Raimundo divertido y casi sin resuello.
- No era yo la que estaba tocándome un pecho, tabernero -. La frase murió en la boca de Raimundo, pues de nuevo volvió a atrapar sus labios en un beso más apasionado e intenso que el anterior.
#6180
11/02/2012 21:22
Entre risas y ansias, Raimundo la alzó sobre él sentándola en su regazo. Sin despegar sus bocas. Sin dejar de mezclar sus alientos. Francisca abrió de un tirón la camisa de Raimundo y metió las manos por debajo, acariciando su piel desnuda.
- ¡Jesús! Siempre me volvió loca tu pecho… -. Bajó la cabeza por su cuello dejando besos por toda su extensión.
- Pues a mí los tuyos… -. Replicó él mientras les atrapaba en sus manos.
Volvieron a besarse como dos posesos, como si no existiera el mañana. Los prejuicios y la razón quedaron ya no aparcados, sino olvidados en algún lugar remoto. Las manos de Raimundo abandonaron su pecho para perderse por debajo de su falda. Acariciando sus muslos. Arañando tiernamente. Llegando a zonas que jamás pensó que volvería a sentir bajo sus manos.
- Raimundo…por favor… -. Le urgió Francisca.
De un solo tirón, Raimundo rompió la ropa interior de ella y con una agilidad inusitada se introdujo en su interior ahogando ambos un jadeo en la boca del otro.
Francisca entrelazó sus manos con las de Raimundo y las llevó unidas hasta la parte baja de su espalda. Y ahí las dejó. Comenzó a moverse lentamente sobre él, torturándole, gimiendo junto a sus labios. Susurrándole palabras de amor… Raimundo estaba enloquecido. No podía quedarse quieto mientras ella se movía. Acariciaba su espalda, atrayéndole más hacia él.
El ritmo fue subiendo de intensidad así como los gemidos de ambos en toda la habitación. Tan sumidos estaban en la espiral de deseo y pasión que estaban compartiendo, que no escucharon cómo la puerta de la salita se abría.
Francisca se convulsionó sobre Raimundo alcanzando el clímax. Segundos después Raimundo la siguió. Ambos quedaron rendidos y abrazados. Con la respiración entrecortada. Fue entonces cuando se dieron cuenta que no estaban solos.
- Dios bendito…Doña Francisca… Raimundo… ¡Válgame el Señor! -.
- Rai…Raimundo… -.
Se volvieron para encontrarse con dos pares de ojos que les miraban desorbitados. Se trataba de Águeda que había regresado acompañada de Don Anselmo, que no hacía más que santiguarse.
- Padre, Doña Águeda -. Habló Francisca. – Disculpen si no me levanto a saludarles, pero me pillan en un momento…un tanto complicado -. Miró a Águeda con toda intención. – Y a Raimundo le pasa algo parecido -.
Águeda salió furiosa de la habitación.
- Espere por favor, la acompaño -. Don Anselmo siguió a la de Mesía, pero antes de desaparecer se volvió hacia ellos. – Y con ustedes dos ya hablaré yo. ¡Virgen Santísima! -. Se fue farfullando.
Francisca ahogó una risita sobre el hombro de Raimundo, que la miró reprobador. No se sentía avergonzado de haberse dejado llevar por sus sentimientos, pero después de todo, estaban en casa de Águeda. Y ellos se habían dejado llevar por la pasión en su salón. Y les habían descubierto.
- ¿Qué? -. Le preguntó Francisca mientras se apartaba de él y se recomponía la ropa. – No me mires así. Empezaste tú… -. No sabía si esa mirada que le estaba dedicando él era porque se arrepentía de lo que acababa de suceder. Si así fuera, era mejor revestirse de nuevo de orgullo para no hacerle ver que sufría por su actitud.
Raimundo frunció el ceño. ¿Qué le pasaba ahora? Se levantó y cogió la camisa del suelo. Mientras se abrochaba los botones estudiaba los gestos de Francisca. Y se dio cuenta de que ella había interpretado mal su actitud cuando Águeda y Don Anselmo llegaron. Se acercó a ella por detrás y la abrazó.
- ¿Crees que me arrepiento de esto? -.
Francisca se quedó muy quieta, pero no habló.
- De lo único que me arrepiento es de no haberte provocado antes… -. Besó su cuello.
Francisca se giró y se colgó de su cuello. - ¿Estás seguro? -.
- Completamente -. Susurró Raimundo junto a sus labios. – Y ahora será mejor que salgamos de aquí antes de que Don Anselmo nos pille para echarnos un buen sermón -. Sonrió abrazado a ella. – Y…¿se te ocurre un sitio donde podamos continuar con lo empezado? -. Preguntó sensual.
Francisca se carcajeó al tiempo que tiraba de Raimundo por la camisa. Terminarían lo empezado y el resto de sus vidas donde fuera menester. Pero siempre juntos.
FIN
- ¡Jesús! Siempre me volvió loca tu pecho… -. Bajó la cabeza por su cuello dejando besos por toda su extensión.
- Pues a mí los tuyos… -. Replicó él mientras les atrapaba en sus manos.
Volvieron a besarse como dos posesos, como si no existiera el mañana. Los prejuicios y la razón quedaron ya no aparcados, sino olvidados en algún lugar remoto. Las manos de Raimundo abandonaron su pecho para perderse por debajo de su falda. Acariciando sus muslos. Arañando tiernamente. Llegando a zonas que jamás pensó que volvería a sentir bajo sus manos.
- Raimundo…por favor… -. Le urgió Francisca.
De un solo tirón, Raimundo rompió la ropa interior de ella y con una agilidad inusitada se introdujo en su interior ahogando ambos un jadeo en la boca del otro.
Francisca entrelazó sus manos con las de Raimundo y las llevó unidas hasta la parte baja de su espalda. Y ahí las dejó. Comenzó a moverse lentamente sobre él, torturándole, gimiendo junto a sus labios. Susurrándole palabras de amor… Raimundo estaba enloquecido. No podía quedarse quieto mientras ella se movía. Acariciaba su espalda, atrayéndole más hacia él.
El ritmo fue subiendo de intensidad así como los gemidos de ambos en toda la habitación. Tan sumidos estaban en la espiral de deseo y pasión que estaban compartiendo, que no escucharon cómo la puerta de la salita se abría.
Francisca se convulsionó sobre Raimundo alcanzando el clímax. Segundos después Raimundo la siguió. Ambos quedaron rendidos y abrazados. Con la respiración entrecortada. Fue entonces cuando se dieron cuenta que no estaban solos.
- Dios bendito…Doña Francisca… Raimundo… ¡Válgame el Señor! -.
- Rai…Raimundo… -.
Se volvieron para encontrarse con dos pares de ojos que les miraban desorbitados. Se trataba de Águeda que había regresado acompañada de Don Anselmo, que no hacía más que santiguarse.
- Padre, Doña Águeda -. Habló Francisca. – Disculpen si no me levanto a saludarles, pero me pillan en un momento…un tanto complicado -. Miró a Águeda con toda intención. – Y a Raimundo le pasa algo parecido -.
Águeda salió furiosa de la habitación.
- Espere por favor, la acompaño -. Don Anselmo siguió a la de Mesía, pero antes de desaparecer se volvió hacia ellos. – Y con ustedes dos ya hablaré yo. ¡Virgen Santísima! -. Se fue farfullando.
Francisca ahogó una risita sobre el hombro de Raimundo, que la miró reprobador. No se sentía avergonzado de haberse dejado llevar por sus sentimientos, pero después de todo, estaban en casa de Águeda. Y ellos se habían dejado llevar por la pasión en su salón. Y les habían descubierto.
- ¿Qué? -. Le preguntó Francisca mientras se apartaba de él y se recomponía la ropa. – No me mires así. Empezaste tú… -. No sabía si esa mirada que le estaba dedicando él era porque se arrepentía de lo que acababa de suceder. Si así fuera, era mejor revestirse de nuevo de orgullo para no hacerle ver que sufría por su actitud.
Raimundo frunció el ceño. ¿Qué le pasaba ahora? Se levantó y cogió la camisa del suelo. Mientras se abrochaba los botones estudiaba los gestos de Francisca. Y se dio cuenta de que ella había interpretado mal su actitud cuando Águeda y Don Anselmo llegaron. Se acercó a ella por detrás y la abrazó.
- ¿Crees que me arrepiento de esto? -.
Francisca se quedó muy quieta, pero no habló.
- De lo único que me arrepiento es de no haberte provocado antes… -. Besó su cuello.
Francisca se giró y se colgó de su cuello. - ¿Estás seguro? -.
- Completamente -. Susurró Raimundo junto a sus labios. – Y ahora será mejor que salgamos de aquí antes de que Don Anselmo nos pille para echarnos un buen sermón -. Sonrió abrazado a ella. – Y…¿se te ocurre un sitio donde podamos continuar con lo empezado? -. Preguntó sensual.
Francisca se carcajeó al tiempo que tiraba de Raimundo por la camisa. Terminarían lo empezado y el resto de sus vidas donde fuera menester. Pero siempre juntos.
FIN
