El Rincón de Francisca y Raimundo:ESTE AMOR SE MERECE UN YACIMIENTO (TUNDA TUNDA) Gracias María y Ramon
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08/06/2011 23:44
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#5861
28/01/2012 21:04
Cris,me muero
Quiero leer ese final,por favor!
Maravilloso, jaraleña de mi corazón <3
Quiero leer ese final,por favor!
Maravilloso, jaraleña de mi corazón <3
#5862
28/01/2012 21:05
Joooo Cris, lo dejas en lo mejor, jeje!!!! esos dos abrazaditos dándose calor mutuo....cómo acabará eso??!!!, jeje!!!
Natalia eres una artista!!!!!! me gusta mucho el himno raipaquista!!! :)
Natalia eres una artista!!!!!! me gusta mucho el himno raipaquista!!! :)
#5863
28/01/2012 21:16
Natalia eres la puta ama. Jajaja me encanta el himno
#5864
29/01/2012 11:31
Natalia, que bueno el himno ja ja, eres muy grandeeeeeeeee.
Mi petite Voldemort, eso no se hace, dejarlo en lo mejor pero que tierno esos dos junticos dándose calor, son tan asi.....espero que sigas a la de ya.
Empieza LA SEMANA. que ganas de que llegue el miércoles
Mi petite Voldemort, eso no se hace, dejarlo en lo mejor pero que tierno esos dos junticos dándose calor, son tan asi.....espero que sigas a la de ya.
Empieza LA SEMANA. que ganas de que llegue el miércoles
#5865
29/01/2012 15:33
¿queréis que incluya el himno n l cabecera?
#5866
29/01/2012 15:43
Os dejo cositas...







Añado más



Ya sabéis que quien quiera utilizar alguna no tiene ni que pedírmelo. Espero que os hayan gustado
PD: como se nota que mañana aquí es fiesta, llevo una pachorra... xD







Añado más



Ya sabéis que quien quiera utilizar alguna no tiene ni que pedírmelo. Espero que os hayan gustado
PD: como se nota que mañana aquí es fiesta, llevo una pachorra... xD
#5867
29/01/2012 16:14
Ya estoy provista de pañuelos para esta semana. Deseando estoy de ver las escenazas que se van a marcar María y Ramón :)
Cris, eres una artista. Menudos avarares, son todos preciosos. En cuanto me decida me llevo uno para el otro foro
Del relato qué decirte. Imaginarme a Raimundo intentando que Francisca entrase en calor no ha tenido precio. Son un amor, ahí los dos abrazados. Sigue pronto que no sé como lo haces pero siempre lo dejas en lo mejor jaja
Natalia lo del himno ya te lo he dicho, está muy bien.
Del título nuevo "Este amor se merece un reyacimiento (TUNDA TUNDA)"
Me encanta (LL) Lo que, supongo que estaré perdida pero, no pillo ese "¡Gracias!"...
Cris, eres una artista. Menudos avarares, son todos preciosos. En cuanto me decida me llevo uno para el otro foro

Del relato qué decirte. Imaginarme a Raimundo intentando que Francisca entrase en calor no ha tenido precio. Son un amor, ahí los dos abrazados. Sigue pronto que no sé como lo haces pero siempre lo dejas en lo mejor jaja
Natalia lo del himno ya te lo he dicho, está muy bien.
Del título nuevo "Este amor se merece un reyacimiento (TUNDA TUNDA)"
Me encanta (LL) Lo que, supongo que estaré perdida pero, no pillo ese "¡Gracias!"...
#5868
29/01/2012 16:23
OH! Cris,qué bonito ^^
muchas gracias!
Mandé un mensaje a samu para que cambiara el título,pero debió copiar todo lo que le puse,y ese ¡Gracias! son las que le daba yo por cambiarlo jejeje
ya le he avisado para que lo quite.
Cris,me siento mal por pedirlo,porque a mi van a matarme si hoy no pongo un cacho del mío,pero ¿podías continuar el tuyo? ¡lo necesito!
muchas gracias!
Mandé un mensaje a samu para que cambiara el título,pero debió copiar todo lo que le puse,y ese ¡Gracias! son las que le daba yo por cambiarlo jejeje
ya le he avisado para que lo quite.
Cris,me siento mal por pedirlo,porque a mi van a matarme si hoy no pongo un cacho del mío,pero ¿podías continuar el tuyo? ¡lo necesito!
#5869
29/01/2012 16:28
Jajaja Ok, Ruth. Es que lo de ¡Gracias! me sonaba rarísimo y digo pues tendrá un significado que no llego a entender jaja
#5870
29/01/2012 16:57
Cris están muy chulos, como ves ya me he cogido uno. Pero sigue con tu relato please que lo dejaste en lo mejor. Y lo mismo te digo Ruth.....y Rocío.......y Jesús......en fin, todos los relatos que hay por aquí.
Espero que estéis pasando buen día....a prepararse para esta gran semana, nos hartaremos a llorar (lástima que no podré ver los capítulos en directo).
Lourdes, Silvia.............se os echa de menos!!!!!!!!!!!!!
Besosssssssss
Espero que estéis pasando buen día....a prepararse para esta gran semana, nos hartaremos a llorar (lástima que no podré ver los capítulos en directo).
Lourdes, Silvia.............se os echa de menos!!!!!!!!!!!!!
Besosssssssss
#5871
29/01/2012 17:11
Porque ella lo vale!
#5872
29/01/2012 17:20
Bueno, Natalia qué artista, qué currado!!! Me quito el sombrero, de verdad! Iré practicando!
Cris corazón, qué bonito! La última frase me encantó! Me transportó a una escena en mi pasado!! Qué jodía eres! Seguirás un poquito? Digo con la semana que nos espera! Pleaaase!
Bueno,pues yo yo ya tengo los pañuelos compraos, toy preparadísima, si es que se puede estar preparado para esto.
Samu, gracias por cambiar la cabecera. Me gusta!
Wow Gisy, qué bonito, en plan West Side Story, me flipa!!
Cris corazón, qué bonito! La última frase me encantó! Me transportó a una escena en mi pasado!! Qué jodía eres! Seguirás un poquito? Digo con la semana que nos espera! Pleaaase!
Bueno,pues yo yo ya tengo los pañuelos compraos, toy preparadísima, si es que se puede estar preparado para esto.
Samu, gracias por cambiar la cabecera. Me gusta!
Wow Gisy, qué bonito, en plan West Side Story, me flipa!!
#5873
29/01/2012 20:49
"Escena alternativa Capítulo 232/233" (PARTE I)
Retorcía nerviosa las gafas entre sus manos. Agitada y entristecida. Nostálgica. Millones de sensaciones y sentimientos se habían apoderado de cada célula de su ser. Y no solo había influido en ello el desafortunado encuentro con ese pobre desgraciado de Efrén. Ni siquiera la charla mantenida con la partera hace un rato, en la que le había vuelto a reiterar el amor que seguía sintiendo por su hijo, le había causado tanto pesar.
Fueron las palabras que compartió con su fiel Rosario las que le habían dejado el cuerpo destemplado. Ella, curtida en mil batallas de la vida, nunca había prestado oídos a lo que pudiera decirse acerca de su persona. Hace tiempo que le resbalaba la opinión que los habitantes de Puente Viejo pudieran tener de ella. Porque en realidad, ninguno la conocía realmente. Nadie sabía cómo era. Bien se había encargado de ocultar su verdadera personalidad con la única finalidad de no sufrir más. Irónico, pensó mientras dejaba las gafas sobre la mesa y se frotaba las sienes. ¿Acaso ahora sufría menos? Había olvidado lo que era sentirse feliz. El recuerdo de aquel sentimiento se le antojaba demasiado lejano, a pesar de que hoy, le tenía más presente que nunca.
Se levantó yendo despacio hacia la ventana. El día había amanecido propicio para acompañar su estado de ánimo. Y a pesar de no dar importancia a las habladurías, sí le preocupaba en demasía lo que Raimundo pudiera pensar de ella. Si los desarrapados del pueblo creían que era un monstruo, cuando no hizo sino proveer de alimento a ese muchacho y mantenerlo con vida, cosa que Salvador no hubiera consentido jamás, poco le importaba. Pero lo que pensara Raimundo…era otro cantar.
Rosario se había dado cuenta de cuánto le pesaba aún él en el corazón. Le habría gustado disimular mejor, pero las pastillas de la doctora le habían dejado tan cansada que apenas tenía fuerzas para fingir. Y mucho menos delante de aquella buena mujer a la cual tenía aprecio a pesar de que sus actos reflejaran lo contrario.
Se llevó una mano a la nuca. Sintió un fuerte pinchazo que le obligó a cerrar los ojos con dolor. Estaba tan cansada…solo esperaba que el día terminara pronto para poder retirarse a su habitación. Tanto Tristán como Rosario le habían insistido para que se acostara ya, pero ella, tozuda como era y tratando de restar importancia a su desmayo, se había negado. Sería como mostrar debilidad, y ella no era una mujer débil.
Volvió a tomar asiento tras la mesa. Ojeó varios papeles que había sobre ella pero sin prestarles demasiada atención. Raimundo seguía acaparando todos y cada uno de sus pensamientos. Hasta tal punto, que incluso pensó que había llegado el momento de hablar. De terminar con el dolor que le rodeaba, aunque sin ser demasiado optimista con que su propio dolor desapareciera. Todo lo he hecho por el bien de mis hijos . La frase se repetía una y otra vez en su cabeza perdiendo cada vez más significado. Tal vez no eligió la manera más adecuada para proveer su bienestar. Tal vez debió hacer caso a Leonor en su momento y contarle la verdad a Raimundo. Pero estaba asustada. Y despechada. Y sola. Actuó como mejor pudo y supo, aunque ahora le pareciera que no eligió la mejor opción.
Otra vez volvía aquel malestar a su cabeza. Era más fuerte que los últimos sufridos, ya que la medicación no lo pudo erradicar del todo. Ojalá existiera algún medicamento que pudiera mitigar el dolor que habitaba en su corazón. Ese moriría con ella si es que no la mataba primero. Apoyo la cabeza sobre las manos y se masajeó las sienes de nuevo cerrando los ojos, cuando la puerta de la biblioteca se abrió turbando la paz que estaba empezando a encontrar. Era Rosario.
- Señora…-.
Francisca suspiró. - ¿Es que no puede una descansar tranquila ni en su propia casa? -. Le habló con deje cansado en la voz.
- Tiene visita… -. Sabía lo cansada que estaba Francisca, pero esta visita era importante.
- Te dije que hoy no quería que se me molestara más…-. Si tenía que soportar a otra visita más le estallaría la cabeza. No tenía ganas de ver a nadie. Prefería seguir rumiando su pena en soledad. – La cabeza me va a estallar en cualquier momento y no se sino tendré algo de fiebre… -
Rosario solo podía mirarla comprensiva. La verdad es que tenía aspecto demacrado. Normal después del desmayo sufrido. Francisca continuó hablando. – Así que…dile a quien sea que vuelva otro día -.
Rosario sonrió para sus adentros. Sabía de sobra que aquella “visita” si sería recibida por su señora. Por eso se había atrevido a importunarla. Porque su presencia, le iba a hacer mucho bien.
- Es que…es Raimundo…-. La miró de medio lado esperando su reacción, que no se hizo esperar. Francisca se irguió nerviosa y mudó la expresión de su rostro. De un completo fastidio que la llevó a rechazar la presencia de más visitas, a un anhelo temeroso. Anhelo por tratarse de Raimundo, al que siempre deseaba ver a pesar de todo, y temeroso por desconocer el motivo de su presencia allí.
-…¿Raimundo?... ¿Y qué quiere? -. Su voz y su cuerpo temblaban como una hoja.
Rosario se hizo la inocente.
– Pues no lo se, pero como usted hoy lo ha mencionado, pues no le dije que se fuera -. Francisca bajó la mirada sopesando la situación. Estaba agotada, sin ganas de ver a nadie. Pero…era Raimundo… - ¿He hecho bien? -.
Francisca la miró. Seguía hablándole con esa fingida inocencia haciendo creer que no sabía nada de lo que se cocía entre ellos. El caso es que no podía negarse a verle. Más bien. No quería negarse. Hoy más que nunca, lo deseaba fervientemente.
- Hazle pasar, anda…-. Le dijo poniéndose de pie.
Rosario se marchó sonriendo de medio lado. Desde el momento en que Raimundo pidió verla, sabía que Francisca accedería. Por más que hubiera dicho que no deseaba recibir a nadie más. Jamás se negaría a atenderle a él.
Raimundo al fin entró en la biblioteca. Ninguno de los dos pudo dejar de mirarse. Hablándose sin palabras, como habían hecho siempre, desde que se enamoraron siendo niños. La pequeña diferencia, es que ahora eran sus ojos los únicos capaces de hablar. Los que aún podían decir todo aquello que los labios se negaban a pronunciar. El ambiente de la habitación, que hasta hace unos segundos llenaba la estancia de frío e inquietud, se tornó en cálido y luminoso cuando sus ojos se cruzaron.
- Se te ve cansada, Francisca -. Y realmente lo parecía. No quiso mostrarse preocupado por ella pero no la encontraba con buen aspecto. Se debatía entre guardar silencio o seguir preguntando si algo grave habría ocasionado esa lasitud. Prefirió lo primero.
- Será porque no paran de venir visitas a molestar -. Se sintió tan recuperada con solo verle aparecer que tenía ganas de llorar de alegría. Raimundo era quien le ocasionó el dolor más grande de su vida. Pero al mismo tiempo, era el único que podía borrarlo solamente con uno de sus besos. Con solo decirle que aún la amaba. Con una sola caricia de sus manos.
Raimundo bajó la cabeza sonriendo. Esa era ella. Orgullosa y altanera hasta el fin. Tal vez erró en su primera apreciación de ella y en realidad no le ocurría nada.
- Podías haber dicho que no me dejaran entrar -.
En el fondo se alegraba de que ella hubiera consentido en verle. Quizá no fue una buena idea quedarse cuando le informaron que Tristán no estaba en la Casona. Pero en lo referente a Francisca, siempre terminaba ganando su corazón a pesar de no querer escucharle la mayoría de las veces.
- Sí -. Fue la última palabra que pronunció categóricamente. -…Pero quería verte…-.
Retorcía nerviosa las gafas entre sus manos. Agitada y entristecida. Nostálgica. Millones de sensaciones y sentimientos se habían apoderado de cada célula de su ser. Y no solo había influido en ello el desafortunado encuentro con ese pobre desgraciado de Efrén. Ni siquiera la charla mantenida con la partera hace un rato, en la que le había vuelto a reiterar el amor que seguía sintiendo por su hijo, le había causado tanto pesar.
Fueron las palabras que compartió con su fiel Rosario las que le habían dejado el cuerpo destemplado. Ella, curtida en mil batallas de la vida, nunca había prestado oídos a lo que pudiera decirse acerca de su persona. Hace tiempo que le resbalaba la opinión que los habitantes de Puente Viejo pudieran tener de ella. Porque en realidad, ninguno la conocía realmente. Nadie sabía cómo era. Bien se había encargado de ocultar su verdadera personalidad con la única finalidad de no sufrir más. Irónico, pensó mientras dejaba las gafas sobre la mesa y se frotaba las sienes. ¿Acaso ahora sufría menos? Había olvidado lo que era sentirse feliz. El recuerdo de aquel sentimiento se le antojaba demasiado lejano, a pesar de que hoy, le tenía más presente que nunca.
Se levantó yendo despacio hacia la ventana. El día había amanecido propicio para acompañar su estado de ánimo. Y a pesar de no dar importancia a las habladurías, sí le preocupaba en demasía lo que Raimundo pudiera pensar de ella. Si los desarrapados del pueblo creían que era un monstruo, cuando no hizo sino proveer de alimento a ese muchacho y mantenerlo con vida, cosa que Salvador no hubiera consentido jamás, poco le importaba. Pero lo que pensara Raimundo…era otro cantar.
Rosario se había dado cuenta de cuánto le pesaba aún él en el corazón. Le habría gustado disimular mejor, pero las pastillas de la doctora le habían dejado tan cansada que apenas tenía fuerzas para fingir. Y mucho menos delante de aquella buena mujer a la cual tenía aprecio a pesar de que sus actos reflejaran lo contrario.
Se llevó una mano a la nuca. Sintió un fuerte pinchazo que le obligó a cerrar los ojos con dolor. Estaba tan cansada…solo esperaba que el día terminara pronto para poder retirarse a su habitación. Tanto Tristán como Rosario le habían insistido para que se acostara ya, pero ella, tozuda como era y tratando de restar importancia a su desmayo, se había negado. Sería como mostrar debilidad, y ella no era una mujer débil.
Volvió a tomar asiento tras la mesa. Ojeó varios papeles que había sobre ella pero sin prestarles demasiada atención. Raimundo seguía acaparando todos y cada uno de sus pensamientos. Hasta tal punto, que incluso pensó que había llegado el momento de hablar. De terminar con el dolor que le rodeaba, aunque sin ser demasiado optimista con que su propio dolor desapareciera. Todo lo he hecho por el bien de mis hijos . La frase se repetía una y otra vez en su cabeza perdiendo cada vez más significado. Tal vez no eligió la manera más adecuada para proveer su bienestar. Tal vez debió hacer caso a Leonor en su momento y contarle la verdad a Raimundo. Pero estaba asustada. Y despechada. Y sola. Actuó como mejor pudo y supo, aunque ahora le pareciera que no eligió la mejor opción.
Otra vez volvía aquel malestar a su cabeza. Era más fuerte que los últimos sufridos, ya que la medicación no lo pudo erradicar del todo. Ojalá existiera algún medicamento que pudiera mitigar el dolor que habitaba en su corazón. Ese moriría con ella si es que no la mataba primero. Apoyo la cabeza sobre las manos y se masajeó las sienes de nuevo cerrando los ojos, cuando la puerta de la biblioteca se abrió turbando la paz que estaba empezando a encontrar. Era Rosario.
- Señora…-.
Francisca suspiró. - ¿Es que no puede una descansar tranquila ni en su propia casa? -. Le habló con deje cansado en la voz.
- Tiene visita… -. Sabía lo cansada que estaba Francisca, pero esta visita era importante.
- Te dije que hoy no quería que se me molestara más…-. Si tenía que soportar a otra visita más le estallaría la cabeza. No tenía ganas de ver a nadie. Prefería seguir rumiando su pena en soledad. – La cabeza me va a estallar en cualquier momento y no se sino tendré algo de fiebre… -
Rosario solo podía mirarla comprensiva. La verdad es que tenía aspecto demacrado. Normal después del desmayo sufrido. Francisca continuó hablando. – Así que…dile a quien sea que vuelva otro día -.
Rosario sonrió para sus adentros. Sabía de sobra que aquella “visita” si sería recibida por su señora. Por eso se había atrevido a importunarla. Porque su presencia, le iba a hacer mucho bien.
- Es que…es Raimundo…-. La miró de medio lado esperando su reacción, que no se hizo esperar. Francisca se irguió nerviosa y mudó la expresión de su rostro. De un completo fastidio que la llevó a rechazar la presencia de más visitas, a un anhelo temeroso. Anhelo por tratarse de Raimundo, al que siempre deseaba ver a pesar de todo, y temeroso por desconocer el motivo de su presencia allí.
-…¿Raimundo?... ¿Y qué quiere? -. Su voz y su cuerpo temblaban como una hoja.
Rosario se hizo la inocente.
– Pues no lo se, pero como usted hoy lo ha mencionado, pues no le dije que se fuera -. Francisca bajó la mirada sopesando la situación. Estaba agotada, sin ganas de ver a nadie. Pero…era Raimundo… - ¿He hecho bien? -.
Francisca la miró. Seguía hablándole con esa fingida inocencia haciendo creer que no sabía nada de lo que se cocía entre ellos. El caso es que no podía negarse a verle. Más bien. No quería negarse. Hoy más que nunca, lo deseaba fervientemente.
- Hazle pasar, anda…-. Le dijo poniéndose de pie.
Rosario se marchó sonriendo de medio lado. Desde el momento en que Raimundo pidió verla, sabía que Francisca accedería. Por más que hubiera dicho que no deseaba recibir a nadie más. Jamás se negaría a atenderle a él.
Raimundo al fin entró en la biblioteca. Ninguno de los dos pudo dejar de mirarse. Hablándose sin palabras, como habían hecho siempre, desde que se enamoraron siendo niños. La pequeña diferencia, es que ahora eran sus ojos los únicos capaces de hablar. Los que aún podían decir todo aquello que los labios se negaban a pronunciar. El ambiente de la habitación, que hasta hace unos segundos llenaba la estancia de frío e inquietud, se tornó en cálido y luminoso cuando sus ojos se cruzaron.
- Se te ve cansada, Francisca -. Y realmente lo parecía. No quiso mostrarse preocupado por ella pero no la encontraba con buen aspecto. Se debatía entre guardar silencio o seguir preguntando si algo grave habría ocasionado esa lasitud. Prefirió lo primero.
- Será porque no paran de venir visitas a molestar -. Se sintió tan recuperada con solo verle aparecer que tenía ganas de llorar de alegría. Raimundo era quien le ocasionó el dolor más grande de su vida. Pero al mismo tiempo, era el único que podía borrarlo solamente con uno de sus besos. Con solo decirle que aún la amaba. Con una sola caricia de sus manos.
Raimundo bajó la cabeza sonriendo. Esa era ella. Orgullosa y altanera hasta el fin. Tal vez erró en su primera apreciación de ella y en realidad no le ocurría nada.
- Podías haber dicho que no me dejaran entrar -.
En el fondo se alegraba de que ella hubiera consentido en verle. Quizá no fue una buena idea quedarse cuando le informaron que Tristán no estaba en la Casona. Pero en lo referente a Francisca, siempre terminaba ganando su corazón a pesar de no querer escucharle la mayoría de las veces.
- Sí -. Fue la última palabra que pronunció categóricamente. -…Pero quería verte…-.
#5874
29/01/2012 20:54
"Escena alternativa Capítulo 232/233" (PARTE II)
Quería verte . ¿Cómo debía tomarse eso? ¿Era el comienzo de una nueva disputa? No lo parecía por el tono pacífico de su voz. Algo se detuvo en su pecho y no supo si era que había dejado de respirar o que su corazón había dejado de latir.
- ¿Para qué? -.
¿Curiosidad?. ¿Qué era ese sentimiento extraño que se adueñó de él cuando Francisca habló? Aunque no fueron sus palabras las que le oprimieron el corazón. Fue su mirada. La pequeña luz que vislumbró en sus ojos. Le aterraba estar tan cegado por el amor que aún sentía por ella que temía caer de nuevo en su embrujo. Por eso siempre trataba de mantener una distancia entre su verdadero sentir y ella. De mantenerse frío y distante aunque no siempre lo conseguía. Además ¿qué ganaba con engañarse a sí mismo? Francisca tenía el alma emponzoñada de tal manera, que la alegre muchacha a la que amó había perecido por el odio. ¿Era él un iluso por seguir amando un recuerdo? A veces creía encontrar en ella a aquella chiquilla. Sin embargo, sus ilusiones de recuperarla se desmoronaban igual que un castillo de naipes. ¿Y por qué no obstante aparcaba la razón a la mínima de cambio cuando estaba frente a ella? ¿Cuándo Francisca se permitía el lujo de dedicarle palabras suaves, como en aquel momento?
- Dime primero que te trae a la Casona -.
De nuevo suavidad. Buenas maneras. ¿La calma antes de la tormenta quizá? Irónico que esta vez no podía echarle la culpa de este encuentro.
- He venido para hablar con Tristán, pero no estaba y he decidido hacerte una visita -. Dirigió su mirada nuevamente hacia ella, con una intensidad que no podía esconder. En ocasiones sabía que se arriesgaba demasiado con sus indirectas o con sus frases hechas. Pero disfrutaba tanteándola, provocándola. Sin embargo, en esta ocasión era él quien era provocado. - ¿Y tú para qué querías verme? -. La pregunta salió de su boca sin que tuviera fuerzas para detenerla. Estaba demasiado intrigado y no lo disimuló.
Esperó expectante durante eternos segundos en los que Francisca parecía estar perdida en un mar de recuerdos en los cuales a él le gustaría navegar. Entrar en su mente para descubrir sus pensamientos. ¡Qué difícil se había vuelto con el paso de los años! Antes era capaz de ver su alma con solo mirarla a los ojos.
Francisca recordaba con pesar uno de los momentos más cruciales de su vida. Aquel en el que una decisión que en su principio consideró acertada, empezó a convertir su vida en el más abominable de los infiernos. ¡Cuán distinto hubiera resultado todo de no haber tomado aquel camino! Siempre la perdió el orgullo. Aún ahora seguía haciéndolo. Miró a Raimundo a su lado y pensó que tal vez hoy, por un momento, podría olvidarse de él. Alejarlo de ella y contar la verdad que le pesaba desde hace ya demasiados años.
- Lo que tenía que decirte…- se encaminó hacia él. -…debí decírtelo hace muchos años. Si lo hubiera hecho…aquello habría cambiado nuestras vidas para siempre -.
¿Qué? Raimundo no podía pensar en nada. Por más que trataba de encontrar una razón plausible a lo que Francisca le estaba diciendo, era incapaz. Estaba bloqueado.
–...Y aún podría cambiar cosas… -.
La incertidumbre le estaba matando. ¿Cambiar? ¿Qué podría haber tan fuerte o tan importante que hubiera cambiado sus vidas? Y lo que era más inquietante. ¿Todavía podría cambiarlas? No estaba seguro de querer saberlo. Renunciar a Francisca fue lo más duro y doloroso que tuvo que hacer nunca. Vivir con su desprecio le llevó a los infiernos. ¿Y…ahora descubría que algo podía haberlo cambiado?
- ¿Qué es eso tan importante que nunca me dijiste? -. Terminó susurrándole.
Cambiar su vida. Lo único que podría hacerlo era la posibilidad de retroceder en el tiempo. Conocedor de que habría actuado de forma radicalmente opuesta a como lo hizo. Pero esa posibilidad era imposible. Quiso buscar en los ojos de su pequeña la respuesta a sus temores. Su pequeña. Seguía llamándola así en la oscuridad de su corazón, donde Francisca se había alojado a vivir para no salir de él nunca más. La miró con miedo. Con ternura. Con rencor. Con dolor.
Con amor.
- ¿Qué sucede Francisca? -.
Permanecía en tenso silencio sin hablarle. Y la sintió temblar. Aquello le asustó. Francisca nunca había tenido problema en hablarle de cualquier cosa desde que se conocieron. Incluso a lo largo de los años, a pesar del rencor que se interponía entre ellos, las palabras se habían convertido en su arma más poderosa para hacerle daño. Para herirle.
- ¿Por qué te cuesta tanto hablarme? -
La vio retroceder con miedo. ¿Qué estaba pasando? Nunca la había visto así, lo que le hizo pensar que aquello que le había ocultado durante tantos años debía ser realmente grave. La siguió unos pasos. No. No iba a permitir que ella se cerrara frente a él. Francisca había abierto una puerta que no consentiría que cerrara.
- ¿Cuál es ese secreto que me tenías que haber contado hace años? -.
¡Le temblaban las manos! Por alguna extraña razón, presentía que esa conversación iba a tomar unos derroteros que él mismo no había querido tomar en mucho tiempo. Y Francisca seguía reacia a pronunciarse. Sus gestos y sus movimientos revelaban un miedo que a él le encantaría disipar. Tomar sus manos e infundirle calor. Paz. Quietud. ¡Pero ¿cómo iba a ser posible todo aquello si ni él mismo lo sentía?! Tenía que serenarse, pues de no hacerlo, Francisca se cerraría en banda. Por eso trató de tranquilizarla al tiempo que se tranquilizaba a sí mismo. Ambos tomaron asiento.
– Sacándolo a la luz lograrás que deje de emponzoñarte el alma. Lo se por experiencia -.
¿Estás seguro Raimundo? . Se dijo a sí mismo. Numerosos eran los secretos que aún albergaba dentro de él y que se negaba a revelar. El primero de ellos, el amor que todavía sentía por Francisca. Su niña. La notó tan desvalida que sentía ganas de gritar. ¿Es que nunca terminaría el dolor? No, no lo haría jamás.
Ni la muerte logrará que descanse mi alma, pues te seguiré amando por toda la eternidad… .
Quería verte . ¿Cómo debía tomarse eso? ¿Era el comienzo de una nueva disputa? No lo parecía por el tono pacífico de su voz. Algo se detuvo en su pecho y no supo si era que había dejado de respirar o que su corazón había dejado de latir.
- ¿Para qué? -.
¿Curiosidad?. ¿Qué era ese sentimiento extraño que se adueñó de él cuando Francisca habló? Aunque no fueron sus palabras las que le oprimieron el corazón. Fue su mirada. La pequeña luz que vislumbró en sus ojos. Le aterraba estar tan cegado por el amor que aún sentía por ella que temía caer de nuevo en su embrujo. Por eso siempre trataba de mantener una distancia entre su verdadero sentir y ella. De mantenerse frío y distante aunque no siempre lo conseguía. Además ¿qué ganaba con engañarse a sí mismo? Francisca tenía el alma emponzoñada de tal manera, que la alegre muchacha a la que amó había perecido por el odio. ¿Era él un iluso por seguir amando un recuerdo? A veces creía encontrar en ella a aquella chiquilla. Sin embargo, sus ilusiones de recuperarla se desmoronaban igual que un castillo de naipes. ¿Y por qué no obstante aparcaba la razón a la mínima de cambio cuando estaba frente a ella? ¿Cuándo Francisca se permitía el lujo de dedicarle palabras suaves, como en aquel momento?
- Dime primero que te trae a la Casona -.
De nuevo suavidad. Buenas maneras. ¿La calma antes de la tormenta quizá? Irónico que esta vez no podía echarle la culpa de este encuentro.
- He venido para hablar con Tristán, pero no estaba y he decidido hacerte una visita -. Dirigió su mirada nuevamente hacia ella, con una intensidad que no podía esconder. En ocasiones sabía que se arriesgaba demasiado con sus indirectas o con sus frases hechas. Pero disfrutaba tanteándola, provocándola. Sin embargo, en esta ocasión era él quien era provocado. - ¿Y tú para qué querías verme? -. La pregunta salió de su boca sin que tuviera fuerzas para detenerla. Estaba demasiado intrigado y no lo disimuló.
Esperó expectante durante eternos segundos en los que Francisca parecía estar perdida en un mar de recuerdos en los cuales a él le gustaría navegar. Entrar en su mente para descubrir sus pensamientos. ¡Qué difícil se había vuelto con el paso de los años! Antes era capaz de ver su alma con solo mirarla a los ojos.
Francisca recordaba con pesar uno de los momentos más cruciales de su vida. Aquel en el que una decisión que en su principio consideró acertada, empezó a convertir su vida en el más abominable de los infiernos. ¡Cuán distinto hubiera resultado todo de no haber tomado aquel camino! Siempre la perdió el orgullo. Aún ahora seguía haciéndolo. Miró a Raimundo a su lado y pensó que tal vez hoy, por un momento, podría olvidarse de él. Alejarlo de ella y contar la verdad que le pesaba desde hace ya demasiados años.
- Lo que tenía que decirte…- se encaminó hacia él. -…debí decírtelo hace muchos años. Si lo hubiera hecho…aquello habría cambiado nuestras vidas para siempre -.
¿Qué? Raimundo no podía pensar en nada. Por más que trataba de encontrar una razón plausible a lo que Francisca le estaba diciendo, era incapaz. Estaba bloqueado.
–...Y aún podría cambiar cosas… -.
La incertidumbre le estaba matando. ¿Cambiar? ¿Qué podría haber tan fuerte o tan importante que hubiera cambiado sus vidas? Y lo que era más inquietante. ¿Todavía podría cambiarlas? No estaba seguro de querer saberlo. Renunciar a Francisca fue lo más duro y doloroso que tuvo que hacer nunca. Vivir con su desprecio le llevó a los infiernos. ¿Y…ahora descubría que algo podía haberlo cambiado?
- ¿Qué es eso tan importante que nunca me dijiste? -. Terminó susurrándole.
Cambiar su vida. Lo único que podría hacerlo era la posibilidad de retroceder en el tiempo. Conocedor de que habría actuado de forma radicalmente opuesta a como lo hizo. Pero esa posibilidad era imposible. Quiso buscar en los ojos de su pequeña la respuesta a sus temores. Su pequeña. Seguía llamándola así en la oscuridad de su corazón, donde Francisca se había alojado a vivir para no salir de él nunca más. La miró con miedo. Con ternura. Con rencor. Con dolor.
Con amor.
- ¿Qué sucede Francisca? -.
Permanecía en tenso silencio sin hablarle. Y la sintió temblar. Aquello le asustó. Francisca nunca había tenido problema en hablarle de cualquier cosa desde que se conocieron. Incluso a lo largo de los años, a pesar del rencor que se interponía entre ellos, las palabras se habían convertido en su arma más poderosa para hacerle daño. Para herirle.
- ¿Por qué te cuesta tanto hablarme? -
La vio retroceder con miedo. ¿Qué estaba pasando? Nunca la había visto así, lo que le hizo pensar que aquello que le había ocultado durante tantos años debía ser realmente grave. La siguió unos pasos. No. No iba a permitir que ella se cerrara frente a él. Francisca había abierto una puerta que no consentiría que cerrara.
- ¿Cuál es ese secreto que me tenías que haber contado hace años? -.
¡Le temblaban las manos! Por alguna extraña razón, presentía que esa conversación iba a tomar unos derroteros que él mismo no había querido tomar en mucho tiempo. Y Francisca seguía reacia a pronunciarse. Sus gestos y sus movimientos revelaban un miedo que a él le encantaría disipar. Tomar sus manos e infundirle calor. Paz. Quietud. ¡Pero ¿cómo iba a ser posible todo aquello si ni él mismo lo sentía?! Tenía que serenarse, pues de no hacerlo, Francisca se cerraría en banda. Por eso trató de tranquilizarla al tiempo que se tranquilizaba a sí mismo. Ambos tomaron asiento.
– Sacándolo a la luz lograrás que deje de emponzoñarte el alma. Lo se por experiencia -.
¿Estás seguro Raimundo? . Se dijo a sí mismo. Numerosos eran los secretos que aún albergaba dentro de él y que se negaba a revelar. El primero de ellos, el amor que todavía sentía por Francisca. Su niña. La notó tan desvalida que sentía ganas de gritar. ¿Es que nunca terminaría el dolor? No, no lo haría jamás.
Ni la muerte logrará que descanse mi alma, pues te seguiré amando por toda la eternidad… .
#5875
29/01/2012 21:38
HOLA CHICAS :
Me ha gustado el nuevo titulo de el hilo
NATALIA: muy chulo el himno menudo curro
RUHT :no he podido ller tu mini pero seguro que como siempre gunial
GISY: Pues si tienes razon que no se merece MARIA
Espero que esta semana hauque empecemos mal espero que sirva para que traiga algo bueno por que si no me va dar algo ya tanta desgracia
UN BESO A TODAS
Me ha gustado el nuevo titulo de el hilo
NATALIA: muy chulo el himno menudo curro
RUHT :no he podido ller tu mini pero seguro que como siempre gunial
GISY: Pues si tienes razon que no se merece MARIA
Espero que esta semana hauque empecemos mal espero que sirva para que traiga algo bueno por que si no me va dar algo ya tanta desgracia
UN BESO A TODAS
#5876
29/01/2012 23:24
Yo también tengo los pañuelos preparados en 1..2..3 ya!!! si cuando leo vuestros relatos me desmayo como será en directo?? chicas nos vemos en urgencias el miércoles por la tarde xDDDD a mi me van a ingresar por sobredosis de amorraipaquismo!
tunda tunda tunda que la tunda!!!
Cris sorry!! me guardo tus avatares!! me molan!! :p
tunda tunda tunda que la tunda!!!
Cris sorry!! me guardo tus avatares!! me molan!! :p
#5877
30/01/2012 00:05
Chicas como puedo leer vuestros relatos que estan en spoiler?¿? es que me teneis enganchadisima un beso enorme.
#5878
30/01/2012 09:27
Muy buenos días , os deseo una semana plagada de alegrías y os pongo una poesía o chascarrillo de doña Francisca.
Creer en tu traición
fué sin duda mi condenación
por no haber hablado las cosas
ahora me pesan como losas
No me importaría pagar por cualquier pecado
! Todo lo daría por estar hoy a tu lada!.
Aunque la gente cree que soy perversa
No saben que la vida siempre me fué adversa.
Me casé con Salvador Castro
Desde entonces la pena arrastro.
Me casé con el diablo
y sé bien de lo que hablo.
Fuí maltratada durante mi cautiverio
y no descansé hasta que se fué al cementerio.
! Si pudiera parar el tiempo!.
! Si fuera jóven mi cuerpo !
Me he convertido en la madrastra de Blancanieves
El dolor nubló mi corazón y mis sienes.
! Me mata verte pasear con la Mesia!
! Cuándo mi alma estar contigo ansia!.
He pulgado con dolor mi pecado
pero de mi corazón no te he sacado.
Perderte sin duda fué mi condena
y Salvador Castro mi verdugo y mi cadena.
No puede haber en la vida mayor sufrimiento
que no poder gritar que te quiero al viento.
Caminar con el dolor siempre a cuestas
ser infeliz por que conmigo no te acuestas.
Quiero decirte que Tristán es hijo tuyo
Pero no soy capaz y ante tu rechazo huyo.
vivo en una cárcel de oro
queriéndo gritar que te adoro.
soy una gran señora
que a cada minuto te añora
Fui una esposa sometida y vejada
Por mi maldito orgullo de tí alejada.
! Mi corazón de dolor está podrido!.
! Mi alma por tanta maldad se ha corrompido!.
Creer en tu traición
fué sin duda mi condenación
por no haber hablado las cosas
ahora me pesan como losas
No me importaría pagar por cualquier pecado
! Todo lo daría por estar hoy a tu lada!.
Aunque la gente cree que soy perversa
No saben que la vida siempre me fué adversa.
Me casé con Salvador Castro
Desde entonces la pena arrastro.
Me casé con el diablo
y sé bien de lo que hablo.
Fuí maltratada durante mi cautiverio
y no descansé hasta que se fué al cementerio.
! Si pudiera parar el tiempo!.
! Si fuera jóven mi cuerpo !
Me he convertido en la madrastra de Blancanieves
El dolor nubló mi corazón y mis sienes.
! Me mata verte pasear con la Mesia!
! Cuándo mi alma estar contigo ansia!.
He pulgado con dolor mi pecado
pero de mi corazón no te he sacado.
Perderte sin duda fué mi condena
y Salvador Castro mi verdugo y mi cadena.
No puede haber en la vida mayor sufrimiento
que no poder gritar que te quiero al viento.
Caminar con el dolor siempre a cuestas
ser infeliz por que conmigo no te acuestas.
Quiero decirte que Tristán es hijo tuyo
Pero no soy capaz y ante tu rechazo huyo.
vivo en una cárcel de oro
queriéndo gritar que te adoro.
soy una gran señora
que a cada minuto te añora
Fui una esposa sometida y vejada
Por mi maldito orgullo de tí alejada.
! Mi corazón de dolor está podrido!.
! Mi alma por tanta maldad se ha corrompido!.
#5879
30/01/2012 12:04
Eva, como siempre gracias por animarnos con tus chascarrillos. son una delicia y más hablando en boca de la Paca. te adoro!
bueno, pues de los adelantos lo poco nuevo que hay no me gusta un pelo, vamos 'tartazo de fresa' en toda la cara.
bueno, pues de los adelantos lo poco nuevo que hay no me gusta un pelo, vamos 'tartazo de fresa' en toda la cara.
#5880
30/01/2012 12:16
Acabo de leer los adelantos y es que lo flipo total. Otra vez con Sor Ag.. Voldemort. No se lo podía decir otra persona, no?
SPOILER (puntero encima para mostrar)La noticia sobre el estado de Montenegro corre como la pólvora por Puente Viejo. “Está muy mal. Te lo digo por si quieres ir a verla”, informa Águeda a Raimundo.