El Rincón de Francisca y Raimundo:ESTE AMOR SE MERECE UN YACIMIENTO (TUNDA TUNDA) Gracias María y Ramon
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08/06/2011 23:44
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#4961
22/12/2011 11:46
Que sí que estamos de acuerdo de que la Paca de que esta temporada ha sido un horror y que la han convertido de repente en la madre de Psicosis que me la imagino por las noches levantándose sonámbula cogiendo un cepillo pensando que es un cuchillo paseándose por las habitaciones de la casona..."matar a Pepa, matar a Pepa" Pero....
1º es la única mala que hay en la serie por lo tanto todas las reacciones que tiene las acentúan aun más, si hubiera alguna mala/o más y bajaran su perfil sería diferente.
2º Ella hace lo que considera mejor para su hijo y si piensa que lo mejor para su hijo es no estar con Pepa, pues lo que hace es protegerlo, que sí, que de una forma exagerada pero te puedo asegurar que yo conozco casos de madres y suegras que hacen que Francisca parezca un angelito con alas y todo.
3º Por supuesto que no va a decir así de buenas a primeras que Tristan es hijo de Raimundo por motivos varios, la serie se terminaría, con la importancia que ella le da a la posición social reconocer que se casó preñada de otro y únicamente por despecho es un trago dificil de digerir y por supuesto por miedo.
4º De que quiere a sus hijos para mi no hay duda, a Tristán desde el principio se veía sobre todo por ser hijo de quien es y a Soledad después de estas semanas de ese "quiero tener a mi hija conmigo" creo que nadie puede dudar. Ella hace lo que piensa que es mejor para ellos, equivocada o no como lo harían muchas madres, lo que le dice a Soledad sobre Olmo no me parece cruel, me parece realista, en el 1900 una mujer sola sin la protección de un hombre era inconcebible. Y que quereis que os diga, en aquella época donde las diferencias sociales pesaban tanto yo comprendo que Francisca no quiera a Tristán con Pepa, imagino que pensará que un hombre educado, culto, con una mujer sin ningún tipo de aptitud social y que hasta hacía nada no sabía leer ni escribir por mucho amor que se tengan esa relación está condenada al fracaso, por que en algún momento él se podría avergonzar de ella o ella echarle en cara algo a él y hay circunstancias que ni el amor puede soportar (y que quede claro que esta NO es mi opinión).
5º ¿Pagar?¿más?, yo creo que si dejamos a parte la paranoia de matar que ha sido una ida de olla de los guionistas que aun me cuesta comprender y nos centramos en la Paca de las dos primeras temporadas, pagar a pagado con creces con 30 años de violaciones, ostias como panes y ver como además de abandonarla el amor de su vida forma una familia con otra mujer y que además es feliz mientras tú estas metida en el mayor infierno que nos podamos imaginar.
6º No debemos olvidarnos que los guionistas se mueven por órdenes e intereses comerciales, quiero decir que sí en un momento dado hace falta canonizar a Francisca por las buenas por mucho que a bastantes les joda, lo harán sin ningún complejo. Tampoco debemos olvidar que los guionistas son o todos o en su gran mayoría HOMBRES, por lo que las reacciones que nosotras tendríamos a ellos ni se le pasan por la cabeza.
Y bueno ya lo he dicho y repetido en un millón de ocasiones pero aquí va la millón una, adoro a Francisca, me fascina esa mezcla tan compleja de odio, ternura, fragilidad y rencor, me encanta haberme enamorado de esta maravillosa pareja que con diez escenas ha hecho que escribamos casi 300 páginas. Y por supuesto quiero a Raimundo y Francisca juntos cuanto antes, me da igual que Paca venda todas sus pertenencias y viva en una casa en un chozo o en una cueva, me da igual que águeda la palme o viva mil años,lo siento pero el resto de los personajes y tramas de la serie me importan un huevo de pato, yo la veo y la seguiré viendo por esta pareja y lo mejor es que sabemos que en muy poquito tiempo los vamos a volver a ver juntos y que Ramón dijo que besó.
En fin chicas perdonadme por el tocho pero me he quedado muy a gusto
1º es la única mala que hay en la serie por lo tanto todas las reacciones que tiene las acentúan aun más, si hubiera alguna mala/o más y bajaran su perfil sería diferente.
2º Ella hace lo que considera mejor para su hijo y si piensa que lo mejor para su hijo es no estar con Pepa, pues lo que hace es protegerlo, que sí, que de una forma exagerada pero te puedo asegurar que yo conozco casos de madres y suegras que hacen que Francisca parezca un angelito con alas y todo.
3º Por supuesto que no va a decir así de buenas a primeras que Tristan es hijo de Raimundo por motivos varios, la serie se terminaría, con la importancia que ella le da a la posición social reconocer que se casó preñada de otro y únicamente por despecho es un trago dificil de digerir y por supuesto por miedo.
4º De que quiere a sus hijos para mi no hay duda, a Tristán desde el principio se veía sobre todo por ser hijo de quien es y a Soledad después de estas semanas de ese "quiero tener a mi hija conmigo" creo que nadie puede dudar. Ella hace lo que piensa que es mejor para ellos, equivocada o no como lo harían muchas madres, lo que le dice a Soledad sobre Olmo no me parece cruel, me parece realista, en el 1900 una mujer sola sin la protección de un hombre era inconcebible. Y que quereis que os diga, en aquella época donde las diferencias sociales pesaban tanto yo comprendo que Francisca no quiera a Tristán con Pepa, imagino que pensará que un hombre educado, culto, con una mujer sin ningún tipo de aptitud social y que hasta hacía nada no sabía leer ni escribir por mucho amor que se tengan esa relación está condenada al fracaso, por que en algún momento él se podría avergonzar de ella o ella echarle en cara algo a él y hay circunstancias que ni el amor puede soportar (y que quede claro que esta NO es mi opinión).
5º ¿Pagar?¿más?, yo creo que si dejamos a parte la paranoia de matar que ha sido una ida de olla de los guionistas que aun me cuesta comprender y nos centramos en la Paca de las dos primeras temporadas, pagar a pagado con creces con 30 años de violaciones, ostias como panes y ver como además de abandonarla el amor de su vida forma una familia con otra mujer y que además es feliz mientras tú estas metida en el mayor infierno que nos podamos imaginar.
6º No debemos olvidarnos que los guionistas se mueven por órdenes e intereses comerciales, quiero decir que sí en un momento dado hace falta canonizar a Francisca por las buenas por mucho que a bastantes les joda, lo harán sin ningún complejo. Tampoco debemos olvidar que los guionistas son o todos o en su gran mayoría HOMBRES, por lo que las reacciones que nosotras tendríamos a ellos ni se le pasan por la cabeza.
Y bueno ya lo he dicho y repetido en un millón de ocasiones pero aquí va la millón una, adoro a Francisca, me fascina esa mezcla tan compleja de odio, ternura, fragilidad y rencor, me encanta haberme enamorado de esta maravillosa pareja que con diez escenas ha hecho que escribamos casi 300 páginas. Y por supuesto quiero a Raimundo y Francisca juntos cuanto antes, me da igual que Paca venda todas sus pertenencias y viva en una casa en un chozo o en una cueva, me da igual que águeda la palme o viva mil años,lo siento pero el resto de los personajes y tramas de la serie me importan un huevo de pato, yo la veo y la seguiré viendo por esta pareja y lo mejor es que sabemos que en muy poquito tiempo los vamos a volver a ver juntos y que Ramón dijo que besó.
En fin chicas perdonadme por el tocho pero me he quedado muy a gusto
#4962
22/12/2011 12:59
Chicas, habéis visto el video de felicitación conjunto que han subido a la web de antena 3? Los mejores María y Ramón, me he reído una barbaridad
Y el final genial también.
¡Cómo lo valen estos actores!
Y el final genial también.¡Cómo lo valen estos actores!
#4963
22/12/2011 13:29
¿porqué si antes iban los enlaces para acceder desde aquí al face, twitter porque ahora no?
#4964
22/12/2011 13:43
Miri seguramente pinché en el del acercamiento y engtre desde ahí. ¿Queréis el video para el canal rai paquista? grande ramón grande
#4965
22/12/2011 13:55
Miri enviale un privi a samureta con los enlaces correctos puede que ni se haya enterado de que estan mal puestos
#4966
22/12/2011 14:34
hola mari que sepas que te apollo en todo lo que dices . y que francisca y raimundo se merecen que
triunfe su amor por todo lo que han sufrido por el.
en cuanto a la felicitacion de todo los personajes muy divertida y como siempre nuestra parejita
geniales .
un beso
triunfe su amor por todo lo que han sufrido por el.
en cuanto a la felicitacion de todo los personajes muy divertida y como siempre nuestra parejita
geniales .
un beso
#4967
22/12/2011 17:54
Que preciosa la escena de Francisca y Rosario. Estaba con la lagrimilla a punto de salir. Que cosa más bonita ay. Si es que en el fondo es todo corazón.
#4968
22/12/2011 17:55
ADORO A FRANCISCA MONTENEGRO!!!
Grande mi Paca! Ha estado genial,sabia que esa charla con Rosario no me iba a defraudar
Luego comento mas
Grande mi Paca! Ha estado genial,sabia que esa charla con Rosario no me iba a defraudar
Luego comento mas
#4969
22/12/2011 18:09
Cuando los guionistas se olvidan de la obsesión enfermiza de la Paca por matar a Pepa, devuelven a la Paca de siempre.
#4970
22/12/2011 18:53
Me ha encantado la escena del aguinaldo que han puesto en la web. Por cierto si queréis alguna escenica del capítulo decírmelo que ya subieron el capítulo en mp3 a la web
#4971
22/12/2011 18:57
Me ha gustado muchísimo este capítulo, me lo he pasado muy bien. Preciosa la escena Alfonso-Emilia y la de Rosario-Francisca. Me quedo con esa sonrisilla de la Paca tras la puerta de su despacho escuchando cantar a los niños.
Avance con conversación Águeda - Raimundo... Alfonsito guapo (pero que muuuuy guapo) ¿Me prestas el hacha?
En el avance Soledad está en la posada con el discurso de Don Pedro. Me pregunto yo... ¿Estará también Francisca? Quién sabe.
Y escena Francisca- Águeda (las únicas escenas que me gustan de esta última) Veremos que ocurre.
Por cierto, después de ver ciertas cosas en los últimos días he llegado a la conclusión de que en Puente Viejo también hay un "Sombrerero loco"
Avance con conversación Águeda - Raimundo... Alfonsito guapo (pero que muuuuy guapo) ¿Me prestas el hacha?
En el avance Soledad está en la posada con el discurso de Don Pedro. Me pregunto yo... ¿Estará también Francisca? Quién sabe.
Y escena Francisca- Águeda (las únicas escenas que me gustan de esta última) Veremos que ocurre.
Por cierto, después de ver ciertas cosas en los últimos días he llegado a la conclusión de que en Puente Viejo también hay un "Sombrerero loco"
#4972
22/12/2011 19:03
Buenas tardes, mis tesoros!!
No puedo con tanta Águeda, Águeda, Águeda...
¿Quien le ha puesto a Raimundo el cartel de "Secretario de Águeda de Mesía"?
Qué pasa, que ahora todo lo relacionado con Águeda tiene como intermediario a Raimundo.
No, no y mil veces no. Esto va para mi queridisima Pepa, y Sebastián; Si quereis algo se lo pediis/ deciis a ella directamente. ¡A Raimundo NO!
Francisca, me encanta. Si la adoro cuando es mala, ahora que le estamos viendo, de nuevo, su corazón... Porque no tiene un corazoncito no, tiene un gran corazón. Escondido pero lo tiene.
Me ha emocionado mucho verla apoyada en la estanteria, escuchando a los niños cantar y con una hermosa expresión en el rostro. Y ni que hablar de la conversación con Rosario, PRECIOSA.
Me alegra que nos devuelvan a la Francisca que nunca nos debieron quitar.
Miri, para muestra un botón jaja.
Mariajo, amén. De acuerdo con todo lo dicho.
Lo de la entrevista me ha encantado. Estoy prendada de ellos.
Os adoro, María y Ramón. Sois increibles. Geniales. Maravillosos.
(LL) Muy bonito el villancico alemán. Y el de Ramón jajaja no me he podido reir más.
P.D. Me alegro de que os gustase. Tenía unas muy serias dudas sobre si estaba bien o no, y es un alivio saber que os gustó
No puedo con tanta Águeda, Águeda, Águeda...
¿Quien le ha puesto a Raimundo el cartel de "Secretario de Águeda de Mesía"?
Qué pasa, que ahora todo lo relacionado con Águeda tiene como intermediario a Raimundo.
No, no y mil veces no. Esto va para mi queridisima Pepa, y Sebastián; Si quereis algo se lo pediis/ deciis a ella directamente. ¡A Raimundo NO!
Francisca, me encanta. Si la adoro cuando es mala, ahora que le estamos viendo, de nuevo, su corazón... Porque no tiene un corazoncito no, tiene un gran corazón. Escondido pero lo tiene.
Me ha emocionado mucho verla apoyada en la estanteria, escuchando a los niños cantar y con una hermosa expresión en el rostro. Y ni que hablar de la conversación con Rosario, PRECIOSA.
Me alegra que nos devuelvan a la Francisca que nunca nos debieron quitar.
Miri, para muestra un botón jaja.
Mariajo, amén. De acuerdo con todo lo dicho.
Lo de la entrevista me ha encantado. Estoy prendada de ellos.
Os adoro, María y Ramón. Sois increibles. Geniales. Maravillosos.
(LL) Muy bonito el villancico alemán. Y el de Ramón jajaja no me he podido reir más.

P.D. Me alegro de que os gustase. Tenía unas muy serias dudas sobre si estaba bien o no, y es un alivio saber que os gustó
#4973
22/12/2011 19:15
Felicitación completa ya disponible en el canal RaiPaquista

Edito: os tengo una cosa para la noche
luago os la pongo y comento el capítulo ¿vale?
#4974
22/12/2011 21:00
Jo me ha encantado el capitulo si hubiera podido hubiera transpasado la tele para darle un abrazo a francisca!!! Como me gusta!!!y que muestre su corazoncito!!!
Agueda es insulsa...la odio!!!
Rai muy mal... No felicitar la navidad a tu amor.... Muy mal!!!
Agueda es insulsa...la odio!!!
Rai muy mal... No felicitar la navidad a tu amor.... Muy mal!!!
#4975
22/12/2011 21:19
Bueno bueno,por escenas como las de hoy de Francisca es por las que me reafirmo en mi adoración por ella.¡LA ADORO! es que daban ganas de abrazarla.Cuando se ha apoyado en la estanteria escuchándoles cantar.Esas sonrisillas mientras estaban en la entrada de la Casona.Esa conversación con Rosario.
Francisca eres grande! por tí es por quien veo esta serie.Por escenas maravillosas como las de hoy.María,GRACIAS
Ella hace su buena acción a escondidas.No como otras que lo pregonan a los cuatro vientos
Por lo demás...pues que Pepa parecía un buffet libre en plan "sírvase usted mismo". ¿Pero que les pasa con esta muchacha? ¿tanto la odian para vestirla así?
y no se si será por mi constipado inmenso que a lo mejor me hace ver cosas que no son,pero juraría que cuando la mamipija presentaba a Pepa a esos Viñuela de alta alcurnia, hablando de la vida que ha llevado,se ha avergonzado de ella. Y luego cuando la pobre se ha agachado para ayudar a la sirvienta,pues más de lo mismo.
Águeda que es tan fantástica como todas dicen,está tratando de cambiar a su hija para hacerle a su imagen y semejanza.Hasta planea ¿casarla? con ese tipo.Resulta que por el daño que mi Francis ha hecho a Pepa,su hija, intenta destruirles a todos,incluido a Tristán.¿Me podeis explicar en que se diferencia entonces de Francisca? ¿Qué es lo que le hace mejor que ella? Por lo que cree que es mejor para su hija,intenta destruir a los Montenegro.Interesante.Creo que es lo mismo que hacía Francisca por el bien de su hijo y todos la crucificaron...pero en fin,pelillos a la mar,que yo tengo mis ideas al respecto y no me importa ir a contracorriente
Vamos con Sebastián.Todo un hombretón al mando de una conservera,que tiene que tratar con muchísima gente...¿y manda a su papi a hablar con Águeda? ¿qué pasa, que no se atreve?
Está visto que quieren juntar a Rai con Águeda como sea,pero no se,podían plantearlo de otra manera,no se...Lo de Sebastián de hoy me ha parecido infantil."No me atrevo,vete tú papi"
miri,acepto aceptísimo el reto,de hecho,ya vislumbro cómo voy a plantearlo
No modifico el que ya os iba a poner porque ya le tenía terminado,y si quería añadir lo que me pedías,tenía que reestructurar mucho y no me compensaba,asi que por falta de uno, tendremos dos
Me decidí a escribiros este relato por los ánimos que teníamos todas ayer por aquí. Y ya que los guionistas no nos lo dan (DE MOMENTO...como dice María <3) pues os lo doy yo
(empiezo en el siguiente mensaje ¿ok? )
Francisca eres grande! por tí es por quien veo esta serie.Por escenas maravillosas como las de hoy.María,GRACIAS
Ella hace su buena acción a escondidas.No como otras que lo pregonan a los cuatro vientos

Por lo demás...pues que Pepa parecía un buffet libre en plan "sírvase usted mismo". ¿Pero que les pasa con esta muchacha? ¿tanto la odian para vestirla así?
y no se si será por mi constipado inmenso que a lo mejor me hace ver cosas que no son,pero juraría que cuando la mamipija presentaba a Pepa a esos Viñuela de alta alcurnia, hablando de la vida que ha llevado,se ha avergonzado de ella. Y luego cuando la pobre se ha agachado para ayudar a la sirvienta,pues más de lo mismo.
Águeda que es tan fantástica como todas dicen,está tratando de cambiar a su hija para hacerle a su imagen y semejanza.Hasta planea ¿casarla? con ese tipo.Resulta que por el daño que mi Francis ha hecho a Pepa,su hija, intenta destruirles a todos,incluido a Tristán.¿Me podeis explicar en que se diferencia entonces de Francisca? ¿Qué es lo que le hace mejor que ella? Por lo que cree que es mejor para su hija,intenta destruir a los Montenegro.Interesante.Creo que es lo mismo que hacía Francisca por el bien de su hijo y todos la crucificaron...pero en fin,pelillos a la mar,que yo tengo mis ideas al respecto y no me importa ir a contracorriente

Vamos con Sebastián.Todo un hombretón al mando de una conservera,que tiene que tratar con muchísima gente...¿y manda a su papi a hablar con Águeda? ¿qué pasa, que no se atreve?
Está visto que quieren juntar a Rai con Águeda como sea,pero no se,podían plantearlo de otra manera,no se...Lo de Sebastián de hoy me ha parecido infantil."No me atrevo,vete tú papi"

miri,acepto aceptísimo el reto,de hecho,ya vislumbro cómo voy a plantearlo

No modifico el que ya os iba a poner porque ya le tenía terminado,y si quería añadir lo que me pedías,tenía que reestructurar mucho y no me compensaba,asi que por falta de uno, tendremos dos

Me decidí a escribiros este relato por los ánimos que teníamos todas ayer por aquí. Y ya que los guionistas no nos lo dan (DE MOMENTO...como dice María <3) pues os lo doy yo

(empiezo en el siguiente mensaje ¿ok? )
#4976
22/12/2011 21:22
"MI ÚNICO DESEO"
Llegó desganada hasta la plaza de Puente Viejo, apropiadamente decorada para las fechas navideñas en las que se encontraban. Pequeños quinqués y farolillos de colores, le daban un aspecto luminoso para nada acorde con su apesadumbrado estado de ánimo. En la misa del gallo, recién terminada apenas hace unos minutos, había quedado más que claro quién era ahora la persona que gozaba de todos los privilegios y favores de Puente Viejo. Ella ocupaba en ese momento, el último escalafón dentro de las máximas autoridades del pueblo. Y se sentía mal por ello. Sabía que todo aquello era una actitud poco apropiada y que podía considerarse superficial. Pero ser la dueña de todo el poder en el pueblo era de las pocas alegrías que tenía en su vida. Así llenaba el vacío que sentía en su interior y en el que procuraba no pensar demasiado para no dejarse llevar por la pena.
Tuvo que soportar como la desplazaban de su habitual asiento en la Iglesia para cedérselo a Águeda Mesía y a su recién recuperada y maravillosa Pepa. El alcalde, e incluso Don Anselmo, se deshacían en halagos hacia ese par, y ella sentía que le subía el azúcar ante tanto servilismo. El mismo que antes le profesaban a ella. ¡Maldita sea!
Ahora todos, en amor y compañía, habían acudido a entregar el gallo a la familia más necesitada de Puente Viejo. Ella no estaba dispuesta a ir en procesión con todos ellos después de los múltiples desplantes a los que se había visto sometida en los últimos días y que habían quedado más que patentes esa noche, por lo que se había escabullido sin ser vista. Lo más gracioso es que seguramente nadie se hubiera percatado de su marcha, pues no tenían ojos para nadie más que no fuera Águeda Mesía.
Llegó hasta el banco que había junto a la posada de Raimundo. Aquel era otro de sus pesares. Había llegado hasta sus oídos la especial relación que compartían Raimundo y esa mujer. ”Hacía tiempo que no se veía a Ulloa tan contento. Águeda y él comparten gustos e intereses”. Casi se le atraganta el café cuando las palabras de Don Anselmo le provocaron un acceso de tos. ¿Cómo podía ser posible aquello? Notó en su interior la misma quemazón y desgarro que cuando se enteró del matrimonio de Raimundo con Natalia.
Tomó asiento en el banco, no sin antes alzar los ojos hasta la ventana de Raimundo. No había luz encendida y supuso que ya se habría acostado. No contaba con verle en la iglesia, ni mucho menos. Un ateo como él sería incapaz de acercarse por allí. Y casi era mejor que no le viera estando tan vulnerable y triste como estaba aquella noche. La nochebuena para ella había perdido toda su magia desde el mismo momento en que le perdió a él. Apoyó las manos sobre el banco, a ambos lados de su cuerpo y dejó que su mirada vagara muy lejos en el tiempo, aunque el escenario de sus recuerdos fuera el mismo lugar en el que se encontraba ahora. Nadie le echaría de menos tampoco en la Casona, así que no importaba si se quedaba allí sentada unos minutos.
**************
Raimundo cerraba con cuidado la puerta de la habitación de Emilia. Esa noche se habían retirado más pronto de lo habitual que en otros años, ya que su hija se encontraba demasiado cansada después de haberse pasado toda la tarde cocinando para él y Sebastián. Además, desde que estaba en estado, se notaba exhausta con mucha más facilidad.
Y Sebastián tampoco es que fuera ahora mismo la alegría de la huerta. Poner en funcionamiento de nuevo la Conservera, le hacía llegar rendido a casa todos los días, por lo que también se había excusado con ellos, yéndose a su habitación nada más terminar de cenar. Sonrió meneando la cabeza pensando en cómo había cambiado en poco tiempo la vida de sus hijos. Y porqué no decirlo, la suya propia. Se sentía ilusionado por haber encontrado a alguien con quien poder departir sobre cualquier tratado de filosofía y con quien se sentía realmente a gusto. Águeda era una mujer culta y con conversación. Y también la consideraba atractiva.
Irremediablemente, sus pensamientos viajaron hasta Francisca Montenegro. Águeda no le hacía hervir la sangre en las venas cuando la veía, tal y como si lo hacía ella. Eran totalmente opuestas. Águeda era la paz y Francisca era el fuego. Y él siempre deseaba morir abrasado en sus llamas.
Estaba desvelado por lo que decidió salir al exterior para tomar un poco el fresco de la noche. Cuando así lo hizo, tomó una gran bocanada de aire dejando que éste entrara a raudales en sus pulmones. Y al mover la cabeza ligeramente, vio a su pequeña Francisca sentada en el banco con la mirada perdida y una sonrisa melancólica en su precioso rostro.
Extrañado, se dio cuenta de que ella no se había percatado de su presencia. Seguía ensimismada en aquello en lo que estuviera pensando y creyó que lo mejor era dar media vuelta y volver dentro. Pero una cosa era lo que le gritaba su mente y otra lo que le dictaba su corazón. Con paso lento, se acercó hasta ella y tomó asiento a su lado. Sin mirarla. Solo preguntándose qué haría allí sola en una noche como esa. Pasaron varios minutos en los que él la observaba de reojo, sin atreverse a interrumpir sus pensamientos. Lo que no sabía era que Francisca era consciente de su presencia junto a ella desde el mismo momento en que Raimundo había cruzado la puerta que separaba la posada de la plaza, y se había sentado a su lado. Pero se había negado a estropear ese momento con palabras y simplemente disfrutaba del silencio de la noche en su compañía. Su aroma la embriagaba completamente y cerró los ojos para grabar ese momento tan dulce.
Raimundo observó aquel pequeño gesto en ella y se decidió a hablarle
- …Francisca… -. Dijo suavemente.
- ¿Recuerdas Raimundo… -. Permanecía con los ojos cerrados pero una sonrisa evocadora se dibujó en su rostro. - …las primeras Navidades que pasamos juntos? No éramos más que dos chiquillos y estábamos aquí mismo, en la plaza, de noche, asistiendo al discurso de inauguración de las fiestas -. Abrió los ojos dirigiéndole su mirada.
Raimundo sonrió. – Nuestros padres estaban demasiado ocupados en pelearse por ocupar el mejor lugar junto al alcalde y no nos prestaban atención -. Apoyó la cabeza en la pared sin dejar de mirarla. – Recuerdo que hubo un pequeño tumulto y alguien te empujó haciéndote caer. Y yo quise retorcer el cuello a aquel hombre por haberte hecho llorar -. Puso su mano en el banco, junto a la de Francisca pero sin llegar a rozarla.
(continua...)
Llegó desganada hasta la plaza de Puente Viejo, apropiadamente decorada para las fechas navideñas en las que se encontraban. Pequeños quinqués y farolillos de colores, le daban un aspecto luminoso para nada acorde con su apesadumbrado estado de ánimo. En la misa del gallo, recién terminada apenas hace unos minutos, había quedado más que claro quién era ahora la persona que gozaba de todos los privilegios y favores de Puente Viejo. Ella ocupaba en ese momento, el último escalafón dentro de las máximas autoridades del pueblo. Y se sentía mal por ello. Sabía que todo aquello era una actitud poco apropiada y que podía considerarse superficial. Pero ser la dueña de todo el poder en el pueblo era de las pocas alegrías que tenía en su vida. Así llenaba el vacío que sentía en su interior y en el que procuraba no pensar demasiado para no dejarse llevar por la pena.
Tuvo que soportar como la desplazaban de su habitual asiento en la Iglesia para cedérselo a Águeda Mesía y a su recién recuperada y maravillosa Pepa. El alcalde, e incluso Don Anselmo, se deshacían en halagos hacia ese par, y ella sentía que le subía el azúcar ante tanto servilismo. El mismo que antes le profesaban a ella. ¡Maldita sea!
Ahora todos, en amor y compañía, habían acudido a entregar el gallo a la familia más necesitada de Puente Viejo. Ella no estaba dispuesta a ir en procesión con todos ellos después de los múltiples desplantes a los que se había visto sometida en los últimos días y que habían quedado más que patentes esa noche, por lo que se había escabullido sin ser vista. Lo más gracioso es que seguramente nadie se hubiera percatado de su marcha, pues no tenían ojos para nadie más que no fuera Águeda Mesía.
Llegó hasta el banco que había junto a la posada de Raimundo. Aquel era otro de sus pesares. Había llegado hasta sus oídos la especial relación que compartían Raimundo y esa mujer. ”Hacía tiempo que no se veía a Ulloa tan contento. Águeda y él comparten gustos e intereses”. Casi se le atraganta el café cuando las palabras de Don Anselmo le provocaron un acceso de tos. ¿Cómo podía ser posible aquello? Notó en su interior la misma quemazón y desgarro que cuando se enteró del matrimonio de Raimundo con Natalia.
Tomó asiento en el banco, no sin antes alzar los ojos hasta la ventana de Raimundo. No había luz encendida y supuso que ya se habría acostado. No contaba con verle en la iglesia, ni mucho menos. Un ateo como él sería incapaz de acercarse por allí. Y casi era mejor que no le viera estando tan vulnerable y triste como estaba aquella noche. La nochebuena para ella había perdido toda su magia desde el mismo momento en que le perdió a él. Apoyó las manos sobre el banco, a ambos lados de su cuerpo y dejó que su mirada vagara muy lejos en el tiempo, aunque el escenario de sus recuerdos fuera el mismo lugar en el que se encontraba ahora. Nadie le echaría de menos tampoco en la Casona, así que no importaba si se quedaba allí sentada unos minutos.
**************
Raimundo cerraba con cuidado la puerta de la habitación de Emilia. Esa noche se habían retirado más pronto de lo habitual que en otros años, ya que su hija se encontraba demasiado cansada después de haberse pasado toda la tarde cocinando para él y Sebastián. Además, desde que estaba en estado, se notaba exhausta con mucha más facilidad.
Y Sebastián tampoco es que fuera ahora mismo la alegría de la huerta. Poner en funcionamiento de nuevo la Conservera, le hacía llegar rendido a casa todos los días, por lo que también se había excusado con ellos, yéndose a su habitación nada más terminar de cenar. Sonrió meneando la cabeza pensando en cómo había cambiado en poco tiempo la vida de sus hijos. Y porqué no decirlo, la suya propia. Se sentía ilusionado por haber encontrado a alguien con quien poder departir sobre cualquier tratado de filosofía y con quien se sentía realmente a gusto. Águeda era una mujer culta y con conversación. Y también la consideraba atractiva.
Irremediablemente, sus pensamientos viajaron hasta Francisca Montenegro. Águeda no le hacía hervir la sangre en las venas cuando la veía, tal y como si lo hacía ella. Eran totalmente opuestas. Águeda era la paz y Francisca era el fuego. Y él siempre deseaba morir abrasado en sus llamas.
Estaba desvelado por lo que decidió salir al exterior para tomar un poco el fresco de la noche. Cuando así lo hizo, tomó una gran bocanada de aire dejando que éste entrara a raudales en sus pulmones. Y al mover la cabeza ligeramente, vio a su pequeña Francisca sentada en el banco con la mirada perdida y una sonrisa melancólica en su precioso rostro.
Extrañado, se dio cuenta de que ella no se había percatado de su presencia. Seguía ensimismada en aquello en lo que estuviera pensando y creyó que lo mejor era dar media vuelta y volver dentro. Pero una cosa era lo que le gritaba su mente y otra lo que le dictaba su corazón. Con paso lento, se acercó hasta ella y tomó asiento a su lado. Sin mirarla. Solo preguntándose qué haría allí sola en una noche como esa. Pasaron varios minutos en los que él la observaba de reojo, sin atreverse a interrumpir sus pensamientos. Lo que no sabía era que Francisca era consciente de su presencia junto a ella desde el mismo momento en que Raimundo había cruzado la puerta que separaba la posada de la plaza, y se había sentado a su lado. Pero se había negado a estropear ese momento con palabras y simplemente disfrutaba del silencio de la noche en su compañía. Su aroma la embriagaba completamente y cerró los ojos para grabar ese momento tan dulce.
Raimundo observó aquel pequeño gesto en ella y se decidió a hablarle
- …Francisca… -. Dijo suavemente.
- ¿Recuerdas Raimundo… -. Permanecía con los ojos cerrados pero una sonrisa evocadora se dibujó en su rostro. - …las primeras Navidades que pasamos juntos? No éramos más que dos chiquillos y estábamos aquí mismo, en la plaza, de noche, asistiendo al discurso de inauguración de las fiestas -. Abrió los ojos dirigiéndole su mirada.
Raimundo sonrió. – Nuestros padres estaban demasiado ocupados en pelearse por ocupar el mejor lugar junto al alcalde y no nos prestaban atención -. Apoyó la cabeza en la pared sin dejar de mirarla. – Recuerdo que hubo un pequeño tumulto y alguien te empujó haciéndote caer. Y yo quise retorcer el cuello a aquel hombre por haberte hecho llorar -. Puso su mano en el banco, junto a la de Francisca pero sin llegar a rozarla.
(continua...)
#4977
22/12/2011 21:25
Ella bajó la mirada hasta donde permanecían sus manos y le habló.
– Tú me ayudaste a levantar y tomaste mi mano, jurándome que nadie volvería a hacerme daño y que siempre cuidarías de mí -.
Raimundo sintió las palabras como un puñal clavándose en su alma, pues él mismo fue el primero en ocasionarle un dolor inmenso.
Francisca alzó la mirada hacía él. – Esa misma noche empecé a enamorarme de ti… -. Pronunció en un susurro mientras movía su mano lentamente, acercándola hacia la de Raimundo y la rozaba suavemente con la yema de los dedos.
Raimundo sintió su cálida y tímida caricia sobre él, comprobando cómo se derrumbaban todas las defensas que se había construido alrededor de su corazón para no seguir sufriendo por ella. Con un esfuerzo sobrehumano, se apartó poniéndose en pie y dándole la espalda.
- Francisca… -.
- Será mejor que me vaya -. Su voz sonaba suave pero destilaba una pena inmensa. – Yo… -. Se incorporó acercándose a él por detrás y levantando su mano para tocar su espalda, aunque no llegó a hacerlo. Pensó que seguramente Raimundo se apartaría. Cerró el puño con suavidad mientras le acercaba a sus labios. – Feliz Navidad Raimundo. Espero que se cumpla todo aquello que desees -.
Escuchó su suave taconeo alejándose de la plaza y de él. Apretó los puños con fuerza rindiéndose ante lo evidente y haciendo por fin lo que de verdad deseaba hacer.
- ¡Qué demonios! -. Se dijo a sí mismo.
Y en dos zancadas se acercó presuroso a ella, tomándola del brazo y obligándola a que se girara. Francisca se vio arrojada a sus brazos y a escasamente unos centímetros de su boca. Raimundo la tenía bien ceñida, con un brazo rodeándole la cintura y una mano masajeándole tiernamente la nuca.
- ¿Y tú que deseas Francisca? -. La voz grave y susurrante de Raimundo le produjo un cosquilleo por el cuerpo que le hizo temblar como una hoja.
No podía apartar la mirada de él ni tampoco quería alejarse. Deslizó ambas manos, que las tenía apoyadas en el pecho de Raimundo, hasta llegar a su cuello acariciándole con la punta de los dedos.
- A ti Raimundo… solo a ti… -.
Atraídos como un imán, sus labios se acercaron hasta fundirse en un mar de pequeños roces antes de zambullirse en la pasión de un beso que les robó hasta la última gota de aliento. Se separaron unos milímetros, embriagados el uno del otro, temerosos de sus propios sentimientos.
- Quédate Francisca…quédate junto a mí esta noche… -. Fue Raimundo el que rompió el silencio. Puso voz a sus deseos más íntimos. Los que solo guardaba para él.
- …Raimundo… -.
- Por favor… -. La interrumpió antes de que pudiera encontrar una excusa para poder marcharse. – Esperabas que se cumpliera todo lo que desease -. Acarició su rostro con la yema de los dedos. - Haz que mi deseo se haga realidad…Tú eres todo lo que deseo… -.
Francisca cerró los ojos, apoyando su frente sobre la de Raimundo. Bajó sus manos, metiéndolas por dentro de la chaqueta de él y acariciando su espalda por encima de la camisa.
- Me estremeces. Haces que mi cuerpo vibre solo con tenerte cerca -. Raimundo ya no podía contener todo lo que ella le provocaba. - ¿Lo sientes? ¿Notas cómo tiemblo por ti? -.
Francisca le miró. – Pero ella… -.
Raimundo la hizo callar con un dulce beso. – Ella no eres tú… -.
Quizá eran muchas las cosas que le separaban. Quizás se habían herido demasiadas veces en el pasado. Quizás existía mucho dolor entre ellos. Pero decidió aparcar todo aquello que creía que les separaba para centrarse en lo que les unía. El amor.
Se deshizo de su abrazo para alejarse de él unos centímetros. Raimundo mudó su rostro, pues pensó que de nuevo había perdido la batalla y tendría que sufrir ver cómo ella se alejaba de su lado. Por eso bajó la mirada, porque no quería verla marchar. Sin embargo, sintió como las manos de Francisca le aferraban de la chaqueta, y cómo lentamente iba tirando de él mientras se encaminaba de espaldas hacia la posada.
Raimundo la miraba con el ceño fruncido. Ella sonrió al ver su desconcierto.
- ¿Creías acaso que te librarías de mí hoy, tabernero? -. Uno de los pilares de la posada detuvo su camino quedando apoyada en él. Raimundo se apretó entonces tanto a ella que no quedaba ni una sola parte de sus cuerpos sin tocarse. – Ni en tus sueños Ulloa… -. Musitó finalmente Francisca junto a su boca.
- En mis sueños siempre amaneces en mis brazos -. Rozaron sus labios sin llegar a besarse, solo tanteándose. – Pero siempre despierto sin ti -. Susurró.
Francisca suspiró ante sus palabras y comenzó a desabrocharle los primeros botones de la camisa, llevando sus labios acto seguido hasta el pecho incipiente de Raimundo que la camisa iba dejando al descubierto. Besaba, mordisqueaba, lamía. Subió hasta su mentón, besándole tiernamente, esquivando la boca de Raimundo cuando esta quería atraparla. Llegó hasta su oreja y le mordió sensualmente el lóbulo, arrancándole un jadeo. Francisca no pudo evitar sonreír pues recordaba perfectamente las reacciones de Raimundo en el pasado cada vez que ella le hacía aquello.
Pero Raimundo también recordaba las reacciones de ella. Tanto así, que en un rápido movimiento consiguió girarla colocándose él sobre su espalda. Tan despacio como pudo fue desabotonándole el vestido revelando cada vez más su espalda desnuda. Cuando hubo terminado, deslizó sus manos por ella mientras se acercaba hasta su nuca, abrasándola con su aliento. Besó su cuello y deslizó la punta de su lengua por su piel desnuda, percibiendo como se iba erizando su piel con cada toque de su boca.
(continua...)
– Tú me ayudaste a levantar y tomaste mi mano, jurándome que nadie volvería a hacerme daño y que siempre cuidarías de mí -.
Raimundo sintió las palabras como un puñal clavándose en su alma, pues él mismo fue el primero en ocasionarle un dolor inmenso.
Francisca alzó la mirada hacía él. – Esa misma noche empecé a enamorarme de ti… -. Pronunció en un susurro mientras movía su mano lentamente, acercándola hacia la de Raimundo y la rozaba suavemente con la yema de los dedos.
Raimundo sintió su cálida y tímida caricia sobre él, comprobando cómo se derrumbaban todas las defensas que se había construido alrededor de su corazón para no seguir sufriendo por ella. Con un esfuerzo sobrehumano, se apartó poniéndose en pie y dándole la espalda.
- Francisca… -.
- Será mejor que me vaya -. Su voz sonaba suave pero destilaba una pena inmensa. – Yo… -. Se incorporó acercándose a él por detrás y levantando su mano para tocar su espalda, aunque no llegó a hacerlo. Pensó que seguramente Raimundo se apartaría. Cerró el puño con suavidad mientras le acercaba a sus labios. – Feliz Navidad Raimundo. Espero que se cumpla todo aquello que desees -.
Escuchó su suave taconeo alejándose de la plaza y de él. Apretó los puños con fuerza rindiéndose ante lo evidente y haciendo por fin lo que de verdad deseaba hacer.
- ¡Qué demonios! -. Se dijo a sí mismo.
Y en dos zancadas se acercó presuroso a ella, tomándola del brazo y obligándola a que se girara. Francisca se vio arrojada a sus brazos y a escasamente unos centímetros de su boca. Raimundo la tenía bien ceñida, con un brazo rodeándole la cintura y una mano masajeándole tiernamente la nuca.
- ¿Y tú que deseas Francisca? -. La voz grave y susurrante de Raimundo le produjo un cosquilleo por el cuerpo que le hizo temblar como una hoja.
No podía apartar la mirada de él ni tampoco quería alejarse. Deslizó ambas manos, que las tenía apoyadas en el pecho de Raimundo, hasta llegar a su cuello acariciándole con la punta de los dedos.
- A ti Raimundo… solo a ti… -.
Atraídos como un imán, sus labios se acercaron hasta fundirse en un mar de pequeños roces antes de zambullirse en la pasión de un beso que les robó hasta la última gota de aliento. Se separaron unos milímetros, embriagados el uno del otro, temerosos de sus propios sentimientos.
- Quédate Francisca…quédate junto a mí esta noche… -. Fue Raimundo el que rompió el silencio. Puso voz a sus deseos más íntimos. Los que solo guardaba para él.
- …Raimundo… -.
- Por favor… -. La interrumpió antes de que pudiera encontrar una excusa para poder marcharse. – Esperabas que se cumpliera todo lo que desease -. Acarició su rostro con la yema de los dedos. - Haz que mi deseo se haga realidad…Tú eres todo lo que deseo… -.
Francisca cerró los ojos, apoyando su frente sobre la de Raimundo. Bajó sus manos, metiéndolas por dentro de la chaqueta de él y acariciando su espalda por encima de la camisa.
- Me estremeces. Haces que mi cuerpo vibre solo con tenerte cerca -. Raimundo ya no podía contener todo lo que ella le provocaba. - ¿Lo sientes? ¿Notas cómo tiemblo por ti? -.
Francisca le miró. – Pero ella… -.
Raimundo la hizo callar con un dulce beso. – Ella no eres tú… -.
Quizá eran muchas las cosas que le separaban. Quizás se habían herido demasiadas veces en el pasado. Quizás existía mucho dolor entre ellos. Pero decidió aparcar todo aquello que creía que les separaba para centrarse en lo que les unía. El amor.
Se deshizo de su abrazo para alejarse de él unos centímetros. Raimundo mudó su rostro, pues pensó que de nuevo había perdido la batalla y tendría que sufrir ver cómo ella se alejaba de su lado. Por eso bajó la mirada, porque no quería verla marchar. Sin embargo, sintió como las manos de Francisca le aferraban de la chaqueta, y cómo lentamente iba tirando de él mientras se encaminaba de espaldas hacia la posada.
Raimundo la miraba con el ceño fruncido. Ella sonrió al ver su desconcierto.
- ¿Creías acaso que te librarías de mí hoy, tabernero? -. Uno de los pilares de la posada detuvo su camino quedando apoyada en él. Raimundo se apretó entonces tanto a ella que no quedaba ni una sola parte de sus cuerpos sin tocarse. – Ni en tus sueños Ulloa… -. Musitó finalmente Francisca junto a su boca.
- En mis sueños siempre amaneces en mis brazos -. Rozaron sus labios sin llegar a besarse, solo tanteándose. – Pero siempre despierto sin ti -. Susurró.
Francisca suspiró ante sus palabras y comenzó a desabrocharle los primeros botones de la camisa, llevando sus labios acto seguido hasta el pecho incipiente de Raimundo que la camisa iba dejando al descubierto. Besaba, mordisqueaba, lamía. Subió hasta su mentón, besándole tiernamente, esquivando la boca de Raimundo cuando esta quería atraparla. Llegó hasta su oreja y le mordió sensualmente el lóbulo, arrancándole un jadeo. Francisca no pudo evitar sonreír pues recordaba perfectamente las reacciones de Raimundo en el pasado cada vez que ella le hacía aquello.
Pero Raimundo también recordaba las reacciones de ella. Tanto así, que en un rápido movimiento consiguió girarla colocándose él sobre su espalda. Tan despacio como pudo fue desabotonándole el vestido revelando cada vez más su espalda desnuda. Cuando hubo terminado, deslizó sus manos por ella mientras se acercaba hasta su nuca, abrasándola con su aliento. Besó su cuello y deslizó la punta de su lengua por su piel desnuda, percibiendo como se iba erizando su piel con cada toque de su boca.
(continua...)
#4978
22/12/2011 21:27
- Vámonos de aquí… -. Dijo Raimundo antes de volver a besar su cuello. – Quiero tumbarte en mi cama y amarte hasta que llene mis sentidos de ti -.
Francisca se dio la vuelta colgándose de su cuello y atrapando con los dientes el labio inferior de Raimundo instándole a abrir la boca y adueñarse de su lengua. Se separaron buscando oxígeno.
- Llévame donde quieras mientras sea contigo… -.
La tomó en sus brazos subiendo la escalera que llevaba hasta su habitación. Tardaron varios minutos en llegar, pues no podían evitar pararse a cada instante para robarse un beso. Cuando al fin llegaron la posó en el suelo para terminar de despojarle del vestido. Con delicadeza, la tomó de nuevo entre sus brazos para tenderla en su lecho.
Se incorporó para quitarse él también la ropa que aún le quedaba puesta. La camisa se había quedado perdida por las escaleras cuando Francisca en un arrebato, se la arrancó de un solo tirón. Le sonrió con la mirada cargada de deseo. Todos sus deseos y sus ganas de volver a tener a su pequeña entre sus brazos, se resumían en ese instante mágico.
Se tendió sobre ella con suavidad, evitando cargar todo su peso. La adoró con las manos y con la boca. Sus cuerpos se amaron con la misma pasión arrolladora y dulzura de antaño. Fue un auténtico banquete para los sentidos, en el que recordaron cada pliegue del cuerpo del otro y conocieron aquellos que los años habían marcado.
Cuando el placer estaba a punto de atraparles, el baile sensual de sus cuerpos aumentó su ritmo llevándoles a la locura. No quisieron dejar de mirarse mientras el mundo estallaba a su alrededor, pues deseaban verse reflejados en los ojos del otro.
Sus cuerpos, cansados y rendidos se quedaron dormidos y abrazados bajo el cobijo de aquella mágica noche. Sus corazones unidos convirtiéndose en uno solo.
- …Francisca…-. Susurró Raimundo. Pero ella no le contestó, por lo que pensó que seguiría dormida. Seguro de que así era, podría pronunciar las palabras que solo guardaba para ella.
- Te amo mi niña… -. Se aferró a ella con cuidado de no despertarla. – Te amo, mi pequeña Francisca…-. Pronunció antes de cerrar los ojos y dormirse de nuevo junto a ella.
Una lágrima de felicidad se deslizó por el rostro de Francisca, que había escuchado la pequeña confesión de Raimundo. Se abrazó a él rezando para que esa noche no terminara nunca.
Pero por desgracia, la oscuridad dio paso al alba y con él, el momento de partir. Ya se había terminado de poner el vestido cuando se giró hacia la cama. Raimundo seguía profundamente dormido y ella se sentó junto al borde sonriéndole. Se agachó para besar sus labios fugazmente.
- Yo también te amo, vida mía…-. Musitó antes de volver a besarle.
Con cuidado, abrió la puerta de la habitación procurando no hacer ruido y se marchó camino de la Casona. No habría llegado al final de la escalera cuando él abrió los ojos y se sentó en la cama. Se había hecho el dormido, lo que le había permitido escuchar la declaración de Francisca. Estaba seguro de que ella también le amaba, pero había ansiado escucharlo de nuevo de sus labios.
Se dejó caer sonriendo de medio lado.
– Ni creas que esto termina aquí, Francisca…-.
FIN!!!!!! <3<3 "love is in the air"
Francisca se dio la vuelta colgándose de su cuello y atrapando con los dientes el labio inferior de Raimundo instándole a abrir la boca y adueñarse de su lengua. Se separaron buscando oxígeno.
- Llévame donde quieras mientras sea contigo… -.
La tomó en sus brazos subiendo la escalera que llevaba hasta su habitación. Tardaron varios minutos en llegar, pues no podían evitar pararse a cada instante para robarse un beso. Cuando al fin llegaron la posó en el suelo para terminar de despojarle del vestido. Con delicadeza, la tomó de nuevo entre sus brazos para tenderla en su lecho.
Se incorporó para quitarse él también la ropa que aún le quedaba puesta. La camisa se había quedado perdida por las escaleras cuando Francisca en un arrebato, se la arrancó de un solo tirón. Le sonrió con la mirada cargada de deseo. Todos sus deseos y sus ganas de volver a tener a su pequeña entre sus brazos, se resumían en ese instante mágico.
Se tendió sobre ella con suavidad, evitando cargar todo su peso. La adoró con las manos y con la boca. Sus cuerpos se amaron con la misma pasión arrolladora y dulzura de antaño. Fue un auténtico banquete para los sentidos, en el que recordaron cada pliegue del cuerpo del otro y conocieron aquellos que los años habían marcado.
Cuando el placer estaba a punto de atraparles, el baile sensual de sus cuerpos aumentó su ritmo llevándoles a la locura. No quisieron dejar de mirarse mientras el mundo estallaba a su alrededor, pues deseaban verse reflejados en los ojos del otro.
Sus cuerpos, cansados y rendidos se quedaron dormidos y abrazados bajo el cobijo de aquella mágica noche. Sus corazones unidos convirtiéndose en uno solo.
- …Francisca…-. Susurró Raimundo. Pero ella no le contestó, por lo que pensó que seguiría dormida. Seguro de que así era, podría pronunciar las palabras que solo guardaba para ella.
- Te amo mi niña… -. Se aferró a ella con cuidado de no despertarla. – Te amo, mi pequeña Francisca…-. Pronunció antes de cerrar los ojos y dormirse de nuevo junto a ella.
Una lágrima de felicidad se deslizó por el rostro de Francisca, que había escuchado la pequeña confesión de Raimundo. Se abrazó a él rezando para que esa noche no terminara nunca.
Pero por desgracia, la oscuridad dio paso al alba y con él, el momento de partir. Ya se había terminado de poner el vestido cuando se giró hacia la cama. Raimundo seguía profundamente dormido y ella se sentó junto al borde sonriéndole. Se agachó para besar sus labios fugazmente.
- Yo también te amo, vida mía…-. Musitó antes de volver a besarle.
Con cuidado, abrió la puerta de la habitación procurando no hacer ruido y se marchó camino de la Casona. No habría llegado al final de la escalera cuando él abrió los ojos y se sentó en la cama. Se había hecho el dormido, lo que le había permitido escuchar la declaración de Francisca. Estaba seguro de que ella también le amaba, pero había ansiado escucharlo de nuevo de sus labios.
Se dejó caer sonriendo de medio lado.
– Ni creas que esto termina aquí, Francisca…-.
FIN!!!!!! <3<3 "love is in the air"
#4979
22/12/2011 21:36
Ruuuuuth!!!! Eres mi idolo!!!!! Dios he visto afrancisca tratando de acariciar a raimundo antes de desearle feliz navidad... Les he visto sentados en el banco recordando... Y les he visto amandose.... Eres unica inventando escenas!!! Y comodice rsimundo.... Que noacabe aqui!!! Por favor...
#4980
22/12/2011 21:37
hola chicas . que suerte que haveis podido ver la escena de rosario yo no por que en el modo de salon no me lo deja ver las partes tres y cuatro del capitulo . pero no me puede negar nadie que hoy hemos visto a una francisca que nos ha dejado ver su corazoncito .
