El Rincón de Francisca y Raimundo:ESTE AMOR SE MERECE UN YACIMIENTO (TUNDA TUNDA) Gracias María y Ramon
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08/06/2011 23:44
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#4441
26/11/2011 11:01
Acabo de ver el VE de Cuca Escribano y aun me he quedado peor, por la cara que ha puesto...uf, más claro agua
#4442
26/11/2011 12:20
Pff ¿Y esa negatividad?
Los guionistas serian unos hijos de sus respectivas madres si nos hicieran esto. Saben que existimos. Aunque pasen de nosotras lo saben. Al igual que lo saben María y Ramón.
Seria muy feo que nos dejen aqui, esperando una simple y misera confesion de amor o un beso. Seria increible que despues de todo lo que hemos pasado, cogiesen otro camino para esta trama. Pero la HISTORIA de Francisca y Raimundo solo tiene un destino y ese es estar juntos.
Las demás parejas tambien han sufrido lo indecible y al final, todas terminarán juntas.
Pepa-Tristán: Todo el día que si ahora sí, que si ahora no. Pero al final se casarán, tendrán hijos, recuperarán a Martin...
Emilia y Alfonso: Y su tercero en discordia, Severiano, pero ahora miradlos. Poco a poco se arregla.
Soledad y Juan: Aunque Juan no tenga perdón, ahi estaba Sole luchando por dejarlo en libertad. Y al final terminaran juntos seguro.
Mariana e Hipolito: Pasito a pasito pero nunca van para atras... Aunque tambien está Paquito que quizas sea él el que finalmente se queda con Mariana.
Y Francisca y Raimundo por que no? Claro que terminaran juntos. Claro que los veremos besarse y decirse que se aman. Sufriremos sí, pero despues merecerá la pena verlos juntos. Ahora se descubre la trama Tristán y supongo que servirá para acercar a nuestra pareja.
Este lunes termina la temporada y la 4º creo que será mucho más interesante que esta. Aunque no sea muy dificil.
Entiendo que no nos tratan bien, que se pasan con nosotras pero ¿y esa santa paciencia que siempre nos ha caracterizado? ¿Y ese optimismo?
Ya vereis como todo se soluciona.
Los guionistas serian unos hijos de sus respectivas madres si nos hicieran esto. Saben que existimos. Aunque pasen de nosotras lo saben. Al igual que lo saben María y Ramón.
Seria muy feo que nos dejen aqui, esperando una simple y misera confesion de amor o un beso. Seria increible que despues de todo lo que hemos pasado, cogiesen otro camino para esta trama. Pero la HISTORIA de Francisca y Raimundo solo tiene un destino y ese es estar juntos.
Las demás parejas tambien han sufrido lo indecible y al final, todas terminarán juntas.
Pepa-Tristán: Todo el día que si ahora sí, que si ahora no. Pero al final se casarán, tendrán hijos, recuperarán a Martin...
Emilia y Alfonso: Y su tercero en discordia, Severiano, pero ahora miradlos. Poco a poco se arregla.
Soledad y Juan: Aunque Juan no tenga perdón, ahi estaba Sole luchando por dejarlo en libertad. Y al final terminaran juntos seguro.
Mariana e Hipolito: Pasito a pasito pero nunca van para atras... Aunque tambien está Paquito que quizas sea él el que finalmente se queda con Mariana.
Y Francisca y Raimundo por que no? Claro que terminaran juntos. Claro que los veremos besarse y decirse que se aman. Sufriremos sí, pero despues merecerá la pena verlos juntos. Ahora se descubre la trama Tristán y supongo que servirá para acercar a nuestra pareja.
Este lunes termina la temporada y la 4º creo que será mucho más interesante que esta. Aunque no sea muy dificil.
Entiendo que no nos tratan bien, que se pasan con nosotras pero ¿y esa santa paciencia que siempre nos ha caracterizado? ¿Y ese optimismo?
Ya vereis como todo se soluciona.
#4443
26/11/2011 12:31
ya Mariajo, es que en cuanto le explicó Jon qué eran l@s Raipaquistas, le entró la vena Águeda de hacer sufrir a todo aquello relacionado con Francisca.
#4444
26/11/2011 13:15
qué os pasa niñas?
llevamos 256 páginas hablando y comentando sobre un pareja sobre la que nada más nos dan pinceladas de un amor que compartieron y del que estamos seguras,por sus actos y palabras medio pronunciadas (aunque en el caso de Raimundo: "lo que debería matar es los sentimientos que aún me inspiras..." más claro AGUA) siguen compartiendo.Siempre nos ha caracterizado el buen humor,la esperanza y sobre todo la PACIENCIA.
Por qué estais así ahora?
me da igual lo que haya dicho Cuca en el VE sobre trama Rai-Águeda.Por que se que Raimundo y Francisca terminarán juntos y viviendo la vida que se merecen y que les fue negada.
Vale que estemos olvidadas por los guionistas.Pero no puedo creer que estemos viendo un amor que ha superado 30 años y se mantiene igual,a pesar de las perrerías de Francisca a Raimundo.A pesar de que Rai dejara abandonada a mi Paca hace años...y os olvideis de que ahí sigue.Ha superado el matrimonio de Raimundo con Natalia, que al contrario de Salvador,debía ser una mujer maravillosa de la que Raimundo se podía haber enamorado, Y NO FUE ASÍ.
Por qué iba a ser diferente con Águeda?
Además,pensad por ejemplo en la trama Alfonso y Emilia,peor de cómo lo han tenido ellos y ahora mírales!! terminarán juntos.
Como se que terminarán juntos Tristán y Pepa.Y como lo harán FRANCISCA Y RAIMUNDO
No dejeis caer ese ánimo chicas...y recordad que la persona que más cree en esta historia,es la misma persona que interpreta a una de las partes.María. Francisca Montenegro.
Así que sed positivas.El camino será largo y dificil,pero tendrá sus frutos.
A mí por lo menos,no me van a desanimar y seguiré con la esperanza de un final juntos para ellos.
llevamos 256 páginas hablando y comentando sobre un pareja sobre la que nada más nos dan pinceladas de un amor que compartieron y del que estamos seguras,por sus actos y palabras medio pronunciadas (aunque en el caso de Raimundo: "lo que debería matar es los sentimientos que aún me inspiras..." más claro AGUA) siguen compartiendo.Siempre nos ha caracterizado el buen humor,la esperanza y sobre todo la PACIENCIA.
Por qué estais así ahora?
me da igual lo que haya dicho Cuca en el VE sobre trama Rai-Águeda.Por que se que Raimundo y Francisca terminarán juntos y viviendo la vida que se merecen y que les fue negada.
Vale que estemos olvidadas por los guionistas.Pero no puedo creer que estemos viendo un amor que ha superado 30 años y se mantiene igual,a pesar de las perrerías de Francisca a Raimundo.A pesar de que Rai dejara abandonada a mi Paca hace años...y os olvideis de que ahí sigue.Ha superado el matrimonio de Raimundo con Natalia, que al contrario de Salvador,debía ser una mujer maravillosa de la que Raimundo se podía haber enamorado, Y NO FUE ASÍ.
Por qué iba a ser diferente con Águeda?
Además,pensad por ejemplo en la trama Alfonso y Emilia,peor de cómo lo han tenido ellos y ahora mírales!! terminarán juntos.
Como se que terminarán juntos Tristán y Pepa.Y como lo harán FRANCISCA Y RAIMUNDO
No dejeis caer ese ánimo chicas...y recordad que la persona que más cree en esta historia,es la misma persona que interpreta a una de las partes.María. Francisca Montenegro.
Así que sed positivas.El camino será largo y dificil,pero tendrá sus frutos.
A mí por lo menos,no me van a desanimar y seguiré con la esperanza de un final juntos para ellos.
#4445
26/11/2011 14:16
Yo hoy la verdad estoy bastante positiva con este tema. Pensemos: Tristán y Pepa son los protas, tiene que acabar bien y para que acaben bien se tiene que saber que NO son hermanos. ¿Qué implica todo esto? Que se descubra el pastel. Y Rai no se va a quedar parado cuando se entere, de eso estoy completamente segura. Y aunque lo hagan tontear con Águeda esta temporada caerá, caerá por "esos sentimientos que todavía le inspira" y para mi esa será la escena que tanto ansiamos, cuando Raimundo se presente lleno de reproches y resentimiento porque no le dijera nada y Francisca se derrumbe. Saldrán verdades y cosas escondidas a borbotones y... ¿Quién sabe, quizás algo más?
Lo único que me desanima a mi son los capítulos que pueden tardar en llegar a esto, por lo que espero que la trama H no sea el núcleo central de la 4º temporada porque nunca mejor dicho, nos darán las uvas (y más) hasta esa escena.
Pero chicas, positivismo arriba!!! Aguantaremos y tendremos que aguantar (especialmente, si lo juntan con Águeda, supongo que saldrán bastantes voces que pidan que Rai se quede con Águeda porque Francisca es muy muy muy
mala) pero llegará!!!!
Lo único que me desanima a mi son los capítulos que pueden tardar en llegar a esto, por lo que espero que la trama H no sea el núcleo central de la 4º temporada porque nunca mejor dicho, nos darán las uvas (y más) hasta esa escena.
Pero chicas, positivismo arriba!!! Aguantaremos y tendremos que aguantar (especialmente, si lo juntan con Águeda, supongo que saldrán bastantes voces que pidan que Rai se quede con Águeda porque Francisca es muy muy muy
mala) pero llegará!!!!
#4446
26/11/2011 17:27
Hola chicas. Me escapo un momento de Egipto y su historia para animaros chicas.
¡¡¡ARRIBA LOS CORAZONES!!!
Si os entran dudas mirad la historia con mi Carmen. Precisamente la creé por si a los guionistas se les ocurría meter a un tercero. No sé si la harán tan loca como a Carmen pero en lo que respecta al hilo es el mismo si al final Águeda se enamora de Rai. Ella le intentará conquistar haciéndole ver que necesita empezar una historia con otra persona, empezar de cero sabiendo que no hay rencores ni odios y así andará la cosa hasta que Paca ataque (es casi lo mismo que hice yo) y se lleve a Rai. Sufriremos sí pero a mí me encantará ver a la Paca celosa y arreglándose para su hombre. Asi que si hay dudas mirad mi historia y cómo acabaron.
¡¡¡¡¡¡ARRIBA ESE ÁNIMO RAIPAQUISTAS!!!!!!
Y suscribo todo lo que habéis dicho. Todas las parejas finalmente van a acabar bien: Alfonso y Emilia están en ello, Tristán y Pepa lo harán después de esta lucha, Juan y Soledad aunque me duela terminarán bien (me duele porque me gustaría que fuera con Sebastián que aunque es muy pesado con la conservera me cae mejor que el respondón estúpido de Juan), Paquito y Mariana (porque a Hipólito no le veo con ella, es demasiada mujer). Todas van a acabar bien y la nuestra también. Claro que sí.
P.D. No he visto el VE pero yo envié una pregunta. A lo mejor fue esa la que pusieron. Yo pregunté directamente :¿Vas a tener una trama junto con Raimundo?
¡¡¡ARRIBA LOS CORAZONES!!!
Si os entran dudas mirad la historia con mi Carmen. Precisamente la creé por si a los guionistas se les ocurría meter a un tercero. No sé si la harán tan loca como a Carmen pero en lo que respecta al hilo es el mismo si al final Águeda se enamora de Rai. Ella le intentará conquistar haciéndole ver que necesita empezar una historia con otra persona, empezar de cero sabiendo que no hay rencores ni odios y así andará la cosa hasta que Paca ataque (es casi lo mismo que hice yo) y se lleve a Rai. Sufriremos sí pero a mí me encantará ver a la Paca celosa y arreglándose para su hombre. Asi que si hay dudas mirad mi historia y cómo acabaron.
¡¡¡¡¡¡ARRIBA ESE ÁNIMO RAIPAQUISTAS!!!!!!
Y suscribo todo lo que habéis dicho. Todas las parejas finalmente van a acabar bien: Alfonso y Emilia están en ello, Tristán y Pepa lo harán después de esta lucha, Juan y Soledad aunque me duela terminarán bien (me duele porque me gustaría que fuera con Sebastián que aunque es muy pesado con la conservera me cae mejor que el respondón estúpido de Juan), Paquito y Mariana (porque a Hipólito no le veo con ella, es demasiada mujer). Todas van a acabar bien y la nuestra también. Claro que sí.
P.D. No he visto el VE pero yo envié una pregunta. A lo mejor fue esa la que pusieron. Yo pregunté directamente :¿Vas a tener una trama junto con Raimundo?
#4447
26/11/2011 20:09
miri,primera parte de tu encargo
¡Ni tratando de impedirlo ella misma, las cosas podrían haber salido mejor! No conocía muy bien las razones que habían llevado a Pepa a cancelar la boda con su hijo. Fuera como fuese, a ella esa anulación le venía de perlas. Pero a pesar de todo, no pudo evitar sentir cierta curiosidad por el motivo de la partera. Tan solo dos días atrás, ella misma se había encargado de pregonar a los cuatro vientos su amor por Tristán, por lo que no llegaba a comprender qué impulso subyacía en aquella decisión.
Necesitaba que la partera le diera algún tipo de explicación. Y por eso estaba allí, junto a la posada de Raimundo Ulloa, dispuesta a llamar a la puerta de esa endemoniada mujer que solo había traído problemas a su hijo.
Sus ojos irremediablemente se dirigieron a la taberna, buscando ansiosos a Raimundo en su interior. ¡Dios sabe cuánto le costaba reconocer que necesitaba cruzar con el su mirada para seguir adelante! Esa absurda rivalidad que mantenían durante tantos años ya habría terminado si de ella dependiera. Y es que olvidó todo su rencor por ese hombre que tanto amaba, en el mismo instante en que él apretó el gatillo aquella tarde, arriesgando su propia vida, solo por salvar la suya. Sin dudarlo ni un momento. Aquel día ella pensó que cambiaría el rumbo de su relación, pero desafortunadamente, no fue así. Raimundo quiso persistir en su enemistad con ella.
Bien es cierto que le había hecho cosas que difíciles de olvidar y de perdonar. ¿Pero acaso él no había hecho lo mismo con ella? Todo ese rencor que la llevó a actuar de esa manera, fue debido a su abandono. Jugó con ella, haciendo que se enamorara de él desesperadamente, para luego despreciarla por otra mujer a la que no amaba, pero con mucho más dinero que los Montenegro. Aún resonaban en sus oídos las explicaciones que Raimundo le dio no hace mucho y que a ella le costaban todavía creer. ¿Cómo debía sentirse si el rencor en el que había basado toda su vida había sido un espejismo? ¿Cómo debía tomarse que él se vio obligado a abandonarla única y exclusivamente por su bien?
En fin, ahora no podía pensar en nada de eso. Raimundo no parecía estar en la taberna y ella tenía otro cometido. Aparcó sus pensamientos en lo más profundo de su mente para centrarse en lo que realmente importaba. Intentar sonsacar a esa partera la razón por la cual ya no se casaba con su hijo.
- Si de casualidad buscas a Pepa, has de saber que no se encuentra aquí -.
Francisca mordió su labio inferior maldiciéndose a ella misma por sentir placer solo por escuchar aquella aterciopelada voz. ¿Cómo era posible que siempre la sorprendiera a traición? La última vez que se habían encontrado, había ocurrido algo similar. Fue él quien la abordó y ella no se encontraba preparada para hacerle frente. En esos momentos era en los que se daba cuenta de que quizá su enfermedad era más grave de lo que pensaba, ya que no contaba con las fuerzas y los arrestos que antaño le acompañaron para enfrentarse a lo que fuera. Aun así, hizo acopio de todo su carácter para darse la vuelta y enfrentarse a Raimundo.
- ¿Ahora resulta que eres una especie de perro guardián de la partera? -. Sonrió irónica. – ¿O es que te dedicas a controlar todos mis movimientos? Porque últimamente siempre te me apareces cuando menos ganas tengo de verte -.
- ¿Acaso alguna vez tienes ganas de verme? -. Le respondió de manera burlona. Trataba de ocultar el torbellino de sentimientos en el que se veía inmerso cada vez que tenía a Francisca delante. Se rió bajando la cabeza. – ¿O solo cuando estás tan aburrida en tu solitario caserón, que necesitas bajar al pueblo a molestar a la gente honrada? -. La miró con intensidad. Desde aquel día en que le había medio confesado que todavía sentía algo por ella, se había propuesto mantener las distancias. Y recubrió de nuevo el muro que ya existía en su corazón para evitar que ella le dañara. Reconocía que el día que estuvo a punto de perderla a manos de Virtudes, aquel caparazón se resquebrajó revelando ante sus ojos sentimientos que mantenía dormidos. Y eso era algo que no podía permitirse. No podía entregar esa arma tan poderosa para que Francisca la utilizara en su contra. Porque sabía que ella la emplearía para terminar de destruirle.
- ¿Gente honrada? -. Movió su cabeza hacia los lados, como si buscara a alguien. - ¿Y dónde está esa gente? Yo no veo a nadie por aquí -. Soltó una carcajada. – Porque espero de todo corazón que no lo dijeras por ti -.
- No me sorprende que alguien como tú sea incapaz de reconocer a la gente honrada. Digamos que esa virtud no es tu fuerte -. Entrecerró los ojos cuando le pareció ver en Francisca cierta afectación por sus palabras. Pero no. No podía ser. - Nunca te cansas de hacer daño a la gente ¿verdad Francisca? Debe ser la mayor diversión en tu vacía vida -.
Ella disfrazó el dolor que le causaron sus palabras con esa furia tan característica suya.
¡Ni tratando de impedirlo ella misma, las cosas podrían haber salido mejor! No conocía muy bien las razones que habían llevado a Pepa a cancelar la boda con su hijo. Fuera como fuese, a ella esa anulación le venía de perlas. Pero a pesar de todo, no pudo evitar sentir cierta curiosidad por el motivo de la partera. Tan solo dos días atrás, ella misma se había encargado de pregonar a los cuatro vientos su amor por Tristán, por lo que no llegaba a comprender qué impulso subyacía en aquella decisión.
Necesitaba que la partera le diera algún tipo de explicación. Y por eso estaba allí, junto a la posada de Raimundo Ulloa, dispuesta a llamar a la puerta de esa endemoniada mujer que solo había traído problemas a su hijo.
Sus ojos irremediablemente se dirigieron a la taberna, buscando ansiosos a Raimundo en su interior. ¡Dios sabe cuánto le costaba reconocer que necesitaba cruzar con el su mirada para seguir adelante! Esa absurda rivalidad que mantenían durante tantos años ya habría terminado si de ella dependiera. Y es que olvidó todo su rencor por ese hombre que tanto amaba, en el mismo instante en que él apretó el gatillo aquella tarde, arriesgando su propia vida, solo por salvar la suya. Sin dudarlo ni un momento. Aquel día ella pensó que cambiaría el rumbo de su relación, pero desafortunadamente, no fue así. Raimundo quiso persistir en su enemistad con ella.
Bien es cierto que le había hecho cosas que difíciles de olvidar y de perdonar. ¿Pero acaso él no había hecho lo mismo con ella? Todo ese rencor que la llevó a actuar de esa manera, fue debido a su abandono. Jugó con ella, haciendo que se enamorara de él desesperadamente, para luego despreciarla por otra mujer a la que no amaba, pero con mucho más dinero que los Montenegro. Aún resonaban en sus oídos las explicaciones que Raimundo le dio no hace mucho y que a ella le costaban todavía creer. ¿Cómo debía sentirse si el rencor en el que había basado toda su vida había sido un espejismo? ¿Cómo debía tomarse que él se vio obligado a abandonarla única y exclusivamente por su bien?
En fin, ahora no podía pensar en nada de eso. Raimundo no parecía estar en la taberna y ella tenía otro cometido. Aparcó sus pensamientos en lo más profundo de su mente para centrarse en lo que realmente importaba. Intentar sonsacar a esa partera la razón por la cual ya no se casaba con su hijo.
- Si de casualidad buscas a Pepa, has de saber que no se encuentra aquí -.
Francisca mordió su labio inferior maldiciéndose a ella misma por sentir placer solo por escuchar aquella aterciopelada voz. ¿Cómo era posible que siempre la sorprendiera a traición? La última vez que se habían encontrado, había ocurrido algo similar. Fue él quien la abordó y ella no se encontraba preparada para hacerle frente. En esos momentos era en los que se daba cuenta de que quizá su enfermedad era más grave de lo que pensaba, ya que no contaba con las fuerzas y los arrestos que antaño le acompañaron para enfrentarse a lo que fuera. Aun así, hizo acopio de todo su carácter para darse la vuelta y enfrentarse a Raimundo.
- ¿Ahora resulta que eres una especie de perro guardián de la partera? -. Sonrió irónica. – ¿O es que te dedicas a controlar todos mis movimientos? Porque últimamente siempre te me apareces cuando menos ganas tengo de verte -.
- ¿Acaso alguna vez tienes ganas de verme? -. Le respondió de manera burlona. Trataba de ocultar el torbellino de sentimientos en el que se veía inmerso cada vez que tenía a Francisca delante. Se rió bajando la cabeza. – ¿O solo cuando estás tan aburrida en tu solitario caserón, que necesitas bajar al pueblo a molestar a la gente honrada? -. La miró con intensidad. Desde aquel día en que le había medio confesado que todavía sentía algo por ella, se había propuesto mantener las distancias. Y recubrió de nuevo el muro que ya existía en su corazón para evitar que ella le dañara. Reconocía que el día que estuvo a punto de perderla a manos de Virtudes, aquel caparazón se resquebrajó revelando ante sus ojos sentimientos que mantenía dormidos. Y eso era algo que no podía permitirse. No podía entregar esa arma tan poderosa para que Francisca la utilizara en su contra. Porque sabía que ella la emplearía para terminar de destruirle.
- ¿Gente honrada? -. Movió su cabeza hacia los lados, como si buscara a alguien. - ¿Y dónde está esa gente? Yo no veo a nadie por aquí -. Soltó una carcajada. – Porque espero de todo corazón que no lo dijeras por ti -.
- No me sorprende que alguien como tú sea incapaz de reconocer a la gente honrada. Digamos que esa virtud no es tu fuerte -. Entrecerró los ojos cuando le pareció ver en Francisca cierta afectación por sus palabras. Pero no. No podía ser. - Nunca te cansas de hacer daño a la gente ¿verdad Francisca? Debe ser la mayor diversión en tu vacía vida -.
Ella disfrazó el dolor que le causaron sus palabras con esa furia tan característica suya.
#4448
26/11/2011 20:11
- ¿Cómo te atreves maldito tabernero? ¡Mi vida no es asunto tuyo! Dejó de serlo hace demasiados años -. Gritaba presa del enojo y sus ojos estaban brillantes por el dolor que amenazaba con derramar esas lágrimas que le quemaban los ojos. – Y no me recrimines a mí el daño que supuestamente hago, porque no soy la única. Hay a quien le divierte romper el corazón de la persona que decía amar -.
Se sentía tan dolida y furiosa que hasta le costaba respirar. No podía creer que Raimundo hubiera pronunciado palabras que destilaran tanto odio. En todos estos años, no recordaba haber recibido semejante ataque verbal por su parte. Y eso que sus peleas y discusiones habían alcanzado cotas muy altas. Tal vez los años ya le pesaran demasiado. Tal vez su salud estaba fallándole.
El recuerdo y recriminación de su abandono fue como sentir otra vez que se abrían viejas heridas que nunca consiguieron sanar. Ni él mismo sabía por qué estaba dedicándole tanto ataque gratuito, esa no era su forma de actuar. Aunque en el fondo, si lo sabía. Estaba enfadado con él mismo por seguir sintiendo por ella ese amor enfermizo que terminaría por consumirle. Estaba enfadado por casi haberle permitido ver cuánto la amaba todavía. Estaba enfadado por no haber podido evitar pronunciar en su presencia aquellas palabras que nunca debió decir: “…lo que debería matar es los sentimientos que todavía me inspiras…”.
- Ni quiero que tu vida sea asunto mío. No te confundas Francisca -. Se despreció por lo que iba a decir. – Nada relacionado contigo me interesa. Por mí puedes seguir encerrada en tu mundo donde solo reina el odio y el rencor -.
Su corazón fue arrancado y pisoteado de nuevo por Raimundo. Y esta vez sintió el dolor traspasando su cuerpo como un cuchillo. Se tragó las lágrimas a duras penas, a pesar del nudo que le cerraba la garganta. Y ese mismo dolor la llevó a acercarse hasta él y alzar su mano, que terminó estampada en la mejilla de Raimundo. Una bofetada que a ella también le hizo daño. La mano le ardía, así como le ardía el alma. Y a pesar de toda su contención, una furtiva lágrima se deslizó por su mejilla, mostrando al exterior todo lo mal que se sentía.
Raimundo notaba el cosquilleo en su mejilla y se repudiaba por haber sido el causante. La miró descubriendo aquella pequeña gota de rocío que descendía por el rostro de Francisca y se odió por haberle causado una nueva pena a su pequeña.
Un intenso sentimiento que afloró por cada poro de su piel le llevó a tomarla por los brazos, con más rudeza de la deseada y atraerla hasta su cuerpo con el único propósito de que su boca muriera en los labios de ella. La besó con desesperación y furia. Con el odio que sentía contra aquel mundo que no les permitía estar juntos. Y con aquel amor que anidó en su corazón cuando apenas era un muchacho y que consiguió echar raíces en su alma, tan profundas, que nada ni nadie había podido arrancarlas.
El contacto de los labios de Raimundo sobre los de ella terminó de derrumbar las pocas fuerzas que le quedaban después de aquella disputa. Sus palabras la habían herido en lo más hondo, pero a pesar de ello, se rindió a la necesidad que tenía de volver a sentirse amada por la única persona que formaba todo su mundo. …Raimundo…. Le devolvió el beso con todo el ímpetu que provocaba el rencor y la inmensa pasión que mantenía reservada solo para él.
Casi con la misma premura con que se habían aferrado el uno al otro, se separaron, poniendo de nuevo distancia entre sus cuerpos y entre sus corazones. Los dolidos ojos de Francisca le recriminaban aquel arrebato, y buscaban una explicación al mismo. ¿Es esto un castigo?. Ella no podía creer que Raimundo se hubiera aprovechado de lo que sentía para dañarla de aquella forma.
- No vuelvas a tocarme Raimundo -.
El dolor subyacente al odio que pretendía mostrar en el tono de su voz le atravesó el alma. Quiso retroceder en el tiempo para que aquello nunca hubiera sucedido. Para que Francisca y él no se hubieran visto abocados a una existencia carente de sentido por el hecho de tener que vivir separados. Inmerso en ese cúmulo de sentimientos, solo pudo ver cómo ella se alejaba de su lado y salía de la posada, desapareciendo de nuevo de su vida.
(continuará....si puedo, a la noche, sino mañana...)
EDITO: Cris,no me olvido de tu petición por facebook xD
y haré ese relato que prometí ;)
Se sentía tan dolida y furiosa que hasta le costaba respirar. No podía creer que Raimundo hubiera pronunciado palabras que destilaran tanto odio. En todos estos años, no recordaba haber recibido semejante ataque verbal por su parte. Y eso que sus peleas y discusiones habían alcanzado cotas muy altas. Tal vez los años ya le pesaran demasiado. Tal vez su salud estaba fallándole.
El recuerdo y recriminación de su abandono fue como sentir otra vez que se abrían viejas heridas que nunca consiguieron sanar. Ni él mismo sabía por qué estaba dedicándole tanto ataque gratuito, esa no era su forma de actuar. Aunque en el fondo, si lo sabía. Estaba enfadado con él mismo por seguir sintiendo por ella ese amor enfermizo que terminaría por consumirle. Estaba enfadado por casi haberle permitido ver cuánto la amaba todavía. Estaba enfadado por no haber podido evitar pronunciar en su presencia aquellas palabras que nunca debió decir: “…lo que debería matar es los sentimientos que todavía me inspiras…”.
- Ni quiero que tu vida sea asunto mío. No te confundas Francisca -. Se despreció por lo que iba a decir. – Nada relacionado contigo me interesa. Por mí puedes seguir encerrada en tu mundo donde solo reina el odio y el rencor -.
Su corazón fue arrancado y pisoteado de nuevo por Raimundo. Y esta vez sintió el dolor traspasando su cuerpo como un cuchillo. Se tragó las lágrimas a duras penas, a pesar del nudo que le cerraba la garganta. Y ese mismo dolor la llevó a acercarse hasta él y alzar su mano, que terminó estampada en la mejilla de Raimundo. Una bofetada que a ella también le hizo daño. La mano le ardía, así como le ardía el alma. Y a pesar de toda su contención, una furtiva lágrima se deslizó por su mejilla, mostrando al exterior todo lo mal que se sentía.
Raimundo notaba el cosquilleo en su mejilla y se repudiaba por haber sido el causante. La miró descubriendo aquella pequeña gota de rocío que descendía por el rostro de Francisca y se odió por haberle causado una nueva pena a su pequeña.
Un intenso sentimiento que afloró por cada poro de su piel le llevó a tomarla por los brazos, con más rudeza de la deseada y atraerla hasta su cuerpo con el único propósito de que su boca muriera en los labios de ella. La besó con desesperación y furia. Con el odio que sentía contra aquel mundo que no les permitía estar juntos. Y con aquel amor que anidó en su corazón cuando apenas era un muchacho y que consiguió echar raíces en su alma, tan profundas, que nada ni nadie había podido arrancarlas.
El contacto de los labios de Raimundo sobre los de ella terminó de derrumbar las pocas fuerzas que le quedaban después de aquella disputa. Sus palabras la habían herido en lo más hondo, pero a pesar de ello, se rindió a la necesidad que tenía de volver a sentirse amada por la única persona que formaba todo su mundo. …Raimundo…. Le devolvió el beso con todo el ímpetu que provocaba el rencor y la inmensa pasión que mantenía reservada solo para él.
Casi con la misma premura con que se habían aferrado el uno al otro, se separaron, poniendo de nuevo distancia entre sus cuerpos y entre sus corazones. Los dolidos ojos de Francisca le recriminaban aquel arrebato, y buscaban una explicación al mismo. ¿Es esto un castigo?. Ella no podía creer que Raimundo se hubiera aprovechado de lo que sentía para dañarla de aquella forma.
- No vuelvas a tocarme Raimundo -.
El dolor subyacente al odio que pretendía mostrar en el tono de su voz le atravesó el alma. Quiso retroceder en el tiempo para que aquello nunca hubiera sucedido. Para que Francisca y él no se hubieran visto abocados a una existencia carente de sentido por el hecho de tener que vivir separados. Inmerso en ese cúmulo de sentimientos, solo pudo ver cómo ella se alejaba de su lado y salía de la posada, desapareciendo de nuevo de su vida.
(continuará....si puedo, a la noche, sino mañana...)
EDITO: Cris,no me olvido de tu petición por facebook xD
y haré ese relato que prometí ;)
#4449
27/11/2011 00:45
:) BE OPTIMIST
Cuando he leido la petición de Miri me ha hecho mucha ilusión, pero ahora leerlo ha sido fantastico. Yo quiero un muerdo asi en la serie, lleno de reproches, de odio y de mucho amor.
Esperando a que sigas, guapa
Cuando he leido la petición de Miri me ha hecho mucha ilusión, pero ahora leerlo ha sido fantastico. Yo quiero un muerdo asi en la serie, lleno de reproches, de odio y de mucho amor.
Esperando a que sigas, guapa
#4450
27/11/2011 12:31
Siento haberos dejado a medias,pero es que a una la lían, la lían...y no pude terminarlo 
Aquí os dejo otro trocito, que he escrito hace un momento. Después sigo y ya le termino ¿vale?
(ya recibo presiones para continuar hasta por facebook jajajajaja)
Optimismo arriba ¿eh?
2ª PARTE
Se pasó la noche en vela pensando en Francisca. Podía notar todavía en sus labios el calor de los de ella, su sabor, su suavidad. En numerosas ocasiones había soñado en volver a probar su boca, aunque en circunstancias bien distintas a las que habían acontecido aquella tarde. Se sentía culpable por las duras palabras que le había dedicado, pero Francisca tenía la asombrosa capacidad de sacarle de sus casillas. De lo que no se podía arrepentir, era de ese beso inesperado, que a pesar de haber sido fruto de un arrebato, había vuelto a dar luz sobre la oscuridad que reinaba en su corazón desde que tuvo que separarse de ella.
Dio vueltas y vueltas en la cama hasta que al fin desistió. Resignado a pasar despierto las horas que faltaban hasta el alba, decidió acompañarse de un buen libro. Esos fieles compañeros a los que se agarraba cuando se sentía perdido. Aunque esta vez, no estaba muy seguro de que pudieran calmar la ansiedad que sentía.
**************************************************
- ¡Por supuesto que hemos recibido su encargo Doña Francisca! -. La engolada voz de Dolores resonó dentro del colmado. – Ahora mismo voy al almacén para traérselo -.
Francisca se quedó sola dentro de la pequeña tienda. De no haber sido porque necesitaba recoger aquel mandado, ni siquiera habría salido de la Casona. El recuerdo del momento que vivió ayer mismo con Raimundo había conseguido mantenerla despierta toda la noche. Estaba furiosa consigo misma por haberse permitido soñar de nuevo con una vida junto a él. Y todo por el simple contacto de sus labios con los suyos. A lo largo de aquella noche había estado sumida en una vorágine de sentimientos. Desde la furia por el ataque verbal de Raimundo, hasta la alegría y la emoción que sintió por estar entre sus brazos. Y se maldecía por haber olvidado la crudeza de su conversación con Raimundo solo por aquel beso, que aunque efímero, había llevado vida a la sangre que corría por sus venas.
De reojo miró por la puerta del colmado hacia la taberna. Deliberadamente, había querido dar un pequeño rodeo a la plaza, para no tener que pasar cerca de la Casa de Comidas. Se rio de ella misma con nerviosismo. ¡La gran Francisca Montenegro asustada de un posible encuentro con Raimundo Ulloa! Pero lo que era más inquietante, es que no estaba nerviosa por la reacción de él, sino por la suya propia. Volvió a acercarse hasta el mostrador, empezando a impacientarse por la tardanza de Dolores. Estaba deseando recoger el pedido y correr a la seguridad de su casa.
La puerta del colmado se abrió de pronto y ella se giró, empalideciendo al instante al reconocer frente a ella al mismísimo Raimundo.
Cuando hace un momento Emilia le había encargado que le hiciera el favor de acercarse hasta el colmado para comprar unos garbanzos, no pudo imaginar que la causante de la desazón que le acompañaba desde ayer por la tarde, estaría ahí, frente a él, mirándole con temor y algo más que no se paró a pensar. Permanecía quieto, agarrado aún al pomo de la puerta y observándola de igual forma. Pero sobreponiéndose a la impresión de un encuentro para el que todavía no estaba preparado, entró definitivamente en el colmado y cerró la puerta.
- Volvemos a encontrarnos Francisca -. ¿Era posible que estuviera aún más hermosa que el día anterior? Escuchaba el latir de su corazón, golpeándole con violencia dentro del pecho. Escondió las manos en los bolsillos de su pantalón para evitar tomarla otra vez entre ellas y besarla hasta la extenuación.
Francisca se irguió altiva. No iba a permitirse una debilidad semejante a la del día anterior. Aferró con fuerza su pequeño bolso. – No creas que es por gusto Ulloa. De hecho, ni siquiera pensaba verte hoy. Ni nunca más. Pero parece que el azar es caprichoso y me obliga a tenerte ahora mismo frente a mí -.
- El sentimiento es mutuo, no te creas. Tengo tan pocas ganas de verte como tú -. ¿De nuevo estaban discutiendo? ¿Cómo era posible que siempre terminasen de la misma forma? La observó detenidamente. Ambos presentaban un aspecto bastante desmejorado, fruto de una larga noche sin dormir. Después de todo, no había sido el único que no pudo pegar el ojo.

Aquí os dejo otro trocito, que he escrito hace un momento. Después sigo y ya le termino ¿vale?
(ya recibo presiones para continuar hasta por facebook jajajajaja)
Optimismo arriba ¿eh?
2ª PARTE
Se pasó la noche en vela pensando en Francisca. Podía notar todavía en sus labios el calor de los de ella, su sabor, su suavidad. En numerosas ocasiones había soñado en volver a probar su boca, aunque en circunstancias bien distintas a las que habían acontecido aquella tarde. Se sentía culpable por las duras palabras que le había dedicado, pero Francisca tenía la asombrosa capacidad de sacarle de sus casillas. De lo que no se podía arrepentir, era de ese beso inesperado, que a pesar de haber sido fruto de un arrebato, había vuelto a dar luz sobre la oscuridad que reinaba en su corazón desde que tuvo que separarse de ella.
Dio vueltas y vueltas en la cama hasta que al fin desistió. Resignado a pasar despierto las horas que faltaban hasta el alba, decidió acompañarse de un buen libro. Esos fieles compañeros a los que se agarraba cuando se sentía perdido. Aunque esta vez, no estaba muy seguro de que pudieran calmar la ansiedad que sentía.
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- ¡Por supuesto que hemos recibido su encargo Doña Francisca! -. La engolada voz de Dolores resonó dentro del colmado. – Ahora mismo voy al almacén para traérselo -.
Francisca se quedó sola dentro de la pequeña tienda. De no haber sido porque necesitaba recoger aquel mandado, ni siquiera habría salido de la Casona. El recuerdo del momento que vivió ayer mismo con Raimundo había conseguido mantenerla despierta toda la noche. Estaba furiosa consigo misma por haberse permitido soñar de nuevo con una vida junto a él. Y todo por el simple contacto de sus labios con los suyos. A lo largo de aquella noche había estado sumida en una vorágine de sentimientos. Desde la furia por el ataque verbal de Raimundo, hasta la alegría y la emoción que sintió por estar entre sus brazos. Y se maldecía por haber olvidado la crudeza de su conversación con Raimundo solo por aquel beso, que aunque efímero, había llevado vida a la sangre que corría por sus venas.
De reojo miró por la puerta del colmado hacia la taberna. Deliberadamente, había querido dar un pequeño rodeo a la plaza, para no tener que pasar cerca de la Casa de Comidas. Se rio de ella misma con nerviosismo. ¡La gran Francisca Montenegro asustada de un posible encuentro con Raimundo Ulloa! Pero lo que era más inquietante, es que no estaba nerviosa por la reacción de él, sino por la suya propia. Volvió a acercarse hasta el mostrador, empezando a impacientarse por la tardanza de Dolores. Estaba deseando recoger el pedido y correr a la seguridad de su casa.
La puerta del colmado se abrió de pronto y ella se giró, empalideciendo al instante al reconocer frente a ella al mismísimo Raimundo.
Cuando hace un momento Emilia le había encargado que le hiciera el favor de acercarse hasta el colmado para comprar unos garbanzos, no pudo imaginar que la causante de la desazón que le acompañaba desde ayer por la tarde, estaría ahí, frente a él, mirándole con temor y algo más que no se paró a pensar. Permanecía quieto, agarrado aún al pomo de la puerta y observándola de igual forma. Pero sobreponiéndose a la impresión de un encuentro para el que todavía no estaba preparado, entró definitivamente en el colmado y cerró la puerta.
- Volvemos a encontrarnos Francisca -. ¿Era posible que estuviera aún más hermosa que el día anterior? Escuchaba el latir de su corazón, golpeándole con violencia dentro del pecho. Escondió las manos en los bolsillos de su pantalón para evitar tomarla otra vez entre ellas y besarla hasta la extenuación.
Francisca se irguió altiva. No iba a permitirse una debilidad semejante a la del día anterior. Aferró con fuerza su pequeño bolso. – No creas que es por gusto Ulloa. De hecho, ni siquiera pensaba verte hoy. Ni nunca más. Pero parece que el azar es caprichoso y me obliga a tenerte ahora mismo frente a mí -.
- El sentimiento es mutuo, no te creas. Tengo tan pocas ganas de verte como tú -. ¿De nuevo estaban discutiendo? ¿Cómo era posible que siempre terminasen de la misma forma? La observó detenidamente. Ambos presentaban un aspecto bastante desmejorado, fruto de una larga noche sin dormir. Después de todo, no había sido el único que no pudo pegar el ojo.
#4451
27/11/2011 12:34
- Por una vez entonces estamos los dos de acuerdo -. Francisca le miró desafiante aunque no pudo evitar ligero temblor que no pasó desapercibido para Raimundo. Volvió a sentirse culpable por estar batallando continuamente contra ella. Estaba claro que el beso de ayer le había afectado en demasía, al igual que a él. Quizá había llegado el momento de disculparse.
- Francisca…-. Raimundo suavizó su tono y trató de acercarse, pero se quedó a medio camino cuando vio que ella retrocedía azorada.
- Será mejor que me vaya y vuelva en otro momento -.visiblemente nerviosa, trató de escapar del colmado. Estar cerca de Raimundo siempre había sido una tortura para ella, pero desde ayer, esa tortura se había vuelto insoportable. Por eso, cuando le había visto que se acercaba a ella solo pensó en marcharse, en huir, debido al temor a sucumbir a esa pasión que le abrasaba el cuerpo cuando le sentía cerca.
Trató de esquivarle, pero él la tomó de la muñeca con suavidad. – Espera…-. Musitó Raimundo.
Francisca se revolvió queriendo soltarse de su agarre, pero todos sus movimientos la llevaron a acercarse aún más a Raimundo, que la sintió de nuevo contra su pecho. Todavía seguía sujetando su mano y no pudo impedir que sus dedos comenzaran a acariciarla, dibujando pequeños círculos alrededor del nacimiento de su pulso. De nuevo, y en un corto espacio de tiempo, estaban demasiado cerca, y Raimundo la sintió temblar bajo su toque. ¿Qué les estaba pasando? Durante todos estos años se habían encontrado infinidad de veces, y en apenas unas horas, todo había cambiado. Era como si no tuvieran control sobre ellos y sintieran la necesidad de tocarse. ¿Por qué la había detenido esta vez cuando ella quiso marcharse? Todo hubiera sido más fácil. Pero no. No pudo dejarle marchar. En su fuero interno, anhelaba volver a besarla, igual que ayer.
Francisca notaba el aliento de Raimundo en su rostro, y esas torturadoras caricias estaban derrumbando el débil muro que había conseguido levantar durante la noche pasada. No contaba con esto, con volver a estar en esa situación tan parecida a la de ayer tarde. Miró sus labios con ansia, deseando volver a morir en ellos. ¡Estaban tan cerca…! casi podía percibir su calor. Alzó los ojos y sintió sobre ella la abrasadora mirada de Raimundo, cargada de deseo. Y sin tener ya el valor para impedirlo, acortó los pocos centímetros que separaban sus bocas y atrapó entre sus dientes el labio inferior de Raimundo, que emitió un leve jadeo antes de aferrarla por la cintura y responder a su beso.
La arrinconó contra el mostrador del colmado y devoró su boca como si fuera el más dulce manjar. Francisca le respondía con igual ímpetu, agarrándose a su chaqueta y atrayéndole cada vez más hacia ella, sin que hubiera el más mínimo espacio entre ellos.
- Siento la tardanza Doña Francisca -. Oyeron en la lejanía la voz de Dolores que se dirigía hasta donde ellos estaban. Se separaron como si el simple contacto les quemara las manos. Francisca volvió a mirar a Raimundo con esa mezcla de incredulidad y culpa. Él estaba tan turbado como ella, sin encontrar una explicación a esa repentina necesidad que tenían de tocarse, de besarse.
Rápidamente, pusieron distancia de por medio justo en el instante en que Dolores apareció frente a ellos.
- ¡Hombre Raimundo, usted por aquí! -. Observó a ambos notando la tensión que existía en el ambiente, seguramente ocasionada por alguna de sus ya conocidas disputas.
- Yo… tengo que marcharme -. Francisca se dirigió hasta la puerta. – Más tarde enviaré a Mauricio para que venga a por el paquete -. No fue capaz de mirar a los ojos a Raimundo. Si así lo hiciera, sus sentimientos la delatarían. Y en ese mismo momento se sentía terriblemente avergonzada por su actitud. – Con Dios -.
Dolores estaba sorprendida. Parecía como si la Doña hubiera querido escapar de allí. Miró de reojo a Raimundo, que mantenía la cabeza ligeramente agachada. Todo indicaba que la pelea de hoy había sido de las grandes para haberles dejado a los dos tan turbados.
- Bueno, pues volveré a llevar el paquete al almacén…-. Suspiró resignada. – Pero antes le atenderé a usted, Raimundo. ¿Qué es lo que deseaba? Mire que hoy tengo unos pimientos que… -.
- Volveré más tarde yo también Dolores -. Y sin mayor dilación, abrió la puerta del colmado dirigiéndose hasta la taberna, sin detenerse a hablar con ningún parroquiano.
Dolores estaba atónita ante lo que le había tocado presenciar. – Desde luego, con clientes así difícilmente mantendremos el negocio… -. Recogió el paquete de Doña Francisca y se dirigió refunfuñando otra vez hasta el almacén.
(continuo después...)
- Francisca…-. Raimundo suavizó su tono y trató de acercarse, pero se quedó a medio camino cuando vio que ella retrocedía azorada.
- Será mejor que me vaya y vuelva en otro momento -.visiblemente nerviosa, trató de escapar del colmado. Estar cerca de Raimundo siempre había sido una tortura para ella, pero desde ayer, esa tortura se había vuelto insoportable. Por eso, cuando le había visto que se acercaba a ella solo pensó en marcharse, en huir, debido al temor a sucumbir a esa pasión que le abrasaba el cuerpo cuando le sentía cerca.
Trató de esquivarle, pero él la tomó de la muñeca con suavidad. – Espera…-. Musitó Raimundo.
Francisca se revolvió queriendo soltarse de su agarre, pero todos sus movimientos la llevaron a acercarse aún más a Raimundo, que la sintió de nuevo contra su pecho. Todavía seguía sujetando su mano y no pudo impedir que sus dedos comenzaran a acariciarla, dibujando pequeños círculos alrededor del nacimiento de su pulso. De nuevo, y en un corto espacio de tiempo, estaban demasiado cerca, y Raimundo la sintió temblar bajo su toque. ¿Qué les estaba pasando? Durante todos estos años se habían encontrado infinidad de veces, y en apenas unas horas, todo había cambiado. Era como si no tuvieran control sobre ellos y sintieran la necesidad de tocarse. ¿Por qué la había detenido esta vez cuando ella quiso marcharse? Todo hubiera sido más fácil. Pero no. No pudo dejarle marchar. En su fuero interno, anhelaba volver a besarla, igual que ayer.
Francisca notaba el aliento de Raimundo en su rostro, y esas torturadoras caricias estaban derrumbando el débil muro que había conseguido levantar durante la noche pasada. No contaba con esto, con volver a estar en esa situación tan parecida a la de ayer tarde. Miró sus labios con ansia, deseando volver a morir en ellos. ¡Estaban tan cerca…! casi podía percibir su calor. Alzó los ojos y sintió sobre ella la abrasadora mirada de Raimundo, cargada de deseo. Y sin tener ya el valor para impedirlo, acortó los pocos centímetros que separaban sus bocas y atrapó entre sus dientes el labio inferior de Raimundo, que emitió un leve jadeo antes de aferrarla por la cintura y responder a su beso.
La arrinconó contra el mostrador del colmado y devoró su boca como si fuera el más dulce manjar. Francisca le respondía con igual ímpetu, agarrándose a su chaqueta y atrayéndole cada vez más hacia ella, sin que hubiera el más mínimo espacio entre ellos.
- Siento la tardanza Doña Francisca -. Oyeron en la lejanía la voz de Dolores que se dirigía hasta donde ellos estaban. Se separaron como si el simple contacto les quemara las manos. Francisca volvió a mirar a Raimundo con esa mezcla de incredulidad y culpa. Él estaba tan turbado como ella, sin encontrar una explicación a esa repentina necesidad que tenían de tocarse, de besarse.
Rápidamente, pusieron distancia de por medio justo en el instante en que Dolores apareció frente a ellos.
- ¡Hombre Raimundo, usted por aquí! -. Observó a ambos notando la tensión que existía en el ambiente, seguramente ocasionada por alguna de sus ya conocidas disputas.
- Yo… tengo que marcharme -. Francisca se dirigió hasta la puerta. – Más tarde enviaré a Mauricio para que venga a por el paquete -. No fue capaz de mirar a los ojos a Raimundo. Si así lo hiciera, sus sentimientos la delatarían. Y en ese mismo momento se sentía terriblemente avergonzada por su actitud. – Con Dios -.
Dolores estaba sorprendida. Parecía como si la Doña hubiera querido escapar de allí. Miró de reojo a Raimundo, que mantenía la cabeza ligeramente agachada. Todo indicaba que la pelea de hoy había sido de las grandes para haberles dejado a los dos tan turbados.
- Bueno, pues volveré a llevar el paquete al almacén…-. Suspiró resignada. – Pero antes le atenderé a usted, Raimundo. ¿Qué es lo que deseaba? Mire que hoy tengo unos pimientos que… -.
- Volveré más tarde yo también Dolores -. Y sin mayor dilación, abrió la puerta del colmado dirigiéndose hasta la taberna, sin detenerse a hablar con ningún parroquiano.
Dolores estaba atónita ante lo que le había tocado presenciar. – Desde luego, con clientes así difícilmente mantendremos el negocio… -. Recogió el paquete de Doña Francisca y se dirigió refunfuñando otra vez hasta el almacén.
(continuo después...)
#4452
27/11/2011 12:53
Ruth, cariño que habilidad para escribir cosas maravillosas. Has dejado la continuación justo cuando me iba y no podia marcharme sin leerla :)
Me encanta esta turbación que los dos sienten, estan arrepentidos pero a la vez siguen teniendo ganas de besarse, tocarse, abrazarse... y lo que viene despues. Lo has reflejado super bien y no he podido evitar imaginarme a los dos ahi en el colmado dandose el lote del siglo jaja.
Espero que cuando vuelva hayas colgado el final.
Me voy que como siempre termino llegando tarde
Un beso a todas.
Me encanta esta turbación que los dos sienten, estan arrepentidos pero a la vez siguen teniendo ganas de besarse, tocarse, abrazarse... y lo que viene despues. Lo has reflejado super bien y no he podido evitar imaginarme a los dos ahi en el colmado dandose el lote del siglo jaja.
Espero que cuando vuelva hayas colgado el final.
Me voy que como siempre termino llegando tarde
Un beso a todas.
#4453
27/11/2011 14:58
Ruth... voy a terminar por comenzar a leer tus relatos cuando lea la palabra fin porque mujer me dejas con una desazón de quedarme a mitad en medio de semejante mar de sentimientos que... Pero como adoro tus relatos!!! Son una pasada.
De mi encargo, tú con tranquilidad y calma y cuando tengas un ratito. Pero ver esa escena que hablamos escrita por ti va a ser una pasada
Ayer no me pasé por aquí porque he enganchado a una amiga a la serie y nos pimplamos unos cuantos capítulos juntas (como yo tampoco he visto los primeros...) Estoy conduciéndola a disfrutar la maravillosa historia de Raimundo y Francisca, lo mejorcito de PV.
Y como no, la mujer ha visto 8 capítulos y ya se barrunta lo de Tristán hijo de Raimundo... Si es que estaba cantado desde el principio!!!
De mi encargo, tú con tranquilidad y calma y cuando tengas un ratito. Pero ver esa escena que hablamos escrita por ti va a ser una pasada

Ayer no me pasé por aquí porque he enganchado a una amiga a la serie y nos pimplamos unos cuantos capítulos juntas (como yo tampoco he visto los primeros...) Estoy conduciéndola a disfrutar la maravillosa historia de Raimundo y Francisca, lo mejorcito de PV.
Y como no, la mujer ha visto 8 capítulos y ya se barrunta lo de Tristán hijo de Raimundo... Si es que estaba cantado desde el principio!!!
#4454
27/11/2011 15:33
chicas,lo siento!! si preferís no os pongo un mini relato hasta que no le tenga terminado...lo que prefirais. De todas formas,mi idea era haber terminado este anoche,pero al final no pude.
En fin,aquí va la 3ª PARTE Y FINAL. Que os guste
Francisca caminaba sin rumbo fijo, no tenía un destino definido más que salir huyendo del pueblo y alejarse lo más posible de Raimundo. ¡Pero en qué demonios estaba pensando para lanzarse a sus brazos sin ningún tipo de pudor! Y encima en un lugar donde cualquiera podría haberles sorprendido. ¿Y entonces qué? ¿Qué sinfín de explicaciones tendría que dar? ¿Dónde había quedado su control y esa férrea fuerza de voluntad que le había permitido mantener las distancias con Raimundo todo estos años? Estaba furiosa con él. ¿Cómo se había atrevido a besarla… ¡otra vez!? Te recuerdo que en esta ocasión, has sido tú la que le has besado Francisca . Si pudiera, haría callar a esa condenada voz interior, asfixiándola con sus propias manos.
Alzó la mirada y se dio cuenta de que estaba cerca del río y bastante alejada de su casa. Tan aturdida y ensimismada iba en sus cosas, que no había prestado atención a dónde le habían llevado sus pasos. Tal vez era mejor. Respirar un poco de aire fresco y tratar de ordenar sus ideas, antes de regresar a casa. Se quitó el sombrero y lo dejó junto a su bolso, al pie de uno de los grandes árboles que crecían al lado de la ribera. Tomó aire, llenando sus pulmones, y lo dejó salir en lentas bocanadas, calmando un poco la inquietud que sentía.
Comenzaba a refrescar, pero no quería marcharse aún. Tenía el cuerpo ardiendo por el beso que le había dado a Raimundo. Llevó sus dedos hasta los labios, rozándolos levemente y notando un pequeño cosquilleo en ellos. Estaban intensamente sensibles y emitió un jadeo son el simple toque de su mano.
No podía seguir así. Si volviera a repetirse otro encuentro con él como los dos últimos, estaba segura que desfallecería y terminaría por confesarle lo mucho que le amaba todavía. Sería capaz de humillarse ante él para recoger aunque fueran las simples migajas de amor que Raimundo quisiera darle. Así de enamorada estaba de él. Amargas lágrimas descendían ya por su rostro sin que pudiera dominarlas. Trataría de hacer lo posible para no volver a ver jamás a Raimundo Ulloa.
******************************
Raimundo estaba visiblemente alterado y Emilia se dio cuenta de ello. Pero conocedora del carácter reservado de su padre, decidió no preguntarle el motivo por el cual había regresado tan agitado del colmado. A sus oídos empezaron a llegar malintencionados rumores de que Doña Francisca y él habían tenido un desafortunado encuentro en la tienda.
Mientras llenaba unas jarras de vino, observó el aspecto cansado y triste que tenía hoy Raimundo, que trataba de esforzarse en mostrar una sonrisa a Don Anselmo, mientras le servía un vaso de vino en una de las mesas. Sin poder soportarlo más, Emilia salió de detrás de la barra acercándose a los dos hombres.
- Don Anselmo, aquí le traigo un poco de chorizo para acompañar a ese chato de vino que le acaba de servir mi padre -. Dejó el plato en la mesa, sonriendo al cura. – Padre, ¿puedo hablar un momento con usted? -.
Raimundo la miró extrañado mientras se alejaba con ella unos pasos para poder escuchar aquello que quería decirle. - ¿Qué es lo que ocurre Emilia? -.
- Eso mismo es lo que me gustaría a mí saber, padre. ¿Qué es lo que ocurre? -. Le miró compasiva. – Pero no voy a preguntarle. ¿Por qué no sale a dar un paseo, despeja su mente y cambia su estado de ánimo? -. Comenzó a quitarle el delantal a medida que le hablaba. – Venga, lo necesita. Yo me quedo a cargo de todo, no se preocupe -.
Raimundo sonrió con ternura a su hija. - ¿Qué haría yo sin ti, mi niña? -.
Emilia agarró su rostro con una mano, estampándole un sonoro beso en la mejilla. - ¡Nada padre! ¿O es que todavía lo duda? -.
Tomó su chaqueta, y despidiéndose de su hija, salió de la Casa de Comidas dispuesto a dar un largo paseo. Resultaba asombroso como Emilia se había dado cuenta enseguida de que no tenía la cabeza puesta en lo que debía. Desde ayer se sentía como una persona diferente a la que siempre había sido. Andaba nervioso, inquieto. En tres palabras: en las nubes. Ahí estaba desde que había vuelto a tener a Francisca entre sus brazos. No sabía cómo era posible que ocurriera, pero el caso es que había ocurrido. Ninguno de los dos lo había planeado y estaba convencido de que ella se encontraba tan perturbada como él. Por si no habían sufrido bastante todos estos años, ahora se sumaba este nuevo contratiempo. Y no sabía cómo afrontarlo.
Caminó, dejando que sus pasos le guiasen hasta un lugar tranquilo en el que pudiera poner orden en su mente y en su corazón. Pero la fortuna o el destino, al que le encantaba jugar con las vidas ajenas, le tenía preparada una nueva sorpresa.
A unos metros de él, junto al río, Francisca se dejaba caer sobre sus rodillas presa de un intenso llanto. Tras varios minutos observándola en la lejanía, convino que era mejor alejarse en silencio. Se sentía como un intruso. Un espectador no invitado a ese momento de soledad que Francisca había buscado para poder descargar el peso de su corazón. Y a pesar de que deseaba no ser el causante de su pesar, sabía con seguridad que él mismo había provocado ese llanto. Se dio la vuelta, intentado no hacer ningún ruido que delatara su presencia, pero una pequeña ramita que había en el suelo, se hizo oír sonoramente después de que él la pisara sin querer.
Francisca levantó la cabeza y se giró, presintiendo como empequeñecía ante los ojos de Raimundo. Se sentía totalmente ridícula y desprotegida, ahí arrodillada en la suave hierba, con los ojos anegados en lágrimas, mientras Raimundo se empeñaba en seguir atormentándola. Con el porte de una reina, se levantó lo más dignamente que pudo y recogió todas sus cosas. Sin pronunciar una sola palabra, empezó a caminar de regreso a su casa. Sin embargo, se detuvo tan solo unos segundos después. Debía hacer algo. Retrocedió de nuevo hasta acercarse lentamente a Raimundo.
En fin,aquí va la 3ª PARTE Y FINAL. Que os guste

Francisca caminaba sin rumbo fijo, no tenía un destino definido más que salir huyendo del pueblo y alejarse lo más posible de Raimundo. ¡Pero en qué demonios estaba pensando para lanzarse a sus brazos sin ningún tipo de pudor! Y encima en un lugar donde cualquiera podría haberles sorprendido. ¿Y entonces qué? ¿Qué sinfín de explicaciones tendría que dar? ¿Dónde había quedado su control y esa férrea fuerza de voluntad que le había permitido mantener las distancias con Raimundo todo estos años? Estaba furiosa con él. ¿Cómo se había atrevido a besarla… ¡otra vez!? Te recuerdo que en esta ocasión, has sido tú la que le has besado Francisca . Si pudiera, haría callar a esa condenada voz interior, asfixiándola con sus propias manos.
Alzó la mirada y se dio cuenta de que estaba cerca del río y bastante alejada de su casa. Tan aturdida y ensimismada iba en sus cosas, que no había prestado atención a dónde le habían llevado sus pasos. Tal vez era mejor. Respirar un poco de aire fresco y tratar de ordenar sus ideas, antes de regresar a casa. Se quitó el sombrero y lo dejó junto a su bolso, al pie de uno de los grandes árboles que crecían al lado de la ribera. Tomó aire, llenando sus pulmones, y lo dejó salir en lentas bocanadas, calmando un poco la inquietud que sentía.
Comenzaba a refrescar, pero no quería marcharse aún. Tenía el cuerpo ardiendo por el beso que le había dado a Raimundo. Llevó sus dedos hasta los labios, rozándolos levemente y notando un pequeño cosquilleo en ellos. Estaban intensamente sensibles y emitió un jadeo son el simple toque de su mano.
No podía seguir así. Si volviera a repetirse otro encuentro con él como los dos últimos, estaba segura que desfallecería y terminaría por confesarle lo mucho que le amaba todavía. Sería capaz de humillarse ante él para recoger aunque fueran las simples migajas de amor que Raimundo quisiera darle. Así de enamorada estaba de él. Amargas lágrimas descendían ya por su rostro sin que pudiera dominarlas. Trataría de hacer lo posible para no volver a ver jamás a Raimundo Ulloa.
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Raimundo estaba visiblemente alterado y Emilia se dio cuenta de ello. Pero conocedora del carácter reservado de su padre, decidió no preguntarle el motivo por el cual había regresado tan agitado del colmado. A sus oídos empezaron a llegar malintencionados rumores de que Doña Francisca y él habían tenido un desafortunado encuentro en la tienda.
Mientras llenaba unas jarras de vino, observó el aspecto cansado y triste que tenía hoy Raimundo, que trataba de esforzarse en mostrar una sonrisa a Don Anselmo, mientras le servía un vaso de vino en una de las mesas. Sin poder soportarlo más, Emilia salió de detrás de la barra acercándose a los dos hombres.
- Don Anselmo, aquí le traigo un poco de chorizo para acompañar a ese chato de vino que le acaba de servir mi padre -. Dejó el plato en la mesa, sonriendo al cura. – Padre, ¿puedo hablar un momento con usted? -.
Raimundo la miró extrañado mientras se alejaba con ella unos pasos para poder escuchar aquello que quería decirle. - ¿Qué es lo que ocurre Emilia? -.
- Eso mismo es lo que me gustaría a mí saber, padre. ¿Qué es lo que ocurre? -. Le miró compasiva. – Pero no voy a preguntarle. ¿Por qué no sale a dar un paseo, despeja su mente y cambia su estado de ánimo? -. Comenzó a quitarle el delantal a medida que le hablaba. – Venga, lo necesita. Yo me quedo a cargo de todo, no se preocupe -.
Raimundo sonrió con ternura a su hija. - ¿Qué haría yo sin ti, mi niña? -.
Emilia agarró su rostro con una mano, estampándole un sonoro beso en la mejilla. - ¡Nada padre! ¿O es que todavía lo duda? -.
Tomó su chaqueta, y despidiéndose de su hija, salió de la Casa de Comidas dispuesto a dar un largo paseo. Resultaba asombroso como Emilia se había dado cuenta enseguida de que no tenía la cabeza puesta en lo que debía. Desde ayer se sentía como una persona diferente a la que siempre había sido. Andaba nervioso, inquieto. En tres palabras: en las nubes. Ahí estaba desde que había vuelto a tener a Francisca entre sus brazos. No sabía cómo era posible que ocurriera, pero el caso es que había ocurrido. Ninguno de los dos lo había planeado y estaba convencido de que ella se encontraba tan perturbada como él. Por si no habían sufrido bastante todos estos años, ahora se sumaba este nuevo contratiempo. Y no sabía cómo afrontarlo.
Caminó, dejando que sus pasos le guiasen hasta un lugar tranquilo en el que pudiera poner orden en su mente y en su corazón. Pero la fortuna o el destino, al que le encantaba jugar con las vidas ajenas, le tenía preparada una nueva sorpresa.
A unos metros de él, junto al río, Francisca se dejaba caer sobre sus rodillas presa de un intenso llanto. Tras varios minutos observándola en la lejanía, convino que era mejor alejarse en silencio. Se sentía como un intruso. Un espectador no invitado a ese momento de soledad que Francisca había buscado para poder descargar el peso de su corazón. Y a pesar de que deseaba no ser el causante de su pesar, sabía con seguridad que él mismo había provocado ese llanto. Se dio la vuelta, intentado no hacer ningún ruido que delatara su presencia, pero una pequeña ramita que había en el suelo, se hizo oír sonoramente después de que él la pisara sin querer.
Francisca levantó la cabeza y se giró, presintiendo como empequeñecía ante los ojos de Raimundo. Se sentía totalmente ridícula y desprotegida, ahí arrodillada en la suave hierba, con los ojos anegados en lágrimas, mientras Raimundo se empeñaba en seguir atormentándola. Con el porte de una reina, se levantó lo más dignamente que pudo y recogió todas sus cosas. Sin pronunciar una sola palabra, empezó a caminar de regreso a su casa. Sin embargo, se detuvo tan solo unos segundos después. Debía hacer algo. Retrocedió de nuevo hasta acercarse lentamente a Raimundo.
#4455
27/11/2011 15:36
- Esto se acabó Raimundo. No podemos… no puedo seguir así -. Cerró los ojos un instante, cargando de fuerza su espíritu, para volver a abrirlos a continuación. – Tú y yo no podemos volver a vernos jamás -. Se estaba rompiendo por dentro, pero sabía que era lo mejor. No podía soportar estar tan cerca de él, sin tener ningún tipo de control sobre sus actos. No era justo, ni para ella… ni para él.
Raimundo no podía creer lo que ella le estaba diciendo. Le tocaría vivir todo lo que le restara de existencia, como si ella nunca hubiera estado presente en él. Como si el amor que aún le profesaba hubiera sido una quimera. Quizá era lo mejor. Esta nueva situación terminaría por acabar con ellos. Dejó escapar el aire que había estado conteniendo.
- Supongo que es lo mejor para los dos. Así al menos, dejaríamos de hacernos tanto daño -. Se obligó a decir aquellas palabras por el bien de ella. Veía cómo estaba sufriendo de nuevo por su culpa, y eso era algo que no podría soportar.
Francisca tragó saliva, quedándose en silencio unos minutos para poder grabar ese último encuentro en su mente. Alzó su mano con la intención de tocarle, pero la detuvo en el aire.
– Adiós Raimundo… -.
Pero no le dio tiempo a alejarse demasiado. Antes de que pudiera siquiera reaccionar, se encontró abrazada al cuerpo de Raimundo, que la retenía a su lado aspirando el perfume de su cabello.
- Sé que no debemos permitírnoslo pero estoy cansado de tener que estar luchando día tras día contra el deseo de correr a tu lado y estrecharte entre mis brazos -. Raimundo le susurró estas palabras tan cerca de su oído, que un intenso estremecimiento le recorrió de arriba a abajo. Él siguió hablando. – No sé si mañana volveremos a estar distanciados, o peleando, o hiriéndonos con nuestras duras palabras -. La separó de él, sujetándola por la cintura para así poder mirarle a los ojos. – Pero ahora mismo no tengo la valentía de dejarte marchar -.
Y con toda la dulzura que tenía reservada solo para ella, acarició su rostro con veneración, antes de apoderarse de sus labios con suma maestría, obligándola a abrir la boca para poder invadirla después con su lengua. Francisca, que no había tenido oportunidad de oponer ningún tipo de resistencia, se rindió al amor que sentía por Raimundo desde que podía recordar. Entrelazó sus brazos alrededor de su cuello, y enredó su lengua con la de él, sintiendo que estaba de nuevo en su hogar.
Pasaron varios minutos en los que no pudieron dejar de besarse. Era demasiado grande el hambre que tenían uno del otro. Y por más que se devoraban una y otra vez, eran incapaces de saciarse. Lentamente, fueron dejándose caer en la hierba, rodando por ella sin dejar de besarse hasta que Raimundo se posicionó sobre ella, atrapándola bajo su peso. Se miraron a los ojos, sumidos en un mar de caricias. Esa noche, el mundo era su hogar y el cielo estrellado, el techo inalcanzable que contenía su amor.
Con tranquilidad, se fueron librando una a una de todas las prendas que cubrían sus cuerpos hasta que estuvieron libres de cualquier barrera que impedía a sus manos tocarse. Por fin, los besos y las caricias dejaron paso a la pasión, que se había despertado en ellos arrasándoles como si de un huracán se tratara.
- Siénteme Francisca. Siénteme igual que yo te siento a ti -. Raimundo se fue introduciendo con suma delicadeza en ella, aguantando las ganas de poseerla con toda la potencia de su pasión. Pero no tuvo en cuenta de que Francisca tenía la misma pasión arrolladora que él y le instó a que la tomara con fuerza, haciéndole perder el poco control que le quedaba.
Se amaron con la violencia de un amor que había seguido vivo en ellos a lo largo de los años, y del que estaban seguros que jamás moriría, incluso a pesar de ellos mismos. Prolongaron el placer tanto como les fue posible, hasta que el éxtasis invadió sus cuerpos, arrancándoles de los labios el nombre del otro.
Rendidos y exhaustos, se aferraron el uno al otro sin decir ninguna palabra que pudiera estropear el dulce momento que habían compartido. Raimundo les cubrió a ambos con su chaqueta y se quedaron dormidos, abrazados, mientras la noche iba cayendo sobre ellos.
Pasaron cerca de dos horas hasta que Francisca abrió los ojos y se descubrió recostada sobre el pecho desnudo de Raimundo. Una lágrima que no sabía definir si era de felicidad o no, se deslizó por su mejilla. Con cuidado de no despertarle, se incorporó sintiendo que de nuevo le había entregado su corazón. Cuando se hubo vestido, se acercó hasta él, rozando con sus labios, los de Raimundo.
- Te quiero… -. Le susurró antes de desaparecer camino de la Casona. Esa noche, se había permitido la última licencia con Raimundo.
Notó el frio sobre su piel y antes de abrir los ojos, supo que Francisca ya no estaba a su lado. Se irguió hasta quedar sentado, apoyando los brazos sobre sus rodillas. De no ser porque aún percibía el dulce olor de ella en su piel, pensaría que todo había sido un sueño. Suspiró alzando sus ojos al cielo antes de terminar de incorporarse para vestirse de nuevo.
Desconocía qué pasaría con ellos dos a partir de ahora. Pero temía que aunque se habían prometido no volver a verse, el amor que se tenían no permitiría mantenerles alejados demasiado tiempo. Miró hacia la dirección por la que Francisca seguramente se habría marchado. Solo le quedaba esperar.
FIN!!!
Espero que te haya gustado miri!
y al resto igual jeje pero es que ella fue quien me lo pidió
Raimundo no podía creer lo que ella le estaba diciendo. Le tocaría vivir todo lo que le restara de existencia, como si ella nunca hubiera estado presente en él. Como si el amor que aún le profesaba hubiera sido una quimera. Quizá era lo mejor. Esta nueva situación terminaría por acabar con ellos. Dejó escapar el aire que había estado conteniendo.
- Supongo que es lo mejor para los dos. Así al menos, dejaríamos de hacernos tanto daño -. Se obligó a decir aquellas palabras por el bien de ella. Veía cómo estaba sufriendo de nuevo por su culpa, y eso era algo que no podría soportar.
Francisca tragó saliva, quedándose en silencio unos minutos para poder grabar ese último encuentro en su mente. Alzó su mano con la intención de tocarle, pero la detuvo en el aire.
– Adiós Raimundo… -.
Pero no le dio tiempo a alejarse demasiado. Antes de que pudiera siquiera reaccionar, se encontró abrazada al cuerpo de Raimundo, que la retenía a su lado aspirando el perfume de su cabello.
- Sé que no debemos permitírnoslo pero estoy cansado de tener que estar luchando día tras día contra el deseo de correr a tu lado y estrecharte entre mis brazos -. Raimundo le susurró estas palabras tan cerca de su oído, que un intenso estremecimiento le recorrió de arriba a abajo. Él siguió hablando. – No sé si mañana volveremos a estar distanciados, o peleando, o hiriéndonos con nuestras duras palabras -. La separó de él, sujetándola por la cintura para así poder mirarle a los ojos. – Pero ahora mismo no tengo la valentía de dejarte marchar -.
Y con toda la dulzura que tenía reservada solo para ella, acarició su rostro con veneración, antes de apoderarse de sus labios con suma maestría, obligándola a abrir la boca para poder invadirla después con su lengua. Francisca, que no había tenido oportunidad de oponer ningún tipo de resistencia, se rindió al amor que sentía por Raimundo desde que podía recordar. Entrelazó sus brazos alrededor de su cuello, y enredó su lengua con la de él, sintiendo que estaba de nuevo en su hogar.
Pasaron varios minutos en los que no pudieron dejar de besarse. Era demasiado grande el hambre que tenían uno del otro. Y por más que se devoraban una y otra vez, eran incapaces de saciarse. Lentamente, fueron dejándose caer en la hierba, rodando por ella sin dejar de besarse hasta que Raimundo se posicionó sobre ella, atrapándola bajo su peso. Se miraron a los ojos, sumidos en un mar de caricias. Esa noche, el mundo era su hogar y el cielo estrellado, el techo inalcanzable que contenía su amor.
Con tranquilidad, se fueron librando una a una de todas las prendas que cubrían sus cuerpos hasta que estuvieron libres de cualquier barrera que impedía a sus manos tocarse. Por fin, los besos y las caricias dejaron paso a la pasión, que se había despertado en ellos arrasándoles como si de un huracán se tratara.
- Siénteme Francisca. Siénteme igual que yo te siento a ti -. Raimundo se fue introduciendo con suma delicadeza en ella, aguantando las ganas de poseerla con toda la potencia de su pasión. Pero no tuvo en cuenta de que Francisca tenía la misma pasión arrolladora que él y le instó a que la tomara con fuerza, haciéndole perder el poco control que le quedaba.
Se amaron con la violencia de un amor que había seguido vivo en ellos a lo largo de los años, y del que estaban seguros que jamás moriría, incluso a pesar de ellos mismos. Prolongaron el placer tanto como les fue posible, hasta que el éxtasis invadió sus cuerpos, arrancándoles de los labios el nombre del otro.
Rendidos y exhaustos, se aferraron el uno al otro sin decir ninguna palabra que pudiera estropear el dulce momento que habían compartido. Raimundo les cubrió a ambos con su chaqueta y se quedaron dormidos, abrazados, mientras la noche iba cayendo sobre ellos.
Pasaron cerca de dos horas hasta que Francisca abrió los ojos y se descubrió recostada sobre el pecho desnudo de Raimundo. Una lágrima que no sabía definir si era de felicidad o no, se deslizó por su mejilla. Con cuidado de no despertarle, se incorporó sintiendo que de nuevo le había entregado su corazón. Cuando se hubo vestido, se acercó hasta él, rozando con sus labios, los de Raimundo.
- Te quiero… -. Le susurró antes de desaparecer camino de la Casona. Esa noche, se había permitido la última licencia con Raimundo.
Notó el frio sobre su piel y antes de abrir los ojos, supo que Francisca ya no estaba a su lado. Se irguió hasta quedar sentado, apoyando los brazos sobre sus rodillas. De no ser porque aún percibía el dulce olor de ella en su piel, pensaría que todo había sido un sueño. Suspiró alzando sus ojos al cielo antes de terminar de incorporarse para vestirse de nuevo.
Desconocía qué pasaría con ellos dos a partir de ahora. Pero temía que aunque se habían prometido no volver a verse, el amor que se tenían no permitiría mantenerles alejados demasiado tiempo. Miró hacia la dirección por la que Francisca seguramente se habría marchado. Solo le quedaba esperar.
FIN!!!
Espero que te haya gustado miri!
y al resto igual jeje pero es que ella fue quien me lo pidió
#4456
27/11/2011 16:00
Jo Kera, me tenías ganada pero ese "No podemos seguir así" de Francisca me ha matado. Eres una crack pero... pero... ¿Final? ¿De verdad?

Y no me entiendas mal, que te lo decía en el mejor sentido. Es que son tan bonitos que quedarme a mitad me deja queriendo saber el final. Pero es una maravilla leerlos también de poquito a poquito.

Y no me entiendas mal, que te lo decía en el mejor sentido. Es que son tan bonitos que quedarme a mitad me deja queriendo saber el final. Pero es una maravilla leerlos también de poquito a poquito.
#4457
27/11/2011 16:30
Ohhhhhhhhhh Ruth que bonito, que dulce y que triste...¿de verdad lo vas a terminar así? ¿y si con lo orgullosa que es Francisca no vuelve a Rai?,¿y si llega una zorra como Águeda y se mete en medio?. Por fa reencuentro en mitad del camino de esos tuyos superromanticos que me ponen un nudo en la garganta, no puedo creerme que con lo que se quieren no se vuelvan a ver nunca más, eso sí que los mataría.
#4458
27/11/2011 16:34
No Cris,si a mi me da igual ponerle seguido o no,yo lo que prefiráis vosotras!
En cuanto al Fin,en realidad ellos no van a terminar separados y eso Rai lo sabe.Solo tiene que esperar a que Francisca sea consciente de ello y lo asuma.lo que pasa es que eso no lo he escrito xD
Miri,no me llores que lo escribí para que os animarais después del bajón Águeda
EDITO: vamos que tengo que añadir final feliz no??? Jajaja
Bueno,pues le hago luego que ahora me voy a ver una peli
En cuanto al Fin,en realidad ellos no van a terminar separados y eso Rai lo sabe.Solo tiene que esperar a que Francisca sea consciente de ello y lo asuma.lo que pasa es que eso no lo he escrito xD
Miri,no me llores que lo escribí para que os animarais después del bajón Águeda
EDITO: vamos que tengo que añadir final feliz no??? Jajaja
Bueno,pues le hago luego que ahora me voy a ver una peli
#4459
27/11/2011 19:26
jejeje miri,algo más o menos así me imagino yo que pasaría...¡pero claro! yo no soy guionista de la serie 
Bueno,lo prometido es deuda,así que aquí tenemos nuestro final feliz!
Francisca entró a hurtadillas en la Casona. Seguramente todos estarían en sus habitaciones. Subiría despacio hasta su dormitorio y allí rememoraría una y otra vez el acto de amor que había vivido con Raimundo. Se sintió como cuando era joven y regresaba de madrugada a su casa después de haber estado toda la tarde con él. En esta ocasión, las cosas eran muy distintas a como fueron una vez.
Llegó al primer escalón y escuchó unos sollozos provenientes del salón. Intrigada, fue hacia el origen de los mismos. En el sofá, junto a la ventana, Soledad estaba llorando.
- Hija, ¿qué haces aquí a oscuras? -. Se acercó hasta ella con el ceño fruncido. - ¿Por qué estás llorando? -.
Soledad se volvió sobresaltada al escuchar la voz de su madre a sus espaldas. Limpió sus lágrimas con el dorso de la mano.
- Madre, pensé que ya estaba acostada. Como no bajo a cenar… -. Esquivó la mirada de su madre. Esperaba no tener que darle ninguna explicación sobre la causa de su pena. Ella no le entendería. No comprendería lo que se puede llegar a sufrir por amor.
- Te hice una pregunta Soledad -. Le levantó el mentón, obligándola a mirarla. - ¿A qué vienen esas lágrimas? -. Entrecerró los ojos. - ¿No será por ese destripaterrones de Juan Castañeda verdad? -.
La sola mención del nombre de la persona que aún amaba provocó un nuevo torrente de lágrimas en la joven, que cubrió su rostro con las manos avergonzada.
- No puedo evitarlo madre, por más que trato de arrancarle de mi corazón, este se niega a dejarle marchar -. Soledad la miró con los ojos enrojecidos por el llanto. – Ya no sé qué más puedo hacer. Siento que este amor me consume cada día. Dígame qué hago madre -. La miró suplicante. - ¿Cómo se puede olvidar al amor de tu vida? -.
Las lágrimas de su hija oprimieron su corazón hasta casi reducirle a cenizas. ¿Cómo iba a responderle si ella había soportado esa misma tortura tanto tiempo? A pesar del daño ocasionado por Raimundo, a pesar de los años transcurridos…Nunca consiguió sacarle de su alma, seguía presente en todos y cada uno de los pensamientos que la acompañaban cada día. Y después de lo ocurrido esa misma noche, estaba segura de que jamás podría olvidarle. Ella había sido infeliz toda su vida, sufriendo un matrimonio con un ser despreciable que abusaba de su poder. Miró de pronto horrorizada a su hija, que seguía observándola expectante. ¿Acaso quería esa misma vida para su hija? Se sentó junto a ella y la abrazó.
- Soledad hija… -. Acariciaba su cabello tiernamente. – Una vez alguien me dijo que el amor era antojadizo, que no siempre nos enamorábamos de quien más nos convenía -. La soltó para poder mirarle a los ojos. – Juan Castañeda no te ha traído más que dolor y sufrimiento, y aun así le sigues amando -. Suspiró, mirando un punto fijo, recordando. – Quiero lo mejor para ti Soledad, no quiero que termines como yo. Con una vida vacía e infeliz -. Volvió a dirigir toda su atención a su hija. - Y sé que me arrepentiré de lo que voy a decirte, pero si ese hombre me demuestra que te quiere de verdad, y para ti estar con él es tu felicidad, entonces tenéis mi bendición -.
Soledad no podía creer las palabras que acababa de pronunciar su madre. La miró de reojo, desconfiando de ella.
- Hablo en serio Soledad. Yo no tuve la opción de luchar por mi amor…y ahora es demasiado tarde -. Agachó la cabeza.
Ahora Soledad sí que estaba atónita. E intrigada. - ¿Demasiado tarde? -. Casi no se atrevía a preguntar. Pero estaba viendo en Francisca Montenegro a alguien a quien deseó ver toda su vida. A una madre. - ¿Acaso esa persona que dice amar… ya no la quiere a usted? -.
Francisca no supo que contestar a eso. ¿Raimundo la seguía queriendo? Una parte de ella se negaba a creerlo. Pero desde ayer ya no estaba segura de nada. De lo único que no dudaba era del inmenso amor que ella todavía sentía por él. Miró a Soledad.
- No lo sé hija…no estoy segura -.

Bueno,lo prometido es deuda,así que aquí tenemos nuestro final feliz!
Francisca entró a hurtadillas en la Casona. Seguramente todos estarían en sus habitaciones. Subiría despacio hasta su dormitorio y allí rememoraría una y otra vez el acto de amor que había vivido con Raimundo. Se sintió como cuando era joven y regresaba de madrugada a su casa después de haber estado toda la tarde con él. En esta ocasión, las cosas eran muy distintas a como fueron una vez.
Llegó al primer escalón y escuchó unos sollozos provenientes del salón. Intrigada, fue hacia el origen de los mismos. En el sofá, junto a la ventana, Soledad estaba llorando.
- Hija, ¿qué haces aquí a oscuras? -. Se acercó hasta ella con el ceño fruncido. - ¿Por qué estás llorando? -.
Soledad se volvió sobresaltada al escuchar la voz de su madre a sus espaldas. Limpió sus lágrimas con el dorso de la mano.
- Madre, pensé que ya estaba acostada. Como no bajo a cenar… -. Esquivó la mirada de su madre. Esperaba no tener que darle ninguna explicación sobre la causa de su pena. Ella no le entendería. No comprendería lo que se puede llegar a sufrir por amor.
- Te hice una pregunta Soledad -. Le levantó el mentón, obligándola a mirarla. - ¿A qué vienen esas lágrimas? -. Entrecerró los ojos. - ¿No será por ese destripaterrones de Juan Castañeda verdad? -.
La sola mención del nombre de la persona que aún amaba provocó un nuevo torrente de lágrimas en la joven, que cubrió su rostro con las manos avergonzada.
- No puedo evitarlo madre, por más que trato de arrancarle de mi corazón, este se niega a dejarle marchar -. Soledad la miró con los ojos enrojecidos por el llanto. – Ya no sé qué más puedo hacer. Siento que este amor me consume cada día. Dígame qué hago madre -. La miró suplicante. - ¿Cómo se puede olvidar al amor de tu vida? -.
Las lágrimas de su hija oprimieron su corazón hasta casi reducirle a cenizas. ¿Cómo iba a responderle si ella había soportado esa misma tortura tanto tiempo? A pesar del daño ocasionado por Raimundo, a pesar de los años transcurridos…Nunca consiguió sacarle de su alma, seguía presente en todos y cada uno de los pensamientos que la acompañaban cada día. Y después de lo ocurrido esa misma noche, estaba segura de que jamás podría olvidarle. Ella había sido infeliz toda su vida, sufriendo un matrimonio con un ser despreciable que abusaba de su poder. Miró de pronto horrorizada a su hija, que seguía observándola expectante. ¿Acaso quería esa misma vida para su hija? Se sentó junto a ella y la abrazó.
- Soledad hija… -. Acariciaba su cabello tiernamente. – Una vez alguien me dijo que el amor era antojadizo, que no siempre nos enamorábamos de quien más nos convenía -. La soltó para poder mirarle a los ojos. – Juan Castañeda no te ha traído más que dolor y sufrimiento, y aun así le sigues amando -. Suspiró, mirando un punto fijo, recordando. – Quiero lo mejor para ti Soledad, no quiero que termines como yo. Con una vida vacía e infeliz -. Volvió a dirigir toda su atención a su hija. - Y sé que me arrepentiré de lo que voy a decirte, pero si ese hombre me demuestra que te quiere de verdad, y para ti estar con él es tu felicidad, entonces tenéis mi bendición -.
Soledad no podía creer las palabras que acababa de pronunciar su madre. La miró de reojo, desconfiando de ella.
- Hablo en serio Soledad. Yo no tuve la opción de luchar por mi amor…y ahora es demasiado tarde -. Agachó la cabeza.
Ahora Soledad sí que estaba atónita. E intrigada. - ¿Demasiado tarde? -. Casi no se atrevía a preguntar. Pero estaba viendo en Francisca Montenegro a alguien a quien deseó ver toda su vida. A una madre. - ¿Acaso esa persona que dice amar… ya no la quiere a usted? -.
Francisca no supo que contestar a eso. ¿Raimundo la seguía queriendo? Una parte de ella se negaba a creerlo. Pero desde ayer ya no estaba segura de nada. De lo único que no dudaba era del inmenso amor que ella todavía sentía por él. Miró a Soledad.
- No lo sé hija…no estoy segura -.
#4460
27/11/2011 19:29
Soledad tomó la mano de su madre entre las suyas y la apretó.
- ¿Y no cree que ha llegado el momento de averiguarlo? -.
Francisca sonrió y abrazó de nuevo a su hija. Acababa de recibir un buen consejo. ¿Por qué no averiguar si Raimundo seguía amándola? Y sí así fuera… ¿Por qué no luchar por el amor de tu vida? Se levantó sonriente.
- Soledad, tengo que irme…-. Empezó a caminar hacia atrás, señalando con el pulgar hacia la puerta. – He de ir a averiguar algo -.
*****************
Raimundo saludó a su hija desde la puerta de la posada y se dirigió derecho a su habitación. Después de su encuentro con Francisca, no le apetecía hablar con nadie. Solo deseaba tumbarse en la cama y pensar en ella. Tendría paciencia y esperaría a que ella fuera de nuevo a él. Porque estaba seguro de que ella volvería a sus brazos y reconocería que no podía vivir sin él. Porque… ¿Lo haría verdad? No podía evitar sentir cierto temor. Francisca era muy orgullosa, y ese mismo orgullo le impidió poder explicarse ante ella cuando su boda con la rica heredera no se llevó a cabo. ¿Y si esta vez ocurría lo mismo? Una profunda desazón se apoderó de su cuerpo. De acuerdo. Le daría un tiempo prudencial y si ella no cejaba en su empeño de mantenerles separados, el mismo se presentaría en la Casona y se la llevaría en brazos si era preciso. Desaparecería con ella, lejos de las miradas de todos, a un lugar donde solo existieran ellos dos.
Unos insistentes golpes en su puerta le sacaron de su ensimismamiento. Extrañado, pensando que podía ser Emilia, abrió precipitadamente la puerta. Y allí estaba ella. Francisca. Su pequeña. Su amor. Su vida entera.
- Francisca… -. Susurró.
- Antes de que digas nada Raimundo… -. Todos los arrestos que empleaba para llevar a cabo todo aquello que se proponía, parecían haberse esfumado, dejándola desvalida frente a él. Pero se había propuesto conocer los verdaderos sentimientos de Raimundo por ella, ¡Y por lo más sagrado que lo averiguaría! – Sé que no son horas y que me había jurado a mí misma que jamás volvería a verte, pero… - se agarró las manos, apretándolas con fuerza y bajó la mirada. -… he de preguntarte algo… -. Pronunció esa frase con suavidad.
¿Era posible que pudiera amarla más de lo que lo estaba haciendo en ese momento? Su corazón se había detenido en el mismo instante en que había abierto aquella puerta y la encontró frente a sus ojos. Frágil. Vulnerable. Tierna. Enamorada. Sonrió con dulzura. Ahora lo veía claro. Francisca estaba tan enamorada de él como él lo estaba de ella. Pero aun así, no quiso precipitarse.
- ¿Qué es lo que quieres preguntarme Francisca? -. Pronunció en voz baja.
Ella levantó ligeramente la mirada. Temerosa de preguntarle, pero decidida al fin y al cabo. Era una Montenegro.
– Me gustaría saber… qué sientes por mí Raimundo. Es importante, por favor… -. Retorcía sus manos presa de un gran nerviosismo. En el fondo sabía la respuesta, pero necesitaba escucharla de sus labios.
Raimundo creyó que explotaba su corazón y sintió ganas de arrodillarse ante ella y besar sus manos. Pero lo que hizo, fue tomarlas entre las suyas y acariciarlas con los pulgares.
- ¿Y tú? ¿Qué es lo que sientes tú por mí, Francisca? -. El pulso de ella comenzó a acelerarse cuando sintió las callosas manos de Raimundo acariciándola con ternura. Las piernas le temblaban y apenas le salía un hilo de voz.
- Yo pregunté primero tabernero… -.
Raimundo sonrió cuando le escuchó llamarle “tabernero”. Nunca le había emocionado tanto escucharlo como en aquel momento. Tiró son suavidad de sus manos, atrayéndola hacia él, y besó con dulzura sus labios.
- ¿Queda contestada tu pregunta? -. Francisca asintió con la cabeza cerrando los ojos. Él sonrió. – Muy bien, ahora te toca a ti -. Tomó su rostro entre sus manos, obligándola a abrir los ojos y mirarle. – Francisca, ¿me amas? -.
Ella le miró con los ojos brillantes. Convencida completamente de lo que le iba a confesar.
- Te amo Raimundo. Te quiero tanto que no puedo soportar la idea de no volver a verte. Te quiero tanto que si tú no me amaras, te perseguiría día y noche hasta lograr que te volvieras a enamorar de mí. Te quiero tanto que solo deseo vivir a tu lado. Donde sea. Como sea. Solo tú me importas Raimundo -.
La última frase terminó de pronunciarla dentro de la boca de Raimundo, que atrapó sus labios salvajemente, con el corazón henchido de felicidad. Terminaron de entrar en la habitación y sin dejar de besarla un solo instante, Raimundo cerró la puerta con el pie. Volverían a amarse. Hoy y todas las noches que les restaran de vida.
A veces los sueños, se convertían en realidad.
FIN (ahora sí....)
- ¿Y no cree que ha llegado el momento de averiguarlo? -.
Francisca sonrió y abrazó de nuevo a su hija. Acababa de recibir un buen consejo. ¿Por qué no averiguar si Raimundo seguía amándola? Y sí así fuera… ¿Por qué no luchar por el amor de tu vida? Se levantó sonriente.
- Soledad, tengo que irme…-. Empezó a caminar hacia atrás, señalando con el pulgar hacia la puerta. – He de ir a averiguar algo -.
*****************
Raimundo saludó a su hija desde la puerta de la posada y se dirigió derecho a su habitación. Después de su encuentro con Francisca, no le apetecía hablar con nadie. Solo deseaba tumbarse en la cama y pensar en ella. Tendría paciencia y esperaría a que ella fuera de nuevo a él. Porque estaba seguro de que ella volvería a sus brazos y reconocería que no podía vivir sin él. Porque… ¿Lo haría verdad? No podía evitar sentir cierto temor. Francisca era muy orgullosa, y ese mismo orgullo le impidió poder explicarse ante ella cuando su boda con la rica heredera no se llevó a cabo. ¿Y si esta vez ocurría lo mismo? Una profunda desazón se apoderó de su cuerpo. De acuerdo. Le daría un tiempo prudencial y si ella no cejaba en su empeño de mantenerles separados, el mismo se presentaría en la Casona y se la llevaría en brazos si era preciso. Desaparecería con ella, lejos de las miradas de todos, a un lugar donde solo existieran ellos dos.
Unos insistentes golpes en su puerta le sacaron de su ensimismamiento. Extrañado, pensando que podía ser Emilia, abrió precipitadamente la puerta. Y allí estaba ella. Francisca. Su pequeña. Su amor. Su vida entera.
- Francisca… -. Susurró.
- Antes de que digas nada Raimundo… -. Todos los arrestos que empleaba para llevar a cabo todo aquello que se proponía, parecían haberse esfumado, dejándola desvalida frente a él. Pero se había propuesto conocer los verdaderos sentimientos de Raimundo por ella, ¡Y por lo más sagrado que lo averiguaría! – Sé que no son horas y que me había jurado a mí misma que jamás volvería a verte, pero… - se agarró las manos, apretándolas con fuerza y bajó la mirada. -… he de preguntarte algo… -. Pronunció esa frase con suavidad.
¿Era posible que pudiera amarla más de lo que lo estaba haciendo en ese momento? Su corazón se había detenido en el mismo instante en que había abierto aquella puerta y la encontró frente a sus ojos. Frágil. Vulnerable. Tierna. Enamorada. Sonrió con dulzura. Ahora lo veía claro. Francisca estaba tan enamorada de él como él lo estaba de ella. Pero aun así, no quiso precipitarse.
- ¿Qué es lo que quieres preguntarme Francisca? -. Pronunció en voz baja.
Ella levantó ligeramente la mirada. Temerosa de preguntarle, pero decidida al fin y al cabo. Era una Montenegro.
– Me gustaría saber… qué sientes por mí Raimundo. Es importante, por favor… -. Retorcía sus manos presa de un gran nerviosismo. En el fondo sabía la respuesta, pero necesitaba escucharla de sus labios.
Raimundo creyó que explotaba su corazón y sintió ganas de arrodillarse ante ella y besar sus manos. Pero lo que hizo, fue tomarlas entre las suyas y acariciarlas con los pulgares.
- ¿Y tú? ¿Qué es lo que sientes tú por mí, Francisca? -. El pulso de ella comenzó a acelerarse cuando sintió las callosas manos de Raimundo acariciándola con ternura. Las piernas le temblaban y apenas le salía un hilo de voz.
- Yo pregunté primero tabernero… -.
Raimundo sonrió cuando le escuchó llamarle “tabernero”. Nunca le había emocionado tanto escucharlo como en aquel momento. Tiró son suavidad de sus manos, atrayéndola hacia él, y besó con dulzura sus labios.
- ¿Queda contestada tu pregunta? -. Francisca asintió con la cabeza cerrando los ojos. Él sonrió. – Muy bien, ahora te toca a ti -. Tomó su rostro entre sus manos, obligándola a abrir los ojos y mirarle. – Francisca, ¿me amas? -.
Ella le miró con los ojos brillantes. Convencida completamente de lo que le iba a confesar.
- Te amo Raimundo. Te quiero tanto que no puedo soportar la idea de no volver a verte. Te quiero tanto que si tú no me amaras, te perseguiría día y noche hasta lograr que te volvieras a enamorar de mí. Te quiero tanto que solo deseo vivir a tu lado. Donde sea. Como sea. Solo tú me importas Raimundo -.
La última frase terminó de pronunciarla dentro de la boca de Raimundo, que atrapó sus labios salvajemente, con el corazón henchido de felicidad. Terminaron de entrar en la habitación y sin dejar de besarla un solo instante, Raimundo cerró la puerta con el pie. Volverían a amarse. Hoy y todas las noches que les restaran de vida.
A veces los sueños, se convertían en realidad.
FIN (ahora sí....)
