El Rincón de Francisca y Raimundo:ESTE AMOR SE MERECE UN YACIMIENTO (TUNDA TUNDA) Gracias María y Ramon
#0
08/06/2011 23:44
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#4421
24/11/2011 23:42
Yo voto por que Francisca lo unte a el de chocolate y después lo lama enterito (estoy fatal) sigueeeeeee
#4422
25/11/2011 00:10
Ruth!!!!!!! Eres la leche. A Francisca se le ha tenido que pasar toda la drogatina en un segundo al oírle como leía la nota jajajaja. Chocolate... Mariajo, buena idea 
He vuelto a intentarlo con el VE y nada... sigue mal

He vuelto a intentarlo con el VE y nada... sigue mal
#4423
25/11/2011 00:12
Crissssssssssss y tu historia que que me dejaste hecha mierda, ¿cuando la sigues?
#4424
25/11/2011 00:17
Mariajo, ten piedad de mi que he tenido seis exámenes esta semana, me esperan cuatro a la siguiente y dos segurísimo la que viene (Feliz Navidad!)
Pero algo tengo escrito... mañana lo pasaré. Y una sorpresa para el finde que llevo preparando un par de semanas!
Pero algo tengo escrito... mañana lo pasaré. Y una sorpresa para el finde que llevo preparando un par de semanas!
#4425
25/11/2011 12:57
Buenas amores! hoy no tenía que ir a currar así que he aprovechado para hacer limpieza general jejeje Siento no haberos puesto el final del relato anoche, pero después de tenerle terminado, va mi ordenador y le dio por quedarse colgado
. ¡Menos mal que guardo los archivos mil veces para que no se pierdan que si no...!
miri,muerta me quedo con el spoiler. Parece que el cruzar los dedos funciona
Y pensando,si nos dan un beso entre Águeda y Raimundo,yo no se qué hara Francisca. Pero lo que es yo, me planto en Puente Viejo y le arranco el moño a esa tía por atreverse a tocar a mi Raimundo. Él solo es de Francisca y luego mío. Que quede claro.
Asi que Águeda,cuidadito...
En fin! aquí os dejo el final de la ida de olla de anoche jeje ¡Que os guste!
Estaba aturdida, descalza, pálida y totalmente…preciosa. Y él estaba divirtiéndose tanto de ese momento, de estar de nuevo junto a ella, como hacía tiempo que no disfrutaba. Francisca fue hacia la mesa de la cocina, refugiándose detrás de ella. Tenía ganas de arrancarle los ojos por haberse atrevido a reírse de ella. Y el muy sinvergüenza estaba disfrutando del momento. Se cruzó de brazos, totalmente frustrada mientras le escuchaba reír a sus espaldas. Y entonces vio la jarra de chocolate encima de la mesa. Y se le ocurrió algo…perverso. Una manera perfecta de vengarse.
- Vamos Francisca…Tampoco es para tanto. Solo es que… -. Se acercó hasta quedar detrás de ella. -…me sorprende que aún quieras ese tipo de acercamiento conmigo. Lo disimulas bastante bien -.
En un rápido movimiento, Francisca cogió la jarra que había sobre la mesa y se giró encarándole. Un brillo malicioso en su mirada asustó a Raimundo, que se dio cuenta de sus intenciones.
- No te atreverás Francisca…-. Extendió los brazos hacia delante para detener el avance de ella, pero fue inútil.
- Si crees que no me voy a atrever, es que me conoces muy poco tabernero -. Y dicho y hecho. Alzó la jarra por encima de la cabeza de Raimundo, derramando todo su contenido sobre él. – Ahora estamos iguales -. Se le quedó mirando con una sonrisa en los labios. - ¿Ya no tienes ganas de reírte Raimundo? -. Le preguntó inocente.
Ríos de chocolate se deslizaban por el rostro de Raimundo, que en ese momento echaba chispas por los ojos. Bufó furioso haciendo que algunas gotas de esa deliciosa bebida salieran disparadas por el aire. Francisca no podía dejar de reír al verle totalmente empapado y sin saber qué hacer. Estaba satisfecha. Nadie osaba reírse de Francisca Montenegro sin recibir un escarmiento a cambio.
Sus carcajadas empezaron a disminuir cuando vio que Raimundo se empezaba a acercar lentamente a ella. Estaba enfadado, lo veía en sus ojos. Y ella quería escapar. Vio la puerta de la cocina abierta, la que daba al patio, y trató de correr hacia ella. Raimundo consiguió asirla de un brazo, pero ella se revolvió, zafándose de él y saliendo como alma que lleva el diablo.
- No Francisca, no te me vas a escapar -. Y salió corriendo detrás de ella.
Mariana, que estaba en el patio tendiendo unas sábanas, ahogó un grito cuando vio pasar frente a ella a su Señora, a Doña Francisca, corriendo como una loca y detrás de ella a Raimundo Ulloa empapado en…¡chocolate!
Se estaba divirtiendo por primera vez en años mientras corría por los campos seguida muy de cerca por Raimundo. ¡Qué cantidad de recuerdos aparecían ante ella! Volvía a sentirse viva de nuevo. Hacía tiempo que el efecto del sedante había acabado y aún así, no sentía esos terribles dolores de cabeza que le habían amargado la existencia los últimos días. Casi sin darse cuenta, llegó hasta el rio, deteniéndose ante la imposibilidad de seguir corriendo. ¡Maldición! Esta vez, Raimundo la tenía acorralada.
Con el aliento entrecortado, Raimundo llegó segundos después quedándose a solo unos pasos. Se agachó poniendo las manos sobre sus rodillas y tratando de llenar sus vacios pulmones, agotados por la intensa carrera.
- Francisca…- Estaba casi sin aire. – ya no tenemos edad para estas cosas…-.
Ella solo podía observarle, con la respiración también entrecortada por el esfuerzo. Y por algo más. Estaba nerviosa y notaba sus rodillas temblar.
- Pues no haber intentado perseguirme Raimundo -. Él alzó la mirada y se incorporó. Notaba diversión en el tono de voz de Francisca. Tenía las mejillas sonrosadas y su pecho subía y bajaba con rapidez. Sintió un latigazo de deseo. Si no la besaba inmediatamente, estaba seguro de que moriría allí mismo.
Con la lentitud de un felino, se fue acercando hasta ella, que empezó a recular hasta que llegó al mismo borde del río. Esta vez estaba segura de que sería ella la que recibiera un buen remojón. En una zancada, Raimundo se puso frente a ella y la tomó en brazos dispuesta a lanzarla al rio.
- Raimundo, espera… - le suplicó agarrándose con fuerza a su cuello. – Es noviembre, el agua estará helada… por favor…-. Le susurró cerca de los labios.
Él se quedó hipnotizado por ellos, momento que aprovechó Francisca para intentar zafarse. Pero no hubo suerte. Al contrario, Raimundo trastabilleó con ella en brazos y ambos terminaron cayéndose a las frías aguas del rio.
- ¡Pero mira lo que has hecho! ¡Estoy empapada! -. Francisca le estaba gritando.
- ¡Si no hubieras intentado soltarte, nada de esto habría pasado! -. Ella le miró. Estaba tratando de levantarse a duras penas y no pudo evitar empezar a reírse de la situación. Él la miró sin entender.
- ¿De qué demonios te estás riendo ahora? -.
- Al menos ahora ya no te queda rastro de chocolate -. Y volvió a reir de nuevo mientras caminaba hacia la orilla, intentado salir del rio. Raimundo suspiró resignado y la siguió pensando en lo distinta que hubiera sido aquella tarde de no haber encontrado esa condenada nota.
Cuando estuvieron fuera, se miraron de reojo sin saber qué decirse. Francisca empezó a tiritar de frio y se abrazó el cuerpo en un intento de darse calor. Él, por el contrario, sentía el cuerpo ardiendo al ver como el vestido se le quedaba a ella pegado al cuerpo marcando sensualmente sus curvas. Y a pesar de estar calado hasta los huesos, notaba la garganta seca.
- Será mejor que busquemos un lugar donde secar la ropa -.
Ella le miró extrañada. - ¿Qué estás sugiriendo Raimundo¿ ¿Qué vayamos juntos? ¡JA! -. Empezó a caminar alejándose de él. – Yo me marcho a mi casa. Allí me secaré -. Notó que una mano le sujetaba del brazo.
- Cogerás una pulmonía antes si quiera de llegar a los jardines de la Casona -. Raimundo le estaba hablando con suavidad. – Ven, hay un chozo por aquí cerca en el que podremos secarnos -.
(continua...)
. ¡Menos mal que guardo los archivos mil veces para que no se pierdan que si no...!miri,muerta me quedo con el spoiler. Parece que el cruzar los dedos funciona

Y pensando,si nos dan un beso entre Águeda y Raimundo,yo no se qué hara Francisca. Pero lo que es yo, me planto en Puente Viejo y le arranco el moño a esa tía por atreverse a tocar a mi Raimundo. Él solo es de Francisca y luego mío. Que quede claro.
Asi que Águeda,cuidadito...

En fin! aquí os dejo el final de la ida de olla de anoche jeje ¡Que os guste!
Estaba aturdida, descalza, pálida y totalmente…preciosa. Y él estaba divirtiéndose tanto de ese momento, de estar de nuevo junto a ella, como hacía tiempo que no disfrutaba. Francisca fue hacia la mesa de la cocina, refugiándose detrás de ella. Tenía ganas de arrancarle los ojos por haberse atrevido a reírse de ella. Y el muy sinvergüenza estaba disfrutando del momento. Se cruzó de brazos, totalmente frustrada mientras le escuchaba reír a sus espaldas. Y entonces vio la jarra de chocolate encima de la mesa. Y se le ocurrió algo…perverso. Una manera perfecta de vengarse.
- Vamos Francisca…Tampoco es para tanto. Solo es que… -. Se acercó hasta quedar detrás de ella. -…me sorprende que aún quieras ese tipo de acercamiento conmigo. Lo disimulas bastante bien -.
En un rápido movimiento, Francisca cogió la jarra que había sobre la mesa y se giró encarándole. Un brillo malicioso en su mirada asustó a Raimundo, que se dio cuenta de sus intenciones.
- No te atreverás Francisca…-. Extendió los brazos hacia delante para detener el avance de ella, pero fue inútil.
- Si crees que no me voy a atrever, es que me conoces muy poco tabernero -. Y dicho y hecho. Alzó la jarra por encima de la cabeza de Raimundo, derramando todo su contenido sobre él. – Ahora estamos iguales -. Se le quedó mirando con una sonrisa en los labios. - ¿Ya no tienes ganas de reírte Raimundo? -. Le preguntó inocente.
Ríos de chocolate se deslizaban por el rostro de Raimundo, que en ese momento echaba chispas por los ojos. Bufó furioso haciendo que algunas gotas de esa deliciosa bebida salieran disparadas por el aire. Francisca no podía dejar de reír al verle totalmente empapado y sin saber qué hacer. Estaba satisfecha. Nadie osaba reírse de Francisca Montenegro sin recibir un escarmiento a cambio.
Sus carcajadas empezaron a disminuir cuando vio que Raimundo se empezaba a acercar lentamente a ella. Estaba enfadado, lo veía en sus ojos. Y ella quería escapar. Vio la puerta de la cocina abierta, la que daba al patio, y trató de correr hacia ella. Raimundo consiguió asirla de un brazo, pero ella se revolvió, zafándose de él y saliendo como alma que lleva el diablo.
- No Francisca, no te me vas a escapar -. Y salió corriendo detrás de ella.
Mariana, que estaba en el patio tendiendo unas sábanas, ahogó un grito cuando vio pasar frente a ella a su Señora, a Doña Francisca, corriendo como una loca y detrás de ella a Raimundo Ulloa empapado en…¡chocolate!
Se estaba divirtiendo por primera vez en años mientras corría por los campos seguida muy de cerca por Raimundo. ¡Qué cantidad de recuerdos aparecían ante ella! Volvía a sentirse viva de nuevo. Hacía tiempo que el efecto del sedante había acabado y aún así, no sentía esos terribles dolores de cabeza que le habían amargado la existencia los últimos días. Casi sin darse cuenta, llegó hasta el rio, deteniéndose ante la imposibilidad de seguir corriendo. ¡Maldición! Esta vez, Raimundo la tenía acorralada.
Con el aliento entrecortado, Raimundo llegó segundos después quedándose a solo unos pasos. Se agachó poniendo las manos sobre sus rodillas y tratando de llenar sus vacios pulmones, agotados por la intensa carrera.
- Francisca…- Estaba casi sin aire. – ya no tenemos edad para estas cosas…-.
Ella solo podía observarle, con la respiración también entrecortada por el esfuerzo. Y por algo más. Estaba nerviosa y notaba sus rodillas temblar.
- Pues no haber intentado perseguirme Raimundo -. Él alzó la mirada y se incorporó. Notaba diversión en el tono de voz de Francisca. Tenía las mejillas sonrosadas y su pecho subía y bajaba con rapidez. Sintió un latigazo de deseo. Si no la besaba inmediatamente, estaba seguro de que moriría allí mismo.
Con la lentitud de un felino, se fue acercando hasta ella, que empezó a recular hasta que llegó al mismo borde del río. Esta vez estaba segura de que sería ella la que recibiera un buen remojón. En una zancada, Raimundo se puso frente a ella y la tomó en brazos dispuesta a lanzarla al rio.
- Raimundo, espera… - le suplicó agarrándose con fuerza a su cuello. – Es noviembre, el agua estará helada… por favor…-. Le susurró cerca de los labios.
Él se quedó hipnotizado por ellos, momento que aprovechó Francisca para intentar zafarse. Pero no hubo suerte. Al contrario, Raimundo trastabilleó con ella en brazos y ambos terminaron cayéndose a las frías aguas del rio.
- ¡Pero mira lo que has hecho! ¡Estoy empapada! -. Francisca le estaba gritando.
- ¡Si no hubieras intentado soltarte, nada de esto habría pasado! -. Ella le miró. Estaba tratando de levantarse a duras penas y no pudo evitar empezar a reírse de la situación. Él la miró sin entender.
- ¿De qué demonios te estás riendo ahora? -.
- Al menos ahora ya no te queda rastro de chocolate -. Y volvió a reir de nuevo mientras caminaba hacia la orilla, intentado salir del rio. Raimundo suspiró resignado y la siguió pensando en lo distinta que hubiera sido aquella tarde de no haber encontrado esa condenada nota.
Cuando estuvieron fuera, se miraron de reojo sin saber qué decirse. Francisca empezó a tiritar de frio y se abrazó el cuerpo en un intento de darse calor. Él, por el contrario, sentía el cuerpo ardiendo al ver como el vestido se le quedaba a ella pegado al cuerpo marcando sensualmente sus curvas. Y a pesar de estar calado hasta los huesos, notaba la garganta seca.
- Será mejor que busquemos un lugar donde secar la ropa -.
Ella le miró extrañada. - ¿Qué estás sugiriendo Raimundo¿ ¿Qué vayamos juntos? ¡JA! -. Empezó a caminar alejándose de él. – Yo me marcho a mi casa. Allí me secaré -. Notó que una mano le sujetaba del brazo.
- Cogerás una pulmonía antes si quiera de llegar a los jardines de la Casona -. Raimundo le estaba hablando con suavidad. – Ven, hay un chozo por aquí cerca en el que podremos secarnos -.
(continua...)
#4426
25/11/2011 12:59
No supo qué extraña fuerza tiró de ella obligándola a seguirle como si fuera un corderito. El caso es que marcharon juntos, agarrados de la mano hasta que llegaron al pequeño chozo en el que Soledad se había resguardado cuando abandonó la Casona.
- Toma -. Raimundo le entregó una manta que encontró. – Será mejor que te quites el vestido y te cubras con ella -.
Francisca cogió la manta que le ofrecía. - ¿Pretendes que me quede medio desnuda delante de ti? Ni en tus mejores sueños, tabernero -.
- Muy bien, haz lo que quieras -. Raimundo se quitó la chaqueta y comenzó a hacer lo mismo con el chaleco. – Pero cuando estés muriéndote de frio porque el agua te ha helado hasta los huesos, no te sorprendas si te digo “ya te lo advertí” -.
Francisca bufó furiosa, pero le hizo caso. Llevó sus manos hasta los botones de su vestido y empezó a desabrocharlos. Pero al sentir la mirada de Raimundo sobre ella, se detuvo. - ¿Piensas quedarte como un pasmarote mirándome? Date la vuelta si no quieres que te arranque los ojos -. Estaba muy agitada y tensa por la situación. Hacía años que no se quitaba la ropa delante de Raimundo, y los dedos le temblaban.
Él sonrió, lo cual le causó a Francisca mil escalofríos recorriéndole el cuerpo, y se giró. – Está bien, no te pongas así. Pero recuerda que no tienes nada que no haya visto ya antes Francisca…- susurró Raimundo de manera sensual mientras le miraba de reojo.
Aquellas palabras entristecieron a Francisca. Te equivocas Raimundo…si hay algo nuevo que tú no conoces…. Retuvo las lágrimas que quisieron asomar a sus ojos cuando pensó en las cicatrices que recorrían su espalda de arriba abajo. Salvador le había marcado la espalda con su cinturón, aquella noche en la que se negó a yacer con él. Dejó de pensar en ello y empezó a quitarse el vestido, y después el corsé. Rápidamente se cubrió con la manta y se volvió, quedándose boquiabierta. Raimundo estaba de espaldas, sin camisa y justo en ese momento, quitándose los pantalones.
Azorada, cogió su ropa y la dispuso sobre un montón de paja, extendiéndola para que pudiera secarse. Después, se sentó en una banqueta con la cabeza agachada. Raimundo cogió otra manta que había por allí y se la puso por encima, sentándose al lado de Francisca.
La observó de reojo, notando por primera vez las marcadas ojeras en su rostro, y ese aspecto cansado que denotaba que Francisca no estaba bien. Su reciente guerra con los Mesía, parecía estar pasándole factura. A pesar de todo, seguía encontrándola tan hermosa como siempre. Nunca hubo mujer que ocupara el lugar que ella tenía por derecho propio en su corazón. Y jamás la habría.
- Yo…lo siento -. Le dijo después de un buen rato en silencio.
Ella le miró sorprendida. - ¿Y qué es lo que sientes Raimundo? ¿Haberte reído de mí esta misma tarde? ¿O quizá lanzarme al río? -. Se incorporó un poco dejando que la manta resbalara un poco por sus hombros. - ¿O tal vez sientes que nos veamos obligados a estar aquí por culpa tuya? -.
Raimundo apenas había escuchado sus palabras. Sus ojos estaban clavados en ese trozo de piel que revelaba la prenda que la cubría, y donde se adivinaban profundas marcas que él no supo comprender. Francisca sintió su mirada sobre ella y se recolocó la manta sobre los hombros. Esperaba que él no hubiera visto las marcas en su cuerpo.
Se sintió morir cuando Raimundo acercó su mano hasta ella y poco a poco fue despojándola de la manta hasta dejar al descubierto su espalda. Horrorizado comprobó como la suave piel de Francisca estaba plagada de enormes cicatrices que la recorrían de arriba abajo. Con sus dedos rozó cada una de ellas, provocando que Francisca no pudiera evitar las lágrimas, que rodaban incesantes por sus mejillas. Trató de moverse, de alejarse de él.
- No Raimundo, es mejor que… -. Pero él no le dejó apartarse.
- ¿Fue él, verdad? -. El tono frio de la voz de Raimundo, acompañado del desprecio que desprendían sus ojos, le hizo temblar. Se sentía avergonzada. Ojalá él nunca hubiera tenido que ver esas horribles marcas.
- Raimundo, déjame por favor. Son horribles, ¡yo soy horrible! Es algo que es mejor olvidar -. Volvió a tomar la manta para cubrirse con ella, pero Raimundo se la arrancó de las manos. Lentamente, se acercó a ella y fue rozando con sus labios cada una de aquellas marcas. Besándolas con adoración.
- Nada en ti es horrible mi niña… - musitó antes de volver a llevar los labios sobre su piel. Un intenso sollozo escapó de la garganta de Francisca al escuchar sus palabras y sentir el roce de sus labios sobre ella. Raimundo fue subiendo por su espalda hasta llegar a su cuello, erizándole la piel con cada toque de su lengua.
- No sabes cuánto te he extrañado Francisca -. Miró sus ojos mientras tomaba su rostro con las manos y le secaba las lágrimas con los pulgares. – No ha habido ni un solo día en que no estuvieras en mí -. Ella cerró los ojos y Raimundo aprovechó para besar con ternura sus párpados. Deslizó sus labios por su mejilla hasta que llegó a su boca. – Te…quiero… -. Fueron sus últimas palabras antes de tomar sus labios en un beso cargado de recuerdos y con el que expresó todo el amor que estaba guardado en su corazón, solo para ella.
- Raimundo… -. Francisca acarició su rostro con la yema de sus dedos. No se atrevía a pensar que aquello era real. La vida le había enseñado que no se podía vivir de sueños, por eso había aparcado hasta lo más hondo de su ser la posibilidad de volver a sentir a Raimundo junto a ella. Y de pronto ahí estaban, todo lo que deseó estaba cumpliéndose en ese instante y estaba terriblemente asustada. No soportaría que esta vez, él volviera a dejarla de nuevo. Estaba segura que de suceder, aquello la mataría.
- ¿Estás asustada verdad? -. Raimundo la sentía temblar bajo sus manos. – No temas mi cielo. Yo también estoy asustado. Pero son más fuertes mis ganas de poder volver a tenerte junto a mí, que todos mis miedos -. Acarició su rostro. – Ha llegado el momento de que cuide de ti, de que te demuestre lo mucho que te amo todos y cada uno de los días que me reste de vida -. Ella bajó la mirada, pero Raimundo le obligó a que le mirase. – Escúchame bien Francisca. Esta vez no voy a irme. Nada ni nadie, harán que me separe de ti otra vez. Ya es hora de que vivamos la vida que nos merecemos. Esa misma que planeamos hace ya tantos años -.
(Continua...¡¡chozoencuentro!!! este nos faltaba jajaja)
- Toma -. Raimundo le entregó una manta que encontró. – Será mejor que te quites el vestido y te cubras con ella -.
Francisca cogió la manta que le ofrecía. - ¿Pretendes que me quede medio desnuda delante de ti? Ni en tus mejores sueños, tabernero -.
- Muy bien, haz lo que quieras -. Raimundo se quitó la chaqueta y comenzó a hacer lo mismo con el chaleco. – Pero cuando estés muriéndote de frio porque el agua te ha helado hasta los huesos, no te sorprendas si te digo “ya te lo advertí” -.
Francisca bufó furiosa, pero le hizo caso. Llevó sus manos hasta los botones de su vestido y empezó a desabrocharlos. Pero al sentir la mirada de Raimundo sobre ella, se detuvo. - ¿Piensas quedarte como un pasmarote mirándome? Date la vuelta si no quieres que te arranque los ojos -. Estaba muy agitada y tensa por la situación. Hacía años que no se quitaba la ropa delante de Raimundo, y los dedos le temblaban.
Él sonrió, lo cual le causó a Francisca mil escalofríos recorriéndole el cuerpo, y se giró. – Está bien, no te pongas así. Pero recuerda que no tienes nada que no haya visto ya antes Francisca…- susurró Raimundo de manera sensual mientras le miraba de reojo.
Aquellas palabras entristecieron a Francisca. Te equivocas Raimundo…si hay algo nuevo que tú no conoces…. Retuvo las lágrimas que quisieron asomar a sus ojos cuando pensó en las cicatrices que recorrían su espalda de arriba abajo. Salvador le había marcado la espalda con su cinturón, aquella noche en la que se negó a yacer con él. Dejó de pensar en ello y empezó a quitarse el vestido, y después el corsé. Rápidamente se cubrió con la manta y se volvió, quedándose boquiabierta. Raimundo estaba de espaldas, sin camisa y justo en ese momento, quitándose los pantalones.
Azorada, cogió su ropa y la dispuso sobre un montón de paja, extendiéndola para que pudiera secarse. Después, se sentó en una banqueta con la cabeza agachada. Raimundo cogió otra manta que había por allí y se la puso por encima, sentándose al lado de Francisca.
La observó de reojo, notando por primera vez las marcadas ojeras en su rostro, y ese aspecto cansado que denotaba que Francisca no estaba bien. Su reciente guerra con los Mesía, parecía estar pasándole factura. A pesar de todo, seguía encontrándola tan hermosa como siempre. Nunca hubo mujer que ocupara el lugar que ella tenía por derecho propio en su corazón. Y jamás la habría.
- Yo…lo siento -. Le dijo después de un buen rato en silencio.
Ella le miró sorprendida. - ¿Y qué es lo que sientes Raimundo? ¿Haberte reído de mí esta misma tarde? ¿O quizá lanzarme al río? -. Se incorporó un poco dejando que la manta resbalara un poco por sus hombros. - ¿O tal vez sientes que nos veamos obligados a estar aquí por culpa tuya? -.
Raimundo apenas había escuchado sus palabras. Sus ojos estaban clavados en ese trozo de piel que revelaba la prenda que la cubría, y donde se adivinaban profundas marcas que él no supo comprender. Francisca sintió su mirada sobre ella y se recolocó la manta sobre los hombros. Esperaba que él no hubiera visto las marcas en su cuerpo.
Se sintió morir cuando Raimundo acercó su mano hasta ella y poco a poco fue despojándola de la manta hasta dejar al descubierto su espalda. Horrorizado comprobó como la suave piel de Francisca estaba plagada de enormes cicatrices que la recorrían de arriba abajo. Con sus dedos rozó cada una de ellas, provocando que Francisca no pudiera evitar las lágrimas, que rodaban incesantes por sus mejillas. Trató de moverse, de alejarse de él.
- No Raimundo, es mejor que… -. Pero él no le dejó apartarse.
- ¿Fue él, verdad? -. El tono frio de la voz de Raimundo, acompañado del desprecio que desprendían sus ojos, le hizo temblar. Se sentía avergonzada. Ojalá él nunca hubiera tenido que ver esas horribles marcas.
- Raimundo, déjame por favor. Son horribles, ¡yo soy horrible! Es algo que es mejor olvidar -. Volvió a tomar la manta para cubrirse con ella, pero Raimundo se la arrancó de las manos. Lentamente, se acercó a ella y fue rozando con sus labios cada una de aquellas marcas. Besándolas con adoración.
- Nada en ti es horrible mi niña… - musitó antes de volver a llevar los labios sobre su piel. Un intenso sollozo escapó de la garganta de Francisca al escuchar sus palabras y sentir el roce de sus labios sobre ella. Raimundo fue subiendo por su espalda hasta llegar a su cuello, erizándole la piel con cada toque de su lengua.
- No sabes cuánto te he extrañado Francisca -. Miró sus ojos mientras tomaba su rostro con las manos y le secaba las lágrimas con los pulgares. – No ha habido ni un solo día en que no estuvieras en mí -. Ella cerró los ojos y Raimundo aprovechó para besar con ternura sus párpados. Deslizó sus labios por su mejilla hasta que llegó a su boca. – Te…quiero… -. Fueron sus últimas palabras antes de tomar sus labios en un beso cargado de recuerdos y con el que expresó todo el amor que estaba guardado en su corazón, solo para ella.
- Raimundo… -. Francisca acarició su rostro con la yema de sus dedos. No se atrevía a pensar que aquello era real. La vida le había enseñado que no se podía vivir de sueños, por eso había aparcado hasta lo más hondo de su ser la posibilidad de volver a sentir a Raimundo junto a ella. Y de pronto ahí estaban, todo lo que deseó estaba cumpliéndose en ese instante y estaba terriblemente asustada. No soportaría que esta vez, él volviera a dejarla de nuevo. Estaba segura que de suceder, aquello la mataría.
- ¿Estás asustada verdad? -. Raimundo la sentía temblar bajo sus manos. – No temas mi cielo. Yo también estoy asustado. Pero son más fuertes mis ganas de poder volver a tenerte junto a mí, que todos mis miedos -. Acarició su rostro. – Ha llegado el momento de que cuide de ti, de que te demuestre lo mucho que te amo todos y cada uno de los días que me reste de vida -. Ella bajó la mirada, pero Raimundo le obligó a que le mirase. – Escúchame bien Francisca. Esta vez no voy a irme. Nada ni nadie, harán que me separe de ti otra vez. Ya es hora de que vivamos la vida que nos merecemos. Esa misma que planeamos hace ya tantos años -.
(Continua...¡¡chozoencuentro!!! este nos faltaba jajaja)
#4427
25/11/2011 13:01
Francisca logró sonreír por encima de las lágrimas que le anegaban los ojos y buscó la boca de Raimundo para perderse de nuevo en ella. Permitió la entrada de su lengua, con la que empezó a danzar, enredándose con pasión y arrancándoles gemidos de la garganta.
Se separó de él, sin decir una sola palabra y empezó a acariciar el pecho de Raimundo con suavidad, hasta que llevó sus labios hasta él, dejando un pequeño reguero de besos por todo el torso.
- Te quiero Raimundo -. Susurró sobre su pecho antes de volver a besarle. – Mucho… mucho…-
Raimundo colocó una de las mantas sobre uno de los montones de paja que había en el chozo. Después, con sumo cuidado la alzó entre sus brazos hasta llevarla a aquella improvisada cama, donde la depositó con tal cuidado y amor, como si fuera su más preciado tesoro. Y es que en realidad, así era.
Se besaron con ternura, con amor, mientras sus manos recorrían el cuerpo del otro, reconociéndose después de tantos años. Cuando llegó el momento en que Raimundo se introdujo en ella, Francisca clavó sus uñas en su espalda al sentir una pequeña molestia que enseguida quedó olvidada cuando se vieron sumergidos en la creciente vorágine de su pasión.
Se amaron con mucha más intensidad que entonces, pues esta vez estaban seguros de un amor que había podido superar todas las dificultades que les fueron impuestas a lo largo de los años.
Cada embestida era una dulce tortura para los dos, que mataban sus jadeos dentro de la boca del otro. El silencio se rompía con el suave susurro de miles de palabras de amor que no hicieron sino incrementar aún más el placer. Y cuando el clímax les sorprendió, solo pudieron dejarse llevar por él entre los dulces gritos que salieron de sus gargantas.
Se abrazaron hasta que sus corazones recuperaron su latido normal. Se besaron con suavidad conscientes de que habían recuperado de nuevo sus vidas.
Una hora más tarde y agarrados de la mano, se encaminaron hacia la Casona para poder informar a todos de que su amor, el amor de Raimundo y Francisca, había superado las adversidades.
FIN!!!!
Espero que haya cumplido vuestras expectativas de relato romántico,divertido y con encuentro incluido!

EDITO: hoy no puedo ver el capítulo hasta la noche
¡maldita sea! jeje espero que sea interesante y que los avances nos dejen muertas de cara al fin de semana.
Os leo a la noche!!
Se separó de él, sin decir una sola palabra y empezó a acariciar el pecho de Raimundo con suavidad, hasta que llevó sus labios hasta él, dejando un pequeño reguero de besos por todo el torso.
- Te quiero Raimundo -. Susurró sobre su pecho antes de volver a besarle. – Mucho… mucho…-
Raimundo colocó una de las mantas sobre uno de los montones de paja que había en el chozo. Después, con sumo cuidado la alzó entre sus brazos hasta llevarla a aquella improvisada cama, donde la depositó con tal cuidado y amor, como si fuera su más preciado tesoro. Y es que en realidad, así era.
Se besaron con ternura, con amor, mientras sus manos recorrían el cuerpo del otro, reconociéndose después de tantos años. Cuando llegó el momento en que Raimundo se introdujo en ella, Francisca clavó sus uñas en su espalda al sentir una pequeña molestia que enseguida quedó olvidada cuando se vieron sumergidos en la creciente vorágine de su pasión.
Se amaron con mucha más intensidad que entonces, pues esta vez estaban seguros de un amor que había podido superar todas las dificultades que les fueron impuestas a lo largo de los años.
Cada embestida era una dulce tortura para los dos, que mataban sus jadeos dentro de la boca del otro. El silencio se rompía con el suave susurro de miles de palabras de amor que no hicieron sino incrementar aún más el placer. Y cuando el clímax les sorprendió, solo pudieron dejarse llevar por él entre los dulces gritos que salieron de sus gargantas.
Se abrazaron hasta que sus corazones recuperaron su latido normal. Se besaron con suavidad conscientes de que habían recuperado de nuevo sus vidas.
Una hora más tarde y agarrados de la mano, se encaminaron hacia la Casona para poder informar a todos de que su amor, el amor de Raimundo y Francisca, había superado las adversidades.
FIN!!!!
Espero que haya cumplido vuestras expectativas de relato romántico,divertido y con encuentro incluido!


EDITO: hoy no puedo ver el capítulo hasta la noche
¡maldita sea! jeje espero que sea interesante y que los avances nos dejen muertas de cara al fin de semana.Os leo a la noche!!
#4428
25/11/2011 16:56
Miri lo de Rai Águeda creo que estaba en la parte 3 dl VE. Y si sigue a medias pero por la cara de Cuca vislumbraba trama de Paca- rai- Agueda porque Paca no se va a quedar quieta sabiendo lque Águeda va tras Raimundo.. Si se quedase quieta no sería Paca
#4429
25/11/2011 17:33
(L)(L)(L) ¡Me encanta!
Super divertido al principio y super romantico al final. Precioso, grandioso... no se que decirte por
que todo lo que diga es poco.
El principio lo lei esta mañana y me fui con una inmensa sonrisa al instituto, que ya es decir por que a las 7.30 una no tiene ganas de reirse, pero lo conseguiste. Y ahora tengo mil mariposillas revoloteando por mi estomago...
Lo de las cicatrizes me ha encogido el corazón. La forma en la que Raimundo trata a Francisca es tan hermosa, tan increiblemente romantica...
MARAVILLOSO RUTH
Super divertido al principio y super romantico al final. Precioso, grandioso... no se que decirte por
que todo lo que diga es poco.
El principio lo lei esta mañana y me fui con una inmensa sonrisa al instituto, que ya es decir por que a las 7.30 una no tiene ganas de reirse, pero lo conseguiste. Y ahora tengo mil mariposillas revoloteando por mi estomago...
Lo de las cicatrizes me ha encogido el corazón. La forma en la que Raimundo trata a Francisca es tan hermosa, tan increiblemente romantica...
MARAVILLOSO RUTH
#4430
25/11/2011 19:16
Os dejo la continuación de mi relato. Siento haberlo dejado abandonado toda la semana pero me faltaban horas en el día y si las tenía mi cabeza estaba en otro sitio :S
Ya os dije que el año cambiaba y esto nos servirá un poco para entrar en materia :)
GOTAS DEL PASADO
1881. Déjame enjugar tus lágrimas.
Otoño de 1881. Los años pasaban de la misma forma que caían las hojas secas de los árboles en aquella triste estación. Estas parecían no caer nunca y cuando lo hacían, cuando por fin se despegaban del árbol, bajaban lentamente a petición del viento. Pero poco a poco. Sin detenerse caían. Una tras otra. Lo mismo ocurría con el tiempo. Los años se habían hecho eternos tanto para Francisca como para Raimundo. Pero, al mirar el reloj. A la vez que la aguja de este se movía, se sumaba un segundo más en el tiempo que Francisca y Raimundo llevaban separados. Sin darse cuenta, las fechas en el calendario pasaban. Una tras otra. Dando paso a nuevos días. A nuevos meses. A nuevas estaciones. Nuevos años. Habían pasado exactamente 8 otoños desde que se separaron. En aquel tiempo habían pasado muchas cosas. Cosas que a ninguno de los dos le gustaba recordar. Pero que sorprendentemente, se reprochaban una y otra vez, en cada oportunidad que tenían. Desde que Raimundo había regresado al pueblo se veían con más frecuencia de la que a ambos te gustaría. Era un acto demasiado desagradable coincidir en la misma plaza o verse a la salida del colegio de los pequeños. Ir a comprar al Colmado se convertía en una ardua tarea para ambos si eso implicaba encontrarse. Pequeñas rutinas que Francisca tuvo que cambiar poco a poco. Casi sin darse cuenta. Disminuyó la frecuencia con la que bajaba al pueblo. Dejó de ir a recoger a su hijo a la escuela. Cambió la ruta de sus paseos, dirigiendo sus pasos hacia el campo. Con el fin de no tener ningún tipo de encuentro con él. Sufría demasiado cuando se veían. Aunque solo fuese para lanzarse un par de hirientes miradas. Él también sufría lo indecible en aquellos desencuentros. Raimundo también se habituó a intentar esquivarla. A poner distancia entre sus cuerpos. Entre sus miradas. Entre sus palabras. Aquellas que estaban revestidas de un odio intenso. Un odio que también cubría sus almas. Pero ese odio solo era una capa. Una coraza. Una fina sabana de rencor que exponer al mundo. Cuando por dentro seguían sintiendo el mismo amor profundo que sentían cuando eran jóvenes. “Aquello era lo correcto”. Eso era lo que se decían, a sí mismos, una y otra vez, que era lo mejor. Que aquello les ayudaría a dejar de sufrir. Pero aunque evitasen llorar por los desplantes del otro. Aunque no encontrarse les diese un suspiro a sus tristes almas. Sus corazones seguirán sangrando. Porque no están donde debían estar. El uno al lado del otro.
Mauricio entró en la Casona. Aquel muchacho, de apenas 26 años, era el encargado de todo lo relacionado con las tierras de los Castro Montenegro. Él se encargaba del riego, el sembrado y la recolecta de las cosechas. Se encargaba de tratar con los compradores. Velando por los intereses de sus señores. Siempre bajo el mandato de Salvador. Nada podía mover sin que este lo supiera. Todos sus movimientos no podían ser, sino ordenados por el Castro. Quien, para alegría de todos, no se encontraba por aquellas fechas en Puente Viejo. El terrateniente había partido hacia el norte para tratar asuntos de negocios.
Con la ausencia del Señor, el joven capataz debía demostrar una vez más sus dotes para mantenerlo todo bajo control. En los años que llevaba al servicio de la familia se había ganado la total confianza de esta, mas el joven prefería mantener informada a la Señora de sus movimientos. Por ello estaba allí. Para dar el parte del día a Francisca.
Segundos después de su entrada en la Casona, se pudo escuchar el sonido que hacían las botas de Francisca mientras esta descendía las escaleras.
Francisca bajaba las escaleras sin preocupación. Salvador no estaba en la Casona así que podía hacer cuanto gustase en ella. Aquel día se había despertado con un optimismo que estos últimos años no la había acompañado. Llevaba todo el día relajada. Con una hermosa sonrisa en la cara. Después de comer había pasado un rato con Tristán. Quien había regresado más temprano de lo habitual del colegio. Después de estar un rato con su hijo se retiró a su alcoba. Con la intensión de descansar. Y ahora, en este instante, se dirigía hacia la cocina.
Mauricio levantó la mirada. Observando a Francisca. La joven descendía las escaleras sin prisa.
-Buenas tardes, Doña Francisca.- saludó educado el muchacho.
-Buenas tardes, capataz.- respondió Francisca. Terminando de bajar los últimos escalones. –Salvador no está, así que…-comenzó a explicar.
-Lo sé, Señora. Es con usted con quien quería hablar.- la interrumpió. Agarrando con fuerza el gorro que tenía entre sus manos. Nervioso. Francisca lo miró sorprendida. Esperando a que Mauricio se explicase. –Quería darle el parte del día sobre las tierras.- dijo. La joven sonrió. Para su alivio, nada grave ocurría. Nada que fuese importante. Dio un par de pasos. Acercándose a él.
-No creo que sea necesario, Mauricio.- le contestó. –Haces bien tu trabajo y en cuanto regrese Salvador podrás ponerlo al día sobre ello.- argumentó. Pero no convenció al capataz. Francisca meneó la cabeza. Suspiró resignada. –Está bien.- accedió. - Aunque… será mañana a primera hora cuando me pongas al corriente de esos asuntos, ¿de acuerdo?- Dijo. Interesada en que así fuese. No le apetecía nada ponerse a escuchar números, cuentas y nombres de hortalizas. Y menos en aquel momento. Cuando un aroma dulzón embriagaba sus sentidos.
-De acuerdo.- contestó Mauricio. El joven sonrió levemente a su Señora. –Si necesita algo no dude en llamarme.- ofreció leal antes de marcharse. Francisca lo despidió moviendo imperceptiblemente la cabeza. Mauricio giró sobre sus talones y en escasos segundos desapareció por la puerta. La joven Montenegro quedó parada un momento en el sitio. Resopló. Retomando el camino hacia la cocina.
Ya os dije que el año cambiaba y esto nos servirá un poco para entrar en materia :)
GOTAS DEL PASADO
1881. Déjame enjugar tus lágrimas.
Otoño de 1881. Los años pasaban de la misma forma que caían las hojas secas de los árboles en aquella triste estación. Estas parecían no caer nunca y cuando lo hacían, cuando por fin se despegaban del árbol, bajaban lentamente a petición del viento. Pero poco a poco. Sin detenerse caían. Una tras otra. Lo mismo ocurría con el tiempo. Los años se habían hecho eternos tanto para Francisca como para Raimundo. Pero, al mirar el reloj. A la vez que la aguja de este se movía, se sumaba un segundo más en el tiempo que Francisca y Raimundo llevaban separados. Sin darse cuenta, las fechas en el calendario pasaban. Una tras otra. Dando paso a nuevos días. A nuevos meses. A nuevas estaciones. Nuevos años. Habían pasado exactamente 8 otoños desde que se separaron. En aquel tiempo habían pasado muchas cosas. Cosas que a ninguno de los dos le gustaba recordar. Pero que sorprendentemente, se reprochaban una y otra vez, en cada oportunidad que tenían. Desde que Raimundo había regresado al pueblo se veían con más frecuencia de la que a ambos te gustaría. Era un acto demasiado desagradable coincidir en la misma plaza o verse a la salida del colegio de los pequeños. Ir a comprar al Colmado se convertía en una ardua tarea para ambos si eso implicaba encontrarse. Pequeñas rutinas que Francisca tuvo que cambiar poco a poco. Casi sin darse cuenta. Disminuyó la frecuencia con la que bajaba al pueblo. Dejó de ir a recoger a su hijo a la escuela. Cambió la ruta de sus paseos, dirigiendo sus pasos hacia el campo. Con el fin de no tener ningún tipo de encuentro con él. Sufría demasiado cuando se veían. Aunque solo fuese para lanzarse un par de hirientes miradas. Él también sufría lo indecible en aquellos desencuentros. Raimundo también se habituó a intentar esquivarla. A poner distancia entre sus cuerpos. Entre sus miradas. Entre sus palabras. Aquellas que estaban revestidas de un odio intenso. Un odio que también cubría sus almas. Pero ese odio solo era una capa. Una coraza. Una fina sabana de rencor que exponer al mundo. Cuando por dentro seguían sintiendo el mismo amor profundo que sentían cuando eran jóvenes. “Aquello era lo correcto”. Eso era lo que se decían, a sí mismos, una y otra vez, que era lo mejor. Que aquello les ayudaría a dejar de sufrir. Pero aunque evitasen llorar por los desplantes del otro. Aunque no encontrarse les diese un suspiro a sus tristes almas. Sus corazones seguirán sangrando. Porque no están donde debían estar. El uno al lado del otro.
Mauricio entró en la Casona. Aquel muchacho, de apenas 26 años, era el encargado de todo lo relacionado con las tierras de los Castro Montenegro. Él se encargaba del riego, el sembrado y la recolecta de las cosechas. Se encargaba de tratar con los compradores. Velando por los intereses de sus señores. Siempre bajo el mandato de Salvador. Nada podía mover sin que este lo supiera. Todos sus movimientos no podían ser, sino ordenados por el Castro. Quien, para alegría de todos, no se encontraba por aquellas fechas en Puente Viejo. El terrateniente había partido hacia el norte para tratar asuntos de negocios.
Con la ausencia del Señor, el joven capataz debía demostrar una vez más sus dotes para mantenerlo todo bajo control. En los años que llevaba al servicio de la familia se había ganado la total confianza de esta, mas el joven prefería mantener informada a la Señora de sus movimientos. Por ello estaba allí. Para dar el parte del día a Francisca.
Segundos después de su entrada en la Casona, se pudo escuchar el sonido que hacían las botas de Francisca mientras esta descendía las escaleras.
Francisca bajaba las escaleras sin preocupación. Salvador no estaba en la Casona así que podía hacer cuanto gustase en ella. Aquel día se había despertado con un optimismo que estos últimos años no la había acompañado. Llevaba todo el día relajada. Con una hermosa sonrisa en la cara. Después de comer había pasado un rato con Tristán. Quien había regresado más temprano de lo habitual del colegio. Después de estar un rato con su hijo se retiró a su alcoba. Con la intensión de descansar. Y ahora, en este instante, se dirigía hacia la cocina.
Mauricio levantó la mirada. Observando a Francisca. La joven descendía las escaleras sin prisa.
-Buenas tardes, Doña Francisca.- saludó educado el muchacho.
-Buenas tardes, capataz.- respondió Francisca. Terminando de bajar los últimos escalones. –Salvador no está, así que…-comenzó a explicar.
-Lo sé, Señora. Es con usted con quien quería hablar.- la interrumpió. Agarrando con fuerza el gorro que tenía entre sus manos. Nervioso. Francisca lo miró sorprendida. Esperando a que Mauricio se explicase. –Quería darle el parte del día sobre las tierras.- dijo. La joven sonrió. Para su alivio, nada grave ocurría. Nada que fuese importante. Dio un par de pasos. Acercándose a él.
-No creo que sea necesario, Mauricio.- le contestó. –Haces bien tu trabajo y en cuanto regrese Salvador podrás ponerlo al día sobre ello.- argumentó. Pero no convenció al capataz. Francisca meneó la cabeza. Suspiró resignada. –Está bien.- accedió. - Aunque… será mañana a primera hora cuando me pongas al corriente de esos asuntos, ¿de acuerdo?- Dijo. Interesada en que así fuese. No le apetecía nada ponerse a escuchar números, cuentas y nombres de hortalizas. Y menos en aquel momento. Cuando un aroma dulzón embriagaba sus sentidos.
-De acuerdo.- contestó Mauricio. El joven sonrió levemente a su Señora. –Si necesita algo no dude en llamarme.- ofreció leal antes de marcharse. Francisca lo despidió moviendo imperceptiblemente la cabeza. Mauricio giró sobre sus talones y en escasos segundos desapareció por la puerta. La joven Montenegro quedó parada un momento en el sitio. Resopló. Retomando el camino hacia la cocina.
#4431
25/11/2011 19:16
-Mmm… Rosario, ¿qué estas cocinando?- preguntó Francisca. A la que desde su habitación había llegado el dulce olor. Y conducida por el aroma dirigió sus pasos hacia la cocina. Y, después de ser interrumpida en su trayecto por Mauricio, allí estaba.
-Nada, Señora.- contestó al mismo tiempo que salía del almacén contiguo.
-Pues para no ser nada huele francamente bien.- bromeó Francisca. Rosario sonrió. Sin dejar de faenar.
-Estaba preparando chocolate y galletas para la merienda.- explicó. – Aunque estas aún están el horno.- añadió la criada. Quitando algunas manchas de harina que tenía su delantal.
-Sírveme entonces ese chocolate.- le ordenó. Con una seriedad fingida. Caminando hacia una de las silla que había alrededor de la mesa. Rosario asintió. Y, mientras Francisca se acomodaba, Rosario cogió la taza y el recipiente en el que se encontraba el chocolate caliente. Colocó la taza en la mesa. Y con maestría vertió el chocolate en ella. Tendiéndosela, al terminar, a Francisca. Esta la cogió entre sus manos. Calentándolas con el calor que el chocolate desprendía. –Y... ¿le quedan mucho a esas galletas?- preguntó antes de llevarse el chocolate a la boca. Disimuladamente.
-No, Señora.- contestó Rosario. Conteniéndose para que su sonrisa no fuese a más. –En cuando las saque y se enfríen un poco se las sirvo, a usted y al pequeño Tristán.- aclaró. Francisca seguía bebiendo su chocolate. Movió levemente la cabeza. Dándose por enterada de la respuesta.
Rosario quedó mirándola. Aquel día Francisca estaba realmente hermosa. Tenía una actitud despreocupada. Y en varias ocasiones la había sorprendido sonriendo. Cosa que estos años no había sido muy habitual en ella. Rosario suspiró. Sin apartar sus ojos de ella. Estaba claro que Francisca no sabía lo que ocurría no muy lejos de ella. En el pueblo.
-¿Qué andas mirando, Rosario?- la sacó de sus pensamientos antes de que le diese tiempo a borrar su sonrisa. Antes de que pudiese entristecerse por el estado de la joven tabernera. Rosario meneó la cabeza.
-Yo… nada, Francisca.- contestó. –Es solo que hoy se la ve mejor que otros días.- explicó. Pero el nerviosismo se había apoderado de ella. Y Francisca no dejó escapar aquel detalle.
-¿Solo eso?- indagó. La criada asintió. Y evitando los problemas se dirigió hacia el horno. Sacando las galletas de él. Francisca dio el último sorbo al chocolate. Sin estar del todo conforme con la respuesta de Rosario. Pero no le dio máxima importancia. Nada seria.
Aunque ahora que recordaba Tristán se había comportado de manera diferente al resto de los días. Estaba como más tristón. Más apagado. Meneó la cabeza. ¿Y si se trataba del niño? Respiró hondo. Fuera lo que fuere se enteraría pronto.
-Será mejor que le subas la merienda a Tristán cuanto antes.- le dijo. –El pequeño ha venido un poco decaído del colegio.- comentó. Esperando la contestación de la criada. Quien se mantenía de espaldas a ella. Traspasando las galletas de la bandeja del horno a un plato.
-Normal.- musitó. Más para sí que para Francisca. Sin detenerse en su tarea.
La joven Montenegro se puso más nerviosa al no escuchar respuesta por parte de Rosario. Y más aún, si lo único que había llegado a sus oídos era el murmullo de la criada.
-¿Qué ocurre, Rosario?- preguntó a tiempo que se levantaba de la silla. Lo mejor sería ir al grano y dejarse de rodeos. Odiaba que algo ocurriese y ella no estuviese al tanto.
-Ya le he dicho que nada, Señora.- contestó Rosario. Francisca la miró. Acercándose a ella. –El niño está un poco más apagado porque Sebastián no fue hoy al colegio. Ya sabe cómo son los niños.- termino diciendo. Deseando en el mismo instante no haber hablado. Esperando a que Francisca no indagase más.
-¿Sebastián?- susurró Francisca. Sorprendida. No esperaba aquella respuesta. Pero pocos segundos después, tras encajar la respuesta, la curiosidad volvió a apoderarse de ella.
-Y ¿por qué motivo no ha ido Sebastián a la escuela?- preguntó. Arrepintiéndose al hacerlo. Cerró los ojos. Intentando controlar el nerviosismo que había surgido en ella. Aquel nerviosismo que le producía todo lo relacionado con Raimundo. La criada se dirigió hacia el otro lado de la cocina. Esquivando a Francisca. Intentando hacer lo mismo con su pregunta. Pero no pudo. Francisca la miraba. Esperando la respuesta. Impacientándose a cada segundo que pasaban en el silencio más absoluto. La criada movía nerviosa la cabeza. Negándose a responder. Francisca se acercó a ella. Intimidándola. –Sabes que terminare enterándome, Rosario. ¿Qué es lo que me ocultas?- volvió a preguntar. Suavemente. Agarró el brazo de la joven. Sin hacerle ningún tipo de daño. Rogándole con la mirada que respondiera. La criada resopló.
-Se trata de Raimundo, Señora.- dijo. Notando como ella sin darse cuenta apretaba su agarre. –Su esposa, Natalia, lleva meses enferma pero ahora… la enfermedad de la joven se ha agravado y según Don Julián no le quedan más que unos días de vida.- explicó. El rostro de Francisca empalideció. No sabía ni siquiera que la tabernera estuviese enferma. Y menos esperaba tan nefasta noticia. Dejó que su mirada se perdiese. Sabía que Natalia era un gran apoyo para Raimundo. Perderla para él sería un duro golpe. Quedó así unos segundos que rozaron el minuto. Rosario comenzó a asustarse por la actitud de Francisca. Pero cuando fue a abrir la boca, esta soltó su agarre y comenzó a subir las escaleras. Sin decir nada. Sin probar las galletas. Había perdido totalmente el apetito. Así como las ganas de hablar con nadie.
-Nada, Señora.- contestó al mismo tiempo que salía del almacén contiguo.
-Pues para no ser nada huele francamente bien.- bromeó Francisca. Rosario sonrió. Sin dejar de faenar.
-Estaba preparando chocolate y galletas para la merienda.- explicó. – Aunque estas aún están el horno.- añadió la criada. Quitando algunas manchas de harina que tenía su delantal.
-Sírveme entonces ese chocolate.- le ordenó. Con una seriedad fingida. Caminando hacia una de las silla que había alrededor de la mesa. Rosario asintió. Y, mientras Francisca se acomodaba, Rosario cogió la taza y el recipiente en el que se encontraba el chocolate caliente. Colocó la taza en la mesa. Y con maestría vertió el chocolate en ella. Tendiéndosela, al terminar, a Francisca. Esta la cogió entre sus manos. Calentándolas con el calor que el chocolate desprendía. –Y... ¿le quedan mucho a esas galletas?- preguntó antes de llevarse el chocolate a la boca. Disimuladamente.
-No, Señora.- contestó Rosario. Conteniéndose para que su sonrisa no fuese a más. –En cuando las saque y se enfríen un poco se las sirvo, a usted y al pequeño Tristán.- aclaró. Francisca seguía bebiendo su chocolate. Movió levemente la cabeza. Dándose por enterada de la respuesta.
Rosario quedó mirándola. Aquel día Francisca estaba realmente hermosa. Tenía una actitud despreocupada. Y en varias ocasiones la había sorprendido sonriendo. Cosa que estos años no había sido muy habitual en ella. Rosario suspiró. Sin apartar sus ojos de ella. Estaba claro que Francisca no sabía lo que ocurría no muy lejos de ella. En el pueblo.
-¿Qué andas mirando, Rosario?- la sacó de sus pensamientos antes de que le diese tiempo a borrar su sonrisa. Antes de que pudiese entristecerse por el estado de la joven tabernera. Rosario meneó la cabeza.
-Yo… nada, Francisca.- contestó. –Es solo que hoy se la ve mejor que otros días.- explicó. Pero el nerviosismo se había apoderado de ella. Y Francisca no dejó escapar aquel detalle.
-¿Solo eso?- indagó. La criada asintió. Y evitando los problemas se dirigió hacia el horno. Sacando las galletas de él. Francisca dio el último sorbo al chocolate. Sin estar del todo conforme con la respuesta de Rosario. Pero no le dio máxima importancia. Nada seria.
Aunque ahora que recordaba Tristán se había comportado de manera diferente al resto de los días. Estaba como más tristón. Más apagado. Meneó la cabeza. ¿Y si se trataba del niño? Respiró hondo. Fuera lo que fuere se enteraría pronto.
-Será mejor que le subas la merienda a Tristán cuanto antes.- le dijo. –El pequeño ha venido un poco decaído del colegio.- comentó. Esperando la contestación de la criada. Quien se mantenía de espaldas a ella. Traspasando las galletas de la bandeja del horno a un plato.
-Normal.- musitó. Más para sí que para Francisca. Sin detenerse en su tarea.
La joven Montenegro se puso más nerviosa al no escuchar respuesta por parte de Rosario. Y más aún, si lo único que había llegado a sus oídos era el murmullo de la criada.
-¿Qué ocurre, Rosario?- preguntó a tiempo que se levantaba de la silla. Lo mejor sería ir al grano y dejarse de rodeos. Odiaba que algo ocurriese y ella no estuviese al tanto.
-Ya le he dicho que nada, Señora.- contestó Rosario. Francisca la miró. Acercándose a ella. –El niño está un poco más apagado porque Sebastián no fue hoy al colegio. Ya sabe cómo son los niños.- termino diciendo. Deseando en el mismo instante no haber hablado. Esperando a que Francisca no indagase más.
-¿Sebastián?- susurró Francisca. Sorprendida. No esperaba aquella respuesta. Pero pocos segundos después, tras encajar la respuesta, la curiosidad volvió a apoderarse de ella.
-Y ¿por qué motivo no ha ido Sebastián a la escuela?- preguntó. Arrepintiéndose al hacerlo. Cerró los ojos. Intentando controlar el nerviosismo que había surgido en ella. Aquel nerviosismo que le producía todo lo relacionado con Raimundo. La criada se dirigió hacia el otro lado de la cocina. Esquivando a Francisca. Intentando hacer lo mismo con su pregunta. Pero no pudo. Francisca la miraba. Esperando la respuesta. Impacientándose a cada segundo que pasaban en el silencio más absoluto. La criada movía nerviosa la cabeza. Negándose a responder. Francisca se acercó a ella. Intimidándola. –Sabes que terminare enterándome, Rosario. ¿Qué es lo que me ocultas?- volvió a preguntar. Suavemente. Agarró el brazo de la joven. Sin hacerle ningún tipo de daño. Rogándole con la mirada que respondiera. La criada resopló.
-Se trata de Raimundo, Señora.- dijo. Notando como ella sin darse cuenta apretaba su agarre. –Su esposa, Natalia, lleva meses enferma pero ahora… la enfermedad de la joven se ha agravado y según Don Julián no le quedan más que unos días de vida.- explicó. El rostro de Francisca empalideció. No sabía ni siquiera que la tabernera estuviese enferma. Y menos esperaba tan nefasta noticia. Dejó que su mirada se perdiese. Sabía que Natalia era un gran apoyo para Raimundo. Perderla para él sería un duro golpe. Quedó así unos segundos que rozaron el minuto. Rosario comenzó a asustarse por la actitud de Francisca. Pero cuando fue a abrir la boca, esta soltó su agarre y comenzó a subir las escaleras. Sin decir nada. Sin probar las galletas. Había perdido totalmente el apetito. Así como las ganas de hablar con nadie.
#4432
25/11/2011 21:07
Miri al paso que van Raimudno se entera de la enfermedad de la Paca el día en que tenga más de 140 años
#4433
25/11/2011 21:26
me esperaba más del capítulo y sobre todo de los avances 
pero nada,como siempre
menos mal que...
Rocio,ahora leo tu relato ;)
EDITO: qué penita Natalia...
es duro estar enamorada de alguien que está a tu lado,pero que ama a otra :(
bravo mi niña!

pero nada,como siempre
menos mal que...
SPOILER (puntero encima para mostrar)se va a descubrir la próxima semana el secreto de Francisca...espero que sea este lunes
Rocio,ahora leo tu relato ;)
EDITO: qué penita Natalia...
es duro estar enamorada de alguien que está a tu lado,pero que ama a otra :(
bravo mi niña!
#4434
25/11/2011 21:42
Kera eres absolutamente genial! Muerta me has dejado con el momento cicatrices. ¿Qué si has conseguido el relato que queríamos? Mil veces sí!!! Gracias porque anoche leyéndote conseguiste levantarme ese mal ánimo que me habían dejado con el VE
Rocío... para que luego digan que mi Paca no tiene corazón. Me ha encantado este trocito del relato, con ese Tristán triste por su amigo, ya que en la serie parece que no están en su mejor momento...
El capítulo me ha gustado, la verdad. Las escenas Alfonso-Emilia me encantan y a mi la trama H como la llaman por ahí no me disgusta (llamémoslo egoísmo por ver algo entre Rai y la Paca, aparte que nunca me ha llamado mucho la atención la historia de los protas) Me gusta como ponen ahora la publi, se disfruta más el capítulo. Me han encantado hoy los diálogos de Raimundo, que sabiduría la de este hombre!!!
El VE sigue sin funcionar ¬¬
Leídos los spoiler, por favor... que no alarguen el secreto de Francisca, que salga a la luz pronto para TODO
Puente Viejo.
Rocío... para que luego digan que mi Paca no tiene corazón. Me ha encantado este trocito del relato, con ese Tristán triste por su amigo, ya que en la serie parece que no están en su mejor momento...
El capítulo me ha gustado, la verdad. Las escenas Alfonso-Emilia me encantan y a mi la trama H como la llaman por ahí no me disgusta (llamémoslo egoísmo por ver algo entre Rai y la Paca, aparte que nunca me ha llamado mucho la atención la historia de los protas) Me gusta como ponen ahora la publi, se disfruta más el capítulo. Me han encantado hoy los diálogos de Raimundo, que sabiduría la de este hombre!!!
El VE sigue sin funcionar ¬¬
Leídos los spoiler, por favor... que no alarguen el secreto de Francisca, que salga a la luz pronto para TODO
Puente Viejo.
#4435
25/11/2011 23:15
Ruth que bonito hija, no entiendo como en un ratito puedes escribir semejante maravilla, eres una fenómena.
Rocío, como me gusta que Francisca sienta la muerte de Natalia, eso dice mucho en su favor, ya podía palmarla el HP de Salvador que me da un asco de la muerte, a ver como sigue la historia.
Total que no quiero ser pesimista pero de la gran escena de estos dos...en fin que ya se verá pero Miri, como sigas con los dedos cruzados se te va a resentir la circulación, déjalo que sospecho que nos quedamos con un palmo de narices.
en fin, me voy a ver el avance que aun no lo he visto.
Rocío, como me gusta que Francisca sienta la muerte de Natalia, eso dice mucho en su favor, ya podía palmarla el HP de Salvador que me da un asco de la muerte, a ver como sigue la historia.
Total que no quiero ser pesimista pero de la gran escena de estos dos...en fin que ya se verá pero Miri, como sigas con los dedos cruzados se te va a resentir la circulación, déjalo que sospecho que nos quedamos con un palmo de narices.
en fin, me voy a ver el avance que aun no lo he visto.
#4436
25/11/2011 23:36
Hola niñas, qué tal andáis?
Bueno aunque vengo un poco tarde ya que aún hoy me puse al día y falta me hacía, NO me mola nada la reacción de Cuca y esa posible trama de la insípida con nuestro Rai.
Nos dan esas miradas, llenan la pantalla con su a mor, nos enamoran a nosotras y ahora los besos del tabernero para Águeda??? I say NO, NO, NO. Me niego, no lo soportaré! Ni para poner celosa a la Paca! Con verlos hablar a Paca le bastará para sacar la garra. Nosotros anhelando que avance esta relación y ahora nos dejan con la duda y la posibilidad de tener algo con otra? Por favor pido que no nos maltraten más.
Sólo aceptaría que los besos de Rai fueran para RUTH claro!!
Ruth, con lo que a mí me gusta el chocolateeeeeeeeeeeee! Cuánto me reí. Me encanta que ella se deje llevar a pesar de que el efecto del elixir mengüe a medida que va avanzando tu relato. Porqué los dejaste caer tan pronto al río mujer, que se pasaran un poquito más la lengua antes!!
y el momento en las que Rai pasa sus dedos por las cicatrices, buff se me erizan los pelos! Haces pura magia!
Rocío, pobre Natalia, a mí siempre me dio pena esa mujer y ver a Francisca afligida por esa muerte y pensando en que Raimundo perdería su gran apoyo...
Me encanta como plasmas su relación tanto con Mauri como con Rosario. Una maravilla, como siempre.
Bueno aunque vengo un poco tarde ya que aún hoy me puse al día y falta me hacía, NO me mola nada la reacción de Cuca y esa posible trama de la insípida con nuestro Rai.
Nos dan esas miradas, llenan la pantalla con su a mor, nos enamoran a nosotras y ahora los besos del tabernero para Águeda??? I say NO, NO, NO. Me niego, no lo soportaré! Ni para poner celosa a la Paca! Con verlos hablar a Paca le bastará para sacar la garra. Nosotros anhelando que avance esta relación y ahora nos dejan con la duda y la posibilidad de tener algo con otra? Por favor pido que no nos maltraten más.
Sólo aceptaría que los besos de Rai fueran para RUTH claro!!

Ruth, con lo que a mí me gusta el chocolateeeeeeeeeeeee! Cuánto me reí. Me encanta que ella se deje llevar a pesar de que el efecto del elixir mengüe a medida que va avanzando tu relato. Porqué los dejaste caer tan pronto al río mujer, que se pasaran un poquito más la lengua antes!!
y el momento en las que Rai pasa sus dedos por las cicatrices, buff se me erizan los pelos! Haces pura magia! Rocío, pobre Natalia, a mí siempre me dio pena esa mujer y ver a Francisca afligida por esa muerte y pensando en que Raimundo perdería su gran apoyo...
Me encanta como plasmas su relación tanto con Mauri como con Rosario. Una maravilla, como siempre.
#4437
26/11/2011 00:53
Oye Miri, y no es que quiera ser pájaro de mal agüero...¿no has pensado que tal vez los guionistas han desechado definitivamente la historia de amor de estos dos y la que va a valer es la de Rai y águeda?, quiero decir que igual esa trama la han abandonado
#4438
26/11/2011 01:16
Joder Miri, claro que creemos en su historia de amor, si no de que el porrón de páginas que llevamos, pero es que tengo la sensación de que la han aparcado y que ya está y que Francisca acabará como todas las malas de culebrón, loca, muerta o en la cárcel. Espero equivocarme pero yo creo que a esta pareja y más si lían a Rai y a águeda (que tiene todas las pintas de liarlos), está olvidada y finiquitada
#4439
26/11/2011 01:22
Bfff... no sé. Yo de verdad, me jodería mucho ver una relación Rai-Águeda más allá de lo que podríamos decir un "coqueteo" por parte de ella. Coñe! Que llevamos un montón de capítulos esperándolos!!! Ojalá no nos hagan sufrir mucho...
#4440
26/11/2011 10:33
yo la verdad es que voy por momentos....
hay veces que pienso como miri y dijo joder, es que la HISTORIA de puente viejo no puede acabar asi y menos asi de mal...ale aparece la insipida de Agueda y se lia con Raimundo y éste se olvida de todo el amor que siente por su pequeña que ni siquiera fue capaz de olvidar cuando ella mas trastadas y perrerias le hacia....pues es que me niego a pensar que esto va a acabar asi. Raimundo y Francisca son la mejor pareja y no puede terminar asi...y para colmo me sacan un libro sobre los origenes de pepa y de como era agueda...y a mi que me importa? a mi lo que me importaria saber es como era la relacion de francisca y raimundo joeee que son los que verdaderamente sustentan el secreto de puente viejo.
pero por otro lado hay veces que pienso....esto esta mas que finiquitado...antes cuando se veian por lo menos siempre hacian alguna referencia al pasado o se tiraban alguna puyita de esas que nos hacian saltar del sofa pero es que ahora...insultos, improperios y barrabasadas...por ambos....
encima francisca esta enferma y raimundo medio lo sabe (se lo dijo tristan) y ni siquiera le ha preguntado cuando la ha visto...en capitulos anteriores eso seria un motivo mas que suficiente para ir a verla a la casona. Tambien se me ha pasado por la cabeza que francisca acabara como las tipicas malas, sola, enferma y muriendo o en la carcel y que por eso a Raimundo le quieren buscar otra alternativa..
Peeeeeeeeero como dijo Maria (y lo que diga Maria va a misa) todo puede cambiar en puente viejo y por eso yo sigo creyendo en su historia de amor...veremos que pasa finalmente pero hasta que no haya novedades Raimundo esta loquito por Francisca y Francisca se derrite con su Raimundo....
hay veces que pienso como miri y dijo joder, es que la HISTORIA de puente viejo no puede acabar asi y menos asi de mal...ale aparece la insipida de Agueda y se lia con Raimundo y éste se olvida de todo el amor que siente por su pequeña que ni siquiera fue capaz de olvidar cuando ella mas trastadas y perrerias le hacia....pues es que me niego a pensar que esto va a acabar asi. Raimundo y Francisca son la mejor pareja y no puede terminar asi...y para colmo me sacan un libro sobre los origenes de pepa y de como era agueda...y a mi que me importa? a mi lo que me importaria saber es como era la relacion de francisca y raimundo joeee que son los que verdaderamente sustentan el secreto de puente viejo.
pero por otro lado hay veces que pienso....esto esta mas que finiquitado...antes cuando se veian por lo menos siempre hacian alguna referencia al pasado o se tiraban alguna puyita de esas que nos hacian saltar del sofa pero es que ahora...insultos, improperios y barrabasadas...por ambos....
encima francisca esta enferma y raimundo medio lo sabe (se lo dijo tristan) y ni siquiera le ha preguntado cuando la ha visto...en capitulos anteriores eso seria un motivo mas que suficiente para ir a verla a la casona. Tambien se me ha pasado por la cabeza que francisca acabara como las tipicas malas, sola, enferma y muriendo o en la carcel y que por eso a Raimundo le quieren buscar otra alternativa..
Peeeeeeeeero como dijo Maria (y lo que diga Maria va a misa) todo puede cambiar en puente viejo y por eso yo sigo creyendo en su historia de amor...veremos que pasa finalmente pero hasta que no haya novedades Raimundo esta loquito por Francisca y Francisca se derrite con su Raimundo....