El Rincón de Francisca y Raimundo:ESTE AMOR SE MERECE UN YACIMIENTO (TUNDA TUNDA) Gracias María y Ramon
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Tráiler en español de 'Off Campus', la nueva serie de Prime Video con Ella Bright y Belmont Camelli
LE PONGO UN 10. María te adoroooooooooooooooo.
Cris gracias por el enlace guapa
Rocío que tierno me ha parecido tu relato me encanta esa Francisca dulce aunque me de una pena horrorosa, y Tristán es un amor.
Ruth, que preciosidad, ese momento Francisca abrazada a la almohada me ha dado mogollón de ternura, joer cuando pienso que ya no me puedes sorprender...zas, me dejas con la boca abierta y por cierto anímate mi niña guapa que un día malo es solo eso,un ratito y luego vuelve a salir el sol

Y por todos los achuchones que necesites.
Bueno, bueno, bueno llego y me encuentro que hay escena…, me supo a poco, como no, pero al final Raimundo siguiéndola con la mirada extrañada como preguntándose: qué se ha fumao esta mujer, no tiene Price! Y la otra drogada, vamos, lo que puede salir por la boquita de la Paquita…. Qué guasona, y esas caras es que me troncho!! PERFECTA NUESTRA MARIQUIÑA!
Rocío, como siempre, doloroso ver cómo Francisca pone buena cara para su niño habiendo pasado por lo que acaba de pasar… buff.
Ruth, tu imaginación parece que no tiene fin de existencias! Fascinada me hayo eh? Dos relatos ahora… con cual vas a seguir???
Y bueno te mando un BIG BIG KISS con bueníiiisima energía y muy aconsejable canjear el vale de Mariajo, sienta que no veas!!!
, anda que no ha estado grande Francisca xD_____





El capítulo me ha gustado mucho. Lo de Águeda ha sido provocación en toda regla y AHÍ ESTABA MI PACA!!!! Ahora sí que puedo decir que Paca ha vuelto: la guerrillera y la de las patadas en la boca con la ironía. Esa sonrisita al ver a Raimundo me ha encantado pero pensé que era para ligar como esa sonrisita que puso cuando fue a la casa de comidas en ese lejano capítulo 148 que Rai estaba con la limonada de Emilia. Luego pusieron que fue por la doctora pero no pusieron cómo entraba... me quedé un poco perdida pero en fin... Aun así los segundos que han pasado juntos no han tenido precio. Y la semana que viene vaya tela:
SPOILER (puntero encima para mostrar)Sole dice abiertamente que va a sacar a Juan de la cárcel al mismo tiempo que Olmo le dice a Pardo que haga lo mismo y que lo mate. No creo que Pardo lo haga porque Juan le salvó la vida pero a ver por donde nos salen.
Tristán y Pepa son hermanos. Menudo secreto a voces y menuda cagada (para mí) de los guionistas. Plagio absoluto de Bandolera. ¿Es que no tienen imaginación?
Alfonso y Emilia empiezan su camino juntos. Felicidades para las alfonsoemilistas de corazón. Espero que esa historia al menos la respeten. Nos merecemos ver algo de amor en la serie.
Martín vuelve de la mano de Sara Ballesteros. Estoy deseando ver la explicación que dan los guionistas de lo de la chaqueta y de la desaparición en general. A ver qué dicen.
Y en cuanto a nuestra pareja nada... Pero no hay que perder la fe en el final de temporada. ARRIBA LOS CORAZONES.
Ruth tía y Chus MUCHÍSISISISISISISISMOS ÁNIMOS. Que yo también estoy de bajón a veces pero siempre pasa. MUUUUUCHOS BESOS Y MUCHOS ABRAZOS A LAS DOS. Y que te mejores del resfriado super Ruth que sabes que te admiro muchisísimo por cómo escribes. Cuando todo son agonías en la serie leo tus relatos y me alegran no sabes cuánto.
Rocío tía como siempre maravilloso. Escribes que da gusto leerte. Esas escenas son tan realistas...
Y que decir QUE OS ADORO A TODAS MUCHÍSIMO. En lo que respecta a mi relato como avance os voy a decir que Francisca empeora y que Raimundo, mientras, habla con Emilia y Sebastián. ¿Se enterará de la enfermedad de Francisca?¿Se irá pese a ello?

SPOILER (puntero encima para mostrar)Tristán y Pepa no son hermanos porque Tristán no es hijo del Castro sino del Ulloa. Ahora les hacen creer que son hermanos y se va a montar una bien grande perooooooo tranquilidad porque nooooooo lo son. Como me da que tampoco será un Castro Carlos porque sino Martín sería hija de Pepa y Carlos y estos serían hermanastros... aquí la Única Castro será Pepa. Soledad también será hija del Ulloa, Salvador lo descubrió y por eso abusaba de ella y pegaba a Francisca y Tristán... Elucubrado queda
Qué buenos son esos roneos entre Francisca y Raimundo espero que comiencen a ser cada vez más intensos Y si Dónde miraba Raimundo
?Pinta a que aparecerá Martín y como Tristán es su padre legal querrá tenerlo en la Casona pero la Doña no podrá soportar que el niño sea hijo de Pepa y Carlos Castro y empezará a decir que ese niño es hijo del pecado y bla bla bla total que me veo a Tristán viviendo de alquiler en Casa Rai...
A mí me ha encantado la escena de Francisca con Águeda y esa Francisca contra Pepa. Grandes María Bouzas y Cuca Escribano que esta también pinta a que nos va a dejar escenones de los guapos. No veo la hora pa ver el 1er broncón entre Pepa y Águeda cuando sepa lo que le dice el cura de que la está manipulando o engañando...
Qué chulo el video de María con el Saludo!!! Gracias por conseguirlo
!!!
SPOILER (puntero encima para mostrar)que de momento Tristán y Pepa son hermanos y que al aparecer Martín, la doña insistirá erre que erre en lo del incesto, hijo del pecado, que asco de incesto, esa partera del demonio,... La felicidad de esos dos dependerá de que Rosario o la Doña (espero que por influencia de Rai) suelte el bombazo que todas sabemos desde que se dijo que uno de los hijos de Francisca es de Raimundo: que Tristán es un Ulloa.
Por cierto... hablando de hijos ilegítimos. ¿Hipólito no será hijo del Prudencio? Vaya tela!
No me gusta pasar demasiado tiempo alicaída,no merece la pena.
Así que gracias otra vez.
Rocio,maravilloso como siempre.estoy deseando leer ese cuento. Me encanta! Yo tengo que leer muchos cuentos a lo largo de la semana y me apasionan.Sigue!
Miri,Silvia,gracias por las capturas.
Besos a todas ;)
SPOILER (puntero encima para mostrar)Lo que no sé es cómo se descubrirá algo han de sacar del Castro. Una pena que Tristán no sepa que Francisca y Ulloa tuvieron algo... a ver si Sebastián y Emilia igual se coscan de algo porque cuando se descubra que Pepa es una Castro va a ser un dramón. Alguien ha de olerse lo que no es... igual Rosario viendo el dolor de los muchachos le dice a la doña Pero va a dejar que su hijo sufra como sufre sabiendo usted y yo lo que sabemos sobre la sangre de Tristán
? Frase que de producirse debería escuchar Soledad si o si pa que sospeche quiero que Soledad tenga más escenas con Sebastián y Emilia... Igual aparecen más cartas la Doña tenía las del Ulloa pero Raimundo tendrá las de Francisca no?
Aver si os gusta
miri
Propongo a Francisca que se vaya a la Casa de Comidas fingiendo ir a molestar a Raimundo y que, accidentalmente, heche unas cuantas gotitas en el vasito de agua que (seguro) Raimundo se está sirviendo en ese momento a ver si así... Con los dos contentos... Pasa lo que tiene que pasar Jajajaja
MUY BIEN!! Pues ahí va...
"ELIXIR DE AMOR"
- Me voy. No me interesan las quejas que este plañidero pueda traerte -. Acarició con ternura el pecho de su hijo. – Porque no vendrá con otra cosa -. Miró a Raimundo con toda intención.
Comenzó a subir las escaleras sonriendo sin poder evitarlo. Además, aunque no se diera la vuelta, notaba sobre su nuca la fija mirada de Raimundo siguiéndola. Llegó hasta su habitación y cerró la puerta. Una pequeña carcajada salió de su garganta mientras pensaba en el reciente encuentro con él. Ni siquiera le importaba el motivo por el cual había acudido a la Casona. Y le daba lo mismo, porque para ella lo importante era que había podido verle. Tan apuesto como siempre, por un instante tuvo el valor suficiente para acercarse y tocarle. Cada vez que tomaba esa medicación, era como si todos sus deseos más profundos pugnaran por salir de ella para convertirse en realidad. Y le costaba mucho controlarlos. Le pasó cuando el doctor Guerra le procuró morfina en aquella ocasión que casi estuvo a punto de ir a la taberna por la necesidad que le invadió de pronto por tenerle frente a ella. Y le estaba pasando en ese mismo momento, sedada como estaba por ese “elixir mágico” que Gregoria le había administrado, y gracias al cual, todo lo que le rodeaba le parecía tan relativo…
”No he venido a discutir contigo sino a hablar con tu hijo” le había dicho.
- Si supieras que también es el tuyo Raimundo…-. Se rió acariciando el lujoso secreter de la habitación. Debía controlar su lengua en esos momentos, no fuera que hablara más de la cuenta y revelara cosas que no estaba dispuesta, bajo ningún concepto, a que se conocieran.
Pero aun así se había quedado con ganas de más. Una idea cruzó su cabeza, y lo más curioso es que, sedada como estaba, no le parecía para nada alocada. Esperaría a que anocheciera, a que todos se hubieran retirado a sus habitaciones, para salir de la Casona sin ser vista e ir a molestar un ratito a Raimundo a la taberna. Sería tan divertido…
Se dejó caer laxamente en la butaca de la habitación riéndose sin parar. Esa noche se le antojaba muy divertida.
*************************************
Raimundo cerró la puerta de su habitación con suavidad y se quitó la chaqueta. Estaba cansado después de haber estado buscando a Sebastián por todo el pueblo hasta que al fin dio con él. Se sentó en la cama pensando en el rumbo que estaban tomando las vidas de sus hijos y suspiró. Las cosas no estaban saliendo para ellos tal y como él había imaginado cuando eran niños. Pero después de todo, le quedaba el consuelo de que, a pesar de las zozobras que estaban padeciendo en los últimos tiempos, eran buenos muchachos.
De pronto sus pensamientos vagaron otra vez hasta Francisca. Como siempre hacían cuando pensaban en la vida que podía haber tenido junto a ella. Sonrió al recordar el encuentro de esa tarde. Había notado algo extraño en ella, estaba más ¿relajada?... sí, quizá esa era la palabra adecuada para definir su estado. Había visto cómo se acercaba a él con una sonrisa que le paró el corazón al traerle demasiados recuerdos. Era la misma que ella empleaba hace años justo antes de lanzarse a sus brazos y devorar su boca como si fuera un fruta madura. Tragó saliva al poner imagen sin querer, a lo que había pensado hace un segundo. Cada vez le costaba más no atraparla entre sus brazos y silenciar esa lengua viperina con sus besos. Y hoy, le había costado más que nunca. ¿Qué es lo que tendría? Ella no acostumbraba a mostrarse así. Le había provocado, es cierto, pero no como los últimos años. ¿Había…coqueteado con él? Parpadeó extrañado ante la conclusión a la que sus disertaciones habían llegado. Meneó la cabeza sonriendo.
- Deja de pensar en ella Raimundo…- se dijo a sí mismo.
Empezó a desabotonarse la camisa cuando escuchó ruido abajo. Como si alguien intentara acceder a la taberna. ¿Ladrones? Se incorporó con cuidado, abrió la puerta y escuchó. Definitivamente, alguien estaba intentando entrar en la taberna.
Bajó las escaleras sin hacer ruido y decidió salir por la puerta de la posada para poder pillar con las manos en la masa a quien estuviera tratando de entrar en su negocio sin ser visto, y a saber con qué intenciones. Nada buenas, seguro. Sigiloso, andando de puntillas para no ser descubierto, tomó un palo de madera que había junto a la puerta. ”Por si acaso…”. No estaba a favor de utilizar la violencia, pero pensaba que sí, quienquiera que fuera, le veía armado con ese madero, se disuadiría de intentar robarle y se marcharía.
Se apoyó contra la pared y tomó aire. Solo unos pasos le separaban del supuesto maleante. ”Ahora o nunca Raimundo”. Salió de su escondite y corrió hacia la puerta de la taberna, dejando caer el palo al suelo, así como su mandíbula cuando vio a la persona que estaba intentando entrar en la taberna.
- ¡Francisca! -.
Ella no pudo evitar un respingo cuando escuchó su nombre y un pequeño grito salió de su boca. Se dio media vuelta, y entonces se llevó una mano al pecho suspirando con alivio.
- Raimundo, por Dios, qué susto me has dado -. Notaba el corazón acelerado dentro de su pecho. – ¿No te da vergüenza ir asustando por ahí a mujeres indefensas? -.
No podía dar crédito a lo que estaban viendo sus ojos. Francisca, sola, y a esas horas de la noche. ¿Qué demonios quería ahora ese veneno de mujer? Un momento. ¿Le había dicho que se dedicaba a asustar a mujeres? Parpadeó atónito. ¿Indefensas? Desde luego, ese no era un adjetivo que se le pudiera aplicar a ella.
- ¿Có… cómo… Cómo dices? -.
Francisca sonrió bajando la cabeza pero sin dejar de mirarle. ¡Por todos los santos, que se cayera allí mismo si no era el hombre más apuesto y maravilloso que hubiera sobre la faz de la tierra! Había conseguido pillarle desprevenido y tuvo que controlar a todo su cuerpo para no lanzarse a sus brazos. Se acercó despacio a él tratando de aparentar desconcierto.
- Pareces extrañado de verme aquí Raimundo, ¿Te encuentras bien? -. Le tomó del brazo mientras seguía mirándole con el ceño fruncido, estudiando su rostro.
”Definitivamente, debo haberme caído de la cama y golpeado la cabeza. No puede ser verdad lo que está sucediendo”. Pensó Raimundo. -¿Qué…? ¿ Cómo…? -. No sabía qué decir. Dejó salir el aire de sus pulmones. - ¿Qué haces aquí Francisca? -.
Ella volvió a sonreír de medio lado, disfrutando de su desconcierto.
(Continua....)
Raimundo abrió aún más la boca, pensando en cómo era posible que estuvieran manteniendo esa absurda conversación. Recuperado ligeramente de la impresión inicial, volvió a formularle la pregunta.
- Te pregunté qué haces aquí Francisca -. Se quedó serio, mirándola fijamente.
Francisca abrió más los ojos, sorprendida ante esa seriedad repentina cuando ella no había hecho ni dicho nada para que se pusiera así. – Desde luego Raimundo, con los años se te ha agriado el carácter…- . Se alejó unos pasos. – Oh sí…qué hago aquí -. Comenzó a caminar, dándose golpecitos con el dedo en los labios, como si estuviera pensando. Raimundo no podía creer que esto estuviera sucediendo. -Tenía ganas de tomar un jerez y a eso he venido. ¿Dónde está el problema? -. Se encogió de hombros.
Si le clavaran la punta de mil alfileres en ese momento, estaba seguro de que no sentiría ninguno de ellos. La situación que estaba viviendo ahora mismo era totalmente inaudita.
– No es el sitio indicado para que vengas ahora con la tontería de tomarte un jerez Francisca. ¿Qué pretendes? -.
- ¿Qué no… qué no he venido al sitio indicado? -. Francisca se llevó la mano al pecho con fingida afectación. Se separó unos pasos de la puerta y miró hacia arriba, leyendo el letrero. – CASA DE COMIDAS -. Miró a Raimundo. – Pues no, no me he equivocado. Estoy en la taberna del pueblo y quiero un jerez -. Se cruzó de brazos junto a la puerta. – Y no pienso marcharme hasta que me sirvas uno, tabernero -.
Sabía que se arrepentiría de ello. Que seguramente a la larga traería consecuencias. Pero poder pasar un rato con esa Francisca dulce y divertida que tenía delante de él, y que hacía tanto tiempo que no veía, merecía la pena. Suspiró resignado y sacó de su bolsillo la llave que abría la puerta de la taberna. Llegó hasta ella pero se detuvo, ya que Francisca estaba justo delante.
- Si no te importa apartarte para que pueda abrir… -.
Ella le miró y se acercó a su oído. – Por supuesto Raimundo. Solo lo tenías que pedir amablemente -. Y entonces, se apartó de la puerta, no sin antes sonreír para sus adentros.
Raimundo había temblado cuando la sintió tan cerca de él. Pero no había sido el único.
Pasaron al interior y Francisca se quedó junto a una de las mesas, de pie. Raimundo la miró extrañado. – Puedes sentarte Francisca -.
Ella le miró como si se hubiera vuelto loco. - ¿Ahí? -. Le dijo mientras señalaba con el dedo. – no me sentaría en una de las sucias sillas de este antro ni aunque me lo pidiera el mismísimo rey Alfonso -.
Raimundo la miró enfadado. – ¡Pues no te sientes! – le dijo mientras abría los brazos derrotado. – Haz lo que quieras Francisca. Voy a por tu jerez para que te puedas largar cuando antes -.
Se fue hacía la parte interior de la barra mientras Francisca disimuló la carcajada que le estaba naciendo desde lo más hondo de su ser. Estaba disfrutando tanto del hecho de estar provocándole y de ver el desconcierto en él, que seguiría tomando aquel sedante toda la vida si fuera necesario. Giró la cabeza levemente para ver cómo él seguía observándola desde la barra.
Suspiró y sacó un pañuelo de su bolso. Al hacerlo, descubrió en el fondo del mismo la botellita con el sedante que la doctora le había recetado. Sonrió al pensar en lo que esas maravillosas gotas podrían ocasionar en Raimundo.
Colocó el pañuelo sobre la silla y entonces se sentó, apoyando la cabeza sobre sus manos mientras esperaba a que Raimundo llegara de nuevo junto a ella.
- Aquí tienes -. Le ofreció el jerez, quedándose de pie a su lado.
Ella le miró. – Siéntate, hablemos un rato -. Le indicó con la mano que tomara asiento en la silla enfrente a la suya. Al ver que no tenía intención de moverse, le apremió. – Venga Raimundo, ¡relájate! Te noto demasiado tenso -. Volvió a señalarle la silla. – Vamos, sírvete algo y siéntate. No voy a morderte -. ”Solo si te dejas, claro…. Le miró de reojo, arqueando coqueta una de sus cejas y sonriendo mientras acercaba la copa de jerez a sus labios.
”Debo estar loco”. Raimundo suspiró. Fue hacia la barra, tomó una jarra de agua y un vaso y se sentó con ella en la mesa. Se sirvió un poco de agua en el vaso y dio un sorbo. Solo entonces se atrevió a hablarle.
- Muy bien, tú dirás -. Entrelazó las manos y la miró. - ¿De qué quieres hablarme? -.
¡Cómo se estaba divirtiendo! ¡Y qué a gusto se sentía a su lado! Podían hacer creer a todo el mundo que eran los peores enemigos que podían existir, y sin embargo, ahí estaban. Los dos, sentados en una de las mesas de la taberna e intentando llevar una conversación civilizada. De repente, miró hacia un lado y hacia otro.
- ¿No tendrás por ahí un poco de queso Raimundo? Ya sabes… para acompañar al jerez -. Necesitaba que se levantara para poder echarle unas gotas de aquel sedante que tanto bien le había provocado a ella. Le notaba tan tenso en su presencia, que solo quería que se relajara un poco.
Raimundo comenzó a hablar. - Francisca, creo que… -. Pero ella le interrumpió.
- Tengo dinero para pagarte…si eso es lo que te preocupa tabernero -. Y acto seguido, cogió su bolsito dispuesta a sacar unas monedas.
- Está bien, está bien… -. Raimundo se levantó refunfuñando de su asiento y desapareció por la puerta de la cocina. Aun no sabía cómo era posible que se dejara convencer por ella para llevar a cabo toda esta pantomima. Pero el caso es que, a pesar de todo, estaba pasando un rato muy agradable con ella. Volvía a encontrarla igual de relajada que esa misma tarde en la Casona. No sabía muy bien a qué era debido y por eso, tenía que estar alerta y no dejarse engatusar por sus recién recuperadas buenas maneras. Se quedó pensativo unos instantes antes de volver a salir con ella. Todas las sonrisas que Francisca le estaba dedicando esa noche le estaban volviendo loco. Era como si el tiempo no hubiera pasado, como si nunca se hubiesen separado. Solo volvían a ser un hombre y una mujer que se amaban por encima de todas las cosas. O al menos, eso es lo que él quería creer ahora. Salió de la cocina con el plato de queso y lo puso encima de la mesa.
(continua....)
Ella se carcajeó. – No lo creo Raimundo, pero gracias por el intento. ¿Brindamos? -. Alzó su copa. Quería que Raimundo bebiera, ya que había diluido en su bebida unas gotas del sedante que llevaba en el bolsito. Si esas gotas milagrosas eran capaces de hacer que a ella todo le resbalase en ese momento, que las preocupaciones quedaran difusas en su mente y que se encontrara tan sosegada como para olvidar que estaba frente al hombre que un día le abandonó destrozando su corazón y al que, a pesar de ella misma, del tiempo y del destino, seguía amando con toda su vida, ¡qué no podían hacerle a él!
Raimundo suspiró y tomó su vaso. - ¿Y por qué brindamos Francisca? ¿Tenemos algún motivo acaso para hacerlo? -.
Francisca sopesó sus palabras. Ojalá pudieran estar así toda la vida, hablando sin herirse con cada palabra que saliera de sus bocas.
- ¿Qué te parece…por el futuro? ¿Por qué nos depare grandes momentos? -.
- ¿Juntos o por separado? -. Se atrevió a preguntar Raimundo con un nudo en el estómago.
- Dejemos que el tiempo nos sorprenda Raimundo -. Acercó la copa a sus labios y bebió. No dejó de mirarle ni un solo instante, presa de un gran nerviosismo. Raimundo por su parte, se sintió turbado ante su mirada, su actitud, y sobre todo, ante lo que había dicho. Dio un largo sorbo de su vaso también sin poder quitar sus ojos de ella.
Pasó cerca de una hora en la que no dejaron de mantener una conversación entretenida y distendida. Raimundo había comenzado a sentirse profundamente relajado y cómodo a su lado. Lo estaba pasando francamente bien con ella. Además, Francisca estaba tan preciosa que le cortaba el aliento. Entre risas, provocadas por antiguos recuerdos de momentos que habían compartido en el pasado, terminaron sentados en el suelo de la taberna, con la espalda apoyada en la parte baja de la barra, y uno al lado del otro.
- Y ¿recuerdas cuando mi padre nos pilló en el cobertizo y te disparó con la escopeta de perdigones? -. Francisca saltó en carcajadas cuando recordó la cara que Alejandro Montenegro había puesto cuando les sorprendió. Raimundo también reía recordando el momento. Sin ser consciente de ello, llevó su mano hasta la parte baja del abdomen, donde permanecía la marca de aquel día.
Francisca observó aquel gesto y puso su mano sobre la de él. – No sabes cuánto sufrí al verte herido… -. Le dijo suavemente, casi en un susurro. Raimundo cerró los ojos cuando sintió la mano de ella cubriendo la suya.
- Yo sufrí lo indecible después, cuando tuve que dejarte…-. Giró su cabeza hasta quedar frente a los ojos de Francisca. – Te amaba tanto que creí morirme, Francisca -. Ambos se quedaron en silencio. Raimundo movía su mirada desde los ojos de ella hasta sus labios, hechos para ser besados. – Lo siento… -.
Francisca sentía que le pesaban los ojos. Solo quería que él tomara sus labios y le besara. No deseaba nada más en este mundo. Pero él había hablado en pasado. ¿Tal vez ya no la quería?
- ¿Y ahora Raimundo? -. Movió su cabeza, acercándola de manera imperceptible a la de él. - ¿Aún… me amas? -.
Ya no había risas. Ninguno sonreía, solo se miraban. Estaban tan juntos, que notaban el calor de la cercanía del otro en su piel. Las respiraciones de ambos se volvieron erráticas.
- ¿Y tú Francisca? ¿Me amas todavía? -. Musitó Raimundo mirando descaradamente sus labios.
Por una vez, sobraron las palabras entre ellos. Cerraron los ojos y rozaron sus labios con suavidad, como si fuera un dulce aleteo, por temor a que todo se tratara de un espejismo y se diluyera en el aire. Pero no fue así. Esta vez era real. La mano de Raimundo llegó hasta su mejilla, acariciándola con adoración y volviendo a acercarla hasta sus labios para dejar en ellos un beso mucho más profundo y más intenso que el anterior. Enredaron sus lenguas en una danza lenta, pausada. Dulce. No querían que ese momento acabara nunca.
- Raimundo, ¿nos estamos equivocando? -. Le preguntó Francisca aturdida.
Él la besó de nuevo antes de responder. – La equivocación ha sido vivir tanto tiempo separados -. Entrelazó su mano con la de ella. – No sé muy bien qué ha pasado. Me encuentro…calmado, tranquilo por primera vez en años. Y tú también lo estás. Puede que el destino nos esté dando otra oportunidad -.
Francisca agachó la cabeza sintiéndose como una niña pequeña a la que habían pillado en su travesura. – Raimundo verás…la doctora me administró un sedante bastante fuerte. Y eso hace que me sienta libre de hacer y decir cosas que de otra manera, tendría miedo o vergüenza -.
Raimundo la miró sorprendido. - ¿Estás bajo los efectos de un sedante? -. Ahora comprendía muchas cosas. ¿Todo había sido una burla?
- Pero lo peor…- siguió hablando Francisca. – Es que eché unas gotitas en tu vaso -. No se atrevía a mirarle, estaba avergonzada. – por eso tú también te sientes…así -.
Raimundo se quedó callado. Todo había sido una farsa, ella había jugado con él. ¿Cómo podía haber sido tan estúpido? Estaba enfadado. Dolido. Y la miró. Y de repente olvidó su enfado. Su dolor. Ella estaba tan avergonzada que era imposible que todo lo que había pasado esa noche fuera producto de una farsa.
(continua...)
- Esas gotitas que dices que hemos tomado no han hecho sino obligarnos a expresar en voz alta lo que por orgullo nunca nos atrevimos a decirnos estos años Francisca -. Raimundo tomó sus manos entre las suyas. – Te quiero. Y mañana, cuando se haya pasado el efecto de este mejunje que me has dado, te lo volveré a repetir. Consciente de que es verdad. De que es la única verdad -.
Francisca besó sus manos sonriéndole con amor. – Sabes que yo también haré lo mismo Raimundo. Te quiero con todo mi corazón -. Se besaron con ansia esta vez, con desesperación. Una maraña de brazos y manos recorrían sus cuerpos, ávidos de volver a sentirse.
- ¿Qué te parece si aprovechamos los efectos y que aún estamos un poco…drogados y sin capacidad para poder avergonzarnos esta noche, y me haces el amor? -. Enlazó las manos en el cuello de Raimundo y comenzó a reírse. – Total, mañana será otro día. Ya me confesaré con Don Anselmo -.
Raimundo también se rio con ella mientras la iba tumbando poco a poco en el suelo. – Me parece estupendo mi niña -. Llevó su mano a los botones de su vestido y los rompió de un tirón. Le sonrió sensualmente. – Siempre quise hacer esto -.
Francisca comenzó a carcajearse mientras Raimundo le besaba el cuello. –Me tocará volver medio desnuda a la Casona -. No podía parar de reír. – Imagina la cara de Tristán si pillara a su venerable madre volver con esas pintas -. Jadeó al sentir como Raimundo le mordía tiernamente el hombro.
Él la miró y le dijo: - No hay problema. Dile que ha sido culpa mía -. Le fue quitando poco a poco el vestido. – Cuéntale que sin querer, mis manos cayeron accidentalmente sobre los botones y les arrancaron -. Puso una expresión tan inocente en su rostro que Francisca no pudo evitar volver a carcajearse.
Pero pronto las risas dieron paso a la pasión, cuando Raimundo metió sus manos por debajo del vestido de ella. Había pasado tanto tiempo, y le deseaba tanto, que Francisca apenas sintió dolor cuando él se introdujo en ella. Bailaron juntos la danza del amor mientras sus alientos no dejaban de mezclarse fruto de los besos y los jadeos que cortaban el aire. El clímax les transportó hacia unas alturas nunca conseguidas. Murieron de placer, uno en brazos del otro, ahogando el intenso grito que amenazaba con salir de sus gargantas dentro del beso más dulce y apasionado que habían compartido jamás.
Cuando las aguas volvieron a calmarse, cuando Raimundo descansaba sobre el pecho de Francisca y ella acariciaba su espalda, aferrándole más contra ella, pudieron volver a mirarse a los ojos con la convicción de que todo había cambiado entre ellos. Y agradeciendo que unas pequeñas gotas de ese elixir mágico, hubieran derribado por fin, las barreras que los separaban.
FIN!!!!!!!!!!!!!!!!!
Hoy en el tajo me he aburrido bastante la verdad así que me ha dado por pensar en la escena en la que Francisca va a ver a Raimundo ciego y el se comporta bastante regular. Tengo grabada la cara de dolor de Francisca cuando Raimundo la trata tan mal pero siempre me quedó la duda de que hubiera pasado si Francisca, a pesar de todo al ver así a Raimundo hubiera vuelto al día siguiente y aunque la hubiera echado hubiera vuelto al siguiente y así hasta que bien o mal el se hubiera dejado ayudar y todo lo que hizo Emilia lo hubiera hecho ella, que lo hubiera ayudado a salir de la depresión aquella de verdad que me hubiera encantado verlo...pero bueno son solo sueños por que todas sabemos, por desagracia como siguió la historia.
Miri, gracias por las capturas del capitulo de ayer, que estan repartidas por los hilos de estos dos y asi abreviamos :)
Silvia :D me encanta ver que tienes algo para capturar jaja por que eso significa que tenemos escena, aunque esta haya sido un encontronazo inesperado pero me encantan las caritas de estos dos, unos escasos segundos juntos que aprovechan para coquetear disimuladamente.
María gracias por el gif
Y Ruth, cariño mio :) jajajaj no sabes cuanto me he reido. Ojalá diesen una escena en la serie levemente pareciada a la tuya. Me ha fascinado verlos, pues mientras leia mi cabeza los imaginaba, juntos. Con esas gotas de elixir mágico. Maravilloso, como no, ese encuentro. Un final muy dulce :)
Cris sigue cuando puedas con ese fantastico relato :)
P.D. De mi relato me queda muy poco para terminar una escena, que me he puesto super tarde a escribir. Y terminarla llevaba su tiempo. Si puedo la reviso y os la pongo antes de dormir, que espero que sí, pero no lo sé seguro.
que no sé cuanto tardaré en terminarlo, pero me lo estoy currando xD