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El Rincón de Francisca y Raimundo:ESTE AMOR SE MERECE UN YACIMIENTO (TUNDA TUNDA) Gracias María y Ramon

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samureta
samureta
08/06/2011 23:44
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No existe amor en paz. Siempre viene acompañado de agonías, éxtasis, alegrías intensas y tristezas profundas.

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#4261
Crippy
Crippy
15/11/2011 22:22
Jaajajaja, Mariajo, si que tengo clase de filosofía pero me parece que mi querido profesor se ha dado cuenta de que lo que escribo con tanto ímpetu no son apuntes de Aristóteles (Miri ;) así que me ha pillado por banda y me pregunta todas las clases.

Tengo el siguiente trozo escrito pero sin pasar y el final está al caer pero estoy reventada. Prometo ponerme esta noche para subir por lo menos un trocito chiquitín.

EDITO: acabo de leer en la portada de formula tv que van a sacar un libro contando los orígenes de Águeda hasta el nacimiento de Pepa... y nosotras sin saber ni lo más elemental de Rai y Francisca... que también queremos saber de su relación de antes!

EDITO2: Mariajo, cris medio zombi deja el siguiente trozo del relato. Espero que os guste y que me perdonéis posibles fallos.

---------------------------

Los recuerdos le nublaron la mente. Hacía casi treinta años que pensaba de qué manera le diría, si alguna vez llegaba a hacerlo, que no había sido tan sinvergüenza como siempre lo había acusado de ser. Al menos había cumplido una de sus promesas.

-Francisca, ¿estás bien? –preguntó Raimundo al mismo tiempo que avanzaba, temeroso de no ser bien recibido de nuevo a su lado.

Ella suspiró, si él supiera…

Hacía casi treinta años que no estaba bien. No se volvió, pues se sentía incapaz de enfrentarse a su mirada, aunque no pudo evitar decir en voz alta cierto pensamiento que había estado guardando dentro de sí misma durante demasiado tiempo.

-Hubo una época en la que deseé no haberte conocido –confesó finalmente, sin ser consciente de los estragos que sus palabras estaban causando en Raimundo –Desde pequeña mi madre había estado educándome para un matrimonio concertado con un rico potentado. Algo artificial, sin ningún sentimiento… Simplemente la unión de dos fortunas. Sin amor. A decir verdad… lo que ocurrió finalmente –murmuró caminando con lentitud, apartándose del camino –Hubiera sido mucho más fácil si no hubiera sabido que podía esperar mucho más de un hombre “cariño, comprensión, apoyo” -no lo dijo, pero bien presentes los tenía en su cabeza.

Raimundo agachó la cabeza, avergonzado. Cada vez que discutía con ella lo hacía porque era la mejor manera de mantener alejados sus propios fantasmas. Y esa noche, toda esa seguridad sobre la que había tratado de construir su vida se estaba quebrando lentamente. Solo con escucharla. Bien sabía y supo que ella había sufrido, pero todo el daño que después le había causado a él y a su familia había terminado por recubrir todos aquellos sentimientos de culpabilidad.

Ella se sintió herida del mismo modo que él lo hizo cuando ella regresó pocos meses después casada con Salvador Castro.

Quiso defenderse; el mero hecho de saberse la causa última de todo su dolor ya era suficiente castigo.

-No solo yo te llevé a eso Francisca. Fue el despecho… al fin y al cabo, no es que tú tardaras demasiado en olvidarme–intentó esconder la amargura de su voz, pero no lo consiguió.

Francisca cerró los ojos con fuerza, sintiendo como se le contraía el estómago solo de escucharlo. Era tan injusto con ella.

-No tienes ni idea de lo que estás hablando – y sintiendo como el hechizo en el que había estado envuelta se rompía, se giró airada y emprendió rápidamente el camino de vuelta a la calesa, pasando a su lado sin tan siquiera mirarlo.

Pero toda esa ira no consiguió hacer pasar desapercibido algo que Raimundo hacía tiempo pensaba que jamás volvería a ver.

Estaba llorando.

Durante esa noche la había visto en varias ocasiones con los ojos acuosos y mostrando más emociones de las que le había visto en mucho tiempo, pero eso no tenía nada que ver con el torrente de lágrimas que acababa de contemplar.

Y no pudo evitarlo. La alcanzó. La sujetó y luchó contra los intentos de ella por resistirse. La abrazó, muriéndose por estar así pero sin poder evitarlo al mismo tiempo. Como la consoló el día que se besaron por primera vez. Advirtió como su camisa se empapaba del líquido caliente que eran sus lágrimas al mismo tiempo que ella temblaba en sus brazos. Se separó pero no la soltó. Solo lo suficiente para poder mirarla a los ojos.
Su mano comenzó a acariciarle la mejilla, suavemente, deslizándose por todo el contorno hasta terminar tratando de borrar el surco que dejaban las lágrimas a su paso con el dorso de la mano. Con una caricia. Su dedo pulgar comenzó de repente a deslizarse sobre los labios, haciéndole perder toda percepción de tiempo y lugar. Su mirada acompañando el movimiento. Se moría por…

Murió al besarla. Después de tanto tiempo pudo tomar ese beso que por las circunstancias sabía a la despedida que nunca pudieron tener.

Se resistió a todo lo que su cuerpo le pedía que hiciera y, tras unos segundos, comenzó a separarse, a alejarse. Soltó su cuerpo antes que sus labios para permitirle alejarse de él cuanto antes. Y el frescor de la noche que pensaba volvería a sentir no hizo acto de aparición, pues los labios que había tratado de abandonar persiguieron la estela cálida de su aliento hasta volver a fundirse de nuevo en un beso más apasionado que el anterior.

No repararon en el tiempo que se mantuvieron unidos. Habían sido demasiados años separados para dos personas que estaban destinadas.

Una despedida que se había tornado en reencuentro.

Fue Raimundo quien finalmente se separó, viendo de nuevo a aquella chiquilla que había sido algún día entre sus brazos.

-Tú y yo nunca tuvimos secretos pequeña –le susurró mirándola a los ojos. Ella estaba paralizada, ruborizada y avergonzada por lo que acababa de ocurrir. Demasiado débil como para darse cuenta de la trascendencia de los actos.

Él la tomó de la mano y juntos descendieron la colina como tantas y tantas veces habían hecho antes, hasta llegar a la parte oculta. La luna se reflejó brillante sobre la superficie calmada de la laguna.

-Escúchame…soy yo. Solo yo – murmuró acariciándole las mejillas.

Francisca lo miró cautivada, pero cuando quiso hablar lo hizo con la voz quebrada. Demasiadas cosas dificultando el camino.

-Si hablo me odiarás. Me odiarás para siempre –le reveló

-Pero… ¿No te das cuenta que no puedo odiarte? –trató de convencerla.

Ella bajó la vista al suelo y tras tragar saliva se sumergió en sus recuerdos. Recuerdos dolorosos sobre los que había tenido que sustentar su vida y que jamás podría olvidar.
#4262
mariajo76
mariajo76
16/11/2011 10:55
Cris corazón ni zombi ni nada simplemente precioso

Se resistió a todo lo que su cuerpo le pedía que hiciera y, tras unos segundos, comenzó a separarse, a alejarse. Soltó su cuerpo antes que sus labios para permitirle alejarse de él cuanto antes. Y el frescor de la noche que pensaba volvería a sentir no hizo acto de aparición, pues los labios que había tratado de abandonar persiguieron la estela cálida de su aliento hasta volver a fundirse de nuevo en un beso más apasionado que el anterior.

No repararon en el tiempo que se mantuvieron unidos. Habían sido demasiados años separados para dos personas que estaban destinadas.



Ese Raimundo alejándose por que sabe que a lo mejor se ha pasado de la raya y esa Francisca que lo vuelve a besar...madre mía que pasada- y la última frase...uf "dos personas que estaban destinadas", genial.

Por fa no tardes tanto en subir el próximo que me huelo que será el final o casi y a tu profesor que le den pero mucho ¿no sabe que tiene un genio en clase o que?

Lo de la visa de Agueda me importa un huevo de pato, tiene delito que me pongan la vida de esa novata y de Rai y de Francisca no sepamos prácticamente nada
#4263
samureta
samureta
16/11/2011 12:43
necesitáis que cambie algo
#4264
mariajo76
mariajo76
16/11/2011 13:02
Por mi a los guionistas, pero por desgracia ahí no puedes hacer nada
#4265
thirdwatch
thirdwatch
16/11/2011 18:23
Acaba de reconocer Iago qye va a haber una sorpresa con el tema Rai- Águeda
#4266
MrsT
MrsT
16/11/2011 18:37
tema de Rai - Águeda???? pero hay tema entre ellos??? ouch
#4267
Franrai
Franrai
16/11/2011 18:40
Que ha dicho Iago? Jo, se me ha ido y al final no lo he visto.
De que tema Raimundo-Águeda ha hablado?
#4268
Crippy
Crippy
16/11/2011 18:41
En cuanto pongan el VE (que por cierto, cada vez duran menos) pondremos exactamente lo que ha contestado. Mi pregunta ha sido esta:


"¿Afectará a alguien aparte de los Mesía y los Montenegro/Castro la revelación de la maternidad de Águeda? Quizás a Raimundo...? Un saludo, eres un gran actor!!"

Supongo que lo de Águeda-Raimundo viene por lo de la revelación, no porque haya nada entre ellos. Era complicado preguntarle a Iago directamente por Raimundo y Francisca, había que darle un poquito la vuelta carcajada carcajada carcajada
#4269
Franrai
Franrai
16/11/2011 19:03
Bueno, me voy. A la noche os leo.

Cris, he leido la continuación de tu relato, precioso. Despues te comento más detenidamente guiño

Un beso
#4270
Kerala
Kerala
16/11/2011 19:21
chicas,maravillosos relatos. Rocio,Cris me teneis con el alma encogida.Una, porque odio a Salvador con toda mi alma.Y la otra,porque me ha dado ese momento tan maravilloso entre Raimundo y Francisca.Gracias a las dos!

Del capítulo de hoy, solo voy a comentar esta frase de la gran Rosario,que aunque se refería a Tristán y Pepa,yo no he podido evitar apropiármela para mi Rai y mi Paca:

"La amistad entre dos personas que se han querido así es imposible. Las ascuas que quedan de ese gran amor, terminarán prendiéndolo todo"

bravo Rosario!

A ver si las ascuas de dos que yo me se,prenden un día de estos...

p.d. en un ratito os subo la continuación de "El jardín prohibido"
#4271
Kerala
Kerala
16/11/2011 19:37
"El jardín prohibido 2ª parte" (no he cambiado el título,aunque ahora no aparecen jardines jajaja)


- ¡Doña Francisca! -. Dolores Mirañar miraba extrañada a Francisca, que se había quedado absorta mirando unos paños que previamente le había mostrado. - ¿Son de su gusto? Mire que están confeccionados con las mejores telas venidas de la capital -.

- Eh… sí Dolores, me los llevo -. Tenía la cabeza en otro sitio. En un lugar que no estaba precisamente muy lejos del colmado. Y eso es lo que le tenía tan nerviosa. Un nerviosismo que no pasó inadvertido a la señora alcaldesa, que seguía mirándola de esa forma. -¿Ocurre algo Dolores? ¿Piensa acaso sacarme un retrato? -. Habló a la mujer poniendo su mirada más feroz. – Porque es la única razón que encuentro a que me esté mirando con tanta insistencia -.

El rostro de Dolores se volvió blanco como la cal. – Uy, perdóneme Doña Francisca, nada más lejos de la realidad -. Trató de disculparse como buenamente pudo. – Es solo que tiene un aspecto inmejorable usted hoy -.

- Ya… - respondió Francisca. La verdad es que se sentía estupendamente aunque no hubiera podido conciliar el sueño en lo poco de noche que permaneció en su cama. Comenzó a sentir de pronto un intenso sofoco que le nacía desde la boca del estómago y que amenazaba con subir hasta sus mejillas, rebelando un intenso rubor que no estaba dispuesta a mostrar delante de Dolores Mirañar. Sofoco provocado por el recuerdo de la noche pasada junto a Raimundo Ulloa en el jardín.

- En fin, envuélvame esto si es tan amable. Tengo prisa -. Recalcó esas dos últimas palabras. Sinceramente, quería salir al exterior y dejar que sus pulmones se llenaran de aire antes de que flaqueasen todas sus fuerzas allí mismo y montara un espectáculo dentro del colmado. Francisca Montenegro desmayada en el colmado de los Mirañar. Un buen chismorreo para todos los desarrapados del pueblo. Y todo por culpa de ese condenado Raimundo Ulloa.

Desde que se había levantado esa mañana andaba perdida, como si flotara en una nube. ¡Y eso es lo que menos necesito en este momento! Tengo que estar con todos mis sentidos alerta. No puedo permitir que los Mesía me sigan robando en las narices, porque estoy pasando el tiempo como una jovencita enamorada . Enamorada. Solo pensar en amor y sentimientos notaba sangrar su corazón. Ella no tenía el corazón ennegrecido tal y como mucha gente pensaba, incluido Raimundo, aunque desde luego, no les había dado motivos para pensar otra cosa. Pero era cierto. Ella no era así. Además, estaba enamorada de Raimundo casi desde que podía recordar. Era su perdición y lo único que le daba vida. Y desde la noche pasada, sospechaba que él lo había descubierto. Se había puesto en evidencia cuando le devolvió el beso en aquel arrebato que les llevó a hacer el amor sobre la mesa del jardín. ¡Dios mío necesito aire!

- Aquí tiene Doña Francisca, espero que le… -. Dolores se quedó con la frase en el aire porque Francisca salió por la puerta de su colmado antes de que pudiera terminar de pronunciarla.
– Vaya humos que tiene la Doña… -. Siguió farfullando mientras se iba hasta el almacén para ordenar el último pedido.


Fue cerrar la puerta y sentir como el aire le llenaba poco a poco los pulmones. Cerró los ojos tratando de buscar algo de alivio. Maldito Raimundo, ¡¿Qué me has hecho?!. Abrió lentamente los ojos y divisó la fuente al fondo de la plaza. Necesitaba refrescarse. A ver si así era posible que se centrara un poco y dejara de estar pensando en él, en sus manos, en sus besos, en… ¡Por todos los santos!. Se sentía tan sofocada que casi corrió hasta la fuente. Sacó un pañuelo de su bolsito y lo empapó en agua. Después, se desabrochó el primer botón del vestido, dejando en libertad el nacimiento de su cuello. Ese simple hecho ya le produjo un alivio inmediato. Pero sentir el agua fría en su piel…fue la gloria.

- Buenas tardes -. Fue escuchar esa voz a su espalda y sentir como le recorría un intenso escalofrío por toda la espalda. El pañuelo, cayó al suelo.

Se agachó con premura a recogerle, pero Raimundo fue más rápido. Tanto, que sus manos se rozaron durante un instante en el que ninguno pudo evitar mirarse a los ojos, totalmente hipnotizados. Se fueron incorporando con lentitud, sin dejar de observarse, sin pronunciar una sola palabra. Era como si el mundo a su alrededor se hubiera detenido, como si no existiera nadie más en esa plaza que ellos dos.

Raimundo la había visto salir del colmado y no pudo evitar seguirla con la mirada hasta que vio que se detenía en la fuente. Se había pasado toda la mañana extrañándola, pensando en la próxima vez en que pudiera cruzarse con ella. Después de varias disertaciones y discusiones consigo mismo, había decidido dejar que fuera ella la que diera el siguiente paso. Él esperaría pacientemente hasta que Francisca fuera a él. Porque estaba seguro de que ella iría aunque fuera a reclamarle. ¿Y qué hizo? ¡Valiente decisión tomaste, Raimundo! Ha sido verla pasar por la plaza para que tiraras por la borda tu decisión y tu paciencia para correr desesperado hacia ella y cruzar aunque fueran dos palabras. Sí Señor, muy consecuente . Frunció el ceño, pero siguió mirándola embobado. Hoy estaba preciosa.

Francisca sentía el sonido de su sangre fluyendo martilleándole los oídos. Tenía la boca seca, y las rodillas empezaron a fallarle de nuevo. Sus migrañas eran cada vez más intensas y si a eso le sumaba los nervios que sentía en la boca del estómago por estar de nuevo junto a él, creía desfallecer. No…ahora no…. Raimundo no dejaba de mirarla a los ojos y seguía rozando su mano. Se negaba a soltarla. Y ella sabía lo que estaba pasando por su mente en ese momento. El recuerdo de una noche, de una pasión compartida, de unas palabras susurradas en el silencio de la noche. La respiración se le atascó en los pulmones y entonces fue cuando la vista se le nubló. Sentía su cuerpo pesado y casi cae al suelo de no ser por los fuertes brazos de Raimundo que la sostuvieron junto a su cuerpo, evitando que cayera desplomada.

- ¿Qué tienes, amor? -. Le susurró un preocupado Raimundo junto a la sien. Francisca maldijo a su corazón por haber empezado a latir de nuevo solo con el sonido de su voz y por escuchar la palabra “amor”. Se sentía protegida en sus brazos, a salvo. Estaba aferrada a sus brazos y, aunque su mente estaba gritando que se soltara, su cuerpo se negaba a escuchar. Miró a su alrededor. Quería ver si alguien estaba prestando atención a esa inusual escena entre ella y Raimundo, dos enemigos acérrimos. Pero nadie parecía ser consciente de su presencia, todos estaban enfrascados en sus quehaceres.

- Estoy bien -. Le miró a los ojos. – Suéltame… -. Musitó casi junto a sus labios.

Raimundo comenzó a respirar con fuerza. Casi podía saborear en sus labios el aliento de Francisca, y el calor de su cuerpo de nuevo en sus brazos estaba causándole estragos.

- Será mejor que nos aseguremos. No queremos que a nuestra ilustre cacique le pase nada -. Le habló irónico. Intentó moverse con ella, pero Francisca le detuvo.

- ¿Dónde vamos? -. Le preguntó nerviosa.

- Tranquila Francisca. Solo quiero ofrecerte un vaso de agua y asegurarme que estás bien. Concédemelo -. Tragó saliva. – Por favor…-.

Entraron juntos en la posada y Francisca se sentó en una de las mesas. Llevó una de sus manos hasta la frente. ¡Cómo podía haber terminado de nuevo en sus brazos! ¡Cómo era posible que estuvieran otra vez solos en la misma habitación! No podía pensar, ni siquiera razonaba. Solo sentía su presencia a su alrededor, mirándola. Observándola con aquellos profundos ojos castaños. Raimundo desapareció durante un momento y regresó con un vaso de agua. Se le ofreció y ella bebió con ansia.

- ¿Te sientes mejor? -. Le preguntó él suavemente. Aquella pregunta pareció sacarle de su ensimismamiento, y se levantó con rapidez, dispuesta a marcharse.
#4272
Kerala
Kerala
16/11/2011 19:39
- Te agradezco tu ayuda, pero ya estoy bien -. No se atrevía a mirarle a los ojos. – Será mejor que me vaya -. Pero era mentira. No deseaba marcharse. A pesar de la velada amenaza que le hizo anoche de que aquello no quedaría así. A pesar de que le había asegurado que no se iba a repetir. Estaba asustada. Y encima, se sentía tan necesitada de él que no sabía de dónde sacar las fuerzas para salir por aquella puerta.

- ¿Quieres irte? Adelante. Márchate -. Raimundo se cruzó de brazos y la miró. – Pero te conozco. Sé que no quieres marcharte -. Sonrió de medio lado.

Ella frunció el ceño enfadada. ¿Qué se creía ese maldito tabernero? Estaba furiosa viéndole con esa pose arrogante, creyendo conocer cuáles eran sus deseos. Pero lo que más furibunda le ponía es que ese condenado Raimundo…¡tenía razón! Maldito seas Ulloa . Desde que entraron en la posada solo había deseado que él le acorralara contra la pared y le hiciera de nuevo el amor.

- Eres un maldito arrogante -. Le habló furiosa. – Te dije que lo de anoche no volvería a pasar y así será -. Ni tú misma te lo crees Francisca . – Y ni creas que no me vengaré por ello Raimundo -.

Él sonrió. Adoraba sacarla de sus casillas. Se acercó lentamente a ella, notando como daba un ligero respingo ante su proximidad.

– Te mueres por besarme de nuevo, Francisca -. Le dijo en voz baja, mirando sus labios. Sabía que se estaba arriesgando demasiado, que estaba jugando con fuego. Pero era necesario para que ella confesara al fin sus propios sentimientos.

Francisca comenzó a respirar con un ritmo irregular. Ansiaba besarle y que él la besara, lo deseaba más que nada en este mundo. Ya casi estaba a punto de cerrar los ojos, rindiéndose a él, cuando de pronto, Raimundo se volvió.

– No voy a besarte, Francisca -. Se alejó de ella. Francisca estaba atónita. – Si quieres, tendrás que ser tú la que venga a robarme un beso -. Sonrió al ver el desconcierto de ella. Estaba deliciosa y le estaba costando cada vez más mantenerse firme en su postura. – Y no temas… te aseguro que voy a corresponderte. Eso no lo dudes -. Le dijo intensamente.

Francisca se sentía furiosa con él. – Te atreves a venir anoche a mi casa -. Se acercó unos pasos hacia él. - Me haces el amor después de tantos años de rencor, después de que me abandonaras -. Comenzó a caminar a su alrededor. Estaba realmente enfadada. – Pones de nuevo todo mi mundo patas arriba. Y ¿ahora qué? ¡Te burlas en mi cara! ¡Me provocas sabiendo que te amo! -. Se paró frente a él sin haber prestado atención a las últimas palabras que había pronunciado. - ¡¿Qué es lo que quieres de mí Raimundo?! -. Le gritó.

Raimundo había dejado de respirar cuando ella había reconocido que le amaba. Le sonrió con ternura y alzó una de sus manos para rozar con ella su mejilla.

- A ti -. Le dijo dulcemente. – Solo te quiero a ti. Mi niña. Mi pequeña -.

Francisca se quedó paralizada unos minutos ante su respuesta, mirándole a los ojos. Sin decir una sola palabra, se dio media vuelta dirigiéndose a la puerta. Raimundo notó como todos sus sueños, todas sus esperanzas se desvanecían como si fueran humo. Ella… se iba. Agachó la cabeza para evitar ver con sus ojos cómo todo lo que amaba se marchaba sin remedio. Escuchó el sonido de la puerta cerrándose y suspiró. La había perdido para siempre.

Levantó la mirada y entonces la vio. De espaldas. No se había marchado.

- Francisca…-. Su voz sonó en un susurro apenas audible. Estaba casi sin voz por la emoción, que le embargaba por completo. Ella echó el pestillo a la puerta y entonces se giró. Estaba sonriendo.

Raimundo comenzó a temblar al ver como ella se iba acercando lentamente a él mientras se quitaba el sombrero, que dejó caer al suelo. Les separaban apenas dos metros cuando ella se detuvo. Mirándole. Sonriéndole. Llevó las manos a los botones de su vestido, desabrochándoles con una lentitud estudiada. Cuando llegó al último, apartó sus brazos y el vestido se deslizó por sus caderas cayendo al suelo, quedándose solo con el corsé y las enaguas.

Acortó la distancia que les separaba, acercándose a su boca. – Así que quieres que te bese, ¿no es cierto Raimundo? -. Pronunció junto a la comisura de sus labios. Un gemido fue la única respuesta de él. Ella sonrió. – Tomaré eso como un sí -.

Con la punta de su lengua fue lamiendo todo el contorno de los labios de Raimundo, apartándose cuando él intentaba atrapar su boca. – Creía que era yo la que tenía que besarte… -. Se rió. Llevó las manos hasta su pecho, acariciándole de manera sensual mientras seguía torturándole con sus labios.

- Francisca, como sigas así, no respondo… -. Raimundo sentía la sangre hervir en sus venas. Quería dejarla actuar a su antojo, pero su resistencia estaba viéndose seriamente afectada
#4273
Kerala
Kerala
16/11/2011 19:41
- ¿En serio? ¿Y qué vas a hacerme? -. Le preguntó Francisca con fingida inocencia jugueteando con el botón de su camisa. Le fue desabrochando poco a poco los botones hasta quitársela por completo. Acarició su pecho, rozándole apenas con la yema de los dedos. – Mucho mejor así -.

Raimundo no pudo soportarlo más y la atrapó entre sus brazos, bebiendo su aliento, enredando su lengua con la de ella hasta exprimir todo el sabor de su pequeña.

- Vas a volverme loco… -. Le susurró antes de volver a tomar sus labios. Las manos fueron descendiendo en lentas caricias por su espalda, notando la suavidad y calidez de su piel. Francisca sonrió en mitad del beso. Amaba a ese hombre con toda su alma. Moriría enamorada de él.

Rompieron el beso para mirarse a los ojos, y se sonrieron. Raimundo la alzó entonces en sus brazos dirigiéndose con ella a su habitación.

– Voy a hacerte el amor una y otra vez hasta que solo recuerdes mi nombre, amor mío -.

La soltó un momento para cerrar la puerta del cuarto. Francisca se aferró a él por detrás, mordisqueándole tiernamente el cuello.

– Esta vez, voy a ser yo la que te haga el amor hasta que grites mi nombre Raimundo -.

Él intentó darse la vuelta pero Francisca no se lo permitió. Sus manos se cerraron en su cintura, acercándose mucho más a él mientras ambos luchaban por respirar. Derramó un reguero de besos por toda su espalda mientras con sus dedos acariciaban todo su pecho arrancando intensos gemidos de la garganta de Raimundo. Bajó lentamente sus manos, hasta llegar a sus pantalones.

- Será mejor que nos libremos de esto… -. Raimundo casi se arrancó los pantalones. Cuando terminó de quitárselos, se giró atrapando las manos de Francisca y llevándolas detrás de su espalda. Cubrió sus labios con los suyos, introduciendo profundamente la lengua en la boca de ella. Su pequeña. Su Francisca.

La intensidad del beso la destruyó. La lengua de Raimundo la tentaba y la acariciaba enloqueciéndola con la necesidad de sentir sus labios retorciéndose sobre los de ella. A tientas se fueron moviendo por la habitación, sin despegar sus bocas, hasta que llegaron al borde de la cama. Francisca se separó entonces de Raimundo, y suavemente empujó su cuerpo hasta que él cayó sentado en la cama. Ella se quedó de pie, mirándole, sonriéndole con amor, mientras sus dedos se dirigieron hasta el corsé desatando los cordones que le mantenían aún en su cuerpo.

La prenda cayó al suelo y Raimundo envolvió sus brazos alrededor de la cintura de Francisca, que a su vez enredó las manos en el cabello de él, acariciando sensualmente su nuca. Sentía el cuerpo tan sensible que cada toque de los dedos de Raimundo en ella, causaba un grito indefenso dentro de su boca.

- Moriría por ti amor mío… -. Raimundo la hizo sentar sobre él, a horcajadas. Ella le sonrió mientras se envolvía en su cuerpo y enredaba sus piernas en torno a la cintura de él.

- Y yo moriré si no vuelvo a sentirte dentro de mí…Raimundo…mi amor -. Acarició su rostro con ternura, mientras los ojos se cargaban de lágrimas que no quería derramar. – Te amo. Siempre te he amado. Y siempre te amaré… -.

Raimundo sentía un nudo en la garganta que le impedía pronunciar palabra. Llevaba tantos años soñando con escuchar de nuevo que le amaba y que nunca dejaría de hacerlo, que la emoción le embargaba. Francisca se incorporó lo suficiente para dejarse caer delicadamente sobre él, que la llenó por completo. Ninguno de los dos pudo restringir el grito de placer que salió de sus bocas.

Comenzaron a moverse con un ritmo suave al principio que se convirtió en frenético en cuestión de minutos. Las manos de Raimundo eran fuertes sobre sus caderas, y ella abrazó con sus piernas las caderas de él, arqueando la espalda para que su unión fuera más intensa. El placer les estaba consumiendo y los jadeos entrecortados llenaban el cuarto, cargado de un aire pesado, intenso. Cargado de un profundo amor. Sufrían un éxtasis tan violento que nunca habrían creído posible de no haberlo experimentado por ellos mismos. Una tortura tan interminable, como dulce.

Y de pronto llegó. Demoledor. Intenso. Devastador. Explosivo. La culminación perfecta al acto de amor que habían compartido dos almas destinadas a amarse durante toda la vida. Un placer que les llevó más lejos de la realidad. A un lugar donde el pasado y el presente se extinguieron y solo estaban ellos dos. Juntos. Derritiéndose uno en los brazos del otro.

Los labios de Raimundo se enterraron en la garganta de Francisca, luchando por recuperar la respiración, mientras los últimos temblores de estremecedor placer cesaron al fin. Solo entonces, volvieron a mirarse a los ojos, como si los años y el destino no se hubieran confabulado para mantenerles separados.

Raimundo sonrió mientras acariciaba su cuerpo como si fuera su mayor tesoro. La amaba. La amaba tanto que pensó que su corazón destrozado jamás volvería a recuperarse ante la angustia de tener que vivir sin ella. Cada célula de su cuerpo había estado penando por ella durante 30 largos años. Pero ahora su niña estaba de nuevo entre sus brazos. Y esta vez no dejaría que nada ni nadie la arrancara de ellos.

- ¿En qué piensas Raimundo? -. Francisca acarició su barba con los dedos, mirándole con el mismo amor que lo había hecho siempre, aunque el rencor lo hubiera enmascarado tanto tiempo.

Raimundo la acercó a ella, besando tiernamente la punta de su nariz.

– En que te concedo cinco minutos para que te recuperes antes de tumbarte de nuevo en esa cama y volver a hacerte el amor -.

Ambos sonrieron mientras sus labios volvían a fundirse de nuevo, para no separarse ya jamás.


FIN!!!!!!
#4274
Kerala
Kerala
16/11/2011 21:12
miri cielo,no se me olvida lo que dijiste del capítulo 64.
En cuanto lo tenga,te lo subo guiño
#4275
Kerala
Kerala
16/11/2011 21:27
Tengo mis momentos jeje pero teniendo en cuenta que por las noches no veo tele (salvo algún día perdido) y me dedico a leer o escribir,pues no me importa escribir para vosotras,que aguantáis todo lo que me sale de la cabeza...

Respecto a la serie,estoy atacada xD mañana Águeda le dice que Pepa es su hija,por lo que le dará el jamacuco.Será también mañana cuando Raimundo va a la Casona buscando a Sebastián? Se verán? Francisca necesita a súper Rai ya.Como dijo hoy Rosario,que repito que me encantó la frase,las ascuas de estos dos están a punto de prenderse.
#4276
Nhgsa
Nhgsa
16/11/2011 21:42
Ruth......

JOOOOOOOOOOOOODO!!!!! HIJA MÍA DE MI VIDA Y DE MI CORAZÓN!!!!!!!! Te superas en cada relato. PEDAAAAAAZO DE POSADAENCUENTRO!!!!!!

En fin, sobre el capítulo estupendo. Se nota que la están montando gorda. Y Miri yo también pienso que Raimundo se tiene que enterar de una vez de la enfermedad de Francisca. Lo que me cansa es cuando ponen a Francisca de la manera que la han puesto cuando ha hablado con Tristán sobre Soledad. La siguen poniendo de manipuladora y aunque me encantan esas escenas porque María lo borda siempre tengo el sentimiento de que siguen así para alejarla más de Raimundo y no me mola nada.
Y Soledad en los avances dice que si es posible que siga enamorada de Juan. Me parecería muy mal que los volvieran a juntar pero ya pensábamos que lo harían. Aunque sería interesante que empezara a sentir algo por Sebastián y que estuviera en esa encrucijada (que acabaría ganando el Ulloa XD) aunque tal y por donde están yendo tengo el presentimiento de que

SPOILER (puntero encima para mostrar)

será Enriqueta, el personaje de Andrea Duro, la que pondrán como posible pareja de Sebastián



Y con esto y un bizcocho y así calmo los calores que ha dejado Ruth XD, os dejo con mi relato. Raimundo ya sabe que tiene trabajo en Aranjuez (dedicado a tí Mariajosé) pero antes que nada tenemos la boda de Pepa y Tristán.

Al fin llegó la tan ansiada boda de Pepa y Tristán. Todo Puente Viejo parecía alegrarse de que al fin Pepa y Tristán pudieran estar juntos.
Pepa se encontraba tan nerviosa que no sabía cómo podía Emilia arreglarla. Parecía un flan.
- Pepa o te estás quieta o te arreo con la aguja. – dijo al fin Emilia.
- Perdóname Emilia pero es que hoy no estoy en mí. – dijo Pepa.
- No hace que lo prometas no… - dijo Emilia bromeando a lo que Pepa contestó sonriendo.
- Todavía no puedo creérmelo Emilia. El día de mi boda… - dijo Pepa casi suspirando.
- Ya era hora amiga. Sabía yo que llegaría tu momento de ser feliz. – dijo Emilia.
En ese momento llamaron a la puerta. Era Raimundo.
- ¿Cómo están las mujeres más guapas de todo Puente Viejo? – dijo Raimundo.
- Usted siempre tan galante Raimundo. – dijo Pepa acercándose a él para darle un beso.
- Con las que se lo merecen siempre. – dijo Raimundo acercándose orgulloso. – Ay, mis niñas. Sabéis que os quiero ¿verdad?
- Y nosotras a usted padre ¿o es que lo duda? – dijo Emilia.
Raimundo le contestó dándole un beso en la mejilla.
- Bueno ¿estáis listas? No queremos hacer esperar más al novio.
- ¿Me llevará usted al altar? – dijo Pepa
- Claro que sí. – dijo Raimundo sonriente.
……
En la Iglesia todos estaban nerviosos. Tristán de hecho no podía estar quieto caminando de un lado a otro. Francisca ya empezaba a despotricar.
- Pero ¡quién se ha creído que es esa…!
- ¡Madre tengamos la fiesta en paz hoy por favor! – dijo Tristán.
- Como quieras hijo… - dijo Francisca a regañadientes.
De pronto sonó la música. Pepa hizo su entrada triunfal de la mano de Raimundo. Francisca se quedó sin habla. Raimundo parecía un verdadero príncipe. Le recordó a ese joven de quién se enamoró. Por un momento sintió envidia de Pepa. Ella era la que tendría que estar del brazo de Raimundo y casada si el mundo hubiera sido justo. Sus miradas se cruzaron un instante. Raimundo no pudo evitar que se le parara el corazón al ver a Francisca. Estaba realmente hermosa, majestuosa. Respiró hondo y miró hacia delante.
Cuando llegó al altar sonrió a Tristán, le dio un beso en la frente a Pepa con ternura y se colocó junto a Emilia y Sebastián.
La ceremonia comenzó con total normalidad menos para los novios… y para sus padrinos. Ni Francisca ni Raimundo podían dejar de pensar en la boda que tuvo que haber sido y eso les dolía sobremanera. No dejaron de dirigirse miradas tímidas llenas de nostalgia.
Llegado el convite, que se celebró en los jardines de la Casona, todos felicitaron a los novios. Alfonso se sentó junto a Emilia y Sebastián junto a su padre. Raimundo charlaba con don Anselmo amistosamente y luego se sentó. Su mirada fue a parar a Francisca que no dejaba de recibir felicitaciones por el enlace. Al fin y al cabo dos familias poderosas se habían unido. Tristán y Pepa estaban en otra órbita disfrutando del hecho de estar juntos. Francisca miraba a Raimundo con anhelo. Quería ir hasta él pero no podía delante de todos. Tenía que comportarse como una señora.
Comieron, bebieron y bailaron hasta altas horas de la noche: Hipólito con Mariana, los alcaldes, incluso Soledad se atrevió con Sebastián. Cuando todo acabó Emilia se fue a la habitación de Pepa para ayudarla con el vestido y para charlar a solas mientras que Raimundo paseaba tranquilamente por el interior de la Casona recordando viejos tiempos. Si nada lo impedía se iría dentro de poco de ahí para intentar empezar una nueva vida y cuando algo acaba… no puedes evitar pensar en cómo empezó.
Y así, de pie, echando una mirada nostálgica y sosegada a todo el salón, fue como le encontró Francisca que se dirigió a él con su ya clásica sonrisa pícara.
- ¿Qué haces ahí como un pasmarote? – dijo irónica.
Raimundo respiró hondo ante esa voz.
- He entrado aquí varias veces pero nunca me había fijado en… su belleza. – dijo Raimundo
- ¿Su belleza? Te conozco Raimundo y sé que no estás aquí por eso. – dijo Francisca intentando sonsacarle.
- Pues esta vez te equivocas Francisca. – dijo Raimundo sin dejar de mirar las paredes. – Me fijaba en... – de pronto no pensó en decírselo. ¿Para qué?
- ¿En qué? – dijo Francisca curiosa.
- En que esta casa me llevo a conocerte. – dijo Raimundo mirándola al fin. – Por eso es bella.
- Vete a otra con tus zalamerías Raimundo. Conmigo eso no me sirve.
Raimundo sonrió. Esperaba esa respuesta.
- Di lo que quieras Francisca pero para mí seguirá siendo bella. La voy a echar de menos…
Francisca se quedó de piedra ante semejante frase. De repente sintió un escalofrío por todo el cuerpo.
- ¿Qué has querido decir con eso?
- Que cuando algo acaba porque tienes que hacerlo piensas en cómo empezó. – dijo Raimundo y dando media vuelta, se fue.
#4277
anfrjaun
anfrjaun
16/11/2011 21:42
Francisca vuelve a ser la que era, vuelve a ser la Francisca de siempre, la sarcástica (¿Es qué ahora te has hecho psicóloga Pepa Aguirre? Ha sido aprender a distinguir la A de la B y lanzarte de cabeza a las letras) Jajajajaja cuando me acuerdo de eso.

Eso la Paca se recupera
SPOILER (puntero encima para mostrar)

y sabemos que no se arruína pero que si enferma.


María grandísima, a los Ondas ya. No mejor a los Ondas no que desde que se lo dieron a JJ Vázquez o a Blanca Suárez por El Barco no tienen credibilidad, a los Goya mejor.

8 capítulos para el fin de esta tediosa temporada que ha sido insufrible, destrozando personajes (Juan, Soledad, Francisca, Raimundo, Emilia, Pepa, Tristán, etc...) espero que la 4ª sea mejor.

Recuerdo que antes de que empezara yo creía que esta iba a ser la temporada de Raimundo y Francisca, que tendrían escenas, descubriríamos algo, pero na de na ¿Cuántas escenas han tenido juntos esta temorada? ¿3 o 4?

Por cierto según el libro de "La canción del Alba, el origen de Pepa Balmes", Salvador Castro era un militar que llegó de la Guerra de los 10 años a un cortijo andaluz donde vivía una niña con su familia, la niña es Águeda y Salvador no viene solo, viene con su esclavo negro Kumóo. Pero vamos esto es una trama totalmente altrnativa a la serie ya que sabemos que tanto Tristán como Carlos son mayores que Pepa.

Samureta no se si decirte esto en donde lo has puesto pero lo pongo aquí de momento:
AMÉN. Tienes razón en todo, la tal puenteviejera (que yo creo que es Juanadearco una que entró diciendo memezes y metiéndose con gente como miri por ejemplo con otra cuenta) entró en el hilo de quejas ha decir que no nos quejásemos... Lo que hay que ver. Menos mal que este es uno de los hilos donde hay libertad de expresión.

En cuanto a lo del ataque, me he llegado a imaginar algo como lo de Rai y Paca en el 63 pero al contrario, Paca en el lugar de Rai y viceversa.
#4278
mariajose1903
mariajose1903
16/11/2011 22:41
Graciaaaas por dedicarmelo!!! Errs un cielo!! Estoy deseando saber si viene a mi casa o no....


Por cierto que estas invitada cuando quieras!!!
#4279
Crippy
Crippy
16/11/2011 22:45
Natalia... que momentazo el sentir la nostalgia de la que tendría que haber sido su boda. Me ha encantado y ojalá algún día podamos ver esa escena. Ay... esos sentimientos que salen cuando menos se lo esperan. A ver como reacciona Francisca al ver que su "enemigo" se va. Genial el relato, me gusta mucho!

Ruth... que decirte que no te haya dicho yaaa!!!! Qué calores y que casadecomidasencuentro!!! Eres estupenda!

Aquí os dejo lo que ha respondido Iago García en el VE.

"¿Afectará a alguien aparte de los Mesía y los Montenegro/Castro la revelación de la maternidad de Águeda? Quizás a Raimundo...? Un saludo, eres un gran actor!!"

I: Hombre... afecta a todos... Me sorprende que pregunte eso de Raimundo, precisamente. Bueno...

E: Aquí cada uno ya sabes que hace sus propias conjeturas y saca sus propias conclusiones.

I: No va mal encaminado... Voy a adelantar que con Raimundo y Águeda puede que haya alguna sorpresa que otra.


En la web lo tenéis en la tercera parte en el minuto 6:25 hasta el 7
#4280
Kerala
Kerala
16/11/2011 23:00
Jajaja gracias! Volveré a los encuentros románticos,que si no terminamos mas salidas que el pico de una plancha hum y a mí me da apuro escribirles desde que se que María nos lee...
Eso si,como la temporada acabe como sospecho,preparo un súper encuentro! jajaja

P.d. No se qué movidas hay por el foro de peleas y demás,porque solo entro a este tema y al de Ramón...pero me alegro de que aquí haya variedad de opiniones y aun así nos respetemos.Como debe ser.

P.d.2. Alex,yo también he imaginado un ataque de Francisca al estilo como tu dices.Pero creo que nos quedaremos con las ganas

EDITO: Natalia qué bonito! Que esa Francisca no le deje marchar pleaseeeeee
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