El Rincón de Francisca y Raimundo:ESTE AMOR SE MERECE UN YACIMIENTO (TUNDA TUNDA) Gracias María y Ramon
#0
08/06/2011 23:44
Vídeos FormulaTV
Nos colamos en el plató de 'Friends' y descubrimos los secretos del apartamento de Monica en el Friends Fest
Selena Leo: "Jamás en la eternidad se va a repetir un reencuentro de Sonia y Selena"
Sonia Madoc: "¿Crees que si tuviese una gira de 80 bolos me iría de Sonia y Selena?"
'Euphoria' regresa tras su salto temporal en el tráiler de la tercera temporada
laSexta cumple 20 años con la información y el entretenimiento como bastiones frente a la competencia
'La isla de las tentaciones 10' lanza un extenso avance antes de su estreno en Telecinco
Tráiler en español de 'Off Campus', la nueva serie de Prime Video con Ella Bright y Belmont Camelli
#4081
06/11/2011 18:49
Miri me encanta, precioso, perfecto, la cancion es ideal y las imagenes puff... si es que cada vez que las veo se me encoje el corazón. Me encanta, es maravilloso... te diria todos los adjetivos (buenos) que existen en el diccionario pero aun asi me quedaria corta
Se me parte el alma en el momento en el que salen los dos llorando, es superior a mi.
Cosas como estas me recuerdan porque me adoro a esta pareja
Y lo de Soledad, al estar "mal" la edad de Sebastian varia todo un poco, pero lo siento, sino no me encajaban las cosas. Estamos en 1879 y en mi relato Tristán tiene poco más de 5, Sebastián 4, Emilia sobre 7 u 8 meses y Soledad aún le queda un poco para nacer.
El nacimiento de Soledad creo que va ha ser lo más dificil de escribir en todo el relato...
Se me parte el alma en el momento en el que salen los dos llorando, es superior a mi.Cosas como estas me recuerdan porque me adoro a esta pareja
Y lo de Soledad, al estar "mal" la edad de Sebastian varia todo un poco, pero lo siento, sino no me encajaban las cosas. Estamos en 1879 y en mi relato Tristán tiene poco más de 5, Sebastián 4, Emilia sobre 7 u 8 meses y Soledad aún le queda un poco para nacer.
El nacimiento de Soledad creo que va ha ser lo más dificil de escribir en todo el relato...
#4082
06/11/2011 19:05
Buenas tardes chiquillas,¿qué tal?
Rocio,me encaaaaaantaaa y me quedo corta. Me gusta que intercales el presente con el pasado. Y me encanta que Raimundo ya esté instalado en Puente Viejo y que ya no beba...Adoro a Tristán de chiquitín, pero ese Sebastián de cuatro añitos..ainssss ¡qué monada!
Sigue corazón.Es precioso!
miri...mi niña, mi corazón.¡MARAVILLOSO! me he emocionado con tu video.La canción me encanta, es una de mis preferidas. Y acompañada de esas imágenes..¡qué te puedo decir! eres genial,gracias por el esfuerzo, por el tiempo dedicado a él, y por compartirle con nosotras.¡GRACIAS!
Bueno,aquí os dejo la primera parte del mini relato de Francisca celosa. Espero de verdad,no defraudaros.
"CELOS"
- Raimundo…- Pepa le interceptó justo cuando salía de la cocina de la Casa de Comidas. -…deje que le presente a alguien -. Observó detrás de la muchacha a una mujer elegante, distinguida. Una auténtica Señora. Y muy bella además. – Ella es Águeda de Mesía. Conoció a mi madre hace años -. Pepa miró a Águeda. – Aunque aún no ha querido decirme qué tipo de relación mantenía con ella -.
La mujer sonrió. – Todo a su tiempo, Pepa -. Miró a Raimundo de arriba a abajo. Le pareció un hombre interesante, atractivo. Le ofreció su mano. – Encantada de conocerle…Raimundo ¿verdad? -. Él sonrió y ella se quedó impactada por esa sincera sonrisa.
- Exactamente -. Tomó la mano de ella y la besó cortésmente. – Raimundo Ulloa, tabernero de esta humilde Casa de Comidas -.
- Y un padre para mí -. Le interrumpió Pepa sonriéndole. – Raimundo me acogió en su casa y en su familia sin condiciones. Cuando apenas me conocía -. Apretó el brazo del hombre. – Es mucho lo que tengo que agradecerle -.
Él le dio unos golpecitos en la mano. – Bueno, bueno…que vas a ruborizarme muchacha -. Rió de nuevo. – Bueno, siento tener que dejar a dos mujeres tan hermosas, pero he de marchar a hacer unos mandados -. Se dirigió ahora a ella. – Doña Águeda, un placer conocerla -. Y con una leve inclinación de cabeza, salió por la puerta de la Casa de Comidas.
*******************************************
Su vida últimamente parecía no tener ningún sentido. Estaba perdiendo terreno frente a esa mujer. Águeda de Mesía. ¿Quién era? ¿Qué es lo que pretendía? Y sobre todo ¿Qué tenía en su contra? No conseguía encontrar la pieza que faltaba en ese rompecabezas. Lo único que sabía es que si no encontraba pronto una solución, terminaría perdiendo todo aquello que tantos años le había costado conseguir. Todo su esfuerzo, su trabajo perdido por culpa de esa mujer. Así se sintió Raimundo cuando tú le arrebataste todas sus tierras Francisca . De nuevo su conciencia volvía a martillearle las sienes. En los últimos tiempos, escuchaba demasiado a esa voz interior. Me estaré haciendo vieja…. Pero no. En el fondo sabía que no era por eso. Su enfermedad, esa que ocultaba a todos, había hecho florecer en ella los remordimientos, las angustias, los miedos. Y a aquella voz que siempre le hablaba de él. De Raimundo. Pero para él fue mayor el daño Francisca…porque fuiste tú quien se lo ocasionaste. Tú. Y eso que le amabas. ¿Qué no te hará a ti esa mujer? .
Sentía que se ahogaba. Necesitaba salir, dar un paseo. Poner en orden sus ideas. Salió al jardín cubierta únicamente por un chal. Era principios de noviembre, pero el ambiente era inusualmente cálido. Cerró los ojos inspirando lentamente la suave brisa de las primeras horas de la tarde. Aquello calmó sus nervios, pero no consiguió aliviar su alma. ¿Qué puedo hacer? Piensa Francisca…necesitas encontrar una solución. ¡Estás a punto de perderlo todo! . Notaba una fuerte opresión en el pecho. Nunca se había sentido contra las cuerdas. Al menos, no como en ese momento. Poco podía contar con sus hijos. Cada vez les sentía más y más lejos de ella, y no podía culparles. Ella misma se había convertido en todo aquello que había odiado cuando era una chiquilla. Cuando aún le quedaban ilusiones. Respiró otra vez intensamente, apesadumbrada. El jardín se le quedaba pequeño. Necesitaba más espacio. Salió de la Casona sin decir nada a nadie. Sin la compañía de su doncella. La soledad fue su única compañera.
**************************************************
- ¡Don Raimundo! -.
Iba caminando por la plaza y se giró al escuchar pronunciar su nombre. Sonrió al ver a la mujer que le había llamado. – Doña Águeda, ¿Cómo le va? -. Se fue acercando a ella. – Y por favor, apéeme el tratamiento. Raimundo nada más -.
Ella solo pudo sonreír. Se sentía a gusto con aquel hombre que apenas conoció el día anterior. Llevaba viuda ya varios años, y nunca había echado de menos la compañía de un hombre a su lado. Extrañaba a su marido, por supuesto, pero no entraba en sus planes volverse a casar de nuevo, y mucho menos, entablar algún tipo de relación con ningún hombre. Al menos, no hasta ahora. Se sorprendió de sus propios pensamientos. Ese hombre, Raimundo, le había causado una muy grata impresión.
- Solo lo haré si usted me llama Águeda también, ¿qué le parece? -. Le sonrió con sincero afecto.
Raimundo le devolvió la sonrisa. – Me parece estupendo. Los amigos de Pepa, son también amigos míos -. Se quedaron en silencio unos segundos. Raimundo la observaba. Era una mujer joven aún, y le intrigaba el especial interés que mostraba en Pepa aunque no creía que viniera con malas intenciones. Además, era una mujer muy atractiva. Lástima que su corazón tuviera dueña y no quisiera fijarse en nadie más. Francisca…mi amor… . Se sintió turbado por pensar en ella en ese momento. Aunque bueno, en realidad, Francisca siempre estaba presente en sus pensamientos.
Águeda se sintió azorada ante el escrutinio de Raimundo. Confundió la mirada que le estaba dedicando con un especial interés en ella. Y se sintió halagada.
Raimundo se sintió extrañado ante le forma en que ella le estaba mirando. Él solo estaba tratando de ser amable, nada más. Habló en un intento de romper ese silencio que estaba empezando a resultarle incómodo. - ¿Se dirigía por casualidad a ver a Pepa? -. Raimundo lo dedujo por encontrarla por la plaza cerca de su Casa de Comidas.
La verdad es que en ese momento había decidido salir a dar un paseo por el pueblo y de esa manera llegó hasta la plaza. Pero al encontrarse con Raimundo, no quiso despedirse de él tan pronto, y pensó que era buena idea ir a ver a Pepa. – Claro, me gustaría hablar un rato con ella -.
- Pues entonces…Águeda… - le sonrió ofreciéndole el brazo, que ella aferró casi inmediatamente sonriéndole de manera coqueta. -…vayamos pues hacia la taberna -.
Juntos se encaminaron hasta la Casa de Comidas. Sonrientes, charlando amigablemente, de manera inocente. Pero no es así como se veía para un par de ojos que les observaban en la distancia.
Rocio,me encaaaaaantaaa y me quedo corta. Me gusta que intercales el presente con el pasado. Y me encanta que Raimundo ya esté instalado en Puente Viejo y que ya no beba...Adoro a Tristán de chiquitín, pero ese Sebastián de cuatro añitos..ainssss ¡qué monada!
Sigue corazón.Es precioso!
miri...mi niña, mi corazón.¡MARAVILLOSO! me he emocionado con tu video.La canción me encanta, es una de mis preferidas. Y acompañada de esas imágenes..¡qué te puedo decir! eres genial,gracias por el esfuerzo, por el tiempo dedicado a él, y por compartirle con nosotras.¡GRACIAS!
Bueno,aquí os dejo la primera parte del mini relato de Francisca celosa. Espero de verdad,no defraudaros.
"CELOS"
- Raimundo…- Pepa le interceptó justo cuando salía de la cocina de la Casa de Comidas. -…deje que le presente a alguien -. Observó detrás de la muchacha a una mujer elegante, distinguida. Una auténtica Señora. Y muy bella además. – Ella es Águeda de Mesía. Conoció a mi madre hace años -. Pepa miró a Águeda. – Aunque aún no ha querido decirme qué tipo de relación mantenía con ella -.
La mujer sonrió. – Todo a su tiempo, Pepa -. Miró a Raimundo de arriba a abajo. Le pareció un hombre interesante, atractivo. Le ofreció su mano. – Encantada de conocerle…Raimundo ¿verdad? -. Él sonrió y ella se quedó impactada por esa sincera sonrisa.
- Exactamente -. Tomó la mano de ella y la besó cortésmente. – Raimundo Ulloa, tabernero de esta humilde Casa de Comidas -.
- Y un padre para mí -. Le interrumpió Pepa sonriéndole. – Raimundo me acogió en su casa y en su familia sin condiciones. Cuando apenas me conocía -. Apretó el brazo del hombre. – Es mucho lo que tengo que agradecerle -.
Él le dio unos golpecitos en la mano. – Bueno, bueno…que vas a ruborizarme muchacha -. Rió de nuevo. – Bueno, siento tener que dejar a dos mujeres tan hermosas, pero he de marchar a hacer unos mandados -. Se dirigió ahora a ella. – Doña Águeda, un placer conocerla -. Y con una leve inclinación de cabeza, salió por la puerta de la Casa de Comidas.
*******************************************
Su vida últimamente parecía no tener ningún sentido. Estaba perdiendo terreno frente a esa mujer. Águeda de Mesía. ¿Quién era? ¿Qué es lo que pretendía? Y sobre todo ¿Qué tenía en su contra? No conseguía encontrar la pieza que faltaba en ese rompecabezas. Lo único que sabía es que si no encontraba pronto una solución, terminaría perdiendo todo aquello que tantos años le había costado conseguir. Todo su esfuerzo, su trabajo perdido por culpa de esa mujer. Así se sintió Raimundo cuando tú le arrebataste todas sus tierras Francisca . De nuevo su conciencia volvía a martillearle las sienes. En los últimos tiempos, escuchaba demasiado a esa voz interior. Me estaré haciendo vieja…. Pero no. En el fondo sabía que no era por eso. Su enfermedad, esa que ocultaba a todos, había hecho florecer en ella los remordimientos, las angustias, los miedos. Y a aquella voz que siempre le hablaba de él. De Raimundo. Pero para él fue mayor el daño Francisca…porque fuiste tú quien se lo ocasionaste. Tú. Y eso que le amabas. ¿Qué no te hará a ti esa mujer? .
Sentía que se ahogaba. Necesitaba salir, dar un paseo. Poner en orden sus ideas. Salió al jardín cubierta únicamente por un chal. Era principios de noviembre, pero el ambiente era inusualmente cálido. Cerró los ojos inspirando lentamente la suave brisa de las primeras horas de la tarde. Aquello calmó sus nervios, pero no consiguió aliviar su alma. ¿Qué puedo hacer? Piensa Francisca…necesitas encontrar una solución. ¡Estás a punto de perderlo todo! . Notaba una fuerte opresión en el pecho. Nunca se había sentido contra las cuerdas. Al menos, no como en ese momento. Poco podía contar con sus hijos. Cada vez les sentía más y más lejos de ella, y no podía culparles. Ella misma se había convertido en todo aquello que había odiado cuando era una chiquilla. Cuando aún le quedaban ilusiones. Respiró otra vez intensamente, apesadumbrada. El jardín se le quedaba pequeño. Necesitaba más espacio. Salió de la Casona sin decir nada a nadie. Sin la compañía de su doncella. La soledad fue su única compañera.
**************************************************
- ¡Don Raimundo! -.
Iba caminando por la plaza y se giró al escuchar pronunciar su nombre. Sonrió al ver a la mujer que le había llamado. – Doña Águeda, ¿Cómo le va? -. Se fue acercando a ella. – Y por favor, apéeme el tratamiento. Raimundo nada más -.
Ella solo pudo sonreír. Se sentía a gusto con aquel hombre que apenas conoció el día anterior. Llevaba viuda ya varios años, y nunca había echado de menos la compañía de un hombre a su lado. Extrañaba a su marido, por supuesto, pero no entraba en sus planes volverse a casar de nuevo, y mucho menos, entablar algún tipo de relación con ningún hombre. Al menos, no hasta ahora. Se sorprendió de sus propios pensamientos. Ese hombre, Raimundo, le había causado una muy grata impresión.
- Solo lo haré si usted me llama Águeda también, ¿qué le parece? -. Le sonrió con sincero afecto.
Raimundo le devolvió la sonrisa. – Me parece estupendo. Los amigos de Pepa, son también amigos míos -. Se quedaron en silencio unos segundos. Raimundo la observaba. Era una mujer joven aún, y le intrigaba el especial interés que mostraba en Pepa aunque no creía que viniera con malas intenciones. Además, era una mujer muy atractiva. Lástima que su corazón tuviera dueña y no quisiera fijarse en nadie más. Francisca…mi amor… . Se sintió turbado por pensar en ella en ese momento. Aunque bueno, en realidad, Francisca siempre estaba presente en sus pensamientos.
Águeda se sintió azorada ante el escrutinio de Raimundo. Confundió la mirada que le estaba dedicando con un especial interés en ella. Y se sintió halagada.
Raimundo se sintió extrañado ante le forma en que ella le estaba mirando. Él solo estaba tratando de ser amable, nada más. Habló en un intento de romper ese silencio que estaba empezando a resultarle incómodo. - ¿Se dirigía por casualidad a ver a Pepa? -. Raimundo lo dedujo por encontrarla por la plaza cerca de su Casa de Comidas.
La verdad es que en ese momento había decidido salir a dar un paseo por el pueblo y de esa manera llegó hasta la plaza. Pero al encontrarse con Raimundo, no quiso despedirse de él tan pronto, y pensó que era buena idea ir a ver a Pepa. – Claro, me gustaría hablar un rato con ella -.
- Pues entonces…Águeda… - le sonrió ofreciéndole el brazo, que ella aferró casi inmediatamente sonriéndole de manera coqueta. -…vayamos pues hacia la taberna -.
Juntos se encaminaron hasta la Casa de Comidas. Sonrientes, charlando amigablemente, de manera inocente. Pero no es así como se veía para un par de ojos que les observaban en la distancia.
#4083
06/11/2011 19:10
Francisca había dirigido sus pasos sin apenas ser consciente hasta la plaza de Puente Viejo, con la esperanza de poder ver a Raimundo, de cruzar algunas palabras con él, aunque terminaran discutiendo. Ver a Raimundo, escuchar su voz era lo único que calmaba su atribulado corazón. Él era el único que sosegaba sus nervios, daba calidez a su alma. Sigues amando a Raimundo por encima de todas las cosas, por encima del orgullo, por encima del rencor…. Hoy le necesitaba más que nunca. Hoy su mundo amenazaba con desmoronarse y él era lo más puro, lo más verdadero para ella. Raimundo Ulloa. Su vida. Su amor.
¡Qué dolor sintió de pronto atravesándole el cuerpo! ¡Qué destino cruel se había empeñado de nuevo en volver a destrozarle el alma! ¿Acaso se merecía aquel castigo otra vez? En la plaza, frente a ella, Raimundo estaba sonriendo a otra. Hablando tranquilamente con otra. Ofreciendo su brazo y sus miradas a otra. Alguien que no era ella. El dolor le atravesó como un cuchillo. Encima de todo, esa mujer era Águeda de Mesía. La mujer que se había propuesto arrebatarle todo lo que más amaba. Sus tierras, sus posesiones. A su Raimundo.
Sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas. Llegas tarde Francisca. Vuelves a perderle y a manos de tu mayor enemiga. ¡Qué irónico! Te has empeñado tanto en defender tus tierras frente a ella que no creíste que te podría arrebatar lo que más amas en tu vida. Lo que de verdad te importa. Podrás seguir teniendo tus posesiones. Pero sin Raimundo, no tendrás nada. Estarás sola. Sola con tu dinero. ¡Disfrútalo! Porque a Raimundo, definitivamente, le has perdido. ¡Mírales! ¿Cuándo fue la última vez que él te sonrió de esa manera? ¿Que te ofreció su brazo para que te apoyaras en él? .
- ¡Basta! -. Gritó Francisca en mitad de la plaza. – Basta ya… - sollozó. El suelo comenzó a moverse. Todo le daba vueltas, la vista se le nubló. Y el mundo, comenzó a tragarla.
Escucharon unos gritos justo antes de entrar en la taberna. Raimundo miró a sus espaldas y vio a un grupo de personas arremolinadas en torno a una persona caída en el suelo. Don Anselmo se acercaba en ese momento al grupo y vio cómo se quedaba pálido al reconocer a la persona que estaba en el suelo.
- ¡Santo Dios, Doña Francisca! -. Rápidamente se agachó hacia ella tratando de reanimarla.
Raimundo sintió que le arrancaban el corazón cuando Don Anselmo pronunció el nombre de su niña, de su pequeña. Se soltó sin ningún tipo de miramientos de Águeda y acudió raudo al lado de su amor, de su Francisca, que yacía inconsciente en el suelo.
- ¡Francisca! Háblame por favor, ¡reacciona! -. Su voz estaba sonando demasiado desesperada y la gente de alrededor le miraba suspicaz. Pero le daba lo mismo. Lo que él quería en ese momento es que ella abriera los ojos. Pero seguía inconsciente.
- Debemos llevarla enseguida al consultorio Raimundo -. Don Anselmo parecía el único que mostraba la sangre fría necesaria para reaccionar. Algo que él había perdido cuando escuchó el nombre de su pequeña. Raimundo salió del trance y tomó a Francisca en brazos. Junto con el cura, la llevó en volandas hasta el consultorio de la doctora Casas.
Aquella reacción de Raimundo no había pasado desapercibida para Águeda. Estaba claro que él tenía algún tipo de sentimiento por ella. Y seguramente, Francisca también sintiera algo por Raimundo. Sonrió para sus adentros. Voy a disfrutar mucho más arrebatándote a Raimundo, que todas tus tierras, Francisca Montenegro
La doctora se encontraba revisando unos papeles cuando Don Anselmo entró atropelladamente en su consulta, seguida de Raimundo Ulloa que llevaba a una inconsciente Francisca en sus brazos.
- ¿Qué es lo que ha pasado? -. Se levantó enseguida y fue hacia ellos. – Póngala en la camilla, por favor -. Comprobó su pulso y fue hacia el armario para tomar un frasco de sales para reanimarla.
- Doctora, se desmayó en la plaza y aún no ha despertado -. A Raimundo le temblaban las manos, que sintió vacías en cuanto dejó a Francisca sobre la camilla.
- Le avisé que tuviera cuidado, que necesitaba estar tranquila y no sufrir sobresaltos. Además, va apenas abrigada. Esto no es bueno para su dolencia -. Gregoria hablaba más para ella que para los presentes, pero éstos no pudieron evitar escuchar cada una de las palabras de la doctora.
- ¿Dolencia? -. Raimundo se sintió morir por momentos. Francisca, amor mío…. - ¿Qué tipo de dolencia tiene Francisca? -.
Al escuchar a Raimundo, Gregoria fue consciente de que ellos aún seguían allí y habían escuchado sus palabras. – Salgan de aquí inmediatamente y déjenme hacer mi trabajo -. Empezó a impacientarse al ver que ninguno se movía de allí. -¡Fuera! -.
- Vamos Raimundo…- Don Anselmo agarró del brazo a un Raimundo reacio a dejar a su pequeña. No quería separarse de ella, deseaba quedarse a su lado hasta que despertara.
– Luego podrá entrar a verla si quiere, pero ahora márchese, por favor -. Gregoria trató de mostrarse más amable al observar el rostro tan abatido de Raimundo. Éste, echó un último vistazo a la dueña de su corazón. Aquella que permanecía inconsciente en esa fría camilla.
¡Qué dolor sintió de pronto atravesándole el cuerpo! ¡Qué destino cruel se había empeñado de nuevo en volver a destrozarle el alma! ¿Acaso se merecía aquel castigo otra vez? En la plaza, frente a ella, Raimundo estaba sonriendo a otra. Hablando tranquilamente con otra. Ofreciendo su brazo y sus miradas a otra. Alguien que no era ella. El dolor le atravesó como un cuchillo. Encima de todo, esa mujer era Águeda de Mesía. La mujer que se había propuesto arrebatarle todo lo que más amaba. Sus tierras, sus posesiones. A su Raimundo.
Sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas. Llegas tarde Francisca. Vuelves a perderle y a manos de tu mayor enemiga. ¡Qué irónico! Te has empeñado tanto en defender tus tierras frente a ella que no creíste que te podría arrebatar lo que más amas en tu vida. Lo que de verdad te importa. Podrás seguir teniendo tus posesiones. Pero sin Raimundo, no tendrás nada. Estarás sola. Sola con tu dinero. ¡Disfrútalo! Porque a Raimundo, definitivamente, le has perdido. ¡Mírales! ¿Cuándo fue la última vez que él te sonrió de esa manera? ¿Que te ofreció su brazo para que te apoyaras en él? .
- ¡Basta! -. Gritó Francisca en mitad de la plaza. – Basta ya… - sollozó. El suelo comenzó a moverse. Todo le daba vueltas, la vista se le nubló. Y el mundo, comenzó a tragarla.
Escucharon unos gritos justo antes de entrar en la taberna. Raimundo miró a sus espaldas y vio a un grupo de personas arremolinadas en torno a una persona caída en el suelo. Don Anselmo se acercaba en ese momento al grupo y vio cómo se quedaba pálido al reconocer a la persona que estaba en el suelo.
- ¡Santo Dios, Doña Francisca! -. Rápidamente se agachó hacia ella tratando de reanimarla.
Raimundo sintió que le arrancaban el corazón cuando Don Anselmo pronunció el nombre de su niña, de su pequeña. Se soltó sin ningún tipo de miramientos de Águeda y acudió raudo al lado de su amor, de su Francisca, que yacía inconsciente en el suelo.
- ¡Francisca! Háblame por favor, ¡reacciona! -. Su voz estaba sonando demasiado desesperada y la gente de alrededor le miraba suspicaz. Pero le daba lo mismo. Lo que él quería en ese momento es que ella abriera los ojos. Pero seguía inconsciente.
- Debemos llevarla enseguida al consultorio Raimundo -. Don Anselmo parecía el único que mostraba la sangre fría necesaria para reaccionar. Algo que él había perdido cuando escuchó el nombre de su pequeña. Raimundo salió del trance y tomó a Francisca en brazos. Junto con el cura, la llevó en volandas hasta el consultorio de la doctora Casas.
Aquella reacción de Raimundo no había pasado desapercibida para Águeda. Estaba claro que él tenía algún tipo de sentimiento por ella. Y seguramente, Francisca también sintiera algo por Raimundo. Sonrió para sus adentros. Voy a disfrutar mucho más arrebatándote a Raimundo, que todas tus tierras, Francisca Montenegro
La doctora se encontraba revisando unos papeles cuando Don Anselmo entró atropelladamente en su consulta, seguida de Raimundo Ulloa que llevaba a una inconsciente Francisca en sus brazos.
- ¿Qué es lo que ha pasado? -. Se levantó enseguida y fue hacia ellos. – Póngala en la camilla, por favor -. Comprobó su pulso y fue hacia el armario para tomar un frasco de sales para reanimarla.
- Doctora, se desmayó en la plaza y aún no ha despertado -. A Raimundo le temblaban las manos, que sintió vacías en cuanto dejó a Francisca sobre la camilla.
- Le avisé que tuviera cuidado, que necesitaba estar tranquila y no sufrir sobresaltos. Además, va apenas abrigada. Esto no es bueno para su dolencia -. Gregoria hablaba más para ella que para los presentes, pero éstos no pudieron evitar escuchar cada una de las palabras de la doctora.
- ¿Dolencia? -. Raimundo se sintió morir por momentos. Francisca, amor mío…. - ¿Qué tipo de dolencia tiene Francisca? -.
Al escuchar a Raimundo, Gregoria fue consciente de que ellos aún seguían allí y habían escuchado sus palabras. – Salgan de aquí inmediatamente y déjenme hacer mi trabajo -. Empezó a impacientarse al ver que ninguno se movía de allí. -¡Fuera! -.
- Vamos Raimundo…- Don Anselmo agarró del brazo a un Raimundo reacio a dejar a su pequeña. No quería separarse de ella, deseaba quedarse a su lado hasta que despertara.
– Luego podrá entrar a verla si quiere, pero ahora márchese, por favor -. Gregoria trató de mostrarse más amable al observar el rostro tan abatido de Raimundo. Éste, echó un último vistazo a la dueña de su corazón. Aquella que permanecía inconsciente en esa fría camilla.
#4084
06/11/2011 20:06
Niñas, con vosotras este mes no gano para Kleeneshhh ….
Me acabo de poner al día y entre ese Tristanciño de Rocío, el Raimundo de Cris velando por su pequeña y el video de Miri…… BUAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHH!!

Miri, es una de mis favoritas de Adele. A conciencia lo has hecho y se nota, hasta has adaptado imágenes apropiadas a la letra, it is just amazingly perfect sweety!!
Ruth corazón, porfa, puedes asegurarte de que alguien le dé una leche a Águeda de mi parte en tu relato???? Me recuerda un poco a Carmen y no me mola un pelo!!!
Lawanxa, muchas gracias por colgarnos tus versos! Cuánta razón llevan, a ver si llega ese revolcón de una vez
Me acabo de poner al día y entre ese Tristanciño de Rocío, el Raimundo de Cris velando por su pequeña y el video de Miri…… BUAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHH!!

Miri, es una de mis favoritas de Adele. A conciencia lo has hecho y se nota, hasta has adaptado imágenes apropiadas a la letra, it is just amazingly perfect sweety!!
Ruth corazón, porfa, puedes asegurarte de que alguien le dé una leche a Águeda de mi parte en tu relato???? Me recuerda un poco a Carmen y no me mola un pelo!!!
Lawanxa, muchas gracias por colgarnos tus versos! Cuánta razón llevan, a ver si llega ese revolcón de una vez
#4085
06/11/2011 20:18
jajaja a mí también me cae mal Águeda. Y cualquiera que quiera hacer daño a mi Francisca.
Venga otro cachito. Después de cenar os subo la continuación y el final ¿vale? es que aún tengo que perfilarlo un poco...
"CELOS" (continuación)
- ¿Dón…dónde estoy? -. Francisca al fin reaccionó ante el fuerte olor de las sales que la doctora Casas le estaba pasando por la nariz para que lo aspirara.
- Está en mi consultorio. Ha sufrido un desmayo en la plaza por no seguir ms indicaciones -. Le hablaba mientras volvía a guardar las sales en el armario. Después se volvió a ella regañándola como si fuera una niña pequeña. - ¿En qué demonios estaba pensando saliendo así a la calle y en su estado? Puede ser contraproducente Doña Francisca -.
Ella cerró los ojos cuando comenzó a recordar. La plaza. Raimundo y…ella. Esta vez no tenía las fuerzas suficientes para ver a Raimundo feliz con otra mujer. Había perdido la batalla sin haber empezado siquiera a luchar. Le había visto sonreír a Águeda. Con aquella dulce sonrisa que hace años le regalaba a ella cada vez que se veían. Trató de disimular su dolor delante de la doctora. Una Señora como ella, no debía llorar en público. Su madre se había encargado de repetírselo hasta la saciedad. Eres una Montenegro. Compórtate como tal y no nos avergüences . Las palabras de Elena Montenegro resonaron de pronto en sus oídos. Se incorporó de la camilla pero todo empezó a darle vueltas de nuevo.
- Estese quieta o tendré que atarle -. Gregoria la agarró de los brazos y le ayudó a recostarse de nuevo.
Debía estar muy mal porque ni siquiera contestó a la desfachatez que había demostrado la doctora. Francisca…estás acabada…hace un rato te han terminado de clavar el puñal . Se llevó la mano hasta la frente y se frotó suavemente con ella. Tenía un incipiente dolor de cabeza.
- Voy a por un remedio para su dolor de cabeza -. Empezó a quitarse la bata y fue hacia la puerta. – No se le ocurra moverse de aquí ¿me ha oído? -. Pero Francisca no le contestó. Seguía masajeándose las sienes. Gregoria suspiró preocupada. Esos dolores de cabeza estaban comenzando a ser cada vez más intensos.
Pasaron varios minutos. Francisca seguía con los ojos cerrados cuando escuchó que se abría de nuevo la puerta. – Como puede ver, no me he movido de la camilla doctora, así que… -.
- Francisca…-. Su voz le interrumpió. Raimundo. Sintió que el corazón le latía en la boca. ¿Qué hacía aquí? Ha venido a regodearse en tu desgracia Francisca. ¡Y te lo mereces! Estás sola, a punto de arruinarte y él…él está con otra mujer . Bufó furiosa ante sus propios pensamientos.
- ¿Qué quieres Raimundo? ¿Has venido a comprobar si estoy en las últimas? -.
Sus palabras fueron igual que un puñetazo en el estómago. Mi amor, si tú mueres, yo muero contigo… ¿cómo puedes dudarlo?
– Vine a ver cómo estabas Francisca. Estaba preocupado -.
Francisca rió irónica. – No es lo que me pareció cuando te vi ofreciendo tu brazo a esa mujer y sonriéndola feliz. Debías estar pasándolo muy bien. -. Se incorporó a pesar de que aún se sentía un poco mareada. – Espero que disfrutes junto a esa mujer que está tratando de destruirme Raimundo -.
¿Celos? Raimundo no podía creérselo. Notó nacer en él un sentimiento que hacía demasiado que no sentía. Felicidad. Aún me amas Francisca, por más que te empeñes en ocultarlo. Estás celosa de esa mujer y yo no puedo estar más feliz por ello. ¡Me quieres!
- ¿Águeda dices? -. Trató de parecer indiferente. Quería que ella siguiera mostrándose celosa. ¡Estás tan preciosa vida mía! . – Es una mujer encantadora. Dulce, amable, distinguida…y muy bella -. Se quedó mirándola con toda la intención.
Francisca bufó furiosa mientras se levantaba de la camilla y cogía su chal. – Vamos, todo lo contrario a mí ¿verdad Raimundo? -. No, ¡no voy a llorar! . – Pues ¡quédate con ella y vivid muy felices en tu cochambrosa posada! -. Fue hacia la puerta furiosa y aguantándose las lágrimas.
Raimundo no podía amarla más. Sujetó suavemente su brazo impidiéndole salir.
– Pero hay algo que ella no tiene…- le dijo suavemente.
- ¡Ja! -. Ella se soltó de su mano. – No creas que voy a quedarme aquí escuchando que es lo que tiene o deja de tener tu…¡ella! -. Y salió por la puerta hecha una furia.
Raimundo suspiró con tristeza. – Ella no eres tú mi niña…no eres tú…-.
Venga otro cachito. Después de cenar os subo la continuación y el final ¿vale? es que aún tengo que perfilarlo un poco...
"CELOS" (continuación)
- ¿Dón…dónde estoy? -. Francisca al fin reaccionó ante el fuerte olor de las sales que la doctora Casas le estaba pasando por la nariz para que lo aspirara.
- Está en mi consultorio. Ha sufrido un desmayo en la plaza por no seguir ms indicaciones -. Le hablaba mientras volvía a guardar las sales en el armario. Después se volvió a ella regañándola como si fuera una niña pequeña. - ¿En qué demonios estaba pensando saliendo así a la calle y en su estado? Puede ser contraproducente Doña Francisca -.
Ella cerró los ojos cuando comenzó a recordar. La plaza. Raimundo y…ella. Esta vez no tenía las fuerzas suficientes para ver a Raimundo feliz con otra mujer. Había perdido la batalla sin haber empezado siquiera a luchar. Le había visto sonreír a Águeda. Con aquella dulce sonrisa que hace años le regalaba a ella cada vez que se veían. Trató de disimular su dolor delante de la doctora. Una Señora como ella, no debía llorar en público. Su madre se había encargado de repetírselo hasta la saciedad. Eres una Montenegro. Compórtate como tal y no nos avergüences . Las palabras de Elena Montenegro resonaron de pronto en sus oídos. Se incorporó de la camilla pero todo empezó a darle vueltas de nuevo.
- Estese quieta o tendré que atarle -. Gregoria la agarró de los brazos y le ayudó a recostarse de nuevo.
Debía estar muy mal porque ni siquiera contestó a la desfachatez que había demostrado la doctora. Francisca…estás acabada…hace un rato te han terminado de clavar el puñal . Se llevó la mano hasta la frente y se frotó suavemente con ella. Tenía un incipiente dolor de cabeza.
- Voy a por un remedio para su dolor de cabeza -. Empezó a quitarse la bata y fue hacia la puerta. – No se le ocurra moverse de aquí ¿me ha oído? -. Pero Francisca no le contestó. Seguía masajeándose las sienes. Gregoria suspiró preocupada. Esos dolores de cabeza estaban comenzando a ser cada vez más intensos.
Pasaron varios minutos. Francisca seguía con los ojos cerrados cuando escuchó que se abría de nuevo la puerta. – Como puede ver, no me he movido de la camilla doctora, así que… -.
- Francisca…-. Su voz le interrumpió. Raimundo. Sintió que el corazón le latía en la boca. ¿Qué hacía aquí? Ha venido a regodearse en tu desgracia Francisca. ¡Y te lo mereces! Estás sola, a punto de arruinarte y él…él está con otra mujer . Bufó furiosa ante sus propios pensamientos.
- ¿Qué quieres Raimundo? ¿Has venido a comprobar si estoy en las últimas? -.
Sus palabras fueron igual que un puñetazo en el estómago. Mi amor, si tú mueres, yo muero contigo… ¿cómo puedes dudarlo?
– Vine a ver cómo estabas Francisca. Estaba preocupado -.
Francisca rió irónica. – No es lo que me pareció cuando te vi ofreciendo tu brazo a esa mujer y sonriéndola feliz. Debías estar pasándolo muy bien. -. Se incorporó a pesar de que aún se sentía un poco mareada. – Espero que disfrutes junto a esa mujer que está tratando de destruirme Raimundo -.
¿Celos? Raimundo no podía creérselo. Notó nacer en él un sentimiento que hacía demasiado que no sentía. Felicidad. Aún me amas Francisca, por más que te empeñes en ocultarlo. Estás celosa de esa mujer y yo no puedo estar más feliz por ello. ¡Me quieres!
- ¿Águeda dices? -. Trató de parecer indiferente. Quería que ella siguiera mostrándose celosa. ¡Estás tan preciosa vida mía! . – Es una mujer encantadora. Dulce, amable, distinguida…y muy bella -. Se quedó mirándola con toda la intención.
Francisca bufó furiosa mientras se levantaba de la camilla y cogía su chal. – Vamos, todo lo contrario a mí ¿verdad Raimundo? -. No, ¡no voy a llorar! . – Pues ¡quédate con ella y vivid muy felices en tu cochambrosa posada! -. Fue hacia la puerta furiosa y aguantándose las lágrimas.
Raimundo no podía amarla más. Sujetó suavemente su brazo impidiéndole salir.
– Pero hay algo que ella no tiene…- le dijo suavemente.
- ¡Ja! -. Ella se soltó de su mano. – No creas que voy a quedarme aquí escuchando que es lo que tiene o deja de tener tu…¡ella! -. Y salió por la puerta hecha una furia.
Raimundo suspiró con tristeza. – Ella no eres tú mi niña…no eres tú…-.
#4086
06/11/2011 20:25
Rocío hija que bonito, lo siento pero me quedo con la primera parte, adoro a estos dos juntos y gracias por escribirlo guapa, me alegra mucho esa lucecita al final de tanta oscuridad.
Miri, que bonito el video, lo veo y recuerdo el por qué adoro a esta pareja esas miradas esas sonrisillas, ese Rai de traje... te ha quedado perfecto, me encanta de verdad gracias por compartirlo con nosotras
Ruth, si esa Agueda me da un asc que me mata (como cualquiera que vaya en contra de mi Francisca), ahora directamente la odio a muerte, ¿se puede ser mas asquerosa?, ojala Raimundo le meta un corte que la deje roja de vergüenza delante de todos, la muy mamarracha
Miri, que bonito el video, lo veo y recuerdo el por qué adoro a esta pareja esas miradas esas sonrisillas, ese Rai de traje... te ha quedado perfecto, me encanta de verdad gracias por compartirlo con nosotras
Ruth, si esa Agueda me da un asc que me mata (como cualquiera que vaya en contra de mi Francisca), ahora directamente la odio a muerte, ¿se puede ser mas asquerosa?, ojala Raimundo le meta un corte que la deje roja de vergüenza delante de todos, la muy mamarracha
#4087
06/11/2011 21:52
"CELOS" (parte 3)
Raimundo regresó a la Casa de Comidas con sentimientos encontrados. Por un lado, estaba abatido por esa supuesta enfermedad que padecía Francisca. Le reconcomía el alma no saber de qué se trataba. Además, nadie parecía saber nada. ¿Por qué mi niña? ¿Por qué no nos has dicho nada?. Por otro lado, se sentía esperanzado. Francisca había demostrado hace unos momentos que aún tenía sentimientos por él. De no ser así, no se hubiera mostrado tan molesta al verle del brazo de Águeda. Sonrió. Tonta…si yo solo respiro por ti pequeña mía. Si cada uno de mis pensamientos es todo tuyo amor mío.
Entró en la taberna y allí se encontró con Emilia, Pepa y Águeda. Las dos primeras se acercaron rápidamente a él.
- ¡Padre! Doña Águeda nos ha contado lo que le pasó a Doña Francisca -. Emilia, que sabía los sentimientos de su padre hacia la Doña, le tomó del brazo preocupada, intentando darle ánimos. - ¿Ella está bien? -.
Raimundo miró a su hija. – Parece que solo fue un desvanecimiento hija…últimamente -. Miró a Águeda. -…está teniendo bastantes padecimientos y todo ha podido con ella. Pero estará bien pronto, seguro -. Estarás bien amor mío, porque yo estaré a tu lado. Sostendré tu mano cuando te sientas desfallecer, y te daré aire con mis besos cuando sientas que el mundo no te deja respirar. Juntos mi niña, siempre juntos.
Raimundo parecía haber tomado una decisión.
- No sé a qué tanta preocupación por esa mujer que tantos problemas les ha ocasionado ¿no es cierto? -. Águeda se acercó a ellos, pero viendo la cara que puso Raimundo, se arrepintió de haber pronunciado esas palabras. Intentó enseguida cambiar de tema. – Raimundo… -. Se acercó hasta él, haciendo que Pepa y Emilia se retirasen sigilosamente, como si molestaran. -…¿qué le parecería ser mi invitado y venir a cenar esta noche a mi casa? -. Utilizó su mejor sonrisa. La anterior reacción de Raimundo le había confirmado que o bien existía o había existido algún tipo de relación entre ellos. Y eso no le gustaba. Quería ver a la Montenegro hundida, y ese sería una buena estocada para ella. Además, disfrutaría haciéndolo, pues Raimundo le resultaba encantador y estimulante. – Luego quizá, podríamos dar un agradable paseo por mi jardín -.
Raimundo se sintió violento. Es cierto que Águeda le parecía una mujer encantadora pero ella parecía haber confundido amabilidad con otra cosa. Además, podía influir el hecho de que quisiera arrebatar todo a Francisca. Y puede que su pequeña le hubiera causado muchos pesares todos estos años, pero él no podía evitar amarla con todo su corazón. Jamás la dejaría sola a su suerte.
– Discúlpeme Águeda, pero creo que esa cena no va a poder ser -. La miró serio. – Ni esta noche…ni ninguna otra noche. Usted está tratando de hundir a Francisca y yo… -. Se detuvo pensando lo que iba a decir. -…yo la amo. Y he de estar a su lado, por lo tanto, en contra de usted -.
Águeda se había quedado estupefacta. Había imaginado algún sentimiento entre ellos, pero no pensaba que ese fuera un amor así de fuerte y condicional. Sintió envidia de Francisca. Aunque le arrebatara todo, siempre tendría a Raimundo.
- Pero ella ha dedicado gran parte de su vida a destrozar la suya, Raimundo. ¿Cómo es posible que no la odie? -.
Raimundo sonrió de medio lado.
– El amor es antojadizo Águeda…cuando nos enamoramos, es el corazón quien elige. Y mi corazón la eligió a ella. Para siempre -.
Ella le miró seria. – Sabe que poniéndose de su lado, estará contra mí Raimundo. Y si ella cae, usted caerá con ella -. Se sentía desconcertada porque por una vez, algo de lo que había planeado, no le estaba saliendo como quería.
- Lo sé -. Raimundo se irguió enfrentándose a ella. – Y sepa usted que si hace algún daño a Francisca, seré yo quien la persiga. No lo olvide -. No permitiré que nadie te haga daño, cielo mío. Aunque me vaya la vida en ello.
Águeda no respondió. Se dio media vuelta furiosa por no haber podido llevar a cabo su plan. Llegó hasta la plaza y entonces se le ocurrió algo. Puede que con Raimundo las cosas no hubieran funcionado. Pero eso es algo que Francisca no sabía aún. Iría a verla ahora mismo y entonces, acabaría con el amor que sentía por Raimundo.
************************************************************
Raimundo sentía el corazón desbocado en el pecho. Por una vez, en lo referente a Francisca, había decidido tomar el toro por los cuernos y elegir. Elegir estar con ella. Y lo haría, a pesar de que ella no se lo permitiera. Esta vez, no iba a abandonarla.
Se despidió de Emilia y Pepa, que estaban desconcertadas las dos, sin saber muy bien qué es lo que había ocurrido. Salió de la taberna dispuesto a ir a la Casona. Dispuesto a sincerarse de una vez por todas con Francisca.
Raimundo regresó a la Casa de Comidas con sentimientos encontrados. Por un lado, estaba abatido por esa supuesta enfermedad que padecía Francisca. Le reconcomía el alma no saber de qué se trataba. Además, nadie parecía saber nada. ¿Por qué mi niña? ¿Por qué no nos has dicho nada?. Por otro lado, se sentía esperanzado. Francisca había demostrado hace unos momentos que aún tenía sentimientos por él. De no ser así, no se hubiera mostrado tan molesta al verle del brazo de Águeda. Sonrió. Tonta…si yo solo respiro por ti pequeña mía. Si cada uno de mis pensamientos es todo tuyo amor mío.
Entró en la taberna y allí se encontró con Emilia, Pepa y Águeda. Las dos primeras se acercaron rápidamente a él.
- ¡Padre! Doña Águeda nos ha contado lo que le pasó a Doña Francisca -. Emilia, que sabía los sentimientos de su padre hacia la Doña, le tomó del brazo preocupada, intentando darle ánimos. - ¿Ella está bien? -.
Raimundo miró a su hija. – Parece que solo fue un desvanecimiento hija…últimamente -. Miró a Águeda. -…está teniendo bastantes padecimientos y todo ha podido con ella. Pero estará bien pronto, seguro -. Estarás bien amor mío, porque yo estaré a tu lado. Sostendré tu mano cuando te sientas desfallecer, y te daré aire con mis besos cuando sientas que el mundo no te deja respirar. Juntos mi niña, siempre juntos.
Raimundo parecía haber tomado una decisión.
- No sé a qué tanta preocupación por esa mujer que tantos problemas les ha ocasionado ¿no es cierto? -. Águeda se acercó a ellos, pero viendo la cara que puso Raimundo, se arrepintió de haber pronunciado esas palabras. Intentó enseguida cambiar de tema. – Raimundo… -. Se acercó hasta él, haciendo que Pepa y Emilia se retirasen sigilosamente, como si molestaran. -…¿qué le parecería ser mi invitado y venir a cenar esta noche a mi casa? -. Utilizó su mejor sonrisa. La anterior reacción de Raimundo le había confirmado que o bien existía o había existido algún tipo de relación entre ellos. Y eso no le gustaba. Quería ver a la Montenegro hundida, y ese sería una buena estocada para ella. Además, disfrutaría haciéndolo, pues Raimundo le resultaba encantador y estimulante. – Luego quizá, podríamos dar un agradable paseo por mi jardín -.
Raimundo se sintió violento. Es cierto que Águeda le parecía una mujer encantadora pero ella parecía haber confundido amabilidad con otra cosa. Además, podía influir el hecho de que quisiera arrebatar todo a Francisca. Y puede que su pequeña le hubiera causado muchos pesares todos estos años, pero él no podía evitar amarla con todo su corazón. Jamás la dejaría sola a su suerte.
– Discúlpeme Águeda, pero creo que esa cena no va a poder ser -. La miró serio. – Ni esta noche…ni ninguna otra noche. Usted está tratando de hundir a Francisca y yo… -. Se detuvo pensando lo que iba a decir. -…yo la amo. Y he de estar a su lado, por lo tanto, en contra de usted -.
Águeda se había quedado estupefacta. Había imaginado algún sentimiento entre ellos, pero no pensaba que ese fuera un amor así de fuerte y condicional. Sintió envidia de Francisca. Aunque le arrebatara todo, siempre tendría a Raimundo.
- Pero ella ha dedicado gran parte de su vida a destrozar la suya, Raimundo. ¿Cómo es posible que no la odie? -.
Raimundo sonrió de medio lado.
– El amor es antojadizo Águeda…cuando nos enamoramos, es el corazón quien elige. Y mi corazón la eligió a ella. Para siempre -.
Ella le miró seria. – Sabe que poniéndose de su lado, estará contra mí Raimundo. Y si ella cae, usted caerá con ella -. Se sentía desconcertada porque por una vez, algo de lo que había planeado, no le estaba saliendo como quería.
- Lo sé -. Raimundo se irguió enfrentándose a ella. – Y sepa usted que si hace algún daño a Francisca, seré yo quien la persiga. No lo olvide -. No permitiré que nadie te haga daño, cielo mío. Aunque me vaya la vida en ello.
Águeda no respondió. Se dio media vuelta furiosa por no haber podido llevar a cabo su plan. Llegó hasta la plaza y entonces se le ocurrió algo. Puede que con Raimundo las cosas no hubieran funcionado. Pero eso es algo que Francisca no sabía aún. Iría a verla ahora mismo y entonces, acabaría con el amor que sentía por Raimundo.
************************************************************
Raimundo sentía el corazón desbocado en el pecho. Por una vez, en lo referente a Francisca, había decidido tomar el toro por los cuernos y elegir. Elegir estar con ella. Y lo haría, a pesar de que ella no se lo permitiera. Esta vez, no iba a abandonarla.
Se despidió de Emilia y Pepa, que estaban desconcertadas las dos, sin saber muy bien qué es lo que había ocurrido. Salió de la taberna dispuesto a ir a la Casona. Dispuesto a sincerarse de una vez por todas con Francisca.
#4088
06/11/2011 22:06
Como ahora Francisca la cague le arranco la cabeza, ya puede ponerle las cosas muy claritas a la zorra esa, Rai es suyo y de nadie más
#4089
06/11/2011 22:17
Pff Ruth, cariño. Si es que no se de que me sorprendo sabiendo el talento que posees pero me encanta. Si antes odiaba a Agueda ahora no te quiero contar... Francisca en el consultorio, fantastica y ¿PORQUE NO ESCUCHO LOS SUSURROS DE RAIMUNDO? :S Pero bueno... me alegro que mi Rai le haya puesto las cosas en su sitio a la... esa :)
Intentare leer el final mas tarde, espero que lo cuelgues por la noche, y sino lo leeré mañana antes de irme.
Intentare leer el final mas tarde, espero que lo cuelgues por la noche, y sino lo leeré mañana antes de irme.
#4090
06/11/2011 22:54
"CELOS" (parte 4 y final)
Se sentó en el jardín. Los últimos días era el único lugar donde parecía encontrarse tranquila. Debía reconocer que estaba asustada ante el desmayo de esa misma tarde. Su enfermedad estaba avanzando más rápido de lo pensado y el estrés que padecía estos días, había contribuido a agravar su mal. Dio un sorbo a la tisana que su fiel Rosario le había preparado hace un momento.
No quiso mencionar a nadie el suceso de esta tarde. ¿Para qué? A nadie le importa…nadie me pregunta nunca cómo estoy, o si he tenido un buen día…Nadie se preocupa por mí…. Enjugó una lágrima antes de que se derramara sobre su té. Desde hace días lloraba demasiado. Algo inusual en ella. Pensaba que se había quedado sin lágrimas hace años.
Suspiró. El desmayo y su enfermedad no eran relevantes para ella en ese momento. Tenía que reconocer que le comían los celos por haber visto a Raimundo junto a Águeda. Podía sobrellevar a duras penas el no tenerle a su lado. Pero al menos, nadie más le tenía y eso le consolaba. Pero ahora...¿Y si se enamoran? ¿Y si se casan? Lo harán Francisca. Y se unirán contra ti para terminar de aplastarte. Levantó su vaso y brindó con un público imaginario.
- Por tu fin, Francisca Montenegro -.
Escuchó pasos a su espalda. Era Rosario. - ¿Qué ocurre Rosario? Te dije que quería estar sola -.
- Lo sé Señora, pero es que tiene visita -. Rosario apretaba el delantal entre sus manos. – Es…Doña Águeda -.
Francisca sintió que le hervía la sangre. Esa odiosa mujer se había atrevido a ir a su casa a importunarla con alguna tontería de las suyas y esa falsa inocencia que mostraba cuando estaban frente a frente. No la soportaba. Y ahora, mucho menos. Se había fijado en Raimundo y eso sí que no podía tolerarlo. Lucha Francisca… ¡lucha por él, por Raimundo! No permitas que esa…fulana te lo arrebate. No sin pelear . Se sintió de repente con fuerzas renovadas. Ya perdió una vez a Raimundo y su vida se convirtió en un infierno. Puede que no lo lograra, pero esta vez, pelearía por Raimundo. Por su hombre. Por su gran amor.
- Buenas tardes Doña Francisca, disculpe que me presente a estas horas, pero pasaba por aquí y pensé en pasarme a saludarle -.
- Encantada de que haya venido Doña Águeda, sabe que siempre es bien recibida en mi casa -. Maldita pécora del demonio. Acabaré contigo aunque sea lo último que haga sonrió falsamente.
Águeda le devolvió la misma sonrisa falsa que le había dedicado Francisca. – Me alegra que piense así ahora que…- pasó por su lado hasta ponerse a su espalda. - …ahora que Raimundo y yo estamos enamorados -. La miró de reojo, esperando su reacción. – Se de su antiguo…romance…Raimundo me lo contó -. Qué transparente eres Francisca…Veo que te han dolido mis palabras…¡Qué pena…!. – Es usted fantástica, no sintiéndose molesta por…nuestro amor -.
Eres una maldita bruja. No sabes con quien te estás enfrentando. Te has atrevido con lo más sagrado para mí. - ¿Enamorados dice? -. Sonrió perversa antes de girarse y encararse a ella. - ¡Qué raro! Justo esta tarde he estado con Raimundo y no me pareció…enamorado de usted. Además, discúlpeme pero él tiene mejor gusto -. Dijo mientras le recorría con la mirada de arriba a abajo.
Águeda trató de mantener la sonrisa a pesar de que estaba furiosa con esa mujer. – Por supuesto que tiene mejor gusto si me ha elegido a mí, después de haberle conocido a usted Francisca -.
Francisca se carcajeó en su cara. – Disfrute mientras pueda Águeda. Pero no crea que voy a dejar que Raimundo caiga en su red de engaños -.
Raimundo llegó hasta el jardín, deteniéndose en la puerta al escuchar voces. Se asomó con cuidado y vio a Francisca de espaldas hablando con…¿Águeda?. ¿Qué ha venido a hacer ella aquí? Por su bien espero que no esté haciéndole algún mal a Francisca. Siguió escuchando.
- Raimundo es un buen hombre. Y no voy a consentir que le utilice para hacerme daño a mí -. Se acercó a Águeda muy despacio. – Sepa que voy a estar pendiente de cada uno de sus movimientos. Seré como un grano en su cara -. Arqueó una ceja peligrosamente. – Y si se le ocurre hacerle algún mal, acabaré con usted. Se lo advierto -. Nunca se había sentido tan furiosa.
Águeda se carcajeó de ella. – No le tengo ningún miedo Francisca. Además, sepa que Raimundo ya no la ama. Él me quiere a mí. Hace unas horas, cuando volvió del consultorio, hasta nos estuvimos riendo de usted y su ridículo desmayo -.
Raimundo tuvo que contenerse para no entrar en el jardín y poner los puntos sobre las íes a esa maldita mujer. Trató de calmarse antes de entrar, y justo iba a hacerlo cuando Francisca le respondió.
- Puede que él ya no me ame. Pero yo a él sí. Y eso me da pleno derecho a protegerle de cualquier mujerzuela que pretenda hacerle daño -. Se acercó tanto a ella que Águeda retrocedió unos pasos un tanto asustada. – No lo olvide. Tómelo como una advertencia. Si Raimundo sufre, usted lo pagará caro -.
Raimundo sintió que el amor por Francisca le desbordaba. Ella…le amaba. Tanto como para renunciar a él por su felicidad. Amor mío…
- Está sola Francisca. Abandonada. No tiene a nadie que quiera ayudarla. ¿Cree que tiene capacidad de hacerme algo? ¡No me haga reír! -. Se volvió dándole la espalda.
- No está sola -. Raimundo salió al fin de entre las sombras y se situó al lado de Francisca. Le miró a los ojos antes de entrelazar su mano con la de ella. Le sonrió tiernamente mientras le susurró en el oído. – Te amo con toda mi alma, pequeña mía -. Y enfrentó con la mirada a Águeda. Junto a su niña. Los dos juntos.
- Yo amo a Francisca, no a usted. Le advertí esta tarde que no se atreviera a atacar a Francisca, y aun así no me ha hecho caso -. Apretó con fuerza la mano de Francisca, que le miraba totalmente enamorada. – Váyase de aquí y no vuelva -. Dio un paso hacia Águeda, que se sintió derrotada. Al menos, en esta batalla. Solo le quedaba marcharse.
Cuando se quedaron solos, Francisca se atrevió a mirar tímidamente a Raimundo que aún tenía su mano entrelazada con la de ella.
- Raimundo yo…- No le dio tiempo a decir nada más. Raimundo había tomado su rostro con sus manos y estaba besándola como si no hubiera un mañana. Ella sonrió en mitad del beso y entrelazó sus manos en el cuello de Raimundo devolviéndole el beso con la misma intensidad.
- ¿Cómo pudiste pensar que podía querer a otra, mi cielo? -. La besó de nuevo. – Eres mi vida entera Francisca -. Otro beso. – No voy a abandonarte. Esta vez no mi niña -.
Francisca acarició su cara con tanta ternura que él sintió que se deshacía bajo su toque.
– Siempre te he querido Raimundo. Nada me hubiera dolido más que perderte -. Ahora fue ella la que le besó. – Ya no me importa perder mis tierras. Mientras te tenga junto a mí…mi amor… -.
- Siempre Francisca. Siempre estaremos juntos y enfrentaremos lo que sea -.
- Para toda la vida mi amor. Para toda la vida…-.
FIN
p.d. Ya sabeis,me encantan los finales felices jejeje
espero que os haya gustado ;)
Se sentó en el jardín. Los últimos días era el único lugar donde parecía encontrarse tranquila. Debía reconocer que estaba asustada ante el desmayo de esa misma tarde. Su enfermedad estaba avanzando más rápido de lo pensado y el estrés que padecía estos días, había contribuido a agravar su mal. Dio un sorbo a la tisana que su fiel Rosario le había preparado hace un momento.
No quiso mencionar a nadie el suceso de esta tarde. ¿Para qué? A nadie le importa…nadie me pregunta nunca cómo estoy, o si he tenido un buen día…Nadie se preocupa por mí…. Enjugó una lágrima antes de que se derramara sobre su té. Desde hace días lloraba demasiado. Algo inusual en ella. Pensaba que se había quedado sin lágrimas hace años.
Suspiró. El desmayo y su enfermedad no eran relevantes para ella en ese momento. Tenía que reconocer que le comían los celos por haber visto a Raimundo junto a Águeda. Podía sobrellevar a duras penas el no tenerle a su lado. Pero al menos, nadie más le tenía y eso le consolaba. Pero ahora...¿Y si se enamoran? ¿Y si se casan? Lo harán Francisca. Y se unirán contra ti para terminar de aplastarte. Levantó su vaso y brindó con un público imaginario.
- Por tu fin, Francisca Montenegro -.
Escuchó pasos a su espalda. Era Rosario. - ¿Qué ocurre Rosario? Te dije que quería estar sola -.
- Lo sé Señora, pero es que tiene visita -. Rosario apretaba el delantal entre sus manos. – Es…Doña Águeda -.
Francisca sintió que le hervía la sangre. Esa odiosa mujer se había atrevido a ir a su casa a importunarla con alguna tontería de las suyas y esa falsa inocencia que mostraba cuando estaban frente a frente. No la soportaba. Y ahora, mucho menos. Se había fijado en Raimundo y eso sí que no podía tolerarlo. Lucha Francisca… ¡lucha por él, por Raimundo! No permitas que esa…fulana te lo arrebate. No sin pelear . Se sintió de repente con fuerzas renovadas. Ya perdió una vez a Raimundo y su vida se convirtió en un infierno. Puede que no lo lograra, pero esta vez, pelearía por Raimundo. Por su hombre. Por su gran amor.
- Buenas tardes Doña Francisca, disculpe que me presente a estas horas, pero pasaba por aquí y pensé en pasarme a saludarle -.
- Encantada de que haya venido Doña Águeda, sabe que siempre es bien recibida en mi casa -. Maldita pécora del demonio. Acabaré contigo aunque sea lo último que haga sonrió falsamente.
Águeda le devolvió la misma sonrisa falsa que le había dedicado Francisca. – Me alegra que piense así ahora que…- pasó por su lado hasta ponerse a su espalda. - …ahora que Raimundo y yo estamos enamorados -. La miró de reojo, esperando su reacción. – Se de su antiguo…romance…Raimundo me lo contó -. Qué transparente eres Francisca…Veo que te han dolido mis palabras…¡Qué pena…!. – Es usted fantástica, no sintiéndose molesta por…nuestro amor -.
Eres una maldita bruja. No sabes con quien te estás enfrentando. Te has atrevido con lo más sagrado para mí. - ¿Enamorados dice? -. Sonrió perversa antes de girarse y encararse a ella. - ¡Qué raro! Justo esta tarde he estado con Raimundo y no me pareció…enamorado de usted. Además, discúlpeme pero él tiene mejor gusto -. Dijo mientras le recorría con la mirada de arriba a abajo.
Águeda trató de mantener la sonrisa a pesar de que estaba furiosa con esa mujer. – Por supuesto que tiene mejor gusto si me ha elegido a mí, después de haberle conocido a usted Francisca -.
Francisca se carcajeó en su cara. – Disfrute mientras pueda Águeda. Pero no crea que voy a dejar que Raimundo caiga en su red de engaños -.
Raimundo llegó hasta el jardín, deteniéndose en la puerta al escuchar voces. Se asomó con cuidado y vio a Francisca de espaldas hablando con…¿Águeda?. ¿Qué ha venido a hacer ella aquí? Por su bien espero que no esté haciéndole algún mal a Francisca. Siguió escuchando.
- Raimundo es un buen hombre. Y no voy a consentir que le utilice para hacerme daño a mí -. Se acercó a Águeda muy despacio. – Sepa que voy a estar pendiente de cada uno de sus movimientos. Seré como un grano en su cara -. Arqueó una ceja peligrosamente. – Y si se le ocurre hacerle algún mal, acabaré con usted. Se lo advierto -. Nunca se había sentido tan furiosa.
Águeda se carcajeó de ella. – No le tengo ningún miedo Francisca. Además, sepa que Raimundo ya no la ama. Él me quiere a mí. Hace unas horas, cuando volvió del consultorio, hasta nos estuvimos riendo de usted y su ridículo desmayo -.
Raimundo tuvo que contenerse para no entrar en el jardín y poner los puntos sobre las íes a esa maldita mujer. Trató de calmarse antes de entrar, y justo iba a hacerlo cuando Francisca le respondió.
- Puede que él ya no me ame. Pero yo a él sí. Y eso me da pleno derecho a protegerle de cualquier mujerzuela que pretenda hacerle daño -. Se acercó tanto a ella que Águeda retrocedió unos pasos un tanto asustada. – No lo olvide. Tómelo como una advertencia. Si Raimundo sufre, usted lo pagará caro -.
Raimundo sintió que el amor por Francisca le desbordaba. Ella…le amaba. Tanto como para renunciar a él por su felicidad. Amor mío…
- Está sola Francisca. Abandonada. No tiene a nadie que quiera ayudarla. ¿Cree que tiene capacidad de hacerme algo? ¡No me haga reír! -. Se volvió dándole la espalda.
- No está sola -. Raimundo salió al fin de entre las sombras y se situó al lado de Francisca. Le miró a los ojos antes de entrelazar su mano con la de ella. Le sonrió tiernamente mientras le susurró en el oído. – Te amo con toda mi alma, pequeña mía -. Y enfrentó con la mirada a Águeda. Junto a su niña. Los dos juntos.
- Yo amo a Francisca, no a usted. Le advertí esta tarde que no se atreviera a atacar a Francisca, y aun así no me ha hecho caso -. Apretó con fuerza la mano de Francisca, que le miraba totalmente enamorada. – Váyase de aquí y no vuelva -. Dio un paso hacia Águeda, que se sintió derrotada. Al menos, en esta batalla. Solo le quedaba marcharse.
Cuando se quedaron solos, Francisca se atrevió a mirar tímidamente a Raimundo que aún tenía su mano entrelazada con la de ella.
- Raimundo yo…- No le dio tiempo a decir nada más. Raimundo había tomado su rostro con sus manos y estaba besándola como si no hubiera un mañana. Ella sonrió en mitad del beso y entrelazó sus manos en el cuello de Raimundo devolviéndole el beso con la misma intensidad.
- ¿Cómo pudiste pensar que podía querer a otra, mi cielo? -. La besó de nuevo. – Eres mi vida entera Francisca -. Otro beso. – No voy a abandonarte. Esta vez no mi niña -.
Francisca acarició su cara con tanta ternura que él sintió que se deshacía bajo su toque.
– Siempre te he querido Raimundo. Nada me hubiera dolido más que perderte -. Ahora fue ella la que le besó. – Ya no me importa perder mis tierras. Mientras te tenga junto a mí…mi amor… -.
- Siempre Francisca. Siempre estaremos juntos y enfrentaremos lo que sea -.
- Para toda la vida mi amor. Para toda la vida…-.
FIN
p.d. Ya sabeis,me encantan los finales felices jejeje
espero que os haya gustado ;)
#4091
06/11/2011 23:08
precioso, para mi solo ha faltado que nuestra Paca le pegara una buena leche a la imbecil esta.
Ruth, precioso, ¿sabes? me gusta creer que el día que se reconcilien será algo así, ocurrirá algo que hará que estén juntos y entonces nada podrá separarlos, te lo digo siempre, pero haces que mi vida sea mas feliz leyendo tus relatos, siempre consigues sacarme una sonrisa
Ruth, precioso, ¿sabes? me gusta creer que el día que se reconcilien será algo así, ocurrirá algo que hará que estén juntos y entonces nada podrá separarlos, te lo digo siempre, pero haces que mi vida sea mas feliz leyendo tus relatos, siempre consigues sacarme una sonrisa
#4092
07/11/2011 08:55
Buenos días a todas!!
Gracias Ruth, me encantó, como siempre!! esto sí que es una buena manera de empezar la semana!!!
Gracias Ruth, me encantó, como siempre!! esto sí que es una buena manera de empezar la semana!!!
#4093
07/11/2011 10:06
Hola chicas. Ahora que estoy entre clase y clase no he podido evitar comentar.
Miri el vídeo me ha emocionado. Es que estos dos encierran mucho y los guionistas en vez de explotar esto resucitan muertos.
Ruth hija ¡qué talento tienes! Has reflejado esos celos mejor que yo con Carmen. Eres increíble.
Cris ese relato también ha estado fantástico. Me ha encantado esa Francisca que ya espera su final y Raimundo yendo a visitarla.
Y a las demás agradeceros que me alegréis el día con vuestros comentarios. De verdad que me encanta leeros a todas y más cuando estoy de exámenes.
Y sin más aquí os dejo otro trocito que escribí intentando desconectar. Lo he cogido con ganas.
La cena estaba servida y por lo que estaba viendo Francisca se celebraba algo pero no sabía qué. Soledad esperaba con mal disimulada impaciencia.
Tristán entró de la mano de Pepa con una sonrisa abierta en los labios. Francisca no podía disimular su disgusto sólo con verla pero qué le iba a hacer. Al fin y al cabo Pepa había salvado a los Montenegro de Águeda y Olmo. De todas formas tenía que reconocer que estaba especialmente bella.
- Me alegro de que estéis aquí.
- ¿Celebramos algo Tristán? – dijo Soledad.
- Sí madre. – dijo Tristán. – Pero creo que deberíamos cenar antes ¿no tienen hambre?
- Como quieras hijo. Sentaos entonces. – dijo Francisca con una sonrisa educada.
Transcurrió la cena sin ningún incidente aunque entre Francisca y Pepa la tensión se palpara. Cuando terminaron Soledad dijo:
- Bueno ¿qué es eso que nos tenéis que anunciar? – dijo Soledad
- Pepa y yo nos casaremos dentro de dos semanas. – dijo Tristán. – Era la mejor fecha para tener a punto todos los preparativos.
- Felicidades en ese caso. – dijo Soledad.
- Si es lo que quieres hijo… Así sea. – dijo Francisca que añadió a regañadientes. – Tenéis mi… bendición.
- Gracias madre. – dijo Tristán. – También quería anunciaros que doña Águeda nos ha regalado un viaje a Granada. Estaremos unos días fuera.
- Vaya… qué atenta. – dijo Francisca.
- Yo también me sumo a las buenas noticias. Sebastián ha conseguido que la conservera produzca los beneficios que producía en su mejor momento. Pronto podremos competir con otras por mercados nacionales. – dijo Soledad.
- ¿Cómo es que no he sido informada de ello Soledad?
- Porque me lo ha dicho hoy madre. – dijo Soledad y añadió bromeando – Y vosotros tened cuidado con el sol no sea que vengáis tostados.
Y mientras que ellos hablaban, esa última frase transportó a Francisca a un momento lejano en el tiempo. Un momento en el que fue feliz.
Se dirigía al Caserón para ver a Raimundo. Quería darle una sorpresa. Era un día caluroso de verano y Raimundo se encontraba cortando leña con una camiseta blanca de tirantes y un pantalón. Siempre ayudaba a los jornaleros en lo que pudiera lo que sacaba de quicio a su padre. Las gotas de sudor corrían por su piel. Francisca se ocultó detrás de un árbol para ver la escena. El corazón le palpitaba fuertemente. Se le había ocurrido cómo sorprenderle. Cogiéndose el vestido se acercó por detrás a Raimundo sigilosamente. En un momento en que Raimundo paró para secarse el sudor ella le abrazó desde detrás y le besó el hombro.
- Como sigas así vas a tostarte. – le susurró Francisca subiendo las manos desde el abdomen hasta el pecho de Raimundo.
- Dios mío Francisca ¿es que quieres matarme de un susto? – dijo Raimundo cogiendo las manos de ella entre las suyas.
- Mira quién fue hablar. ¿Acaso no te ha gustado la sorpresa? – dijo Francisca en tono inocente.
- Claro que sí mi pequeña pero vas a acabar oliendo a sudor de Ulloa. – dijo Raimundo bromeando.
Después él se giró para estar frente a ella. Ella deslizó sus manos por su pecho y acabó abrazándose a su cuello. Raimundo le abrazaba por la cintura.
- No hay otra cosa que desee más que el olor de tu cuerpo – susurró Francisca.
Raimundo no aguantó más y atacó su boca como un hambriento.
- Te quiero.
- Y yo a ti.
Tristán se acercó a su madre temiendo que le hubiera dado otra migraña viendo que Francisca había cerrado los ojos.
- Madre… madre ¿se encuentra bien?
- Sí hijo sí. Es sólo que este maldito dolor de cabeza no se me va. Sólo eso.
Miri el vídeo me ha emocionado. Es que estos dos encierran mucho y los guionistas en vez de explotar esto resucitan muertos.
Ruth hija ¡qué talento tienes! Has reflejado esos celos mejor que yo con Carmen. Eres increíble.
Cris ese relato también ha estado fantástico. Me ha encantado esa Francisca que ya espera su final y Raimundo yendo a visitarla.
Y a las demás agradeceros que me alegréis el día con vuestros comentarios. De verdad que me encanta leeros a todas y más cuando estoy de exámenes.
Y sin más aquí os dejo otro trocito que escribí intentando desconectar. Lo he cogido con ganas.
La cena estaba servida y por lo que estaba viendo Francisca se celebraba algo pero no sabía qué. Soledad esperaba con mal disimulada impaciencia.
Tristán entró de la mano de Pepa con una sonrisa abierta en los labios. Francisca no podía disimular su disgusto sólo con verla pero qué le iba a hacer. Al fin y al cabo Pepa había salvado a los Montenegro de Águeda y Olmo. De todas formas tenía que reconocer que estaba especialmente bella.
- Me alegro de que estéis aquí.
- ¿Celebramos algo Tristán? – dijo Soledad.
- Sí madre. – dijo Tristán. – Pero creo que deberíamos cenar antes ¿no tienen hambre?
- Como quieras hijo. Sentaos entonces. – dijo Francisca con una sonrisa educada.
Transcurrió la cena sin ningún incidente aunque entre Francisca y Pepa la tensión se palpara. Cuando terminaron Soledad dijo:
- Bueno ¿qué es eso que nos tenéis que anunciar? – dijo Soledad
- Pepa y yo nos casaremos dentro de dos semanas. – dijo Tristán. – Era la mejor fecha para tener a punto todos los preparativos.
- Felicidades en ese caso. – dijo Soledad.
- Si es lo que quieres hijo… Así sea. – dijo Francisca que añadió a regañadientes. – Tenéis mi… bendición.
- Gracias madre. – dijo Tristán. – También quería anunciaros que doña Águeda nos ha regalado un viaje a Granada. Estaremos unos días fuera.
- Vaya… qué atenta. – dijo Francisca.
- Yo también me sumo a las buenas noticias. Sebastián ha conseguido que la conservera produzca los beneficios que producía en su mejor momento. Pronto podremos competir con otras por mercados nacionales. – dijo Soledad.
- ¿Cómo es que no he sido informada de ello Soledad?
- Porque me lo ha dicho hoy madre. – dijo Soledad y añadió bromeando – Y vosotros tened cuidado con el sol no sea que vengáis tostados.
Y mientras que ellos hablaban, esa última frase transportó a Francisca a un momento lejano en el tiempo. Un momento en el que fue feliz.
Se dirigía al Caserón para ver a Raimundo. Quería darle una sorpresa. Era un día caluroso de verano y Raimundo se encontraba cortando leña con una camiseta blanca de tirantes y un pantalón. Siempre ayudaba a los jornaleros en lo que pudiera lo que sacaba de quicio a su padre. Las gotas de sudor corrían por su piel. Francisca se ocultó detrás de un árbol para ver la escena. El corazón le palpitaba fuertemente. Se le había ocurrido cómo sorprenderle. Cogiéndose el vestido se acercó por detrás a Raimundo sigilosamente. En un momento en que Raimundo paró para secarse el sudor ella le abrazó desde detrás y le besó el hombro.
- Como sigas así vas a tostarte. – le susurró Francisca subiendo las manos desde el abdomen hasta el pecho de Raimundo.
- Dios mío Francisca ¿es que quieres matarme de un susto? – dijo Raimundo cogiendo las manos de ella entre las suyas.
- Mira quién fue hablar. ¿Acaso no te ha gustado la sorpresa? – dijo Francisca en tono inocente.
- Claro que sí mi pequeña pero vas a acabar oliendo a sudor de Ulloa. – dijo Raimundo bromeando.
Después él se giró para estar frente a ella. Ella deslizó sus manos por su pecho y acabó abrazándose a su cuello. Raimundo le abrazaba por la cintura.
- No hay otra cosa que desee más que el olor de tu cuerpo – susurró Francisca.
Raimundo no aguantó más y atacó su boca como un hambriento.
- Te quiero.
- Y yo a ti.
Tristán se acercó a su madre temiendo que le hubiera dado otra migraña viendo que Francisca había cerrado los ojos.
- Madre… madre ¿se encuentra bien?
- Sí hijo sí. Es sólo que este maldito dolor de cabeza no se me va. Sólo eso.
#4094
07/11/2011 10:07
Pasaban los días y Emilia se encontraba mejor. Totalmente recuperada. Y lo que es más, había recuperado la vitalidad de siempre. Raimundo estaba feliz.
Don Anselmo entró apesadumbrado en la taberna por las noticias que traía. “Ojalá las palabras que le dediqué a doña Francisca surtan efecto.” – pensó para sí mismo. No quería que su amigo se fuera. Raimundo le vio y le invitó que se sentara con él en una mesa apartada.
- Siéntese don Anselmo ahora mismo estoy con usted. – dijo Raimundo.
Don Anselmo obedeció. Mientras que Raimundo servía a una cuadrilla de jornaleros reflexionó. Tenía que hacer lo posible para que no se fuera. “El amor de Francisca y Raimundo se merece otro final.” – pensó. Pero ¿qué podía hacer él? Sólo esperar que Francisca reaccione y él sabía que para que eso ocurriera se necesitaba tiempo pero ¿y si podía el orgullo?
- Don Anselmo ¿se encuentra bien? – dijo Emilia.
- Sí mujer y más aún viéndote tan recuperada. – dijo don Anselmo. – No hay nada que no pueda superar un Ulloa.
- Salvo su propio orgullo padre. – dijo Emilia bromeando.
- Ay hija, hasta eso se puede solucionar créeme. Sólo hace falta tener fe. – dijo don Anselmo – Anda mira a ver que a tu padre creo que se lo van a comer los de la cuadrilla de allá.
Emilia obedeció sonriente. Raimundo enseguida se dirigió a don Anselmo.
- Ya estoy con usted padre. Cuénteme. ¿Ha conseguido algo?
- Sí. He conseguido dos posibles trabajos en Aranjuez. Un párroco amigo mío me contó que hay una familia que busca un nuevo capataz que conozca los cultivos y trabajador. La familia… Reyes creo recordar. El sueldo es bastante bueno todo hay que decirlo y las condiciones también. – dijo don Anselmo.
- Eso no me lo creo tanto. – dijo Raimundo.
- Pues créelo. ¿Por qué te crees que me enterado por un cura? Porque esa familia está afiliada al Partido Socialista de ese tal… Pablo Iglesias. Así que los terratenientes de alrededor intentan boicotearles arrebatándoles los jornaleros como sea. – dijo don Anselmo.
- ¿Y el otro trabajo?
- Es de camarero en la taberna del pueblo. El sueldo es más bajo eso sí. – dijo don Anselmo. – Lo que sí sé es que la familia Reyes te ofrecería alojamiento y comida en su casa.
Raimundo agachó la cabeza pensativo.
- Raimundo… ¿estás seguro de esto?
- No padre. Tengo que pensármelo un poco más. Todavía tengo que hablar con Emilia, con Sebastián y con… - cerró los ojos al pensar en ella. Tendría que contárselo antes de que lo supiera por otras personas.
- Tranquilo. De momento están ahí los hijos que se ocuparán de ese puesto pero el mes siguiente se irán a estudiar fuera según me han contado. Todavía tienes tiempo. – dijo don Anselmo tranquilizador.
- Gracias amigo. – dijo Raimundo.
- De nada hereje. – bromeó don Anselmo. – Bueno, yo me voy que tengo asuntos todavía en la parroquia. Con Dios Raimundo.
- Hasta luego don Anselmo. – dijo Raimundo.
Y así, mirando a la nada, Raimundo no pudo evitar sentir una punzada en el corazón al recordar algo:
Francisca acarició con ternura su brazo. Raimundo tomó su mano amoroso y la miró.
- ¿Te duele que tus padres no estén enamorados?
Ella meneó la cabeza.
- En realidad, lo que me duele es que mi padre… no sea todo lo feliz que se merece. No es justo.- un brillo relampagueó en los ojos de Francisca.
Raimundo suspiró.
- Hay muchas cosas injustas en la vida, mi pequeña. Mi tío Esteban… - meneó la cabeza.-… tampoco ha sido muy afortunado en el amor. Él perdió para siempre a la mujer de su vida.
Francisca se estremeció ante la mención de su tía Esperanza. Le miró angustiada.
- Raimundo… prométeme que… jamás te alejarás de mí.- suplicó.- Prométeme que siempre estarás a mi lado.
Él la miró atónito. Rodeó su cintura con los brazos.
- Mi pequeña… ¿Cómo puedes pensar…?
- Prométemelo.- repitió ella desesperada.
- Te lo juro. Ni la muerte podrá separarnos.- aseguró él, clavando sus ojos en los suyos.
Emilia deslizó cariñosamente sus brazos por el cuello de su padre abrazándolo desde detrás y le dio un tierno beso en la mejilla. Raimundo la miró sonriendo. Adoraba a su niña.
- ¿En qué piensa padre? Se ha quedado con mala cara tras hablar con don Anselmo. – dijo Emilia.
- En nada. – dijo Raimundo soltando el aire. – Anda vamos a atender al poder civil que si no lo mismo nos quedamos sin nada.
P.D. ¿Reconocéis ese último trozo en cursiva? XD Lourdes te echamos de menos.
Don Anselmo entró apesadumbrado en la taberna por las noticias que traía. “Ojalá las palabras que le dediqué a doña Francisca surtan efecto.” – pensó para sí mismo. No quería que su amigo se fuera. Raimundo le vio y le invitó que se sentara con él en una mesa apartada.
- Siéntese don Anselmo ahora mismo estoy con usted. – dijo Raimundo.
Don Anselmo obedeció. Mientras que Raimundo servía a una cuadrilla de jornaleros reflexionó. Tenía que hacer lo posible para que no se fuera. “El amor de Francisca y Raimundo se merece otro final.” – pensó. Pero ¿qué podía hacer él? Sólo esperar que Francisca reaccione y él sabía que para que eso ocurriera se necesitaba tiempo pero ¿y si podía el orgullo?
- Don Anselmo ¿se encuentra bien? – dijo Emilia.
- Sí mujer y más aún viéndote tan recuperada. – dijo don Anselmo. – No hay nada que no pueda superar un Ulloa.
- Salvo su propio orgullo padre. – dijo Emilia bromeando.
- Ay hija, hasta eso se puede solucionar créeme. Sólo hace falta tener fe. – dijo don Anselmo – Anda mira a ver que a tu padre creo que se lo van a comer los de la cuadrilla de allá.
Emilia obedeció sonriente. Raimundo enseguida se dirigió a don Anselmo.
- Ya estoy con usted padre. Cuénteme. ¿Ha conseguido algo?
- Sí. He conseguido dos posibles trabajos en Aranjuez. Un párroco amigo mío me contó que hay una familia que busca un nuevo capataz que conozca los cultivos y trabajador. La familia… Reyes creo recordar. El sueldo es bastante bueno todo hay que decirlo y las condiciones también. – dijo don Anselmo.
- Eso no me lo creo tanto. – dijo Raimundo.
- Pues créelo. ¿Por qué te crees que me enterado por un cura? Porque esa familia está afiliada al Partido Socialista de ese tal… Pablo Iglesias. Así que los terratenientes de alrededor intentan boicotearles arrebatándoles los jornaleros como sea. – dijo don Anselmo.
- ¿Y el otro trabajo?
- Es de camarero en la taberna del pueblo. El sueldo es más bajo eso sí. – dijo don Anselmo. – Lo que sí sé es que la familia Reyes te ofrecería alojamiento y comida en su casa.
Raimundo agachó la cabeza pensativo.
- Raimundo… ¿estás seguro de esto?
- No padre. Tengo que pensármelo un poco más. Todavía tengo que hablar con Emilia, con Sebastián y con… - cerró los ojos al pensar en ella. Tendría que contárselo antes de que lo supiera por otras personas.
- Tranquilo. De momento están ahí los hijos que se ocuparán de ese puesto pero el mes siguiente se irán a estudiar fuera según me han contado. Todavía tienes tiempo. – dijo don Anselmo tranquilizador.
- Gracias amigo. – dijo Raimundo.
- De nada hereje. – bromeó don Anselmo. – Bueno, yo me voy que tengo asuntos todavía en la parroquia. Con Dios Raimundo.
- Hasta luego don Anselmo. – dijo Raimundo.
Y así, mirando a la nada, Raimundo no pudo evitar sentir una punzada en el corazón al recordar algo:
Francisca acarició con ternura su brazo. Raimundo tomó su mano amoroso y la miró.
- ¿Te duele que tus padres no estén enamorados?
Ella meneó la cabeza.
- En realidad, lo que me duele es que mi padre… no sea todo lo feliz que se merece. No es justo.- un brillo relampagueó en los ojos de Francisca.
Raimundo suspiró.
- Hay muchas cosas injustas en la vida, mi pequeña. Mi tío Esteban… - meneó la cabeza.-… tampoco ha sido muy afortunado en el amor. Él perdió para siempre a la mujer de su vida.
Francisca se estremeció ante la mención de su tía Esperanza. Le miró angustiada.
- Raimundo… prométeme que… jamás te alejarás de mí.- suplicó.- Prométeme que siempre estarás a mi lado.
Él la miró atónito. Rodeó su cintura con los brazos.
- Mi pequeña… ¿Cómo puedes pensar…?
- Prométemelo.- repitió ella desesperada.
- Te lo juro. Ni la muerte podrá separarnos.- aseguró él, clavando sus ojos en los suyos.
Emilia deslizó cariñosamente sus brazos por el cuello de su padre abrazándolo desde detrás y le dio un tierno beso en la mejilla. Raimundo la miró sonriendo. Adoraba a su niña.
- ¿En qué piensa padre? Se ha quedado con mala cara tras hablar con don Anselmo. – dijo Emilia.
- En nada. – dijo Raimundo soltando el aire. – Anda vamos a atender al poder civil que si no lo mismo nos quedamos sin nada.
P.D. ¿Reconocéis ese último trozo en cursiva? XD Lourdes te echamos de menos.
#4095
07/11/2011 10:20
aranjuez?!!! joeee que ilusion me ha hecho leerlo!! yo vivo en aranjuez!! ya me imaginaba a mi raimundo viniendo hacia aqui....graciaaas!!! yo le hago un sitio en mi casaa!! y francisca que venga a buscarlo que ya me encargaria yo de que saliesen por la puerta juntitos...!! jajaja
#4096
07/11/2011 16:03
Hola chicas! Ayer no tuve tiempo para comentar pero allá voy
Lo primero agradeceros los comentarios por el mini relato. Me alegro de que os gustara, es la intención ;)
Lawa, lo que me he reído con el poema. Si que necesita un meneíto la Paca si... pero de momento aquí nos conformamos con que se vean!!! Gracias por ponerlo aquí!
Rocío, adoro tus gotas del pasado, son enternecedoras pero da una pena... genial ese Raimundo ya recuperado y padrazo de sus pequeños. Continúalo pronto!
Miri, precioso el video. Me ha gustado mucho, menudo nivel!! La canción preciosa y con mucho mucho significado para estos dos. Gracias!
Ruth, como siempre maravillosos tus minis y además tú siempre tan presta a cumplir nuestros deseos relatiles. Se te agradece muchísimo!!! Eso si, a mi me da miedo si acercaran a Águeda y Raimundo... otra mascachapas no por favor, con todo lo que han sufrido las Alfonsoemilistas.
Natalia... está muy bien que recuerde, ahora que una cables con lo que ha hablado con el pater y se vaya a buscar a Rai!!
Bueno, hoy el VE con Leonor, a ver si dice algo de la enfermedad de Francisca aunque no creo... en fin, no es que me haga mucha ilusión. Hubiera preferido a Carlota aunque si me dan a elegir... MARÍA Y RAMÓN of course!!
Veremos que nos depara el capítulo de hoy también.
Lo primero agradeceros los comentarios por el mini relato. Me alegro de que os gustara, es la intención ;)
Lawa, lo que me he reído con el poema. Si que necesita un meneíto la Paca si... pero de momento aquí nos conformamos con que se vean!!! Gracias por ponerlo aquí!
Rocío, adoro tus gotas del pasado, son enternecedoras pero da una pena... genial ese Raimundo ya recuperado y padrazo de sus pequeños. Continúalo pronto!
Miri, precioso el video. Me ha gustado mucho, menudo nivel!! La canción preciosa y con mucho mucho significado para estos dos. Gracias!
Ruth, como siempre maravillosos tus minis y además tú siempre tan presta a cumplir nuestros deseos relatiles. Se te agradece muchísimo!!! Eso si, a mi me da miedo si acercaran a Águeda y Raimundo... otra mascachapas no por favor, con todo lo que han sufrido las Alfonsoemilistas.
Natalia... está muy bien que recuerde, ahora que una cables con lo que ha hablado con el pater y se vaya a buscar a Rai!!
Bueno, hoy el VE con Leonor, a ver si dice algo de la enfermedad de Francisca aunque no creo... en fin, no es que me haga mucha ilusión. Hubiera preferido a Carlota aunque si me dan a elegir... MARÍA Y RAMÓN of course!!
Veremos que nos depara el capítulo de hoy también.
#4097
07/11/2011 18:37
Ruth genial el final. Como no podia ser de otra manera poniendole los puntos sobre las ies a Águeda :)
Natalia, que no se puede ir, que mi Rai no se puede ir de Puente Viejo... Sigue guapa que me encanta el relato.
Sí, os he visto a las dos jaja Cris y Miri
Creo que Gregoria ha adelantado más de lo que queria adelantar... osea que Francisca debe ir a hacerse unas pruebas y no va a querer... pinta interesante.
Natalia, que no se puede ir, que mi Rai no se puede ir de Puente Viejo... Sigue guapa que me encanta el relato.
Sí, os he visto a las dos jaja Cris y Miri
Creo que Gregoria ha adelantado más de lo que queria adelantar... osea que Francisca debe ir a hacerse unas pruebas y no va a querer... pinta interesante.
#4098
07/11/2011 18:42
Muahahaha, menos mal que tú y yo cuidamos el movimiento Raipaquista Miri jajajaja. He estado enviando de vez en cuando una para que animara a María y Ramón para que fueran juntos al VE pero no ha habido suerte.
Ueee, pues aún ha dicho!! Bastante maja la chica la verdad.
EDITO: y además estaba el chico majo que le ha sacado bastante chicha, no como la del videoencuentro de Sandra y Fernando que... en fin
Ueee, pues aún ha dicho!! Bastante maja la chica la verdad.
EDITO: y además estaba el chico majo que le ha sacado bastante chicha, no como la del videoencuentro de Sandra y Fernando que... en fin
#4099
07/11/2011 18:48
parece claro entonces que mi Paca va a sufrir de lo lindo...¡qué poco me gusta eso...! 
Gracias a las dos por hacer las preguntas.Cris,si yo hubiera podido estar,también hubiera mandado alguna pregunta.pero estos días de atrás ni me acordé
Voy a ver el capítulo ahora
mariajo,me emocionas con lo que dices,de verdad.Solo por eso,ya me merece la pena escribir mis tonterias por aquí. un beso guapa!

Gracias a las dos por hacer las preguntas.Cris,si yo hubiera podido estar,también hubiera mandado alguna pregunta.pero estos días de atrás ni me acordé
Voy a ver el capítulo ahora
mariajo,me emocionas con lo que dices,de verdad.Solo por eso,ya me merece la pena escribir mis tonterias por aquí. un beso guapa!
#4100
07/11/2011 18:54
Jajajaja, no me he fijado en la cara de Leonor!!! ¿Sabes en que minuto ha sido?
