El Rincón de Francisca y Raimundo:ESTE AMOR SE MERECE UN YACIMIENTO (TUNDA TUNDA) Gracias María y Ramon

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"Encuentro en la posada. Historia alternativa"
¿Cuánto tiempo podían permanecer mirándose a los ojos sin que el mundo que les rodeaba se diera cuenta? ¿Sin que percibieran el extraño vínculo que les unía? ¿Odio? Sí, eso es lo que todos pensaban en Puente Viejo. ¡Qué equivocados estaban! Si se molestaran en mirar más detenidamente, si buscaran en lo más profundo de sus miradas, encontrarían amor. Solo así entenderían que detrás del supuesto odio que siempre habían mantenido de cara a la galería, no se escondía más que un profundo amor. Y es que cuando se ama tan intensamente, ese amor no muere nunca. Sobrevive al tiempo, al dolor. Al orgullo.
- Rai…Raimundo -. Se obligó a salir del trance en el que estaba sumida. Raimundo siempre tenía la capacidad de hipnotizarla con esos profundos ojos castaños. Los mismos que la habían enamorado hacía ya tantos años.
- Hola Francisca -. ¿Le pareció que temblaba su voz? Su corazón palpitaba al ritmo de su voz. ¿Cuánto hacía que no escuchaba pronunciar su nombre de esa manera? Fue hace unos meses. Cuando Tristán estuvo a punto de morir fusilado y él, en nombre del amor que habían compartido, y que aún sentía, no había podido evitar ir a su lado. A estar con ella. A ofrecerle su corazón. En aquel momento, ella estaba vulnerable, destrozada por la pérdida de su hijo. ¿Y esta vez? ¿Qué es lo que tenía su pequeña? Sintió una opresión en el pecho. Sabía de los numerosos problemas que estaban atravesando los Montenegro gracias a su hijo Sebastián, que le informaba de los últimos acontecimientos. Él le prestaba la mayor atención posible, tratando de parecer indiferente al interés que mostraba por los asuntos de Francisca. Notó unas profundas ojeras en ella. ¿Tal vez había ocurrido algo que él desconociera?. - ¿Qué haces aquí? ¿Me buscabas? -.
¡¡SI!! Te ansiaba…No podía pasar un día más sin sentir tu aliento mientras me hablas…aunque sean duras tus palabras… . – Solo pasaba por aquí Raimundo, y pensé pasar a ver cómo evolucionaba tu fastuosa posada -. Recorrió con su mirada la estancia. – Parece que todo te va bien -.
A pesar de sus palabras, no encontró ironía ni sarcasmo en su voz. ¿Qué tienes amor mío? ¡Háblame!. Cruzó los brazos sobre el pecho para ocultar el temblor de sus manos.
– Si, como puedes ver, todo funciona a las mil maravillas. Pero dime… -. Arqueó una ceja de forma interrogativa. -…¿A qué has venido realmente? Dudo mucho que pierdas tu valioso tiempo solo por venir a ver a un humilde tabernero -. ¡Qué poco me importa el motivo de tu visita. Insúltame…hiéreme con tus palabras…yo solo podré sentirme vivo de nuevo por haber podido verte…
¿Perder su tiempo? ¡Qué más daba el tiempo! Si cada vez que estaban juntos sentía rejuvenecer. ¡Qué el mundo se acabase en ese momento si quisiera! ¡Qué importaba! Estaba de nuevo frente a él . – Siento que no creas que sí me alegro de tu bonanza Raimundo -. Le miró a los ojos con toda la sinceridad de su corazón. En ese momento, solo le importaba que él la creyera.
Esa mirada…esos ojos…mi niña…mi pequeña…. Estaba preocupado. Sus ojeras. El tono de su voz. Sus palabras. Y no lo pudo evitar. Alzó su mano, colocando un mechón que se había escapado de su pulcro peinado. Escondiéndole detrás de su oreja. Rozándole suavemente con la punta de los dedos. - ¿Qué tienes Francisca? -.
Suspiró ante su contacto. Contadas eran las ocasiones en las que sus cuerpos se rozaban. Siempre se rehuían. Esta vez, él tuvo la iniciativa. Y ella, no tuvo las fuerzas de apartarse.
- A veces necesitamos caer en un pozo para poder ver el cielo -.

Ruth me encanta, sabía que todo lo que escribieses iba a ser fantástico pero aun así me sorprendo :) Tienes un don. Un don para hacer mini-relatos maravillosos en tan poco tiempo. Espero impaciente ver cómo sigue, "A veces necesitamos caer en un pozo para poder ver el cielo" Precioso.
Mariajo, como me has dejado con esa anécdota… El amor es increíble y detalles como esos son los que hacen creer en él.
Harriet, ¿Te llamo Ari, Ok?
No sé si soy yo pero las palabras de Raimundo siempre me dejan con un… algo, no sé cómo explicarlo. Síguelo que me gusta por donde creo que van a ir los tiros :)
Del capítulo:
Adoro las miradas de este hombre, me pueden. Y Francisca, hoy le han dado más énfasis de lo normal a sus dolores de cabeza o ha sido cosa mía? Espero que sí y pronto nos digan algo de eso que lo han dejado hay que ni avance, ni retrocede… Como la relación de Francisca con Raimundo, ejem, ejem, señores guionistas.
De Águeda, por fin le surge un imprevisto :D jaja lo siento, nadie se puede meter con Francisca y no tener repercusiones…
P.D. Me alegro de que os gustase lo que escribí :) Y siento no haberos puesto nada de mi relato pero entre los exámenes y que este trozo me ha resultado muy difícil de escribirlo… intentaré teneros algo hoy
No me puedo creer que Francisca quiera matar a una pobre mujer para perjudicar a Pepa, y encima con todo el mal del mundo habla de pagar su funeral...
Ay mi francisca que esta tristona...necesita un achuchon de su raimundo!!

Para mi lo mejor del capítulo han sido las dos escenas de la Doña con Tristán. Me matan con las pullitas mutuas... xD. Hipólito grandioso autoinvitándose a comer en el hotel Raimundo Ulloa jajajaja. También genial la escena de Emilia con el masca. A mi la verdad es que me repatea lo que está haciendo la Paca, porque se va enlodando más y más hasta que nadie le tenga lástima. Por cierto que hoy estaba guapísima, más de lo normal, la habían peinado muy bien y sonreír aunque sea para vacilar a su hijo le sienta muy bien.
Que veo yo... Soledad puñalada trapera a mamá, Marianita a trabajar con Águeda en cuanto tengan el palacete, Tristán que ya está harto de ella y la galena que mucho que temo que pueda terminar por abrir la boca. Conclusión que a nuestra doña le van a dar hasta en el carnet de identidad. Y rabia que me da.
Escenas... pues no, pero no vamos a decir que hoy no se haya acordado de él
El Ulloa ha hecho lo que hacen los de su sangre, huir
Hijo de Raimundo Ulloa tenía que ser, esa estirpe de desgraciados
Vamos a decir que no han sido palabras precisamente de cariñín, pero algo es algo... Y estoy de acuerdo con vosotras, hoy le han puesto especial énfasis a su dolor de cabeza.
EDITO: kera, me maravillas con esos pensamientos de ambos... ufff, me encanta!! Es lo que se esconde tras esas caritas que ponen cuando se ven.
. Con lo fácil es que sustituyeran esas tramas por otras relacionadas con los dos, !anda que no hay cosas por descubrir aún! y aquí nos tienen... Una de las mejores escenas del capítulo de hoy, sin duda, la de Emilia-Sevetonto y no sólo porque lo haya mandado a tomar viento
(como bien a dicho nuestro Rai), si no por la carita de orgullo de Raimundo cuando le ha dicho que no se casaba con él. ¡Jolines, me ha encantado, qué monoo! Si alguna artistaza de las que andan por aquí la capturara sería genial, esa carilla es para enmarcarla.¡Qué penita que se vaya Ramiro
! El personaje y el actor me encantaban, una lástima... Como ya habéis dicho, parece que la Paca está cada vez peor de su enfermedad. Y si eso sirve para tener una, sólo una escena de ellos, me sirve. Ahora bien, como hagan enfermar a la Paca para nada, ya es que es el colmo

Y nada chicas, a seguir saciando nuestra sed con vuestros relatos. Un besito :)
y tras ver el capítulo ni os cuento ya. ME CAGÜEN TOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!! Estoy de acuerdo con todo lo que decís sobre cómo están poniendo a la doña. Y añado, cuando le conté a mi madre lo que deseábamos ella contestó: "Ya se han olvidado de eso" Y me temo que es así. 
Y para colmo de males en otro hilo han anunciado:
SPOILER (puntero encima para mostrar)Que vuelve Sara Ballesteros como hermana gemela de Angustias. La que faltaba. ¡¡¡¡¡MAAAAAAAAADRE MÍA!!!!!
En fin, habrá que seguir calmando nuestra sed con los relatos. Y como hay tan mal sabor de boca subo un poquillo del mío sin olvidarme de comentar a las demás. Mariajo tía el vídeo maravilloso. Kera, ojalá nos dieran una escena así ¡¡¡¡¡GUIONISTAS ¿VEIS LO FÁCIL QUE ES?!!!!!! Cris, también muy bonito lo que has escrito. Ese encuentro en el río ha sido muy dulce. Rocío, me encanta cómo has escrito esos sentimientos. Si me dejo alguna lo siento.
Cuando los ánimos se templaron un poco, Pepa entró con una amplia sonrisa en la casa de comidas.
- Muy buenas Raimundo. ¿Cómo anda Emilia? – dijo Pepa.
- Mejor Pepa. Ya está queriendo trabajar. Menos mal que la he amenazado con atarla a la cama que si no ya la tendríamos aquí – bromeó Raimundo.
- Me alegro. Eso es que va mejor. ¿Qué os ha dicho la doctora? – dijo Pepa.
- Que en unos días como nueva. Ya ha pasado lo peor. – dijo Raimundo. – Y ¿esa sonrisa? Porque seguro que no es sólo por lo de Emilia.
- No le falta razón Raimundo. He comido con Tristán y… me ha pedido que me case con él. Ya hemos puesto fecha: será dentro de dos semanas. – dijo Pepa emocionada.
- Me alegro por ti Pepa. Os merecéis estar juntos. – dijo Raimundo.
- Sí. Queríamos anunciarlo con fecha cuando cenemos esta noche en la Casona. Así Francisca ya puede ir haciéndose la idea. – dijo Pepa.
- Sí, que lo va a necesitar. ¿Y vais a hacer viaje de novios?
- Pues todavía no lo sé. Pero me encantaría hacerlo aunque no sabría decirle el lugar. Creo que no soportaría la ciudad. Sería un sitio donde hubiera campo, flores y soleado. La ciudad es muy fría para mí. – dijo Pepa y añadió – Bueno le dejo que tiene trabajo, yo voy a ver cómo está Emilia.
- Anda ve, le hará mucho bien verte. – dijo Raimundo.
Intentó seguir trabajando pero sólo consiguió hacerlo exteriormente. Su mente y su corazón le llevaron a un momento muy lejano.
- ¿Te gustaría viajar algún día? – dijo Francisca
- Me encantaría… pero sólo si es contigo. – dijo Raimundo abrazándola contra su pecho.
- ¿Y dónde te gustaría ir? – dijo Francisca
- Pues no sabría decirte. ¿Qué tal Madrid? Dicen que es hermosa.
- Sí pero demasiado fría para mi gusto. Con todos esos sabiondos frunciendo el ceño y discutiendo sin parar.
Raimundo estalló en carcajadas.
- ¿Y a ti? – dijo Raimundo acariciándole el pelo con ternura.
- A mí me gustaría ir a la costa y ver el mar. Sentarnos en la playa abrazados, sintiendo la brisa del mar y viendo un atardecer. – dijo Francisca cerrando los ojos para visualizar.
Raimundo hizo lo mismo. Después, suavemente, le levantó el mentón y mirándola con amor le dijo:
- Te amo mi pequeña.
- Y yo a ti Raimundo.
Alguien le llamó sacándole del trance en el que estaba:
- ¡Raimundo!... Raimundo. ¿Se encuentra bien? – dijo Alfonso.
- Sí, sí Alfonso estoy bien. – disimuló Raimundo.
- Antes que se me olvide padre me ha encantado hoy su homilía sobre el amor. De verdad que ha sido conmovedora. – dijo Francisca.
- Celebro que le haya agradado doña Francisca. Al fin y al cabo Nuestro Señor nos mandó amarnos los unos a los otros como el mandamiento más importante. – dijo don Anselmo.
- Cierto, sin duda. – dijo Francisca.
- Ojalá que mi homilía haga reflexionar a más de una aunque, como dice la parábola del sembrador, desgraciadamente hay semillas que caen entre piedras que terminan por ahogar a la planta. – dijo don Anselmo mirándola fijamente.
- ¿Está queriendo decirme algo padre? – dijo Francisca un tanto inquisitiva.
- Nada más lejos. Sólo reflexionaba en voz alta. – disimuló don Anselmo.
- ¿Está seguro que no tiene que contarme nada? – dijo Francisca.
- Ya le digo que no señora. Sólo reflexiono sobre la homilía de la misa. Ojalá todos cumpliéramos el mandato del Señor y nos dejáramos de rencores, odios y…orgullos. – dijo don Anselmo
- Padre si quiere decirme algo hágalo ya. Ya sabe que a mí me lo puede contar todo. – dijo Francisca.
- Cierto es que desde hace unos días quería preguntarle algo aún a riesgo de ser apaleado ¿es usted feliz? – dijo don Anselmo.
- ¿A qué viene esa pregunta? – dijo Francisca volviendo a la mirada inquisitiva.
- Curiosidad. – dijo don Anselmo.
- Curiosidad… usted. ¿Desde cuándo pregunta por curiosidad? – dijo Francisca.
- Desde ahora si usted me lo permite. – dijo don Anselmo que rió interiormente por haberle salido esa contestación de una forma tan natural.
- Pues… sí. Tengo mi hacienda, mis hijos. No me puedo quejar. – dijo Francisca intentando resolver la pregunta lo mejor posible.
- Entiendo… Verá, soy sacerdote señora y eso me permite ver más allá. Sus hijos hacen su vida al margen de sus deseos y sé que eso no es plato que a usted le agrade. Y dudo que algo material pueda hacer feliz a alguien.
- Padre… me está usted molestando en demasía. Y lo que es más sé que me quiere contar algo pero no sabe cómo así que hágalo de una buena vez. – dijo Francisca sin ocultar su enfado.
- Desgraciadamente y aún a riesgo de perder la vida no puedo contárselo. Lo único que le puedo decir es que en el momento último de su vida lo único que le va a confortar no es la casa ni el dinero sino el amor. Ninguna otra cosa merece la pena créame. – dijo don Anselmo.
En ese momento Mariana se dirigió a ellos.
- Disculpe señora. Doña Pepa ha pedido ser recibida y don Tristán quiere que estemos todos en la cena. Usted también si lo desea padre.
- ¿Se queda padre? – dijo Francisca.
- Me temo que no. Tengo que resolver unos asuntos urgentes. – dijo don Anselmo.
- En ese caso le acompañaré hasta la puerta. – dijo Francisca.
- No será necesario gracias. – dijo don Anselmo y recogiendo su sombrero se despidió. – Con Dios señora.
- Con Dios padre. – dijo Francisca con la intriga en el cuerpo. ¿Qué había querido insinuar el padre?
Natalia,me gusta mucho tu nueva historia. Don Anselmo va a ser un poco celestino jejeje ¡qué majo!
Siento tener que dejaros la escena alternativa a cuentagotas. La escribo cuando puedo,voy a ver si la termino esta noche ¿vale?. ahí va otro trocito de todas formas jeje
(el comienzo está en la página anterior creo...)
"Encuentro en la posada.Historia alternativa"
- A veces necesitamos caer en un pozo para poder ver el cielo -. Y en un pozo se sentía ella. Hundiéndose cada vez más en las profundidades y sin posibilidad a la vista de poder salir. Y lo peor de todo: se había procurado tantos enemigos a lo largo del camino, que nadie estaba dispuesto a lanzarle un salvavidas. Se hundiría sin remedio. Pero no se iría sin pelear, a pesar de que cada vez le faltaban más las fuerzas. ¿Por qué le había dicho eso? ¿Esperas acaso que Raimundo sea tu salvavidas, Francisca? . ¡Dichosa conciencia! ¡Maldita voz interior! No dejaba de taladrarle las sienes sin piedad. No dejaba de taladrarle el alma.
Raimundo estaba confundido. ¿Tal vez fingía? . No, ella no podía hacer eso. Muchos eran sus defectos, pero le estaba hablando con el corazón. Y él estaba batallando una intensa lucha interna entre la razón que le pedía alejarse, y el corazón que le instaba a creer. A creer en ella. A confiar en ella. Al menos, por una vez. Se lo debía.
Francisca observaba a Raimundo con el alma apretada en un puño. ¡Qué puedes reprocharle! Te apresuraste Francisca . Sintió llorar su corazón. Yo solo quería su consuelo…Solo él puede calmar mi angustia, mis desvelos…Solo tú Raimundo. Siempre tú. Pero solo había obtenido silencio. Despertó de aquel sueño, de aquel momento de unión que habían vuelto a sentir después de tantos años.
- ¿Qué intentas decirme Francisca? -. Mi cielo, ¡ábreme tu corazón! Déjame calmar el dolor de tu alma…dolor que en parte sé que yo mismo he causado. Confía en mí de nuevo. Apóyate en mí. No voy a volver a fallarte…pero solo ¡pídemelo amor mío!.
Ella miró sus ojos. Nadó en su profundidad. ¿Debía confiar en él? Se encontraba sumamente débil. Se veía a la legua que ella, Francisca Montenegro, no estaba bien. Raimundo siempre había sabido leer en ella. Siempre había sido capaz de conocer cómo se sentía con solo mirarla a los ojos. Así. De la misma manera en que lo estaba haciendo en ese momento. Pero… ¿confiar de nuevo? ¿Quién me asegura que no volverás a abandonarme Raimundo? ¿Qué no volverás a romper mi corazón en mil pedazos, de tal manera que nunca podrá recomponerse? Bastante duro fue hacerlo la primera vez. Demasiadas grietas quedaron cuando tuve que encajar de nuevo las piezas para salir adelante…No…No puedo .
- Será mejor que me vaya. No fue una buena idea venir por aquí -. ¡Huye Francisca…huye! Pero tus sentimientos te perseguirán eternamente. Luego no te atrevas a reprocharle a él que es un cobarde…Cobardía es lo que tu demuestras ahora mismo…. ¡Basta! No podría escuchar ni un instante más a su conciencia o terminaría por desmoronarse junto a él. Intentó moverse, salir. Casi lo había conseguido.
Raimundo sintió que la perdía de nuevo. ¿Por qué mi pequeña? ¿por qué huyes?...te he sentido tan cerca de mí hace un momento mi niña…no te alejes de mí, no me dejes… No puedo permitirlo . La batalla interior había finalizado. El corazón al fin acalló a la razón. Raimundo elevó su brazo, apoyándole en el quicio de la puerta y evitando cualquier posibilidad de escape.
- No te vayas…Francisca… -. Palabras susurradas que viajaban por el viento hasta encontrar su meta, hasta llegar a ella.
- ¿Hacerte qué? ¿No nos lo estamos haciendo los dos, mi pequeña? -. Volvió a pronunciar aquellas dos maravillosas palabras que jamás pensó que volvería a pronunciar. Aquellas prohibidas para otra que no fuera ella. Su niña. Su Francisca. Miró sus ojos adorándola. Amándola.
“Mi pequeña”. Palabras que jamás pensó volver a escuchar. Palabras que jamás hubiera consentido a nadie que no fuera él. Raimundo. Eran palabras sagradas. Y su batalla también quedó perdida. Le miró a los ojos adorándole. Amándole.
El mundo se silenció a su alrededor. Solo escuchaba sus respiraciones, la sangre fluyendo por sus venas. Volvieron a sentir que revivían otra vez. Raimundo se acercó a Francisca, sin dejar de apoyar su brazo en la puerta. Sin dejar que ella escapara. Quiero besarte. Necesito besarte para poder seguir viviendo… .
No iba a escapar. No quería escapar. Bésame Raimundo, por favor… déjame sentir de nuevo el calor de tus labios sobre los míos. Quiero besarte… .
Las palabras no salieron por sus bocas. Pero sí las pronunciaron sus corazones, que escucharon juntos los latidos del amor. De su amor. Raimundo deslizó sus labios por su mejilla. Tan dulce…tan suave… . Llegó casi hasta su boca. [/i]. Tan tierna…tan apasionada…
Sus labios apenas la rozaban. Volvió a notar ese cosquilleo en la boca del estómago. Subió la mano por su pecho hasta detenerse en su barba. Enredando sus dedos en ella. Sintiendo como él temblaba bajo su toque.
Un milímetro. Esa distancia separaba ahora mismo sus bocas. Respiraciones entrecortadas, alientos entremezclados. Pasión. Amor.
Bésame Raimundo.
Bésame Francisca.
Y sus labios obedecieron. Se rozaron con timidez al principio. Con ternura después. Con anhelo al final. Retrocedieron casi 30 años. Volvieron a la ribera del río, la que fue testigo de su último beso. El último recuerdo de un amor que les atravesó el alma cuando eran apenas unos niños.
Te quiero tanto Raimundo…nunca dejé de hacerlo amor mío. Solo sufría sabiéndote de otra. Yo nunca fui de él. Pudo tener mi cuerpo. Pero nunca poseyó mi alma. Esa ya tenía dueño. Tú, Raimundo…
Te quiero tanto Francisca…jamás he podido dejar de hacerlo. Nunca he querido dejar de hacerlo. Moría de celos solo con saber que dormías cada noche en su lecho. Con saber que podía tocar tu piel. Mi corazón siempre fue tuyo mi niña, mi amor .
¡Ojalá pudieran escucharse los pensamientos! ¡Ojalá volvieran a tener 15 años! Todo era tan fácil entonces…
- No me dejes ir Raimundo…retenme al menos esta noche… -. ¡Qué le importaba ya dejarle ver que le amaba...Sería feliz con solo una noche a su lado. Déjame reposar en tus brazos. Dame las fuerzas que necesito para mantenerme en pie, para poder despertarme mañana y sentir que mi vida tiene algún sentido….
- Intenta escapar de mí Francisca…te perseguiré hasta el fin del mundo para poder estrecharte entre mis brazos -. Permíteme amarte cielo mío… con gusto renunciaría a mi vida solo por verte sonreír de nuevo. Como antes. Como entonces....
- Intenta escapar de mí Francisca…te perseguiré hasta el fin del mundo para poder estrecharte entre mis brazos -. Permíteme amarte cielo mío… con gusto renunciaría a mi vida solo por verte sonreír de nuevo. Como antes. Como entonces....
Simplemente impresionante, no se si lo terminas o no pero estoy con los pelos de punta y la boca abierta.
Por cierto Natalia, ni de coña se irá Raimundo ¿no?, que majo el cura de celestino que la Francis se enteré ya que sino va a perder al amor de si vidaaaaa
Ya teneis en el hilo de la BSO el tema FRANCISCA Y RAIMUNDO que habeis pedido varias veces.
https://www.formulatv.com/series/el-secreto-de-puente-viejo/foros/1341/3/bso-de-puente-viejo-aqui-la-puedes-escuchar/
Ahora no existen las dudas. Ahora no quiero pensar en nada que no seas tú. Amor de mis pensamientos. Amor de mi vida… . La mano de Francisca reencontró el camino tantas veces recorrido en el pasado.
Y juntos subieron a la habitación. Y juntos volvieron a sentir el amor. Como no podía ser de otra manera. Las prisas terminaron por consumirles. Se sonrieron con nerviosismo mientras las manos luchaban por librarse de las molestas ropas. Y solo cuando estuvieron completamente desnudos, se abrazaron pegando sus cuerpos. Sintiéndose de nuevo piel con piel.
Adoro tu cuerpo. Seguían presentes en mi memoria cada uno de los centímetros de tu maravillosa piel. Tu olor. Tu suavidad. El lugar donde deseo permanecer. El lugar donde deseo reposar. Para siempre, contigo mi amor
Siento tus manos recorriendo mi cuerpo. Recordando lugares que ya fueron conquistados por tu boca. Tus huellas permanecieron grabadas en mi piel. Solo abrazándote, sintiéndote dentro de mí encuentro mi hogar. Mi mundo. Todo lo que de verdad me importa. Tú.
- Hazme tuya de nuevo, pues tuya soy -.
- Hazme tuyo de nuevo, pues tuyo soy -.
Unieron sus cuerpos en la expresión más pura y sincera del amor. Se amaron con tanta ternura como desesperación.
Raimundo, mi vida, mi amor. ¡Cuánto te he echado de menos!.
Francisca, mi pequeña, el centro de mi mundo…¡No permitiré que me alejes de tu vida!
Llegaron juntos a la cumbre del placer, mientras permanecían con las manos entrelazadas y sus labios amándose con la intensidad de tantos años perdidos. Amor con mayúsculas derramándose por sus cuerpos. Las aguas parecían volver a su cauce. Raimundo y Francisca volvieron a ser uno. Como nunca debió dejar de ser.
Ella abrió los ojos viéndose reflejada en los de Raimundo. No ha sido un sueño. Estás conmigo. Eternamente .
Raimundo abrió los ojos sintiendo en su cuerpo la calidez de la sonrisa de su niña. No ha sido un sueño. Estás conmigo. Eternamente
FIN
Espero que os haya gustado

Gracias por leerme y por aguantar que os lo haya subido a cachitos
Ruth, que pasada, me has dejado con el corazón encogido, que maravilla mi niña, entre la pareja de ayer y tu relato de hoy de verdad que estoy con la sensibilidad a flor de piel. Uf me has hecho emocionar, que bonito por favor.
Yo solo quiero daros lo mejor (o al menos lo intento) en esas escenas alternativas que me pedís.
Gracias por tus palabras!
Yo ya estoy preparando mi video, me esta costando la vida bajarme todos los capitulos....alguna escena la tengo perdida y no se en que capitulo es exactamente pero bueno...ahi voy. Creo que tengo la canción perfecta y me van a salir 4 minutacos y medio de video asi que tenerme paciencia que voy despacito, lo estoy mimando mucho, espero que aunque tengais que esperar bastante el resultado os guste cuando lo cuelgue ;)
Yo ya ni veo los capitulos enteros, me veo cuatro escenas y ya, es que estoy muy aburrida, muy aburrida. Ya me veo esperando hasta finales de noviembre para poder ver algo entre ellos. Me consumen estos guionistas. Y lo del spoiler YO LO FLIPO,solo faltaba que nos resucitarán a Salvador o a Virtudes....madre mía que peligro tienen.
Natalia me encanta tu historia y pensar que la serie podria ir por ahi perfectamente y no va a ser asi, siguelo que me tienes enganchadita ;)
Cris que maravilla como escribes el pasado,me fascina, me ha fascinado leer ese momentazo, gracias ;)
Ari tu historia me encanta pero a la vez me parte en dos ver a Francisa asi, ay por favor!!
Roci precioso lo que has puesto, joe,que bonito. Y sigue con tu historia cuando puedas ;)
Mariajo si es que el amor de verdad todo lo puede, que bonita anecdota, aish es que con estas cosas se le alegra a una el día ;)
Precioso montaje Cris, cuando podre yo subir capturas nuevas de ellos dos???a este paso nunca....
Mariajosé enorme,video, mil gracias!!;)
Muchas gracias por esa canción Alex :)
Y a ti, mi Ruth te dejo para el final porque no se ni como explicarte lo que me ha gustado tu historia. Mira que me gusta todo lo que escribes pero esto ha sido INCREIBLE. De verdad, creo que hasta el momento es mi favorito de todo lo que has escrito. Es que mira, más maravilloso no ha podido ser, esas frases intercaladas con esos pensamientos, eso pensamientos hacen lo que has escrito unico, bonito y desgarrador a la vez. Joe, tienes un talento que no te cabe......
PD: Miri,Ruth espero que no os moleste lo que os voy a decir pero...¿alguna de las dos puede cambiarse el avatar?Ay es que me lio viva jajajaja,tengo que volver a leer el nick pa ver quien de las dos ha escrito jajaja *lol*
Miri, totalmente de acuerdo contigo, cuando te leí me vino a la cabeza la escena en la que Francisca le quitaba las medicinas al Don Julián y lo dejaba morir, no se la veía con esa expresión que muestra ahora. Con lo de la embarazada es como que se lo piensa más, que por un lado no querría que esa mujer muriese pero su orgullo se lo impide. Francisca ha hecho muchas maldades y nunca se la ha visto tan insegura como ahora.
Será que eso solo lo vemos nosotras y los guionistas no pero bueno… espero que cuando le gradúen las gafas, como dices, se den cuenta de todo eso y de que necesitamos YA una escena.
Natalia, suerte con el examen del martes guapa!!
Gracias por continuar con el relato, me tienes fascinada. Ese recuerdo ha sido precioso y que decir de Don Anselmo, mira que no me gustan los curas pero este es punto y aparte. Me gusta muchísimo tu relato, de verás

Ruth, me has dejado completamente sin palabras. Estoy llorando sin sentir tristeza, este mini-relato me ha enamorado. No sé que decirte por que te prometo que no me salen palabras para describirlo. Me he encantado que hayas plasmado sus pensamientos. Gracias por escribirlo.
Gracias Alex por el tema de Francisca y Raimundo.
Silvia, lo bueno siempre se hace esperar :) así que no te preocupes que nosotras esperemos pacientemente.
Ahora mismo os cuelgo la continuación de mi relato. Siento haber tardado tanto pero nunca nada se me había atragantado de esta manera, me ponía y no conseguía escribir y si lo escribía al rato no me convencía y así... Espero que haya quedado bien y no sufráis mucho al leerlo.
Era de noche. La oscuridad cubría el despejado cielo de Puente Viejo. Tranquilo.
La Casona estaba silenciosa. Nada se escuchaba dentro. Salvador se había ido de la vivienda. Por desgracia, solo unas horas. Había salido malhumorado. Enfadado. Irritado. ¿Cuándo no lo hacía? Siempre estaba así. Francisca salió silenciosa de la cocina. Sin hacer ruido. Tristán estaba acostado. Dormía plácidamente. No quería despertarlo con bruscos golpes. Cerró la puerta. Cuidadosa. Había bajado a por un vaso de leche. Creyendo que eso la ayudaría a dormir. Subió las escaleras. Lentamente. No podía apartar de su cabeza aquella imagen. Sus ojos. Los de Raimundo. El encuentro aquella tarde. Suspiro. Subiendo otro escalón. Para colmo había visto a Natalia. La mujer que ocupaba su lugar. La joven que cada noche dormía junto a Raimundo. Su esposa. Le hervía la sangre solo de pensarlo. Cerró los ojos. Subiendo a ciegas un par de escalones más. Aún recordaba cuando se enteró de su inminente boda. Hacía ya cosa más de un año. Aquello le dolió. Una daga se clavó en su corazón. En los pedazos que quedaban de él. La hundió. Más de lo que estaba. La destrozó. Francisca sintió que las fuerzas le fallaban. Que no podría subir otro escalón más. El último. Respiro hondo. Ya está. Se dirigió a su habitación. Un metro escaso la separaban de la puerta. Entonces podría volver a intentar dormir.
-Francisca.-la voz de Rosario sonó a sus espaldas. Francisca suspiro. Dándose la vuelta lentamente.
-Rosario.- exclamó. Fingiendo una sonrisa. -La hacía ya en casa, con el pequeño Alfonso.- dijo Francisca suavemente. -¿Ocurre algo?- preguntó.
-No.- contestó rápidamente. –Yo…-la joven no sabía cómo decirlo. –estaba preocupada por usted. Desde que ha llegado a la Casona esta tarde está como ausente. Apenas ha probado bocado en la cena.- explicó. Francisca agachó la cabeza. Rosario se había percatado de su estado de ánimo. A pesar de haberlo intentado ocultar por todos los medios. Rosario la miró. Preocupada. -¿Se encuentra bien?
-No.- contestó Francisca. Su voz sonó débil. Triste. Cansada. Rosario dio un paso hacia ella.
-¿Es por el señor? ¿Le ha hecho algo?- preguntó. Temerosa de que las respuestas fuesen positivas. Francisca no contestó. Mantuvo la cabeza agachada. Sin fuerzas para contestarle. Rosario tomó su mano. En un gesto cariñoso. Intentando aportarle la fuerza que necesitaba. –Francisca, no debe darle importancia a las palabras de Don Salvador. Todo lo que sale por su boca no son más que…- Rosario intentaba dar ánimos a Francisca. Como toda buena amiga hace. Ellas lo eran. Desde niñas. Desde siempre. Siempre ayudándose y dándose consejo.
-No es Salvador.- la interrumpió Francisca. Sacándola de su error. Rosario frunció el ceño. Si no era de Salvador… ¿De qué o quién era? Una idea paso por la cabeza de Rosario. Meneó la cabeza. Desechándola. No podía ser. Pero… ya había visto aquel rostro antes. Aquel rostro roto de dolor. Solo se podía tratar de él. De Raimundo Ulloa.
-¿Lo ha visto?- preguntó. Sin pensarlo. Arrepintiéndose en el instante de haberlo dicho. De haber sacado sus pensamientos al exterior. Rosario sintió como Francisca apretaba su mano. Mano que con anterioridad ella había cogido. La estrechaba con fuerza. Con rabia contenida. Francisca miró a su amiga a los ojos. Estaban húmedos. Llorosos. Rosario sintió su dolor como propio. -¿Qué ha ocurrido?- de nuevo formuló la pregunta sin pensar. Acercándose aún más a ella.
-No…no tiene importancia, Rosario.- contestó Francisca. Aquellas palabras fueron contradecidas por su voz. Por sus ojos. Ellos la delataban. Desvió la mirada. Francisca sintió como Rosario la miraba sin cesar. Esperando una respuesta a su pregunta. Una respuesta convincente. –Yo…- comenzó. -Él…- las palabras no le salían. No sabía cómo explicar lo que sentía.- Ella…Natalia. Ella estaba allí. Con él. Raimundo me…-Algo se rompió dentro de Francisca. De nuevo estaba recordando la escena. Rosario la abrazo. Sin saber bien como calmar a Francisca. La abrazo con fuerza. Francisca enjugó una lágrima antes de que cayera. No quería llorar delante de nadie. Otra vez no.
-Señorita, -le dijo Rosario. Una vez que se hubo separado de ella. -No se lo que ha pasado pero estoy segura de que Raimundo nunca haría algo para hacerle daño.
-Raimundo me abandonó. –Casi grito. Con rabia. Con dolor. - Me dejó sola. –Las lágrimas inundaban sus ojos. -Sola a merced de ese…- no sabía cómo calificar al monstruo que tenía como esposo. Entrecerró los ojos buscándola. Buscando una palabra para definirlo. No la encontró. No había una lo suficientemente mala para él. - de Salvador. –terminó diciendo. Meneó la cabeza. Agachándola de nuevo. No quería pensar en él. Estaba hablando de Raimundo. Seguía sintiendo como la rabia la consumía. La impotencia. El dolor más desgarrador. -Me engañó. Me dijo que me quería, que nos íbamos a casar…- bajo poco a poco su tono de voz. No tenía fuerzas para seguir gritando. Estaba rota. Destrozada. Dejo que su mirada volase. Anclándola en un punto fijo. Sin mirar a nada. Las lágrimas en sus ojos se lo impedían.
-Nunca debió casarse con Salvador.- le dijo Rosario. –Raimundo volvió de la capital solo. Él no casó con la rica heredera de la que todos hablaban.- continuó. –Francisca, mientras estuvo fuera, Raimundo venía a preguntar cada día por usted.- explicó. Francisca sollozó. Meneó la cabeza. Negándose a creerlo. Él orgullo que portaba desde la cuna se lo impedía. Como también le impedían llorar delante de Rosario. Enjugaba sus lágrimas una y otra vez. Evitando así que sus mejillas se empapasen.
-Eso no es verdad.-susurró. No quería creerlo. Hacerlo solo le provocaría más sufrimiento. –Él me abandonó.- dijo en el mismo tono de voz. Susurrándose a sí misma. Rosario la miraba con tristeza. Maldiciendo a todo y a todos. Maldiciendo al destino que separó a las dos personas que más se amaban. Nunca vio a dos personas tan rebosantes de amor. De felicidad. De sueños. Por aquella época todos lo comentaban. Decían que Francisca y Raimundo tendrían una vida cargada de amor. De alegrías… Todos se equivocaron. Y a ella le tocó vivirlo de cerca. Cuantas veces hacia escuchado a Francisca llorar por él. Cuantas veces había intentado calmar su dolor. Ahora también lo hacía. Intentaba consolarla. Pero el sufrimiento de Francisca era demasiado grande. –Yo no podía hacer otra cosa.- Francisca seguía hablando. Con la mirada perdida. –No podía dejar que mi madre me arrebatase a lo único que me quedaba de él. No tuve otra opción, Rosario. Tuve que hacerlo.- No podía soportar verla así. Se acercó a ella. Abrazándola de nuevo. Francisca respondió. Abrazo a Rosario con fuerza.
-No se atormente, Francisca.- la calmó Rosario. Mientras la abrazaba.
-Tristán es mi vida, Rosario.- le dijo Francisca. Separándose un poco. –Lo hubiese hecho todo por él, y casarme con ese monstruo fue lo único que pude hacer.- continuó. Rosario le sonrió. Le acarició la mejilla. Sabía perfectamente todo lo que Francisca había hecho por su hijo. Había hecho lo indecible por él. Más de lo que nadie podía imaginar. Francisca no le devolvió la sonrisa.
-Intente dormir, no siga atormentándose.- le aconsejó Rosario. Francisca asintió. Sabía que no cumpliría las recomendaciones de su amiga. Pero necesitaba alejarse. Ir a su habitación. Necesitaba soltar todas las lágrimas que había reprimido.
le odio con toda mi alma,menos mal que sé que muere
Espero ansiosa el próximo trocito de este relato que me tiene con el alma encogida
p.d. Chicas,mil gracias por vuestros comentarios.Me alegra tanto que os guste...la verdad es que es el mini-relato que más he disfrutado escribiendo.Gracias!
Kerala
Adoro tu cuerpo. Seguían presentes en mi memoria cada uno de los centímetros de tu maravillosa piel. Tu olor. Tu suavidad. El lugar donde deseo permanecer. El lugar donde deseo reposar. Para siempre, contigo mi amor
Siento tus manos recorriendo mi cuerpo. Recordando lugares que ya fueron conquistados por tu boca. Tus huellas permanecieron grabadas en mi piel. Solo abrazándote, sintiéndote dentro de mí encuentro mi hogar. Mi mundo. Todo lo que de verdad me importa. Tú.
La piel de gallina se me ha puesto, cuando he leído esta preciosidad. Siempre tienes un relato bonito para darnos, Ruth. Y este me ha enamorado.
Rocío, bendito el momento en el que decidiste escribir "Gotas del pasado". Se me parte el alma cada vez que leo sufrir a Francisca. Y de sólo imaginar que Raimundo esté pasando por lo mismo me da una tristeza que pa' que. Pero conocer su historia. Su pasado. Me encanta.
Me gusta mucho que metas a Rosario, si ya la adoraba en la serie, aquí todavía más. Esta mujer es todo corazón. Deseando estoy de leer la continuación :)
