El Rincón de Francisca y Raimundo:ESTE AMOR SE MERECE UN YACIMIENTO (TUNDA TUNDA) Gracias María y Ramon
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08/06/2011 23:44
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#3961
31/10/2011 19:02
Hola chicas. Hoy lo mejor del capítulo ha sido sin lugar a dudas Sandra y Ramón. Aunque me cae mal Emilia tengo que decir que Sandra lo ha hecho muy bien. Y Raimundo gritando me ha puesto los pelos de punta. Le hecho hasta la ola.
Miri cariño, esos sentimientos descritos así me han encantado y Ruth espero que la venganza contra Tomás sea sangrienta. Al más puro estilo Paca XD.
En fin, aquí os dejo con el relato que comencé. Aquí ya está resuelto lo de Martín y lo de Olmo. Con el título ya os imagináis entorno a qué va a ir este relato.
SOLEDAD
Desde hace tiempo que no se encontraba bien. Atendía las mesas sin ganas, todo le resultaba costoso. Acababa de pasar un trance doloroso con Emilia enferma y ahora todo se estaba solucionando para ella y para Alfonso. Pepa encarrilaba su relación con Tristán y estaban felices. Y su hijo trabajaba feliz en la conservera. Debería estar alegre pero por alguna extraña razón él se encontraba más solo que nunca. Forzaba sonrisas educadas cuando atendía las mesas mientras que en la barra su rostro solo mostraba melancolía, tristeza y resignación. Realmente todo estaba mal en su interior desde la muerte de Virtudes aunque no se había dado cuenta hasta ese momento que todo a su alrededor estaba bien. Con la llegada de Eulalio y la traición de Severiano se ocupó más de Emilia que de él y por eso no tuvo tiempo en pensar en sus sentimientos, en pensar en cómo estaba. Creyó que lo había dejado todo enterrado pero no es así.
Lo cierto es que no dejaba de pensar en ella. Sí, ella, siempre ella. Cada vez que su rostro y su nombre llegaban a su mente se maldecía a sí mismo una y mil veces. Pero no podía dejar de sentir dolor por ella. Y sobre todo en lo que se había convertido. Ella no era así. No siempre fue así. No dejaba de dolerle el pensar en ese cambio. En el cambio que había sufrido su pequeña. Un cambio que había provocado ira y dolor a su alrededor. Un cambio que hacía que el pueblo le tuviera miedo. Y todo por… no estar juntos. La Francisca que conoció luchaba contra las injusticias con fuerza y garra mientras que la de ahora las provocaba. Cerró los ojos ante el dolor que le supuso tal pensamiento. Si hubiera alguna forma de que volviera a ser la de antes…
Así, absorto en sus pensamientos le notó Don Anselmo cuando llegó a la casa de comidas.
- Raimundo anda, sírveme algo para refrescarme que hoy ha sido un día de aúpa.- dijo don Anselmo fatigado. – Raimundo… Raimundo… ¿me has oído?
- ¿Eh? Perdóname pero últimamente estoy en otros lares. – dijo Raimundo mientras le servía una copa.
- Tranquilo Raimundo que lo de Emilia ya se ha visto que no es nada.
- Sí… sí… gracias a Dios.
- Vaya… un ateo mentando a Dios… definitivamente es la prueba de que existe. – bromeó don Anselmo que se quedó atónito cuando Raimundo sólo contestó con media sonrisa cuando siempre le habría empezado a debatir con vehemencia. – Raimundo… ¿te encuentras bien? – añadió don Anselmo preocupado.
- Sí claro. Mis hijos están bien así que ¿por qué iba a estar mal?
- No he preguntado por tus hijos Raimundo, he preguntado por ti. – dijo don Anselmo sin dejar su cara de preocupación. - ¿Tú cómo estás?
- Le repito que estoy bien don Anselmo.
- Raimundo, serás ateo y todo lo que quieras pero a un cura no se le engaña fácilmente. Somos amigos y sé que algo te pesa. Sabes que puedes contármelo.
- Lo sé don Anselmo, lo sé. – dijo Raimundo. – Pero tendrá que ser en otro momento porque si no Zacarías va a montar en cólera… ¡que ya voy Zacarías! ¡ya voy! – dijo llevándole unas tapas al susodicho.
Sebastián entró en ese momento en la casa de comidas y se dirigió a su padre.
- Ande padre, márchese que ahora me toca a mí.
- Tranquilo hijo que ya puedo yo. Además que la conservera te necesita.
- No, padre. Tristán y yo nos turnamos para que no marche descabezada. Ahora que su hermana está al frente de la finca Tristán puede ayudarme.
- Hay que ver ¿eh?, de tal palo tal astilla. Aunque tarde, ya ha sacado el carácter Montenegro… fuerte, orgulloso y…
- Y soberbia… - dijo Sebastián soltando el aire y con una mirada de… ¿deseo? Al ver a su padre arqueando una ceja se recompuso y explicó. – Bueno… eso es lo que me dice siempre Tristán. – añadió agachando la cabeza.
- Ya… - dijo Raimundo con una sonrisita socarrona mientras se quitaba el delantal.
- Anda padre márchese que usted ha estado velando a Emilia y tiene que estar agotado. – dijo Sebastián deseando que la situación se acabara cuanto antes.
- Me voy me voy. Que además necesito despejarme. – dijo Raimundo.
Y salió para dar un paseo por el río con su libro favorito “Veinte mil leguas de viaje submarino”, su libro favorito. Cuando se sentía abatido leer ese libro siempre le animaba. Esperaba que lo consiguiera esta vez.
Hacía un día estupendo. Daba gusto pasear por el río y sentir su brisa, oler los campos. Sin duda eso le despejaba la mente. Pero ella no desaparecía. Era su enfermedad, su maldición que siempre le acompañaba. Ella. Su Francisca.
Se sentó a la sombra de un árbol y abrió el libro. No pudo evitar el recordar la primera vez que lo leyó junto a Francisca. Su sonrisa al ver su vehemencia al leerlo. Su risa cuando Raimundo cuando quería interpretar al capitán. Cerró los ojos al recordarla.
- Mi pequeña… ¡Cómo una vez estuviste tan cerca… y ahora estás tan lejos! – dijo Raimundo con lágrimas en los ojos. – Maldito destino y maldita sociedad que nos condenaron a vivir separados.
No podía leer. Esta vez el libro no consiguió animarle. Los recuerdos de su amor le llenaban la cabeza como si fuera una ola dispuesta a llevarle por delante. Cerró los ojos y lloró.
Miri cariño, esos sentimientos descritos así me han encantado y Ruth espero que la venganza contra Tomás sea sangrienta. Al más puro estilo Paca XD.
En fin, aquí os dejo con el relato que comencé. Aquí ya está resuelto lo de Martín y lo de Olmo. Con el título ya os imagináis entorno a qué va a ir este relato.
SOLEDAD
Desde hace tiempo que no se encontraba bien. Atendía las mesas sin ganas, todo le resultaba costoso. Acababa de pasar un trance doloroso con Emilia enferma y ahora todo se estaba solucionando para ella y para Alfonso. Pepa encarrilaba su relación con Tristán y estaban felices. Y su hijo trabajaba feliz en la conservera. Debería estar alegre pero por alguna extraña razón él se encontraba más solo que nunca. Forzaba sonrisas educadas cuando atendía las mesas mientras que en la barra su rostro solo mostraba melancolía, tristeza y resignación. Realmente todo estaba mal en su interior desde la muerte de Virtudes aunque no se había dado cuenta hasta ese momento que todo a su alrededor estaba bien. Con la llegada de Eulalio y la traición de Severiano se ocupó más de Emilia que de él y por eso no tuvo tiempo en pensar en sus sentimientos, en pensar en cómo estaba. Creyó que lo había dejado todo enterrado pero no es así.
Lo cierto es que no dejaba de pensar en ella. Sí, ella, siempre ella. Cada vez que su rostro y su nombre llegaban a su mente se maldecía a sí mismo una y mil veces. Pero no podía dejar de sentir dolor por ella. Y sobre todo en lo que se había convertido. Ella no era así. No siempre fue así. No dejaba de dolerle el pensar en ese cambio. En el cambio que había sufrido su pequeña. Un cambio que había provocado ira y dolor a su alrededor. Un cambio que hacía que el pueblo le tuviera miedo. Y todo por… no estar juntos. La Francisca que conoció luchaba contra las injusticias con fuerza y garra mientras que la de ahora las provocaba. Cerró los ojos ante el dolor que le supuso tal pensamiento. Si hubiera alguna forma de que volviera a ser la de antes…
Así, absorto en sus pensamientos le notó Don Anselmo cuando llegó a la casa de comidas.
- Raimundo anda, sírveme algo para refrescarme que hoy ha sido un día de aúpa.- dijo don Anselmo fatigado. – Raimundo… Raimundo… ¿me has oído?
- ¿Eh? Perdóname pero últimamente estoy en otros lares. – dijo Raimundo mientras le servía una copa.
- Tranquilo Raimundo que lo de Emilia ya se ha visto que no es nada.
- Sí… sí… gracias a Dios.
- Vaya… un ateo mentando a Dios… definitivamente es la prueba de que existe. – bromeó don Anselmo que se quedó atónito cuando Raimundo sólo contestó con media sonrisa cuando siempre le habría empezado a debatir con vehemencia. – Raimundo… ¿te encuentras bien? – añadió don Anselmo preocupado.
- Sí claro. Mis hijos están bien así que ¿por qué iba a estar mal?
- No he preguntado por tus hijos Raimundo, he preguntado por ti. – dijo don Anselmo sin dejar su cara de preocupación. - ¿Tú cómo estás?
- Le repito que estoy bien don Anselmo.
- Raimundo, serás ateo y todo lo que quieras pero a un cura no se le engaña fácilmente. Somos amigos y sé que algo te pesa. Sabes que puedes contármelo.
- Lo sé don Anselmo, lo sé. – dijo Raimundo. – Pero tendrá que ser en otro momento porque si no Zacarías va a montar en cólera… ¡que ya voy Zacarías! ¡ya voy! – dijo llevándole unas tapas al susodicho.
Sebastián entró en ese momento en la casa de comidas y se dirigió a su padre.
- Ande padre, márchese que ahora me toca a mí.
- Tranquilo hijo que ya puedo yo. Además que la conservera te necesita.
- No, padre. Tristán y yo nos turnamos para que no marche descabezada. Ahora que su hermana está al frente de la finca Tristán puede ayudarme.
- Hay que ver ¿eh?, de tal palo tal astilla. Aunque tarde, ya ha sacado el carácter Montenegro… fuerte, orgulloso y…
- Y soberbia… - dijo Sebastián soltando el aire y con una mirada de… ¿deseo? Al ver a su padre arqueando una ceja se recompuso y explicó. – Bueno… eso es lo que me dice siempre Tristán. – añadió agachando la cabeza.
- Ya… - dijo Raimundo con una sonrisita socarrona mientras se quitaba el delantal.
- Anda padre márchese que usted ha estado velando a Emilia y tiene que estar agotado. – dijo Sebastián deseando que la situación se acabara cuanto antes.
- Me voy me voy. Que además necesito despejarme. – dijo Raimundo.
Y salió para dar un paseo por el río con su libro favorito “Veinte mil leguas de viaje submarino”, su libro favorito. Cuando se sentía abatido leer ese libro siempre le animaba. Esperaba que lo consiguiera esta vez.
Hacía un día estupendo. Daba gusto pasear por el río y sentir su brisa, oler los campos. Sin duda eso le despejaba la mente. Pero ella no desaparecía. Era su enfermedad, su maldición que siempre le acompañaba. Ella. Su Francisca.
Se sentó a la sombra de un árbol y abrió el libro. No pudo evitar el recordar la primera vez que lo leyó junto a Francisca. Su sonrisa al ver su vehemencia al leerlo. Su risa cuando Raimundo cuando quería interpretar al capitán. Cerró los ojos al recordarla.
- Mi pequeña… ¡Cómo una vez estuviste tan cerca… y ahora estás tan lejos! – dijo Raimundo con lágrimas en los ojos. – Maldito destino y maldita sociedad que nos condenaron a vivir separados.
No podía leer. Esta vez el libro no consiguió animarle. Los recuerdos de su amor le llenaban la cabeza como si fuera una ola dispuesta a llevarle por delante. Cerró los ojos y lloró.
#3962
31/10/2011 19:53
Os dejo esto y me voy corriendo :)
GOTAS DEL PASADO
Francisca dio un paso hacia delante. Para coger a su hijo. No quería que siguiese molestando a la joven. Algo la paró.
-Siento haberte hecho esperar, Natalia. –Un hombre se acercó a la mujer. Con el semblante serio. Cargaba una pequeña cesta entre las manos.
-No te preocupes.-contestó ella sonriente.- ¿Has comprado las judías?- le preguntó.
-Sí, aunque a punto he estado de irme sin ellas. Al parecer los dueños del colmado no estaban y han dejado a su hija al cuidado, Dolores. Esa joven es inaguantable, casi nos encuentra una casa en Puente Viejo.- bromeó el hombre.
-No estaría mal, este pueblo es muy acogedor. Además, aquí fue donde naciste.-comentó Natalia. Sonriendo. Ojeando ligeramente la plaza. El caballero casi no la escuchó. Algo le había llamado la atención. El niño. El pequeño Tristán. Quedó mirándolo. El chiquillo movió la cabeza. De un lado a otro. Con una sonrisa en la cara. Sonriéndole al joven. Este apenas tendría 22 años.
Francisca estaba anclada en el sitio. Deseando que se la tragara la tierra. Había reconocido a aquel hombre desde el principio. Raimundo Ulloa. La persona por la que su corazón palpitaba desde que tenía uso de razón. Hay estaba. Frente a ella. Raimundo no había cambiado nada. Seguía siendo el joven apuesto. Atractivo. Con ojos castaños. Sinceros. Unos ojos cargados de verdad. De sentimientos. Francisca nunca se pudo resistir a ellos. Como tampoco se había resistido nunca a sus labios. Ocultos tras su barba. Perfectamente recortada. Igual que su cabello. Castaño. Seguía siendo el joven del que Francisca se enamoró. Ahora sus ropajes eran menos lujosos. Ahora Raimundo no era el rico terrateniente que siempre fue.
Raimundo se agachó. Junto al niño. Sin percatarse aún en la presencia de Francisca.
-Hola.-saludó el pequeño. Sonriente. Despreocupado. Sin saber quién era aquel joven. Sin saber quién era el hombre que se había agachado frente a él. Raimundo vio la herida del niño.
-¿Te has caído?- preguntó Raimundo. Sacando un pañuelo del bolsillo de su chaqueta. Tristán asintió. Mirando su pierna. Raimundo sonrió. Levemente. Aquel chiquillo tenía mucho desparpajo. Cogió con suavidad al niño. Paso el pañuelo por la herida de Tristán. Retirando la sangre. Con cautela. -¿Te duele?- le preguntó de la misma forma. Cuidadoso.
-No.- contestó el pequeño. Negando también con la cabeza.
-Ya está.- exclamó Raimundo. Retirando el pañuelo de la herida. -Como nuevo.- Tristán no dijo nada. Sonrió. Dándose la vuelta. Corriendo hacia su madre. Chocando con sus piernas.
Francisca sintió el impacto del niño contra ella. Pareció despertar del estado de shock en el que había quedado tras ver a Raimundo. Acarició la cabeza del pequeño Tristán. Enredando sus dedos entre los rizos del niño. Sin apartar la mirada de él. De Raimundo. Suspiro. Dirigiendo su mirada hacia su hijo.
-Mami, ya no tengo sangdre- dijo el niño con torpeza. Separándose de Francisca. Mostrándole la pierna. Francisca sonrió al pequeño. Tristán se giró. Buscando a Raimundo con la mirada. –A sido él.-dijo a tiempo que señalaba. Con el dedo índice. Con el brazo totalmente estirado. Francisca cogió rápidamente al pequeño en brazos. Antes de que el niño decidiera presentarlos. Inocente.
-Vámonos, pequeño.- le susurró Francisca. Con cariño. Acomodando a Tristán en sus brazos. El niño se abrazó a ella. Cariñoso. Intentando, también, no caer al suelo.
GOTAS DEL PASADO
Francisca dio un paso hacia delante. Para coger a su hijo. No quería que siguiese molestando a la joven. Algo la paró.
-Siento haberte hecho esperar, Natalia. –Un hombre se acercó a la mujer. Con el semblante serio. Cargaba una pequeña cesta entre las manos.
-No te preocupes.-contestó ella sonriente.- ¿Has comprado las judías?- le preguntó.
-Sí, aunque a punto he estado de irme sin ellas. Al parecer los dueños del colmado no estaban y han dejado a su hija al cuidado, Dolores. Esa joven es inaguantable, casi nos encuentra una casa en Puente Viejo.- bromeó el hombre.
-No estaría mal, este pueblo es muy acogedor. Además, aquí fue donde naciste.-comentó Natalia. Sonriendo. Ojeando ligeramente la plaza. El caballero casi no la escuchó. Algo le había llamado la atención. El niño. El pequeño Tristán. Quedó mirándolo. El chiquillo movió la cabeza. De un lado a otro. Con una sonrisa en la cara. Sonriéndole al joven. Este apenas tendría 22 años.
Francisca estaba anclada en el sitio. Deseando que se la tragara la tierra. Había reconocido a aquel hombre desde el principio. Raimundo Ulloa. La persona por la que su corazón palpitaba desde que tenía uso de razón. Hay estaba. Frente a ella. Raimundo no había cambiado nada. Seguía siendo el joven apuesto. Atractivo. Con ojos castaños. Sinceros. Unos ojos cargados de verdad. De sentimientos. Francisca nunca se pudo resistir a ellos. Como tampoco se había resistido nunca a sus labios. Ocultos tras su barba. Perfectamente recortada. Igual que su cabello. Castaño. Seguía siendo el joven del que Francisca se enamoró. Ahora sus ropajes eran menos lujosos. Ahora Raimundo no era el rico terrateniente que siempre fue.
Raimundo se agachó. Junto al niño. Sin percatarse aún en la presencia de Francisca.
-Hola.-saludó el pequeño. Sonriente. Despreocupado. Sin saber quién era aquel joven. Sin saber quién era el hombre que se había agachado frente a él. Raimundo vio la herida del niño.
-¿Te has caído?- preguntó Raimundo. Sacando un pañuelo del bolsillo de su chaqueta. Tristán asintió. Mirando su pierna. Raimundo sonrió. Levemente. Aquel chiquillo tenía mucho desparpajo. Cogió con suavidad al niño. Paso el pañuelo por la herida de Tristán. Retirando la sangre. Con cautela. -¿Te duele?- le preguntó de la misma forma. Cuidadoso.
-No.- contestó el pequeño. Negando también con la cabeza.
-Ya está.- exclamó Raimundo. Retirando el pañuelo de la herida. -Como nuevo.- Tristán no dijo nada. Sonrió. Dándose la vuelta. Corriendo hacia su madre. Chocando con sus piernas.
Francisca sintió el impacto del niño contra ella. Pareció despertar del estado de shock en el que había quedado tras ver a Raimundo. Acarició la cabeza del pequeño Tristán. Enredando sus dedos entre los rizos del niño. Sin apartar la mirada de él. De Raimundo. Suspiro. Dirigiendo su mirada hacia su hijo.
-Mami, ya no tengo sangdre- dijo el niño con torpeza. Separándose de Francisca. Mostrándole la pierna. Francisca sonrió al pequeño. Tristán se giró. Buscando a Raimundo con la mirada. –A sido él.-dijo a tiempo que señalaba. Con el dedo índice. Con el brazo totalmente estirado. Francisca cogió rápidamente al pequeño en brazos. Antes de que el niño decidiera presentarlos. Inocente.
-Vámonos, pequeño.- le susurró Francisca. Con cariño. Acomodando a Tristán en sus brazos. El niño se abrazó a ella. Cariñoso. Intentando, también, no caer al suelo.
#3963
31/10/2011 19:54
me gusta el comienzo Natalia.Sigue pronto 
Edito: pero Rocio, mi niña.Rai no ha visto a Francisca??
mira,estaba con el corazón encogido...sigueeee.Me encanta tu nueva historia

Edito: pero Rocio, mi niña.Rai no ha visto a Francisca??
mira,estaba con el corazón encogido...sigueeee.Me encanta tu nueva historia
#3964
31/10/2011 19:54
Raimundo contemplaba la escena. Un poco menos nervioso que Francisca. Había seguido al niño con la mirada. ¿Cómo había sido tan tonto como para no darse cuenta de que era Tristán? El hijo de Francisca. El hijo de su amada. El niño se había dirigido hacia ella rápidamente. Abrazándose a sus faldones. Sintió morir al verla. Frente a él. Separada por unos escasos 4 metros. Tan lejos y tan cerca a la vez.
Los ojos de Francisca y Raimundo se encontraron. El tiempo se detuvo en ese preciso momento. Al menos para ellos. Quedaron quietos. Inmóviles. No articularon palabra. No hicieron ningún tipo de movimiento. Se limitaron a mirarse. Con un cumulo de sentimientos en sus miradas. Anhelo. Desesperación. Deseaban poder escapar. Salir de aquellas duras vidas que les había tocado vivir. Se miraban con amor. Con el amor que nunca desaparecería de sus corazones. Se miraban con intensidad. Con rabia contenida. Cada uno culpándose de los errores del otro. Se miraban con tristeza. Con sufrimientos. Con dolor. Con todo lo que la vida les había dado. El tiempo se había detenido para ellos. Todo a su alrededor seguía girando. Todos seguían ensimismados en sus quehaceres. Sin percatarse del millón de sentimientos que Francisca y Raimundo estaban compartiendo.
-Francisca.- la llamó Raimundo en un susurro. Francisca cerró los ojos. Evitando así que las lágrimas que amenazaban con salir, no lo hiciesen. Evitando que rodasen por sus mejillas. Evitando que las empapasen. Besó el hombro de su hijo. Al que, sin darse apenas cuenta, aún llevaba en sus brazos. Tristán la miro. Sin saber lo que había ocurrido. Le sonrió alegremente. Francisca no respondió a la sonrisa del pequeño. No tuvo fuerzas para hacerlo. Respiró hondo.
-Vámonos a casa, tesoro.- pudo decirle. El niño bajo de los brazos de su madre. Dándole la mano. Obediente. Sin saber por qué su madre estaba a punto de llorar.
Francisca volvió a dirigir la mirada hacia Raimundo. Este había adelantado un par de pasos. Pero ahora había quedado, de nuevo, inmóvil. Ambos deseaban acercarse el uno al otro. Su orgullo y la razón se lo impedían. Francisca bajo la mirada. Sin fuerzas. Comenzó a caminar. De la mano de su hijo, Tristán. Como si aquel encuentro no fuese suficiente, ahora tendrían que volver a la Casona. Una lágrima rodó por la mejilla de Francisca sin consuelo. La enjugó rápidamente. Con suerte nadie la habría visto.
Los ojos de Francisca y Raimundo se encontraron. El tiempo se detuvo en ese preciso momento. Al menos para ellos. Quedaron quietos. Inmóviles. No articularon palabra. No hicieron ningún tipo de movimiento. Se limitaron a mirarse. Con un cumulo de sentimientos en sus miradas. Anhelo. Desesperación. Deseaban poder escapar. Salir de aquellas duras vidas que les había tocado vivir. Se miraban con amor. Con el amor que nunca desaparecería de sus corazones. Se miraban con intensidad. Con rabia contenida. Cada uno culpándose de los errores del otro. Se miraban con tristeza. Con sufrimientos. Con dolor. Con todo lo que la vida les había dado. El tiempo se había detenido para ellos. Todo a su alrededor seguía girando. Todos seguían ensimismados en sus quehaceres. Sin percatarse del millón de sentimientos que Francisca y Raimundo estaban compartiendo.
-Francisca.- la llamó Raimundo en un susurro. Francisca cerró los ojos. Evitando así que las lágrimas que amenazaban con salir, no lo hiciesen. Evitando que rodasen por sus mejillas. Evitando que las empapasen. Besó el hombro de su hijo. Al que, sin darse apenas cuenta, aún llevaba en sus brazos. Tristán la miro. Sin saber lo que había ocurrido. Le sonrió alegremente. Francisca no respondió a la sonrisa del pequeño. No tuvo fuerzas para hacerlo. Respiró hondo.
-Vámonos a casa, tesoro.- pudo decirle. El niño bajo de los brazos de su madre. Dándole la mano. Obediente. Sin saber por qué su madre estaba a punto de llorar.
Francisca volvió a dirigir la mirada hacia Raimundo. Este había adelantado un par de pasos. Pero ahora había quedado, de nuevo, inmóvil. Ambos deseaban acercarse el uno al otro. Su orgullo y la razón se lo impedían. Francisca bajo la mirada. Sin fuerzas. Comenzó a caminar. De la mano de su hijo, Tristán. Como si aquel encuentro no fuese suficiente, ahora tendrían que volver a la Casona. Una lágrima rodó por la mejilla de Francisca sin consuelo. La enjugó rápidamente. Con suerte nadie la habría visto.
#3965
31/10/2011 19:55
Raimundo miraba sin pestañear como Francisca salía de la plaza. Agarrada a la mano del pequeño Tristán. La vio alejarse. Parte de él murió al verla. ¿Porque las cosas eran tan difíciles? ¿Por qué dos locos enamorados no podían ser felices? ¿Por qué la sociedad era tan cruel? ¿Por qué su padre tuvo que destruir su futuro? ¿Por qué el dinero emponzoño sus vidas? ¿Por qué tuvo que ir a Madrid? ¿Por qué aquella heredera se cruzó en su vida? Aquellas eran las preguntas que siempre se hacía. Desde el momento en el que su padre le entregó el billete para ir a la capital. Desde que se marchó sin decirle nada a Francisca. Desde que, después, volvió para búscala. Para ser felices. Para decirle que ya no debía de casar con ninguna heredera. Eso nunca ocurrió. Francisca había salido de viaje hacia Asturias. Raimundo no le dio mayor importancia y decidió esperarla. Deseoso por volver a verla. Por besarla. Por decirle que podían ser felices. Dos meses. Dos meses espero. Francisca volvió pasado aquel tiempo. Para la sorpresa de Raimundo, casada. De la mano de un terrateniente asturiano. “¿Por qué tuviste que hacerlo, pequeña?” Los ojos de Raimundo se inundaron de lágrimas. Raimundo no podía soportar imaginarla junto a Salvador. No podía pensar que cada noche compartían lecho. No podía imaginar que, su pequeña, pudiese sonreírle a otro hombre que no fuese él. Los celos lo inundaban. Lo mataban. No podía pensar en eso. No podía pensar en ella. Cada vez que lo hacía terminaba con una botella de alcohol entre las manos. Terminaba borracho. Tirado en el suelo. Raimundo sintió la mano reconfortante de Natalia sobre su hombro.
-¿Estas bien?- le preguntó la joven. Ignorante de lo que pasaba por la cabeza del joven. Raimundo se giró. Intentando que sus ojos no lo delatasen. Confiando en que no estuviesen enrojecidos. Confiando en que las lágrimas se habrían evaporado. Que no se notara la tristeza que había en ellos.
-No te preocupes, Natalia.- le respondió. Serio. Natalia esbozó una sonrisa. Ella siempre tenía una para Raimundo. Siempre era ella la que lo acostaba después de que se hubiese acabado jarras y jarras de vino. Ella era la que se sentaba frente a él, mientras bebía. Era la que intentaba que parase. A veces lo conseguía. Natalia sabía todos los secretos de Raimundo. Estuvo a su lado cuando Francisca le quitó todas sus riquezas. Odiaba a Francisca por eso. La odiaba por haber destruido la vida de Raimundo. La odiaba por no haber sabido escuchar a Raimundo como ella lo hacía. La odiaba porque ella era la dueña del corazón de Raimundo. Algo que Natalia nunca conseguiría. Ella lo sabía.
-Ha sido esa mujer ¿verdad? ¿Era ella?- preguntó. Muchas eran las veces que Raimundo había hablado de ella. Muchas eran las veces que él la había descrito.
-Sí.-contestó Raimundo. No se equivocó al describirla. “¿Cómo no te has podido dar cuenta antes, Natalia?” se preguntó. Era igual. Exactamente como la había imaginado. Guapa. Muy guapa. Realmente hermosa. Por la forma de tratar al niño pequeño, cariñosa. Sensible… -Natalia,- le dijo Raimundo. –será mejor que regresemos a Villafranca. No quiero llegar demasiado tarde.- explicó. Quizás tuviese prisa por intentar olvidar el encuentro. Quizás tuviese prisa por beber un trago de vino. Uno. Otro. Otro. Y así hasta caer rendido sobre la cama.
Así fue. Natalia, Raimundo y el pequeño Sebastián, de apenas 3 meses, regresaron a casa. Raimundo bebió y bebió. Sin el consuelo de Natalia. Su fiel amiga. Su compañera. Su esposa, aunque no la sintiera como tal. Bebió como cada noche. Como la noche anterior. Como la noche siguiente… Pero aun así no olvidaría a Francisca. Nunca lo hacía. Nunca dejaría de hacerlo.
P.D. Se que algunas esperabais algo más, pero ya os dije que esto no era facil...
-¿Estas bien?- le preguntó la joven. Ignorante de lo que pasaba por la cabeza del joven. Raimundo se giró. Intentando que sus ojos no lo delatasen. Confiando en que no estuviesen enrojecidos. Confiando en que las lágrimas se habrían evaporado. Que no se notara la tristeza que había en ellos.
-No te preocupes, Natalia.- le respondió. Serio. Natalia esbozó una sonrisa. Ella siempre tenía una para Raimundo. Siempre era ella la que lo acostaba después de que se hubiese acabado jarras y jarras de vino. Ella era la que se sentaba frente a él, mientras bebía. Era la que intentaba que parase. A veces lo conseguía. Natalia sabía todos los secretos de Raimundo. Estuvo a su lado cuando Francisca le quitó todas sus riquezas. Odiaba a Francisca por eso. La odiaba por haber destruido la vida de Raimundo. La odiaba por no haber sabido escuchar a Raimundo como ella lo hacía. La odiaba porque ella era la dueña del corazón de Raimundo. Algo que Natalia nunca conseguiría. Ella lo sabía.
-Ha sido esa mujer ¿verdad? ¿Era ella?- preguntó. Muchas eran las veces que Raimundo había hablado de ella. Muchas eran las veces que él la había descrito.
-Sí.-contestó Raimundo. No se equivocó al describirla. “¿Cómo no te has podido dar cuenta antes, Natalia?” se preguntó. Era igual. Exactamente como la había imaginado. Guapa. Muy guapa. Realmente hermosa. Por la forma de tratar al niño pequeño, cariñosa. Sensible… -Natalia,- le dijo Raimundo. –será mejor que regresemos a Villafranca. No quiero llegar demasiado tarde.- explicó. Quizás tuviese prisa por intentar olvidar el encuentro. Quizás tuviese prisa por beber un trago de vino. Uno. Otro. Otro. Y así hasta caer rendido sobre la cama.
Así fue. Natalia, Raimundo y el pequeño Sebastián, de apenas 3 meses, regresaron a casa. Raimundo bebió y bebió. Sin el consuelo de Natalia. Su fiel amiga. Su compañera. Su esposa, aunque no la sintiera como tal. Bebió como cada noche. Como la noche anterior. Como la noche siguiente… Pero aun así no olvidaría a Francisca. Nunca lo hacía. Nunca dejaría de hacerlo.
P.D. Se que algunas esperabais algo más, pero ya os dije que esto no era facil...
#3966
31/10/2011 20:03
Rocio,perdona por haber escrito en mitad de tu relato
me tienes llorando,que lo sepas...
me encanta!
me tienes llorando,que lo sepas...
me encanta!
#3967
31/10/2011 20:05
Joe uf tengo un nudo en la garganta... Y lagrimas en mis ojos!! Como podeiscescribir asi?
Dios ese encuentro en la plaza... Cuanto dolor!! Y cuanto amor!!precioso!!
Y esa francisca dando todo por raimundo....!! Joe manteneis viva la esencia de esta pareja!!
Dios ese encuentro en la plaza... Cuanto dolor!! Y cuanto amor!!precioso!!
Y esa francisca dando todo por raimundo....!! Joe manteneis viva la esencia de esta pareja!!
#3968
31/10/2011 20:17
Rocío mi niña me quito el sombrero ante tu maestría. Consigues que se nos encoja el corazón.
Bravo una y mil veces!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!


Aquí os dejo el último trozo por hoy. Un beso a toooooodas. Voy a tener que enfrascarme ahora con el arte rupestre asi que hasta mañana ya no os veré.
Francisca no dejaba de darle vueltas a las cuentas una y otra vez. Todo se había solucionado, bueno, para ella todo no. Tristán volvía a verse con la partera, y para colmo de males su hija se veía con Sebastián. Ella lo intentaba disimular diciendo que se reúnen para tratar asuntos de la finca pero su instinto le decía otra cosa. Además había algo que siempre tenía presente. Él. En el fondo, aunque Tristán no estuviera con la partera, nada estaba bien. Se odiaba a ella misma profundamente. Y todo por él. Raimundo. Su falta era como un peso que amenazaba con asfixiarla. Tanto tiempo y no había podido deshacerse de esos sentimientos que la torturaban cada día. Ni su orgullo había podido con ellos. No había un solo día en que no pensara en qué estaría haciendo y si estaría pensando en ella. “Sí, quizás sí, pero como enemiga.” – pensó para sus adentros para intentar acallar su espíritu pero éste no parecía querer hacerle caso.
Se dispuso a dar uno de sus paseos. Le hacían sentir joven, como aquella niña que una vez fue. En ese momento entró Soledad:
- Madre ¿va a salir?
- Sí hija. Voy a dar esos paseos que me recomendó la doctora Casas.
- ¿Quiere que le acompañe?
- No hija, no es necesario. Ya me han dicho que hoy viene Sebastián. Ya me contarás como van las cosas en la conservera. – dijo Francisca dirigiéndose a ella con una sonrisa.
Cuando marchó se reprendió a sí misma. No quería que nadie la acompañara porque esos paseos le permitían pensar en eso que le oprimía el pecho desde hacía 30 años. Él, siempre él. Raimundo Ulloa.
Caminó tranquilamente sintiendo el olor del campo. Su mente voló hacia su juventud cuando correteaba con Raimundo o cuando se sentaban y Raimundo le leía su libro favorito “Veinte mil leguas de viaje submarino”. Recordaba cuando él quería imitar al capitán Nemo. ¡Cuántos bellos momentos y qué lejanos parecen!... De pronto se dio cuenta de algo, un sonido extraño… ¿un sollozo? Alzó la vista y se le encogió el corazón. No… no podía ser.
Era Raimundo llorando amargamente. Eso le rompió el corazón. No podía soportar verle llorar. Pero a la vez eran enemigos así que luchó fervientemente contra sí misma para poder acercarse a él sin echarse a sus brazos y consolarle con sus labios. Se acercó lentamente.
- Vaya, no esperaba verte por aquí. – dijo Francisca.
Raimundo recibió esas palabras como un jarro de agua fría que le atravesó el corazón. Cerró fuertemente los ojos. No, ahora no. No estaba preparado para enfrentarse a ella. No tenía fuerzas para recomponerse. Las había dejado aparcadas para desahogarse. Su alma lo necesitaba. Sintió como si una fría daga se acercara peligrosamente a su corazón.
- Yo… no quería molestar… ya me voy. – dijo con un hilo de voz sin mirarla a la cara.
No quería que le viera así. Recogió el libro y se dispuso a irse. Francisca se sintió morir. Nunca le había visto así. Derrotado. Sin fuerzas ni para contraatacar. Se acercó más a él y le cogió el brazo. Raimundo pensó que no aguantaría su contacto.
- Raimundo… ¿qué pasa? – dijo Francisca con tono dulce.
Raimundo se estremeció con el tono de Francisca. Tan dulce como fue una vez. Las lágrimas volvían a inundar su rostro. Respiró hondo y la miró.
- Que me rindo Francisca. Has ganado. – dijo Raimundo con un hilo de voz. Dio media vuelta y se fue.
Francisca sintió como el corazón se le partía en mil pedazos. La mirada de Raimundo y esas palabras llegaron más hondo que cualquier pelea anterior. Se quedó petrificada en el sitio. “Algo grave ha tenido que suceder” – pensó. Pero ¿qué podía ser tan grave como para que Raimundo reaccionara así? Marchó a la Casona con la angustia en el cuerpo.
Bravo una y mil veces!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!



Aquí os dejo el último trozo por hoy. Un beso a toooooodas. Voy a tener que enfrascarme ahora con el arte rupestre asi que hasta mañana ya no os veré.
Francisca no dejaba de darle vueltas a las cuentas una y otra vez. Todo se había solucionado, bueno, para ella todo no. Tristán volvía a verse con la partera, y para colmo de males su hija se veía con Sebastián. Ella lo intentaba disimular diciendo que se reúnen para tratar asuntos de la finca pero su instinto le decía otra cosa. Además había algo que siempre tenía presente. Él. En el fondo, aunque Tristán no estuviera con la partera, nada estaba bien. Se odiaba a ella misma profundamente. Y todo por él. Raimundo. Su falta era como un peso que amenazaba con asfixiarla. Tanto tiempo y no había podido deshacerse de esos sentimientos que la torturaban cada día. Ni su orgullo había podido con ellos. No había un solo día en que no pensara en qué estaría haciendo y si estaría pensando en ella. “Sí, quizás sí, pero como enemiga.” – pensó para sus adentros para intentar acallar su espíritu pero éste no parecía querer hacerle caso.
Se dispuso a dar uno de sus paseos. Le hacían sentir joven, como aquella niña que una vez fue. En ese momento entró Soledad:
- Madre ¿va a salir?
- Sí hija. Voy a dar esos paseos que me recomendó la doctora Casas.
- ¿Quiere que le acompañe?
- No hija, no es necesario. Ya me han dicho que hoy viene Sebastián. Ya me contarás como van las cosas en la conservera. – dijo Francisca dirigiéndose a ella con una sonrisa.
Cuando marchó se reprendió a sí misma. No quería que nadie la acompañara porque esos paseos le permitían pensar en eso que le oprimía el pecho desde hacía 30 años. Él, siempre él. Raimundo Ulloa.
Caminó tranquilamente sintiendo el olor del campo. Su mente voló hacia su juventud cuando correteaba con Raimundo o cuando se sentaban y Raimundo le leía su libro favorito “Veinte mil leguas de viaje submarino”. Recordaba cuando él quería imitar al capitán Nemo. ¡Cuántos bellos momentos y qué lejanos parecen!... De pronto se dio cuenta de algo, un sonido extraño… ¿un sollozo? Alzó la vista y se le encogió el corazón. No… no podía ser.
Era Raimundo llorando amargamente. Eso le rompió el corazón. No podía soportar verle llorar. Pero a la vez eran enemigos así que luchó fervientemente contra sí misma para poder acercarse a él sin echarse a sus brazos y consolarle con sus labios. Se acercó lentamente.
- Vaya, no esperaba verte por aquí. – dijo Francisca.
Raimundo recibió esas palabras como un jarro de agua fría que le atravesó el corazón. Cerró fuertemente los ojos. No, ahora no. No estaba preparado para enfrentarse a ella. No tenía fuerzas para recomponerse. Las había dejado aparcadas para desahogarse. Su alma lo necesitaba. Sintió como si una fría daga se acercara peligrosamente a su corazón.
- Yo… no quería molestar… ya me voy. – dijo con un hilo de voz sin mirarla a la cara.
No quería que le viera así. Recogió el libro y se dispuso a irse. Francisca se sintió morir. Nunca le había visto así. Derrotado. Sin fuerzas ni para contraatacar. Se acercó más a él y le cogió el brazo. Raimundo pensó que no aguantaría su contacto.
- Raimundo… ¿qué pasa? – dijo Francisca con tono dulce.
Raimundo se estremeció con el tono de Francisca. Tan dulce como fue una vez. Las lágrimas volvían a inundar su rostro. Respiró hondo y la miró.
- Que me rindo Francisca. Has ganado. – dijo Raimundo con un hilo de voz. Dio media vuelta y se fue.
Francisca sintió como el corazón se le partía en mil pedazos. La mirada de Raimundo y esas palabras llegaron más hondo que cualquier pelea anterior. Se quedó petrificada en el sitio. “Algo grave ha tenido que suceder” – pensó. Pero ¿qué podía ser tan grave como para que Raimundo reaccionara así? Marchó a la Casona con la angustia en el cuerpo.
#3969
31/10/2011 23:39
uf chicas me teneis con el corazón encogido
Rocío, tu historia en una verdadera agonía, con un nudo en la garganta me has dejado, ese encuentro en la plaza ha sido desgarrador sobre todo por que los tres adultos protagonistas están destrozados, por que imagino que para Natalia la vida tampoco tuvo que ser fácil, el saber que quieres a una persona con toda el alma y que el nunca te va a amar tiene que ser horrible, es otro tipo de soledad muy amarga.
Ruth, ja ja miedo me da la Paca con sus ideas, Tomás ya se puede ir preparando lko que no consigue ella no lo hace nadie. Me encantan estos dos juntos y enamorados, no lo puedo evitar, se me pone una sonrisa tontísima y me encanta como los describes.
Natalia, como Francisca no remueva cielo y tierra para saber que le pasa a su Rai me la crgo, que se lo curre un poquito que aunque ella no lo sepa lo tiene a punto de caramelo. Je je muy bueno lo de Sole y Sebas, otra parejita que nos encanta.
¿Raimundo enfadado y gritando? es no me lo pierdo, me voy ahora mismo a ver el capítulo.
Rocío, tu historia en una verdadera agonía, con un nudo en la garganta me has dejado, ese encuentro en la plaza ha sido desgarrador sobre todo por que los tres adultos protagonistas están destrozados, por que imagino que para Natalia la vida tampoco tuvo que ser fácil, el saber que quieres a una persona con toda el alma y que el nunca te va a amar tiene que ser horrible, es otro tipo de soledad muy amarga.
Ruth, ja ja miedo me da la Paca con sus ideas, Tomás ya se puede ir preparando lko que no consigue ella no lo hace nadie. Me encantan estos dos juntos y enamorados, no lo puedo evitar, se me pone una sonrisa tontísima y me encanta como los describes.
Natalia, como Francisca no remueva cielo y tierra para saber que le pasa a su Rai me la crgo, que se lo curre un poquito que aunque ella no lo sepa lo tiene a punto de caramelo. Je je muy bueno lo de Sole y Sebas, otra parejita que nos encanta.
¿Raimundo enfadado y gritando? es no me lo pierdo, me voy ahora mismo a ver el capítulo.
#3970
31/10/2011 23:41
Me encanta ese vestido de la Paca.
#3971
31/10/2011 23:54
Me tengo que poner al día con vuestras historias que estoy enchochada con el hilo de Law del capitan
#3972
01/11/2011 14:22
Hace un ratillo que he visto lo que me faltaba por ver del cap. y no, ayer no fue cuando la Paca va a la plaza. Creo que esa escena la emitirán el jueves.
Es a lo único que nos agarramos ahora, espero que al menos nos den un cruce de miradas.
Lo mejor del capítulo ha sido ver a Raimundo enfrentándose a Severiano. Y no se vosotras pero ¿No notáis a Francisca muy pensativa últimamente? Siempre que habla con Soledad esta como ida… no se quizás sean alucinaciones mías.
Natalia que ayer estaba súper liada, y no te comente… Me gusta mucho ese comienzo, pinta muy bien. Quiero ver como Francisca se interesa por él y, como él puede reaccionar ante el interés de ella. Muy bueno empezar el relato con ese paralelismo entre él y ella. Sigue cuando puedas :)
Alex, a mí también me encanta ese vestido, al menos es distinto, salimos del marrón, los negros y los dos rojos que tiene. Creo que no me he dejado ninguno, son tan pocos…
Es a lo único que nos agarramos ahora, espero que al menos nos den un cruce de miradas.
Lo mejor del capítulo ha sido ver a Raimundo enfrentándose a Severiano. Y no se vosotras pero ¿No notáis a Francisca muy pensativa últimamente? Siempre que habla con Soledad esta como ida… no se quizás sean alucinaciones mías.
Natalia que ayer estaba súper liada, y no te comente… Me gusta mucho ese comienzo, pinta muy bien. Quiero ver como Francisca se interesa por él y, como él puede reaccionar ante el interés de ella. Muy bueno empezar el relato con ese paralelismo entre él y ella. Sigue cuando puedas :)
Alex, a mí también me encanta ese vestido, al menos es distinto, salimos del marrón, los negros y los dos rojos que tiene. Creo que no me he dejado ninguno, son tan pocos…
#3973
01/11/2011 18:07
Que poco movimiento hay por aqui hoy!
Bueno aprovechando los poquitos ratillos en los que he levantado la cabeza de los libros de historia os dejo esto, es una tonteria pero como este tema salio hace unos dias y lo unico que tenía que hacer era que pasarlo al ordenador...
Seguro que faltarán datos, asi que si eso me refrescais la memoria :)
Bueno aprovechando los poquitos ratillos en los que he levantado la cabeza de los libros de historia os dejo esto, es una tonteria pero como este tema salio hace unos dias y lo unico que tenía que hacer era que pasarlo al ordenador...
Seguro que faltarán datos, asi que si eso me refrescais la memoria :)
#3974
01/11/2011 19:05
Hola a todas !! Hoy en el tren se me a ocurrido una historia a si que la voy a colgar aqui xdxd ( no me mateis se que escribo ma ¬¬ yo aviso ) Aun no le he puesto titulo pero bueno aver si os gusta!
En la Casona todo el mundo era feliz , Salvador se iba durante dos semanas a Asturias . A Francisca no le dio pena ninguna , si no que aprovecho para dejar el dia libre a todo trabajador de la casona y quedarse ella sola.
Se fue a dar un paseo por el rio , cuando de repente escucho una risa que le era muy familiar. Intento acercarse mas y mas , pero de repente se paro en seco . El corazon le comenzo a martillear fuertemente en las costillas , cuando se dio cuenta de que la risa era de Raimundo Ulloa. Estaba junto a su mujer Natalia , una bella joven de ojos azules que siempre estaba sonriendo. Los dos estaban sentados bajo un arbol mirando el rio y riendose de algo que decia Raimundo . Francisca siguio mirando como Raimundo abrazaba a Natalia , como le gustaria estar en su lugar ! Francisca dio la vuelta y se fue otra vez a la casona , no aguantaba mas ver como Raimundo miraba , abrazaba , besaba a otra mujer que no fuera ella .
Las semanas pasaron y Francisca no podia dejar de pensar en Raimundo , en como abrazaba a Natalia , en como la hacia reir ... la rabia la recorria por dentro " por que yo no soy la que estoy en su lugar? " era la pregunta mas frecuente que se hacia . De repente la puerta se abrio , Francisca se giro para ver quien era y su expresion cambio totalmente . Salvador habia entrado a la casona con sus maletas y subia hacia arriba sin decirle nada a Francisca . La verdad es que le daba igual , Salvador siempre habia sido una persona arrogante y fria . Francisca se levanto para irse al despacho a ver si podia cojer algun libro aprovechando que Salvador estaba en la habitación . Abrió la puerta con cuidado , intentando no hacer muco ruido y la volvio a cerrar . Miro la biblioteca , cuando un libro llamo su atencion , lo cojio , no era un libro ,era un tipo de carpeta con muchas cuentas . Por curiosidad lo abrio . De repente la puerta del despacho se abrio y entro un malhumorado Salvador , que se sorprendio al ver a Francisca ahi dentro.
- Se puede saber que haces aqui - chillo Salvador a la vez que agarraba a Francisca de los brazos y la obligaba a soltar la carpeta
- Yo...estaba buscando un libro - dijo Francisca con un hilo de voz , no sabia porque pero Salvador se estaba poniendo nervioso
- Mentirosa! - Salvador apreto el agarre - Sabias que ahi tenia las cuentas -
- Yo no sab ... - no pudo decir nada mas Salvador le habia dado una bofetada
- Furcia! No sigas mintiendo o sabras lo que es un castigo - Salvador estaba fuera de si
Francisca estaba asustada , dentro de esa carpeta deberia haber unas cuentas realmente importantes para que Salvador se pusiera asi.
- Salvador , enserio que yo no sabia nada de esas cuentas ! - chillo Francisca llorando . Salvador apretaba aun mas fuerte el agarre y le estaba haciendo mucho daño.
- Se acabo ! - de repente Salvador la solto con tanta fuerza que la tiro a suelo . Francisca no sentia los brazos y asustada vio como pequeños moratones se iban formando .
Salvador volvio con una correa en la mano . Francisca cuando la vio intento levantarse e irse corriendo , pero no pudo , Salvador la habia cojido del brazo y el mismo estaba abriendo la puerta . Francisca se movia intentando soltarse , pero Salvador era mas fuerte que ella y la llevaba arrastras hacia la habitacion. Francisca deseperada comenzo a gritar.
- Rosario ! Rosario por favor ayudame ! Rosario! - Francisca no dejaba de llorar amargamente
Rosario en ese momento entraba al salon y se quedo petrificada ante la vision que tenia delante : Salvador cojiendo del brazoa Francisca , y Francisca chillando desesperada su nombre . No le dio tiempo hacer nada , cuando iba a subir se escucho un portazo en la habitacion de Francisca.
(Continuara...)
En la Casona todo el mundo era feliz , Salvador se iba durante dos semanas a Asturias . A Francisca no le dio pena ninguna , si no que aprovecho para dejar el dia libre a todo trabajador de la casona y quedarse ella sola.
Se fue a dar un paseo por el rio , cuando de repente escucho una risa que le era muy familiar. Intento acercarse mas y mas , pero de repente se paro en seco . El corazon le comenzo a martillear fuertemente en las costillas , cuando se dio cuenta de que la risa era de Raimundo Ulloa. Estaba junto a su mujer Natalia , una bella joven de ojos azules que siempre estaba sonriendo. Los dos estaban sentados bajo un arbol mirando el rio y riendose de algo que decia Raimundo . Francisca siguio mirando como Raimundo abrazaba a Natalia , como le gustaria estar en su lugar ! Francisca dio la vuelta y se fue otra vez a la casona , no aguantaba mas ver como Raimundo miraba , abrazaba , besaba a otra mujer que no fuera ella .
Las semanas pasaron y Francisca no podia dejar de pensar en Raimundo , en como abrazaba a Natalia , en como la hacia reir ... la rabia la recorria por dentro " por que yo no soy la que estoy en su lugar? " era la pregunta mas frecuente que se hacia . De repente la puerta se abrio , Francisca se giro para ver quien era y su expresion cambio totalmente . Salvador habia entrado a la casona con sus maletas y subia hacia arriba sin decirle nada a Francisca . La verdad es que le daba igual , Salvador siempre habia sido una persona arrogante y fria . Francisca se levanto para irse al despacho a ver si podia cojer algun libro aprovechando que Salvador estaba en la habitación . Abrió la puerta con cuidado , intentando no hacer muco ruido y la volvio a cerrar . Miro la biblioteca , cuando un libro llamo su atencion , lo cojio , no era un libro ,era un tipo de carpeta con muchas cuentas . Por curiosidad lo abrio . De repente la puerta del despacho se abrio y entro un malhumorado Salvador , que se sorprendio al ver a Francisca ahi dentro.
- Se puede saber que haces aqui - chillo Salvador a la vez que agarraba a Francisca de los brazos y la obligaba a soltar la carpeta
- Yo...estaba buscando un libro - dijo Francisca con un hilo de voz , no sabia porque pero Salvador se estaba poniendo nervioso
- Mentirosa! - Salvador apreto el agarre - Sabias que ahi tenia las cuentas -
- Yo no sab ... - no pudo decir nada mas Salvador le habia dado una bofetada
- Furcia! No sigas mintiendo o sabras lo que es un castigo - Salvador estaba fuera de si
Francisca estaba asustada , dentro de esa carpeta deberia haber unas cuentas realmente importantes para que Salvador se pusiera asi.
- Salvador , enserio que yo no sabia nada de esas cuentas ! - chillo Francisca llorando . Salvador apretaba aun mas fuerte el agarre y le estaba haciendo mucho daño.
- Se acabo ! - de repente Salvador la solto con tanta fuerza que la tiro a suelo . Francisca no sentia los brazos y asustada vio como pequeños moratones se iban formando .
Salvador volvio con una correa en la mano . Francisca cuando la vio intento levantarse e irse corriendo , pero no pudo , Salvador la habia cojido del brazo y el mismo estaba abriendo la puerta . Francisca se movia intentando soltarse , pero Salvador era mas fuerte que ella y la llevaba arrastras hacia la habitacion. Francisca deseperada comenzo a gritar.
- Rosario ! Rosario por favor ayudame ! Rosario! - Francisca no dejaba de llorar amargamente
Rosario en ese momento entraba al salon y se quedo petrificada ante la vision que tenia delante : Salvador cojiendo del brazoa Francisca , y Francisca chillando desesperada su nombre . No le dio tiempo hacer nada , cuando iba a subir se escucho un portazo en la habitacion de Francisca.
(Continuara...)
#3975
01/11/2011 19:07
Sebastián tiene 23 años, se dijo que cuando Raimundo "robó" a Emilia él tenía 3 años. Así que nació en 1879.
#3976
01/11/2011 19:09
Hola chicas!!! Martes atípico el de hoy... como se nota que además de no haber capi estamos de puente (las que no tengan que estudiar ¬¬)
Kera... bye bye denuncia de Eulalio!!! Resolviendo asuntos... me encanta!! Síguelo cuando puedas!
Natalia, si ni tiene ganas de discutir... qué le pasa a nuestro Rai?? Esperemos que nuestra Paca superdetective se entere cuanto antes y pueda ayudarlo.
Rocío, la verdad es que tus Rai y Paca de juventud me dan mucha pena, pero vamos, como Natalia nadie. Pobre mujer, queriéndolo sabiéndose no correspondida... y ayudándolo además. Quiero ver como llevas tu relato, me encanta!!
Kera... bye bye denuncia de Eulalio!!! Resolviendo asuntos... me encanta!! Síguelo cuando puedas!
Natalia, si ni tiene ganas de discutir... qué le pasa a nuestro Rai?? Esperemos que nuestra Paca superdetective se entere cuanto antes y pueda ayudarlo.
Rocío, la verdad es que tus Rai y Paca de juventud me dan mucha pena, pero vamos, como Natalia nadie. Pobre mujer, queriéndolo sabiéndose no correspondida... y ayudándolo además. Quiero ver como llevas tu relato, me encanta!!
#3977
01/11/2011 19:41
Ya decía yo que tenía fallos…
Lo de que tienen la misma edad se me paso pero bueno, están entre el 1855 y el 1856.
Sebastián no sabía que tenía 23 años! Lo he situado en el año que me ha cuadrado. Teniendo en cuenta que Sebastián y Tristán eran amigos desde la infancia lo más lógico sería que tuviesen más o menos la misma edad. Por lo tanto lo situó en 1875/1876. Para mí que Sebastián tiene unos 26 años.
Emilia tendría unos 22, ya que se lleva con Sebastián 4 años. (Otro motivo por el que no me cuadra que Sebastián tenga 23. 23-4= 19. Emilia no puede tener 19.)
Soledad, sabemos que tiene 20, se ha dicho en alguna ocasión, por lo cual, si Salvador murió hace 7-8 años Soledad lo mató con 12-13. Sorprendente y cruel, que una niña con tan corta edad tenga que sufrir los abusos de su padre y llegar al punto de matarlo.
A ver, no lo sé seguro pero, antiguamente el hombre se trasladaba a vivir al pueblo/ciudad de su esposa. Pedro se trasladó a Puente Viejo por Dolores, Salvador a Puente Viejo por Francisca y supongo que Raimundo a Villafranca por Natalia. Por lo cual Raimundo se fue a vivir a Villafranca cuando se casó con Natalia. Al menos así lo he encajado yo en mi historia.
De lo del embarazo de Francisca… pues escribiendo mi relato hice un resumen que al final no me sirvió para meterlo dentro de la historia. Si queréis ahora lo corrijo y os lo pongo. Ya veré como lo explico después en GOTAS DEL PASADO. Que por cierto hoy ya no, pero creo que mañana tampoco os podré poner la continuación.
Lo de que tienen la misma edad se me paso pero bueno, están entre el 1855 y el 1856.
Sebastián no sabía que tenía 23 años! Lo he situado en el año que me ha cuadrado. Teniendo en cuenta que Sebastián y Tristán eran amigos desde la infancia lo más lógico sería que tuviesen más o menos la misma edad. Por lo tanto lo situó en 1875/1876. Para mí que Sebastián tiene unos 26 años.
Emilia tendría unos 22, ya que se lleva con Sebastián 4 años. (Otro motivo por el que no me cuadra que Sebastián tenga 23. 23-4= 19. Emilia no puede tener 19.)
Soledad, sabemos que tiene 20, se ha dicho en alguna ocasión, por lo cual, si Salvador murió hace 7-8 años Soledad lo mató con 12-13. Sorprendente y cruel, que una niña con tan corta edad tenga que sufrir los abusos de su padre y llegar al punto de matarlo.
A ver, no lo sé seguro pero, antiguamente el hombre se trasladaba a vivir al pueblo/ciudad de su esposa. Pedro se trasladó a Puente Viejo por Dolores, Salvador a Puente Viejo por Francisca y supongo que Raimundo a Villafranca por Natalia. Por lo cual Raimundo se fue a vivir a Villafranca cuando se casó con Natalia. Al menos así lo he encajado yo en mi historia.
De lo del embarazo de Francisca… pues escribiendo mi relato hice un resumen que al final no me sirvió para meterlo dentro de la historia. Si queréis ahora lo corrijo y os lo pongo. Ya veré como lo explico después en GOTAS DEL PASADO. Que por cierto hoy ya no, pero creo que mañana tampoco os podré poner la continuación.
#3978
01/11/2011 19:55
Gracias Miri por el comentario ;D no se que pnerle de titulo ... ideas?
despues intento continuar
despues intento continuar
#3979
01/11/2011 20:16
Me alegro de que te hayas animado a escribir Harriet, espero continuación! Respecto al título ahora mismo no sé decirte todavía, necesito ver un poco por donde va ir!!
Me gusta ese hilo temporal que habéis hecho, la verdad es que esto de las fechas está un poco lioso. Mi hipótesis con respecto al embarazo de Francisca la he plasmado en el relato, así que de momento no digo nada.
Dedicado a todas las que identificáis el tema de Pepa-Carlos con nuestros tortolitos
Se ve un poco borroso porque está procesándolo, mañana se verá con mejor calidad. Espero que os guste
Me gusta ese hilo temporal que habéis hecho, la verdad es que esto de las fechas está un poco lioso. Mi hipótesis con respecto al embarazo de Francisca la he plasmado en el relato, así que de momento no digo nada.
Dedicado a todas las que identificáis el tema de Pepa-Carlos con nuestros tortolitos
Se ve un poco borroso porque está procesándolo, mañana se verá con mejor calidad. Espero que os guste
#3980
01/11/2011 20:18
harriet guapa...joe que fuerza de relato!! madre mia petrificada me he quedado sigue por dios...no lo dejes ehh?!!
chicas...que raro se me hace un martes sin novela eh?! jajajaj bueno voy a ver el capi que aun no lo he visto!!
besotes!!
chicas...que raro se me hace un martes sin novela eh?! jajajaj bueno voy a ver el capi que aun no lo he visto!!
besotes!!