El Rincón de Francisca y Raimundo:ESTE AMOR SE MERECE UN YACIMIENTO (TUNDA TUNDA) Gracias María y Ramon
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08/06/2011 23:44
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#3921
29/10/2011 12:00
Silvia vámonos a buscarlos.. Lo hacemos por nuestro bien y el de ellos que cuando vuelvan se van a encontrar un panorama
#3922
29/10/2011 12:05
Buenas amores!
Cris MARAVILLOSO.Me causas mil sensaciones mientras leo tu historia.Me pones la piel de gallina.Increible! (por cierto,yo también tardo mucho en escribir,porque también lo hago primero en papel y luego lo paso aquí jeje manías que tiene una....)
Rocio,ahora mismo te leo!
En fin, estaba inspirada y en un segundín os he escrito la escena alternativa del avance que pidió miri.He utilizado las mismas frases que se escuchan entre Francisca y Gregoria en el avance.Espero que os guste ;)
Gregoria volvía ya de regreso a su consultorio. Había salido temprano de su casa, sin rumbo fijo, tratando de despejar sus pensamientos y aliviar su corazón. Después del encontronazo que había tenido con Pepa la noche pasada, y en el que Tristán había tomado parte a favor de la partera, se sentía poco más que desdichada. Sabía de antemano que sus posibilidades con Tristán eran escasas, pero aun así, una parte de ella mantenía la esperanza de poder llegar a ser algún día, la Señora de Tristán Castro Montenegro y que él pudiera llegar a enamorarse de ella. Después de lo acontecido, daba por perdidas todas sus esperanzas.
Pepa ya no esa esa muchacha desesperada, que se sentía perdida y desorientada en la vida por la pérdida de su hijo. Ahora era una mujer fuerte, que estaba dispuesta a recuperar todo lo que había perdido por el camino en las últimas semanas, empezando por sus pacientes y siguiendo por Tristán. Suspiró resignada. Era una batalla perdida para ella.
- Buenos días doctora. Parece apesadumbrada -. La voz de Francisca Montenegro, que se había parado frente a ella, le sobresaltó, sacándola de sus pensamientos.
- Buenos días, Doña Francisca. No…no se preocupe, estoy bien -.
Francisca sonrió de medio lado. – No es eso lo que ha llegado a mis oídos doctora -. Observó a la muchacha, que se había quedado sorprendida ante tal afirmación. – Vamos, no ponga esa cara. Poco o nada es lo que a mí se me escapa de lo que ocurre en este pueblo -. Arqueó una ceja de manera irónica. - ¿O acaso va a negarme que ayer tuvo un…desafortunado encuentro con la partera? -.
Gregoria no podía dar crédito. ¿Cómo era posible que esa mujer se enterara de todo?
- Es cierto, ayer…Pepa y yo tuvimos unas palabras, pero eso fue todo. Será mejor olvidar el asunto. Y ahora si me disculpa…-. Hizo intención de marcharse, pero Francisca le detuvo sujetándole un brazo.
- No se enfade doctora. Yo solo quiero ayudarle -. Francisca cruzó sus manos aferrando el abanico. – Con mi ayuda, Tristán será todo suyo y Pepa, desaparecerá del mapa, para siempre -.
Gregoria le miró extrañada.
- ¿De qué está hablando Doña Francisca? ¿Qué es lo que pretende? -.
Francisca sonrió triunfante. – Sé que Pepa quiere recuperar su trabajo como partera. Muy bien. Concédaselo. -. La doctora no entendía nada. ¿Así pretendía ayudarle a conseguir a Tristán? ¿Cediendo a las demandas de esa partera?
- Doña Francisca, discúlpeme, pero no le sigo -.
- Ambas queremos que esa mujer desaparezca de nuestras vidas. Y qué mejor forma que haciéndole llegar a las pacientes con partos…digamos…complicados. Si una de esas pacientes sufriera un final trágico, Pepa tendría la culpa por su negligencia y pagaría las consecuencias -.
Gregoria se asustó ante el rumbo que estaba tomando esa conversación.
- Aquí nadie ha hablado de muertes -. Le dijo con voz temerosa.
- Dios no lo quiera – habló Francisca - Pero si infortunadamente eso sucediera, usted y yo nos libraríamos de esa partera del demonio para siempre -.
Dejó que sus palabras calaran en la doctora, que se había quedado pálida por un momento, aunque sopesaba lo que le había propuesto hace un instante. De pronto, algo llamó su atención. Al fondo, junto a la Casa de Comidas, Raimundo acababa de aparecer frente a ellas. Se le secó la boca ante su visión. Eran varios los días que habían pasado sin que se cruzaran sus caminos, y a pesar de los problemas que le acuciaban en estos días, no había podido evitar echarle de menos. Como sucedía siempre que pasaban más de tres días sin que se vieran.
Cris MARAVILLOSO.Me causas mil sensaciones mientras leo tu historia.Me pones la piel de gallina.Increible! (por cierto,yo también tardo mucho en escribir,porque también lo hago primero en papel y luego lo paso aquí jeje manías que tiene una....)
Rocio,ahora mismo te leo!
En fin, estaba inspirada y en un segundín os he escrito la escena alternativa del avance que pidió miri.He utilizado las mismas frases que se escuchan entre Francisca y Gregoria en el avance.Espero que os guste ;)
Gregoria volvía ya de regreso a su consultorio. Había salido temprano de su casa, sin rumbo fijo, tratando de despejar sus pensamientos y aliviar su corazón. Después del encontronazo que había tenido con Pepa la noche pasada, y en el que Tristán había tomado parte a favor de la partera, se sentía poco más que desdichada. Sabía de antemano que sus posibilidades con Tristán eran escasas, pero aun así, una parte de ella mantenía la esperanza de poder llegar a ser algún día, la Señora de Tristán Castro Montenegro y que él pudiera llegar a enamorarse de ella. Después de lo acontecido, daba por perdidas todas sus esperanzas.
Pepa ya no esa esa muchacha desesperada, que se sentía perdida y desorientada en la vida por la pérdida de su hijo. Ahora era una mujer fuerte, que estaba dispuesta a recuperar todo lo que había perdido por el camino en las últimas semanas, empezando por sus pacientes y siguiendo por Tristán. Suspiró resignada. Era una batalla perdida para ella.
- Buenos días doctora. Parece apesadumbrada -. La voz de Francisca Montenegro, que se había parado frente a ella, le sobresaltó, sacándola de sus pensamientos.
- Buenos días, Doña Francisca. No…no se preocupe, estoy bien -.
Francisca sonrió de medio lado. – No es eso lo que ha llegado a mis oídos doctora -. Observó a la muchacha, que se había quedado sorprendida ante tal afirmación. – Vamos, no ponga esa cara. Poco o nada es lo que a mí se me escapa de lo que ocurre en este pueblo -. Arqueó una ceja de manera irónica. - ¿O acaso va a negarme que ayer tuvo un…desafortunado encuentro con la partera? -.
Gregoria no podía dar crédito. ¿Cómo era posible que esa mujer se enterara de todo?
- Es cierto, ayer…Pepa y yo tuvimos unas palabras, pero eso fue todo. Será mejor olvidar el asunto. Y ahora si me disculpa…-. Hizo intención de marcharse, pero Francisca le detuvo sujetándole un brazo.
- No se enfade doctora. Yo solo quiero ayudarle -. Francisca cruzó sus manos aferrando el abanico. – Con mi ayuda, Tristán será todo suyo y Pepa, desaparecerá del mapa, para siempre -.
Gregoria le miró extrañada.
- ¿De qué está hablando Doña Francisca? ¿Qué es lo que pretende? -.
Francisca sonrió triunfante. – Sé que Pepa quiere recuperar su trabajo como partera. Muy bien. Concédaselo. -. La doctora no entendía nada. ¿Así pretendía ayudarle a conseguir a Tristán? ¿Cediendo a las demandas de esa partera?
- Doña Francisca, discúlpeme, pero no le sigo -.
- Ambas queremos que esa mujer desaparezca de nuestras vidas. Y qué mejor forma que haciéndole llegar a las pacientes con partos…digamos…complicados. Si una de esas pacientes sufriera un final trágico, Pepa tendría la culpa por su negligencia y pagaría las consecuencias -.
Gregoria se asustó ante el rumbo que estaba tomando esa conversación.
- Aquí nadie ha hablado de muertes -. Le dijo con voz temerosa.
- Dios no lo quiera – habló Francisca - Pero si infortunadamente eso sucediera, usted y yo nos libraríamos de esa partera del demonio para siempre -.
Dejó que sus palabras calaran en la doctora, que se había quedado pálida por un momento, aunque sopesaba lo que le había propuesto hace un instante. De pronto, algo llamó su atención. Al fondo, junto a la Casa de Comidas, Raimundo acababa de aparecer frente a ellas. Se le secó la boca ante su visión. Eran varios los días que habían pasado sin que se cruzaran sus caminos, y a pesar de los problemas que le acuciaban en estos días, no había podido evitar echarle de menos. Como sucedía siempre que pasaban más de tres días sin que se vieran.
#3923
29/10/2011 12:12
Le observó unos segundos, segura en la distancia y en que él no había reparado en ellas. Vio cómo se sentaba en el banco que estaba junto a la posada y echaba la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos. Las piernas casi dejan de sostenerla cuando le vio así, tan relajado. Y no como él se mostraba cuando estaban juntos en alguna de sus arduas discusiones.
- Piénselo doctora. Con Dios. -. Se despidió de ella, presurosa por acercarse al objeto de sus desvelos. Raimundo. Su amor.
Raimundo Ulloa salió para tomar un poco el fresco. Minutos antes, había casi partido la cara a Severiano cuando este intentó acercarse a Emilia, seguramente para contarle alguna de sus milongas y hacerse perdonar. Afortunadamente, su hija había abierto los ojos y ya no se dejaba engañar por sus bonitas palabras. Pero Severiano, en un último intento de hacerse perdonar, agarró a su hija con fuerza y él perdió los estribos. Había cerrado su puño derecho, y este había terminado estampado en la cara de Severiano. Suspiró apenado. Él, un hombre cabal, contrario a la violencia, había terminado agrediendo salvajemente a ese desgraciado. Pero lo más curioso, es que no se arrepentía de ello para nada. Se frotó los doloridos nudillos. Una leve hinchazón estaba comenzando a hacer su aparición. Decidió que más tarde se acercaría al consultorio de la doctora. Pero ahora, lo único que quería era relajarse.
- Dichosos los ojos tabernero -. Esa voz. Le penetró en el cuerpo causándole un intenso escalofrío que le llegó hasta el alma. Llevaba tantos días sin verla…la había extrañado, aunque se empeñara en no reconocerlo. Empezó a palpitarle el corazón con fuerza. Abrió los ojos, embriagándose de nuevo con la imagen de su pequeña.
- Buenos días a ti también Francisca. ¿Qué asunto de tu enorme interés te ha hecho venir hasta el pueblo? -. Seguía frotándose la mano que tenía dolorida, aunque ya no sintiera de repente dolor alguno. Solo pretendía mantenerlas ocupadas para no hacerle ver cómo le temblaban al tenerla frente a él.
- Interés en venir aquí ninguno Raimundo -. Sonrió a su pesar. Estaba tan apuesto, ahí sentado, mirándola con esos profundos ojos castaños… Carraspeó al darse cuenta del camino que tomaban sus pensamientos. Observó que la mano de Raimundo estaba algo hinchada y con un intenso color rojizo. -¿Has…has tenido algún percance? -. Esperaba que su voz no hubiera sonado demasiado preocupada. Raimundo estaba tan perdido en su mirada también, que le costó unos segundos caer en la cuenta de a qué se refería ella. – Lo digo por tu mano -. Dijo ella mientras le señalaba con un gesto la mano que tenía herida.
- ¿Preocupada Francisca? Me sorprendes -. Raimundo sonrió durante un segundo al ver el gesto de rabia que surgió en el rostro de ella. – No es nada, solo que…-. Se quedó callado. ¿Por qué se veía en la necesidad de contárselo? Era mejor callar.
- ¿Solo que…? -. Le animó a seguir ella. Pero Raimundo no quiso continuar. Pasaron un par de minutos en los que el silencio era el único testigo de sus miradas. Ella se sintió rechazada y lo disimuló atacándole.
- ¿No me digas que ahora también te vas peleando por ahí como un vulgar bribonzuelo? -. Arqueó una ceja. – Sigues cubriéndote de gloria, Raimundo. Seguro que fue una pelea de taberna entre borrachos ¿me equivoco? -.
Raimundo empezó a respirar con fuerza, visiblemente enfadado ante sus palabras.
– Te equivocas de pleno Francisca, pero piensa lo que quieras, no me importa -.
- Siempre lo hago, Raimundo. Es la ventaja de ser poderosa y superior al resto -. Estaba enfadada, pero disgustada a la vez. Quería saber el motivo por el cual Raimundo se había peleado. – Aunque...espera un momento…-. Se daba golpecitos en la sien con el dedo índice, como si estuviera cavilando. - A lo mejor ha sido por defender lo poco de honor que le queda a tu hija -. Sonrió victoriosa al ver la cara de Raimundo. Sabía que había dado en el clavo. – Sí, así es…Espero que al menos salieras triunfador. Ya no tienes edad de andar metiéndote en peleas, tabernero -.
Raimundo tuvo que contener la saga de improperios que pugnaban por salir de su boca, pero se contuvo.
- Si la pelea es por defender a los míos, a los que amo con toda mi alma, lo haría una y mil veces Francisca -.
Ella se quedó en silencio un momento. Un instante en el que mudó su expresión y sus ojos se entristecieron. Pero aun así, sonrió.
- Qué loable por tu parte Raimundo. Lástima que no mostraras esa actitud tan valerosa cuando Salvador Castro me molía a palos una noche sí y otra también -. Raimundo se había quedado sin respiración, pero ella siguió hablando. – Pero claro, yo no formaba parte de…los tuyos, de la gente a la que amabas con toda tu alma -.
Raimundo notó su corazón arrancado de cuajo y lanzado al suelo con desprecio. Si ella supiera que intentó salvarle de ese monstruo….
Francisca fue consciente al momento de la confesión que había salido por su boca y quiso morirse. ¿Por qué había dicho eso? Era hora de marcharse de ahí con la poca dignidad que le quedaba.
- En fin, creo que ha llegado el momento de marcharme -. Quiso parecer entera aunque se estuviera muriendo por dentro. – Con Dios -. Estaba comenzando a girarse cuando Raimundo le sostuvo del brazo.
- Francisca…-. Había pena en su voz. Dolor. Arrepentimiento. Compasión.
- No te atrevas a compadecerte de mí Raimundo, no lo necesito -. Se soltó de su agarre. – Soy una Montenegro -. Y siguió caminando lentamente, mientras las lágrimas amenazaban con derramarse.
- Intenté salvarte de él Francisca -. Raimundo habló en voz alta tratando de hacerse escuchar. – Traté de alejarte del horror que estabas padeciendo a su lado, y llevarte conmigo -.
Francisca estaba paralizada en el sitio, escuchando todas y cada una de las palabras de Raimundo.
- Pero él amenazó con matarte allí mismo delante de mí. A ti y a tu hijo, si yo volvía a aparecer por la Casona. Y luego tú, te aliaste con él para quitarme todo lo que tenía….-. Los recuerdos le embargaron entristeciendo su alma de nuevo.
- Otra vez noble y cobarde Raimundo. Sacrificándote de nuevo por mí, ¿no es cierto? -. Ella no se había vuelto a mirarle, seguía de espaldas.
Él percibió la ironía en su voz. - ¡Iba a matarte si yo no me alejaba!. ¿Qué podía hacer? -.
Ella entonces se giró, con lágrimas en los ojos.
– Tal vez hubiera sido mejor que dejaras que me hubiera matado entonces, Raimundo. Nos habríamos ahorrado demasiados sufrimientos -.
Salió caminando lo más dignamente que pudo y desapareció por la plaza. Raimundo estaba petrificado, con el corazón en la boca. Su Francisca, su pequeña, acababa de abrir de nuevo la herida que le atormentaba el alma desde hacía ya muchos años, y que él aún no había podido perdonarse. Dejarla en manos de ese malnacido de Salvador Castro.
Fin....
EDITO: JODOOOO Rocio, me has dejado muerta! tengo las manos temblando mientras escribo.Maravilloso comienzo.Enhorabuena amiga
- Piénselo doctora. Con Dios. -. Se despidió de ella, presurosa por acercarse al objeto de sus desvelos. Raimundo. Su amor.
Raimundo Ulloa salió para tomar un poco el fresco. Minutos antes, había casi partido la cara a Severiano cuando este intentó acercarse a Emilia, seguramente para contarle alguna de sus milongas y hacerse perdonar. Afortunadamente, su hija había abierto los ojos y ya no se dejaba engañar por sus bonitas palabras. Pero Severiano, en un último intento de hacerse perdonar, agarró a su hija con fuerza y él perdió los estribos. Había cerrado su puño derecho, y este había terminado estampado en la cara de Severiano. Suspiró apenado. Él, un hombre cabal, contrario a la violencia, había terminado agrediendo salvajemente a ese desgraciado. Pero lo más curioso, es que no se arrepentía de ello para nada. Se frotó los doloridos nudillos. Una leve hinchazón estaba comenzando a hacer su aparición. Decidió que más tarde se acercaría al consultorio de la doctora. Pero ahora, lo único que quería era relajarse.
- Dichosos los ojos tabernero -. Esa voz. Le penetró en el cuerpo causándole un intenso escalofrío que le llegó hasta el alma. Llevaba tantos días sin verla…la había extrañado, aunque se empeñara en no reconocerlo. Empezó a palpitarle el corazón con fuerza. Abrió los ojos, embriagándose de nuevo con la imagen de su pequeña.
- Buenos días a ti también Francisca. ¿Qué asunto de tu enorme interés te ha hecho venir hasta el pueblo? -. Seguía frotándose la mano que tenía dolorida, aunque ya no sintiera de repente dolor alguno. Solo pretendía mantenerlas ocupadas para no hacerle ver cómo le temblaban al tenerla frente a él.
- Interés en venir aquí ninguno Raimundo -. Sonrió a su pesar. Estaba tan apuesto, ahí sentado, mirándola con esos profundos ojos castaños… Carraspeó al darse cuenta del camino que tomaban sus pensamientos. Observó que la mano de Raimundo estaba algo hinchada y con un intenso color rojizo. -¿Has…has tenido algún percance? -. Esperaba que su voz no hubiera sonado demasiado preocupada. Raimundo estaba tan perdido en su mirada también, que le costó unos segundos caer en la cuenta de a qué se refería ella. – Lo digo por tu mano -. Dijo ella mientras le señalaba con un gesto la mano que tenía herida.
- ¿Preocupada Francisca? Me sorprendes -. Raimundo sonrió durante un segundo al ver el gesto de rabia que surgió en el rostro de ella. – No es nada, solo que…-. Se quedó callado. ¿Por qué se veía en la necesidad de contárselo? Era mejor callar.
- ¿Solo que…? -. Le animó a seguir ella. Pero Raimundo no quiso continuar. Pasaron un par de minutos en los que el silencio era el único testigo de sus miradas. Ella se sintió rechazada y lo disimuló atacándole.
- ¿No me digas que ahora también te vas peleando por ahí como un vulgar bribonzuelo? -. Arqueó una ceja. – Sigues cubriéndote de gloria, Raimundo. Seguro que fue una pelea de taberna entre borrachos ¿me equivoco? -.
Raimundo empezó a respirar con fuerza, visiblemente enfadado ante sus palabras.
– Te equivocas de pleno Francisca, pero piensa lo que quieras, no me importa -.
- Siempre lo hago, Raimundo. Es la ventaja de ser poderosa y superior al resto -. Estaba enfadada, pero disgustada a la vez. Quería saber el motivo por el cual Raimundo se había peleado. – Aunque...espera un momento…-. Se daba golpecitos en la sien con el dedo índice, como si estuviera cavilando. - A lo mejor ha sido por defender lo poco de honor que le queda a tu hija -. Sonrió victoriosa al ver la cara de Raimundo. Sabía que había dado en el clavo. – Sí, así es…Espero que al menos salieras triunfador. Ya no tienes edad de andar metiéndote en peleas, tabernero -.
Raimundo tuvo que contener la saga de improperios que pugnaban por salir de su boca, pero se contuvo.
- Si la pelea es por defender a los míos, a los que amo con toda mi alma, lo haría una y mil veces Francisca -.
Ella se quedó en silencio un momento. Un instante en el que mudó su expresión y sus ojos se entristecieron. Pero aun así, sonrió.
- Qué loable por tu parte Raimundo. Lástima que no mostraras esa actitud tan valerosa cuando Salvador Castro me molía a palos una noche sí y otra también -. Raimundo se había quedado sin respiración, pero ella siguió hablando. – Pero claro, yo no formaba parte de…los tuyos, de la gente a la que amabas con toda tu alma -.
Raimundo notó su corazón arrancado de cuajo y lanzado al suelo con desprecio. Si ella supiera que intentó salvarle de ese monstruo….
Francisca fue consciente al momento de la confesión que había salido por su boca y quiso morirse. ¿Por qué había dicho eso? Era hora de marcharse de ahí con la poca dignidad que le quedaba.
- En fin, creo que ha llegado el momento de marcharme -. Quiso parecer entera aunque se estuviera muriendo por dentro. – Con Dios -. Estaba comenzando a girarse cuando Raimundo le sostuvo del brazo.
- Francisca…-. Había pena en su voz. Dolor. Arrepentimiento. Compasión.
- No te atrevas a compadecerte de mí Raimundo, no lo necesito -. Se soltó de su agarre. – Soy una Montenegro -. Y siguió caminando lentamente, mientras las lágrimas amenazaban con derramarse.
- Intenté salvarte de él Francisca -. Raimundo habló en voz alta tratando de hacerse escuchar. – Traté de alejarte del horror que estabas padeciendo a su lado, y llevarte conmigo -.
Francisca estaba paralizada en el sitio, escuchando todas y cada una de las palabras de Raimundo.
- Pero él amenazó con matarte allí mismo delante de mí. A ti y a tu hijo, si yo volvía a aparecer por la Casona. Y luego tú, te aliaste con él para quitarme todo lo que tenía….-. Los recuerdos le embargaron entristeciendo su alma de nuevo.
- Otra vez noble y cobarde Raimundo. Sacrificándote de nuevo por mí, ¿no es cierto? -. Ella no se había vuelto a mirarle, seguía de espaldas.
Él percibió la ironía en su voz. - ¡Iba a matarte si yo no me alejaba!. ¿Qué podía hacer? -.
Ella entonces se giró, con lágrimas en los ojos.
– Tal vez hubiera sido mejor que dejaras que me hubiera matado entonces, Raimundo. Nos habríamos ahorrado demasiados sufrimientos -.
Salió caminando lo más dignamente que pudo y desapareció por la plaza. Raimundo estaba petrificado, con el corazón en la boca. Su Francisca, su pequeña, acababa de abrir de nuevo la herida que le atormentaba el alma desde hacía ya muchos años, y que él aún no había podido perdonarse. Dejarla en manos de ese malnacido de Salvador Castro.
Fin....
EDITO: JODOOOO Rocio, me has dejado muerta! tengo las manos temblando mientras escribo.Maravilloso comienzo.Enhorabuena amiga
#3924
29/10/2011 12:40
Chicasssssss en un ratito me voy a trabajar así que gracias por vuestros relatos aunque en este caso son un poco tristes.
Cris hija, como tienes tu rodilla, espero que no sea mucho, en cuanto al relato...¿por cierto, tiene título? me encanta, ese momento cuando Raimundo le ha besado el hombro y ella le dice que no haga eso me ha parecido sensacional y es que hay que comprender a Francisca, solo le queda un cachito de su corazón y no quiere perderlo, aunque la frase última de Raimundo es una pasada, pues claro que no te ha podido olvidar, tonto, eres el amor de su vida. En cuanto al tío ese...mmmm...no se no se, ya veremos, de momento lo dejo en cuarentena.
Rocío, que mal hija y que bien, quiero decir, que guay que hayas comenzado una nueva historia y que mal por que aparece el Salvador ese, que cerdo y lo peor es que mierdas de hombres como esos los hay a patadas, no me extraña que Francisca se volviera como es, una vida así no hay quien la soporte si no te vuelves de piedra. Tristan de chiquitín...pues como va a ser sabiendo quienes son sus padres, pues guapo, listo e inquieto, la verdad es que es una monada.
Ruth, precioso, me gusta que termine así, aunque me de penica que no estén juntos pero la verdad es que así es más realista.
Cuando se me va la olla en mis momentos aburridos en el curro pienso si yo en el lugar de Francisca perdonaría a Raimundo y la verdad es que no lo sé, la abandona sin pedirle opinón (¿y si ella hubiera preferido ser pobre junto a él que mantener su posición?), para colmo está embarazada por lo que se casa con el primero que pilla que es un sádico que hace que su vida sea un infierno, para seguir, pongamonos en el caso de la historia de Ruth y que Raimundo hubiera ido a buscarla, él vuelve a ser un cobarde y cae bajo las amenazas de Salvador y en lugar de enfrenterse a él el miedo le vuelve a ganar y la deja otra vez tirada. Uf de verdad que si yo fuera Francisca por mucho que lo quisiera haría que se lo currara muy muy mucho.
Cris hija, como tienes tu rodilla, espero que no sea mucho, en cuanto al relato...¿por cierto, tiene título? me encanta, ese momento cuando Raimundo le ha besado el hombro y ella le dice que no haga eso me ha parecido sensacional y es que hay que comprender a Francisca, solo le queda un cachito de su corazón y no quiere perderlo, aunque la frase última de Raimundo es una pasada, pues claro que no te ha podido olvidar, tonto, eres el amor de su vida. En cuanto al tío ese...mmmm...no se no se, ya veremos, de momento lo dejo en cuarentena.
Rocío, que mal hija y que bien, quiero decir, que guay que hayas comenzado una nueva historia y que mal por que aparece el Salvador ese, que cerdo y lo peor es que mierdas de hombres como esos los hay a patadas, no me extraña que Francisca se volviera como es, una vida así no hay quien la soporte si no te vuelves de piedra. Tristan de chiquitín...pues como va a ser sabiendo quienes son sus padres, pues guapo, listo e inquieto, la verdad es que es una monada.
Ruth, precioso, me gusta que termine así, aunque me de penica que no estén juntos pero la verdad es que así es más realista.
Cuando se me va la olla en mis momentos aburridos en el curro pienso si yo en el lugar de Francisca perdonaría a Raimundo y la verdad es que no lo sé, la abandona sin pedirle opinón (¿y si ella hubiera preferido ser pobre junto a él que mantener su posición?), para colmo está embarazada por lo que se casa con el primero que pilla que es un sádico que hace que su vida sea un infierno, para seguir, pongamonos en el caso de la historia de Ruth y que Raimundo hubiera ido a buscarla, él vuelve a ser un cobarde y cae bajo las amenazas de Salvador y en lugar de enfrenterse a él el miedo le vuelve a ganar y la deja otra vez tirada. Uf de verdad que si yo fuera Francisca por mucho que lo quisiera haría que se lo currara muy muy mucho.
#3925
29/10/2011 12:47
miri,me tienes con el corazón encogido...ahora los otros se estrellan con el carruaje?? ¡pero esto qué es! que mi Paca necesita las medicinas de la doctora! qué angustia....
aunque bueno,al menos Raimundo está ahora con ella.Como en uno de los delirios a ella se le escape algo,a mi Rai se le cae el alma!
sigue!!
p.d. Si,ya se que es poco probable que los dos momentos (leche al Seve y Francisca en la plaza) sean casi sucesivos en el tiempo,pero bueno,decidí cuadrarlo así para meter algo de la historia de Francisca con Salvador.
Yo dudo hasta que se Francisca y Raimundo se vean....
aunque bueno,al menos Raimundo está ahora con ella.Como en uno de los delirios a ella se le escape algo,a mi Rai se le cae el alma!
sigue!!
p.d. Si,ya se que es poco probable que los dos momentos (leche al Seve y Francisca en la plaza) sean casi sucesivos en el tiempo,pero bueno,decidí cuadrarlo así para meter algo de la historia de Francisca con Salvador.
Yo dudo hasta que se Francisca y Raimundo se vean....
#3926
29/10/2011 12:52
Miri ay madre con lo del carruaje, que tensión, que recuperen esas medicinas!!Y Raimundo esta ya a un pasito, si,que ganas de leerlo tengo ya ;) si es que no puede evitar preocuparse. Me encanta que metais a Rosario porque esa mujer creo yo que los entiende más que nadie ^_^
Ruth yo de verdad te mando a trabajar a la serie pero ya, yo también dudo que se vean asi que gracias por escribirlo, esa rabia contenida si es que tiene que explotar por algun lado, me da mucha pena de verdad, esperemos que algun días no expliquen lo del conocimiento de que Raimundo sabia que la pegaba.....porque vamos, algo gordisimo tuvo que pasar o con lo que le tuvo que amenazar para que no hiciera nada. Yo entraba por la noche y me la llevaba cuando todos estuvieran durmiendo,que historia más dura la de estos dos, la verdad.
Cris que se me ha olvidado preguntarte, ¿que tal tu rodilla?¿mejor?
Mariajo que te sea leve el curramen ^^
Ruth yo de verdad te mando a trabajar a la serie pero ya, yo también dudo que se vean asi que gracias por escribirlo, esa rabia contenida si es que tiene que explotar por algun lado, me da mucha pena de verdad, esperemos que algun días no expliquen lo del conocimiento de que Raimundo sabia que la pegaba.....porque vamos, algo gordisimo tuvo que pasar o con lo que le tuvo que amenazar para que no hiciera nada. Yo entraba por la noche y me la llevaba cuando todos estuvieran durmiendo,que historia más dura la de estos dos, la verdad.
Cris que se me ha olvidado preguntarte, ¿que tal tu rodilla?¿mejor?
Mariajo que te sea leve el curramen ^^
#3927
29/10/2011 14:42
Madre del amor hermoso, me tenéis... ufff temblando.
Rocío, me encanta tu nuevo relato, como no podía ser de otra manera. El pequeño Tristán, jugando con su madre y el... de Salvador sin dejarles vivir... ufff. Pobre Francisca, como tuvo que sufrir. Espero impaciente tu continuación.
Kera, final podemos decir que amargo para tu mini pero... dada la situación, tenía que serlo. Espero que aunque sea para recriminarse cosas tengamos escena esta próxima semana. Y que Francisca no se pase mucho, que ya la conocemos...
Miri................................. FANTÁSTICO. Si casi me dolía a mi lo que estaba sufriendo Francisca, de verdad, impresionante. No me importaría a mi una escena así, aunque verla con este par de actorazos sería acabar en un mar de lágrimas y pasarlo muy mal aysss. De verdad, que manera de escribir.
Que de talento hay en este foro y con las pocas escenas que hemos tenido. Que menos para la mejor trama de Puente Viejo.
PD: Mariajo, al relato había pensado llamarlo Jóvenes eternamente, en honor a esa maravillosa canción del video de Miri, que me enamoró. ¿Qué opináis?
Rocío, me encanta tu nuevo relato, como no podía ser de otra manera. El pequeño Tristán, jugando con su madre y el... de Salvador sin dejarles vivir... ufff. Pobre Francisca, como tuvo que sufrir. Espero impaciente tu continuación.
Kera, final podemos decir que amargo para tu mini pero... dada la situación, tenía que serlo. Espero que aunque sea para recriminarse cosas tengamos escena esta próxima semana. Y que Francisca no se pase mucho, que ya la conocemos...
Miri................................. FANTÁSTICO. Si casi me dolía a mi lo que estaba sufriendo Francisca, de verdad, impresionante. No me importaría a mi una escena así, aunque verla con este par de actorazos sería acabar en un mar de lágrimas y pasarlo muy mal aysss. De verdad, que manera de escribir.
Que de talento hay en este foro y con las pocas escenas que hemos tenido. Que menos para la mejor trama de Puente Viejo.
PD: Mariajo, al relato había pensado llamarlo Jóvenes eternamente, en honor a esa maravillosa canción del video de Miri, que me enamoró. ¿Qué opináis?
#3928
29/10/2011 15:11
Miri ,gracias de verdad, es que me he emocionado y todo, veo algo asi en la televisión interpretado por ellos y es que se me remueve todo, con su enfermedad espero que nos regalen algo asi ;)
Cris me encanta ese nombre, creo que es perfecto, esa manera que tienes tu de introducir el pasado en tu historia es realmente única, le va ni que pintado ;)
Cris me encanta ese nombre, creo que es perfecto, esa manera que tienes tu de introducir el pasado en tu historia es realmente única, le va ni que pintado ;)
#3929
29/10/2011 15:46
miri,me tienes en un ¡ay!.
precioso,precioso! quiero leer más,sigue por favor!
No tengo perdón.Pensé que había comentado el final de "Un perfecto malentendido" y no ha sido así.Rocio,perdóname! ese final ha sido sublime.Una maravilla como todo tu relato en general.Gracias por regalarnos esta joya.
Cris,tampoco agradecí tu video de la Paca drogada...me muero de la risa cada vez que lo veo xD Maria está fantástica en esa escena.Es una pena que no le pongan en ese tipo de situaciones mas a menudo.¿Cómo sigues de la rodilla?
EDITO: siempre se me olvida algo! qué desastre...Me parece perfecto el título que has pensado Cris.Le va perfecto a la historia,me encanta!
En cuanto al mini que escribí antes,era necesario que terminara de esa manera.A mi tampoco me gusta ponerles discutiendo y lanzándose puyas,pero si quiero que sea realista ha de ser así.Yo adoro a Raimundo,pero estoy de acuerdo con mariajo.Me costaría mucho perdonarle...a mi no me gusta que decidan por mí,y menos si son asuntos de esa índole.Creo que Rai,a pesar de las perrerías que le ha hecho Paca,debería currárselo mucho con ella.
precioso,precioso! quiero leer más,sigue por favor!
No tengo perdón.Pensé que había comentado el final de "Un perfecto malentendido" y no ha sido así.Rocio,perdóname! ese final ha sido sublime.Una maravilla como todo tu relato en general.Gracias por regalarnos esta joya.
Cris,tampoco agradecí tu video de la Paca drogada...me muero de la risa cada vez que lo veo xD Maria está fantástica en esa escena.Es una pena que no le pongan en ese tipo de situaciones mas a menudo.¿Cómo sigues de la rodilla?
EDITO: siempre se me olvida algo! qué desastre...Me parece perfecto el título que has pensado Cris.Le va perfecto a la historia,me encanta!
En cuanto al mini que escribí antes,era necesario que terminara de esa manera.A mi tampoco me gusta ponerles discutiendo y lanzándose puyas,pero si quiero que sea realista ha de ser así.Yo adoro a Raimundo,pero estoy de acuerdo con mariajo.Me costaría mucho perdonarle...a mi no me gusta que decidan por mí,y menos si son asuntos de esa índole.Creo que Rai,a pesar de las perrerías que le ha hecho Paca,debería currárselo mucho con ella.
#3930
29/10/2011 15:51
Aprovechando que los relatos van por estos lares, os dejo esta escena de Tristán y Rosario hablando de Salvador y Francisca.
Me alegro que os guste el título para el relato. De la rodilla estoy mejor, pero pendiente de que me digan alguna cosilla más, gracias por preocuparos!!
Me alegro que os guste el título para el relato. De la rodilla estoy mejor, pero pendiente de que me digan alguna cosilla más, gracias por preocuparos!!
#3931
29/10/2011 17:24
Qué final miri,qué final!!
Maravilloso,todo lo que esperaba!
Gracias corazón <3
Maravilloso,todo lo que esperaba!
Gracias corazón <3
#3932
29/10/2011 19:21
Hola chicas. De verdad que cuánto talento hay en este foro. Con lo fácil que es unir a estos dos... En fin. Si me dejo a alguien perdonarme.
- Rocío cariño. Gracias por esa novela de "un perfecto malentendido". De verdad que estaría chulísimo verles en esa situación. Sería cómica a la par que intensa por todo lo que encierran estos dos. Esa nueva novela tiene buena pinta. Sigueeeeee.
- Kera, me falta vocabulario para decirte que me encantan las escenas que escribes. Ojalá trabajaras para la serie. Sería genial.
- Miri cariño. Me encanta cómo has descrito a la Doña con delirio. Lo has hecho magistralmente.
- Cris sigue así que me encanta cómo escribes el pasado de estos dos.
En cuanto a si perdonaría o no a Raimundo no sé. Yo entiendo a Raimundo también.Enfrentarse a la familia y a la sociedad no es fácil. Si Raimundo y Francisca se hubieran fugado probablemente Raimundo sería acusado de secuestro o incluso si me apuras de violación. Todo con tal de alejarlo de Francisca. Le comprendo bastante. Y en cuanto a por qué no hizo nada yo tengo dos teorías:
- O bien pasó lo que habéis dicho. Que Salvador le amenazó con matarla.
- O ella se volvió tan fría que le dijo por despecho o por venganza que la dejara en paz. Probablemente se sentiría engañada, pensaría que Raimundo se burlaba de ella, que en realidad no la quería y que era un ligón que como es un Ulloa podía estar con cualquiera. Yo me imagino a Raimundo yendo a por ella y ella rechazándole (aunque suene inverosímil a priori)
Vaya tocho que he escrito, a ver quién se lo lee XD. Y ahora otro trozo de mi relato que también está a punto de acabarse.
Raimundo y Francisca caminaban tranquilamente hacia la Casona cogidos de la mano. Cuando llegaron a las puertas ella le dijo:
- Entonces venimos todos aquí sobre la hora de merendar y damos las noticias.
- Raimundo… tengo miedo. – dijo Francisca temerosa.
- Shhh, no temas mi pequeña. Pase lo que pase estaremos juntos. No voy a irme de tu lado ¿de acuerdo? – dijo Raimundo a dos centímetros de ella. - Quizás le cueste asimilarlo en un primer momento pero acabará entendiéndolo. Todo va a salir bien.
Francisca sonrió y atrapando su rostro entre sus manos le besó queriendo absorberle el alma. Así permanecieron unos segundos.
- Hasta esta tarde mi pequeña. – dijo Raimundo sonriente.
- Ya te estoy echando de menos. – dijo Francisca con cara inocente.
- Y yo a ti vida mía. – dijo Raimundo.
Con un gran esfuerzo los dos se separaron hasta la tarde en el que la verdad saldría a la luz.
……..
Raimundo llegó justo a tiempo para pillar todavía a Sebastián desayunando en la casa de comidas antes de irse a la conservera.
- Buenos días hijos. – dijo Raimundo alegremente.
- Buenos días padre ¿Qué tal le fue ayer? – dijo Emilia
- De eso precisamente quería hablaros. Necesito que cerremos esta tarde la casa de comidas y que vayamos a la Casona.
Tanto Sebastián como Emilia se quedaron petrificados. Nunca habían cerrado tanto tiempo.
- ¿A la Casona padre? – dijo Sebastián.
- Francisca y yo tenemos algunas cosas que deciros a todos.
- Padre… no me asuste… - dijo Emilia.
- Tranquila hija. Te aseguro que son buenas noticias. Pero tenéis que estar presente todos. Son cosas que os tocan directamente.
Los dos hermanos se miraron sin entender nada. Finalmente aceptaron por la curiosidad.
- De acuerdo padre. Ahí estaremos. Pero ¿está seguro de cerrar? Mire que puedo pedirle ayuda a los Castañeda. – dijo Emilia
- Déjate, déjate que bastante tienen ya. Además, por una tarde no va a pasar nada créeme.
- Está bien padre, si tan importante es. Iremos. – dijo Sebastián.
- Rocío cariño. Gracias por esa novela de "un perfecto malentendido". De verdad que estaría chulísimo verles en esa situación. Sería cómica a la par que intensa por todo lo que encierran estos dos. Esa nueva novela tiene buena pinta. Sigueeeeee.
- Kera, me falta vocabulario para decirte que me encantan las escenas que escribes. Ojalá trabajaras para la serie. Sería genial.
- Miri cariño. Me encanta cómo has descrito a la Doña con delirio. Lo has hecho magistralmente.
- Cris sigue así que me encanta cómo escribes el pasado de estos dos.
En cuanto a si perdonaría o no a Raimundo no sé. Yo entiendo a Raimundo también.Enfrentarse a la familia y a la sociedad no es fácil. Si Raimundo y Francisca se hubieran fugado probablemente Raimundo sería acusado de secuestro o incluso si me apuras de violación. Todo con tal de alejarlo de Francisca. Le comprendo bastante. Y en cuanto a por qué no hizo nada yo tengo dos teorías:
- O bien pasó lo que habéis dicho. Que Salvador le amenazó con matarla.
- O ella se volvió tan fría que le dijo por despecho o por venganza que la dejara en paz. Probablemente se sentiría engañada, pensaría que Raimundo se burlaba de ella, que en realidad no la quería y que era un ligón que como es un Ulloa podía estar con cualquiera. Yo me imagino a Raimundo yendo a por ella y ella rechazándole (aunque suene inverosímil a priori)
Vaya tocho que he escrito, a ver quién se lo lee XD. Y ahora otro trozo de mi relato que también está a punto de acabarse.
Raimundo y Francisca caminaban tranquilamente hacia la Casona cogidos de la mano. Cuando llegaron a las puertas ella le dijo:
- Entonces venimos todos aquí sobre la hora de merendar y damos las noticias.
- Raimundo… tengo miedo. – dijo Francisca temerosa.
- Shhh, no temas mi pequeña. Pase lo que pase estaremos juntos. No voy a irme de tu lado ¿de acuerdo? – dijo Raimundo a dos centímetros de ella. - Quizás le cueste asimilarlo en un primer momento pero acabará entendiéndolo. Todo va a salir bien.
Francisca sonrió y atrapando su rostro entre sus manos le besó queriendo absorberle el alma. Así permanecieron unos segundos.
- Hasta esta tarde mi pequeña. – dijo Raimundo sonriente.
- Ya te estoy echando de menos. – dijo Francisca con cara inocente.
- Y yo a ti vida mía. – dijo Raimundo.
Con un gran esfuerzo los dos se separaron hasta la tarde en el que la verdad saldría a la luz.
……..
Raimundo llegó justo a tiempo para pillar todavía a Sebastián desayunando en la casa de comidas antes de irse a la conservera.
- Buenos días hijos. – dijo Raimundo alegremente.
- Buenos días padre ¿Qué tal le fue ayer? – dijo Emilia
- De eso precisamente quería hablaros. Necesito que cerremos esta tarde la casa de comidas y que vayamos a la Casona.
Tanto Sebastián como Emilia se quedaron petrificados. Nunca habían cerrado tanto tiempo.
- ¿A la Casona padre? – dijo Sebastián.
- Francisca y yo tenemos algunas cosas que deciros a todos.
- Padre… no me asuste… - dijo Emilia.
- Tranquila hija. Te aseguro que son buenas noticias. Pero tenéis que estar presente todos. Son cosas que os tocan directamente.
Los dos hermanos se miraron sin entender nada. Finalmente aceptaron por la curiosidad.
- De acuerdo padre. Ahí estaremos. Pero ¿está seguro de cerrar? Mire que puedo pedirle ayuda a los Castañeda. – dijo Emilia
- Déjate, déjate que bastante tienen ya. Además, por una tarde no va a pasar nada créeme.
- Está bien padre, si tan importante es. Iremos. – dijo Sebastián.
#3933
29/10/2011 19:21
Francisca se estaba poniendo nerviosa por momentos. Llamaron a la puerta. Rosario seguidamente entró y se dirigió a Francisca.
- Señora, los Ulloa están aquí.
- Hazles pasar Rosario y llama a mis hijos. – dijo Francisca.
- Sí señora.
Vio como Raimundo, Sebastián y Emilia entraban con paso firme en la Casona. Raimundo tenía una gran sonrisa. Sebastián se tomaba la visita más bien con filosofía junto con cierta curiosidad mientras que Emilia más parecía que se estremecía a cada segundo que pasaba en la Casona.
- Venid, venid y sentaos. – dijo Francisca sonriendo para intentar camuflar los nervios que tenía.
Raimundo se puso a su lado, le cogió la mano con fuerza y la besó. Le dedicó una mirada cómplice. Ella le sonrió. Todos se sentaron. La mesa estaba lista para la merienda.
- Servíos tranquilamente. Necesitamos que Tristán y Soledad también estén presentes. – dijo Francisca.
Todos comenzaron a servirse la merienda. Tristán y Soledad llegaron pocos minutos después.
- Disculpad la tardanza pero ha habido una urgencia en los campos. Dos braceros se han abierto la cabeza en los campos. – dijo Tristán.
- Dios mío… ¿están bien?
- Sí tranquila. Nos hemos quedado con ellos hasta que Gregoria nos ha dicho que están fuera de peligro. – dijo Tristán.
- En ese caso sentaos con nosotros. Tenemos dos noticias que anunciaros. – dijo Raimundo.
Tanto Tristán y Soledad se miraron desconcertados. Seguidamente miraron a Sebastián y a Emilia que tenían la misma mirada. Una de ellas parecía clara pero la otra. No se imaginaban que podía ser.
- La primera creo que todos os lo imagináis. – habló Raimundo. – Hemos esperado tanto tiempo para estar juntos que finalmente anoche… le pedí que se casara conmigo.
Todos se quedaron a cuadros con la noticia. Emilia y Sebastián ya se lo intuían pero Tristán y Soledad no.
- Me alegro por ustedes, de verdad. – dijo Sebastián.
- No es que no nos alegremos Tristán y yo madre pero a nosotros nos pilla de sorpresa. – dijo Soledad. – Siempre pensé que ustedes dos eran enemigos.
- Lo sé hija. Creo que ya va siendo hora de que aclaremos las cosas. – dijo Francisca. –
Francisca empezó a relatar punto por punto todo lo que había ocurrido con Raimundo desde que se conocían. Soledad cada vez se iba poniendo más blanca junto con Sebastián y Emilia que aunque conocían la relación no sabían exactamente todos los detalles.
- Ninguno de los dos encontró fuerzas para luchar contra la sociedad ni contra nuestras familias así que terminamos siendo enemigos. – terminó de contar Francisca.
- M…madre… yo… - dijo Soledad cogiéndole la mano a su madre.
- Pero eso no es todo. – dijo Francisca. Raimundo le cogió la mano más fuertemente y la besó. – Tristán… hay algo que tengo que contarte…
- ¿El qué madre?
- Tú sabes que una persona con nuestro… nivel… no puede permitirse ningún escándalo. Nada que pueda empañar el nombre de la familia ¿verdad? – dijo Francisca.
- Lo sé madre.
- Pues eso me llevó a tener que ocultarte cierta verdad durante todo este tiempo. – dijo Francisca.
Tristán se quedó petrificado.
- ¿El qué madre?
- Cuando me casé con Salvador… - lo dijo sin miedo a ese nombre en mucho tiempo - … estaba embarazada.
El tiempo y el mundo se pararon. El silencio que reinaba en la Casona era sepulcral. Francisca sentía que si su hijo no decía algo pronto a ella le daría un ataque. Raimundo aferraba la mano de Francisca con fuerza.
Tristán estaba en estado de shock.
- ¿Qué?
- Lo supe hace poco Tristán. Te lo prometo. – dijo Raimundo.
- Hijo, si él lo hubiera sabido… Dios sabe lo que podrías haber sufrido. No podía dejar que te hiciera daño. – dijo Francisca intentando encontrar la mirada de Tristán.
Soledad, Emilia y Sebastián se quedaron atónitos. Tampoco esperaban semejante noticia. Ahora entendían el sufrimiento que ha estado soportando esta mujer. Defender a un hijo de la persona que amas de las garras de alguien como Salvador.
Tristán estaba tan confundido que de repente se levantó y se fue. Francisca no pudo aguantar las lágrimas. Raimundo la abrazó.
- Señora, los Ulloa están aquí.
- Hazles pasar Rosario y llama a mis hijos. – dijo Francisca.
- Sí señora.
Vio como Raimundo, Sebastián y Emilia entraban con paso firme en la Casona. Raimundo tenía una gran sonrisa. Sebastián se tomaba la visita más bien con filosofía junto con cierta curiosidad mientras que Emilia más parecía que se estremecía a cada segundo que pasaba en la Casona.
- Venid, venid y sentaos. – dijo Francisca sonriendo para intentar camuflar los nervios que tenía.
Raimundo se puso a su lado, le cogió la mano con fuerza y la besó. Le dedicó una mirada cómplice. Ella le sonrió. Todos se sentaron. La mesa estaba lista para la merienda.
- Servíos tranquilamente. Necesitamos que Tristán y Soledad también estén presentes. – dijo Francisca.
Todos comenzaron a servirse la merienda. Tristán y Soledad llegaron pocos minutos después.
- Disculpad la tardanza pero ha habido una urgencia en los campos. Dos braceros se han abierto la cabeza en los campos. – dijo Tristán.
- Dios mío… ¿están bien?
- Sí tranquila. Nos hemos quedado con ellos hasta que Gregoria nos ha dicho que están fuera de peligro. – dijo Tristán.
- En ese caso sentaos con nosotros. Tenemos dos noticias que anunciaros. – dijo Raimundo.
Tanto Tristán y Soledad se miraron desconcertados. Seguidamente miraron a Sebastián y a Emilia que tenían la misma mirada. Una de ellas parecía clara pero la otra. No se imaginaban que podía ser.
- La primera creo que todos os lo imagináis. – habló Raimundo. – Hemos esperado tanto tiempo para estar juntos que finalmente anoche… le pedí que se casara conmigo.
Todos se quedaron a cuadros con la noticia. Emilia y Sebastián ya se lo intuían pero Tristán y Soledad no.
- Me alegro por ustedes, de verdad. – dijo Sebastián.
- No es que no nos alegremos Tristán y yo madre pero a nosotros nos pilla de sorpresa. – dijo Soledad. – Siempre pensé que ustedes dos eran enemigos.
- Lo sé hija. Creo que ya va siendo hora de que aclaremos las cosas. – dijo Francisca. –
Francisca empezó a relatar punto por punto todo lo que había ocurrido con Raimundo desde que se conocían. Soledad cada vez se iba poniendo más blanca junto con Sebastián y Emilia que aunque conocían la relación no sabían exactamente todos los detalles.
- Ninguno de los dos encontró fuerzas para luchar contra la sociedad ni contra nuestras familias así que terminamos siendo enemigos. – terminó de contar Francisca.
- M…madre… yo… - dijo Soledad cogiéndole la mano a su madre.
- Pero eso no es todo. – dijo Francisca. Raimundo le cogió la mano más fuertemente y la besó. – Tristán… hay algo que tengo que contarte…
- ¿El qué madre?
- Tú sabes que una persona con nuestro… nivel… no puede permitirse ningún escándalo. Nada que pueda empañar el nombre de la familia ¿verdad? – dijo Francisca.
- Lo sé madre.
- Pues eso me llevó a tener que ocultarte cierta verdad durante todo este tiempo. – dijo Francisca.
Tristán se quedó petrificado.
- ¿El qué madre?
- Cuando me casé con Salvador… - lo dijo sin miedo a ese nombre en mucho tiempo - … estaba embarazada.
El tiempo y el mundo se pararon. El silencio que reinaba en la Casona era sepulcral. Francisca sentía que si su hijo no decía algo pronto a ella le daría un ataque. Raimundo aferraba la mano de Francisca con fuerza.
Tristán estaba en estado de shock.
- ¿Qué?
- Lo supe hace poco Tristán. Te lo prometo. – dijo Raimundo.
- Hijo, si él lo hubiera sabido… Dios sabe lo que podrías haber sufrido. No podía dejar que te hiciera daño. – dijo Francisca intentando encontrar la mirada de Tristán.
Soledad, Emilia y Sebastián se quedaron atónitos. Tampoco esperaban semejante noticia. Ahora entendían el sufrimiento que ha estado soportando esta mujer. Defender a un hijo de la persona que amas de las garras de alguien como Salvador.
Tristán estaba tan confundido que de repente se levantó y se fue. Francisca no pudo aguantar las lágrimas. Raimundo la abrazó.
#3934
29/10/2011 20:46
Pepa llegaba ese momento a la Casona después de un parto difícil. Cuando llegó al patio vio que Tristán estaba muy nervioso.
- Tristán ¿qué pasa?
- Pepa, necesito hablar contigo. – dijo Tristán muy serio.
- Sí claro. – dijo Pepa.
Los dos se sentaron. Tristán enterró la cara en las manos.
- Tristán ¿ha ocurrido algo grave? – dijo Pepa.
Tristán le relató todo lo que había ocurrido en esa merienda tan movida. Pepa se quedó atónita.
- Y cuando me lo contaron no supe cómo reaccionar así que me levanté y vine. Quizás actué mal pero de repente sentí que me ahogaba en ese salón. Tantos secretos durante tanto tiempo… De repente me sentí traicionado. Desde siempre he visto cómo mi madre se ocupa más de su apellido que de las personas pero nunca pensé que me negaría tener un padre sólo por mantener su apellido. – dijo Tristán.
- Tristán, no seré yo quien defienda todo lo que ha hecho tu madre pero en este momento la entiendo. No debe ser fácil dar esta noticia. – dijo Pepa.
- Sí, tienes razón pero… no puedo confiar en que no haya más secretos. Siento que nunca nos hemos podido tratar sinceramente en esa casa. A saber cuántas cosas habrá hecho a mis espaldas. ¿Por qué no he podido tener una familia normal? Una madre como Rosario que va de frente, unos hermanos que me quisieran… Una familia donde haya amor y no… esto.
- La vida no es justa Tristán. Tu madre lo ha pasado muy mal. Por culpa de esta sociedad le negaron el ser feliz y tras la muerte de Salvador se cerró a la vida. Tu madre no es mala Tristán – ni Pepa se creía lo que acababa de decir – sino que la hicieron así. Probablemente si me hicieran a mí lo mismo acabaría igual que ella. – y añadió – Tristán, si quieres de verdad que en tu casa haya amor tienes que responderle a tu madre. Ella se ha abierto buscando tu comprensión y ese amor que sabe que le tienes. No hagas que se vuelva a cerrar.
Tristán le sonrió con lágrimas en los ojos.
- ¡Qué habría sido de mi vida sin ti! – dijo él acariciándole el rostro.
- Pues nada soldado o es que todavía lo dudas. – bromeó Pepa.
Los dos se besaron tiernamente.
- ¿Entrarás conmigo? – dijo Tristán.
- Claro soldado.
…….
En el interior de la Casona nadie se había movido. Raimundo abrazaba a Francisca e intentaba tranquilizarla al igual que Soledad y Emilia que intentaban animarla con la boda. Sebastián se disponía a salir por Tristán cuando éste entró junto con Pepa. Sin decir una palabra se acercó a Raimundo y le abrazó fuertemente con todo el amor que se quedó guardado y sin poder mostrar. Francisca se llevó las manos a la boca por la emoción. Después Tristán se dirigió a su madre, le cogió las manos y las besó tiernamente.
- Lo siento… - susurró Tristán.
Francisca le contestó con un abrazó al que se sumó Raimundo. Después miró a Sebastián y a Emilia y se abrazaron. Siempre habían sido amigos y ahora eran hermanos. Sebastián miró a Soledad que empezaba a poner un semblante triste y le hizo un gesto para que se uniera. Soledad sonrió y se unió. Raimundo se acercó a Francisca y le abrazó por la cintura desde detrás. Era la familia que siempre soñaron tener.
- Tristán ¿qué pasa?
- Pepa, necesito hablar contigo. – dijo Tristán muy serio.
- Sí claro. – dijo Pepa.
Los dos se sentaron. Tristán enterró la cara en las manos.
- Tristán ¿ha ocurrido algo grave? – dijo Pepa.
Tristán le relató todo lo que había ocurrido en esa merienda tan movida. Pepa se quedó atónita.
- Y cuando me lo contaron no supe cómo reaccionar así que me levanté y vine. Quizás actué mal pero de repente sentí que me ahogaba en ese salón. Tantos secretos durante tanto tiempo… De repente me sentí traicionado. Desde siempre he visto cómo mi madre se ocupa más de su apellido que de las personas pero nunca pensé que me negaría tener un padre sólo por mantener su apellido. – dijo Tristán.
- Tristán, no seré yo quien defienda todo lo que ha hecho tu madre pero en este momento la entiendo. No debe ser fácil dar esta noticia. – dijo Pepa.
- Sí, tienes razón pero… no puedo confiar en que no haya más secretos. Siento que nunca nos hemos podido tratar sinceramente en esa casa. A saber cuántas cosas habrá hecho a mis espaldas. ¿Por qué no he podido tener una familia normal? Una madre como Rosario que va de frente, unos hermanos que me quisieran… Una familia donde haya amor y no… esto.
- La vida no es justa Tristán. Tu madre lo ha pasado muy mal. Por culpa de esta sociedad le negaron el ser feliz y tras la muerte de Salvador se cerró a la vida. Tu madre no es mala Tristán – ni Pepa se creía lo que acababa de decir – sino que la hicieron así. Probablemente si me hicieran a mí lo mismo acabaría igual que ella. – y añadió – Tristán, si quieres de verdad que en tu casa haya amor tienes que responderle a tu madre. Ella se ha abierto buscando tu comprensión y ese amor que sabe que le tienes. No hagas que se vuelva a cerrar.
Tristán le sonrió con lágrimas en los ojos.
- ¡Qué habría sido de mi vida sin ti! – dijo él acariciándole el rostro.
- Pues nada soldado o es que todavía lo dudas. – bromeó Pepa.
Los dos se besaron tiernamente.
- ¿Entrarás conmigo? – dijo Tristán.
- Claro soldado.
…….
En el interior de la Casona nadie se había movido. Raimundo abrazaba a Francisca e intentaba tranquilizarla al igual que Soledad y Emilia que intentaban animarla con la boda. Sebastián se disponía a salir por Tristán cuando éste entró junto con Pepa. Sin decir una palabra se acercó a Raimundo y le abrazó fuertemente con todo el amor que se quedó guardado y sin poder mostrar. Francisca se llevó las manos a la boca por la emoción. Después Tristán se dirigió a su madre, le cogió las manos y las besó tiernamente.
- Lo siento… - susurró Tristán.
Francisca le contestó con un abrazó al que se sumó Raimundo. Después miró a Sebastián y a Emilia y se abrazaron. Siempre habían sido amigos y ahora eran hermanos. Sebastián miró a Soledad que empezaba a poner un semblante triste y le hizo un gesto para que se uniera. Soledad sonrió y se unió. Raimundo se acercó a Francisca y le abrazó por la cintura desde detrás. Era la familia que siempre soñaron tener.
#3935
29/10/2011 23:05
Esta ALejandro Montenegro en la tele. Dios que guapo me lo comooooooo
#3936
30/10/2011 10:08
Qué asco le tengo a los ordenadores… toda la tarde de ayer perdida arreglándolo, me agotan.
Buenos días, como siempre un placer leeros
Ruth, gracias por esa escena, cariño. Ojala veamos por lo menos un cruce de miradas en la plaza, en la serie. Me ha gustado mucho ese reproche que le ha hecho Francisca a Raimundo y la explicación de este. Como siempre maravillosa, por cierto esperando estoy la continuación de “Tu eres mi condena” :) Ah! y no hacían falta esas disculpas ;)
Miri, menos mal que cuando lo he leído ya habías colgado el final, no me quiero imaginar lo que hubiera pasado si hubiese leído el momento de las fiebres sin el… me has hecho llorar de lo lindo chica, me ha encantado todo. Y ese final también, Raimundo reconociendo con total libertad haber ido a ver a su pequeña, me encanta :D
Natalia, la verdad es que la reacción de Tristán puede ser de muchas maneras, y esta, la verdad que ha sido muy buena. Ha de ser difícil encajar una noticia como esa y supongo que le costará lo suyo, pero al final lo entenderá.
Cris, me alegro de que tu rodilla este mejor, y espero que lo que te tengan que decir no sea grave, ayer se me paso preguntarte :P Y lo del título me gusta muchísimo, esa canción es perfecta, como el video de Miri y por supuesto tu relato :) Gracias por poner el video, ahora que sabéis de que va mi relato, me ayudan muchísimo estas escenas :D
Lourdes :) te echamos de menos por aqui...
A las demás, Silvia, Mariajo, Mariajose ;), Chus, Panthera, Fabi… un beso grandísimo que como os comente a todas no termino.
Lo de que si perdonaría a Raimundo, yo creo que tanto a Francisca como a Raimundo se les cae la baba al uno por el otro, son tantas cosas las que hay que perdonar… haciendo balanza creo que ambos quedan empatados, por lo cual si yo fuera la Paca me iría directa a la taberna y delante de todos los parroquianos le daba tal beso que se olvidaba hasta de su nombre, pero como no lo soy pues habrá que aguantarse con una sentada en el despacho de la Casona y el otro detrás de la barra en la Casa de Comidas.
P.D. Me alegro que mi historia os guste, aunque a casi todas os haga sentir sentimientos encontrados, pero bueno, creo que nos hacía falta algo así para poder comprenderlos y ver su evolución en el tiempo.
Buenos días, como siempre un placer leeros

Ruth, gracias por esa escena, cariño. Ojala veamos por lo menos un cruce de miradas en la plaza, en la serie. Me ha gustado mucho ese reproche que le ha hecho Francisca a Raimundo y la explicación de este. Como siempre maravillosa, por cierto esperando estoy la continuación de “Tu eres mi condena” :) Ah! y no hacían falta esas disculpas ;)
Miri, menos mal que cuando lo he leído ya habías colgado el final, no me quiero imaginar lo que hubiera pasado si hubiese leído el momento de las fiebres sin el… me has hecho llorar de lo lindo chica, me ha encantado todo. Y ese final también, Raimundo reconociendo con total libertad haber ido a ver a su pequeña, me encanta :D
Natalia, la verdad es que la reacción de Tristán puede ser de muchas maneras, y esta, la verdad que ha sido muy buena. Ha de ser difícil encajar una noticia como esa y supongo que le costará lo suyo, pero al final lo entenderá.
Cris, me alegro de que tu rodilla este mejor, y espero que lo que te tengan que decir no sea grave, ayer se me paso preguntarte :P Y lo del título me gusta muchísimo, esa canción es perfecta, como el video de Miri y por supuesto tu relato :) Gracias por poner el video, ahora que sabéis de que va mi relato, me ayudan muchísimo estas escenas :D
Lourdes :) te echamos de menos por aqui...
A las demás, Silvia, Mariajo, Mariajose ;), Chus, Panthera, Fabi… un beso grandísimo que como os comente a todas no termino.

Lo de que si perdonaría a Raimundo, yo creo que tanto a Francisca como a Raimundo se les cae la baba al uno por el otro, son tantas cosas las que hay que perdonar… haciendo balanza creo que ambos quedan empatados, por lo cual si yo fuera la Paca me iría directa a la taberna y delante de todos los parroquianos le daba tal beso que se olvidaba hasta de su nombre, pero como no lo soy pues habrá que aguantarse con una sentada en el despacho de la Casona y el otro detrás de la barra en la Casa de Comidas.
P.D. Me alegro que mi historia os guste, aunque a casi todas os haga sentir sentimientos encontrados, pero bueno, creo que nos hacía falta algo así para poder comprenderlos y ver su evolución en el tiempo.
#3937
30/10/2011 10:53
Eeeeenhh que te has olvidao de mi jajaja
Yo opino lo mismo que tu... Estan locos uno por el otro pero veo a raimundo mas valiente y menos orgulloso puesto que se lo ha dicho a la cara. Por tanto ahora el paso debia darlo francisca. Que no entiendo como el amor de tu vida te dice sus sentimientos y no te tiras a tu cuello!!! No lo entiendo!!
Yo opino lo mismo que tu... Estan locos uno por el otro pero veo a raimundo mas valiente y menos orgulloso puesto que se lo ha dicho a la cara. Por tanto ahora el paso debia darlo francisca. Que no entiendo como el amor de tu vida te dice sus sentimientos y no te tiras a tu cuello!!! No lo entiendo!!
#3938
30/10/2011 11:15
Perdón Mariajose amor, ya sabía yo que se me olvidaba alguien importante :P sorry. UN BESAZO guapa 
A mi también me da que ahora le toca a Francisca dar el paso, ella está loca por él y es la que más lo ha mostrado de cara al público pero no a él. Raimundo le ha dicho que la amaba y la amará por encima de la vida y de la muerte, le ha dicho que lo daría todo por ella, que no puede matar los sentimientos que Francisca le inspira... eso se lo ha dicho a la cara, pero después siempre es él el que da el paso atrás, siempre es él el que se aparta, él que se va. Francisca no le ha mostrado que lo quiere, a él no, pero ahí está el "Te quiero, eres mi verdad, mi unica verdad. Qué será de mi vida si me abandonas, Raimundo. No te mueras Raimundo" (las palabras me salen solas de las veces que he podido ver ese video), el beso que le dio en la mejilla, pero él estaba inconsciente. Después Francisca ha ido a verlo, intentó acariciarlo, pero el de nuevo se mostró a la defensiva. Francisca le pagó la operación, le dijo que si ella hubiese tenido que disparar a alguien para proteger la vida de Raimundo, lo hubiese hecho...
Creo que tiene que pasar algo gordo para que Francisca le diga de una vez, consciente y sin complejos, que lo quiere, eso es lo que espero del tema de la enfermedad de Francisca. Está claro que ahora es ella la que tiene que dar el paso, y después de eso no creo que todo sea color de rosa, pero bueno... la verdad es que es una trama difícil que los guionistas llevan regular, mal porque nos los juntan poco y bien porque cada vez que los juntan las frases están súper cuidadas y entre eso y los actores, María y Ramón, que son maravillosos nos dejan escenas para el recuerdo.

A mi también me da que ahora le toca a Francisca dar el paso, ella está loca por él y es la que más lo ha mostrado de cara al público pero no a él. Raimundo le ha dicho que la amaba y la amará por encima de la vida y de la muerte, le ha dicho que lo daría todo por ella, que no puede matar los sentimientos que Francisca le inspira... eso se lo ha dicho a la cara, pero después siempre es él el que da el paso atrás, siempre es él el que se aparta, él que se va. Francisca no le ha mostrado que lo quiere, a él no, pero ahí está el "Te quiero, eres mi verdad, mi unica verdad. Qué será de mi vida si me abandonas, Raimundo. No te mueras Raimundo" (las palabras me salen solas de las veces que he podido ver ese video), el beso que le dio en la mejilla, pero él estaba inconsciente. Después Francisca ha ido a verlo, intentó acariciarlo, pero el de nuevo se mostró a la defensiva. Francisca le pagó la operación, le dijo que si ella hubiese tenido que disparar a alguien para proteger la vida de Raimundo, lo hubiese hecho...
Creo que tiene que pasar algo gordo para que Francisca le diga de una vez, consciente y sin complejos, que lo quiere, eso es lo que espero del tema de la enfermedad de Francisca. Está claro que ahora es ella la que tiene que dar el paso, y después de eso no creo que todo sea color de rosa, pero bueno... la verdad es que es una trama difícil que los guionistas llevan regular, mal porque nos los juntan poco y bien porque cada vez que los juntan las frases están súper cuidadas y entre eso y los actores, María y Ramón, que son maravillosos nos dejan escenas para el recuerdo.
#3939
30/10/2011 11:43
Buenos días mis niñas! que hoy hemos dormido una hora más! jeje
Natalia...Increible. Me ha gustado muchísimo la reacción de Tristán.De hecho,yo creo que es la más realista. Por mucho que sienta aprecio por Raimundo,es muy duro que te suelten de golpe y porrazo que es tu padre. Me imagino que si a mi me pasara, tendría sentimientos encontrados. Tristán se sentirá engañado y como si todo su mundo,lo que conoce,se tambaleara. Y también enfadado por que le han privado de estar junto a su verdadero padre,y no junto a un monstruo que les maltrataba constantemente y que encima,abusaba de su hermana.Un horror,vamos.
Bueno,os dejo un trocito de "TU ERES MI CONDENA"
Sintió que Raimundo se removía a su lado. Le tocó el rostro suavemente. Tenía algo de fiebre, así que se Francisca se incorporó para mojar un paño en un poco de agua fresca y se lo pasó por la frente. Él emitió un jadeo al sentir el contacto de la fría venda pero no se despertó. Francisca no podía más que mirarle con adoración mientras le refrescaba la cara. Cuando de nuevo pareció quedarse tranquilo, Francisca se acercó a él y besó su mejilla.
- Descansa mi amor -. Y volvió a acurrucarse en su pecho.
No habrían pasado ni diez minutos, cuando Raimundo comenzó a hablar en sueños. Al principio eran palabras ininteligibles, sonidos que Francisca no pudo descifrar. Fue otra vez a acariciar su frente, pero se quedó con la mano suspendida en el aire ante lo que oyó de pronto.
- Per…perdóname Francisca…-. Tenía una expresión de dolor en la cara -. No me odies…mi…pequeña…no…me odies…-.
Francisca se llevó la mano a la boca, ahogando un jadeo.
- No le…no le pongas tus…sucias manos…no le pongas las manos encima…-. Raimundo movía la cabeza de un lado a otro. Había angustia en su voz. Y odio. –Te mataré…Salvador Castro…-. Una lágrima se deslizó por su mejilla hasta morir en sus labios. – Mi niña…mi…pequeña…-.
De repente, todo quedó en silencio de nuevo. Raimundo volvió a quedarse tranquilo, ignorante en su sueño de todo lo que acababa de confesar. Francisca permanecía a su lado, sentada, con los ojos anegados en lágrimas y mil preguntas creándose en su mente.
No fue consciente del momento en el que se quedó dormida. Después de escuchar las palabras de Raimundo, había estado dando vueltas y vueltas en la cama. Él había hablado de Salvador. ¿Sería que Raimundo si fue a buscarla después de todo? Estaba claro que era conocedor del maltrato que había padecido al lado de ese monstruo. ¿Por qué no me liberaste de él, Raimundo? ¿Por qué? .
***********************************************************
Raimundo abrió los ojos lentamente. Se vio en un lugar extraño, en una cama que no era la suya. ¿Cómo había llegado hasta allí? Recordó la prisión, el motín…el disparo. Se llevó una mano al costado, sintiendo al momento un punzante dolor que le atravesó de lado a lado. ¿Estaré muerto?...aunque, si estuviera muerto, no sentiría dolor ¿verdad? . Recorrió con la mirada toda la estancia. Estaba claro que era una habitación lujosa, cuidadosamente amueblada, y por un instante, le resultó vagamente familiar.
Sintió movimiento a su lado. Se quedó quieto, casi sin respirar. Con mucho cuidado, giró la cabeza quedándose petrificado ante la visión que se le presentaba ante sus ojos: la espalda desnuda de una mujer de cabellos oscuros. Francisca. Reconocería ese maravilloso cuerpo de sedosa piel hasta con los ojos cerrados. La sabana le cubría apenas hasta la cadera. Sintió que la garganta se le secaba con solo escucharle respirar. Definitivamente, he muerto y estoy en un paraíso .
Sonrió para sus adentros. Trató de incorporarse notando un fuerte dolor en el costado, pero no le importó. En ese momento, merecía la pena cualquier malestar por poder tocarla, sentirla. Había estado a punto de morir, y no quería volver a estar separado de ella.
Alzó su mano acercándola a su cuello. Comenzó a deslizar delicadamente sus dedos por la espalda de Francisca, erizándole la piel. Ella abrió los ojos, pero no se volvió. Sentía la mano de Raimundo recorriéndole con suma delicadeza la espalda con sus manos. Y pronto los labios de él siguieron el camino trazado por sus manos.
- Mi pequeña…te quiero tanto…tanto… -. Le susurró antes de volver a deslizar su boca por su costado.
Francisca sintió derribarse toda su contención y se giró lentamente hasta quedar tumbada de frente a él. Le sonrió timidamente, y llevó su mano hasta la herida de él.
- Buenos días, mi vida...-
- Hola, mi niña...-
- ¿Cómo estás? ¿Te duele mucho? -. Ella le rozaba debilmente por encima de la venda.
Raimundo también sonrió. – Ahora que estoy junto a ti mucho mejor…-. Acercó sus labios a los de Francisca y le besó tiernamente, solo rozándole. Pero inevitablemente, la pasión se despertó invadiéndole como un huracán.Se olvidó de su herida, del mundo, solo existía ella. Pero de nuevo, un pinchazo de dolor le dejó paralizado.
- ¡Ay! -. Se llevó la mano al costado con una expresión dolorida en el rostro. – Me parece que aun no estoy en condiciones -. Francisca miró el vendaje y se asustó al ver como iba surgiendo una mancha de color rojo que comenzó a empapar la venda. Se incorporó rápidamente, olvidándose de que aun seguía desnuda y comenzó a moverse por la habitación en busca de los vendajes que la doctora había dejado la noche anterior para las curas.
Se sentó al borde de la cama y con unas tijeras fue cortando poco a poco la venda.
– Si es que eres un inconsciente Raimundo. ¡Estas herido! ¿O es que no te habías dado cuenta? ¡Estuviste a punto de morir! -. Varias lágrimas se escaparon de sus ojos sin control mientras apartaba cuidadosamente la venda hasta dejar la herida al descubierto. Un sollozo la interrumpió cuando la vio. Se giró con rapidez para tomar un paño seco y limpiar la herida antes de volver a ponerle un vendaje nuevo.
Raimundo sujetó sus manos entre las suyas, impidiéndole continuar.
– Estoy vivo Francisca -. Le susurró. – Junto a ti. No llores, mi niña -.
Francisca no pudo más y estalló. -¿Qué habría sido de mí si hubieras muerto? ¡¿Qué?! -. Un llanto desgarrador la dominó por completo pensando en que esa noche podría haber perdido todo lo que amaba. – Mi vida ya no tendría sentido…yo -. Levantó los ojos hasta mirarle. – …yo moriría si a ti llegara a pasarte algo Raimundo -.
- Pero no ha sido así pequeña, no te tortures más…-. La acercó a él, todavía aferrada por las manos. A escasos milímetros de su boca. Besó sus lágrimas, sus párpados en un intento de detener su llanto. –Ni la muerte podrá separarme de ti nunca, Francisca -.
Ella cayó rendida en sus brazos. Ahora no podía pensar en nada más que abrazarle para no desfallecer. A su mente volvieron las palabras que Raimundo pronunció en su delirio. Sintió un estremecimiento y él la envolvió en sus brazos con más fuerza. Francisca cerró los ojos tratando de olvidar, al menos de momento, aquello que le estaba atormentando. Pero cuando Raimundo estuviera totalmente restablecido, ella tendría todas las respuestas que su corazón esperaba ansiosamente.
(Continuará...)
Natalia...Increible. Me ha gustado muchísimo la reacción de Tristán.De hecho,yo creo que es la más realista. Por mucho que sienta aprecio por Raimundo,es muy duro que te suelten de golpe y porrazo que es tu padre. Me imagino que si a mi me pasara, tendría sentimientos encontrados. Tristán se sentirá engañado y como si todo su mundo,lo que conoce,se tambaleara. Y también enfadado por que le han privado de estar junto a su verdadero padre,y no junto a un monstruo que les maltrataba constantemente y que encima,abusaba de su hermana.Un horror,vamos.
Bueno,os dejo un trocito de "TU ERES MI CONDENA"
Sintió que Raimundo se removía a su lado. Le tocó el rostro suavemente. Tenía algo de fiebre, así que se Francisca se incorporó para mojar un paño en un poco de agua fresca y se lo pasó por la frente. Él emitió un jadeo al sentir el contacto de la fría venda pero no se despertó. Francisca no podía más que mirarle con adoración mientras le refrescaba la cara. Cuando de nuevo pareció quedarse tranquilo, Francisca se acercó a él y besó su mejilla.
- Descansa mi amor -. Y volvió a acurrucarse en su pecho.
No habrían pasado ni diez minutos, cuando Raimundo comenzó a hablar en sueños. Al principio eran palabras ininteligibles, sonidos que Francisca no pudo descifrar. Fue otra vez a acariciar su frente, pero se quedó con la mano suspendida en el aire ante lo que oyó de pronto.
- Per…perdóname Francisca…-. Tenía una expresión de dolor en la cara -. No me odies…mi…pequeña…no…me odies…-.
Francisca se llevó la mano a la boca, ahogando un jadeo.
- No le…no le pongas tus…sucias manos…no le pongas las manos encima…-. Raimundo movía la cabeza de un lado a otro. Había angustia en su voz. Y odio. –Te mataré…Salvador Castro…-. Una lágrima se deslizó por su mejilla hasta morir en sus labios. – Mi niña…mi…pequeña…-.
De repente, todo quedó en silencio de nuevo. Raimundo volvió a quedarse tranquilo, ignorante en su sueño de todo lo que acababa de confesar. Francisca permanecía a su lado, sentada, con los ojos anegados en lágrimas y mil preguntas creándose en su mente.
No fue consciente del momento en el que se quedó dormida. Después de escuchar las palabras de Raimundo, había estado dando vueltas y vueltas en la cama. Él había hablado de Salvador. ¿Sería que Raimundo si fue a buscarla después de todo? Estaba claro que era conocedor del maltrato que había padecido al lado de ese monstruo. ¿Por qué no me liberaste de él, Raimundo? ¿Por qué? .
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Raimundo abrió los ojos lentamente. Se vio en un lugar extraño, en una cama que no era la suya. ¿Cómo había llegado hasta allí? Recordó la prisión, el motín…el disparo. Se llevó una mano al costado, sintiendo al momento un punzante dolor que le atravesó de lado a lado. ¿Estaré muerto?...aunque, si estuviera muerto, no sentiría dolor ¿verdad? . Recorrió con la mirada toda la estancia. Estaba claro que era una habitación lujosa, cuidadosamente amueblada, y por un instante, le resultó vagamente familiar.
Sintió movimiento a su lado. Se quedó quieto, casi sin respirar. Con mucho cuidado, giró la cabeza quedándose petrificado ante la visión que se le presentaba ante sus ojos: la espalda desnuda de una mujer de cabellos oscuros. Francisca. Reconocería ese maravilloso cuerpo de sedosa piel hasta con los ojos cerrados. La sabana le cubría apenas hasta la cadera. Sintió que la garganta se le secaba con solo escucharle respirar. Definitivamente, he muerto y estoy en un paraíso .
Sonrió para sus adentros. Trató de incorporarse notando un fuerte dolor en el costado, pero no le importó. En ese momento, merecía la pena cualquier malestar por poder tocarla, sentirla. Había estado a punto de morir, y no quería volver a estar separado de ella.
Alzó su mano acercándola a su cuello. Comenzó a deslizar delicadamente sus dedos por la espalda de Francisca, erizándole la piel. Ella abrió los ojos, pero no se volvió. Sentía la mano de Raimundo recorriéndole con suma delicadeza la espalda con sus manos. Y pronto los labios de él siguieron el camino trazado por sus manos.
- Mi pequeña…te quiero tanto…tanto… -. Le susurró antes de volver a deslizar su boca por su costado.
Francisca sintió derribarse toda su contención y se giró lentamente hasta quedar tumbada de frente a él. Le sonrió timidamente, y llevó su mano hasta la herida de él.
- Buenos días, mi vida...-
- Hola, mi niña...-
- ¿Cómo estás? ¿Te duele mucho? -. Ella le rozaba debilmente por encima de la venda.
Raimundo también sonrió. – Ahora que estoy junto a ti mucho mejor…-. Acercó sus labios a los de Francisca y le besó tiernamente, solo rozándole. Pero inevitablemente, la pasión se despertó invadiéndole como un huracán.Se olvidó de su herida, del mundo, solo existía ella. Pero de nuevo, un pinchazo de dolor le dejó paralizado.
- ¡Ay! -. Se llevó la mano al costado con una expresión dolorida en el rostro. – Me parece que aun no estoy en condiciones -. Francisca miró el vendaje y se asustó al ver como iba surgiendo una mancha de color rojo que comenzó a empapar la venda. Se incorporó rápidamente, olvidándose de que aun seguía desnuda y comenzó a moverse por la habitación en busca de los vendajes que la doctora había dejado la noche anterior para las curas.
Se sentó al borde de la cama y con unas tijeras fue cortando poco a poco la venda.
– Si es que eres un inconsciente Raimundo. ¡Estas herido! ¿O es que no te habías dado cuenta? ¡Estuviste a punto de morir! -. Varias lágrimas se escaparon de sus ojos sin control mientras apartaba cuidadosamente la venda hasta dejar la herida al descubierto. Un sollozo la interrumpió cuando la vio. Se giró con rapidez para tomar un paño seco y limpiar la herida antes de volver a ponerle un vendaje nuevo.
Raimundo sujetó sus manos entre las suyas, impidiéndole continuar.
– Estoy vivo Francisca -. Le susurró. – Junto a ti. No llores, mi niña -.
Francisca no pudo más y estalló. -¿Qué habría sido de mí si hubieras muerto? ¡¿Qué?! -. Un llanto desgarrador la dominó por completo pensando en que esa noche podría haber perdido todo lo que amaba. – Mi vida ya no tendría sentido…yo -. Levantó los ojos hasta mirarle. – …yo moriría si a ti llegara a pasarte algo Raimundo -.
- Pero no ha sido así pequeña, no te tortures más…-. La acercó a él, todavía aferrada por las manos. A escasos milímetros de su boca. Besó sus lágrimas, sus párpados en un intento de detener su llanto. –Ni la muerte podrá separarme de ti nunca, Francisca -.
Ella cayó rendida en sus brazos. Ahora no podía pensar en nada más que abrazarle para no desfallecer. A su mente volvieron las palabras que Raimundo pronunció en su delirio. Sintió un estremecimiento y él la envolvió en sus brazos con más fuerza. Francisca cerró los ojos tratando de olvidar, al menos de momento, aquello que le estaba atormentando. Pero cuando Raimundo estuviera totalmente restablecido, ella tendría todas las respuestas que su corazón esperaba ansiosamente.
(Continuará...)
#3940
30/10/2011 12:39
Ruth, me encanta, Raimundo delirando, confesando que fue a buscarla... muy bonito. Este hombre no sabe cuando parar, la Paca le pierde jaja que ¡estas herido, corazón!
Os dejo un trocito de GOTAS DEL PASADO aunque no adelante mucho :D
Tristán miraba a su madre. Embelesado. Tenía su mano agarrada a la de ella. Mientras caminaban. Francisca era una mujer increíble. Desde fuera era una mujer hermosa. Capaz de seducir a cualquier hombre que tuviese delante. Sus ojos castaños hipnotizaban a todo aquel que los miraba. Unos ojos que transmitían sus sentimientos. Unos ojos capaces de hablar por ella. Tres pequeños lunares adornaban una de sus siempre rosadas mejillas. Tenía el cabello largo. Color Azabache. Liso. Casi siempre lo llevaba suelto. A veces semirecogido con un pasador o un par de pequeñas trenzas anudadas hacia atrás. Coloreaba sus carnosos labios con un suave carmín rojizo. Haciéndolos casi irresistibles. Lástima que nadie los besara. Desde dentro Francisca era una mujer con un fuerte carácter. Desde la cuna. Francisca era una mujer inteligente. Orgullosa. Terca. A la vez que sensible. Refinada. Educada. Siempre tenía una sonrisa en el rostro. Para aquel que la merecía. De todas formas, los últimos años no la habían tratado demasiado bien. El destino se había cebado con ella. Haciendo que la alegría que desbordaba desde su niñez, quedase en un segundo plano. A pesar de su corta edad. 21 años. Francisca había soportado el dolor de ser abandonada por el amor de su vida. Había soportado el dolor de tener que casarse con un hombre despiadado. Un hombre al que no amaba. Un maltratador. Un monstruo. Salvador Castro. A pesar de eso Francisca soportaba como podía aquel dolor. De todo aquello, lo único bueno que la vida le había regalado era su hijo. Al que hacía pasar por un Castro. Tristán. Fruto del amor que un día se procesaron Raimundo y Francisca. Amor que nunca moriría. Cuando dos personas se aman tanto, ese amor nunca muere. De todas formas ahora ellos estaban separados. Sufriendo en silencio. En la soledad de la noche. Ahora solo la pequeña personita que tenía agarrada su mano la hacía feliz. Tristán era la luz que ahora iluminaba su vida. Por él había decidido seguir luchando.
-Mira, mamá.-Tristán la saco de sus pensamientos. El pequeño se había soltado de su mano. Sin que ella se diese cuenta. Había salido corriendo. Corriendo hacia los campos. Saliéndose del camino. Atraído por las diversidad de colores. Los colores de las flores y la vegetación que adornaban los campos. Francisca aligeró el paso. Siguiendo a su hijo. Tristán se tiró al suelo. Comenzando a rodar por la ladera.
-Tristán, no hagas eso.-le ordenó su madre. Gritando. Para que el pequeño se enterase. –Te vas a manchar, hijo.- dijo Francisca. Caminando rápida hacia él. Casi corriendo. Piso su falda con el pie. Trastabillando. A punto estuvo de caer. Tristán paró. Se sentó sobre el césped. Sobre la verde hierva. Respirando fuertemente. Cogió una de las flores que había a su lado. Al hacerlo vio la falda de su madre frente a él. Los bajos estaban manchados de barro. Aunque al niño no le importaba cuán sucia estuviesen sus ropas. Ni las de él. Ni las de su madre. No entendía de apariencias. Francisca lo entendía. Era demasiado pequeño como para explicarle que debía o no haber. Lo levantó. Poniéndolo de pie. Sacudiendo su traje. Lo hacía muy a menudo. Unas feas manchas de tierra decoraban los pantalones del niño.-Pero mira cómo te has puesto.- le dijo. Sin enfado en sus palabras. El niño la miraba con adoración. Quería y apreciaba a su madre con todas sus fuerzas. Ella lo cuidaba a todas horas. También estaba Rosario. La criada también se portaba muy bien con él. Pero su madre, era su madre. Tristán le tendió a Francisca la flor que acababa de arrancar.
-Toma.- le dijo. Con la típica voz de niño pequeño. Sonriendo al hacerlo. Intentó ponérsela en el pelo a su madre. Pero esta cayó. Francisca la cogió con una mano antes de que tocase el suelo. Le sonrió a su hijo. Besándolo tierna en la frente. Colocó la flor junto a su oreja. Enredando el tallo entre los mechones de su pelo suelto. El niño sonrió al verla. Estaba preciosa. Francisca se levantó. Cogiendo a su hijo de la mano. Retomando el camino hacia el pueblo. Ya quedaba poco para llegar a él.
Os dejo un trocito de GOTAS DEL PASADO aunque no adelante mucho :D
Tristán miraba a su madre. Embelesado. Tenía su mano agarrada a la de ella. Mientras caminaban. Francisca era una mujer increíble. Desde fuera era una mujer hermosa. Capaz de seducir a cualquier hombre que tuviese delante. Sus ojos castaños hipnotizaban a todo aquel que los miraba. Unos ojos que transmitían sus sentimientos. Unos ojos capaces de hablar por ella. Tres pequeños lunares adornaban una de sus siempre rosadas mejillas. Tenía el cabello largo. Color Azabache. Liso. Casi siempre lo llevaba suelto. A veces semirecogido con un pasador o un par de pequeñas trenzas anudadas hacia atrás. Coloreaba sus carnosos labios con un suave carmín rojizo. Haciéndolos casi irresistibles. Lástima que nadie los besara. Desde dentro Francisca era una mujer con un fuerte carácter. Desde la cuna. Francisca era una mujer inteligente. Orgullosa. Terca. A la vez que sensible. Refinada. Educada. Siempre tenía una sonrisa en el rostro. Para aquel que la merecía. De todas formas, los últimos años no la habían tratado demasiado bien. El destino se había cebado con ella. Haciendo que la alegría que desbordaba desde su niñez, quedase en un segundo plano. A pesar de su corta edad. 21 años. Francisca había soportado el dolor de ser abandonada por el amor de su vida. Había soportado el dolor de tener que casarse con un hombre despiadado. Un hombre al que no amaba. Un maltratador. Un monstruo. Salvador Castro. A pesar de eso Francisca soportaba como podía aquel dolor. De todo aquello, lo único bueno que la vida le había regalado era su hijo. Al que hacía pasar por un Castro. Tristán. Fruto del amor que un día se procesaron Raimundo y Francisca. Amor que nunca moriría. Cuando dos personas se aman tanto, ese amor nunca muere. De todas formas ahora ellos estaban separados. Sufriendo en silencio. En la soledad de la noche. Ahora solo la pequeña personita que tenía agarrada su mano la hacía feliz. Tristán era la luz que ahora iluminaba su vida. Por él había decidido seguir luchando.
-Mira, mamá.-Tristán la saco de sus pensamientos. El pequeño se había soltado de su mano. Sin que ella se diese cuenta. Había salido corriendo. Corriendo hacia los campos. Saliéndose del camino. Atraído por las diversidad de colores. Los colores de las flores y la vegetación que adornaban los campos. Francisca aligeró el paso. Siguiendo a su hijo. Tristán se tiró al suelo. Comenzando a rodar por la ladera.
-Tristán, no hagas eso.-le ordenó su madre. Gritando. Para que el pequeño se enterase. –Te vas a manchar, hijo.- dijo Francisca. Caminando rápida hacia él. Casi corriendo. Piso su falda con el pie. Trastabillando. A punto estuvo de caer. Tristán paró. Se sentó sobre el césped. Sobre la verde hierva. Respirando fuertemente. Cogió una de las flores que había a su lado. Al hacerlo vio la falda de su madre frente a él. Los bajos estaban manchados de barro. Aunque al niño no le importaba cuán sucia estuviesen sus ropas. Ni las de él. Ni las de su madre. No entendía de apariencias. Francisca lo entendía. Era demasiado pequeño como para explicarle que debía o no haber. Lo levantó. Poniéndolo de pie. Sacudiendo su traje. Lo hacía muy a menudo. Unas feas manchas de tierra decoraban los pantalones del niño.-Pero mira cómo te has puesto.- le dijo. Sin enfado en sus palabras. El niño la miraba con adoración. Quería y apreciaba a su madre con todas sus fuerzas. Ella lo cuidaba a todas horas. También estaba Rosario. La criada también se portaba muy bien con él. Pero su madre, era su madre. Tristán le tendió a Francisca la flor que acababa de arrancar.
-Toma.- le dijo. Con la típica voz de niño pequeño. Sonriendo al hacerlo. Intentó ponérsela en el pelo a su madre. Pero esta cayó. Francisca la cogió con una mano antes de que tocase el suelo. Le sonrió a su hijo. Besándolo tierna en la frente. Colocó la flor junto a su oreja. Enredando el tallo entre los mechones de su pelo suelto. El niño sonrió al verla. Estaba preciosa. Francisca se levantó. Cogiendo a su hijo de la mano. Retomando el camino hacia el pueblo. Ya quedaba poco para llegar a él.
