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El Rincón de Francisca y Raimundo:ESTE AMOR SE MERECE UN YACIMIENTO (TUNDA TUNDA) Gracias María y Ramon

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samureta
samureta
08/06/2011 23:44
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No existe amor en paz. Siempre viene acompañado de agonías, éxtasis, alegrías intensas y tristezas profundas.

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#3801
Kerala
Kerala
24/10/2011 20:20
"TU AMOR ES MI CONDENA"


- ¿Es que no piensa invitarnos a pasar? -. La madre de Tomás le pareció a Francisca tremendamente grosera. Doña Remedios habló en voz baja a Tomás – No se hijo, parece un poco…falta de modales -.

Francisca pensó que no podía estar más furiosa.

- Mis modales son los adecuados según con quien me encuentre presente. En este caso permítame decirle que usted no es merecedora de mi buen hacer -. Francisca se acercó a ella amenazante. – Ha venido a mi casa y me está faltando el respeto, así que o se da media vuelta y se larga de aquí, o me veré obligada a llamar a mi capataz y hacer que la eche a patadas. ¿Me he expresado con claridad? -.

- ¡¡Palomita!! -. Tomás estaba sorprendido ante aquella reacción en Francisca.

Ella se volvió hacia él. – Vuelve a llamarme palomita y te aseguro que será la última palabra que pronuncies en tu vida, porque yo misma te cortaré la lengua. Y por cierto, otra cosa más… -. Se colocó a apenas dos pasos de Tomás. – En cuanto a Raimundo, osa siquiera a rozarle un solo pelo de la cabeza, y dedicaré toda mi vida a perseguirte y te lo haré pagar aunque sea lo último que haga -. Les miró a ambos. – Y ahora largo de mi propiedad o les echaré a los perros -.

- Pero palo…digo Francisca, ¿por qué actúas así? Creí que tú también me querías y que hoy fijaríamos la fecha de la boda… -. Tomás estaba atónito.

- ¿Me puedes explicar en qué momento te hice entender que tenía algún tipo de interés en ti? Jamás, entérate bien…jamás me fijaría en un bueno para nada como tú que es capaz de actuar a traición contra alguien que si es un hombre de verdad. Me repugnas.- Ella casi le escupió las palabras. -

Las duras palabras de Francisca cayeron como una losa sobre Tomás.

– Todo esto es por ese maldito Ulloa ¿verdad? Si él no estuviera, tú serías mía -.

Francisca se carcajeó de él. – Ni en tus sueños yo sería tuya jamás. Fui, soy y seré de Raimundo Ulloa toda mi vida. A él pertenezco y él me pertenece a mí -. Se giró hacia Rosario, que miraba orgullosa a su Señora desde la puerta de la cocina. – Haz llamar a Mauricio para que saque a esta escoria de mi casa -.

- Esto es el colmo, ¡qué desfachatez! ¡Cuánta grosería! Echar de esta manera a una Señora como yo -. Doña Remedios no hacía más que chillar mientras se abanicaba con fuerza.

- Salgan inmediatamente de mi casa, y más les vale no volver a cruzarse en mi camino si no quieren salir mal parados -. Francisca abrió ella misma la puerta de la Casona para que saliera aquella desagradable pareja.

- Por supuesto que me voy. Pero no porque usted me lo diga Señora mía, sino porque yo quiero irme -. Y sin más, aquella horrible mujer salió por la puerta.

- Esto no va a quedar así Francisca…pronto vendrás a mí y serás mía -.

Ella le miró. Este hombre está totalmente enajenado . – No lo creo. En cuanto Raimundo salga de prisión, que le aseguro que será pronto, nada volverá a separarme de él -.

Tomás le miró a los ojos. - ¿Nada? Te olvidas de una cosa que puede hacer que él y tú, mi palomita, no podáis estar juntos nunca -.

Francisca realmente se asustó ante esas palabras y la mirada de loco que tenía Tomás en ese momento. Tragó saliva antes de preguntar.

- ¿Qué es lo que has querido decir? -.

- El destino quiere que tú y yo estemos juntos Francisca…y no se puede luchar contra él -. Se acercó un poco hacia ella, haciéndola retroceder temerosa. – Y ese mismo destino nos librará de todas las molestos…obstáculos que podamos encontrar -. Sonrió de medio lado. – Adiós paloma mía…nos veremos pronto -. Y salió por la puerta de la Casona dejando a Francisca con una sensación de temor que hacía años que no sentía.

Se encaminó a la biblioteca llena de preocupación repitiendo en su mente las últimas palabras de Tomás. ¿Y si le hacía algún daño a Raimundo? . Ella se moriría si le ocurriera algo. Sintió una opresión en el pecho que le dificultó la respiración.

- Señora…- La voz de Rosario la sobresaltó. - ¿Se encuentra bien? ¿Quiere que le traiga una tila para calmar los nervios? -.

- Si por favor Rosario. Llévamela a la biblioteca cuando esté lista -. Se sentó junto a la ventana dando vueltas a lo vivido. Mañana movería cielo y tierra si fuera necesario para poder ver a Raimundo y advertirle de que tuviera cuidado con ese hombre. Tenía un mal presentimiento.


*********************************************


Sebastián acababa de llegar a la posada. Estaba muerto de cansancio, pues se había pasado todo el día de viaje. Había ido a reunirse con un abogado que iba a defender a su padre y le ayudaría a salir de prisión. Estaba a punto de irse a su habitación cuando una voz le detuvo.

- Llevo todo el día esperándole -. Sebastián se giró y descubrió a un hombre oculto entre sombras. No podía apreciar quién era, pero su voz le resultaba tremendamente familiar.

- ¿Quién es usted y qué hace aquí? -.

- Traigo una información que puede interesarle…pero claro, todo tiene un precio…-. El hombre salió de entre las sombras y Sebastián pudo por fin ver su cara.

- ¡¿Tú?! -.


(Continuará....)
#3802
mariajo76
mariajo76
24/10/2011 20:33
Por partes:
Tocaya, que guay, ese Rai preocupado por que a su Paca la puedan acusar...que ternura

Rocioooooooooooooo que te comooooooooooo que bonito, me encanta toda la familia junta, la reacción de Raimundo con Soledad ha sido preciosa, no me extrañaría que en cualquier momento se le escapara y lo llamara papá. Pablo...pues estoy en duda, entre que sí y entre que no, me fío pero...le voy a dar el beneficio de la duda, de momento.

Ruth, ja ja OLE LOS OVARIOS DE LA PACA,lo que me he podido reir, no se quien es peor la madre o el hijo. Jo tengo miedecito por Rai, ¿quién será ese hombre? sigueeeeeee
por cierto ¿no te dice nada el pasadizo de la casona?, ejem ejem
#3803
Nhgsa
Nhgsa
24/10/2011 20:42
Bueno chicas confirmo todo lo que habéis dicho. Más de lo mismo salvo dos cosas: la escena de Francisca con Hipólito ha sido fantástica y... ¡¡¡¡¡¡¡VIVA ADELFA UNA Y MIL VECES!!!!!!!!. Quiero mucho a la Doña pero esta actriz también es increíble. Hoy la he aplaudido y todo.
En fin, una cosa. De entre todos los encuentros que llevamos en nuestros relatos ¿ha habido uno en el hospital? Es que de tantos relatos ya no me acuerdo muy bien. Lo digo porque ¡AQUÍ LLEGA EL MÍO! jejejejejeje. Como siempre, espero que os guste.

Tras dos semanas de recuperación Raimundo pensaba que se iba a volver loco en el hospital.
- Ese orgullo Ulloa va a acabar contigo Raimundo – le dijo don Anselmo en una de sus visitas.
Francisca estaba feliz ya que todo se resolvía: Carmen confesó todo lo que sabía de Olmo lo que sirvió para investigarles y destapar varios casos de contrabando que había cometido Adolfo Mesía, ello supuso la detención de Olmo y la vuelta de todas las tierras a doña Francisca. Pero lo que más feliz le hacía era que Raimundo volvía a ser el de siempre, ese ateo que le hacía rabiar de pequeña y a la vez que le provocaba tanto amor que hasta a veces le dolía.
Una noche se encontraban cenando tranquilamente todos en familia… bueno… quien dice tranquilamente dice según lo que pueden ver los ojos. En realidad los tranquilos eran Emilia, Sebastián y Tristán porque ellos no dejaban de devorarse con las miradas. Parecían dos volcanes en erupción.
- No sabéis las ganas que tengo de salir de aquí. Si me encuentro bien. – dijo Raimundo recostado en su camilla a lo que todos contestaron con risas. Francisca le miraba con profundo amor. Sí… sin duda era el de siempre.
- Padre no sea quejica que ya te han dicho que saldrá de aquí pronto. – dijo Emilia.
- Ay Emilia, de un hospital uno nunca sabe cuando se sale. – dijo Raimundo. Francisca no podía dejar de sonreír. Le adoraba.
Cuando terminaron de cenar Sebastián habló:
- Bueno, ¿quién se queda hoy? En el hospital sólo admiten a una persona.
- Yo me quedaré no os preocupéis. Que vosotros ya estuvisteis aquí varias noches. – se apresuró a decir Francisca sin dejar de mirar a Raimundo. – Bueno… si al enfermo no le importa. – añadió con una sonrisa pícara y traviesa que volvió loco a Raimundo.
- ¿Nuestra ilustre cacique quiere quedarse? No seré yo quien se lo impida… - dijo Raimundo con aire burlón.
Todos parecieron captar el mensaje así que se fueron despidiendo hasta dejarles solos.
- Lo dejo en buenas manos padre. – dijo Emilia antes de besarle en la frente y dirigiendo una mirada a Francisca.
- Hasta mañana Raimundo. Cuidado con esa herida. – dijo Tristán sonriéndole.
- Tranquilo muchacho… no es problema. – aseguró Raimundo.
Finalmente los dos se quedaron solos.
- Al fin solos… - dijo Raimundo cogiéndole la mano a Francisca y atrayéndole lentamente a él.
Francisca se limitó a mantener su sonrisa pícara. Los dos sentían que sus corazones volvían a latir al unísono por su amor.

EDITO: Ruth ¡¡¡¡¡VIVA PACA!!!!!!. Oye una pregunta ¿Tu Tomás y mi Carmen son parientes? jajajajajjajajajaja. Es para comunicarle su muerte XD.
#3804
Kerala
Kerala
24/10/2011 20:48
mariajo,pasadizos como escena alternativa o para que les incluya en Tu eres mi condena?
pide por esa boquita!!

natalia,sigueeeeeeee!!
P.D. yo creo que son hermanos xDD porque los dos cojean de mente que da gusto jajaja
#3805
mariajo76
mariajo76
24/10/2011 20:52
Por supuesto escena alternativa, je je.

Carmen es siamesa de Tomás, dos personas tan estúpidas tienen que tener los mismos genes

hospitalencuentro, que morbazo con toda esa gente que puede entrar y salir de la habitación. SIGUEEEEEEEEE
#3806
Franrai
Franrai
24/10/2011 21:29
Ruth!! Tomás esta totalmente ido, creo que le vende Matilde las setas, pero he de reconocer que esa amenaza a sonado muuuuy mal…
Me has dejado totalmente intrigada ¿Quién es ese hombre misterioso?... deseando estoy de que sigas.

Natalia espero ese HOSPITALENCUENTRO ;) Tu historia es genial

Jajaja que desconfiadas que sois, Pablo es todo un caballero y como tal sabrá retirarse a tiempo, por él no temáis, ni por él ni por nadie que mi relato está a puntito de acabarse. Lo que estoy pensando es si mandarle le invitación de boda o no… :)
#3807
Kerala
Kerala
24/10/2011 21:29
Va por tí, mariajo guiño


Raimundo esperó a que cayera la noche y a que sus hijos se hubieran retirado ya a sus habitaciones para salir discretamente de la Casa de Comidas, y encaminarse oculto en la oscuridad de la noche hacia la Casona. Aquella misma tarde, Pepa le había confesado sus sospechas sobre la implicación de Francisca en la muerte de Matilde. Él se había resistido a creerlo. Francisca podría ser muchas cosas, pero no era una asesina. Pepa le contó también que Matilde estaba conchabada con la Doña para tratar de volverla loca, valiéndose del dolor que suponía para ella la pérdida de Martín.

Él había estado después durante el resto de la tarde alicaído y preocupado. Francisca no podía haber llegado tan lejos. Pero necesitaba saberlo, escucharlo de sus propios labios. Tan sumido iba en sus pensamientos que, cuando levantó la vista, ya estaba a los pies de la Casona. Suspiró y se dispuso a encaminarse hacia la puerta, cuando sintió que esta se abría de repente y un hombre bastante elegante salía de la Casona acompañado de Soledad. Se quedaron en la puerta despidiéndose.

Raimundo maldijo en voz baja. No era posible entrar ahora en la Casona. Hubiera querido colarse sin ser visto para ir directamente hacia ella. Quizá debería volver mañana… . Pero de repente recordó algo y sonrió. Entraría por los pasadizos de la Casona. Esos mismos pasadizos que tan bien conocía y que habían sido cómplices en tantos y tantos encuentros ocultos con Francisca. Se colaría justo por aquellos que daban directamente a la biblioteca.

*********************

Francisca se había retirado discretamente a la biblioteca. Necesitaba un poco de paz. Había estado esperando a que Soledad y ese desgraciado de Olmo Mesía salieran del salón para poder esconderse un rato en su despacho. Cerró la puerta con el pestillo, no quería ser molestada. Llevó las manos a sus sienes y las frotó. Era demasiado lo que estaba soportando últimamente sobre sus espaldas: la posible quiebra de la Conservera, con la pérdida de capital que ello suponía; los planes que tramaba Olmo y que Soledad aún no había podido averiguar; su enfermedad…Tragó saliva. Pero sobre todo, la muerte de esa mujer. Retumbaban en su cabeza las palabras que hace dos noches Matilde había pronunciado en ese mismo lugar. Estamos malditas . Ella no le había hecho caso y la despidió de su casa con cajas destempladas. Y ahora estaba muerta. Una sombra de temor cubrió su mirada. ¿Y si ella también terminaba de igual forma? No sabía con certeza la gravedad de su enfermedad, aunque la doctora Casas no presagiaba nada bueno. Muerte. Le quedaban demasiadas cosas por hacer, demasiadas cosas por vivir. Raimundo. Siempre presente en sus pensamientos.

Se acercó a la ventana recordándole. Como hacía cada noche cuando estaba en la soledad de su habitación. Donde se permitía ser ella misma, no la mujer en la que Salvador Castro le había convertido.

- Raimundo… -. Musitó.

De repente, escuchó un leve crujido a sus espaldas. Se giró sobresaltada viendo como la última estantería de la biblioteca, la que ocultaba la puerta secreta que llevaba tantos años cerrada, comenzaba a abrirse lentamente.
#3808
mariajo76
mariajo76
24/10/2011 21:44
Sigueeeeeeeeeneso de los pasadizos me mola pero mucho.Bueno lo de que no es una asesina lo tengo claro, ahora lo de envenenar a Pepa fue muy bajo, la Francisca de la primera temporada nunca lo habría hecho, ahora si yo fuera ella delante de Raimundo lo negaría como una perra, je je
#3809
Nhgsa
Nhgsa
24/10/2011 21:44
Va por vosotras chicas. Como siempre, espero no defraudar.

- Eres increíble, acabas de salir de un coma y ya eres igual que siempre. – dijo Francisca.
- Bueno… por algo soy un Ulloa pequeña. – dijo Raimundo atrayendo el rostro de Francisca a él.
- ¿Tienes idea de lo que me has hecho pasar maldito Ulloa? – susurró Francisca a escasos centímetros de sus labios. - ¿Tienes idea de lo que pasaría si llego a perderte?
- No podía permitir que te hiciera daño pequeña… - susurró Raimundo acariciándole el rostro. – Te amo más que a mi vida.
Y los dos se besaron con todo el amor del mundo, saboreando lentamente ese momento. Raimundo deslizó su mano por la nuca de Francisca y la otra por su cintura hasta que Francisca quedó subida a la camilla y apoyada en su pecho sin dejar de besarle. Sus manos acariciaron el abdomen de Raimundo y ascendieron lentamente lo que provocó millones de escalofríos en Raimundo. Desde el momento en que arriesgó su vida supo con más claridad que nunca cuánto lo amaba. Se le olvidó que estaba en un hospital y cualquiera les podría ver pero no podía dejar de besarle ni quería. Interiormente le pidió a Dios que nadie entrara. Necesitaba estar con él después de todo lo que había pasado. Necesitaba amarle para poder aliviar todo el dolor que había sentido.
Raimundo no pudo aguantar más y deslizó su mano por el interior de la blusa de Francisca. Entonces ella volvió a la realidad:
- Raimundo…no… nos pueden ver. – dijo Francisca con un gran esfuerzo apoyando su frente en la de Raimundo.
- Shhh… no entran salvo que estés grave y yo hace tiempo que no lo estoy. Confía en mí. – susurró Raimundo. – Ahora solo necesito una medicina… tu piel.
Y los dos se besaron como si no hubiera mañana. Sin perderse cada centímetro de la piel del otro. Francisca se sentó encima de Raimundo pegando su pecho al de él sintiendo como la respiración del otro comenzaba a ser dificultosa. Raimundo empezó a atacar al cuello y la clavícula de Francisca besándola y mordisqueando su delicada piel mientras le quitaba lentamente la blusa a Francisca. Francisca cerraba los ojos y se concentró en sentirle mientras que hacía lo propio con la camisa de Raimundo. Francisca empujó a Raimundo hacia la almohada mientras que atacaba también su cuello arrancándole jadeos a Raimundo mientras que él comenzaba subir sus manos por sus muslos, levantándole las enaguas. Los dos parecían dos condenados que no verían de nuevo el día.
Francisca comenzó a besarle descendiendo por el cuello de Raimundo, su pecho, su abdomen,… mientras sus manos buscaban el pantalón de Raimundo. Éste sólo podía intentar sobrevivir. Cuando los dos terminaron de desnudarse Francisca volvió a ascender por su pecho y su cuello volviendo a aterrizar en él. Los dos se miraron llenos de amor. Se fundieron en un beso asfixiante y devastador mientras que Raimundo abrazaba y acariciaba la espalda de Francisca. Se dejó hacer mientras que Francisca comenzó a moverse provocando un placer asfixiante. Francisca acabó por incorporarse mientras continuaba moviéndose provocando intensos jadeos de placer a Raimundo. Los dos cerraron los ojos mientras sentían cómo se fundían en un solo ser. Ambos se cogieron las manos entrelazando sus dedos. Nada volvería a separarles. Serían uno para siempre. Raimundo no aguantó más y se incorporó también para atacar el pecho y el cuello de Francisca como un loco. Los jadeos y pasión aumentaron de nivel llevándolos a una locura inimaginable. El calor provocó que empezaran a sudar. Los dos se mirarn llevados por el deseo.
- Te amo Raimundo. – susurró Francisca.
- Y yo a ti mi pequeña, y yo a ti. – susurró Raimundo.
Los dos se besaron intentando ocultar el grito que el orgasmo provocó en sus gargantas. Temblando de delirio Francisca le miró y le dijo:
- Eres el hombre de mis sueños.
Y dejándose caer en la camilla los dos permanecieron abrazados. Francisca se quedó acurrucada en su pecho encima de él. Raimundo la estrechó entre sus brazos.
- Tú eres mi mejor medicina. – le susurró Raimundo al oído.
Y así durmieron plácidamente.
#3810
Kerala
Kerala
24/10/2011 22:18
- ¿Tú? – dijo Francisca con el corazón en la boca. De pronto se vio transportada a otro tiempo, uno feliz, donde ella corría presurosa a los brazos de Raimundo. Pero esta vez ella no corría. No se lanzaba a sus brazos buscando su boca. La dura realidad de los últimos años la golpeó con fuerza. Ahora eran enemigos. Mudó su rostro y revistió su alma con la dura coraza del orgullo. No podía permitirse mostrarse débil ante él. No podía dejarle ver que aún…le amaba. - ¿Qué demonios estás haciendo en mi casa, colándote como un vulgar delincuente? ¿Cómo te atreves? -.

Raimundo se permitió el lujo de observarla durante unos instantes. Cuando ella se había vuelto hacia él, le había parecido ver durante un momento demasiado fugaz a la Francisca de la que se enamoró como un loco. Pero ahora ante él volvía a estar la dura Francisca Montenegro que le había amargado la vida durante casi 30 años, y de la que, sin poder evitarlo, seguía enamorado como el primer día.

- Te he hecho una pregunta Ulloa -. Puso distancia entre ellos, refugiándose tras la mesa de su despacho.

- ¿Cómo has podido convertirte en una mujer tan fría, Francisca? -. Se atrevió a susurrar Raimundo con tristeza. – Eras una chiquilla tan maravillosa…-.

Si él la hubiera insultado, seguramente le hubiera dolido menos que escuchar esas palabras de su boca. Sintió como el dolor le atenazaba la garganta y retuvo unas inesperadas lágrimas que amenazaban con brotar de sus ojos.

- Nada queda de ella. Tu traición le clavó un cuchillo y Salvador Castro terminó de hundirlo en su pecho hasta matarla -. Se detuvo un momento para recuperarse antes de que se le rompiera la voz. – Y ahora habla de una vez o márchate de aquí -.

Raimundo sintió el dolor de su pequeña arañándole el alma. Respiró hondo y se obligó a recordar cuál había sido el motivo de su visita.

- ¿Qué te unía a Matilde? ¿En qué tratos andabas con esa mujer? -.

Francisca frunció el ceño. Seguramente Pepa le hubiera ido con el cuento de ella había sido la causante de la muerte de esa mujer. Maldita seas partera del demonio .

- ¿Desde cuándo te interesa lo que yo haga o deje de hacer tabernero? – rio irónica. – Tengo por costumbre no dar explicaciones a nadie de ninguno de mis actos. Además ¿Quién eres tú para reclamarme nada? -.

- Alguien que te quiso más que a su propia vida -. Y que aún te quiere, mi pequeña niña….

- ¿En serio me quisiste Raimundo? -. Sonrió burlona. – Permíteme que lo ponga en duda -.

Raimundo la miró dolido. – No conseguirás profanar con tus palabras lo que hubo entre nosotros Francisca -. Se acercó unos pasos hacia ella. – Pero no estoy aquí para hablar de eso. Contéstame Francisca, por favor. Necesito saberlo. ¿Has tenido algo que ver con la muerte de esa mujer? -.

Francisca respiraba con dificultad. El tono de súplica en la voz de Raimundo le obligó a contestarle, muy a su pesar.
#3811
mariajo76
mariajo76
24/10/2011 22:31
Natalia tía que pasión y a las bravas cuando hay necesidad no pasa nada sí entra alguien que aplauda.

Ruth que gracias pòr la dedicatoria, que bonito esa Francisca que parece de hielo pero es un bizcochín, venga sigue, a ver que contesta
#3812
Kerala
Kerala
24/10/2011 22:57
- No te debo ninguna explicación Raimundo, pero…aun así voy a dártela -. Se sentó pesadamente en la silla. – Es cierto que conocía a esa mujer y que le pedí que…le pedí que engañara a Pepa haciéndole creer que Martín estaba vivo -. Escucharse pronunciar aquella confesión la hizo sentirse completamente miserable. No se atrevía a mirar a Raimundo. No soportaría verse odiada en sus ojos. Continuó hablando. – Pero nada tengo que ver en su muerte -. Se llevó una mano a la sien, frotándola suavemente debido al incipiente dolor de cabeza que estaba comenzando a aparecer.

- ¿Cómo puedo creerte Francisca? -. Raimundo estaba apesadumbrado después de la confesión de Francisca.

– Créeme o no, lo que prefieras Raimundo. Pero te estoy diciendo la verdad -. Levantó los ojos hasta que cruzó la mirada con la de Raimundo. Durante unos instantes que parecieron eternos, ninguno de los dos pudo apartar la mirada.

- Te creo Francisca. Sé que no la mataste -. Estaba seguro. Lo había visto en sus ojos. El aire que ella había estado reteniendo en sus pulmones, salió despacio por su boca. No hubiera soportado que Raimundo pensara de ella que era una asesina.

- Ya has conseguido lo que querías. Ahora…márchate y déjame sola Raimundo -. No quería que él descubriera lo feliz que le había hecho sentir la confianza que aún tenía en ella. Se incorporó con la intención de salir de la biblioteca, pero un leve mareo le hizo tambalearse. Raimundo fue rápido de reflejos y se acercó a ella sosteniéndola en sus brazos.

- ¿Te encuentras bien Francisca? -. Su voz sonaba preocupada. Observó el semblante de Francisca notando una ligera palidez.

Francisca apenas podía hablar. Solo sentía las manos de Raimundo sujetándole firmemente por la espalda. Un inesperado calor comenzó a inundar todo su cuerpo. – Estoy…estoy bien -. Trató de soltarse de su agarre, pero Raimundo parecía reacio a dejarla escapar. – Suéltame Raimundo, por favor… -.

Él comenzó a respirar con dificultad. La dulce súplica de Francisca estaba a punto de minar toda su fortaleza. Le dolía en el alma verla sufrir. - ¿De verdad quieres que te suelte Francisca? -. Susurró

Mudas lágrimas que no pudo controlar, comenzaron a deslizarse por las mejillas de Francisca. – No me castigues así Raimundo, te lo ruego…no podría soportarlo… -.

Sus palabras se clavaron en su cabeza martilleándole los oídos. - ¿Castigarte? -. Tragó saliva mirándole profundamente a los ojos. Soltó de su espalda una de sus manos, pero sin dejar de sujetarla, y tomó una de las delicadas manos de Francisca, llevándola a su corazón. - ¿Lo notas? ¿Sientes cómo late? -. Ella asintió con la cabeza. – Solo es por ti, mi pequeña…-. Ella cerró los ojos ante el apelativo que llevaba tantos años sin escuchar en sus labios. – Estar lejos de ti, sí que es un castigo más cruel que la propia muerte -.

- Raimundo… -.

Él se acercó lentamente hasta acariciar con suma delicadeza sus labios con los de su pequeña. Los rozaba con suavidad, igual que si fueran los pétalos de una flor.
#3813
mariajo76
mariajo76
24/10/2011 23:05


¿Lo notas? ¿Sientes cómo late? -. Ella asintió con la cabeza. – Solo es por ti, mi pequeña…-. Ella cerró los ojos ante el apelativo que llevaba tantos años sin escuchar en sus labios. – Estar lejos de ti, sí que es un castigo más cruel que la propia muerte -.



Bua chavala impresionante, me has dejado flipada, sigue por fa
#3814
Kerala
Kerala
24/10/2011 23:28
- Raimundo, no por favor…-. Francisca consiguió escaparse de su abrazo y se refugió junto a la ventana, abrazándose ella misma por la cintura. – Márchate… -. Lloraba en silencio. Después de tantos años anhelando sus besos, se encontraba viviendo el sueño tantas veces repetido. Y se sentía indigna. Miserable. Había hecho daño a tanta gente…

Raimundo solo podía observarla en la distancia. Notaba el dolor en la voz de su pequeña. Y miedo. Él también estaba asustado ante la inmensidad de sus propios sentimientos. Pero estaba seguro, sin ningún atisbo de dudas, de que ella también seguía amándole.

- Mi pequeña…-. Se acercó a ella por detrás, ciñéndola por la cintura, colocando sus brazos sobre los de ella.

Francisca rompió en llanto. – No merezco tu amor Raimundo…lo único que merezco es morir sola y odiada por todos. Yo…- se detuvo para coger aire. -…lo siento tanto Raimundo…tanto… -.

- Amor mío… -. Raimundo la giró y silenció su boca con sus besos. Se apoderó de sus labios, de su corazón, de su alma en un intercambio de alientos que les inyectó vida en todos y cada uno de los poros de su piel. Sus manos tenían vida propia, se dejaban guiar por un amor tan profundo que ni el tiempo ni el dolor había podido acabar con él.

Se desnudaron con ternura infinita, sin separar sus bocas, que se buscaban desesperadas en la tenue oscuridad de la habitación. El diván junto a la ventana les sirvió de improvisada cama, en la que se amaron con la misma intensidad de entonces. Cuando Raimundo se introdujo por fin en ella, ambos ahogaron el grito de satisfacción que escapó de sus bocas en un beso profundo e intenso que seguía el mismo compás que marcaba su pasión.

Los movimientos acompasados de ambos subieron de intensidad cuando la violencia del placer que estaban compartiendo creció hasta límites que ninguno conocía. Raimundo silenciaba los jadeos de Francisca mordiendo suavemente sus labios. El placer la traspasó como un cuchillo y explotó en un éxtasis desgarrador que le hizo sentir que sus propios huesos se disolvían por momentos. Solo cuando Raimundo vio el placer en los ojos de Francisca, se permitió dejarse llevar hasta que terminó gritando el nombre de su amada en el silencio de la noche.

Cuando bajaron de nuevo a la tierra, solo podían mirarse a los ojos, acariciándose y besándose con ternura.

- Raimundo, ¿qué va a ser de nosotros? yo...he de pagar por mis faltas…-. Apartó su mirada de la de él. Raimundo tomó con delicadeza su mentón, obligándole a mirarle de nuevo.

- Lo que tenga que ser será mi niña -. Depositó un suave beso en sus labios. – Pero yo estaré a tu lado pase lo que pase. Nunca más, pequeña mía, nunca más volveremos a estar solos. Nos tenemos el uno al otro. Para siempre…-.

Francisca se abrazó a él. No sentía miedo. No sentía dolor. Pagaría por todo el daño que había infringido. Pero con Raimundo, su amor, su vida entera, a su lado.


FIN
#3815
mariajo76
mariajo76
24/10/2011 23:41
Muy bonito Ruth, aunque yo soy de las que creo que Francisca ya ha pagado con una infelicidad de 30 años, no pudiendo estar junto al amor de su vida y con unos hijos que son tremendamente desgraciados.
#3816
Kerala
Kerala
24/10/2011 23:45
si yo también lo creo mariajo.Cuando por el foro leo que Francisca ha de pagar por lo que ha hecho, y sufrir,siempre pienso en que esta mujer lleva sufriendo casi 30 años y lo que le queda...porque ella,ahora mismo,sigue en agonía...
Adoro a Paca y creo que ya ha sufrido bastante,pero bueno,en este relato improvisado,me cuadraba ponerlo así.
Gracias,me alegro que te haya gustado.Dedicado a ti ha ido completamente ;)
#3817
Nhgsa
Nhgsa
24/10/2011 23:51
Kera tía es que me repito pero ADORO COMO ESCRIBES. Cómo describes cada cosa. Me encanta y el relato magnífico.
Aquí os dejo mi continuación. Mañana tengo un examen de epigrafía y pasado de paleografía (cómo me voy a acordar de ti mariajo) asi que estaré un poco missing. Espero que os guste. Además ya estoy preparando otro. Creo que os gustará.

Tristán y Pepa iban de camino hacia el hospital con la intención de relevar a Francisca.
- ¿Crees que tu madre habrá sido capaz de cuidar de Raimundo sin matarse? – dijo Pepa.
- Tengo la impresión de que se las ha apañado… - dijo Tristán sonriente.
- Es increíble cómo ha podido resistir su amor al tiempo ¿no te parece?
- Sí, es verdad. Igual que lo hará el nuestro. – dijo Tristán atrayéndolo hacia él.
- Eso espero. – dijo Pepa besándolo tiernamente.
Cuando llegaron al hospital les dieron permiso para pasar. No habían tenido ningún problema con Raimundo ni con Francisca, cosa que les sorprendió. Pero al abrir la puerta encontraron la explicación. Raimundo y Francisca se encontraban desnudos, abrazados y con una expresión de felicidad inconfundible. Los dos se quedaron petrificados ante tal escena, nunca pensaron encontrar a Francisca Montenegro, la personificación de la moral recta y estricta de la Iglesia católica de esta guisa. No sabían qué hacer. Una enfermera se disponía a entrar a cambiar las sábanas de la cama de Raimundo. Tristán y Pepa se encargaron de que no pasara.
- Ya la llamaremos no se preocupe. – se apresuró a decir Pepa.
Y los dos, haciendo un acopio de valor y fuerza Tristán entró en la habitación a despertar a aquella pareja.
- Ejem ejem. – carraspeó Tristán.
Tanto Francisca como Raimundo despertaron lentamente. Cuando se dio cuenta de la situación en la que se encontraba Francisca creyó morirse. Dios mío, Tristán les había pillado.
- Tristán… hijo… - dijo Francisca ruborizándose y levantándose rápidamente cogiendo su ropa.
- No sabía que fuera tan buena enfermera madre. – dijo Tristán sonriente.
- Y de las mejores hijo, y de las mejores. – dijo Raimundo con sonrisa burlona.
Francisca dirigió una mirada fulminante a Raimundo a lo que contestó guiñándole el ojo.
- Les dejaré a solas para que se arreglen. No quisiera que a una enfermera se sobresaltara. – dijo Tristán sin perder la sonrisa.
Cuando Tristán cerró la puerta Francisca comenzó a golpear a Raimundo en el pecho.
- Voy… a… matarte… Raimundo Ulloa. – dijo Francisca furiosa.
Raimundo le contestó cogiéndola de las muñecas y le atrajo a él atrapando sus labios en un beso cargado de pasión. Francisca intentó zafarse furiosa pero sólo duró un segundo antes de derretirse entre los brazos de Raimundo cuando éste introdujo su lengua traviesa en su boca. ¿Cómo podía derribar sus muros con tanta facilidad?
Los dos se separaron para poder respirar.
- Si va a ocurrir lo de anoche mátame cuando quieras… - susurró Raimundo a un centímetro de ella.
- ¿Cómo puedes hacer eso? ¿Cómo puedes desarmarme con tan solo una mirada o un beso? – le contestó Francisca.
- Lo mismo podría decirte yo. Cada vez que te miro no puedo dejar de pensar en tomar esa boca que es mi veneno, mi perdición. – dijo Raimundo tomándola entre sus brazos.
- Raimundo… Tristán está esperando. – intentó decir Francisca.
- Cierto… nos tendremos que arreglar o a las enfermeras les dará un ataque como nos encuentren así.
Los dos se vistieron sin perder la sonrisa.

P.D. Una pregunta ¿qué final queréis?¿boda, embarazo, las dos cosas?
#3818
mariajo76
mariajo76
24/10/2011 23:55
Gracias Ruth, eres un cielo, me voy feliz a la cama, ahora me estoy releyendo amor, lucha y rendición, me encanta, ya no se ni cuantas veces lo he leído, es que eres una fenómena guapa, me encanta cuando Francisca recupera la memoria, es un MOMENTAZO

Natalia lo primero mucha suerte guapa, la paleo es un coñazo pero para mi futura archivera un mal necesario, que te salga muy bien.
Lo segundo eres malaaaaaaaaaaaaa, ¿como haces que los pille Tristán?, que corte ja ja

por mi, boda y preñamiento, por supuesto
#3819
Crippy
Crippy
25/10/2011 00:27
Por partes:

Mariajo, genial tu minirelato. La verdad es que todas desearíamos que fuera Rai quien saliera de los pasadizos. Lástima...

Rocío, me encanta la familia feliz. Me da un poco de pena Soledad pero ya he visto que Rai es todo un padrazo adoptivo. Y menos mal que Pablo ya se ha enterado, pobre hombre!!

Kera, con respecto a tu amor es mi condena... me ha encantado la evolución de la Paca a aguilucho del monte jajajaja. Es que menudas libertades que se adjudica el señor Tomás (y madre) aunque miedo me da lo que le pueda hacer a nuestro Rai...
Del relato de los pasadizos... que decirte, que es una dulzura todo él. Yo creo que a la Paca quizás la veamos como en tu relato en el momento en el que se produzca acercamiento, con sentimiento de no merecerlo... pero vamos, yo firmo una y un millón de veces con que con sentimiento de merecerlo o no, nos den una escena como la que tú nos has escrito. Fantástica, como siempre. Me encantan tus re-ediciones y versiones de escenasquepudieronseryquelosguionistasdeloscojonesnuncanosdarán.

Natalia... pedazo pillada de Tristán y Pepa jajajaja, si es que tanta pasión... algo malo tenía que traer!! Tortolitos enamorados... y por mi, de todo todo!!! Embarazo, boda... que no falte de nada!!!

Yo por mi parte os traigo la continuación de mi relato que... uff, no sé que he hecho esta vez, de verdad. En clase de griego leímos este mito y yo que sé, como estaba con los recuerdos de juventud de Francisca... pues aquí lo he metido. Espero que os guste y no os parezca demasiado extraño o fuera de lugar. Juro que lucho día a día por terminar este relato pero evoluciona y sigue...
En fin, que no os aburro más. Seguimos recordando.

Acordaron verse al día siguiente.

Y así fueron sucediéndose los meses. A escondidas, trataban de verse la mayoría de los días, siempre al atardecer, cuando todavía había suficiente luz pero podían recogerse entre las sombras.

Juntos se sentaban al abrigo de las miradas en aquel mismo árbol en el que habían hablado por primera vez. Interesados por el otro, habían terminado haciendo un pacto bastante sencillo: ella le enseñaría a dibujar y él le leería y explicaría esas historias que tanto lo entusiasmaban. Aunque ella fingió sentirse fastidiada al principio por la petición que él hizo, la realidad era bien distinta pues estaba encantada de poder pasar más tiempo cerca de él. Y escuchar su voz.

Poco le importaban el significado de las reflexiones filosóficas. Ella simplemente se sentaba frente a él, fingiendo dibujar el paisaje o un animal cuando en realidad lo estaba dibujando a él, su manera de arrugar el entrecejo mientras leía concentrado y con perfecta entonación. Hasta tal extremo había llegado ese entretenimiento que en más de una ocasión había traído dibujos de paisajes a medio terminar desde la Casona para ocultar su verdadera ocupación enseñándole aquellos otros.

Cada día esperaba con ansias el momento en el que volvieran a reunirse y poco a poco fue dándose cuenta de que sus encuentros se habían convertido en lo mejor que tenía, donde podía comportarse como realmente era. Y también lo sentía a él relajado, contándole las anécdotas acaecidas durante el día en el viejo Caserón de los Ulloa. Disfrutaba de cada segundo que pasaba a su lado y había empezado a temer que él pudiera darse cuenta. De que los disfrutaba demasiado. Especialmente esos días en que el dibujo los ocupaba a ambos y él se sentaba a su lado, deseoso de aprender, con unas cuantas hojas entre las manos y un carboncillo para dibujar. Adoraba tomar su mano y guiarla sobre el papel indicándole que trazos debía marcar y que otros, simplemente, pasar por alto.

Una vez por semana, él acudía a la Casona para hacerle una visita formal, el único de sus encuentros del cual tenían constancia las dos familias. Y todo era tan distinto… la madre de Francisca, sentada junto a ella, observándolos con gesto de desaprobación cada vez que se sonreían o se miraban directamente a los ojos, carraspeando al momento para que dejaran de hacerlo. Tampoco toleraba que Raimundo le hablara de sus pillerías en los años que había pasado en el internado, por lo que sus conversaciones en la Casona se habían visto reducidas a asuntos banales relacionados con el tiempo, el pueblo o alguno de los negocios que unían a sus familias.

Tras esa hora, ambos se lamentaban de no haber pasado el tiempo junto al otro como realmente querían, conversando de sus cosas, sin censuras, riendo y, desde luego, sin un perro de caza observándoles a un metro de distancia. Raimundo ya había advertido en más de una ocasión que si no hubiera sido hijo de quien era, la señora de la casa ya le habría echado sin miramientos de allí; no parecía gozar precisamente de su simpatía.

En esos momentos, cuando ella contaba casi con quince años y él con diecisiete, cada día se proponía hablarle de lo que sentía cuando estaban juntos; no sabía que era pero adoraba estar con él y se amohinaba si un día su encuentro no podía tener lugar. Que se preocupaba ante cualquier mínimo rasguño que él pudiera presentar y que cada minuto que pasaban se había convertido en el verdadero hilo conductor de su vida durante el último año y medio. Pero estaba atemorizada, pues, al fin y al cabo ¿qué era ella para él sino una niña, una chiquilla con quien pasaba algún rato?

Pero, como buena Montenegro que era, fuerte de carácter y de voluntad, no se achantaba ante nada y aquel siete de septiembre resolvió que sería el día en que se sinceraría finalmente con él.

Cuando lo vio aparecer bajando la colina, caminando a buen paso, bien vestido y con su incombustible sonrisa embelleciendo aún más si podía su rostro comenzó a ponerse nerviosa. Llevaba un libro ya gastado por el uso debajo del brazo y desde la lejanía, agitó el otro brazo al verla. Muchos esfuerzos tuvo que hacer Francisca para contenerse y no correr a su encuentro por las puras ganas que tenía de estar con él. Pero, al fin y al cabo, debía comportarse y parecer lo más madura posible para que él no la despreciara simplemente por la diferencia de edad. Ante ese pensamiento, su estómago se encogió pero ella, rápidamente, apartó esos nefastos augurios de su cabeza.

En el momento en el que se encontraron por fin frente a frente, él la saludó como hacía todos los días, besándole caballerosamente la mano.

-Siento el retraso, pero no sabes cómo están las cosas por allí. Casi no he podido ni escaparme –trató de excusarse.

-No te preocupes –le respondió ella mientras se sentaban.
#3820
Crippy
Crippy
25/10/2011 00:29
Aquel día, a diferencia de otros, ella no dibujó sino que puso los cinco sentidos en la lectura que Raimundo había escogido mientras lo miraba embelesada.

“Existió una vez una ninfa llamada Eco a quien Hera, le celosa esposa de Zeus, castigó por ayudar a su marido a ocultar sus infidelidades con otras mujeres. Tal castigo fue quitarle la voz y obligarla a repetir la última palabra que decía la persona con la que mantuviera la conversación. Incapaz de tomar la iniciativa en una conversación, limitada a repetir las palabras ajenas, Eco se apartó del trato humano, refugiándose en los bosques.
Así pues, cuando vio a Narciso, que vagaba por apartados campos, y se enamoró, a escondidas sigue sus pasos, y cuanto más lo sigue más se calienta con la cercana llama, no de otro modo que cuando el inflamable azufre, untado en la punta de las antorchas, arrebata las llamas que se le han acercado. ¡Oh, cuántas veces quiso acercarse con linsojeras palabras y añadir suaves ruegos! Su naturaleza lo impide y no le permite empezar; pero, cosa que le está permitida, ella está pronta a esperar sonidos a los que puede devolver sus propias palabras.
Por azar el joven, apartado del leal grupo de sus compañeros, había dicho: “¿Alguno está por aquí?”, y “está por aquí” había respondido Eco. Él se queda atónito y, cuando lanza su mirada a todas partes, grita con fuerte voz: “Ven”; ella llama a quien la llama. Se vuelve a mirar y de nuevo, al no venir nadie, dice: “¿Por qué me huyes?”, y tantas veces cuantas las dijo, recibió las palabras. Insiste y, engañado por la reproducción de la voz que le contestaba, dice: “En este lugar juntémonos” y Eco, que nunca habría de responder con más agrado a ningún sonido, repitió: “juntémonos”, y ella misma favorece sus palabras y, saliendo de la selva, iba a arrojar sus brazos al deseado cuello. Huye él y, al huir, aleja las manos del abrazo. “Moriré antes”, dice, “de que te adueñes de mí.”
Desgraciada se oculta en el bosque y avergonzada cubre su cara con ramas, y a partir de entonces vive en solitarias cuevas; pero, sin embargo, el amor está dentro y crece con el dolor del rechazo: y las insomnes preocupaciones amenguan su cuerpo que mueve a compasión, y la delgadez contrae su piel, y todo el jugo de su cuerpo se va hacia los aires; solamente le quedan la voz y los huesos: permanece la voz; cuentan que los huesos adoptaron la figura de una piedra. A partir de ese momento se oculta en los bosques y no es vista en montaña alguna, es oída por todos: el sonido es el que vive en ella.”


Cuando terminó con la historia, Raimundo cerró el libro y la observó. Ella se había quedado petrificada en el sitio. Toda la determinación que había tenido antes de que él leyera aquella historia se había desvanecido. Estaba aterrada, de perderlo, de que le ocurriera como a la pobre Eco que rechazada, había muerto triste y sola. Sintió tristeza y se convenció de que a ella jamás le iba a ocurrir eso. Porque nunca le diría lo que sentía por él.

Prefería callar y sufrir en silencio que perderlo para siempre.


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El mito está cogido prácticamente en su totalidad de la traducción del original del poeta latino Ovidio.
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