El Rincón de Francisca y Raimundo:ESTE AMOR SE MERECE UN YACIMIENTO (TUNDA TUNDA) Gracias María y Ramon
#0
08/06/2011 23:44
Vídeos FormulaTV
Nos colamos en el plató de 'Friends' y descubrimos los secretos del apartamento de Monica en el Friends Fest
Selena Leo: "Jamás en la eternidad se va a repetir un reencuentro de Sonia y Selena"
Sonia Madoc: "¿Crees que si tuviese una gira de 80 bolos me iría de Sonia y Selena?"
'Euphoria' regresa tras su salto temporal en el tráiler de la tercera temporada
'La isla de las tentaciones 10' lanza un extenso avance antes de su estreno en Telecinco
laSexta cumple 20 años con la información y el entretenimiento como bastiones frente a la competencia
#2761
29/09/2011 22:14
Menudos tres capítulos que llevamos seguidos, la verdad es que quitando a los Mirañar (que mira que les dan minutos...) el resto de las tramas están interesantísimas. Megan, María, Ramón y Alex impresionantes en sus actuaciones, especialmente Megan que es la que más sufre en su pape,l que de verla cuando casi se tira por el risco o en la habitación cuando entra Tristán se me ponían los pelos de punta...
Con respecto a lo de si hemos retrocedido o no, estoy de acuerdo con Fran. Francisca es la mala de la novela y por muchos secretos y amores escondidos que tenga, eso es así. También al principio parecía no tener corazón cuando maltrataba a soledad pero poco a poco las cosas han ido evolucionando. Yo no creo que haya un distanciamiento entre la Paca y Rai (aparte de los 10-20 capítulos de rigor impuestos por los guionistas entre sus escenas
y estoy segura de que tendremos un final feliz. Su comportamiento con lo de Martín... de cara a la galería. Puede sentirse traicionada, puede sentirse engañada o enfadada pero... sigue queriendo al pequeño, solo hacía falta ver las caras que ponía cuando hablaba con Tristán.
A mi también me encanta nuestra Paca malvada, hay que decirlo.
Con respecto a lo de si hemos retrocedido o no, estoy de acuerdo con Fran. Francisca es la mala de la novela y por muchos secretos y amores escondidos que tenga, eso es así. También al principio parecía no tener corazón cuando maltrataba a soledad pero poco a poco las cosas han ido evolucionando. Yo no creo que haya un distanciamiento entre la Paca y Rai (aparte de los 10-20 capítulos de rigor impuestos por los guionistas entre sus escenas
y estoy segura de que tendremos un final feliz. Su comportamiento con lo de Martín... de cara a la galería. Puede sentirse traicionada, puede sentirse engañada o enfadada pero... sigue queriendo al pequeño, solo hacía falta ver las caras que ponía cuando hablaba con Tristán.A mi también me encanta nuestra Paca malvada, hay que decirlo.
#2762
29/09/2011 22:25
Continuación de "Un perfecto malentendido"
Entre en mi habitación. Cerré la puerta. Por fin sola. Sola. Raimundo y Pablo discutían en el salón sobre política. Sobre religión. Sobre gustos literarios. Sobre las clases sociales… Solo eran escusas para discutir. Para poder pelear. Para poder dejar a relucir sus diferentes caracteres. Su enemistad. Como podían odiarse tanto si se acababan de conocer. Menee la cabeza. Me dirigí hacia el armario. Cogí uno de los múltiples camisones que allí se encontraban. Uno cualquiera. Uno hermoso. Menos mal que mis hijos no se han cruzado con ellos. He tenido suerte. Al menos por ahora. Suficiente era fingir delante de Pablo. Fingir que Raimundo y yo estábamos casados. Fingir que somos lo que siempre hemos deseado ser. Un matrimonio. No quiero pensar la cara que pondrán mis hijos cuando se enteren del embuste. ¿Cómo explicárselo? De todos modos antes de mañana por la tarde se enteraran. Sus hijos también se enteraran. Antes de que el sol se esconda. Mañana a la tarde debemos ir al baile. Allí nos verán. Una gran ocurrencia por parte de nuestro alcalde. Como todas las ideas de los Mirañar. Brillantes. Cerré el armario tras coger el camisón. Camine lentamente hacia la peinadora. Deposite la prenda sobre la silla. Con cuidado. ¿Qué dirá todo el pueblo cuando nos vean juntos? ¿Me invitara Raimundo a bailar? Sonreí ante la ocurrencia. No, no lo hará. Como siempre el adoptara esa postura orgullosa que tanto lo caracteriza. No hay sobre la faz de la tierra unas personas tan orgullosas como nosotros. Tan tercos. Tan testarudos. Comencé a desabrochar los botones de mi vestido. El vestido causante de todo. Si Raimundo no me hubiese sorprendido con él puesto quizás nada de esto hubiese ocurrido. Si él no hubiese entrado sin permiso… ¿Por qué lo había hecho? ¿Qué motivos tendrá para entrar de esa forma en mi habitación? Aun no me ha dado una explicación convincente para ello. Ni siquiera me ha dado una explicación. Alcé los brazos. Dejándolos caer hacia atrás. Deslicé mis dedos sobre mi nuca. Hasta encontrar el primer botón. Lo hice. Lo desabroche. El primero. Baje. El segundo. El tercero. El cuar…La puerta sonó. Sería alguien del servicio. Mariana. Tal vez Rosario.
-Adelante.-dije lo suficientemente fuerte. Para que la persona que se encontrase fuera lo escuchase. Lo hizo. La abrió. Escuche el chirrido de la puerta abriéndose. Me gire lentamente. Confiada que en sería una de mis sirvientas.
-Raimundo.-exclame sorprendida. Una vez que este hubo entrado en la habitación cerró la puerta. - ¿Qqué haces tú aquí?-pregunte sin salir de mi sorpresa.
-¿Que pretendes que haga, Francisca?-contestó con otra pregunta.
-Yo no pretendo nada.-Conteste. Frunciendo el ceño. Meneando la cabeza. – Lo único que quiero es descansar tranquila. Y creo que tú también deberías de hacerlo.
-Pues entonces no veo donde está el problema.- dijo irónico.- Tú quieres descansar, y yo también. –termino diciendo mientras lanzaba una mirada a la cama. Una mirada demasiado significativa.
Alcé las cejas. Sorprendida. No podía estar insinuando aquello.- ¿Qqué estás diciendo?- me costaba preguntar. Temía la respuesta.
-Vamos Francisca, descansemos. Mañana será otro día.- dijo casi susurrando. Con el semblante visiblemente cansado. Lo fingía. Comenzó a desabrochar su camisa.
-¡No pretenderás que comparta mi cama contigo!-casi grite. Irritada. Me había dado cuenta de las connotaciones de sus palabras.
-Si no lo haces…-comenzó pensativo. Cómicamente pensativo.- ¿Qué haremos?-termino preguntando. Espero un poco. Observó como por mi rostro pasaban múltiples expresiones. Sorpresa. Espanto. Vergüenza. Ira…-Te recuerdo que ahora somos marido y mujer.- añadió. Como si eso sirviese para convencerme. No lo hizo.
Bufé. Enfadada. Con él. Con aquella mentira. Con todo lo que había sucedido aquel día. Lo fulmine con la mirada. El sonrió. Al tiempo que desabrochaba su último botón. Dejando su pecho al descubierto. Al entrar había soltado su chaqueta sobre uno de los baúles que había en mi cuarto. Ahora estaba parado. Mirándome fijamente.
-¿No pretenderás que me cambie delante de ti no?-Pregunte irónica. A la vez que horrorizada. Me di la vuelta. Dirigiéndome hacia la silla. Allí estaba el camisón. Me volvía a girar. Raimundo seguía mirándome.- Te recomiendo que mires hacia otro lado si no quieres que te vuelva a cruzar la cara por pervertido.- dije amenazante. Él levanto las manos. En un cómico gesto. Se giró despacio. Una vez que lo hizo volví a intentar desabrochar el cuarto botón. No pude. Lo maldije. Maldije al botón. Al vestido. Intente quítamelo bruscamente. Sin desabotonarlo. Aquello era imposible. Volví a los botones. Tampoco. –Malditos…botones-casi grite. Con rabia.
Entre en mi habitación. Cerré la puerta. Por fin sola. Sola. Raimundo y Pablo discutían en el salón sobre política. Sobre religión. Sobre gustos literarios. Sobre las clases sociales… Solo eran escusas para discutir. Para poder pelear. Para poder dejar a relucir sus diferentes caracteres. Su enemistad. Como podían odiarse tanto si se acababan de conocer. Menee la cabeza. Me dirigí hacia el armario. Cogí uno de los múltiples camisones que allí se encontraban. Uno cualquiera. Uno hermoso. Menos mal que mis hijos no se han cruzado con ellos. He tenido suerte. Al menos por ahora. Suficiente era fingir delante de Pablo. Fingir que Raimundo y yo estábamos casados. Fingir que somos lo que siempre hemos deseado ser. Un matrimonio. No quiero pensar la cara que pondrán mis hijos cuando se enteren del embuste. ¿Cómo explicárselo? De todos modos antes de mañana por la tarde se enteraran. Sus hijos también se enteraran. Antes de que el sol se esconda. Mañana a la tarde debemos ir al baile. Allí nos verán. Una gran ocurrencia por parte de nuestro alcalde. Como todas las ideas de los Mirañar. Brillantes. Cerré el armario tras coger el camisón. Camine lentamente hacia la peinadora. Deposite la prenda sobre la silla. Con cuidado. ¿Qué dirá todo el pueblo cuando nos vean juntos? ¿Me invitara Raimundo a bailar? Sonreí ante la ocurrencia. No, no lo hará. Como siempre el adoptara esa postura orgullosa que tanto lo caracteriza. No hay sobre la faz de la tierra unas personas tan orgullosas como nosotros. Tan tercos. Tan testarudos. Comencé a desabrochar los botones de mi vestido. El vestido causante de todo. Si Raimundo no me hubiese sorprendido con él puesto quizás nada de esto hubiese ocurrido. Si él no hubiese entrado sin permiso… ¿Por qué lo había hecho? ¿Qué motivos tendrá para entrar de esa forma en mi habitación? Aun no me ha dado una explicación convincente para ello. Ni siquiera me ha dado una explicación. Alcé los brazos. Dejándolos caer hacia atrás. Deslicé mis dedos sobre mi nuca. Hasta encontrar el primer botón. Lo hice. Lo desabroche. El primero. Baje. El segundo. El tercero. El cuar…La puerta sonó. Sería alguien del servicio. Mariana. Tal vez Rosario.
-Adelante.-dije lo suficientemente fuerte. Para que la persona que se encontrase fuera lo escuchase. Lo hizo. La abrió. Escuche el chirrido de la puerta abriéndose. Me gire lentamente. Confiada que en sería una de mis sirvientas.
-Raimundo.-exclame sorprendida. Una vez que este hubo entrado en la habitación cerró la puerta. - ¿Qqué haces tú aquí?-pregunte sin salir de mi sorpresa.
-¿Que pretendes que haga, Francisca?-contestó con otra pregunta.
-Yo no pretendo nada.-Conteste. Frunciendo el ceño. Meneando la cabeza. – Lo único que quiero es descansar tranquila. Y creo que tú también deberías de hacerlo.
-Pues entonces no veo donde está el problema.- dijo irónico.- Tú quieres descansar, y yo también. –termino diciendo mientras lanzaba una mirada a la cama. Una mirada demasiado significativa.
Alcé las cejas. Sorprendida. No podía estar insinuando aquello.- ¿Qqué estás diciendo?- me costaba preguntar. Temía la respuesta.
-Vamos Francisca, descansemos. Mañana será otro día.- dijo casi susurrando. Con el semblante visiblemente cansado. Lo fingía. Comenzó a desabrochar su camisa.
-¡No pretenderás que comparta mi cama contigo!-casi grite. Irritada. Me había dado cuenta de las connotaciones de sus palabras.
-Si no lo haces…-comenzó pensativo. Cómicamente pensativo.- ¿Qué haremos?-termino preguntando. Espero un poco. Observó como por mi rostro pasaban múltiples expresiones. Sorpresa. Espanto. Vergüenza. Ira…-Te recuerdo que ahora somos marido y mujer.- añadió. Como si eso sirviese para convencerme. No lo hizo.
Bufé. Enfadada. Con él. Con aquella mentira. Con todo lo que había sucedido aquel día. Lo fulmine con la mirada. El sonrió. Al tiempo que desabrochaba su último botón. Dejando su pecho al descubierto. Al entrar había soltado su chaqueta sobre uno de los baúles que había en mi cuarto. Ahora estaba parado. Mirándome fijamente.
-¿No pretenderás que me cambie delante de ti no?-Pregunte irónica. A la vez que horrorizada. Me di la vuelta. Dirigiéndome hacia la silla. Allí estaba el camisón. Me volvía a girar. Raimundo seguía mirándome.- Te recomiendo que mires hacia otro lado si no quieres que te vuelva a cruzar la cara por pervertido.- dije amenazante. Él levanto las manos. En un cómico gesto. Se giró despacio. Una vez que lo hizo volví a intentar desabrochar el cuarto botón. No pude. Lo maldije. Maldije al botón. Al vestido. Intente quítamelo bruscamente. Sin desabotonarlo. Aquello era imposible. Volví a los botones. Tampoco. –Malditos…botones-casi grite. Con rabia.
#2763
29/09/2011 22:25
-¿Te ayudo?-pregunto Raimundo. En voz baja. Casi susurrando. Aun de espaldas a mí. Ante mi silencio se giró. Sonrió. Lo hizo. Mientras me miraba. Calme un poco mi mal humo. Esbocé una imperceptible sonrisa. Avanzo hacia mí. Me puse de espaldas a él. Para que pudiera ayudarme. Para que pudiera desabrochar los botones del vestido. Lo hizo. Coloque mi mano en mi pecho. Sujetando el vestido. Para que no cayese antes de tiempo. Desabrochó todos y cada uno de los botones restantes. Los botones que yo no había conseguido quitar. Lo hizo suavemente. Sin dificultad.
-No veo que problema había con los botones Francisca.-dijo irónico. A la vez que terminaba con el último botón. Acaricio la piel desnuda de mi espalda. De mi hombro. Produciéndome millones de escalofríos en el recorrido. –Ya está.-exclamó. Apoyo su mano sobre mi hombro. Haciéndome girar. –Claro está que si quieres que te ponga el camisón…
-No te burles de mi Ulloa.-lo interrumpí. –No lo hagas si no quieres dormir…- lancé una mirada hacia una incómoda silla que había al final de la habitación.-en esa butaca.-termine amenazante. Recuperando la compostura. Después de su caricia. Suspire. Lo mire con una expresión que hablo por mí. Él se volvió a girar. Me deshice rápidamente del vestido. De la indumentaria que llevaba. Me puse el camisón. Esta vez no tuve problemas. Estaba abotonado por delante. –Ya he terminado.
-Ahora la que te tendrás que girar eres tú Francisca.-contesto burlón. Deje salir una pequeña carcajada. No me esperaba esa respuesta. Menee la cabeza. Al fin y al cabo tenía razón.-Aunque…-dijo pensativo.-yo no tengo camisón que ponerme.-Se quitó la camiseta mientras lo hacía. Tragué saliva.-Ni vestido que desabrochar.- Hizo ademan de quitarse los pantalones. Me puse roja. Embarazada ante la situación. Debía de pararlo. Si seguía acabaría desnudo ante mí. Solo de pensarlo mi corazón se disparó. Latiendo con fuerza. Aunque pensándolo fríamente lo había hecho desde que se quitó la camiseta.
-Raimundo.-lo pare. Haciendo un pequeño gesto con la mano. Busque una excusa para que detuviese sus movimientos. La encontré.- Me vas a explicar de una vez porque irrumpiste en mi habitación esta mañana.-dije a la vez que cogía un cepillo de la peinadora. Comencé a desenredar mi pelo.
Raimundo sonrió.-Vine para ayudar a mi hijo. Sebastián estaba demasiado ocupado en la conservera y tenía que traerte unos papeles. Yo me ofrecí.-Se explicó.- Son unos documentos relacionados con unas…
-Maquinas.-lo interrumpí. Al tiempo que paraba de peinarme. Con el cepillo en la mano.-Tu hijo debía de traerme unos presupuestos para la reparación de dos de ellas.-Expliqué. Las maquinas. Quizás esos fueran los papeles que había sobre la mesa del despacho. Lo eran. Pero no esta tarde no le di la menor importancia. Creí que los había traído Tristán. Menee la cabeza.-Pero eso no justifica porque entraste en mi habitación.
-En el despacho no había nadie. Y el servicio tampoco hizo acto de presencia. Yo creí que…-Raimundo agachó la cabeza.
-¿Qué creíste?-pregunte un poco irritada.-Creíste que subir a mi habitación era la mejor idea. Subamos a la habitación de Francisca Montenegro, total.- exclame irónica. Cada vez más enfadada.- Viniste a traerme unos papeles. Llevo todo el día fingiendo ser tu esposa por unos malditos papeles.-estaba vez estuve a punto de chillar. Lo amenazaba con el cepillo que llevaba en la mano.
-Francisca-estalló Raimundo. Callándome.-te puedes tranquilizar de una vez.-me ordeno. Lo hice. Como una niña pequeña que obedece a sus padres. Deje caer el cepillo. Al suelo. Bajando los brazos. Relajándome.-Vete a la cama.-Me dijo en el mismo tono que antes.
Suspire. Me dirigí hacia la cama. La destape. Por la izquierda. Ese hoy sería mi lado. Me senté. Para después tumbarme. Mire de reojo a Raimundo. Él estaba terminando de desvestirse. Me sentía un poco incomoda pero al fin y al cabo ambos habíamos compartido más intimidades que esa. Camino hacia la cama. Se sentó sobre ella.
-Raimundo.-lo llame. Suavemente.
-¿Qué?-pregunto cansado.
Sonreí. –Ni se te ocurra tocarme.-conteste. Volviendo a ser la Francisca Montenegro de siempre. Orgullosa. Siempre lo había sido.
-No lo hare.-Dijo el mientras se tumbaba. Sonrió ante mi ocurrencia.
Ambos nos dirigimos un par de miradas. Mal disimuladas. Antes de cerrar los ojos. Antes de quedarnos dormidos. Antes de soñar que estábamos el uno al lado del otro. Lo estábamos.
-No veo que problema había con los botones Francisca.-dijo irónico. A la vez que terminaba con el último botón. Acaricio la piel desnuda de mi espalda. De mi hombro. Produciéndome millones de escalofríos en el recorrido. –Ya está.-exclamó. Apoyo su mano sobre mi hombro. Haciéndome girar. –Claro está que si quieres que te ponga el camisón…
-No te burles de mi Ulloa.-lo interrumpí. –No lo hagas si no quieres dormir…- lancé una mirada hacia una incómoda silla que había al final de la habitación.-en esa butaca.-termine amenazante. Recuperando la compostura. Después de su caricia. Suspire. Lo mire con una expresión que hablo por mí. Él se volvió a girar. Me deshice rápidamente del vestido. De la indumentaria que llevaba. Me puse el camisón. Esta vez no tuve problemas. Estaba abotonado por delante. –Ya he terminado.
-Ahora la que te tendrás que girar eres tú Francisca.-contesto burlón. Deje salir una pequeña carcajada. No me esperaba esa respuesta. Menee la cabeza. Al fin y al cabo tenía razón.-Aunque…-dijo pensativo.-yo no tengo camisón que ponerme.-Se quitó la camiseta mientras lo hacía. Tragué saliva.-Ni vestido que desabrochar.- Hizo ademan de quitarse los pantalones. Me puse roja. Embarazada ante la situación. Debía de pararlo. Si seguía acabaría desnudo ante mí. Solo de pensarlo mi corazón se disparó. Latiendo con fuerza. Aunque pensándolo fríamente lo había hecho desde que se quitó la camiseta.
-Raimundo.-lo pare. Haciendo un pequeño gesto con la mano. Busque una excusa para que detuviese sus movimientos. La encontré.- Me vas a explicar de una vez porque irrumpiste en mi habitación esta mañana.-dije a la vez que cogía un cepillo de la peinadora. Comencé a desenredar mi pelo.
Raimundo sonrió.-Vine para ayudar a mi hijo. Sebastián estaba demasiado ocupado en la conservera y tenía que traerte unos papeles. Yo me ofrecí.-Se explicó.- Son unos documentos relacionados con unas…
-Maquinas.-lo interrumpí. Al tiempo que paraba de peinarme. Con el cepillo en la mano.-Tu hijo debía de traerme unos presupuestos para la reparación de dos de ellas.-Expliqué. Las maquinas. Quizás esos fueran los papeles que había sobre la mesa del despacho. Lo eran. Pero no esta tarde no le di la menor importancia. Creí que los había traído Tristán. Menee la cabeza.-Pero eso no justifica porque entraste en mi habitación.
-En el despacho no había nadie. Y el servicio tampoco hizo acto de presencia. Yo creí que…-Raimundo agachó la cabeza.
-¿Qué creíste?-pregunte un poco irritada.-Creíste que subir a mi habitación era la mejor idea. Subamos a la habitación de Francisca Montenegro, total.- exclame irónica. Cada vez más enfadada.- Viniste a traerme unos papeles. Llevo todo el día fingiendo ser tu esposa por unos malditos papeles.-estaba vez estuve a punto de chillar. Lo amenazaba con el cepillo que llevaba en la mano.
-Francisca-estalló Raimundo. Callándome.-te puedes tranquilizar de una vez.-me ordeno. Lo hice. Como una niña pequeña que obedece a sus padres. Deje caer el cepillo. Al suelo. Bajando los brazos. Relajándome.-Vete a la cama.-Me dijo en el mismo tono que antes.
Suspire. Me dirigí hacia la cama. La destape. Por la izquierda. Ese hoy sería mi lado. Me senté. Para después tumbarme. Mire de reojo a Raimundo. Él estaba terminando de desvestirse. Me sentía un poco incomoda pero al fin y al cabo ambos habíamos compartido más intimidades que esa. Camino hacia la cama. Se sentó sobre ella.
-Raimundo.-lo llame. Suavemente.
-¿Qué?-pregunto cansado.
Sonreí. –Ni se te ocurra tocarme.-conteste. Volviendo a ser la Francisca Montenegro de siempre. Orgullosa. Siempre lo había sido.
-No lo hare.-Dijo el mientras se tumbaba. Sonrió ante mi ocurrencia.
Ambos nos dirigimos un par de miradas. Mal disimuladas. Antes de cerrar los ojos. Antes de quedarnos dormidos. Antes de soñar que estábamos el uno al lado del otro. Lo estábamos.
#2764
29/09/2011 22:39
Rocio me encantaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!! están durmiendo juntitos!
gracias por este precioso relato que nos estás regalando.
Del capitulo,solo puedo decir que mi Paca es grande!! Qué esperaban? tampoco es que la esté envenenando para que muera...no se,es que no soy objetiva con ella xD
Paca es mala,está haciendo su papel.Aunque cuando se queda sola,las expresiones de su rostro hablan por ella...
p.d- Los capítulos vienen a ser: ESCENA (1 minuto). MIRAÑARES (5 minutos) ESCENA (1 minuto o 2) MIRAÑARES (again...5 minutos...)...Estoy SA-TU-RA-DA
estamos viendo El secreto de Puente Viejo o Las aventuras Mirañar?
gracias por este precioso relato que nos estás regalando.
Del capitulo,solo puedo decir que mi Paca es grande!! Qué esperaban? tampoco es que la esté envenenando para que muera...no se,es que no soy objetiva con ella xD
Paca es mala,está haciendo su papel.Aunque cuando se queda sola,las expresiones de su rostro hablan por ella...
p.d- Los capítulos vienen a ser: ESCENA (1 minuto). MIRAÑARES (5 minutos) ESCENA (1 minuto o 2) MIRAÑARES (again...5 minutos...)...Estoy SA-TU-RA-DA

estamos viendo El secreto de Puente Viejo o Las aventuras Mirañar?
#2765
29/09/2011 22:47
Bueno corazones...Último capítulo de "AMOR,LUCHA Y RENDICIÓN"
La puerta de la habitación de Francisca se abrió y ambos entraron. Ella se acercó hacía el tocador, mientras que Raimundo cerró suavemente la puerta y se quedó apoyado en ella, observándola. Planificando su próximo movimiento, igual que un depredador. La deseaba tanto que casi no podía ni pensar. Pero iba a tomárselo con calma…
-Estoy deseando quitarme este maldito vestido- Francisca hizo intención de desabrocharse los botones. - Tengo demasiado ca…-. Se interrumpió cuando las manos de Raimundo,que se acercó en ese momento a su espalda, sujetaron las suyas, impidiendo que ella desabotonara el vestido.
-Yo lo haré, princesa- Las yemas de sus dedos recorrieron suavemente sus brazos, desde las muñecas hasta llegar a los hombros, erizándole la piel con la caricia.
-Raimundo…- musitó Francisca cerrando los ojos.
-Sshhh…-. Francisca sentía su cálido aliento en el cuello, provocándole mil y un escalofrios. –Déjame tocarte…necesito sentir tu piel…-
Raimundo llevó sus hábiles dedos al primer botón que desabrochó con asombrosa calma. Después, el segundo y el tercero, abriendo levemente el vestido y dejando al descubierto el nacimiento de su espalda. Acercó sus labios y rozó con ellos su piel. Francisca no pudo evitar que un jadeo escapase de su garganta.
-Tu piel es tan suave mi pequeña…Es como tocar los pétalos de una flor-. Sus caricias y el tono aterciopelado de su voz estaban matándole lentamente, con una dulce agonía.
Raimundo siguió desabotonando hasta que llegó al último botón. Con sus nudillos, recorrió de nuevo un camino ascendente hasta su cuello, apreciando cómo la piel de su pequeña, de su amor, se estremecía con su contacto. Sus manos se colaron atrevidas dirigiéndose hasta los pechos de Francisca acariciándolos a su antojo. Ella se sintió desfallecer, las piernas le temblaban como si fuera gelatina. Se apoyó en el pecho de Raimundo para no caer,y se rindió a sus caricias.
(continua...)
La puerta de la habitación de Francisca se abrió y ambos entraron. Ella se acercó hacía el tocador, mientras que Raimundo cerró suavemente la puerta y se quedó apoyado en ella, observándola. Planificando su próximo movimiento, igual que un depredador. La deseaba tanto que casi no podía ni pensar. Pero iba a tomárselo con calma…
-Estoy deseando quitarme este maldito vestido- Francisca hizo intención de desabrocharse los botones. - Tengo demasiado ca…-. Se interrumpió cuando las manos de Raimundo,que se acercó en ese momento a su espalda, sujetaron las suyas, impidiendo que ella desabotonara el vestido.
-Yo lo haré, princesa- Las yemas de sus dedos recorrieron suavemente sus brazos, desde las muñecas hasta llegar a los hombros, erizándole la piel con la caricia.
-Raimundo…- musitó Francisca cerrando los ojos.
-Sshhh…-. Francisca sentía su cálido aliento en el cuello, provocándole mil y un escalofrios. –Déjame tocarte…necesito sentir tu piel…-
Raimundo llevó sus hábiles dedos al primer botón que desabrochó con asombrosa calma. Después, el segundo y el tercero, abriendo levemente el vestido y dejando al descubierto el nacimiento de su espalda. Acercó sus labios y rozó con ellos su piel. Francisca no pudo evitar que un jadeo escapase de su garganta.
-Tu piel es tan suave mi pequeña…Es como tocar los pétalos de una flor-. Sus caricias y el tono aterciopelado de su voz estaban matándole lentamente, con una dulce agonía.
Raimundo siguió desabotonando hasta que llegó al último botón. Con sus nudillos, recorrió de nuevo un camino ascendente hasta su cuello, apreciando cómo la piel de su pequeña, de su amor, se estremecía con su contacto. Sus manos se colaron atrevidas dirigiéndose hasta los pechos de Francisca acariciándolos a su antojo. Ella se sintió desfallecer, las piernas le temblaban como si fuera gelatina. Se apoyó en el pecho de Raimundo para no caer,y se rindió a sus caricias.
(continua...)
#2766
29/09/2011 22:50
Lentamente, Raimundo abandonó sus pechos para dirigirse a los hombros y empezó a deslizar el vestido hasta que finalmente, este cayó al suelo. Comenzó a trazar con la punta de su lengua un húmedo camino desde la nuca hasta que, poco a poco llegó hasta sus labios. Francisca permanecía con los ojos cerrados. Le pesaban demasiado los párpados, no tenía fuerzas. Solo quería sentirle. Raimundo le estaba prodigando abrumadoras caricias que despertaban todos sus sentidos. Su boca se abrió al fin para él, dejando total acceso a su lengua. Alzó las manos por su pecho hasta entrelazarlas en su nuca, atrayéndole más hacia ella. Se entregó a él por completo. Sus lenguas se enredaron en una danza sin fin, saboreándose mutuamente. Raimundo volvió a deslizarse por sus hombros, hasta su pecho llegando hasta su vientre, mientras sus manos no dejaban de acariciar su espalda. Reinició el camino de vuelta hasta su boca llevando esta vez sus manos hasta los muslos de Francisca, elevándola hacia él. Francisca jadeó ante el contacto. Raimundo la miraba intensamente a los ojos.
-Eres mi vida entera Francisca…- murmuró. –No hay nada en este mundo que me importe más que tú…estás tan dentro de mí, pequeña mía…-
Francisca tomó una de las manos de Raimundo y la llevó hasta su pecho.
-¿Notas mi corazón Raimundo…? Solo late por ti-
La estrechó entre sus brazos saboreando su aroma, el calor de su piel. Francisca le fue quitando poco a poco la camisa,introduciendo sus manos por debajo acariciando dulcemente la piel de su espalda.
-No dejes nunca de amarme Raimundo…-
La llevó entre sus brazos hasta depositarla delicadamente sobre la cama. –Ni siquiera la muerte logrará que deje de amarte, vida mía-. Terminó de desvestirse y se reunió con ella en la cama. La pasión les invadió rápidamente, sentían la sangre como lava ardiente fluyendo por sus venas.
-Hazme el amor …-
Raimundo suspiró bruscamente y se posicionó sobre ella para introducirse lentamente en su interior. Besó su boca, siguiendo con su lengua el mismo ritmo que con sus embestidas, llevando a Francisca a la locura. El mundo giraba enloquecido a su alrededor mientras él se introducía en ella una y otra vez, cada vez más profundo.
Y de repente, el éxtasis más puro se adueñó de ellos. Se estremecieron mientras surcaban oleadas de placer que invadieron cada parte de sus cuerpos. Se abrazaron, incapaces de soltarse.
-Nada ni nadie volverá a separarme de ti, mi pequeña. Te querré eternamente-
-Yo también te amo, Raimundo. Para toda la eternidad-
Francisca se aferró a él feliz, reposando en sus brazos. Al fin, estaba donde siempre quiso estar. Su destino fue, estar juntos para toda la vida.
FIN
P.D: Muchísimas gracias a todas.Lourdes,mariajo,miri,Rocio,Silvia,Cristina,Laura,Natalia,mariajose,Ari...y a todas las que habeis leido esta historia.GRACIAS!
-Eres mi vida entera Francisca…- murmuró. –No hay nada en este mundo que me importe más que tú…estás tan dentro de mí, pequeña mía…-
Francisca tomó una de las manos de Raimundo y la llevó hasta su pecho.
-¿Notas mi corazón Raimundo…? Solo late por ti-
La estrechó entre sus brazos saboreando su aroma, el calor de su piel. Francisca le fue quitando poco a poco la camisa,introduciendo sus manos por debajo acariciando dulcemente la piel de su espalda.
-No dejes nunca de amarme Raimundo…-
La llevó entre sus brazos hasta depositarla delicadamente sobre la cama. –Ni siquiera la muerte logrará que deje de amarte, vida mía-. Terminó de desvestirse y se reunió con ella en la cama. La pasión les invadió rápidamente, sentían la sangre como lava ardiente fluyendo por sus venas.
-Hazme el amor …-
Raimundo suspiró bruscamente y se posicionó sobre ella para introducirse lentamente en su interior. Besó su boca, siguiendo con su lengua el mismo ritmo que con sus embestidas, llevando a Francisca a la locura. El mundo giraba enloquecido a su alrededor mientras él se introducía en ella una y otra vez, cada vez más profundo.
Y de repente, el éxtasis más puro se adueñó de ellos. Se estremecieron mientras surcaban oleadas de placer que invadieron cada parte de sus cuerpos. Se abrazaron, incapaces de soltarse.
-Nada ni nadie volverá a separarme de ti, mi pequeña. Te querré eternamente-
-Yo también te amo, Raimundo. Para toda la eternidad-
Francisca se aferró a él feliz, reposando en sus brazos. Al fin, estaba donde siempre quiso estar. Su destino fue, estar juntos para toda la vida.
FIN
P.D: Muchísimas gracias a todas.Lourdes,mariajo,miri,Rocio,Silvia,Cristina,Laura,Natalia,mariajose,Ari...y a todas las que habeis leido esta historia.GRACIAS!
#2767
29/09/2011 23:18
Q bonito Ruth!!!! Muy emotivo....me has dejado emocionada!!! Gracias a ti por compartir esta historia con nosotras.
El resto de los relatos también me tienen enganchada....me encantan!!!
De la serie, nada que decir....a ver si este finde puedo ver algunos capítulos. Aún tengo esperanzas de que Francisca y Raimundo acaben juntos...no me imagino otro final para estos dos!!!
El resto de los relatos también me tienen enganchada....me encantan!!!
De la serie, nada que decir....a ver si este finde puedo ver algunos capítulos. Aún tengo esperanzas de que Francisca y Raimundo acaben juntos...no me imagino otro final para estos dos!!!
#2768
29/09/2011 23:25
preciosooo!!! Que bonittooo... me he emocionado ... aixx estoy mas enganchada a vosotras que a la serie xdd
#2769
29/09/2011 23:28
Hola chicas, hoy no he podido ver el capítulo asi que lo veré el fin de semana pero por lo que contáis lo más interesante ha sido lo de la Paca envenenando a Pepa. Esperemos que no dure mucho, no me guste ver a la Paca de mala porque sí.
Ruth tía BRAVO BRAVÍSIMO. Qué pasión!!!!! ADORO COMO ESCRIBES, DE VERDAD.
Y Franrai, también escribes muy bien. De verdad que me encantaría ver a Francisca en una situación como esa XD.
Mariajosé, Crippy,... seguid así que lo hacéis fenomenal.
Yo sin más dilación sigo con mi relato. Como siempre, espero no decepcionaros ni aburriros ;)
Era Martín. Estaba sucio y parecía desnutrido. Raimundo intentó reanimarle y poco a poco Martín despertó.
- ¡Martín! ¡Martín! ¿Me oyes?
- Tío… Raimundo. – susurró Martín.
Raimundo le abrazó contra su pecho por la emoción. Enseguida le cogió en brazos, le acomodó en el carro y le llevó al pueblo.
Cuando llegó corrió a llamar a la doctora Casas.
- Doctora, tengo a Martín en el carro. Deprisa, parece deshidratado.
No tuvo que decirlo dos veces. La doctora salió a buscar a Martín y entre los dos lo llevaron a la consulta. Raimundo seguidamente corrió a la casa de comidas. Allí se encontró con Emilia, Pepa y Pedro Mirañar hablando.
- ¡Pepa! ¡Pepa! Tienes que ir corriendo al consultorio… Martín…
- ¿Qué pasa con Martín? – dijo Pepa alarmada
- Lo encontré. Estaba vagando por las tierras. Está en el consultorio. Parecía desnutrido pero está consciente.
Pepa salió de la casa de comidas como alma que lleva el diablo.
- Pedro, vaya a la Casona ¡rápido!
- S… sí… sí… claro – dijo Pedro faltándole el aire.
- Pero Emilia, corre con Pepa. Te necesita. Yo defenderé el fuerte. Vamos. – dijo Raimundo.
Emilia dejó el delantal, le dio un beso y se fue. Ya a la hora de cerrar, Raimundo estaba subiendo las sillas preocupado. “Espero que realmente esté bien.” – pensó.
- Siempre supe que eras un ángel. – susurró una voz cerca de él.
Esa voz era inconfundible. La emoción volvía a llenarle como un zagal. Se dio la vuelta y allí estaba Francisca. Con una mirada tierna y llena de amor. Le acarició la barba y le atrajo hasta ella lentamente. Unas lágrimas se deslizaron por su rostro.
- Mi ángel… - susurró a un centímetro de sus labios.
Raimundo deslizó las manos por su cintura y los dos se fundieron en un beso apasionado. Francisca se aferró con fuerza a él mientras que Raimundo atacaba su cuello. Se aferraban y besaban el uno al otro con una pasión desbordante. Se apartaron para poder respirar. Francisca sonrió pícara y, cogiéndole la mano, le condujo hasta las habitaciones.
Cuando llegaron al cuarto de Raimundo, éste cerró la puerta con pestillo y, de un movimiento rápido, la atrajo hacia sí y volvieron a fundirse en un beso demoledor.
Francisca intentaba sobrevivir a su ataque mientras él la llevaba a la locura. Ella enloqueció con él y le arrancó la camisa mientras él hacía lo propio con su vestido. Cuando cayó al suelo, Francisca empujó a Raimundo a la cama. Los dos se miraron llenos de deseo. Francisca deshizo su peinado y empezó a quitarse las enaguas. Raimundo creyó que moriría de deseo. Cuando ella se quitó la ropa, se colocó lentamente encima de él. Raimundo quiso besarla pero ella le puso la mano en la cara dejando a Raimundo paralizado y mirando al techo mientras ella le besaba el pecho y la quitaba el pantalón. Raimundo sólo pensaba en sobrevivir.
- Francisca… vas a volverme loco… - gimió Raimundo.
Ella le contestó con una sonrisa a la vez que sus cuerpos comenzaron a moverse por la pasión. Raimundo se dejó hacer mientras le acariciaba la espalda. Los jadeos y la pasión alcanzaron cotas insospechadas. El éxtasis se apoderó de ellos fundiéndolos, convirtiéndolos en un solo ser. Sin sospechar que unos ojos llenos de odio observaron su encuentro.
Carmen se alejó llena de rabia y desesperación. Mañana hablaría con Olmo.
- Acabaré contigo maldita bruja. – dijo Carmen para sí. – No le harás más daño. Lo juro por mi vida.
P.D. Chicas ya tengo banner. ¡Yujuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu!
Ruth tía BRAVO BRAVÍSIMO. Qué pasión!!!!! ADORO COMO ESCRIBES, DE VERDAD.
Y Franrai, también escribes muy bien. De verdad que me encantaría ver a Francisca en una situación como esa XD.Mariajosé, Crippy,... seguid así que lo hacéis fenomenal.
Yo sin más dilación sigo con mi relato. Como siempre, espero no decepcionaros ni aburriros ;)
Era Martín. Estaba sucio y parecía desnutrido. Raimundo intentó reanimarle y poco a poco Martín despertó.
- ¡Martín! ¡Martín! ¿Me oyes?
- Tío… Raimundo. – susurró Martín.
Raimundo le abrazó contra su pecho por la emoción. Enseguida le cogió en brazos, le acomodó en el carro y le llevó al pueblo.
Cuando llegó corrió a llamar a la doctora Casas.
- Doctora, tengo a Martín en el carro. Deprisa, parece deshidratado.
No tuvo que decirlo dos veces. La doctora salió a buscar a Martín y entre los dos lo llevaron a la consulta. Raimundo seguidamente corrió a la casa de comidas. Allí se encontró con Emilia, Pepa y Pedro Mirañar hablando.
- ¡Pepa! ¡Pepa! Tienes que ir corriendo al consultorio… Martín…
- ¿Qué pasa con Martín? – dijo Pepa alarmada
- Lo encontré. Estaba vagando por las tierras. Está en el consultorio. Parecía desnutrido pero está consciente.
Pepa salió de la casa de comidas como alma que lleva el diablo.
- Pedro, vaya a la Casona ¡rápido!
- S… sí… sí… claro – dijo Pedro faltándole el aire.
- Pero Emilia, corre con Pepa. Te necesita. Yo defenderé el fuerte. Vamos. – dijo Raimundo.
Emilia dejó el delantal, le dio un beso y se fue. Ya a la hora de cerrar, Raimundo estaba subiendo las sillas preocupado. “Espero que realmente esté bien.” – pensó.
- Siempre supe que eras un ángel. – susurró una voz cerca de él.
Esa voz era inconfundible. La emoción volvía a llenarle como un zagal. Se dio la vuelta y allí estaba Francisca. Con una mirada tierna y llena de amor. Le acarició la barba y le atrajo hasta ella lentamente. Unas lágrimas se deslizaron por su rostro.
- Mi ángel… - susurró a un centímetro de sus labios.
Raimundo deslizó las manos por su cintura y los dos se fundieron en un beso apasionado. Francisca se aferró con fuerza a él mientras que Raimundo atacaba su cuello. Se aferraban y besaban el uno al otro con una pasión desbordante. Se apartaron para poder respirar. Francisca sonrió pícara y, cogiéndole la mano, le condujo hasta las habitaciones.
Cuando llegaron al cuarto de Raimundo, éste cerró la puerta con pestillo y, de un movimiento rápido, la atrajo hacia sí y volvieron a fundirse en un beso demoledor.
Francisca intentaba sobrevivir a su ataque mientras él la llevaba a la locura. Ella enloqueció con él y le arrancó la camisa mientras él hacía lo propio con su vestido. Cuando cayó al suelo, Francisca empujó a Raimundo a la cama. Los dos se miraron llenos de deseo. Francisca deshizo su peinado y empezó a quitarse las enaguas. Raimundo creyó que moriría de deseo. Cuando ella se quitó la ropa, se colocó lentamente encima de él. Raimundo quiso besarla pero ella le puso la mano en la cara dejando a Raimundo paralizado y mirando al techo mientras ella le besaba el pecho y la quitaba el pantalón. Raimundo sólo pensaba en sobrevivir.
- Francisca… vas a volverme loco… - gimió Raimundo.
Ella le contestó con una sonrisa a la vez que sus cuerpos comenzaron a moverse por la pasión. Raimundo se dejó hacer mientras le acariciaba la espalda. Los jadeos y la pasión alcanzaron cotas insospechadas. El éxtasis se apoderó de ellos fundiéndolos, convirtiéndolos en un solo ser. Sin sospechar que unos ojos llenos de odio observaron su encuentro.
Carmen se alejó llena de rabia y desesperación. Mañana hablaría con Olmo.
- Acabaré contigo maldita bruja. – dijo Carmen para sí. – No le harás más daño. Lo juro por mi vida.
P.D. Chicas ya tengo banner. ¡Yujuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu!
#2770
29/09/2011 23:48
Esta Carmen me cae como el culo ¬¬ Pero esque parece tonta no ves que se quieren,,, aixx que mal me cae y porfaaa siguee xdd
#2771
29/09/2011 23:51
Chicas me habéis alegrado mi primer día de curro GRACIASSSSSSSSSSSSS.
Fran de mi alma, de verdad que pagaría por ver esa escena en la serie, ja ja los dos compartiendo cama y fingiendo estar casados perooo...¿cómo pueden ser tan tan tozudos?, es que no se miran a los ojos o qué joer que están enamorados, dime que se van a despertar abrazaditos,dime que se van a despertar abrazaditos andaaaaaaaaaaaaaa tu Pablo se podía juntar la Carmen de Natalia.
Natalia guapa, que bonito cuando Paca le ha dicho que era un ángel, se me han puesto los pelos de punta, y en cuanto a la Carmen, que asco de mujer y además loca como un cencerro, que asco que me da.
Kera, mi niña, simplemente magistral, cuanta ternura, ha sido un relato maravillosos con un fin perfecto, lleno de pasión y amor, gracias por dejar aquí tu talento y espero con muchas ganas el próximo relato, el primer capi promete mogollón.
En cuanto a la serie no tengo tiempo de verla, así que hasta que no haya encuentro, (allá para noviembre a este paso), paso de verla, prefiero vuestros relatos pero al 100%
Fran de mi alma, de verdad que pagaría por ver esa escena en la serie, ja ja los dos compartiendo cama y fingiendo estar casados perooo...¿cómo pueden ser tan tan tozudos?, es que no se miran a los ojos o qué joer que están enamorados, dime que se van a despertar abrazaditos,dime que se van a despertar abrazaditos andaaaaaaaaaaaaaa tu Pablo se podía juntar la Carmen de Natalia.
Natalia guapa, que bonito cuando Paca le ha dicho que era un ángel, se me han puesto los pelos de punta, y en cuanto a la Carmen, que asco de mujer y además loca como un cencerro, que asco que me da.
Kera, mi niña, simplemente magistral, cuanta ternura, ha sido un relato maravillosos con un fin perfecto, lleno de pasión y amor, gracias por dejar aquí tu talento y espero con muchas ganas el próximo relato, el primer capi promete mogollón.
En cuanto a la serie no tengo tiempo de verla, así que hasta que no haya encuentro, (allá para noviembre a este paso), paso de verla, prefiero vuestros relatos pero al 100%
#2772
30/09/2011 00:49
Ya me he leído todos los relatos que tenía atrasados de ayer!!! (esto del principio de curso, que es un asco)
Kera... ¡IMPRESIONANTE! no ha podido ser más bonito el relato en sí; la manera de recuperarse de Francisca y este final con boda y habitaciónnupcialencuentro... hacen soñar en la serie. No sé si tu siguiente relato podrá superar este pero... estoy deseando saberlo!!! Así que ya sabes, asidua lectora tienes.
Fran, quedan tantos sentimientos entre los dos sin decir... y me cae bien este Pablo, los hace reaccionar. Me gustaría ver la cara de la Paca cuando se despierte y vea que está encima de él medio violándolo jajajajaja (esto del subconsciente y el mundo de los sueños, que es un poco cabroncete xD) eso o que se empiecen a meter mano inconscientemente durante la noche y esto acabe en camadelapacaencuentro... Sigue cuando puedas que me estoy riendo mucho con la Paca torpona para quitarse los botones y Rai amenazando con quitarse los pantalones.
Natalia, yo te llamo así pero tú me llamas Cris entonces eh!! Carmen, muérete de envidia, celos o lo que te de la gana, pero estos dos están felices, contentos y compartiendo cama, cosa que Rai nunca hará contigo. Bruja.
Sigue pronto con el relato :)
Mariajose, un beso arrebato de esos de los tuyos quiero ver yo en pantalla y que se dejen ya de tanta discusión insulsa. Eso si, me ha dado penita el final los dos que se han quedado machacado. Más amor y menos odio! Pero me encanta, no puedo decir otra cosa. Más bonita será la reconciliación
Y con esto ya he comentado todo. A ver que tal el capítulo de mañana pero la verdad esta semana me están gustando mucho. Un beso a todas
Kera... ¡IMPRESIONANTE! no ha podido ser más bonito el relato en sí; la manera de recuperarse de Francisca y este final con boda y habitaciónnupcialencuentro... hacen soñar en la serie. No sé si tu siguiente relato podrá superar este pero... estoy deseando saberlo!!! Así que ya sabes, asidua lectora tienes.
Fran, quedan tantos sentimientos entre los dos sin decir... y me cae bien este Pablo, los hace reaccionar. Me gustaría ver la cara de la Paca cuando se despierte y vea que está encima de él medio violándolo jajajajaja (esto del subconsciente y el mundo de los sueños, que es un poco cabroncete xD) eso o que se empiecen a meter mano inconscientemente durante la noche y esto acabe en camadelapacaencuentro... Sigue cuando puedas que me estoy riendo mucho con la Paca torpona para quitarse los botones y Rai amenazando con quitarse los pantalones.
Natalia, yo te llamo así pero tú me llamas Cris entonces eh!! Carmen, muérete de envidia, celos o lo que te de la gana, pero estos dos están felices, contentos y compartiendo cama, cosa que Rai nunca hará contigo. Bruja.
Sigue pronto con el relato :)
Mariajose, un beso arrebato de esos de los tuyos quiero ver yo en pantalla y que se dejen ya de tanta discusión insulsa. Eso si, me ha dado penita el final los dos que se han quedado machacado. Más amor y menos odio! Pero me encanta, no puedo decir otra cosa. Más bonita será la reconciliación
Y con esto ya he comentado todo. A ver que tal el capítulo de mañana pero la verdad esta semana me están gustando mucho. Un beso a todas
#2773
30/09/2011 12:28
He vuelto. Me tengo que poner al día con todas vuestras historias que sois fabulosas lo mejorcico de este foro. Así que en cuanto me ponga al día os comento
#2774
30/09/2011 16:11
Ruth!! te puedo decir algo que no te haya dicho ya, te he dicho muchas veces que es GENIAL, pero me he quedado corta. Tu historia a sido fantastica de principio a fin. Con tu historia he llorado, me he reido, emocionado, entuciasmado, sorprendido... y un millon de sentimientos más. Este final ha sido PERFECTO, romantico, intenso... como Francisca y Raimundo se merecian. Escribes genial y ya estoy impaciente por leer el siguiente. Otra maravilla. Otro motivo por el que sacar tiempo de donde no lo hay, para leerte. Para entusiasmarme de nuevo. Para engancharme a todas y cada una de tus palabras. No dejes de escribir porque aqui tienes a una servidora para leer, con una sonrisa de oreja a oreja, tus relatos
Natalia, eso hay esta, haciendo testigo a Carmen de la pasión de Francisca y Raimundo. Lastima que no se canse nunca y quiera separar a los tortolitos mediante Olmo, pero supongo que ya lo solucionarás asi que confio en ti :)
HOY NO HA HABIDO ENTREVISTA
he llegado corriendo al ordenador para ver si por un milagro teniamos una entrevista de estos dos pero no, han puesto un Making of, es de María y Alex asi que tampoco esta muy mal pero yo queria una entrevista... cada día me defraudan más. :(
Sigo más tarde con mi relato que entre que lo que viene es muy largo y que no tengo tiempo no se si lo voy a terminar para esta noche... pero bueno, lo intentare :D
Natalia, eso hay esta, haciendo testigo a Carmen de la pasión de Francisca y Raimundo. Lastima que no se canse nunca y quiera separar a los tortolitos mediante Olmo, pero supongo que ya lo solucionarás asi que confio en ti :)
HOY NO HA HABIDO ENTREVISTA
he llegado corriendo al ordenador para ver si por un milagro teniamos una entrevista de estos dos pero no, han puesto un Making of, es de María y Alex asi que tampoco esta muy mal pero yo queria una entrevista... cada día me defraudan más. :(Sigo más tarde con mi relato que entre que lo que viene es muy largo y que no tengo tiempo no se si lo voy a terminar para esta noche... pero bueno, lo intentare :D
#2775
30/09/2011 17:03
a este paso la historia de raimundo y francisca nos la contarán sus nietos, si es que llegan a tener nietos xq como en esta serie odian tanto a los bebés y a los niños y los matan a las primeras de cambio.
#2776
30/09/2011 17:23
Joder, menuda semanita que nos espera... lo de la Paca se veía venir, lo Emilia parece de chiste y Soledad y Juan... el cerebro de Cris está apagado o fuera de cobertura para ellos.
A ver si por lo menos los capítulos son buenos.
Me ha gustado mucho el making of, aunque obviamente hubiera preferido una entrevista ( esa frase de quien supongo es el director diciendo "después de esta bonita escena entre madre e hijo...") yo sigo pidiendo todos los días el VE por lo menos en los posts de María y Ramón y alguna vez en los comentarios del día o en entrevistas hechas.
En fin, la paciencia es una gran virtud y todas nosotras al parecer la tenemos xD
A ver si por lo menos los capítulos son buenos.
Me ha gustado mucho el making of, aunque obviamente hubiera preferido una entrevista ( esa frase de quien supongo es el director diciendo "después de esta bonita escena entre madre e hijo...") yo sigo pidiendo todos los días el VE por lo menos en los posts de María y Ramón y alguna vez en los comentarios del día o en entrevistas hechas.
En fin, la paciencia es una gran virtud y todas nosotras al parecer la tenemos xD
#2777
30/09/2011 17:34
Aaah la gente me pone mala!!! No quieren que francisca y raimundo acaben juntos!!!
chicaaas vamos a defender a nuestra francisca!! nosotros sabemos que no es malaaa!! solo un poco h...pu... jajajaja
hay que defender el amor de nuestra parejitaa!!
chicaaas vamos a defender a nuestra francisca!! nosotros sabemos que no es malaaa!! solo un poco h...pu... jajajaja
hay que defender el amor de nuestra parejitaa!!
#2778
30/09/2011 18:08
un poco mas y luego el final
-Don Raimundo!!- gritó la doctora.
-Dra. Casas….que desea?- preguntó Raimundo extrañado…
-Don Raimundo quiero hacerle entrega de unos documentos que pertenecían al doctor Guerra- contestó la doctora- Estaban en el consultorio. Son documentos y justificantes de pago de su operación. Por eso he creído que sería conveniente que usted los conservara.
-Gracias muchacha- respondió Raimundo
Raimundo cogió los documentos y los examinó allí mismo. Había pruebas médicas y apuntes de todos los doctores que le habían atendido durante la operación. Desde el día de la operación hasta el ultimo día en que el doctor Guerra le había dado el alta. También había documentos de pago de dicha operación. Raimundo recordó que Emilia le había dicho que la operación había sido gratuita por gentileza de los doctores y gracias a la mediación de Alberto Guerra. Entonces, ¿Por qué había esos justificantes?. Cogió el primer justificante, lo abrió y se quedó perplejo. Había un pago por orden de Francisca Montenegro!. Volvió a leer el justificante…¿¡Francisca había pagado su operación?!. No podía creerlo. Ella le había salvado la vida y no le había dicho nada. Raimundo releyó el justificante, lo dobló y marchó para casa.
-Don Raimundo!!- gritó la doctora.
-Dra. Casas….que desea?- preguntó Raimundo extrañado…
-Don Raimundo quiero hacerle entrega de unos documentos que pertenecían al doctor Guerra- contestó la doctora- Estaban en el consultorio. Son documentos y justificantes de pago de su operación. Por eso he creído que sería conveniente que usted los conservara.
-Gracias muchacha- respondió Raimundo
Raimundo cogió los documentos y los examinó allí mismo. Había pruebas médicas y apuntes de todos los doctores que le habían atendido durante la operación. Desde el día de la operación hasta el ultimo día en que el doctor Guerra le había dado el alta. También había documentos de pago de dicha operación. Raimundo recordó que Emilia le había dicho que la operación había sido gratuita por gentileza de los doctores y gracias a la mediación de Alberto Guerra. Entonces, ¿Por qué había esos justificantes?. Cogió el primer justificante, lo abrió y se quedó perplejo. Había un pago por orden de Francisca Montenegro!. Volvió a leer el justificante…¿¡Francisca había pagado su operación?!. No podía creerlo. Ella le había salvado la vida y no le había dicho nada. Raimundo releyó el justificante, lo dobló y marchó para casa.
#2779
30/09/2011 19:35
Aqui os dejo el despertar de estos dos testarudos :) espero que os guste. Voy con prisa asi que no me ha dado tiempo a revisarlo, pero era ponerlo ahora o mañana por la tarde y no os queria hacer esperar hay va:
Un nuevo día había amanecido. Sin saberlo. Me removí. En sueños. Los pájaros cantaban en el exterior. Cantaban dulces melodías. Hermosas canciones que llegaban a mis oídos. Las escuchaba. Como parte del sueño. Un constante latido me despertó. Poco a poco. Eran intensos. Fuertes. Sentí como un agradable aroma me embriagaba. Ese olor me era muy familiar. Demasiado. Sentí como el calor de un cuerpo me protegía. El calor de un cuerpo que no era el mío. Abrí los ojos. De repente. Terminando de despertar. Abrí los ojos al darme cuenta de que ese cuerpo era el de Raimundo. Él estaba a mi lado. Mejor dicho. Estábamos abrazados. Mi cabeza estaba apoyada sobre su pecho. Prácticamente encima. Mi mano derecha estaba posada sobre su abdomen. La otra simplemente completaba el abrazo. La frase “Ni se te ocurra tocarme” resonó en mis oídos. Ahora quien tocaba a quién. Quién lo abrazaba. Quién disfrutaba de su calor. Me intente incorporar. Lentamente. Intentado que él no despertase. Con cuidado. Sin hacer movimientos bruscos. Apoyándome sobre mis brazos. Estaba a punto de conseguirlo cuando me percaté de que los brazos de Raimundo me atrapaban. Estaban colocados sobre mi cintura. Rodeándome. Quizás estaban un poco más abajo. Atrevidos. Intente quitarlos. Pero me ceñían con fuerza. ”Genial Francisca ahora no tienes ni escapatoria, ni escusa convincente”. Suspire. ¿Esto nunca dejaría de ir de mal en peor? Raimundo se removió. No, no lo haría. Lo mire. No había despertado. Mejor. Una bonita sonrisa iluminaba su rostro. Dormido parecía un príncipe. “Mi príncipe”. Recuerdo que siempre pensaba eso cuando despertaba a su lado. Después de hacer compartido juntos el placer de amarnos. Después de entregarnos el uno al otro. De eso hace ya más de 30 años. Sonreí. Tristemente. Estaba realmente guapo. Me volví a acostar. Sobre su pecho. Sin dejar de mirarlo. Sin dejar de contemplar su rostro. Me acurruque. Sintiéndome protegida en su pecho. Sintiendo de nuevo su calor. Disfrutando de estar junto a él. Aunque solo fuese un momento. No sabía que le diría cuando despertara. No me importaba. Al menos disfrutaría por un instante. Estando cerca de él. Acaricie su pecho. Sonreí. Un inaudible –Te quiero- salió de mi boca. Tomando forma. Diciendo lo que realmente sentía. Dejando hablar a mi corazón. Sin orgullo. Cerré los ojos. Sin dormirme. Ya estaba soñando.
Un nuevo día había amanecido. Sin saberlo. Me removí. En sueños. Los pájaros cantaban en el exterior. Cantaban dulces melodías. Hermosas canciones que llegaban a mis oídos. Las escuchaba. Como parte del sueño. Un constante latido me despertó. Poco a poco. Eran intensos. Fuertes. Sentí como un agradable aroma me embriagaba. Ese olor me era muy familiar. Demasiado. Sentí como el calor de un cuerpo me protegía. El calor de un cuerpo que no era el mío. Abrí los ojos. De repente. Terminando de despertar. Abrí los ojos al darme cuenta de que ese cuerpo era el de Raimundo. Él estaba a mi lado. Mejor dicho. Estábamos abrazados. Mi cabeza estaba apoyada sobre su pecho. Prácticamente encima. Mi mano derecha estaba posada sobre su abdomen. La otra simplemente completaba el abrazo. La frase “Ni se te ocurra tocarme” resonó en mis oídos. Ahora quien tocaba a quién. Quién lo abrazaba. Quién disfrutaba de su calor. Me intente incorporar. Lentamente. Intentado que él no despertase. Con cuidado. Sin hacer movimientos bruscos. Apoyándome sobre mis brazos. Estaba a punto de conseguirlo cuando me percaté de que los brazos de Raimundo me atrapaban. Estaban colocados sobre mi cintura. Rodeándome. Quizás estaban un poco más abajo. Atrevidos. Intente quitarlos. Pero me ceñían con fuerza. ”Genial Francisca ahora no tienes ni escapatoria, ni escusa convincente”. Suspire. ¿Esto nunca dejaría de ir de mal en peor? Raimundo se removió. No, no lo haría. Lo mire. No había despertado. Mejor. Una bonita sonrisa iluminaba su rostro. Dormido parecía un príncipe. “Mi príncipe”. Recuerdo que siempre pensaba eso cuando despertaba a su lado. Después de hacer compartido juntos el placer de amarnos. Después de entregarnos el uno al otro. De eso hace ya más de 30 años. Sonreí. Tristemente. Estaba realmente guapo. Me volví a acostar. Sobre su pecho. Sin dejar de mirarlo. Sin dejar de contemplar su rostro. Me acurruque. Sintiéndome protegida en su pecho. Sintiendo de nuevo su calor. Disfrutando de estar junto a él. Aunque solo fuese un momento. No sabía que le diría cuando despertara. No me importaba. Al menos disfrutaría por un instante. Estando cerca de él. Acaricie su pecho. Sonreí. Un inaudible –Te quiero- salió de mi boca. Tomando forma. Diciendo lo que realmente sentía. Dejando hablar a mi corazón. Sin orgullo. Cerré los ojos. Sin dormirme. Ya estaba soñando.
#2780
30/09/2011 19:36
Él deslizo sus manos por mi cintura. Acariciándome. Subió. Por mi espalda. Mi nuca. Mi cabello. Lo enredo entre sus dedos. Parecía haber despertado. Creyendo que yo no lo había hecho. Decidí no abrir los ojos. Disfrutaría un poco más de sus caricias. –Mi pequeña.-susurró. Mi corazón comenzó a latir con fuerza. ¿Cuánto tiempo hacia que no me llamaba así? Mucho. Demasiado. Continúo acariciándome. Mi rostro. Aparto uno de los mechones de pelo que caían sobre mi cara. Acariciándola tras hacerlo. -¿Por qué no somos capaces de decirnos la verdad?-se preguntó. En voz baja. En un susurro. -¿Porque seguir ocultando que te amo? No puedo dejar de hacerlo. Ninguna de tus fechorías me hará cambiar de opinión. Ninguna de tus malas palabras.- termino. En el mismo tono. Susurrando. Me amaba. Como yo lo amaba a él. Eso había dicho. Yo lo había escuchado. Me ama. Mi corazón termino desbocado. Sin un ritmo definido. Palpitando fuertemente. Continúo acariciándome unos minutos. Disfrute en silencio de los múltiples escalofríos que recorrían mi cuerpo. Sin previo aviso paro. ¿Por qué lo había hecho? Abrí los ojos lentamente. Como si acabase de despertar. Al hacerlo vi como Raimundo me miraba. Con una hermosa sonrisa entre sus labios. Y una mirada cargada de amor. Al ver que estaba despierta cambio su semblante. Al principio un tanto avergonzado. Después burlón.
–En mi defensa he de decir que si te he tocado no ha sido voluntariamente.- se excusó. Sonriente.
Lo mire incrédula. Una sonrisa ladeada asomó en mi rostro.
-¿A no?- dije al tiempo que alzaba una ceja. Vi como él término por soltar una carcajada. De todos modos no estaba en condiciones de pedir explicaciones. Yo también era culpable de aquel percance. Si así debía de llamarse.
Raimundo seguía mirándome. Con un brillo astuto en la mirada. –Vaya, creo que ninguno de los dos estábamos abrazados involuntariamente.-dijo irónico.
-Yo…-intente replicar. Intento fallido. No tenía ninguna excusa. No me había preocupado en inventarla. Me incorpore. Esta vez los brazos de Raimundo no me lo impidieron. Él también se incorporó. Quedando junto a mí. –Lo siento.- me disculpe. Agachando la cabeza.
Él me rodeo la cintura con su brazo. Atrayéndome hacia él. Me levanto el mentón. Haciendo que de nuevo nuestras miradas coincidiesen. Manteniendo una distancia poco prudencial entre nuestros rostros.- ¿Lo sientes?-susurro a escasos milímetros de mis labios. Mi respiración se descontrolo. Intente tomar aire. No pude. No recuerdo quien fue el primero en avanzar. Quizás lo hiciésemos los dos a la vez. Nuestros labios se unieron. Separe los míos. Dejando que él atrapase mi labio inferior. Jugueteó con su lengua. Hasta introducirla en mi boca. Contraataque. Con fuerza. Con pasión. Permanecimos así segundos. Eternos segundos. A lo mejor fueron minutos. Perdí la noción del tiempo. Batallamos. De una forma distinta. Sintiendo sus labios junto a los míos después de 30 años. Oxígeno. Lo necesitaba. Me separe de él. Con los labios enrojecidos por el ardiente beso.
-¿Por qué lo has hecho?-pregunte. Sin aun aliento.
-¿Besarte?-pregunto él. Con dificultad. Intentando respirar. Tomar aire.
-No,- dije al tiempo que negaba con la cabeza.-presentarte ante… -no era momento de decir su nombre.-Fingir que eres mi marido.-eso estaba mejor. Solo con pronunciar el nombre de nuestro invitado Raimundo se hubiese puesto hecho una furia.
Él sonrió.-No pretenderías que te dejase sola con él, ¿verdad?-respondió. Alzando las cejas. Como si me hubiese vuelto loca.
-Te pusiste celoso.-Exclamé.- Lo sabía.-dije mientras me carcajeaba.-Sabia que esa enemistad era debido a que…- Raimundo no me dejo terminar. Me beso de nuevo. Esta vez me empujo con su cuerpo sobre la cama. Quedamos ambos tumbados. Continuábamos besándonos. Atrape sus labios entre los míos. Con ansia. Bebiendo de él. Como si estuviese sedienta. Lo estaba. Sedienta de él. De sus besos.
Él estaba encima de mí. Se separó.
-Esa enemistad se debe a que te amo. Me escuchas. Te amo. Y no puedo dejar que otro hombre que no sea yo te mire. Me muero solo de pensar que otro hombre puede acariciarte. Pueda besar esos labios que me vuelven loco.
Dios. Como lo podía querer tanto. Lo atraje hacia mí. Cogiendo su rostro entre mis manos.-Mi cuerpo, mis labios y todo mi ser siempre han sido tuyos, Raimundo.- dije mirándolo a los ojos. Esos ojos no tenían nada que envidiarle a los verdes ojos de Pablo. Raimundo era mío. Era mi vida y mi alma. Deslicé mis manos desde su rostro hasta su nuca. Perdiéndome en otro intenso beso. Haciendo que con él perdiese la poca cordura que al estar cerca de Raimundo me quedaba. Acaricie su nuca. Baje por su espalda. Seguí bajando. Aquello era un acto impuro, pero lo necesitaba tanto... Raimundo pareció darse cuenta de lo que pasaba por mi mente. De lo que necesitaba. Él también lo hacía. Me desabrochó el camisón. Hábil. Sin dificultad.
-Al final voy a coger práctica en esto de los botones.-comentó burlón. Terminando de desabrocharlo.
Yo ayude quitándole la poca ropa que lo cubría. Una vez que estuvimos desnudos. Raimundo se introdujo dentro de mí. Con delicadeza. Haciendo que un gemido saliese por mi garganta. Él me beso. Con la misma pasión que antes. Comenzamos a movernos. Me apreté contra él. Ambos comenzamos a jadear. Callándonos con besos. Ardientes besos. Seguimos moviéndonos. Con pasión. Con un ritmo marcado por nuestros necesitados corazones. Sintiendo que él se introducía una y otra vez dentro de mí. Me estaba volviendo loca. Embriagada por la pasión.
-Te quiero.- casi grite cuando el placer nos sucumbió.-te quiero- repetí. Esta vez con un tono más considerable.
Nuestros cuerpos temblaban. Fruto del placer más absoluto. Raimundo cayó sobre mí. Agotado. Ambos lo estábamos.
-Mi pequeña.- dijo mientras intentaba calmar su respiración. Acaricio mi rostro una vez más. Mirándome. Permanecimos así hasta que recobramos las fuerzas.
–En mi defensa he de decir que si te he tocado no ha sido voluntariamente.- se excusó. Sonriente.
Lo mire incrédula. Una sonrisa ladeada asomó en mi rostro.
-¿A no?- dije al tiempo que alzaba una ceja. Vi como él término por soltar una carcajada. De todos modos no estaba en condiciones de pedir explicaciones. Yo también era culpable de aquel percance. Si así debía de llamarse.
Raimundo seguía mirándome. Con un brillo astuto en la mirada. –Vaya, creo que ninguno de los dos estábamos abrazados involuntariamente.-dijo irónico.
-Yo…-intente replicar. Intento fallido. No tenía ninguna excusa. No me había preocupado en inventarla. Me incorpore. Esta vez los brazos de Raimundo no me lo impidieron. Él también se incorporó. Quedando junto a mí. –Lo siento.- me disculpe. Agachando la cabeza.
Él me rodeo la cintura con su brazo. Atrayéndome hacia él. Me levanto el mentón. Haciendo que de nuevo nuestras miradas coincidiesen. Manteniendo una distancia poco prudencial entre nuestros rostros.- ¿Lo sientes?-susurro a escasos milímetros de mis labios. Mi respiración se descontrolo. Intente tomar aire. No pude. No recuerdo quien fue el primero en avanzar. Quizás lo hiciésemos los dos a la vez. Nuestros labios se unieron. Separe los míos. Dejando que él atrapase mi labio inferior. Jugueteó con su lengua. Hasta introducirla en mi boca. Contraataque. Con fuerza. Con pasión. Permanecimos así segundos. Eternos segundos. A lo mejor fueron minutos. Perdí la noción del tiempo. Batallamos. De una forma distinta. Sintiendo sus labios junto a los míos después de 30 años. Oxígeno. Lo necesitaba. Me separe de él. Con los labios enrojecidos por el ardiente beso.
-¿Por qué lo has hecho?-pregunte. Sin aun aliento.
-¿Besarte?-pregunto él. Con dificultad. Intentando respirar. Tomar aire.
-No,- dije al tiempo que negaba con la cabeza.-presentarte ante… -no era momento de decir su nombre.-Fingir que eres mi marido.-eso estaba mejor. Solo con pronunciar el nombre de nuestro invitado Raimundo se hubiese puesto hecho una furia.
Él sonrió.-No pretenderías que te dejase sola con él, ¿verdad?-respondió. Alzando las cejas. Como si me hubiese vuelto loca.
-Te pusiste celoso.-Exclamé.- Lo sabía.-dije mientras me carcajeaba.-Sabia que esa enemistad era debido a que…- Raimundo no me dejo terminar. Me beso de nuevo. Esta vez me empujo con su cuerpo sobre la cama. Quedamos ambos tumbados. Continuábamos besándonos. Atrape sus labios entre los míos. Con ansia. Bebiendo de él. Como si estuviese sedienta. Lo estaba. Sedienta de él. De sus besos.
Él estaba encima de mí. Se separó.
-Esa enemistad se debe a que te amo. Me escuchas. Te amo. Y no puedo dejar que otro hombre que no sea yo te mire. Me muero solo de pensar que otro hombre puede acariciarte. Pueda besar esos labios que me vuelven loco.
Dios. Como lo podía querer tanto. Lo atraje hacia mí. Cogiendo su rostro entre mis manos.-Mi cuerpo, mis labios y todo mi ser siempre han sido tuyos, Raimundo.- dije mirándolo a los ojos. Esos ojos no tenían nada que envidiarle a los verdes ojos de Pablo. Raimundo era mío. Era mi vida y mi alma. Deslicé mis manos desde su rostro hasta su nuca. Perdiéndome en otro intenso beso. Haciendo que con él perdiese la poca cordura que al estar cerca de Raimundo me quedaba. Acaricie su nuca. Baje por su espalda. Seguí bajando. Aquello era un acto impuro, pero lo necesitaba tanto... Raimundo pareció darse cuenta de lo que pasaba por mi mente. De lo que necesitaba. Él también lo hacía. Me desabrochó el camisón. Hábil. Sin dificultad.
-Al final voy a coger práctica en esto de los botones.-comentó burlón. Terminando de desabrocharlo.
Yo ayude quitándole la poca ropa que lo cubría. Una vez que estuvimos desnudos. Raimundo se introdujo dentro de mí. Con delicadeza. Haciendo que un gemido saliese por mi garganta. Él me beso. Con la misma pasión que antes. Comenzamos a movernos. Me apreté contra él. Ambos comenzamos a jadear. Callándonos con besos. Ardientes besos. Seguimos moviéndonos. Con pasión. Con un ritmo marcado por nuestros necesitados corazones. Sintiendo que él se introducía una y otra vez dentro de mí. Me estaba volviendo loca. Embriagada por la pasión.
-Te quiero.- casi grite cuando el placer nos sucumbió.-te quiero- repetí. Esta vez con un tono más considerable.
Nuestros cuerpos temblaban. Fruto del placer más absoluto. Raimundo cayó sobre mí. Agotado. Ambos lo estábamos.
-Mi pequeña.- dijo mientras intentaba calmar su respiración. Acaricio mi rostro una vez más. Mirándome. Permanecimos así hasta que recobramos las fuerzas.
