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Pero de verdad no puedo con Soledad......que cansina.Y los Mirañar que ahora les ha dao por volcanes.Más vale que el alcalde nos da unos buenos raticos con la Paca
. Y de Juan ni opino que me pone mala, no mala como Rai y él y sus miradas abrasadoras ni como Alfonso ni como el nuevo y su voz (tengo pa todos), me pone mala de que asco de tio.Estoy por verme la entrevista de Maria otra vez en la que dice que le encantaria que estos dos acabaran juntos pa darme animos, espero que les meta caña a los guionistas con este tema :PPP.
Que ganas de un videoencuentro con ellos para analizar cada detalle que digan....
yo solo digo que el día que estos dos se rocen un poquitin los labios,se cae el servidor xD
mariajose,tu da ideas descabelladas de esas que en dos segundos sale un relato jajaja
Y el dia que haya beso se cae el servidor y nos banean la pagina para los restos!!!! Estaremos como locas comentandoooo
Lo del embarazo de la Paca... creo que por allí, muy en el fondo a la derecha, hay un óvulo francisquero que está por nuestra causa, deseando darle un hermanito biológico a Tristán. Sería la caña leer un relatillo... ¬¬ :)
El nuevo... físicamente soy más de Ramirín pero... ESA VOZ!!! Me ha impactado, y a Pepa también...
Y por último os dejo una pequeña continuación a mi relato, que ayer se me olvidó. Sé que la historia va un poquito lenta pero espero que al final sintáis que ha merecido la pena.
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Y si eso ocurría... aquella perdición que era la piel de Francisca Montenegro se adueñaba de sus pensamientos.
Tantos años luchando y era ahora cuando se daba cuenta de que no era más que una lucha perdida de antemano. Sentía como el pulso palpitaba en sus sienes con furia.
Trató de tranquilizarse y de pensar claramente en el problema que se le avecinaba. La amenaza que Eulalio le había hecho era muy real y eso solo le dejaba la opción de acudir a la Casona esa misma noche.
Y en el fondo eso le aterraba. Podía soportar verla, hablar con ella y tenerla cerca pero no si todo ello sucedía mientras removían el pasado. Suspiró y se arregló lo mejor que pudo. Apenas quedaban tres horas para la cita con Samaniego y debía apresurarse si quería enterarse de algo antes de aparecer allí con las manos en los bolsillos y esperando como cordero antes de entrar al matadero a que destruyera su vida.
Salió con paso decidido y firme de su habitación y observó cómo Emilia conversaba, por decir algo, con Alfonso, el mayor de los Castañeda. Aunque sus voces apenas eran murmullos, se notaba que la conversación no tenía el tono amigable que gastaban normalmente.
-Emilia hija, tengo que salir a disponer unos asuntos. Me gustaría no dejarte sola con todo esto, pero supongo que Alfonso no tendrá ningún problema en ayudarte –Raimundo aprovechó que Emilia había bajado la cabeza suspirando para guiñarle un ojo a Alfonso, que últimamente parecía haber perdido la alegría de vivir – No sé cuándo volveré, así que no me esperes despierta –acercándose a la barra besó la frente de su hija y no pudo evitar sonreír al ver la mirada reprobadora en sus ojos.
-Diga que sí padre, siga con sus asuntos mientras Sebastián y yo nos quedamos aquí preocupados sin que usted se digne a decirnos absolutamente… nada –la última palabra se quedó descolgada pues Raimundo Ulloa había desaparecido ya tras la puerta de la taberna dejándola con la palabra en la boca.
A buen paso caminó directamente hacia la Casona tratando de hacer caso omiso a las voces que en su interior le decían que diera la vuelta. Cuando llegó a la puerta no fueron pocas las ganas que tuvo de marcharse y evitar el sufrimiento que le produciría un nuevo enfrentamiento con ella. La realidad fue que tampoco tuvo mucho tiempo para arrepentirse, pues cuando tan solo llevaba unos segundos frente a él, el gran portón que daba paso al vestíbulo se abrió revelando al capataz de los Montenegro disponiéndose a salir en esos momentos.
-¿Adónde te crees que vas Ulloa? –Mauricio salió por completo y se colocó cubriendo la mayor parte del hueco de la puerta con los brazos cruzados sobre el pecho y el látigo que siempre le acompañaba en una de sus manos, amenazante.
-No recuerdo deberte ninguna explicación. Y ahora me gustaría entrar, quiero hablar con Francisca –Raimundo hizo ademán de apartar a Mauricio pero esté se lo impidió empujándole hacia atrás.
-¡Muestra un poco más de consideración basura! Si quieres que la señora estime recibirte preséntate a unas horas más respetables ¡y ahora lárgate si no quieres que te eche a patadas! – la furia con la que hablaba le hizo adelantarse un par de pasos más de los que debería, momento que Raimundo aprovechó para empujarlo contra el quicio de la puerta y entrar en la Casona. Mauricio se recuperó rápidamente del golpe y cuando Raimundo apenas había alcanzado el primer escalón sintió como era arrastrado hacia atrás mientras un brazo le impedía respirar, estrangulándolo.
-¡Suéltalo cabestro! –la voz imponente de Francisca Montenegro se alzó sobre ellos haciendo que detuvieran la pelea de inmediato.
-¿Qué está ocurriendo aquí? –Tristán surgió a su vez de la cocina con paso firme.
Mientras trataba de recuperar el resuello, Raimundo levantó la vista hasta lo alto de la escalera y contempló como una imperturbable Francisca bajaba por ella envuelta en una bata de seda azul y con el pelo recogido en una trenza que caía sobre su hombro derecho. El corazón de Raimundo se detuvo cuando pensó en lo dulce que parecía en aquellos momentos y en lo mucho que le recordaba a la joven que tanto había amado. Sus miradas se encontraron durante unos breves segundos diciendo más de lo que sus bocas estaban dispuestas.
-Este hombre estaba tratando de colarse cuando yo salía de la Casona don Tristán – respondió Mauricio.
-Bien sabes que eso no es cierto –los dos hombres se miraron con odio incontenible –te expliqué perfectamente que venía a ver a Francisca y como animal que eres respondiste con la violencia.
-¡Basta ya! Las cosas en esta casa no están como para soportar esto. Mauricio, retírate. Y usted, Raimundo, será mejor que pase al despacho y departa lo que tenga que departir con mi madre –La voz de Tristán, llena de fuerza al principio, fue apagándose poco a poco hasta convertirse en algo más que un susurro. El cansancio estaba impregnado en cada uno de los poros de su piel, al igual que la tristeza. Sin decir una palabra más, comenzó a subir las escaleras con los hombros caídos.
Cuando pasó por su lado, Francisca alargó su mano y la deslizó a lo largo del brazo de su hijo, que la miró con verdadero dolor y los ojos anegados de lágrimas antes de volver de nuevo la cabeza y continuar su camino.
Raimundo observó en silencio el intercambio entre madre e hijo y no pudo sino sentir aún más desdicha por la desaparición del pequeño Martín. Francisca caminó directamente hacia el despacho y cuando él hubo pasado, cerró la puerta corredera tras ellos.
-¿Y bien? – le preguntó sin ni siquiera sentarse. La máscara de fina ironía volvió a imponerse en un intento de aparentar una fortaleza que apenas unos minutos antes, había demostrado ya no poseía.
-Tenemos problemas Francisca
Con respecto al final de "Eres mi verdad", no os preocupéis. Además del final amargo, tendréis vuestro final dulce. Os lo prometo. Lo que no puedo dar son plazos de entrega, jejeje, pero lo leeréis.
Bueno... creo recordar haber dejado un relato a medias...
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Posó la mano en la puerta corredera de la biblioteca. La abrió inaudible. Soltó el aire al comprobar que la estancia estaba vacía. Sin más, cerró la puerta tras de sí y se encaminó al escritorio. Empezó a revolver con impaciencia los papeles que se encontraban allí. Nada. Miró en derredor. ¿Dónde diablos podía estar esa condenada carta? Abrió un cajón de la mesa. Allí había varios sobres. Tomó el puñado y al hacerlo se quedó sin respiración. No... no podía ser cierto. Debajo de aquel montón estaba... el libro de Rosalía de Castro. El viejo libro que le había regalado a Francisca por su diecisiete cumpleaños. Un mortal estoque se abrió paso desde su corazón hasta sus entrañas. Lo tomó en sus manos. Jamás pensó que volvería a verlo. Sus tapas estaban tan desgastadas... tan castigadas por el paso del tiempo. Lo abrió y sintió que el corazón se le paraba al ver su letra en aquella dedicatoria. ¿Cómo... era posible que esa frase pudiera arrancarle ese intenso dolor? ¿Cómo era posible que... Francisca conservase ese libro?
Lo dejó en el cajón. Sentía que estaba muriendo. Y esta vez no podía ocultarlo. Era ridículo. Por vez primera, después de treinta años, fue lo bastante valiente como para mirar de frente a su corazón y admitir esa terrible verdad. Amaba a Francisca Montenegro por encima de todas las cosas y si eso no había cambiado en treinta años... no era muy probable que fuese a cambiar ahora. Ese amor le dolía como un millón de llagas sangrantes en su corazón. Era tan intenso que hasta le impedía respirar normalmente. Apeló a todo su orgullo para luchar un momento contra él y lograr reponerse. Pudo conseguirlo levemente y guardó las cartas, concentrándose para seguir buscando. De pronto, un sobre de considerable tamaño le llamó la atención. Lo tomó alzando una ceja curioso. Lo abrió, extrayendo su contenido y... se le escurrió de las manos. Un incontrolable latigazo de deseo le atravesó, a la vez que entreabría la boca para poder respirar. Era un... dibujo de Francisca, imitando a la célebre heroína del cuadro de Delacroix, “La libertad guiando al pueblo”. La parte racional de su cerebro pareció burlarse irónica con la ridícula idea de representar a una cacique simbolizando la libertad. Pero esa parte de su mente se fue al diablo en apenas dos segundos. Le costó intentar mantener a raya el torturante deseo que le estaba enloqueciendo. Su mirada recorrió el boceto de una Francisca semidesnuda. -”Cálmate, Raimundo”- le increpó su conciencia. Claro... como si fuese tan fácil.
- ¿Quién diablos anda ahí?
Raimundo alzó la mirada en el momento en que una furiosa y a la vez alerta Francisca Montenegro irrumpió en el despacho, armada con una escopeta. La miró atónito. Verla allí, vestida con un suave camisón, con el cabello suelto, los ojos echando chispas y empuñando con fuerza el arma le descolocó por completo. Francisca sintió que la mandíbula se le descolgaba al ver allí a Raimundo.
- ¿Qu...qué... diablos...??
Estaba tan atónita que se quedó clavada en el sitio. Pero su sorpresa se convirtió en pavor. Raimundo tenía sobre la mesa el boceto de su maldita estatua. La escopeta se le cayó al suelo debido al temblor que invadió sus manos.
- ¿Qu....qué...?
Francisca intentó dejar de tartamudear, sintiéndose furiosa consigo misma. Procuró reunir de nuevo toda su dignidad y orgullo.
- ¿Qué diablos estás haciendo aquí a estas horas, como los ladrones... y hurgando en mi escritorio??
Raimundo quería contestar pero en un primer momento, no le salió la voz. Tragó con fuerza y la miró, sembrando fuego con sus ojos.
- ¿Qué es esto... Francisca?- susurró con la voz increíblemente ronca.
Ella sintió que el suelo cedía bajo sus pies.
- Soy... yo la que hace las preguntas aquí.- empezó amenazadora.- Y te he preguntado que....
Raimundo avanzó amenazador hasta ella. Francisca retrocedió aterrada al ver que no tenía intención de detenerse. Intentó abrir la puerta pero él se lo impidió, cortándole la escapatoria.
- No te vas a mover de aquí hasta que me contestes a dos preguntas. La primera, qué hace ese dibujo en tu escritorio. Y la segunda... ¿Cómo es que aún conservas el libro de Rosalía de Castro?
Francisca creyó que acabaría dándole un infarto y le miró sintiéndose morir.
- Eso... no es... asunto... tuyo.- casi jadeó.
Él se acercó más, robándole la respiración.
- Yo diría que sí lo es.- susurró abrasándola con los ojos.
- Yo... recuerdo que cuando me lo regalaste, te prometí que lo conservaría siempre.- tragó saliva, reuniendo ese implacable valor Montenegro.- Y siempre cumplo mi palabra...
Raimundo sentía que se deshacía por dentro al verla. ¿Cómo demonios podía amarla tanto? Ese amor le desgarraba las entrañas, hacía hervir su sangre, anulaba su razón, convertía lo injustificable en una bagatela. Era indestructible como el tiempo y la eternidad.
- Eso contesta a la segunda pregunta. ¿Y la primera?- la voz de Raimundo sonó un tono más grave.
Francisca puso una curiosa expresión de enfado, vergüenza e ironía que causó un retortijón en la boca del estómago de Raimundo.
- Ese maldito boceto es otra de las “brillantes” ideas de Pedro Mirañar.- soltó con un bufido irónico.- El último producto de su descerebrada cabeza es realizar una estatua para ubicarla en la plaza del pueblo...
Raimundo abrió los ojos al máximo. Antes de que ella continuase hablando, la risa surgió burbujeante como una cascada desde su interior. No pudo evitarlo y estalló en carcajadas.
- ¡No tiene ninguna gracia, condenado tabernero!- explotó una indignadísima Francisca, apretando los puños y fulminándolo con los ojos. Eso causó otro ataque de risa por parte de Raimundo.
- Perdona, Francisca, pero sí que la tiene.- dijo intentando tomar oxígeno con dificultad. Meneó la cabeza.- ¿Y... se puede saber cómo diablos... el señor alcalde ha conseguido este... boceto tan logrado?- la mirada de Raimundo se clavó en ella entre inquisidor, divertido y apasionado.
- Se lo encargó a un artista de la Puebla.- ella tragó saliva al ver esos profundos ojos castaños desnudando su alma. Intentó recuperar la compostura.- Ya he contestado tus preguntas. Contéstame ahora a mí. ¿Qué estás haciendo aquí a estas horas?
Raimundo apartó la mirada un poco incómodo. Finalmente resopló.
- Quería averiguar quién es ese misterioso y poderoso forastero que tanto te preocupa. Sebastián me contó que recibiste una carta y...
- Espera un momento.- Francisca se acercó un paso, mirándolo sorprendida y sarcástica.- ¿Te molestas en venir hasta aquí para hurgar en mi escritorio con el propósito de... conocer a ese forastero? ¿Para qué tanta molestia??
- Bueno... sentía curiosidad.- Raimundo empezaba a sentirse acorralado.
Esta vez fue Francisca la que se echó a reir.
- Raimundo, te digo lo mismo que me dijiste tú hace unos días. Tú no te has movido por curiosidad en la vida.
Raimundo la fulminó con la mirada. Condenada cacique... Ella se carcajeó de nuevo. Raimundo empezó a sentirse bastante... cabreado por su orgullo herido. Y en medio de ese enfado, sentía que ese deseo salvaje volvía a adueñarse de él. Verla riendo era un bálsamo para su corazón. Sus ojos se deslizaron por esa irresistible imagen. Dios estaba... preciosa.
En fin, Kera tía como molaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa. Ese momentazo de Francisca recordando te ha quedado perfecto. Fran tía me encanta como has empezado con esto de los encuentros jejejejejejejeje. Miri, Cris, geniales qué os voy a decir. Me ha encantado el relato de Francisca y Raimundo hablando por lo de Martín.
Yo os dejo aquí mi versión del último encuentro de estos dos. No termina en un encuentro pero termina muy sugerente jejejejeje.
- Mmmm. ¡Gloria bendita Emilia! ¡Pero qué manos tienes...!
- Veo que aún tienes una palabra amable para alguien.- le interrumpió una voz.
Raimundo se dio la vuelta y vio a Francisca Montenegro con una sonrisa pícara en los labios. Raimundo enseguida montó su defensa, esa que le ayudaba a sobrevivir a cualquier ataque suyo y contestó:
- Para la buena gente siempre, pero tú no cuentes con ellas.
Francisca, ante tal contestación, volvió a su pose defensiva.
-No es tu bondad lo que vengo buscando de ti sino el sentido común y el buen hacer para con el pueblo.
Raimundo, arqueando las cejas sorprendido por lo que acababa de oír, dijo en tono burlón:
- Francisca Montenegro preocupada por el pueblo ¿pero es que piensas chancearte de mí o es que has perdido el horemus por completo? Si quieres voy a avisar a la doctora Casas...
- Dejemos a un lado nuestras rencillas personales y hablemos con seriedad Raimundo.
- Eres tú la que pretendes hacerme reír.
Francisca, intenando templar los nervios que le provocaba acercarse a Raimundo dijo:
- Raimundo, me consta que tienes conocimiento de esos inversores que andan comprando las tierras de Puente Viejo al doble de su precio.
Raimundo, viendo que parecía que había ayudado a su enemiga, reaccionó diciendo:
- Si hice esa lista para Sebastián fue únicamente para ayudar a mi hijo.
- Quizás hayas oído por aquí qué intenciones trae esa gente, cómo piensan sacar tajada o si nos perjudica de alguna manera.
-¿Cuándo dices nos perjudica te refieres a toda la gente del pueblo de Puente Viejo?- dij Raimundo en tono sarcástico.
- Entiende como te venga en gana. - contestó fríamente Francisca.
- Personalmente poco me preocupa quién compre o deje de comprar tierras aquí, siempre y cuando sean los vecinos de este pueblo los que se beneficien de ello. Pero, puestos a que un nuevo cacique nos explote no creo que pueda ser peor que tú Francisca.
- Eso no lo sabes.
-No, no lo sé. Pero si te soy sincero yo nada pierdo en esto y si tu pierdes, a mí poco me importa.
-No cambias Raimundo. Prefieres seguir huyendo como un cobarde y sufrir antes de enfrentarte a la verdad.
-¿Ah, sí?¿Y qué verdad es esa?
Entonces Francisca, apelando a todo su orgullo y su fuerza, se acercó a Raimundo quedando a un centímetro de su piel.
- Que aún me deseas.- dijo Francisca.
Y dando media vuelta se fue con la misma sonrisa pícara con la que había entrado sumiendo a Raimundo en la impotencia y la ansiedad. Cuando marchó, Raimundo se desahogó golpeando una viga de madera que había cerca con rabia e impotencia. Sí, era cierto, todavía la deseaba.
P.D.:Como ya he dicho estoy indignada con lo que le están haciendo a Raimundo con esto de roba bebés. Veremos a ver por dónde salen los guionistas. Espero que logren convencerme con la razón que den.
. Sin ti esto no es lo mismo.Y cualquier cosa,ya sabes ¿eh?¿Y bien? ¿Cómo termina el relato boceto? te recuerdo que la butaca ya fue mancillada por mi xD. Y la mesa también fue usada en otra ocasión...y las paredes...y ¿el suelo? creo que también pero ya dudo...creo que queda el alfeizar de la ventana

Natalia.Has dejado al pobre Rai con el calentón xD. Busca segundo capítulo a esa escena.
Cristina,ME ENCANTA lo que estás escribiendo.Estoy intrigadísima por ver como sigues.

Y en fin,ahí va mi humilde aportación de hoy en "Amor,lucha y rendición". (Por cierto,he empezado a escribir otra historia jijiji pero aún anda un poco verde. Cuando esté mas hilada,os la subo)
Nos habíamos quedado en que Francisca había recuperado la memoria.
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Sus bocas no deseaban soltarse, pero se vieron irremediablemente obligadas a hacerlo. Sus alientos se entremezclaban mientras se miraban a los ojos.
-Te he echado de menos… - Francisca cerró sus ojos mientras Raimundo recorría el contorno de su cara con el roce de sus labios. El amor que sentía por ella le desgarraba las entrañas, le hacía desfallecer para luego volver a la vida. La amaba con todo su ser. Adoraba cada una de sus expresiones, su endiablado carácter…y esa dulzura que ella se empeñaba en ocultar pero que él sabía hacer salir al exterior.
- Raimundo… - su voz casi sonaba a súplica. – No permitas que vuelva a alejarme de ti… - se aferró a su cuello. – No quiero perder esta oportunidad que me da de nuevo la vida – le miró a los ojos. – Me da igual la finca, me da igual la Conservera… - sonrió. – Hasta en un simple chozo en mitad del campo sería feliz si tu estuvieras a mi lado -.
Raimundo la miró esperanzado. -¿Serías…capaz de renunciar a todo…por mí? –
Ella acarició su rostro. - ¿Acaso no renuncié ya a mi vida cuando te conocí…? – ocultó su rostro en el hueco de su cuello. – Dejé de pertenecerme para ser completamente tuya Raimundo… -
Él la abrazó con fuerza contra su pecho, dejando que sus palabras resonaran en su corazón.
-Mi pequeña… – la separó de él lo suficiente para poder mirarle directamente a los ojos. –Yo no quiero que renuncies a nada – sus dedos sostenían firmemente su cintura. –solo quiero que me incluyas en tu vida – le dio un fugaz beso en los labios. –Además…no creo que pudieras estar demasiado tiempo sin poder controlarlo todo- sonrió burlón.
Ella le dio un suave golpe en el brazo. -¿Y qué culpa tengo yo de estar rodeada de ineptos que no saben hacer ni dos…? – se calló frustrada al ver que Raimundo estallaba en carcajadas. Finalmente, ella también sonrió.En el fondo sabía que él tenía razón. No le gustaba perder el control y sabía que si así lo hiciera, terminaría volviéndose loca.
Se besaron de nuevo dulcemente, sin prisas. Sintiéndose felices por el simple hecho de estar juntos.
- Francisca, es tarde… -. Era noche cerrada ya. – Será mejor que te quedes aquí conmigo esta noche. Lo último que deseo es separarme de ti -.
Ella le sonrió. – Ni yo deseo irme Raimundo -. Tomó sus manos entre las suyas. – Quiero que el amanecer me descubra a tu lado -.
- Mi pequeña… - dijo Raimundo sintiendo que su amor por ella le desbordaba.
Se acostaron abrazados, sintiendo el latir unísono de sus corazones. Francisca cerró los ojos acomodándose en el pecho de Raimundo. Suspiró. Al fin, se encontraba de nuevo en su hogar.
Bueno los relatos... ya no se ni que deciros. Soys fantasticas chicas.
Ruth lo de la enfermedad en un principio me dejo intrigada, con el tumor y la operación tuve un poco de fe y no nos la mataste. Despues llego mi sorpresa, amnesia, me dejaste hecha polvo. Con la reconquista me pusiste romantica y ahora con la recuperacion de la memoria de Francisca creo que voy a ir definitivamente a puente viejo para decirle a Pedro Mirañar que he encontrado una candidata perfecta para la estatua. Me encantas. No se puede decir de otra manera. Espero con ansia tu proximo relato :D
Lourdes que todas te echabamos de menos. Sigue con el relato del boceto de la paca que es genial. Por cierto me gusta muchismo la idea de hacer otro final alternativo y feliz a "Eres mi verdad"
Natalia como puede Francisca decir eso y marcharse de esa manera... desde luego son tal para cual yo soy uno de ellos y ya me hubiera lanzado a brazos del otro, pero creo que yo hubiera hecho eso desde el primer capitulo asi que creo que mi opinion no cuenta demasiado...
Cris ¿te llamas asi verdad? tu relato tambien esta muy bien. Sigue guapa.
A las demas pues seguid comentando y escribiendo las historias, descabelladas o no, que se os pasen por la cabeza :)
Después me pondré a leer los relatos!
Edito: pero cuantos minutos les van a dar a los Mirañar?? Cada vez que salen me dan los siete males y si encima les sumas al inútil de Juan ya... bfff Y a Tristán con la galena...
SPOILER (puntero encima para mostrar)Miri yo tambien lei eso y mi cabeza penso automaticamente en Raimundo Ulloa, pero supongo que sera otra de mis malas pasadas y desesperación por que nos los junten. De todas formas me intriga saber quien es. No se muy bien donde lei que Cuca Escribano grabó la primera vez en exteriores asi que quizás no sea ella y aún podamos conservar un poco de esperanza por que se cumpla tu relato.
- como se llama
- yo? Pedro....
Jajaja
Que cara de resignacion ha puesto francisca...
Se pone la trama interesante con olmo aver que hace la montenegro. Jooo pero que no le pase nada que esla esencia de la serieee
edito: lo que esta claro es que en el entierro de martin francisca y raimundo se ven...seguro que hay algun cruce de miradas o quizas alguna palabra..ojala! porque despues de decirle raimundo que no puede matar sus sentimientos como pueden estar sin hacer nada? es que no lo entiendooooooo deberia pensar en el...y mas ahora....que lo esta pasando tan mal...ay que dura es mi pacaaa!!! de verdad que hacen como si no pasase nada....joe
SPOILER (puntero encima para mostrar)yo creo que aparece olmo pero a lo mejor no se espera que sea tan joven o quiza le conoce de algo...ay no se..la cuestion es que nada de nuestra pareja...hasta cuando nos van a tener sin escenas? por cierto quien es doña agueda? y es cierto que olmo es el hermano de pepa?

Lourdes bonita!!ya sabes que aqui te esperamos con los brazos abiertos siempre que se te echa de menos y animo ;). Mmmmmmmmmmmm se caldea el ambiente jejejeje,tenia ganas de leer esa continuación!!!!!Y ya si me dices que vas a escribir el otro final
Ruth reina, eres la p* ama ya lo sabes,que te voy a mandar pa Madrid xD,y me dices encima que estas escribiendo otra historia????Ohhhhhhhhhhhhh
El capitulo de hoy una mierda pinchada en un palo la verdad xD =/
Sobre los spoilers...
SPOILER (puntero encima para mostrar)¿No es quien esperaba?Tiene pinta a nuevo personaje............la verdad, no quiero hacerme ilusiones con que es Raimundo. Y por lo que parece Olmo ya esta cenando cuando aparece esa persona ¿no?
jajaja como me he reido.Bueno os dejo la ultima parte de mi relato. Es cortita pero espero que os guste :)
Raimundo acariciaba dulcemente la espalda desnuda de Francisca. Ella estaba dormida. Su cabeza reposaba sobre el pecho de él. Su hermosa cabellera negra caía por su espalda. Dejándole a él total libertad para contemplar su rostro. Era tan hermosa. Una suave sabana cubría su cuerpo. Dejando ver algunas partes de él. Tapando otras tantas. Su espalda. Siguió acariciándola. Francisca se removió. Un escalofrió en su espalda la había hecho hacerlo. Ella movió su mano derecha. Acariciándolo en el movimiento. Acariciando el pecho de Raimundo. Sin aun despertar.
-Raimundo…- susurro en sueños.- Raimundo no me sueltes.- término. Continuando con ese susurro. Haciéndolo inaudible. Se aferró a él. Con fuerza. Intentando esconderse. Intentando sentirse protegida por él.
Raimundo le devolvió el abrazo. Con fuerza. Con ternura. Amándola con todo su ser. Como había hecho siempre. Sintiendo que su corazón le dolía de lo mucho que la amaba.
Permanecieron así varios minutos. Abrazados. Francisca se volvió a remover. Esta vez con un poco de más fuerza. Abrió los ojos. Sintiendo el calor del cuerpo de él. Sonrió. Recordando lo ocurrido aquella noche. Recordando como de nuevo se había sentido viva. Se había sentido deseada. Había sentido placer. Placer mientras la tocaba. Mientras la besaba. Mientras él recorría su cuerpo con sus labios. Mientras la hacía suya… había pecado pero no le importaba. Había pecado con él. Con su amor. Aunque tuviese que confesarse una y mil veces con Don Anselmo lo habría hecho de todas formas. Alzó la mirada. Viendo así como los ojos de Raimundo la adoraban.
-Buenos días pequeña.-dijo tierno mientras sonreía.
Francisca se incorporó levemente. Lo suficiente. Dejando que una leve distancia separase sus rostros. Lo miro a los ojos. Perdida en ellos desde que había despertado. Acaso había mejor manera de hacerlo. Despertar a su lado. Lo beso dulcemente en los labios. Terminó de incorporarse. Quedando sentada sobre la cama. Raimundo la imitó. Deslizando su brazo por su espalda. Dejando su mano en la cintura de ella. Rodeándola en una suave caricia. Sonrió. Una vez que sus miradas coincidieron de nuevo.
-¿Qué haremos ahora Raimundo?-preguntó ella pensativa.
-Amarnos. Amarnos hasta el fin de nuestros días, y cuando eso ocurra seguir amándonos después.- contestó mientras besaba sus labios.
-Aun no puedo creer que me sigas amando. Acaso no has escuchado a los vecinos del pueblo. Acaso no sabes que soy una malvada cacique.- dijo ella intentando sonreír. Sonriendo irónicamente.
- Algo de eso he escuchado- dijo irónico.- y he de decir que cuando hagamos publica nuestra relación, porque lo haremos,-recalcó.- no seremos una pareja muy… corriente que digamos-continuo divertido.- pero no te preocupes mi querida cacique que este tabernero te cuidara y estará a tu lado hasta el día de su muerte.-terminó casi mostrando la palma de su mano. Jurándolo. Sabía que aquello no le costaría ningún tipo de sacrificio. Lo haría encantado. Encantado de estar junto a ella.
Francisca termino por soltar una carcajada ante semejantes palabras. Antes su chanza. Lo empujo suavemente. Haciendo que callera de nuevo sobre la cama. Lo beso. De nuevo. Pero esta vez profundizo el beso. Jurándole con el que ella también estaría a su lado. Amándolo. Más allá de la vida y de la muerte.
