El Rincón de Francisca y Raimundo:ESTE AMOR SE MERECE UN YACIMIENTO (TUNDA TUNDA) Gracias María y Ramon
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08/06/2011 23:44
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#2481
20/09/2011 23:51
jajaja tenía unas ganas de meterles un "encuentro" en la mesa de la cocina....
EDITO: María!! gracias por el gif del boceto de la Paca!! jajajajjaja cómo me he reido con esa parte!
EDITO: María!! gracias por el gif del boceto de la Paca!! jajajajjaja cómo me he reido con esa parte!
#2482
21/09/2011 00:02
Bravísimo Ruth. Eres una artista como la copa de un pino. Derrochas talento en cada palabra. ¡Fantástica!!!
Bueno... sigamos un poco...
Francisca estaba tan soliviantada que no advirtió que la había llamado como... hacía demasiado tiempo que no la llamaba. Apretó el asa de la jarra en su puño y se dirigió hacia la mesa. Los cuatro parroquianos congregados allí la miraban sin dar crédito mientras ella llenaba sus vasos sin mirarles siquiera, con tal expresión de asco que parecía que les escupiría en la cara. El tal Faustino, que ya llevaba unos cuantos tragos, no apartaba su mirada beoda de ella. Tras servir el último vaso, se dispuso a dar media vuelta y largarse, pero el alcohol había hecho que Faustino no midiera muy bien las consecuencias de sus actos. Justo cuando estaba girándose, el beodo la tomó del brazo, obligándola a volverse de nuevo.
- No tenga tanta... prisa, “doña Francisca”- dijo arrastrando las palabras.- ¿Por qué no se sienta... con nosotros a charlar un rato?
Francisca sintió que vomitaría al percibir el repugnante olor a alcohol que desprendía aquel miserable. Alfonso Castañeda, que se encontraba en la mesa vecina se volvió.
- Faustino, hombre, deja de molestar, que ya has bebido suficiente.- empezó conciliador.- Es mejor que te vayas a casa.
Francisca miró sorprendida al joven. Precisamente tenía que defenderla un Castañeda. Aunque... a decir verdad, toda su ojeriza hacia esa familia sólo se debía al desgraciado de Juan. Nada tenía ella en contra del resto. De pronto sus pensamientos fueron interrumpidos. El maldito borracho se había levantado, mirando amenazador a Alfonso.
- No me quiero ir a casa. Tengo otra idea mucho mejor en mente.
Sin más preámbulos, empujó rudamente a Francisca, a la que aún tenía asida, hasta atraerla hacia sí mientras esbozaba una asquerosa sonrisa. Todos se quedaron observando la increíble escena. Raimundo, en ese momento, advirtió lo que ocurría. Le recorrió un instinto asesino hacia aquel imbécil que pensó que no podría controlarse. Salió como un rayo desde detrás de la barra, con los ojos echando fuego. Pero antes de que nadie pudiera reaccionar, Francisca, llena de cólera, alzó la jarra de barro que aún sostenía en su mano derecha y la descargó con toda su furia contra la cabeza de su captor, partiéndola en mil pedazos. El golpe fue tal que el hombre se derrumbó inconsciente sobre el suelo. Un silencio sepulcral descendió en toda la taberna. Todo el mundo estaba mudo de espanto e incredulidad mientras miraba a Francisca, en pie en medio del local, sosteniendo aún el asa de la maltrecha jarra. Alfonso y Emilia la contemplaban con la boca abierta. Raimundo, que estaba casi a su altura tras salir precipitadamente desde detrás de la barra, clavó sus ojos en ella. La miró sin poder apartar la vista. ¿Cómo diablos podía ser tan... increíble, tan condenadamente... irresistible? Allí estaba, erguida, orgullosa, mirando a todo el mundo de tal forma que el silencio se rompió y todos volvieron a sus conversaciones, dejando de mirarla casi con pánico. Los compañeros del inconsciente borracho estaban aterrorizados. Emilia pareció despertar de su estado alucinatorio y se acercó con intención de recoger y limpiar los restos de la jarra y el vino derramado. Pero Francisca la detuvo.
- Espera, Emilia. Esto lo van a limpiar estos "caballeros", como “compensación” al desagradable incidente causado por su “amigo”.- les miró amenadazora.
Los otros tres compañeros del beodo la miraron más asustados aún. Con sorprendente rapidez, recogieron del suelo a su amigo, los pedazos de barro y, dejando unas cuantas monedas en la mesa, se marcharon como alma que lleva el diablo. Emilia miró perpleja a Francisca. Desde luego... estaba claro que el hábito no hacía al monje. Casi esbozó una sonrisa de admiración antes de dedicarse a recoger el dinero y la mesa. Francisca echó una última mirada amenazadora a las mesas vecinas y finalmente se volvió. Toda su furia desapareció al ver frente a ella a Raimundo, con los brazos cruzados, dedicándole una intensa mirada.
Bueno... sigamos un poco...
Francisca estaba tan soliviantada que no advirtió que la había llamado como... hacía demasiado tiempo que no la llamaba. Apretó el asa de la jarra en su puño y se dirigió hacia la mesa. Los cuatro parroquianos congregados allí la miraban sin dar crédito mientras ella llenaba sus vasos sin mirarles siquiera, con tal expresión de asco que parecía que les escupiría en la cara. El tal Faustino, que ya llevaba unos cuantos tragos, no apartaba su mirada beoda de ella. Tras servir el último vaso, se dispuso a dar media vuelta y largarse, pero el alcohol había hecho que Faustino no midiera muy bien las consecuencias de sus actos. Justo cuando estaba girándose, el beodo la tomó del brazo, obligándola a volverse de nuevo.
- No tenga tanta... prisa, “doña Francisca”- dijo arrastrando las palabras.- ¿Por qué no se sienta... con nosotros a charlar un rato?
Francisca sintió que vomitaría al percibir el repugnante olor a alcohol que desprendía aquel miserable. Alfonso Castañeda, que se encontraba en la mesa vecina se volvió.
- Faustino, hombre, deja de molestar, que ya has bebido suficiente.- empezó conciliador.- Es mejor que te vayas a casa.
Francisca miró sorprendida al joven. Precisamente tenía que defenderla un Castañeda. Aunque... a decir verdad, toda su ojeriza hacia esa familia sólo se debía al desgraciado de Juan. Nada tenía ella en contra del resto. De pronto sus pensamientos fueron interrumpidos. El maldito borracho se había levantado, mirando amenazador a Alfonso.
- No me quiero ir a casa. Tengo otra idea mucho mejor en mente.
Sin más preámbulos, empujó rudamente a Francisca, a la que aún tenía asida, hasta atraerla hacia sí mientras esbozaba una asquerosa sonrisa. Todos se quedaron observando la increíble escena. Raimundo, en ese momento, advirtió lo que ocurría. Le recorrió un instinto asesino hacia aquel imbécil que pensó que no podría controlarse. Salió como un rayo desde detrás de la barra, con los ojos echando fuego. Pero antes de que nadie pudiera reaccionar, Francisca, llena de cólera, alzó la jarra de barro que aún sostenía en su mano derecha y la descargó con toda su furia contra la cabeza de su captor, partiéndola en mil pedazos. El golpe fue tal que el hombre se derrumbó inconsciente sobre el suelo. Un silencio sepulcral descendió en toda la taberna. Todo el mundo estaba mudo de espanto e incredulidad mientras miraba a Francisca, en pie en medio del local, sosteniendo aún el asa de la maltrecha jarra. Alfonso y Emilia la contemplaban con la boca abierta. Raimundo, que estaba casi a su altura tras salir precipitadamente desde detrás de la barra, clavó sus ojos en ella. La miró sin poder apartar la vista. ¿Cómo diablos podía ser tan... increíble, tan condenadamente... irresistible? Allí estaba, erguida, orgullosa, mirando a todo el mundo de tal forma que el silencio se rompió y todos volvieron a sus conversaciones, dejando de mirarla casi con pánico. Los compañeros del inconsciente borracho estaban aterrorizados. Emilia pareció despertar de su estado alucinatorio y se acercó con intención de recoger y limpiar los restos de la jarra y el vino derramado. Pero Francisca la detuvo.
- Espera, Emilia. Esto lo van a limpiar estos "caballeros", como “compensación” al desagradable incidente causado por su “amigo”.- les miró amenadazora.
Los otros tres compañeros del beodo la miraron más asustados aún. Con sorprendente rapidez, recogieron del suelo a su amigo, los pedazos de barro y, dejando unas cuantas monedas en la mesa, se marcharon como alma que lleva el diablo. Emilia miró perpleja a Francisca. Desde luego... estaba claro que el hábito no hacía al monje. Casi esbozó una sonrisa de admiración antes de dedicarse a recoger el dinero y la mesa. Francisca echó una última mirada amenazadora a las mesas vecinas y finalmente se volvió. Toda su furia desapareció al ver frente a ella a Raimundo, con los brazos cruzados, dedicándole una intensa mirada.
#2483
21/09/2011 00:05
Ruth ¡ahora también en la mesa! jjajajaja estos dos tienen tanta pasión que no peuden evitar recrearla en cualquier sitio
#2484
21/09/2011 00:08
me encanta esa MUJER con mayúsculas, que buenoooooooooo
#2485
21/09/2011 00:09
SIII COCINAENCUENTRO yo lo propuse en uno de mis mensajes,gracias por hacerlo realidad
mi mente perversa y yo te adoramos!!!jajaja. Bravo tia.
Lna me encanta, si es que esta Paca no se deja amendentrar por nadie, ay es que me imagino la miradita que le esta echando al final todo orgulloso de los ovarios que tiene y ya me caigo al suelo de imaginarmela <3 OHHHH
mi mente perversa y yo te adoramos!!!jajaja. Bravo tia.Lna me encanta, si es que esta Paca no se deja amendentrar por nadie, ay es que me imagino la miradita que le esta echando al final todo orgulloso de los ovarios que tiene y ya me caigo al suelo de imaginarmela <3 OHHHH
#2486
21/09/2011 00:09
lna,te adoro!
Nuestra Paca es de armas tomar
Third,si lna y yo escribiésemos los guiones,al finalizar la serie habría que quemar todos los decorados,porque estarían profanados jajajaja
Ainsss si es que en la serie no nos dan nada... al menos tenemos esto!
Nuestra Paca es de armas tomar

Third,si lna y yo escribiésemos los guiones,al finalizar la serie habría que quemar todos los decorados,porque estarían profanados jajajaja
Ainsss si es que en la serie no nos dan nada... al menos tenemos esto!
#2487
21/09/2011 00:13
jajajajajaja maravillosos los dos relatos!!! Me encanta el Rai defensor pero... la Francis no necesita que la defienda nadie jajajaja
#2488
21/09/2011 00:30
Los otros tres compañeros del beodo la miraron más asustados aún. Con sorprendente rapidez, recogieron del suelo a su amigo, los pedazos de barro y, dejando unas cuantas monedas en la mesa, se marcharon como alma que lleva el diablo. Emilia miró perpleja a Francisca. Desde luego... estaba claro que el hábito no hacía al monje. Casi esbozó una sonrisa de admiración antes de dedicarse a recoger el dinero y la mesa. Francisca echó una última mirada amenazadora a las mesas vecinas y finalmente se volvió. Toda su furia desapareció al ver frente a ella a Raimundo, con los brazos cruzados, dedicándole una intensa mirada. Francisca sintió que un escalofrío la recorría de pies a cabeza. Raimundo alzó una ceja.
- ¿Era necesario que le dejaras inconsciente?- preguntó burlón.
- Debería haberle matado por atreverse a...- la furia le impidió seguir hablando.Raimundo rió suavemente.- ¿De qué diablos te estás riendo, condenado tabernero?
- De tí, condenada tabernera.- susurró él con irresistible ironía. Meneó la cabeza.- Francisca... a este paso no sólo me dejas sin clientes, sino que además nos van a meter en la cárcel por intento de homicidio. Y... francamente, mi pequeña, si ya es difícil “coincidir” contigo aquí... no me imagino lo que... podría pasar si compartiéramos una celda en prisión.
Millones de escalofríos la recorrieron sólo por ver esa sonrisa y escuchar su voz tierna y a la vez sospechosamente ronca. De pronto, advirtió que la había llamado...
- ¿Cómo... me has llamado?
- ¿Francisca? ¿Condenada tabernera?- contestó él con una divertida mueca de falsa inocencia.
- Sabes perfectamente a qué me refiero.- dijo furiosa.- ¿Con qué derecho te atreves a llamarme así?
Raimundo la miró cuidadosamente. Se acercó peligroso.
- ¿De verdad quieres saber con qué derecho te llamo así... mi pequeña?
Ella sintió que el suelo cedía bajo sus pies al ver la ardiente mirada que le estaba dedicando. Santo Dios... ¿En qué momento se le ocurrió aceptar precisamente la ayuda de Raimundo? Era una idea tan absurda como intentar apagar un fuego echándole encima gasolina. Él la descolocaba, hacía que todo su buen juicio se fuera al mismo infierno. ¿Por qué diablos le pasaba aquello? Bien que conocía la respuesta. No... no podía ceder a esa locura que él provocaba sólo con su presencia. Ya había sufrido demasiado como para exponer otra vez su maltrecho corazón.
- Yo... será mejor que vaya a ayudar a Emilia.
Salió casi corriendo hacia las mesas. Raimundo la siguió con sus ojos. Dios... eso se le estaba escapando de las manos. El deseo que sentía por ella empezaba a ser incontenible. Había pensado ingenuamente que podría mantener a raya sus bajos instintos pero... Francisca se había inclinado sobre una mesa para limpiarla. El latigazo de deseo que le recorrió fue tan intenso que apretó los puños y los dientes para girarse y esconderse tras la barra como si fuese su única salvación.
- ¿Era necesario que le dejaras inconsciente?- preguntó burlón.
- Debería haberle matado por atreverse a...- la furia le impidió seguir hablando.Raimundo rió suavemente.- ¿De qué diablos te estás riendo, condenado tabernero?
- De tí, condenada tabernera.- susurró él con irresistible ironía. Meneó la cabeza.- Francisca... a este paso no sólo me dejas sin clientes, sino que además nos van a meter en la cárcel por intento de homicidio. Y... francamente, mi pequeña, si ya es difícil “coincidir” contigo aquí... no me imagino lo que... podría pasar si compartiéramos una celda en prisión.
Millones de escalofríos la recorrieron sólo por ver esa sonrisa y escuchar su voz tierna y a la vez sospechosamente ronca. De pronto, advirtió que la había llamado...
- ¿Cómo... me has llamado?
- ¿Francisca? ¿Condenada tabernera?- contestó él con una divertida mueca de falsa inocencia.
- Sabes perfectamente a qué me refiero.- dijo furiosa.- ¿Con qué derecho te atreves a llamarme así?
Raimundo la miró cuidadosamente. Se acercó peligroso.
- ¿De verdad quieres saber con qué derecho te llamo así... mi pequeña?
Ella sintió que el suelo cedía bajo sus pies al ver la ardiente mirada que le estaba dedicando. Santo Dios... ¿En qué momento se le ocurrió aceptar precisamente la ayuda de Raimundo? Era una idea tan absurda como intentar apagar un fuego echándole encima gasolina. Él la descolocaba, hacía que todo su buen juicio se fuera al mismo infierno. ¿Por qué diablos le pasaba aquello? Bien que conocía la respuesta. No... no podía ceder a esa locura que él provocaba sólo con su presencia. Ya había sufrido demasiado como para exponer otra vez su maltrecho corazón.
- Yo... será mejor que vaya a ayudar a Emilia.
Salió casi corriendo hacia las mesas. Raimundo la siguió con sus ojos. Dios... eso se le estaba escapando de las manos. El deseo que sentía por ella empezaba a ser incontenible. Había pensado ingenuamente que podría mantener a raya sus bajos instintos pero... Francisca se había inclinado sobre una mesa para limpiarla. El latigazo de deseo que le recorrió fue tan intenso que apretó los puños y los dientes para girarse y esconderse tras la barra como si fuese su única salvación.
#2489
21/09/2011 00:41
Raimundo está muy tenso...
Quien lo destensará...
La Paca que lo destense
Buena destensadora será!!!
(es lo que tiene estar todo el dia con niños...los trabalenguas te salen solos xD)
Sigue Lourdes de mi alma! Ese tabernero necesita su dosis.Dónde será esta vez? Qué profanarán?
Sorpréndeme! (como siempre)
Quien lo destensará...
La Paca que lo destense
Buena destensadora será!!!
(es lo que tiene estar todo el dia con niños...los trabalenguas te salen solos xD)
Sigue Lourdes de mi alma! Ese tabernero necesita su dosis.Dónde será esta vez? Qué profanarán?
Sorpréndeme! (como siempre)
#2490
21/09/2011 00:43
¿Bajos instintos?, yo diría que en este caso estan muy muy muy altos.
Ja ja si es que Francisca es una jefa, como me gusta con ese caracter, la dejan suelta y de la posada del Rai crea un resort de vacaciones
Sigueeeeeeeeeee a ver cuanto aguanta el Rai sus "bajos" instintos
Ja ja si es que Francisca es una jefa, como me gusta con ese caracter, la dejan suelta y de la posada del Rai crea un resort de vacaciones
Sigueeeeeeeeeee a ver cuanto aguanta el Rai sus "bajos" instintos
#2491
21/09/2011 00:45
"Cómo me has llamado?".....jajaja....ay, que a la Paca se le ha removido todo, todito!!!! No sabe nada el Raimundo, las mata callando!!!! Esto se está poniendo interesante....dónde será el encuentro??
#2492
21/09/2011 01:23
Kerala ¿A dónde hay que llamar para que a Ina y a ti os contraten para la serie?
#2493
21/09/2011 01:24
Terminaron de recoger la última mesa de aquel interminable día. Francisca estaba descubriendo nuevos y doloridos músculos en su cuerpo. Estaba realmente derrengada. Salió un momento a la desierta plaza del pueblo y se sentó en el banco, apoyando su castigado cuerpo en la pared de la casa de comidas. La suave brisa nocturna pareció aliviarla y casi suspiró de alivio. Echó la cabeza hacia atrás, disfrutando del frescor de la noche en su cuello. Raimundo estaba terminando de secar un vaso cuando al verla a través de la ventana, con aquella deliciosa y provocadora pose, se quedó paralizado. El vaso se escurrió entre sus manos y se estrelló contra el suelo. Fantástico... esa noche acabarían rompiendo toda la maldita vajilla. Francisca se sobresaltó al oír el leve estrépito. Se levantó de su asiento y entró. Alzó una ceja al ver el vaso hecho pedazos.
- Vaya... hasta te pareces a Mariana.- soltó burlona.
Raimundo la fulminó con la mirada.
- Por lo menos yo no me dedico a estrellar jarras de vino en las cabezas de los clientes.- respondió intentando ocultar su tortura interna bajo la apariencia de un simple enfado.
- ¿Vas a estar recordándomelo todos los días?- ella se cruzó de brazos desafiante.- Por que te aseguro que no será la única jarra que estrelle. La próxima será en tu cabeza.
Se giró para marcharse hinchada de orgullo. Raimundo la detuvo.
- No tan deprisa, Francisca...- la miró peligroso.- Escúchame bien. Ya no eres la poderosa Francisca Montenegro. Estás en mi casa y mientras eso sea así, no pienso permitir que...
- ¿Que no piensas ….permitir??? ¿Me estás dando órdenes, condenado tabernero??- exclamó roja de indignación.- Nadie me da órdenes, y mucho menos tú.- sus ojos echaban chispas.- Continuaré haciendo las cosas como creo que deben hacerse... y si no te gusta, ése es tu problema. O te aguantas o... sencillamente, me largaré de aquí. Tal vez eso es lo que debiera hacer.
Él sintió que el mundo se hundía bajo sus pies al oír aquello. Quería gritarle que no podía... marcharse. Pero su obstinado orgullo no tenía nada que envidiarle al de ella.
- Pues hazlo. Será interesante ver cómo te las apañas. Entonces sí que mi casa te parecerá el Ritz comparada con el miserable chozo en el que tendrías que alojarte.
- Con tal de no soportar tu maldita presencia, cualquier chozo es un paraíso.
Estaban en el momento álgido de la tensa discusión. Raimundo sentía que la furia crecía en él... junto con un deseo enloquecedor. Francisca le fulminó con la mirada.
- ¿Sabes? Estoy muy cansada y me duelen músculos que ni sabía que existían. Así que, francamente, me importa un comino lo que pienses. Ahora mismo me voy a la cama... y mañana...- se quitó el delantal en un brusco movimiento, arrojándoselo casi a la cara.-... ya puedes contratar a otra, porque no pienso permanecer un minuto más en este asqueroso antro.
Raimundo clavó su mirada de fuego en ella. Al quitarse el delantal con tanta furia, parte de la blusa se había descolocado, exponiendo su hombro izquierdo desnudo. Esa vez, el latigazo de deseo lo derrotó definitivamente. Francisca se había dado la vuelta para marcharse hacia su habitación. Él la alcanzó en tres zancadas, arrancándole un jadeo ahogado de sorpresa cuando la acorraló contra la puerta de su habitación.
- Lamento que estés cansada... pero te aseguro que... vas a estarlo mucho más.
- Rai...
No pudo continuar. La boca de él la tomó exigente, avasallador. Francisca sintió que las piernas no la sostenían y cayó desfallecida ante la pasión de él. Pero Raimundo la sujetó con su cuerpo. Sus manos la acariciaron por encima de la molesta tela de la blusa, arrancándole miles de gemidos. Francisca sentía la frialdad de la pared a su espalda, pero la temperatura subió tan rápido que después todo parecía estar hirviendo. La urgencia y la pasión eran tan intensas que se arrancaron la ropa como si les quemase. Raimundo ni se molestó en abrir la puerta de la habitación. Le parecía que la distancia hasta la cama era una eternidad. Su mano descendió peligrosa por la cintura y la cadera de ella, hasta llegar a su pierna derecha. Acarició su muslo y lo levantó, obligándola a rodear su cadera con su pierna. Francisca se sintió morir cuando él, de pronto, la hizo suya, sujetándola contra la puerta. Los jadeos rasgaron el aire y la pasión de él la llevaba a la locura. Empezó a embestirla, cada vez con más intensidad. El placer los hacía delirar. Francisca se aferró a su cuello mientras las acometidas la llenaban de pasión. Raimundo enterró sus labios en su cuello mientras la llevaba hacia el éxtasis.
- Mi pequeña... - jadeó moribundo.
Un grito atravesó la garganta de Francisca cuando el placer se desbocó en oleadas que les hicieron tocar el cielo. Él atrapó su boca para acallar el grito y la sujetó contra su pecho hasta que pudieron dejar de temblar. Al lograrlo, la tomó en brazos y, abriendo la puerta de su habitación, la depositó tiernamente en la cama. Ella tragó saliva al ver que él se acostaba a su lado para abrazarla.
- Ahora sí que puedes dormir.- le dijo con una sonrisa tan divertida como llena de amor.- Pero... sólo un par de horas.- añadió apasionado.
Francisca cerró los ojos y se durmió con una sonrisa en el rostro, mientras el latido del corazón de Raimundo la acunaba.
- Vaya... hasta te pareces a Mariana.- soltó burlona.
Raimundo la fulminó con la mirada.
- Por lo menos yo no me dedico a estrellar jarras de vino en las cabezas de los clientes.- respondió intentando ocultar su tortura interna bajo la apariencia de un simple enfado.
- ¿Vas a estar recordándomelo todos los días?- ella se cruzó de brazos desafiante.- Por que te aseguro que no será la única jarra que estrelle. La próxima será en tu cabeza.
Se giró para marcharse hinchada de orgullo. Raimundo la detuvo.
- No tan deprisa, Francisca...- la miró peligroso.- Escúchame bien. Ya no eres la poderosa Francisca Montenegro. Estás en mi casa y mientras eso sea así, no pienso permitir que...
- ¿Que no piensas ….permitir??? ¿Me estás dando órdenes, condenado tabernero??- exclamó roja de indignación.- Nadie me da órdenes, y mucho menos tú.- sus ojos echaban chispas.- Continuaré haciendo las cosas como creo que deben hacerse... y si no te gusta, ése es tu problema. O te aguantas o... sencillamente, me largaré de aquí. Tal vez eso es lo que debiera hacer.
Él sintió que el mundo se hundía bajo sus pies al oír aquello. Quería gritarle que no podía... marcharse. Pero su obstinado orgullo no tenía nada que envidiarle al de ella.
- Pues hazlo. Será interesante ver cómo te las apañas. Entonces sí que mi casa te parecerá el Ritz comparada con el miserable chozo en el que tendrías que alojarte.
- Con tal de no soportar tu maldita presencia, cualquier chozo es un paraíso.
Estaban en el momento álgido de la tensa discusión. Raimundo sentía que la furia crecía en él... junto con un deseo enloquecedor. Francisca le fulminó con la mirada.
- ¿Sabes? Estoy muy cansada y me duelen músculos que ni sabía que existían. Así que, francamente, me importa un comino lo que pienses. Ahora mismo me voy a la cama... y mañana...- se quitó el delantal en un brusco movimiento, arrojándoselo casi a la cara.-... ya puedes contratar a otra, porque no pienso permanecer un minuto más en este asqueroso antro.
Raimundo clavó su mirada de fuego en ella. Al quitarse el delantal con tanta furia, parte de la blusa se había descolocado, exponiendo su hombro izquierdo desnudo. Esa vez, el latigazo de deseo lo derrotó definitivamente. Francisca se había dado la vuelta para marcharse hacia su habitación. Él la alcanzó en tres zancadas, arrancándole un jadeo ahogado de sorpresa cuando la acorraló contra la puerta de su habitación.
- Lamento que estés cansada... pero te aseguro que... vas a estarlo mucho más.
- Rai...
No pudo continuar. La boca de él la tomó exigente, avasallador. Francisca sintió que las piernas no la sostenían y cayó desfallecida ante la pasión de él. Pero Raimundo la sujetó con su cuerpo. Sus manos la acariciaron por encima de la molesta tela de la blusa, arrancándole miles de gemidos. Francisca sentía la frialdad de la pared a su espalda, pero la temperatura subió tan rápido que después todo parecía estar hirviendo. La urgencia y la pasión eran tan intensas que se arrancaron la ropa como si les quemase. Raimundo ni se molestó en abrir la puerta de la habitación. Le parecía que la distancia hasta la cama era una eternidad. Su mano descendió peligrosa por la cintura y la cadera de ella, hasta llegar a su pierna derecha. Acarició su muslo y lo levantó, obligándola a rodear su cadera con su pierna. Francisca se sintió morir cuando él, de pronto, la hizo suya, sujetándola contra la puerta. Los jadeos rasgaron el aire y la pasión de él la llevaba a la locura. Empezó a embestirla, cada vez con más intensidad. El placer los hacía delirar. Francisca se aferró a su cuello mientras las acometidas la llenaban de pasión. Raimundo enterró sus labios en su cuello mientras la llevaba hacia el éxtasis.
- Mi pequeña... - jadeó moribundo.
Un grito atravesó la garganta de Francisca cuando el placer se desbocó en oleadas que les hicieron tocar el cielo. Él atrapó su boca para acallar el grito y la sujetó contra su pecho hasta que pudieron dejar de temblar. Al lograrlo, la tomó en brazos y, abriendo la puerta de su habitación, la depositó tiernamente en la cama. Ella tragó saliva al ver que él se acostaba a su lado para abrazarla.
- Ahora sí que puedes dormir.- le dijo con una sonrisa tan divertida como llena de amor.- Pero... sólo un par de horas.- añadió apasionado.
Francisca cerró los ojos y se durmió con una sonrisa en el rostro, mientras el latido del corazón de Raimundo la acunaba.
#2494
21/09/2011 01:51
lna... impresionante, no tengo otra palabra para describirlo. Y me parto, en este hilo profanamos ya hasta las puertas jajajaja. Estoy deseando leer el final (Pillada de Emilia, pillada de Emilia!!)
Genial, de verdad.
Y bueno, yo os dejo mi humilde continuación al relato que empecé ayer. Espero que os guste
--------------------------------------
Por supuesto que lo recordaba. De hecho había sido lo primero por lo que había reconocido a Eulalio. El bastón de aquel hombre que había sido como un segundo padre para él, la persona que más tiempo le dedicó cuando tan solo era un chaval. Eulalio Samaniego Padre, jefe de las caballerizas de la mansión de los Ulloa se había encargado de toda la formación que había recibido ya no solo como caballero y terrateniente sino como persona cuando no levantaba más de un palmo del suelo. Con los años y el paso de la adolescencia se había convertido además en su confidente y en más de una ocasión, en la coartada perfecta para sus encuentros con Francisca.
-Sabes perfectamente que yo adoraba a tu padre. Siempre fue un gran apoyo para mí. No puedo creer que pienses que yo pude hacer algo tan deleznable como eso… ¡Y menos por esos motivos!
-Su familia y los Montenegro eran los únicos con el suficiente poder como para hacerlo y salir impunes.
-Pues si así fue puedo asegurarte que yo no tuve nada que ver. Y ahora haz el favor de salir de mi casa – Raimundo se dirigió con furia hacia la puerta y la abrió de par en par.
-Me parece que no has entendido nada de nada Ulloa… Quiero aquello que mi padre se ganó tras años de esfuerzo – acercándose lentamente a Raimundo cerró la puerta con suavidad – Quiero una respuesta a su muerte –pronunció esto último con rabia - y lo quiero ya. No pienso irme de este pueblo sin una respuesta.
-Si de mí esperas todo eso, ten por seguro que no lo vas a conseguir. Puedo repetírtelo un millón de veces y la respuesta siempre será la misma – aseguró Raimundo con firmeza.
-¡Maldita sea! –ambos hombres se miraban fijamente a los ojos. Ni un ápice de la antigua complicidad que les había unido quedaba. Los que antaño se habían confiado como verdaderos hermanos se encontraban en esos momentos al borde de la lucha - ¡Escúchame Raimundo Ulloa! Si esta noche no he recibido las respuestas que quiero, mañana mismo pienso denunciar el asesinato a las autoridades. Y usted sabe lo que es eso. Aunque no pueda demostrar su implicación en el asunto, la sombra de la duda lo marcará frente a sus vecinos. Olvide confianza y respeto, pues todo eso perderá – Raimundo sintió como si un gran peso comprimiera su pecho, impidiéndole respirar. Sabía que tenía razón
– Siempre he sospechado que Francisca Montenegro también estaba implicada en el asunto, como no podía ser de otra manera si usted estaba por en medio. Hable con ella, haga lo que quiera, pero sepa que si hoy a las doce no hay nadie esperándome a la entrada de la finca de mi padre, no me temblará el pulso cuando mañana por la mañana esté frente a las autoridades para denunciarlos.
Y con esta lapidaria frase, el fantasma venido del pasado de Raimundo Ulloa desapareció como un vendaval tras la puerta.
El tabernero ni siquiera se movió del sitio. Durante varios minutos permaneció de pie mientras todos aquellos recuerdos del pasado que con ahínco había tratado de guardar en las profundidades de su corazón volvían a resurgir.
Su Francisca… su pequeña…
Los tiempos en los que ambos corrían libremente por esas tierras se hacían cada vez más cercanos. Y dolía. Escocía todo aquello que había perdido por el egoísmo de unos pocos. Y mientras, un profundo desconsuelo se iba apoderando poco a poco de su alma sin que él pudiera hacer nada por evitarlo. La había amado tanto… no podía siquiera imaginarse el volver a aquel sitio que tantos recuerdos felices guardaba para ellos, o por lo menos para él.
Allí, donde exentos del yugo de sus familias se había forjado el amor más grande que jamás hubiera imaginado poder sentir y el culpable de que, habiendo pasado tantas penurias y miserias por ella, siguiera amándola con la misma fuerza que entonces, sin poder olvidar…
los abrazos bajo el cálido sol
el tacto de su pelo al viento
aquellos baños prohibidos en la laguna
sus labios fundiéndose por necesidad
las risas inconteniblemente hermosas
y… el sonido de la hierba bajo sus cuerpos…
Cerró los ojos con fuerza.
No podía, era incapaz de seguir recordando. Haciéndolo, los buenos recuerdos sobrepasaban los nefastos sinsabores y los cimientos de la nueva vida que había construido sin ella se tambaleaban irremediablemente.
Y si eso ocurría... aquella perdición que era la piel de Francisca Montenegro se adueñaba de sus pensamientos.
------------
Mañana más
Genial, de verdad.
Y bueno, yo os dejo mi humilde continuación al relato que empecé ayer. Espero que os guste
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Por supuesto que lo recordaba. De hecho había sido lo primero por lo que había reconocido a Eulalio. El bastón de aquel hombre que había sido como un segundo padre para él, la persona que más tiempo le dedicó cuando tan solo era un chaval. Eulalio Samaniego Padre, jefe de las caballerizas de la mansión de los Ulloa se había encargado de toda la formación que había recibido ya no solo como caballero y terrateniente sino como persona cuando no levantaba más de un palmo del suelo. Con los años y el paso de la adolescencia se había convertido además en su confidente y en más de una ocasión, en la coartada perfecta para sus encuentros con Francisca.
-Sabes perfectamente que yo adoraba a tu padre. Siempre fue un gran apoyo para mí. No puedo creer que pienses que yo pude hacer algo tan deleznable como eso… ¡Y menos por esos motivos!
-Su familia y los Montenegro eran los únicos con el suficiente poder como para hacerlo y salir impunes.
-Pues si así fue puedo asegurarte que yo no tuve nada que ver. Y ahora haz el favor de salir de mi casa – Raimundo se dirigió con furia hacia la puerta y la abrió de par en par.
-Me parece que no has entendido nada de nada Ulloa… Quiero aquello que mi padre se ganó tras años de esfuerzo – acercándose lentamente a Raimundo cerró la puerta con suavidad – Quiero una respuesta a su muerte –pronunció esto último con rabia - y lo quiero ya. No pienso irme de este pueblo sin una respuesta.
-Si de mí esperas todo eso, ten por seguro que no lo vas a conseguir. Puedo repetírtelo un millón de veces y la respuesta siempre será la misma – aseguró Raimundo con firmeza.
-¡Maldita sea! –ambos hombres se miraban fijamente a los ojos. Ni un ápice de la antigua complicidad que les había unido quedaba. Los que antaño se habían confiado como verdaderos hermanos se encontraban en esos momentos al borde de la lucha - ¡Escúchame Raimundo Ulloa! Si esta noche no he recibido las respuestas que quiero, mañana mismo pienso denunciar el asesinato a las autoridades. Y usted sabe lo que es eso. Aunque no pueda demostrar su implicación en el asunto, la sombra de la duda lo marcará frente a sus vecinos. Olvide confianza y respeto, pues todo eso perderá – Raimundo sintió como si un gran peso comprimiera su pecho, impidiéndole respirar. Sabía que tenía razón
– Siempre he sospechado que Francisca Montenegro también estaba implicada en el asunto, como no podía ser de otra manera si usted estaba por en medio. Hable con ella, haga lo que quiera, pero sepa que si hoy a las doce no hay nadie esperándome a la entrada de la finca de mi padre, no me temblará el pulso cuando mañana por la mañana esté frente a las autoridades para denunciarlos.
Y con esta lapidaria frase, el fantasma venido del pasado de Raimundo Ulloa desapareció como un vendaval tras la puerta.
El tabernero ni siquiera se movió del sitio. Durante varios minutos permaneció de pie mientras todos aquellos recuerdos del pasado que con ahínco había tratado de guardar en las profundidades de su corazón volvían a resurgir.
Su Francisca… su pequeña…
Los tiempos en los que ambos corrían libremente por esas tierras se hacían cada vez más cercanos. Y dolía. Escocía todo aquello que había perdido por el egoísmo de unos pocos. Y mientras, un profundo desconsuelo se iba apoderando poco a poco de su alma sin que él pudiera hacer nada por evitarlo. La había amado tanto… no podía siquiera imaginarse el volver a aquel sitio que tantos recuerdos felices guardaba para ellos, o por lo menos para él.
Allí, donde exentos del yugo de sus familias se había forjado el amor más grande que jamás hubiera imaginado poder sentir y el culpable de que, habiendo pasado tantas penurias y miserias por ella, siguiera amándola con la misma fuerza que entonces, sin poder olvidar…
los abrazos bajo el cálido sol
el tacto de su pelo al viento
aquellos baños prohibidos en la laguna
sus labios fundiéndose por necesidad
las risas inconteniblemente hermosas
y… el sonido de la hierba bajo sus cuerpos…
Cerró los ojos con fuerza.
No podía, era incapaz de seguir recordando. Haciéndolo, los buenos recuerdos sobrepasaban los nefastos sinsabores y los cimientos de la nueva vida que había construido sin ella se tambaleaban irremediablemente.
Y si eso ocurría... aquella perdición que era la piel de Francisca Montenegro se adueñaba de sus pensamientos.
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Mañana más
#2495
21/09/2011 08:13
lna,eres mi ídola!!! Contra la puerta! Genial,fantástico! 
Third (no se como te llamas...) si tu sabes dónde,dimelo e lna y yo mandamos los curriculums y un book con nuestros relatos jajaja os aseguro que la serie iba a ser mas animada xD
Cristina,muerta me estas dejando.

irá a hablar con Francisca,no????? Sigueeeeeeee

Third (no se como te llamas...) si tu sabes dónde,dimelo e lna y yo mandamos los curriculums y un book con nuestros relatos jajaja os aseguro que la serie iba a ser mas animada xD
Cristina,muerta me estas dejando.


irá a hablar con Francisca,no????? Sigueeeeeeee
#2496
21/09/2011 10:29
Ina, que buen despertar me das jodía, ahora lo de dormir las dos horas me has dejado muerta, que aguante el de este hombre.
Cris, acongojada me hallo sólo les faltaba a estos dos que un fantasma del pasado les viniera a visitar, sigue tía que estoy con una tensión....
Cris, acongojada me hallo sólo les faltaba a estos dos que un fantasma del pasado les viniera a visitar, sigue tía que estoy con una tensión....
#2497
21/09/2011 12:26
me he partido de la risa...joe en la cama con rai durmiendo dos horitas!!! ay dios quien le pillara....
ya me gustaria a mi...jejeje
ya me gustaria a mi...jejeje
#2498
21/09/2011 13:14
Desde el twitter de PV preguntan lo siguiente pues venga, preguntemos a los tuiteros. ¿A quién queréis ver en #ChozoGozo?
#2499
21/09/2011 13:27
third ya he dejado mi opinion el twitter de esdpv, adivina por quien he votado, por cierto menudo plafffffffff los avances, que desesperación amiga
#2500
21/09/2011 13:33
te digo yo que al final me hago un twitter xDD
me podías dar le vuestro y así os agrego!
en fin,en un ratito os subo un trozo de "Amor,lucha y rendición"
(que con tanta escena alternativa y Paca tabernera,lo tenía un poco olvidado jeje)
me podías dar le vuestro y así os agrego!
en fin,en un ratito os subo un trozo de "Amor,lucha y rendición"
(que con tanta escena alternativa y Paca tabernera,lo tenía un poco olvidado jeje)
