El Rincón de Raimundo y Francisca. 16 años después... ¡Queremos gozo en el otoño de la vida!
Greg Taro (Benidorm Fest 2026): "En el camp de composición nos daban cuatro horas y si no salía, mala suerte"
Asha: "Hay algunos cambios en 'Turista' para adaptar la canción al directo del Benidorm Fest"
Kitai (Benidorm Fest): "Nos perjudica no tocar en directo, necesito el bajo de Fabio y que me tiemble el pecho"
Dani J (Benidorm Fest): "No va a ser un show bachatero heterobásico y va a servir para romper con prejuicios"
Patricia Montero: "Creía saber de decoración, pero grabando 'Decomasters' me di cuenta de que no tenía ni idea"
Amaia Salamanca ('Pura Sangre'): "Lo he pasado mal, porque he tenido que galopar en campo abierto"
Voy a tener que ordenar a Mauricio que deje los perros sueltos todo el día.
No he venido a discutir contigo, si no en busca de Alfonso.

Lo dicho, a partir de mañana los perros sueltos.

Aguarda Ulloa, está visto que la vejez te ha hecho perder el sentido del humor.

Le he dado mi palabra a tu yerno.

Como vuelvas a faltarme en mi casa, te saco con los pies por delante.

Sin que sirva de precedente, ambos estamos en el mismo bando.

Es hora de que tú y yo, hagamos algo al respecto.
Ole Francisca, que vuelve a ser la misma de antes. Que buena que es. Que frasecitas más buenas, ajajajajajaj me ha encantado.
María Bouzas de verdad eres espectacular, esa manera tuya de interpretar a Francisca Montenegro ha hecho que nos encante este personaje. Bravo y mil veces bravo. Muchas gracias guapa por ser así.










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Lo Esperado (Parte 11)
En La Casona había un ambiente muy agitado. Todos corrían de un lado para el otro, preparando condiciones. Era un día especial en el que al fin, una gran historia de amor sellaba con broche de oro su unión. Solo faltaban pequeños detalles en La Iglesia y La Casona, para que todo estuviese listo para la gran boda de Francisca y Raimundo. En unas horas serian el matrimonio Montenegro-Ulloa, como habían decidido. Ambos estaban incrédulos de lo que la vida les había regalado. Mientras se arreglaba para el día más importante de su vida, recordaba todo lo vivido junto su gran amor. Recordó desde el primer momento que se fijó en él y yacieron juntos. Y también hasta hace dos meses, que ocurrió aquel incidente donde Raimundo le salvo la vida. Se quedó mirando su vestido de novia, el vestido de sus sueños. El vestido de novia era de suaves telas y encajes. Este mostraba su figura delgada perfectamente. Tenía una cinta de satín que enmarcaba su cintura. El escote era cuadrado y la falda caía recta y termina con un tren no muy largo. No sabía qué hacer con toda esa felicidad que le invadía el cuerpo. María y Emilia entraron a su habitación para ayudarla.
-Madrina, podemos pasar?
-Pasa María, adelante.
-Madrina hemos venido para ayudarla a que este radiante para su futuro esposo.
Si Señora! Díganos en que le somos útil para que usted este más bella que nunca para mi padre.
-Emilia… María…gracias por estar aquí conmigo. (tomándolas de las manos) Gracias por ayudarme con todo los detalles de este gran acontecimiento en mi vida. (de repente se puso seria) Solo me falta una cosa para ser completamente feliz!
-Y que eso Madrina?
-Señora que le puede faltar?
-(mientras pronunciaba su nombre, entraba por la puerta) Solo me falta a Soledad…
-Madre aquí estoy. No pensaba casarse sin mi presencia?
-(abrazándola con amor) Hija! Que alegría verte… que estés aquí… aquí conmigo! (abrazándola con fuerza)
-Madre no se me va a poner sentimental hoy en su gran día. Vamos, que se tiene que alistar para Raimundo. Tiene que verla más bella que nunca para que así recuerde por qué valió la pena todo lo vivido. (llevándola hacia el tocador) Pasee y siéntese aquí para que la maquillemos y la peinemos.
Francisca se sentó mientras la ayudaban alistarse. En la otra habitación se encontraba un Raimundo muy nervioso y sin saber cómo arreglarse la corbata. Maldecía cada pieza de ropa que se ponía. Pero sabía que valía la pena por la ocasión tan especial. Tristán y Martin entraron para ayudarle.
-(enredado con la corbata) Maldita sea esta cosa. Por eso nunca la uso. (tirándola hacia el piso) No la soporto.
-(burlándose) Padre que le ocurre? Ya está peleando por algo!
-(riéndose y recogiendo la corbata) Raimundo, se está volviendo un viejo bravucón.
-(poco molesto y nervioso a la vez) Ah!! Vienen a burlarse de mí. A que los saco.
-(reteniendo la risa) Padre no se enfade con nosotros.
-(dándole la corbata) Solo queremos ayudarle para que este presentable ante su amada Francisca.
Lo ayudaron alistarse, solo faltaban horas para que empezará la ceremonia religiosa. En La Iglesia todo estaba listo. La iglesia estaba decorada con las flores favoritas de Francisca. Todo estaba elegante y muy bien combinado. Francisca siempre tuvo muy buen gusto para las cosas. Todos esperaban por la parejita feliz. Raimundo llego primero junto con Tristán y Martin. Esperaron un buen rato hasta que Emilia y María aparecieron. Le pidieron a Tristán que fuera junto a su madre para comenzar. Las campanas comenzaron a sonar anunciando la llegada de la novia. Todos se pusieron de pies para esperarla. Francisca se paró en la entrada principal del brazo de sus hijos Tristán y Soledad, quienes la llevarían hacia el altar. Mientras la música del piano sonaba, Francisca caminaba lentamente hacia Raimundo. Con cada paso que daba Francisca, se ponía alegre y nerviosa. Su sueño se realizaba cada vez más. Raimundo tragaba en seco. No podía creer la belleza de mujer que venía a su vera. Parecía una princesa con ese vestido y esa belleza que siempre le cautivo. Tristán y Soledad le entregaron la mano de su madre a Raimundo y con eso la ceremonia comenzó.
-(en voz alta) En el día de hoy nos hemos reunido aquí para ser testigos de la unión de Francisca Montenegro y Raimundo Ulloa. Procedamos con las lecturas… (todos haciendo las señales de la cruz) En el nombre del padre, del hijo, y del espirito santo. Amén! (Francisca y Raimundo se miraban fijamente mientras recordaban sus momentos de alegría)
En aquel día, dijo el Señor Dios: “No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle a alguien como él, para que lo ayude”. Entonces el Señor Dios formó de la tierra todas las bestias del campo y todos los pájaros del cielo, y los llevó ante Adán para que les pusiera nombre y así todo ser viviente tuviera el nombre puesto por Adán.
Así, pues, Adán les puso nombre a todos los animales domésticos, a los pájaros del cielo y a las bestias del campo; pero no hubo ningún ser semejante a Adán para ayudarlo.
Entonces el Señor Dios hizo caer al hombre en un profundo sueño, y mientras dormía, le sacó una costilla y cerró la carne sobre el lugar vacío. Y de la costilla que le había sacado al hombre, Dios formó una mujer. Se la llevó al hombre y éste exclamó:
“Ésta sí es hueso de mis huesos
y carne de mi carne.
Ésta será llamada mujer,
porque ha sido formada del hombre”.
Por eso el hombre abandonará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.
-(con orgullo) Si… si quiero!
-Francisca Montenegro quieres a Raimundo Ulloa como esposo? Para amarla, cuidarla, y respetarla hasta que la muerte ponga fin a este matrimonio?
-(sin pensarlo dos veces) Si quiero!
-Lo que Dios a unido, que no lo separe el hombre. Por el poder que me ha sido otorgado, yo los declaro marido y mujer. Raimundo, puede besar a la novia.
Raimundo la acerco a él y la beso con pasión. Se giraron los dos y caminaron hasta salir de La Iglesia. Se montaron en La Calesa en rumbo a La Casona. Una vez en La Casona, todos le dieron la bienvenida a los recién casados. La orquesta comenzó a tocar, y los recién casados bailaron su primera pieza. Luego se fueron incorporando otros al baile. Fue la velada perfecta. Ambos estaban satisfechos con el transcurso de la celebración. Poco a poco los invitados se fueron marchando, hasta al fin quedar solos. Subieron los escalones poco a poco cuando de repente Raimundo cargo a Francisca para llevarla a la alcoba. Cuando abrió la puerta Francisca quedo sorprendida. Su alcoba estaba llena de pétalos de rosa y velas. Los pétalos creaban un camino hacia la cama y encima de esta hacían una figura de un corazón. Francisca al ver esto derramó una lagrima y lo abrazo.
-Que sucede pequeña? Por qué lloras?
-(mirándolo a los ojos) Raimundo has pensado en todo. Las velas… Los pétalos… No sabes lo feliz que me haces. No merezco todo esto.
-(secándole las lágrimas) El que no merece esto soy yo. Francisca por mi cobardía hemos sufrido tanto y nos hemos lastimado tanto. No merezco estar con la única dueña de mi corazón, tu. (besándola)
Francisca lo miro fijamente quitándole la levita lentamente de encima. El la cargo, cero la puerta, y la coloco con delicadeza encima de la cama.
-(besándole el cuello y su rostro) Te amo Francisca… Te deseo amor mío… No llores más… Ahora en adelante solo tendremos momentos felices como este…
Le devoro los labios. Francisca le respondió con igual fervor. Lentamente le acaricio por debajo de su vestido. De repente Francisca le detuvo su mano.
-Aguarda! (se puso de pies) Serias tan amable de zafarme los broches del vestido.
Raimundo obedeció, besándole la espalda con cada broche que zafaba causándole escalofríos a Francisca. Antes que el terminara, ella se giró y lo beso. Lentamente se soltó de sus manos y se encamino hacia el baño. Había preparado un camisón corto de encaje como a él le gustaba. Cuando salió del baño, Raimundo no pudo contener sus emociones. Francisca con aquel camisón lo alborotó de pies a cabeza. Se acercó a ella para devorarla con pasión.
-(agarrándola con fuerza hacia él, pero a la vez con delicadeza) Estas preciosa! (devorándole el cuello) Ardo en deseo por ti, Francisca. Ya no aguanto más, te necesito.
Le acaricio y la beso como si del fin del mundo se tratase. Con cada caricia, Francisca se excitaba más. Con cautela ella lo fue llevando hacia la esquina de la cama, donde el callo sentado. Ella se le sentó encima y le devoro el cuello. Excitándolo con cada rose y cada beso que le daba. El no dejaba de rondar sus manos por los muslos de Francisca. Ella le quito la chaqueta y la camisa, exponiendo su pecho. Lo acostó y lo beso lentamente hasta llegar a su pantalón, el cual le zafo con provocación. Raimundo no soporto más y la agarro por la cintura acomodándola en la cama. Se le coloco encima y la hizo sentirse mujer una y otra vez. Los dos quedaron agotados pero satisfechos. Se abrasaron hasta quedarse dormidos. Este era el comienzo de una vida feliz juntos.
ole por eso relatos... sois maravillosas chicas... seguid con ellos... porque al menos a mi... que hace como un mes que no veo la novela... esto es lo único que me queda....


y es que poco más puedo decir... eso si... Sonia, esas capturitas buenas que nos has dado... si, ya era hora de juntarse y no discutir... jajajajaja
poco mas que añadir... un besote guapas...
Francisca suspiró sin poder parar de reír por la ocurrencia de su pequeño. Sabía que iba a tardar una eternidad en terminar de leer el cuento a su hijo, ya que no iba a ser capaz de cumplir la promesa de no preguntar por todo. Pero no había nada en el mundo que la hiciera más feliz, que el hecho de tenerlo con ella cada día. Ese niño era su salvación. La única razón para seguir viviendo, para soportar la vida que le había tocado vivir junto a Salvador. Era lo único que la ayudaba a no desfallecer, a acabar con todo, por él, por su hijo, por el hijo de su gran amor, Raimundo. Francisca miró con devoción a Tristán que se acomodaba en su cama para escuchar el cuento, se sentó junto a él y comenzó a leer.
“Sobre un elevado soporte de piedra, había una hermosa estatua del príncipe feliz, que podía verse desde toda la ciudad. Su cuerpo estaba cubierto por finas láminas de oro, sus ojos eran dos brillantes zafiros y en el puño de su espada, relucía un enorme rubí rojo…”
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Raimundo no podía dejar de pensar en Francisca, en los golpes que vio en su cuerpo, eso lo estaba le estaba volviendo loco. Tenía que tomar una determinación, no podía esperar más, no iba a permitir que Francisca soportara ni un solo día más los golpes de Salvador. Aprovechando que Salvador había salido de viaje, decidió acercarse a la casona para hablar con Francisca.
Francisca se encontraba en el jardín cuando apareció Raimundo. Tampoco había dejado de pensar en Raimundo. Tenía, debía revelarle su secreto. Raimundo tenía derecho a saber que Tristán era su hijo y más ahora que estaban juntos de nuevo.
─ ¡Raimundo! ¿Qué haces aquí? ¿Te has vuelto loco? ─preguntó asombrada por la inesperada visita de Raimundo.
─No temas, sé que Salvador está de viaje, por eso me he aventurado a venir, quiero hablar contigo ─respondió.
─Habla pues ─dijo escondiendo el nerviosismo que la invadía al pensar que este podría ser un buen momento para desvelarle la verdadera paternidad de Tristán.
─ ¿Francisca, por qué sigues con él? No lo entiendo, después de todo lo que te hace sufrir, sabes que te engaña, que te desprecia ─dijo en un susurro─ Sabes que yo te amo, no puedo soportar por más tiempo esta situación sabiéndote en manos de semejante monstruo –le refirió tomándola de las manos y mirándola a los ojos.
─Sí, Raimundo, tienes razón. Yo también te amo, pero también temo, por eso aguanto – le dijo apartando la mirada.
─ ¿Qué es lo que temes Francisca? Él no te merece. Yo sueño que estés conmigo, que seamos felices. – le confesó.
─Raimundo por favor, tengo algo que revelarte que me resulta muy complicado contarte, pues no sé cómo vas a reaccionar. Esto es muy difícil para mí– contestó soltándose a la vez de sus manos, sabiendo que había llegado el momento de hablar.
─ ¿Qué es eso tan difícil que tienes que contarme? ¿Qué ocurre Francisca? ─preguntó con la incertidumbre reflejada en sus ojos, cogiéndola por los hombros.
Nunca imaginó que el dolor que tenía en su interior fuera tan fuerte y punzante. Se sintió mal, una persona terrible, porque, a pesar de Salvador, pudo haber buscado alguna manera de decírselo en todos aquellos años. Un estremecimiento la invadió instantáneamente, cuando notó un nudo en la garganta que le impedía casi respirar y que a sus ojos afloraban las primeras lágrimas.
Raimundo la liberó de su agarre, y ella rápidamente le dio la espalda, no podía mirarle a la cara, temía su reacción al contarle la verdad, pero pese a todo iba a hacerlo, fueran cuales fueran las consecuencias, no lo iba a demorar por más tiempo. Secó las lágrimas que ya rodaban por sus mejillas y comenzó a hablar.
−Raimundo hay algo que debes saber, que debiste saber hace mucho tiempo –comenzó con un hilo de voz− ¿Recuerdas la última vez que yacimos junto?
─Sí ─contestó ─ ¿Cómo olvidarlo, fue el día más feliz de mi vida?
─Ese día ocurrió algo, algo que ninguno de nosotros esperaba, algo muy importante que cambió mi vida y pudo cambiar la tuya.
─Francisca, ¿Quieres ir al grano y decirme eso tan importante? ─preguntó con nerviosismo sin entender que pretendía al querer recordar ese día ─Vamos habla.
─Es sobre Tristán, él es… −tragó saliva− Es tu hijo, Raimundo ─terminó.
Raimundo abrió los ojos como platos, no podía dar crédito a lo que estaba oyendo, ¿Tristán su hijo? Parecía una broma, pero la cara de Francisca le confirmaba que no lo era. La verdad, es que siempre había sentido algo especial por ese niño. Muchas veces fantaseó con la idea de que fuera hijo suyo. ¿Cómo no se había dado cuenta? Tristán, su hijo, el hijo de ambos. Tenía un hijo de su gran amor. La noticia le hacía sentir feliz, poco o nada le importaba que no se lo hubiera dicho antes, ahora lo sabía y eso no hacía más que ratificar su amor por ella. ¿Cómo pudo estar tan ciego y no darse cuenta? Ahora con mayor motivo no se separaría de ella.
─ ¿Por qué no me lo dijiste antes? –logró articular ─todo habría sido tan distinto mi amor.
−Lo siento, de verdad lo siento −dijo acercándose a él− No sé si después de esto me vas a perdonar –lo miró a los ojos− Yo… yo intenté… intenté decírtelo, pero tú te habías marchado, dejándome sola −dijo mientras le caían las lagrimas.
−Francisca… −dijo apretando los dientes intentando no llorar – Lo siento amor, si lo hubiera sabido… ¿Por qué lo callaste?
−Cuando supe que estaba embarazada tú ya te habías marchado, ya te había perdido. Juro que si pudiera cambiar el pasado, lo débil y estúpida que fui, lo haría. ─los sollozos interrumpían constantemente sus palabras─ Sé que hice mal al ocultártelo, y te pido perdón mil veces por ello. Perdóname, Raimundo.
─No tengo por qué ─le respondió con una sonrisa─ Tú eres la que debe perdonarme, por ser el cobarde que fui y no luchar por nuestro amor. Hoy me has hecho el hombre más feliz de la tierra. Saber que Tristán es hijo mío, no hace más que aumentar el amor que siento por ti ─dijo abrazándola con fuerza─ En el fondo, siempre desee que Tristán fuera mi hijo. No tengo nada que reprocharte, te amo.
─Pero no confié en ti, debí decírtelo ─Raimundo también comenzara a llorar. Los ojos le ardían, sentía un nudo que le ahogaba en la garganta ─ Me equivoqué ─siguió sollozando─ Y mi orgullo también alcanzó a mi pequeño. Fui cobarde. Lo alejé de ti, de su padre. Nadie se merece que le arrebaten el derecho de saber que es padre. Yo sólo…─se arrojó a los brazos de Raimundo─ Sólo pensé en mí misma… No sabes, ¡Cuánto me arrepiento!
– Ya… amor ─ dijo mientras le acariciaba con cariño la espalda. ─Todo está bien. Estás equivocada al creer que todo ha sido culpa tuya, no lo es. Yo también soy culpable, nunca debí marcharme sin darte una explicación, dejándote sola.
– No, Raimundo, la culpa es mía por callar tanto tiempo.
– No. ─la tomó de los hombros─ Francisca. No has sido tú la que eligió sufrir ─le aclaró acariciando su rostro y depositando un suave beso en sus labios─ Mírate, ¿Cuánto has sufrido por mi culpa? No puedo culparte por tratar de proteger a Tristán. Mírate por él has superado todo.
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-No digas eso, porque no lo eres. ─le dijo atrayéndola hacia si en un abrazo─ Eres la persona más inteligente y bella que haya podido conocer. Sólo que ese desalmado supo encontrar tu punto débil. Nada me tortura más, que saber lo que has debido sufrir todos estos años, ocultando la verdad. Pero no permitiré que te vuelva a hacer daño y mucho menos ahora, cuando sé que Tristán, es hijo mío. Olvida todo lo que te haya dicho, deja de llorar, ya estoy de nuevo contigo – le dijo mirándola a los ojos ─sabes que no dejaré que te vuelva a hacer daño.
─Raimundo… ─susurró apoyándose en su pecho.
─Amor, mira lo que ha hecho ese mal nacido ─ dijo acariciando las heridas de su espalda─ Esto se acabó, Salvador pagará por todo el daño que te ha hecho.
-No, Raimundo, por favor, no hagas nada ─le suplicó.
-No, Francisca, esta vez no, iré y lo mataré, porque es lo que se merece. No intentes convencerme, no pararé hasta que tú y nuestro hijo estéis lejos de sus garras. Cariño, entiéndeme, te amo más que a mí vida y no voy a permitir que sufras más. Te apartaré de él y nos marcharemos lejos de aquí. ─terminó levantando delicadamente su bello rostro para secar sus lágrimas y poder ver sus hermosos ojos.
Francisca levantó la cabeza y pudo ver la felicidad en su rostro y una amplia sonrisa en sus labios. Su mano acaricio su rostro. Le miró a los ojos y no vio en ellos resentimiento ni rencor, sólo un profundo amor. No sólo no la odiaba por ocultarle lo de Tristán, si no que ahora veía más amor que antes en su mirada. Se sentía feliz, había liberado por fin el secreto que la estaba ahogando desde hacía ya tantos años. Con Raimundo a su lado todo sería más fácil, junto a él se sentía a salvo, que nada malo podría pasarle. Lo amaba tanto.
Raimundo con una caricia soltó el cabello de Francisca, cayendo este por su espalda. ─Eres preciosa ─dijo mientras Francisca lo cogía de la mano, dirigiéndose hacia las escaleras y subiendo a su alcoba. Aquella alcoba que era testigo mudo de los maltratos de su esposo, de la melancolía, de sus noches de soledad y sin duda… testigo de esa noche de amor.
Se acercaron para besarse apasionadamente, abrazándose con fuerza. Raimundo fue bajando lentamente sus manos, delineando la espalda de Francisca hasta llegar a su cintura y una vez ahí, la apretó acercándola más a él. Ella le regaló la sonrisa más dulce que pudo mientras sus dedos desabrochaban los botones de su camisa, quitándosela para acariciar su pecho desnudo, sintiendo el calor que ella tanto añoraba.
Raimundo le quitó delicadamente la blusa al tiempo que sus cálidos labios se perdían por sus hombros, esos hombros heridos y frágiles. Volviendo a su boca, la besó tiernamente, para luego pasar de la ternura a la pasión.
Con presteza hizo que ella quedara debajo de él y casi con la misma facilidad, le quitó la falda. La tomó fuertemente por la cintura y comenzó a besarla desde el cuello hasta el pecho, tomándose su tiempo en besar cada centímetro de su piel con detenimiento, haciendo que ella ardiera de satisfacción.
Francisca cambió su posición, ahora era ella quien estaba encima intentando provocarlo. Empezó a bajar desde su boca para sumergirse en su cuello, escuchando sus candentes jadeos. Acariciando cada pliegue de su piel, haciéndole estremecer en cada beso, en cada caricia.
De repente Raimundo la sorprendió. La tomó fuertemente y la colocó de nuevo debajo de él. Ahora era él quien mandaba. Entrecerraron los ojos al compás del vaivén de sus caderas. Los movimientos eran cada vez más rápidos. Consideraron que había llegado el momento, que sus últimas piezas de ropa estaban de más.
─No sabes cuánto te amo – dijo él susurrándole al oído. Francisca cerró los ojos al escucharlo, adoraba sus susurros.
Estaban uno encima del otro, completamente desnudos, en silencio, mirándose a los ojos, como aquella primera vez que se amaron, como esperando la aprobación del otro. Su ritmo cardiaco se aceleraba más. Francisca le sonrió tiernamente, grabando en su mente cada milímetro de su rostro. No quería olvidar ese momento.
─Te amo – susurró Francisca, Raimundo respondió con las mismas palabras. Se abrazaron como si fuera la primera vez, dando el paso final. Disfrutando de cada momento, esbozando sonrisas llenas de satisfacción. Se besaban a cada centímetro, sus respiraciones se entrelazaban y aceleraban cada vez más, al igual que los latidos de sus corazones. Sus movimientos rítmicos fueron subieron de intensidad. Dando paso a la pasión, amándose con locura, sin ambages, sin secretos, plenamente. Entrelazaron sus dedos para dar la bienvenida al anhelado y siempre venerado clímax. Respiraron profundamente intentando recuperar las fuerzas. Ambos estaban agotados, pero esto no había terminado, antes de que se dieran cuenta ya estaban dispuestos a seguir durante toda la noche, o al menos, hasta que uno de los dos cayera muerto.
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Buenas RP, por decir algo..porque el premium de hoy sólo ha conseguido que indignarme...
con lo contenta que estaba yo con esos tés en l jardín, que pronto veía que de té pasábamos a café y de las sillas al banco
, con esa frasecitas "tú y yo" (qué bien suena)
"la unión hace la fuerza" y antes de poder echar la sonrisa ZAS te dan lo de hoy...
Pero antes de amargarme voy a agradecer ese gran trabajo de nuestras relatistas!!

Sonia, esas cicatrices que me tienen reqeteenganchá y que cuan necesarias son en el mundo Puenteviejero para que alguien por si se le ocurre pueda llegar a empatizar cn Francisca algún día no sé...

Y tu Eve gracias x dejarnos momntos tan bonicos que nos sacan una sonrisa
entre tanta mala leche, porque vamos...Y bueno tb Sonia gracias x esas pedazo de capturas!! me encanta verlos juntos!! si es que están de bonicos!! tanto cuesta de veras?? con lo bien que quedan en la pantalla..d vdd guionistas...

Y al fin al meollo, se qué va a ser más un testamnto de indignación que otra cosa pero necesito sacar el mal jajajajajajaja Analicemos...
- Momento con Tristán, ¿qué no tiene corazón dice?
es que acaso además de pelusón está cegatón?? es que no ve que la está destrozando con cada palabra? pero si se va por no desmoronarse allí mismo, hombre!!
q hasta la lágrima se le casi escapa, porque mejor no lo puede interpretar María Bouzas, que entran ganas de atravesar la pantalla y darle un achuchon!! esas miradas que dicen lo que sus palabras no pueden, esas expresiones.. CHAPÓ una vez más. Y es que me hace mucha gracia lo comprensivos que son con unos y lo poco con otros...porque éste es el mismo que lloró a ese hermano que no dudaba en matarlo a cambio de los cuartos que su madre le dio para que no lo dañasen
. Dato que se guardó lejos de buscar medallas de bondad como hace medio puenteviejo, porque las buenas acciones de corazón no hace falta pregonarlas si son sinceras...y no quiero decir nombres..ejem.... 
- Y nuestro Rai, n fin xq es él pero vamos sembrao lo que se dice sembrao no ha estado…no sé que ha sido peor si la primera escena con Francisca donde ha tenido a bien que un Ulloa haga caso a la Montenegro por primera vez en su vida en lugar de hacer lo que debía, porque desde cuando una mujer dice lo que en verdad quiere?? Que ya tenemos una edad… si dice que no quiere ver a nadie con un puchero como ese lo que pide es que la abraces y no la sueltes ZAGAL!!
es que todo hay que decirlo de vdd...Y vamos a ver que aprecia a Emilia y la ayuda perfecto, pero que más queremos?? Que la saque de paseo?? que si rai, que sólo buscas una excusa para poder seguir arrimándote a tu amor, pero que hay otras maneras más eficaces chato, como preocuparse de si le pasa algo en lugar de preguntar a la nada xq su cambio de actitud..pues no se algo le pasara digo yo, que a ella tb le pasan cosas…Y que tal si el resto hace algo? No sé digo…porque seré yo pero desde que la hija de la susodicha ha descubierto la sotana colgada de su amigo esta superfeliz pero la madre no le quita el sueño..así como dato... Pero ya lo que clama al cielo es que a Rosario le suelte tan a gusto que Francisca tiene el alma congelada, y que como se nota la diferencia en ambas mujeres ¿¿perdona??
Vamos a ver quien es la que se ha enmarronado por todos lados cn el tema del bebe?? Y acaso ganaba algo con ello aparte de las amenazas del otro? Tiene narices la cosa... Que hasta hay quien ha llegado a pnsar que Rosario fuese una tercera en discordia para las RPs..¿pero hasta donde vamos a llegar? que Rosario es mu güena, pero podríamos ocuparnos de nuestros nenes y dejar al de las demás tranquilo..digo...Porque mientras los suyos roban bebes y pierden la chaveta nosotrs estamos tristes xq el nene está que no puede porque resulta q el q es tan mejor padre que su madre, ha cnfundido a su hija con una enagenada besucona , pues si hijo muy bien no lo has hecho, y si a ti te perdonan y te entienden que tal si haces lo propio??- Y ya por si nos parecía poco tenemos a su ahijada que ahora se le eriza el vello al ir a al Casona… pero bien a gustico que esta, que bien poco duró en casa de sus padres a base de agua fría todas las mañanas, y para firmar la herencia alli apareció toda la compañía, niña, padres y lo que hiciese falta…
No sé seré yo pero hay cosicas que no se entienden...Tengo la esperanza de que este cebamiento, sea para compensar los momentos que se avecinan, y que por lo que dicen serán muy amargos para Francisca y seguro acompañados por una gran interpretación de la mano de María, en los que si se dan, espero podamos ver esa parte tan resguardada de nuestra Paca y que tanto adoramos, pero que tanto miedo les da mostrar no vayamos a correr el riesgo de humanizarla de más
Siento el tostón, pero ver que siempre tiene que bregar ella sola con todo sin ningún apoyo, sin nadie que se preocupe por sus sentimientos, por sus miedos o preocupaciones, y que sin embargo todo l mundo se atreva a pedirle eso para con los demás..que tal si primero prodigamos con el ejemplo?? que quizás sea que se le olvidó lo que es que te tiendan la mano y poder confiar en ella, no sé se me ocurre... Y eso de que las acciones de los demás siempre tengan justificación menos la suya muy de justicia no lo veo...
Bueno ya me quedé a gusto jajajajajaja, ojalá me pueda comer mis palabras en breve!! jejejejeje
Un besote guapas!!!!
Y como no unas palabrillas de admiración para Ramón y María que da gusto verlos aunque no sea con las escenas que nos gustaría!! pero es lo que tiene, que da igual lo que les pongan porque te encandilan igual!!!
Un saludo a esas fieles Raipaquistas!
Maria y Ramon son lo mejor de Puente Viejo! Con todo el respeto que los demas se merecen.
Te apoyo con estas imágenes de la "pérfida" de Francisca, esa "mala" que ni siente, ni padece.









Gracias María Bouzas por regalarnos cada día con tus magnificas interpretaciones.









Sé que hace mucho tiempo que no me dejo caer por estos lares, pero es que hoy no podía por menos. Por apoyar a mis compañeras con todo lo que se ha dicho. No es la primera vez que pasamos por esto y ya deberíamos estar acostumbradas, pero después de un tiempo en calma, como que una se acomoda y se relaja. Hasta ahora.
Llevamos ya una temporada muy larga donde Francisca ha dejado de ser nuestra Francisca. Sí, aquella que mataba por los de su sangre. Aquella capaz de cualquier cosa por el niño de sus ojos… ese mismo que la desprecia sin ningún miramiento. Ese mismo que es capaz de acusarla de mala madre cuando él ha demostrado ser el padre del año. ¡Ole tus webs, majo! Al menos Francisca siempre ha querido tener a sus hijos a su vera, y no ha dudado en protegerlos cuando era menester.
Porque claro, quién sino ella recibió a Soledad en casa cuando su amado Juan le puso los cuernos con la duquesa/condesa/o título que tuviera la señora (no recuerdo). Quién pagó el alquiler de su casa cuando la niña decidió vivir junto a su marido haciendo gala de “en la riqueza o en la pobreza”. Quién sino ella sufrió con la marcha de la misma quien sabe si para siempre.
Es más. Quién sino ella hizo lo posible e imposible por ese hijo que siempre ha ido de digno por la vida cuando iba a ser fusilado. Quién se mantuvo firme durante un secuestro organizado por el hijo de EL AMOR DE SU VIDA y del cual éste tenía conocimiento, hasta que los malos decidieron tocar al niñito de sus ojos. Tristán, Tristán, Tristán…. Ese mismo que abandonó a su hija porque sufría tanto por la pérdida de Pepa que no quería seguir viviendo. ¡Anda! Como Francisca cuando Raimundo, EL AMOR DE SU VIDA, la abandonó embarazada para casarse con otra. Pues chico, si ella hubiera hecho lo mismo contigo, a saber dónde estarías ahora…Ya ves, la mala madre prefirió casarse con un monstruo a que su hijo fuera separado de ella o considerado un bastardo.
Sigamos. Esa mujer tan pérfida, que todos en ese pueblo no dudan ni un instante en ir corriendo a pedirle favores cuando les viene en gana. ¡No hay que confiar en la Montenegro! ¡Es una arpía! “Pero señora, déjeme el coche que necesito ir a buscar a Emilia”, “Señora, ayúdeme que no quiero que se lleven a Alfonsito”. “Francisca somos un equipo”, “Madrina, por favor…”, “Doña Francisca le ruego…” BLA BLA BLA.
¿Alguien se preocupa de lo que necesita ella? No claro, es mejor odiarla. Por lo maléfica que es, que no mueve un dedo por sus semejantes… ¡¡JÁ!! Pronto se olvidan las buenas acciones cuando a ella se le hinchan las narices de que todo el mundo venga a pedirle favores. ¡Qué mala es! ¡No tiene corazón! ¡En las acciones se ve la naturaleza de las personas!
Vamos a ver, Raimundo. Que te adoro pero a veces te daría con la mano abierta. Francisca ayuda a tu hija, que se le va la pinza y se larga con el niño. Consigue que todo salga medianamente bien, y ahora, porque la niña está triste y ella pasa, te caes del guindo y la pones a parir con Rosario. Anda que…¡Ole tus webs también hijo!
De la ahijada mejor no hablo, que ahora la niña está descubriendo que su madrina es mala. ¡Horror! Y ¿has llegado a esa conclusión antes o después de encadenar chozo con chozo con Martín mientras Francisca se partía el culo por encontrar y ayudar a tu madre? Ay Martín… ese mismo por el que lloró cuando todos creyeron muerto…
¡Qué cosas! Odiemos a Francisca, que es mucho más fácil que intentar comprenderla (¡OJO! Que no justificarla en todo lo que hace. Hablo de comprensión y empatía. No de justificación)
Supongo que estamos en ese momento en que debemos bajarla a los infiernos para que el palo que va a recibir la pobre sea aún más mortífero. ¡Que sufra, sí Señor! Total, ha quedado demostrado que es un ser sin sentimientos y sin corazón... (Ironía, por si no se pilla...)
Solo espero que ahí, cuando todos le den la espalda porque estén demasiado ocupados con sus propias penas como para pensar en lo que esta mujer estará sufriendo, Raimundo sepa estar a la altura.
¡Hasta más ver, mozas!
P.D. A tus pies, María Bouzas. Eres grande como solo tú sabes ser, sacando adelante lo indefendible.
Ramón, a ti te adoro.
Sí, Francisca es la antagonista/mala malísima de ésta serie… Pero, basta ya con esto, ¿no? Siempre ella tiene la culpa, odiada por tanta gente en Puente Viejo y telespectadores. Y nadie se importa con ella, con sus sentimientos. Es importante siempre insultarla y odiarla, y nunca se importar de verdad con ella.
Ramón y María están arrasando en ésta serie. Y es una pena que los guionistas están despreciando excelente química entre Rai_Paca (o sea, Ramón y María).
Señores guionistas, presten atención a ésta pareja de telenovela brasileña "Saramandaia". Autor de ésta telenovela no está despreciando excelente química entre este actor y ésta actriz.
¿Y para cuando el dichoso VE RaiPaquista? Que ya es hora, ¿no?
Aquí os dejo mi carta a ver si entre todas nos dan una alegría (cosa que dudo)
Estimados guionistas:
En primer lugar, gracias por darnos a conocer este fantástico personaje que es Francisca Montenegro.
Esta carta es para expresarles el malestar que nos está provocando el trato que están dando al personaje de Francisca. Sabemos que es la mala de la serie, pero ¿No hicieron ustedes que viéramos su corazón? ¿Qué los años de maltrato y desamor la habían hecho así?
Seguramente tienen ustedes razón y Francisca no se merezca comprensión ni cariño. Pero en Puente Viejo quién esté libre de pecado que tire la primera piedra. Porque aquí, todos los personajes tienen algo oscuro que ocultar de su pasado, aunque para ellos todo es olvidable y perdonable. Todos dan lecciones de humildad cuando no la poseen, van de íntegros cuando no lo son. Todos son un atajo de hipócritas, ella es la única que no se pone mascaras va de frente, no oculta sus intenciones ante nadie y es integra y consecuente con sus actos.
Todos esos “buenos” personajes, cuando no ven salida a sus problemas acuden a la Montenegro para que les salve el culo, olvidando lo malísima que es, pero con el firme conocimiento que les ayudará, porque esa arpía, como todos la llaman, es tan mala que está en la obligación de ayudarles sin esperar siquiera una palabra de agradecimiento.
Empecemos por su hijo, que va de buen padre cuando mantuvo a su hija separada de él durante años ¡Pero claro! eso es entendible, ¡Había perdido a su amor! También perdió su madre al suyo y no por eso lo abandonó, al contrario, lo quiso más que a nada. Su ahijada que ahora le dan escalofríos el tener que volver a la casona, cuando su única preocupación mientras su madre secuestraba a un niño y desaparecía con él, era cuándo y dónde se amancebaba con el cura, mientras su madrina, se lo jugaba todo por su madre sin necesidad ninguna. ¡Pero claro! Francisca es la mala que no le importa nadie. Raimundo que por salvar un hijo que sabía perfectamente que no valía la pena salvar, prefiere pisotear el amor sincero que le ofrece Francisca, arrastrándola a un secuestro que casi acaba con su vida. En ese secuestro, todos se vuelcan con el “pobre” Sebastián, al que no le tembló el pulso al torturar y maltratar a Francisca e incluso amenazar con matar con sus propias manos a su hermano ¡Pero claro! Francisca es tan mala que bien merecido tiene que la secuestren y la torturen. En la muerte de Sebastián y posterior depresión de Raimundo, también parece tener la culpa Francisca, nadie se preocupó de lo que ella pasó con el engaño de Raimundo y posterior secuestro, parecía más una mera espectadora, que la victima de del secuestro ¡Pero claro! Francisca tiene el corazón de hielo, no sabe perdonar los “pequeños errores” que otros cometen. Y tampoco fue para tanto unos golpes y unas uñas arrancadas como para no poder perdonar al culpable de eso, pero como tiene el corazón negro, no perdona esa nimiedad.
Así podría estar enumerando miles de cosas, pero sería muy largo y ya todos sabemos cómo es Francisca. Aunque ahora se empeñen en hacerla perversa a la máxima potencia. Este ultimo capitulo ha sido un acoso y derribo a Francisca, no ha quedado personaje que no arremetiera contra ella. Ha sido la gota que ha colmado el vaso de la paciencia de las Raipaquistas. Hemos aguantado estoicamente sus maldades porque entrelazaban algunas bondades, pero desde un tiempo a esta parte se esfuerzan mucho en recalcar lo mala que es. Deberían poner el mismo empeño en demostrar que debajo de esa coraza late un frágil corazón. ¡Pero claro! Francisca es la mala malísima que destroza la vida de los demás, cuando los demás, son los culpables de haber destrozado la suya. Todos le reprochan que no se preocupe por nadie, pero ellos no se preocupan de ella lo más mínimo. Poco, más bien nada les importa sus sentimientos, que sí, que ella ya se guarda muy bien de esconderlos, pero tan listos y buena gente que son, deberían verlos.
Bueno ya termino porque si continuo, tendría para llenar un libro. Esperemos que esta mala racha se acabe pronto y no, no queremos que nos conviertan a la Montenegro es santa Francisca, que nos gusta su ironía su sarcasmo y su mala leche, sólo queremos que vuelva la Francisca Montenegro que todos conocemos y que no sabemos cuándo ni dónde se perdió y por qué.
Atte. Una Raipaquista
María, gracias por defender fantásticamente este personaje como solo tú sabes hacerlo.
Sonia1919
Me uno a todas vosotras en estos tiempos en que todo vale contra Francisca. Hasta parece que el fiel Mauricio empieza a estar en contra de Francisca. Parece que todos en ese pueblo son santos excepto ella. Puente Viejo debe ser el pueblo con más santos por metro cuadrado del mundo. Cualquier día el Papa se traslada allí y deja el Vaticano para siempre.
Jajaja!
Sonia1919
Seguramente tienen ustedes razón y Francisca no se merezca comprensión ni cariño. Pero en Puente Viejo quién esté libre de pecado que tire la primera piedra. Porque aquí, todos los personajes tienen algo oscuro que ocultar de su pasado, aunque para ellos todo es olvidable y perdonable. Todos dan lecciones de humildad cuando no la poseen, van de íntegros cuando no lo son. Todos son un atajo de hipócritas, ella es la única que no se pone mascaras va de frente, no oculta sus intenciones ante nadie y es integra y consecuente con sus actos.
Amen to that!
Señores guionistas, presten atención a ésta pareja de telenovela brasileña "Viver a Vida".
Ella es divorciada, y por casualidad encuentro su amor antiguo. Se fueron a cenar y bailar, y después se besan apasionadamente.
Rai_Paca
Después de 630 capítulos: ni la boda, ni chozo-gozo, ni VE RaiPaquista. Ni nada se nada.

Espero q estéis disfrutande de ese finde veraniego q cada vez nos quedan menos!!
Y bueno decir que aplaudo cada una de las cosas que habéis dicho y recordado
, todas ellas compartidas seguro por todas nosotras y que si siguiésemos no podríamos acabar...
porque aquí somos todos para una!! nuestra pareja Raipaquista!!!
jajaajajaj, y a ver si conseguimos sacar a la luz todo lo que nosotras vemos de Francisca Montenegro, gracias a los grandes matices que nos regala María Bouzas y que nos permite quererla y defenderla ante quien sea!!jajajaja 
Y entre tanta indignación, para aplacar fuerzas jajajaja, he empezado con un relato, espero q os entretenga un ratillo entre tanta desazon!!jejejejeje

Un besazooo
DUREZA Y FRAGILIDAD (I)
- ¡Mariana!... ¡Mariana! ¿Dónde diantres te metes cuando se te necesita? ¡Cómo no te persones ante mí en menos de un segundo acabarás de patitas en la calle! Por más años que pases a mi servicio seguirás siendo una incompetente toda tu vida…- Vociferaba una Francisca furiosa entrando en la Casona a la vez que se despojaba de su abrigo y el sombrero que lo acompañaba, con la mayor de las impaciencias.
- Sí Señora, discul…
- ¿Quién te crees que eres para hacerme esperar hasta que tengas a bien dejar de haraganear? Que te quede claro que se te paga por trabajar y que la próxima vez que tenga que repetírtelo acabarás mendigando por las calles del pueblo ¿estamos?- Espetó a la criada tomándola de diana de la impotencia y desazón sembrada tras la conversación con su hijo.
- Estamos señora. Más he de decirle…- Respondió la criada sumisa ante uno más de los arranques de mal humor de la señora. Y procurando advertirla sobre la presente visita en la Casona, Doña Francisca lejos de atender a razones la interrumpió de nuevo vertiendo su ira en ella.
- ¡Deja de cacarear y de hacerme perder el tiempo con tus insensateces! Prepárame una tisana y házmela traer al jardín. Iré a descansar un poco, a ver si el aire fresco consigue darme la paz que otros os esforzáis en arrebatarme.- Ordenaba Francisca a medida que se dirigía a la puerta que comunicaba con el jardín. Mientras, Mariana continuaba parada debatiéndose entre cumplir lo mandado o alertarla de la visita, pues sabía que ninguna le libraría de otra reprimenda Montenegro.
- ¡Presto Mariana! ¿Es que voy a tener que repetírtelo de nuevo, pazguata?- Al instante la criada desapareció de su vista.- Cuán harta estoy de esta panda de inútiles, que ni para cumplir órdenes sirven…- Farfullaba para sí entrando aún al jardín con las manos en las sienes para templar el dolor de cabeza que la acechaba, cuando de pronto otra voz la interrumpió, obligándola a levantar la mirada para confirmar lo que sus oídos sospechaban.
- Las formas y procedencia de las órdenes ayudan o no a querer cumplirlas, y algo me dice que ni lo uno ni lo otro invita a ello en tu caso… Buenas tardes Francisca.- Se presentó Raimundo interrumpiendo aquel monólogo, que le sacó una sonrisa pícara en el rostro antes de que ella lo advirtiera, pues por más que se lo negara aquel carácter del demonio le encantaba.
Al elevar la vista frenó sus pasos, pues cada vez que sus ojos se topaban con los suyos su ser se paralizaba sin poder controlarlo, presa aún y muy a su pesar de lo que ese hombre le evocaba. Frente a ella, con su gesto noble, recorrido por las líneas de la vida, a cual más arrebatadora, sus ojos dulces y sinceros, los mismos que cada vez que contemplaba liberaban ese profundo amor que aguardaba por ser descubierto, y que tanto le recordaban a los de aquel que tan hondamente la había herido, sumiéndola en la peor de las soledades, repudiada por quien daría su último aliento sin dudarlo, rechazada de su vida, ésa a la que ella había dado origen y que desde el momento en que se posó en sus brazos, impregnó en ellos el sentimiento más fuerte conocido por todo ser, el amor a un hijo. Aquellos pensamientos fueron como un llamamiento a las lágrimas retenidas que fieles acudieron a sus ojos, forzándola a valerse de su siempre carácter para combatirlas.
- ¡El que faltaba! ¿Qué haces tú aquí? ¿Acaso os habéis confabulado para amargarme el día entre el populacho? Ni un té se puede tomar una tranquila en su propia casa…- Decía mientras se sentaba en la silla más cercana sorteando la visita.
- Vaya, parece que el poder y el dinero no exenta de tener un mal día…Aunque en tu caso más bien no sabría decir si eso es una excepción…- La provocaba con sus palabras, era su juego, su pequeño mundo de reproches que los mantenían unidos desde que se abandonaron a la resignación del uno sin el otro.
- ¿A esto te personas en mi casa tabernero? ¿A importunarme e insultarme? Porque ya te puedes ir marchando por donde has venido que hoy no tengo el día para soportar tus reflexiones ni provocaciones de viejo amargado.- Le espetó mirándolo de reojo, tratando con ello de ocultar el brillo de sus ojos presos de la congoja, más no le pasó desapercibido a su acompañante, pues cada vez que se cruzaban no había recodo que escapase a su escrutinio.
- Templa cacique, que vengo en son de paz.- Dijo tomando asiento en la silla que quedaba justo enfrente, tanteando su mirada.
- ¿A esto le llamas son de paz? Te presentas en mi casa, sin anunciar y para colmo osas insultarme sin siquiera haberte presentado. Es evidente que tus años de posadero han acabado con lo poco de la educación que te enseñaron.- Le atacaba con el ceño fruncido, acusándolo con los ojos y haciendo uso del abanico como carabina.
- Me pregunto quién será el responsable de tornar en este estado a la mismísima Francisca Montenegro, bien grande debió ser la afrenta para que ni discutir con el Ulloa quieras. Se me antoja que nos llevaríamos bien…- Dijo a la vez que se posaba con las manos entrecruzadas sobre la mesa que los separaba, acercando con ello distancias y dibujando una mueca pícara que trataba de quitar hierro al asunto. Sin embargo, lo que advertía ser un intento de esclarecer la causa de su turbamiento, pareciose un reproche que lejos de sincerar a la Montenegro la irritó en gran medida eliminando posibilidad de conversación.
Irónica pregunta…Ulloa… el único apellido capaz de corromperla de aquella manera…, pensaba para sus adentros alimentando su ya nerviosismo por ese leve acercamiento de Raimundo, mas escondiéndose en el disimulo…- No tientes a tu suerte tabernero, y habla de una maldita vez que no tengo el día para chanzas y mucho menos para perder mi valioso tiempo con un destripaterrones como tú.- Sentenció amenazante con ese levantamiento de ceja que la caracterizaba.
- Mis deseos son órdenes en este pueblo Ulloa, y si sabes lo que te conviene lo que tienes que hacer es cumplirlos. Aunque, años ha no opinabas lo mismo, más si mi memoria no me falla, hasta soñabas con pasar aquí el resto de tus días…- Respondía con una discreta sonrisa de vencedora.- Más si eso es lo que piensas, bien podrías ahorrarte el paseo, Mauricio me mantiene informada de cuanto acontece en el pueblo y no necesito correveidiles de poca monta como tú.- Lo acompañó con una mirada de superioridad a la vez que balanceaba el abanico elevando el rostro.
- Cierto es que no valiéndote por ti misma, te rodeas de tu séquito de sabuesos guardianes, pero a pesar de lo que me acusas, haciendo gala de mi saber estar y puesto que es de justicia ser agradecidos, aprovecho para referirte nuestro agradecimiento por los últimos sucesos acaecidos para con nuestra familia.- Dijo con el gesto tenso y apretando la mandíbula, pues el orgullo y Ulloa iban de la mano y arrastrarse para agradecerle a una Montenegro no era tarea fácil, más después de sacar a colación a aquel rufián de Mauricio que no sabía sino estar a las faldas de su ama.
- Vaya Ulloa…quién te ha visto y quién te ve… ¿Tú? ¿Bajando de tu pedestal moral para halagar a Francisca Montenegro? Está claro que los años hacen sus estragos, aunque está bien que al fin esa terca mollera tuya entienda cual es el lugar de cada uno.- Dijo disfrutando de ese pequeño momento y de lo que sabía se estaba reconcomiendo por dentro, pagándose de sí misma con una amplia e irónica sonrisa.- Aclarados estos puntos, ya que estás aquí evitemos rumores y refiéreme qué ha ocurrido con Emilia y el niño.- Inquirió, esta vez dejando de lado el sarcasmo y mostrando un interés sincero acompañado de un ligero movimiento que la acercaba a su oponente.
- Finalmente el niño ha quedado en manos de su madre, que no será repudiada por su progenitor, pues le bastaron unas horas con el crío para recordar el amor de un padre por su hijo.
- Me alegra en medida que la muchacha recapacitara y el niño pueda estar donde le corresponde…- Dijo sinceramente y a medida que su tono se iba apagando junto son una mirada desviada al horizonte, absorta en sus pensamientos….- No todas corren la misma suerte, más una madre lo daría todo por un hijo…- Añadió casi en un susurro, pero con la suficiente voz como para que quien tenía enfrente la escuchara y se le atragantase el aliento uniéndose a esos dolorosos recuerdos que aún atenazaban a ambos. Y para evitar el incómodo silencio instalado apuntó…- Se ve que a pesar de querer salvaguardar el honor de su apellido aquel hombre tenía un buen corazón.
- Así es, y bien afortunada debe sentirse su heredera, pues en este mundo de hombres pocos son quienes anteponen su apellido a una hija, quedando la mayoría a merced de quienes tuvieron a bien engendrar una criatura por el mero placer instintivo y que bien abandonan su valor cuando en realidad se requiere.- Dijo ella con la mayor de las intenciones de reproche y recuperando sus ojos de nuevo, siendo él el que ahora escapaba a su mirada avergonzado por un pasado que lo hería aún en demasía, más procediendo de los labios de ella…
- Pero de nada nos sirve lamentarnos, será mejor que nos alegremos por esa chiquilla de Nieves y por tu hija, que ha salido ilesa de todo este dislate.- Dijo recomponiéndose de esos breves minutos e intentando cambiar de tercio la conversación.- ¿Cómo se encuentra?
- Como bien dices por fortuna la sangre no llegó al río y el asunto se resolvió de la manera más justa, más Emilia se había encariñado en sumo con el crío y desde que tuvo que entregárselo a quien lo engendró anda vagando con el alma hundida.- Narraba Raimundo sin saber lo que sus palabras estaban provocando en Francisca.
- Cuando te distancias de quien quieres como si de un hijo se tratase no hay modo de suplir el vacío, sintiéndolo como una daga que se clava lentamente ahondado más cada día…-Por un momento se sintió sola en aquella breve reflexión, reviviendo ese último encuentro con su hijo y que la había dejado a punto de derrumbarse, pues daría su vida por él, pero eran tantas las cosas que habían ocurrido que no era capaz de mostrarle lo que sentía desde que lo acunó por primera vez y que sólo había crecido día tras día. Al darse cuenta de la compañía, que la observaba entre intrigado y confundido por lo inusual de aquellas palabras en Francisca, se avergonzó de haberse descubierto de aquella guisa y frente a él, con lo que rápidamente se cubrió con su escudo para salir de aquella incómoda situación.- Más lo que está claro es que apenas compartieron unos días y volcó en el crío un cariño que no le correspondía, ahora deberá apechugar con sus insensateces y en unos días recuperará el ánimo.- Apuntó con desdén.
- Ya me extrañaba a mí tanto sentimentalismo de manos de una Montenegro, está claro que hay cosas que no están hechas para un corazón de hielo como el tuyo.- Le dijo con desprecio, engañado por esa ingenuidad que creyó haber visto un momento de debilidad en ella.- Pues a lo que tu llamas amor no correspondido nosotros lo llamamos amor sincero, ese que no espera nada a cambio y que se otorga a quien lo necesita sin atender a intereses o razones.- Sentenciaba mientras se levantaba del asiento, sin apartar la vista de sus ojos, juzgándola como la mujer desaprensiva que mostraba siempre.- Pero tú jamás entenderás que es eso, ya que no hay una sola acción de tu mano que no enrede una motivación para tu provecho.
- Aparta tu sucia mano de mí antes de perderla…¡Ulloa!- Le ordenó con el rictus severo y la mirada penetrante, cumpliendo con aquello que se juró tras las más bajas vejaciones, prometiéndose que nadie volvería a osar humillarla nunca más. Sin embargo, aquel roce era bien distinto, alejándolo en esta ocasión por los instintos que despertaban al sentir sus dedos sobre su piel de nuevo…Pero sus amenazas no lograron abatir al posadero…
- ¿Estás segura de que eso es lo que quieres…Francisca?- Insinuó acercándola hasta que a pesar del obstáculo de la mesa que los separaba, sus labios podían percibir el aliento del contrario… Clavándole los ojos cómo sólo él sabía, mientras su mirada semejaba un llamamiento a su cuerpo que preso de la rebeldía no acató orden alguna.- No son esas las palabras que prodiga tu cuerpo…que lejos de alejarse se eriza bajo mis sucias manos…- Dijo en un susurro casi inaudible que culminaba con el aire impregnando aquellos que tenía enfrente, que se mostraban sinuosamente perturbadores…
Ainoha me encanta el relato, sigue pronto.
Cicatrices en el alma 8
─Te amo – susurró Francisca, Raimundo respondió con las mismas palabras. Se abrazaron como si fuera la primera vez, dando el paso final. Disfrutando de cada momento, esbozando sonrisas llenas de satisfacción. Se besaban a cada centímetro, sus respiraciones se entrelazaban y aceleraban cada vez más, al igual que los latidos de sus corazones. Sus movimientos rítmicos fueron subieron de intensidad. Dando paso a la pasión, amándose con locura, sin ambages, sin secretos, plenamente. Entrelazaron sus dedos para dar la bienvenida al anhelado y siempre venerado clímax. Respiraron profundamente intentando recuperar las fuerzas. Ambos estaban agotados, pero esto no había terminado, antes de que se dieran cuenta ya estaban dispuestos a seguir durante toda la noche, o al menos, hasta que uno de los dos cayera muerto.
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Cuando despertó, lo primero que sintió fue el vacio junto a ella, buscó por la habitación con la mirada, pero no había ni rastro del que había compartido su lecho la noche anterior. Sus ojos se pararon en una rosa que estaba sobre el escritorio, se acercó a la mesa y se encontró con la habitual nota que él siempre solía acompañar a sus flores.
"Te quiero pequeña… tenme en tus pensamientos, que yo te tengo en los míos"
Raimundo
Aquellas palabras lograron arrancarle una sonrisa, eso era lo que amaba de Raimundo, sus detalles. Lo amaba profundamente, y ahora sabía que él también lo hacía. Sonrió al pensar que no se había equivocado al confesarle que él era el padre de Tristán. Quizás nunca podrían decirlo abiertamente, pero ella amaba a Raimundo y se conformaba con saber que su hijo los unía y que nada ni nadie podría quitarles eso.
Se dirigió hacia la habitación de su hijo, no pudo evitar sonreír al verlo profundamente dormido.
─Cariño ─susurró acariciándole la cabeza─ es hora de despertar ─Tristán gruñó entre sueños lo que hizo que Francisca no pudiera contener su risa ─vamos pequeño.
─No, madre —dijo Tristán acurrucándose más.
─No quería hacer esto, pero tú me has obligado a ello ─dijo empezando a hacerle cosquillas, haciendo que se levantara de la cama a la vez que se lanzaba a los brazos de su madre para impedir que siguiera haciéndole cosquillas sin conseguirlo.
─ ¡Jajajaj! ¡Pare, pare! ─decía riendo revolcándose y pataleado sobre la cama. Tristán seguía riendo, su risa era tan contagiosa, que Francisca no podía evitar reír también.
─ ¿Bueno, te rindes ya? ─Tristán poco podía hacer para soltarse, su madre lo tenía acorralado, casi no podía respirar de la risa. Francisca al verlo colorado, optó por parar, sonriéndole divertida ─Adoro tu risa ─le confesó, inclinándose para besarlo. Su hijo era lo único que le llenaba el corazón de felicidad, bueno, su hijo y ahora Raimundo. Le ayudó a vestirse y bajaron a desayunar. Aprovecharían que Salvador continuaba de viaje pare salir a dar un paseo y encontrarse con Raimundo.
Salieron de la casona cogidos de la mano y se dirigieron donde Raimundo les aguardaba. Cuando llegaron pudo ver que Raimundo ya los estaba esperando junto al rio. Estaba sentado sobre una roca observándoles detenidamente. Francisca se acercó a él con pasos decisivos, apretando con fuerza la mano de su hijo. No sabía cómo iba a reaccionar Tristán, pero deseaba estar con Raimundo y su hijo, estar los tres juntos, como la familia que eran, aunque eso tendría que ser un secreto por el momento.
─Buenos días Francisca. ─dijo sonriendo.
Francisca estaba tan nerviosa que casi no podía articular palabra. Vio como Raimundo posaba su mirada en el pequeño y como Tristán miraba a Raimundo curioso.
─Mira hijo ─logro empezar a hablar ─ él… él es un buen amigo de mamá.
─Hola pequeño ¿Cómo te llamas? – preguntó simulando no saber su nombre e inclinándose para estar a la altura de Tristán.
─Tristán -contestó.
─Tristán, que bonito nombre ─dijo sonriendo con ternura ─ ¿sabías que así se llamaba un caballero de la mesa redonda?
─ ¿En serio? ─dijo sorprendido.
─Sí ─contestó Raimundo mirándolo ─fue un héroe ─ detalló alborotándole el cabello ─Mira, tengo algo para ti ─ dijo mientras le entregaba una espada de madera─ esto es para ti.
─ ¡Una espada de caballero! ─exclamo sorprendido mientras asía la espada y comenzaba a luchar contra un enemigo invisible ─ ¡Gracias señor!
─ Veo que te ha gustado, como pago a este regalo ¿Puedo acompañaros a ti y a tu madre en vuestro paseo? ─preguntó.
Tristán miró a su madre y luego a Raimundo asintiendo con la mirada ─Sí ─dijo finalmente. Ambos se miraron dichosos al ver que Tristán accedía de buen grado la compañía de Raimundo. Se sentaron junto al rio en silencio, solo se oía la voz del pequeño Tristán, quien jugaba con su espada alrededor de ellos. Raimundo estaba dichoso, allí estaba junto al amor de su vida y con su hijo, ¡Su hijo! el hijo de ambos. Tuvo que contenerse para no gritarlo a los cuatro vientos. Su sueño empezaba a hacerse realidad. Ese sueño que tantas veces le fue negado. Ahora podría cumplir su deseo. Volvía a estar cerca de Francisca. Empezaba a ser parte de la vida de Tristán. Podría ser feliz. Por primera vez en muchos años tenía un motivo para sonreír, para luchar. Empezaba a creer que podrían ser felices, que podrían hallar la paz después de tanto tormento.
─ ¡Tristán! ─ lo llamó Raimundo ─ ¿Quieres coger renacuajos?
─Sí ─exclamó mientras se acercaba corriendo con un montón de flores entre sus manos.
─ ¿Dónde vas con tantas flores? ─le preguntó Raimundo.
─Son para madre, un caballero regala flores a las damas ─contestó acercándole las flores a su madre.
─ ¿Para mí? ─preguntó Francisca cogiendo las flores emocionada por el gesto de su pequeño, hasta en eso se parecía a su padre ─Gracias mi caballero andante─ bromeó divertida al tiempo que lo abrazaba.
─ ¿Vamos a por los renacuajos? ─preguntó zafándose de los brazos de su madre.
Los dos se dirigieron a la orilla de rio, mientras Francisca los observaba con una sonrisa radiante en su rostro. Estaba feliz viendo a las dos personas más importantes de su vida juntos. Parecía que se llevaban bien, pero, ¿cómo llevarse mal, si eran padre e hijo? Una sombra de pena apareció en su rostro, Raimundo se había perdido nueve años de abrazos de su hijo. Pero a partir de ahora, ella iba a procurar que los recuperara. Lo único que lamentaba era no poder devolverle los años que no había podido verlo crecer a su lado. Tenía la confianza que todo iría bien, con ese encuentro su futuro se enderezaba, sabía que esa decisión había sido la acertada.
Llegaron a la Casona y Raimundo se despidió de Tristán con un abrazo y con un beso en la mejilla de Francisca, lo cual hizo reír a Tristán. Francisca lo miró sin saber que decir. Soltó un suspiro y tomándole de la mano entraron en la casa.
─Me gusta Raimundo ─soltó de sopetón Tristán, dejando sin habla a Francisca ─ ¿Cuándo podremos verlo otra vez?
─Pronto cariño, pero este será nuestro secreto, nadie debe saberlo ─dijo agachándose para ponerse a su altura ─ ¿Lo prometes?
─Lo prometo ─contestó al tiempo que dibujaba una cruz en la zona del corazón ─palabra de caballero.
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Ayy ha sido tan bonito imaginar a la feliz familia por un momento!! a ver si sigues prontito q qiero q le llegue el final a uno q yo me se...

Y de la serie, apuntar que ya le vale al Ulloa con esas chanzas a costa de las buenas acciones de la Montenegro... Si es que cuando le contraria xq le contraria y cuando va de buena xq va de buena y luego no se entiende a las mujeres?? ayayayayy Rai q nos cubrimos de gloria ultimamnte!! y eso de malmeter con el pobre alfonso Paca..tmpoko es q sea lo mjorcito..a este paso no llegamos a ningun sitio!! así que a ponerse las pilas!!jajajajajaja Eso sí esas poses de la Montenegro apoyada en la chimenea regañando a Fernandito me matan jajajajaja
q grande..Y rai q se deje ver más, mejor si es x la Casona..XDBueno y aquí os dejo la continuación, espero q os guste

DUREZA Y FRAGILIDAD (II)
- ¿Estás segura de que eso es lo que quieres…Francisca?- Insinuó acercándola hasta que a pesar del obstáculo de la mesa que los separaba, sus labios podían percibir el aliento del contrario… Clavándole los ojos cómo sólo él sabía, mientras su mirada semejaba un llamamiento a su cuerpo que preso de la rebeldía no acató orden alguna.- No son esas las palabras que prodiga tu cuerpo…que lejos de alejarse se eriza bajo mis sucias manos…- Dijo en un susurro casi inaudible que culminaba con el aire impregnando aquellos que tenía enfrente, que se mostraban sinuosamente perturbadores…tanto que sin él quererlo lo atraparon en su propia trampa, captando toda su atención, delineando su curva con los ojos hasta ocupar todo su pensamiento, tentándolo hasta la sinrazón a probarlos. El tiempo pareció detenerse, obviando todo lo que no fuese necesitar su contacto como si su vida dependiese de ello. Esclavo de aquel invencible magnetismo, el latido se le aceleró, bombeando con avidez la sangre que lo recorría emergiendo con fuerza a aquella señal ineludible, a la vez que su mano la retenía con mayor fuerza, presa del miedo a perderla…Y entreabriendo sus labios a medida que iban ganando milímetros al aire sintiendo el placer de la meta antes de alcanzarla…Una leve mueca de dolor retenido alertó a su escaso juicio, que por impulso llevó su mano derecha a la cintura de ella tomándola con delicadeza al sentir como su espalda se arqueaba en un acto reflejo… De pronto parpadeó lo suficiente para salir del hechizo que aún pareciendo torturadores minutos no había alcanzado los dos escasos segundos. Instintivamente llevó la vista hacía la mano que la asía, observando como tímidas gotas de sangre resbalaban por ella hasta marcar los puños de su camisa… Al instante aflojó su agarre temiendo ser el causante.
- ¡Suéltame maldito!¿Quién te crees que eres para tomar así a una mujer?¡Qué sea la última vez que osas tocarme! Viejo engreído…– Dijo cubriéndose la muñeca con la otra mano, presa de la rabia que le provocaba sentirse como una marioneta en sus brazos, cual chiquilla enamorada que pueden utilizar a su antojo, ya que cualquier orden era inútil en sus brazos, su cuerpo la desobedecía sin compasión rindiéndose a ese otro dueño…¿es que los años no le habían enseñado nada?
Raimundo por su parte obedeció en el acto, soltándola sin apartar los ojos de las líneas rojas que interrumpían su piel, mostrando una mirada perdida en su propia zozobra por lo ocurrido…
- Lo lamento… Francisca…No pretendía lastimarte, más la ira debió apoderarse de mí sin medir el vigor de mi fuerza…- Intentaba excusarse confundido, sin entender muy bien cómo había alcanzado ese límite ¿tan fuerte era su necesidad por aquella mujer como para desnortarlo sin apenas ser consciente de sus actos?
- Evidentemente poco se puede esperar de un rufián como tú, que no titubea en tomar a quien le importuna por la fuerza sin importarle que sea mujer ésta. Y descuida, que no será la primera vez que tengo que soportar la falsa osadía de un hombre con una mujer delante, más te advierto que no soy una mujer cualquiera y esto no quedará así, Ulloa.- Le casi escupió en la cara, a sabiendas de que aquella versión de lo ocurrido no era quizás de lo más exacta, pero sí la justa contestación a sus vanidosas insinuaciones..
Raimundo pareció despertar del trance ante aquellas palabras, pues bien conocía a aquella mujer como para dilucidar cuáles eran sus intenciones…
- Admito mi falta de tacto Francisca, pero no pretendas manipular lo acontecido que son demasiados años padeciéndote como para caer en tus sucias estratagemas…- Se defendía él.
- Arrrsshhh…- Emitió ella un quejido a causa del brusco movimiento que siguió a sus palabras, pasando a acaparar de nuevo la atención de ambos.
- Deja que te vea eso Francisca…- Dijo él con gesto de resignación, ya que esa era la única verdad allí, por más que perjurara odiarla, a la hora de la verdad no era más que un reo en manos de aquel diablo de mujer. Sus palabras se acompañaron de un leve ademán de tomar el brazo de la discordia. Pero ella, con el orgullo que tanto mostraba, apartó la mano antes de que la rozara.
- ¿Qué te crees que estás haciendo?
- ¿Qué te parece Montenegro? Tantos saberes y posición y ¿voy a tener que explicártelo?
- Encima ¿me insultas? Apártate patán, jamás necesité un hombre para salir adelante y no lo necesitaré hoy por un simple rasguño, y menos tratándose del mísero tabernero del … Arrsssshh…- Volvió a quejarse a mitad de su elaborado discurso, acabando así con sus vehementes argumentos.
- ¿Decías? … Orgullosa…- Pensaba en voz baja para sus adentros…- Vamos Francisca, deja de comportarte como una niña caprichosa y refunfuñona, y permíteme que te vea eso antes de que te quedes sin brazo por tu terquedad.
- Y ahora ... ¿te lo tomas a chanza? No tienes la mínima conside…- Las palabras se le atragantaron al sentir sus dedos sobre ella, sintiendo como la rigidez dominaba todo su cuerpo.
Raimundo desoyéndola, tomó la iniciativa y le sostuvo el brazo, buscando el causante del desatino…
- ¡Francisca! Se puede saber ¿cómo te has hecho esto?- Preguntaba en tono de reprimenda mientras la fijaba con la mirada sin apartar el brazo.
- No dramatices Ulloa, no es más que un rasguño.
- ¿Rasguño dices? Disculpa a este mísero plebeyo, pero aún careciendo de los saberes de tu clase aseguraría que esta herida está infectada.
- Para que luego digan del coraje de los de tu género, si os achantáis con un mero arañazo mal curado… Además qué sabrás tú de medicina cuando te has dedicado toda la vida a servir a los borrachos del pueblo, y eso cuando no eras uno de ellos…
- ¿Ah sí? Entonces deduzco que si te lo examino no habrá de dolerte…- La retaba de reojo mientras sus dedos se posaban sobre la herida, y casi sin rozarla…
- ¡Aaarrsshh! – Se quejó ella al instante, mientras él victorioso por la jugarreta, interceptó su ademán de retirar el brazo.- ¡Serás bruto! Qué se puede esperar de quien carece de modales…
- Con que rasguño… ¿no? Serás terca…capaz eres de retorcerte por dentro con tal de no dar tu brazo a torcer…
En esas, llegó Mariana con la tisana para la señora encontrándose con la escena.
-¡Señora! ¿Se encuentra bien? ¿Qué le ha ocurrido?
- La que faltaba…Deja de hacer aspavientos que no es más que una herida mal cerrada.
- Francisca…- La reprendía con la mirada…- Templa muchacha, y trae unos paños limpios y un poco de agua, que por mucho que tu señora se las dé de valiente hay que limpiar esto.
- Enseguida Don Raimundo.
- Gracias Mariana.- Dijo mientras salía presto a por los enseres requeridos.
- ¿Acaso los años te han dejado dura de oído Francisca? Te voy a limpiar la herida antes de que vaya a peor, y mañana deberás visitar a Don Pablo, que como bien apuntabas no tengo conocimientos en medicina y deberá examinarte mejor.
- Ni sueñes, que vaya a dejarme en manos de un ignorante como tú.
- No te he pedido permiso Francisca, quieras o no, no me iré de aquí hasta haberte curado esta herida, de ti depende que durmamos al raso…- Se divertía sacándola de sus casillas y observando su nerviosismo al saber que tendría que soportarlo en aquel estrecho espacio, sin ser consciente de que no era la único que peligraba…
- Aquí tiene Don Raimundo, ¿necesita algo más?
- Gracias Mariana, ve tranquila y sigue con tus quehaceres que ya me encargo yo de la señora.- Apuntó regalándole una mirada bribona a la misma.
Francisca se encontraba una vez más en una de tantas encrucijadas con el Ulloa, pero por mucho que se esforzara en hacer evidente su repulsión por el mismo, ansiaba alargar los minutos en que sus vidas osaban cruzarse. Así, permitió que siguiera con aquel arriesgado juego…
- Toma asiento.- A lo que hizo caso a regañadientes, situándose él a su vera.
- ¿Ahora me vas a decir cómo te has hecho esto?
- Veo que todo se pega entre la plebe, más pareces la misma Dolores Mirañar.
- Te recuerdo que no estás en condiciones de importunarme…- Insinuaba con sorna centrando la atención en el brazo que asía.
- Fue ayer, en el colmado, una de los postes que sostenían las telas se me cruzó en el camino y me rasgó la blusa llevándose mi brazo por delante. ¿Contento?
- Satisfecho al menos…Pero deberías ser más cuidadosa, esto no tiene buena pinta…- susurraba mientras con la mayor de las delicadezas y evitando rozarla en exceso, comenzó a deslizar la manga de su blusa con la yema de los dedos, camino seguido por sus ojos que se esforzaban en no perderse la escena. Poco a poco iba descubriendo pequeños retales de esa piel que tanto anhelaba, blanca, suave, frágil…Hasta que su razón comenzó a gritarle para que saliera de aquel hechizo antes de que fuese demasiado tarde, por suerte recuperó el dominio sobre su cuerpo y una vez descubierta la herida se dispuso a humedecer uno de los paños para limpiarla.
Absorto en su propia lucha, no percibió las secuelas que sus caricias dejaban a su paso, pues cuando Raimundo comenzó con aquel torturador ritual Francisca enmudeció poniendo toda su atención en disimular el cosquilleo que la recorría alterando su pensamiento.
- Esto puede que te moleste un poco. – Advirtió él antes de posar el paño sobre la herida, desencadenando una tenue exhalación en ella. Y con sumo cuidado comenzó a impresionar tiernas huellas sobre su piel a medida que recuperaba su resplandor eliminando la sangre vertida. Su cabeza no paraba de alertarle, pero eran demasiados los años lejos de esa tez de la que se alimentaba cada noche en sus sueños, y la tenía frente a sí, tentándolo. Francisca por su lado con cada roce se sentía más desbordada, al límite de su propio control, deseaba sus caricias, sus manos sobre su cuerpo, sentirse mujer amada de nuevo… Aquellos pensamientos no paraban de torturarla.
Lentamente Raimundo se fue desviando del camino, ascendiendo pequeños pasos con cada tacto mientras la mano que la asía ganaba terreno por el revés de su brazo, despertando cada poro de la piel de ella, como quien recluta a un ejército mostrándose sus fieles súbditos. Su gesto la obligó a tragar saliva humedeciendo la sequedad de sus labios, extenuados por la contención reprimida, que la estaba torturando sobre aquella silla, sin poder liberar lo que su cuerpo le exigía. Mientras, él se iba embebiendo de ella, conquistando tras tanto tiempo lo que la tela le permitía, hasta que en ese dulce trayecto su mano izquierda alcanzó su hombro a la par que la otra rodeaba su brazo desentrañando cada relieve, y al fin elevando el rostro sus miradas chocaron descargando un fugaz escalofrío, preludio del anhelo, por el cuerpo de ambos. Francisca atemorizada, como siempre que se sentía rebelde a su propio yugo, hizo un leve movimiento contra el respaldo, que fue suficiente para que él despertara del sueño derrotado. Y creyendo cumplir con los deseos de ella comenzó a deshacer el camino andado, cuando de repente sintió una sutil presión en ese mismo brazo, alzando la vista para dar con la imagen que ocupaba todas sus noches, que no era otra que los ojos de su única mujer, perfectos, profundos, rogándole que no se apartara, que corriese a ella antes de que su orgullo se lo recriminase, que no la dejara sola…Y venciendo a ese cruel tirano, no dio opción a que le arrebatase lo que era suyo por derecho, tomando su cintura como si fuese su mayor tesoro, alzándola hasta sentir su contacto al topar con su cadera, quedando ambos en pie enfrentados, disfrutando de ese minuto de invisibilidad que les permitía mirarse como lo hacían en sueños.. Ella, acallando ese fuero interno, deseaba descansar en sus brazos, alejar esa soledad, y se aferró a sus hombros como si fuesen a despojarla de él, presionando sus dedos sobre su camisa. Y ese fue el único indicio que necesito él para apretarla contra sí y hacer sus labios suyos, hasta reconquistarlos de nuevo, con la prisa de quien cree va a despertar de esa quimera, saciando cada impulso, buscando el estrecho contacto que las ropas les permitían, ahuyentando el aire que se interponía, devorándose, atrapándose entre las manos, surcando sus cuerpos…