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El Rincón de Raimundo y Francisca. 16 años después... ¡Queremos gozo en el otoño de la vida!

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RaiPaquistas
RaiPaquistas
20/08/2012 18:46
elrinconderaimundoyfrancisca16anosdespuesqueremosgozoenelotonodelavida

ANTIGUO HILO
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HILOS: RAMÓN Y MARÍA
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REDES SOCIALES
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MUNDO ALTERNATIVO
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HUMOR RAIPAQUISTA
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No existe amor en paz. Siempre viene acompañado de agonías, éxtasis, alegrías intensas y tristezas profundas. Paulo Coelho.

#2041
Sonia1919
Sonia1919
19/07/2013 00:58
Vamos a refrescar la memoria de los guionistas, que igual no se acuerdan quienes son
Francisca Montenegro y Raimundo Ulloa.




Sí señores estos son ¿Los recuerdan?

elrinconderaimundoyfrancisca16anosdespuesqueremosgozoenelotonodelavidaelrinconderaimundoyfrancisca16anosdespuesqueremosgozoenelotonodelavidaelrinconderaimundoyfrancisca16anosdespuesqueremosgozoenelotonodelavida
#2042
vivienohara39
vivienohara39
20/07/2013 02:27
Hola hola Raipaquistas!!!!! lengua

Aquí estoy de vuelta de mis vacas norteñas!!! dispuesta a seguir dando guerra de nuevo!! aunque por lo que veo habéis superado con creces mi petición, pues veo relatos, vídeos, montajes... me encanta que haya este movimiento!!!! si , y más teniendo en cuenta el poco que nos dan en la pantalla últimamnete.. hum, aunque eso lo dejaré para luego... diablo muajajaja

Bueno iré por partes que no quiero que se me escape nada!!! sonriente

Veo que en mi ausencia, hemos acabado el raiparroscoooo!!!!!! arriba ese trabajazo de esas supercompis!!!!! bravo fiesta . y por eso mismo allá voy con mi última ronda!! x si acaso y para compensar tanto colorao jajajaja

E : engancharse ( y tantooooo es una adicción y cada vez va más, que haríamos sin ellos!! bravo )

Y : por más que me estrujo la sesera como se diría a lo puenteviejo, no logro dar con ello... triste


GRACIAS CHICAS!!! guiño

Bueno y ahora a por los relatos!! que ya tenemos para unos cuantos tomos!! y a cual mejor!! cada uno con su granito de arena ha conseguido mantener mi lado raipaquista aún en la lejanía, mientras os leía en la sombra jejejejeje

Sonia, esas pedazo de turbulencias, que me han tenido desesperada capítulo a capítulo hasta que has colgado el final...y qué final madre!!!! increíbles enteritas ellas!! ahora a repetir q como he dicho esto requiere segunda dosis!! bravo

Evelyn!!! ya te lo he ido comentando con cada cachito que ibas dejando cual ansiosa por leer tus encuentros!!jejejee, me encanta lo bien que te las ideas para juntárnoslos y darnos todo ese amor que se profesan estos dos!!! sigue con ellos!!! si

Sara!!! pero como nos dejas así por tantos días?? en mitad del campo y de aquella manera??? sigue porfiiiiissss que quiero saber que pasa, q nos hemos quedado con ganas de besooo!!! angel

Ahora voy con esa crack montajera!!!!!! me has hecho feliz con este último estreno de la Paca´s screen collection que tanto adoro!!!! qué más se puede pedir que a nuestros dos tótolos protagonizando una de mis pelis favoritas??? arriba esa Francisca O´Hara y ese Rai Butler!!!! oleeeee bravo, gracias x sacarnos estas sonrisas!!!

Bueno y ahora un poquito del tema serie, vamos a ver... Que yo me entere... después de más de 600 capítulos, de lograr que nos diesen trama, de arrejuntarlos, separarlos, intentar matarlos, prenderlos, meter a terceros, invocar fantasmas, y un largo etc..pretenden que hagamos cómo si ni en el mismo pueblo vivieran??? no no no no...esto no puede ser!! diablo necesito verlos en el mismo espacio vital, aunque sea para vilipendiarse, pero que sepan que existe el otro por favor!!!! angel que no hemos llegado hasta aquí para merecer esto... snif Auqnue como dicen que hay que quedarse con lo positivo de todo, yo hasta más ver, me quedo con ese pedazo de YAYO-RAI con Alfonsito, que nos conquista con cada carantoña que hace al retoño!! hasta a la Paca dejó con el babero puesto al encontrarselo en plena faena...q monicos!!! lengua de nuestra Paca, aunque está en modo destrucción, sigo dando un voto de confianza a esos lazos familiares por los que siempre ha luchado aún pareciendo desde el odio, sólo espero no comerme mis palabras ... ejem... Y mientras tanto me quedo con las frases que le lanza al clero, jajajajaja, que bien me lo paso con sus contestaciones, y más en estos días de atrás que Puente Viejo parecía el Vaticano jajajajaja carcajada

Así que para coger fuerzas, apoyo a mis compis raipaquistas en todas sus peticiones!! especialmente esas sutiles sugerencias que habéis ido dejando x ahí con otros grandes amores en el otoño de la vida..a ver si así se nos inspiran estos guionistas!!! mas aunque las ojeras nos lleguen a los talones resistiremos!!jajajajaja guiño
Aunque para hacerlo con más gusto nada como vernos ese vídeo Sonia!! que recuerdos más bonicos!! con lo bien que se les veía, esa carica de la Paca enamorisca no tenía precio..y nuestro guapo indiano...aiiinnsssss como decía Nicu siempre nos quedará youtube...jajajajaja lengua

Un besote guapas!!!

PD: Suerte con la carta Ellen!! seguro que les hace mucha ilusión!! guiño

Y gracias a Ramón y María por seguir dándonos grandes momntos, aunque no puedan ser juntos sonriente
#2043
eve2013
eve2013
20/07/2013 09:40
Lo Esperado (Parte 6)

Ya estaban todos reunidos en el salón de La Casona: Raimundo, Tristán, la verdadera Aurora, Martin, María Fernando, Emilia y Alfonso: esperaban la llegada de Francisca. Mientras esperaban Mariana les servía unas pastas y algo de tomar. Raimundo estaba preocupado del porque Francisca se demoraba tanto. Emilia se imaginaba el porqué de esa reunión, pero no creía que Francisca se atrevería anunciarlo ante todos. Raimundo no aguanto más y le pregunto a Mariana “porque Francisca no baja”. Mariana le informo que la señora quedo en bajar. Sin pensarlo más este se dirigió hacia la alcoba de Francisca. En la alcoba, se encontraba una Francisca preocupada. No sabía cómo salir de aquella situación. No quería perder a Raimundo pero tampoco entendía porque habría que dar razón de sus actos si nunca antes lo había hecho. En ese instante se abrió la puerta y Raimundo entro a su alcoba.

-(sorprendida) Raimundo que haces aquí? Que dirán los demás?
-(poco molesto) Porque no bajas Francisca? Que te sucede?
-(con un nudo en la garganta) No… no me sucede… nada!
-(cerrando la puerta) No me mientas! Sé que algo te sucede. Qué? Estas atemorizada Francisca? Es eso lo que no te permite bajar?
-(confundida) Raimundo yo… yo no sé… no sé si…
-(decidido a terminar con esa espera) Que no sabes? Francisca tu siempre has sido una mujer decidida. Porque te acobardas ante esto?
-No me acobardo Raimundo. Pero no dejo de preocuparme por la reacción de todos.
-Nunca te ha importado como reaccionen los demás. Ahora repentinamente te importa? Francisca se sincera.
-(decidida) Está bien… no quiero contar nada. (mirándolo con amor) Pero no quiero perderte. (molesta) No soporto que me digan que hacer, ni que me manejen la vida. Siempre tomo las decisiones que me plazcan.
-(molesto) Muy bien! Entonces terminemos con esto. Ahora bajo y le digo a todos que se marchen. Eso es lo que quieres? Entonces será hará como te plazca.
-(agarrándolo de brazo) No! Raimundo por favor!
-Francisca no estoy para juegos. No pienso esconder lo que siento por ti. Ya No! (reclamando) Quiero que me accedas el honor de contarles a todos que nos amamos.
-(accediendo a su petición) Está bien Raimundo. No quiero pelear. Si eso te place entonces así se hará.

Ella lo tomo de la mano para bajar con él. Raimundo la beso, y bajaron al salón. En el salón las tenciones estaban altas ya que todos querían salir de la incómoda situación. De repente Francisca y Raimundo aparecieron de manos agarradas. Raimundo se apartó para que Francisca anunciara su unión como le prometió.

-(mirando a todos) Hoy los hemos reunido aquí para… para… (buscando a Mariana) Mariana sírveme una copa. (tomando un sorbo de la copa) Hoy los hemos reunidos aquí para anunciarles algo que les afecta a todos los presente. (mirando a Raimundo) Quiero decirles que… que… (tomándose todo lo que quedaba en la copa) Quiero decirles que Raimundo (agarrándole la mano a Raimundo) y yo decidimos retomar… Decidimos retomar nuestra relación. (mirando a Raimundo con seguridad) Esta vez para siempre. (Raimundo besándole la mano como regalo a su valentía) Por eso están aquí. Queríamos que ustedes, nuestra familia, fuesen los primeros en saberlo.
-(sorprendida pero contenta) Felicidades Madrina! Felicidades abuelo! Sabía que su amor era más fuerte de lo que pensaban. (abrazando a los dos)
-(parándose al lado de su esposa María) En hora buena Doña Francisca y Don Raimundo.

Tristán se levantó molesto y con la mirada fija a su padre. Aurora y Martin tampoco les agrado lo dicho, pero prefirieron callar.

-(molesto) Padre como usted retoma esa relación que tanto sufrimiento le ha causado. Como es posible que vuelva a embaucarse en algo así. No lo entiendo. No entiendo nada de esto.
-(tratando de tranquilizarlo) Tristán tu madre y yo nos amamos. Siempre ha sido así.
-Padre, ella solo le ha causado sufrimientos y engaños como a todos los demás. Como puede seguir enamorado de ella. (mirando a Francisca con desprecio)
-(con tristeza) Tristán, hijo mío, amo a tu padre con todo mi ser. Si no fuera así no me hubiese atrevido a contárselo.
-(tratando de convencerlo) Hijo, tu madre te habla con el corazón en la mano.
-Mi madre, como usted le llama, no tiene corazón. Solo sabe embaucar a las personas y manejarlas a su antojo. Esto no será la excepción, padre. Se lo aseguro que no será la excepción. (marchándose de La Casona) (Martin y Aurora lo siguieron)

Francisca miro a Raimundo conteniendo las lágrimas. No soportaba el desprecio de Tristán. Raimundo le beso la mano y la miro con amor. Emilia y Alfonso se pusieron de pies y se acercaron a ellos.

-Doña Francisca realmente espero que esta vez usted y mi padre se amen como corresponde. No quiero verlo sufrir más por amor, señora. Si es para el bien de ambos… entonces… en hora buena. (despidiéndose de los presente) Ahora marchamos! Que pasen buena noche!
-Madrina nosotros también nos retiramos. Que pasen buena noche! (abrasando a su abuelo y a su madrina)
#2044
eve2013
eve2013
20/07/2013 09:41
Francisca sin decir nada, se dirijo a la cocina. Necesitaba tomar un té de tilo para poder tranquilizarse. Raimundo le siguió los pasos. En la cocina le pidió a Mariana que le preparase el tilo.

-(exigiendo) Mariana necesito un cocimiento de tilo.
-Enseguida señora.
-Francisca, necesitamos hablar.
-(molesta) Raimundo déjame olvidar lo ocurrido. Por favor! Mariana súbelo a mi alcoba cuando termines. (marchandose de la cocina)
-(apurándose) Si señora.
-(preocupado) Mariana no entiendo porque se comportan así. Que les cuesta evitarme disgustos.
-Don Raimundo entienda que todos se preocupan por usted. Y más cuando Doña Francisca esta involucrada. (preparando la taza con el tilo)
-(agarrando la taza) Mariana yo se lo llevo a la señora. Me quedare aquí esta noche para aclarar las cosas con Francisca. Que tengas buena noche.
-Usted también.

En la alcoba Francisca estaba enfadada. No soportaba la vergüenza por la que tuvo que pasar esa noche. No se quitaba de la cabeza que Raimundo tenia culpa de lo sucedido. Lo amaba con locura pero odiaba esa necesidad que siempre tenía por contarlo todo. Abrió la ventana para respirar aire fresco, sentía que se asfixiaba. De repente se abrió la puerta.

-(pensando que era Mariana) Mariana ponlo por la mesilla de la cama y retírate. (Raimundo siguió sus indicaciones pero no salió de la alcoba) (se acercó suavemente a Francisca sorprendiéndola con un abrazo lleno de amor) Pero que diantres?
-(sin soltarla) No te enfades conmigo, pequeña! Me complace todo lo que hicisteis por mí esta noche.
-(tratando de zafarse) Raimundo quiero estar sola. (logrando zafarse)
-(girándola hacia él) No me voy Francisca. No permitiré que sigas enfadada conmigo.
-(caminando hacia la taza de tilo) No quiero hablar ahora. Necesito aclarar mis ideas. Déjame sola. (tomando de la taza)
-Francisca tomate eso que falta te hace. Mientras yo preparo algo para ti. (entrando al baño)
-(curioso por saber que hacia Raimundo) Raimundo estoy enfadada contigo. Lo sabes? No quiero ninguna escenita de amor. Me escuchas? (escuchando el sonido del agua)
-(saliendo del baño) Ven acá Francisca. (ella no se acercaba) Francisca, que vengas!
-(extrañada) Raimundo no quiero. Lo que quiero es que te marches.
-(quitándola la taza de la mano y tomando su mano para llevarla al baño) Que cabeza dura eres!
-(tratando de zafarse) Raimundo… no… Raimundo… que no quiero!
-(apuntando a la bañadera) Quiero que te relajes para que olvidemos lo ocurrido. Mal pensada! Yo me marcho para que aclares tus ideas. (besándola y dejándola sola)

Raimundo se fue por unos instantes para luego regresar. Se quitó la chaqueta y la puso en el sillón. Preparo la alcoba con velas, y en una mesa puso dos copas con champan. Prendió las velas y fue en busca de Francisca. Francisca trataba de calmarse cuando se sobre salto al escuchar la puerta.

-Francisca estas más relajada?
-Raimundo no te habías marchado? Que diantres haces?
-(arrodillándose al lado de la bañera) Francisca te amo! (besándola) No me gusta cuando estas así. (acariciándole el rostro)
-(respondiendo a su beso) Raimundo me disgusto lo ocurrido. La única que se alegro fue María.
-(desabrochándose el pantalón mientras distraía a Francisca con sus besos) Pero no tienes por qué enfadarte conmigo. Yo tampoco pensé que se comportarían así. (desabrochándose la camisa mientras continuaba besando a Francisca)
-(sin olvidar lo ocurrido) Pero tú tienes la culpa por insistir en hablar con ellos.
-(quitándose todo y entrando a la bañera) Entonces castígame por lo que has pasado. Soy tu esclavo. (besándola con ardor)

Se besaron con pasión. Francisca no pudo continuar con ese enojo después de lo que hizo Raimundo. Se ayudaron a asear uno al otro. Cuando terminaron Raimundo salió primero para ayudar a Francisca a secar. Le acaricio cada pliegue de su piel con la toalla hasta envolverla en ella. Francisca hizo lo mismo con él. La beso y le tapo los ojos para poder llevarla lentamente a la alcoba. Una vez allí quito sus manos para sorprenderla con lo que había preparado.

-(sorprendida y feliz) Y esto?
-(tomando las copas y sirviendo el champan) Te agrada?
-Si por supuesto. Pero…
-(dándole una copa) Pero nada. Te amo y quiero que sepas que eres lo más importante para mí. (tomaron de las copas)

Raimundo tomo las copas y las coloco sobre la mesa. Se acercó a Francisca y la beso una y otra vez. Fue acariciando su rostro y su cuello. Le repetía una y otra vez cuanto la amaba. Con manos de ladrón le quito la toalla de encima. Francisca le siguió las mañas haciéndole lo mismo. Sus besos fueron aumentando igual que los latidos de sus corazones. Se amaban sin condura y no soportaban estar disgustados. Francisca le beso el cuello y le acaricio su pecho. Provocando con eso que Raimundo la subiera a horcajadas llevándola a la cama. El callo de espalda en la cama con Francisca encima. Ella con travesura lo beso y lo mordisqueo. Él se excitaba cada vez más con las provocaciones de Francisca. Y cuando menos ella se lo imagino, la giro hacia la cama. Esta vez colocándose el encima. Le levantó los brazos y los sostuvo allí para amarla con pasión. Para el en ese instante ella era su presa que solo podía tener un final, devorarla con ardor y lujuria.
#2045
vivienohara39
vivienohara39
20/07/2013 17:52
Ayyyy Evelyn!! qué haríamos sin esos encuentros pasionales que nos sacan los suspiros que la serie no nos deja!!jejeje, gracias x deleitarnos con ellos!! sonriente

Y para dar mi granito de arena, voy a colgar el último relato que he escrito para seguir con la tradición del hilo, y como digo siempre por si aún tenemos lectores en la sombra, jeje. Es un poco largo, porque al final siempre me lío...así que le vamos a dar un buen empujón a esas páginas!!jajaja, pero así ya os lo pongo de seguido.

Un besoteeee!!! lengua

INTENCIONES ENCUBIERTAS

La imagen era cuanto menos irónica…Dirigió su mirada a la mano derecha de la mujer que tenía frente a sí, descubriendo en ella aquel anillo, aquel objeto reflejo de su nueva condición, señal de posesión, pues eso significaba cuando faltaba el sentido del mismo, el amor. Había vendido su vida al mejor postor, y no había sido otro que un Castro de nuevo…Aún se sorprendía a sí misma diciéndolo en voz alta…-Señora de Castro…- Por más que sabía que aquel hombre nada tenía que ver con su difunto esposo, aquellas dos palabras unidas sólo conseguían incrementar un desasosiego que la arrebataba el aire y el entendimiento, abandonándola en sus peores recuerdos, momentos en los que también perteneció a un Castro, quién hizo bien uso de su posesión utilizándola a su antojo dejando patente quien llevaba el mando, para mediante la fuerza y la intimidación hacer frente a la superioridad que le faltaba como hombre, pues no era más que un adolescente caprichoso e inseguro que imponía su voluntad intentando infundir un respeto que jamás mereció a base de golpes.

El ruido de la puerta desencajándose la sacó de aquellos turbadores pensamientos, girando para hacerla frente, dejando el reflejo de aquella mujer a su espalda en el espejo.

Se abrió una pequeña rendija abriendo paso a un prudente León, que antes de osar traspasar la puerta…- ¿Se puede Francisca?

Ésta era consciente, de que su actual relación no le concedía el privilegio de elección frente a según qué obligaciones, pero agradecía en sumo la sutileza de León.- Adelante.

Y a medida que cruzaba el umbral que le encaminaba hacia su mayor deseo, paró en seco al visualizar la imagen de aquella Francisca, liberada de aquellos trajes y adornos que la mostraban inaccesible, revelándola cómo la más tentadora y bella de las mujeres, no podía apartar la mirada de ella, dejándose embriagar por cada detalle, descubriendo formas que hasta ahora le habían sido prohibidas pero que aquel que ahora la cubría amistándose con aquella dulce seda le permitía contemplar, a pesar de que aún otra no tan afable le siguiese en el camino cubriendo parte de sus encantos a la vez que enlazaba su cintura, curva con la que había soñado desde hacía demasiado tiempo. E intentando disimular sus ensoñaciones a la par que calmando las sensaciones que con ellas estaba provocando, intentó tragar saliva para poder articular palabra…- Disculpa mi osadía al abrir la puerta sin tu consentimiento, mas golpeé en varias ocasiones y no obtuve respuesta y por miedo a que algo ocurriese me decidí a abrirla.

- Disculpado quedas querido, y perdóname tú, el cansancio me ganaba la batalla y mis pensamientos me absorbieron sin siquiera percibir tu llamada.- dijo, intentando cubrirse con la bata que portaba y emitiendo un intento de dulce sonrisa, pues aún se sentía incómoda mostrándose de aquella guisa frente a un hombre, aunque éste ahora fuese su esposo…
Él, astuto espectador del momento, comprendió a la perfección aquel sutil gesto, mas no era el momento de dejarse llevar por sus instintos, ya que conocedor como era del carácter de su ahora esposa, no sería en su beneficio tentar su enojo.- No te inquietes amada mía, doy fe de lo largo del día de hoy y de las muchas emociones vividas, así como de lo exhausto que resulta, no quería incomodarte, pues bien sé que ahora nada ni nadie me separará de ti, ni podrá arrebatarme los muchos instantes que nos quedan por disfrutar el uno del otro para poder demostrarte cuan fervorosamente te amo. Tan sólo, a riesgo de parecer un zagal enamorado, quería desear las buenas noches a la que ahora tengo el privilegio de llamar mi mujer.- Dijo con orgullo, emitiendo una sonrisa que mostraba la felicidad que el hombre irradiaba viéndose en posesión de aquel apelativo, a la vez que su mención recorrió con pavor el cuerpo de ella sumiéndola en una tristeza mayor aún que la propia soledad…
- Gracias León, te deseo lo mismo, y agradezco tu delicadeza para conmigo, intentaré resarcirte con mi compañía en el desayuno, pues ganaré las fuerzas de las que ahora carezco.- Apuntó ella, queriendo acabar con esa conversación que la estaba incomodando en demasía, deseando recuperar la soledad de su alcoba.
- Nada que agradecer esposa mía, pues cada minuto que me resta lo emplearé en satisfacerte en aquello que esté a mi alcance. Mas, pasaré la noche anhelando la mañana para poder gozar de tu compañía de nuevo.- Concluyó a medida que se acercaba hacia Francisca, acto que la tensó, ofreciéndole su mano a modo de despedida a la vez que obligaba a una mayor distancia entre ambos, intimidada como estaba por la posible cercanía del Castro. Pero esta vez, él fue más astuto y evadiendo el ardid de ella, tomó su mano derecha con la suya, mientras la otra franqueaba por vez primera esa barrera a la que tenía jurada la batalla hasta ganarla, y disfrutando del contacto de su piel con aquella suave tela que le permitía desenredar la figura que bajo ella se trazaba, rodeó su cintura abriéndose paso a través de sus dedos, sintiendo el estremecimiento en el cuerpo de ella, que se volvió rígido con la compañía. Y sin aviso alguno, aprovechando el asombro de ella, depositó un beso en su mejilla, abriendo la veda del deseo con él, dificultando así el retorno, alargando el tacto de tan delicada piel a la vez que ponía sus esfuerzos en alejarla, apartando su perfil de ella recorría parte de su contorno hasta quedar a escasos milímetros de sus tiernos labios, llamadores del pecado y peligroso terreno si no quería perder los estribos… Así sin más dilación, consiguió hacer hueco al aire entre ellos, y marchó retrocediendo sus pasos hacia sus nuevos aposentos.

Francisca seguía allí clavada, rígida, pues sin esperarlo esa pequeña banalidad tomada por parte de su ahora esposo, y que no hacía más que mostrarle un preludio de lo que ser esposa significaba, la hizo ser consciente de lo que la vida le auguraba tras la decisión tomada… Pues lo evadido aquella noche tenía su fin asegurado...
#2046
vivienohara39
vivienohara39
20/07/2013 17:55
Al otro lado del pueblo se encontraba el que hoy se sentía el más desdichado de los hombres… Allí, en la soledad de la habitación que lo acogía cada fría noche, frente a la ventana contemplando la batalla de aquella esfera perfecta y luminosa sobre aquel crepúsculo avasallador, que no era otra que la suya misma, la luz y la oscuridad, el final del sufrimiento o la lucha. Pero ésa que era la más hermosa de las estrellas no se achantaba con facilidad, mostrándose orgullosa, pidiendo a sus súbditos que no desistieran hasta perder el último de los alientos, corriendo a colarse entre las rejas de su ventana, cual reflejos luminosos gritándole que hiciese lo mismo, que no se dejara llevar por el sentimiento de derrota y creyese en lo que en ese momento sentía, lo embriagaba y daba sentido a cada una de sus respiraciones…ella, su luna. Sin embargo, era un mero siervo de sus pensamientos, sobre los que no tenía potestad alguna, retroalimentándose entre ellos, acompañándose de las peores de las imágenes, valiéndose de su imaginación para torturarle. Las impresiones iban y venían, aumentando su velocidad al ritmo que sus latidos que pareciese fuesen a descarrilar de un momento a otro. Por más que intentaba apartarlos regresaban una y otra vez, Francisca, León, caricias, miradas, los labios de él sedientos de los de ella, el contacto de sus manos, sus ojos posándose en su cuerpo, en su piel…sólo pensar que fuese a tocarla, que osara palpar ni una sola de las curvas de su figura…Lo hacía hervir hasta casi estallar, rebosándolo de ira, de rabia, impotencia que lo ahogaba cual soga al cuello, obligándolo a deshacer los primeros botones de su camisa para facilitar el paso al aire que lo abandonaba sin clemencia alguna, apretando la mandíbula para acallar lo que su alma quería vociferar, tornando más profunda si cabe su mirada dirigiéndola al otro lado de la ventana, a pesar de que lo que sus ojos veían bien distaba del paraje que allí se divisaba, y antes de que apenas pudiese controlarlo, estampó su puño contra la pared que lo aguardaba, repitiendo el hecho hasta desfallecer, castigándose por su necedad y calmando con el dolor físico, lo que no podía liberar en su corazón. Así, guiadas por ambos, las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos, a la vez que las fuerzas lo abandonaban arrastrando su cuerpo al suelo acompañado de las gotas de sangre que caían aún de su puños…Y entre congojas y sollozos quedó, cual chiquillo atemorizado por el peor de los fantasmas, sólo que en aquel caso no era otro sino un hombre implorando que lo salvaran de la tortura de saberla de otro…


Y a unos metros de su bien más preciado y codiciado se encontraba León Castro, aún con la camisa a medio descubrir y brindando junto a su ego con una copa del mejor licor, reflejando cuan victorioso se sentía, orgulloso de haber culminado con su propósito, pues al fin era suya, suya y de nadie más, y de aquí a los días que le restasen aquello no cambiaría, pues gozaría de su compañía cada instante, de sus inteligente ironía, y pronto también de sus caricias, de su tacto, de sus labios, de su piel…Se fue sumiendo en sus ensoñaciones, disfrutándolas como vaticinio de lo que en breves sería una realidad, cerrando los ojos para poder sentirla entre sus manos, olerla, rozarla…, poseerla...La sequedad de su boca le obligó a culminar con el último trago, recuperando de nuevo la realidad y dibujando una gran sonrisa en su cara se dijo…- Conseguiste cuánto deseabas, cuanto un hombre puede pedirle a la vida… una mujer digna de ser su esposa, inigualable en talante y carácter y que aún conseguía perturbarte con sólo pensarla, sin mencionar lo atractivo de lo que la rodeaba… - Dijo mientras convertía en pensamientos sus palabras, pues aquellos bienes y posición de los que gozaría en cuestión de horas, jamás habría podido conseguirlos sin ella. Y así con la mirada perdida y deleitándose con su dicha, decidió dar fin a aquel día que cumplió con la primera parte de lo que sería su entrada a la felicidad que le seguiría en una larga vida.

Al día siguiente a media mañana regresaba de La Puebla en el automóvil la recién estrenada pareja, tras realizar las pertinentes gestiones que los unían como matrimonio a efectos legales, pues ante los ojos de Dios el sí estaba dicho.

- ¡Esto es un atropello! No me puedo creer que después de haber dejado todo atado previamente al enlace, ahora tengamos que esperar hasta poder unir nuestros patrimonios como está mandado en un matrimonio de Dios. Es indignante que tras la cuantiosa ofrenda dispuesta para sus servicios nos hayan hecho hacer el viaje en balde. – Farfullaba un León azorado mientras elevaba el tono aún en el interior del vehículo.
- Templa querido, pues muchos son los años bregando con estos picapleitos como para saber que nada solucionarás poniéndote así, más que sinsabores para ti mismo.- Ella intentaba sosegarle entre asombrada por su reacción y extrañada por la suya propia, pues ella era la primera interesada en conseguir los derechos legales sobre los bienes de él, mas ese había sido el único fin perseguido para encontrarse en aquella situación, ése junto con el revés que deseaba darle al Ulloa tras descubrir que capaz era de lanzarla a los brazos de cualquier hombre sin apenas conocerlo, mejorando su perspectiva sobre éste siempre que sobre la de su persona, sin importar siquiera que llevase por apellido Castro. Mas tras ser consciente ayer mismo de lo poco de juego que tenía todo aquello, y de lo que se le avecinaba sin apenas haber planeado como sortearlo…El hecho de alargar el culmen de aquel mal presagio la sosegaba aún sin razones, pues el acto estaba hecho.
- Discúlpame Francisca.- Le dijo encontrándola con la mirada y entrelazando una de sus manos en señal de cariño. – Es sólo que una de las cosas con las que no puedo en este tedioso mundo es con los irresponsables que dejan el trabajo a medio hacer sin importar las consecuencias que para otros tengan.
- Pues si has decidido quedarte por estos lares acompañando a esta pobre vieja, tendrás que acostumbrarte a lidiar con los haraganes que lo habitan, ya que no son la excepción. – Dijo emitiendo una amplia sonrisa para apaciguar los ánimos, aunque aún le quedaba una cosa por decir, y por más que fuese una mujer casada no se dejaría acallar por nadie, más su actitud en cierto modo la había desagradado en gordo…- Además, mi esposo eres desde que ayer diste el sí a Don Anselmo, acompañándote yo en ello, luego perdona que me escame tanta preocupación financiera cuando pocas horas a, te prodigabas en palabras de amor y ternuras… ¿Será que te interesas más mis cuartos que yo misma? – Apuntó con la más sarcástica de las miradas, especialidad Montenegro y que le concedía el privilegio de decir lo que opinaba, incomodando al otro sin apenas esfuerzo.
- Eso nunca Francisca, jamás.- Contrapuso él, aún asiéndole la mano, solo que su gesto se volvió más serio así como su mirada más profunda a la par que acercaba el dorso de la misma posándolo en sus labios, pero sin apartar la mirada de ella. Ese gesto la hizo sentir incómoda, había algo en la mirada que le había dedicado que le había estremecido por dentro, dibujando frente a sí una parte de ese hombre que no comprendió y que sin quererlo la asustó. Así, intentando salir de aquel atolladero le dijo al chófer: - Mejor llévanos en directa a La Casona, ha sido una mañana muy larga y prefiero descansar que tener que pasar por el pueblo y contemplar a todos esos desarrapados.- Dijo, enmascarando la razón real de su huida, que no era otra que el miedo a encontrarse con Raimundo Ulloa y su mirada de reprobación.
#2047
vivienohara39
vivienohara39
20/07/2013 17:57
- Perdona querida, ¿te importaría si yo me quedará por aquí para dar un paseo antes de la comida? Como te he dicho la incompetencia de algunos consigue sacarme de mis casillas, y prefiero calmar mis ánimos antes de echar a perder tu mañana con mis protestas…
- Como prefieras, sólo que ya te advierto que es mejor que no te hagas mala sangre por culpa de la ineptitud de otros.
- Así lo haré esposa mía, ve con Dios, que pronto te arrebataré de sus manos de nuevo.- Se despidió con una leve sonrisa mientras bajaba del automóvil.
- Hasta luego querido.- le correspondió ella, a medida que arrancaba el motor del vehículo alejándose por aquel paisaje.

Y ahí estaba él, desaforado en demasía, desencajado por el miedo a desbaratar lo que tanto trabajo le había costado levantar…No podía permitir que su futuro quedase en manos de tan incapacitados hombres, debía hacer algo antes de que ella se le adelantase, ahora que la tenía a su lado no consentiría que nada acabase con aquello ni se la arrebatara, de ninguna de las maneras. Habían sido demasiados los años colmando sus sueños, sus desvelos, sus ansias como para echarlo a perder ahora que lo tenía al alcance de la mano. Y de pronto tomó una decisión, lo mejor sería ser él mismo quien se ocupase de poner en solfa todos aquellos papeles, esa misma tarde partiría a la capital para arreglar dicha formalidad, y con un poco de suerte mañana podría sentirse dueño y señor de Francisca y La Casona con la ley en la mano. Enfrascado en aquellas cavilaciones, llegó sin apenas notarlo a la plaza del pueblo, y al alzar la vista topó con otro que Raimundo Ulloa, su fiel y querido amigo…Pensó hacia sus adentros a la vez que dibujaba una gélida sonrisa en la cara. Así decidió acercarse al tabernero haciéndole partícipe de su dicha conyugal…Aunque siempre desde la felicidad que se siente cuando ésta colma a quienes se aprecian…por supuesto.

- Buenos días tenga Raimundo.- Saludó acompañado sus palabras con una amistosa sonrisa. - ¿Tendrá a bien acompañarme con un vino en gesto de celebración de mi nueva y plácida vida querido amigo?

Al encontrarse con aquel pobre hombre, se sintió lo más mísero que existía bajo la tierra, él, hombre de palabra, de ideales, de honor…hasta hace unas horas habría matado con sus propias manos a aquel que ahora lo llamaba amigo…Sentía desprecio por él mismo. Y por ello, se obligó a compartir la dicha del hombre que tenía delante, pues bien se merecía disfrutar de lo que su corta vida le ofreciese en sus últimos días y él no era quien para arrebatárselo.

- Buenos días León. ¿Cómo rechazar una buena conversación con un gran amigo? Aunque deberá disculparme pues no preciso de demasiado tiempo, ya que en un rato debo ir a ayudar a mi hija a la cocina, que parece ser que a la gente le ha crecido el buche en el día de hoy. – Dijo sonriendo para encubrir sus verdaderas intenciones, que no eran otras que las de escapar del idilio que sus oídos deberían escuchar a la vez que controlar si no quería perder la cordura con ello.
- Está bien, no le robaré demasiado tiempo. Sentémonos.
- ¡Yerno! Sírvanos un vino y una limonada al señor Castro y a mí, haz el favor.
- Enseguida suegro.

Sentados en una de las mesas que ocupaban la casa de comidas se encontraban, frente a frente, en lo que debía ser una charla amistosa, pero que intencionado o no para ninguno de los hombres allí dispuestos lo era…

- Lo veo mucho más recuperado de sus dolencias…- Dijo Raimundo intentando comenzar con el hilo de la conversación y evitar que fuese por derroteros menos gratos.
- ¿Cómo no habría de estarlo querido amigo? Hoy soy el hombre más dichoso que pueda existir sobre la faz de la tierra, tras tantos años penando por las tropelías cometidas por mi primo contra mi persona, vagando por el mundo intentando encontrar algo que se le pareciera a aquello que me estaba prohibido, y ayer al fin sentí colmados todos mis deseos querido Raimundo. ¿Qué más le puedo pedir a ésta que nos lleva por caminos insospechados?- Así consiguió espetar aquello que tan sutilmente estaba deseando hacer llegar al que tenía enfrente. Y bien lo consiguió, pues éste quedó anclado a la silla por aquellas últimas palabras “colmados todos mis deseos”…sin poder atender a nada más, reviviendo los monstruos que le acecharon aquella misma noche. Alimentando ese mismo veneno que le desgarraba sin clemencia, recorriendo cada parte de su ser al ritmo que chocaba de frente con aquella cruel verdad, ésa que dejaba patente que su bien más preciado, la única mujer que lograba echar abajo cada requiebro de su persona, acelerarlo hasta casi asfixiarlo, ella….Francisca, era ahora de otro, otro que no era sino su amigo, y el mismo que la disfrutaría cada noche, cada alba…Encerrado en aquel tormento no atendió a responder a León, que parecía reconfortado por el efecto provocado en su amigo.
- ¿Raimundo? ¿Se encuentra bien? Ahora parece ser usted el que padece dolencia alguna, tiene la cara desencajada…- Dijo a medida que posaba su mano en el brazo del otro en señal de preocupación.
- No, no es nada León, sólo que estoy algo cansado, pues no dormí demasiado bien anoche y como le decía la faena no ha sido poca… De hecho Emilia debe estar esperándome…- Apuntó, intentando escapar de aquello.
- Pero espere hombre, que no ha probado aún un sorbo, y si bien es cansancio lo mejor será que repose aquí un rato antes de volver a los quehaceres, eso déjeselo a los jóvenes, que nosotros ya no estamos para estos trotes…De hecho si le soy sincero, también tuve días más despejados, pues tampoco fue mayor mi descanso la pasada noche…aunque he de decir que por motivos más placenteros…, será que la edad nos achaca para según que cosas estimado amigo.- Dijo disimulando intención alguna en sus palabras, mas insinuando lo que perseguía, guardando la cínica sonrisa que lo acompañaba y dándole un leve golpe en la espalda al Ulloa en signo de compenetración y camaradería.
- Y ahora bien, ¿brindamos pues?- Dijo alzando la copa.- Y si me lo permite, que sea por la dicha de este nuevo comienzo, de lo mucho con lo que la vida aún estará por colmarnos amigo, pues verá que también a usted le trae alegría, más yo no albergo mayor deseo que el de seguir disfrutando de tan fascinante mujer a mi lado, aunque su carácter me lo pague de vez en cuando, pues ambos lo conocemos…- Descendió el tono dibujando una leve sonrisa en su rostro.- Aunque he de decir que ese dichoso ímpetu, y que sé que tanto me advirtió, encierra uno de sus mayores atractivos...más aún, tras comprobar todos sus matices…- Culminó como puñalada final a su discurso y emitiendo una lábil carcajada distendiendo la conversación como si de cual charla varonil se tratase…
#2048
vivienohara39
vivienohara39
20/07/2013 17:58
Y así consiguió lo ambicionado, Raimundo seguía petrificado, intentando controlar cada poro de su piel que le gritaba y le provocaba a saltar sobre él cual depredador y estrangularlo con sus propias manos, por tan siquiera nombrarla, y mucho menos insinuarla cómo lo había hecho. No lo soportaba más, por si le quedaba alguna duda el destino se estaba encargando de disiparla golpeando su pecho cada vez con mayor crudeza, tornando cada vez más su expresión, ya que esforzado como estaba en intentar disimular lo que su mente ocupaba, no advirtió en lo tensa de su figura, más semejaba una rígida estatua, que a la vez parecía empuñar al mismísimo mal entre sus manos, pues sin ser consciente fue apretando sus puños encerrando en ellos lo que no podía descubrir ante los que lo rodeaban, hasta que sucumbieron y los vendajes que aún los cubrían comenzaron a teñirse de un rojo intenso, hallando la atención de la mirada de León, que se complacía en lo que veía con sumo gusto.
- ¡Raimundo! ¡Sus manos! ¿Qué le ocurre?- León lo miraba con nerviosismo, imitando una preocupación fingida, a la vez que trataba dar con el origen de la sangre, más Raimundo lejos de colaborar estaba absorto, ajeno a lo que ocurría…
- ¡Emilia! – Llamó el Castro, en busca de ayuda que hiciese reaccionar al Ulloa.

Emilia acudió rauda, pues se encontraba al otro lado de la barra.- ¡Padre! ¿Sus manos! ¿Qué ha ocurrido?- Preguntaba a medida que intentaba destapar el vendaje y ver el origen de la herida, gesto que sacó de su ensimismamiento a Raimundo, despertándolo de su particular pesadilla.
- Tranquila Emilia, que no es nada. Ayer anduve cortando leña y sin darme cuenta se me vinieron unos troncos encima de las manos, haciéndome algún que otro rasguño, y se me ha debido de abrir alguna de las heridas. Nada de enjundia, en un par de días curará.- Intentó sosegar a su hija con sus palabras y dedicándole una tierna sonrisa, pues lo que menos quería era tener que dar más explicaciones.
- Mire que le digo que ya no tiene edad para andar como un zagal y usted que no hay manera. La próxima vez se espera que Alfonso se encargará con gusto de ello. Y ahora se va a ir a casa a curarse como Dios manda esas heridas y echarse un rato que tiene cara de no haber dormido una miaja.
- Haga caso a su hija Raimundo, pues pocas hay como la suya y bien lo quiere, no la haga enfadar. Además él mismo me admitió hace un instante lo poco que la jornada les ha permitido descansar.- Dijo, mostrando su cara más amable y el desvelo por su amigo. Emilia, quedó extrañada al escuchar a León, pues el día de hoy y de ayer eran dos jornadas más entre tantas, más no quiso indagar por riesgo de perjudicar a su padre, que en ciertos terrenos era mejor permanecer al margen.
- Así lo haré, pero si queréis que no me comporte como un zagal dejad de tratarme como si de un niño se tratase, pues ya voy peinando canas tiempo a.
- No debería quejarse de las atenciones de los que lo quieren, pues a nuestra edad poco más nos queda. De hecho, lo míos deben estar esperándome. Dije que volvería la hora del almuerzo, y aún tengo que preparar los enseres para mi viaje.

Raimundo se escamó con aquella frase, en un primer momento temió se tratase de un viaje de recién esposados, pero conocía bien a Francisca y a ésta no le gustaba ausentare de Puente Viejo, acostumbrada como estaba a que nada escapase a su control, de manera que aún a riesgo de no recibir la respuesta deseada inquirió: - ¿Se va usted de viaje León?
- Así es amigo, pues tendré que posponer tanta dicha un día, por la ineptitud de la burocracia en este país.
- De importancia deben ser esos papeles para hacer a la Señora salir del pueblo, pues son pocas las veces que ha osado dejar estos lares. – Dijo una Emilia sorprendida.
- Y no será ésta una excepción Emilia, no es más que papeleo, y sabiendo lo poco que le agrada alejarse de La Casona, decidí ahorrarle el paseo y encargarme yo personalmente.
- Muy caballeroso por su parte León, se ve que la aprecia con sinceridad.

El Ulloa obtuvo lo que deseaba, y sin saber por qué, le agradó en sumo saber que al menos por aquella noche él no la tendría a su lado…

- Y sin más dilación debo marchar. Cuídese esas manos Ulloa.
- Así haré, y que tenga buen viaje amigo.
- Con Dios.- Dijo su hija.
- Gracias Raimundo, a más ver Emilia.- Y así marchó.


Era bien entrada la noche, las sillas ya encontraban reposo sobre las mesas que las acogían, menos una, pues aún servía de sostén a otro cuyas fuerzas lo vencían, y ese no era otro que Raimundo Ulloa. Allí estaba, con la mirada perdida en aquellas paredes que él mismo había levantado, en la soledad de la oscuridad acompañado únicamente por sus pensamientos, que no le daban tregua alguna. Sin embargo, el mismo cruel destino que lo había llevado al estado en que ahora se encontraba, bien compadeciéndose de él, bien burlándose por lo que serían el resto de sus días conviviendo con aquella tortura, había osado darle un momento de sosiego, a pesar de conocer la cercana caducidad del mismo. Al menos por aquella noche no tendría que padecer sabiéndola en brazos de otro hombre imaginándolo mancillando su piel. Pero poco era ese consuelo, sabía que sus actos uno tras otro lo habían empujado a la desdicha que hoy vivía, haciéndolo conocedor de la identidad de su verdugo, que no era otro que él mismo… Entre susurros, observando lo que la luz de la noche le permitía de su penoso reflejo en el espejo que adornaba la entrada de la posada, se preguntaba…

- ¿Acaso creías de veras que siempre estaría ahí? ¿que podías permitirte el privilegio de errar repetidamente, que infinitas serían las oportunidades? Pues ¿tan pagado de ti mismo te sentías? ¿tan cobarde eres como para lanzar a los brazos de otro lo único que tiene valor para ti? Eres un imbécil Raimundo Ulloa, un completo inepto, que se prodiga en saberes de la vida, en ideales, en romanticismos aprendidos de grandes literatos, ¿para qué? Para contemplarlos solo, mirándose en ese espejo resarciéndose de cuan gran hombre es, sí grande y honrado, pero el más desdichado de todos…¿es que acaso no era la mayor de las pretensiones creerse por encima de las debilidades?¿qué pretendía?¿creerse mejor que ella por no asumir sus propios impulsos? Y si simplemente era eso, vanidad, soberbia que prefería no bajarlo del pedestal en que se tenía antes que reconocer que estaba embrujado por aquella mujer, y que sería capaz de desafiar todos los principios de la naturaleza por ella… Te crees por encima del bien y del mal, dando lecciones de honestidad, cuando el más cínico de todos lo tienes delante, pues sabes que ella lo es todo, que si te dijese ven, lo dejarías todo sin apenas rozarlo por el pensamiento, y eso es lo que temes Raimundo, la debilidad de verte en manos del otro, de saber que lo perteneces cual marioneta en sus manos, exponiéndote a la equivocación, al abandono de ese ideal humano…Pero…¿es acaso mejor saberse propio de uno mismo mirando alrededor para no encontrar nada? Has querido igualarte a esos dioses a los que niegas y perfías, negándote tu naturaleza humana, rechazando el amor que sientes sólo por creer que ése es el mayor de los errores pues la diana del mismo no cumple tus expectativas de bondad, serás iluso…Tú que contribuiste con creces a que fuese quien es…que la abandonaste en las garras del mayor de los depredadores…
#2049
vivienohara39
vivienohara39
20/07/2013 17:59
Acompañando el final de tamaña reflexión, algo relampagueó en el espejo, cual luz llamándolo desde la oscuridad…Ésa que en otras tantas noches vacías lo había acompañado, actuando para él como fiel carabina, ahogando sus penas por no tenerla…Ésa misma, estaba ahí, tentándolo cual serpiente hechicera…Y sin ser consciente de sus actos, ya inclinando el vaso, se abandonó al contacto de su vieja amiga, abriendo la puerta a lo prohibido, dejándose arrastrar por esa debilidad que había mantenido encerrada demasiado tiempo…Y mientras vagaba por la estancia portando la botella, recuperó el reflejo, mas ahora, fruto de la ensoñación, del flujo de aquella bebida o de su propia locura, mostraba algo bien distinto…, era ella, Francisca, su sonrisa, su mirada, sus manos, sus múltiples facetas, desde la de mayor indignación, altiva, fuerte, a la más tierna…Sin embargo, poco a poco fue apareciendo una sombra oscura a su alrededor, que la iba atrapando como si de brazos se tratase, alejándola de él, llevándosela a la profundidad de las sombras…
A la vez se dejaba llevar por aquella desazón, gritando con la expresión atormentada, rogando se la devolvieran…- ¡Francisca!- Gritó, acercando sus pasos hacia el origen de tan cruel imagen, extendiendo el brazo con la ingenua intención de retenerla, hasta que tropezó con la silla, que minutos a lo sostenía, haciéndolo chocar con el suelo…
El golpe, lo despertó del terrible sueño, más envalentonado por el estímulo del elixir, tomó acopio de todas las fuerzas que lo habían abandonado hasta entonces, y se decidió a acudir en su busca, lo escucharía, esta vez lo haría quisiera o no, pues era suya y de nadie más, como él era suyo sin recordar apenas cuando.

Al otro lado del pueblo, en el interior de su gran refugio se encontraba ella…Por más vueltas que daba en la cama, no conseguía que el sueño la venciera, demasiadas eran las ocupaciones de su cabeza, mas sólo una era su sustento…el miedo. No dejaba de preguntarse en qué había estado pensando para encontrarse de nuevo bajo el yugo de un hombre, de un hombre que jamás sería el dueño de su desasosiego… Sabía de la nobleza de aquel su esposo, y de la tregua que aquella noche le concedía, pero también era consciente de la banalidad de todo aquello, pues tarde o temprano debería ejercer de esposa, se lo debía a sus votos…y a aquel hombre que la amaba con sinceridad…Y, qué haría entonces…Sólo imaginarlo la atemorizaba a la par que la escalofriaba, no se sentía capaz de entregarse a un hombre, y mucho menos a uno que no amara. Pocos sabían en verdad de lo padecido al lado de su difunto esposo, más ella misma había hecho lo imposible por eliminarlo, aunque con poco éxito, ya que las huellas de tal terror serían marcas que viajarían con ella hasta el final de sus días, atizándola como el látigo en su día, cada vez que las consecuencias de lo vivido se empeñaban en hostigarla. El mero hecho de imaginar la sensación de sus manos rozándola la helaban por dentro, soportar sus labios sobre su cuerpo…Permitir lo que hacía demasiado tiempo no permitía a nadie, dejarse a las manos del otro…- ¡No!- Gritaba con terror y con una mirada que descubría el pavor que sentía a la vez que tímidas lágrimas surcaban su rostro...
Así, intentando acabar con los fantasmas del pasado que la perseguían una vez más, decidió bajar a la cocina y ayudarse de una tisana que templara su ánimos… Se enfundó la bata de seda que se encontraba sobre la silla y se dispuso a bajar las escaleras…

Frente a La Casona se encontraba un Raimundo Ulloa con la mirada profunda, encendida por la bebida, decidida… Le seguía una porte segura, firme a la vez que frágil por la ligera inestabilidad de sus pasos. Y de aquella facha, con el chaleco gris que lo cubría desabrochado, la camisa blanca a medio desabotonar y las mangas remangadas, se plantó frente a la puerta de la gran fachada, cuando vislumbró entre la oscuridad de la noche una tenue luz que parecía provenía de la cocina…A sabiendas de las horas que eran, y teniendo en cuenta que el servicio debía estar descansando, se decidió a entrar esperando encontrarla…

Abrió la puerta y allí estaba ella, de espaldas a la misma, erguida, y tan hermosa como siempre, más si cabía, pues su atuendo sólo conseguía ensalzar aquello que lo nublaba con sólo imaginarlo…

- Buenas noches Francisca Montenegro…- Se presentó con voz susurrante y provocadora…

Al oírla, dio un respingo acompañado de un fugaz giro, derramando con ello el vaso que portaba que estampó contra el suelo resquebrajándose al ritmo que lo hacía ella misma a medida que sus ojos se encaraban con quien sospechaba y temía…Raimundo Ulloa…

- ¿Tú? ¿Qué haces aquí?¿Quién te crees que eres para presentarte a estas horas en un lugar decente como es mi casa Ulloa?¿es que acaso has perdido todo tipo de modales? Y de esa…facha…- Dijo simulando desprecio con la mirada, cuando en realidad se deleitaba observando el torso del único hombre que había logrado hacerla vibrar en cada partícula que cubría su cuerpo, tanto o más como lo lograba en ese mismo instante…- Aunque no se a qué mi asombro, pues qué se puede esperar de un mísero posadero como tú…- Se esforzaba en revestir su turbamiento con palabras de desprecio…
- Lo mismo podría decir de ti Montenegro…Acaso ¿son horas éstas para andar cual ánima, en lugar de disfrutando del descanso que deberías siendo como eres una dichosa mujer casada?- Contraatacó acercándose a ella hasta quedar a un metro escaso de sus ojos, a los que tenía clavados sin permitirles desvío.
- Quizás sea ese el culpable de mis desvelos, más en ausencia de mi recién marido no consigo conciliar el sueño…- Dijo ella, queriendo herirle en los más profundo elevando la ceja en señal de superioridad…
- Es otra manera de verlo…más que se puede esperar, después de saber lo poco que le cuesta a una mujer como tú entregarse al primero que se lo ofrezca sólo por herirme…- Escupió sin ser apenas conciente de sus palabras, llevado por su siempre orgullo…

Al instante sintió quemar la mitad de su rostro, ahora marcada por la huella de su mano…pues bien merecido lo tenía…¿ésta era la manera en que pensaba decirle lo que en realidad ansiaba? Muy bien Raimundo, te estás cubriendo de gloria…pero el simple hecho de escuchar esas palabras lo aturdían sin atender a su razón, como si mil dagas le clavasen…
#2050
vivienohara39
vivienohara39
20/07/2013 18:01
Francisca, con las lágrimas gritando por salir de sus ojos por la dura punzada que acababa de atravesarla, lejos de amilanarse lo encaró…

- Eres un maldito cobarde Raimundo, un egoísta y un necio, pero lo que jamás esperé de ti es que fueses un vulgar canalla más…Nunca lograrás entender nada…, por más que lo tengas delante seguirás guiado por tu ceguera…- Acompañando aquellas palabras con la más sinceras de las expresiones de decepción.- ¡Fuera de mi casa! ¡Lárgate! No quiero volver a verte, no mereces nada que pueda venir de mí, ni siquiera mi desprecio.- Espetó señalándole la puerta por la que segundos antes había entrado, destrozada cómo estaba…
- ¡Sí!- Gritó él. – Lo soy, soy eso y mucho más, pero no te creas libre de ello, ya que ¡Tú! Eres la única culpable, ¡Tú! ¡Que has logrado abandonarme a la locura, diciendo insensateces, palabras hirientes para poder esconder lo que en verdad siento Francisca! ¡Porque desde que te sé de otro no vivo, porque tan sólo de pensar que él te toca me muero, imaginarte en sus brazos, imaginar que le otorgas tus besos, que sus ojos te contemplan cómo yo no puedo, qué cada noche serás suya como ya no eres mía, entregándole aquello que me pertenecía, tu pasión, tus caricias, tu desasosiego! Y lo pero no es eso, no…Lo peor es saber que tú has olvidado lo que yo no consigo…Dime Francisca, ¿Qué debo hacer para sacarte de mis pensamientos, para echarte de cada uno de mis sueños, para no anhelarte cuando no te siento, para dejar de hervir de celos cuando con otro te veo? ¿Qué me hiciste para que estar atado a ti por siempre? ¡Dime!- Gritaba él, con los ojos incendiados, cuando sin darse cuenta tenía asido el brazo de Francisca…Y ésta, sacando todo el coraje del que hacía gala, se zafó de él siguiéndole con su cruel respuesta…

- ¿A qué juegas Raimundo? ¿Qué pretendes con todas estas majaderías? ¿Cómo te crees siquiera en el derecho de perturbar mi descanso cuando te viene en gana? ¡Tú, te atreves a venir a mi casa, a juzgarme por querer acompañar mis días con un hombre, hombre al que tú mismo me lanzaste haciendo gala de tu caballerosidad y del querer para con tus amigos! Eres un cínico y un hipócrita, además de un borracho… Ya veo, nunca tuviste agallas y una vez más lo demuestras, pues a la primera de cambio te lanzas a tu gran amiga la botella, y luego osas presentarte aquí alto en gallardía para espetarme lo mucho que sufres viéndome con tu fiel amigo…¿qué es lo que quieres Ulloa? ¿qué esperas? ¿torturarme? ¿Qué me rebaje una vez más para darme la espalda? No Raimundo, no vas a conseguir pisotearme ni una sola vez más… Y ahora márchate si no quieres que avise para que otros lo hagan…- Dijo dándose la vuelta con el fin de ocultar las gotas que recorrían su expresión rota por el dolor, quedando frente a la encimera sobre la que quedaba aún cristales fruto de los pedazos de aquel vaso que bien era su propia persona…

En ese momento, Raimundo apostó por lo que siempre había deseado desafiándola…

- ¿Aún me preguntas qué es lo que quiero Montenegro? Porque sí, queriendo aplacar el fuego que me arde por dentro recurrí a mi mayor debilidad, más no creas que por eso ando nublado el entendimiento porque jamás estuve más cuerdo de lo que lo estoy ahora Francisca…Y escúchame bien lo que te digo… ¡Lo único que quiero, he querido y querré hasta que mis días se apaguen serás tú!- Y en ese momento tomándola del brazo con vigor a la par que delicadeza la giró y la estrechó entre sus brazos como si fuese a escapársele de los mismos, y mirándola fijamente…- Te amo Francisca Montenegro.- Y tomó sus labios cómo si otros no existieran, mostrándoles cuan devoción guardaba por ellos, sin darles opción, disfrutando de su textura y de su respuesta, más tentados por él, desobedecieron a su dueña sucumbiendo a la sensualidad que los llamaba, lo que le hizo ganar confianza ciñéndola más si cabe entre sus manos, rodeando su cintura, palpando la textura de sus ropas bajo ella, el estremecimiento que causaba a su paso…Receloso por cada parte que escapaba a él, por cada tela que la cubría estorbándole por el camino…Y poco a poco comenzaron a disminuir el ritmo, dejando que sus labios disfrutasen de aquel último contacto antes de separarlos lentamente…, sustituidos por el tacto de la frente de ambos…Y ella con los ojos aún cerrados…- Por qué me haces esto Raimundo…- En ese momento se oyeron unos pasos …


Y sin mediar palabra alguna, hablando con la minada, ambos fueron concientes de que aquello no debía haber pasado y de lo peligroso de la presencia de Raimundo allí a aquellas horas, pues pocas posibles explicaciones podrían excusarlo. Así, manteniendo sus ojos unidos por aquella frágil línea, que sólo ellos percibían, finalmente marchó de la Casona, dejando a una Francisca intentando recomponerse cuando aún sentía el tacto de él sobre ella… Y bajando por las escaleras que daban a la cocina apareció una Mariana portando un leve candil con la cara temerosa hasta que topó con la de su señora.

- ¡Santo Dios Mariana! ¿Qué pretendes? Matarme de un susto… Por más años que sigas a mi servicio no lograrás hacer una a derechas…- Dijo mostrando expresión de disgusto, disfrazando su verdadera desazón.
- Disculpe señora, es sólo que oí un estruendo y acudí alarmada por si algo hubiera pasado.- Intentaba excusarse Mariana.
- Pues cómo puedes ver aún no ha comenzado otra gran guerra, más únicamente se nos rebeló uno de los vasos de la vajilla y queriendo escapar de tamaña legión fue a parar al suelo estallando en pedazos. – Contestó Francisca con gran sarcasmo incomodando a la criada.- Y ya que me has importunado, soluciona este desaguisado y márchate pues, ya que no consentiré menor rendimiento mañana debido a estos escarceos nocturnos.
- Así lo haré Doña Francisca y dispense las molestias. Que pase buena noche.- Dijo la muchacha.
- Con Dios Mariana.- Y se marchó aún azorada a su alcoba.


Al día siguiente, a media mañana regresó León tras finiquitar los trámites en la capital. Al entrar a la que ahora era su casa, fue recibido por Mariana, a quien mientras sostenía sus enseres preguntó por la señora, pues no podía esperar un minuto más por verla y acabar finalmente con aquella formalidad.

- Lu señora se encuentra en su alcoba, pues no salió en lo que pasó de mañana achacando una de sus terribles jaquecas.- Dijo la sirvienta, con el gesto cabizbajo, en señal de humilde súbdita.
- De acuerdo Mariana, subiré a verla pues. Dispón mi equipaje en mi alcoba. Gracias.
- Así haré señor.
#2051
vivienohara39
vivienohara39
20/07/2013 18:02
Entretanto, León ya se encontraba frente a la puerta de Francisca, a la que golpeó en varias ocasiones sin recibir respuesta, lo que lo llevó a adentrarse en la estancia sin haber sido invitado… Una vez en el interior, atisbó la ausencia de su querida esposa, más decidió esperar allí su regreso. En la espera comenzó a recorrer los aposentos con la mirada, estudiando cada uno de sus rincones. Muchas habían sido las veces que había deseado traspasar aquella puerta que ahora le estaba abierta de par en par, y deleitándose en aquella verdad acompañaba los pensamientos de una tímida sonrisa. A sus ojos lo siguieron poco a poco sus pasos…comenzando por aquella que la recogía cada noche y que en no mucho tiempo compartirían, pensaba rozando la textura de sus sábanas con la yema de los dedos… A ésta le siguió aquel elegante tocador que la hacía frente, mostrando los secretos de toda gran dama y de su elegante mujer… Observaba cada unos de los objetos que lo decoraban, dando con un sutil frasco que destacaba entre tantos otros, acercándoselo para percibir su aroma, pues albergaba el perfume que embriagaba su piel cada día y que a él lo sacaba un suspiro al alcanzarlo. Siguió el recorrido topando con un sutil biombo que portaba unas finas telas en lo alto, lucían delicadas, tímidas, tanto como la dueña de las mismas cuando osó importunarla con ellas puestas, pero que el tiempo le dejaría arrebatárselas no esperando en demasía…y acariciándolas mientras dejaba vagar sus pensamientos, algo lo interrumpió…

-¿León? ¿Qué haces aquí?- Dijo Francisca con la mirada suspicaz y algo inquieta por la escena encontrada …
- Buenos días querida. Al fin di contigo, pues el día lejos de ti se me hizo demasiado largo.- Dijo a medida que se acercaba hacia ella más cerca de la puerta, y evitando haberse visto algo descubierto.
- Aquí estoy pues, más…¿Qué haces tu en mi alcoba sin mi presencia? ¿Buscabas algo acaso?- Preguntó con gesto de sospecha y algo molesto…
- A ti querida, ¿qué si no? Pregunté a Mariana por ti y me transmitió tu malestar, así como que ésta te había impedido apartarte de tus aposentos. Con lo que acudí raudo a tu encuentro.- Enmascaró él tomando una de sus manos.
- Así es, esta mañana levanté con una de mis jaquecas, pero ya estoy algo mejor y decidí salir un rato al jardín. Más no me gusta que nadie hurgue en mis pertenencias sin mi consentimiento…- Sentenció ella, deshaciéndose del sostén de él y dirigiéndole una mirada de desaprobación.
- Llevas toda la razón Francisca, y no fueron tales mis intenciones. Más la falta de respuesta a mi llamada me hizo temer que te encontrases peor y de ahí que decidiese tomarme la osadía de entrar.
- Pues la próxima vez no oses tanto y espera ser invitado, ya que por lo que veo tus sentidos andan algo trastocados por los años y lo tuyo te llevó advertir mi ausencia…¿me equivoco?
- Vamos Francisca…, no peleemos, tan sólo ansiaba encontrarte tras verme privado de ti, y me entretuve disfrutando de la alegría de ver la que ahora será mi alcoba también.. acaso no le permitirás tal cosa a éste, tu recién esposo…- Dijo con expresión noble en la cara, consiguiendo que ella lo creyese, más aún se sentía culpable por lo ocurrido la pasada noche, y siendo sinceros tampoco él hizo nada que no fuese de recibo entre esposos…
- De hecho traigo buenas nuevas Francisca. Al fin acabé con todo el papeleo que nos hará figurar como matrimonio ante la ley, ahora sólo falta tu firma. Aquí traigo los documentos para que podamos dar por finalizado todo este tedioso papeleo y comencemos a vivir la vida que nos merecemos.- Dijo extendiéndole la pluma que ella misma le regaló al inicio de su visita…
- Veo que tus quehaceres en la capital no pudieron ser más eficaces…Más ya sabes que soy mujer prevenida y me gusta poder leer por mí misma todo aquello que firmo… Déjamelos ahí y esta tarde le daré el punto y final a todo esto.
- Es que acaso ¿no te fías de tu fiel esposo? Dame ese gusto querida, pues el objetivo de todas mis gestiones no era otro que poder cerrar este capítulo y saberte mi mujer ante la ley, te pido no prorrogues más esta inconveniencia…Tan sólo se trata de un mero formulario donde unimos nuestras posesiones en señal de la unión de nuestros corazones, haciendo lo mío tuyo…- Francisca quedó reflexiva ante la petición de León, pero en cierta medida era la verdad, con qué motivo postergar lo inevitable, pues eso no cambiaría su actual condición, y al menos disfrutaría de lo que le llevó a aceptarla.
- Está bien León, tras tus esfuerzos no me veo capaz de negarte lo que me pides…- Y sin más dilación tomó la pluma y firmó su sentencia…
- Al fin te convertiste en mi esposa Francisca…No sabes los años que ansié este momento…Permíteme que lo celebre como te mereces…- Y sin esperar respuesta se apresuró a tomarla entre sus brazos, rodeándola y fundiendo sus deseosos labios con los de ella, presionando un apasionado beso que no atendía al otro, dejándose llevar por sus propios instintos, recorriendo su espalda con sus dedos con fuertes caricias, la necesitaba tanto como el sentir que aquello era verdad. Por su parte ella, desprevenida ante ese encuentro, e incómoda a lo sumo por las libertades tomadas por su esposo, y que poco pegaban con su carácter, hizo ademán de separarse de él para advertirle de su desacuerdo, más no atendió a razones y ya con vehemencia comenzó a rebatirse entre sus brazos, implorando la soltara… Cuando de pronto llamaron a la puerta… León enojado por la interrupción pero consciente de que no era el mejor momento para lo que su cuerpo le pedía, la soltó dirigiéndole una mirada entre sonrisa y amenaza…exigiéndole con ella, que no malinterpretase lo ocurrido y mucho menos angustiase a nadie por algo sin importancia… Ella, tras sus muchas experiencias y batallas con miradas como esa, fue consciente de que algo se le escapaba de las manos, aquella reacción no era propia del León que ella conocía, más sí de otro con su mismo apellido…

-¡Madrina! ¿se encuentra bien?
- Sí María, disculpa, que se te ofrece…
- El almuerzo está dispuesto ya en el comedor, baje no se vaya a enfriar.
- Enseguida bajo cariño.- Contestaba a María a medida que miraba fijamente a León, abriendo la puerta, evitando con ello actuar sin sopesar aún lo que acababa de ocurrir…



Se dio la comida sin percances, al menos sin tener en cuenta la conversación de miradas que se traían los recién desposados, pero que pasaba inadvertida para los allí presentes. Francisca apenas probó bocado, pues su mente se encontraba aún en su alcoba reviviendo lo que acababa de ocurrir e intentando darle una explicación a aquel comportamiento… Lejos de lograrlo, sólo consiguió fomentar su angustia, alimentada por los ojos de León tras ella, sintiendo su escrutinio constante como si bajo vigilancia se encontrase, controlando sus pasos y sus palabras… Sin embargo, como siempre había hecho, en momento alguno perdió su talante y figura, alejando aquellos miedos, pues no permitiría que tras todo lo luchado y lo perdido por ello, ahora se fuese a achantar ante ningún hombre…Y así sus ojos le devolvían cada envite con mayor fuerza si cabía. León a su vez, se mostraba impaciente, en su fuero interno deseaba acabar de una vez por todas con toda aquella pantomima, así como alejar a los que en ese momento le estorbaban impidiéndole la intimidad de que requería para aclarar los términos que a medias habían quedado…
Y mientras el resto de comensales acababan con el postre…
#2052
vivienohara39
vivienohara39
20/07/2013 18:03
- ¿Qué te parece si damos un paseo por la finca esta tarde querida?- Preguntó León, con intención de encontrar la soledad que buscaba.
- Me temo que muy a mi pesar me va a ser de todas imposible....Pues esta tarde he de resolver unos asuntos de la textil con Mauricio y no puedo demorarlos más, ya que tras las ocupaciones del enlace desatendí algunos que otros quehaceres y debo retomarlos a no más tardar.- Contestó ella, dirigiéndole la más apenada de las sonrisas, entrando en ese juego de intenciones encubiertas...Pues lo que en realidad buscaba era rehuir lo que su reciente marido se esmeraba en provocar, no antes de asegurarse de sus verdaderos propósitos, pues temía que tras lo vivido se descubriese presa de la ingenuidad que tanto se había esforzado en alejar durante años…
- ¿Vas a rechazar un paseo con tu recién esposo a cambio de un montón de papeleo querida? Dispensa esos quehaceres y dame el placer de poder estrenar nuestras tierras llevando a mi mujer del brazo, sabes que no hay cosa que me produzca mayor orgullo.- Insistió él disfrazando con una falsa sonrisa lo que en verdad era una persuasiva y amenazante invitación.
- Lleva razón Don León madrina. Siempre está dedicada a sus obligaciones y poco a su disfrute, ya va siendo hora de que empiece a pensar más en usted, y qué mejor momento que ahora que disfruta de un marido que quiere la mayor de sus dichas.- Dijo María con intención de hacer un bien, pero ignorando lo que en realidad allí se estaba lidiando.
- Lo sé cariño, pero un patrimonio como el mío no se lleva sólo, y de no haberme dirigido así durante toda mi vida, no tendría lo que ahora poseo, y ya soy demasiado vieja para cambiar de procederes.- Comentó con la mayor de las habilidades de la interpretación, reafirmando su postura y aprovechando para dirigirse de nuevo a León.- No sabes cuánto siento tener que privarte de cualquiera que sea tu deseo, pues bien sabes que poco puedo negarte, más esta vez es el deber quien me llama y debo atenderlo con premura antes de que el trabajo atrasado me gane la batalla. Prometo compensarte en cuanto lo disponga todo al día.- Emitió la mejor de sus sonrisas.
- Está bien esposa mía, no seré yo quien te contraríe.- Añadió frente a Francisca a regañadientes, tras no haber conseguido su objetivo. Más dirigiéndose luego a María, consiguió inquietar de nuevo a la Montenegro, a la que no perdía de vista de reojo…- Y gracias por el apoyo muchacha, pero está claro que la tenacidad de tu madrina no es fácil rival, así que le dejaremos ganar la batalla, más la guerra será nuestra. Así, esperaré con ansias termines con esas arduas labores y pueda disfrutar de tu compañía más tarde, ya que mereceré tu compensación por los daños.- Dijo mostrando la más dulce de las caras que se encargaba de encubrir una manzana emponzoñada, consiguiendo aún así, sacar la sonrisa de María y el escalofrío de la misma Francisca al sospechar el verdadero significado de sus palabras…
- Agradezco tu comprensión León, prometo acabar con la mayor brevedad posible.
- No hay nada que agradecer Francisca, pues sabes que sólo ansío tu bienestar y sé que éste no llegará hasta saberte libre de tus responsabilidades, así que esperaré paciente. Mientras tanto aprovecharé para dar un paseo por la finca y por el pueblo, que a nuestra edad siempre viene bien estirar las piernas.- Apuntó dirigiéndose a todos los comensales a medida que abandonaban sus asientos.

Al dar por finalizada la comida, cada uno se dispuso con sus quehaceres, quedando al fin sola en La Casona, pues María y Fernando irían al Jaral a hacer una visita a su prima Aurora demorándose hasta después de la cena, lo que le concedía el tiempo necesario para hacer averiguar toda la información que requería sobre León Castro. Pasó así la tarde entre llamadas de teléfono, valiéndose de todas sus influencias hasta que el sonido de la más esperada llegó… Entre angustiada por la posible respuesta y deseosa de conocerla, acudió rauda a descolgar el teléfono, y con ello confirmó la peor de sus sospechas…Apenas pudo terminar la conversación cuando se le heló la figura, como si el tiempo se hubiese detenido, fijando la mirada al infinito a la vez que el auricular resbalaba poco a poco de entre sus manos, como si de su vida se tratase, pues la respuesta a sus gestiones así se lo revelaba… Aquella llamada cerró el telón a la fantástica actuación que había llevado a cabo todo este tiempo aquel hombre…, descubriendo al que había bajo todas aquellas mentiras, y a sí misma, víctima merecida o no de aquella burla del destino…

- ¡Señora! ¿Está bien? ¡Señora! ¡Doña Francisca!- Aclamaba Mariana, que sobresaltada por el golpe del aparato al chocar con el suelo acudió a comprobar lo ocurrido, encontrándose a Francisca atrapada por las palabras que acababan de desvelarle…E intentando hacerla reaccionar comenzó a llamarla, hasta acabar zarandeándola, aún a riesgo de una de sus reprimendas, que llegó a no más tardar, logrando con ello devolverla a la realidad de nuevo…
- ¿Qué te crees que estás haciendo Mariana?- Dijo a medida que volvía en sí, dirigiendo sus ojos en total desaprobación a las manos de Mariana que aún la asían. - ¿Te crees acaso que soy uno de los sacos de comida con los que bregas todos los días? ¡Aparta esas manos harapientas de mí!
- Disculpe señora, no quería importunarla, es sólo que…- Intentaba excusarse la criada con la mirada cabizbaja, más sin permitirla apenas terminar la frase…
- ¿Sólo que qué Mariana? ¿Cuántas veces he de repetirte que no eres más que una sirvienta y que eso es a lo que debes limitarte? Ahora haz algo útil y llama a Mauricio, que se persone ante mí con la mayor premura posible, y después sírveme una tisana. Y ni se te ocurra molestarme en lo que queda de tarde aún llegando los jinetes del Apocalipsis ¿estamos?
- Sí señora, así lo haré. Dispense.


Ya anocheciendo León decidió tomarse un vino antes de volver a la Casona, intentando con ello que sus ánimos llegaran lo más templados posibles y no perder los estribos al enfrentarse a su esposa a cara descubierta. Sin embargo, obtuvo lo opuesto cuando una banal conversación entre Alfonso y Emilia tras la barra, consiguió captar su atención embraveciendo un mar de dudas y celos que comenzaron a inundarlo a medida que las palabras se hilaban en su cabeza…

- Estoy preocupada por mi padre Alfonso, ayer lo encontré regresando a casa casi con el alba, y con todo lo que ha ocurrido con Doña Francisca, temo intentara cometer alguna locura en contra de la señora…- Decía una Emilia con gesto de preocupación en el rostro llevándose la mano al pecho con él. Pasados unos segundos y escamada al observar la cara desencajada de su marido a la vez que sus intentos por rehuirla, tomó la palabra de nuevo.
- Habla Alfonso. ¿Qué ocurre? ¿Acaso hay algo que yo no sepa? – Le inquiría con angustia reteniendo sus ojos con los suyos tomándolo del brazo, para impedir así su escape, pues su nerviosismo lo delataba. El hombre, incapaz de ocultar nada a su mujer por sus malas artes para con la mentira, no le quedó de otra que contarla lo que sabía… sin advertir la compañía con la que contaban…
#2053
vivienohara39
vivienohara39
20/07/2013 18:04
- Cierto es que hay una cosa que deberías saber, más no quiero que te preocupes sin contar con hechos fehacientes que nos verifiquen lo que tu mente estará cabilando… ¿me lo prometes?- Decía el hombre, mostrando su temor ante la reacción de su mujer…
- ¡Habla de una santa vez Alfonso, que me estás amoscando en gordo!
- Se trata de la casa de comidas… Sabes que hoy como tantos otros días, acudí al primer despunte del sol a comenzar con mi jornada…
- Y bien…Alfonso al grano que estás consiguiendo acabar con mis nervios.
- Pues resulta que al llegar encontré algún que otro desperfecto, entre ellos una de las sillas arrojada al suelo, junto con una botella de licor hecha pedazos.
- No entiendo nada Alfonso..¿qué estás queriendo decirme? Acaso insinúas que fue mi padre el causante de aquello…- Le preguntaba Emilia indignada tras las palabras de su marido, dando la cara por su padre…
- No insinúo nada cariño, de hecho lo primero que pensé fue que se tratara de algún ladrón de poca enjundia, pero la cerradura no estaba forzada, y a media tarde sirviendo a Manolo, el de la Puebla, me preguntó por Raimundo, afirmando haberlo visto en el camino que regresa de la Casona antes del amanecer y con la expresión perdida, pues mencionó haberlo saludado y no haber recibido respuesta alguna…

Aquellas últimas palabras resonaban en la cabeza del tercer disimulado oyente, estallando en ira al pensar en la traición, y sin atender a nada más, dejó unas monedas sobre la barra y marchó presuroso a rendir cuentas al causante de todos sus males, y con el que debió haber acabado en su día…

-¡Adelante!- Gritó un apesadumbrado Raimundo desde el interior de la casa. Siguiendo el permiso concedido, el de Castro se adentró en la estancia con una mirada despiadada que consiguió recelar al Ulloa.
- León…- Dijo con tono entre asombrado y desconcertado. Tras lo ocurrido la noche anterior se sentía el más hipócrita de los amigos, reflejando el sentimiento de culpa en la expresión de su cara que en aquel momento se dirigía a la de León.
- Por su tono diría que no le agradase mi presencia... Significa eso que lo pillo en mal momento o es que acaso le molesta mi visita...- Decía el de Castro a medida que cruzaba la entrada, empleando el sarcasmo para delatar al Ulloa a la vez que cerraba la puerta a sus espaldas.
- Nada de eso León, usted siempre es bien recibido en esta casa, descuide. Es sólo que pasé una noche toledana y me ha pillado dispuesto a marchar a la cama.- Intentaba disimular Raimundo dedicando una sonrisa a su amigo a la par que evitaba la demora de la visita.
- ¡Vaya! y ¿a qué se debe tanto desvelo nocturno? Será acaso la falta de conciencia tranquila...- Apuntaba León lanzando una pulla al adversario consiguiendo aflorar su nerviosismo, ya palpable en su tono de voz y gesto, aunque tratando de enmascararlo lo tomó a chanza y siguió con el juego preso de su ignorancia...
- Demasiado aburrida se me antoja mi vida como para permitirme malas conciencias, querido amigo...Serán los años ¡qué no pasan en balde!- Dijo acercándose al otro hombre, con una sonrisa en la cara.
- No es eso precisamente lo que se comenta por ahí amigo mío...- León comenzaba a levantar cartas, aunque sólo las que le convenían intentando utilizar lo ocurrido en su provecho y logrando sembrar la culpa y la angustia en quien tenía enfrente, acompañando sus procederes de la mayor pose de indignación y despecho.- Más bien se escucha que no puede vivir sin encarar a la que hoy es mi mujer, y que no teniendo la valía ni la honradez de hacerlo en presencia de su marido y amigo, se vale de la noche para asaltar casas ajenas, sin apuntar que hasta para eso debe hacer uso de la botella, pues ni con una mujer indefensa se atreve...


Al oír tamaña acusación Raimundo empalideció en el acto. Era cierto, cada una de las palabras mencionadas por ese buen hombre eran fieles a la verdad y lo hacían el más deshonesto de los hombres por ello. No sabía cómo actuar, ni qué decir, pero negándose a seguir ensuciando su nombre con mentiras y malos actos, creyó que lo mejor sería encarar sus desatinos e intentar limpiar su conciencia recomponiendo lo ya dañado.


- León... Lo siento de veras...No me veo capaz de negarte ni uno solo de los hechos por los que me acusas, más me declaro culpable. Pero antes de formarte la peor de las opiniones sobre mí, dame la oportunidad de explicar mis razones...te lo pido por la amistad que nos unió.. aunque la haya traicionado de la peor de las formas y no merezca tal beneficio por tu parte...- Decía un Ulloa cabizbajo, intentando ocultar su rostro debido a la vergüenza que sentía.
- ¿Razones dices? Es que acaso ¿existe razón que justifique que aquel que se hace llamar tu amigo aceche a la esposa de uno, la segunda noche tras desposarla, aprovechando la ausencia de éste para hacerle viles chantajes y apartarla de su lado? Perdona a éste por no brindarte la virtud del perdón, más no la mereces, habiendo magullado la mano de mi amistad con tal vil engaño... Jamás pude esperar algo así de usted, que se prodiga hombre de palabra, fiel a sus principios... Es el mayor de los hipócritas Ulloa.- Lideró aquel discurso con la mayor de las actuaciones, interpretando un magistral papel principal de decepción y humillación que alimentaba la culpabilidad del allí presente.
- Así es, León... Soy el más hipócrita de los hombres, y me avergüenzo sobremanera por ello... se lo aseguro. Soy víctima de la mayor de las debilidades de nuestro género, y usted la conoce bien, no es otra que una mujer, y sí, llamada Francisca Montenegro. He de ser sincero de una vez por todas con usted y conmigo mismo antes de que me retire la palabra, aunque no pretendo exculparmne con ello, pues será algo que pese sobre mi conciencia. El día en que me refirió sus intenciones de desposarla, he de reconocer que nunca pude barruntar que lo conseguiría...- Explicaba cabizbajo, ocultando su humillación...- Y cuando llegó la hora de la verdad, topé de bruces con aquello que me negaba constantemente...- Narraba dando pequeños golpes sobre el respaldo de una de las sillas, tomándolo de diana de su impotencia.- Y no es otra cosa que mi unión con esa dichosa mujer...no sabría referirle si se trata de amor, obsesión, ceguera, más lo que sí puedo confirmarle es que es para bien y para mal el sustento de mis pensamientos cada día, motivo por el que la creí mía tanto en el más puro de los sentimientos como en el más vil, pero mía y yo suyo, sin pensar siquiera en requerir consentimiento alguno, pues es el motor de mis latidos, quien los acelera para sentirme vivo y tan sólo imaginar que motivara los de otro hizo que la rabia y la sinrazón se apoderasen de mí, cual chiquillo sin sesera reconcomido por los celos. No pudiendo soportar saberla de usted y no mía...- Ante aquellas palabras la sangre del Castro comenzaba a ebullir ascendiendo a su rostro, reflejo de esa furia contenida, que debía reprimir para conseguir sus objetivos.- Me abandoné, cual perro callejero que no tiene adónde ir, vagando por las calles esperando que lo salven o que todo aquello acabase...Y así fue como acabé en La Casona ayer bien entrada la noche... Preso de ese miedo, dejé que mi cuerpo, liberado por la bebida, tomase el mando rebelándose ante su guía, llevando mis pasos hasta la única responsable de mi estado y a su vez la única capaz de poner fin a mi agonía…- Su mente se perdió en aquellas últimas palabras recordando la forma de sus labios y su cintura sobre sus manos...hasta que regresando a la realidad y admitiendo su fin...Viró la cabeza, situándose frente a León.- Sin embargo, el destino me ganó en prudencia, pues consiguió que Mariana interrumpiese mi desatino antes de que siquiera comenzara...- Eso era cuanto Castro quería escuchar...Pues Raimundo, bajo las garras de aquel maestro de ceremonias, le había otorgado la información que le brindaba la posibilidad de acabar con su persona...
#2054
vivienohara39
vivienohara39
20/07/2013 18:05
- Basta Ulloa. No quiero escuchar ni una más de las patrañas que salgan de su boca, ya que sus actos hablan por usted, si es que merece ser tratado así siquiera. Mi presencia aquí dista mucho de pretender entablar palabras con usted, pues mi único objetivo fue el de cumplir con la promesa que hice ante Dios y proteger a mi esposa de las garras de un ser tan miserable como usted Raimundo. Ya que fue ella, quien enojada a la par que incomodada por lo ocurrido ayer, se acercó a referirme tu osadía. Y manteniéndola al margen de mi proceder me encaminé hasta aquí por última vez con el único fin de exigirle que se aleje de ella, y por ende de mí. No le permitiré arrebatarme lo que tantos años llevo anhelando ahora que lo poseo...- La manera de hablar de Francisca que tenía León, junto con la desazón que mostraba su faz, desconcertaba a Raimundo, pero su aún vilipendiada conciencia no le permitía atender a su instinto, anclándolo a la alusión al enfado de Francisca, lo que lo abatía sintiéndose derrotado por aquella locura que sentía...- Así pues, antes de marchar le diré que si osa acercarse a mi mujer, lo lamentará más de lo que pueda siquiera imaginar...- Amenazó León, acercándose a Raimundo enfatizando sus intenciones intimidatorias.
- Descuide señor Castro, jamás volveré a interponerme en su camino ni en el de su esposa, y esa será mi mayor condena...- Contestó Raimundo, mirando al infinito y sintiendo el peso de su promesa hundiéndolo poco a poco sobre sus hombros.
- Más le vale…Ulloa. Advertido queda, y no soy hombre de cambiar de pareceres.- Y sin más dilación, salió de la casa con un portazo a sus espaldas, dejando a Raimundo sumido en su desgracia...


De regreso en la Casona, abrió con vigor el portón que encerraba a su dueña en su guarida, despojándose de la capa que lo cubría y encaminándose con brío hacia Mariana vestido ya sin máscaras por una expresión tan gélida como intimidatoria, que heló a la sirvienta.

- ¿Dónde está mi esposa?- Aclamó dando voces a la vez que le arrojaba sus enseres al servicio, observando de reojo el despacho donde creía la encontraría.
- En su alcoba señor, su jaqueca hizo que se retirara sin probar bocado bien entrada la tarde.- Contestó una asustada Mariana.- Rogó no se la molestara hasta mañana, y me pidió que la excusase ante usted.- Añadió con la cabeza gacha.

León quedó pensativo tras lo referido por la criada, aquello trastocaba sus planes y le escamaba en gordo, pues Francisca nunca fue mujer de achantarse fácilmente y bien parecía lo estuviese rehuyendo... Tentado ante la idea de ignorar a la muchacha y acudir a enfrentarla de una vez por todas, creyó que quizás no fuese lo más conveniente sin antes averiguar qué tramaba exactamente.

- Está bien, seguiré pues a la señora. Haz que me preparen y suban la cena a mi alcoba, me retiraré a descansar.
- Así lo haré señor.

Una vez en sus aposentos comenzó a desvestirse. Sin embargo, a mitad de camino de los botones que sellaban su camisa, algo atrajo su atención desde el suelo... Se agachó a recogerlo cuando lo reconoció, pues no era otro que una de las perlas que lucía su esposa... Al instante las conjeturas acudieron raudas a su mente, y con la mirada perdida a la par que se levantaba del suelo, sus ojos chocaron con su escritorio... Aquel simple gesto terminó de enlazar el rompecabezas, desencadenando la caída de naipes que se avecinaba...

Salió a prisa de su cuarto con un fuerte portazo, dándose de bruces con la bandeja que portaba Mariana, que fue a parar en directo al suelo, mientras su causante seguía su camino sin atender a razones...

- Señor le traigo...- Comenzaba a decir la criada cuando se vio arrollada por aquel incontrolado hombre, más cuando observó hacia dónde se dirigía su pavor aumentó...- ¡Don León! la señora rogó no la molesta...- Y antes de que pudiese acabar la frase la puerta de la alcoba de la señora ya había cerrado tras de sí. Mariana advertida por Doña Francisca, dejó sus quehaceres y se presuró a seguir las órdenes de la Doña con lo que fue a avisar a Mauricio de lo sucedido.


El segundo que duró el ruido del portazo de la puerta fue suficiente para originar un escalofrío que la recorrió hasta helarla sobre la silla que se posaba frente al tocador, donde dio con el causante del mismo a través de su desafiante reflejo…

-¿Qué haces aquí León?- Dijo en tono acusatorio mientras se levantaba encarándolo sin murallas a la vez que enlazaba su bata.
-¿Qué clase de pregunta es esa querida? ¿Acaso olvidas que soy tu esposo? Creo que eso justifica sobradamente mi presencia…- Decía acompañando cada una de sus palabras con pequeños pasos que lo acercaban a ella.
- Ignoro qué atribuciones asignas tú a tal apelativo, más entre las mías no está la de obviar mi permiso para invadir mi cuarto cuando se te antoje.- Espetó con cierto tono defensivo, cubriéndose las espaldas antes de ser sabedora de las intenciones de su esposo con aquella entrada.
- Templa querida, te noto algo crispada y tras el desplante de esta tarde dudo que merezca tal trato… O tal vez ¿sea una pérdida la causante de dicho temperamento?- Decía mostrándose intrigante y con ello consiguiendo alterar la templanza de ella, a medida que restaba distancias con la misma.- ¿Esto quizás?- Sugirió descubriendo la reluciente perla entre sus dedos frente a la vista de su mujer.

En aquel momento Francisca empalideció, pues al instante fue consciente de que ese descuido la dejaba al descubierto y sin armas frente a su adversario. Mientras, él, disfrutando de la fortuita victoria, dirigió su mano hacia la mejilla de ella, rozándola en caricia a la vez que continuaba con aquel juego.- ¡Vaya! Aún conservas la pareja…parece ser que el extravío fue reciente, ha sido una suerte que yo lo encontrara ¿no crees querida?.- En ese momento ambos combatían en miradas, él a través de la del ganador que gusta de restregar su triunfo, y ella con la del orgullo y dignidad que la caracterizaba y que aún viéndose inerme conservaban su osadía sin apartar sus ojos de los suyos. Y valiéndose de la misma, giró la cara hacia el lado opuesto en el que se posaban sus sucios dedos, apartando su brazo con un fugaz movimiento.- ¡Aparta tus sucias manos de mí malnacido!- Pero él fue más raudo en tiempo tomando su muñeca con vigor a la vez que la atraía hacia él, quedando a escasos centímetros faz con faz.
- ¿A qué estas palabras Francisca? Pensé que te alegraría…O es que acaso ¿tú preferías haber encontrado esto?- Inquirió con sorna mientras dejaba a la vista el papel que portaba en su otra mano, que mostraba su acuerdo legal de matrimonio firmado por ambos esa misma mañana, y que suponía su yugo de por vida.
#2055
vivienohara39
vivienohara39
20/07/2013 18:06
- Eres un ser repugnante León Castro.- Escupió cada una de las palabras, fulminándolo con la puñalada que lideraban sus ojos en los suyos.- Un parásito, que ni a hombre llega, pretendiendo vivir a costa de los demás, por la ineptitud de tus manejos, habiéndote dedicado a fundirte tu patrimonio en bajos placeres y mala vida, acudes ahora henchido de palabras de arrepentimiento y buenos propósitos, aprovechándote de mi relación con el Ulloa junto con una falsa enfermedad para embaucarme y hacerte con mis posesiones. Pero sea como sea y con o sin documento, no lograrás salirte con la tuya, pues aún no sabes contra quién estás jugando y no hay peor error que subestimar a tu enemigo.- Recriminó sacando toda la impotencia que la corroía tras saberse víctima de su vil estrategia.
- Siento decirte querida que llegas tarde…pues tú y tu patrimonio me pertenecéis ahora, como siempre debió ser. Al fin podré saborear mi dulce venganza aunque no esté aquí Salvador para poder contemplarla, pues tengo todo lo que siempre me correspondió y él me arrebató, incluida tú.- sentenció eliminando el poco espacio que los separaba y aumentando la fuerza de su agarre en señal de mando enfatizando sus palabras.
- Te equivocas León Castro, Francisca Montenegro jamás pertenecerá a nadie, como en su día no lo hizo a tu primo, hecho que lo enloqueció hasta llevarlo a cometer las más viles barbaridades pero que nunca consiguieron doblegarme, igual que no lo harás tú ahora, rata inmunda.- Sus ojos hervían en coraje y desafío, incrementando la frustración de quien tenían enfrente.
- Eso ya lo veremos Montenegro.- Amenazó mientras ella se revolvía en sus brazos, hasta que haciendo acopio de la diferencia de fuerza la viró bruscamente quedando enlazada por sus brazos, que la rodeaban por la cintura y el pecho, reteniéndola con vigor como si de una jaula se tratase. El repentino movimiento entrecortó la respiración de Francisca, permaneciendo inerte entre las rejas, rigidez que él percibió. Y con una macabra sonrisa comenzó a pasear una de sus manos por su figura mientras la otra la inmovilizaba, ascendiendo desde su cintura hacia su pecho y su cuello, adaptándose a cada forma y disfrutando con el repulso que dejaba a su paso que quedaba patente con la tensión de su cuerpo. Al final del camino sus manos sostuvieron su rostro mientras sus labios se posaban en su cuello humedeciéndolo en su recorrido cual marca de posesión y dominancia. Ella cerraba los ojos conteniendo la respiración hasta que no pudo más a su contacto, y comenzó a ofrecer resistencia a sus barrotes, emitiendo un afilado codazo en el abdomen de su captor, que arrodillándose y llevándose uno de los brazos al lugar del impacto, le dio la oportunidad de librarse de su agarre corriendo hacia la puerta, alcanzando a abrirla mas no a traspasarla, pues una fuerza se opuso a ella rasgando parte de la bata que la cubría, así como uno de los tirantes de su camisón, haciéndola tropezar y caer al suelo, provocándole una leve herida en la frente, momento aprovechado por León para acercarse a ella. Tomó uno de sus tobillos a medida que avanzaba mientras ella intentaba incorporarse a duras penas. Aún sentada sobre el suelo su rostro cruzó de nuevo con el Castro, quien pasó a prenderla con vehemencia de uno de los brazos situándose sobre ella impidiéndola movimiento alguno.
- ¿Adónde te crees que vas Francisca? – Inquirió León con el gesto fatigado pero resarciéndose de su victoria. Y observando su frente rasgada por el rojo de la sangre brotando…- Ves lo que has conseguido…De nada te servirá resistirte, pues mucho es lo que me debes por todos estos años y no dejaré que escapes ahora que lo rozo con la punta de los dedos. Cierto es que me gustó la buena vida, y no reniego de mis actos, mas en todos estos años ni uno sólo de los días me libré de tu recuerdo… Tu piel, tan clara como frágil…, imaginaba su tacto, su aroma- Añadía recorriendo su brazo desnudo con la yema de los dedos, mientras ella cerraba los ojos reprimiendo las nauseas del hedor de él sobre ella. – Tu belleza…Singular y elegante como ninguna encontré. Tu cuerpo. Tentador en cada una de sus curvas- Siguiendo sus palabras con la descripción al tacto de las mismas descendiendo hasta sostener su muslo, despertando la resistencia de ella con bruscos movimientos.- Tus ojos.- Decía posando los suyos en ellos, que irradiaban ira con cada destello.- Esa fuerza que me atravesaba con sólo recordarlos… Cada día padecí la locura de los celos sabiéndote de Salvador, y esa fue mi perdición, pero no bastándote con ello, lograste cautivarme aún a millas de tu cuerpo, anhelando lo que nunca probé como si de una droga se tratase… A pesar de conocer un sin fin de mujeres, a ninguna deseé como a ti, y al fin hoy serás mía Francisca Montenegro.- Aquellas palabras se clavaron como dagas en ella, agolpando los peores de los recuerdos en su mente hasta estremecerla por completo. Mas no era mujer fácil de achantar y respondió a la amenaza escupiéndole a la cara en símbolo de la repugnancia que le causaba. Lejos de hacer desistir al Castro, lo enfureció y aumentó sus ansias. – Veo que no me lo pondrás fácil.- dijo a medida que se limpiaba de la ofensa.- Siempre me sedujo de ti esa fuerza salvaje con que te protegías…- Añadió apresando sus brazos al suelo, admirándola lascivamente desde su posición de superioridad…
- No eres más que otro bastardo igual al que tanto detestas y reniegas, ya que bien haces honor al veneno de la sangre que corre por tus venas…Pero al igual que a él, te diré que por más que puedas poseer mi cuerpo, jamás poseerás mi persona ni mi razón, así como los sentimientos que acompañan mis caricias y mi entrega, pues sólo hay un hombre que pueda despertarlos y jamás llevará un apellido Castro.- Intentaba ante la resignación de lo que se avecinaba y conocía, despreciarlo y demostrar la dignidad que siempre la guió hasta en las peores de las vivencias que esta vida le había obligado a soportar…
- Ese mísero posadero jamás mereció la atención de una mujer como tú, pero estoy dispuesto a sacarte de tu error…- Y siguiendo a sus palabras, encendido por la furia de los celos, se abalanzó sobre ella recubriendo su piel con abominables caricias, cuando de pronto ésta se sintió libre de las sucias garras que manchaban su cuerpo a la par que escuchó la voz de otro hombre en la habitación… Era él, era Raimundo, nunca confundiría ese timbre de voz…

-¡Apártate de ella miserable!- Decía un impotente Raimundo a la vez que liderado por la mayor de las iras que nacía de ese gran sentimiento que lo embargaba al ver tal escena, lo tomó con fuerza de la camisa obligándolo a liberarla de su contacto, hasta estamparlo contra el suelo, teniendo la fortuna de impactarlo contra el filo de la pata que sostenía el tocador, quedando inconsciente en el acto.

Éste minutos a, mientras intentaba deshacerse de sus tormentos por los caminos, topó con un Mauricio desencajado, al que obligó a confesar la causa de su estado, temeroso por la posible implicación de Francisca. Al conocer la verdad de ése que se hacía llamar amigo, así como la peligrosa torpeza de su ingenuidad, no pudo por menos que acudir raudo a la Casona, ahora desprotegida con la marcha del capataz en busca de ayuda, estando ella indefensa ante aquel impostor apellidado Castro. Y mientras la culpa pasaba a un segundo plano corrió tanto como le fue posible, hasta llegar al gran portón desde dónde escuchó voces provenientes de la planta de arriba, acudiendo con premura y prudencia hasta que sus ojos contemplaron a ese miserable posándose sobre ella, haciéndolo hervir por dentro despertando sus más peligrosos instintos, con lo que sin pensarlo se dejó llevar por la rabia que lo desbordaba queriendo torturarlo hasta el último aliento. Y una vez despojado de su perverso ser, abandonó la sed de venganza acercándose a comprobar el estado de ella…
#2056
vivienohara39
vivienohara39
20/07/2013 18:07
- ¡Francisca! ¿Me escuchas? ¿Estás bien?- Preguntaba el Ulloa topándose con aquella imagen que le quemaba la retina, descubriendo ante él una Francisca atemorizada, con las ropas rasgadas, golpeada y herida. Sin embargo, debía reaccionar pues sabía que el Castro tan sólo seguiría inconsciente unos minutos más y debía poner a Francisca a salvo, que permanecía inerte, observando el cuerpo de su esposo sobre el suelo, sobrecogida por el miedo, incapaz de responder a Raimundo. Éste, decidido a protegerla y aún sin obtener su respuesta acudió raudo hacia ella, tomándola entre sus brazos mientras su mirada seguía perdida en el cuarto, temblando bajo sus manos y rígida aún por el pavor. Aunque poco duró el descanso, pues el Castro pronto comenzó a volver en sí de nuevo, dando el tiempo justo para que mientras se llevaba la mano al lugar del golpe y recordaba lo ocurrido, Raimundo pudiese apartar a Francisca hacia uno de los extremos de la recámara, alejándola así de aquella bestia. Nada más recuperar el sentido estalló la furia de verse humillado, incorporándose como un resorte a la vez que se dirigía preso de la rabia y la locura hacia Raimundo, al que aprisionó contra la pared, y cuando a punto estaba de marcarlo con lo nudillos, sus ojos se perdieron en el vacío acompañados de una sutil exhalación consecuencia del dolor ahogado, que lo fue arrastrando sobre sí mismo hasta acabar postrado en el suelo esforzándose por no perder el aliento… Según observaba a León descender se descubría ante Raimundo a una Francisca con el rostro desencajado portando un abrecartas empapado de la sangre de ese ser abominable que al fin descansaría donde merecía y que fue deslizándose de entre sus dedos como si en ellos le quemase…

En ese mismo instante aparecieron los guardias civiles acompañados por Mauricio y Mariana, siendo fieles testigos de lo ocurrido, mientras ambos seguían absortos en ese breve momento en que los sentimientos libres del orgullo fueron protagonistas, desnudándolos sin su consentimiento.

Al momento se presentó una preocupada María que se abrazó a su madrina nada más verla, pasando inadvertido lo que aquellos dos estaban compartiendo en la sombra…


Había transcurrido un largo rato desde el fatal desenlace, en el cual Mauricio y él se encargaron de aclarar lo sucedido ante las autoridades, mientras Mariana acompañaba a María a atender a la señora presa aún de la congoja y la desazón vivida.

- Mariana…¿qué haces aquí? ¿cómo se encuentra la señora?- Le preguntó un asombrado Raimundo que contaba con que la muchacha estuviese velándola hasta que consiguiese apaciguar sus ánimos.
- Lo siento Don Raimundo, pero ya conoce a la señora y a terca no la gana nadie. Y lejos de aceptar mi ayuda, me despachó con cajas destempladas y me ordenó que nadie osara importunarla. Hasta consiguió que María saliese de su alcoba a regañadientes, y ya conoce a su nieta, que bien se parece al abuelo…- Explicaba Mariana, aún alterada por todo lo sucedido. Y sin apenas terminar la frase observó como el Ulloa se dirigía escaleras arriba sin atender a lo dicho por ella.
- ¡Don Raimundo! ¿Adónde va? Ya le he dicho cuáles son las órdenes de la señora y lo poco que le gusta que la contraríen. Me causará problemas si insiste en verla…
- Descuida Mariana me hago responsable de mis actos, y poco me importa lo que la señora haya dicho, hay aún una conversación pendiente entre ambos y no esperaré por más tiempo…- Y así, llegó a la alcoba de la señora, abriendo la puerta con delicadeza, evitando un enfrentamiento antes de siquiera verla, cerrándola de nuevo tras él. Y allí estaba, en pie, de espaldas a él, frente a la ventana, sosteniéndose con sus propios brazos cual niña asustada, con la mirada perdida en la inmensidad de la noche, iluminada únicamente por los roces de la luna sobre su tez blanca colándose por la misma… Deseaba retener ese instante por siempre, tenerla así para él, observándola sin tener que ocultarse, disfrutando de su atrayente belleza… Poco a poco se fue acercando sigilosamente por miedo a desatar su genio, ya prevenido por Mariana. A pesar de su discreción, los pasos la pusieron sobreaviso, mas intentando enmascarar las lágrimas que surcaban sus mejillas, evitó encarar al otro presente, recubriéndose de la frialdad que nunca le fallaba con la voz aún entrecortada…

- ¿Qué haces aquí Mariana?…Acaso ¿no tienes sesera suficiente para comprender lo que significa no importunar? Tu incompetencia no tiene límites muchacha… ¡Márchate si no quieres acabar de patitas en la calle!- Y sin culminar la frase algo la interrumpió…
- No me marcharé Francisca…- De nuevo aquella voz…, era él una vez más. Un escalofrío la recorrió naciendo del aliento de él sobre su nuca al pronunciar su nombre… Sin embargo, no podía permitirse que la viese así, débil y derrotada, desnuda e inerme frente a sus sentimientos, y por ende vulnerable… Intentó enjugar sus lágrimas y recomponer aquella frágil jaula de cristal que tanto le costó forjar, aún sin sentirse con el talante suficiente de tenerlo frente a frente sin derrumbarse, más de espaldas…
- ¿Qué haces aquí Ulloa? He ordenado bien claro que quería estar sola, es que ¿acaso tu mísero entendimiento de tabernero no comprende algo tan simple?- Lanzaba su ironía como falsa coraza, mas su voz la delataba, rota por las lágrimas que gritaban por ser liberadas del brillo de sus ojos… Aquello no pasó desapercibido para Raimundo, fueron muchos años estudiando sus gestos, sus expresiones, cada uno de los matices que le permitían mantenerlo cerca de ella a pesar de la distancia, y saberla en ese estado lo frustraba hasta torturarlo, hiriéndolo al contener el calor que quería brindarle pero que sus erradas decisiones habían apresado en la oscuridad de su alma, manteniéndolos en un insoportable cautiverio. Temiendo emplear la palabra equivocada, sopesó lo arriesgado de su propósito, mas la prudencia sólo le había llevado a privarse de lo único por lo que moriría en este mundo… Así, hipnotizado por la fragancia que su cuello desprendía, como un susurro estremecedor llamándolo a su encuentro, envolviendo sus aturdidos sentidos disfrutando de ese breve minuto que se concedía antes de apostar el todo… Junto con la imagen de su cuello esbelto, altivo, como ella misma, incitando al tacto con la suavidad de su reflejo a la tenue luz que los cubría… Finalmente fue acercando las yemas de sus dedos a los que aún la rodeaban, como el oxígeno a la llama, de la que no puede escapar a pesar de que lo consuma…Hasta que temblorosas llegaron a posarse sobre la tela, apreciando una leve rigidez bajo ella, acompasada por una sutil espiración de la misma… Mas sólo sirvieron de amas de llaves, siguiéndose lentamente del resto de la palma de sus dedos, quienes poco a poco ganaban la batalla al miedo, deslizándose sigilosamente, sin premura, abriendo paso al resto de la mano, que con la ventaja del camino allanado culminó posándose enteramente sobre sus brazos, sintiendo su piel erizada bajo su tacto, lo que le otorgó la confianza que le faltaba…
#2057
vivienohara39
vivienohara39
20/07/2013 18:08
- Lo entendí perfectamente Francisca, mas se te olvida algo que hace eso que pides imposible de todo punto…Pues allá donde vayas, ya sea en el barullo del gentío, como en el silencio de la propia existencia, jamás podrás estar sola, porque el impulsor de mis latidos te seguirá inherente al tuyo, ya que desde que osaste robármelo el día en que tus ojos cometieron la imprudencia de toparse con los míos, te pertenece, mas nada quiere saber de mí tras conocer lo que estar a tu lado significa…- Declaró junto a su oído, en un fugaz susurro, aprovechando el desconcierto de ella para ir venciendo terreno, ascendiendo sus manos hasta nutrirlas posándose en sus hombros. Las palabras de Raimundo y su tacto acabaron con todas las fortalezas, llevándose la rigidez a su paso, desentumeciendo su cuerpo, que vibraba a su paso tras la dura disciplina que le había infligido, a la vez que un sollozo terminó por abrir la veda de las lágrimas retenidas. Aún así, el pánico al dolor de nuevo, junto con la culpa y el pudor que sentía tras lo ocurrido con León Castro, la hacían consciente de cuan diferentes eran, y de cómo el tiempo la había condenado a ser la que era, que mucho distaba de la que podría hacer feliz al mejor de los hombres que conocía y que se adueñó de cada una de sus respiraciones hasta que estas decidiesen cesar en el empeño. Por ello, antes de que su voluntad mermase, se apartó de él, enfrentándolo para dirigirse a la puerta…

- Detente Raimundo, no sigas… Por más que quisiera nunca podría ofrecerte lo que esperas, porque no soy la clase de mujer que pueda hacerte feliz.- Lo que ha ocurrido no hace más que confirmármelo, ya que todo lo vivido no ha pasado en balde Ulloa, sino que ha construido a quien tienes enfrente, que dista mucho de aquella mujer de la que hablas…- Y con la mirada hacia el suelo evitando tener que observar su rostro mientras lo perdía, entre lágrimas se encaminó hacia la puerta.

Y sin apenas haber avanzado un paso las manos de Raimundo la detuvieron, tomándola por los brazos y atrayéndola frente a él.- Deja que eso lo decida yo Montenegro, pues lo que hoy ha sucedido no muestra más que la bajeza de un ser tan ruin como ése, junto con la torpeza a la que nos llevó el orgullo, haciéndose casi con ambos. Pero sé que esa mujer es la que ahora mismo tengo bajo mis brazos, pues aún siento como te estremeces como esa chiquilla cada vez que te toco.- Intentaba sacarla de sus miedos, tomando su rostro entre sus dedos para hacerse con sus ojos mientras la asía.
- No puedes entenderlo Raimundo. ¡Apártate y márchate! ¡Te lo ruego!- Gritaba ella presa de la ansiedad, removiéndose entre los brazos de Raimundo, que evitándolo la rodearon con firmeza y ternura, protegiéndola de ella misma…- ¡Basta Francisca! ¡Basta!- Decía reteniéndola aún, mientras ella comenzaba a sucumbir a su balsa de protección, dejando que su cuerpo se amoldara a quienes lo sostenían, perdiendo la fuerza a la que tan fervientemente se había agarrado, desatando el llanto contenido a la vez que enterraba su rostro en el pecho de Raimundo, sintiéndose por primera vez en demasiado tiempo libre de la terrible carga que supone la falta de un sostén que nos acoja.

Tras unos breves segundos calmando el desazón acallado por tantos años, Raimundo fue separando unos centímetros su cuerpo, mas sin pretenderlo, arrancó un leve quejido en ella, a la par que entrecerraba sus ojos en señal de dolor, lo que guió los de él hasta donde posaban sus manos, descubriendo la huella de aquel vil hombre, torciendo con ello el gesto por la impotencia de pensarla bajo los manejos de ese ser. Intentando borrar con dulzura la violencia previa, apoyó sus labios lentamente sobre la ensombrecida piel, dedicándole el más sensible de los besos. Sin embargo, y sin quererlo, presa aún de la sugestión, un efímero reflejo desenmascaró sus miedos, haciendo a Raimundo partícipe de ellos. En ese momento, una pasajera brisa los revistió desde la ventana, revelando pequeños mechones indómitos que del tocado de Francisca habían pasado a bailar con el viento, seguidos por la reacción de los poros de su piel a la gélida noche. Hecho que el Ulloa quiso aprovechar para ofrecerle su protección y ternura queriendo alejarla de todos aquellos fantasmas con que la dureza de la vida la torturaban y de los que en su día no supo defenderla. De ese modo, guió una de sus manos hacia la suave tela rasgada, intentando cubrir su piel con ella, con el mayor de los mimos, pero manteniendo esa barrera que él entendía había sido burlada demasiadas veces sin permiso, hirviéndole la sangre por ello.

Ella, emitió una tierna mueca, pues aquel hombre era lo único bueno que le había dado la vida, el único que lograba hacerla sentir segura y en paz. Así, queriendo demostrarle el lugar que ocupaba en su ser, tomó esa misma mano, antes de que la apartase, entrelazándola con la suya con tenues caricias, hasta llevarla a su pecho con el mayor del cariño, compartiendo sus latidos, el de ambos. A la vez sus miradas se unieron, limpias, desnudas, abiertas al otro. Raimundo interpretó el gesto, acercándose de nuevo a ella, sin perder sus ojos de los suyos, pero antes de avanzar, una tímida y ruborizada Francisca lo interrumpió.

- Raimundo… Hace demasiado tiempo…Demasiadas heridas por el camino…- Y antes de que continuase, él la acalló recuperando su mirada.
- Schh… Francisca. Eres la única mujer que sin tener a mi lado y tras miles de tropiezos ha llenado cada una de mis noches. Cada rincón de tu piel, cada nuevo pliegue, cada marca desconocida, no hace sino que recordarme los años que pasé privado de ti, aumentando mis deseos por conquistar cada uno de ellos de nuevo, por recorrer cada uno de tus sentidos antes de que puedas olvidar mis caricias, pretendiendo que las necesites el resto de los días que nos quedan, pues no podré alejarme de ti una segunda vez sin perecer en el intento.
- Ni la eternidad ni la muerte podrían acabar con cada uno de tus recuerdos Ulloa, ya que han transpirado por mí cada día, como mi más fiel tesoro, dándome las fuerzas para seguir sin ti.
#2058
vivienohara39
vivienohara39
20/07/2013 18:08
Y tras dejar afluir sus sentimientos, dejaron que sus cuerpos expresaran lo que ya sus palabras no podían. Raimundo se fue acercando a sus labios, cuya forma lo había distraído en más de una ocasión, haciéndolos suyos de nuevo tras tanto tiempo, mas se reconocieron con premura, aumentando el ritmo de su contacto. A la vez, sus manos descendían desde su rostro hacia sus hombros, tomando por el camino los restos de la bata que la cubrían, deslizándola delicadamente hasta topar con el suelo, sembrando un sendero de dulces caricias con los dedos a medida que su piel se descubría, haciéndola despertar de nuevo. Ella lo respondió de igual modo, deshojando los botones de su camisa para poder palpar una vez más el torso que tantas noches la acogió en su juventud y al que en tantas otras ocasiones quiso acudir impidiéndoselo su orgullo. Seguía fuerte, virilizado por los años, mas se le antojaba de igual manera el más seguro de los lugares. Comenzó a regalarle tímidas caricias que se volvieron más díscolas, acelerando con ellas su pulso. Eso no hizo sino aumentar su necesidad por ella, y fue descendiendo sus labios hacia el contorno de su mandíbula, recorriendo el ángulo que formaba con su delicado cuello, tensándola por el camino, a la vez que disfrutaba de aquella suavidad anhelada, ciñéndola por la cintura hasta chocar con su cuerpo, pues cada milímetro de distancia le parecía un mundo. Ésta vez fue ella, la que en reacción a la licencia de él, ascendió las manos por su pecho como el mar que gana terreno a la arena, para descenderlas luego acompañadas del tacto de sus añorados labios, provocándolo y consiguiendo encender su fuero interno, llevándolo a hacerse con el mando de nuevo, pues ajustándola a él como si de uno se tratase la fue guiando hasta el borde de la cama, posándola suavemente sobre la misma. Y quedando él pendiendo se su propio sostén, continuó con aquel sensual recorrido, recuperado en el final de su cuello, siguiéndole su clavícula, que sobresalía aclamándolo con sus encantos, para confluir después en el hueco que unía ambas, por el que fue descendiendo lentamente acompañado por sus manos que en los costados se encargaban de hacerse con cada relieve de su cuerpo sobre la tela con sumo cuidado eliminando las hirientes marcas de lo sucedido, hasta llegar al final de sus caderas, declinando mientras por el valle que regía su pecho a la par que dibujaba una perfecta curva en la espalda de ella en respuesta al ardor que le guardaba, sembrando en ambos el placer de sentirse amados de nuevo por aquel que protagonizaba sus sueños. Y así recuperaron la mirada del uno sobre el otro, entre tímida y ansiosa, revelando la emoción e impaciencia por entregarse al fin, aquello que tanto años habían sepultado bajo llave, rescatándose de nuevo el uno al otro, y con ello, la esencia de su propia existencia.


FIN.
#2059
EllenRipley
EllenRipley
20/07/2013 20:09
En la página anterior, escribí sobre la pareja Zico y Vitória de la telenovela brasileña "Saramandaia".

Y aquí están algunas escenas de ésta pareja.
A ver si los señores guionistas aprenden algo de sus colegas brasileñas. hum

Capítulo 8

Capítulo 14

Capítulo 15

Y en el próximo (18) capítulo ellos van a tener el tercero chozo-gozo.
Zico y Vitória van a discutir sobre su relacionamiento. Y Zico dice a Vitória que está dispuesto divorciarse, solamente para que ellos finalmente están juntos.


Y, repito:

Después de más de dos años, después de 612 capítulos: ni la boda, solamente un par de besos, ni chozo-gozo, ni VE RaiPaquista, ni absolutamente nada de nada.

Y con el tema de Zico y Vitória; ¿por qué no puede acontecer la misma cosa con Rai_Paca?


Sí, Francisca se quedó recientemente viuda. Pero, Raimundo y Francisca están ambos libres, y si no están juntos ahora, ¿cuándo van a estar? ¿En la borde de sus muertes; en los últimos momentos de sus vidas? ¿O ni si quiera en estos momentos?

Impresión mía, ¿o que los guionistas, por alguna razón, "odian" la pareja Rai_Paca?

Si algunos de los telespectadores molestan escenas amorosas de una pareja adulta y madura, pues que no miran. Para esto ya tienen el mando a distancia (TV remote control).

Una pena que están despreciando (por nada) a magnifica química entre Ramón y María.

Por el otro lado, José Mayer y Lília Cabral (Zico y Vitória) están actuando juntos por la cuarta vez en las telenovelas, y también han actuado juntos en una película. Y ya se sabe porque, por supuesto por causa de la tremenda química entre ellos.

I rest my case. hum
#2060
Sonia1919
Sonia1919
22/07/2013 01:21
Como en la serie no nos dan nada, vamos con un nuevo relato. Tengo que advertiros que no empieza muy agradablemente.

Cicatrices en el alma

Estaba atardeciendo, el sol se ocultaba lentamente entre las montañas para dar paso a la noche, el lago brillaba tenuemente con los últimos rayos del sol.

Francisca observaba el atardecer, con la mirada perdida y triste. No se dio cuenta que
Raimundo se acercaba al lugar donde ella se encontraba, cuando llegó, sonrió al verla.

-No esperaba encontrar a nadie –dijo Raimundo mirándola con una sonrisa en sus labios – y menos a ti, Francisca.

-Nunca faltaría a este día, Raimundo –contesto Francisca tristemente.

-¿Has venido sola? – le preguntó intentando saber si había alguien más.

-Sí, sola, como tantas otras veces.

-¿Te importa si te acompaño? – le pregunto.

-No, claro que no. - contesto Francisca sin mirarlo apenas.

Raimundo se acercó hasta donde se encontraba y se sentó junto a ella, tratando de recuperar el aliento que le faltaba después de la caminata hasta ese lugar.

-Hace unos años habría hecho este recorrido sin problema alguno – comento Raimundo – los años no perdonan.

-Ya estas mayor ¿Que esperabas? – se burlo Francisca soltando una carcajada.

-Hacia tiempo que no te oía reír. –dijo Raimundo fijando su mirada en los ojos de Francisca.

-Hacia mucho tiempo que no me decías algo gracioso –contesto Francisca apartando la mirada.

-No tenía motivos para hacerlo…

-¿A qué te refieres? – preguntó confusa.

-Veras… no me arrepiento de nada de lo que hicimos cuando éramos jóvenes, no me arrepiento de haberte conocido, no me arrepiento de haberte amado – dijo Raimundo con un halo de tristeza en sus palabras – pero… si me arrepiento de algo…

-¿De qué? – pregunto Francisca mirandolo con sorpresa.

-Me arrepiento de no haberte contado la verdad, de no haber sido capaz de luchar por ti y enfrentarme a mi padre, de dejar que te casaras con otro, me arrepiento... porque ese día te perdí… −dijo volviendo a fijar su mirada en los ojos de Francisca.

-Raimundo −Francisca seguia mirandolo con sorpresa − ¿Qué pretendes?

-Esperaba que fueses feliz – respondió Raimundo tratando de sonreír – Cuando me enteré que te casabas con Salvador creí morir, no podía soportar que tú, mi pequeña, fueras de otro, pero fui incapaz de parar tu boda, ya no querías verme. Traté de olvidarte casándome con Natalia, pero mi matrimonio fue un fracaso, mi mujer sabía que yo no era feliz con ella, sabía que te seguía amando. Traté de amarla, incluso llegue a pensar que lo había conseguido pero… tú siempre estuviste en mi corazón y en mis pensamientos.

−Raimundo… yo… −trató de hablar Francisca impresionada por la revelación de Raimundo. −Yo… esperaba que ese día, me detuvieras – dijo Francisca tristemente.

-¿Qué? – pregunto sin comprender.

-Esperaba… que me detuvieras, que no me dejaras seguir adelante, que me dijeras que me amabas y que querías estar conmigo para siempre – susurro dejando escapar una lagrima −pero eso no sucedió… tú no viniste… y me vi obligada a casarme con él.

-Francisca… −susurró emocionado −¿Por qué no me dijiste, que eso era lo que querías?

-No me atreví, no pude… mi orgullo era superior al dolor que sentía por tu abandono. Pero siendo hoy nuestro día y estando solos en este lugar, me he atrevido a confesártelo.

-Veo que no has olvidado esta fecha, ni el lugar – contesto Raimundo.

-¿Olvidar? ¿Cómo olvidar, la fecha y el lugar donde por primera vez yacimos juntos? −Francisca se levantó apresuradamente cuando el llanto estalló tras el recuerdo de aquel día, lo único que quería era salir de ese lugar, estar sola, cuando se disponía a hacerlo Raimundo la tomó del brazo y la retuvo.

-Francisca, necesitamos hablar, tengo que saber…

-No, no puedo, necesito irme, necesito alejarme, pensar y… −dijo tratando de que su voz sonara fuerte y segura, pero no lo lograba, sonó más como una súplica.

-¿Pensar en qué? ¿En lo que acaba de suceder?, disculpa si te lastimé Francisca, pero sé que ese no es el verdadero motivo de tu cambio de actitud, de la tristeza de tus ojos, Francisca esa tristeza me mata, por favor confía en mí −su voz era suave.

-Raimundo basta, no quiero hablar, el problema no eres tú, si no yo −le dijo tratando de marcharse, pero su mano no la dejó dar un sólo paso.

-Por favor, Francisca −volvió a insistir.

-Está bien, ¿Quieres saber el motivo de mi desazón? ¿El porqué de mi desdicha? Eso se lo debo a mi pasado y te advierto que tú tienes mucho que ver en él −el dolor y la impotencia de contarle toda la verdad, se mezclaron en ella haciendo que su voz sonara rota, se soltó de su agarre, Raimundo la miraba a los ojos esperando, momentos antes habría evitado su mirada, pero ahora todo lo que sentía le dieron fuerzas para mantener su mirada.Se veía orgullosa y arrogante, pero esa actitud, era la que siempre la había mantenido segura frente al exterior.

-¿Que te ocurrió para que actúes así, con tanto dolor y resentimiento? −preguntó, acercándose para abrazarla, pero esto era lo último que ella quería, que la tocara en ese momento, así que con rapidez se dio la vuelta. Poco importaba que el cielo estuviera lleno de nubes, amenazando lluvia, tenía que hablar, sacar de dentro todo lo que la consumía, desde hacía ya tantos años.

-Quería casarme Raimundo −dijo con la voz fría y distante recordando –ese era mi mayor sueño y anhelo, quería amar y que me amaran –su voz era un susurro −Era feliz, lo único que buscaba era una familia, encontrar a mi príncipe azul, casarme, tener hijos y cuando fuéramos ancianos, ver correr a nuestros nietos por el jardín, escucharlos reír, pero lo que es la ironía de la vida −dijo sonriendo amargamente− Ese príncipe que tanto buscaba, fue el causante de toda mi desdicha, ese príncipe eras tú, Raimundo.

-Francisca, yo…

- No, Raimundo déjame terminar por favor −dijo interrumpiéndolo.

–Cuando me abandonaste, quise correr a ti, arrastrarme, suplicarte que no me dejaras, que te amaba más que a mi vida, pero ya te habías marchado, me habías dejado sola. Quise terminar con esta agonía, pero ocurrió un milagro que hizo que todo cambiara que haría que saliera adelante, que haría que pudiera vivir sin ti. Entonces conocí a Salvador, nos presentó un amigo de mi padre, Salvador era amable, caballeroso, bien parecido. Así que pensé que él sería mi salvación, comencé a recibir regalos de su parte desde rosas hasta joyas, me pretendía y me engatusó. Pero el día que nos casamos, esa noche… esa maldita noche −volvió a sonreír amargamente – Desde mi alcoba oí los gritos y las carcajadas de Salvador, no era necesario verlo para saber que estaba borracho, sentí miedo, un escalofrío recorrió mi cuerpo, pero ya era tarde para lamentarse, estábamos casados ─se quedó callada, había llegado al momento más difícil de sus recuerdos.




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