Foro El secreto de Puente Viejo
Puente Viejo: UN lugar donde Soñar
#0
03/04/2012 17:12
Este es mi historia. Dejad un comentario. Gracias!!
Franrai
Kumita23
Amanecía en Puente Viejo. Emilia se había levantado temprano. Desde que Alfonso había recuperado la casa de comidas a ella no le importaba faenar todas las horas que hicieran falta. Aunque Alfonso y Pepa le habían aconsejado que no hiciera grandes esfuerzos, ella seguía trabajando como si nada. Al final su padre tendría razón, y a cabezota no la ganaba nadie.
-Buenos días Emilia.- La saludo Mariana. Pese haber recuperado la casa de comidas Mariana seguía trabajando allí. Mariana necesitaba un sueldo para no tener que volver a trabajar para la Doña y ella, que había sufrido lo que era para trabajar para Francisca, le quería ayudar. Además , necesitaba alguien que le ayudara en la cocina mientras esperaba a su primer hijo, y después del nacimiento de este.
-Buenos días Mariana. ¿Qué hay en la plaza para que estén todos allí?
-Hipólito, que ha vuelto hacer de las suyas.- Le explicó Mariana mientras sonreía y barría el suelo del patio.
-¿Qué le pasa a este ahora?- Preguntó Emilia. Y es que de sobras era conocido que Hipólito cambiaba de trabajo como de camisa.
-Inventor. Ahora dice que quiere ser inventor. Como un tal Julio Cervera.
-¿Y ese quien es?
-Es un hombre que ha hecho que de un aparato sin hilos saliera la voz de un hombre. Una tal radio le llaman.
-¿Pero a este muchacho se le ha destornilladlo la sesera?
En aquel instante llegó Hipólito con un cacharro en las manos.
-Bella Emilia, dulce Mariana. Os presento mi nuevo invento.
-Hipólito no tengo tiempo para tus tonterías.- Mariana le cortó-Tengo que ir a la cocina. ¿Qué
piensas, que estos parroquianos se alimentan solos? Alguien tiene que llenarles el buche.
-Claro dulce Mariana. Ve. ¿Con que delicia vas a conquistar hoy mi paladar?
-Hipólito no seas embaucador. Hoy creo que tocan lentejas ¿verdad Emilia?
Emilia estaba contemplando la plaza. Sabía que no podía ser verdad, pero le había parecido ver a Sebastián a lo lejos.
-¿Emilia que te tiene tan enfrascada en otros quehaceres?- Preguntó Hipólito mirando en
dirección a la plaza intentando atisbar que era aquello que desconcertaba a la bella Emilia.
-Nada. Miraba el escándalo que has montado por nada, botarate. Mariana vamos a la cocina. Hasta más ver Hipólito.
-Ve con Dios Bella Emilia. Mariana, ¿tu también piensas que no sirve para nada? Te voy a enseñar como..
-Hipólito, hasta luego- le dio un beso en la mejilla. Aquello si que lo dejo sin palabras para explicar su nuevo invento.
Hipólito se giró de nuevo y fue hacia la plaza.
-Señoras les presento el invento que revolucionara sus casas.
En ese instante, Alfonso entró por la puerta de la casa de comidas con cara de sorprendido.
-¿Y este Hipólito que ha hecho ahora?- preguntó Alfonso que venía cargado con el vino que había encargado a Marcial, el de la puebla.
-Nada, dice que quiere ser inventor.- respondió Mariana que empezaba a preparar la barra para la tanda de desayunos.
-Este muchacho cada vez esta peor. Aún que con los padres que tiene…
En aquel momento Emilia salió cargada con dos botijos y el firme propósito de ir a llenarlos a la fuente. Aunque tras aquello se encontrara el propósito de comprobar si la vista le había engañado o en aquella plaza se encontraba su hermano Sebastián.
-Pero Emilia, amor. ¿Donde vas?
-Es que no se ve. Pues a la fuente a llenar estos botijos.
-Emilia, deja que te ayude.- le pidió Alfonso.
-Que no hombre. Que yo puedo. Esto lo llevo haciendo desde pequeña y no me ha pasado nada.
Tu quédate aquí ayudando a Mariana.
- Pero nunca habías estado preñada, amor. En tu estado no puedes faenar tanto.
-Pero mira que es pesado tu hermano Mariana.- Miró a Mariana esperando complicidad. Pero no fue eso lo que encontró.
-Emilia. Por una vez tiene razón. Déjame que ya voy yo a por el agua.- Mariana le cogió los botijos y salió hacia la fuente.
-¡Pero bueno! Parece que todos os habéis puesto de acuerdo para que tenga que estar todos los días sentada mano sobre mano. – Se sentó en la silla más próxima.
-Emilia, mujer. No te enfades que lo hacemos por tu bien y por el bien de el hijo que viene en camino.
-Lo sé Alfonso. Pero es que yo no estoy hecha para ver como los demás trabajan mientras yo estoy sentada sin nada que hacer.
-Bueno. Yo si que tengo que faenar. Voy a la barra que ya vienen los primeros parroquianos. –Le dijo un beso en la frente y le susurró cariñosamente en el oído- Descansa Emilia. Hazlo por los
dos.
Alfonso se encaminó hacia la barra mientras saludaba a los paisanos.
- A los buenos días Fermín. Buenas Julián. Váyanse sentando que ahora les traigo un chato de vino y un poco de pan con chorizo y queso que nos han traído de Requejo. – Mientras de reojo miraba a su mujer que cada día estaba más guapa.
Aquella misma mañana Pepa desayunaba en el Jaral junto a Tristán. Desde que Soledad y Olmo habían sido condenados a cárcel ambos necesitaban tapar el hueco que Olmo y Soledad habían dejado en sus vidas. A Soledad no le quedaba mucho para salir ya que tan solo había sido condenada a tres semanas por ocultar un robo, que ella en principio no sabia. A eso también había que sumarle que Francisca había removido Roma con Santiago para que su hija saliera de la cárcel lo antes posible.
-Felicita a la cocinera del Jaral de mi parte- Dijo Tristán para romper el silencio que se había establecido entre ellos desde que, al ir a coger la jarra sus manos se habían tocado.
-La verdad es que las pastas son del Colmado. A Feliciana, la cocinera, le he dado la mañana libre. Y es que no me acabo de acostumbrar a tener a gente que trabaja para mi. Ni tener tres cucharas….- Aquello le hizo recordar a Águeda, su madre. La misma madre que Olmo había matado y por eso cumplía condena. Se derrumbó. Pensó que se iba a caer en cima el plato pero la cálida mano de Tristán la cogió justo a tiempo.
-¿Pepa? ¿Pepa estas bien?
-Si, Tristán , no te preocupes. La verdad es que desde que Olmo no esta me planteado en serio despedir a las criadas. La única razón por lo que no o he hecho es porque se que es la única forma que tienen de llevarse algo caliente a la boca y la única forma de mantener a sus familias.
-Eso te honra Pepa. – Se la quedó mirando. Deseaba tanto besarla. Pero sabía que no era lo correcto. Era su hermana. Por mucho que les pesara.
-Bueno, ¿y que tal con Gregoria?- Preguntó Pepa, quería cambiar de tema.
-Pero que le ha dado a todo el mundo con preguntar por ella. Ayer fui al colmado y Dolores también me preguntó. Mi madre también esta pesada con el tema. Pero si hasta cuando fui a visitar a mi hermana se preocupó más por ella que por mi.
-Es normal Tristan. Es tu prometida. Y esta en coma.
Franrai
Kumita23CAPITULO 1: LOS INVENTOS DE HIPÓLITO
[/h1]Amanecía en Puente Viejo. Emilia se había levantado temprano. Desde que Alfonso había recuperado la casa de comidas a ella no le importaba faenar todas las horas que hicieran falta. Aunque Alfonso y Pepa le habían aconsejado que no hiciera grandes esfuerzos, ella seguía trabajando como si nada. Al final su padre tendría razón, y a cabezota no la ganaba nadie.
-Buenos días Emilia.- La saludo Mariana. Pese haber recuperado la casa de comidas Mariana seguía trabajando allí. Mariana necesitaba un sueldo para no tener que volver a trabajar para la Doña y ella, que había sufrido lo que era para trabajar para Francisca, le quería ayudar. Además , necesitaba alguien que le ayudara en la cocina mientras esperaba a su primer hijo, y después del nacimiento de este.
-Buenos días Mariana. ¿Qué hay en la plaza para que estén todos allí?
-Hipólito, que ha vuelto hacer de las suyas.- Le explicó Mariana mientras sonreía y barría el suelo del patio.
-¿Qué le pasa a este ahora?- Preguntó Emilia. Y es que de sobras era conocido que Hipólito cambiaba de trabajo como de camisa.
-Inventor. Ahora dice que quiere ser inventor. Como un tal Julio Cervera.
-¿Y ese quien es?
-Es un hombre que ha hecho que de un aparato sin hilos saliera la voz de un hombre. Una tal radio le llaman.
-¿Pero a este muchacho se le ha destornilladlo la sesera?
En aquel instante llegó Hipólito con un cacharro en las manos.
-Bella Emilia, dulce Mariana. Os presento mi nuevo invento.
-Hipólito no tengo tiempo para tus tonterías.- Mariana le cortó-Tengo que ir a la cocina. ¿Qué
piensas, que estos parroquianos se alimentan solos? Alguien tiene que llenarles el buche.
-Claro dulce Mariana. Ve. ¿Con que delicia vas a conquistar hoy mi paladar?
-Hipólito no seas embaucador. Hoy creo que tocan lentejas ¿verdad Emilia?
Emilia estaba contemplando la plaza. Sabía que no podía ser verdad, pero le había parecido ver a Sebastián a lo lejos.
-¿Emilia que te tiene tan enfrascada en otros quehaceres?- Preguntó Hipólito mirando en
dirección a la plaza intentando atisbar que era aquello que desconcertaba a la bella Emilia.
-Nada. Miraba el escándalo que has montado por nada, botarate. Mariana vamos a la cocina. Hasta más ver Hipólito.
-Ve con Dios Bella Emilia. Mariana, ¿tu también piensas que no sirve para nada? Te voy a enseñar como..
-Hipólito, hasta luego- le dio un beso en la mejilla. Aquello si que lo dejo sin palabras para explicar su nuevo invento.
Hipólito se giró de nuevo y fue hacia la plaza.
-Señoras les presento el invento que revolucionara sus casas.
Capitulo 2: Vivimos en el mundo cuando amamos. Sólo una vida vivida para los demás merece la pena ser vivida.
[/h1]En ese instante, Alfonso entró por la puerta de la casa de comidas con cara de sorprendido.
-¿Y este Hipólito que ha hecho ahora?- preguntó Alfonso que venía cargado con el vino que había encargado a Marcial, el de la puebla.
-Nada, dice que quiere ser inventor.- respondió Mariana que empezaba a preparar la barra para la tanda de desayunos.
-Este muchacho cada vez esta peor. Aún que con los padres que tiene…
En aquel momento Emilia salió cargada con dos botijos y el firme propósito de ir a llenarlos a la fuente. Aunque tras aquello se encontrara el propósito de comprobar si la vista le había engañado o en aquella plaza se encontraba su hermano Sebastián.
-Pero Emilia, amor. ¿Donde vas?
-Es que no se ve. Pues a la fuente a llenar estos botijos.
-Emilia, deja que te ayude.- le pidió Alfonso.
-Que no hombre. Que yo puedo. Esto lo llevo haciendo desde pequeña y no me ha pasado nada.
Tu quédate aquí ayudando a Mariana.
- Pero nunca habías estado preñada, amor. En tu estado no puedes faenar tanto.
-Pero mira que es pesado tu hermano Mariana.- Miró a Mariana esperando complicidad. Pero no fue eso lo que encontró.
-Emilia. Por una vez tiene razón. Déjame que ya voy yo a por el agua.- Mariana le cogió los botijos y salió hacia la fuente.
-¡Pero bueno! Parece que todos os habéis puesto de acuerdo para que tenga que estar todos los días sentada mano sobre mano. – Se sentó en la silla más próxima.
-Emilia, mujer. No te enfades que lo hacemos por tu bien y por el bien de el hijo que viene en camino.
-Lo sé Alfonso. Pero es que yo no estoy hecha para ver como los demás trabajan mientras yo estoy sentada sin nada que hacer.
-Bueno. Yo si que tengo que faenar. Voy a la barra que ya vienen los primeros parroquianos. –Le dijo un beso en la frente y le susurró cariñosamente en el oído- Descansa Emilia. Hazlo por los
dos.
Alfonso se encaminó hacia la barra mientras saludaba a los paisanos.
- A los buenos días Fermín. Buenas Julián. Váyanse sentando que ahora les traigo un chato de vino y un poco de pan con chorizo y queso que nos han traído de Requejo. – Mientras de reojo miraba a su mujer que cada día estaba más guapa.
Capitulo 3: La peor prisión es un corazón cerrado.
[/h1]Aquella misma mañana Pepa desayunaba en el Jaral junto a Tristán. Desde que Soledad y Olmo habían sido condenados a cárcel ambos necesitaban tapar el hueco que Olmo y Soledad habían dejado en sus vidas. A Soledad no le quedaba mucho para salir ya que tan solo había sido condenada a tres semanas por ocultar un robo, que ella en principio no sabia. A eso también había que sumarle que Francisca había removido Roma con Santiago para que su hija saliera de la cárcel lo antes posible.
-Felicita a la cocinera del Jaral de mi parte- Dijo Tristán para romper el silencio que se había establecido entre ellos desde que, al ir a coger la jarra sus manos se habían tocado.
-La verdad es que las pastas son del Colmado. A Feliciana, la cocinera, le he dado la mañana libre. Y es que no me acabo de acostumbrar a tener a gente que trabaja para mi. Ni tener tres cucharas….- Aquello le hizo recordar a Águeda, su madre. La misma madre que Olmo había matado y por eso cumplía condena. Se derrumbó. Pensó que se iba a caer en cima el plato pero la cálida mano de Tristán la cogió justo a tiempo.
-¿Pepa? ¿Pepa estas bien?
-Si, Tristán , no te preocupes. La verdad es que desde que Olmo no esta me planteado en serio despedir a las criadas. La única razón por lo que no o he hecho es porque se que es la única forma que tienen de llevarse algo caliente a la boca y la única forma de mantener a sus familias.
-Eso te honra Pepa. – Se la quedó mirando. Deseaba tanto besarla. Pero sabía que no era lo correcto. Era su hermana. Por mucho que les pesara.
-Bueno, ¿y que tal con Gregoria?- Preguntó Pepa, quería cambiar de tema.
-Pero que le ha dado a todo el mundo con preguntar por ella. Ayer fui al colmado y Dolores también me preguntó. Mi madre también esta pesada con el tema. Pero si hasta cuando fui a visitar a mi hermana se preocupó más por ella que por mi.
-Es normal Tristan. Es tu prometida. Y esta en coma.
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#61
29/04/2012 17:07
Music, genial. Me encanta. El relato es sí está muy bien, nos vas dando un poquito a cada uno 
Y esa Paca y Raimundo!! Los adoro. Esperando estoy a leer ese chozoencuentro!!

Y esa Paca y Raimundo!! Los adoro. Esperando estoy a leer ese chozoencuentro!!
#62
30/04/2012 09:28
La virgen del chozogozo ha escuchado las plegarias¡¡¡¡jajaja....
#63
30/04/2012 18:41
Capitulo 27: El valor espera; el miedo va a buscar.
[/h1]Después de la marcha de Ramiro, en el Jaral se respiraba tranquilidad. Un mensajero junto con Cándida entró al comedor donde Pepa estaba leyendo Pepita Jiménez por decimocuarta vez. Aquel libro le traía tantos recuerdos…
Cándida le avisó:
-Señorita, señorita Balmes, ¡Pepa!- Pepa que estaba enfrascada en la lectura de aquel libro no se percató hasta entonces de que Cándida la llamaba. Levantó la vista del libro y Cándida prosiguió.- Eleazar tiene un mensaje para usted.- y sin que Pepa se lo pidiera, Cándida se retiró.
-Dime Eleazar.
-¿Esta aquí el señor Castro?
Pepa, extrañada lo miró:
-No, no está aquí. ¿Por qué?
-En la casona tampoco estaba. Me han dicho que si no encontraba a Tristán se lo refiriera a usted. –Pepa se estaba impacientando.- Han encontrado a Martín Castro. Está en el cuartel de policías de Santa Marta.
-¿Marín? ¿El pequeño Martín? ¿Mi Martín?
-Si, así es. –Pepa se levantó e iba a empezar a coger las cosas para ir a verlo pero Eleazar la paró. –Para verlo tendrá que ir con el señor Tristán, le recuerdo que a ojos de la justicia el es el hijo del Señor Castro y usted tan solo es su tía.
-Pero Eleazar, tu sabes que Martín es mi hijo.
-Ya lo sé, pero creo que eso no te servirá para convencer a los guardias, no tienes ninguna prueba. Yo, si me permite el consejo señora, canalizaría mis esfuerzos en encontrar al señorito y así poder ir a ver a Martín.
Pepa tenía una pequeña sospecha. Mandó que prepararan una calesa.
-¿Para ir a donde señorita Balmes?
-Para ir a Villalpanda.
Pepa pensaba, y no erró el tiro que Tristán estaría visitando a una persona. Una persona que para él había traicionado al meterse en su catre el otro día sin haber roto su compromiso. Tristán estaría junto a Gregoria.
#64
30/04/2012 19:55
¡Martiiiiiinciiiillo! ¡Bieeeen! ¡Ya está de vuelta! :) Continua cuando puedas...
#65
01/05/2012 13:43
Que tal por Carcassonne??
me he perdido un poco..quien es este Eleazar tan bien informado???
Martinnnn¡¡¡¡¡¡Joer, y no le da un soponcio a la Pepa???

me he perdido un poco..quien es este Eleazar tan bien informado???
Martinnnn¡¡¡¡¡¡Joer, y no le da un soponcio a la Pepa???


#66
01/05/2012 20:39
Pues la verdadd es que muy bien..
Eleazar es tan solo un mensajero más del pueblo al que le han encargado encontar a Tristán para darle la buena nueva...
Eleazar es tan solo un mensajero más del pueblo al que le han encargado encontar a Tristán para darle la buena nueva...
#67
03/05/2012 21:04
Capitulo 28: Como tú no hay dos.
Tristán hacía tiempo que aguardaba a los pies de la cama a que la enferma se recuperara. Cosa poco probable ya que Gregoria seguía en coma. Aún así Tristán le hablaba.
-Gregoria siento que te tengas que enterar así, aunque seguramente ni me estés escuchando. Necesitaba decirte que mi corazón jamás ha olvidado a Pepa, a mi Pepa. Ella tiene la llave de mi corazón. Y sé que crees que es mi hermana, pero no lo es. Mi padre no es Salvador, el padre de Pepa, como todos creéis y como creía yo. No. Yo soy un Ulloa. Así es. Mi padre es Raimundo. Es increíble lo que pueden cambiar unas palabras una vida… Gregoria, quiero a Pepa. Aguardaré a que despiertes para comunicarlo y pedir la mano de Pepa en matrimonio. Es tan lista. Aún recuerdo cuando la conocí. Tan solo verla, algo me dijo que sería diferente a las demás… Aún recuerdo como sonrió cuando le dije que era más lista que un ratoncito de campo…-Tristán aprovecho que Gregoria, ni nadie, le escuchaba para decir en voz alta todo aquello que había callado durante tanto tiempo…- Su pelo caoba al aire. Sus maneras… Su carácter. Ella es única. Mi Pepa. Es la madre del niño que más he querido. Ella es tan fuerte. Y eso que la vida le ha dado palos impensables. Pero ella se ha levantado de todos. Aún recuerdo cuando inocente, le enseñé a leer. Ella me demostró que para ser lista no era necesario ir a las mejores escuelas ni tener una gran educación. Su aula fue la calle, su maestra la vida. Y su madre, su presunta madre. Ella supo enseñarle como hacer felices a las personas, ya fuera trayendo hijos al mundo como persona, ayudándoles cuando lo necesitan, bueno, cuando lo necesitamos. Echándoles una mano. Ella siempre está ahí. Esta ahí a las duras y a las maduras. Y sirve para todo. Tanto te cose un descosido como te zurze un roto. Ayuda a las mujeres en sus partos, sustituye a el médico, te da sabios consejos, te alivia los dolores y te salva la vida. Como a Angustias, como a mi madre, como a mi. Ahí fue cuando le juré amor profundo. Gregoria no me mereces. Necesitas a alguien mejor. Alguien que te alegre, que te ame. Porque yo, amo a Pepa. La amo y eso es todo lo que se en este mundo de perros. Ella es todo. Ella es mi mundo. Ella es mi vida.
-¿Tristán?
Tristán miró a Gregoria, pero ella no había sido. Seguía igual que antes. Se giró. Y detrás de él estaba Pepa. Su Pepa.
-¿Pepa? ¿Cuánto llevas ahí?
-Lo suficiente para haber escuchado la gran mayoría.- Se acercó a él y susurrando le dijo: - Y yo también te quiero, mi soldado.
Y se fundieron en un beso. Un beso que se vio interrumpido por una frágil voz que preguntó:
-¿Qué ha pasado?
-¿Gregoria?
#68
03/05/2012 21:34
¡Pero que bonito! ¡Que sonrisa de boba se me ha puesto! Ya podía decir esas cosas el capi en la serie... Ahora, la sonrisa se me ha quitado cuando he leído que Gregoria despierta... ¿Cómo me haces esto, music? Jajajaja
#69
04/05/2012 12:43
Preciosa la historia miusic sigue en cuanto puedas.Un beso.
#70
04/05/2012 16:09
maravilloso Music!!!! y por fin Pepa ha escuchado una declaración de amor más bonita....
Solo te puedo decir una cosa: ole tus narices!!!! menuda maravilla que creas
Solo te puedo decir una cosa: ole tus narices!!!! menuda maravilla que creas
#71
06/05/2012 17:44
Capitulo 29: La maldad es una salida a este mundo ignorante.
[/h1]Pepa la había dejado levantarse de la cama.
-Siempre que no hagas demasiados esfuerzos.
-Claro, que así sea.
Fue a dar una vuelta a la plaza envuelta con su chal. A lo lejos, por la calle de Olmo, divisó a Ramiro junto a una muchacha. Era un poco más alta que Ramiro, pero él siempre había sido el más bajito de los hermanos. De hecho aquello le había acomplejado desde pequeñito. Incluso ella le superaba y eso que Tristán siempre le había apodado “La Renacuaja”. Cosas de hermanos. Volviendo a la chica, lucía el pelo negro como el carbón y liso como los trajes recién planchados que cuidadosamente Rosario depositaba sobre su cama. Incluso a una legua se podía apreciar que no era de Puente Viejo. Llevaba una falda lila y una blusa naranja. Al acercarse más pudo profundizar en sus embaucadores ojos verdes. Le eran tan parecidos. Cerró los ojos. Intentó ubicarlos en todos los sitios posibles. Y dio con la solución. Aquel era la chica con la que había frecuentado Olmo cuando compartían celda en el cuartelillo de la Puebla, antes de que a ella se la llevaran a una cárcel para mujeres. Alguna vez que otra, entre sueños, había escuchado nombrarla. Ruth, se llamaba. Se acordaba porque era el nombre que tenia la tía de la panadera del pueblo. Era una mujer muy mayor y muy buena. Siempre que iban a la panadería le extendía la mano por el lateral del mostrador y sin que nadie les viera, les ofrecía un par de caramelos. Hasta que un día ya no estuvo. A partir de aquel día, cuando Rosario le proponía ir a comprar el pan, ella declinaba la oferta y se quedaba jugando en el jardín con Juan. Y Rosario luego, le tenía que coser los vestidos y zurcir los pantalones a Juan. ¡Malditos recuerdos! Siempre le recordaban a él. Pero no, ya no lo quería. Se volvió a fijar en Ruth y se acercó a ellos.
-Muy buenas Ramiro. Buenas Ruth.
Ruth se empezó a poner roja.
-¿Qué Ruth?- preguntó Ramiro- Ella no se llama Ruth. Ella es Nuria Elena.
-Pero puedes llamarme Nuria.- Nuria Elena le ofreció la mano. Ella la aceptó escamada.
-¿Y qué te ha traído aquí?
-Trabajo.- Soledad lo comprendió todo. Ruth estaba allí porque Olmo la había enviado a Puente Viejo. ¿Sería para vigilarla? ¿Para acabar con Pepa? ¿Formaría este movimiento un jaque mate para ambas? Por experiencia sabia que el ajedrez era el juego preferido de Olmo. Le gustaba arrinconar a sus presas para que su fin fuera más sufrido. Como Doña Águeda.
Ramiro se excusó diciendo que tenía que ir al colmado, que en seguida regresaba. Soledad
aprovechó aquel momento para contraatacar con su movimiento. Se acercó a Ruth y susurrando con su voz más maquiavélica y malvada, la misma que utilizaba para hablar con Juan Castañeda, le dijo:
-Se cosas de ti que no te gustarían que se supieran. Sé que haces aquí y se quién eres Ruth, se quién eres.
#72
06/05/2012 22:10
Me encanta, por fin sale a la luz Ruth! Continua porfiis...
#73
07/05/2012 19:56
Capitulo 30: Las enfermedades sólo son la prueba de cuan frágil es la vida.
[/h1]Ver aquellos desconocidos besándose ante ella le sentó mal. Si querían dar rienda a su amor, podrían hacerlo en otra parte, ¿no?
-¿Se puede saber que hacéis?
-Gregoria.- La muchacha se apartó del chico poniéndose cada vez más nerviosa.
-Gregoria, esto no es lo que parece…
¿A no? ¿Y que era entonces? Ella lo veía muy sencillo tan solo eran dos jóvenes que se querían. ¿Qué había de malo en eso? ¿Acaso estaban infringiendo alguna norma?
-¿Gregoria?´-El chico volvió a preguntar. Al atisbar que la miraba tan fijamente se dio por aludida.
-¿Yo?
-Claro. ¿Hay alguna Gregoria más aquí?- Preguntó la chica con los nervios a flor de piel.
-A, no sé. Dímelo tú. ¿La hay?
-¿Gregoria, amor, estas bien?
-¿Amor? ¿Quién eres tú? ¿Te conozco?
-Sí. Soy Tristán.- El chico la empezaba a intimidar. Se acercó a ella y se sentó en su cama sin que
nadie le hubiera dado permiso. A demás le cogió su mano y la situó entre las suyas.
-¿Y qué te hace suponer que yo conozco algún Tristán?- Le recriminó la enferma mientras sacaba su mano de las del apuesto varón.
-Me lo hace suponer que soy tu prometido.-Él le señaló el anillo que llevaba en su mano derecha. ¿Cómo no podía haber caído en eso?
-¿Eres mi prometido?-Ella se acomodó en la cama y se sentó. Algo que no entendía hacía que las piezas de su puzle no encajaran.
-Si.-Él le respondió tranquilamente, dulcemente a pesar que por dentro estaba de los nervios.
-¿Y ella quién es?-Preguntó Gregoria inocente ignorando todo lo que había sucedido.
-Soy... Soy Pepa, Pepa la partera del pueblo.- Pepa estaba fuera de su situación. Siempre había hablado de una manera con la doctora que ahora, por sus circunstancias no era posible. Tenía la
misma sensación que cuando conoció a Efrén. Efrén, su Efrén. Las lágrimas empezaban a rodar por sus mejillas. Tristán seguía ajeno a lo que ella sentía, pendiente de Gregoria, la cual la vio llorar.
-Oh, oh…
Pepa se dio por aludida.
-Tristán…..-Pepa buscó una escusa. Y dio con la mejor- Voy a buscar un medico…
Pepa salió por la habitación y lo único que Tristán pudo articular fue un “Pepa”…
#74
07/05/2012 20:20
¿Amnésica eh? Yuhuuu! ¿Pero como me pones que Tristán llama amor a Gregoria, corazón? Jajajaja ¡me has mataoo!
#75
07/05/2012 23:48


..sigue, sigue.....
#76
13/05/2012 18:38
En nada proximo capitulo!!!
#77
13/05/2012 19:48
esperando ansiosa...!!
#78
13/05/2012 20:18
Capitulo 31: Sólo tú sabes quién se merece tus lágrimas.
[/h1]La luna caía. Las estrellas brillaban en el cielo como si alguien se hubiera dispuesto a pintarlas con un pincel.
Aguardaba desde hacia tiempo en el chozo. Le traía tantos buenos recuerdos. Camino por toda la estancia, tocando cada tablón de madera dispuesto en la pared. Reparó en la ventana. Aún estaba medio rota, como cuando, en las noches de invierno acudían ellos allí. Más de una vez le suplicó a Raimundo que la arreglara, pero él ni corto ni perezoso siempre le respondía que su trabajo era hacerla feliz, no arreglar una ventana de un chozo de dios sabía quién. Y ella le sonreía.
Se sentó en la cama. En su cama. En la cama que tantas noches habían compartido. La misma en la que, con amor, crearon una noche a la cosa más bonita que hubieran vistos sus ojos. A su hijo Tristán. Respiro hondo. Aquello mismo tenía que decirle a Raimundo. Aquello que tantas veces había temido. Aquello que juró y perjuró a Don. Anselmo que no haría. Aquello que tantas veces había practicado delante del espejo. Y pese haberlo hecho un millón de veces y cada vez con entonación y con palabras distintas, no lograba dar con los adecuados para decirle al amor de su vida que su amor floreció en un magnifico capitán llamado Tristán.
Aún no se explicaba cómo había sido capaz de explicárselo a Tristán. Suponía que estaba acorralada, quizás, cuando Tristán le preguntó: “¿Madre, cuando terminó su relación con Raimundo?” Y a partir de esa respuesta y de sus preguntas, llegó lo que temía.
“-Entonces mi padre… - Tristán empezaba a encajar las piezas.
-Sí, lo es. –respondió ella.
- Entonces yo…
-Sí, eres un Ulloa.”
Escuchó pasos. Se levantó y se limpió la falda. Se le puso esa sonrisa de boba que ponía siempre que pensaba en él. La puerta se abrió y alguien entró. Pero no era quien ella pensaba. No era Raimundo.
-¡Tu no eres Raimundo!
-Lo sé. Soy Julián.- Francisca quitó esa sonrisa que había puesto.-Venía porque Raimundo me ha dicho si podría acercarme y entregarte esa carta.
Francisca la cogió y despidió a Julián.
“Querida Francisca,
Me temo que tendremos que aplazar esta visita al pasado.
Tengo que resolver una cosa urgente.
Gracias porque sé que no me guardarás inquina.
Te quiero,
TU Raimundo”
Se sentó en la cama. Tan solo pudo abrazar la carta. Tenía más tiempo para pensar que decirle. Pero no pudo reprimir las lágrimas. Y lloró. Lloró como había hecho varios años atrás allí mismos. En la misma cama. Lloró otra vez por él.
#79
13/05/2012 20:26
Aunque ya sabes que no soy yo muy fan de la historia Rai- Francisca me ha gustado. Continua porfi.
#80
13/05/2012 21:01
No hay chozo... 


¿Qué motivo de MÁXIMA importancia a tenido que tener el Ulloa para no asistir? Por que despues de 30 años sin catarse, no me lo imagino yo no acudiendo a la cita en el CHOZO con Francisca, simple y llanamente porque la taberna estuviese demasiado llena. Algo gordo le ha tenido que impedir acudir con su amada.



¿Qué motivo de MÁXIMA importancia a tenido que tener el Ulloa para no asistir? Por que despues de 30 años sin catarse, no me lo imagino yo no acudiendo a la cita en el CHOZO con Francisca, simple y llanamente porque la taberna estuviese demasiado llena. Algo gordo le ha tenido que impedir acudir con su amada.