Foro El secreto de Puente Viejo
Puente Viejo: UN lugar donde Soñar
#0
03/04/2012 17:12
Este es mi historia. Dejad un comentario. Gracias!!
Franrai
Kumita23
Amanecía en Puente Viejo. Emilia se había levantado temprano. Desde que Alfonso había recuperado la casa de comidas a ella no le importaba faenar todas las horas que hicieran falta. Aunque Alfonso y Pepa le habían aconsejado que no hiciera grandes esfuerzos, ella seguía trabajando como si nada. Al final su padre tendría razón, y a cabezota no la ganaba nadie.
-Buenos días Emilia.- La saludo Mariana. Pese haber recuperado la casa de comidas Mariana seguía trabajando allí. Mariana necesitaba un sueldo para no tener que volver a trabajar para la Doña y ella, que había sufrido lo que era para trabajar para Francisca, le quería ayudar. Además , necesitaba alguien que le ayudara en la cocina mientras esperaba a su primer hijo, y después del nacimiento de este.
-Buenos días Mariana. ¿Qué hay en la plaza para que estén todos allí?
-Hipólito, que ha vuelto hacer de las suyas.- Le explicó Mariana mientras sonreía y barría el suelo del patio.
-¿Qué le pasa a este ahora?- Preguntó Emilia. Y es que de sobras era conocido que Hipólito cambiaba de trabajo como de camisa.
-Inventor. Ahora dice que quiere ser inventor. Como un tal Julio Cervera.
-¿Y ese quien es?
-Es un hombre que ha hecho que de un aparato sin hilos saliera la voz de un hombre. Una tal radio le llaman.
-¿Pero a este muchacho se le ha destornilladlo la sesera?
En aquel instante llegó Hipólito con un cacharro en las manos.
-Bella Emilia, dulce Mariana. Os presento mi nuevo invento.
-Hipólito no tengo tiempo para tus tonterías.- Mariana le cortó-Tengo que ir a la cocina. ¿Qué
piensas, que estos parroquianos se alimentan solos? Alguien tiene que llenarles el buche.
-Claro dulce Mariana. Ve. ¿Con que delicia vas a conquistar hoy mi paladar?
-Hipólito no seas embaucador. Hoy creo que tocan lentejas ¿verdad Emilia?
Emilia estaba contemplando la plaza. Sabía que no podía ser verdad, pero le había parecido ver a Sebastián a lo lejos.
-¿Emilia que te tiene tan enfrascada en otros quehaceres?- Preguntó Hipólito mirando en
dirección a la plaza intentando atisbar que era aquello que desconcertaba a la bella Emilia.
-Nada. Miraba el escándalo que has montado por nada, botarate. Mariana vamos a la cocina. Hasta más ver Hipólito.
-Ve con Dios Bella Emilia. Mariana, ¿tu también piensas que no sirve para nada? Te voy a enseñar como..
-Hipólito, hasta luego- le dio un beso en la mejilla. Aquello si que lo dejo sin palabras para explicar su nuevo invento.
Hipólito se giró de nuevo y fue hacia la plaza.
-Señoras les presento el invento que revolucionara sus casas.
En ese instante, Alfonso entró por la puerta de la casa de comidas con cara de sorprendido.
-¿Y este Hipólito que ha hecho ahora?- preguntó Alfonso que venía cargado con el vino que había encargado a Marcial, el de la puebla.
-Nada, dice que quiere ser inventor.- respondió Mariana que empezaba a preparar la barra para la tanda de desayunos.
-Este muchacho cada vez esta peor. Aún que con los padres que tiene…
En aquel momento Emilia salió cargada con dos botijos y el firme propósito de ir a llenarlos a la fuente. Aunque tras aquello se encontrara el propósito de comprobar si la vista le había engañado o en aquella plaza se encontraba su hermano Sebastián.
-Pero Emilia, amor. ¿Donde vas?
-Es que no se ve. Pues a la fuente a llenar estos botijos.
-Emilia, deja que te ayude.- le pidió Alfonso.
-Que no hombre. Que yo puedo. Esto lo llevo haciendo desde pequeña y no me ha pasado nada.
Tu quédate aquí ayudando a Mariana.
- Pero nunca habías estado preñada, amor. En tu estado no puedes faenar tanto.
-Pero mira que es pesado tu hermano Mariana.- Miró a Mariana esperando complicidad. Pero no fue eso lo que encontró.
-Emilia. Por una vez tiene razón. Déjame que ya voy yo a por el agua.- Mariana le cogió los botijos y salió hacia la fuente.
-¡Pero bueno! Parece que todos os habéis puesto de acuerdo para que tenga que estar todos los días sentada mano sobre mano. – Se sentó en la silla más próxima.
-Emilia, mujer. No te enfades que lo hacemos por tu bien y por el bien de el hijo que viene en camino.
-Lo sé Alfonso. Pero es que yo no estoy hecha para ver como los demás trabajan mientras yo estoy sentada sin nada que hacer.
-Bueno. Yo si que tengo que faenar. Voy a la barra que ya vienen los primeros parroquianos. –Le dijo un beso en la frente y le susurró cariñosamente en el oído- Descansa Emilia. Hazlo por los
dos.
Alfonso se encaminó hacia la barra mientras saludaba a los paisanos.
- A los buenos días Fermín. Buenas Julián. Váyanse sentando que ahora les traigo un chato de vino y un poco de pan con chorizo y queso que nos han traído de Requejo. – Mientras de reojo miraba a su mujer que cada día estaba más guapa.
Aquella misma mañana Pepa desayunaba en el Jaral junto a Tristán. Desde que Soledad y Olmo habían sido condenados a cárcel ambos necesitaban tapar el hueco que Olmo y Soledad habían dejado en sus vidas. A Soledad no le quedaba mucho para salir ya que tan solo había sido condenada a tres semanas por ocultar un robo, que ella en principio no sabia. A eso también había que sumarle que Francisca había removido Roma con Santiago para que su hija saliera de la cárcel lo antes posible.
-Felicita a la cocinera del Jaral de mi parte- Dijo Tristán para romper el silencio que se había establecido entre ellos desde que, al ir a coger la jarra sus manos se habían tocado.
-La verdad es que las pastas son del Colmado. A Feliciana, la cocinera, le he dado la mañana libre. Y es que no me acabo de acostumbrar a tener a gente que trabaja para mi. Ni tener tres cucharas….- Aquello le hizo recordar a Águeda, su madre. La misma madre que Olmo había matado y por eso cumplía condena. Se derrumbó. Pensó que se iba a caer en cima el plato pero la cálida mano de Tristán la cogió justo a tiempo.
-¿Pepa? ¿Pepa estas bien?
-Si, Tristán , no te preocupes. La verdad es que desde que Olmo no esta me planteado en serio despedir a las criadas. La única razón por lo que no o he hecho es porque se que es la única forma que tienen de llevarse algo caliente a la boca y la única forma de mantener a sus familias.
-Eso te honra Pepa. – Se la quedó mirando. Deseaba tanto besarla. Pero sabía que no era lo correcto. Era su hermana. Por mucho que les pesara.
-Bueno, ¿y que tal con Gregoria?- Preguntó Pepa, quería cambiar de tema.
-Pero que le ha dado a todo el mundo con preguntar por ella. Ayer fui al colmado y Dolores también me preguntó. Mi madre también esta pesada con el tema. Pero si hasta cuando fui a visitar a mi hermana se preocupó más por ella que por mi.
-Es normal Tristan. Es tu prometida. Y esta en coma.
Franrai
Kumita23CAPITULO 1: LOS INVENTOS DE HIPÓLITO
[/h1]Amanecía en Puente Viejo. Emilia se había levantado temprano. Desde que Alfonso había recuperado la casa de comidas a ella no le importaba faenar todas las horas que hicieran falta. Aunque Alfonso y Pepa le habían aconsejado que no hiciera grandes esfuerzos, ella seguía trabajando como si nada. Al final su padre tendría razón, y a cabezota no la ganaba nadie.
-Buenos días Emilia.- La saludo Mariana. Pese haber recuperado la casa de comidas Mariana seguía trabajando allí. Mariana necesitaba un sueldo para no tener que volver a trabajar para la Doña y ella, que había sufrido lo que era para trabajar para Francisca, le quería ayudar. Además , necesitaba alguien que le ayudara en la cocina mientras esperaba a su primer hijo, y después del nacimiento de este.
-Buenos días Mariana. ¿Qué hay en la plaza para que estén todos allí?
-Hipólito, que ha vuelto hacer de las suyas.- Le explicó Mariana mientras sonreía y barría el suelo del patio.
-¿Qué le pasa a este ahora?- Preguntó Emilia. Y es que de sobras era conocido que Hipólito cambiaba de trabajo como de camisa.
-Inventor. Ahora dice que quiere ser inventor. Como un tal Julio Cervera.
-¿Y ese quien es?
-Es un hombre que ha hecho que de un aparato sin hilos saliera la voz de un hombre. Una tal radio le llaman.
-¿Pero a este muchacho se le ha destornilladlo la sesera?
En aquel instante llegó Hipólito con un cacharro en las manos.
-Bella Emilia, dulce Mariana. Os presento mi nuevo invento.
-Hipólito no tengo tiempo para tus tonterías.- Mariana le cortó-Tengo que ir a la cocina. ¿Qué
piensas, que estos parroquianos se alimentan solos? Alguien tiene que llenarles el buche.
-Claro dulce Mariana. Ve. ¿Con que delicia vas a conquistar hoy mi paladar?
-Hipólito no seas embaucador. Hoy creo que tocan lentejas ¿verdad Emilia?
Emilia estaba contemplando la plaza. Sabía que no podía ser verdad, pero le había parecido ver a Sebastián a lo lejos.
-¿Emilia que te tiene tan enfrascada en otros quehaceres?- Preguntó Hipólito mirando en
dirección a la plaza intentando atisbar que era aquello que desconcertaba a la bella Emilia.
-Nada. Miraba el escándalo que has montado por nada, botarate. Mariana vamos a la cocina. Hasta más ver Hipólito.
-Ve con Dios Bella Emilia. Mariana, ¿tu también piensas que no sirve para nada? Te voy a enseñar como..
-Hipólito, hasta luego- le dio un beso en la mejilla. Aquello si que lo dejo sin palabras para explicar su nuevo invento.
Hipólito se giró de nuevo y fue hacia la plaza.
-Señoras les presento el invento que revolucionara sus casas.
Capitulo 2: Vivimos en el mundo cuando amamos. Sólo una vida vivida para los demás merece la pena ser vivida.
[/h1]En ese instante, Alfonso entró por la puerta de la casa de comidas con cara de sorprendido.
-¿Y este Hipólito que ha hecho ahora?- preguntó Alfonso que venía cargado con el vino que había encargado a Marcial, el de la puebla.
-Nada, dice que quiere ser inventor.- respondió Mariana que empezaba a preparar la barra para la tanda de desayunos.
-Este muchacho cada vez esta peor. Aún que con los padres que tiene…
En aquel momento Emilia salió cargada con dos botijos y el firme propósito de ir a llenarlos a la fuente. Aunque tras aquello se encontrara el propósito de comprobar si la vista le había engañado o en aquella plaza se encontraba su hermano Sebastián.
-Pero Emilia, amor. ¿Donde vas?
-Es que no se ve. Pues a la fuente a llenar estos botijos.
-Emilia, deja que te ayude.- le pidió Alfonso.
-Que no hombre. Que yo puedo. Esto lo llevo haciendo desde pequeña y no me ha pasado nada.
Tu quédate aquí ayudando a Mariana.
- Pero nunca habías estado preñada, amor. En tu estado no puedes faenar tanto.
-Pero mira que es pesado tu hermano Mariana.- Miró a Mariana esperando complicidad. Pero no fue eso lo que encontró.
-Emilia. Por una vez tiene razón. Déjame que ya voy yo a por el agua.- Mariana le cogió los botijos y salió hacia la fuente.
-¡Pero bueno! Parece que todos os habéis puesto de acuerdo para que tenga que estar todos los días sentada mano sobre mano. – Se sentó en la silla más próxima.
-Emilia, mujer. No te enfades que lo hacemos por tu bien y por el bien de el hijo que viene en camino.
-Lo sé Alfonso. Pero es que yo no estoy hecha para ver como los demás trabajan mientras yo estoy sentada sin nada que hacer.
-Bueno. Yo si que tengo que faenar. Voy a la barra que ya vienen los primeros parroquianos. –Le dijo un beso en la frente y le susurró cariñosamente en el oído- Descansa Emilia. Hazlo por los
dos.
Alfonso se encaminó hacia la barra mientras saludaba a los paisanos.
- A los buenos días Fermín. Buenas Julián. Váyanse sentando que ahora les traigo un chato de vino y un poco de pan con chorizo y queso que nos han traído de Requejo. – Mientras de reojo miraba a su mujer que cada día estaba más guapa.
Capitulo 3: La peor prisión es un corazón cerrado.
[/h1]Aquella misma mañana Pepa desayunaba en el Jaral junto a Tristán. Desde que Soledad y Olmo habían sido condenados a cárcel ambos necesitaban tapar el hueco que Olmo y Soledad habían dejado en sus vidas. A Soledad no le quedaba mucho para salir ya que tan solo había sido condenada a tres semanas por ocultar un robo, que ella en principio no sabia. A eso también había que sumarle que Francisca había removido Roma con Santiago para que su hija saliera de la cárcel lo antes posible.
-Felicita a la cocinera del Jaral de mi parte- Dijo Tristán para romper el silencio que se había establecido entre ellos desde que, al ir a coger la jarra sus manos se habían tocado.
-La verdad es que las pastas son del Colmado. A Feliciana, la cocinera, le he dado la mañana libre. Y es que no me acabo de acostumbrar a tener a gente que trabaja para mi. Ni tener tres cucharas….- Aquello le hizo recordar a Águeda, su madre. La misma madre que Olmo había matado y por eso cumplía condena. Se derrumbó. Pensó que se iba a caer en cima el plato pero la cálida mano de Tristán la cogió justo a tiempo.
-¿Pepa? ¿Pepa estas bien?
-Si, Tristán , no te preocupes. La verdad es que desde que Olmo no esta me planteado en serio despedir a las criadas. La única razón por lo que no o he hecho es porque se que es la única forma que tienen de llevarse algo caliente a la boca y la única forma de mantener a sus familias.
-Eso te honra Pepa. – Se la quedó mirando. Deseaba tanto besarla. Pero sabía que no era lo correcto. Era su hermana. Por mucho que les pesara.
-Bueno, ¿y que tal con Gregoria?- Preguntó Pepa, quería cambiar de tema.
-Pero que le ha dado a todo el mundo con preguntar por ella. Ayer fui al colmado y Dolores también me preguntó. Mi madre también esta pesada con el tema. Pero si hasta cuando fui a visitar a mi hermana se preocupó más por ella que por mi.
-Es normal Tristan. Es tu prometida. Y esta en coma.
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#41
20/04/2012 16:28
Capitulo 20: Amor de madre, ni la nieve le hace enfriarse.
[/h1]A pesar que era finales de Abril y que ya estaba oscureciendo, unos pequeños copos de nieve empezaron a inundar una plaza que no se vestía de blanco desde hacía varios años. Soledad yacía en su cama de la posada un poco mejor. Emilia estaba sentada en una mesa junto a Tristán, Pepa y Alfonso. Sebastián y Raimundo se habían puesto un poco más alejados para hablar.
-Pero Padre, ¿Por qué lo hipotecó todo?
-Porque eres mi hijo Sebastián. ¿Qué clase de padre sería si cuando mi hijo necesita ayuda lo dejo en la cuneta?
-Ya padre. Pero ¿y Emilia? ¿Y su hijo?
-Lo sé Sebastián. En aquel momento no pensé en ella. Ni en el niño que lleva en sus entrañas.
Sebastián aún estaba pensando en aquello cuando un grito asustó a todos. Procedía de Emilia.
-Emilia, amor, ¿Estás bien?-Alfonso que se acababa de levantar, fue corriendo al lado de su amada.
-Pepa. Algo no va bien.
Pepa, alarmada por las palabras de Emilia, la llevó a su alcoba. La hizo estirarse y tras los exámenes correspondientes le dio una gran noticia.
-Emilia, parece que tu retoño nos va a ver las caras hoy.
Emilia, algo espesa por el dolor, le preguntó:
-Pepa ¿quieres decir que…?
-Si Emilia, así es.
Mientras tanto en la casa de comidas Alfonso estaba algo inquieto.
-¿Raimundo, cree usted que será algo importante?
-¿Padre, cree que puede ser por mi visita? Si fuera así no me lo perdonaría.
Raimundo, que estaba igual de nervioso que los dos muchachos solo pudo articular:
-Solo queda esperar.
Tristán, el menos nervioso de todos los allí presentes, se presentó voluntario para acercarse a la alcoba de Pepa y ver que era lo que le ocurría a Emilia. Conforme se acercaba se percató que le
pasara lo que le pasara, le estaba pasando a su hermana y a su sobrino. Aquello le hizo ponerse nervioso pero se trago los nervios. Y tras la explicación de Pepa llegó con la nueva a Alfonso, Raimundo y Sebastián. Emilia acababa de ponerse de parto.
#42
20/04/2012 16:37
Cada vez me gusta más. Seguro que el niño/a de Emilia es una monada.
#43
20/04/2012 16:39
¡¡¡POR FIN!!! 

#44
22/04/2012 11:58
Capitulo 21: Nieves
[/h1]Tras una hora larguísima Alfonso se alegró al oír a lo lejos el llanto de un bebe. Pese a que Tristán les había informado de que Pepa saldría a avisarles cuando su retoño viniera a este mundo, Alfonso no pudo reprimir las ganas de llegarse hasta la puerta de la alcoba de Pepa. Justo cuando su emoción le iba a empujar a abrir la puerta, Pepa la abrió.
-Emilia, mira que es impaciente tu marido.
Alfonso empezó a ruborizarse. Si ya sabía él que no era buena idea acercarse.
-Anda pasa. Has tenido una hija preciosa.
La miró. Era tan bonita. Estaba tranquilamente dormida en brazos de su madre.
-Es lo más bonito que he visto.-Emilia lo miró- Obviamente después de ti, mi amor.
Emilia lo perdonó.
-Ten Alfonso. –Le ofreció a su hija.- Coge a Nieves en tus manos.
-¿Nieves?-Alfonso se sorprendió. Aquel era el nombre que él de niño eligió para Ramiro y para Juan, aunque los dos resultaron ser varones. Así que cuando nació Mariana, él pensó que de una vez por todas habría una Nieves en la familia. Pero luego no resultó ser así. A sus padres les gustaba Mariana, y con los padres no hay nada que hacer. Menos con él. Porque él ya tenía claro que sería el permisivo de los dos. Y que cuidaría a Nieves como la niña de sus ojos.
-Sí. Lo tenía pensado desde hace tiempo. Una noche me acordé de que, cuando nació Mariana, tú me explicaste enrabiado que cuando tuvieras una hija se llamaría Nieves. Pues así se llama. Además parece que el destino nos ha ayudado.
-¿Has visto que bonita esta la plaza nevada? Es casi tan bonita como Nieves.
Emilia le completó la frase:
-Tan bonita como nuestra Nieves.
Pepa dejó a los tortolitos mirando por la ventana con Nieves en los brazos mientras salió. Fue a darle la feliz noticia al abuelo, al tío reconocido y al tío que le faltaba poco por ser reconocido.
-Ha tenido una niña preciosa- A Pepa le encantaba decir aquellas palabras. Por ellas llevaba
trabajando toda la vida. Pero en algunos casos aquellas palabras se convertían en “Lo siento. He perdido al bebe. No ha llegado a salir” o en casos peores “Siento decirles que tanto la madre como el bebe no han logrado sobrevivir. Lo siento de todo corazón”. Josefa, su madre, bueno su madre adoptiva, también partera, le había enseñado como llevar aquellos momentos. Pero siempre era un alivio decir aquellas palabras. Más si las conocía personalmente. Y como en todos los casos, y aquel no fue una excepción, aquellas palabras venían acompañadas de un brindis y una gran fiesta para celebrar aquellas palabras. Para celebrar que Nieves ya estaba en este mundo.
#45
22/04/2012 12:01
¡Que bonito el nacimiento de Nieves! ¡Continua cuando puedas!
#46
22/04/2012 21:58
Ya que mañana no podré subirlos y que muchos los lereis el 23 de Abril , el dia internacional del libro, he decidido poner 2 capitulos x 1. Vamos, como Carrefur.... Aquí van:
Aquella noche nievosa todo el pueblo se fue al catre con algo diferente; Emilia y Alfonso con Nieves, Raimundo con Sebastián aquí, Sebastián volvía a tener familia en Puente Viejo, Soledad una cama cálida fuera de la cárcel, Mariana y Paquito un promesa de amor, María Cristina con otra enrabiada, Francisca tenía otro amor y menos secretos, Hipólito con otro empleo nuevo, los Mirañar como siempre, con acelgas para cenar y Olmo, junto con Ruth tenían un nuevo plan para acabar de una vez con todas con Pepa.
----------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Aquella mañana la casa de comida estaba llena, pero solo menos de la mitad venia a comer, el resto tan solo venía a mirar a Nieves, la nueva Castañeda. Algunos venían de bien, ya fuera porque eran amigos de alguna de las dos partes o bien porque Emilia o Alfonso les habían ayudado alguna vez. Otros venían guiados por los rumores de que la nueva “Castañeda” tenía un gran parecido con su padre, Severiano Garcés, alias “El guapo”. Y es que de sobras era conocido que Emilia había ido al altar de la mano de Alfonso pero con el hijo de otro en sus entrañas. Por aquello, el pueblo tenía dos opiniones sobre Alfonso. Unos pensaban que era un calzonazos. Que había casado con una mujer en estado sin saberlo y que ahora tendría que cargar con el niño, en este caso, la niña de otro. Pero la otra parte del pueblo, las personas que conocían a Alfonso, sabían que él era consciente desde el primer momento del estado de Emilia y que aquello no impidió que se casen. Si no lo hubieran hecho, seguramente Emilia no hubiera podido salir a la calle con la cabeza alta nunca jamás. Pero para todo el pueblo menos para Alfonso, Pepa, Raimundo, Sebastián, los Castañeda e Hipólito, Emilia era una ramera que se iba al catre con el primero que pasara. Lo que no pensaron es que Emilia se entregó al hombre que quería, aquel que le prometió amor eterno aunque luego solo le ofreció dolor.
Entre la multitud entraron los Mirañar. Hipólito enseguida fue a saludar a Emilia y Alfonso y a ver a la pequeña Nieves. El alcalde se dirigió a Raimundo para parlamentar sobre el nacimiento de la pequeña y la vuelta de Sebastián. Dolores, la cotilla oficial del pueblo, se acercó a Emilia y le dejo caer el comentario que Emilia y Alfonso llevaban temiendo desde su boda.
-¡Uy! Que mona la niña, tiene un gran parecido a su padre.
Antes de que Alfonso, Raimundo y Sebastián se pudieran acercar, Emilia los tranquilizó.
-Tranquilo Alfonso, padre, Sebastián.-Susurro- Si tiene usted razón- Dolores empezó a sonreír.-Yo también encuentro que mi hija tiene gran parecido con Alfonso.
Dolores volvió hablar.
-Pues por el pueblo se dice que Alfonso no es el padre de tu hija.
-Dolores, eso lo dicen las lagartas como usted. Mi hija solo tiene y tendrá un padre y su nombre es Alfonso Castañeda, mi marido. Y si no quiere que yo vaya aireando sus intimidades, más le valdrá mantener esa boca que Dios le ha dado cerrada. Y procurar que sus amigas también la cierren. Y ahora, si me disculpa, voy a acostar a Nieves, que está cansada.-Y tras decir esto, Emilia se retiró a su alcoba.
Dolores se ofendió y aprovechando el silencio comentó.
-Raimundo, que mal le ha sentado la maternidad a tu hija.
Pedro la cogió del brazo y sugirió:
-Dolores mejor marchémonos.
-Si márchense si no quieren que les eche yo a patadas.-Alfonso estaba suficiente enfadado para cumplir su amenaza.
-Si, vayámonos-Respondió Dolores.
Dolores y Pedro salieron de la taberna; la una ofendida y el otro avergonzado por el espectáculo que su mujer había ofrecido.
Hipólito dejo a Nieves con su padre y prometió volver luego. Cuando alcanzó a sus padres, ya estaban en la puerta del colmado.
-Madre, me parece muy mal lo que ha hecho con Emilia.
-Hijo tan solo le hecho un comentario. Es ella la que lo ha exagerado todo.
-Dolores, ya sabes que no me gusta que vayas diciendo rumores por detrás, y menos de los Ulloa.
-Pues a quién no le guste que no esté conmigo.
-Como usted quiera, madre.- Hipólito salió del colmado y fue hacia la casa de comidas sin atender a los chillidos que hacia su madre llamándolo que escuchaban por toda la plaza.
Y tras él salió el alcalde. Y se dirigió al mismo lugar. Al haber dejado sola a dolores y haberle llevado la contraria, ya había aceptado que aquella noche, para variar, habrían acelgas. Eso, si volvían para cenar.
Capitulo 22: Cuando vas a hablar, asegurate de que tus palabras van a ser mejor que el silencio.
[/h1]Aquella noche nievosa todo el pueblo se fue al catre con algo diferente; Emilia y Alfonso con Nieves, Raimundo con Sebastián aquí, Sebastián volvía a tener familia en Puente Viejo, Soledad una cama cálida fuera de la cárcel, Mariana y Paquito un promesa de amor, María Cristina con otra enrabiada, Francisca tenía otro amor y menos secretos, Hipólito con otro empleo nuevo, los Mirañar como siempre, con acelgas para cenar y Olmo, junto con Ruth tenían un nuevo plan para acabar de una vez con todas con Pepa.
----------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Aquella mañana la casa de comida estaba llena, pero solo menos de la mitad venia a comer, el resto tan solo venía a mirar a Nieves, la nueva Castañeda. Algunos venían de bien, ya fuera porque eran amigos de alguna de las dos partes o bien porque Emilia o Alfonso les habían ayudado alguna vez. Otros venían guiados por los rumores de que la nueva “Castañeda” tenía un gran parecido con su padre, Severiano Garcés, alias “El guapo”. Y es que de sobras era conocido que Emilia había ido al altar de la mano de Alfonso pero con el hijo de otro en sus entrañas. Por aquello, el pueblo tenía dos opiniones sobre Alfonso. Unos pensaban que era un calzonazos. Que había casado con una mujer en estado sin saberlo y que ahora tendría que cargar con el niño, en este caso, la niña de otro. Pero la otra parte del pueblo, las personas que conocían a Alfonso, sabían que él era consciente desde el primer momento del estado de Emilia y que aquello no impidió que se casen. Si no lo hubieran hecho, seguramente Emilia no hubiera podido salir a la calle con la cabeza alta nunca jamás. Pero para todo el pueblo menos para Alfonso, Pepa, Raimundo, Sebastián, los Castañeda e Hipólito, Emilia era una ramera que se iba al catre con el primero que pasara. Lo que no pensaron es que Emilia se entregó al hombre que quería, aquel que le prometió amor eterno aunque luego solo le ofreció dolor.
Entre la multitud entraron los Mirañar. Hipólito enseguida fue a saludar a Emilia y Alfonso y a ver a la pequeña Nieves. El alcalde se dirigió a Raimundo para parlamentar sobre el nacimiento de la pequeña y la vuelta de Sebastián. Dolores, la cotilla oficial del pueblo, se acercó a Emilia y le dejo caer el comentario que Emilia y Alfonso llevaban temiendo desde su boda.
-¡Uy! Que mona la niña, tiene un gran parecido a su padre.
Antes de que Alfonso, Raimundo y Sebastián se pudieran acercar, Emilia los tranquilizó.
-Tranquilo Alfonso, padre, Sebastián.-Susurro- Si tiene usted razón- Dolores empezó a sonreír.-Yo también encuentro que mi hija tiene gran parecido con Alfonso.
Dolores volvió hablar.
-Pues por el pueblo se dice que Alfonso no es el padre de tu hija.
-Dolores, eso lo dicen las lagartas como usted. Mi hija solo tiene y tendrá un padre y su nombre es Alfonso Castañeda, mi marido. Y si no quiere que yo vaya aireando sus intimidades, más le valdrá mantener esa boca que Dios le ha dado cerrada. Y procurar que sus amigas también la cierren. Y ahora, si me disculpa, voy a acostar a Nieves, que está cansada.-Y tras decir esto, Emilia se retiró a su alcoba.
Dolores se ofendió y aprovechando el silencio comentó.
-Raimundo, que mal le ha sentado la maternidad a tu hija.
Pedro la cogió del brazo y sugirió:
-Dolores mejor marchémonos.
-Si márchense si no quieren que les eche yo a patadas.-Alfonso estaba suficiente enfadado para cumplir su amenaza.
-Si, vayámonos-Respondió Dolores.
Dolores y Pedro salieron de la taberna; la una ofendida y el otro avergonzado por el espectáculo que su mujer había ofrecido.
Hipólito dejo a Nieves con su padre y prometió volver luego. Cuando alcanzó a sus padres, ya estaban en la puerta del colmado.
-Madre, me parece muy mal lo que ha hecho con Emilia.
-Hijo tan solo le hecho un comentario. Es ella la que lo ha exagerado todo.
-Dolores, ya sabes que no me gusta que vayas diciendo rumores por detrás, y menos de los Ulloa.
-Pues a quién no le guste que no esté conmigo.
-Como usted quiera, madre.- Hipólito salió del colmado y fue hacia la casa de comidas sin atender a los chillidos que hacia su madre llamándolo que escuchaban por toda la plaza.
Y tras él salió el alcalde. Y se dirigió al mismo lugar. Al haber dejado sola a dolores y haberle llevado la contraria, ya había aceptado que aquella noche, para variar, habrían acelgas. Eso, si volvían para cenar.
#47
22/04/2012 22:00
Capitulo 23: Todo en la vida es a perder o a ganar
[/h1]Desde que Ramiro había vuelto al pueblo casi no paraba en casa. Tan solo iba de casa al trabajo y del trabajo a casa. Según su madre había sido una suerte que la Señora le hubiera vuelto a contratar, aunque sabía tan bien como él, que las gracias había que dárselas a Tristán, que había conseguido un permiso para que volviera del ejercito antes.
Nunca le había gustado trabajar en el campo para la Doña. De hecho era el único que seguía trabajando allí; Alfonso trabajaba en la casa de comidas junto a Mariana, Juan trabajaba de pintor en un local que había alquilado en La Puebla y su madre, seguía trabajando en la Casona, pero porque aquella era su voluntad.
Un rato después de haber ido a ver a su sobrina Nieves a la casa de comidas, se acercó al jaral. Una vez allí, Pepa le recibió con una taza en las manos de chocolate caliente y una sonrisa, como cada ver que se dejaba caer por el Jaral.
-Buenos días Pepa. ¿Me has hecho llamar?- Se acercó a ella que yacía sentada en un sofá pero no se atrevió a sentarse junto a ella. Para él, que no estaba acostumbrado a aquello, aquel sofá parecía a punto de quebrarse.
-Ramiro siéntate, tranquilo. Pese a que no lo parezca este sofá es tan resistente como una de las sillas de la posada.
Ramiro se sentó pero aún estaba incomodo.
-¿Quieres chocolate?- Pepa le ofreció una taza pero Ramiro negó con la cabeza.
-¿Para qué me habías hecho llamar?
-Se trata de Pascual, el capataz. El pobre hombre está muy mayor. Además Gerarda, su mujer está enferma. Algo pasajero pero...- Ramiro se estaba empezando a extrañar.
-¿Y qué tiene eso que ver conmigo, Pepa?
-Fíjate que no soy yo de andarme por las ramas, así que te lo diré. He pensado en ti como nuevo capataz. Antes de que digas nada, ya sé que estás trabajando para doña Francisca pero yo…- Ramiro no le dejo terminar la frase.
-Si Pepa, acepto.
-¿Ya está? ¿Nada más? ¿No quieres oír mis mejoras?-Pepa no cabía en sí de la sorpresa.
-No me hace falta, Pepa. Trabajar contigo, sean cuales sean tus condiciones, será mejor que trabajar para la Doña. ¿Entonces cuando empiezo a trabajar?
-Pues mañana mismo si te va bien.
-Aquí estaré jefa.-Ramiro salió por la puerta. Ya no tendría que volver a trabajar para Francisca.
#48
22/04/2012 23:01
¡que bonito y tierno estos capítulos! Con esos detalles de Emilia a su marido...
Y Ramiro de vuelta, que bien¡¡

Y Ramiro de vuelta, que bien¡¡
#49
24/04/2012 18:41
Capitulo 24: Cada viaje abre cada puerta de tu corazón...
[/h1]Salió del Jaral tan contento como unas castañuelas. Y flojo iba tarareando: “Al ver esa moza pasar, me vuelvo loco…” Paró. Una muchacha a lo lejos le llamó.
-Perdona jornalero, ¿me podrías indicar el camino a Puente Viejo?- la chica venia cargada con varias maletas.
-Por supuesto. Yo también me dirijo allí. ¿Le ayudo?-Ramiro se ofreció a llevarle alguna maleta.
-Si por favor.- La zagala descargó una parte de su peso en Ramiro.
-¿De dónde viene?- Preguntó Ramiro mientras reprendía el paso.
-De… de…- La muchacha no sabía que decir…
-No eres de aquí, ¿verdad? –Ramiro lo interpreto como que la moza desconocía la ciudad.
-No, yo soy de Barcelona. – En eso no mentía ya que su infancia había sido allí
-¿Y qué te trae tan lejos de tu ciudad?- preguntó Ramiro que cada vez sentía más curiosidad.
-Trabajo…
-¿Por cierto, cómo te llamas?- Ramiro formuló la pregunta que más temía.
-Nuria… -Aquel nombre era demasiado llamativo para un pueblo ya que la santa ni siquiera estaba
canonizada- Elena.- Ramiro la miraba con cara de no saber qué pasaba. Ella sintió que había herrado pero ya no se podía echar atrás. –Me llamo Nuria Elena. Mis padres tuvieron una pequeña discusión con mi nombre y yo acarree con el resultado- Ramiro sonrió. El sentido del humor siempre había sido su fuerte. -¿Y tú? ¿Cuál es tu nombre?
-En mi caso no hubo discusión. Me llamo Ramiro, y no busques complicaciones. Nací el día de San Ramiro y así me quedé. Como soy el pequeño de todos mis hermanos, ya habían agotado los nombres de mis abuelos.
“Nuria Elena” pensó que era un buen momento para empezar a conocer la gente con la que tendría que convivir hasta que alcanzara su objetivo, el “trabajo” que le había llevado hasta Puente Viejo.
-¿Así? ¿Cómo se llaman?
-El mayor es Alfonso. Luego viene Juan. Después yo y la ultima es Mariana… -Justo en aquel
momento llegaron a la plaza del pueblo por la calle que había al lado de la posada. Ramiro miró la
plaza y después a Nuria Elena.- Bienvenida a tu nuevo lugar, bienvenida a Puente Viejo.
#50
24/04/2012 18:52
¡Bieeeeen, Ruth ya ha llegado! Esperando tu continuación...
#51
24/04/2012 21:44
¿Y yo que puedo decir? Que es una maravilla, que adoro la vuelta de Ramiro y que gracias..tu ya sabes porque.
P.D: y no me llores con los fics, mujer, que los hago dulces, dulces hasta empachar...pero para que los disfrutéis.
P.D: y no me llores con los fics, mujer, que los hago dulces, dulces hasta empachar...pero para que los disfrutéis.
#52
26/04/2012 20:11
Capitulo 25: No es oro todo lo que reluce
[/h1]Después de haber escuchado los grandes requiebros que aquel tabernero mayor le había hecho sobre el pueblo, Ramiro le presentó a su hermano mayor, Alfonso, el dueño del local. Él le ofreció una habitación donde pasar la noche y que podría utilizar si deseaba prolongar su estancia allí. La posadera, muy segura de sí misma le dijo al tabernero joven, con una dulzura que le hizo creer que eran marido y mujer, que seguro que así lo haría. Y mirándola a ella sentenció:
-Puente Viejo es único. Tiene una magia que te atrapa.
-¿A si? ¿Qué tiene este pueblo de especial?
Al oír aquello y antes de que todos la aturullasen a explicaciones sobre el pueblo y las leyendas de los bosques de los alrededores Ramiro se ofreció voluntario para enseñarle el pueblo y las historias de chiquillos que circulaban por ahí. La tabernera le recordó:
-Recuérdale el hechizo de la fuente. Si quiere beber a morro y aceptar las condiciones que lo haga bien preparada.-Dicho esto se oyó un llanto ahogado de un bebe. La chica salió mientras decía-
Nieves, otra vez. Ya voy cariño, ya voy.
Una ver la chica había salido, Nuria Elena, discretamente se acercó a Ramiro.
-¿Quién es Nieves?- Debía de estar informada de todo.
-Es la hija de mi hermano Alfonso y de Emilia. Nació ayer.
-Ah. –Nuria Elena miró a Alfonso y sinceramente le dijo: -Felicidades. Me acaba de decir Ramiro que has tenido una hija. Debe ser un momento muy bonito ver el fruto de tu amor, ¿no?
Alfonso puso una sonrisa forzada y se fue hacia la cocina antes de que una lágrima aflorara de sus ojos.
Nuria Elena miro a Ramiro y preguntó:
-¿He dicho algo malo? ¿Algo que le pudiera herir?
-No, Nuria Elena, no creo que hayas dicho o hagas hecho nada mal. Tan solo es que la paternidad le
tiene las emociones a flor de piel…. Bueno, ¿vamos a dar la vuelta por el pueblo?
-Si un momento voy a dejar mis bártulos- y aclararse, pero aquello no lo dijo. Desde que había llegado al pueblo se sentía mal pero escuchaba la voz de Olmo diciéndole “Miénteles, Ruth, no pueden saber quien eres….”
#53
26/04/2012 20:21
¡Preciooso! Esperando continuación...
#54
27/04/2012 09:44
Viene curvas¡¡¡ Sigue, por Dios,no nos dejes así¡¡
#55
27/04/2012 10:18
Music:
Más ritmo y emoción que lo que nos dan por la tele.
A la espera quedamos de la continuación-
¡Que bonito el detalle de Nieves!
Los títulos de los capítulos, preciosos. ¡De dónde los sacas?
Besitos
Más ritmo y emoción que lo que nos dan por la tele.
A la espera quedamos de la continuación-
¡Que bonito el detalle de Nieves!
Los títulos de los capítulos, preciosos. ¡De dónde los sacas?
Besitos
#56
27/04/2012 14:32
Pues la verdad de St. Google.... 
Este puente seguramente habra pokito, me voy a
Carcassonne!!

Este puente seguramente habra pokito, me voy a

Carcassonne!!
#57
27/04/2012 15:54
Capitulo 26: La palabra es mitad de quien la pronuncia, mitad de quien la escucha.
[/h1]Nuria Elena y Ramiro salieron de la posada. Al salir se cruzaron con una mujer que entraba en la posada a la que Ramiro llamó Francisca Montenegro, y mientras le explicaba la historia de su pueblo cruzaron la plaza. Ella le comentó que le podía llamar solamente Nuria.
Mientras tanto, en la plaza, Francisca se acercó en la posada. Raimundo estaba solo detrás de la barra. No se acercó a él. Tan solo se quedó mirándolo tras el cristal de la puerta. Embobada. Tanto que Elena, su mujer de confianza temió por ella:
-¿Señora? ¿esta bien?
-Si, si, si Elena, estoy bien. Ves al colmado a comprar pastas.-Francisca quería estar sola para ir a hablar con Raimundo.
-Pero señora, creo que tenemos dos cajas llenas en el desván
-¿Elena, Es tu faena barruntar?- Francisca esperó respuesta de Elena que negó con la cabeza.- Entonces ves al colmado a por las pastas. Ah, y trae también un poco de chocolate.
-Pero señora….- Elena no dijo nada más. Tan solo se giró y se fue hacia el colmado.
Mientras Francisca entró a la casa de comidas. Raimundo al verla pegó un salto de alegría.
-¡Francisca!-dijo gritando- ¿Qué haces aquí mi….- Francisca le puso aquella mirada que siempre ponía cuando mantenían su relación en secreto y decía algo fuera de lugar. Raimundo interpretó correctamente a que se refería.- mi mayor enemiga? Márchate, no vas a encontrar nada con lo que hacerme sentirme mal. –Le miró a los ojos y deseó que ella lo hubiera entendido.
-Pues que voy hacer aquí mísero tabernero. - Francisca le guiñó el ojo- He venido a darte la enhorabuena por tu nieta. Aún que parece que ni eso quieres de mi, desagradecido. Nieves, se llama, ¿verdad? Que original ha sido tu hija. Nieves, porque nació un día que nevaba. Pues suerte que diluvió porque si no, pobre cría… Se ve que a tu hija se le van los esfuerzos en otras cosas…- Se acercó a él. Su corazón se desbocaba y sus labios pedían juntarse con los del Ulloa. Pero no podía. Tan solo susurró- Te espero en el chozo donde nos veíamos, mi viejo amor. –Y tras haber dicho esto dijo en voz alta.-Hazle saber a tu hija que he venido a ver a su hija pero que su egoísta padre no me ha dado su consentimiento.- Le volvió a guiñar el ojo, se giró y se fue hacia la puerta. Pero antes de salir de despidió:- Con Dios Ulloa.
-Adiós Francisca.
#58
27/04/2012 15:59
Contiiinuuua!!
#59
27/04/2012 21:58
La Paca acaba de pedirle un chozo al Ulloa??? 
¡Sigue! quiero ver eso jajaja

¡Sigue! quiero ver eso jajaja
#60
29/04/2012 14:18
Esta muy bien la historia musicintheair13. Lo que si me gustaria es que hubiera mas cosas que leer entre Tritán y Pepa, pero por lo demás...¡me encanta la historia!