Foro El secreto de Puente Viejo
Creemos nuestro propio Puente Viejo. ¡TODOS JUNTOS!
#0
07/03/2012 15:08
Fann3 me ha dado la idea de hacer esto, consiste en elaborar nuestra propia historia de Puente Viejo todos juntos. Cada forer@ va a ser un personaje de Puente Viejo.
Espero que os guste esta idea, me parece que lo podemos pasar muy bien.Si teneis alguna duda me lo deciis, y antes que nada si os parece bien, decidme que personaje quereis cada unos y yo los iré poniendo antes de empezar a elaborar la historia. Yo me pido Pepa si no os parece mal, si alguien quiereel personaje de Pepa yo me cojo otro y no pasa nada. Muchas gracias.



PERSONAJES PARA LA HISTORIA:
miri1309- Raimundo
Ruthlovetristan-Pepa
musicintheair13-Emilia
emshdopv-Soledad
Mariaesdpv-Tristán
Fann3-Alfonso
CristinaESDPV- Gregoria Casas
Franrai-Francisca
Triestrellasara-Mariana
Jessicavalido-Rosario
Laury93-Salvador Castro
Nhgsa- Sebastian Ulloa
Esdpvluna- D.Anselmo
¡PODEIS SEGUIR UNIENDOOS AUNQUE YA HAYAMOS EMPEZADO!
Aviso!! Por favor si os comprometeis a hacer un personaje, intentad escribir regularmente para darle continuidad a la historia y no quedar estancados. Muchas Gracias.
Y si quereis participar , informadnos con antelación, sino esto se desmadra y sería un caos. GRACIAS.
Espero que os guste esta idea, me parece que lo podemos pasar muy bien.Si teneis alguna duda me lo deciis, y antes que nada si os parece bien, decidme que personaje quereis cada unos y yo los iré poniendo antes de empezar a elaborar la historia. Yo me pido Pepa si no os parece mal, si alguien quiereel personaje de Pepa yo me cojo otro y no pasa nada. Muchas gracias.



PERSONAJES PARA LA HISTORIA:
miri1309- Raimundo
Ruthlovetristan-Pepa
musicintheair13-Emilia
emshdopv-Soledad
Mariaesdpv-Tristán
Fann3-Alfonso
CristinaESDPV- Gregoria Casas
Franrai-Francisca
Triestrellasara-Mariana
Jessicavalido-Rosario
Laury93-Salvador Castro
Nhgsa- Sebastian Ulloa
Esdpvluna- D.Anselmo
¡PODEIS SEGUIR UNIENDOOS AUNQUE YA HAYAMOS EMPEZADO!
Aviso!! Por favor si os comprometeis a hacer un personaje, intentad escribir regularmente para darle continuidad a la historia y no quedar estancados. Muchas Gracias.
Y si quereis participar , informadnos con antelación, sino esto se desmadra y sería un caos. GRACIAS.
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#41
17/03/2012 01:42
Me maldije a mí misma por no haber sabido medir mis palabras. Retorcí mis manos nerviosa, a riesgo de poner en peligro mi equilibrio. Moviendo mis labios al intentar balbucear sin éxito.
-Yo… Tristán…- no supe que inventar y una parte de mi me obligó a sincerarme con Raimundo. –Él me… me envió una misiva indicándome que se encontraba bien.- solté. Desahogándome en cierta forma. Noté como en la mirada del Ulloa seguía asomando un brillo desconfiado. Un brillo que me impidió volver a mostrarme débil frente a él. –Pero a ti mi hijo en nada te importa. –pronuncié. -Dudo incluso de que alguna vez algo te hubies importado lo suficiente.- terminé de decir hiriente.
-Yo… Tristán…- no supe que inventar y una parte de mi me obligó a sincerarme con Raimundo. –Él me… me envió una misiva indicándome que se encontraba bien.- solté. Desahogándome en cierta forma. Noté como en la mirada del Ulloa seguía asomando un brillo desconfiado. Un brillo que me impidió volver a mostrarme débil frente a él. –Pero a ti mi hijo en nada te importa. –pronuncié. -Dudo incluso de que alguna vez algo te hubies importado lo suficiente.- terminé de decir hiriente.
#42
17/03/2012 02:20
-¡Ah!- me quejé. Raimundo me zarandeaba con fuerza y a cada segundo que pasaba no hacía sino apretar más si cabe su agarre. Durante una época de mi vida estuve acostumbrada a recibir golpes a cada hora. Pero en este instante el gesto de Raimundo me dolía mucho más que todo el daño que me causó Salvador Castro.
Me moví intentando escapar de su agarre.
-Para, Raimundo, por favor.- pronuncié en un hilo de voz. –¡Me haces daño!
Él me soltó de repente dejándome en los brazos aun los restos del dolor. Quedó clavado en el sitio mientras yo, con los ojos enrojecidos y mil lágrimas a punto de escapar, lo miraba sin creer que Raimundo, el amor de mi vida, hubiese perdido los nervios de semejante forma.
Me moví intentando escapar de su agarre.
-Para, Raimundo, por favor.- pronuncié en un hilo de voz. –¡Me haces daño!
Él me soltó de repente dejándome en los brazos aun los restos del dolor. Quedó clavado en el sitio mientras yo, con los ojos enrojecidos y mil lágrimas a punto de escapar, lo miraba sin creer que Raimundo, el amor de mi vida, hubiese perdido los nervios de semejante forma.
#43
17/03/2012 02:47
Unas palabras de perdón llegaron a mis oídos. Tardías pues de nuevo había vuelto a herirme. No eran mis brazos los que me dolían sino el puñal que se había clavado en mí ya malherido corazón. Roto por él en mil pedazos.
Sin aún creer lo que había ocurrido y tras susurrarme sus disculpas dio un par de pasos hacia mí. Haciendo que el miedo a su reacción recorriese mi cuerpo cual escalofrió.
Impulsada por ese miedo, al tiempo que se acercaba, moví mis piernas caminando hacia atrás. Manteniendo la distancia entre ambos. Mas quizás, por el mismo miedo, por el cúmulo de sentimientos que me acompañaban o simplemente porque mi recuperación aún no era del todo completa, mis piernas temblaron más de lo debido. Haciendo perder el equilibrio. Traté de buscar algo en lo que agarrarme pero todo quedaba demasiado lejos.
Sin aún creer lo que había ocurrido y tras susurrarme sus disculpas dio un par de pasos hacia mí. Haciendo que el miedo a su reacción recorriese mi cuerpo cual escalofrió.
Impulsada por ese miedo, al tiempo que se acercaba, moví mis piernas caminando hacia atrás. Manteniendo la distancia entre ambos. Mas quizás, por el mismo miedo, por el cúmulo de sentimientos que me acompañaban o simplemente porque mi recuperación aún no era del todo completa, mis piernas temblaron más de lo debido. Haciendo perder el equilibrio. Traté de buscar algo en lo que agarrarme pero todo quedaba demasiado lejos.
#44
17/03/2012 11:43
Raimundo se había acercado a mi justo cuando creí sentir el choque de mi cuerpo contra el suelo. Y con una delicadeza extrema me había aportado el equilibrio que necesitaba.
Coloqué mis manos sobre su pecho al notar como sus brazos me rodeaban por la cintura, lejos ya de su intento de ayudarme a no caer. Un gemido proveniente de su garganta hizo que mi espalda se tensara y mis manos continuasen moviéndose solas, acariciándolo.
Busqué su mirada con la mía transmitiéndole el desconcierto que aquella cercanía me provocaba. En sus ojos, lejos de encontrar los malos sentimientos con los que hasta hacia un instante me había mirado, pude encontrar una chispa de deseo. De amor incluso. Sonreí levemente notando como una de las lágrimas que antes habían sido retenidas se deslizaba por mi mejilla. Quise gritare que lo amaba, mas él cerró los ojos en aquel instante acercando a ciegas sus labios a los míos.
Me dejé llevar de igual modo. Embriagada por su cercanía. Por su aroma. Haciendo que mi nariz chocase un par de veces con la de Raimundo antes de acercarme más aun a su boca. Sentía como su aliento se mezclaba con el mío mientras ambos intentábamos fallidamente respirar con normalidad. Casi podía notar sus labios sobre los míos, y justo en ese instante un millón de mariposas decidieron revolotear en mi estómago. Asustándome ante tal sensación, antigua conocida.
Sin dejar de maldecirme abrí los ojos, soltando el aire en un suspiro y separándome de él. Insegura ante la posibilidad de no hacer lo correcto.
Negué con la cabeza ordenada por la razón, pues el corazón me pedía tomar sus labios y beber de ellos hasta enloquecer.
-No… no podemos, Raimundo.- pronuncié en un susurro.
Él me miró confundido. Tratando de poner orden a sus ideas. Moviendo levemente sus labios intentando hablar.
-Esto no está bien.- hablé antes de que él lo hiciese. –No podemos.- repetí sin voz. Sintiendo como un par de lágrimas rodaban por mis mejillas. Lágrimas de impotencia por no poder hacer nada. Por no tener en mis manos el poder para cambiar mi vida. Por no haber sido capaz de armarme con la valentía necesaria. Por no sentirme con fuerzas como para afrontar el cambio que supondría abrirle mi corazón a Raimundo.
-Márchate.- le dije.
Coloqué mis manos sobre su pecho al notar como sus brazos me rodeaban por la cintura, lejos ya de su intento de ayudarme a no caer. Un gemido proveniente de su garganta hizo que mi espalda se tensara y mis manos continuasen moviéndose solas, acariciándolo.
Busqué su mirada con la mía transmitiéndole el desconcierto que aquella cercanía me provocaba. En sus ojos, lejos de encontrar los malos sentimientos con los que hasta hacia un instante me había mirado, pude encontrar una chispa de deseo. De amor incluso. Sonreí levemente notando como una de las lágrimas que antes habían sido retenidas se deslizaba por mi mejilla. Quise gritare que lo amaba, mas él cerró los ojos en aquel instante acercando a ciegas sus labios a los míos.
Me dejé llevar de igual modo. Embriagada por su cercanía. Por su aroma. Haciendo que mi nariz chocase un par de veces con la de Raimundo antes de acercarme más aun a su boca. Sentía como su aliento se mezclaba con el mío mientras ambos intentábamos fallidamente respirar con normalidad. Casi podía notar sus labios sobre los míos, y justo en ese instante un millón de mariposas decidieron revolotear en mi estómago. Asustándome ante tal sensación, antigua conocida.
Sin dejar de maldecirme abrí los ojos, soltando el aire en un suspiro y separándome de él. Insegura ante la posibilidad de no hacer lo correcto.
Negué con la cabeza ordenada por la razón, pues el corazón me pedía tomar sus labios y beber de ellos hasta enloquecer.
-No… no podemos, Raimundo.- pronuncié en un susurro.
Él me miró confundido. Tratando de poner orden a sus ideas. Moviendo levemente sus labios intentando hablar.
-Esto no está bien.- hablé antes de que él lo hiciese. –No podemos.- repetí sin voz. Sintiendo como un par de lágrimas rodaban por mis mejillas. Lágrimas de impotencia por no poder hacer nada. Por no tener en mis manos el poder para cambiar mi vida. Por no haber sido capaz de armarme con la valentía necesaria. Por no sentirme con fuerzas como para afrontar el cambio que supondría abrirle mi corazón a Raimundo.
-Márchate.- le dije.
#45
17/03/2012 14:01
Dormía en mi habitación de la posada, pero de pronto noté que una presencia me observaba.
#46
17/03/2012 16:22
sonrei, y le acaricie la cara, susurrando: Pepa, pepa estoy aqui
#47
18/03/2012 01:38
Hola! Aun estoy a tiempo de apuntarme? Yo pongo una parte provisional y si os mola me quedo, pero no digo exactamente quien soy... elucubrad, elucubrad...
Maldito crío, me dije, se había escapado de mis garras por pura fortuna. Llevaba años observándolo, a él y a todos en la Casona, al pueblo entero. Años preparando su venganza, maquinando mis perversos planes. Y po fin, mi paciencia había sido recompensada con la oportunidad perfecta. Tristán lejos de la familia, de su séquito de lamentables "amigos", lejos de todo y de todos... y desprotegido. Había sido mi oportunidad, pero aquel escurridizo zagal se había librado de mi trampa. Y todo por haber mandado a unos ignorantes pazguatos que no sabian hacer la O con un canuto qeu lo secuestraran. No es que aquel muchacho hubiera heredado mi astucia animal, pero había que reconocer que era hábil, casi tanto como su madre, y no le había costado demasiado burlar a mis hombres. Pero esto no me volverá a pasar. No, señor. Ya llevo mucho tiempo esperando, acechando como un lobo hambriento... Es hora de que pase a la acción.
Aún tengo qeu decir quien soy? vale, pero se le va la emocion. Puedo ser Salvador Castro? por fa!! aunque no este en la serie da mucha vidilla!
Maldito crío, me dije, se había escapado de mis garras por pura fortuna. Llevaba años observándolo, a él y a todos en la Casona, al pueblo entero. Años preparando su venganza, maquinando mis perversos planes. Y po fin, mi paciencia había sido recompensada con la oportunidad perfecta. Tristán lejos de la familia, de su séquito de lamentables "amigos", lejos de todo y de todos... y desprotegido. Había sido mi oportunidad, pero aquel escurridizo zagal se había librado de mi trampa. Y todo por haber mandado a unos ignorantes pazguatos que no sabian hacer la O con un canuto qeu lo secuestraran. No es que aquel muchacho hubiera heredado mi astucia animal, pero había que reconocer que era hábil, casi tanto como su madre, y no le había costado demasiado burlar a mis hombres. Pero esto no me volverá a pasar. No, señor. Ya llevo mucho tiempo esperando, acechando como un lobo hambriento... Es hora de que pase a la acción.
Aún tengo qeu decir quien soy? vale, pero se le va la emocion. Puedo ser Salvador Castro? por fa!! aunque no este en la serie da mucha vidilla!
#48
18/03/2012 19:40
Entorné un poco los ojos. Y me incorporé rapidamente. ¿Seía cierto lo que estaba viendo? Ante mí estaba Tristán que me susurraba. Mi primera reacción fue besarle, pero se me cayó el mundo encima cuando me di cuenta de que eramos hermanos.
#49
18/03/2012 23:45
La noche ya se cernía sobre aquel espantoso pueblo en el que viví durante años. Sinceramente, lo odiaba con todas mis fuerzas, igual que todo, igual que a todos. Pero al pasar frente a la decaída casa de comidas una furia más intensa de la normal se apoderó de mí. También tendría que ajustar cuentas por aquella parte, pero ya llegaría el momento. Por ahora, tenía algo mucho más importante que hacer. Me acerqué a paso ligero a mi objetivo, parando en seco al percibir la tenue luz de una vela en una de las ventanas de la posada. Las cortinas estaban echadas así que no pensé que pudieran llegar a verme y continué mi camino deslizándome entre las sombras.
La puerta se abrió profiriendo un leve quejido ahogado por los sonoros ronquidos de mi presa. Yacía dormido en el sofá con una biblia entre las manos, valiente tontería, me dije, como si eso pudiera salvarlo de mí. Sin perder un instante más en consideraciones de plañideras, empapé un pañuelo con el cloroformo que portaba rodeando su rostro con las manos, sintiendo las convulsiones de su cuerpo a sentir mi ataque, disfrutando en parte con sus vanos intentos de escaparse, notando como lo iban abandonando las fuerzas hasta caer rendido a mis pies. Una cosa menos, me dije, ahora tocaba prepararse para la actuación, mañana era el gran día y tenía que pensar bien su vestuario para que no lo descubrieran a la primera de cambio. Pronto todos sabrían de su regreso, pronto todos pagarían, pero por el momento era mejor que siguieran así... confiados, sin sospechar el peligro qeu se cierne ante ellos... sin sospechar que he vuelto.
Me dispuse a preparar mi indumentaria, y mi último pensamiento antes de embargarme en aquella titánica empresa fue si Rosario seguiría recibiendo a las visitas con esas rosquillas que me encantaban, mañana lo vería.
La puerta se abrió profiriendo un leve quejido ahogado por los sonoros ronquidos de mi presa. Yacía dormido en el sofá con una biblia entre las manos, valiente tontería, me dije, como si eso pudiera salvarlo de mí. Sin perder un instante más en consideraciones de plañideras, empapé un pañuelo con el cloroformo que portaba rodeando su rostro con las manos, sintiendo las convulsiones de su cuerpo a sentir mi ataque, disfrutando en parte con sus vanos intentos de escaparse, notando como lo iban abandonando las fuerzas hasta caer rendido a mis pies. Una cosa menos, me dije, ahora tocaba prepararse para la actuación, mañana era el gran día y tenía que pensar bien su vestuario para que no lo descubrieran a la primera de cambio. Pronto todos sabrían de su regreso, pronto todos pagarían, pero por el momento era mejor que siguieran así... confiados, sin sospechar el peligro qeu se cierne ante ellos... sin sospechar que he vuelto.
Me dispuse a preparar mi indumentaria, y mi último pensamiento antes de embargarme en aquella titánica empresa fue si Rosario seguiría recibiendo a las visitas con esas rosquillas que me encantaban, mañana lo vería.
#50
19/03/2012 01:53
(a mi me gusta la idea d Salvador)
no me importaba nada, la cogi de la cara y segui besandola con una pasion incontrolable, habia estado mucho tiempo alejado de ella, y todos y cada uno de los dias soñaba con este momento, en esos dias de cautiverio, ella fue mi unica razon para luchar.
no me importaba nada, la cogi de la cara y segui besandola con una pasion incontrolable, habia estado mucho tiempo alejado de ella, y todos y cada uno de los dias soñaba con este momento, en esos dias de cautiverio, ella fue mi unica razon para luchar.
#51
19/03/2012 19:32
Tristán comenzó a besarme, yo le dejaba. Llevaba tanto tiempo sin verle que no podía reprimir esta pasión, pero me di cuenta de que no era lo correcto y puse las manos en su pecho intentando separarnos. Le dije:
-Esto no esta bien. ¿Qué haces aquí? ¿Por qué desapareciste?
Él se entristeció al ver que me apartaba y me comenzó a explicar:
-Esto no esta bien. ¿Qué haces aquí? ¿Por qué desapareciste?
Él se entristeció al ver que me apartaba y me comenzó a explicar:
#52
19/03/2012 22:40
Sabía que era demasiado temprano, el alba apenas comenzaba a despuntar, el pueblo entero seguía sumido en un profundo sueño, ni siquiera los pájaros se decidían a abandonar a Morfeo, pero no podía soportar la espera. Siempre he sido un hombre de acción y ya llevaba 10 años esperando que llegase aquel momento. No, no quería seguir esperando. Emprendí mi camino y al llegar a mi destino el sol seguía oculto. Aún así me decidí a llamar a la puerta. Probablemente, en la Casona todos seguirían durmiendo, pero por otra parte aquella sería una ventaja, pillaría a Francisca por sorpresa. Ah, Francisca, tenía curiosidad por saber cómo la habría tratado el tiempo. Mientras aguardaba impaciente a que los criados se pusiesen en marcha para abrirme, maldije interiormente la tupida barba tras la que me veía obligado a ocultarte. Era la mejor opción para tapar mi rostro, pero la condenada picaba de una forma endemoniada.
Perdido como estaba en mis quejas, tardé un poco en darme cuenta de que la puerta me abría. Sin embargo, para mi sorpresa no era Rosario ni ninguna otra muchacha la que se encontraba frente a mí, sino Francisca que me miraba con una mezcla de asombro y reparo aguardando una explicación. Me dispuse a dársela no sin antes observar las profundas ojeras que cubrían su rostro y sus enrojecidos ojos. Aquello era muy interesante.
- Disculpe que me presente a estas horas- dije por fin disimulando el sonido de mi voz- pero ha pasado algo muy importante que debía comunicarle de inmediato- Ella no habló, no parecía muy convencida. Por suerte, tenía demasiado bien hilado mi papel- Verá, soy el nuevo párroco del pueblo, el Arzobispado me ha ordenado sustituir a Don Anselmo pues había de partir de sin demora a tratar un asunto muy importante de las altas esferas. Justo ayer recibí la notificación de qeu había de trasladarme aquí y yo mismo le comuniqué la noticia a Don Anselmo- a aquel pobre desgraciado, pensé, que seguirá vivo solo meintras lo necesite y que a va a pudrirse en mi sótano- Y él mismo me dijo que le contara todo esto lo antes posible. Y aquí me tiene, su fiel servidor.
Algo más convencida de mi presencia, y más por obligación qeu por gusto, me dejó entrar a la que durante años fue mi casa, a la que volvería a ser mi casa. Comenzaba el juego.
Perdido como estaba en mis quejas, tardé un poco en darme cuenta de que la puerta me abría. Sin embargo, para mi sorpresa no era Rosario ni ninguna otra muchacha la que se encontraba frente a mí, sino Francisca que me miraba con una mezcla de asombro y reparo aguardando una explicación. Me dispuse a dársela no sin antes observar las profundas ojeras que cubrían su rostro y sus enrojecidos ojos. Aquello era muy interesante.
- Disculpe que me presente a estas horas- dije por fin disimulando el sonido de mi voz- pero ha pasado algo muy importante que debía comunicarle de inmediato- Ella no habló, no parecía muy convencida. Por suerte, tenía demasiado bien hilado mi papel- Verá, soy el nuevo párroco del pueblo, el Arzobispado me ha ordenado sustituir a Don Anselmo pues había de partir de sin demora a tratar un asunto muy importante de las altas esferas. Justo ayer recibí la notificación de qeu había de trasladarme aquí y yo mismo le comuniqué la noticia a Don Anselmo- a aquel pobre desgraciado, pensé, que seguirá vivo solo meintras lo necesite y que a va a pudrirse en mi sótano- Y él mismo me dijo que le contara todo esto lo antes posible. Y aquí me tiene, su fiel servidor.
Algo más convencida de mi presencia, y más por obligación qeu por gusto, me dejó entrar a la que durante años fue mi casa, a la que volvería a ser mi casa. Comenzaba el juego.
#53
19/03/2012 23:11
-Se que te debo una explicacion Pepa, ha sido mucho tiempo, pero creeme que no ha sido por gusto *la mire entristecido, porque no me apetecia hablar de eso, solo me apetecia estrecharla entre mis brazos y no soltarla nunca* estuve..estuve secuestrado, pero no te alarmes, ya paso, y ya estoy aqui..
#54
20/03/2012 00:35
Disfruté del silencio que en aquellas horas inundaba la Casona. Era demasiado temprano para estar despierta pero en toda la noche no había conseguido conciliar el sueño. La cama me resultaba demasiado incomoda y mis pensamientos no me dejaban descansar. Desde la noche anterior ni cabeza no paraba de repetirme una y otra vez el momento de cercanía que Raimundo y yo compartimos. No dejaba de atormentarme con la idea de lo que hubiese pasado si no me hubiese separado de él. No dejaba de lamentarme por haberlo hecho.
Cerré los ojos. Meneé la cabeza convenciéndome de que las cosas eran demasiado difíciles como para olvidarlo todo de un plumazo. Como si nada hubiese ocurrido en todos estos años. Todo era demasiado complicado como para perdonárnoslo todo con un beso
Pero al mismo tiempo mi corazón moría por volver a tener la oportunidad y atrapar sus labios entre los míos. Abrí los ojos encontrándome con la pasta del libro que reposaba en mi regazo. “Cuando algo no se puede tener cerca, no conviene alejar su recuerdo” me dije. Abrí el libro por una página cualquiera y empecé a recitar el poema que allí encontré.
A través del follaje perenne
que oír deja rumores extraños,
y entre un mar de ondulante verdura,
amorosa mansión de los pájaros,
desde mis ventanas veo
el templo que quise tanto.
El templo que tanto quise...
Pues no sé decir ya si le quiero,
que en el rudo vaivén que sin tregua
se agitan mis pensamientos,
dudo si el rencor adusto
vive unido al amor en mi pecho.
Justo cuando el silencio se volvió a instalar en la Casona unos suaves golpes en la puerta principal me alentaron. Mire a mí alrededor esperando que alguna de mis sirvientas la abriese. Pero pronto caí en la cuenta de que era demasiado temprano como para que ya hubiesen llegado. Solté el libro en la mesa que tenía en frente y me dirigí hacia la entrada.
Al abrirla un hombre alto vestido con una sotana negra apareció frente a mí. No me paré demasiado en observarlo debido a mi débil estado de ánimo. Aguarde cayada a la explicación pertinente y al llegar esta ni siquiera lo escuché. Definitivamente lo de Tristán, y ahora el palpable acercamiento ocurrido con Raimundo me tenían dispersa.
El párroco, pues así creí escuchar que se presentaba, continuaba explicándose con una amable sonrisa entre los labios. Quizás intentando disculpar mi ensimismamiento, o agradecerle en cierto modo su amabilidad lo dejé pasar. Cerré la puerta tras su entrada. Indicándole con la mano donde se encontraba el salón.
-Y, ¿cómo ha dicho que se llama?- le pregunté.
Cerré los ojos. Meneé la cabeza convenciéndome de que las cosas eran demasiado difíciles como para olvidarlo todo de un plumazo. Como si nada hubiese ocurrido en todos estos años. Todo era demasiado complicado como para perdonárnoslo todo con un beso
Pero al mismo tiempo mi corazón moría por volver a tener la oportunidad y atrapar sus labios entre los míos. Abrí los ojos encontrándome con la pasta del libro que reposaba en mi regazo. “Cuando algo no se puede tener cerca, no conviene alejar su recuerdo” me dije. Abrí el libro por una página cualquiera y empecé a recitar el poema que allí encontré.
A través del follaje perenne
que oír deja rumores extraños,
y entre un mar de ondulante verdura,
amorosa mansión de los pájaros,
desde mis ventanas veo
el templo que quise tanto.
El templo que tanto quise...
Pues no sé decir ya si le quiero,
que en el rudo vaivén que sin tregua
se agitan mis pensamientos,
dudo si el rencor adusto
vive unido al amor en mi pecho.
Justo cuando el silencio se volvió a instalar en la Casona unos suaves golpes en la puerta principal me alentaron. Mire a mí alrededor esperando que alguna de mis sirvientas la abriese. Pero pronto caí en la cuenta de que era demasiado temprano como para que ya hubiesen llegado. Solté el libro en la mesa que tenía en frente y me dirigí hacia la entrada.
Al abrirla un hombre alto vestido con una sotana negra apareció frente a mí. No me paré demasiado en observarlo debido a mi débil estado de ánimo. Aguarde cayada a la explicación pertinente y al llegar esta ni siquiera lo escuché. Definitivamente lo de Tristán, y ahora el palpable acercamiento ocurrido con Raimundo me tenían dispersa.
El párroco, pues así creí escuchar que se presentaba, continuaba explicándose con una amable sonrisa entre los labios. Quizás intentando disculpar mi ensimismamiento, o agradecerle en cierto modo su amabilidad lo dejé pasar. Cerré la puerta tras su entrada. Indicándole con la mano donde se encontraba el salón.
-Y, ¿cómo ha dicho que se llama?- le pregunté.
#55
20/03/2012 00:55
- Ángel- le dije ¿Por qué no? Ya me hice llamar Salvador en una ocasión y como entonces gustaba de la ironía del nombre. ¿Pero acaso no era el mismo Lucifer un ángel caído? Podría decirse que yo era un ángel vengador.
Francisca se sentó indicándome que siguiera su ejemplo. Estaba muy desmejorada, pero seguía hermosa, siempre había sido una mujer con muchos... encantos por decirlo de alguna manera, lástima que tuviera tanto temperamento, hubieran podido divertirse mucho más. Tuve que reprenderme a mí mismo por perderme contemplando las curvas de la que fuera, y era, mi esposa, pues ella pareció darse cuenta aunque no dijo nada. Sin duda, se quedaría turbada.
- Disculpe de nuevo que me haya presentado así. No quería molestarla- Aunque de hecho, sí quería. Y lo haría
Francisca se sentó indicándome que siguiera su ejemplo. Estaba muy desmejorada, pero seguía hermosa, siempre había sido una mujer con muchos... encantos por decirlo de alguna manera, lástima que tuviera tanto temperamento, hubieran podido divertirse mucho más. Tuve que reprenderme a mí mismo por perderme contemplando las curvas de la que fuera, y era, mi esposa, pues ella pareció darse cuenta aunque no dijo nada. Sin duda, se quedaría turbada.
- Disculpe de nuevo que me haya presentado así. No quería molestarla- Aunque de hecho, sí quería. Y lo haría
#56
20/03/2012 01:07
Le sonreí forzosamente.
-No molesta absoluto.- contesté educadamente. –Ha de disculparme más de un tiempo a esta parte ando un tanto preocupada por unos asuntos y…- me sinceré.- Y no quero molestarle con mis problemas.- terminé disculpándome. Levanté la mirada clavando por primera vez mis ojos en los de él. Eran azules, con una profundidad que me resultaba antigua conocida. Negué con la cabeza desechando aquella idea, mas no pude evitar que un escalofrió de absoluto pavor recorriese mi espalda. –Le ruego que me disculpe por mi distracción, pero ¿qué le ha traído a mi casa? ¿Qué ha dicho que lo une a Don Anselmo?
-No molesta absoluto.- contesté educadamente. –Ha de disculparme más de un tiempo a esta parte ando un tanto preocupada por unos asuntos y…- me sinceré.- Y no quero molestarle con mis problemas.- terminé disculpándome. Levanté la mirada clavando por primera vez mis ojos en los de él. Eran azules, con una profundidad que me resultaba antigua conocida. Negué con la cabeza desechando aquella idea, mas no pude evitar que un escalofrió de absoluto pavor recorriese mi espalda. –Le ruego que me disculpe por mi distracción, pero ¿qué le ha traído a mi casa? ¿Qué ha dicho que lo une a Don Anselmo?
#57
20/03/2012 01:21
- Unir es mucho decir. Soy su sustituto. Debía marchar con presteza a tratar unos asuntos de suma importancia y puede que esté un tiempo lejos y el arzobispado no podía permitir que quedaran ustedes sin párroco. Aunque he de confesar que sí que conozco a Don Anselmo, de hecho somos viejos amigos y solemos conversar de ciertos temas que como verá solo con otro de la misma profesión pueden tratarse.
Sabía que la mente de Francisca estaba muy lejos de allí, quizás con aquel crío que teníamos por hijo o quizás... y era lo más probable, en su amante. No me importaban los sentimientos de aquella mujer, los de niguna, las mujeres eran todas unas furcias, unas traicioneras... una mujer ya había condenado mi existencia hacía mucho tiempo y ninguna volvería a hacerlo. Así que no, no eran los celos, ni el amor si es qeu tal cosa existe, lo que me impulsó a hablar, sino algo mucho más real. No iba a soportar la humillación de que mi mujer andara con un tabernero y sería divertido. Al fin y al cabo no debía perder de vista mi objetivo y cuanto más cansada y confundida estuviera ella, mejor para mí.
- Confío en que será usted una mujer discreta, pues he de comentarle un tema que me tiene preocupado. Ahora que he de enfrentarme al rebaño de este pueblo me preocupa un cierto pueblerino del qeu Anselmo me hablaba, no puedo decirle el nombre, pero sé qeu es un ateo, republicano, revolucionario... Pero lo que de verdad me aterra es lo que me dijo no hace mucho. Al parecer tal hombre iba a casarse con una mujer muy acaudalada, pero esta falleció. Anselmo me dijo que el mismo hombre del que le hablo le había confesado que solo se casaba con ella para recuperar patrimonio y no sé qué vieja gloria familiar y lo qeu me inquieta es que al ver frustrado sus planes le confesó a mi amigo qeu volvería a intentarlo con otra rica mujer, queriendo engañarla, engatusarla, manipularla como ya hiciera con la última, Dios tenga en su gloria, para recuperar el dinero que tanto llevaba esperando. Me gustaría poner a esta mujer en aviso ¿alguna idea de quién puede ser?
Sabía que la mente de Francisca estaba muy lejos de allí, quizás con aquel crío que teníamos por hijo o quizás... y era lo más probable, en su amante. No me importaban los sentimientos de aquella mujer, los de niguna, las mujeres eran todas unas furcias, unas traicioneras... una mujer ya había condenado mi existencia hacía mucho tiempo y ninguna volvería a hacerlo. Así que no, no eran los celos, ni el amor si es qeu tal cosa existe, lo que me impulsó a hablar, sino algo mucho más real. No iba a soportar la humillación de que mi mujer andara con un tabernero y sería divertido. Al fin y al cabo no debía perder de vista mi objetivo y cuanto más cansada y confundida estuviera ella, mejor para mí.
- Confío en que será usted una mujer discreta, pues he de comentarle un tema que me tiene preocupado. Ahora que he de enfrentarme al rebaño de este pueblo me preocupa un cierto pueblerino del qeu Anselmo me hablaba, no puedo decirle el nombre, pero sé qeu es un ateo, republicano, revolucionario... Pero lo que de verdad me aterra es lo que me dijo no hace mucho. Al parecer tal hombre iba a casarse con una mujer muy acaudalada, pero esta falleció. Anselmo me dijo que el mismo hombre del que le hablo le había confesado que solo se casaba con ella para recuperar patrimonio y no sé qué vieja gloria familiar y lo qeu me inquieta es que al ver frustrado sus planes le confesó a mi amigo qeu volvería a intentarlo con otra rica mujer, queriendo engañarla, engatusarla, manipularla como ya hiciera con la última, Dios tenga en su gloria, para recuperar el dinero que tanto llevaba esperando. Me gustaría poner a esta mujer en aviso ¿alguna idea de quién puede ser?
#58
20/03/2012 15:00
Atendí a su breve explicación que me dio cogiendome la mano.
¿Cómo que secuestrado? ¿pero no te han hecho nada?
Eché un vistazo por encima a su cuerpo, parecía que no estaba herido, aún así me preocupaba mucho:
¿Acaso no merezco tu explicación, que me cuentes lo que ha sucedido?-dije ya adquiriendo cierto tono de enfado
El sonrió y asintió y cuando iba a empezar a relatarmela, la puerta se abrió poco a poco, pude ver quien estaba detrás, era Raimundo.
¿Cómo que secuestrado? ¿pero no te han hecho nada?
Eché un vistazo por encima a su cuerpo, parecía que no estaba herido, aún así me preocupaba mucho:
¿Acaso no merezco tu explicación, que me cuentes lo que ha sucedido?-dije ya adquiriendo cierto tono de enfado
El sonrió y asintió y cuando iba a empezar a relatarmela, la puerta se abrió poco a poco, pude ver quien estaba detrás, era Raimundo.
#59
20/03/2012 15:17
Claro que la mereces *apretandole la mano iba a comenzar a relatarselo cuando la puerta se abrio, me gire para ver quien era*
#60
20/03/2012 17:14
Así que el hombre que tenía frente a mí era el sustituto de Don Anselmo. Suspiré en absoluto convencida. El cura no me había dicho nada. Ni a mí, ni al alcalde. Pues, conociendo el don de éste para contarlo todo, se le hubiese escapado en algún momento. Y más, teniendo en cuenta que si el asunto era tan grave como para llamar a alguien para que ocupe temporalmente su puesto, ambos, el cura y el alcalde, habrían de conocer la noticia desde hacía tiempo.
Continúe ofuscada en mis pensamientos mientras el nuevo párroco terminaba de hablar. Dirigiéndome, al instalarse el silencio, una mirada nada casta. A la cual no di demasiada importancia a pesar de tratarse de un hombre de Dios.
Y de pronto, con una simple palabra, ateo , capturó toda mi atención. Atención que no perdería en lo que restaba de mi conversación con él.
Lo dejé terminar de hablar. No había duda, se refería a él. A Raimundo. A mi amor. Y sus palabras no eran nada amables hacia él. Ángel no había hecho sino vituperar unos sucesos que a él en absoluto le incumbían.
-No sabía que Don Anselmo era de esa clase de hombres a los que les gusta airear todo lo que acontece a su alrededor.- y no lo era. Estaba segura. –Y mucho menos que difamara acerca de su amigo. Pues, aunque Raimundo sea un ateo en contra totalmente de la Iglesia, me consta que esa diferencia de ideales no dificulta su amistad.- las calumnias que ese párroco había vertido sobre Raimundo me habían hecho enfurecerme. –Además, -alcé el tono de voz. –Raimundo no es de esa clase de hombres. Yo misma lo conozco bien y jamás haría eso.- dije con total convencimiento. Convenciéndome, a mí misma, también de ello. Agaché la cabeza, arrepentida ante mi arranque, tras ver en los ojos azules que tanto me turbaban una extraña sombra de incomprensión. –Verá…- suavicé mi tono. –comprendo que al no conocerle y si verdaderamente esos comentarios han llegado a sus oídos, lo haya juzgado de tan injusta manera. Pero no es así.Raimundo es un buen hombre.- le insistí.
Me serví una copa de vino al sentir necesario aquel trago. Y educada le ofrecí otra copa a él, que asintió con la cabeza a modo de respuesta.
Bebí mi copa rapidamente. Rellenando el vaso tras acabarla.
-Ya se ha presentado ante todo el pueblo o soy la primera en recibir su molesta visita.- le pregunté con toda la amabilidad que siempre me ha caracterizado. Cambiando de tema pues para nada queria que aquel hombre conociese lo que a Raimundo y a mi nos unia.
Continúe ofuscada en mis pensamientos mientras el nuevo párroco terminaba de hablar. Dirigiéndome, al instalarse el silencio, una mirada nada casta. A la cual no di demasiada importancia a pesar de tratarse de un hombre de Dios.
Y de pronto, con una simple palabra, ateo , capturó toda mi atención. Atención que no perdería en lo que restaba de mi conversación con él.
Lo dejé terminar de hablar. No había duda, se refería a él. A Raimundo. A mi amor. Y sus palabras no eran nada amables hacia él. Ángel no había hecho sino vituperar unos sucesos que a él en absoluto le incumbían.
-No sabía que Don Anselmo era de esa clase de hombres a los que les gusta airear todo lo que acontece a su alrededor.- y no lo era. Estaba segura. –Y mucho menos que difamara acerca de su amigo. Pues, aunque Raimundo sea un ateo en contra totalmente de la Iglesia, me consta que esa diferencia de ideales no dificulta su amistad.- las calumnias que ese párroco había vertido sobre Raimundo me habían hecho enfurecerme. –Además, -alcé el tono de voz. –Raimundo no es de esa clase de hombres. Yo misma lo conozco bien y jamás haría eso.- dije con total convencimiento. Convenciéndome, a mí misma, también de ello. Agaché la cabeza, arrepentida ante mi arranque, tras ver en los ojos azules que tanto me turbaban una extraña sombra de incomprensión. –Verá…- suavicé mi tono. –comprendo que al no conocerle y si verdaderamente esos comentarios han llegado a sus oídos, lo haya juzgado de tan injusta manera. Pero no es así.Raimundo es un buen hombre.- le insistí.
Me serví una copa de vino al sentir necesario aquel trago. Y educada le ofrecí otra copa a él, que asintió con la cabeza a modo de respuesta.
Bebí mi copa rapidamente. Rellenando el vaso tras acabarla.
-Ya se ha presentado ante todo el pueblo o soy la primera en recibir su molesta visita.- le pregunté con toda la amabilidad que siempre me ha caracterizado. Cambiando de tema pues para nada queria que aquel hombre conociese lo que a Raimundo y a mi nos unia.