Foro El secreto de Puente Viejo
Creemos nuestro propio Puente Viejo. ¡TODOS JUNTOS!
#0
07/03/2012 15:08
Fann3 me ha dado la idea de hacer esto, consiste en elaborar nuestra propia historia de Puente Viejo todos juntos. Cada forer@ va a ser un personaje de Puente Viejo.
Espero que os guste esta idea, me parece que lo podemos pasar muy bien.Si teneis alguna duda me lo deciis, y antes que nada si os parece bien, decidme que personaje quereis cada unos y yo los iré poniendo antes de empezar a elaborar la historia. Yo me pido Pepa si no os parece mal, si alguien quiereel personaje de Pepa yo me cojo otro y no pasa nada. Muchas gracias.



PERSONAJES PARA LA HISTORIA:
miri1309- Raimundo
Ruthlovetristan-Pepa
musicintheair13-Emilia
emshdopv-Soledad
Mariaesdpv-Tristán
Fann3-Alfonso
CristinaESDPV- Gregoria Casas
Franrai-Francisca
Triestrellasara-Mariana
Jessicavalido-Rosario
Laury93-Salvador Castro
Nhgsa- Sebastian Ulloa
Esdpvluna- D.Anselmo
¡PODEIS SEGUIR UNIENDOOS AUNQUE YA HAYAMOS EMPEZADO!
Aviso!! Por favor si os comprometeis a hacer un personaje, intentad escribir regularmente para darle continuidad a la historia y no quedar estancados. Muchas Gracias.
Y si quereis participar , informadnos con antelación, sino esto se desmadra y sería un caos. GRACIAS.
Espero que os guste esta idea, me parece que lo podemos pasar muy bien.Si teneis alguna duda me lo deciis, y antes que nada si os parece bien, decidme que personaje quereis cada unos y yo los iré poniendo antes de empezar a elaborar la historia. Yo me pido Pepa si no os parece mal, si alguien quiereel personaje de Pepa yo me cojo otro y no pasa nada. Muchas gracias.



PERSONAJES PARA LA HISTORIA:
miri1309- Raimundo
Ruthlovetristan-Pepa
musicintheair13-Emilia
emshdopv-Soledad
Mariaesdpv-Tristán
Fann3-Alfonso
CristinaESDPV- Gregoria Casas
Franrai-Francisca
Triestrellasara-Mariana
Jessicavalido-Rosario
Laury93-Salvador Castro
Nhgsa- Sebastian Ulloa
Esdpvluna- D.Anselmo
¡PODEIS SEGUIR UNIENDOOS AUNQUE YA HAYAMOS EMPEZADO!
Aviso!! Por favor si os comprometeis a hacer un personaje, intentad escribir regularmente para darle continuidad a la historia y no quedar estancados. Muchas Gracias.
Y si quereis participar , informadnos con antelación, sino esto se desmadra y sería un caos. GRACIAS.
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#2801
31/07/2012 14:47
- ¿Cómo que no se investigó? – preguntó Emilia.
- Alejandro consiguió encontrar a un Guardia Civil que hizo una declaración escrita de que fue extorsionado por Oriol para falsificar ese informe saltándose el procedimiento que exige investigar cada cadáver. De hecho el capitán que aparece como el coordinador de la investigación del incendio, el capitán Rolio, no existe. Es un anagrama con el nombre de Oriol. Expediente que pudimos conseguir y que está en manos de la Guardia Civil. Sin olvidarnos de la serpiente que encontraron dibujada cerca del edificio con yeso blanco.
- Tras hacerse pasar por muerto tenía que buscar otra identidad. – proseguí.- Tomó como escondite la casa de un amigo suyo de aquel periodo, Salvador Franch, un zagal pupilo suyo. Su madre Adela, declaró ante la Guardia Civil que su hijo lo admiraba y que quería ser como él además de que Oriol dijo alguna vez bromeando que le gustaba el nombre de su hijo.
- En noviembre de ese mismo año es descubierto y se enzarza en un tiroteo en el que muere Salvador. Oriol consigue escapar. Es la última noticia que se tiene de él.
- Gracias a una foto que Juan encontró de Oriol y Eduardo Puig pudimos relacionar a Oriol con Salvador Castro. En aquél tiempo Alonso Castro estaba de negocios por Valencia. Como los hombres como él no se acuerdan de las caras de las prostitutas con las que se acuestan además de que Alonso no tenía hijos le fue fácil hacerse pasar por hijo suyo tras un encuentro con Flora. Alonso lo creyó y lo adoptó como hijo. A partir de ahí tenemos un gran rastro de falsificaciones de documentos, extorsiones y asesinatos. Documentos todos ellos en manos de la Guardia Civil. – dije respirando mejor ya que se acababa la historia. – Después volvieron a Asturias para asegurarse de que nadie sabía nada de él. Misteriosamente el archivo parroquial de su pueblo natal fue incendiado y por eso la partida de nacimiento de Salvador está hecha recientemente… demasiado recientemente. Y a partir de ahí Elvira y usted entran en su historia… – dije respirando hondo y mirando a Francisca y a mi padre.
- Alejandro consiguió encontrar a un Guardia Civil que hizo una declaración escrita de que fue extorsionado por Oriol para falsificar ese informe saltándose el procedimiento que exige investigar cada cadáver. De hecho el capitán que aparece como el coordinador de la investigación del incendio, el capitán Rolio, no existe. Es un anagrama con el nombre de Oriol. Expediente que pudimos conseguir y que está en manos de la Guardia Civil. Sin olvidarnos de la serpiente que encontraron dibujada cerca del edificio con yeso blanco.
- Tras hacerse pasar por muerto tenía que buscar otra identidad. – proseguí.- Tomó como escondite la casa de un amigo suyo de aquel periodo, Salvador Franch, un zagal pupilo suyo. Su madre Adela, declaró ante la Guardia Civil que su hijo lo admiraba y que quería ser como él además de que Oriol dijo alguna vez bromeando que le gustaba el nombre de su hijo.
- En noviembre de ese mismo año es descubierto y se enzarza en un tiroteo en el que muere Salvador. Oriol consigue escapar. Es la última noticia que se tiene de él.
- Gracias a una foto que Juan encontró de Oriol y Eduardo Puig pudimos relacionar a Oriol con Salvador Castro. En aquél tiempo Alonso Castro estaba de negocios por Valencia. Como los hombres como él no se acuerdan de las caras de las prostitutas con las que se acuestan además de que Alonso no tenía hijos le fue fácil hacerse pasar por hijo suyo tras un encuentro con Flora. Alonso lo creyó y lo adoptó como hijo. A partir de ahí tenemos un gran rastro de falsificaciones de documentos, extorsiones y asesinatos. Documentos todos ellos en manos de la Guardia Civil. – dije respirando mejor ya que se acababa la historia. – Después volvieron a Asturias para asegurarse de que nadie sabía nada de él. Misteriosamente el archivo parroquial de su pueblo natal fue incendiado y por eso la partida de nacimiento de Salvador está hecha recientemente… demasiado recientemente. Y a partir de ahí Elvira y usted entran en su historia… – dije respirando hondo y mirando a Francisca y a mi padre.
#2802
31/07/2012 14:48
Alfonso estaba descompuesto, acababa de descubrir que Olmo era su hermano y ademas había matado a Juan.Note como se enfurecía.
-Templa Alfonso-le susurre.
Emilia también se había dado cuenta y tomo la mano de su esposo.
Mariana se acerco a mi, me abrazo fuertemente cosa que yo agradecí, En ese momento Sebastian dijo que si queríamos irnos podíamos hacerlo en un intento por librarme de escuchar el resto de la historia.Mariana secundo sus palabras y marchamos a la cocina.Al llegar, Mariana puso a hervir el agua para hacer una tisana.
-¿Se encuentra bien madre?-pregunto preocupada.
-Si tesoro,no te preocupes-dije sentándome en una de las sillas.
En ese momento bajo Alfonso cabizbajo y se sentó en la silla que estaba frente a mi.
-Como me eche a la cara a Olmo mesia-dijo dando un puñetazo en la mesa.-pagara por lo que ha hecho-dijo furioso.
-Sosiegate Alfonso-le dije cogiendo su mano-tienes que pensar en tu mujer y en tu hija,ademas nada podrá devolvernos a Juan-dije con los ojos llenos de lagrimas.
Mariana me sirvió la tisana y se sentó a mi lado,yo bebí de la infusión tratando de calmarme.
-La quiero mucho madre-dijo besando mi mejilla.
-y yo a vosotros-dije cogiendo la mano de Mariana y la de Alfonso.
En ese momento entro Martin con Elena,el niño vino hacia mi y me beso.
¿Porque lloras?me pregunto apenado.
-No es nada tesoro-le dije acariciando su mejilla.-¿Que haces aun levantado?-pregunte revolviendole el cabello.
-No tengo sueño aun,ademas tienes que cumplir tu promesa-dijo sonriendo.
-¿Cual?-pregunte sabiendo a lo que se refería.
-A la taza de chocolate que me prometiste si venia-dijo ensanchando su sonrisa.
-Esta bien-dije levantándome-pero si me prometes que después iras a dormir-.
-Si,pero si tu me prometes otra cosa-dijo mirándome.
-¿Que cosa?-pregunte acariciando su rostro.
-Que no vas a llorar mas-.
-Te lo prometo-dije besando su mejilla.
-Templa Alfonso-le susurre.
Emilia también se había dado cuenta y tomo la mano de su esposo.
Mariana se acerco a mi, me abrazo fuertemente cosa que yo agradecí, En ese momento Sebastian dijo que si queríamos irnos podíamos hacerlo en un intento por librarme de escuchar el resto de la historia.Mariana secundo sus palabras y marchamos a la cocina.Al llegar, Mariana puso a hervir el agua para hacer una tisana.
-¿Se encuentra bien madre?-pregunto preocupada.
-Si tesoro,no te preocupes-dije sentándome en una de las sillas.
En ese momento bajo Alfonso cabizbajo y se sentó en la silla que estaba frente a mi.
-Como me eche a la cara a Olmo mesia-dijo dando un puñetazo en la mesa.-pagara por lo que ha hecho-dijo furioso.
-Sosiegate Alfonso-le dije cogiendo su mano-tienes que pensar en tu mujer y en tu hija,ademas nada podrá devolvernos a Juan-dije con los ojos llenos de lagrimas.
Mariana me sirvió la tisana y se sentó a mi lado,yo bebí de la infusión tratando de calmarme.
-La quiero mucho madre-dijo besando mi mejilla.
-y yo a vosotros-dije cogiendo la mano de Mariana y la de Alfonso.
En ese momento entro Martin con Elena,el niño vino hacia mi y me beso.
¿Porque lloras?me pregunto apenado.
-No es nada tesoro-le dije acariciando su mejilla.-¿Que haces aun levantado?-pregunte revolviendole el cabello.
-No tengo sueño aun,ademas tienes que cumplir tu promesa-dijo sonriendo.
-¿Cual?-pregunte sabiendo a lo que se refería.
-A la taza de chocolate que me prometiste si venia-dijo ensanchando su sonrisa.
-Esta bien-dije levantándome-pero si me prometes que después iras a dormir-.
-Si,pero si tu me prometes otra cosa-dijo mirándome.
-¿Que cosa?-pregunte acariciando su rostro.
-Que no vas a llorar mas-.
-Te lo prometo-dije besando su mejilla.
#2803
31/07/2012 20:17
Todo eso tenía: un pasado de atrocidades y un presente de remordimientos.
Llevaba un tiempo, días, quizás semanas, no lo sabía, vigilando, en la sombra como siempre. Viviendo en la sombra en la que yo mismo me había convertido. Y lo vi todo, porque lo sabía todo. Supe que Sebastián seguía vivo y escuché escondido como desvelaba un pasado que creía perdido, escuchando todos aquiellos relatos que más parecían una pesadilla que mi propia vida. Lo escuchaba sin llegar a creer que fuera mi vida y sin embargo lo era. Aquella era la vida a la que me habían empujado, sí, pero que había elegido. Mi caída estaba cerca podía presentirlo, y me hubiera dado igual, todo, si no hubiera sido por una figura de más, el intruso en la escena, el nuevo polizón de mi vida, el verdadero marido de Rosario, José. Era mayor y débil y podría haberlo matado sin despeinarme, pero en sus ojos había algo que yo ya jamás podría tener, que mi mirada jamás reflejaría: compasión, generosidad, un alma. Yo sentía amor por Rosario, por mi hija; nostalgia por la vida que pude haber tenido pero no tuve.
Y todo aquello ya me daba igual porque me sentía perdido, acorralado y solo. Más que nunca, más que nadie. Era cierto, era un monstruo, un animal. Pero un animal que se siente acorralado siempre ataca antes de dejarse vencer.
Llevaba un tiempo, días, quizás semanas, no lo sabía, vigilando, en la sombra como siempre. Viviendo en la sombra en la que yo mismo me había convertido. Y lo vi todo, porque lo sabía todo. Supe que Sebastián seguía vivo y escuché escondido como desvelaba un pasado que creía perdido, escuchando todos aquiellos relatos que más parecían una pesadilla que mi propia vida. Lo escuchaba sin llegar a creer que fuera mi vida y sin embargo lo era. Aquella era la vida a la que me habían empujado, sí, pero que había elegido. Mi caída estaba cerca podía presentirlo, y me hubiera dado igual, todo, si no hubiera sido por una figura de más, el intruso en la escena, el nuevo polizón de mi vida, el verdadero marido de Rosario, José. Era mayor y débil y podría haberlo matado sin despeinarme, pero en sus ojos había algo que yo ya jamás podría tener, que mi mirada jamás reflejaría: compasión, generosidad, un alma. Yo sentía amor por Rosario, por mi hija; nostalgia por la vida que pude haber tenido pero no tuve.
Y todo aquello ya me daba igual porque me sentía perdido, acorralado y solo. Más que nunca, más que nadie. Era cierto, era un monstruo, un animal. Pero un animal que se siente acorralado siempre ataca antes de dejarse vencer.
#2804
31/07/2012 22:19
Emilia bajo a reunirse con Alfonso en la cocina,nos dijo que la reunión ya había terminado.Tenia a la pequeña Laura dormida en sus brazos.Me pregunto por como me encontraba.
-Mejor,gracias hija-dije dedicándole una sonrisa y acariciando la carita de la pequeña.
-Sera mejor que volvamos a casa-dijo Alfonso besando a su esposa y a la niña.
-Que descanséis-me despedí de ellos y di a la niña un dulce beso en la frente,observando como se dirigían a la calesa que les esperaba fuera.
En ese momento llego Pepa que habia llevado a Martín a casa y había vuelto con su maletín para examinarme.
Tras tomarme la presión,me dijo que la tenia algo baja y que debía marchar ya a descansar.
-Ya ha oído a Pepa,-dijo Mariana-volvamos a casa,que padre debe estar preocupado.
-Esta bien,gracias por todo Pepa-me despedí de la muchacha.
Al llegar nos encontramos a José preocupado por nuestra tardanza.
-Ya era hora-suspiro-me teníais preocupado.
-Lo siento,hemos tenido mucha faena hoy-dije mirando a Mariana para que corroborara mis palabras,pues no quería preocuparle.
-Es cierto padre,yo estoy agotada-dijo dándonos un beso a su padre y a mi y retirándose a descansar.
Me senté en una de las sillas suspirando,las palabras de Sebastian aun resonaban en mi cabeza.observe como el se sentaba a mi lado y tomaba mi mano.
-¿Que te ocurre?-pregunto preocupado.
-No te preocupes,es solo cansancio-observe nuestras manos unidas.
-Hace días que necesito preguntarte algo-dijo apenado-¿de verdad que ya no me amas?-.
Yo lo mire sin saber que contestar,el estuvo a mi lado cuando mas sola me sentí y no era justo que le pagara de aquella forma.
-Es tarde, deberíamos ir a dormir-dije levantándome y rehuyendo responder a su pregunta.
-No me contestes si no quieres,pero que sepas que mis hijos y tu sois lo mas importante de mi vida.
-Tu también eres importante-dije tratando de mostrarle una sonrisa-eres el padre mis hijos y claro que te quiero.
El me devolvió la sonrisa y marchamos a descansar ya que mañana debía volver a la casona.
-Mejor,gracias hija-dije dedicándole una sonrisa y acariciando la carita de la pequeña.
-Sera mejor que volvamos a casa-dijo Alfonso besando a su esposa y a la niña.
-Que descanséis-me despedí de ellos y di a la niña un dulce beso en la frente,observando como se dirigían a la calesa que les esperaba fuera.
En ese momento llego Pepa que habia llevado a Martín a casa y había vuelto con su maletín para examinarme.
Tras tomarme la presión,me dijo que la tenia algo baja y que debía marchar ya a descansar.
-Ya ha oído a Pepa,-dijo Mariana-volvamos a casa,que padre debe estar preocupado.
-Esta bien,gracias por todo Pepa-me despedí de la muchacha.
Al llegar nos encontramos a José preocupado por nuestra tardanza.
-Ya era hora-suspiro-me teníais preocupado.
-Lo siento,hemos tenido mucha faena hoy-dije mirando a Mariana para que corroborara mis palabras,pues no quería preocuparle.
-Es cierto padre,yo estoy agotada-dijo dándonos un beso a su padre y a mi y retirándose a descansar.
Me senté en una de las sillas suspirando,las palabras de Sebastian aun resonaban en mi cabeza.observe como el se sentaba a mi lado y tomaba mi mano.
-¿Que te ocurre?-pregunto preocupado.
-No te preocupes,es solo cansancio-observe nuestras manos unidas.
-Hace días que necesito preguntarte algo-dijo apenado-¿de verdad que ya no me amas?-.
Yo lo mire sin saber que contestar,el estuvo a mi lado cuando mas sola me sentí y no era justo que le pagara de aquella forma.
-Es tarde, deberíamos ir a dormir-dije levantándome y rehuyendo responder a su pregunta.
-No me contestes si no quieres,pero que sepas que mis hijos y tu sois lo mas importante de mi vida.
-Tu también eres importante-dije tratando de mostrarle una sonrisa-eres el padre mis hijos y claro que te quiero.
El me devolvió la sonrisa y marchamos a descansar ya que mañana debía volver a la casona.
#2805
31/07/2012 22:48
No podía creer que aquello que Sebastián relataba fuese cierto. Sabía que el ser con el que casé era un monstruo, pero jamás hubiese imaginado tales atrocidades. No cabía en mi entendimiento cómo tanta maldad podía salir de un solo hombre. Me llevé la mano al pecho tratando de dar pábulo a las palabras del muchacho, que ya había concluido con su explicación.
Todos habíamos quedado en silencio, e incluso Rosario, Mariana y Alfonso se habían ido a mitad de la narración del joven Ulloa. Prostitutas, asesinatos, cambios de nombre... Suspiré tratando de encajar toda esa información.
Raimundo fue quien rompió el silencio, pidiendo disculpas en nombre de ambos para ausentarnos. Poniendo de excusa nuestra intranquilidad pues habíamos dejado a los niños arriba. Tomó mi mano y pusimos rumbo hacia nuestra alcoba. Sin saber yo muy bien, cual era el motivo para nuestra apresurada marcha. Y la seguridad de los pequeños no era pues bien vigilados habían de estar por Inés.
Entramos en la habitación y la criada se despidió, tras las buenas palabras de Raimundo. Me besó de improvisto y comenzó a moverse nervioso por la estancia. Sonreí ante su estado, sin saber bien que mosca le había picado.
"Nos podemos casar" dijo sonriente. Quedé seria unos instantes, prolongando mi estado de desconcierto hasta que todo pareció encajar de repente. ¿Cómo no me había percatado antes de ello? Salvador Castro no existía. No al menos aquel con el que me había casado. Aguanté las ganas de llevarme las manos a la boca, pues no quería ocultar la sonrisa que apareció en mis labios. Raimundo me abrazó con fuerza y un par de felices lágrimas rodaron por mis mejillas.
-Habrá que decírselo a Don Anselmo cuanto antes.- pronuncié nerviosa. Sonriente. -No puedo creerlo, mi amor.- me mordí el labio. -Podemos casarnos cuanto antes y... - reí. Comentando cuantas cosas habríamos de hacer a partir de ahora.
Frotó mi nariz contra la suya tras decirme que en cuanto Tristán saliese de la cárcel bautizaríamos a los niños y nos casaríamos pronto. Muy pronto.
-Tanto tiempo esperando escuchar eso, que ahora no puedo ni creerlo.- le dije henchida de felicidad. Besé sus labios con amor y con total alegría. La que ambos sentíamos pues al fin las cadenas viejas que me ataban al Castro, si así podía seguir llamándolo, habían desaparecido en un instante. -Te quiero, te quiero, te quiero...- repetía mientras lo besaba.
Desvié un instante mi mirada hacia los niños, asegurándome que estaban dormidos. Raimundo aprovechó ese instante para cogerme en brazos. Reí con ganas, pero con cuidado de no despertar a los niños. Caímos en la cama y decidió cortar mis risas con un profundo beso, del cual terminé un tanto descolocada.
Me pedí en su mirada como otras tantas veces y comencé a desabrochar su camisa. Nos desvestimos lentamente. Dejando las risas a un lado y dando paso a las intensas miradas.
Todos habíamos quedado en silencio, e incluso Rosario, Mariana y Alfonso se habían ido a mitad de la narración del joven Ulloa. Prostitutas, asesinatos, cambios de nombre... Suspiré tratando de encajar toda esa información.
Raimundo fue quien rompió el silencio, pidiendo disculpas en nombre de ambos para ausentarnos. Poniendo de excusa nuestra intranquilidad pues habíamos dejado a los niños arriba. Tomó mi mano y pusimos rumbo hacia nuestra alcoba. Sin saber yo muy bien, cual era el motivo para nuestra apresurada marcha. Y la seguridad de los pequeños no era pues bien vigilados habían de estar por Inés.
Entramos en la habitación y la criada se despidió, tras las buenas palabras de Raimundo. Me besó de improvisto y comenzó a moverse nervioso por la estancia. Sonreí ante su estado, sin saber bien que mosca le había picado.
"Nos podemos casar" dijo sonriente. Quedé seria unos instantes, prolongando mi estado de desconcierto hasta que todo pareció encajar de repente. ¿Cómo no me había percatado antes de ello? Salvador Castro no existía. No al menos aquel con el que me había casado. Aguanté las ganas de llevarme las manos a la boca, pues no quería ocultar la sonrisa que apareció en mis labios. Raimundo me abrazó con fuerza y un par de felices lágrimas rodaron por mis mejillas.
-Habrá que decírselo a Don Anselmo cuanto antes.- pronuncié nerviosa. Sonriente. -No puedo creerlo, mi amor.- me mordí el labio. -Podemos casarnos cuanto antes y... - reí. Comentando cuantas cosas habríamos de hacer a partir de ahora.
Frotó mi nariz contra la suya tras decirme que en cuanto Tristán saliese de la cárcel bautizaríamos a los niños y nos casaríamos pronto. Muy pronto.
-Tanto tiempo esperando escuchar eso, que ahora no puedo ni creerlo.- le dije henchida de felicidad. Besé sus labios con amor y con total alegría. La que ambos sentíamos pues al fin las cadenas viejas que me ataban al Castro, si así podía seguir llamándolo, habían desaparecido en un instante. -Te quiero, te quiero, te quiero...- repetía mientras lo besaba.
Desvié un instante mi mirada hacia los niños, asegurándome que estaban dormidos. Raimundo aprovechó ese instante para cogerme en brazos. Reí con ganas, pero con cuidado de no despertar a los niños. Caímos en la cama y decidió cortar mis risas con un profundo beso, del cual terminé un tanto descolocada.
Me pedí en su mirada como otras tantas veces y comencé a desabrochar su camisa. Nos desvestimos lentamente. Dejando las risas a un lado y dando paso a las intensas miradas.
#2806
31/07/2012 23:16
Mi padre no aguantó más y me dijo que necesitaba irse con Francisca. Yo suponía el motivo. La historia que acababa de contar suponía que ya no tenían que preocuparse por la hermana de Francisca. Eran libres para casarse.
Emilia bajó a la cocina para ver a Alfonso y Alejandro pidió permiso para ir a ver a los guardias. Soledad y yo nos quedamos a solas con Pepa.
- En cuanto a Tristán… ni qué decir tiene que podéis contar conmigo para lo que sea. – Pepa sonrió ante esas palabras. – ¿Qué ocurrió exactamente?
Pepa hizo un amago de hablar pero me aplazó a mañana. Después de todo lo que acababa de soltar sobre Salvador necesitaban descansar.
- Tienes razón. Hablaremos mañana. Pero no olvides que Tristán es nuestro hermano…
- Lo que Sebastián quiere decir es que… - dijo Soledad cogiéndole la mano a Pepa en señal de amistad. – no estás sola.
Pepa agradeció sus palabras y añadió con una sonrisa que mañana querría examinar a Soledad ya que no solía creer en milagros. Ambos reímos ante esas palabras.
Emilia bajó a la cocina para ver a Alfonso y Alejandro pidió permiso para ir a ver a los guardias. Soledad y yo nos quedamos a solas con Pepa.
- En cuanto a Tristán… ni qué decir tiene que podéis contar conmigo para lo que sea. – Pepa sonrió ante esas palabras. – ¿Qué ocurrió exactamente?
Pepa hizo un amago de hablar pero me aplazó a mañana. Después de todo lo que acababa de soltar sobre Salvador necesitaban descansar.
- Tienes razón. Hablaremos mañana. Pero no olvides que Tristán es nuestro hermano…
- Lo que Sebastián quiere decir es que… - dijo Soledad cogiéndole la mano a Pepa en señal de amistad. – no estás sola.
Pepa agradeció sus palabras y añadió con una sonrisa que mañana querría examinar a Soledad ya que no solía creer en milagros. Ambos reímos ante esas palabras.
#2807
31/07/2012 23:43
Todo había sido tan precipitado, enterarme de golpe de todo aquello...
Podía recuperar la herencia de mi madre, poco me importaba eso en esos momentos, mi mente solo podía pensar en Tristán.
La reunión acabó y deje a Martín en casa, volví junto con mi maletín para revisar a Rosario que tenía cierto malestar. Tan solo una bajada de tensión, lo mejor era que se fuera a descansar, así se lo referí a ella misma.
Bajé a las cocinas y allí estaban Sebastián y Soledad. Saludé a mi hermana con cariño y me hablaron del tema de Tristán. Les dije que mañana sería otro día y que lo aplazasemos. Además mañana iría a revisar a Soledad. Me hicieron sentir bien, acompañada.
Volví a casa agotada, deseosa de estar con mi pequeños y pensando en Tristán, me dormí junto a ellos.
Podía recuperar la herencia de mi madre, poco me importaba eso en esos momentos, mi mente solo podía pensar en Tristán.
La reunión acabó y deje a Martín en casa, volví junto con mi maletín para revisar a Rosario que tenía cierto malestar. Tan solo una bajada de tensión, lo mejor era que se fuera a descansar, así se lo referí a ella misma.
Bajé a las cocinas y allí estaban Sebastián y Soledad. Saludé a mi hermana con cariño y me hablaron del tema de Tristán. Les dije que mañana sería otro día y que lo aplazasemos. Además mañana iría a revisar a Soledad. Me hicieron sentir bien, acompañada.
Volví a casa agotada, deseosa de estar con mi pequeños y pensando en Tristán, me dormí junto a ellos.
#2808
31/07/2012 23:50
Se despidió de nosotros y fue a la cocina a examinar a Rosario. Por un momento dudé de si ir o no a verla. Todavía quedaba gente en la Casona así que pensé que no era el mejor momento. Mañana hablaría con ella. Alejandro se instaló en una de las habitaciones de invitados de la Casona. Abracé a Soledad aprovechando que no quedaba nadie en el salón y le dije:
- Bueno… creo que nosotros también nos merecemos un descanso ¿no crees?
- Bien dicho…
Y ambos subimos con una sonrisa en los labios a la habitación. Al pasar por el dormitorio de Francisca oímos ciertos sonidos que nos hacían imaginar qué estaban haciendo nuestros padres. Ambos nos miramos sonrientes. Al llegar a la habitación Soledad hizo ademán de irse. Yo le cogí del brazo y le dije inocentemente:
- ¿No puedes quedarte un ratito conmigo?
- Señor Sebastián Ulloa ¿está intentando que duerma con usted esta noche?
- Bueno… esa es la idea. – dije mientras la abrazaba con ternura y le sonreía.
- ¿Es consciente de que corre peligro de muerte a manos de Francisca Montenegro?
- No sé por qué pero creo que me lo perdonará. – dije bromista.
Ambos reímos tras mis palabras.
- Nunca pensé que se respiraría tanta felicidad en la casa. Sin contar lo de Tristán claro.
- Sacaremos a tu hermano del penal… no te preocupes. Siempre hay luz al final del túnel. – dije intentando tranquilizarla. - ¿Recuerdas lo nerviosos que estábamos al empezar la aventura?
Soledad asintió y dijo:
- Mereció la pena. – dijo mirándome enamorada. – Sebastián… le has dado a nuestros padres la llave de su felicidad… y no imaginas cuánto te amo por eso. No imaginas cómo amo tu forma de amar, de entregarte… Eres increíble. Me has hecho sentirme fuerte y segura de mí misma como nunca antes me había sentido. Y vas a darme un hijo… Gracias… - me dijo susurrando con lágrimas en los ojos.
Tras esas palabras no pude evitar besarla con pasión. Poco a poco nuestras caricias nos obligaron a quitarnos la ropa y caímos en la cama presos del amor más absoluto y puro.
- Te quiero Soledad… - dije contemplándola con amor y acariciando su piel. – Te querré más allá de la muerte…
Y el amor nos llevó de nuevo a ese lugar donde solo pueden ir los enamorados cuando se unen: el cielo.
- Bueno… creo que nosotros también nos merecemos un descanso ¿no crees?
- Bien dicho…
Y ambos subimos con una sonrisa en los labios a la habitación. Al pasar por el dormitorio de Francisca oímos ciertos sonidos que nos hacían imaginar qué estaban haciendo nuestros padres. Ambos nos miramos sonrientes. Al llegar a la habitación Soledad hizo ademán de irse. Yo le cogí del brazo y le dije inocentemente:
- ¿No puedes quedarte un ratito conmigo?
- Señor Sebastián Ulloa ¿está intentando que duerma con usted esta noche?
- Bueno… esa es la idea. – dije mientras la abrazaba con ternura y le sonreía.
- ¿Es consciente de que corre peligro de muerte a manos de Francisca Montenegro?
- No sé por qué pero creo que me lo perdonará. – dije bromista.
Ambos reímos tras mis palabras.
- Nunca pensé que se respiraría tanta felicidad en la casa. Sin contar lo de Tristán claro.
- Sacaremos a tu hermano del penal… no te preocupes. Siempre hay luz al final del túnel. – dije intentando tranquilizarla. - ¿Recuerdas lo nerviosos que estábamos al empezar la aventura?
Soledad asintió y dijo:
- Mereció la pena. – dijo mirándome enamorada. – Sebastián… le has dado a nuestros padres la llave de su felicidad… y no imaginas cuánto te amo por eso. No imaginas cómo amo tu forma de amar, de entregarte… Eres increíble. Me has hecho sentirme fuerte y segura de mí misma como nunca antes me había sentido. Y vas a darme un hijo… Gracias… - me dijo susurrando con lágrimas en los ojos.
Tras esas palabras no pude evitar besarla con pasión. Poco a poco nuestras caricias nos obligaron a quitarnos la ropa y caímos en la cama presos del amor más absoluto y puro.
- Te quiero Soledad… - dije contemplándola con amor y acariciando su piel. – Te querré más allá de la muerte…
Y el amor nos llevó de nuevo a ese lugar donde solo pueden ir los enamorados cuando se unen: el cielo.
#2809
01/08/2012 23:31
Abrí los ojos cuando los primeros rayos de sol se filtraban a través de la ventana.Mire a José que dormía plácidamente,una sonrisa se dibujo en mis labios al ver su semblante tan relajado.Me levante sin hacer ruido y fui a desayunar algo antes de marchar a la casona,me encontré a Mariana que estaba calentando algo de leche.
-Buenas días tesoro-dije besando su mejilla.
-Buenas días madre,¿como se encuentra?-pregunto poniendo una mano en mi hombro.
-Mejor hija,lista para la faena-dije sonriendo-¿que es eso que huele también?-pregunte mirando lo que había encima de la mesa.
-he hecho rosquillas-Mariana mostró una hermosa sonrisa.
-Muy contenta estas tu-dije de chanza-¿que o quien es el motivo de esa sonrisa?-pregunte mirándola expectante.
Vi como sus mejillas se ruborizaban y sonreí.
-Tu te has enamoriscao-dije riendo-y creo saber de quien-.
-No diga tonterías madre-dijo avergonzada.
-Vamos Mariana,ya estas en edad de tener novio,pero eso si,primero le tendré que dar el visto bueno-.dije dando un toque en su nariz.-y ahora vamos a desayunar que se hace tarde y creo que tu te mueres por ver a alguien-dije mirándola.
-Madre por favor-dijo sentándose a mi lado.
Ambas terminamos de desayunar y pusimos rumbo a la casona.
-Buenas días tesoro-dije besando su mejilla.
-Buenas días madre,¿como se encuentra?-pregunto poniendo una mano en mi hombro.
-Mejor hija,lista para la faena-dije sonriendo-¿que es eso que huele también?-pregunte mirando lo que había encima de la mesa.
-he hecho rosquillas-Mariana mostró una hermosa sonrisa.
-Muy contenta estas tu-dije de chanza-¿que o quien es el motivo de esa sonrisa?-pregunte mirándola expectante.
Vi como sus mejillas se ruborizaban y sonreí.
-Tu te has enamoriscao-dije riendo-y creo saber de quien-.
-No diga tonterías madre-dijo avergonzada.
-Vamos Mariana,ya estas en edad de tener novio,pero eso si,primero le tendré que dar el visto bueno-.dije dando un toque en su nariz.-y ahora vamos a desayunar que se hace tarde y creo que tu te mueres por ver a alguien-dije mirándola.
-Madre por favor-dijo sentándose a mi lado.
Ambas terminamos de desayunar y pusimos rumbo a la casona.
#2810
03/08/2012 14:30
Me mordí el labio observando como Raimundo dormía plácidamente. Tranquilo, relajado. Con una sonrisa aun en sueños. Al fin la vida parecía darnos otro respiro, otra oportunidad para alcanzar la dicha absoluta. Una felicidad que, como otras tantas veces, se veía empañada por una desgracia. Tristán estaba en la cárcel por un delito de asesinato, y si finalmente era juzgado como culpable... Poco podríamos hacer por él. Meneé la cabeza. Todo se solucionaría. Estaba segura de ello.
Llevé mi mano hacia el pecho desnudo de Raimundo. Acariciando su abdomen. Tratando así de que despertarle. Consiguiéndolo, pues pronto comenzó a removerse. Me incliné un poco hacia él, dejando un reguero de besos en su cuello mientras terminaba de despertar.
Sonreí aun más al escucharlo hablar y me separé un poco. Volviendo a quedar sentada en el borde de la cama.
-Buenos días, mi rey.- le dije cariñosa. -Te he traído el desayuno.- añadí señalándole la bandeja que había sobre la mesita de noche. -Yo marcho ya que quiero pasarme a hablar con Pepa antes de dirigirme hacia cuartel para ver que puedo saber sobre el estado de Tristán.- lo informé. Levantándome de la cama tras darle un fugaz beso en los labios.
Miré a los niños y los acaricié tiernamente. Dándole alguna indicación que otra a Raimundo sobre los pequeños.
-Te quiero.- pronunciaron mis labios antes de salir de la habitación.
Bajé las escaleras y Rosario me informó de que Don Anselmo acababa de llegar. Agradecí a la criada y me dirigí hacia el salón. El cura saludó amablemente, conocedor ya de las noticias que nos habían dado Sebastián y Soledad. Me disculpé ante él, pues realmente quería ir cuanto antes a ver a Tristán, y supo comprenderme.
-Raimundo no tardará en bajar.- le dije, mostrándole después una hermosa sonrisa y encaminándome hacia la puerta.
Decidí ir a pie. Como estaban las cosas, intuía que Salvador no me acecharía en mitad de los caminos y un paseo nunca le viene mal a nadie. Poco tardé en llegar a la casa de Tristán y Pepa y una sirvienta me invitó a pasar sin problemas.
-Buenos días, Pepa.- la saludé al verla. Ella me mostró una triste sonrisa que yo no fui capaz de devolver. Nos sentamos bajo la compañía de un par de tazas de té y unas pastas que ni punto de comparación tenían con las de Rosario. -Pepa... Necesito que me cuentes todo lo que ha pasado.- le pedí. -Ahora me dirigía hacia el cuartel para ver a Tristán y no puedo hacer nada si no sé siquiera lo que ocurrió.- argumenté. Esperando que la joven se armase de valor para hablar. Necesitaría todas y cada una de las palabras que consiguiese pronunciar referente al tema.
Llevé mi mano hacia el pecho desnudo de Raimundo. Acariciando su abdomen. Tratando así de que despertarle. Consiguiéndolo, pues pronto comenzó a removerse. Me incliné un poco hacia él, dejando un reguero de besos en su cuello mientras terminaba de despertar.
Sonreí aun más al escucharlo hablar y me separé un poco. Volviendo a quedar sentada en el borde de la cama.
-Buenos días, mi rey.- le dije cariñosa. -Te he traído el desayuno.- añadí señalándole la bandeja que había sobre la mesita de noche. -Yo marcho ya que quiero pasarme a hablar con Pepa antes de dirigirme hacia cuartel para ver que puedo saber sobre el estado de Tristán.- lo informé. Levantándome de la cama tras darle un fugaz beso en los labios.
Miré a los niños y los acaricié tiernamente. Dándole alguna indicación que otra a Raimundo sobre los pequeños.
-Te quiero.- pronunciaron mis labios antes de salir de la habitación.
Bajé las escaleras y Rosario me informó de que Don Anselmo acababa de llegar. Agradecí a la criada y me dirigí hacia el salón. El cura saludó amablemente, conocedor ya de las noticias que nos habían dado Sebastián y Soledad. Me disculpé ante él, pues realmente quería ir cuanto antes a ver a Tristán, y supo comprenderme.
-Raimundo no tardará en bajar.- le dije, mostrándole después una hermosa sonrisa y encaminándome hacia la puerta.
Decidí ir a pie. Como estaban las cosas, intuía que Salvador no me acecharía en mitad de los caminos y un paseo nunca le viene mal a nadie. Poco tardé en llegar a la casa de Tristán y Pepa y una sirvienta me invitó a pasar sin problemas.
-Buenos días, Pepa.- la saludé al verla. Ella me mostró una triste sonrisa que yo no fui capaz de devolver. Nos sentamos bajo la compañía de un par de tazas de té y unas pastas que ni punto de comparación tenían con las de Rosario. -Pepa... Necesito que me cuentes todo lo que ha pasado.- le pedí. -Ahora me dirigía hacia el cuartel para ver a Tristán y no puedo hacer nada si no sé siquiera lo que ocurrió.- argumenté. Esperando que la joven se armase de valor para hablar. Necesitaría todas y cada una de las palabras que consiguiese pronunciar referente al tema.
#2811
03/08/2012 22:14
Termine de preparar los desayunos cuando escuche la puerta encontrándome con Don Anselmo.
-Buenos días padre-salude con una sonrisa.
-Buenos días Rosario,¿se encuentra doña Francisca?-pregunto entrando en el salón.
-Todavía se encuentra arriba, subiré a decirle que ha llegado-dije encaminándome a las escaleras.
-Por cierto Rosario,he oído por el pueblo que tu esposo ha vuelto¿Es eso cierto?-pregunto algo extrañado.
-Así es padre,llego hace unos días-.
-Pues en cuanto pueda dile que me pasare a saludarlo-.
-Así lo haré no se preocupe y ahora si me disculpa iré a avisar a la señora-dije subiendo las escaleras.
-¿Te ocurre algo hija?-pregunto parándome.
-No es nada padre,no se preocupe,le daré su recado a José -dije tratando de sonreír.
-Sabes que puedes contarme lo que sea-dijo cogiendo mi mano.
-Lo se,pero de verdad que no me sucede nada-dije terminando de subir-voy a avisar a la señora.
La encontré ya bajando.
-Señora Don Anselmo la espera en el salón-anuncie.
Ella me lo agradeció y se dirigió al salón donde la esperaba don Anselmo.
-Buenos días padre-salude con una sonrisa.
-Buenos días Rosario,¿se encuentra doña Francisca?-pregunto entrando en el salón.
-Todavía se encuentra arriba, subiré a decirle que ha llegado-dije encaminándome a las escaleras.
-Por cierto Rosario,he oído por el pueblo que tu esposo ha vuelto¿Es eso cierto?-pregunto algo extrañado.
-Así es padre,llego hace unos días-.
-Pues en cuanto pueda dile que me pasare a saludarlo-.
-Así lo haré no se preocupe y ahora si me disculpa iré a avisar a la señora-dije subiendo las escaleras.
-¿Te ocurre algo hija?-pregunto parándome.
-No es nada padre,no se preocupe,le daré su recado a José -dije tratando de sonreír.
-Sabes que puedes contarme lo que sea-dijo cogiendo mi mano.
-Lo se,pero de verdad que no me sucede nada-dije terminando de subir-voy a avisar a la señora.
La encontré ya bajando.
-Señora Don Anselmo la espera en el salón-anuncie.
Ella me lo agradeció y se dirigió al salón donde la esperaba don Anselmo.
#2812
03/08/2012 23:22
Entre a la alcoba y Raimundo me dijo que se alegraba de verme ya que se disponía a ir a buscarme para que cuidara de los pequeño,ya que quería hablar con don Anselmo.Me dijo que se había enterado del regreso de José y quiso saber como se encontraba.
-Se encuentra mucho mejor de su reuma-dije tratando de esbozar una sonrisa,cosa que no conseguí.
Raimundo me miro extrañado y me pregunto si me ocurría algo.
-No,es solo que los últimos acontecimientos me tienen algo desasosegada-dije tratando de resultar creíble.
El pareció no quedar muy convencido pero aun así me dedico una tierna sonrisa y marcho a reunirse con don Anselmo.
yo me acerque a la cuna donde dormían los pequeños y los mire embelesada.
-Mis tesoros-susurre.
-Se encuentra mucho mejor de su reuma-dije tratando de esbozar una sonrisa,cosa que no conseguí.
Raimundo me miro extrañado y me pregunto si me ocurría algo.
-No,es solo que los últimos acontecimientos me tienen algo desasosegada-dije tratando de resultar creíble.
El pareció no quedar muy convencido pero aun así me dedico una tierna sonrisa y marcho a reunirse con don Anselmo.
yo me acerque a la cuna donde dormían los pequeños y los mire embelesada.
-Mis tesoros-susurre.
#2813
04/08/2012 11:12
Desperté junto a Alba y Martín. Rápidamente mes puse manos a la obra, no había tiempo que perder. Me prepare para ir a la Casona. Justo entonces Mariela me avisó de que teníamos visita. Salí a recibir a Francisca con una sonrisa triste.
Le pedí.a la.sirvienta que nos pusiera dos tazas de té. Francisca me dijo que quería sacar a Tristán de la cárcel, pero que para ello necesitaba conocer cada detalle de lo que ocurrió esa tarde. Yo le relate absolutamente todo.
-Y eso es todo...-finalicé cabizbaja, pues me costaba un mundo pronunciar esas palabras.
Le pedí.a la.sirvienta que nos pusiera dos tazas de té. Francisca me dijo que quería sacar a Tristán de la cárcel, pero que para ello necesitaba conocer cada detalle de lo que ocurrió esa tarde. Yo le relate absolutamente todo.
-Y eso es todo...-finalicé cabizbaja, pues me costaba un mundo pronunciar esas palabras.
#2814
04/08/2012 12:52
Mariana entro en la alcoba,por su gesto deduje que quería decirme algo y no se atrevía.
-¿Que te sucede hija?-pregunte en voz baja para no despertar a los pequeños.
-Vera madre yo...-parecía que le costaba decirme lo que quiera que fuera.
-Vamos hija arranca de una vez-la apremie.
-Alejandro me ha invitado a dar un paseo por la rivera del rió cuando termine mi jornada y quería saber si me daba su permiso-dijo ruborizándose.
-Mmm..no se-dije frunciendo el ceño comicamente-Observe a Mariana que me miraba con un gesto suplicante.
-Claro que puedes ir-dije sonriendo ante el alivio de mi hija.
-Es usted la mejor-dijo abrazándome.
-Anda Zalamera-dije devolviendole el abrazo.
Me separe de ella para mirarla-pero ten mucho cuidado-acaricie su rostro-y te quiero en casa a la hora de la cena¿de acuerdo?-.
-Si madre,no se preocupe y marcho ya para que no se me haga tarde-dijo dándome un beso en la mejilla y tras dedicarle una mirada a los niños abandono la estancia.
Una sonrisa se dibujo en mi rostro,me alegraba que al menos ella fuera feliz al contrario que yo.
-¿Que te sucede hija?-pregunte en voz baja para no despertar a los pequeños.
-Vera madre yo...-parecía que le costaba decirme lo que quiera que fuera.
-Vamos hija arranca de una vez-la apremie.
-Alejandro me ha invitado a dar un paseo por la rivera del rió cuando termine mi jornada y quería saber si me daba su permiso-dijo ruborizándose.
-Mmm..no se-dije frunciendo el ceño comicamente-Observe a Mariana que me miraba con un gesto suplicante.
-Claro que puedes ir-dije sonriendo ante el alivio de mi hija.
-Es usted la mejor-dijo abrazándome.
-Anda Zalamera-dije devolviendole el abrazo.
Me separe de ella para mirarla-pero ten mucho cuidado-acaricie su rostro-y te quiero en casa a la hora de la cena¿de acuerdo?-.
-Si madre,no se preocupe y marcho ya para que no se me haga tarde-dijo dándome un beso en la mejilla y tras dedicarle una mirada a los niños abandono la estancia.
Una sonrisa se dibujo en mi rostro,me alegraba que al menos ella fuera feliz al contrario que yo.
#2815
06/08/2012 21:27
Llegué al penal con todas las palabras de Pepa bullendo en mi cesera. No sabía como podría sacar a mi hijo de la cárcel. Era un asesinato nada más y nada menos. Y para más inri, a un ex militar. Aun recordaba como si de ayer se tratase, cuando a punto estuvieron de fusilarlo por un crimen parecido.
-Pase por aquí, Señora.
Tragué saliva mientras me encaminaba hacia la celda de Tristán. Una de las primeras, por suerte. Sonreí al verlo.
-Tristán.- lo llamé. Consiguiendo que levantase la mirada del suelo. Le esbocé mi mejor sonrisa por entre las rejas y él me la devolvió tristemente. El guardia nos avisó de que no disponíamos de mucho tiempo, mientras me dejaba paso hacia el interior. Un escalofrío recorrió mi espalda al escuchar los hierros de la puerta cerrarse tras de mi.
Mi hijo se acercó a mi y me estrechó entre sus brazos. Se le veía desbordado con ese tema. Ya no era bastante haber padecido con Pepa en coma por unos días, y la perdida del bebé que esperaban, sino que también se veía allí encerrado por haberse dejado llevar por sus impulsos.
-Saldrás de aquí, mi bien.- susurré sin separarme de él. -Te prometo que te sacaré.- repetí con convencimiento.
Me habló de Pepa, preguntando por su estado y el de los niños.
-Pepa está preocupada, y los niños igual. Te echan en falta, sobre todo Martín que es el que tiene conciencia de lo que ocurre.- le dije. -Yo he venido en cuanto he podido. Tu padre y yo estuvimos de viaje y... Hasta ayer mismo no nos enteramos de lo ocurrido y entre Sebastián y Raimundo, me impidieron venir a verte.- lo abracé de nuevo. Excusandome por mi ausencia.
Su hermano. Se centró un instante en él y en Soledad. Diciendo cuanto deseaba ver a ésta última. Sonreí, mas no quise contarle el motivo del gesto. Estaba casi segura de que, a pesar del diagnostico de Pepa y la Doctora, mi hija había quedado embarazada. Bien se le podía notar en sus anchuras, en la redondez de su rostro y sobre todo en aquella peculiar forma de mirar.
-Han traído las mejores nuevas que esperábamos tener.- comenté. -Tu padre y yo podremos casarnos en cuanto arreglemos unas cuantas nimiedades con Don Anselmo.- Tristán se mostró entusiasmado con la idea y feliz por nosotros. Quiso preguntar el motivo exacto para tal noticia pero unas voces nos alentaron a ambos.
-¡Castro! -un joven poco mayor que Tristán forcejeaba con los guardias postrados en la puerta. -¡Maldito seas!- gritó sin que los dos mozos lograsen reducirlo. -Me vengaré de ti. Terminaré lo que mi hermano empezó.- me llevé la mano al pecho ante tales amenazas. Miré a mi hijo, que un impulsivo gesto me había cogido del brazo en señal de protección.
-¿Lo has escuchado?
Tristán trató de hacerme ver que nada tenía por que temer a sus palabras. Meneé la cabeza ante las suyas y sin poder evitarlo reí.
-Hijo...- suspiré sin querer decirle nada. No iba a alimentar unas ilusiones que quizás se fueran al traste igual de rápido que vinieron.
Me despedí de él con un cálido abrazo y un -te sacaré pronto de aquí, te lo prometo.- Sin más, el guardia me abrió la pesada puerta. Asegurándome que no había menor problema con ese hombre que había amenazado a mi hijo.
-Lléveme a hablar con su superior.- le pedí una vez que salimos del recinto de las celdas. El hombre, aunque inseguro, me dijo que esperase en una especie de despacho. Tragué saliva. Siempre me había movido en un mundo de hombres que parecía no estar hecho para nosotras, por tanto no temía enfrentarme a quien se me pusiese por delante. Y lo hice. Me trató con amabilidad, demasiada quizás, pero cumplí con lo que quería hacer. Argumenté lo escuchado por boca del que parecía el hermano de Miguel, todo lo que Pepa me había relatado y exigí que mi hijo fuese puesto en libertad por haber actuado en defensa propia. Hube de amenazar un poco, lo justo como para que me tomaran en serio y no por una madre desquiciada.
Pasé un rato en aquel despacho. Testificando yo, por lo poco que sabía, y escuchando como los guardias que habían retenido al joven.
-Si no necesita nada más, he de marcharme.- le dije. Escuché como decía que en cuanto Tristán volviese a relatarle los hecho, quedaría en libertad. Hube de oír como apuntaba a que sería la última oportunidad. Pues mi hijo ya había estado en prisión anteriormente. -Descuide.- pronuncié antes de girarme altiva y caminar, casi correr, hacia la casa de Pepa para informarla.
La encontré alicaída y una inmensa sonrisa apareció en sus labios al escucharme relatar lo ocurrido.
-¡Abuela!- escuché a mis espaldas.
-Buenos días, corazón mío.- lo saludé acuchándolo con fuerza. El niño me reprochó que no había cumplido mi promesa del día anterior. Hube de hacer memoria para recordarla y sonreí ante el apunte del pequeño. -Mmm... -me agaché mientras fruncía los labios pensativa. -¿Por qué no le preguntas a Pepa si te deja venir conmigo a la Casona? Y así ves al abuelo y a Natalia y Alejandro.- reí al ver como apenas había terminado de hablar cuando el niño ya estaba acercándose a su madre en busca del permiso requerido.
La joven advirtió al pequeño de que había de portarse bien, y una vez alejado ya Martín, me dedicó algunas palabras.
-Descuida, y descansa un poco. En nada Tristán saldrá de ese sucio penal y estaremos festejándolo por todo lo algo.- le dije. Agradeció mis palabras y se despidió de Martín con un cálido beso. La invité a pasarse más tarde por la Casona y no recibí respuesta clara.
Nos marchamos rumbo a la Casona, Martín y yo, y al llegar el pequeño fue directo hacia el jardín al no ver a nadie en el salón. Y no se equivocó.
-¡Buenas!- saludé a ambos. Viendo como Martín saltaba a los brazos de su abuelo. Don Anselmo fue el primero en percatarse de mi semblante y ensanché mi sonrisa sin poder evitarlo. -Aun no sé muy bien como, he conseguido hacer que pongan a Tristán en libertad.
-Pase por aquí, Señora.
Tragué saliva mientras me encaminaba hacia la celda de Tristán. Una de las primeras, por suerte. Sonreí al verlo.
-Tristán.- lo llamé. Consiguiendo que levantase la mirada del suelo. Le esbocé mi mejor sonrisa por entre las rejas y él me la devolvió tristemente. El guardia nos avisó de que no disponíamos de mucho tiempo, mientras me dejaba paso hacia el interior. Un escalofrío recorrió mi espalda al escuchar los hierros de la puerta cerrarse tras de mi.
Mi hijo se acercó a mi y me estrechó entre sus brazos. Se le veía desbordado con ese tema. Ya no era bastante haber padecido con Pepa en coma por unos días, y la perdida del bebé que esperaban, sino que también se veía allí encerrado por haberse dejado llevar por sus impulsos.
-Saldrás de aquí, mi bien.- susurré sin separarme de él. -Te prometo que te sacaré.- repetí con convencimiento.
Me habló de Pepa, preguntando por su estado y el de los niños.
-Pepa está preocupada, y los niños igual. Te echan en falta, sobre todo Martín que es el que tiene conciencia de lo que ocurre.- le dije. -Yo he venido en cuanto he podido. Tu padre y yo estuvimos de viaje y... Hasta ayer mismo no nos enteramos de lo ocurrido y entre Sebastián y Raimundo, me impidieron venir a verte.- lo abracé de nuevo. Excusandome por mi ausencia.
Su hermano. Se centró un instante en él y en Soledad. Diciendo cuanto deseaba ver a ésta última. Sonreí, mas no quise contarle el motivo del gesto. Estaba casi segura de que, a pesar del diagnostico de Pepa y la Doctora, mi hija había quedado embarazada. Bien se le podía notar en sus anchuras, en la redondez de su rostro y sobre todo en aquella peculiar forma de mirar.
-Han traído las mejores nuevas que esperábamos tener.- comenté. -Tu padre y yo podremos casarnos en cuanto arreglemos unas cuantas nimiedades con Don Anselmo.- Tristán se mostró entusiasmado con la idea y feliz por nosotros. Quiso preguntar el motivo exacto para tal noticia pero unas voces nos alentaron a ambos.
-¡Castro! -un joven poco mayor que Tristán forcejeaba con los guardias postrados en la puerta. -¡Maldito seas!- gritó sin que los dos mozos lograsen reducirlo. -Me vengaré de ti. Terminaré lo que mi hermano empezó.- me llevé la mano al pecho ante tales amenazas. Miré a mi hijo, que un impulsivo gesto me había cogido del brazo en señal de protección.
-¿Lo has escuchado?
Tristán trató de hacerme ver que nada tenía por que temer a sus palabras. Meneé la cabeza ante las suyas y sin poder evitarlo reí.
-Hijo...- suspiré sin querer decirle nada. No iba a alimentar unas ilusiones que quizás se fueran al traste igual de rápido que vinieron.
Me despedí de él con un cálido abrazo y un -te sacaré pronto de aquí, te lo prometo.- Sin más, el guardia me abrió la pesada puerta. Asegurándome que no había menor problema con ese hombre que había amenazado a mi hijo.
-Lléveme a hablar con su superior.- le pedí una vez que salimos del recinto de las celdas. El hombre, aunque inseguro, me dijo que esperase en una especie de despacho. Tragué saliva. Siempre me había movido en un mundo de hombres que parecía no estar hecho para nosotras, por tanto no temía enfrentarme a quien se me pusiese por delante. Y lo hice. Me trató con amabilidad, demasiada quizás, pero cumplí con lo que quería hacer. Argumenté lo escuchado por boca del que parecía el hermano de Miguel, todo lo que Pepa me había relatado y exigí que mi hijo fuese puesto en libertad por haber actuado en defensa propia. Hube de amenazar un poco, lo justo como para que me tomaran en serio y no por una madre desquiciada.
Pasé un rato en aquel despacho. Testificando yo, por lo poco que sabía, y escuchando como los guardias que habían retenido al joven.
-Si no necesita nada más, he de marcharme.- le dije. Escuché como decía que en cuanto Tristán volviese a relatarle los hecho, quedaría en libertad. Hube de oír como apuntaba a que sería la última oportunidad. Pues mi hijo ya había estado en prisión anteriormente. -Descuide.- pronuncié antes de girarme altiva y caminar, casi correr, hacia la casa de Pepa para informarla.
La encontré alicaída y una inmensa sonrisa apareció en sus labios al escucharme relatar lo ocurrido.
-¡Abuela!- escuché a mis espaldas.
-Buenos días, corazón mío.- lo saludé acuchándolo con fuerza. El niño me reprochó que no había cumplido mi promesa del día anterior. Hube de hacer memoria para recordarla y sonreí ante el apunte del pequeño. -Mmm... -me agaché mientras fruncía los labios pensativa. -¿Por qué no le preguntas a Pepa si te deja venir conmigo a la Casona? Y así ves al abuelo y a Natalia y Alejandro.- reí al ver como apenas había terminado de hablar cuando el niño ya estaba acercándose a su madre en busca del permiso requerido.
La joven advirtió al pequeño de que había de portarse bien, y una vez alejado ya Martín, me dedicó algunas palabras.
-Descuida, y descansa un poco. En nada Tristán saldrá de ese sucio penal y estaremos festejándolo por todo lo algo.- le dije. Agradeció mis palabras y se despidió de Martín con un cálido beso. La invité a pasarse más tarde por la Casona y no recibí respuesta clara.
Nos marchamos rumbo a la Casona, Martín y yo, y al llegar el pequeño fue directo hacia el jardín al no ver a nadie en el salón. Y no se equivocó.
-¡Buenas!- saludé a ambos. Viendo como Martín saltaba a los brazos de su abuelo. Don Anselmo fue el primero en percatarse de mi semblante y ensanché mi sonrisa sin poder evitarlo. -Aun no sé muy bien como, he conseguido hacer que pongan a Tristán en libertad.
#2816
07/08/2012 00:32
Me sente en una silla que habia cerca de las cunas,pensando en como estaria Salvador pues hacia dias que no iba a verlo,tambien pense en José,me sentia culpable por no poder amarlo como el se merecia.De pronto entro Martin sacandome de mis tristes pensamientos.
-Rosario,quiero ver a mis tios-dijo sonriente.
-Ven acercate creo que ya estan despertando-dije observando como los pequeños empezaban a moverse.
-Que pequeñitos que son-Martin los observaba sin borrar la sonrisa.
-Si,pero pronto creceran y podran jugar contigo-acaricie la cabeza del pequeño.
-¿A los soldados?-pregunto contento.
-A lo que tu quieras-sonrei.
-Y seguro que cuando pruben tu chocolate les gustara tanto como a mi-.
Sonrei ante las palabras de Martin-pues entonces tendre que preparar mucho-cogi a los pequeños que estaban a punto de romper a llorar.
-Martin tesoro, alcanzame los chupetes que estan en la comoda-le pedi.
El pequeño obedecio y me los alcanzo y empezo a hacerles carantoñas a los niños que rompieron en sonoras carcajadas.
-Mira se alegran de estar con su sobrino-yo observaba la escena enternecida.
-Y yo de estar con ellos y contigo-sonrio mirando a los pequeños.
-¿Quieres coger a Alejandro?-pregunte viendo como asentia.
-Sientate en la cama-dije poniendo al pequeño en sus brazos con cuidado.
-Mira que tranquilo esta contigo-acaricie la carita de Alejandro.
-Alejandro crece rapido para que podamos jugar a los soldados en el jardin-le dijo al pequeño que sonrio como si entendiera.
-Pronto lo hara,no te preocupes-dije revolviendo el negro pelo de Martin.
-Rosario,quiero ver a mis tios-dijo sonriente.
-Ven acercate creo que ya estan despertando-dije observando como los pequeños empezaban a moverse.
-Que pequeñitos que son-Martin los observaba sin borrar la sonrisa.
-Si,pero pronto creceran y podran jugar contigo-acaricie la cabeza del pequeño.
-¿A los soldados?-pregunto contento.
-A lo que tu quieras-sonrei.
-Y seguro que cuando pruben tu chocolate les gustara tanto como a mi-.
Sonrei ante las palabras de Martin-pues entonces tendre que preparar mucho-cogi a los pequeños que estaban a punto de romper a llorar.
-Martin tesoro, alcanzame los chupetes que estan en la comoda-le pedi.
El pequeño obedecio y me los alcanzo y empezo a hacerles carantoñas a los niños que rompieron en sonoras carcajadas.
-Mira se alegran de estar con su sobrino-yo observaba la escena enternecida.
-Y yo de estar con ellos y contigo-sonrio mirando a los pequeños.
-¿Quieres coger a Alejandro?-pregunte viendo como asentia.
-Sientate en la cama-dije poniendo al pequeño en sus brazos con cuidado.
-Mira que tranquilo esta contigo-acaricie la carita de Alejandro.
-Alejandro crece rapido para que podamos jugar a los soldados en el jardin-le dijo al pequeño que sonrio como si entendiera.
-Pronto lo hara,no te preocupes-dije revolviendo el negro pelo de Martin.
#2817
07/08/2012 12:05
-Bueno... primero habrá que bautizar a los niños.- repliqué. -Como bien planteamos ayer, podría ser dentro de unos días, páter. O quizás mañana.- me corregí al encontrarme con las miradas de Raimundo y Don Anselmo. -Aunque... ya saben lo poco que me gusta hacer las cosas tan a prisa.- Me encontré con un par de sonrisas y meneé la cabeza. Escuchando como comenzaban a concretar detalles de la ceremonia de los pequeños. Le comenté a Raimundo qué habíamos de mirar los trajecitos de los pequeños, avisar a Rosario para que preparase una pequeña pitanza para los invitados y mandar a unos cuantos mozos a acondicionar el jardín. No sin olvidarnos de que en ningún momento la seguridad de la Casona se viese descuidada. Aunque el bautizo en sí tendría lugar en la iglesia del pueblo.
Temí por que Salvador fuese ha hacer alguna de las suyas. Pero sabiendo lo que sabíamos en cuanto algún mozo o los mismos guardias lo viesen, lo apresarían sin mayor dilación. Suspiré y escuché como Don Anselmo restaba dificultad a la organización del bautizo de Natalia y Alejandro para dársela a nuestra boda.
-¿Quién ha dicho que yo me quiera casar con este hombre, padre?- pronuncié cómicamente. Y reí al ver el gesto falsamente herido de Raimundo, que amenazaba con contestar. -Pero bueno, si se empeña...- continué con la chanza. -podríamos celebrarla, esto sí, dentro de unos días.- remarqué bien aquella pluralidad. -Una boda no es algo que podamos planear de la noche a la mañana y... Aun no tengo en mi poder el papel dónde oficialmente sea inexistente mi matrimonio con ese monstruo.- a mi rostro vino un rastro de tristeza. La cual ambos hombres se esmeraron por borrar.
Temí por que Salvador fuese ha hacer alguna de las suyas. Pero sabiendo lo que sabíamos en cuanto algún mozo o los mismos guardias lo viesen, lo apresarían sin mayor dilación. Suspiré y escuché como Don Anselmo restaba dificultad a la organización del bautizo de Natalia y Alejandro para dársela a nuestra boda.
-¿Quién ha dicho que yo me quiera casar con este hombre, padre?- pronuncié cómicamente. Y reí al ver el gesto falsamente herido de Raimundo, que amenazaba con contestar. -Pero bueno, si se empeña...- continué con la chanza. -podríamos celebrarla, esto sí, dentro de unos días.- remarqué bien aquella pluralidad. -Una boda no es algo que podamos planear de la noche a la mañana y... Aun no tengo en mi poder el papel dónde oficialmente sea inexistente mi matrimonio con ese monstruo.- a mi rostro vino un rastro de tristeza. La cual ambos hombres se esmeraron por borrar.
#2818
07/08/2012 12:18
Francisca acudió rauda al penal. Y yo espere ansiosa recibir buenas noticias pronto. Pasaron unas horas y la mujer volvió a casa dándome la mejor nueva que había escuchado desde hacia meses. Tristan volvía a casa. Martín estaba realmente entusiasmado y me pidió permiso para ir a la casona a ver a sus tíos. Se lo di,.advirtiendole de que debía portarse bien.
Me despedí de Francisca refiriendole que quizá después pasará por la Casona. Aunque ahora lo único que necesitaba era ver a mi soldado entrar por la puerta.
Me despedí de Francisca refiriendole que quizá después pasará por la Casona. Aunque ahora lo único que necesitaba era ver a mi soldado entrar por la puerta.
#2819
07/08/2012 16:14
No podía creer que después de todo lo que había luchado, de todo lo que había pasado, de todas mis vidas, mis pérdidas, tras tanta sangre derramada me viera abocado inexorablemente al fracaso y todo por aquel niñato entrometido que se había obcecado en desmontar mi identidad. Está bien, lo había logrado, me había descubierto, habría hecho que Rosario me odiase, me había vencido, pero no podía dejar que las cosas acabaran así.
En el fondo nunca dudé de mi final, aunque hubo un tiempo en el que soñaba con poder cambiar. No fue así, no lo logré, la maldad se había apoderado por completo de mi ser y ahora solo podía dejarme llevar por aquella rabia que había llegado a ser más poderosa que mi conciencia.
Solo me quedaba esperar el momento, esperar para contemplar el miedo reflejado en sus rostros, a cobrar mi venganza, a encontrarme con mi destino.
En el fondo nunca dudé de mi final, aunque hubo un tiempo en el que soñaba con poder cambiar. No fue así, no lo logré, la maldad se había apoderado por completo de mi ser y ahora solo podía dejarme llevar por aquella rabia que había llegado a ser más poderosa que mi conciencia.
Solo me quedaba esperar el momento, esperar para contemplar el miedo reflejado en sus rostros, a cobrar mi venganza, a encontrarme con mi destino.
#2820
07/08/2012 21:37
Después de un rato hilando rudos detalles de la boda, me excusé frente a Don Anselmo y mi futuro esposo. Casi no podía creer que con ello pudiese referirme a Ramundo. Tantos años esperando, tantos meses anhelando una nulidad que no parecía llegar nunca, y ahora poco menos de una semana nos separaba de un inminente enlace. Sencillo, peculiar e, incluso, apresurado, pero a mi me convertiría en la mujer más dichosa del mundo.
Subí a nuestra alcoba para ver que tal se encontraban los pequeños. Encontrandome con Martín sentado en la cama con Alejandro en brazos.
-¡Pero bueno, menudo sobrino estás hecho!- exclamé. La frase podía ser cuanto menos peculiar. Pero desde mi embarazo nada había dejado de serlo. En otro momento me hubiese sonado inverosímil, pensar a mi nieto acunando a uno de mis hijos, pero ahora se me llenaba el alma de ternura al ver la escena.
Pasé un rato junto a mi nieto y, junto a Rosario, los puse al corriente de las nuevas. La mujer pareció no caber en sí de gozo al escucharme y comenzó a relatarme cuantas cosas habría de preparar.
-Tranquila, Rosario.- le dije. -Será algo sencillo. Ambas ceremonias contaran con pocos invitados y para mañana no has de esmerarte mucho.- la informé. Pero ella continuó, cabezota, y se marchó para ir ha aviarlo todo.
Bajé con Natalia y Alejandro, uno a cada brazo, y Martín, al salón y allí pasamos el resto de la mañana. Tras es almuerzo, Soledad y Sebastián aparecieron, disculpándose pues habían estado dando un paseo y se les había ido el santo al cielo.
-Quería deciros que... Esta noche había pensado que cenásemos todos juntos, así celebramos los últimos acontecimientos.- Los puse al corriente de la puesta el libertad de Tristán, argumentando todo lo que había tenido que hacer para que aquello sucediese, y les comenté las decisiones tomadas por Raimundo y por mi con respecto a nuestra boda y el bautizo de los niños.
Casi toda la tarde la hube de pasar dando explicaciones. Y, sobre todo, preguntandome dónde se habría metido Raimundo. Pues, desde que me despedí de él y del cura, no lo había vuelto a ver. Soledad y Sebastián insistieron en coger a los pequeños y los observé, embelesada, hacer carantoñas a los niños, bajo la atenta mirada de Martín. Que, a su lado, acariciaba con cariño a sus tíos.
Subí a nuestra alcoba para ver que tal se encontraban los pequeños. Encontrandome con Martín sentado en la cama con Alejandro en brazos.
-¡Pero bueno, menudo sobrino estás hecho!- exclamé. La frase podía ser cuanto menos peculiar. Pero desde mi embarazo nada había dejado de serlo. En otro momento me hubiese sonado inverosímil, pensar a mi nieto acunando a uno de mis hijos, pero ahora se me llenaba el alma de ternura al ver la escena.
Pasé un rato junto a mi nieto y, junto a Rosario, los puse al corriente de las nuevas. La mujer pareció no caber en sí de gozo al escucharme y comenzó a relatarme cuantas cosas habría de preparar.
-Tranquila, Rosario.- le dije. -Será algo sencillo. Ambas ceremonias contaran con pocos invitados y para mañana no has de esmerarte mucho.- la informé. Pero ella continuó, cabezota, y se marchó para ir ha aviarlo todo.
Bajé con Natalia y Alejandro, uno a cada brazo, y Martín, al salón y allí pasamos el resto de la mañana. Tras es almuerzo, Soledad y Sebastián aparecieron, disculpándose pues habían estado dando un paseo y se les había ido el santo al cielo.
-Quería deciros que... Esta noche había pensado que cenásemos todos juntos, así celebramos los últimos acontecimientos.- Los puse al corriente de la puesta el libertad de Tristán, argumentando todo lo que había tenido que hacer para que aquello sucediese, y les comenté las decisiones tomadas por Raimundo y por mi con respecto a nuestra boda y el bautizo de los niños.
Casi toda la tarde la hube de pasar dando explicaciones. Y, sobre todo, preguntandome dónde se habría metido Raimundo. Pues, desde que me despedí de él y del cura, no lo había vuelto a ver. Soledad y Sebastián insistieron en coger a los pequeños y los observé, embelesada, hacer carantoñas a los niños, bajo la atenta mirada de Martín. Que, a su lado, acariciaba con cariño a sus tíos.