Foro El secreto de Puente Viejo
Creemos nuestro propio Puente Viejo. ¡TODOS JUNTOS!
#0
07/03/2012 15:08
Fann3 me ha dado la idea de hacer esto, consiste en elaborar nuestra propia historia de Puente Viejo todos juntos. Cada forer@ va a ser un personaje de Puente Viejo.
Espero que os guste esta idea, me parece que lo podemos pasar muy bien.Si teneis alguna duda me lo deciis, y antes que nada si os parece bien, decidme que personaje quereis cada unos y yo los iré poniendo antes de empezar a elaborar la historia. Yo me pido Pepa si no os parece mal, si alguien quiereel personaje de Pepa yo me cojo otro y no pasa nada. Muchas gracias.



PERSONAJES PARA LA HISTORIA:
miri1309- Raimundo
Ruthlovetristan-Pepa
musicintheair13-Emilia
emshdopv-Soledad
Mariaesdpv-Tristán
Fann3-Alfonso
CristinaESDPV- Gregoria Casas
Franrai-Francisca
Triestrellasara-Mariana
Jessicavalido-Rosario
Laury93-Salvador Castro
Nhgsa- Sebastian Ulloa
Esdpvluna- D.Anselmo
¡PODEIS SEGUIR UNIENDOOS AUNQUE YA HAYAMOS EMPEZADO!
Aviso!! Por favor si os comprometeis a hacer un personaje, intentad escribir regularmente para darle continuidad a la historia y no quedar estancados. Muchas Gracias.
Y si quereis participar , informadnos con antelación, sino esto se desmadra y sería un caos. GRACIAS.
Espero que os guste esta idea, me parece que lo podemos pasar muy bien.Si teneis alguna duda me lo deciis, y antes que nada si os parece bien, decidme que personaje quereis cada unos y yo los iré poniendo antes de empezar a elaborar la historia. Yo me pido Pepa si no os parece mal, si alguien quiereel personaje de Pepa yo me cojo otro y no pasa nada. Muchas gracias.



PERSONAJES PARA LA HISTORIA:
miri1309- Raimundo
Ruthlovetristan-Pepa
musicintheair13-Emilia
emshdopv-Soledad
Mariaesdpv-Tristán
Fann3-Alfonso
CristinaESDPV- Gregoria Casas
Franrai-Francisca
Triestrellasara-Mariana
Jessicavalido-Rosario
Laury93-Salvador Castro
Nhgsa- Sebastian Ulloa
Esdpvluna- D.Anselmo
¡PODEIS SEGUIR UNIENDOOS AUNQUE YA HAYAMOS EMPEZADO!
Aviso!! Por favor si os comprometeis a hacer un personaje, intentad escribir regularmente para darle continuidad a la historia y no quedar estancados. Muchas Gracias.
Y si quereis participar , informadnos con antelación, sino esto se desmadra y sería un caos. GRACIAS.
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#2761
29/07/2012 00:29
“Vino a buscarme para darte celos.” “Me dejó tras utilizarme a su antojo.” “A él le interesaba.” “Se iría a buscar a otra”.
Una parte de mi me hacía seguir confiando en Raimundo, mas otra no dudó en escucharla. Y cada palabra fue más dolorosa que la anterior. De pronto, me vi como una marioneta sin saber a qué ordenes atender. Él me decía que no escuchase las palabras de mi hermana, y ella trataba de demostrarme que era cierto lo que contaba. No sabía si lo eran o no, pero solo la duda me corroía de forma descomunal.
”Nunca te quiso, Francisca. Si no, jamás habría yacido conmigo.”
Mi corazón dejó instintivamente de latir en aquel instante. El intento de Raimundo por hablarme fue en vano. Estaba inmóvil. Sin saber si enfrentarme a Ana por hablar de aquella forma o… Cerré los ojos y una lágrima rodó por mi mejilla. “¡No es verdad!” me repetía una pequeña voz interior. Pero otra de mayor gravedad me repetía las palabras de la mujer que tenía junto a mí.
-Nos vamos.- dije. Mi voz sonó convencida, mas no por ello menos débil. –Pero yo y los niños…- cerré los ojos para no ver el rostro de Raimundo. Agarré el carro de los pequeños y avancé un par de pasos. Pocos, pues él me agarró en un intento de retenerme y excusarse. -Déjame.- le pedí sin ni siquiera girarme.
Una parte de mi me hacía seguir confiando en Raimundo, mas otra no dudó en escucharla. Y cada palabra fue más dolorosa que la anterior. De pronto, me vi como una marioneta sin saber a qué ordenes atender. Él me decía que no escuchase las palabras de mi hermana, y ella trataba de demostrarme que era cierto lo que contaba. No sabía si lo eran o no, pero solo la duda me corroía de forma descomunal.
”Nunca te quiso, Francisca. Si no, jamás habría yacido conmigo.”
Mi corazón dejó instintivamente de latir en aquel instante. El intento de Raimundo por hablarme fue en vano. Estaba inmóvil. Sin saber si enfrentarme a Ana por hablar de aquella forma o… Cerré los ojos y una lágrima rodó por mi mejilla. “¡No es verdad!” me repetía una pequeña voz interior. Pero otra de mayor gravedad me repetía las palabras de la mujer que tenía junto a mí.
-Nos vamos.- dije. Mi voz sonó convencida, mas no por ello menos débil. –Pero yo y los niños…- cerré los ojos para no ver el rostro de Raimundo. Agarré el carro de los pequeños y avancé un par de pasos. Pocos, pues él me agarró en un intento de retenerme y excusarse. -Déjame.- le pedí sin ni siquiera girarme.
#2762
29/07/2012 11:30
-Se lo daré, estate tranquilo. Escucha Tristán...-dije viendo que se terminaba el tiempo de la visita-Mañana vendré lo antes que pueda, pero mientras te prometo que haré todo lo posible para sacarte de aquí- me despedí dándole un beso.
#2763
29/07/2012 13:38
-Lo que no puedo es pensar, Raimundo.- le dije. Rota por dentro por el mero hecho de imaginarme a Raimundo y Ana juntos. -Déjame.- le pedí de nuevo, viendo como una lágrima rodaba por su mejilla. Miré a mi hermana antes de quebrarme por completo, no pude decirle nada. Ni siquiera pude descifrar sus pensamientos. ¿Victoriosa? ¿Dolida? ¿Inocente? ¿O culpable?... Un sollozo salió por mi garganta al devolver mi mirada hacia Raimundo. Dudaba de él, de su amor, de sus palabras. Y quizás eso me dolía más que el posible engaño.
No podía seguir allí. Necesitaba salir. Alejarme de Ana, de él... Necesitaba poner orden a mis ideas. Por ahora no podía atender a sus explicaciones o a su intento de hacerme ver que no era cierto.
Me giré sin más, pidiéndole a Raimundo que no intentase retenerme. Tomé el carro de los niños, quienes dormidos se encontraban ajenos a la situación. Salí del convento, dando un paseo que poco duró pues en seguida me encontré en la Posada.
-¿Le ocurre algo, Señora?- me preguntó el amable hombre al entrar. Negué con la cabeza, incapaz de decirle nada. Y sin más me encaminé hacia la habitación. Sentándome en la cama al entrar y rompiendo en un inconsolable llanto.
No podía seguir allí. Necesitaba salir. Alejarme de Ana, de él... Necesitaba poner orden a mis ideas. Por ahora no podía atender a sus explicaciones o a su intento de hacerme ver que no era cierto.
Me giré sin más, pidiéndole a Raimundo que no intentase retenerme. Tomé el carro de los niños, quienes dormidos se encontraban ajenos a la situación. Salí del convento, dando un paseo que poco duró pues en seguida me encontré en la Posada.
-¿Le ocurre algo, Señora?- me preguntó el amable hombre al entrar. Negué con la cabeza, incapaz de decirle nada. Y sin más me encaminé hacia la habitación. Sentándome en la cama al entrar y rompiendo en un inconsolable llanto.
#2764
29/07/2012 16:07
Aquel día madrugue mas de lo habitual para preparar el estofado que Emilia le llevaría a Tristan al penal,supuse que allí no se comería bien precisamente y el muchacho lo agradecería.Emilia apareció por la puerta de la cocina.
-Buenos días hija-dije dándole un beso y terminando de poner el estofado en el recipiente.
-Buenos días Rosario-contesto ella sin demasiado entusiasmo.
-Vamos muchacha-la anime-que lo que Tristan necesita ahora es vernos fuertes para que podamos ayudarlo-.
-Tiene razón- dijo esbozando una sonrisa.
-Así me gusta-le devolví la sonrisa-ten cuidado que aun esta caliente-dije entregándole el recipiente con el estofado-dale un beso a Tristan de parte de todos nosotros-acaricie el bello rostro de la muchacha.
-Así lo haré no se preocupe,marcho ya a ver si los guardias me dejan pasar-dijo la muchacha despidiéndose.
Cuando Emilia se hubo marchado seguí faenando en la cocina hasta que unas manos taparon mis ojos.
-Vamos Mariana,que no estoy para juegos-dije pensando que seria ella.
Cuando las manos se apartaron de mis ojos y me gire vi a José frente a mi.
-¿Cuando has llegado?-pregunte bastante sorprendida.
-A pesar de lo que decías en tu carta,esperaba un recibimiento mas caluroso la verdad,porque yo al menos si te he echado de menos-dijo dedicándome una mirada que no sabia definir.
-Lo siento,es que no te esperaba tan pronto¿como estas?-dije abrazándolo.
-De salud bastante mejor y sorprendido con tu actitud,he venido a que me expliques ese cambio-en su voz se notaba que estaba bastante dolido.
En ese momento entro Mariana en la cocina salvándome al menos de momento de dar las explicaciones que tanto temía.
-¡Padre!-dijo la muchacha echándose a sus brazos y llenándolo de besos-¿Cuando ha llegado?-pregunto con una sonrisa.
-Acabo de llegar,a penas estaba saludando a tu madre-dijo mirándome.
-Tendrá que descansar,lo acompaño a casa-dijo cogiendo a su padre del brazo.
-Si, sera mejor que descanses,hablaremos después-dije para convencerlo.
El asintió y tras darme un beso que Mariana observo sonriente marcho con ella,mientras yo me quedaba echa un mar de dudas ante la situación.
-Buenos días hija-dije dándole un beso y terminando de poner el estofado en el recipiente.
-Buenos días Rosario-contesto ella sin demasiado entusiasmo.
-Vamos muchacha-la anime-que lo que Tristan necesita ahora es vernos fuertes para que podamos ayudarlo-.
-Tiene razón- dijo esbozando una sonrisa.
-Así me gusta-le devolví la sonrisa-ten cuidado que aun esta caliente-dije entregándole el recipiente con el estofado-dale un beso a Tristan de parte de todos nosotros-acaricie el bello rostro de la muchacha.
-Así lo haré no se preocupe,marcho ya a ver si los guardias me dejan pasar-dijo la muchacha despidiéndose.
Cuando Emilia se hubo marchado seguí faenando en la cocina hasta que unas manos taparon mis ojos.
-Vamos Mariana,que no estoy para juegos-dije pensando que seria ella.
Cuando las manos se apartaron de mis ojos y me gire vi a José frente a mi.
-¿Cuando has llegado?-pregunte bastante sorprendida.
-A pesar de lo que decías en tu carta,esperaba un recibimiento mas caluroso la verdad,porque yo al menos si te he echado de menos-dijo dedicándome una mirada que no sabia definir.
-Lo siento,es que no te esperaba tan pronto¿como estas?-dije abrazándolo.
-De salud bastante mejor y sorprendido con tu actitud,he venido a que me expliques ese cambio-en su voz se notaba que estaba bastante dolido.
En ese momento entro Mariana en la cocina salvándome al menos de momento de dar las explicaciones que tanto temía.
-¡Padre!-dijo la muchacha echándose a sus brazos y llenándolo de besos-¿Cuando ha llegado?-pregunto con una sonrisa.
-Acabo de llegar,a penas estaba saludando a tu madre-dijo mirándome.
-Tendrá que descansar,lo acompaño a casa-dijo cogiendo a su padre del brazo.
-Si, sera mejor que descanses,hablaremos después-dije para convencerlo.
El asintió y tras darme un beso que Mariana observo sonriente marcho con ella,mientras yo me quedaba echa un mar de dudas ante la situación.
#2765
29/07/2012 19:42
Llegó la hora de que se marchara,me apené profundamente.
-Está bien mi amor...-la besé con todas mis ansias- Te quiero...
-Está bien mi amor...-la besé con todas mis ansias- Te quiero...
#2766
29/07/2012 22:50
-Y yo a tí- finalicé saliendo de la celda.
Me apenaba tanto dejarle allí, pero por más que quisiera, por el momento no podía hacer otra cosa. Ahora debía centrarme en intentar sacarle de ese lugar. Estaba segura de que aquel monstruo ya habría dejado atrás muchos otros crímenes sin resolver y yo pensaba poner las cartas sobre la mesa.
Me apenaba tanto dejarle allí, pero por más que quisiera, por el momento no podía hacer otra cosa. Ahora debía centrarme en intentar sacarle de ese lugar. Estaba segura de que aquel monstruo ya habría dejado atrás muchos otros crímenes sin resolver y yo pensaba poner las cartas sobre la mesa.
#2767
29/07/2012 23:26
Fuimos a la habitación de Felisa cargados de tensión. Soledad me recibió feliz.
- ¡Amor! ¿Qué te ha dicho la comadrona?
- Es cierto mi amor. – dijo ella emocionada. – Estoy embarazada.
- ¿Usted es Soledad? – preguntó Alejandro detrás de mí ya que se había quedado al lado de Felisa.
- ¿Le conozco? – preguntó ella
- No pero yo a usted sí. Su familia es famosa y estuve algún tiempo haciendo negocios cerca de… ¿cómo se llamaba el pueblo?... ¡Ah sí! Puente Viejo. – dijo Alejandro. – Permítame que me presente. Me llamo Alejandro de la Serna. Hijo de la persona a la que buscabais.
- Encantada don Alejandro.
- Sebastián me ha dicho que buscáis pruebas contra Salvador pero antes quisiera saber cómo habéis llegado hasta aquí. Están ustedes muy lejos de su casa.
Poco a poco le fuimos contando nuestra historia. Alejandro parecía emocionado. Al fin su venganza se iba a cumplir.
- No hace falta que busquen más. Entre ustedes y yo le daremos a la Guardia Civil lo que necesita para encarcelar a Salvador Castro… o mejor dicho… Abel Castillo.
Y seguidamente nos fue contando todo lo que sabía del origen de Salvador. Soledad y yo nos mirábamos impresionados. Al fin teníamos todo lo necesario para acabar con ese cerdo.
Alejandro prometió ayudarnos y acompañarnos en el viaje de vuelta a Puente Viejo. Esa tarde fuimos todos a casa y le enseñamos las pruebas que habíamos recabado. A la mañana siguiente llegó una carta de Puente Viejo. Era de mi padre. Al leerla un estremecimiento me recorrió todo el cuerpo. Salvador había despertado. ¿Y ahora qué? Soledad estaba embarazada gracias a un milagro. No podía permitir que sufriera ningún mal.
- Mi amor ¿ocurre algo? – me preguntó Soledad abrazándome por detrás y besando mi espalda.
- Por desgracia sí cariño. – dije apesadumbrado entregándole la carta. Cuando Soledad la leyó me contestó:
- No se te habrá ocurrido dejarme aquí ¿verdad?
- Amor es lo más sensato y lo sabes. No podría soportar que os pasara nada.
- Y yo tampoco podría soportar estar aquí sin noticias tuyas. Sebastián te quiero. No podría vivir sabiendo que él está suelto y que corres peligro. Además, mi familia me necesita. Empezamos esto juntos y lo terminaremos juntos. No voy a dejar de vivir mi vida sólo porque esté suelto.
- No hay forma de convencerte ¿verdad?
En ese momento llamaron a la puerta. Era Alejandro. Le tendí la carta y me dijo:
- Tranquilos. Mandaré un cable gracias a un conocido que tengo en Comandancia y llegará antes que nosotros a Puente Viejo. Así la Guardia Civil se pondrá manos a la obra. Y un servidor también tiene sus hombres. – aseguró Alejandro tranquilizándonos. – Los enemigos de Salvador son mis amigos.
- ¡Amor! ¿Qué te ha dicho la comadrona?
- Es cierto mi amor. – dijo ella emocionada. – Estoy embarazada.
- ¿Usted es Soledad? – preguntó Alejandro detrás de mí ya que se había quedado al lado de Felisa.
- ¿Le conozco? – preguntó ella
- No pero yo a usted sí. Su familia es famosa y estuve algún tiempo haciendo negocios cerca de… ¿cómo se llamaba el pueblo?... ¡Ah sí! Puente Viejo. – dijo Alejandro. – Permítame que me presente. Me llamo Alejandro de la Serna. Hijo de la persona a la que buscabais.
- Encantada don Alejandro.
- Sebastián me ha dicho que buscáis pruebas contra Salvador pero antes quisiera saber cómo habéis llegado hasta aquí. Están ustedes muy lejos de su casa.
Poco a poco le fuimos contando nuestra historia. Alejandro parecía emocionado. Al fin su venganza se iba a cumplir.
- No hace falta que busquen más. Entre ustedes y yo le daremos a la Guardia Civil lo que necesita para encarcelar a Salvador Castro… o mejor dicho… Abel Castillo.
Y seguidamente nos fue contando todo lo que sabía del origen de Salvador. Soledad y yo nos mirábamos impresionados. Al fin teníamos todo lo necesario para acabar con ese cerdo.
Alejandro prometió ayudarnos y acompañarnos en el viaje de vuelta a Puente Viejo. Esa tarde fuimos todos a casa y le enseñamos las pruebas que habíamos recabado. A la mañana siguiente llegó una carta de Puente Viejo. Era de mi padre. Al leerla un estremecimiento me recorrió todo el cuerpo. Salvador había despertado. ¿Y ahora qué? Soledad estaba embarazada gracias a un milagro. No podía permitir que sufriera ningún mal.
- Mi amor ¿ocurre algo? – me preguntó Soledad abrazándome por detrás y besando mi espalda.
- Por desgracia sí cariño. – dije apesadumbrado entregándole la carta. Cuando Soledad la leyó me contestó:
- No se te habrá ocurrido dejarme aquí ¿verdad?
- Amor es lo más sensato y lo sabes. No podría soportar que os pasara nada.
- Y yo tampoco podría soportar estar aquí sin noticias tuyas. Sebastián te quiero. No podría vivir sabiendo que él está suelto y que corres peligro. Además, mi familia me necesita. Empezamos esto juntos y lo terminaremos juntos. No voy a dejar de vivir mi vida sólo porque esté suelto.
- No hay forma de convencerte ¿verdad?
En ese momento llamaron a la puerta. Era Alejandro. Le tendí la carta y me dijo:
- Tranquilos. Mandaré un cable gracias a un conocido que tengo en Comandancia y llegará antes que nosotros a Puente Viejo. Así la Guardia Civil se pondrá manos a la obra. Y un servidor también tiene sus hombres. – aseguró Alejandro tranquilizándonos. – Los enemigos de Salvador son mis amigos.
#2768
29/07/2012 23:33
¡ATENCIÓN! Que vuelven Sebas y Soledad a Puente Viejo con un acompañante, Alejandro de la Serna.
Había pasado una semana hasta que finalmente llegamos a Puente Viejo. Estaba deseando ver a mi familia ahora que había crecido en número y ahora que lo sabíamos todo sobre Salvador. Al fin las cosas iban a sonreírnos.
Tardamos una semana porque antes de llegar pasamos por Madrid para asegurarnos de que el cable de Alejandro había pasado por ahí. Así fue. Ya se había tramitado la orden de busca y captura contra Abel Castillo. Otra de las cosas que iban a nuestro favor es que por el camino nos topamos con Eduardo Puig. Se había enterado de que buscábamos cosas contra Salvador Castro y se unió a nosotros. No me hacía mucha gracia llevar a un mafioso hasta mi pueblo pero contra más mejor para así acabar con esa pesadilla que amenazaba con matarnos.
Poner un pie en mi amado pueblo resultó emocionante y más aún teniendo a Soledad.
- Ya estamos en casa.
Había pasado una semana hasta que finalmente llegamos a Puente Viejo. Estaba deseando ver a mi familia ahora que había crecido en número y ahora que lo sabíamos todo sobre Salvador. Al fin las cosas iban a sonreírnos.
Tardamos una semana porque antes de llegar pasamos por Madrid para asegurarnos de que el cable de Alejandro había pasado por ahí. Así fue. Ya se había tramitado la orden de busca y captura contra Abel Castillo. Otra de las cosas que iban a nuestro favor es que por el camino nos topamos con Eduardo Puig. Se había enterado de que buscábamos cosas contra Salvador Castro y se unió a nosotros. No me hacía mucha gracia llevar a un mafioso hasta mi pueblo pero contra más mejor para así acabar con esa pesadilla que amenazaba con matarnos.
Poner un pie en mi amado pueblo resultó emocionante y más aún teniendo a Soledad.
- Ya estamos en casa.
#2769
29/07/2012 23:39
Soledad y yo estábamos ansiosos por llegar a casa así que fuimos directamente a la Casona esperando encontrar allí a nuestros padres, a Tristán y a Pepa.
Entramos por la cocina y allí vi a Rosario faenando como siempre. Me coloqué detrás y le tapé los ojos.
- Pero ¡qué sirvienta más eficiente Dios mío! - dijo con aire divertido.
Rosario se quedó paralizada al oir mi voz. Retiró mis manos y se giró. No se lo podía creer.
- ¿Es que no nos reconoces Rosario? - le dije con una sonrisa.
Rosario empezó a sollozar de alegría a la vez que mentaba a Dios.
- ¡Anda déjate de dioses y dame un abrazo!
Rosario me abrazó con fuerza y con mucha alegría diciéndome que nos habían echado mucho de menos.
- Y nosotros también Rosario. No te imaginas cuánto.
Después de unos minutos abrazó a Soledad con la misma alegría y le presenté a Alejandro de la Serna. Rosario nos dijo que no había nadie en casa y nos invitó a sentarnos para explicarnos los últimos acontecimientos.
Cuando le oímos relatar lo acontecido con Salvador me hirvió la sangre. Menos mal que la Guardia Civil ya se había movilizado y que los hombres de Alejandro también vigilaban la Casona. Resultaba imposible que volviera a pasar pero... nunca se sabe. Después oí la tragedia que estaban viviendo mi hermano Tristán y Pepa y el viaje que habían hecho mi padre y Francisca. Rosario esperaba que volvieran pronto para así conocer a los pequeños. Estábamos deseando verles. Tuve la tentación de anunciarle la noticia del embarazo de Soledad pero decidimos esperar a que estuvieran todos.
Entramos por la cocina y allí vi a Rosario faenando como siempre. Me coloqué detrás y le tapé los ojos.
- Pero ¡qué sirvienta más eficiente Dios mío! - dijo con aire divertido.
Rosario se quedó paralizada al oir mi voz. Retiró mis manos y se giró. No se lo podía creer.
- ¿Es que no nos reconoces Rosario? - le dije con una sonrisa.
Rosario empezó a sollozar de alegría a la vez que mentaba a Dios.
- ¡Anda déjate de dioses y dame un abrazo!
Rosario me abrazó con fuerza y con mucha alegría diciéndome que nos habían echado mucho de menos.
- Y nosotros también Rosario. No te imaginas cuánto.
Después de unos minutos abrazó a Soledad con la misma alegría y le presenté a Alejandro de la Serna. Rosario nos dijo que no había nadie en casa y nos invitó a sentarnos para explicarnos los últimos acontecimientos.
Cuando le oímos relatar lo acontecido con Salvador me hirvió la sangre. Menos mal que la Guardia Civil ya se había movilizado y que los hombres de Alejandro también vigilaban la Casona. Resultaba imposible que volviera a pasar pero... nunca se sabe. Después oí la tragedia que estaban viviendo mi hermano Tristán y Pepa y el viaje que habían hecho mi padre y Francisca. Rosario esperaba que volvieran pronto para así conocer a los pequeños. Estábamos deseando verles. Tuve la tentación de anunciarle la noticia del embarazo de Soledad pero decidimos esperar a que estuvieran todos.
#2770
29/07/2012 23:55
Estaba faenando en la cocina,cuando de pronto me taparon los ojos y escuche la voz de Sebastian,no me lo podía creer los muchachos habían vuelto.
-Bendito sea Dios-dije sollozando de alegría.
Sebastian me miro sonriendo y chanceándose y como buen Ulloa que era me dijo que me dejara de Dioses y le diera un abrazo.
-De mil amores hijo-dije abrazando al muchacho.
-Como os he echado de menos-dije abrazando también a Soledad.
Sebastian me presento al hombre que los acompañaba diciendo que se llamaba Alejandro de la serna.
-Rosario castañeda-dije mientras el hombre besaba gentilmente mi mano.
-En este momento no hay nadie en casa Sebastian-dije invitándoles a que se sentaran.
Relate todo lo ocurrido con Salvador observando como aumentaba la furia de Sebastian con cada una de mis palabras.
-Y eso no es todo-dije apenada-Tristan se encuentra en el penal acusado de matar a un compañero de la milicia,que ataco a Pepa y provoco la perdida de su bebe.-Gracias a Dios Pepa se recupero-.
Los muchachos me miraban consternados por la noticia,Sebastian pregunto entonces por su padre y por la señora.
-Se encuentran de viaje,espero que regresen pronto para que puedan conocer a los pequeños-dije con una sonrisa,recordando a ese par de angelitos.
-Bendito sea Dios-dije sollozando de alegría.
Sebastian me miro sonriendo y chanceándose y como buen Ulloa que era me dijo que me dejara de Dioses y le diera un abrazo.
-De mil amores hijo-dije abrazando al muchacho.
-Como os he echado de menos-dije abrazando también a Soledad.
Sebastian me presento al hombre que los acompañaba diciendo que se llamaba Alejandro de la serna.
-Rosario castañeda-dije mientras el hombre besaba gentilmente mi mano.
-En este momento no hay nadie en casa Sebastian-dije invitándoles a que se sentaran.
Relate todo lo ocurrido con Salvador observando como aumentaba la furia de Sebastian con cada una de mis palabras.
-Y eso no es todo-dije apenada-Tristan se encuentra en el penal acusado de matar a un compañero de la milicia,que ataco a Pepa y provoco la perdida de su bebe.-Gracias a Dios Pepa se recupero-.
Los muchachos me miraban consternados por la noticia,Sebastian pregunto entonces por su padre y por la señora.
-Se encuentran de viaje,espero que regresen pronto para que puedan conocer a los pequeños-dije con una sonrisa,recordando a ese par de angelitos.
#2771
30/07/2012 00:16
Había pasado todo lo que restó de día sumida entre sollozo. Luchando contra el mar de dudas que Ana había sembrado en mi. No podía creer que Raimundo me dejase para lanzarse a los brazos de ella una vez que la dichosa heredera falleció. No quería pensar en ello, pues hacerlo me estaba matando lentamente. El mero hecho de imaginarlo junto a Natalia en sus años de matrimonio me resultaba dolorosos... Aun más lo era aquello. Raimundo y Ana. Las lágrimas acudían a mis ojos sin remedio al pensarlo.
Suspiré. Mirando a Natalia y Alejandro que acababan de quedar dormidos tras su toma de noche. Los niños habían pasado todo el día intranquilos. Pues, aunque inocentes de todo, percibían que algo ocurría.
Me senté en la cama de nuevo. Dirigí mi mirada hacía la ventana que había en la habitación, percibiendo como la luz de la luna se colaba a través que las humildes cortinas. Y después, casi sin quererlo, mis ojos se posaron en Raimundo. Meneé la cabeza al verlo allí. Dormido en una incómoda butaca. ¿De veras dudaba de su amor? Cerré los ojos y tomé aire para no volver a llorar. Lo estaba haciendo. Estaba dando cavilo a las palabras de Ana.
Decidí salir de la habitación antes de que mis pensamientos fuesen a más y terminase despertándolos a todos con mis sollozos. Me senté en el banco que se encontraba justo al salir de la alcoba. Pegado a la pared de la misma.
"No te quería" recordé.
Llevé mis manos a la sien. Había creído a Raimundo a pies puntillas. Aun recordaba nuestra conversación en el jardín cuando él cayó desplomado al suelo. Según él, todo lo había hecho por mi, por protegerme de una vida llena de miserias. Hubiese recorrido los caminos en busca de algo que llevarme a la boca si él hubiese estado agarrando mi mano... Pero Raimundo hizo lo que creyó correcto, y no era quien para reprochar nada. Pero ésto lo cambiaba todo. Sí era cierto lo que mi hermana había dicho... Todo carecería de sentido.
¡Raimundo en busca de riquezas! Así había pensado que fue durante años. Pero escucharlo por boca de otro, y más en este momento cuando más felices eramos, me partía el alma en mil pedazos. Miré mi mano. Con aquel anillo de compromiso que no me había visto capaz de quitar. Hasta ese momento. Lo saqué del dedo con cuidado y lo miré. Escuchando entonces todos los te quieros pronunciados. Todas las caricias, sonrisas besos... Eran tantas cosas las vividas en los últimos meses. Y unas de las más hermosas, las dos criaturas que descansaban en el interior de la habitación.
Jugué con el anillo que señalaba que estábamos comprometidos. Una prueba más del destino, que nos hacía esperar un poco más para ponernos frente al altar. Pero, aquel momento parecía no llegar. Y ahora se me hacía demasiado lejano ante la posibilidad de que él no hubiese sido del todo honesto conmigo.
Unas silenciosas y amargas lágrimas surcaron mi rostro mientras contemplaba el anillo. Sentada en aquel solitario banco.
Suspiré. Mirando a Natalia y Alejandro que acababan de quedar dormidos tras su toma de noche. Los niños habían pasado todo el día intranquilos. Pues, aunque inocentes de todo, percibían que algo ocurría.
Me senté en la cama de nuevo. Dirigí mi mirada hacía la ventana que había en la habitación, percibiendo como la luz de la luna se colaba a través que las humildes cortinas. Y después, casi sin quererlo, mis ojos se posaron en Raimundo. Meneé la cabeza al verlo allí. Dormido en una incómoda butaca. ¿De veras dudaba de su amor? Cerré los ojos y tomé aire para no volver a llorar. Lo estaba haciendo. Estaba dando cavilo a las palabras de Ana.
Decidí salir de la habitación antes de que mis pensamientos fuesen a más y terminase despertándolos a todos con mis sollozos. Me senté en el banco que se encontraba justo al salir de la alcoba. Pegado a la pared de la misma.
"No te quería" recordé.
Llevé mis manos a la sien. Había creído a Raimundo a pies puntillas. Aun recordaba nuestra conversación en el jardín cuando él cayó desplomado al suelo. Según él, todo lo había hecho por mi, por protegerme de una vida llena de miserias. Hubiese recorrido los caminos en busca de algo que llevarme a la boca si él hubiese estado agarrando mi mano... Pero Raimundo hizo lo que creyó correcto, y no era quien para reprochar nada. Pero ésto lo cambiaba todo. Sí era cierto lo que mi hermana había dicho... Todo carecería de sentido.
¡Raimundo en busca de riquezas! Así había pensado que fue durante años. Pero escucharlo por boca de otro, y más en este momento cuando más felices eramos, me partía el alma en mil pedazos. Miré mi mano. Con aquel anillo de compromiso que no me había visto capaz de quitar. Hasta ese momento. Lo saqué del dedo con cuidado y lo miré. Escuchando entonces todos los te quieros pronunciados. Todas las caricias, sonrisas besos... Eran tantas cosas las vividas en los últimos meses. Y unas de las más hermosas, las dos criaturas que descansaban en el interior de la habitación.
Jugué con el anillo que señalaba que estábamos comprometidos. Una prueba más del destino, que nos hacía esperar un poco más para ponernos frente al altar. Pero, aquel momento parecía no llegar. Y ahora se me hacía demasiado lejano ante la posibilidad de que él no hubiese sido del todo honesto conmigo.
Unas silenciosas y amargas lágrimas surcaron mi rostro mientras contemplaba el anillo. Sentada en aquel solitario banco.
#2772
30/07/2012 09:01
Me dirigí hacia nuestra casa, a paso ligero. Entré y Martín vino corriendo a mi encuentro.
-Madre, ¿lo han sacado ya? ¿padre vuelve a casa con nosotros?-preguntó nervioso tirandome de la falda.
-Mi bien, aún no...-me agaché poniéndome a su altura y le acaricié el mentón-Pero pronto volverá junto a nosotros, no te apures. Además me ha dicho que te de un abrazo muy muy fuerte de su parte-dándole con el dedo en la nariz.
-¿Puedo?-sonreí mientras Martín se lanzaba a mis brazos abrazandome.
-Madre, ¿lo han sacado ya? ¿padre vuelve a casa con nosotros?-preguntó nervioso tirandome de la falda.
-Mi bien, aún no...-me agaché poniéndome a su altura y le acaricié el mentón-Pero pronto volverá junto a nosotros, no te apures. Además me ha dicho que te de un abrazo muy muy fuerte de su parte-dándole con el dedo en la nariz.
-¿Puedo?-sonreí mientras Martín se lanzaba a mis brazos abrazandome.
#2773
30/07/2012 09:26
- Deberíamos ir a ver a Tristán ¿no crees? – me dijo Soledad.
- Amor tú deberías descansar y lo sabes.
Soledad puso cara de enfado para intentar rebatirme pero no admití un no por respuesta.
- Soledad ha sido un viaje muy largo y necesitas descansar. – dije poniendo una mano en su vientre. – Yo tengo que ir al pueblo a ver a Emilia así que pasaré a ver a Tristán y le diré que mañana irás a verle. Así te traeré noticias de él ¿De acuerdo?
Esta vez Soledad vio que tenía razón y accedió a descansar.
- Yo me quedaré en la casa. Quiero organizar cuanto antes con Puig la batida para encontrar ese cerdo. – dijo Alejandro.
- De acuerdo. Entonces yo marcho. Estoy deseando ver a Emilia y a mi sobrina.
De pronto oímos voces en el salón.
- ¿Tu padre puede reconocer a Puig? – preguntó Soledad.
No había caído en eso. Sí que puede y a lo mejor se ha pasado con Francisca y por eso mi padre y él están alzando la voz así que salimos al salón y allí estaban. Los que discutían eran mi padre y Francisca. En cuanto oyeron la puerta nos miraron alucinados.
- ¿Qué les pasa? ¿Parece que han visto un fantasma? – pregunté chanceándome.
- Amor tú deberías descansar y lo sabes.
Soledad puso cara de enfado para intentar rebatirme pero no admití un no por respuesta.
- Soledad ha sido un viaje muy largo y necesitas descansar. – dije poniendo una mano en su vientre. – Yo tengo que ir al pueblo a ver a Emilia así que pasaré a ver a Tristán y le diré que mañana irás a verle. Así te traeré noticias de él ¿De acuerdo?
Esta vez Soledad vio que tenía razón y accedió a descansar.
- Yo me quedaré en la casa. Quiero organizar cuanto antes con Puig la batida para encontrar ese cerdo. – dijo Alejandro.
- De acuerdo. Entonces yo marcho. Estoy deseando ver a Emilia y a mi sobrina.
De pronto oímos voces en el salón.
- ¿Tu padre puede reconocer a Puig? – preguntó Soledad.
No había caído en eso. Sí que puede y a lo mejor se ha pasado con Francisca y por eso mi padre y él están alzando la voz así que salimos al salón y allí estaban. Los que discutían eran mi padre y Francisca. En cuanto oyeron la puerta nos miraron alucinados.
- ¿Qué les pasa? ¿Parece que han visto un fantasma? – pregunté chanceándome.
#2774
30/07/2012 12:39
Sonreí forzosamente al posadero.
-La Calesa estará esperándonos.- le dije. Él sonrió, mas en su mirada pude ver un rastro de preocupación. Meneé la cabeza, orgullosa pero sin poder apartar de mi lado el dolor que sentía desde el día anterior. -Gracias por todo,- agradecí. Quedando cayada unos eternos segundos. -¿Podría decirle que lo esperamos fuera?- le pedí. Yo no era capaz de dirigirle la palabra.
El amable hombre asintió.-Si le sirve de algo mi consejo, tanteé si es más fuerte el amor que sienten o aquello que les haya podido pasar.
-Gracias.- pronuncié de nuevo. Mis labios se entreabrieron para confiar ante él mis pensamientos, pero deseché aquella idea segundos después. Suspiré y con una triste sonrisa me despedí de él.
Llegué a dónde la Calesa se encontraba. Saludé al cochero sin mucho énfasis y le pedí que fuese a por las maletas, las cuales las había dejado en la puerta de la habitación. Una vez que estuvo de vuelta, ojeé por última vez el acogedor pueblo y, con su ayuda, subí al interior. Con cuidado de no hacer más incómodo aquello para los niños. Los dejé en las cestillas para que pudiesen descansar durante el trayecto.
Al poco Raimundo apareció y dando ordenes al cochero, subió. En ningún momento le crucé la mirada. No me veía capaz de hacerlo. Y mucho menos, tenía la intención de enzalzarme en una discusión, que pudiese despertar a los pequeños. El viaje, al contrario que el anterior, se hizo pesado. Un asfixiante silencio inundaba el pequeño espacio y el mar de dudas que traia conmigo no dejaron de acecharme.
Divisé la Casona a lo lejos y suspiré agotada. Al fin llegábamos. Él cogió a Natalia y yo hice lo propio con Alejandro. Bajamos de la Calesa y Raimundo pidió al cochero que se encargase de descargarlo todo. Entramos, percibiendo que nadie había en el salón. Cosa normal pues hacía meses que solo nosotros vivíamos allí.
Él habló y, como no lo había hecho desde el día anterior, lo miré a los ojos. Esperando encontrar allí respuesta a su pregunta.
-No lo sé.- susurré. -Y el temor a salir de estas dudas que me acechan se me hace demasiado fuerte. Es tu palabra contra la de ella.- le dije, alzando la voz. -Si ha sido capaz de hacer que me denieguen la nulidad será porque... Porque cree que tú...- corté mi frase sin poder enfrentarme a ella.
Y no me hizo demasiada falta pues, escuché la puerta cerrarse en ese instante. Dirigí mi mirada hacia ella. Viendo a Sebastián y Soledad. Mi rostro pasó del enfado a la sorpresa. Iba acompañados de otro joven. Sonreí al verlos, de nuevo en casa, y me acerqué a mi hija. Aun con el pequeño Alejandro en brazos.
-Mi niña.- pronuncié cariñosa. Abrazándola cuando pude, para no molestar al pequeño. -No os esperaba tan pronto. ¿Cuándo habéis llegado?- pregunté a los muchachos.
-La Calesa estará esperándonos.- le dije. Él sonrió, mas en su mirada pude ver un rastro de preocupación. Meneé la cabeza, orgullosa pero sin poder apartar de mi lado el dolor que sentía desde el día anterior. -Gracias por todo,- agradecí. Quedando cayada unos eternos segundos. -¿Podría decirle que lo esperamos fuera?- le pedí. Yo no era capaz de dirigirle la palabra.
El amable hombre asintió.-Si le sirve de algo mi consejo, tanteé si es más fuerte el amor que sienten o aquello que les haya podido pasar.
-Gracias.- pronuncié de nuevo. Mis labios se entreabrieron para confiar ante él mis pensamientos, pero deseché aquella idea segundos después. Suspiré y con una triste sonrisa me despedí de él.
Llegué a dónde la Calesa se encontraba. Saludé al cochero sin mucho énfasis y le pedí que fuese a por las maletas, las cuales las había dejado en la puerta de la habitación. Una vez que estuvo de vuelta, ojeé por última vez el acogedor pueblo y, con su ayuda, subí al interior. Con cuidado de no hacer más incómodo aquello para los niños. Los dejé en las cestillas para que pudiesen descansar durante el trayecto.
Al poco Raimundo apareció y dando ordenes al cochero, subió. En ningún momento le crucé la mirada. No me veía capaz de hacerlo. Y mucho menos, tenía la intención de enzalzarme en una discusión, que pudiese despertar a los pequeños. El viaje, al contrario que el anterior, se hizo pesado. Un asfixiante silencio inundaba el pequeño espacio y el mar de dudas que traia conmigo no dejaron de acecharme.
Divisé la Casona a lo lejos y suspiré agotada. Al fin llegábamos. Él cogió a Natalia y yo hice lo propio con Alejandro. Bajamos de la Calesa y Raimundo pidió al cochero que se encargase de descargarlo todo. Entramos, percibiendo que nadie había en el salón. Cosa normal pues hacía meses que solo nosotros vivíamos allí.
Él habló y, como no lo había hecho desde el día anterior, lo miré a los ojos. Esperando encontrar allí respuesta a su pregunta.
-No lo sé.- susurré. -Y el temor a salir de estas dudas que me acechan se me hace demasiado fuerte. Es tu palabra contra la de ella.- le dije, alzando la voz. -Si ha sido capaz de hacer que me denieguen la nulidad será porque... Porque cree que tú...- corté mi frase sin poder enfrentarme a ella.
Y no me hizo demasiada falta pues, escuché la puerta cerrarse en ese instante. Dirigí mi mirada hacia ella. Viendo a Sebastián y Soledad. Mi rostro pasó del enfado a la sorpresa. Iba acompañados de otro joven. Sonreí al verlos, de nuevo en casa, y me acerqué a mi hija. Aun con el pequeño Alejandro en brazos.
-Mi niña.- pronuncié cariñosa. Abrazándola cuando pude, para no molestar al pequeño. -No os esperaba tan pronto. ¿Cuándo habéis llegado?- pregunté a los muchachos.
#2775
30/07/2012 13:11
Los dos nos miraron sorprendidos y con las criaturas en los brazos. Mis hermanos… aún no podía creerlo. Francisca se acercó primeramente a Soledad a la vez que yo me dirigía a abrazar a mi padre sin molestar al bebé que tenía en sus brazos.
- ¡Padre! No sabe cómo le he echado de menos.
Oí que Francisca preguntaba cuándo habíamos llegado.
- Hace unas horas madre. – dijo Soledad. – Estábamos deseando llegar a casa y ver a estos pequeñuelos. – dijo al ver a los bebés.
Francisca nos lo presentó: el que llevaba ella se llamaba Alejandro y el que tenía mi padre, Natalia. Como mi madre. En cuanto la miré me recordó a ella sin saber por qué. Supongo que al oír su nombre pensé en ella. Siempre la he echado mucho de menos y más estos meses.
- Son preciosos. – dijo Soledad emocionada que se deshacía en carantoñas con Alejandro mientras yo me deshacía haciéndole carantoñas a Natalia. De pronto un carraspeo nos sacó del ensimismamiento en el que estábamos.
- ¡Ah! Perdón. Padre, doña Francisca… les presento a Alejandro de la Serna. Gracias a él hemos alertado a la Guardia Civil sobre los crímenes de Salvador con las pruebas que teníamos y junto con sus hombres vigilarán la Casona.
- Además contamos con alguien que conoce muy bien a Salvador así que les aseguro que no va a poner un pie en esta casa y alrededores sin que lo sepamos antes. Se lo prometo. – aseguró Alejandro después de presentarse cortésmente a mi padre y a Francisca.
- Madre ¿han pasado por el pueblo? ¿tienen alguna noticia de Tristán? – preguntó Soledad algo angustiada y aún con Alejandro en brazos.
Francisca y mi padre la miraron sorprendidos. Parecía que no sabían nada.
- Al parecer Tristán está en el penal acusado de asesinato. Acabamos de enterarnos pero antes de que intenten hacer nada… - dije viendo a doña Francisca haciendo ademán de querer irse. – sepan que con una acusación tan grave nada se puede hacer por hoy. Ustedes descansen que yo me disponía a ir así al venir paso por el pueblo y veo a Emilia que si se entera de que he vuelto y no la he visitado me crucifica. Tome padre. – dije entregándole a la niña. – Hasta luego preciosa.
Francisca quería acompañarme pero yo se lo impedí.
- Francisca usted y Soledad descansen que bien lo necesitan. Yo iré y les traeré noticias. Además… el horario de visitas de las prisiones suele ser más pronto. No creo que la dejen entrar ¿de acuerdo?
Francisca intentó rebatirme pero yo se lo impedí. Por las caras mustias que han traído del viaje sabía que necesitaban descansar. Mi padre me dijo que iría conmigo un tanto apenado. Le dio la niña a Soledad y se dispuso a acompañarme.
- ¡Padre! No sabe cómo le he echado de menos.
Oí que Francisca preguntaba cuándo habíamos llegado.
- Hace unas horas madre. – dijo Soledad. – Estábamos deseando llegar a casa y ver a estos pequeñuelos. – dijo al ver a los bebés.
Francisca nos lo presentó: el que llevaba ella se llamaba Alejandro y el que tenía mi padre, Natalia. Como mi madre. En cuanto la miré me recordó a ella sin saber por qué. Supongo que al oír su nombre pensé en ella. Siempre la he echado mucho de menos y más estos meses.
- Son preciosos. – dijo Soledad emocionada que se deshacía en carantoñas con Alejandro mientras yo me deshacía haciéndole carantoñas a Natalia. De pronto un carraspeo nos sacó del ensimismamiento en el que estábamos.
- ¡Ah! Perdón. Padre, doña Francisca… les presento a Alejandro de la Serna. Gracias a él hemos alertado a la Guardia Civil sobre los crímenes de Salvador con las pruebas que teníamos y junto con sus hombres vigilarán la Casona.
- Además contamos con alguien que conoce muy bien a Salvador así que les aseguro que no va a poner un pie en esta casa y alrededores sin que lo sepamos antes. Se lo prometo. – aseguró Alejandro después de presentarse cortésmente a mi padre y a Francisca.
- Madre ¿han pasado por el pueblo? ¿tienen alguna noticia de Tristán? – preguntó Soledad algo angustiada y aún con Alejandro en brazos.
Francisca y mi padre la miraron sorprendidos. Parecía que no sabían nada.
- Al parecer Tristán está en el penal acusado de asesinato. Acabamos de enterarnos pero antes de que intenten hacer nada… - dije viendo a doña Francisca haciendo ademán de querer irse. – sepan que con una acusación tan grave nada se puede hacer por hoy. Ustedes descansen que yo me disponía a ir así al venir paso por el pueblo y veo a Emilia que si se entera de que he vuelto y no la he visitado me crucifica. Tome padre. – dije entregándole a la niña. – Hasta luego preciosa.
Francisca quería acompañarme pero yo se lo impedí.
- Francisca usted y Soledad descansen que bien lo necesitan. Yo iré y les traeré noticias. Además… el horario de visitas de las prisiones suele ser más pronto. No creo que la dejen entrar ¿de acuerdo?
Francisca intentó rebatirme pero yo se lo impedí. Por las caras mustias que han traído del viaje sabía que necesitaban descansar. Mi padre me dijo que iría conmigo un tanto apenado. Le dio la niña a Soledad y se dispuso a acompañarme.
#2776
30/07/2012 13:29
Me despedí de Soledad con un beso. Después montamos en la calesa mi padre y yo y nos dirigimos a la prisión a ver en qué condiciones se encontraba Tristán y si ya tenía abogado. Por el camino noté a mi padre nostálgico y apenado.
- Padre ¿ocurre algo? Antes de vernos parecía que estaban discutiendo y cuando me dijo que me acompañaría noté como si estuviera huyendo de allí.
Mi padre suspiró triste y me contó lo sucedido. Al parecer había otra persona interesada en que ellos dos no se casaran. La hermana de Francisca.
- Nunca me contó que tuviera una hermana.
Mi padre contestó que nunca había sido importante para él. Su relación siempre fue cordial sin llegar a más pero al parecer eso distaba mucho a lo que creía Francisca.
- Pero ¿cómo es posible que la crea? ¿Acaso no confía en usted? – pregunté un tanto triste aunque al segundo siguiente me arrepentí de haberlo hecho. En ese momento mi padre bajó la cabeza triste y vi lágrimas descendiendo por su rostro. Le abracé por los hombros y le dije. - ¡Ánimo padre! Ya verá como todo pasa. Si Francisca sabe que su hermana la odia, pronto pasará.
- Padre ¿ocurre algo? Antes de vernos parecía que estaban discutiendo y cuando me dijo que me acompañaría noté como si estuviera huyendo de allí.
Mi padre suspiró triste y me contó lo sucedido. Al parecer había otra persona interesada en que ellos dos no se casaran. La hermana de Francisca.
- Nunca me contó que tuviera una hermana.
Mi padre contestó que nunca había sido importante para él. Su relación siempre fue cordial sin llegar a más pero al parecer eso distaba mucho a lo que creía Francisca.
- Pero ¿cómo es posible que la crea? ¿Acaso no confía en usted? – pregunté un tanto triste aunque al segundo siguiente me arrepentí de haberlo hecho. En ese momento mi padre bajó la cabeza triste y vi lágrimas descendiendo por su rostro. Le abracé por los hombros y le dije. - ¡Ánimo padre! Ya verá como todo pasa. Si Francisca sabe que su hermana la odia, pronto pasará.
#2777
30/07/2012 15:14
Sebastian y Raimundo marcharon al penal a visitar a Tristan,en ese momento entro Mariana en la estancia.
-¿ Y esta señorita tan encantadora quien es?-Pregunto Alejandro.
-Mi hija Mariana-respondí al comprobar que la muchacha se había ruborizado.
-Encantado de conocerte Mariana,mi nombre es Alejandro de la serna-dijo presentándose y besando su mano.
Yo no pude evitar sonreír al ver que las mejillas de mi hija estaban cada vez mas encendidas.
-Encantada don Alejandro-dijo algo turbada.
-Llámame Alejandro-respondió el.
-Como desee Alejandro-dijo esbozando una sonrisa.
En ese momento la señora me pidió que subiera a los niños a su alcoba pues queria hablar con Soledad.
-Por supuesto señora,Mariana¿me acompañas?-dije mirandola.
Ella pareció salir del ensimismamiento en el que estaba sumida y se acerco a mi.Le entregue a Alejandro y ambas comenzamos a subir las escaleras.
-Hay que reconocer que el muchacho es guapo-dije con una sonrisa.
-¡Madre!-Exclamo Mariana.
-Ni que no tuviera ojos en la cara-dije ensanchando la sonrisa y entrando en la alcoba.
-¿ Y esta señorita tan encantadora quien es?-Pregunto Alejandro.
-Mi hija Mariana-respondí al comprobar que la muchacha se había ruborizado.
-Encantado de conocerte Mariana,mi nombre es Alejandro de la serna-dijo presentándose y besando su mano.
Yo no pude evitar sonreír al ver que las mejillas de mi hija estaban cada vez mas encendidas.
-Encantada don Alejandro-dijo algo turbada.
-Llámame Alejandro-respondió el.
-Como desee Alejandro-dijo esbozando una sonrisa.
En ese momento la señora me pidió que subiera a los niños a su alcoba pues queria hablar con Soledad.
-Por supuesto señora,Mariana¿me acompañas?-dije mirandola.
Ella pareció salir del ensimismamiento en el que estaba sumida y se acerco a mi.Le entregue a Alejandro y ambas comenzamos a subir las escaleras.
-Hay que reconocer que el muchacho es guapo-dije con una sonrisa.
-¡Madre!-Exclamo Mariana.
-Ni que no tuviera ojos en la cara-dije ensanchando la sonrisa y entrando en la alcoba.
#2778
30/07/2012 16:39
-Vino Rosario-dijo Martín sonriente
-¿Ah si?-fruncí el ceño-¿Y que quería?
-Me preguntó cómo estaba y estuvo un ratito con Alba y conmigo. Además,me dijo que si un día iba a la Casona, me prepararía una taza de rico chocolate.-se relamió
-¿Sabes qué? Es buena idea ¿Quieres venirte conmigo?-le pregunté pensando que allí, quizás encontraría a alguien que me ayudase con la investigación. Con suerte Raimundo y Francisca ya estarían al tanto de todo.
Pasamos a ver como estaba Alba, aún dormía placidamente. Le pedí a Mariela que se quedara con ella hasta mi vuelta.
Tomé de la mano a Martín.
-¿Vamos?- le pregunté
Tomamos rumbo a la Casona.
-¿Ah si?-fruncí el ceño-¿Y que quería?
-Me preguntó cómo estaba y estuvo un ratito con Alba y conmigo. Además,me dijo que si un día iba a la Casona, me prepararía una taza de rico chocolate.-se relamió
-¿Sabes qué? Es buena idea ¿Quieres venirte conmigo?-le pregunté pensando que allí, quizás encontraría a alguien que me ayudase con la investigación. Con suerte Raimundo y Francisca ya estarían al tanto de todo.
Pasamos a ver como estaba Alba, aún dormía placidamente. Le pedí a Mariela que se quedara con ella hasta mi vuelta.
Tomé de la mano a Martín.
-¿Vamos?- le pregunté
Tomamos rumbo a la Casona.
#2779
30/07/2012 17:31
Me senté en la cama junto a Soledad. Acababa de dejarle los niños a Rosario para que los acostase en su cunita y cuidase de ellos. Mi hija me miró con una sonrisa en los labios y yo se la devolvía a duras penas. Acababa de enterarme que Tristán, mi niño, estaba encarcelado por el asesinato de aquel que hizo que Pepa entrase en coma. Había querido ir a la cárcel para verlo, pero Sebastián me apartó aquella idea de la cabeza.
-No se preocupe más, madre. Tristán saldrá pronto, ya verá.- trató de animarme ella.
-Los asesinatos se pagan caros, Soledad.- refuté en un susurro. Tomó mi mano entre las suyas, diciéndome así que todo saldría bien. ¿Qué mal tan grande había hecho yo para que la vida me tratase así? No podía dejar de pensar en los últimos acontecimientos, y ahora otro puñal se clavaba en mi pecho ante semejante noticia.
-Deje de darle vueltas, haga el favor.- me pidió. -Mañana por la mañana podremos ir a verlo y usted podrá hablar con quien haga falta para tratar de liberarlo.- pronunció tranquila. Sin dejar que aquella triste noticia empañase la dicha que sentía al saberse de nuevo en casa.
-Mi niña...- dije con ternura.
-No sabe cuanto la he echado de menos.- respondió a mi gesto. Sin dejar de acariciar la mano que tenía entrelazada a la suya. -Ya me moría de ganas por conocer a mis hermanos. Cada día esperaba ansiosa cartas suyas, para ver que tal les iba.- sonreí al escucharla y la abracé cariñosa. -Pero, esperaba encontrarla más animada.- apuntó. -Tiene exactamente el mismo semblante que cuando nos fuimos.- en ese momento, su sonrisa y la mía se borraron. -¿Ha pasado algo? ¿Han tenido algún percance en ese viaje del que venían?
Negué con la cabeza ante la última pregunta. Me solté de la mano de mi hija y me levanté. Dando un par de pasos por la alcoba de la joven. Ella se acercó a mi. Intentado indagar en lo que me tenía desalentada.
-Soledad...- la miré. -Estaba segura de que alguien estaba haciendo lo imposible por impedir que me concedieran la nulidad de mi matrimonio con... Con Salvador. Creí que era él hasta que despertó del coma y decidí volver a tramitarla.- comencé a explicarle. -Hace unos días, casi sin planear nada, fuimos a San Andrés para buscar a...- suspiré. -A Ana. No sabrás nada de ella pero... Ana es tu tía, mi hermana. Ella y yo nunca nos llevamos bien, por tanto al ingresar en el convento para mi fue como si hubiese muerto.- Soledad se llevó las manos a la boca al escucharme. No era fácil explicarle ahora aquello.
-Así que es ella quien no quiere su bien.- apuntó. Y yo asentí. -Pero... ¿Qué intereses la mueven, madre?
-El interés no es más que el odio que me tiene.- contesté. -Al parecer, desde siempre ha seguido todos mis movimientos y ahora encontró la ocasión perfecta para herirme.
-Mire el lado positivo, madre.- se acercó a mi, acariciando mi brazo.- Ya saben que es ella, ahora solo tienen que actuar a conciencia para esquivar sus influencias.- intentó animarme.
-Eso es lo que menos me importa ahora, Soledad.- pronuncié abatida. -Mientras hablábamos ella hizo referencia al pasado y con ello dio donde más duele.- una lágrima resbaló por mi mejilla. -Dijo que... Que Raimundo me dejó voluntariamente por casarse con la rica heredera y...-sollocé.- Según Ana, ella y Raimundo yacieron juntos.- Soledad me miró sin entender. No dando lugar a lo que le contaba entre llantos.
-No puede ser. Raimundo la quiere con toda su alma...- Cerré los ojos ante sus palabras. Derrumbándome finalmente ante ella. Me abrazó con fuerza, intentando calmarme.
-Lo sé.- pronuncié. -Pero, ¿y si es verdad? Y si Raimundo a su vuelta decidió... - llevé mis manos a la cabeza, buscando algo de orden en mis pensamientos. -No soy capaz de enfrentarme al hecho de imaginarlos juntos.
-Madre,- me tomó por los hombros. -Según me acaba de decir su hermana la odia y, como ya le he dicho, Raimundo la ama. Y usted a él.- habló. -Entiendo que pueda dudar ante tales afirmaciones pero... ¿de veras cree a ese hombre es capaz de entregarse a otra que no sea usted?- preguntó.
A mis labios no vinieron más palabras. No lo creía capaz de eso. Claro que no. Pero aunque la razón me decía aquello, no podía evitar sentir esa espina clavada en mi pecho.
-Te dejo sola, hija.- le dije. Enjugando el rastro de lágrimas que había en mis mejillas. -Necesitas descansar y yo no hago más que incordiarte con mis dudas.- ella mi miró reprochadora ante mi afirmación. -Descansad.- pronuncié mientras le daba un beso en la mejilla.
-¿Descansad?- preguntó extrañada o más bien sorprendida ante la tranquilidad con la que lo había dicho.
-No creas que no me he dado cuenta de las anchuras que te gastas.- traté de reir, aunque quedó en un vano intento.
Salí de la habitación y fui a acercarme a la mía. Pero no encontré las fuerzas para hacerlo. Allí se encerraban los recuerdos de los últimos 10 meses y lo que menos me apetecía era enfrentarme a ellos.
Bajé a la cocina. Buscando el respaldo de un vaso de leche que me calmase. Me senté en una de las sillas y volví a sumirme en mis pensamientos. Recordando la conversación con Soledad.
-No se preocupe más, madre. Tristán saldrá pronto, ya verá.- trató de animarme ella.
-Los asesinatos se pagan caros, Soledad.- refuté en un susurro. Tomó mi mano entre las suyas, diciéndome así que todo saldría bien. ¿Qué mal tan grande había hecho yo para que la vida me tratase así? No podía dejar de pensar en los últimos acontecimientos, y ahora otro puñal se clavaba en mi pecho ante semejante noticia.
-Deje de darle vueltas, haga el favor.- me pidió. -Mañana por la mañana podremos ir a verlo y usted podrá hablar con quien haga falta para tratar de liberarlo.- pronunció tranquila. Sin dejar que aquella triste noticia empañase la dicha que sentía al saberse de nuevo en casa.
-Mi niña...- dije con ternura.
-No sabe cuanto la he echado de menos.- respondió a mi gesto. Sin dejar de acariciar la mano que tenía entrelazada a la suya. -Ya me moría de ganas por conocer a mis hermanos. Cada día esperaba ansiosa cartas suyas, para ver que tal les iba.- sonreí al escucharla y la abracé cariñosa. -Pero, esperaba encontrarla más animada.- apuntó. -Tiene exactamente el mismo semblante que cuando nos fuimos.- en ese momento, su sonrisa y la mía se borraron. -¿Ha pasado algo? ¿Han tenido algún percance en ese viaje del que venían?
Negué con la cabeza ante la última pregunta. Me solté de la mano de mi hija y me levanté. Dando un par de pasos por la alcoba de la joven. Ella se acercó a mi. Intentado indagar en lo que me tenía desalentada.
-Soledad...- la miré. -Estaba segura de que alguien estaba haciendo lo imposible por impedir que me concedieran la nulidad de mi matrimonio con... Con Salvador. Creí que era él hasta que despertó del coma y decidí volver a tramitarla.- comencé a explicarle. -Hace unos días, casi sin planear nada, fuimos a San Andrés para buscar a...- suspiré. -A Ana. No sabrás nada de ella pero... Ana es tu tía, mi hermana. Ella y yo nunca nos llevamos bien, por tanto al ingresar en el convento para mi fue como si hubiese muerto.- Soledad se llevó las manos a la boca al escucharme. No era fácil explicarle ahora aquello.
-Así que es ella quien no quiere su bien.- apuntó. Y yo asentí. -Pero... ¿Qué intereses la mueven, madre?
-El interés no es más que el odio que me tiene.- contesté. -Al parecer, desde siempre ha seguido todos mis movimientos y ahora encontró la ocasión perfecta para herirme.
-Mire el lado positivo, madre.- se acercó a mi, acariciando mi brazo.- Ya saben que es ella, ahora solo tienen que actuar a conciencia para esquivar sus influencias.- intentó animarme.
-Eso es lo que menos me importa ahora, Soledad.- pronuncié abatida. -Mientras hablábamos ella hizo referencia al pasado y con ello dio donde más duele.- una lágrima resbaló por mi mejilla. -Dijo que... Que Raimundo me dejó voluntariamente por casarse con la rica heredera y...-sollocé.- Según Ana, ella y Raimundo yacieron juntos.- Soledad me miró sin entender. No dando lugar a lo que le contaba entre llantos.
-No puede ser. Raimundo la quiere con toda su alma...- Cerré los ojos ante sus palabras. Derrumbándome finalmente ante ella. Me abrazó con fuerza, intentando calmarme.
-Lo sé.- pronuncié. -Pero, ¿y si es verdad? Y si Raimundo a su vuelta decidió... - llevé mis manos a la cabeza, buscando algo de orden en mis pensamientos. -No soy capaz de enfrentarme al hecho de imaginarlos juntos.
-Madre,- me tomó por los hombros. -Según me acaba de decir su hermana la odia y, como ya le he dicho, Raimundo la ama. Y usted a él.- habló. -Entiendo que pueda dudar ante tales afirmaciones pero... ¿de veras cree a ese hombre es capaz de entregarse a otra que no sea usted?- preguntó.
A mis labios no vinieron más palabras. No lo creía capaz de eso. Claro que no. Pero aunque la razón me decía aquello, no podía evitar sentir esa espina clavada en mi pecho.
-Te dejo sola, hija.- le dije. Enjugando el rastro de lágrimas que había en mis mejillas. -Necesitas descansar y yo no hago más que incordiarte con mis dudas.- ella mi miró reprochadora ante mi afirmación. -Descansad.- pronuncié mientras le daba un beso en la mejilla.
-¿Descansad?- preguntó extrañada o más bien sorprendida ante la tranquilidad con la que lo había dicho.
-No creas que no me he dado cuenta de las anchuras que te gastas.- traté de reir, aunque quedó en un vano intento.
Salí de la habitación y fui a acercarme a la mía. Pero no encontré las fuerzas para hacerlo. Allí se encerraban los recuerdos de los últimos 10 meses y lo que menos me apetecía era enfrentarme a ellos.
Bajé a la cocina. Buscando el respaldo de un vaso de leche que me calmase. Me senté en una de las sillas y volví a sumirme en mis pensamientos. Recordando la conversación con Soledad.
#2780
30/07/2012 18:10
Mi padre me preguntó por cómo me iban las cosas con Soledad. No pude evitar que se me iluminaran los ojos y que una amplia sonrisa apareciera en mi rostro.
- Aún no me creo mi suerte padre. Desde niño he estado loco por ella. Ahora entiendo que lo que sentía por Virtudes era sólo el deseo de agarrarme a un clavo ardiendo para no pensar en ella. Lo que siento por Soledad es… más de lo que puedo explicar. Y aún no sabe lo mejor.
Mi padre me miró extrañado.
- Me siento tan feliz de haber conseguido conocer toda la historia de Salvador y de tenerla a ella que necesito contárselo a alguien. Aunque me tiene que prometer que se va a hacer el sorprendido cuando lo anunciemos a los demás. – le dije un tanto serio pero a la vez, divertido. Mi padre se mostró impaciente por conocer la noticia y me prometió que se sorprendería. – Bien… pues contra todo pronóstico… Soledad está embarazada.
Mi padre me miró anonadado y me dijo que era imposible. Soledad era estéril.
- Ya sabía que diría eso. Estando en Barcelona una comadrona y un médico la examinaron y dieron el mismo diagnóstico. A ellos también les pareció increíble. – dije con una sonrisa y con lágrimas en los ojos por la emoción.
Mi padre me sonrió y me abrazó como pudo estando dentro de la calesa felicitándome por la noticia. Después de unos minutos llegamos al penal en donde se encontraba Tristán.
Unos guardia civiles franqueaban la puerta y nos dijeron que no podíamos pasar. Tal y como me temía la hora de visitas terminó hace rato.
- Somos familiares de Tristán Ulloa Montenegro y vengo de parte de su abogado: Jorge Suárez (un amigo de la capital) para saber en qué estado físico se encuentra el detenido. Además, Tristán forma parte importante de una investigación llevada a cabo por los crímenes de Abel Castillo ya que fue su hijo y convivió con él. Vengo a comunicarle que debe prestar declaración.
En mi fuero interno estaba seguro de que no nos dejarían entrar pero parece ser que la parrafada que solté acobardó a los guardias que fueron a visitar al alcaide del penal transmitiéndole mis palabras.
- Aún no me creo mi suerte padre. Desde niño he estado loco por ella. Ahora entiendo que lo que sentía por Virtudes era sólo el deseo de agarrarme a un clavo ardiendo para no pensar en ella. Lo que siento por Soledad es… más de lo que puedo explicar. Y aún no sabe lo mejor.
Mi padre me miró extrañado.
- Me siento tan feliz de haber conseguido conocer toda la historia de Salvador y de tenerla a ella que necesito contárselo a alguien. Aunque me tiene que prometer que se va a hacer el sorprendido cuando lo anunciemos a los demás. – le dije un tanto serio pero a la vez, divertido. Mi padre se mostró impaciente por conocer la noticia y me prometió que se sorprendería. – Bien… pues contra todo pronóstico… Soledad está embarazada.
Mi padre me miró anonadado y me dijo que era imposible. Soledad era estéril.
- Ya sabía que diría eso. Estando en Barcelona una comadrona y un médico la examinaron y dieron el mismo diagnóstico. A ellos también les pareció increíble. – dije con una sonrisa y con lágrimas en los ojos por la emoción.
Mi padre me sonrió y me abrazó como pudo estando dentro de la calesa felicitándome por la noticia. Después de unos minutos llegamos al penal en donde se encontraba Tristán.
Unos guardia civiles franqueaban la puerta y nos dijeron que no podíamos pasar. Tal y como me temía la hora de visitas terminó hace rato.
- Somos familiares de Tristán Ulloa Montenegro y vengo de parte de su abogado: Jorge Suárez (un amigo de la capital) para saber en qué estado físico se encuentra el detenido. Además, Tristán forma parte importante de una investigación llevada a cabo por los crímenes de Abel Castillo ya que fue su hijo y convivió con él. Vengo a comunicarle que debe prestar declaración.
En mi fuero interno estaba seguro de que no nos dejarían entrar pero parece ser que la parrafada que solté acobardó a los guardias que fueron a visitar al alcaide del penal transmitiéndole mis palabras.