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Foro El secreto de Puente Viejo

Creemos nuestro propio Puente Viejo. ¡TODOS JUNTOS!

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Ruthlovetristan
Ruthlovetristan
07/03/2012 15:08
Fann3 me ha dado la idea de hacer esto, consiste en elaborar nuestra propia historia de Puente Viejo todos juntos. Cada forer@ va a ser un personaje de Puente Viejo.

Espero que os guste esta idea, me parece que lo podemos pasar muy bien.Si teneis alguna duda me lo deciis, y antes que nada si os parece bien, decidme que personaje quereis cada unos y yo los iré poniendo antes de empezar a elaborar la historia. Yo me pido Pepa si no os parece mal, si alguien quiereel personaje de Pepa yo me cojo otro y no pasa nada. Muchas gracias.


creemosnuestropropiopuenteviejotodosjuntos

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PERSONAJES PARA LA HISTORIA:

miri1309- Raimundo
Ruthlovetristan-Pepa
musicintheair13-Emilia
emshdopv-Soledad
Mariaesdpv-Tristán
Fann3-Alfonso
CristinaESDPV- Gregoria Casas
Franrai-Francisca
Triestrellasara-Mariana
Jessicavalido-Rosario
Laury93-Salvador Castro
Nhgsa- Sebastian Ulloa
Esdpvluna- D.Anselmo




¡PODEIS SEGUIR UNIENDOOS AUNQUE YA HAYAMOS EMPEZADO!

Aviso!! Por favor si os comprometeis a hacer un personaje, intentad escribir regularmente para darle continuidad a la historia y no quedar estancados. Muchas Gracias.

Y si quereis participar , informadnos con antelación, sino esto se desmadra y sería un caos. GRACIAS.
#2521
Ruthlovetristan
Ruthlovetristan
12/07/2012 23:16
Reí y me giré al escuchar la voz de Tristán a nuestra espalda.

-Y como su padre- sonreí

-¿Ya está la cena?- pregunté sonriente
#2522
MariaEsdpv
MariaEsdpv
13/07/2012 00:55
Sonreí asintiendo con la cabeza.

-Pueden ustedes pasar al comedor -dije haciendo un gesto de reverencia con los brazos,riendo-
#2523
Ruthlovetristan
Ruthlovetristan
13/07/2012 12:00
-Vaya, gracias capitán-sonreí

-¿Qué dice soldado Martín, tiene apetencia?-reí cogiendo en brazos al pequeño
#2524
laury93
laury93
13/07/2012 15:15
La figura de Rosario me sorprendió pensando en mitad de ninguna parte, absorto, atrapado por mis propios fantasmas. Me había pasado los últimos días considerando cuál sería mi siguiente movimiento, una vez calmada mi más ferviente necesidad de apagar un poco la alegría de mis contrincantes me descubrí a mí mismo deseando mi propia alegría antes que su desdicha. Rosario me sorprendió, sí, y a la vez no lo hizo porque hacía tiempo que la esperaba y hasta la buscaba, aunque en realidad no quería encontrarla, pues era mucho lo qeu yo sabía y lo qeu ella desconocía o simplemente no quería pensar, pero estaba ahí. Porque me dio a elegir, como si fuera tan fácil, pero no era solo eso, no era ella o mi venganza porque no podría estar con ella. Porque mi antigua venganza, mis nuevos actos, yo mismo, Salvador Castro ya estaba condenado y mientras fuera yo y mientras ellos fueran ellos y el pasado siguiera vivo en el presente no podríamos estar juntos, no podríamos vivir en paz, y yo quería para ella una vida de fugitiva. Por eso cuando me dio a elegir comprendía que realmente ya había elegido, que durante aquellos días de encierro, quizás incluso durante el coma había llegado a una determinación qeu sin embargo hasta aquel momento no se había presentado con claridad en mi mente. Y aún así, ella no podía saberlo, porque sería muy peligroso y necesitaba que saliera bien, era mi única esperanza.
- Jamás haría nada que te pusiera en peligro. - Fue lo único que le dije antes de sonreír, besarla aprovechando su desconcierto y marcharme, pues era hora de comenzar con el plan Y antes de perderme de su vista, exclamé- Iré pronto a verte.

Y era cierto, pero para verla tenía que ir a la Casona y para ello, tenía que deshacerme de parte de los guardias, no de todos, pero al menos quitar algo. No me fue difícil encontrar los flancos de actuación, y sé que un buen soldado nunca desvela su estrategia, pero haré una concesión y lo explicaré:
Primero, el agua, líquido elemento y tan necesario como la propia vida. Bien pues, no se me podrá reprochar un mal acto, lo único que hice fue pequeños ajustes entre ellos: abrir las acequias para que los cultivos se inundasen, romper la bomba de agua que llevaba el líquido a la Casona y lanzar al pozo de donde la extraín los despojos de un ave medio muerta que le había arrebatado a un gato para que el agua se contaminara y tuvieran que buscar otro pozo; crear un pequeño incendio fácil de controlar, si se daban prisa, en las cercanías de los olivares y me entretuve haciendo unos cuantos rastros falsos. Con eso tendrían para un par de días.

Y solo me quedó observar y esperar al enemigo.
#2525
Franrai
Franrai
13/07/2012 17:12
Me comencé a vestir, tras disfrutar un rato de la tranquilidad del momento. Aprovechando que los niños permanecían dormidos y nada necesitarían en al menos una hora, me acerqué a Raimundo de nuevo y deposité en sus labios un tierno beso.

-Bajo un rato al despacho.- le comenté. Él intentó retenerme y sonreí. -Mañana vendrá Don Anselmo para tratar el tema de la nulidad y me gustaría revisar ciertos documentos.- expliqué. Lo vi suspirar sin convencimiento volví a besar sus labios con todo el amor que tenía para él. -Te quiero.- susurré antes de mirar la cuna de los pequeños y dirigirme hacia la puerta mientras colocaba bien mis ropas.

Llegué al despacho y comencé a rebuscar entre los papeles antiguos. Si no me equivocaba, todos los documentos de mi matrimonio con el Castro habían de encontrarse en una de las carpetas que había en el segundo cajón. Suspiré al encontrar allí más papeles de los que esperaba y sin ganas de pasar allí encerrada lo que quedaba de tarde, decidí salir al jardín para al menos, disfrutar del aire que en estos últimos días se me había negado.

Hombres armados rodeaban la Casona con orden de disparar o arrestar a Salvador si se le ocurría entrar en la casa, así que en ese sentido no vi mayor problema en estar en el patio. Me senté en una de las sillas de mimbre y solté sobre la mesa todos aquellos documentos. Don Anselmo me prometió que investigaría un poco sobre los motivos por los que la nulidad me había sido denegadas, pero aun así, necesitaba sentirme útil con aquel tema. Y revisar aquellos escritos me ayudarían, también, a despejar mi mente por un rato.
#2526
laury93
laury93
13/07/2012 17:24
No hube de esperar mucho tiempo para que mis maquinaciones dieran sus frutos. No es que todos los hombres que guarecían la casona hubieran desaparecido, ni eran tan estúpidos ni los subestimaba hasta tal punto, pero sí los suficientes para permitirme entrar con cierta tranquilidad a aquella casa que una vez fue mía. No sabía muy bien lo que pasaría una vez dentro pues ni en mis mejores pronósticos pensé que pudiera llegar a tener tan buena suerte como la que tuve. Aunque antes de aquello, antes incluso de conocer mi buena fortuna, "sustraje" unas cuentas cosas qeu me harían falta para llevar a cabo mi última idea, entre ellas, algún arma cuyo escondite conocía mejor que la palma de mi mano y tanto dinero como pude encontrar, que tampoco fue mucho, pero sería bastante. Caminé agazapado hasta que divisé la figura de Francisca en el jardín y entonces fue cuando sin darme cuenta, sonreí ante mi suerte que me la ponía en bandeja. Me acerqué lentamente a ella, apenas sin hacer ningún ruido, aunque era como si ella ya supiera que aquel momento llegaría, y yo lo sabía. porque al fin y al cabo, éramos enemigos, no éramos nada, pero éramos iguales, en el fondo.
- Hola Francisca, da gusto encontrarte tan... despierta. - Noté como todo su cuerpo se tensaba al escucharme y seguí avanzando hasta colocarme frente a ella y mostrarle el arma que acababa de conseguir.- No intentes gritar ni hacer ninguna tontería, ¿de acuerdo? vamos a hablar como personas civilizadas.
#2527
Franrai
Franrai
13/07/2012 17:47
Estar sumida en aquellos documentos no me impidió darme cuenta de que alguien se acercaba por mi espalda. Una pequeña sonrisa, incontrolable y a la vez dañina, apareció en mis labios. Su olor inconfundible, el sigilo con el que intentaba andar, la respiración erradica que provoca el tratar de ocultarse... Estaba ahí, detrás de mi, y el escalofrío que recorrió mi espalda solo pudo reafirmarmelo.

Pero no me podría mostrar débil, con él no, aunque por dentro lo sintiera.

Suspiré con fuerza, metiéndome en un papel que había interpretado durante años tras su "muerte". Continué con los papeles, como si yo no hubiese notado su presencia, como si no supiese que se haría de notar en cualquier momento.

Y hasta que no lo hizo, hasta que su voz no retumbó en el pequeño patio, no alcé la cabeza para mirarlo.

-Ya creí que te irías sin saludar...- dejé caer. Haciéndole saber, solo entonces, que sabía de su presencia. Tragué saliva antes de levantarme del asiento para quedar a su altura. -¿Hablar?- pregunté, dejando escapar una irónica sonrisa. -Hace años que eso no va contigo, Salvador. O es que quieres pedir disculpas por haberle roto las sabanas a los niños...- meneé la cabeza sin esperar respuesta.
#2528
laury93
laury93
13/07/2012 17:52
Casi sin quererlo dejé que se me escapase una amarga risa ante sus palabras

- Sí, tienes razón, fue un acto sin duda reprochable. Será que estar casado con un mujer sin decencia que se queda embarazada mientras su legítimo esposo está en coma me ha hecho olvidar mi educación. En fin... Puede que te regale un juego nuevo como regalo de despedida. No, de la mía no... - me apresuré a añadir- me refería a la de Raimundo antes de que acabe con él. - Y volví a mostrarle una amplia sonrisa. - Pero no te preocupes, no lo echarás de menos mucho tiempo, yo me encargaré de ello.
#2529
thirdwatch
thirdwatch
13/07/2012 17:56
Toc toc ¿se puede? Aparte de que la historia esta muy bien.. vengo a feliictar a Ro por su preciosísimo avatar
#2530
Franrai
Franrai
13/07/2012 18:06
Mantuve la espalda erguida ante sus palabras. Había de mostrarme fuerte, despistarlo de aquella forma.

-Me habías hecho hacerme ilusiones.- sonreí forzosamente ante su repugnante sonrisa. -Me alegra verte tan amable y cortés.- dije con total irónica, la cual no utilicé para mis palabras siguientes. -¿Sabes? Antes de que le pongas una sola mano encima a Raimundo o a alguno de mis hijos, yo misma te mataré con las mías.-se las mostré, como si le enseñase un fusil a un condenado a muerte. -Aunque sea lo último que haga, te mataré.- me acerqué peligrosamente hacia él.
#2531
laury93
laury93
13/07/2012 18:37
Volví a sonreír. Esperé a que se acercara antes de contestar

- Mi querida Francisca... no esperaba otra cosa de ti. - Y permanecimos allí, manteniéndonos la mirada hasta que me decidí a seguir hablando.- Aunque no es mi intención hacerle nada a esos pequeños bastardos, todo lo contrario, podría incluso ser un buen modelo masculino. Porque tengo entendido que uno es un niño y necesitará un modelos masculino de verdad, lo cual me temo que ese tabernero dista mucho de ser. En fin, ya me hice cargo de otro hijo suyo aunque resultó una tremenda decepción... Será la edad, pero no me importaría otro pequeño heredero al que transmitir mi legado. - Y antes de ver como su rostro se encendía con la rabia, volví a sonreír
#2532
Franrai
Franrai
13/07/2012 20:01
-Para ser hombre no hace falta ir acostándose con cualquier fulana que se cruce en vuestro camino y engendrar algún que otro hijo como prueba.- refuté al sentir mi sangre hervir de rabia. -Y por mis hijos, tranquilo, que sus padres estarán ahí para instruirlos como es debido.- pronuncié con firmeza, con convencimiento. -Unos padres que los querrán con toda su alma, ¿sabes lo qué es eso, Salvador?- lo provoqué. -No, no lo sabes. No lo sabes porque has sido capaz de violentar a tu propia hija y soltar mil improperios del que creías que llevaba tu sangre.- le reproché.

Nuestras miradas permanecieron clavadas la una en la otra, como ya habían hecho anteriormente. Hirientes y orgullosos.

Él comenzó a hablar. Sin excusarse, simplemente reprochando y amenazando.

-Ojalá hubieras muerto.- pronuncié. Parecía fácil desearle la muerte a alguien pero el trasfondo era mucho más oscuro del que se pueda llegar a pensar. -Pero para tu desgracia te diré que no empañas un ápice mi felicidad, que vivo cada día feliz junto a un hombre al que amo, unos hijos a los que adoro y unos nietos que amplían aún más mi sonrisa.- dije, como si lo informase de ello. Quise jactarme en ese momento de su soledad, de la repugnancia que sentían todos los que lo conocían hacia él. Pero fue más rápido que yo. Y enfadado, supuse conmigo, mas era con la vida en general, sacó su pistola y me apuntó sin reparo.

Traté de mostrarme entera, consiguiéndolo por momentos. Solo pretendía callarme, dejar de escuchar ciertas verdades que, aunque estaba segura de que no le dolían, le molestaban.

-¿De veras pretendes matarme?- le pregunté. Viendo aparecer en ese momento a Raimundo, devolví rápidamente mi mirada hacia el Castro para no levantar sospecha. -No serías capaz,- traté de distraerlo. -hace días me tuviste a tu lado y te conformaste con mi desasosiego. ¿Qué cambia ahora?- y tras formular aquella pregunta. Sin darle tiempo a Salvador a pronunciarse, Raimundo agarró su brazo, arrebátandole la pistola y colocándola en su sien.

Fue en ese momento, cuando realmente sentí miedo. Miedo de que Raimundo perdiese los estribos y disparase finalmente contra él. Miedo de cumplir en ese momento, lo que tantas veces había esperado.
#2533
Jessicavalido
Jessicavalido
13/07/2012 21:54
Me beso fugazmente en los labios,tras decirme que no me haria el menor daño y sin mas se fue diciendome que pronto iria a verme.Me quede bastante preocupada ante esta ultima afirmacion y regrese a la casona.
#2534
laury93
laury93
13/07/2012 22:46
Las palabras de Francisca ya me daban igual porque estaba allí con un único objetivo, una única meta, un único propósito, que no era matarla, ni siquiera asustarla, más bien confundirla y crear una idea, un pensamiento que rondase en sus cabezas porque necesitaba aquella imagen para que mi plan funcionase. Toda mi estrategia se desvaneció en el aire al sentir la pistola de Raimundo en mi cabeza. Y sinceramente, fue mayor la frustración por saber que nunca llegaría a llevar a a cabo mis planes, que el miedo a la muerte. Porque yo no había ido allí con la intención de matar a Francisca, ni siquiera de herirla, no me lo había planteado, pero aquel necio que se empeñaba en meterse donde nadie le había llamado me había obligado.
- Vaya... Hola Raimundo, qué alegría que te hayas entrometido como siempre, las buenas costumbres mejor no perderlas ¿verdad? Aunque me temo que nunca te han explicado que tres son multitud. Bueno, pues ya que estás aquí vamos a jugar a un juego. Yo no había venido con ánimo de matar, te lo juro, pero ya que insistes en sacar las armas. Bueno, pues este es el juego, se llama "Elige el número" y es muy fácil: Eliges el número de personas que van a morir, si me sueltas ahora y tiras la pistola, ninguna; si intentas hacerte el héroe y me disparas en un acto reflejo mi dedo que está sobre el gatillo se disparará y morirá una, tu querida Francsica; y si me cabreas... os mataré a los dos. Espero que te gusten las matemáticas. Tú decides.
#2535
laury93
laury93
14/07/2012 13:11
Corrí, sí, pero no como un cobarde que escapa de la pelea, más bien al contrario. Defendía mi posición desde lo alto del tejado que resguardaba parte del jardín observando a mi presa, acechando, sintiendo el latido de mi corazón en la mano semi mutilada en la que Raimundo me había disparado. Porque había perdido demasiada sangre como para huir y tampoco me convenía un enfrentamiento abierto con sus hombres. Los vi hablar hasta uqe se marcharon, por un momento pensé que me encontrarían y no sabía si tendría balas suficientes, pero no vinieron. Me pareció increíble que no hubieran seguido el rastro de sangre que inevitablemente habría dejado, pero si habían decidido no perseguirme no iba a quejarme.

Observé de nuevo, a Raimundo y a Francisca. Él me daba la espalda y podía ver el rostro de ella enojado. Apunté a la espalda de Raimundo calculando qeu a aquella distancia la bala podría incluso traspasar su cuerpo para alcanzar al de Francisca a menos que tocase hueso. No estaría mal acabar con dos pájaros de un tiro, pero tampoco quería abusar. Mi mano buena estaba inservible y me veía obligado a disparar con la zurda. Apunté. Esperé... Porque yo no había ido allí para matar a nadie, ni siquiera entraba en mis planes un enfrentamiento, yo había elegido otro camino, pero me habían enfadado y si hay algo qeu no soporto es qeu trastoquen mis planes. Así que contuve la respiración y disparé. Me quedé el tiempo justo pra escuchar el choque de la bala con un cuerpo que caía y percibir el aroma de la carne quemada. Y después, ahora si, me escabullí entre las sombras.
#2536
Jessicavalido
Jessicavalido
14/07/2012 22:44
Estaba en la cocina cuando escuche los gritos de la señora provenientes del jardín pidiendo ayuda. Cuando llegue observe horrorizada que tenia a Raimundo inconsciente entre sus brazos y como del hombro de el manaba sangre,la señora me pidió que mandara a Mauricio al pueblo a traer a Don Julian y dos braceros para que lo llevaran a su habitación,yo fui a por vendas y le tapone la herida para intentar parar la sangre.Cuando los hombres llevaban a Raimundo a su habitación le pregunte a la señora que había pasado pues oí unos disparos,ella me contó lo sucedido con Salvador.Yo la escuchaba horrorizada sin saber que decir,me sentía culpable por toda aquella situación.

-Ya vera que Raimundo se recupera,es un hombre muy fuerte-dije intentando consolarla.
#2537
laury93
laury93
15/07/2012 18:04
Me encantaba sentir el agua helada recorriendo mi cuerpo. Además era lo único que me mantenía despierto. Llevaba mucho tiempo corriendo para alejarme de la Casona y sus hombres, pero la herida de mi mano reclamaba ya toda mi atención. Una ingente cantidad de sangre reseca y otra que seguía brotando de mí me hicieron desviarme para llegar al río. Me zambullí entero limpiando bien mi mano. O lo que fue mi mano, porque hasta ese momento no me había dado cuenta o no había querido darme cuenta de que ya no era tal. Era de esperar que mi mano quedase deformada, había sido un disparo a poca distancia y además con un arma de mediano calibre, aunque no estaba preparado para ver que me faltaban dos dedos: el anular y el meñique. Preferí no pensar en ello mientras me limpiaba a conciencia para prevenir una infección. Pero la sangre seguía saliendo y yo, cada vez, estaba más débil.
De nuevo, anduve lo más rápido que pude hasta mi escondite donde hice un pequeño fuego con ramas secas, y coloqué el resto de una tubería, probablemente de plomo que había quedado tirada cuando se cambiaron. El plomo era tóxico, lo sabía y no sería la mejro forma de cauterizar, pero era la única. Así qeu esperé a que estuviera al rojo vivo para aplicarlo sobre los muñones que tenía por dedos hasta que la sangre dejó de salir,el olor a carne quemada me descompuso y el dolor me hizo desmayarme.

No fue hasta que desperté, tiempo después, cuando caí en todo lo que había pasado. Había disparado a Raimundo a traición movido por la rabia. ¡Maldito hombre! Por una vez, por una maldita vez que me proponía cambiar y había elegido bien, la había elegido a ella y había ido a la Casona solo para buscar dinero para fugarme con ella, tenía que aparecer para hacer que olvidase los retazos de una buena intención. Y lo peor sería que ahora Rosario no me perdonará, Y todo por su culpa. Me temo que ahora sí me las tendrá que pagar.
#2538
Franrai
Franrai
15/07/2012 18:12
Jamás vi a Raimundo tan enfadado. Nunca antes había podido ver tanta ira en sus ojos. Solo con Salvador perdía los estribos de forma en el que los motivos rozasen el borde de lo lógico y lo vengativo. Lo escuché hablar, con temor en un ataque de rabia terminase apretando el gatillo y con aquel gesto, mi vida quedase en manos de Salvador.

Poco a poco vi como Salvador bajaba el arma, Raimundo continuó hablando hasta que con un “Yo no soy como tú…” concluyó. Separándose de él unos pasos y apuntándolo sin piedad. Cerré los ojos impulsada por el miedo que sentía ante aquella situación. Y al abrirlos, pude ver la mano derecha de Salvador destrozada y llena de sangre. Sangre que debida a la abundancia, caía sin remedio al suelo. Corrí hacia Raimundo, resguardándome en su pecho al tiempo que daba las gracias al cielo porque nada le había sucedido.

-Sí, sí, estoy bien.- respondía su pregunta con la respiración acelerada aún por el susto. Vi entonces a Salvador con el gesto fruncido por el dolor, agacharse a coger el arma con la otra mano. –Raimundo…- pronuncié para que siguiese mi mirada.

Y lo hizo, me arrastró hasta detrás de las columnas del patio, para escuchar entonces un disparo y unos segundos después otro. Este último proveniente de Raimundo, que volvió a esconderse frente a mí. Lo agarré de la camisa impidiéndole que se moviese, cerrando yo los ojos de nuevo y concentrándome en relajar mi respiración.

Nada escuché en los segundos siguientes, y noté como, pese al agarre, Raimundo trataba de asomarse. Abrí los ojos entonces, viendo como dos mozos se acercaban a nosotros preguntando por lo ocurrido.

Raimundo los abroncó por haber dejado la Casona sin parte de la vigilancia para seguir el rastro de unas pistas falsa que sin duda había colocado Salvador.

-Cálmate, Ulloa.- le pedí firmemente, tras tomar con mi mano su rostro y hacer que me mirase. Le arrebaté el arma de la mano y miré a los dos hombres, que realmente estaban arrepentidos. –Aparta esto de mi vista,- le ordené a uno de ellos tendiéndole la pistola. –por hoy ya ha hecho suficiente.- El mozo la cogió rápidamente y me miró como si esperase alguna reprimenda más por mi parte. Agaché la mirada, tras lo ocurrido lo último que me apetecía era levantar la voz a alguien, por muy insuficiente que hubiera sido en su tarea.

Se disculparon y asintieron ante las indicaciones que Raimundo les dio. Marchándose después y dejándonos solos. Lo miré sin saber que decirle. Podíamos haber muerto los dos o al menos haber salido heridos y ese miedo me seguía acechando el alma. Y en parte, sentía que era por su culpa. Igual que me había salvado me había puesto aún más en peligro. Salvador no hubiera sido capaz de dispararme, sabía que quería prolongar nuestro sufrimiento hasta que le fuese posible y en esos planes no encajaba el matarme a la primera de cambio.

Pero no me iba a enojar con Raimundo porque hubiese intentado protegerme al pensar que estaba en peligro. Solo podía reprocharle su actitud ante el momento. Gritando a esos hombres que al igual que él, habían hecho lo que creyeron conveniente ante una situación confusa y desconocida. Me crucé de brazos.

-Entiendo que te hayas puesto nervioso, Ulloa.- pronuncié al escuchar cómo me preguntaba por mi actitud. –Pero eso no justifica que pierdas los estribos de ésta forma, ni siquiera que le hayas volado la mano a ese… malnacido de Salvador. Y mucho menos que grites e faltes a esos dos muchachos.- lo amonesté. –Habrán errado, sí, pero solo para intentar que nada nos pasase. Tú también hubieras salido tras la pista de un pozo envenenado por un ave muerta, o algún incendio provocado…- proseguí, más comprensiva de lo que quería ser con aquellos jóvenes.

Él habló tras mis palabras y lo entendí. Tenía miedo, el mismo que yo había sentido aunque mi reacción hubiese sido distinta. Acaricié su rostro y le sonreí, diciéndole así que lo mejor sería olvidar lo vivido y volver con los pequeños. A los que supuse habría dejado con cualquier criada. Besó mis labios con amor y me atrajo por la cintura, le devolví el beso con las mismas ganas y justo entonces, mi corazón quiso pararse al escuchar otro disparo. Y acto seguido un gemido de Raimundo que terminó de matar mi alma.

Pronuncié su nombre en un grito al sentirlo desplomarse. Me agaché para alzarlo un poco con mis brazos y buscar aquella maldita herida. El hombro, había traspasado su hombro y no supe si dar las gracias por que fuese ahí y no en otro lugar, o maldecir al Castro por semejante ataque. Taponé la herida con mis manos, mientras gritaba desesperadamente para pedir ayuda.

-Rosario…Elena… -llamé al servicio sin dejar de atender a Raimundo, quien poco a poco iba cerrando los ojos. –¡Auxilio!- grité todo lo que pude. Bajé mi mirada hacia él y me rasgué una de las mangas para conseguir un trapo con el que taponar la herida más limpiamente. –Vamos, mi amor no te duermas, no te duermas, Raimundo, por favor…- le supliqué. Pero mis suplicas fueron en vano pues ya se encontraba inconsciente. –Rosario… Elena… Blanca…- volví a gritar. –Que alguien venga, por el amor de Dios.- comenté, con un tono de voz algo más bajo.

Apareció entonces Rosario, su rostro empalideció al ver la situación, pero no había tiempo de explicaciones.

-Ve a por Mauricio que vaya a por el médico.- le ordené. –Y… manda a un par de mozos para subir a Raimundo a nuestra habitación,- aunque allí se encontraban los niños, sería el mejor lugar para trasladarlo. -¡corré!- grité al verla inmóvil.

Todo ocurrió rápidamente, aunque el tiempo se me hacía eterno. La criada hizo lo que le había ordenado y, junto a los hombres que había pedido para trasladar a Raimundo, trajo un par de paños para taponar la herida.

Ya en la habitación, me senté junto a Raimundo, dividiendo mi atención entre él y los niños.

Don Julián entró en la habitación y me pidió que me fuese mientras él lo examinaba. Inés, la criada que había estado con los pequeños mientras todo había sucedido, cogió al pequeño. Yo cogí a Natalia, y salimos de la habitación para dejar al Doctor trabajar.

Los segundos se me hacían horas y los minutos años. Jamás había sentido el tiempo pasar tan lento. Mecía a la pequeña nerviosa y la criada no tardó en amonestarme por mi comportamiento, pero no podía relajarme. Y menos cuando en mis manos, a pesar de haberlas limpiado, aún había algo de sangre de Raimundo.

-Se pondrá bien, ¿verdad?- le pregunté a la mujer, que me miró mostrándome una entristecida sonrisa. Suspiré. Sin dejar de mecer a la niña entre mis brazos, rezando en silencio para que la puerta se abriera de una santa vez.

Y lo hizo. Don Julián salió con el rostro serio de la alcoba y busqué con la mirada alguna pista sobre lo que allí dentro había pasado.

-Hable, por Dios.- lo apremié nerviosa.

- He conseguido taponar el vaso antes de que la pérdida de sangre fuera letal y limpiar la herida para cauterizarla y ya está fuera de peligro.-explicó. Respiré tranquila al saber que nada habría que lamentar. - Mañana regresaré para inmovilizarle el brazo con un cabestrillo, y... si hay cualquier problema, no dude en avisarme. Ahora pase a verlo, ha preguntado por usted en cuanto ha despertado. – apuntó. Despidiéndose con una pequeña inclinación.

Abrí la puerta del dormitorio y le pedí a Inés con un gesto, que me diese a Alejandro. Lo cogí con cuidado y le pedí de igual modo que se fuese a seguir con las tareas. Entré, y vi a Raimundo sentado en la cama, con unos cuantos almohadones detrás, y con los ojos cerrados. Solté sin hacer mucho ruido a los pequeños en la cuna y cerré la puerta. Acudiendo entonces a su lado y sentándome al borde de la cama. Mirándolo en silencio, descamisado y con una venda que cubría todo su hombro.

-Menudo susto me ha dado.- musité.
#2539
MariaEsdpv
MariaEsdpv
15/07/2012 18:27
-Si,mucha! -dijo el pequeño subiendose a los brazos de su madre-

-Pues os tengo preparada una cena que os vais a chupar los dedos -rei ofreciendole asiento a Pepa cuando pasamos al comedor-
#2540
Franrai
Franrai
15/07/2012 19:57
Me dirigí hacia el despacho en el que Rosario me acababa de informar que había colocado los papeles que el día anterior me había dejado en el jardín, por lo ocurrido con Salvador y Raimundo. Los encontré encima de la mesa y revisé que estuvieran todos, los necesitaríamos para volver a realizar la petición de nulidad y, ya que sería yo quien habría de ir a la Iglesia, lo último que me apetecería sería olvidar alguno en la Casona.

Estaba todo. O mejor dicho, casi todo. Faltaba mi partida de nacimiento y ahora que hacía memoria, ni siquiera recordaba haberla tenido entre mis manos.

Suspiré. Pensando dónde podría encontrarla entre todos los papeles que en la biblioteca había. Dejé los demás sobre la mesa donde los había encontrado.

Quizás estuviese en el cajón dónde estaban todos los datos, papeles y objetos, incluso, pertenecientes a mi familia. Rebusqué allí. Abriendo un par de cajas en las que nada había salvo algunas joyas y recuerdos. Al fondo, encontré unos cuantos papeles, apenas legibles e inventando algunas letras para dar forma a las palabras di al fin con lo que buscaba. Sonreí levemente y traté de ordenar el cajón para dejarlo como estaba. Lo cerré y coloqué la partida de nacimiento sobre los demás papeles, dispuesta a dirigirme hacia la Iglesia.

Paré en seco al ver un pañuelo tirado en el suelo. No era mío, estaba segura, pero por la cercanía a la que se encontraba el cajón que antes había abierto, supuse que se había caído de ahí. Me agaché para cogerlo y un escalofrío me recorrió de arriba abajo. Tragué saliva y lo guardé rápidamente en su sitio.


-Buenos días, Don Julián.- lo saludé al verlo entrar. –Raimundo está arriba durmiendo, ha pasado bien la noche y la herida parece que no le ha sangrado apenas.- le indiqué. Él asintió. –Yo he de salir hacia la Iglesia y… si Raimundo pregunta por los niños, están con Mariana y Rosario.- expliqué. Sin más me despedí de él al verlo subir las escaleras y salí por la puerta con los documentos en la mano y una extraña sensación que inundaba mi cuerpo.


Entré en la iglesia y me dirigí hacia el despacho del cura.

-¿Se puede?- pregunté después de llamar y entre abrir la puerta. Don Anselmo me recibió con una sonrisa, diciéndome que ya incluso me esperaba. –Creo que aquí está todo lo que podemos necesitar para tramitar de nuevo la petición.- dije mientras dejaba los papeles sobre la mesa y me sentaba frente a él. –Pero si le digo la verdad, por mucho que volvamos a pedirla… Si por una vez la han denegado, ¿qué va a cambiar en ésta?- liberé aquello que sentía y que solo a Don Anselmo podía confesar.

-Mujer de poca fe.- pronunció regalándome poco después una sonrisa. Intentó hacerme entrar en razones pero estaba segura de que había algo detrás de todo.

-No sé, Don Anselmo… Tenemos motivos más que suficiente como para cancelar ese estúpido matrimonio que no hace más que amargarme la existencia y ahora aun más cuando Salvador ha despertado del coma. Por tanto no llego a entender por qué fue denegada la vez anterior.- expuse y él suspiró. Diciéndome que Salvador no podría estar detrás de eso si era lo que trataba de decir. –No sé lo que quiero o no decir, pero…- me recliné hacia atrás sin terminar de decir lo que quería decir.

Observé como el párroco comenzaba a revisar los papeles.

-Padre…- lo llamé y quise callar cuando dirigió mi mirada hacia mí. Pero no podía dejar de pensar en algo que no me dejaba tranquila desde que vi aquellas iniciales grabadas en el pañuelo. –¿Podría ser que… No se tratase de alguien de fuera, sino de dentro del claustro, quien hubiese movido hilos para que esa nulidad fuese denegada?- le pregunté.

Vi como entrecerraba los ojos tratando de comprenderme. Me preguntó si apuntaba a alguna persona en concreto y negué rápidamente con la cabeza.

-Será mejor que me vaya, Don Anselmo.- pronuncié levantándome de la silla. –En cuanto lo tenga todo listo, ¿sería mucho pedir que se pasase por la Casona?- le pregunté. El cura negó amablemente y prometió acercarse esa misma tarde. –Perfecto, a Raimundo le hará un flaco favor que se pase a saludarlo. Ayer tuvimos un fatídico accidente y tendrá que guardar reposo hasta que se encuentre con fuerzas.- quiso preguntar, pero nerviosa como estaba lo callé con una sonrisa. –Con Dios.- me despedí.

Volví a la Casona en la Calesa, aunque me apetecía más que nada pasear. Pero con Salvador recorriendo los caminos no sería buena idea. Llegué y Rosario me informó que por petición de Raimundo, los niños estaban en la habitación así que subí sin pensármelo. Deseosa de verlos y tratar de apaciguar aquella rara presión que sentía en el pecho.

Al entrar, lo vi hablando con los pequeños desde la cama y sonreí.

-Me alegra verte así, cielo.- pronuncié mientras me acercaba y le daba un tierno beso en los labios.
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