Foro El secreto de Puente Viejo
Creemos nuestro propio Puente Viejo. ¡TODOS JUNTOS!
#0
07/03/2012 15:08
Fann3 me ha dado la idea de hacer esto, consiste en elaborar nuestra propia historia de Puente Viejo todos juntos. Cada forer@ va a ser un personaje de Puente Viejo.
Espero que os guste esta idea, me parece que lo podemos pasar muy bien.Si teneis alguna duda me lo deciis, y antes que nada si os parece bien, decidme que personaje quereis cada unos y yo los iré poniendo antes de empezar a elaborar la historia. Yo me pido Pepa si no os parece mal, si alguien quiereel personaje de Pepa yo me cojo otro y no pasa nada. Muchas gracias.



PERSONAJES PARA LA HISTORIA:
miri1309- Raimundo
Ruthlovetristan-Pepa
musicintheair13-Emilia
emshdopv-Soledad
Mariaesdpv-Tristán
Fann3-Alfonso
CristinaESDPV- Gregoria Casas
Franrai-Francisca
Triestrellasara-Mariana
Jessicavalido-Rosario
Laury93-Salvador Castro
Nhgsa- Sebastian Ulloa
Esdpvluna- D.Anselmo
¡PODEIS SEGUIR UNIENDOOS AUNQUE YA HAYAMOS EMPEZADO!
Aviso!! Por favor si os comprometeis a hacer un personaje, intentad escribir regularmente para darle continuidad a la historia y no quedar estancados. Muchas Gracias.
Y si quereis participar , informadnos con antelación, sino esto se desmadra y sería un caos. GRACIAS.
Espero que os guste esta idea, me parece que lo podemos pasar muy bien.Si teneis alguna duda me lo deciis, y antes que nada si os parece bien, decidme que personaje quereis cada unos y yo los iré poniendo antes de empezar a elaborar la historia. Yo me pido Pepa si no os parece mal, si alguien quiereel personaje de Pepa yo me cojo otro y no pasa nada. Muchas gracias.



PERSONAJES PARA LA HISTORIA:
miri1309- Raimundo
Ruthlovetristan-Pepa
musicintheair13-Emilia
emshdopv-Soledad
Mariaesdpv-Tristán
Fann3-Alfonso
CristinaESDPV- Gregoria Casas
Franrai-Francisca
Triestrellasara-Mariana
Jessicavalido-Rosario
Laury93-Salvador Castro
Nhgsa- Sebastian Ulloa
Esdpvluna- D.Anselmo
¡PODEIS SEGUIR UNIENDOOS AUNQUE YA HAYAMOS EMPEZADO!
Aviso!! Por favor si os comprometeis a hacer un personaje, intentad escribir regularmente para darle continuidad a la historia y no quedar estancados. Muchas Gracias.
Y si quereis participar , informadnos con antelación, sino esto se desmadra y sería un caos. GRACIAS.
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#2281
03/07/2012 23:55
Calló y yo lo entendí, me senté en uno de los sillones de la habitación,no quería importunarla.
-¿Te sigue doliendo?...-pregunté preocupado-
-¿Te sigue doliendo?...-pregunté preocupado-
#2282
03/07/2012 23:58
-No más que lo que tu me has hecho-sentencié
Después rectifiqué pensando que quizás había sido demasiado dura.
-Algo, todavía me duele-dije tocándome el vientre
Después rectifiqué pensando que quizás había sido demasiado dura.
-Algo, todavía me duele-dije tocándome el vientre
#2283
04/07/2012 00:02
Cerré los ojos para digerir aquellas palabras que me dijo,me las merecía esas y más pero no podía evitar que me dolieran.
-Voy a subirte una tisana...
Salí de la habitación y tras dar un puñetazo a la pared rompí a llorar,sentandome en el suelo del pasillo, me sentia un ser abominable por causarle tanto daño a la persona que más amaba en esta vida.
Tras unos minutos preparé una tisana y entré intentando mostrarme entero.
-Aqui tienes...nose si esto te calmara...pero seguro que descansas mejor...
-Voy a subirte una tisana...
Salí de la habitación y tras dar un puñetazo a la pared rompí a llorar,sentandome en el suelo del pasillo, me sentia un ser abominable por causarle tanto daño a la persona que más amaba en esta vida.
Tras unos minutos preparé una tisana y entré intentando mostrarme entero.
-Aqui tienes...nose si esto te calmara...pero seguro que descansas mejor...
#2284
04/07/2012 00:23
La noche se me hacía larga y a la vez pesada.
¿Cómo iba a soportar el remordimiento que me embargaba , si sabía con certeza que lo que estaba haciendo era algo cercano al delito? Más que delito se trataba de algo insostenible para una persona.
Mi hijo lloraba, lo ignoré por unos instantes , sometida en mis pensamientos , sin la menor intención de levantarme. Su llanto aumentó y deseé no haber tenido jamás a aquella carga.
Sin embargo no podía arrepentirme y dejar así como así a mi hijo , él no tenía la culpa.
Me levanté con mucho esfuerzo, me dirigí a la cuna , lo cogí con delicadeza y lo abracé con la intención de calmar su llanto.
De repente picaron ruidosamente en la puerta, me vi obligada a dejarle de nuevo en la cuna y recibir a la insistente visita.
Edito: mi personaje es Gregoria.
¿Cómo iba a soportar el remordimiento que me embargaba , si sabía con certeza que lo que estaba haciendo era algo cercano al delito? Más que delito se trataba de algo insostenible para una persona.
Mi hijo lloraba, lo ignoré por unos instantes , sometida en mis pensamientos , sin la menor intención de levantarme. Su llanto aumentó y deseé no haber tenido jamás a aquella carga.
Sin embargo no podía arrepentirme y dejar así como así a mi hijo , él no tenía la culpa.
Me levanté con mucho esfuerzo, me dirigí a la cuna , lo cogí con delicadeza y lo abracé con la intención de calmar su llanto.
De repente picaron ruidosamente en la puerta, me vi obligada a dejarle de nuevo en la cuna y recibir a la insistente visita.
Edito: mi personaje es Gregoria.
#2285
04/07/2012 00:48
Subi Rapido las escaleras hasta la alcoba de la señora.
-Señora¿como esta?¿cuanto tiempo lleva entre contracción y contracción?-ella me miro y un grito me dio la respuesta a mis preguntas.
La ayude a desvestirse y a ponerse un cómodo camisón me pidió que fuera a prepararlo todo que podía aguantar.
-Me quedare aqui con usted-dije al ver un gesto de dolor en su rostro.
Ella insistio en que podia aguantar.
-Esta bien,tumbese en la cama y trate de respirar,Vuelvo enseguida-dije ayudandola a acostarse.
Volvi a los pocos minutos con un barreño de agua y paños limpios y le pase uno por la frente.En ese momento llego Raimundo con Tristan y Pepa.
-Señora¿como esta?¿cuanto tiempo lleva entre contracción y contracción?-ella me miro y un grito me dio la respuesta a mis preguntas.
La ayude a desvestirse y a ponerse un cómodo camisón me pidió que fuera a prepararlo todo que podía aguantar.
-Me quedare aqui con usted-dije al ver un gesto de dolor en su rostro.
Ella insistio en que podia aguantar.
-Esta bien,tumbese en la cama y trate de respirar,Vuelvo enseguida-dije ayudandola a acostarse.
Volvi a los pocos minutos con un barreño de agua y paños limpios y le pase uno por la frente.En ese momento llego Raimundo con Tristan y Pepa.
#2286
04/07/2012 01:04
Rosario apareció rato después de que Mariana marchase en busca de Raimundo. Preguntó por mi estado, queriendo saber cuanto tiempo llevaba entre una y otra contracción, cuan fuerte era mi dolor y... No la dejé terminar pues otra contracción me sobrevino.
Me ayudó a levantarme y quitarme la ropa, para cubrirme en su lugar con un cómodo camisón.
-Rosario, ve a prepararlo todo.- le pedí. -Creo que aún puedo aguantar.- dije. Recibiendo por su parte una negativa, que al ver mi rostro se convirtió en un consejo para que me tumbase y estuviese relajada mientras volvía.
Los minutos se me habían cada vez más horribles. Nadie abría la puerta de la alcoba y no hacía más que retorcerme de dolor ante cada nueva contracción. Me repetía una y otra vez que controlase la respiración. Permitiéndome así sobrellevarlas. Pero la distancia de tiempo entre una y otra, se acortaba de forma espantosa.
Al fin Rosario regresó y pocos minutos más tarde lo hicieron Pepa, Tristán y Raimundo. Este último se acercó presto. Hablándome y besándome tiernamente, antes de que una nueva contracción me hiciese agarrar su mano para descargar el dolor en ella.
La partera quiso echar a Raimundo, quien implorando su compasión le pidió quedarse. La vi asentir y agradecí sin decir nada que lo hiciese, necesitaba tenerlo a mi lado.
-¡Aahh!- un grito salió de mi garganta al sentir una insoportable contracción.
Pepa, tras revisarme por tercera vez, apuntó a que cuando ella me indicase y sintiese aquel dolor, empujase con tanta fuerza como mi orgullo me permitiese.
-¡Aahh!- volví a gritar. Empujando con todas mis ganas. Concentrándome respirar, después. Empujando de nuevo. Apiadándome de Raimundo, que soportaba a duras penas el agarre al que tenía sometida su mano.
-Otra vez.- me dijo la joven entre algunas palabras más que el dolor me impidió escuchar.
Arrugué con la mano que tenía libre, las sabanas. Sin soltar la de Raimundo con la otra. Curvando mi espalda mientras otro grito salía por mi garganta. Sentí partirme en dos en aquel instante. Y de repente, tras dejarme caer en la cama, el llanto de uno de mis hijos llegó a mis oídos. Sonreí al escuchar a Pepa decir que se trataba de una niña, bien sana y bonita.
Pero la felicidad se disipó de mi agotado rostro cuando nos dijo que el segundo venía de nalgas.
Me ayudó a levantarme y quitarme la ropa, para cubrirme en su lugar con un cómodo camisón.
-Rosario, ve a prepararlo todo.- le pedí. -Creo que aún puedo aguantar.- dije. Recibiendo por su parte una negativa, que al ver mi rostro se convirtió en un consejo para que me tumbase y estuviese relajada mientras volvía.
Los minutos se me habían cada vez más horribles. Nadie abría la puerta de la alcoba y no hacía más que retorcerme de dolor ante cada nueva contracción. Me repetía una y otra vez que controlase la respiración. Permitiéndome así sobrellevarlas. Pero la distancia de tiempo entre una y otra, se acortaba de forma espantosa.
Al fin Rosario regresó y pocos minutos más tarde lo hicieron Pepa, Tristán y Raimundo. Este último se acercó presto. Hablándome y besándome tiernamente, antes de que una nueva contracción me hiciese agarrar su mano para descargar el dolor en ella.
La partera quiso echar a Raimundo, quien implorando su compasión le pidió quedarse. La vi asentir y agradecí sin decir nada que lo hiciese, necesitaba tenerlo a mi lado.
-¡Aahh!- un grito salió de mi garganta al sentir una insoportable contracción.
Pepa, tras revisarme por tercera vez, apuntó a que cuando ella me indicase y sintiese aquel dolor, empujase con tanta fuerza como mi orgullo me permitiese.
-¡Aahh!- volví a gritar. Empujando con todas mis ganas. Concentrándome respirar, después. Empujando de nuevo. Apiadándome de Raimundo, que soportaba a duras penas el agarre al que tenía sometida su mano.
-Otra vez.- me dijo la joven entre algunas palabras más que el dolor me impidió escuchar.
Arrugué con la mano que tenía libre, las sabanas. Sin soltar la de Raimundo con la otra. Curvando mi espalda mientras otro grito salía por mi garganta. Sentí partirme en dos en aquel instante. Y de repente, tras dejarme caer en la cama, el llanto de uno de mis hijos llegó a mis oídos. Sonreí al escuchar a Pepa decir que se trataba de una niña, bien sana y bonita.
Pero la felicidad se disipó de mi agotado rostro cuando nos dijo que el segundo venía de nalgas.
#2287
04/07/2012 01:40
Un llanto inundo la habitación,Pepa dijo que era una niña y me la entrego para que la aseara.
-Vamos preciosa,que te voy a poner guapa para que te vean tus papas-dije llevándome a la niña.
Al rato regrese con la niña ya aseada y se la entregue a su padre,quien me entrego un hermoso niño pidiéndome que hiciera lo mismo.vi a la señora inconsciente y mire a Raimundo preocupada y me lleve al pequeño para asearlo.Cuando regrese le entregue al pequeño a su padre y dirigi mi mirada hacia la señora.
-¿Aun no ha despertado?-dije viendo que continuaba inconsciente.
Pepa me tranquilizo y ambas nos marchamos a poner a Tristan al corriente de lo que había ocurrido.
-Vamos preciosa,que te voy a poner guapa para que te vean tus papas-dije llevándome a la niña.
Al rato regrese con la niña ya aseada y se la entregue a su padre,quien me entrego un hermoso niño pidiéndome que hiciera lo mismo.vi a la señora inconsciente y mire a Raimundo preocupada y me lleve al pequeño para asearlo.Cuando regrese le entregue al pequeño a su padre y dirigi mi mirada hacia la señora.
-¿Aun no ha despertado?-dije viendo que continuaba inconsciente.
Pepa me tranquilizo y ambas nos marchamos a poner a Tristan al corriente de lo que había ocurrido.
#2288
04/07/2012 01:54
Raimundo se separó de mi lado en aquel instante. Quise llamarlo, pero apenas tenía fuerzas para nada. Decidí concentrarme en mi respiración, tenía que traer a otro pequeño al mundo y para ello había de recoger todas las fuerzas que pudiera.
Sentí su mano de nuevo entrelazada a la mía. Dándome ánimos para continuar, mientras sentía como Pepa maniobraba para colocar a la criatura. Sabía que algo no iba bien, lo sabía desde que Pepa había pronunciado, demasiado alto, que el segundo venía de nalgas.
Una lágrima recorrió mi sien, enredándose entre las oscuras hebras de mi cabello, temiendo por ese pequeño que aún se refugiaba en mi vientre.
La voz de Pepa diciéndome que volviese empujar, me sacó del miedo en el que me había sumido. Repetí el mismo esfuerzo que había hecho con la niña. Usando todas las fuerzas que disponía, si ese niño dependía de mi no sería yo quien dejase que estuviese en peligro.
Y, tras otro fuerte empujón, la criatura salió al mundo. Caí agotada sobre la cama. Esperando el llanto que no llegaba. Mis ojos se cerraron sin fuerzas para seguir despierta. Pero no quería dormir, no sin antes escuchar a mi pequeño, a mi hijo. Noté mi respiración erradica, tratando de volver a la normalidad.
-Raimundo.- se movieron mis labios sin voz. Suplicando saber que ocurría con mi niño. Traté de abrir los ojos. Pero, de repente, la oscuridad y el silencio me sumieron por completo.
Sentí su mano de nuevo entrelazada a la mía. Dándome ánimos para continuar, mientras sentía como Pepa maniobraba para colocar a la criatura. Sabía que algo no iba bien, lo sabía desde que Pepa había pronunciado, demasiado alto, que el segundo venía de nalgas.
Una lágrima recorrió mi sien, enredándose entre las oscuras hebras de mi cabello, temiendo por ese pequeño que aún se refugiaba en mi vientre.
La voz de Pepa diciéndome que volviese empujar, me sacó del miedo en el que me había sumido. Repetí el mismo esfuerzo que había hecho con la niña. Usando todas las fuerzas que disponía, si ese niño dependía de mi no sería yo quien dejase que estuviese en peligro.
Y, tras otro fuerte empujón, la criatura salió al mundo. Caí agotada sobre la cama. Esperando el llanto que no llegaba. Mis ojos se cerraron sin fuerzas para seguir despierta. Pero no quería dormir, no sin antes escuchar a mi pequeño, a mi hijo. Noté mi respiración erradica, tratando de volver a la normalidad.
-Raimundo.- se movieron mis labios sin voz. Suplicando saber que ocurría con mi niño. Traté de abrir los ojos. Pero, de repente, la oscuridad y el silencio me sumieron por completo.
#2289
04/07/2012 04:31
Disculpen la interupción pero no he podido contenerme.. felicitarlas a todas por esta historia fenomenal que tanto nos gustaría ver, en especial a Ro y a Miri por ese parto tan difícil y genial que ni un médico lo hubiese hecho mejor y gracias por esas lindas criaturitas que tanto deseábamos ver... ahora ..¡¡¡a despertar a Francisca!!! 

#2290
04/07/2012 09:28
Raimundo irrumpió en la estancia,, muy alterado. Necesitaba que fuésemos con él, Francisca se estaba poniendo de parto. No me lo pensé dos veces y junto von Tristán salimos disparados hacia la Casona. Me encontraba mal todavía, sentía miedo por mi hijo, por nuestro pequeño y por lo que le pudiera ocurrir, pero debía salvar la vida de Francisca y la de esos pequeños y no dudaría en hacerlo.
Durante el parto conté con la ayuda de Rosario y la de Raimundo, ya que insistió en estar junto a Francisca. Pedí a Tristán que se quedara fuera, lo ultimo que necesitaba era tenerle junto a mí.
La primera fue una niña, era muy bonita y nació sin complicaciones. Los problemas vinieron con el segundo, venía de nalgas. Tuve que que hacerle una respiración asistida pues el pequeño nacía sin fuerzas, pero conseguí que respirara. Ese pequeño viviría pero estaba mucho más sensible y débil.
Una vez terminó el parto, Francisca perdió el conocimiento. Le expliqué a Raimundo que era algo normal después de un parto tan complicado y que no tardaría mucho en despertar.
Yo, por mi parte, me encontraba cada vez peor. Me fallaban las fuerzas, pero intentaba mostrar entereza. Salimos para informar a Tristán sobre todo lo acontecido. Pero fue Rosario la que habló, yo no tenía ni voluntad ni ganas para dirigirme a él.
Durante el parto conté con la ayuda de Rosario y la de Raimundo, ya que insistió en estar junto a Francisca. Pedí a Tristán que se quedara fuera, lo ultimo que necesitaba era tenerle junto a mí.
La primera fue una niña, era muy bonita y nació sin complicaciones. Los problemas vinieron con el segundo, venía de nalgas. Tuve que que hacerle una respiración asistida pues el pequeño nacía sin fuerzas, pero conseguí que respirara. Ese pequeño viviría pero estaba mucho más sensible y débil.
Una vez terminó el parto, Francisca perdió el conocimiento. Le expliqué a Raimundo que era algo normal después de un parto tan complicado y que no tardaría mucho en despertar.
Yo, por mi parte, me encontraba cada vez peor. Me fallaban las fuerzas, pero intentaba mostrar entereza. Salimos para informar a Tristán sobre todo lo acontecido. Pero fue Rosario la que habló, yo no tenía ni voluntad ni ganas para dirigirme a él.
#2291
04/07/2012 09:59
Algo se despertó dentro de mí, algo que me gritaba que era hora de despertar, de volver a ser quien siempre había sido, aunque ya no sabía quién era. Seguía sumido en la oscuridad de mi propio ser sin sentir más que algunas voces apenas audibles perdidas entre los pasillos, que se acercaban y se alejaban y yo deseé que algunas de aquellas voces, que aquellos pasos fueran de ella, de Rosario, pero nunca era. Otras veces deseaba que fuera cualquier otra persona que desease ajustar cuentas conmigo y se deshiciese de mí en aquel instante porque temía despertar, temía abrir los ojos y encontrarme tan solo en mi muerte como lo estuve en mi vida. Temía la vida, sí, pero lo que más temía era a mí mismo porque en aquel eterno sueño de nieblas había comprendido que parte de mi odio era un sinsentido, pero también había aprendido que era tarde para cambiar. Si despertaba, si abría los ojos, quizás esa voz que escuchaba en mi interior que tanto se parecía a mi madre y que me hacía desear cambiar para mejor se quedase de nuevo dormida como siempre lo había estado.
No sabía lo que podría hacer, ni lo que llegaría a intentar, pero algo se despertó dentro de mí, algo me dijo que era hora de despertar. Era hora de renacer.
Lo siguiente que sentí fue una cegadora luz reflejada el el impoluto blanco de la consulta.
No sabía lo que podría hacer, ni lo que llegaría a intentar, pero algo se despertó dentro de mí, algo me dijo que era hora de despertar. Era hora de renacer.
Lo siguiente que sentí fue una cegadora luz reflejada el el impoluto blanco de la consulta.
#2292
04/07/2012 10:14
(Chicas, perdón por escribir aquí así de sopetón, pero tengo que decir que todas estáis fantásticas en vuestros papeles y que lo hacéis estupendamente, magnífico parto el de el par de RaiPaquistas estas, Miri y Rocío, que máquinas y las fotos, qué decir, me los imaginaba así a amboos :D. Un beso a todas y un gran abrazo)
#2293
04/07/2012 11:12
Ains, que ya tenemos a los peques! ¡Que cosillas más preciosas!
Muchas gracias por los comentarios y sobre todo por seguirnos día a día. Escribir esto ha sido muy bonito.
-Mi niño.- conseguí pronunciar, sumida aun en una horrible pesadilla.
Me removí sin fuerzas y dolorida. Sentía el peso de mis músculos y como en mi vientre todo trataba de volver a la normalidad. Intenté incorporarme sin éxito, con los ojos aun cerrados, pues el cansancio me impedía abrirlos.
Necesitaba levantarme, pero me veía encerrada en mi propio cuerpo. Exhausta y apenas consiente.
-Raimundo…- lo llamé en un susurro. Logrando al fin entreabrir los ojos y encontrándolo a mi lado. Dormido y visiblemente agotado por la situación. –Raimundo.- repetí quizás un poco más fuerte. Él pareció reaccionar, removerse sobre la butaca en la que supuse habría pasado la noche. –Mis hijos, ¿cómo están?- le pregunté, una vez que su atención se centró en mí. Preguntándome por cómo me encontraba y hablándome de lo preocupado que había estado. Me aseguró que se encontraban bien, pero las palabras solo no me valían. -Quiero verlos.-le pedí, aun sin fuerzas.
Muchas gracias por los comentarios y sobre todo por seguirnos día a día. Escribir esto ha sido muy bonito. -Mi niño.- conseguí pronunciar, sumida aun en una horrible pesadilla.
Me removí sin fuerzas y dolorida. Sentía el peso de mis músculos y como en mi vientre todo trataba de volver a la normalidad. Intenté incorporarme sin éxito, con los ojos aun cerrados, pues el cansancio me impedía abrirlos.
Necesitaba levantarme, pero me veía encerrada en mi propio cuerpo. Exhausta y apenas consiente.
-Raimundo…- lo llamé en un susurro. Logrando al fin entreabrir los ojos y encontrándolo a mi lado. Dormido y visiblemente agotado por la situación. –Raimundo.- repetí quizás un poco más fuerte. Él pareció reaccionar, removerse sobre la butaca en la que supuse habría pasado la noche. –Mis hijos, ¿cómo están?- le pregunté, una vez que su atención se centró en mí. Preguntándome por cómo me encontraba y hablándome de lo preocupado que había estado. Me aseguró que se encontraban bien, pero las palabras solo no me valían. -Quiero verlos.-le pedí, aun sin fuerzas.
#2294
04/07/2012 15:38
Me sobresaltó , de repente , una sombra tras la puerta de la consulta.
Permanecí sentada sin ánimo de alejarme de mis pensamientos.
Pero al percatarme de que la sombra no se movía , me levanté con los nervios a flor de piel, preguntándome quién sería en altas horas de la noche.
Al abrir la puerta, me topé con un hombre alto. Horrorizada pero con diplomacia , sonreí timidamente.
Permanecí sentada sin ánimo de alejarme de mis pensamientos.
Pero al percatarme de que la sombra no se movía , me levanté con los nervios a flor de piel, preguntándome quién sería en altas horas de la noche.
Al abrir la puerta, me topé con un hombre alto. Horrorizada pero con diplomacia , sonreí timidamente.
#2295
04/07/2012 18:15
Sonreí al saber que todo había salido bien. La niña había nacido sana y fuerte y el niño, aunque más débil, también lograría salir adelante. Eso me hizo recordar el miedo que sentí antes de quedar dormida, agotada por la situación.
-No lo escuché llorar, Raimundo.- pronuncié con temor. –Sabía que algo iba mal, pero nadie decía nada y yo… Moría a cada segundo sin escuchar su llanto. – a mis ojos acudieron lágrimas de angustia y él decidió narrarme lo ocurrido. Morí al escuchar que el niño nació casi sin vida y logró tranquilizarme diciéndome que ya todo había pasado. Que todo estaba bien.
Tiré de sus manos, que entrelazadas estaban a las mías en un intento de Raimundo por calmarme. Lo besé con ternura. Todo había pasado, todo estaba bien. Y ahora solo sentía que me faltaba lo más importante, aquello que llevaba esperando meses, ver a mis hijos. A mis pequeños.
-Necesito verlos, Raimundo, ayúdame a incorporarme un poco.- le pedí.
Me movió con cuidado, mientras yo trataba de poner de mi parte con movimientos aun cansados. Y al fin, sentada en la cama, con mil y un almohadones permitiéndome el respaldo, pude ver la cunita de los niños. Una lágrima resbaló por mi mejilla al vislumbrar allí a mis pequeños. No muy bien, pero lo suficiente como para que mi corazón diese un vuelvo. Allí reposaba mi alma y mi vida entera.
Y tan embelesada había quedado al mirarlos, que cuando me quise dar cuenta Raimundo se acercaba a mí con uno de los pequeños. Supuse que se trataba de la niña, pues estaba reliada en una mantita rosa que yo misma, en mis múltiples ratos libres durante el embarazo, había hecho.
Con todo el cuidado del mundo, Raimundo me entregó a esa pequeña criatura, mi hija, mi niña. La acomodé en mis brazos, sintiéndola tan pequeña que incluso me daba miedo tenerla.
-Es preciosa.- susurré al tiempo que acariciaba su mejilla. Apenas unos segundos permaneció tranquila, pues enseguida frunció el ceño y, haciendo un par de pucheros, rompió a llorar. –¿Tiene hambre mi princesa?- pronuncié, mientras la mecía y descubría uno de mis pechos. La pequeña, aunque siendo la primera vez le costaba, logró agarrarse con fuerza y tomó la leche que con dificultad salía de mi pecho.
Mientras Natalia comía, Raimundo se acercó a la cunita de nuevo para coger al pequeño. Se sentó a mi lado para que pudiese verlo con total claridad. Era exactamente un calco a Tristán, con sus mismos ojos y la misma expresión de la boca. Cierto era que tenía un aspecto más débil al de su hermana, pero Raimundo aseguró que con un poco de mi atención se repondría en seguida.
Acaricié su rostro como había hecho con el de su hermana. Sin creerme aún que ese par de diablillos que tanta guerra me habían dado, estuviesen con nosotros. En nuestros brazos.
Pasamos un rato sumidos en el mejor de los silencios. Contemplando a nuestro hijos. Nuestros hijos, aún mi mente no concebía aquellas palabras. Pero por ello resultaban aún más hermosas.
Natalia se removió. Diciéndome sin palabras que por ahora había terminado. Sonreí al mirarla. ¿Cómo una cosita tan pequeña podía levantar tales sentimientos en alguien?
Me cubrí al separar a la niña y la coloqué verticalmente sobre mi pecho para que echase el flato. Después se la entregué con cuidado a Raimundo, y cogí al niño. Aquella especie de trueque se me antojó el primero de muchos. Tener que alimentar, vestir y cuidar a dos niños no resultaría una tarea fácil, pero como con todo, sus sonrisas amenizarían nuestro día a día y reducirían nuestro cansancio.
Con más cautela incluso de la utilizada para con la pequeña, acomodé a Alejando del lado contrario, descubriendo mi otro pecho y esperando a que repitiese la acción que su hermana había realizado sin problemas. Y, quizás con un poco más de tiento y cuidado por mi parte, consiguió comenzar a tomar el pecho.
“Te quiero” me susurró Raimundo. Sonreí.
-Sabes que te adoro, ¿verdad?- le contesté a sus palabras. Viendo como sonreía y devolvía su mirada a la niña. Que ya quedaba dormida entre sus brazos. –Son dos pequeños angelitos.- comenté. –Nuestros dos tesoros.- musité. Dirigiendo mi mirada había el niño, que seguía comiendo sin parar. –Aun no puedo creer que los tengamos en nuestros brazos.- Raimundo me miró en ese momento, dándome un tierno beso en la frente. Besando mis labios tras hablarme.
El pequeño quiso terminar de comer en ese momento. Y con un par de quejas nos hizo separarnos.
-Ya, mi niño.- lo tranquilicé. Repitiendo lo mismo que había hecho anteriormente y meciéndolo después entre mis brazos para dormirlo.
De nuevo el silencio reinó en la estancia. Si despiertos eran preciosos, la tranquilidad que reflejaban sus rostros al dormir era cuanto menos encantadora. Y ambos quedamos mirándolos embelesados.
Raimundo, rompió la calma para halagarlos, dedicándome alguna que otra palabra a mi al ver como fruncía el ceño un tanto celosa. Me dijo que Tristán subió a visitarnos en cuanto el parto terminó, pero que tanto él como Pepa se fueron poco después porque la joven no se encontraba bien. Comentó también que Emilia se había pasado por aquí y que habían dejado dicho que a lo largo del día se pasarían a visitarnos. Sonreí ante la forma que tenía de hablar sin apartar la vista de los niños.
-Raimundo…- lo llamé en un susurro. –¿Podrías traerme algo de comer?
-No lo escuché llorar, Raimundo.- pronuncié con temor. –Sabía que algo iba mal, pero nadie decía nada y yo… Moría a cada segundo sin escuchar su llanto. – a mis ojos acudieron lágrimas de angustia y él decidió narrarme lo ocurrido. Morí al escuchar que el niño nació casi sin vida y logró tranquilizarme diciéndome que ya todo había pasado. Que todo estaba bien.
Tiré de sus manos, que entrelazadas estaban a las mías en un intento de Raimundo por calmarme. Lo besé con ternura. Todo había pasado, todo estaba bien. Y ahora solo sentía que me faltaba lo más importante, aquello que llevaba esperando meses, ver a mis hijos. A mis pequeños.
-Necesito verlos, Raimundo, ayúdame a incorporarme un poco.- le pedí.
Me movió con cuidado, mientras yo trataba de poner de mi parte con movimientos aun cansados. Y al fin, sentada en la cama, con mil y un almohadones permitiéndome el respaldo, pude ver la cunita de los niños. Una lágrima resbaló por mi mejilla al vislumbrar allí a mis pequeños. No muy bien, pero lo suficiente como para que mi corazón diese un vuelvo. Allí reposaba mi alma y mi vida entera.
Y tan embelesada había quedado al mirarlos, que cuando me quise dar cuenta Raimundo se acercaba a mí con uno de los pequeños. Supuse que se trataba de la niña, pues estaba reliada en una mantita rosa que yo misma, en mis múltiples ratos libres durante el embarazo, había hecho.
Con todo el cuidado del mundo, Raimundo me entregó a esa pequeña criatura, mi hija, mi niña. La acomodé en mis brazos, sintiéndola tan pequeña que incluso me daba miedo tenerla.
-Es preciosa.- susurré al tiempo que acariciaba su mejilla. Apenas unos segundos permaneció tranquila, pues enseguida frunció el ceño y, haciendo un par de pucheros, rompió a llorar. –¿Tiene hambre mi princesa?- pronuncié, mientras la mecía y descubría uno de mis pechos. La pequeña, aunque siendo la primera vez le costaba, logró agarrarse con fuerza y tomó la leche que con dificultad salía de mi pecho.
Mientras Natalia comía, Raimundo se acercó a la cunita de nuevo para coger al pequeño. Se sentó a mi lado para que pudiese verlo con total claridad. Era exactamente un calco a Tristán, con sus mismos ojos y la misma expresión de la boca. Cierto era que tenía un aspecto más débil al de su hermana, pero Raimundo aseguró que con un poco de mi atención se repondría en seguida.
Acaricié su rostro como había hecho con el de su hermana. Sin creerme aún que ese par de diablillos que tanta guerra me habían dado, estuviesen con nosotros. En nuestros brazos.
Pasamos un rato sumidos en el mejor de los silencios. Contemplando a nuestro hijos. Nuestros hijos, aún mi mente no concebía aquellas palabras. Pero por ello resultaban aún más hermosas.
Natalia se removió. Diciéndome sin palabras que por ahora había terminado. Sonreí al mirarla. ¿Cómo una cosita tan pequeña podía levantar tales sentimientos en alguien?
Me cubrí al separar a la niña y la coloqué verticalmente sobre mi pecho para que echase el flato. Después se la entregué con cuidado a Raimundo, y cogí al niño. Aquella especie de trueque se me antojó el primero de muchos. Tener que alimentar, vestir y cuidar a dos niños no resultaría una tarea fácil, pero como con todo, sus sonrisas amenizarían nuestro día a día y reducirían nuestro cansancio.
Con más cautela incluso de la utilizada para con la pequeña, acomodé a Alejando del lado contrario, descubriendo mi otro pecho y esperando a que repitiese la acción que su hermana había realizado sin problemas. Y, quizás con un poco más de tiento y cuidado por mi parte, consiguió comenzar a tomar el pecho.
“Te quiero” me susurró Raimundo. Sonreí.
-Sabes que te adoro, ¿verdad?- le contesté a sus palabras. Viendo como sonreía y devolvía su mirada a la niña. Que ya quedaba dormida entre sus brazos. –Son dos pequeños angelitos.- comenté. –Nuestros dos tesoros.- musité. Dirigiendo mi mirada había el niño, que seguía comiendo sin parar. –Aun no puedo creer que los tengamos en nuestros brazos.- Raimundo me miró en ese momento, dándome un tierno beso en la frente. Besando mis labios tras hablarme.
El pequeño quiso terminar de comer en ese momento. Y con un par de quejas nos hizo separarnos.
-Ya, mi niño.- lo tranquilicé. Repitiendo lo mismo que había hecho anteriormente y meciéndolo después entre mis brazos para dormirlo.
De nuevo el silencio reinó en la estancia. Si despiertos eran preciosos, la tranquilidad que reflejaban sus rostros al dormir era cuanto menos encantadora. Y ambos quedamos mirándolos embelesados.
Raimundo, rompió la calma para halagarlos, dedicándome alguna que otra palabra a mi al ver como fruncía el ceño un tanto celosa. Me dijo que Tristán subió a visitarnos en cuanto el parto terminó, pero que tanto él como Pepa se fueron poco después porque la joven no se encontraba bien. Comentó también que Emilia se había pasado por aquí y que habían dejado dicho que a lo largo del día se pasarían a visitarnos. Sonreí ante la forma que tenía de hablar sin apartar la vista de los niños.
-Raimundo…- lo llamé en un susurro. –¿Podrías traerme algo de comer?
#2296
04/07/2012 19:28
Pepa y yo bajamos al salón y encontramos a Tristan dando vueltas nervioso,al vernos se acerco enseguida a nosotras.
-Todo a salido bien señor,tiene unos hermanos preciosos-dije sonriendo.
El muchacho sonrió y pregunto por el estado de su madre.
-Ahora descansa,dice Pepa que le vendrá bien dormir un par de horas-dije mirando a la muchacha.
-Pepa¿te encuentras bien?-dije viendo como se llevaba la mano al vientre.
Ella me dijo que si,que solo necesitaba algo de descanso,Tristan solicito se acerco a ella y ambos marcharon a su casa tras despedirse de mi y decir que volverían para ver a los pequeños y a sus padres.
-Todo a salido bien señor,tiene unos hermanos preciosos-dije sonriendo.
El muchacho sonrió y pregunto por el estado de su madre.
-Ahora descansa,dice Pepa que le vendrá bien dormir un par de horas-dije mirando a la muchacha.
-Pepa¿te encuentras bien?-dije viendo como se llevaba la mano al vientre.
Ella me dijo que si,que solo necesitaba algo de descanso,Tristan solicito se acerco a ella y ambos marcharon a su casa tras despedirse de mi y decir que volverían para ver a los pequeños y a sus padres.
#2297
04/07/2012 19:53
Raimundo llegó diciéndonos que mi madre se había puesto de parto,yo me sorprendí y a la vez me preocupé, pues el estado de Pepa no era el mejor que se diga, pero sin dudadrlo dos veces salimos prestos hacia la casona, me pidieron que esperara abajo.
comencé a dar vueltas por el salón, preocupado, nervioso y a la vez entristecido, pasó un buen rato cuando de pronto ví a Rosario y a Pepa, sonreí cuando la mujer me contó que todo había salido bien y que mi madre también lo estaba, pero la sonrisa se me borró de la cara al ver el gesto de Pepa, Rosario le preguntó si estaba bien, ella le contestó que sí, que solo necesitaba descanso, pero yo sabía que algo no iba bien,Rosario nos dijo que marchaba a la cocina.
-Pepa...¿estás bien? -le pregunté-
comencé a dar vueltas por el salón, preocupado, nervioso y a la vez entristecido, pasó un buen rato cuando de pronto ví a Rosario y a Pepa, sonreí cuando la mujer me contó que todo había salido bien y que mi madre también lo estaba, pero la sonrisa se me borró de la cara al ver el gesto de Pepa, Rosario le preguntó si estaba bien, ella le contestó que sí, que solo necesitaba descanso, pero yo sabía que algo no iba bien,Rosario nos dijo que marchaba a la cocina.
-Pepa...¿estás bien? -le pregunté-
#2298
04/07/2012 20:09
Al atardecer me despedí un tanto celoso y temeroso a partes iguales de Soledad y salí junto con Roberto equipado con cloroformo para el hotel donde se hospedaba Miguel. Parecía que el universo se ponía a nuestro favor cuando un señor mayor que parecía ser el jefe de los camareros nos llamó la atención después de colarnos por la puerta del servicio.
- ¿Se puede saber qué hacen ustedes aquí?
Roberto y yo nos miramos sorprendidos por la interrupción. Menos mal que mi amigo reaccionó rápidamente diciendo:
- Perdone pero todavía estamos un poco perdidos. ¿Dónde podemos cambiarnos?
¿Cambiarnos? ¿Acaso pretendía hacernos pasar por camareros? Intenté replicar pero aquel hombre se me adelantó y dijo señalando con la cabeza un pasillo detrás de nosotros:
- Segunda puerta a la derecha.
- Gracias señor.
Nos dirigimos a la estancia indicada y cuando cerró la puerta no pude evitar decirle:
- Pero ¿te has vuelto loco? Si somos camareros vigilarán que atendemos a todo el mundo.
- Pero ¡¿qué querías que hiciera?! – contestó él. – Nos había pillado… Además siendo camareros la gente no sospechará de nosotros. Ni siquiera los escoltas.
En eso llevaba razón. Si no éramos camareros podría haber un enfrentamiento directo y eso habría hecho saltar las alarmas de Miguel o de cualquier persona que nos hubiera visto.
Nos cambiamos rápidamente y nos llamaron al salón donde todos los camareros estaban en fila como si fueran a ser fusilados. Seguidamente el hombre que nos había interrumpido anteriormente nos daba lecciones sobre cómo servir ciertos platos y sobre nuestro papel en la velada que iba a celebrarse aunque yo no conseguía atenderle. Los minutos pasaban y pasaban y yo no hacía más que pensar en Soledad.
Roberto y yo estuvimos trabajando en el vestíbulo. Vi como alguien le decía algo al oído de nuestro jefe y que después éste nos hizo ademán de ir con él ya que éramos los que estábamos más cerca.
- Necesito que subáis la cena a la habitación del señor Miguel. En la cocina os darán los platos.
Me hirvió la sangre pensar en lo que ese tío pretendía hacer con Soledad. Menos mal que estábamos ahí para evitarlo.
Mientras cargábamos los carros yo cogí dos refrescos sin que nadie me viera y subimos a la habitación de Miguel. Ya se encontraban allí dos escoltas custodiando la puerta. Yo iba detrás de Roberto que, al ver las caras de los escoltas, habló:
- Nuestro jefe nos ha mandado servir esta cena en la habitación.
Ellos echaron un vistazo a lo que llevábamos y después nos dejaron entrar. Cerraron la puerta y pude sacar los refrescos para echar un poco de cloroformo. Al ver que tardábamos entraron los escoltas.
- Ya hemos terminado. – me acerqué a ellos en actitud cómplice y les dije. – Tomad anda. Para que aguantéis estar ahí de pie.
Ellos lo tomaron como señal de buena fe y dieron un buen trago. Cayeron fulminados casi al instante. Roberto y yo pudimos cogerles a tiempo para que no hicieran ruido al caer y los dejamos en un rincón.
- ¿Se puede saber qué hacen ustedes aquí?
Roberto y yo nos miramos sorprendidos por la interrupción. Menos mal que mi amigo reaccionó rápidamente diciendo:
- Perdone pero todavía estamos un poco perdidos. ¿Dónde podemos cambiarnos?
¿Cambiarnos? ¿Acaso pretendía hacernos pasar por camareros? Intenté replicar pero aquel hombre se me adelantó y dijo señalando con la cabeza un pasillo detrás de nosotros:
- Segunda puerta a la derecha.
- Gracias señor.
Nos dirigimos a la estancia indicada y cuando cerró la puerta no pude evitar decirle:
- Pero ¿te has vuelto loco? Si somos camareros vigilarán que atendemos a todo el mundo.
- Pero ¡¿qué querías que hiciera?! – contestó él. – Nos había pillado… Además siendo camareros la gente no sospechará de nosotros. Ni siquiera los escoltas.
En eso llevaba razón. Si no éramos camareros podría haber un enfrentamiento directo y eso habría hecho saltar las alarmas de Miguel o de cualquier persona que nos hubiera visto.
Nos cambiamos rápidamente y nos llamaron al salón donde todos los camareros estaban en fila como si fueran a ser fusilados. Seguidamente el hombre que nos había interrumpido anteriormente nos daba lecciones sobre cómo servir ciertos platos y sobre nuestro papel en la velada que iba a celebrarse aunque yo no conseguía atenderle. Los minutos pasaban y pasaban y yo no hacía más que pensar en Soledad.
Roberto y yo estuvimos trabajando en el vestíbulo. Vi como alguien le decía algo al oído de nuestro jefe y que después éste nos hizo ademán de ir con él ya que éramos los que estábamos más cerca.
- Necesito que subáis la cena a la habitación del señor Miguel. En la cocina os darán los platos.
Me hirvió la sangre pensar en lo que ese tío pretendía hacer con Soledad. Menos mal que estábamos ahí para evitarlo.
Mientras cargábamos los carros yo cogí dos refrescos sin que nadie me viera y subimos a la habitación de Miguel. Ya se encontraban allí dos escoltas custodiando la puerta. Yo iba detrás de Roberto que, al ver las caras de los escoltas, habló:
- Nuestro jefe nos ha mandado servir esta cena en la habitación.
Ellos echaron un vistazo a lo que llevábamos y después nos dejaron entrar. Cerraron la puerta y pude sacar los refrescos para echar un poco de cloroformo. Al ver que tardábamos entraron los escoltas.
- Ya hemos terminado. – me acerqué a ellos en actitud cómplice y les dije. – Tomad anda. Para que aguantéis estar ahí de pie.
Ellos lo tomaron como señal de buena fe y dieron un buen trago. Cayeron fulminados casi al instante. Roberto y yo pudimos cogerles a tiempo para que no hicieran ruido al caer y los dejamos en un rincón.
#2299
04/07/2012 20:22
Nos escondimos detrás de la puerta para esperar. Pasaron los minutos y no aparecía nadie. Yo estaba cada vez más tenso. De pronto oímos como unos susurros y unos sonidos de besos. Apreté el puño con fuerza para evitar salir en ese momento y romperle la cara a ese Miguel.
- No sabes cómo he deseado esto. – susurraba él.
- La espera merece la pena. – dijo Soledad.
Miguel ni siquiera se dio cuenta de que sus escoltas no estaban en la puerta. Abrió la puerta con ansiedad y entró robándole un beso a Soledad. En ese momento Roberto le inmovilizó de brazos y yo le tapé la boca mientras que Soledad cerraba la puerta.
- Sssshhhhhhh… - le dije para que callara. – Lástima que necesite cosas de ti porque en este momento te arrancaría la cabeza… - y le di un golpe en el estómago para que dejara de forcejear con Roberto. – Escúchame bien asqueroso porque sólo lo diré una vez. – le dije cogiéndole del cabello y tirando de él hacia atrás para obligarle a mirarme. – Vas a contarme qué hiciste con los documentos que te dio Juan y qué sabes de lo que descubrió contra Salvador ¿y sabes por qué lo vas a hacer? Pues porque tengo todos los documentos que le dio a tus otros amigos y porque tengo documentos falsificados por él y sé además que está relacionado con asesinatos sin resolver. ¿Qué crees que pasará si le digo a todo el mundo qué encubres a un asesino? ¿Qué pasará con tu carrera Miguel? – le di otro golpe en el estómago.
- ¡Vamos! ¡Habla! – le insté.
- No sé de qué me hablas. – dijo Miguel. Yo le contesté con otro golpe en el estómago.
- No tienes escoltas que te protejan y las pruebas que tengo están a buen recaudo así que te aconsejo que hables. – le dije. Al ver que no hablaba volví a cargar el puño pero él se rindió.
- ¡Está bien! ¡Vale! ¡Te lo contaré!... Juan confiaba en mí por eso me lo dio. Eran recortes… recortes de asesinatos sin resolver en Barcelona. Juan dijo que en cada asesinato había algo que lo relacionaba con Oriol.
- ¿Oriol? – preguntó Roberto.
- ¿Oriol Valls? – dije yo.
- ¿Sabes de quién se trata? – preguntó Soledad.
- En mi estancia en Barcelona la gente comentaba mucho las hazañas de Eduardo Puig y de su pupilo Oriol. Es algo parecido a Vito Corleone y a mafia. Pero ¿qué tiene que ver Oriol con Salvador?
- Oriol es Salvador. Juan me dio también una lista de personas a las que se podía pedir información pero de eso no sé nada te lo juro.
- Y ¿qué hiciste con todo eso? – preguntó Roberto.
- Un tío me compró ese cofre por una buena suma y por ayuda para lanzar mi carrera.
- ¿Quién?
- Un tal…Elmo… no espera… Olmo… Olmo Mesía.
- No sabes cómo he deseado esto. – susurraba él.
- La espera merece la pena. – dijo Soledad.
Miguel ni siquiera se dio cuenta de que sus escoltas no estaban en la puerta. Abrió la puerta con ansiedad y entró robándole un beso a Soledad. En ese momento Roberto le inmovilizó de brazos y yo le tapé la boca mientras que Soledad cerraba la puerta.
- Sssshhhhhhh… - le dije para que callara. – Lástima que necesite cosas de ti porque en este momento te arrancaría la cabeza… - y le di un golpe en el estómago para que dejara de forcejear con Roberto. – Escúchame bien asqueroso porque sólo lo diré una vez. – le dije cogiéndole del cabello y tirando de él hacia atrás para obligarle a mirarme. – Vas a contarme qué hiciste con los documentos que te dio Juan y qué sabes de lo que descubrió contra Salvador ¿y sabes por qué lo vas a hacer? Pues porque tengo todos los documentos que le dio a tus otros amigos y porque tengo documentos falsificados por él y sé además que está relacionado con asesinatos sin resolver. ¿Qué crees que pasará si le digo a todo el mundo qué encubres a un asesino? ¿Qué pasará con tu carrera Miguel? – le di otro golpe en el estómago.
- ¡Vamos! ¡Habla! – le insté.
- No sé de qué me hablas. – dijo Miguel. Yo le contesté con otro golpe en el estómago.
- No tienes escoltas que te protejan y las pruebas que tengo están a buen recaudo así que te aconsejo que hables. – le dije. Al ver que no hablaba volví a cargar el puño pero él se rindió.
- ¡Está bien! ¡Vale! ¡Te lo contaré!... Juan confiaba en mí por eso me lo dio. Eran recortes… recortes de asesinatos sin resolver en Barcelona. Juan dijo que en cada asesinato había algo que lo relacionaba con Oriol.
- ¿Oriol? – preguntó Roberto.
- ¿Oriol Valls? – dije yo.
- ¿Sabes de quién se trata? – preguntó Soledad.
- En mi estancia en Barcelona la gente comentaba mucho las hazañas de Eduardo Puig y de su pupilo Oriol. Es algo parecido a Vito Corleone y a mafia. Pero ¿qué tiene que ver Oriol con Salvador?
- Oriol es Salvador. Juan me dio también una lista de personas a las que se podía pedir información pero de eso no sé nada te lo juro.
- Y ¿qué hiciste con todo eso? – preguntó Roberto.
- Un tío me compró ese cofre por una buena suma y por ayuda para lanzar mi carrera.
- ¿Quién?
- Un tal…Elmo… no espera… Olmo… Olmo Mesía.
#2300
04/07/2012 20:53
-Sí- mentí a Tristán, aún cubriendome la mano con el vientre.
Una punzada mucho más fuerte de dolor hizo que me tambaleara.
Una punzada mucho más fuerte de dolor hizo que me tambaleara.