Foro El secreto de Puente Viejo
Creemos nuestro propio Puente Viejo. ¡TODOS JUNTOS!
#0
07/03/2012 15:08
Fann3 me ha dado la idea de hacer esto, consiste en elaborar nuestra propia historia de Puente Viejo todos juntos. Cada forer@ va a ser un personaje de Puente Viejo.
Espero que os guste esta idea, me parece que lo podemos pasar muy bien.Si teneis alguna duda me lo deciis, y antes que nada si os parece bien, decidme que personaje quereis cada unos y yo los iré poniendo antes de empezar a elaborar la historia. Yo me pido Pepa si no os parece mal, si alguien quiereel personaje de Pepa yo me cojo otro y no pasa nada. Muchas gracias.



PERSONAJES PARA LA HISTORIA:
miri1309- Raimundo
Ruthlovetristan-Pepa
musicintheair13-Emilia
emshdopv-Soledad
Mariaesdpv-Tristán
Fann3-Alfonso
CristinaESDPV- Gregoria Casas
Franrai-Francisca
Triestrellasara-Mariana
Jessicavalido-Rosario
Laury93-Salvador Castro
Nhgsa- Sebastian Ulloa
Esdpvluna- D.Anselmo
¡PODEIS SEGUIR UNIENDOOS AUNQUE YA HAYAMOS EMPEZADO!
Aviso!! Por favor si os comprometeis a hacer un personaje, intentad escribir regularmente para darle continuidad a la historia y no quedar estancados. Muchas Gracias.
Y si quereis participar , informadnos con antelación, sino esto se desmadra y sería un caos. GRACIAS.
Espero que os guste esta idea, me parece que lo podemos pasar muy bien.Si teneis alguna duda me lo deciis, y antes que nada si os parece bien, decidme que personaje quereis cada unos y yo los iré poniendo antes de empezar a elaborar la historia. Yo me pido Pepa si no os parece mal, si alguien quiereel personaje de Pepa yo me cojo otro y no pasa nada. Muchas gracias.



PERSONAJES PARA LA HISTORIA:
miri1309- Raimundo
Ruthlovetristan-Pepa
musicintheair13-Emilia
emshdopv-Soledad
Mariaesdpv-Tristán
Fann3-Alfonso
CristinaESDPV- Gregoria Casas
Franrai-Francisca
Triestrellasara-Mariana
Jessicavalido-Rosario
Laury93-Salvador Castro
Nhgsa- Sebastian Ulloa
Esdpvluna- D.Anselmo
¡PODEIS SEGUIR UNIENDOOS AUNQUE YA HAYAMOS EMPEZADO!
Aviso!! Por favor si os comprometeis a hacer un personaje, intentad escribir regularmente para darle continuidad a la historia y no quedar estancados. Muchas Gracias.
Y si quereis participar , informadnos con antelación, sino esto se desmadra y sería un caos. GRACIAS.
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#2021
21/06/2012 19:50
Tras dejar a mi pequeña Laura con Alfonso, pese a que no le hiciese gracia quedarse solo con la niña, me encaminé a la Casona.
Tras saludar a Tristán llamé a la habitación de la novia.
-Pepa, ¿se puede?
Tras saludar a Tristán llamé a la habitación de la novia.
-Pepa, ¿se puede?
#2022
21/06/2012 19:54
Me despedí de Tristán con un beso en los labios, lo dejé feliz, sabiendose padre de nuevo y dispuesto para la boda. Subí a mi Alcoba y alquien llamó a la puerta, era Emilia.
-¡Emilia! ¡Has venido!-fui a darla un abrazo
-¡Emilia! ¡Has venido!-fui a darla un abrazo
#2023
21/06/2012 20:00
-¡Pues claro alma de cántir! No pensabas que iba a dejarte en un dia como hoy, ¿verdad? Bueno, ¿por donde empezamos?
#2024
21/06/2012 20:03
Reí ante su comentario.
-¿Qué tal si por el vestido?- sonreí
-¿Qué tal si por el vestido?- sonreí
#2025
21/06/2012 20:27
-Claro.- Cogí delicadamente su ceñido vestido nupcial y le abrí los botones.- ¿preparada partera?
#2026
21/06/2012 20:38
Sonreí.
-Preparada- dije feliz
Emilia me ayudó a ponerme el vestido, acto seguido me miré al espejo.
-¿Qué tal?- la pregunté viendome realmente muy guapa
-Preparada- dije feliz
Emilia me ayudó a ponerme el vestido, acto seguido me miré al espejo.
-¿Qué tal?- la pregunté viendome realmente muy guapa
#2027
21/06/2012 20:50
-pues la verdad es que desde el embarazo de Alba....- Miré a Pepa. Estaba muy preocupada- No te preocupes, amiga, estas perfecta. ¡Que envidia! ¡Quien tuviera este cuerpo despues de haber parido dos veces! Mirame a mí y solo he tenido a mi Laura....
#2028
21/06/2012 20:55
-Anda calla, estas perfecta- sonreí
-Bueno... ¿Y que hacemos con el pelo?- pregunté acariciandome un mechón
-Bueno... ¿Y que hacemos con el pelo?- pregunté acariciandome un mechón
#2029
21/06/2012 21:03
Este trozo se lo dedico a todas las fans de la pareja Sebastián - Soledad pero en especial a Miri ;)
- Los chicos están bien pero tienen orden de permanecer lejos de Miguel o volverán al calabozo.
- ¿Sabes si hay aviso sobre nosotros?
- Sólo sobre ti y Roberto, Sebastián.
Maldije al destino por jugar tanto con nosotros.
- Tranquilo amor. Yo hablaré con él. Gracias Alfredo.
- Siempre es un placer ayudaros chicos.
Alfredo se fue y nosotros fuimos a desayunar. Después me tomé la medicación y me dirigí a Soledad.
- ¿Qué piensas hacer?
- Acercarme a él. Está claro que le gusto y eso lo podemos utilizar a nuestro favor. Tú subirás a su habitación y nos esperarás ahí junto con Roberto. Una vez ahí le sonsacaremos todo lo necesario.
- Soledad ¿estás segura de eso?
- Saldrá bien Sebastián. Ya es hora de que haga algo por conocer la verdad. Quiero hacerlo. – al ver mi rostro serio añadió. – Saldrá bien Sebastián. No te preocupes.
Quedamos finalmente en que al anochecer iría a ver a Miguel e intentaría acercarse a él. Después de desayunar y de una revisión de Roberto fuimos Soledad y yo a pasear por la playa. Yo me puse una camisa blanca y unos pantalones también blancos que me dejó Roberto algo anchos de piernas para ir cómodo. Fuimos a la playa a dar un paseo por la arena. Ella se puso un vestido color crema que compró aquí en Valencia.
Hacía un sol radiante y ella estaba preciosa con el mar de fondo.
- ¿Sabes? De niña soñaba con ver el mar. Todas las personas que he conocido contaban maravillas cuando lo vieron por primera vez: respirar su aire puro, nadar con total libertad.
De pronto ella se acercó a mí y me abrazó por detrás diciéndome.
- Pero lo mejor de todo… es disfrutarlo con la persona que amas.
Empezó a arañar tiernamente mi pecho y yo no hacía más que derretirme con sus caricias. Ella me besó la espalda y yo solo pude cogerle las manos y girarme para encararme a ella.
- ¿Qué diría tu madre si te viera haciendo esto?
- Sí… que estoy enamorada de ti. – dijo antes de besarme.
- Soledad por Dios ¿crees que soy de piedra?
Ella se echó a reír.
- Definitivamente ya sé lo que atrajo a mi madre. – dijo antes de abrazarme y volver a acercarse a mis labios. – Lo divertido que resulta provocar a un Ulloa.
Fue lentamente a besarme pero antes de eso se retiró divertida. Yo me mordí los labios de la ansiedad.
- ¡Serás…! – dije cogiéndola de la cintura y levantándola del suelo. Dimos una vuelta en el aire y después caímos en la arena.
- Los chicos están bien pero tienen orden de permanecer lejos de Miguel o volverán al calabozo.
- ¿Sabes si hay aviso sobre nosotros?
- Sólo sobre ti y Roberto, Sebastián.
Maldije al destino por jugar tanto con nosotros.
- Tranquilo amor. Yo hablaré con él. Gracias Alfredo.
- Siempre es un placer ayudaros chicos.
Alfredo se fue y nosotros fuimos a desayunar. Después me tomé la medicación y me dirigí a Soledad.
- ¿Qué piensas hacer?
- Acercarme a él. Está claro que le gusto y eso lo podemos utilizar a nuestro favor. Tú subirás a su habitación y nos esperarás ahí junto con Roberto. Una vez ahí le sonsacaremos todo lo necesario.
- Soledad ¿estás segura de eso?
- Saldrá bien Sebastián. Ya es hora de que haga algo por conocer la verdad. Quiero hacerlo. – al ver mi rostro serio añadió. – Saldrá bien Sebastián. No te preocupes.
Quedamos finalmente en que al anochecer iría a ver a Miguel e intentaría acercarse a él. Después de desayunar y de una revisión de Roberto fuimos Soledad y yo a pasear por la playa. Yo me puse una camisa blanca y unos pantalones también blancos que me dejó Roberto algo anchos de piernas para ir cómodo. Fuimos a la playa a dar un paseo por la arena. Ella se puso un vestido color crema que compró aquí en Valencia.
Hacía un sol radiante y ella estaba preciosa con el mar de fondo.
- ¿Sabes? De niña soñaba con ver el mar. Todas las personas que he conocido contaban maravillas cuando lo vieron por primera vez: respirar su aire puro, nadar con total libertad.
De pronto ella se acercó a mí y me abrazó por detrás diciéndome.
- Pero lo mejor de todo… es disfrutarlo con la persona que amas.
Empezó a arañar tiernamente mi pecho y yo no hacía más que derretirme con sus caricias. Ella me besó la espalda y yo solo pude cogerle las manos y girarme para encararme a ella.
- ¿Qué diría tu madre si te viera haciendo esto?
- Sí… que estoy enamorada de ti. – dijo antes de besarme.
- Soledad por Dios ¿crees que soy de piedra?
Ella se echó a reír.
- Definitivamente ya sé lo que atrajo a mi madre. – dijo antes de abrazarme y volver a acercarse a mis labios. – Lo divertido que resulta provocar a un Ulloa.
Fue lentamente a besarme pero antes de eso se retiró divertida. Yo me mordí los labios de la ansiedad.
- ¡Serás…! – dije cogiéndola de la cintura y levantándola del suelo. Dimos una vuelta en el aire y después caímos en la arena.
#2030
21/06/2012 21:18
-Yo te haria un recogido. Aunque si lo prefieres sueto con una diadema también te quedaría divino. Tristán tiene suerte de llevarte al altar. Pese a lo que dijo Hipólito en mi boda, vas a ser la novia más bonita de Puente Viejo. Bueno, ¿Que prefieres?
#2031
21/06/2012 21:54
Sonreí.
-Me quedo con la diadema- dije observando la belleza de diadema, era de mi madre.
-Me quedo con la diadema- dije observando la belleza de diadema, era de mi madre.
#2032
22/06/2012 20:17
Subí a mi alcoba,allí vi el traje perfectamente planchado, sonreí pensando en Rosario, lo cogí y comencé a desvestirme, pensando en todo lo sucedido últimamente, Pepa iba a ser mi esposa...era algo que meses atrás ni siquiera podía soñarlo, y ahora lo íbamos a conseguir, después de tantos sufrimientos al fin íbamos a ser una familia, sonreí para mis adentros pensando en la nueva criatura que venía, no podía ser más dichoso en este día, al fin las penas se esfumaban para no volver...o al menos eso esperaba, me puse el traje y me miré al espejo, con este traje la ví por primera vez, con este traje me enamoré de ella.
Cogí los anillos, y los pequeños patucos para mi hermano...aunque tendría que comprar otros, y salí de mi alcoba, quise entrar a la de Pepa, pero dicen que da mala suerte ver a la novia antes del casamiento,y no quería atraer más mala suerte de la que nos había acompañado meses atrás.
Bajé y la calesa ya estaba dispuesta, subí encaminándome hacia la iglesia.
Cogí los anillos, y los pequeños patucos para mi hermano...aunque tendría que comprar otros, y salí de mi alcoba, quise entrar a la de Pepa, pero dicen que da mala suerte ver a la novia antes del casamiento,y no quería atraer más mala suerte de la que nos había acompañado meses atrás.
Bajé y la calesa ya estaba dispuesta, subí encaminándome hacia la iglesia.
#2033
23/06/2012 16:36
Amaneció un nuevo día al lado de Sebastián, estábamos abrazados. Cuando despertamos, nuestras miradas se cruzaron y nos sumergimos en otro mundo, en un mundo en donde solo existíamos él y yo, pero unos golpes en la puerta nos hicieron volver a la realidad. Don Anselmo marchaba a Puente Viejo y quería despedirse de nosotros. Le entregamos la carta que la noche anterior redactamos Sebastián y yo para que la entregara a nuestras familias.
Cuando don Anselmo marchó, Alfredo nos dijo que había un aviso de Miguel sobre Sebastián y Roberto. Yo maldije el destino, al igual que Sebastián que se había puesto bastante nervioso.
- Tranquilo amor. Yo hablaré con él. Gracias Alfredo.
Desayunamos y Sebastián se tomó la medicación. Me pregunto que qué pensaba hacer.
- Acercarme a él. Está claro que le gusto y eso lo podemos utilizar a nuestro favor. Tú subirás a su habitación y nos esperarás ahí junto con Roberto. Una vez ahí le sonsacaremos todo lo necesario.
Sebastián no estaba muy seguro pero intenté tranquilizarle, aunque yo intentaba que no notara que yo también estaba bastante asustada.
Después de la revisión de Sebastián, fuimos a pasear por la playa. Hacía un día precioso. Yo me puse un vestido color crema que había comprado aquí en Valencia, mientras que Sebastián se vistió todo de blanco. Empezamos a tontear, yo le besaba la espalda mientras que él me puso enfrente de él. Dios, le amaba tanto. Nuestra relación todavía no iba ido a más, ya que con don Anselmo al lado no queríamos hacer nada que a él no le gustara, pero se había ido y yo me moría si no le sentía cerca.
- Definitivamente ya sé lo que atrajo a mi madre. – dije antes de abrazarle y volver a acercarme a sus labios. – Lo divertido que resulta provocar a un Ulloa.
Fui a besarle pero me retiré jugando con él. Entonces, él me cogió de la cintura y me levanto del suelo, y luego dimos una vuelta en el aire y caímos en la arena. Una vez en el suelo, empezamos a besarnos, cada vez con más pasión. Le deseaba y no podía evitarlo. Hoy era el día, el gran día había llegado, lo notaba. Él empezó a subirme el vestido.
-Sebastián…-paré de besarle- Sebastián aquí no… ¿Por qué no vamos a casa, a nuestra habitación? Aquí nos pueden ver, y en casa estaremos solos, por fin, ya que Roberto tenía que hacer unos recados que le ocuparían toda la mañana…
-Está bien…-dijo Sebastián- ¡pero ya puedes correr!-reímos ante su comentario.
Así que nos levantamos y fuimos corriendo hacía la casa de Roberto entre risas.
Cuando don Anselmo marchó, Alfredo nos dijo que había un aviso de Miguel sobre Sebastián y Roberto. Yo maldije el destino, al igual que Sebastián que se había puesto bastante nervioso.
- Tranquilo amor. Yo hablaré con él. Gracias Alfredo.
Desayunamos y Sebastián se tomó la medicación. Me pregunto que qué pensaba hacer.
- Acercarme a él. Está claro que le gusto y eso lo podemos utilizar a nuestro favor. Tú subirás a su habitación y nos esperarás ahí junto con Roberto. Una vez ahí le sonsacaremos todo lo necesario.
Sebastián no estaba muy seguro pero intenté tranquilizarle, aunque yo intentaba que no notara que yo también estaba bastante asustada.
Después de la revisión de Sebastián, fuimos a pasear por la playa. Hacía un día precioso. Yo me puse un vestido color crema que había comprado aquí en Valencia, mientras que Sebastián se vistió todo de blanco. Empezamos a tontear, yo le besaba la espalda mientras que él me puso enfrente de él. Dios, le amaba tanto. Nuestra relación todavía no iba ido a más, ya que con don Anselmo al lado no queríamos hacer nada que a él no le gustara, pero se había ido y yo me moría si no le sentía cerca.
- Definitivamente ya sé lo que atrajo a mi madre. – dije antes de abrazarle y volver a acercarme a sus labios. – Lo divertido que resulta provocar a un Ulloa.
Fui a besarle pero me retiré jugando con él. Entonces, él me cogió de la cintura y me levanto del suelo, y luego dimos una vuelta en el aire y caímos en la arena. Una vez en el suelo, empezamos a besarnos, cada vez con más pasión. Le deseaba y no podía evitarlo. Hoy era el día, el gran día había llegado, lo notaba. Él empezó a subirme el vestido.
-Sebastián…-paré de besarle- Sebastián aquí no… ¿Por qué no vamos a casa, a nuestra habitación? Aquí nos pueden ver, y en casa estaremos solos, por fin, ya que Roberto tenía que hacer unos recados que le ocuparían toda la mañana…
-Está bien…-dijo Sebastián- ¡pero ya puedes correr!-reímos ante su comentario.
Así que nos levantamos y fuimos corriendo hacía la casa de Roberto entre risas.
#2034
23/06/2012 17:53
Bajé de la Calesa con ayuda del cochero y me dispuse a entrar en la Iglesia. Miré hacia dentro en busca de Don Anselmo y al no verlo supuse que estaría en la habitación que el párroco tenía allí.
Llamé con timidez a la puerta. Escuchando después un sonoro “adelante”.
-Buenos días.- saludé. Viéndolo aún de espaldas a mí.
-Buenos… - pronunció. Para después callar y sonreír abiertamente. –¡Francisca!- exclamó. -¿Cómo que llega tan temprano? ¿Ya llegaron los invitados?- preguntó alterado.
-Tranquilícese, padre, que aún nadie llego. Pero déjese de preguntas y deme un abrazo, hombre de Dios.- le dije con una amplia sonrisa en el rostro.
El párroco se acercó, titubeando. Dudando en si aquello que le pedía era correcto o no. Pero, lejos de todas las convenciones sociales, tras una larga ausencia ¿qué mejor que dar un abrazo a un amigo? Pues así lo consideraba. Estos últimos meses, además de para afianzar mi amor hacia Raimundo, obtener de nuevo el aprecio y afecto de los que me rodean y ver crecer mi vientre a un ritmo considerable, me habían servido para darme cuenta de la admiración que sentía hacia ciertas personas. Y Don Anselmo, era uno de ellos. Quizás el más importante.
Finalmente, el cura, con tanto cuidado como requería mi estado me abrazó.
-No sabe cuándo le hemos echado de menos, Don Anselmo.- pronuncié tras unos instantes. Tomando con mis manos sus brazos y mirándolo sonriente.
-Y yo a vosotros.- respondió a mis palabras. -No sabe cuánto me alegra verla tan bien, Francisca.- dijo mientras bajaba su mirada desde mi sonrisa hasta mi vientre.
-Estoy a punto de reventar.- exclamé bromista, pero sin restarme razón.
-Raimundo de seguro que no opina lo mismo.- se chanceó. Lo miré reprochadora y terminó carcajeándose. –Pero dígame, ¿qué la trae por aquí cuando aún falta un poco para la boda? No me diga que estaba impaciente por el enlace de su hijo y la partera.- de nuevo se chanceó.
-Pensé que era un buen momento para dar la bienvenida a un amigo, pero si no lo cree así no se preocupe que marcho. Con Dios.- pronuncié. Despidiéndome y dando la vuelta.
-Ya veo, ya, que su orgullo no ha flaqueado ni un ápice.- comentó a mis espaldas. -A pesar de todo lo que ha llegado a mis oídos…- dijo. Me giré, entonces, cayendo en su provocación.
-¿Qué ha llegado a sus oídos?- pregunté con curiosidad.
-Que no es tan fiero el león como lo pintan, Francisca.- contestó con naturalidad. Sonriendo después ante mi expresión. Meneé la cabeza obviando sus palabras por el bien de ambos.
Cerré los ojos al sentir un ligero mareo. Bien parecido al de aquella misma mañana. Respiré profundamente. Igual que lo había hecho en la mañana. Y se pasó. Me llevé la mano al vientre y le sonreí al cura antes de que se preocupara demasiado.
-¿Puedo?- le pregunté. Señalándole la cama, pues era el único asiento disponible. Él asintió y sin esperar un segundo más me senté. Encontrando entonces la comodidad a mi estado.
-Claro que puede. Además, ya me contaron el escarnio que protagonizaron usted y Raimundo el día del funeral y… no les hizo falta permiso para ello.- pronunció ajeno a mi mareo. Haciendo que se me ruborizasen las mejillas en ese instante.
-Yo…- me vi incapaz de seguir. –Lo siento, padre.- me disculpé arrepentida. –Pero bueno,- sonreí nerviosa cambiando de tema. –no había venido para hablar de mí, ni el hereje de Raimundo, sino a preguntarle por nuestros hijos, ¿cómo están?
-Enamorados.- se limitó a decir como respuesta. –Pero si quiere saber algo más de ellos me dieron unas letras expresas para ustedes.- añadió. Dirigiéndose hacia una mesita y cogiendo una carta de allí. –Tome.- me la ofreció.
La cogí. Dirigiendo mi mirada hacia ella. Acariciándola con los pulgares, pues era lo único que tenía de Soledad desde hacía tiempo. Y sentí unas ganas horribles de abrirla. De leer su contenido y saber que tal estaban tanto ella como Sebastián. Pero Raimundo tenía el mismo derecho que yo a leerla y pensé que quizás lo mejor era esperar a que él estuviese presente.
-Muchas gracias, padre.- agradecí. Sonriendo. Don Anselmo negó con la cabeza en señal de que no había nada que agradecer.
-Les echan mucho de menos.- comentó. Provocando una pequeña lágrima resbalase por mi mejilla. -Pero bueno, no quiero entristecerla. –se disculpó.- Y menos cuando su hijo está a punto de casarse.-apuntó. Tratando de cambiar de tema. –Parece mentira que después de lo que ambos jóvenes han pasado finalmente llegue este día.
-Sí, parece que para los Montenegro el amor ha de dar más de un sufrimiento para que finalmente triunfe.- pronuncié reflexiva. Pensando más bien en Raimundo y en mí.
-Ya verá como pronto se soluciona lo de su nulidad y yo mismo estaré oficiando aquello que tanto Raimundo como usted anhelan.- intentó animarme. Sonriéndome convencido.
-No sé, Don Anselmo. Estaba tan segura de que las tenía todas conmigo respecto a la nulidad eclesiástica que… recibir tan malas nuevas no ha hecho sino llevar las cosas a su punto inicial. A veces me planteo incluso darme por vencida y…- dejé suspendida la frase en el aire.
-Lo conseguirán.- se acercó a mí. Mostrándose tan convencido que no pude sino sonreírle. –Cierto es que algo turbio hay, pero la conozco y sabrá llegar a ello.- tomó mi mano. –No he visto persona más fuerte y terca que usted.
-El embarazo me tiene flaqueadas las mismas.- confesé. Agachando la cabeza. Suspirando después. Y meneando la cabeza.
-Francisca,- me llamó. –recuerde el motivo por el que Soledad y Sebastián no están en casa.-pronunció con total razón. –Y con respecto a su embarazo… Supongo que solo tendrá que imaginar el rostro de ese pequeño o la felicidad del futuro padre.- me sonrió.
-Permítame que discrepe con usted en sus últimas palabras.- dije un tanto más animada. Viendo como Don Anselmo fruncía el ceño sin entenderme. –Ayer mismo Raimundo y yo nos enteramos de que –bajé la mirada hacía mi vientre. Subiéndola un instante después hacia los ojos del párroco. –Vamos a ser padres por partida doble.- le informé.
-¿Cómo?- exclamó. Riendo de la misma impresión.
-Lo que oye, dentro de poco no tendrá que bautizar a uno, sino a dos Ulloa Montenegro.- me mordí el labio sin saber si sonreír o derramar un par de lágrimas de emoción al decirle aquello. Él me acarició el rostro en un amistoso gesto y tras un instante en el que las emociones no encontraron muy bien el camino, continuamos hablando. Expresándole yo mis miedos y alegrías y él tratando de ponerse al corriente de todo lo ocurrido en su ausencia.
Llamé con timidez a la puerta. Escuchando después un sonoro “adelante”.
-Buenos días.- saludé. Viéndolo aún de espaldas a mí.
-Buenos… - pronunció. Para después callar y sonreír abiertamente. –¡Francisca!- exclamó. -¿Cómo que llega tan temprano? ¿Ya llegaron los invitados?- preguntó alterado.
-Tranquilícese, padre, que aún nadie llego. Pero déjese de preguntas y deme un abrazo, hombre de Dios.- le dije con una amplia sonrisa en el rostro.
El párroco se acercó, titubeando. Dudando en si aquello que le pedía era correcto o no. Pero, lejos de todas las convenciones sociales, tras una larga ausencia ¿qué mejor que dar un abrazo a un amigo? Pues así lo consideraba. Estos últimos meses, además de para afianzar mi amor hacia Raimundo, obtener de nuevo el aprecio y afecto de los que me rodean y ver crecer mi vientre a un ritmo considerable, me habían servido para darme cuenta de la admiración que sentía hacia ciertas personas. Y Don Anselmo, era uno de ellos. Quizás el más importante.
Finalmente, el cura, con tanto cuidado como requería mi estado me abrazó.
-No sabe cuándo le hemos echado de menos, Don Anselmo.- pronuncié tras unos instantes. Tomando con mis manos sus brazos y mirándolo sonriente.
-Y yo a vosotros.- respondió a mis palabras. -No sabe cuánto me alegra verla tan bien, Francisca.- dijo mientras bajaba su mirada desde mi sonrisa hasta mi vientre.
-Estoy a punto de reventar.- exclamé bromista, pero sin restarme razón.
-Raimundo de seguro que no opina lo mismo.- se chanceó. Lo miré reprochadora y terminó carcajeándose. –Pero dígame, ¿qué la trae por aquí cuando aún falta un poco para la boda? No me diga que estaba impaciente por el enlace de su hijo y la partera.- de nuevo se chanceó.
-Pensé que era un buen momento para dar la bienvenida a un amigo, pero si no lo cree así no se preocupe que marcho. Con Dios.- pronuncié. Despidiéndome y dando la vuelta.
-Ya veo, ya, que su orgullo no ha flaqueado ni un ápice.- comentó a mis espaldas. -A pesar de todo lo que ha llegado a mis oídos…- dijo. Me giré, entonces, cayendo en su provocación.
-¿Qué ha llegado a sus oídos?- pregunté con curiosidad.
-Que no es tan fiero el león como lo pintan, Francisca.- contestó con naturalidad. Sonriendo después ante mi expresión. Meneé la cabeza obviando sus palabras por el bien de ambos.
Cerré los ojos al sentir un ligero mareo. Bien parecido al de aquella misma mañana. Respiré profundamente. Igual que lo había hecho en la mañana. Y se pasó. Me llevé la mano al vientre y le sonreí al cura antes de que se preocupara demasiado.
-¿Puedo?- le pregunté. Señalándole la cama, pues era el único asiento disponible. Él asintió y sin esperar un segundo más me senté. Encontrando entonces la comodidad a mi estado.
-Claro que puede. Además, ya me contaron el escarnio que protagonizaron usted y Raimundo el día del funeral y… no les hizo falta permiso para ello.- pronunció ajeno a mi mareo. Haciendo que se me ruborizasen las mejillas en ese instante.
-Yo…- me vi incapaz de seguir. –Lo siento, padre.- me disculpé arrepentida. –Pero bueno,- sonreí nerviosa cambiando de tema. –no había venido para hablar de mí, ni el hereje de Raimundo, sino a preguntarle por nuestros hijos, ¿cómo están?
-Enamorados.- se limitó a decir como respuesta. –Pero si quiere saber algo más de ellos me dieron unas letras expresas para ustedes.- añadió. Dirigiéndose hacia una mesita y cogiendo una carta de allí. –Tome.- me la ofreció.
La cogí. Dirigiendo mi mirada hacia ella. Acariciándola con los pulgares, pues era lo único que tenía de Soledad desde hacía tiempo. Y sentí unas ganas horribles de abrirla. De leer su contenido y saber que tal estaban tanto ella como Sebastián. Pero Raimundo tenía el mismo derecho que yo a leerla y pensé que quizás lo mejor era esperar a que él estuviese presente.
-Muchas gracias, padre.- agradecí. Sonriendo. Don Anselmo negó con la cabeza en señal de que no había nada que agradecer.
-Les echan mucho de menos.- comentó. Provocando una pequeña lágrima resbalase por mi mejilla. -Pero bueno, no quiero entristecerla. –se disculpó.- Y menos cuando su hijo está a punto de casarse.-apuntó. Tratando de cambiar de tema. –Parece mentira que después de lo que ambos jóvenes han pasado finalmente llegue este día.
-Sí, parece que para los Montenegro el amor ha de dar más de un sufrimiento para que finalmente triunfe.- pronuncié reflexiva. Pensando más bien en Raimundo y en mí.
-Ya verá como pronto se soluciona lo de su nulidad y yo mismo estaré oficiando aquello que tanto Raimundo como usted anhelan.- intentó animarme. Sonriéndome convencido.
-No sé, Don Anselmo. Estaba tan segura de que las tenía todas conmigo respecto a la nulidad eclesiástica que… recibir tan malas nuevas no ha hecho sino llevar las cosas a su punto inicial. A veces me planteo incluso darme por vencida y…- dejé suspendida la frase en el aire.
-Lo conseguirán.- se acercó a mí. Mostrándose tan convencido que no pude sino sonreírle. –Cierto es que algo turbio hay, pero la conozco y sabrá llegar a ello.- tomó mi mano. –No he visto persona más fuerte y terca que usted.
-El embarazo me tiene flaqueadas las mismas.- confesé. Agachando la cabeza. Suspirando después. Y meneando la cabeza.
-Francisca,- me llamó. –recuerde el motivo por el que Soledad y Sebastián no están en casa.-pronunció con total razón. –Y con respecto a su embarazo… Supongo que solo tendrá que imaginar el rostro de ese pequeño o la felicidad del futuro padre.- me sonrió.
-Permítame que discrepe con usted en sus últimas palabras.- dije un tanto más animada. Viendo como Don Anselmo fruncía el ceño sin entenderme. –Ayer mismo Raimundo y yo nos enteramos de que –bajé la mirada hacía mi vientre. Subiéndola un instante después hacia los ojos del párroco. –Vamos a ser padres por partida doble.- le informé.
-¿Cómo?- exclamó. Riendo de la misma impresión.
-Lo que oye, dentro de poco no tendrá que bautizar a uno, sino a dos Ulloa Montenegro.- me mordí el labio sin saber si sonreír o derramar un par de lágrimas de emoción al decirle aquello. Él me acarició el rostro en un amistoso gesto y tras un instante en el que las emociones no encontraron muy bien el camino, continuamos hablando. Expresándole yo mis miedos y alegrías y él tratando de ponerse al corriente de todo lo ocurrido en su ausencia.
#2035
23/06/2012 18:42
El viaje se me hizo interminable, cada segundo parecía que era todo un siglo, fui mirando por la ventana viendo a las gentes pasar, cuanto más cerca estábamos más nervioso me ponía, de repente el cochero me dio aviso de que ya habíamos llegado, tomé aire y bajé de la calesa, dirigiéndome hacia la iglesia, en la que cuando entré varios pueblerinos se acercaron amablemente a saludarme, ví a don Anselmo hablando con los invitados, y a mi madre sentada en uno de los bancos, fui hacia ella y me senté a su lado.
-Madre. -sonreí-
-Madre. -sonreí-
#2036
23/06/2012 19:00
Llegada casi la hora y escuchando el murmullo de los primeros invitados salimos a recibirlos. Y tras unas amables palabras y escuchar las enhorabuenas de algunas conocidas me alejé de la multitud. Reflexionando sobre el cúmulo de sentimientos que hablar de todo lo ocurrido en los últimos meses había levantado. Me senté cansada en uno de los bancos. Con la mirada fija en la nada y mil pensamientos revoloteando a mi alrededor.
Soledad y Sebastián se encontraban bien. Tristán y Pepa se casarían hoy. Y nosotros... Raimundo y yo estábamos a la espera de dos pequeñas criaturas. Aparentemente todo estaba bien. Pero dos motas negras me impedían sonreír del todo. La nulidad y los mismos miedos que Raimundo había infundado en mi. Me llevé una mano a la sien. Suspiré. Por más que intentaba convencerme de que todo saldría bien, no las tenía todas conmigo. Y la mera idea de abandonar este mundo sin poder verle el rostro a mis hijos y la amplia sonrisa de Raimundo al tenerlos en sus brazos... me partían y desgarraban el alma.
Enjugué una lágrima que sin consuelo surcaba mi rostro. No era momento de ponerse en lo peor. Habría de guardar todas mis fuerzas y el coraje para más adelante.
Justo en ese momento en el que me reprendía a mi misma por mis pensamientos, la voz de Tristán y su presencia me alentaron.
-Hijo.- pronuncié. Llevando la mirada desde él hacia el resto del mundo. Tranquilizándome al ver que aún no habían llegado todos los invitados. -¿Cómo estás?- le pregunté. Sonriendo aunque sin apartar del todo la tristeza de mis pensamientos anteriores.
Soledad y Sebastián se encontraban bien. Tristán y Pepa se casarían hoy. Y nosotros... Raimundo y yo estábamos a la espera de dos pequeñas criaturas. Aparentemente todo estaba bien. Pero dos motas negras me impedían sonreír del todo. La nulidad y los mismos miedos que Raimundo había infundado en mi. Me llevé una mano a la sien. Suspiré. Por más que intentaba convencerme de que todo saldría bien, no las tenía todas conmigo. Y la mera idea de abandonar este mundo sin poder verle el rostro a mis hijos y la amplia sonrisa de Raimundo al tenerlos en sus brazos... me partían y desgarraban el alma.
Enjugué una lágrima que sin consuelo surcaba mi rostro. No era momento de ponerse en lo peor. Habría de guardar todas mis fuerzas y el coraje para más adelante.
Justo en ese momento en el que me reprendía a mi misma por mis pensamientos, la voz de Tristán y su presencia me alentaron.
-Hijo.- pronuncié. Llevando la mirada desde él hacia el resto del mundo. Tranquilizándome al ver que aún no habían llegado todos los invitados. -¿Cómo estás?- le pregunté. Sonriendo aunque sin apartar del todo la tristeza de mis pensamientos anteriores.
#2037
23/06/2012 19:05
La miré y percibí cierta tristeza en sus ojos, fruncí el ceño, cogiéndole una de las manos.
-Yo bien...bastante nervioso...¿y a usted le pasa algo?
-Yo bien...bastante nervioso...¿y a usted le pasa algo?
#2038
23/06/2012 19:09
Me tomó de la mano, supuse tras percibir mi tristeza. Comentó lo nervioso que se encontraba y no dudó en preguntarme por mi estado.
-No es nada.- meneé la cabeza. -Tonterías de embarazada, nada más.
-No es nada.- meneé la cabeza. -Tonterías de embarazada, nada más.
#2039
23/06/2012 19:11
Seguí con el ceño fruncido, mi madre no era de las personas que estaban así por tonterías, pero no quise insistir más, le apreté la mano y le sonreí.
-Está bien, si no quiere contármelo no me lo cuente, pero no quiero verla así...
-Está bien, si no quiere contármelo no me lo cuente, pero no quiero verla así...
#2040
23/06/2012 19:21
Tristán no quiso insistir más de lo debido. Y con un tierno gesto e iguales palabras trató de animarme. Hecho que hizo que, a contrario efecto, otra lágrima recorriese mi mejilla. Él la enjugó, mostrándose preocupado por aquello que me ocurriese.
-Lo siento, Tristán. Las emociones en mi estado van y vienen y hoy... apenas puedo controlarlas.- me excusé. -No todos los días se casa mi pequeño.- pronuncié. Cambiando un poco el tema.
-Lo siento, Tristán. Las emociones en mi estado van y vienen y hoy... apenas puedo controlarlas.- me excusé. -No todos los días se casa mi pequeño.- pronuncié. Cambiando un poco el tema.