La historia de Natalia. El amor que salvó a Raimundo de la oscuridad. Cap XLVI Secuestro
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29/11/2011 10:38

Hace tiempo que quería escribir la historia de mi magnífica tocaya. Una mujer que se entregó sabiendo que Raimundo amaba a otra pero que aún así permaneció a su lado y consiguió salvarle del alcoholismo. Una mujer que le dio dos hijos (también cuento a Emilia ya que ella la crió aunque no sea su hija biológica). La fiel compañera que consiguió hacerle mejor persona y que Raimundo quiso con un amor puro y hermoso aunque Francisca siempre estuviera en su mente. Según él "... con ella pasé los mejores años de mi vida."
Esta es una historia imaginada con lo cual no sé si concordarán las fechas o los acontecimientos con como los han citado en la serie. Simplemente la he escrito para darle mi pequeño homenaje a esta mujer en este hilo. Espero que la historia os guste.
Al estilo de otros post por este subforo aquí os presento a los personajes principales.
ÁLVARO (José Coronado)
Padre de Natalia. Hombre bueno, bondadoso y amante de la literatura. Siempre con una sonrisa en el rostro y con una palabra de ánimo para sus semejantes. Hombre muy adelantado a su tiempo que siente un profundo amor por su familia.
MARÍA (Lola Marceli)
Madre de Natalia. Se enamoró de Álvaro desde el primer momento. Mujer religiosa pero partidaria siempre de utilizarlo como método de acercamiento entre las personas. Considera que la vida solamente tiene pleno sentido cuando la das a alguien que amas. Mujer sincera, fuerte, trabajadora y valiente que no dudará en enfrentarse con cualquiera que se meta con su familia. Es dueña, junto con Álvaro, de la taberna del pueblo.
NATALIA (Amaia Salamanca)
Hija de Álvaro y María. Desde siempre mostró las virtudes de su madre en lo que respecta a la fortaleza, el trabajo, el valor y la visión de la religión. Tiene muy claro lo que no quiere tener en su vida y no duda en enfrentarse con cualquiera que insulte a su familia o amigos. Siempre dispuesta a escuchar a los demás, apoyarles y aconsejarles.
JULIO (Yon González)
El mejor amigo de Natalia. Huérfano de nacimiento, desde pequeños siempre admiró su capacidad de pelear por las cosas que quería. Será el gran apoyo de Natalia durante su vida aunque será el quién más necesite el apoyo de Natalia por su carácter impulsivo y su formas a la hora de decir lo que piensa a los demás. El no pensar en las consecuencias de sus palabras le traerá algún que otro problema.
ADOLFO (Lluis Omar)
Terrateniente del pueblo. Hombre oscuro y machista con negocios oscuros por los cuales ha acumulado su fortuna. Enamorado de María desde joven se enfrentará a Álvaro en más de una ocasión ya que para él, María era suya y Álvaro se la arrebató. Hombre posesivo y con un amor enfermizo buscará cualquier estratagema para que María caiga rendida a sus pies pidiendo su perdón.
GERMÁN (Pep Munné)
Cura del pueblo. Es el consejero y confidente de María y el de Natalia a las que tiene en alta estima. Gran amigo de la pareja, tiene su misma visión del cristianismo y les ayudará en muchos momentos a plantar cara a Adolfo.
RAIMUNDO ULLOA (Félix Gómez)
Nuevo vecino que enseguida se le conocerá como el borracho del pueblo. Hombre que llega huyendo de un pasado que le tortura y que poco a poco saldrá a la luz.
MINIS CREADOS POR MÍ EN LOS QUE APARECE NATALIA
La noche es más oscura antes del amanecer
Natalia, el ángel
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#61
23/03/2012 22:16
CAPÍTULO XXXVIII YO CREO EN ÉL
A la mañana siguiente Natalia fue a su casa a cambiarse y a reponer fuerzas alentada por Germán que se quedaba en el consultorio. Álvaro, María y Julio, con rostro muy serio, la esperaron en el salón. En cuanto Natalia salió de su habitación, Álvaro le dijo:
- Natalia espera. Queremos hablar contigo antes de que te vayas.
Natalia, temiéndose el tema de la conversación, respondió:
- Padre, Germán se ha quedado toda la noche y necesitará descansar.
- Germán puede esperar hija y es urgente que hablemos contigo. – le dijo María.
- Está bien. – accedió Natalia sentándose en una silla. - ¿De qué se trata?
- ¿No te lo imaginas? – preguntó Álvaro. – Natalia, quiero que sepas ante todo que alabo todo lo que has hecho por Raimundo. De verdad, te honra que le eches una mano después de todo lo que ha pasado. Pero lo que ocurrió anoche no debe volver a suceder.
- ¿Qué quieres decir con eso? – preguntó Natalia.
- Natalia, no puedes proteger a Raimundo siempre. Y menos aún si se va a lugares como al que fue anoche. Cualquier borracho podría haber resultado violento y te podría haber hecho daño. Y si quieres ayudar a Raimundo tienes que empezar a dejar que sea responsable de sus actos. – dijo Álvaro.
- ¿Quieres decir que debería dejar que vague por ahí solo sabiendo que se destruirá? ¿De verdad quieres que mire para otro lado? – preguntó Natalia indignada.
- Hija, Raimundo no es un crío. Cierto es que todo lo que ha pasado destrozaría a cualquiera pero no será el primero ni el último al que le pase por desgracia. Por dinero las personas a veces hacemos lo peor.
- Pero madre no puedo dejarle de lado. Ustedes han visto todo lo que ha avanzado estos últimos meses. Ha conseguido integrarse, Germán está feliz con el trabajo que hace Raimundo. ¿Cree que alguien le hubiera dado esa oportunidad? Si ha conseguido todo esto fue porque nosotros creímos en él.
- Entiendo todo lo que dices hija. Si no hubiera sido por ti la gente le hubiera tomado por un borracho y hubieran mirado para otro lado. Lo único que digo es que no por protegerle arriesgues tu vida. Un prostíbulo no es lugar para una mujer sola. ¿Me entiendes? – dijo Álvaro acercándose a Natalia.
- Lo sé padre. Pero entienda que no puedo mirar para otro lado. Raimundo necesita que creamos en él para volver a ser el que fue. Sé que puede conseguirlo. Además, usted me dijo una vez que en este mundo nadie hace nada por nadie. No puedo dejarle solo. – dijo Natalia. – Si pasó lo que pasó ayer fue por… el cumpleaños de Francisca. Supongo que eso le recordó momentos hermosos y le dolerían mucho. Pero Raimundo ya no se emborracha como antes y lo sabéis.
- Lo sé hija, lo sé. Desde que está aquí Raimundo se ha ido convirtiendo poco a poco en un hombre recto. Pero recuerda lo que hemos dicho ¿de acuerdo? – Natalia asintió. – Estoy muy orgulloso de ti. Y de la mujer en que te has convertido.
Natalia y Álvaro se fundieron en un abrazo mientras que María les contemplaba orgullosa. Julio, en cambio, con gesto de rabia e impotencia, abandonó la habitación dando un portazo.
A la mañana siguiente Natalia fue a su casa a cambiarse y a reponer fuerzas alentada por Germán que se quedaba en el consultorio. Álvaro, María y Julio, con rostro muy serio, la esperaron en el salón. En cuanto Natalia salió de su habitación, Álvaro le dijo:
- Natalia espera. Queremos hablar contigo antes de que te vayas.
Natalia, temiéndose el tema de la conversación, respondió:
- Padre, Germán se ha quedado toda la noche y necesitará descansar.
- Germán puede esperar hija y es urgente que hablemos contigo. – le dijo María.
- Está bien. – accedió Natalia sentándose en una silla. - ¿De qué se trata?
- ¿No te lo imaginas? – preguntó Álvaro. – Natalia, quiero que sepas ante todo que alabo todo lo que has hecho por Raimundo. De verdad, te honra que le eches una mano después de todo lo que ha pasado. Pero lo que ocurrió anoche no debe volver a suceder.
- ¿Qué quieres decir con eso? – preguntó Natalia.
- Natalia, no puedes proteger a Raimundo siempre. Y menos aún si se va a lugares como al que fue anoche. Cualquier borracho podría haber resultado violento y te podría haber hecho daño. Y si quieres ayudar a Raimundo tienes que empezar a dejar que sea responsable de sus actos. – dijo Álvaro.
- ¿Quieres decir que debería dejar que vague por ahí solo sabiendo que se destruirá? ¿De verdad quieres que mire para otro lado? – preguntó Natalia indignada.
- Hija, Raimundo no es un crío. Cierto es que todo lo que ha pasado destrozaría a cualquiera pero no será el primero ni el último al que le pase por desgracia. Por dinero las personas a veces hacemos lo peor.
- Pero madre no puedo dejarle de lado. Ustedes han visto todo lo que ha avanzado estos últimos meses. Ha conseguido integrarse, Germán está feliz con el trabajo que hace Raimundo. ¿Cree que alguien le hubiera dado esa oportunidad? Si ha conseguido todo esto fue porque nosotros creímos en él.
- Entiendo todo lo que dices hija. Si no hubiera sido por ti la gente le hubiera tomado por un borracho y hubieran mirado para otro lado. Lo único que digo es que no por protegerle arriesgues tu vida. Un prostíbulo no es lugar para una mujer sola. ¿Me entiendes? – dijo Álvaro acercándose a Natalia.
- Lo sé padre. Pero entienda que no puedo mirar para otro lado. Raimundo necesita que creamos en él para volver a ser el que fue. Sé que puede conseguirlo. Además, usted me dijo una vez que en este mundo nadie hace nada por nadie. No puedo dejarle solo. – dijo Natalia. – Si pasó lo que pasó ayer fue por… el cumpleaños de Francisca. Supongo que eso le recordó momentos hermosos y le dolerían mucho. Pero Raimundo ya no se emborracha como antes y lo sabéis.
- Lo sé hija, lo sé. Desde que está aquí Raimundo se ha ido convirtiendo poco a poco en un hombre recto. Pero recuerda lo que hemos dicho ¿de acuerdo? – Natalia asintió. – Estoy muy orgulloso de ti. Y de la mujer en que te has convertido.
Natalia y Álvaro se fundieron en un abrazo mientras que María les contemplaba orgullosa. Julio, en cambio, con gesto de rabia e impotencia, abandonó la habitación dando un portazo.
#62
23/03/2012 22:19
CAPÍTULO XXXIX RAIMUNDO Y NATALIA YACEN JUNTOS (Lo siento raipaquistas pero este momento tenía que llegar ;))
Después de unos intensos días, Raimundo se recuperó. Pero al conocer lo ocurrido se sumió en una profunda tristeza. Verdaderamente se sentía profundamente avergonzado por lo ocurrido ¿Cómo pudo haberse dejado llevar de esa manera? Y sobretodo ¿por qué Natalia le defendía siempre? Sólo era un cobarde, un despojo de lo que una vez fue pero Natalia no paraba de salvarle ni de intentar que saliera a flote. Ese pensamiento hizo aflorar un gran cariño hacia Natalia. Siempre se había portado bien con él y le había cuidado mucho cuando toda su familia creía lo peor de él... especialmente ahora que hasta su pequeña creía lo que peor de él.
Así, sumido en sus pensamientos mientras contemplaba la luna llena sentado en el alféizar de su ventana, le encontró Natalia. Al verle con el pijama y descalzo Natalia sintió una oleada de ternura hacia Raimundo. Definitivamente le había robado el entendimiento. Dejó la bandeja con la cena en la mesa de la habitación y se dirigió hacia él con cierta timidez.
- Hola. – dijo Natalia. Raimundo no contestó. – Supuse que no te apetecería salir así que te he traído algo para cenar.
- No tengo hambre gracias. – dijo Raimundo sin apenas voz y sin mirar a Natalia.
- Raimundo ¿qué pasa? Llevas días evitándome. Es por lo que pasó aquel día ¿verdad?
- No debiste ir Natalia. No era lugar para ti.
- Estabas al borde del coma Raimundo y no me arrepiento de haber ido. Además, no me dan miedo esos sitios.
- No sabes lo que dices. Te podían haber hecho daño y ahí sí que no me lo hubiera
perdonado. No puedes protegerme siempre. – afirmó Raimundo tajantemente. Antes de que Natalia pudiera contestar prosiguió. – No, no empieces con lo de somos amigos porque no lo somos. Sólo soy un mantenido, un mendigo al que has acogido y al que cuidas como si fuera tu gran obra de caridad, como si cuidándome te aseguraras de ir a ese cielo del que habláis y ya no quiero seguir así. Mira para otro lado y déjame en paz.
- Así que ¿eso es lo que piensas? ¿Así es cómo piensas que soy? Pues te equivocas. Para mí no eres un mendigo.
- ¿Ah no? Eso es lo que soy para todos. Un pobre diablo que no tiene dónde caerse muerto. No tengo nada por lo que vivir. – dijo Raimundo comenzando a llorar. – Al menos si hubiera muerto… se habría acabado el dolor de una vez.
- No digas eso… - le dijo Natalia casi sollozando.
- ¿Por qué sigues aquí Natalia? ¿Por qué no dejas que muera? – le dijo Raimundo con lágrimas en los ojos y sentándose en la cama dejándose caer.
Natalia se acercó a él cuando le vio derrumbarse y, con lágrimas en los ojos se declaró sentada a su lado.
- Porque no puedo… No puedo mirar para otro lado mientras te hundes… no puedo… - dijo Natalia acariciándole el rostro con la mano. – Si supieras… lo que me duele tu dolor… cuando lo veo… en tus ojos…
- Natalia… - dijo Raimundo
- El amor no consiste sólo en palabras bonitas… o poemas recitados a la luz de la luna… - le interrumpió Natalia. – No busco que me digas más palabras bonitas que a ella… porque las palabras desaparecen… Sólo quiero estar a tu lado…
- Yo no te convengo Natalia…. no soy bueno para ti... No quiero hacerte daño…
- Shhh deja que yo decida… - le interrumpió Natalia tapándole la boca – Quizás tengas razón… pero uno no decide a quién ama… y yo ya no puedo evitar lo que siento…
Raimundo no podía ver a Natalia más hermosa que en ese momento. Esos ojos azules y ese pelo eran una mezcla espectacular. Realmente era hermosa. Llevó su mano hasta la mejilla de Natalia a la vez que esta la atrapó entre su mano y su mejilla y cerró los ojos por el contacto. Natalia no podía sentirse más feliz. Raimundo se dio la oportunidad de creer que Natalia era la tabla de salvación que el destino le enviaba. Quizás… podría ser feliz con ella. Se acercó a ella tímidamente y apoyó su frente en la de ella a la vez que le tomó el rostro con las manos. Quiso darle la oportunidad de rectificar.
- Natalia… no quiero hacerte daño… - susurró Raimundo. – Pero sabes que... lo que siento por ti es…
- Lo sé… pero no por ello voy a dejar de amarte… si sientes algo por mí… déjame quererte… déjame ayudarte…
Finalmente los dos se fundieron en un dulce beso. Raimundo sentía que con Natalia volvía a respirar. De hecho Natalia conseguía que esa herida de su alma pareciera estar curada. Sus manos se perdieron acariciando a Natalia con dulzura a la vez que ella hacía lo mismo mientras intentaba desabrocharle la camisa. Raimundo la aprisionó contra la cama mientras se perdían entre besos cargados de dulzura.
Finalmente Raimundo empezó a desnudarla lentamente mientras besaba la piel que quedaba al descubierto. Natalia, mientras, intentaba desabrocharle la camisa. Al verse, al fin, desnudos sintieron un escalofrío. Natalia sintió que no había nada más bello que Raimundo y él se perdió en la belleza de Natalia. Con su pelo rubio, sus ojos azules y sus bellas curvas estaba realmente hermosa. Sabía que era su primera vez así que quiso hacerle especial. Raimundo empezó a acariciarle la cintura con delicadeza mientras recorría con sus labios todo su cuerpo. Natalia cerró los ojos por el placer a la vez que intentaba respirar ya que su corazón parecía salirse del pecho. ¡Era tan feliz! Cuando Raimundo llegó a sus pechos se recreó en ellos con sus labios y con sus caricias mientras se pegaba cada vez más al cuerpo de Natalia sintiendo su piel suave. Natalia le acariciaba la espalda mientras se dejaba hacer soltando gemidos de placer.
Raimundo finalmente llegó a su boca y se perdió en ella, en un intento por olvidar los besos que le dedicó a Francisca y que ahora sabían amargos. Natalia se aferró a su espalda atrayéndole más hacia ella. Después de unos minutos, sintiendo Raimundo que Natalia estaba preparada, atrapó una mano de Natalia con la suya y la penetró con suavidad. Raimundo se quedó inmóvil tras el gemido de dolor que soltó Natalia.
- ¿Estás bien? – preguntó Raimundo en un susurro. Natalia le contestó con una sonrisa y con un beso tierno en sus labios.
Raimundo volvió a embestirla suavemente marcando un ritmo suave que les llevó poco a poco al paraíso. Natalia se sentía la mujer más feliz del mundo mientras que Raimundo sentía que una bocanada de aire fresco entraba en su vida. Con Natalia, volvía a respirar. Los jadeos y los gemidos llenaron la habitación mientras que dos cuerpos se amaban. Natalia arañaba la espalda de Raimundo mientras éste se aferraba a su mano y a su muslo para acomodar mejor sus intimidades. El clímax llegó transportándoles a una felicidad que llenó sus almas de serenidad y de paz. Raimundo acomodó a Natalia en su pecho mientras la abrazaba con dulzura. Definitivamente Natalia, era su bote salvavidas.
Después de unos intensos días, Raimundo se recuperó. Pero al conocer lo ocurrido se sumió en una profunda tristeza. Verdaderamente se sentía profundamente avergonzado por lo ocurrido ¿Cómo pudo haberse dejado llevar de esa manera? Y sobretodo ¿por qué Natalia le defendía siempre? Sólo era un cobarde, un despojo de lo que una vez fue pero Natalia no paraba de salvarle ni de intentar que saliera a flote. Ese pensamiento hizo aflorar un gran cariño hacia Natalia. Siempre se había portado bien con él y le había cuidado mucho cuando toda su familia creía lo peor de él... especialmente ahora que hasta su pequeña creía lo que peor de él.
Así, sumido en sus pensamientos mientras contemplaba la luna llena sentado en el alféizar de su ventana, le encontró Natalia. Al verle con el pijama y descalzo Natalia sintió una oleada de ternura hacia Raimundo. Definitivamente le había robado el entendimiento. Dejó la bandeja con la cena en la mesa de la habitación y se dirigió hacia él con cierta timidez.
- Hola. – dijo Natalia. Raimundo no contestó. – Supuse que no te apetecería salir así que te he traído algo para cenar.
- No tengo hambre gracias. – dijo Raimundo sin apenas voz y sin mirar a Natalia.
- Raimundo ¿qué pasa? Llevas días evitándome. Es por lo que pasó aquel día ¿verdad?
- No debiste ir Natalia. No era lugar para ti.
- Estabas al borde del coma Raimundo y no me arrepiento de haber ido. Además, no me dan miedo esos sitios.
- No sabes lo que dices. Te podían haber hecho daño y ahí sí que no me lo hubiera
perdonado. No puedes protegerme siempre. – afirmó Raimundo tajantemente. Antes de que Natalia pudiera contestar prosiguió. – No, no empieces con lo de somos amigos porque no lo somos. Sólo soy un mantenido, un mendigo al que has acogido y al que cuidas como si fuera tu gran obra de caridad, como si cuidándome te aseguraras de ir a ese cielo del que habláis y ya no quiero seguir así. Mira para otro lado y déjame en paz.
- Así que ¿eso es lo que piensas? ¿Así es cómo piensas que soy? Pues te equivocas. Para mí no eres un mendigo.
- ¿Ah no? Eso es lo que soy para todos. Un pobre diablo que no tiene dónde caerse muerto. No tengo nada por lo que vivir. – dijo Raimundo comenzando a llorar. – Al menos si hubiera muerto… se habría acabado el dolor de una vez.
- No digas eso… - le dijo Natalia casi sollozando.
- ¿Por qué sigues aquí Natalia? ¿Por qué no dejas que muera? – le dijo Raimundo con lágrimas en los ojos y sentándose en la cama dejándose caer.
Natalia se acercó a él cuando le vio derrumbarse y, con lágrimas en los ojos se declaró sentada a su lado.
- Porque no puedo… No puedo mirar para otro lado mientras te hundes… no puedo… - dijo Natalia acariciándole el rostro con la mano. – Si supieras… lo que me duele tu dolor… cuando lo veo… en tus ojos…
- Natalia… - dijo Raimundo
- El amor no consiste sólo en palabras bonitas… o poemas recitados a la luz de la luna… - le interrumpió Natalia. – No busco que me digas más palabras bonitas que a ella… porque las palabras desaparecen… Sólo quiero estar a tu lado…
- Yo no te convengo Natalia…. no soy bueno para ti... No quiero hacerte daño…
- Shhh deja que yo decida… - le interrumpió Natalia tapándole la boca – Quizás tengas razón… pero uno no decide a quién ama… y yo ya no puedo evitar lo que siento…
Raimundo no podía ver a Natalia más hermosa que en ese momento. Esos ojos azules y ese pelo eran una mezcla espectacular. Realmente era hermosa. Llevó su mano hasta la mejilla de Natalia a la vez que esta la atrapó entre su mano y su mejilla y cerró los ojos por el contacto. Natalia no podía sentirse más feliz. Raimundo se dio la oportunidad de creer que Natalia era la tabla de salvación que el destino le enviaba. Quizás… podría ser feliz con ella. Se acercó a ella tímidamente y apoyó su frente en la de ella a la vez que le tomó el rostro con las manos. Quiso darle la oportunidad de rectificar.
- Natalia… no quiero hacerte daño… - susurró Raimundo. – Pero sabes que... lo que siento por ti es…
- Lo sé… pero no por ello voy a dejar de amarte… si sientes algo por mí… déjame quererte… déjame ayudarte…
Finalmente los dos se fundieron en un dulce beso. Raimundo sentía que con Natalia volvía a respirar. De hecho Natalia conseguía que esa herida de su alma pareciera estar curada. Sus manos se perdieron acariciando a Natalia con dulzura a la vez que ella hacía lo mismo mientras intentaba desabrocharle la camisa. Raimundo la aprisionó contra la cama mientras se perdían entre besos cargados de dulzura.
Finalmente Raimundo empezó a desnudarla lentamente mientras besaba la piel que quedaba al descubierto. Natalia, mientras, intentaba desabrocharle la camisa. Al verse, al fin, desnudos sintieron un escalofrío. Natalia sintió que no había nada más bello que Raimundo y él se perdió en la belleza de Natalia. Con su pelo rubio, sus ojos azules y sus bellas curvas estaba realmente hermosa. Sabía que era su primera vez así que quiso hacerle especial. Raimundo empezó a acariciarle la cintura con delicadeza mientras recorría con sus labios todo su cuerpo. Natalia cerró los ojos por el placer a la vez que intentaba respirar ya que su corazón parecía salirse del pecho. ¡Era tan feliz! Cuando Raimundo llegó a sus pechos se recreó en ellos con sus labios y con sus caricias mientras se pegaba cada vez más al cuerpo de Natalia sintiendo su piel suave. Natalia le acariciaba la espalda mientras se dejaba hacer soltando gemidos de placer.
Raimundo finalmente llegó a su boca y se perdió en ella, en un intento por olvidar los besos que le dedicó a Francisca y que ahora sabían amargos. Natalia se aferró a su espalda atrayéndole más hacia ella. Después de unos minutos, sintiendo Raimundo que Natalia estaba preparada, atrapó una mano de Natalia con la suya y la penetró con suavidad. Raimundo se quedó inmóvil tras el gemido de dolor que soltó Natalia.
- ¿Estás bien? – preguntó Raimundo en un susurro. Natalia le contestó con una sonrisa y con un beso tierno en sus labios.
Raimundo volvió a embestirla suavemente marcando un ritmo suave que les llevó poco a poco al paraíso. Natalia se sentía la mujer más feliz del mundo mientras que Raimundo sentía que una bocanada de aire fresco entraba en su vida. Con Natalia, volvía a respirar. Los jadeos y los gemidos llenaron la habitación mientras que dos cuerpos se amaban. Natalia arañaba la espalda de Raimundo mientras éste se aferraba a su mano y a su muslo para acomodar mejor sus intimidades. El clímax llegó transportándoles a una felicidad que llenó sus almas de serenidad y de paz. Raimundo acomodó a Natalia en su pecho mientras la abrazaba con dulzura. Definitivamente Natalia, era su bote salvavidas.
#63
25/03/2012 23:04
Me encanta perO ....sigue!
Esta historia no tiene desperdicio y a mi me encanta
SIGUE!!!!
Besetsss
Esta historia no tiene desperdicio y a mi me encanta
SIGUE!!!!
Besetsss
#64
27/03/2012 13:41
Precioso natalia sigue en cuanto puedas please.
#65
31/03/2012 14:36
CAPÍTULO XL LA PAZ
El sol hacía su aparición poco a poco en la habitación de Raimundo haciendo que despertara. Al sentir peso sobre su pecho creyó que todo había sido un sueño, que miraría y ahí estaría su pequeña, su Francisca. Pero la realidad volvió a manifestarse tan dura como acostumbraba. No era Francisca sino Natalia. La fascinación al verla tan hermosa y sentir su piel tan suave dio paso a la culpabilidad ¿y ahora qué? ¿Cómo iba a mirarla ahora? ¿Qué iba a pasar a partir de ahora? ¿Y si se enteraban sus padres?
- “¡Cielo santo Raimundo! ¿Cómo has podido dejarte llevar hasta este punto?” – pensó para sí mismo mientras se mordía el puño de la rabia y de la impotencia.
Por suerte aún era pronto y tanto María como Álvaro no se habían levantado. Lo más lentamente que pudo se apartó de ella dejándola delicadamente sobre la cama. Natalia se removió acurrucándose más en el que creía que era el pecho de Raimundo soltando un ligero gemido. Ese gesto despertó una oleada de ternura en Raimundo. Se la veía tan hermosa. Y ahora él había estropeado esa amistad por culpa de su debilidad. “¡Cómo pudiste Raimundo!” – no dejaba de pensar para sí.
Se levantó de la cama sin hacer ruido y se vistió. Pero antes de salir escribió una nota para Natalia.
“Dormías como un ángel y no quise despertarte. Raimundo.”
Dejó la nota y se fue camino al cortijo de Germán. Durante el camino pensaba para sus adentros qué hacer. Sí huía sería toda la vida un cobarde y nunca estaría en paz consigo mismo. Tenía que ser un hombre y dar la cara demostrándoles a todos cómo es Raimundo Ulloa en realidad. Pero tenía miedo y eso a veces podía con él. Un profundo miedo del que nadie podía librarle. Miedo de fallarle a Natalia como pasó con Francisca, miedo a que la gente les hiciera daño, miedo a la reacción de su familia. Pero sobretodo miedo a que lo que había pasado llegue a Puente Viejo y a oídos de Salvador. Con dolor recordó que lo que sentía ahora su pequeña es odio. Si llegaran a enterarse de esto podrían atreverse a hacerle daño a Natalia y eso no podía permitirlo. Si eso ocurría él no tenía ahora ningún poder para hacerles frente. Pero a la vez no podía cometer el mismo error que cometió con Francisca. ¿Qué podía hacer?
…
Natalia se levantó dichosa. Había pasado una noche maravillosa con el hombre de su vida ¿qué más podía pedir? Se quedó absorta mirando al techo a la vez que, cerrando los ojos, recordaba las caricias de Raimundo, sus besos, su mirada mientras le hacía el amor… Definitivamente eso debía de ser el cielo. Sonrió abiertamente y rió de alegría. Era feliz.
Esa felicidad se tornó en duda cuando leyó la nota. A lo mejor eran imaginaciones suyas pero la notó fría, como si fuera una mera disculpa. ¿Acaso se arrepentía de lo ocurrido? Cerró los ojos tras contestar mentalmente a esa pregunta con otra: ¿y ahora qué? ¿Qué iba a pasar a partir de ahora?
El sol hacía su aparición poco a poco en la habitación de Raimundo haciendo que despertara. Al sentir peso sobre su pecho creyó que todo había sido un sueño, que miraría y ahí estaría su pequeña, su Francisca. Pero la realidad volvió a manifestarse tan dura como acostumbraba. No era Francisca sino Natalia. La fascinación al verla tan hermosa y sentir su piel tan suave dio paso a la culpabilidad ¿y ahora qué? ¿Cómo iba a mirarla ahora? ¿Qué iba a pasar a partir de ahora? ¿Y si se enteraban sus padres?
- “¡Cielo santo Raimundo! ¿Cómo has podido dejarte llevar hasta este punto?” – pensó para sí mismo mientras se mordía el puño de la rabia y de la impotencia.
Por suerte aún era pronto y tanto María como Álvaro no se habían levantado. Lo más lentamente que pudo se apartó de ella dejándola delicadamente sobre la cama. Natalia se removió acurrucándose más en el que creía que era el pecho de Raimundo soltando un ligero gemido. Ese gesto despertó una oleada de ternura en Raimundo. Se la veía tan hermosa. Y ahora él había estropeado esa amistad por culpa de su debilidad. “¡Cómo pudiste Raimundo!” – no dejaba de pensar para sí.
Se levantó de la cama sin hacer ruido y se vistió. Pero antes de salir escribió una nota para Natalia.
“Dormías como un ángel y no quise despertarte. Raimundo.”
Dejó la nota y se fue camino al cortijo de Germán. Durante el camino pensaba para sus adentros qué hacer. Sí huía sería toda la vida un cobarde y nunca estaría en paz consigo mismo. Tenía que ser un hombre y dar la cara demostrándoles a todos cómo es Raimundo Ulloa en realidad. Pero tenía miedo y eso a veces podía con él. Un profundo miedo del que nadie podía librarle. Miedo de fallarle a Natalia como pasó con Francisca, miedo a que la gente les hiciera daño, miedo a la reacción de su familia. Pero sobretodo miedo a que lo que había pasado llegue a Puente Viejo y a oídos de Salvador. Con dolor recordó que lo que sentía ahora su pequeña es odio. Si llegaran a enterarse de esto podrían atreverse a hacerle daño a Natalia y eso no podía permitirlo. Si eso ocurría él no tenía ahora ningún poder para hacerles frente. Pero a la vez no podía cometer el mismo error que cometió con Francisca. ¿Qué podía hacer?
…
Natalia se levantó dichosa. Había pasado una noche maravillosa con el hombre de su vida ¿qué más podía pedir? Se quedó absorta mirando al techo a la vez que, cerrando los ojos, recordaba las caricias de Raimundo, sus besos, su mirada mientras le hacía el amor… Definitivamente eso debía de ser el cielo. Sonrió abiertamente y rió de alegría. Era feliz.
Esa felicidad se tornó en duda cuando leyó la nota. A lo mejor eran imaginaciones suyas pero la notó fría, como si fuera una mera disculpa. ¿Acaso se arrepentía de lo ocurrido? Cerró los ojos tras contestar mentalmente a esa pregunta con otra: ¿y ahora qué? ¿Qué iba a pasar a partir de ahora?
#66
31/03/2012 17:18
Natalia me encanta tu historia,a ver si un dia coincidimos en el chat que te echo muchísimo de menos un beso enorme guapísima.
#67
31/03/2012 23:13
XLI NO QUIERO OLVIDARTE
El día transcurrió con normalidad para todos excepto para Raimundo. A medida que el día avanzaba se sentía más miserable ¿cómo había sido capaz de robarle la primera vez a Natalia sólo por sentirse bien? Además pasaba el día y no sabía cómo sentirse. Recordaba aquella noche como la primera en la que se sintió en paz, a salvo, protegido. Esa noche le hizo ver que todavía podía amar y que tal vez algún día… podría ser feliz… sin Francisca. Nunca pensó que podía ocurrir pero ocurrió. Tenía que atreverse a vivir una vida sin ella si quería seguir adelante y demostrarles a todos la clase de hombre que es Raimundo Ulloa. Sólo había un problema… que él no quería olvidar a Francisca.
Recordando las palabras de Natalia ideó un plan. Tenía que hacerle ver que no le amaba, que lo que sentía por él es quizás admiración o compasión, que él no podía darle la vida que se merece. Se levantó de la silla en la que trabajaba y se fue a buscar a Julio.
Cuando Julio le vio quiso marcharse pero Raimundo le detuvo diciendo:
- ¡Julio espera! Necesito hablar contigo. – dijo Raimundo.
- No tengo nada que hablar contigo Raimundo. – sentenció Julio.
- Yo sí Julio. Tenemos que hablar y es algo serio. Es sobre Natalia. – dijo Raimundo.
- ¿Qué pasa con ella?
Raimundo respiró hondo. Iba a costar decirle lo que quería decirle.
- Julio… creo que ya sabes lo que Natalia siente por mí. – dijo Raimundo. – Por eso…
- Mira si vas a restregármelo mejor déjalo ¿quieres? – le interrumpió Julio
- ¡No, espera! No quiero restregarte nada, al contrario. – dijo Raimundo. Al ver la cara extrañada de Julio siguió. – Julio, no sé cómo decirte esto porque no me explico cómo me pude dejar llevar tanto. Pensándolo fríamente fue una locura que no debió suceder… pero por suerte o por desgracia sucedió.
- ¿Ha pasado algo grave? – preguntó Julio preocupado.
- Según se mire. Ayer Natalia y yo… - Raimundo no sabía cómo continuar. Pero con ese silencio Julio entendió.
- Ya y ahora me vas a decir que vas a huir como un cobarde ¿verdad?
- ¡¿Quieres dejarme terminar?! No es eso. Sé lo que sientes por ella y te juro por lo más sagrado que nunca pensé que acabaría sintiendo algo por mí. Lo que quiero decir es que si Natalia acaba embarazada asumiré las consecuencias de mis actos. Pero hasta que tengamos noticias quisiera pedirte algo.
- ¿Qué?
- Que estés con ella. Julio soy consciente de que no le puedo dar la vida que se merece. Sólo soy un rico desterrado que se compadece de sí mismo. Necesito que estés con ella para que verdaderamente sepa si siente algo por mí o sólo es un capricho. Así podrá elegir la vida que quiere con seguridad ¿de acuerdo?
- ¿Me estás pidiendo que trate de enamorarla para hacerle ver que sólo eres un capricho? – preguntó Julio intentando comprender.
- Algo así. Si está embarazada asumiré las consecuencias pero si no lo está podrá elegir la vida que quiere. Eres un gran apoyo para ella y no quiero que estéis alejados por mí.
Julio finalmente asintió convencido.
- Dime una cosa Raimundo… ¿sientes algo por ella?
- Natalia se ha convertido en un oasis para mí en mitad del desierto. Cuando estoy con ella me siento en paz. No puedo darle el mismo amor que ha Francisca pero… me importa de verdad. Por todo lo que ha hecho por mí se merece ser feliz.
- De acuerdo. Hablaré con ella.
- Gracias Julio.
El día transcurrió con normalidad para todos excepto para Raimundo. A medida que el día avanzaba se sentía más miserable ¿cómo había sido capaz de robarle la primera vez a Natalia sólo por sentirse bien? Además pasaba el día y no sabía cómo sentirse. Recordaba aquella noche como la primera en la que se sintió en paz, a salvo, protegido. Esa noche le hizo ver que todavía podía amar y que tal vez algún día… podría ser feliz… sin Francisca. Nunca pensó que podía ocurrir pero ocurrió. Tenía que atreverse a vivir una vida sin ella si quería seguir adelante y demostrarles a todos la clase de hombre que es Raimundo Ulloa. Sólo había un problema… que él no quería olvidar a Francisca.
Recordando las palabras de Natalia ideó un plan. Tenía que hacerle ver que no le amaba, que lo que sentía por él es quizás admiración o compasión, que él no podía darle la vida que se merece. Se levantó de la silla en la que trabajaba y se fue a buscar a Julio.
Cuando Julio le vio quiso marcharse pero Raimundo le detuvo diciendo:
- ¡Julio espera! Necesito hablar contigo. – dijo Raimundo.
- No tengo nada que hablar contigo Raimundo. – sentenció Julio.
- Yo sí Julio. Tenemos que hablar y es algo serio. Es sobre Natalia. – dijo Raimundo.
- ¿Qué pasa con ella?
Raimundo respiró hondo. Iba a costar decirle lo que quería decirle.
- Julio… creo que ya sabes lo que Natalia siente por mí. – dijo Raimundo. – Por eso…
- Mira si vas a restregármelo mejor déjalo ¿quieres? – le interrumpió Julio
- ¡No, espera! No quiero restregarte nada, al contrario. – dijo Raimundo. Al ver la cara extrañada de Julio siguió. – Julio, no sé cómo decirte esto porque no me explico cómo me pude dejar llevar tanto. Pensándolo fríamente fue una locura que no debió suceder… pero por suerte o por desgracia sucedió.
- ¿Ha pasado algo grave? – preguntó Julio preocupado.
- Según se mire. Ayer Natalia y yo… - Raimundo no sabía cómo continuar. Pero con ese silencio Julio entendió.
- Ya y ahora me vas a decir que vas a huir como un cobarde ¿verdad?
- ¡¿Quieres dejarme terminar?! No es eso. Sé lo que sientes por ella y te juro por lo más sagrado que nunca pensé que acabaría sintiendo algo por mí. Lo que quiero decir es que si Natalia acaba embarazada asumiré las consecuencias de mis actos. Pero hasta que tengamos noticias quisiera pedirte algo.
- ¿Qué?
- Que estés con ella. Julio soy consciente de que no le puedo dar la vida que se merece. Sólo soy un rico desterrado que se compadece de sí mismo. Necesito que estés con ella para que verdaderamente sepa si siente algo por mí o sólo es un capricho. Así podrá elegir la vida que quiere con seguridad ¿de acuerdo?
- ¿Me estás pidiendo que trate de enamorarla para hacerle ver que sólo eres un capricho? – preguntó Julio intentando comprender.
- Algo así. Si está embarazada asumiré las consecuencias pero si no lo está podrá elegir la vida que quiere. Eres un gran apoyo para ella y no quiero que estéis alejados por mí.
Julio finalmente asintió convencido.
- Dime una cosa Raimundo… ¿sientes algo por ella?
- Natalia se ha convertido en un oasis para mí en mitad del desierto. Cuando estoy con ella me siento en paz. No puedo darle el mismo amor que ha Francisca pero… me importa de verdad. Por todo lo que ha hecho por mí se merece ser feliz.
- De acuerdo. Hablaré con ella.
- Gracias Julio.
#68
19/04/2012 20:38
XLII SEGUIR SIENDO AMIGOS
Julio caminaba al pueblo con aire apesadumbrado por haber pensado mal de Raimundo. “Realmente quiere lo mejor para Natalia”. – pensaba para sí. Cuando entró en la taberna la encontró feliz sirviendo a los parroquianos junto a su madre. Él se acercó tímidamente hasta ella y le dijo:
- Natalia espera. Quisiera hablar contigo un momento por favor.
Ella le miró compasiva y accedió a sentarse con él en una mesa del rincón.
- Natalia quería pedirte perdón. Estos días he estado actuando muy mal y lo siento mucho. Se me nublaron las entendederas y cogí un mal camino. Por eso te pido que me perdones… aunque no lo haya parecido estos días yo valoro mucho tu amistad…
Natalia le sonrió y le tomó la mano.
- Tranquilo… no hay nada que perdonar. Julio para mí siempre has sido un hermano y por eso no sabía qué decir cuando me confesaste lo que sentías. Siento no poder darte lo que anhelas pero… uno no elige de quién se enamora…
- ¿Le quieres? – preguntó Julio tímidamente.
- Con todo mi corazón. – dijo Natalia emocionada.
Ante esa declaración de Natalia, Julio no pudo hacer más que tomar sus manos entre las suyas y decirle.
- Natalia yo quiero que seas feliz. Y si tu felicidad está con él… adelante.
Mientras tanto Raimundo faenaba sin descanso en el cortijo de Germán. Luchaba desesperadamente por no pensar en nada que no fuera el trabajo tanto es así que Germán exclamó bromeando:
- Mi querido Raimundo, voy a terminar por nombrarte el mejor secretario del mundo.
Raimundo esbozó una tímida sonrisa ante la broma de Germán y añadió.
- Digamos que me gusta trabajar.
Al ver el semblante triste y dolorido de Raimundo, Germán dijo:
- Hijo ¿te encuentras bien?
- Sí padre no se preocupe.
- Raimundo, tengo tierras a mi cargo pero antes que nada soy sacerdote y tenemos algo que se llama secreto de confesión para esas cosas que nos turban el alma. Sé que no eres creyente pero eso no quita para que seamos amigos ¿Seguro que no quieres contarme nada?
“¿Contarle? ¡Dios mío si supiera!” Raimundo luchaba interiormente entre contarlo o no. Finalmente su alma desgastada y atormentada ganó y, como si de un niño pequeño ante su padre se tratara, dijo:
- La verdad es que necesito hablar con alguien.
- Cuéntame hijo. – dijo Germán sentándose a su lado.
- Verá padre… Dios mío no sé por dónde empezar.
- Tranquilo hijo… respira hondo y cuéntame.
- Padre… creo que usted ya conoce mi historia ¿verdad? – Germán asintió. – Sabe lo que ha significado para mí… - le costaba pronunciar su nombre – Francisca… Desde que tuve que dejarla… me siento tan perdido y descontrolado que ni siquiera me reconozco.
- Es normal hijo. Eres humano y por eso es normal que te sientas así.
- Sí pero es que… el caso es que desde que llegué Natalia y su familia se han desvivido por mí. No hay palabras para agradecerles todo lo que han hecho… por eso me siento tan… miserable después de…
- ¿De qué hijo? ¿después de qué? – preguntó Germán intrigado.
- Padre… - respiró hondo para encontrar fuerzas. No sería fácil contarlo. -… anoche Natalia y yo… yacimos juntos.
Después de esa confesión Raimundo enterró el rostro entre sus manos preso de la desesperación. Germán le pasó el brazo por los hombros para abrazarle contra su pecho. Para él, Raimundo era como un hijo y no quería verlo sufrir.
- Padre le juro que yo no quería pero… Natalia se me declaró y… me dejé llevar. Sé que no tengo justificación pero quiero que sepa que Natalia me importa… El caso es que llevo tanto tiempo cargando con mi dolor que…
- Que te rendiste al amor de Natalia. – dijo Germán en tono comprensivo. – Eso es de humanos también hijo. Todos necesitamos sentirnos amados y Natalia te quiere de verdad.
- Pero yo no puedo ofrecerle nada padre. Ni siquiera sé si podré darle todo lo que le di a Francisca. – dijo Raimundo desesperado. – Yo… no sé qué hacer...
- De momento vamos a comer que las penas con pan son menos penas… - dijo Germán. – Y después veremos lo que hacemos pero pase lo que pase Raimundo… - dijo intentando tranquilizarle. – Quiero que sepas que estoy contigo ¿de acuerdo?
Raimundo asintió a la vez que unas lágrimas se deslizaban por su rostro.
Julio caminaba al pueblo con aire apesadumbrado por haber pensado mal de Raimundo. “Realmente quiere lo mejor para Natalia”. – pensaba para sí. Cuando entró en la taberna la encontró feliz sirviendo a los parroquianos junto a su madre. Él se acercó tímidamente hasta ella y le dijo:
- Natalia espera. Quisiera hablar contigo un momento por favor.
Ella le miró compasiva y accedió a sentarse con él en una mesa del rincón.
- Natalia quería pedirte perdón. Estos días he estado actuando muy mal y lo siento mucho. Se me nublaron las entendederas y cogí un mal camino. Por eso te pido que me perdones… aunque no lo haya parecido estos días yo valoro mucho tu amistad…
Natalia le sonrió y le tomó la mano.
- Tranquilo… no hay nada que perdonar. Julio para mí siempre has sido un hermano y por eso no sabía qué decir cuando me confesaste lo que sentías. Siento no poder darte lo que anhelas pero… uno no elige de quién se enamora…
- ¿Le quieres? – preguntó Julio tímidamente.
- Con todo mi corazón. – dijo Natalia emocionada.
Ante esa declaración de Natalia, Julio no pudo hacer más que tomar sus manos entre las suyas y decirle.
- Natalia yo quiero que seas feliz. Y si tu felicidad está con él… adelante.
Mientras tanto Raimundo faenaba sin descanso en el cortijo de Germán. Luchaba desesperadamente por no pensar en nada que no fuera el trabajo tanto es así que Germán exclamó bromeando:
- Mi querido Raimundo, voy a terminar por nombrarte el mejor secretario del mundo.
Raimundo esbozó una tímida sonrisa ante la broma de Germán y añadió.
- Digamos que me gusta trabajar.
Al ver el semblante triste y dolorido de Raimundo, Germán dijo:
- Hijo ¿te encuentras bien?
- Sí padre no se preocupe.
- Raimundo, tengo tierras a mi cargo pero antes que nada soy sacerdote y tenemos algo que se llama secreto de confesión para esas cosas que nos turban el alma. Sé que no eres creyente pero eso no quita para que seamos amigos ¿Seguro que no quieres contarme nada?
“¿Contarle? ¡Dios mío si supiera!” Raimundo luchaba interiormente entre contarlo o no. Finalmente su alma desgastada y atormentada ganó y, como si de un niño pequeño ante su padre se tratara, dijo:
- La verdad es que necesito hablar con alguien.
- Cuéntame hijo. – dijo Germán sentándose a su lado.
- Verá padre… Dios mío no sé por dónde empezar.
- Tranquilo hijo… respira hondo y cuéntame.
- Padre… creo que usted ya conoce mi historia ¿verdad? – Germán asintió. – Sabe lo que ha significado para mí… - le costaba pronunciar su nombre – Francisca… Desde que tuve que dejarla… me siento tan perdido y descontrolado que ni siquiera me reconozco.
- Es normal hijo. Eres humano y por eso es normal que te sientas así.
- Sí pero es que… el caso es que desde que llegué Natalia y su familia se han desvivido por mí. No hay palabras para agradecerles todo lo que han hecho… por eso me siento tan… miserable después de…
- ¿De qué hijo? ¿después de qué? – preguntó Germán intrigado.
- Padre… - respiró hondo para encontrar fuerzas. No sería fácil contarlo. -… anoche Natalia y yo… yacimos juntos.
Después de esa confesión Raimundo enterró el rostro entre sus manos preso de la desesperación. Germán le pasó el brazo por los hombros para abrazarle contra su pecho. Para él, Raimundo era como un hijo y no quería verlo sufrir.
- Padre le juro que yo no quería pero… Natalia se me declaró y… me dejé llevar. Sé que no tengo justificación pero quiero que sepa que Natalia me importa… El caso es que llevo tanto tiempo cargando con mi dolor que…
- Que te rendiste al amor de Natalia. – dijo Germán en tono comprensivo. – Eso es de humanos también hijo. Todos necesitamos sentirnos amados y Natalia te quiere de verdad.
- Pero yo no puedo ofrecerle nada padre. Ni siquiera sé si podré darle todo lo que le di a Francisca. – dijo Raimundo desesperado. – Yo… no sé qué hacer...
- De momento vamos a comer que las penas con pan son menos penas… - dijo Germán. – Y después veremos lo que hacemos pero pase lo que pase Raimundo… - dijo intentando tranquilizarle. – Quiero que sepas que estoy contigo ¿de acuerdo?
Raimundo asintió a la vez que unas lágrimas se deslizaban por su rostro.
#69
29/04/2012 19:39
CAPÍTULO XLIII NO DEBIÓ HABER PASADO
Raimundo caminaba apesadumbrado a la taberna mientras pensaba en lo que le diría a Natalia en cuanto la viera. Estaba apesadumbrado por haberle robado la primera vez a una persona solamente por sentir el amor de alguien. Al fin y al cabo había pasado demasiado tiempo entre personas que le tomaban como un asqueroso borracho sin fuerza para nada, sentir que alguien le quería y que creía en él suponía una bocanada de aire en su vida. Sentía que valía para algo más que para beber.
Encontró a Natalia limpiando la barra mientras que su madre estaba preparando la cena. Álvaro no estaba en ese momento. Cuando Natalia vio entrar a Raimundo le dedicó una amplia y tierna sonrisa. Raimundo se derritió en ese momento. Desde que Francisca se casó nunca pensó que alguien le dedicaría esa sonrisa alguna vez. De pronto algo en su conciencia le hizo volver a la realidad: tenían que hablar sobre lo ocurrido la noche anterior.
Natalia se acercó a él y le besó tiernamente en los labios. Raimundo la abrazó por la cintura a la vez que se dejaba llevar. No podía evitarlo. Natalia era su oasis en mitad de su desierto personal y él estaba muerto de sed. Natalia se había convertido en la única capaz de calmar su dolor.
- Hola. – le susurró Natalia a un milímetro de sus labios. – Te he echado de menos.
¡Dios santo! ¿Cuándo fue la última vez que alguien le dijo eso? ¿Le quedaba alguien en el mundo que le echaba de menos? Su mente fue a parar irremediablemente en Francisca pero eso le hizo mucho daño. No, ella ya no le echaba de menos. Unas lágrimas de dolor se deslizaron por las mejillas de Raimundo que Natalia se apresuró por enjugar con sus dedos mientras le acariciaba el rostro.
Raimundo no sabía qué hacer. Por un lado lo de la otra noche no debió haber pasado pero por otro lado no tenía fuerzas para renunciar a Natalia. Esos ojos azules y su pelo le habían hipnotizado y con cada beso volvía algo de paz a su marchito corazón. Al borde del llanto abrazó a Natalia con fuerza. No podía renunciar a Natalia.
- ¡Ey! – le dijo Natalia con voz dulce cuando Raimundo le abrazó. - ¿Qué ocurre?
- Nada… - le dijo finalmente Raimundo esbozando una sonrisa. – nada que… he estado pensando en lo que pasó anoche y…
- ¿Y? – preguntó Natalia algo inquieta.
- Natalia yo… no quise aprovecharme de ti… yo… no quiero que pienses que… que soy de esa clase de hombre…
Natalia le dedicó una sonrisa y le dijo.
- Lo sé… no te preocupes… sé que tú no eres así… - dijo Natalia colgándose del cuello de Raimundo.
- Natalia… - le dijo mientras le acariciaba el rostro. - ¿Por qué eres tan comprensiva conmigo? ¿Qué dirán tus padres si descubren que… que tú y yo…?
- Eso ya se verá… Raimundo… te quiero. Eso es lo único que les va a importar.
- No Natalia sabes que no es así. Creerán que les he traicionado y que me he aprovechado de ti y en el fondo así ha sido… - dijo Raimundo triste y apartándose de ella. Después, ante la mirada sorprendida de Natalia, le tomó las manos, las besó y prosiguió. – Natalia… eres mi oasis en medio de mi desierto. Nadie desde que tuve que dejar a… - le costaba todavía decir su nombre. – a Francisca me había mostrado tanto amor y comprensión… Tú llegaste y me lo ofreciste y… me dejé llevar. Y eso no está bien…
Esta vez las lágrimas aparecieron en el rostro de Natalia. Raimundo enjugó su rostro acariciando su mejilla y dijo:
- Natalia… yo no puedo ofrecerte nada… Tú sientes algo por mí que no puedo corresponder y además no tengo ni casa ni nada… No puedo darte lo que anhelas… Lo de anoche fue hermoso pero no debió haber pasado… Lo siento…
María salió en ese momento antes de que Natalia replicara.
- ¡Raimundo! La cena está casi lista.
- No se preocupe yo… no tengo hambre. En el cortijo hemos tenido mucho trabajo y estoy rendido. Me voy a acostar.
- ¿Estás seguro? La sopa de ajo me ha salido buenísima.
- Seguro que sí pero ya la probaré mañana. Buenas noches. – se despidió Raimundo
- Buenas noches Raimundo.
Natalia se enjugó las lágrimas como pudo y, con el corazón roto, fue a ayudar a su madre.
Raimundo caminaba apesadumbrado a la taberna mientras pensaba en lo que le diría a Natalia en cuanto la viera. Estaba apesadumbrado por haberle robado la primera vez a una persona solamente por sentir el amor de alguien. Al fin y al cabo había pasado demasiado tiempo entre personas que le tomaban como un asqueroso borracho sin fuerza para nada, sentir que alguien le quería y que creía en él suponía una bocanada de aire en su vida. Sentía que valía para algo más que para beber.
Encontró a Natalia limpiando la barra mientras que su madre estaba preparando la cena. Álvaro no estaba en ese momento. Cuando Natalia vio entrar a Raimundo le dedicó una amplia y tierna sonrisa. Raimundo se derritió en ese momento. Desde que Francisca se casó nunca pensó que alguien le dedicaría esa sonrisa alguna vez. De pronto algo en su conciencia le hizo volver a la realidad: tenían que hablar sobre lo ocurrido la noche anterior.
Natalia se acercó a él y le besó tiernamente en los labios. Raimundo la abrazó por la cintura a la vez que se dejaba llevar. No podía evitarlo. Natalia era su oasis en mitad de su desierto personal y él estaba muerto de sed. Natalia se había convertido en la única capaz de calmar su dolor.
- Hola. – le susurró Natalia a un milímetro de sus labios. – Te he echado de menos.
¡Dios santo! ¿Cuándo fue la última vez que alguien le dijo eso? ¿Le quedaba alguien en el mundo que le echaba de menos? Su mente fue a parar irremediablemente en Francisca pero eso le hizo mucho daño. No, ella ya no le echaba de menos. Unas lágrimas de dolor se deslizaron por las mejillas de Raimundo que Natalia se apresuró por enjugar con sus dedos mientras le acariciaba el rostro.
Raimundo no sabía qué hacer. Por un lado lo de la otra noche no debió haber pasado pero por otro lado no tenía fuerzas para renunciar a Natalia. Esos ojos azules y su pelo le habían hipnotizado y con cada beso volvía algo de paz a su marchito corazón. Al borde del llanto abrazó a Natalia con fuerza. No podía renunciar a Natalia.
- ¡Ey! – le dijo Natalia con voz dulce cuando Raimundo le abrazó. - ¿Qué ocurre?
- Nada… - le dijo finalmente Raimundo esbozando una sonrisa. – nada que… he estado pensando en lo que pasó anoche y…
- ¿Y? – preguntó Natalia algo inquieta.
- Natalia yo… no quise aprovecharme de ti… yo… no quiero que pienses que… que soy de esa clase de hombre…
Natalia le dedicó una sonrisa y le dijo.
- Lo sé… no te preocupes… sé que tú no eres así… - dijo Natalia colgándose del cuello de Raimundo.
- Natalia… - le dijo mientras le acariciaba el rostro. - ¿Por qué eres tan comprensiva conmigo? ¿Qué dirán tus padres si descubren que… que tú y yo…?
- Eso ya se verá… Raimundo… te quiero. Eso es lo único que les va a importar.
- No Natalia sabes que no es así. Creerán que les he traicionado y que me he aprovechado de ti y en el fondo así ha sido… - dijo Raimundo triste y apartándose de ella. Después, ante la mirada sorprendida de Natalia, le tomó las manos, las besó y prosiguió. – Natalia… eres mi oasis en medio de mi desierto. Nadie desde que tuve que dejar a… - le costaba todavía decir su nombre. – a Francisca me había mostrado tanto amor y comprensión… Tú llegaste y me lo ofreciste y… me dejé llevar. Y eso no está bien…
Esta vez las lágrimas aparecieron en el rostro de Natalia. Raimundo enjugó su rostro acariciando su mejilla y dijo:
- Natalia… yo no puedo ofrecerte nada… Tú sientes algo por mí que no puedo corresponder y además no tengo ni casa ni nada… No puedo darte lo que anhelas… Lo de anoche fue hermoso pero no debió haber pasado… Lo siento…
María salió en ese momento antes de que Natalia replicara.
- ¡Raimundo! La cena está casi lista.
- No se preocupe yo… no tengo hambre. En el cortijo hemos tenido mucho trabajo y estoy rendido. Me voy a acostar.
- ¿Estás seguro? La sopa de ajo me ha salido buenísima.
- Seguro que sí pero ya la probaré mañana. Buenas noches. – se despidió Raimundo
- Buenas noches Raimundo.
Natalia se enjugó las lágrimas como pudo y, con el corazón roto, fue a ayudar a su madre.
#70
16/06/2012 20:39
CAPÍTULO XLIV EMBARAZADA
Los días transcurrieron con cierta oscuridad. Natalia luchaba por no derrumbarse interiormente ni físicamente ya que empezaba a tener cierto malestar: mareos y alguna que otra náusea. Quiso ocultarlo ante su madre diciendo que era alguna enfermedad y teniendo en cuenta las palabras de Raimundo pero un día tuvo que ir al médico para que le dijera qué le pasaba con total seguridad. Finalmente lo confirmó: embarazada.
Por un lado estaba feliz pero por otro la relación con Raimundo no atravesaba su mejor momento. Raimundo se había apartado de ella y vivía en otra casa. Lo peor de todo era que seguía bebiendo y que apenas dejaba que Natalia se le acercara. Por otro lado Julio se preocupaba muchísimo por ella pero su corazón no dejaba de latir por Raimundo.
Al conocer la noticia fue caminando apesadumbrada a la taberna. Iba a tener ese hijo por encima de cualquier circunstancia ya que era el hijo de la persona a la que amaba. Pero de momento tenía que ser un secreto para la gente… salvo para su familia. Pensó en cómo se lo diría y las piernas le temblaron. Su padre seguro que exigirá a Raimundo que cumpla con su responsabilidad y ella no quería eso. No quería que Raimundo estuviera con ella por obligación. Primeramente hablaría con su confidente, aquella persona en la que sabía que podía confiar cualquier cosa y que le daría un buen consejo sin lugar a dudas: Germán.
…
Después de comer lo poco que su estómago le dejó fue hasta el cortijo. Tendría que hablar con Germán. Una criada le informó de que estaba en los campos y que mandaría que alguien le avisara mientras que Natalia esperaba en el salón.
Pero Natalia no esperó sino que fue hasta la mesa de Raimundo. Solamente estar cerca de ella le produjo una punzada de dolor. Le quería. Le quería muchísimo y no podía hacer nada por él. Cada día oía noticias de cómo se hundía en el alcohol e incluso unos pastores habían comentado en la taberna que no dejaba de repetir “Lo siento”.
En la silla vio una de las chaquetas de Raimundo y no pudo evitar acercarse a acariciarla mientras que unas lágrimas surcaban su rostro. Después de unos minutos oyó unos pasos: era Germán.
- Natalia cariño ¡qué agradable sorp…! – se interrumpió al darse cuenta del semblante triste de Natalia. - ¿Qué ocurre?
- ¿Puedo hablar contigo por favor? – preguntó Natalia casi suplicando.
- Por supuesto Natalia, siéntate. – dijo Germán enseguida indicándole a Natalia el sofá.
- Es que no sé por dónde empezar. – dijo Natalia con cierta angustia.
- No te preocupes. Creo que me puedo imaginar por qué estás así.
- ¿Ah sí? – preguntó Natalia extrañada.
- Es por Raimundo ¿verdad?
Natalia asintió a la vez que las lágrimas volvían a su rostro.
- Yo también estoy preocupado por él. – admitió Germán. – Es un buen chico y le aprecio de verdad. Y sé que tú también le quieres.
- Con todo mi corazón. Pero no puedo hacer nada por él padre. Se hunde delante de mí y no sé qué hacer. ¡¿Por qué esa persona que decía quererle no se preocupa por él?! ¡¿Tan poco le importa lo que le pase?!
- Te entiendo hija. – dijo Germán tomando las manos de Natalia entre las suyas. – Pero no puedes ayudar a quien no quiere ser ayudado.
- De eso quería hablarle padre. De algo que podría ayudarle aunque también podría crearle otro cargo de conciencia.
- ¿De qué se trata? – preguntó Germán extrañado aunque al ver la cara de vergüenza y temor que le dirigía Natalia enseguida creyó comprenderlo. – Déjame adivinar… ¿estás embarazada? – Natalia le miró sorprendida y por eso añadió. – Raimundo me contó lo que ocurrió y tranquila que no lo sabe nadie más. Me contó la lucha que había en su interior por aquello.
- ¿Lucha? ¿Por qué?
- Porque siente que está cometiendo el mismo error dos veces. Le importas mucho aunque no lo parezca y se sentía mal por haberte robado tu primera vez solo por necesidad de sentir cariño. Quería que esa primera vez fuera de otra manera así que se siente un ladrón, un miserable por haberte hecho esto.
- En realidad fui yo la que le empujó a hacerlo. Pensé que con mi amor y cuidándole podría darle algo de paz. Supongo que la inconsciente ahí fui yo.
- En cualquier caso de nada sirve lamentarse Natalia. Lo que hiciste fue por amor… el más noble de los motivos. – dijo Germán con una sonrisa.
- ¿Qué debería hacer? – preguntó Natalia. – Sé que debería contárselo a mi familia pero obligarían a Raimundo a casarse conmigo y no quiero que le obliguen. Al fin y al cabo fue mi imprudencia lo que me ha llevado a esta situación.
- ¿Quieres mi consejo? Cuéntaselo a Raimundo primero. Él es el primero que debe saber de la existencia de su hijo y además le importas y mucho. Un hijo puede que sea la razón que necesite para seguir adelante.
- ¿Sabe dónde está?
- Aquí estoy padre. – dijo una voz detrás de ellos.
Los días transcurrieron con cierta oscuridad. Natalia luchaba por no derrumbarse interiormente ni físicamente ya que empezaba a tener cierto malestar: mareos y alguna que otra náusea. Quiso ocultarlo ante su madre diciendo que era alguna enfermedad y teniendo en cuenta las palabras de Raimundo pero un día tuvo que ir al médico para que le dijera qué le pasaba con total seguridad. Finalmente lo confirmó: embarazada.
Por un lado estaba feliz pero por otro la relación con Raimundo no atravesaba su mejor momento. Raimundo se había apartado de ella y vivía en otra casa. Lo peor de todo era que seguía bebiendo y que apenas dejaba que Natalia se le acercara. Por otro lado Julio se preocupaba muchísimo por ella pero su corazón no dejaba de latir por Raimundo.
Al conocer la noticia fue caminando apesadumbrada a la taberna. Iba a tener ese hijo por encima de cualquier circunstancia ya que era el hijo de la persona a la que amaba. Pero de momento tenía que ser un secreto para la gente… salvo para su familia. Pensó en cómo se lo diría y las piernas le temblaron. Su padre seguro que exigirá a Raimundo que cumpla con su responsabilidad y ella no quería eso. No quería que Raimundo estuviera con ella por obligación. Primeramente hablaría con su confidente, aquella persona en la que sabía que podía confiar cualquier cosa y que le daría un buen consejo sin lugar a dudas: Germán.
…
Después de comer lo poco que su estómago le dejó fue hasta el cortijo. Tendría que hablar con Germán. Una criada le informó de que estaba en los campos y que mandaría que alguien le avisara mientras que Natalia esperaba en el salón.
Pero Natalia no esperó sino que fue hasta la mesa de Raimundo. Solamente estar cerca de ella le produjo una punzada de dolor. Le quería. Le quería muchísimo y no podía hacer nada por él. Cada día oía noticias de cómo se hundía en el alcohol e incluso unos pastores habían comentado en la taberna que no dejaba de repetir “Lo siento”.
En la silla vio una de las chaquetas de Raimundo y no pudo evitar acercarse a acariciarla mientras que unas lágrimas surcaban su rostro. Después de unos minutos oyó unos pasos: era Germán.
- Natalia cariño ¡qué agradable sorp…! – se interrumpió al darse cuenta del semblante triste de Natalia. - ¿Qué ocurre?
- ¿Puedo hablar contigo por favor? – preguntó Natalia casi suplicando.
- Por supuesto Natalia, siéntate. – dijo Germán enseguida indicándole a Natalia el sofá.
- Es que no sé por dónde empezar. – dijo Natalia con cierta angustia.
- No te preocupes. Creo que me puedo imaginar por qué estás así.
- ¿Ah sí? – preguntó Natalia extrañada.
- Es por Raimundo ¿verdad?
Natalia asintió a la vez que las lágrimas volvían a su rostro.
- Yo también estoy preocupado por él. – admitió Germán. – Es un buen chico y le aprecio de verdad. Y sé que tú también le quieres.
- Con todo mi corazón. Pero no puedo hacer nada por él padre. Se hunde delante de mí y no sé qué hacer. ¡¿Por qué esa persona que decía quererle no se preocupa por él?! ¡¿Tan poco le importa lo que le pase?!
- Te entiendo hija. – dijo Germán tomando las manos de Natalia entre las suyas. – Pero no puedes ayudar a quien no quiere ser ayudado.
- De eso quería hablarle padre. De algo que podría ayudarle aunque también podría crearle otro cargo de conciencia.
- ¿De qué se trata? – preguntó Germán extrañado aunque al ver la cara de vergüenza y temor que le dirigía Natalia enseguida creyó comprenderlo. – Déjame adivinar… ¿estás embarazada? – Natalia le miró sorprendida y por eso añadió. – Raimundo me contó lo que ocurrió y tranquila que no lo sabe nadie más. Me contó la lucha que había en su interior por aquello.
- ¿Lucha? ¿Por qué?
- Porque siente que está cometiendo el mismo error dos veces. Le importas mucho aunque no lo parezca y se sentía mal por haberte robado tu primera vez solo por necesidad de sentir cariño. Quería que esa primera vez fuera de otra manera así que se siente un ladrón, un miserable por haberte hecho esto.
- En realidad fui yo la que le empujó a hacerlo. Pensé que con mi amor y cuidándole podría darle algo de paz. Supongo que la inconsciente ahí fui yo.
- En cualquier caso de nada sirve lamentarse Natalia. Lo que hiciste fue por amor… el más noble de los motivos. – dijo Germán con una sonrisa.
- ¿Qué debería hacer? – preguntó Natalia. – Sé que debería contárselo a mi familia pero obligarían a Raimundo a casarse conmigo y no quiero que le obliguen. Al fin y al cabo fue mi imprudencia lo que me ha llevado a esta situación.
- ¿Quieres mi consejo? Cuéntaselo a Raimundo primero. Él es el primero que debe saber de la existencia de su hijo y además le importas y mucho. Un hijo puede que sea la razón que necesite para seguir adelante.
- ¿Sabe dónde está?
- Aquí estoy padre. – dijo una voz detrás de ellos.
#71
16/06/2012 20:44
Se levantaron sobresaltados y vieron a Raimundo Ulloa con lágrimas en los ojos mirando a Natalia con una sonrisa.
- Os dejaré a solas. – dijo Germán viendo que sobraba.
Raimundo no sabía qué decir. Natalia le miraba un tanto avergonzada.
- Natalia yo… no sé qué decir. – dijo Raimundo acercándose a ella y tomando las manos de ella entre las suyas. – Antes hubiera sabido qué palabras emplear pero ahora que no soy ni la sombra de lo que fui… no sé qué hacer. Sé que no tengo excusa pero no quería que perdieras tu tiempo con un muerto de hambre como yo.
- Raimundo… Yo no pido un superhéroe ni nadie que me compre la luna. Yo sólo busco a alguien con quien envejecer, alguien a quien amar y a quien poder abrazar cuando la vida golpea. Y mi corazón te eligió a ti.
Raimundo le acarició el rostro con ternura. Natalia era realmente hermosa. La quería de verdad. No con la fuerza con la que quería a Francisca pero sí se había ganado su cariño. Besó las manos de Natalia con dulzura.
- Natalia… quiero que sepas que me importas de verdad. Nunca quise hacerte daño. Si me alejé de ti fue para que las gentes del pueblo no la tomaran contigo.
- ¿Puedo preguntarte algo? Y necesito que me contestes sinceramente.
- Dime.
- ¿Qué significó aquella noche para ti?
- Significó mucho para mí. Me hizo creer de nuevo en que había algo bueno en mí y que no era un simple mentiroso malnacido. Me llenó de paz y de esperanza para el futuro. Fue como… volver a respirar.
Natalia sintió que una burbuja de felicidad estallaba en su pecho tras esas palabras.
- Y por eso quiero… - añadió Raimundo sonriendo y tocando el vientre de Natalia. - … ocuparme de los dos y demostrarles a todos esos que no me dieron una oportunidad que soy algo más que un borracho… si todavía me aceptas. - Natalia soltó una risa de felicidad ante esas palabras y puso una mano en su boca para ahogarla al ver que Raimundo hincaba una rodilla en el suelo y con una mirada llena de cariño dijo. – Natalia ¿quieres casarte conmigo?
- Sí quiero cariño. – dijo Natalia con la voz rota por la emoción.
Finalmente los dos se fundieron en un abrazo y Raimundo la acompañó a casa.
- Os dejaré a solas. – dijo Germán viendo que sobraba.
Raimundo no sabía qué decir. Natalia le miraba un tanto avergonzada.
- Natalia yo… no sé qué decir. – dijo Raimundo acercándose a ella y tomando las manos de ella entre las suyas. – Antes hubiera sabido qué palabras emplear pero ahora que no soy ni la sombra de lo que fui… no sé qué hacer. Sé que no tengo excusa pero no quería que perdieras tu tiempo con un muerto de hambre como yo.
- Raimundo… Yo no pido un superhéroe ni nadie que me compre la luna. Yo sólo busco a alguien con quien envejecer, alguien a quien amar y a quien poder abrazar cuando la vida golpea. Y mi corazón te eligió a ti.
Raimundo le acarició el rostro con ternura. Natalia era realmente hermosa. La quería de verdad. No con la fuerza con la que quería a Francisca pero sí se había ganado su cariño. Besó las manos de Natalia con dulzura.
- Natalia… quiero que sepas que me importas de verdad. Nunca quise hacerte daño. Si me alejé de ti fue para que las gentes del pueblo no la tomaran contigo.
- ¿Puedo preguntarte algo? Y necesito que me contestes sinceramente.
- Dime.
- ¿Qué significó aquella noche para ti?
- Significó mucho para mí. Me hizo creer de nuevo en que había algo bueno en mí y que no era un simple mentiroso malnacido. Me llenó de paz y de esperanza para el futuro. Fue como… volver a respirar.
Natalia sintió que una burbuja de felicidad estallaba en su pecho tras esas palabras.
- Y por eso quiero… - añadió Raimundo sonriendo y tocando el vientre de Natalia. - … ocuparme de los dos y demostrarles a todos esos que no me dieron una oportunidad que soy algo más que un borracho… si todavía me aceptas. - Natalia soltó una risa de felicidad ante esas palabras y puso una mano en su boca para ahogarla al ver que Raimundo hincaba una rodilla en el suelo y con una mirada llena de cariño dijo. – Natalia ¿quieres casarte conmigo?
- Sí quiero cariño. – dijo Natalia con la voz rota por la emoción.
Finalmente los dos se fundieron en un abrazo y Raimundo la acompañó a casa.
#72
16/06/2012 20:47
CAPÍTLO XLV GERMÁN VS VICTOR
Al caer la noche Germán esperaba inquieto a la llegada de Víctor. Éste llegó con ropa elegante y con una profunda sonrisa en los labios.
- Mi querido páter… ¿le he hecho esperar demasiado? – dijo Víctor con ironía.
- No me vengas con esas ¿quieres?
- Vaaaamos tranquilícese hombre… ¿una copa? – dijo Víctor señalando el mueble bar y sirviéndose una después.
- No gracias. Lo que tengo que decirte es rápido y simple.
- Sí, tan simple como decir “Aquí tiene su dinero”. Yo lo cojo y me voy.
- No voy a darte el dinero Víctor.
Víctor le miró perplejo.
- ¿Cómo?
- Ya lo has oído. No voy a ceder más a tus chantajes. No pienso seguir pagándote.
- ¿Tengo que recordarle el secretito que guardamos entre ambos?
- No… - dijo Germán que sintió un temblor por su espalda al recordar la muerte de Adolfo. – No tienes que hacerlo. De hecho me gustará ver cómo consigues demostrar lo que hice ya que los que participaron son ahora propietarios. Saben perfectamente que si hablan irán a la cárcel así que dudo mucho que te sigan teniendo familias que alimentar.
Víctor le escuchaba apretando los puños con rabia.
- No le conviene tenerme como enemigo páter… se lo aseguro. – dijo Víctor en tono amenazante.
- No tienes nada contra mí. Así que lárgate de mi casa antes de que te eche a patadas. – sentenció Germán.
- Me las vas a pagar páter. Juro que me las vas a pagar. – amenazó Víctor que estrelló el vaso en el suelo y se fue.
…
Por la mañana Víctor y sus hombres se disponían a tomar el cortijo por la fuerza. Armados y envalentonados entraron por la puerta de servicio y después se dividieron: un grupo se quedó en el vestíbulo mientras que Víctor iba al dormitorio de Germán. En cuanto la abrió de una patada Germán se despertó sobresaltado. Víctor le apuntó con un arma y susurró con una sonrisa maléfica:
- Es el día del juicio querido amigo.
- Víctor
- ¡Levántate y calla!
Germán obedeció sin pensar en lo que el día iba a depararle.
Al caer la noche Germán esperaba inquieto a la llegada de Víctor. Éste llegó con ropa elegante y con una profunda sonrisa en los labios.
- Mi querido páter… ¿le he hecho esperar demasiado? – dijo Víctor con ironía.
- No me vengas con esas ¿quieres?
- Vaaaamos tranquilícese hombre… ¿una copa? – dijo Víctor señalando el mueble bar y sirviéndose una después.
- No gracias. Lo que tengo que decirte es rápido y simple.
- Sí, tan simple como decir “Aquí tiene su dinero”. Yo lo cojo y me voy.
- No voy a darte el dinero Víctor.
Víctor le miró perplejo.
- ¿Cómo?
- Ya lo has oído. No voy a ceder más a tus chantajes. No pienso seguir pagándote.
- ¿Tengo que recordarle el secretito que guardamos entre ambos?
- No… - dijo Germán que sintió un temblor por su espalda al recordar la muerte de Adolfo. – No tienes que hacerlo. De hecho me gustará ver cómo consigues demostrar lo que hice ya que los que participaron son ahora propietarios. Saben perfectamente que si hablan irán a la cárcel así que dudo mucho que te sigan teniendo familias que alimentar.
Víctor le escuchaba apretando los puños con rabia.
- No le conviene tenerme como enemigo páter… se lo aseguro. – dijo Víctor en tono amenazante.
- No tienes nada contra mí. Así que lárgate de mi casa antes de que te eche a patadas. – sentenció Germán.
- Me las vas a pagar páter. Juro que me las vas a pagar. – amenazó Víctor que estrelló el vaso en el suelo y se fue.
…
Por la mañana Víctor y sus hombres se disponían a tomar el cortijo por la fuerza. Armados y envalentonados entraron por la puerta de servicio y después se dividieron: un grupo se quedó en el vestíbulo mientras que Víctor iba al dormitorio de Germán. En cuanto la abrió de una patada Germán se despertó sobresaltado. Víctor le apuntó con un arma y susurró con una sonrisa maléfica:
- Es el día del juicio querido amigo.
- Víctor
- ¡Levántate y calla!
Germán obedeció sin pensar en lo que el día iba a depararle.
#73
16/06/2012 20:48
CAPÍTLO XLV GERMÁN VS VICTOR
Al caer la noche Germán esperaba inquieto a la llegada de Víctor. Éste llegó con ropa elegante y con una profunda sonrisa en los labios.
- Mi querido páter… ¿le he hecho esperar demasiado? – dijo Víctor con ironía.
- No me vengas con esas ¿quieres?
- Vaaaamos tranquilícese hombre… ¿una copa? – dijo Víctor señalando el mueble bar y sirviéndose una después.
- No gracias. Lo que tengo que decirte es rápido y simple.
- Sí, tan simple como decir “Aquí tiene su dinero”. Yo lo cojo y me voy.
- No voy a darte el dinero Víctor.
Víctor le miró perplejo.
- ¿Cómo?
- Ya lo has oído. No voy a ceder más a tus chantajes. No pienso seguir pagándote.
- ¿Tengo que recordarle el secretito que guardamos entre ambos?
- No… - dijo Germán que sintió un temblor por su espalda al recordar la muerte de Adolfo. – No tienes que hacerlo. De hecho me gustará ver cómo consigues demostrar lo que hice ya que los que participaron son ahora propietarios. Saben perfectamente que si hablan irán a la cárcel así que dudo mucho que te sigan teniendo familias que alimentar.
Víctor le escuchaba apretando los puños con rabia.
- No le conviene tenerme como enemigo páter… se lo aseguro. – dijo Víctor en tono amenazante.
- No tienes nada contra mí. Así que lárgate de mi casa antes de que te eche a patadas. – sentenció Germán.
- Me las vas a pagar páter. Juro que me las vas a pagar. – amenazó Víctor que estrelló el vaso en el suelo y se fue.
…
Por la mañana Víctor y sus hombres se disponían a tomar el cortijo por la fuerza. Armados y envalentonados entraron por la puerta de servicio y después se dividieron: un grupo se quedó en el vestíbulo mientras que Víctor iba al dormitorio de Germán. En cuanto la abrió de una patada Germán se despertó sobresaltado. Víctor le apuntó con un arma y susurró con una sonrisa maléfica:
- Es el día del juicio querido amigo.
- Víctor...
- ¡Levántate y calla!
Germán obedeció sin pensar en lo que el día iba a depararle.
Al caer la noche Germán esperaba inquieto a la llegada de Víctor. Éste llegó con ropa elegante y con una profunda sonrisa en los labios.
- Mi querido páter… ¿le he hecho esperar demasiado? – dijo Víctor con ironía.
- No me vengas con esas ¿quieres?
- Vaaaamos tranquilícese hombre… ¿una copa? – dijo Víctor señalando el mueble bar y sirviéndose una después.
- No gracias. Lo que tengo que decirte es rápido y simple.
- Sí, tan simple como decir “Aquí tiene su dinero”. Yo lo cojo y me voy.
- No voy a darte el dinero Víctor.
Víctor le miró perplejo.
- ¿Cómo?
- Ya lo has oído. No voy a ceder más a tus chantajes. No pienso seguir pagándote.
- ¿Tengo que recordarle el secretito que guardamos entre ambos?
- No… - dijo Germán que sintió un temblor por su espalda al recordar la muerte de Adolfo. – No tienes que hacerlo. De hecho me gustará ver cómo consigues demostrar lo que hice ya que los que participaron son ahora propietarios. Saben perfectamente que si hablan irán a la cárcel así que dudo mucho que te sigan teniendo familias que alimentar.
Víctor le escuchaba apretando los puños con rabia.
- No le conviene tenerme como enemigo páter… se lo aseguro. – dijo Víctor en tono amenazante.
- No tienes nada contra mí. Así que lárgate de mi casa antes de que te eche a patadas. – sentenció Germán.
- Me las vas a pagar páter. Juro que me las vas a pagar. – amenazó Víctor que estrelló el vaso en el suelo y se fue.
…
Por la mañana Víctor y sus hombres se disponían a tomar el cortijo por la fuerza. Armados y envalentonados entraron por la puerta de servicio y después se dividieron: un grupo se quedó en el vestíbulo mientras que Víctor iba al dormitorio de Germán. En cuanto la abrió de una patada Germán se despertó sobresaltado. Víctor le apuntó con un arma y susurró con una sonrisa maléfica:
- Es el día del juicio querido amigo.
- Víctor...
- ¡Levántate y calla!
Germán obedeció sin pensar en lo que el día iba a depararle.
#74
27/07/2012 14:04
CAPÍTULO XLVI SECUESTRO
Natalia fue al cortijo a hablar con Raimundo. Tras acompañarle a casa quedaron en dar la noticia hoy pero no le había visto en su casa. Al llegar a la puerta notó que la criada la miraba de forma extraña.
- ¿Qué hace aquí señorita? ¡Váyase! – dijo la criada susurrando.
- Rosa, necesito hablar urgentemente con Raimundo por favor.
- ¿Quién es? ¡Ah! Nuestra querida vecina Natalia. Pasa, pasa. – dijo una voz a lo lejos. Rosa abrió la puerta del todo y Natalia pudo ver que se trataba de Víctor.
- ¿Vengo en mal momento?
- En absoluto Natalia. De hecho me vienes de perlas.
- ¿Por qué?
- Porque gracias a ti voy a conseguir tooooooooooooodo lo que quiera. – dijo Víctor inmovilizando a Natalia a la vez que ponía la navaja en su garganta. – Bueno… - añadió pasando una mano por su cintura. – Lo que quiera y algo más… no sabes las ganas que tengo de probarte…
- ¡Suéltame cerdo!
- Quieta gatita quieta. Que de aquí no nos movemos hasta que la gente sepa quién es verdaderamente san Germán. – dijo Víctor con desprecio.
- ¡¿Qué pretendes con esto Víctor?! Si me arruino no tendrás a nadie a quien chantajear ¿de qué ibas a vivir? – intentó defenderse Germán. – Además, la Guardia Civil no te dejará salir de aquí.
- Para eso tengo a esta preciosidad pater. No se preocupe por mí. Soy un hombre de recursos. Más bien preocúpese por usted. – dijo Víctor estampándole la culata de la pistola en la mejilla. Germán cayó dolorido. – Enciérrales a los dos en el despacho y vigílales. – dijo a uno de sus hombres. – Y tú Rosa avisa a la guardia civil. La fiesta va a empezar.
Mientras tanto Raimundo se despertaba lentamente. Anoche, tras dormirse todos, no pudo evitar volver a beber. Iba a tener un hijo con Natalia. Su inconsciencia le había costado una vida que nunca deseó: tener un hijo con una mujer que no fuera Francisca. ¡Qué amargo destino le había tocado vivir! Francisca soportando las palizas de Salvador y él hundido en el alcohol y lejos de ella. ¡Qué lejano parecía ahora aquel tiempo en que se amaron y se juraron amor eterno! ¡Qué pecado habían cometido para que la vida les pagara de aquella forma! Esa noche volvió con más intensidad su infierno de cada noche. No podía dejar de pensar que existía un camino que él no veía, un camino que le volvería a llevar a Francisca y que arreglaría su situación. Pero cada vez que lo pensaba la angustia y la impotencia aumentaban de intensidad al no poder verlo. Cada día ese “Hice lo que debía para no hacerle daño” le consolaba menos así que lo cambió por “Natalia es una buena mujer. Aprenderé a quererla y seré feliz” Tendría que aferrarse a eso si quería olvidar a Francisca y seguir adelante pero ¿cómo se puede olvidar al amor verdadero?
Esa mañana se había despertado con un fuerte dolor de cabeza. Además de haber dormido poco bebió demasiado. Se levantó y se duchó con agua fría para ver si espabilaba. Después de haber desayunado se encontraba algo mejor. Definitivamente los desayunos de María tenían propiedades reconstituyentes.
- ¿Cómo te encuentras Raimundo? – dijo María.
- Vivo… que no es poco. Gracias por el desayuno María. Me voy que llego tarde.
- De nada Raimundo. Toma anda, para el dolor de cabeza. – dijo María tendiéndole unas pastillas. Raimundo la miró apesadumbrado.
- María yo…
- Tranquilo Raimundo. Lo único que te pido es que no le hagas daño.
- Es lo último que querría hacer se lo prometo. Natalia me importa aunque a veces… no lo parezca. – dijo Raimundo apenado por ello. Después de tantas veces en las que le había salvado no había conseguido amarla.
- Lo sé. Apóyate en ella Raimundo. No tengas miedo de hacerlo y saldrás adelante. – dijo María cogiéndole una mano.
De pronto unos guardias civiles entraron en la taberna.
- ¿Es usted María la madre de Natalia?
- Sí, soy yo. ¿Qué ocurre?
- Verá, tenemos malas noticias. Víctor está en el cortijo de Germán y ha retenido a todos sus ocupantes entre los cuales está Germán… y su hija.
- ¡¿Qué?! ¡Dios mío! – dijo María llevándose las manos a la boca.
Víctor era peligroso y estaba armado. Natalia estaba en peligro de muerte.
Natalia fue al cortijo a hablar con Raimundo. Tras acompañarle a casa quedaron en dar la noticia hoy pero no le había visto en su casa. Al llegar a la puerta notó que la criada la miraba de forma extraña.
- ¿Qué hace aquí señorita? ¡Váyase! – dijo la criada susurrando.
- Rosa, necesito hablar urgentemente con Raimundo por favor.
- ¿Quién es? ¡Ah! Nuestra querida vecina Natalia. Pasa, pasa. – dijo una voz a lo lejos. Rosa abrió la puerta del todo y Natalia pudo ver que se trataba de Víctor.
- ¿Vengo en mal momento?
- En absoluto Natalia. De hecho me vienes de perlas.
- ¿Por qué?
- Porque gracias a ti voy a conseguir tooooooooooooodo lo que quiera. – dijo Víctor inmovilizando a Natalia a la vez que ponía la navaja en su garganta. – Bueno… - añadió pasando una mano por su cintura. – Lo que quiera y algo más… no sabes las ganas que tengo de probarte…
- ¡Suéltame cerdo!
- Quieta gatita quieta. Que de aquí no nos movemos hasta que la gente sepa quién es verdaderamente san Germán. – dijo Víctor con desprecio.
- ¡¿Qué pretendes con esto Víctor?! Si me arruino no tendrás a nadie a quien chantajear ¿de qué ibas a vivir? – intentó defenderse Germán. – Además, la Guardia Civil no te dejará salir de aquí.
- Para eso tengo a esta preciosidad pater. No se preocupe por mí. Soy un hombre de recursos. Más bien preocúpese por usted. – dijo Víctor estampándole la culata de la pistola en la mejilla. Germán cayó dolorido. – Enciérrales a los dos en el despacho y vigílales. – dijo a uno de sus hombres. – Y tú Rosa avisa a la guardia civil. La fiesta va a empezar.
Mientras tanto Raimundo se despertaba lentamente. Anoche, tras dormirse todos, no pudo evitar volver a beber. Iba a tener un hijo con Natalia. Su inconsciencia le había costado una vida que nunca deseó: tener un hijo con una mujer que no fuera Francisca. ¡Qué amargo destino le había tocado vivir! Francisca soportando las palizas de Salvador y él hundido en el alcohol y lejos de ella. ¡Qué lejano parecía ahora aquel tiempo en que se amaron y se juraron amor eterno! ¡Qué pecado habían cometido para que la vida les pagara de aquella forma! Esa noche volvió con más intensidad su infierno de cada noche. No podía dejar de pensar que existía un camino que él no veía, un camino que le volvería a llevar a Francisca y que arreglaría su situación. Pero cada vez que lo pensaba la angustia y la impotencia aumentaban de intensidad al no poder verlo. Cada día ese “Hice lo que debía para no hacerle daño” le consolaba menos así que lo cambió por “Natalia es una buena mujer. Aprenderé a quererla y seré feliz” Tendría que aferrarse a eso si quería olvidar a Francisca y seguir adelante pero ¿cómo se puede olvidar al amor verdadero?
Esa mañana se había despertado con un fuerte dolor de cabeza. Además de haber dormido poco bebió demasiado. Se levantó y se duchó con agua fría para ver si espabilaba. Después de haber desayunado se encontraba algo mejor. Definitivamente los desayunos de María tenían propiedades reconstituyentes.
- ¿Cómo te encuentras Raimundo? – dijo María.
- Vivo… que no es poco. Gracias por el desayuno María. Me voy que llego tarde.
- De nada Raimundo. Toma anda, para el dolor de cabeza. – dijo María tendiéndole unas pastillas. Raimundo la miró apesadumbrado.
- María yo…
- Tranquilo Raimundo. Lo único que te pido es que no le hagas daño.
- Es lo último que querría hacer se lo prometo. Natalia me importa aunque a veces… no lo parezca. – dijo Raimundo apenado por ello. Después de tantas veces en las que le había salvado no había conseguido amarla.
- Lo sé. Apóyate en ella Raimundo. No tengas miedo de hacerlo y saldrás adelante. – dijo María cogiéndole una mano.
De pronto unos guardias civiles entraron en la taberna.
- ¿Es usted María la madre de Natalia?
- Sí, soy yo. ¿Qué ocurre?
- Verá, tenemos malas noticias. Víctor está en el cortijo de Germán y ha retenido a todos sus ocupantes entre los cuales está Germán… y su hija.
- ¡¿Qué?! ¡Dios mío! – dijo María llevándose las manos a la boca.
Víctor era peligroso y estaba armado. Natalia estaba en peligro de muerte.