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La historia de Natalia. El amor que salvó a Raimundo de la oscuridad. Cap XLVI Secuestro

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Nhgsa
Nhgsa
29/11/2011 10:38
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Hace tiempo que quería escribir la historia de mi magnífica tocaya. Una mujer que se entregó sabiendo que Raimundo amaba a otra pero que aún así permaneció a su lado y consiguió salvarle del alcoholismo. Una mujer que le dio dos hijos (también cuento a Emilia ya que ella la crió aunque no sea su hija biológica). La fiel compañera que consiguió hacerle mejor persona y que Raimundo quiso con un amor puro y hermoso aunque Francisca siempre estuviera en su mente. Según él "... con ella pasé los mejores años de mi vida."

Esta es una historia imaginada con lo cual no sé si concordarán las fechas o los acontecimientos con como los han citado en la serie. Simplemente la he escrito para darle mi pequeño homenaje a esta mujer en este hilo. Espero que la historia os guste.

Al estilo de otros post por este subforo aquí os presento a los personajes principales.

ÁLVARO (José Coronado)

Padre de Natalia. Hombre bueno, bondadoso y amante de la literatura. Siempre con una sonrisa en el rostro y con una palabra de ánimo para sus semejantes. Hombre muy adelantado a su tiempo que siente un profundo amor por su familia.

MARÍA (Lola Marceli)

Madre de Natalia. Se enamoró de Álvaro desde el primer momento. Mujer religiosa pero partidaria siempre de utilizarlo como método de acercamiento entre las personas. Considera que la vida solamente tiene pleno sentido cuando la das a alguien que amas. Mujer sincera, fuerte, trabajadora y valiente que no dudará en enfrentarse con cualquiera que se meta con su familia. Es dueña, junto con Álvaro, de la taberna del pueblo.

NATALIA (Amaia Salamanca)

Hija de Álvaro y María. Desde siempre mostró las virtudes de su madre en lo que respecta a la fortaleza, el trabajo, el valor y la visión de la religión. Tiene muy claro lo que no quiere tener en su vida y no duda en enfrentarse con cualquiera que insulte a su familia o amigos. Siempre dispuesta a escuchar a los demás, apoyarles y aconsejarles.

JULIO (Yon González)

El mejor amigo de Natalia. Huérfano de nacimiento, desde pequeños siempre admiró su capacidad de pelear por las cosas que quería. Será el gran apoyo de Natalia durante su vida aunque será el quién más necesite el apoyo de Natalia por su carácter impulsivo y su formas a la hora de decir lo que piensa a los demás. El no pensar en las consecuencias de sus palabras le traerá algún que otro problema.

ADOLFO (Lluis Omar)

Terrateniente del pueblo. Hombre oscuro y machista con negocios oscuros por los cuales ha acumulado su fortuna. Enamorado de María desde joven se enfrentará a Álvaro en más de una ocasión ya que para él, María era suya y Álvaro se la arrebató. Hombre posesivo y con un amor enfermizo buscará cualquier estratagema para que María caiga rendida a sus pies pidiendo su perdón.

GERMÁN (Pep Munné)

Cura del pueblo. Es el consejero y confidente de María y el de Natalia a las que tiene en alta estima. Gran amigo de la pareja, tiene su misma visión del cristianismo y les ayudará en muchos momentos a plantar cara a Adolfo.

RAIMUNDO ULLOA (Félix Gómez)

Nuevo vecino que enseguida se le conocerá como el borracho del pueblo. Hombre que llega huyendo de un pasado que le tortura y que poco a poco saldrá a la luz.

MINIS CREADOS POR MÍ EN LOS QUE APARECE NATALIA

La noche es más oscura antes del amanecer
Natalia, el ángel
#41
Nhgsa
Nhgsa
09/01/2012 21:23
Gracias Miri por los ánimos. Pero tranquila que no todo será malo en esta historia carcajada Poco a poco irá remontando aunque costará. Tener que romper con el amor de tu vida es lo que tiene...

Pero eso sí... pronto empezaré a liarla parda en Villafranca jejejeje carcajada Ya veréis...
#42
Nhgsa
Nhgsa
11/01/2012 20:03
CAPÍTULO XXIV EL TRASLADO (PARTE II)

Álvaro observaba tranquilamente los libros mientras que Julio exploraba los campos cuando llamaron a la puerta. Al abrir la puerta encontraron a una señora mayor vestida de criada intentando secarse las lágrimas.
- ¿Puedo ayudarla en algo? – preguntó Álvaro amablemente.
- Perdone, no pensé que hubiera más gente. Me llamo Leonor. Venía a hablar con Raimundo si fuera posible. – contestó la criada.
- Pase, iré a decirle a Raimundo que está aquí. – dijo Álvaro con una sonrisa dejándola pasar.
Leonor accedió dedicándole una sonrisa educada a ese hombre tan atractivo que le había recibido y espero en el salón. Mientras, Álvaro se dirigió a anunciar la visita. Después de unos minutos Raimundo bajó. Leonor, emocionada, se dirigió a él con los brazos abiertos. Raimundo le correspondió.
- ¡Oh! ¡Raimundo! – sollozaba emocionada. – Estaba tan preocupada por ti… ¿Cómo estás?
- Vivo… que no es poco. – dijo él a la vez que Natalia bajaba con un saco lleno de pertenencias que le daba a su padre para llevarlo a la calesa. Leonor enseguida la reconoció y le dedicó una sonrisa. Natalia se acercó a saludarla dándole dos besos.
- ¿Cómo está Leonor? – dijo Natalia sonriente. - ¿Cómo se ha enterado de que estábamos aquí?
- Le dije a un jornalero que vigilara y como hoy era el últ… - se paró al ver a Raimundo. - … bueno… ya me entiendes. Tenía tantas ganas de verte Raimundo.
- No te preocupes por mí Leonor. Ella es la que más te necesita. – admitió Raimundo con resignación.
- ¿Cómo quieres que no me preocupe? – dijo Leonor tomándole el mentón a Raimundo y acariciándole el rostro después. - ¿Eh? Siempre fuisteis como unos hijos para mí. No os merecíais esto.
- La vida es así Leonor, injusta. Francisca no quiere escucharme. No hay nada que hacer. – dijo Raimundo.
- ¡Cielo santo! ¡Demonio de muchacha! ¡¿Por qué tiene que acabar esto así?! – dijo Leonor desesperada. Raimundo le respondió con un abrazo. – Raimundo ¿qué vas a hacer? ¿dónde vas a vivir?
- Lejos Leonor. Esto es suyo al fin y al cabo. Me estoy llevando sólo lo que pueda llevar. – dijo Raimundo.
- ¿Tienes dinero? – preguntó ella.
- Lo justo. A causa de los gastos del tratamiento de mi padre, del entierro de mi…prometida, pagar a los jornaleros, las costas del juicio,… El justo para vivir un tiempo. – admitió Raimundo abatido.
- Pues toma. – dijo Leonor sacando unos billetes de su bolsillo.
- No, no, no Leonor… ¿qué haces? – dijo Raimundo.
- Raimundo por lo que más quieras toma esto. – dijo Leonor angustiada poniéndole los billetes en la mano y cerrándole el puño.
- No Leonor no puedo aceptar esto. – dijo Raimundo acalorado.
- ¡Sí! Sí que puedes. Toma esto como una venganza mía contra ese cerdo. Déjame ayudarte, te lo suplico. – dijo Leonor con lágrimas en los ojos.
Raimundo respiró hondo a la vez que apoyaba su frente en la de Leonor. Después le besó la mano con fuerza y asintió.
- Está bien. – dijo Raimundo – Pero no te preocupes por mí Leonor. Viviré con ellos de momento así que estaré bien. – añadió señalando a Natalia con la cabeza. Leonor le sonrió y le cogió la mano.
- Bendita muchacha… y maldito orgullo que ha permitido que esto pasara… - y añadió suspirando hondo. – Bueno Raimundo… tengo que irme a la Casona… Ya me he escapado suficiente tiempo.
- Te acompaño a la puerta. – dijo Raimundo.
Ambos se despidieron con un caluroso beso en la mejilla. Antes de que pasara los muros del Caserón, Raimundo le llamó:
- ¡Leonor!
- ¿Sí?
- Cuida de ella…
Leonor asintió con la cabeza, le lanzó un beso al aire… y se fue.
#43
Nhgsa
Nhgsa
11/01/2012 20:08
CAPÍTULO XXV EL TRASLADO (PARTE III)

Álvaro montó las cosas en la calesa y dio orden de que las llevaran a Villafranca, a casa de Germán. Decidieron pasar junto a Raimundo el último día en el gran Caserón Ulloa. La calesa volvería al alba. Sabían que Salvador vendría a primera hora o mandaría a sus hombres y no querían tener problemas.
Las últimas habitaciones de las que Raimundo dijo que sacaría algo eran las que ocuparon su tío Esteban y su prima Alicia. Pero ¿qué sacaría? No sabía qué hacer.

Esteban vivía sin tantas cosas en su cuarto como tenía su hermano Fernando así que tardaron mucho en encontrar algo de valor. Finalmente encontró su baraja preferida de cartas. Le encantaba jugar al tute y su reloj. Cogieron su ropa y la guardaron para llevarla a la caridad salvo su chaqueta preferida que se la quedó Raimundo.

Después, entraron en la habitación de Alicia aunque Raimundo sabía en el fondo que no encontraría nada para llevarse pero quería ver por última vez algo… Los vestidos que le prestó Francisca. Los acarició con ternura recordando cómo le sentaban… Era una auténtica princesa. También recordó las últimas palabras de Alicia con lágrimas en los ojos.

- ¿Cómo has podido hacerle esto a Francisca?
- Alicia déjame que te lo explique…
- ¡No! ¡Déjame! ¡Por tu culpa él me odia! ¡Eres igual que Fernando! – le reprochaba Alicia antes de alejarse de la casa.
- ¡Alicia por favor espera! – intentó llamarla Raimundo pero Alicia ya se había montado en la calesa y se había ido.


Como Alicia vino a la casa con lo puesto no sabía qué sacar así que dejó todo. Al fin y al cabo, eran vestidos de Francisca la mayoría de cosas.
….
Comieron algo tan sencillo como unos huevos fritos con patatas pero a Raimundo le supo mejor de lo que era. Álvaro no dejaba de narrar anécdotas de la infancia de Natalia y de Julio divertidísimas. Toda la mesa rió con ganas incluido Raimundo que por un momento dio gracias al cielo por estar con ellos.

Mientras que Natalia y Julio fregaban los pocos platos que había, Álvaro y Raimundo caminaron por la casa tranquilamente admirando cada cuadro, cada mueble antiguo… Definitivamente esa casa era el sueño de todo apasionado por la historia. De pronto Álvaro se acercó a Raimundo y, poniéndole una mano en el hombro dijo:

- Saldrás adelante Raimundo. No lo olvides.
Raimundo le respondió con una sonrisa.
- Gracias Álvaro. Gracias por lo que estáis haciendo por mí. No sé cómo podré agradecéroslo.
- No te preocupes. Siempre hay que estar dispuestos a echar una mano y además, si hay algo que no soporto, es la injusticia. – dijo Álvaro. – Sé cómo te sientes. Si perdiera a María yo… no sé lo que haría.
- Es una gran mujer. – admitió Raimundo. Álvaro asintió.
- Pero lo importante es que la vida sigue Raimundo. – dijo Álvaro.
- ¿Cómo? ¿Cómo puedo continuar si mi vida entera era… ella? ¿Cómo puedo continuar sabiendo que soy la vergüenza de mi familia? – dijo Raimundo desconsolado.
- El tiempo Raimundo. El tiempo te ayudará a pasar página. En cuanto a lo segundo, la vergüenza era él… no tú. Las normas sociales no sirven para nada. ya que limitas a la persona, la obligas a ser feliz con cualquier cosa y luego ¿sabes qué pasa?... Que la vida te muestra que tenía otros planes para ti. Como diría Nuestro Señor “¿De qué le sirve a un hombre tener el mundo si se pierde a sí mismo?”

Raimundo le escuchaba con atención. Pensó en Alicia y realmente tenía razón. De hecho era el padre que debió haber tenido.
- Después de cosas como esta es cuando los hombres nacen Raimundo. Tras las caídas, nos sacudimos el polvo, y nos levantamos. Así es cómo se forman los hombres. No poniendo cargas excesivas en las espaldas. Te arriesgaste por amor. Eso no muchos lo hacen y menos aún si son ricos. Que no te quepa la menor duda de que eres más hombre que tu padre.
Raimundo sonrió y le dio un fuerte abrazo. Ahora encontraba sentido a la frase que había oído a su madre alguna vez: “Cuando Dios cierra una puerta, abre una ventana.”
#44
Lua23
Lua23
12/01/2012 16:39
Ufffff, cuanto sufrimiento para Raimundo....q mal lo está pasando!!!! y aún así ese "cuida de ella"....porque sabe que Francisca tiene un monstruo a su lado, el maldito Salvador Castro.

Sigue Natalia que está quedando genial.
#45
Nhgsa
Nhgsa
14/01/2012 19:57
CAPÍTULO XXVI EL TRASLADO (PARTE IV)

Natalia y su padre fueron al pueblo a comprar algunas cosas que faltaban para la cena mientras que Julio se quedó absorto con los instrumentos de montar de Fernando Ulloa y sus instrumentos de caza. Después se quedó en el salón leyendo un libro que le prestó Raimundo mientras éste exploraba el último sitio que le quedaba por visitar pero no por ello el más importante: el cobertizo.
Cuando entró no pudo evitar sobrecogerse. Un escalofrío le recorrió el cuerpo. Después de tanto amor vivido en ese lugar ahora le parecía un lugar muy frío. Como si de algún modo fuera consciente de lo que había pasado con Francisca o incluso de quién sería su nuevo dueño. Se quedó de pie mirando lentamente cada rincón del cobertizo como si quisiera grabar cada rincón en su mente. Su mirada pronto advirtió la habitación en la que había tantos secretos. Se acercó a ella y se acostó en el lecho. Cerró los ojos y recordó: su primera vez con Francisca, la primera vez del serio Alejandro Montenegro y de Alicia, las meriendas con Francisca,… Al recordar ese momento se incorporó un poco y pensó en las manzanas que siempre dejaba ahí Francisca para aliviarle cuando Fernando le regañaba por tardar demasiado en cortar la leña y le dejaba sin cenar. Sonrió con nostalgia la cual se convirtió en dolor cuando encontró una manzana mordida.

- Hay veces que no soporto a mi padre. Lo hace todo tan negro… – decía Raimundo teniendo a Francisca acostada en su pecho.
- Bueno pues… déjame que te dé algo de color. – dijo Francisca antes de besar el pecho de Raimundo a la vez que le acariciaba. Raimundo le abrazó más fuerte contra su pecho perdiendo sus manos en su espalda y en su pelo.
- Mi pequeña…
- Y para cuando estés solo… - dijo Francisca antes de coger una de las manzanas que había traído. La tomó y le dio un mordisco.
- ¿Me como una manzana? – bromeó Raimundo. Francisca le dio un suave golpe en el pecho. Cuando tragó el trozo que se había comido le acercó la manzana a Raimundo.
- No… sólo tómala. Así podremos besarnos aunque estemos separados…
- Mi pequeña… - dijo Raimundo acariciando su rostro con las manos. – Te quiero tanto… - dijo antes de perderse en sus labios y girarse para quedar encima del cuerpo de Francisca. Cogió la manzana y la dejó en la cesta.


Ahora la manzana ya estaba podrida pero daba igual. No pudo evitar derramar unas lágrimas ante ese recuerdo.
…
Mientras que Raimundo se despedía del cobertizo alguien llegó a la puerta del Caserón. Julio abrió un tanto temeroso. No tenía ganas de encontrarse con Salvador. Cuando abrió la puerta respiró con mediana tranquilidad. No era Salvador, pero reconoció igualmente a esa señora. Era Francisca.
- ¿Qué hace usted aquí? – preguntó ella indignada.
- Emmm verá yo…
- ¡Salga de aquí inmediatamente o llamaré a los civiles! – exclamó Francisca.
- Tranquilícese señora. Mi hermana y yo venimos acompañando a Raimundo. Le estamos ayudando en el traslado. – le tranquilizó Julio.
La cara de Francisca cambió. Tenía la esperanza de que Raimundo no estuviera pero así es.
- ¿Va a dejarme pasar o se va a quedar ahí clavado? – preguntó Francisca con su pose digna. Julio enseguida le dejó pasar.
- Iré a avisarle. Con permiso. – dijo Julio alejándose en dirección al cobertizo y dejando a Francisca en el salón.
Raimundo caminaba temblando hacia el Caserón. Julio decidió esperar fuera para que Natalia no entrara. No era el momento de que Francisca viera a Raimundo con otra mujer. Éste parecía un condenado que se dirigía a la muerte. No esperaba verla aquí. Pero por otro lado lo deseaba. Cuando la vio se sintió morir. Estaba preciosa… pero ya no volvería a ser suya…
- Francisca…
Ella se sintió morir al oír su voz. El amor le oprimía el pecho pero su orgullo no le dejó mostrarlo. Volvió a su pose digna y se giró. No pudo evitar conmoverse ante lo que veía. Raimundo estaba más delgado, visiblemente desmejorado desde la última vez que le vio. Ya le había dicho Leonor que Raimundo estaba pasándolo mal pero ella no quería escuchar.
- He venido a despedirme. – dijo Francisca firmemente. Cada palabra suya era como una daga envenenada.
- No deberías estar aquí. – pudo decir Raimundo con esfuerzo. – Podría enfadarse…
- Él lo sabe Raimundo. Se te olvida que él si es un caballero. – dijo Francisca con su pose orgullosa.
- Sabes que no es verdad. – dijo Raimundo e intentando acercarse a ella dijo. – Francisca por favor…
- ¡No me toques! ¡Ni se te ocurra maldito Ulloa! – exclamó Francisca furiosa. – Sólo vine a entregarte tus cartas. No quiero tener nada tuyo nunca más. – añadió tirándole las cartas con furia. Raimundo no podía hablar. - Te mereces todo esto y mucho más. También vine a avisarte que mi marido vendrá por la mañana a tomar posesión de esto y echará a todo aquel que se encuentre. Será mejor que te vayas antes si no quieres tener problemas.
Francisca se alejó rauda después de aquello. Raimundo no pudo evitar echarse derrotado en el sillón. Le dolía cada palabra un mundo. A causa de ello no pudo darse cuenta de que Francisca sólo le había entregado las cartas… pero no el libro de Rosalía de Castro.
…
Esa cena fue la más triste de todas las vividas en ese Caserón. Álvaro, Natalia y Julio intentaban ponerle una nota de humor pero se notaba en el ambiente que era algo complicado después de la visita de la tarde. Raimundo no podía comer.
- Vamos Raimundo. Tienes que comer algo. – le instó Natalia.
- No tengo hambre Natalia. Lo siento pero creo que voy a dormir un rato. Mañana hay que madrugar… - dijo Raimundo intentando bromear con eso último. – Buenas noches a todos y gracias por haber venido conmigo.
- Buenas noches Raimundo.
#46
Nhgsa
Nhgsa
14/01/2012 20:03
CAPÍTULO XXVII EL TRASLADO (PARTE FINAL)

Como Raimundo no podía dormir fue el primero que estuvo listo para partir llegado el alba. Ya se encontraba fuera de la casa cuando Julio y Álvaro fueron los siguientes. Mientras Álvaro preparaba las últimas cosas que había que llevarse en la calesa, Julio despertó a Natalia que dormía en el cuarto de invitados. Era realmente una princesa. Julio le adoró con los ojos y le acarició el rostro. Después le sopló tiernamente en los ojos como cuando eran niños. Natalia sonrió y soltó una risita floja.
- Tenemos que irnos princesa… - le susurró Julio.
Natalia asintió, se incorporó y se estiró tal y como lo hacía desde niña. Julio sintió una oleada de ternura cuando la vio.
- Bueno… ¿nos vamos? – preguntó Natalia.
Ni siquiera se pararon a desayunar por miedo a que Salvador se le ocurriera venir antes del amanecer. Todos sabían que era una persona completamente capaz.
- Estoy deseando llegar… Seguro que María ha preparado un desayuno de película. – le animó Álvaro.
- Mmmmm me estoy relamiendo sólo de pensarlo… - dijo Julio.
- ¡Pero si tú te relames con cualquier cosa! – bromeó Natalia.
Cuando salieron no encontraron a Raimundo. Un rastro de temor apareció en Natalia que enseguida se encargo de aplacar.
- Id tranquilos. No debe andar lejos… - dijo Natalia que tenía una idea de donde podía estar.
Fue directamente hasta el cobertizo y allí le encontró. Con un ramo de flores en las manos. Eran claveles.
- Son sus favoritas. Le encantaba coger una y ponérsela en el pelo cada vez que venía. – dijo Raimundo acercándose las flores a su rostro y aspirando su olor. Cerró el cobertizo y puso las flores en la puerta en señal de despedida. – Aquí yacerá siempre nuestro amor.
Natalia le tomó la mano fuertemente.
- Nos están esperando…
Raimundo asintió y caminó hasta la puerta del Caserón donde esperaban Álvaro y Julio. Antes de cerrar la puerta de la finca por última vez Raimundo se giró para contemplar su casa por última vez. Estaba realmente hermosa con la luz del amanecer.
- El día del fin de los Ulloa... – dijo Raimundo con nostalgia.
Suspiró hondo, cerró la puerta y se montó en la calesa.
#47
Lua23
Lua23
15/01/2012 18:15
Natalia me encanta!!! q bonito y, sobre todo, emotivo lo de los claveles.....me ha emocionado mucho.

Q triste para Raimundo......la verdad que al menos pudo contar con el gran apoyo de Natalia.

Sigueeee :)
#48
Nhgsa
Nhgsa
01/02/2012 22:40
CAPÍTULO XXVIII JULIO SE DECLARA

Después de unas semanas muy duras, Raimundo parecía que levantaba algo de cabeza. Pero la procesión iba por dentro. Germán le contrató como secretario y Raimundo accedió ya que necesitaba un oficio aunque en realidad no le hacía mucha gracia trabajar para un sacerdote. Lo compensaba sabiendo que miraba por el pueblo y éste era feliz con él.

Llegó el día del cumpleaños de Natalia. Sus padres quisieron prepararle una fiesta sorpresa en colaboración con Julio y Raimundo, que se animó a participar. María mandó a Natalia después de comer a la Puebla a por unos pedidos para la taberna mientras preparaban todo en la taberna. Todo el pueblo participó gustosamente del evento ya que Natalia era una vecina muy querida. Fue un día de alegría, de cantos y de baile. Raimundo y Julio conversaban alegremente con los vecinos mientras jugaban al tute mientras que Álvaro y María servían copas junto con Natalia.

Al caer la noche un cielo estrellado inundó Villafranca lo que hizo que Julio aprovechara para declarar sus sentimientos. Tomó a Natalia de la mano y la invitó a salir fuera.
- ¡Una noche preciosa! – exclamó Natalia con entusiasmo.
- Sí… pero no es lo único bello que tiene esta noche. – dijo Julio mientras respiraba hondo. O decía lo que sentía o se volvería loco. – Natalia… hace tiempo que quería hablar contigo.
Natalia le miró un tanto intrigada. Julio nunca había empleado ese tono con ella.
- Tú dirás… - dijo ella. Julio volvió a respirar hondo. Expresar sus sentimientos iba a ser muy complicado.
- Natalia… tú has sido mi compañera desde que... desde que tengo uso de razón. Fuisteis los primeros que me consolasteis y que me disteis cobijo. Me enseñasteis a leer, a vivir… - volvió a respirar hondo. – Nunca podré agradeceros lo suficiente todo lo que habéis hecho por mí.
- ¿A qué viene esto Julio? No tienes que ponerte tan serio para decirme esto. Ni que fuera a fusilarte… - intentó bromear Natalia. Julio soltó una carcajada.
- No si… eso no es todo…
- ¿Entonces?
- Verás Natalia… Siempre has sido para mí algo muy importante: mi amiga, mi hermana, mi confidente… Hemos crecido juntos y compartido tantas cosas que… me han llenado de felicidad pero solo porque… podía compartirlas contigo. – dijo Julio emocionado. – No sé cómo ni por qué… aunque bueno creo que eso es normal ¿no? – Julio sentía como si el corazón se le hubiera subido a la garganta. Carraspeó un poquito para darse tiempo a sí mismo para relajarse… Lo necesitaba sin dudarlo.
- ¿Te encuentras bien? – preguntó Natalia intrigada.
- No… - pudo decir Julio. – Desde hace tiempo no me encuentro bien…Y menos aún desde que llegó Raimundo…
- ¿Por qué dices eso?
- Pues porque… - dijo Julio emocionado mirándola a la vez que le cogía las manos. – estoy enamorado de ti. Al principio pensé que no te podía sacar de mi cabeza por verte todos los días pero cuando estoy lejos sólo pienso en…si estás bien y en… en que nadie te haga daño… Cuando te veo siento que… que mi corazón se dispara…y… tengo que controlar el impulso de… - dijo mientras le acariciaba la mejilla.
En ese momento Álvaro les interrumpió.
- Natalia cariño te necesitamos dentro. La gente no termina de saciarse. – dijo Álvaro bromeando.
- Ahora mismo voy padre. – dijo Natalia algo nerviosa. – Julio yo…
- No… no tranquila no te preocupes. Ves a ayudarles… de verdad. – dijo Julio.
- ¿En serio?
- Sí tranquila, ya… ya hablaremos en todo momento. – dijo Julio sintiéndose el más estúpido de la faz de la tierra.

Natalia fue dentro algo preocupada y nerviosa. Esa declaración era lo último que esperaba de Julio y no sabía qué hacer.
#49
Nhgsa
Nhgsa
03/02/2012 21:22
CAPÍTULO XXIX EL REGRESO DE VÍCTOR

Al día siguiente el pueblo recibió una visita un tanto inesperada.
- ¡A los buenos días querido pueblo! – voceó un hombre que entró en la taberna.
Natalia y María se quedaron extrañadas ante esa exclamación. El hombre les resultaba familiar pero no conseguían reconocer quién era. Se trataba de un hombre alto y moreno de cuerpo musculoso. Su aspecto era un tanto extravagante ya que no parecía muy amante del agua. Se dirigió a la barra con aires de superioridad.
- Mi querida María, no ha cambiado en absoluto. Tú si Natalia… y a tu favor he de decir. – dijo con cierta mirada lasciva.
- Tenga cuidado… no le permito esos humos a nadie señor. – dijo Natalia apartándose. – Y además ¿le conocemos?
- ¡Pues claro! ¡¿Acaso han olvidado al gran capataz de Adolfo?! ¡Víctor Fernández, para servirles! Jajajajaja – soltó con una risa mordaz.
- ¡Hombre Víctor! No le habíamos reconocido. Ha cambiado usted mucho todo este tiempo.
- Sí. No se lo imagina usted hasta que punto guapa. Anda sírvame un vinito que quiero celebrar… - respiró hondo – mi regreso a casa.
En ese momento Julio entró en la taberna.
- Hola chicas. ¿Podéis servirme algo para comer? Tengo un hambre voraz.
- Ahora mismo cielo. – dijo María.
Víctor se quedó mirando fijamente a Julio.
- Tú debes de ser Julio ¿verdad?
- ¿Le conozco?
- Pues sí… - dijo Víctor acercándose a él. – Al fin y al cabo os salvé la vida hace unos años…
- ¿Cómo?
- ¡Por el amor de Dios! ¡¿Tanto he cambiado?! – exclamó fingiendo sorpresa. – Soy Víctor. El antiguo capataz de Adolfo.
- ¿Víctor? Vaya… - dijo Julio con cara de sorpresa. – Entre los jornaleros eres una leyenda. Decían que cuando habían un problema tú lo arreglabas enseguida.
- Sí… así es. La casa iba viento en popa gracias a mí.
- ¿Podría enseñarme algunas cosas? Aunque sea el nuevo capataz algunas cosas me pillan un poco descolocado.
- Claro chaval. Sentémonos…
Y así estuvieron largo rato departiendo sobre asuntos de la finca. Julio le escuchaba ensimismado mientras Víctor le impresionaba con sus historias. Cosa que Natalia aprovechó para ir a ver a Germán. Necesitaba hablar con él.
#50
Nhgsa
Nhgsa
03/02/2012 21:29
CAPÍTULO XXX LOS SENTIMIENTOS DE NATALIA

No dejaba de darle vueltas a la declaración de Julio. Para ella Julio siempre fue un hermano pero nunca nada más. Si no hubiera llegado Raimundo quizás se plantearía verle de otra manera… pero ahora las circunstancias eran distintas. Pidió permiso a su madre para ausentarse de la taberna y fue a hablar con Germán. Necesitaba desahogarse con alguien. Fue a la parroquia para ver si le encontraba.

- ¡Natalia! Menuda sorpresa hija ¿Qué te trae por aquí?
- Verá padre. Necesito hablar con usted.
- Habla hija… te escucho.

Los dos se sentaron en un banco cerca de ellos. A Natalia le temblaban las manos. No sabía por dónde empezar. Germán se preocupó.

- Hija… ¿ha ocurrido algo grave?
- No padre… o sí… según se mire. – dijo Natalia.
- Hija como no te expliques no voy a poder ayudarte. – dijo Germán.
- Verá padre es que… ayer… Julio se me declaró.
- ¿Y eso es un problema?
- Sí… y no… Es un problema porque siempre le he visto como un hermano y un amigo… pero… no siento nada más por él. – dijo Natalia.
- ¿Cómo puedes estar tan segura de eso?
- Porque le conozco padre. Tiene buen corazón pero es impulsivo, dice siempre lo que piensa sin pensar en sus palabras,… no sé… tenemos a veces visiones del mundo muy distintas y…
- ¿Y?
- Quizás esté idealizando el amor padre pero… no sabría cómo explicarle… Cuando estoy con él sólo siento… la compañía de un hermano.
- Entiendo…
- En cambio cuando estoy con…
- ¿Raimundo? – interrumpió Germán. Natalia se quedó petrificada.
- ¿Tanto se me nota? – preguntó ella.
- Soy perro viejo hija… A mi edad se ve todo… Y he visto cómo le miras.
- Le confieso que nunca me ha pasado esto padre… es… tan... fuerte que… Cuando me mira siento que… me desarma…
- Y además te brillan los ojos. – dijo Germán
- Por una parte no quiero hacer daño a Julio pero por otra no puedo evitar sentir lo que siento ¿qué debo hacer padre?
- Es una decisión compleja hija mía. – dijo Germán casi susurrando. – He visto la relación que tenéis Julio y tú y está claro al menos por tu parte que lo tratas como un hermano pero… yo te aconsejo prudencia.
- ¿Prudencia? ¿Con qué padre?
- Es normal que a las muchachas como tú les fascine alguien como Raimundo. Una persona que ha conocido quizás más mundo, leído más e incluso pertenecido a otro mundo, al de los ricos. Eres una mujer lista Natalia pero no por ello menos vulnerable. Te diría que te esforzaras por conocerles más a fondo a los dos sin llegar a nada. Así te aseguras de que lo que sientes por Raimundo no es… lujuria o capricho. Y en cuanto a Julio…sincérate con él. Dile que te dé tiempo para verle de otra manera…
- Gracias padre. – dijo Natalia algo más alegre.
- Anda vete tranquila hija. Sentirse así es normal a tu edad. Eres una moza muy hermosa y estás en edad de fijarte en los chicos. –dijo Germán sonriente.
- Con Dios padre.
- Con Dios hija.
#51
Nhgsa
Nhgsa
04/02/2012 21:05
CAPÍTULO XXXI FLASHBACK MUERTE DE ADOLFO

Víctor se alejó de la taberna dejando a un Julio más que entusiasmado con su llegada y dispuesto a encontrarse con Germán. Ellos tenían muchas cosas de qué hablar. Desde que se alejó del pueblo no le fueron muy bien las cosas y era hora de que Germán… pagara por sus pecados.
Al llegar a la casa soltó una exclamación de asombro al ver a Álvaro y a Germán en el despacho. Sin duda las cosas habían cambiado mucho. Cuando Germán le vio, palideció. Aún así pudo disimular delante de Álvaro sin ningún problema.

- Bueno señores yo me marcho a la taberna que a estas horas María no da abasto. Encantado de volver a verle Víctor. – se despidió Álvaro.
- Lo mismo digo. Con Dios. – dijo Víctor.
Cuando oyeron la puerta cerrarse, Germán enseguida cerró la del despacho rápidamente.
- ¡¿Se puede saber qué haces aquí?! – gritó Germán
- Cálmese mi querido sacerdote o le dará un colapso…Bonito despacho.He oído cosas buenas del pueblo. Parece mentira que alguien como usted le vayan las cosas tan bien. – dijo Víctor sirviéndose tranquilamente una copa de brandy.

- Le doy a estas gentes una vida tranquila y sin problemas. No entiendo a qué viene ese tono. Recibiste lo que acordamos al igual que todos.
- Sí pero verá… con el tiempo he aprendido que… el dinero no lo es todo en la vida. – dijo Víctor.
- Quieres más ¿verdad? Algo me lo decía…
- Algo que me ayude a vivir holgadamente como los demás. Sólo eso. ¿O acaso no es cierto lo que dicen de usted: un alma caritativa que haría lo que fuera por los demás? – dijo Víctor con tono sarcástico.
- Si has malgastado lo que te di no voy a darte nada más.
- De momento quiero mi antiguo empleo y sueldo. – continuó diciendo Víctor haciendo como si no hubiera escuchado a Germán. – Después Dios dirá. ¿O quiere que cuente lo que pasó aquel día don Germán?

Llamaron a la puerta del despacho, Víctor entró con rostro serio.
- ¿Qué pasa Víctor? ¿A qué esa cara? Después de todo… hoy es un gran día.
- Lamento comunicar que no…señor. – dijo Víctor apretando los dedos. Sabía que Adolfo se enfadaría.

Adolfo cambió su rostro.
- ¿Qué quieres decir?
- Alguien dio el soplo de lo del sabotaje al vino señor. Parece ser que algunos hombres empezaron a convulsionar pero rápidamente tuvieron el antídoto. Parece que alguien se lo hizo llegar.
- ¡¡¡¡¡MALDITA SEA!!!!! ¡¡¡Voy a coger a ese maldito traidor y lo machacaré!!!... ¡¡¡Márchate!!!
Víctor obedeció. Seguidamente se fue al granero de la casa donde se reunieron todos los jornaleros a hablar.
- Esto ha ido demasiado lejos. Es un malnacido pero nunca había sido asesino. Podía haber matado a niños. – dijo uno de los jornaleros.
- Esto se tiene que acabar. Ya estoy harto de sus abusos. Esto ha sido la gota que colma el vaso. – dijo otro jornalero.
Todos contestaron afirmativamente.
- Bien… este es el plan.
…
Mientras Adolfo se encerró en su despacho obsesionado con conseguir a María de cualquier modo. Una cuadrilla de hombres entraron en la casa armados y le sorprendieron mientras cavilaba.
- ¿Qué demonios está pasando aquí? – preguntó Adolfo un tanto nervioso viendo como los hombres le apuntaban con las armas.
De pronto Víctor avanzó unos pasos hasta encararse con Adolfo y sacó su arma.
- Es el día del juicio. – dijo antes de golpearle a Adolfo en la nuca con el arma.
#52
Nhgsa
Nhgsa
04/02/2012 21:08
Cuando Adolfo despertó estaba atado de pies y manos a una silla en su dormitorio. La misma cuadrilla de antes se encontraba en el cuarto mirándole con desprecio. Eran unos 10 hombres. Víctor cogió un vaso de agua fría y se lo echó a Adolfo en la cara.
- ¡Despierta princesita!
- ¿Qué… qué significa esto? ¿Qué queréis? – preguntó Adolfo asustado.
- Vaya… ¿habéis oído eso? ¡El gran Adolfo tiene miedo! – dijo Víctor con burla. Todos los hombres se rieron.
- ¡¿Cómo os atrevéis malditos desarrapados?! ¡Juro que lo pagaréis muy caro!
- ¡Menos humos basura! – grito un jornalero. - ¡Al fin vas a pagar por todos tus abusos!
Después cogió una botella de brandy de las muchas que había encima de la mesa.
- Abre la boca
- ¡¿Qué vais a hacer?! – preguntó Adolfo asustado.
- ¡Abre la boca! – gritó el jornalero obligando a Adolfo a abrir la boca. Después vertió poco a poco el contenido de la botella haciendo que Adolfo casi se atragante. – Mi hijo estaba esperándome en ese momento en la taberna con su madre maldito cerdo. Esto es de su parte.
Y así todos y cada uno hicieron lo mismo reprochándole los abusos cometidos. Cuando todos terminaron Adolfo estaba en las últimas. Oyeron como alguien llamó a la puerta de la casa. Víctor hizo un gesto a los jornaleros de que se calmaran y fue a abrir a la vez que uno de los jornaleros le tapaba la boca a Adolfo. Cuando Víctor fue a abrir respiró tranquilo. Era Germán.
- Padre, ya pensábamos que no llegaría.
- ¿Crees que yo no acudiría a algo tan serio como esto?
- ¿Le han visto venir? – dijo Víctor.
- No. Por eso me he vestido así y además he bordeado el pueblo. Nadie me ha reconocido. De hecho cuando he parado la posadera y su familia me han confundido con un vagabundo. Por poco me echan a patadas… ¿Estamos solos?
- 10 hombres hay en la habitación. No hay servicio ni nadie más. Querían… despedirse de él.
Ambos subieron tranquilamente. Cuando Adolfo vio a su hermano sintió un cierto alivio aunque pronto descubrió que Germán no iba a liberarle. Uno de los hombres ahí reunidos le quitó la mordaza. Germán le miraba serio.
- Hermano… gracias al cielo que estás aquí. – dijo Adolfo con un hilo de voz
- Dejadnos a solas por favor. – dijo Germán a los hombres. Ellos miraron a Víctor que hizo ademán de que salieran. Todos obedecieron.
- Hermano… ayúdame por favor.
- No he venido a ayudarte Adolfo. He venido a despedirme.
- ¿Qué? No. Me matarán… - dijo Adolfo.
- Lo sé perfectamente. – dijo Germán que empezaba a sentir que las lágrimas le inundaban los ojos. – Un buen pastor ha de cuidar de su rebaño y eso es lo que voy a hacer.
- Pero ¿por qué?
- ¡¿Qué por qué?! ¡¿Después de todo este tiempo aún te preguntas por qué?! – exclamó Germán angustiado. - ¡Eras mi hermano! Y aun así me dejaste solo. Tu afán de riqueza me hizo el ser más desgraciado del mundo ¡¿y aún preguntas por qué?!
Adolfo le miraba con lágrimas en los ojos.
- Yo… lo siento…
- ¡¿Qué lo sientes?! ¡¿Es lo único que se te ocurre decir?!
- Yo… no sabía qué hacer yo…
- No sabías… ya… no se te ocurrió defender a tu propio hermano mientras esos mafiosos se divertían ¿verdad? No… tú te dedicabas a sus sucios negocios sabiendo que les encantaba pasar el rato conmigo. ¡¡¡¡¡¿TIENES IDEA DE LO QUE PASÉ?!!!!! – gritó Germán destrozado y sollozando.
- Lo siento… lo siento mucho… yo… - dijo Adolfo.
- Se acabó Adolfo. No voy a consentirte ni una más. No voy a encerrarte porque tienes el poder para librarte así que haré otra cosa. – dijo Germán serio mientras Adolfo sollozaba.
- ¿Qué vas a hacer? – susurró Adolfo.
- Proteger al pueblo. Ya no vivirán más con miedo. Eso es lo que hace un buen pastor, proteger a su pueblo. – dijo Germán cogiendo una de las botellas de brandy que quedaban. – Vas a morir haciendo lo que más te gusta. Abre la boca.
- No… Germán. – suplicó Adolfo.
- ¡Abre la boca! – dijo Germán obligándole a abrir la boca y comenzando a derramar el contenido de la botella.
Adolfo se vio obligado a beber hasta que su hígado no lo soportó más y murió. Cuando ocurrió Germán salió al comedor donde estaban los demás hombres junto con Víctor jugando al tute. Al ver a Germán todos pararon lo que estaban haciendo esperando noticias.
- Adolfo ha muerto. Recibiréis vuestra parte en cuanto sea oficialmente heredero. Quisiera por favor que algunos os encargarais del reabastecimiento de la taberna.
- Claro padre, enseguida nos pondremos con ello. – dijo Víctor.
- Gracias. Ahora con vuestro permiso he de volver al pueblo. – dijo Germán con aire serio.
#53
Nhgsa
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10/02/2012 18:48
CAPÍTULO XXXII NATALIA Y RAIMUNDO

Después de hablar con Germán, Natalia necesitaba tomar el aire. Sentía que eran cosas demasiado grandes las que llevaba en la cabeza así que cogió su libro preferido “Las aventuras del príncipe mestizo”, pidió permiso a su madre y se puso a dar un paseo por el campo. Era un libro que empezó a escribir junto con Germán y su padre. Trataba sobre un héroe que en la sombra salvaba a la gente de todos los peligros. Se hacía llamar “el príncipe mestizo” Todo el mundo se volvía loco por saber de quién se trataba.
Paseando por el campo encontró a Raimundo bebiendo solo con un clavel en la mano y mirando al horizonte. Sintió un profundo dolor al verle así. Quiso salir de ahí pero se quedó paralizada. Tenía miedo de que le oyera y se sintiera molesto. Los temores de Natalia se cumplieron cuando al querer dar un paso una rama que había en el suelo se rompió sobresaltando a Raimundo. Natalia enrojeció de vergüenza.
- Natalia. – dijo Raimundo sorprendido.
- Yo… lo siento Raimundo… no pensé que estarías aquí… salí a pasear y… - intentó disculparse Natalia.
- No… no te preocupes de verdad… - dijo Raimundo que, al fijarse que Natalia tenía un libro en la mano sintió curiosidad - ¿Te gusta leer?
- Sí bueno. Es un libro que escribía de pequeña junto a Germán y a mi padre. Me ha entrado nostalgia.
- Vaya… ¿Puedo verlo? – dijo Raimundo sonriente acercándose a ella.
- Sí claro. – dijo Natalia tendiéndole el libro.
- “Las aventuras del príncipe mestizo” – dijo él intrigado. – Parece interesante…
- ¿Lo leemos juntos?... – dijo Natalia en un impulso del que luego se avergonzó. – Si quieres…
Raimundo sonrió tiernamente. Ver a Natalia colorada le provocó una ternura infinita. Pero en ese momento cayó en la botella que tenía en la mano y el que enrojeció de vergüenza fue él.
- Natalia yo… - dijo Raimundo tirando la botella lejos
- No te preocupes Raimundo. No voy a regañarte. – dijo Natalia intentando tranquilizarle.
Raimundo le tendió la mano para acomodarla a su lado y ella accedió. Al cabo de un rato de leer Natalia, en un impulso, apoyó su cabeza en el hombro de Raimundo mientras él leía. Raimundo se quedó bloqueado pero al ver a Natalia algo le hizo corresponderle abrazándola contra su pecho. Natalia se sentía feliz. El calor que estaba sintiendo nunca había pensado que existía en la realidad. Creía que solamente estaba en los libros.
#54
Nhgsa
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06/03/2012 12:45
¡Que Natalia no se merece estar tan abajo! XD

Realmente no sé qúé hacer con Julio. ¿Será que todavía no me enamorado y no sé lo que es eso por lo que no sé qué hacer con él? Será...

En fin... espero que os guste aunque ya os digo que hay un capítulo con un poco de sufrimiento. Es lo que tiene el alcohol.
#55
Nhgsa
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06/03/2012 12:47
CAPÍTULO XXXIII JULIO Y VÍCTOR

Julio se encontraba más que avergonzado. No podía creer que se hubiera declarado a Natalia. Se sentía un imbécil. En mitad de esta batalla mental llena de auto-reproches le encontró Víctor en la taberna.

- ¿Qué pasa muchacho? Parece que se acaba el mundo. – dijo Víctor acercándose a él.
- No, el mundo no se acaba. – dijo Julio medio bromeando. – Sólo me lamento de lo estúpido que soy.
- A ver si lo adivino. –dijo Víctor sentándose a su lado. – Te has declarado a alguna moza. – añadió y, al ver el gesto de Julio, sonrió. – Lo sabía. Un chico como tú es normal que tenga esos quebraderos de cabeza.
- Sí, supongo que sí. Pero ¡es que lo he hecho fatal! No lo tenía que haber hecho así pero fue el momento en el que tuve fuerzas. – dijo Julio con tono de intentar convencerse a sí mismo.
- Y dime… ¿es del pueblo? – dijo Víctor con curiosidad cosa que cambió al ver el gesto de intriga de Julio – Oye que no es por nada en especial. Es que con cierto tipo de mujer tienes que hacer las cosas de una forma ¿comprendes? – y añadió al ver las dudas de Julio– Venga chaval que me has caído bien. Dime quién es y te echo una mano. – al ver que Julio se callaba dijo – No jodas que es una ricachona.
- No… es… es… - titubeó Julio -… Natalia.
- ¿Natalia? – preguntó Víctor extrañado. Julio señaló con la cabeza la barra en la que se encontraba María hablando con unas señoras. Víctor asintió. - ¡Ah! ¡Esta Natalia! Pues chaval será mejor que te lo curres.
- ¿Por qué lo dices?
- Porque la he visto pasear con ese tal… Raimundo ¿verdad? Y parecían una parejita de lo más feliz. Los dos tenían una sonrisa más grande que todo este pueblo.
Julio sintió que la garra fría de los celos le perforaba el alma. ¿Cómo podía fijarse Natalia en ese borracho?
- ¿Quieres un consejo? En el amor y en la guerra todo vale. Te ayudaré. – dijo Víctor intentando tranquilizar a Julio.
- ¿Qué vas a hacer?
- Llevármelo de juerga. Veremos a ver cómo se porta con las mujeres el muy galán. Tendrás que hacer que Natalia cambie de opinión sobre él si quieres tener alguna posibilidad. A las mujeres como ella les va eso de salvar las vidas ¿sabes? Eso es lo que les meten en la cabeza esos curas del demonio. Y si no quieres que te vuelva a hacer daño, tienes que ser un cabronazo como Adolfo. – dijo Víctor dejando a Julio boquiabierto – Piénsalo. – dijo despidiéndose.
#56
Nhgsa
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08/03/2012 11:22
CAPÍTULO XXXIV NATALIA SE SINCERA

Al día siguiente Natalia sentía que no podía postergar más la conversación con Julio por mucho que él intentara evitarle. Fue directamente al cortijo de Germán por la mañana para hablar con él. Germán, al verla, la saludó con alegría.

- ¡Natalia! ¡Menuda sorpresa cariño! – dijo Germán abrazándola fuerte.
- Yo también me alegro de verle padre ¿cómo se encuentra?
- Bien hija. Ahí andamos. Menos mal que tengo a tu padre y a Raimundo para ayudarme que si no acabaría loco con tanto trabajo. – dijo Germán mostrando alivio.
- Me alegro que les ayude padre pero lo cierto es que estaba buscando a Julio ¿sabe dónde está?
- Pues creo que le mandé a la Puebla para traer los medicamentos para los caballos. Llegará tarde me temo.
- Vaya… bueno, pues ya hablaré con él. Vuelvo a la taberna que mis padres necesitarán ayuda. Con Dios padre.
- Con Dios hija. – se despidió Germán.

…

Al anochecer vio a Julio entrando en la taberna y se dispuso a hablar con él de una vez por todas.
- ¡Julio!
- ¿Sí?
- Tenemos que hablar ¿no crees?
- Pues es que tengo que irme a…
- Julio por favor. Siempre hemos sido como hermanos y no soporto que estemos así. Siéntate anda.
Julio obedeció sin dejar de temblar por los nervios.
- Julio, yo te quiero y lo sabes. Has sido mi amigo, mi confidente, mi hermano, todo. Nunca pensé que me verías de ese modo aunque por otro lado debí haberlo previsto. – habló Natalia lo más dulcemente que pudo. – Julio no quiero hacerte daño pero… creo que no siento lo mismo que tú.
Julio tragó saliva intentando digerir las palabras de Natalia.
- Prefieres al borracho ¿no es cierto? – preguntó Julio – No hace falta que hables Natalia. Fue una estupidez. No te preocupes. – dijo levantándose de ahí y marchándose al cortijo dejando a Natalia con la palabra en la boca.
#57
Nhgsa
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08/03/2012 11:23
CAPÍTULO XXXV CUMPLEAÑOS DE FRANCISCA

A la mañana siguiente, Raimundo se había levantado más cansado de la habitual. Parecía que había bebido más de la cuenta anoche sin embargo no recordaba haberse excedido. Fue hasta el bolsillo de su chaqueta donde guardaba una petaca con alcohol y la meneó. Estaba vacía.

- Pues sí que bebí sí.

Cada vez que bebía intentaba que fuera a solas. No quería que nadie hiciera daño a Natalia o a su familia por estar bebiendo ya que sentía que era la única forma de vivir cada día. Beber y beber sin parar hasta desfallecer, al menos así conseguiría algo de paz en mitad de su tortura interior. Después pensó en Natalia, era extraño cómo en esos últimos días pensaba mucho en ella. Había estado ahí en sus momentos bajos para salvarle de sí mismo, de la condena en la que se encontraba por seguir los dictámenes del corazón. Además sin duda era una mujer hermosa y valiente. Es por eso que, por el profundo cariño que le tenía, no quería hacerle daño con su debilidad.

Bajó hasta la taberna para desayunar y ver una cara amiga. María siempre conseguía transmitirle mucha paz.
- Raimundo, ¿cómo te encuentras?
- Algo raro María. ¿Podría prepararme un café bien cargado?
- Claro, ahora mismo. – dijo María con una sonrisa.
- Gracias, eres un sol.
Una voz a su espalda le llamó:
- ¿Es usted Raimundo Ulloa?
- ¿Nos conocemos?
- Todavía no. Me llamo Víctor, Víctor Rodríguez. – se presentó Víctor extendiéndole la mano.
- Raimundo Ulloa. – dijo Raimundo respondiendo al gesto.
- Trabajo para Germán, el dueño del cortijo, y me han contado que usted es su…
- Secretario. – aclaró Raimundo mientras se tomaba el café de María rápidamente.
- Pero siéntese y charlemos.
- Tendrá que ser en otro momento, ahora me esperan en el cortijo. Encantado de conocerle. – dijo Raimundo.

…

Al llegar al cortijo Germán le puso al corriente de los asuntos del día y comenzó su trabajo. Habitualmente conseguía cumplir con todo gracias a su experiencia… y a la petaca cuando sentía que le fallaban las fuerzas. Ese día tenía que enviar unos telegramas y cuadrar las cuentas del cortijo para esa semana. Respiró hondo y sacando fuerzas de flaqueza se puso manos a la obra.

Pero todo cambió al llegar a la imprenta. Puso los telegramas con normalidad pero no pudo evitar ver un cartel que anunciaba una representación de parte de los niños de la escuela. La obra representada y el día parecían formar parte de una estratagema del destino para sumirle en su dolor ya que se trataba de “Veinte mil leguas de viaje submarino” y el día era 7 de marzo.

- Es esta noche. Los niños están ilusionados con la idea. – dijo la señora de la imprenta viendo que Raimundo se había quedado mirando el cartel. Al ver que Raimundo no reaccionaba le tomó el brazo para moverlo. – Señor… ¡señor! – Raimundo reaccionó en ese momento. – ¿Se encuentra bien?
- Ssí… sí… no se preocupe… entonces ¿hoy es 7 de marzo?
- Sí… - afirmó la señora extrañada. - ¿Le ocurre algo?
- Perdone es que… a veces se me va el santo al cielo. Si no fuera por estas cosas no sabría en qué día vivo. Tenga. – disimuló Raimundo.
- A mí también me pasa no se preocupe. Aquí tiene el cambio. – dijo la señora sonriente.
- Con Dios bella dama. – dijo Raimundo despidiéndose de ella como siempre.
- Con Dios gentil caballero. – se despidió la señora.

Al salir Raimundo sentía que le faltaba el aire. Definitivamente el destino o ese Dios del que tanto hablan los curas y en quien no creía estaban dispuestos a hacerle la vida imposible. La obra era su libro favorito pero el día era lo peor. Si era 7 de marzo entonces era… el cumpleaños de Francisca.
Sentía que no podía respirar. Se fue hasta un rincón para que nadie lo viera y ahí sacó su petaca. Hoy la necesitaría más que nunca.

Al terminar con lo encomendado pidió a Germán la tarde libre diciendo que no se sentía bien. Y era verdad, no podría hacer las cosas bien en su trabajo si seguía así y había conseguido que la gente tuviera otro concepto de él que no el de simple borracho. Germán realmente le vio mala cara así que le dio permiso.

Se fue hasta el pueblo más próximo a comprar tres botellas del alcohol que tuvieran. Necesitaba huir de lo que suponía ese día para él. Se sentó en mitad del campo y con ansiedad empezó a beber. Cuando había conseguido tomarse las dos botellas y gran parte de la tercera de ese veneno que le acompañaba en sus días de dolor oyó que alguien lo llamaba. Era Víctor que le había seguido desde que Raimundo dejó el cortijo.

- ¿Raimundo? Pero hombre Raimundo ¿qué haces aquí?
- ¡Déjame! ¡Déjame sólo!
- No deberías hacer esto hombre. – dijo Víctor fingiendo preocupación. - ¿Qué te pasa?
- ¡Déjame! Necesito que pase este maldito día… ¡que pase sin dolor! Aunque sea difícil.
- Difícil ¿por qué? – preguntó Víctor intrigado.
- Es el cumpleaños de mi pequeña. Mi pequeña… - sollozó Raimundo.
- ¿Quieres olvidar? Entonces te ayudaré. – dijo Víctor.
- ¿Ayudarme? No sé cómo podría hacerlo. – dijo Raimundo.
- Bueno… traigo mercancía. – dijo Víctor señalando las alforjas de su caballo. Tenía alcohol suficiente para los dos. Antes de terminarlo todo añadió. – Creo que lo que tú necesitas es un clavo que te saque a esa rica. Y sé dónde encontrarlo. Vamos. – le instó Víctor. Raimundo obedeció.
#58
Nhgsa
Nhgsa
09/03/2012 18:32
CAPÍTULO XXXVI RAIMUNDO DESAPARECIDO

Natalia caminaba hasta el cortijo con un mal presentimiento y su instinto no solía fallar. Llegó hasta allí buscando a Raimundo pero Germán le comunicó que no estaba.

- Pues qué raro. No le he visto en casa. – dijo Natalia.
- A lo mejor os habéis cruzado en el camino y no os habéis visto. – dijo Germán.
- Será eso. Bueno pues voy a ver si está. Con Dios padre. – se despidió Natalia.
- Con Dios hija.

Antes de llegar a casa vio cómo unas madres engalanaban a sus hijos para la obra que iban a representar. De pronto cayó en algo, algo que debió haber pensado desde esta mañana ¡Pero ¿cómo había sido tan estúpida?! Raimundo le dijo en una de sus conversaciones que el cumpleaños de Francisca era 7 de marzo, tal día como hoy. Estaba segura que Raimundo también se había acordado y por eso no estaba en el trabajo. Deseaba interiormente que Raimundo no hiciera ninguna locura.
Fue a su casa pero ahí no estaba y se preocupó todavía más. Álvaro se acercó a ella para tranquilizarla, Julio también se encontraba ahí.

- Tranquila Natalia ¿qué pasa?
- Raimundo padre… tengo miedo de que haga una locura.
- ¿Por qué dices eso?
- Porque no está y hoy es el cumpleaños de Francisca. Él me lo contó.
- Bueno creo que es mayorcito para saber lo que hace ¿no te parece? No somos sus niñeras. – dijo Julio.
- No pero sí sus amigos. Y los amigos están juntos en sus horas bajas. Y yo no voy a dejarle solo. – dijo Natalia con seriedad.
- Está bien. Preguntaré por si alguien lo ha visto. – dijo Álvaro.
- Te acompaño. – dijo Natalia.

Las horas pasaban y no tenían noticias de él. Preguntaron a los braceros del cortijo hasta que al final uno dijo que le había visto cabalgar rumbo al este en compañía de Víctor. Enseguida Álvaro preparó sus monturas con agua y algo de material sanitario junto con Germán y Natalia que se unieron a la expedición.
#59
Nhgsa
Nhgsa
09/03/2012 18:37
CPÍTULO XXXVII EN COMA (¡¡¡NO APTO PARA MENORES!!!)

Raimundo no sabía dónde se encontraba. Todo el mundo comenzaba a dar vueltas alrededor de él. Sólo veía a mujeres ligeras de ropa a su alrededor.

- ¿Dónde… - preguntó Raimundo con dificultad – dddónde estoy?
- En el mejor lugar para olvidar Raimundo. – dijo Víctor abrazando a Raimundo por el hombro y suspirando como si hubiera ido a un lugar sagrado para él. – Vamos.
- No… yo no quiero olvidar. Yo quiero a mi pequeña. – sollozó Raimundo.
- Aquí tendrás a todas las que quieras hombre. Vamos. – dijo Víctor arrastrándole a entrar de lleno en el lupanar.

Raimundo caminaba mientras que perdía la noción del tiempo y de la moral. Iba por la calle como una persona que camina sólo porque lo han llamado, nada más le movía. Cuando entraron vieron que era una casa normal pero lleno de sofás rojos, algunos con forma de corazón. Había miles de mujeres hermosas que dirigían miradas lascivas a los dos nuevos clientes que habían entrado. Raimundo las miraba con indiferencia pero Víctor lo hacía con deseo. Raimundo dirigió la mirada hacia un lado de la estancia y vio a toda una serie de hombres de mediana edad y alguno mayor disfrutando del sexo. Le costaba creerlo. Víctor le llevó a un sofá donde había una mesa con muchas botellas de alcohol.

Raimundo enseguida se sirvió una copa de ron. Tal vez con las copas y las mujeres alcanzaría algo de paz sin estar pensando en ella. Pero el efecto era el contrario.

Mientras la música de jazz y la fiesta inundaba el ambiente, dos morenas hermosas se acercaron a ellos dispuestas a todo. Una de ellas se sentó a horcajadas sobre Raimundo empujándole contra el respaldo del sofá. Mientras, Víctor disfrutaba como un niño.

- Hola guapo. – dijo la mujer con voz sensual. - ¿Quieres que te haga olvidar todos tus problemas?
“Problemas”, esa palabra actuó de forma irremediable como recordatorio: Francisca, su familia, Salvador… Eran tantos los problemas que cerró los ojos por el dolor. La prostituta dijo:
- Oh, pobrecito. Tranquilo que mamá te va a ayudar a liberarte. – dijo mientras le desabrochaba la camisa.
- Francisca… - susurró Raimundo
- Seré quién tú quieras que sea. – le susurró en su oído.

En ese momento Raimundo empezó a marearse y a sentirse mal. Quizás a causa de eso le pareció ver a Francisca a lo lejos. Pestañeó y esa imagen desapareció. Cogió entonces la botella con ansiedad y empezó a beber de ella mientras la prostituta le animaba. Después concentró las fuerzas que le quedaban en buscar esa paz que habían ido a buscar. Sus manos enseguida reptaron por los pechos de la prostituta provocándole intensos jadeos de placer pero después de unos segundos paró. No podía hacerlo. La prostituta siguió intentándolo buscando los botones del pantalón de Raimundo pero él se levantó. No podía dejar de pensar en los encuentros con ella, con Francisca.

- Lo siento. – dijo Raimundo tímidamente. – No puedo... – dijo antes de empezar a toser y volver a marearse.

Respiraba con dificultad y se mareaba. Definitivamente algo había pasado y muy probablemente era por la bebida. Al fin, al fin la bebida acabaría con él como tantas veces había imaginado y así se acabaría el dolor. Ya no habría más dolor. Pero no fue el fin. Uno de los hombres le lanzó un capazo de agua encima a modo de burla.

- ¿Qué pasa borracho? ¿Ya te han dejado seco? – dijo aquel hombre con burla.
Esa agua hizo que Raimundo volviera un poco en sí. El suficiente para tener el firme propósito de irse de aquel lugar. Un grupo de mujeres se acercó a él intentando que permaneciera dentro pero de repente una se abrió paso.

- Apartad. Es mío. – les advirtió a los demás. Raimundo la miraba sin hacer nada. Ella se acercó a él y lo acorraló contra la pared. Lentamente bajó hasta sus pantalones con intenciones nada decorosas mientras que Raimundo se sentía muy mareado y con poca noción de la realidad. Luchaba por aferrarse a ella pero se sentía cansado, su corazón palpitaba y sudaba muchísimo. Estaba a punto de no oponer resistencia cuando volvió a pensar en Francisca y Salvador. Se movió para un lado y la mujer, que ya le había bajado los pantalones le llevó hasta la mesa, se quitó las enaguas y dejando a Raimundo a su espalda. – Monta guapo. – dijo con voz sugerente. – Puedes cabalgarme hasta donde quieras.
#60
Nhgsa
Nhgsa
09/03/2012 18:39
Raimundo sentía cómo empezaba a nublarse la vista. Aquella mujer le ofrecía paz y él sólo hacía negarse. Pero porque interiormente no era lo que quería, sólo quería desaparecer. Vio una botella cerca de él y la cogió con ansiedad. Empezó a beber dejándose llevar por la bebida y dejó a aquella mujer. No quería estar con ninguna en el cumpleaños de Francisca.

Después de un gran trago pudo recomponerse malamente pero acto seguido su cuerpo empezaba a apagarse. Se tambaleaba peligrosamente y su corazón latía demasiado lento además estaba empapado de un sudor frío y empezaba a temblar cuando de repente, al fondo, creyó ver a una mujer rubia que decía su nombre. Por la luz de la estancia y por su belleza debía ser su ángel, el ángel que ya le había salvado alguna vez. Natalia le levantó del suelo enseguida.

- Sálvame por favor, sálvame de mí. – le suplicó Raimundo.
- Tranquilo Raimundo tranquilo. Te sacaré de aquí. – dijo Natalia aferrándole con fuerza. Le cogió un brazo y lo pasó alrededor de su cuello. Las mujeres se rebelaron contra ellos haciendo que Raimundo se cayera. - ¡¡¡¡Largaos de aquí zorras!!!! – gritó Natalia con desesperación. Volvió a cogerle y salieron de ahí.

Ya en la calle, a Raimundo le quedaba un hilo de vida. Natalia reconoció enseguida la gravedad de lo que le pasaba.

- Raimundo aguanta. Enseguida llegaremos a casa y te pondrás bien. – decía Natalia con lágrimas en los ojos. Pero Raimundo comenzó a desvanecerse quedando tendido en medio de la calle. Natalia le abrazaba con fuerza y con lágrimas en los ojos - ¡¡¡No!!! ¡¡Raimundo!! ¡¡No te vayas por favor!! ¡¡No te mueras!!

Raimundo respiraba con mucha dificultad así que Natalia comenzó a reanimarle para mantenerle con vida.

- ¡¡Háblame Raimundo!! ¡¡No te mueras!!

- Mi pequeña… - susurró Raimundo. – Lo siento tanto… Lo siento… No quería hacerte daño… No quería – dijo mientras que sus ojos comenzaban a cerrarse.

- ¡¡No!! ¡¡Ayuda!! ¡¡Socorro por favor!! ¡¡Raimundo!! – suplicaba Natalia que se abrazó a él como si sirviera para salvarle la vida y lloró mientras sentía que el corazón de Raimundo daba sus últimos coletazos. – Dios mío por favor… no te lo lleves todavía… Se merece ser feliz por favor… Raimundo… te quiero… te quiero.

Y así, abrazada a él, suplicaba ayuda pero la calle estaba casi desierta y las pocas personas que se encontraban estaban borrachas. Únicamente contaban con la compañía de la noche y de la luz de la luna mientras que en sus brazos, Raimundo Ulloa, luchaba por sobrevivir, lejos de su amor, de su familia y de su tierra.

- ¡¡Hija!! ¡¡Natalia!! – dijo una voz al fondo.
- ¡¡Papá!! ¡¡Aquí!! – gritó Natalia con desesperación – Ya está Raimundo. Te pondrás bien.
Álvaro llegó junto a Germán y llevaron a Raimundo a la calesa con el pulso muy débil. Necesitaba atención médica inmediata. El médico del pueblo le atendió enseguida tras despertarle. Después de unos minutos en los que Natalia no cabía en sí el médico salió.

- Tengo una buena noticia y una mala. ¿Cuál quieren oír primero?
- Cual sea doctor. – dijo Natalia.
- La buena es que gracias a esa reanimación su corazón ha podido aguantar lo suficiente para salvarse. Y hay que dar gracias, no muchos aguantan tanto tras un coma etílico.
- ¿Y la mala? – preguntó Álvaro.
- La mala es que aún así ha sido demasiado alcohol y su hígado ya estaba bastante maltratado antes de esta noche. Las próximas horas son cruciales.
- Pero doctor… ¿sigue en peligro su vida? – preguntó Natalia
- Sí Natalia. Si no despierta puede caer en coma o incluso… morir.

…

Natalia entró tímidamente en la habitación donde se encontraba Raimundo. Se arrodilló a su lado y le tomó la mano. Su aspecto desvalido y las marcas de su cuerpo le hicieron enternecerse. ¡¿Cómo algo tan noble y hermoso podía vivir ese infierno?!¡¿Cómo esa persona que tanto dijo quererle no se apiadaba de él?! Natalia sentía esas preguntas bullir en su cabeza mientras le acariciaba el rostro con ternura.

- Daría… - dijo Natalia entre lágrimas –… lo que fuera porque ella te viera… como te veo yo… Ojalá estuviera en mí poder… hacerte feliz… Te quiero Raimundo… No te mereces este sufrimiento… - le dio un beso en la mejilla y apoyó su frente en la de él – No te mueras… por favor… quédate conmigo.

La noche transcurrió lenta para ellos. Natalia se sentó al lado de Raimundo y no paró de rezar mientras él luchaba por sobrevivir.
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