Foro El secreto de Puente Viejo
Una historia de dos: La GRAN INVESTIGACIÓN y una noche de amor
#0
27/11/2011 13:21
Artemisilla y yo, Verrego, hemos juntado nuestras fuerzas, nuestras mentes y el resultado es una FIC un tanto diferente. La historia es narrada desde el punto de vista de Tristán y de Pepa, ellos serán los narradores.
UNA HISTORIA DE DOS, comienza con un suceso que todas tenemos ganas ver y en medio se descubrirán secretos, engaños, familias enfrentadas y los sentimientos jugarán un papel importante en todo el desarrollo de la historia.
Tanto Artemisilla como yo esperamos que os guste y disfrutéis.
Vídeos FormulaTV
'Euphoria' regresa tras su salto temporal en el tráiler de la tercera temporada
'La isla de las tentaciones 10' lanza un extenso avance antes de su estreno en Telecinco
laSexta cumple 20 años con la información y el entretenimiento como bastiones frente a la competencia
'Masterchef' muestra un extenso avance de su nueva edición, que se estrena el lunes 30 de marzo en La 1
La serie de 'Harry Potter' muestra su primer tráiler y anuncia su fecha de estreno
'Los Bridgerton' confirma la pareja de su quinta temporada, que ya ha iniciado su rodaje
#121
09/12/2011 21:37
Vienen giros, vienen sorpresas agarraos el gorro y las bragas!!!!!!!!!!!!!!
#122
09/12/2011 23:32
Oye oye menos anunciar y más colgar!!! jajajajaja
Es broma, eh? Vosotras a vuestro ritmo que bastante hacéis al curraros esta historia tan, tan... ya no sé ni como calificarla, simplemente es genial!
Y esta Sole si es la que nos gusta.
Por cierto... también tenemos aquí a Emily Holmes.... no se le escapa una, tiene controlao al capitán. jajaja
Es broma, eh? Vosotras a vuestro ritmo que bastante hacéis al curraros esta historia tan, tan... ya no sé ni como calificarla, simplemente es genial!
Y esta Sole si es la que nos gusta.
Por cierto... también tenemos aquí a Emily Holmes.... no se le escapa una, tiene controlao al capitán. jajaja
#123
10/12/2011 14:49
Uf, como me gusta!! Y nos habeis devuelto a la Soledad que nos gustaba a todos.
Más, quiro más, pero mucho más......
Más, quiro más, pero mucho más......
#124
10/12/2011 17:20
Unos golpes en la puerta ponen fin a nuestra conversación, es Emilia.
-Pasa, Emilia. ¿Qué se te ofrece?
-Gracias Señor. ¡Hola Soledad! No me quedaré mucho tiempo que la taberna esta repleta de gente.
-Hola Emilia, Yo ya me iba y Tristán haré lo que me has encargado.
-Gracias, Soledad. No sé qué haría sin ti. Emilia, ¿qué ocurre?
-Un muchacho me acaba de dejar esta nota para usted y no me dijo quien se la enviaba.
El corazón se me aceleró y una sonrisa asomó a mi rostro. ¿Y si era una carta de Pepa? ¿Y si todo había sido un mal sueño y podíamos seguir casados? Tal era mi emoción, que no me percaté de que Emilia había vuelto a sus quehaceres en la casa de comidas. Abrí el sobre con la misma ilusión con la que recibía de niño los regalos de Reyes. Me senté en la cama y leí:
“Mañana a las 10 en El Jaral. Sé discreto”
No sabía qué pensar tras leer la nota. ¿Quién quería verme y para qué? conozco a Pepa, y ella no es de enviar notas, aunque las circunstancias son muy especiales y no podía perder la esperanza. Aún así, algo en mi interior me decía que Doña Águeda estaba detrás de todo esto, pero ¿por qué? Ella ya ha dicho todo lo que tenía decir...
Leí y releí la nota intentando buscar alguna pista que me adelantase algo de lo que iba a pasar al día siguiente, pero una nota tan escueta como aquella no daba para más conjeturas.
CONTINUARÁ...
-Pasa, Emilia. ¿Qué se te ofrece?
-Gracias Señor. ¡Hola Soledad! No me quedaré mucho tiempo que la taberna esta repleta de gente.
-Hola Emilia, Yo ya me iba y Tristán haré lo que me has encargado.
-Gracias, Soledad. No sé qué haría sin ti. Emilia, ¿qué ocurre?
-Un muchacho me acaba de dejar esta nota para usted y no me dijo quien se la enviaba.
El corazón se me aceleró y una sonrisa asomó a mi rostro. ¿Y si era una carta de Pepa? ¿Y si todo había sido un mal sueño y podíamos seguir casados? Tal era mi emoción, que no me percaté de que Emilia había vuelto a sus quehaceres en la casa de comidas. Abrí el sobre con la misma ilusión con la que recibía de niño los regalos de Reyes. Me senté en la cama y leí:
“Mañana a las 10 en El Jaral. Sé discreto”
No sabía qué pensar tras leer la nota. ¿Quién quería verme y para qué? conozco a Pepa, y ella no es de enviar notas, aunque las circunstancias son muy especiales y no podía perder la esperanza. Aún así, algo en mi interior me decía que Doña Águeda estaba detrás de todo esto, pero ¿por qué? Ella ya ha dicho todo lo que tenía decir...
Leí y releí la nota intentando buscar alguna pista que me adelantase algo de lo que iba a pasar al día siguiente, pero una nota tan escueta como aquella no daba para más conjeturas.
CONTINUARÁ...
#125
10/12/2011 17:23
¿Que querrá Águeda de Tristán? Esto se pone cada vez más interesante
#126
10/12/2011 17:38
Ya lo descubrirás, lo descubrirás pronto...
#127
10/12/2011 18:04
ay dios, ya no sé que me causa más angustia, si la serie o tu novela, de todas formas es un placer leerte
#128
10/12/2011 18:35
Vero como nos dejas asi! Que querrá agueda? Ay dios!
#129
10/12/2011 21:11
uuuuyyyyy que intriga, me tiene enganchadísima esta historia, y sinceramente gusta más, mucho más que la real.seguid así chicas enhorabuena.
#130
10/12/2011 21:16
Como le había dicho a mi hermano, yo buscaría alguna prueba o pista de algún enamoramiento de nuestra madre antes de casarse con padre. Y así lo hice.
Después de cenar madre leyó un poco pero la migraña que sufría no le permitía concentrarse en la lectura, por lo que decidió retirarse a sus aposentos. Marchó, mientras yo esperaba a que la casona quedara vacía. Cuando la última muchacha de servicio se había marchado, subo las escaleras para confirmar que madre sigue en su alcoba. Si hacer mucho ruido bajo las escaleras y me dirijo al despacho. “¿Por dónde empiezo?” Me pregunto, cuando enfrente de mi veo el escritorio que, todos de algún modo u otro, habíamos utilizado ya. Me siento en la silla, abro el cajón, de vez en cuando miro al frente para vigilar si viene madre. Hay papeles de la finca, algunos de la conservera, de momento nada relevante.Lo único que me llama la atención es un pequeño lazo rosa, viejo y sucio, que no tiene mucha razón de ser que esté en el cajón. Lo acerco a la nariz, huele a humedad, frunzo la nariz del mal olor. En el cajón nada más.
Me levanto y voy a las estanterias de los libros, alguna enciclopedia, tomos enormes y antiguos, tampoco nada destacable.
Cuando parece que no hay ningún secreto en esa estancia de la casona, cuando me iba a dar por vencida, la respuesta a mi inquietud de no poder ayudar a mi hermano, está delante de mi. El pequeño mueble que hay lado de la ventana, la vitrina donde madre guarda los libros que más estima. Es ahí donde algún secreto e puede guardar. Abro con sumo cuidado, estando siempre alerta de escuchar algún ruido por mínimo que fuera. Mis manos nerviosas palpan los losmos de los libros, hasta que algo me llama la atención, hay un libro fino que está puesto de tal forma que está más echado hacia delante que el resto. Lo tomo entre mis manos, es un libro de poemas de Rosalía de Castro, lo abro y se abre directamente por uno de los poemas, vuelvo hacia las primeras páginas y me sorprendo al ver una dedicatoria:
Qué estas líneas sean el principio de una pasión compartida. R
No puedo dar crédito a lo que mi ojos están viendo. Alguien había dedicado este libro pero, ¿quién le habrá dedicado este libro de poemas a madre? Pienso un poco y la verdad es que no creo que se lo dedicara padre, no veo a padre emocionándose con un libro de poemas y mucho menos dedicándolo, a parte no coincide con la inicial R, esto es una aguja en un pajar, hay muchos nombres que empiezan por R, pero algo es algo, para ser más de media noche. Me acerco de nuevo al escritorio, abro el cajón, cojo una hoja limpia, tomo la pluma, la mojo en el tintero y escribo la pequeña dedicatoria. Dejo todo en su sitio, coloco el libro como estaba, cierro la vitrina y me marcho a mi habitación. Encontrar esta dedicatoria me dio ánimos para sospechar que la alcoba de madre podía esconder algo más.
No pude dormir en toda la noche pensando en la persona que habría escrito esas palabras para madre. Esto me hizo imaginarme a una Francisca Montenegro no como la que conocemos ahora, esa persona fría y distante que roza la inhumanidad, sino a una muchacha que pudo haber amado de verdad. Estaba cediendo al sueño cuando el ruido de la calesa al partir me despertó sobresaltada. Era la señal para poder entrar en los aposentos madre y así lo hice. Entré, de las pocas veces que lo hice. Todo seguía igual, enormes cuadros de temática religiosa cuelgan de las paredes, un enorme báhul a los pies de la cama, el piano, es una habitación algo oscura, claro está que el servicio no la ha arreglado todavía. Me acerco a su escritorio, rebusco entre sus cajones, pero no encontré nada. Aunque me llama la atención que uno de los cajones pequeños no se podía abrir y no tenía cerradura.
Regreso a mi habitación donde cojo la hoja donde había escrito la dedicatoria del libro, la meto en un sobre para dársela a Mariana y que se la haga llegar a mi hermano.
CONTINUARÁ...
Después de cenar madre leyó un poco pero la migraña que sufría no le permitía concentrarse en la lectura, por lo que decidió retirarse a sus aposentos. Marchó, mientras yo esperaba a que la casona quedara vacía. Cuando la última muchacha de servicio se había marchado, subo las escaleras para confirmar que madre sigue en su alcoba. Si hacer mucho ruido bajo las escaleras y me dirijo al despacho. “¿Por dónde empiezo?” Me pregunto, cuando enfrente de mi veo el escritorio que, todos de algún modo u otro, habíamos utilizado ya. Me siento en la silla, abro el cajón, de vez en cuando miro al frente para vigilar si viene madre. Hay papeles de la finca, algunos de la conservera, de momento nada relevante.Lo único que me llama la atención es un pequeño lazo rosa, viejo y sucio, que no tiene mucha razón de ser que esté en el cajón. Lo acerco a la nariz, huele a humedad, frunzo la nariz del mal olor. En el cajón nada más.
Me levanto y voy a las estanterias de los libros, alguna enciclopedia, tomos enormes y antiguos, tampoco nada destacable.
Cuando parece que no hay ningún secreto en esa estancia de la casona, cuando me iba a dar por vencida, la respuesta a mi inquietud de no poder ayudar a mi hermano, está delante de mi. El pequeño mueble que hay lado de la ventana, la vitrina donde madre guarda los libros que más estima. Es ahí donde algún secreto e puede guardar. Abro con sumo cuidado, estando siempre alerta de escuchar algún ruido por mínimo que fuera. Mis manos nerviosas palpan los losmos de los libros, hasta que algo me llama la atención, hay un libro fino que está puesto de tal forma que está más echado hacia delante que el resto. Lo tomo entre mis manos, es un libro de poemas de Rosalía de Castro, lo abro y se abre directamente por uno de los poemas, vuelvo hacia las primeras páginas y me sorprendo al ver una dedicatoria:
Qué estas líneas sean el principio de una pasión compartida. R
No puedo dar crédito a lo que mi ojos están viendo. Alguien había dedicado este libro pero, ¿quién le habrá dedicado este libro de poemas a madre? Pienso un poco y la verdad es que no creo que se lo dedicara padre, no veo a padre emocionándose con un libro de poemas y mucho menos dedicándolo, a parte no coincide con la inicial R, esto es una aguja en un pajar, hay muchos nombres que empiezan por R, pero algo es algo, para ser más de media noche. Me acerco de nuevo al escritorio, abro el cajón, cojo una hoja limpia, tomo la pluma, la mojo en el tintero y escribo la pequeña dedicatoria. Dejo todo en su sitio, coloco el libro como estaba, cierro la vitrina y me marcho a mi habitación. Encontrar esta dedicatoria me dio ánimos para sospechar que la alcoba de madre podía esconder algo más.
No pude dormir en toda la noche pensando en la persona que habría escrito esas palabras para madre. Esto me hizo imaginarme a una Francisca Montenegro no como la que conocemos ahora, esa persona fría y distante que roza la inhumanidad, sino a una muchacha que pudo haber amado de verdad. Estaba cediendo al sueño cuando el ruido de la calesa al partir me despertó sobresaltada. Era la señal para poder entrar en los aposentos madre y así lo hice. Entré, de las pocas veces que lo hice. Todo seguía igual, enormes cuadros de temática religiosa cuelgan de las paredes, un enorme báhul a los pies de la cama, el piano, es una habitación algo oscura, claro está que el servicio no la ha arreglado todavía. Me acerco a su escritorio, rebusco entre sus cajones, pero no encontré nada. Aunque me llama la atención que uno de los cajones pequeños no se podía abrir y no tenía cerradura.
Regreso a mi habitación donde cojo la hoja donde había escrito la dedicatoria del libro, la meto en un sobre para dársela a Mariana y que se la haga llegar a mi hermano.
CONTINUARÁ...
#131
10/12/2011 21:21
ole ole y ole.. Una pista de que Tris no es Castro.. por fin dieron con ella
#132
11/12/2011 15:56
Llevo horas despierto dando vueltas por la habitación. La nota me ha alterado tanto que he sido incapaz de pegar el ojo. El reloj de la casa de comidas marca las ocho y decido salir hacia la casona. Sé que es demasiado pronto, pero no quiero que ningún contratiempo me detenga, y en caso de llegar antes de tiempo, me dedicaré a tomar un poco la fresca, me vendrá bien para despejar la mente y airear las ideas.
Sorteo como puedo las súplicas de Emilia para que desayune, pero nada me cabe en el buche. Ya comeré luego.
El camino hasta El Jaral se me hace eterno. He estado toda la vida acostumbrado a moverme en calesa o en mi caballo, y ahora que he de hacerlo a pie, cada paso que doy me resulta eterno, pero por fin, llego ante la puerta de la finca y llamo a la campanilla que cuelga del lado derecho de la puerta. Una de mis antiguas doncellas me abre la puerta con gran pudor, pues sabe que su marcha a El Jaral fue precipitada y a nuestras espaldas, pero no la culpo, Doña Francisca Montenegro es una déspota sin corazón e incapaz de aflojar la faltriquera. Le pongo una mano en el hombro, dándole a entender que no estoy enfadado con ella. ¿Quién soy yo para enfadarme con una persona que sólo quiere mejorar honradamente en esta vida?
Al entrar en la espléndida casa, me indican que Doña Águeda me está esperando en el salón. Por un momento la decepción se apodera de mí. ¿Y Pepa? Pienso para mis adentros.
- ¿Da usted su permiso, Doña Águeda?
-Adelante Tristán, te estaba esperando. Toma asiento, por cierto, ¿has desayunado?
- Lo cierto es que no, esta mañana al despertar tenía un nudo en el estómago por el desasosiego que me produjo su nota. ¿Le ha pasado algo a Pepa? ¿Acaso ha vuelto?
-No te inquietes Tristán, Pepa está bien. Ya están instalados en Madrid, el viaje fue algo cansado y llegaron sin ningún percance y a tu última pregunta debo decirte que no, Tristán, no ha regresado.
- Me lo suponía, pero entiéndame, tenía que preguntarlo.
-Lo sé, un amor como el vuestro no se olvida fácilmente y ni los sentimientos desaparecen del día a la noche. No te recrimino, al contrario te entiendo y sé que no la has olvidado como ella no se ha olvidado de ti.
- Lo sé. Bueno, y dígame, ¿A qué tanto misterio con su nota? He de reconocer que he venido movido más por la curiosidad que por deferencia hacia usted.
-Fui escueta en mis palabras para que vinieras, si no lo hiciera así me arriesgaba a que no aceptaras mi invitación. Bien, quiero proponerte algo.
Por un momento el silencio se apoderó del salón.
-Usted dirá, Doña Águeda.
Estaba nervioso, no me gusta que me tengan en ascuas, y menos si recelo de la persona que me mantiene en vilo. Ella, sabedora del impacto de los silencios, los usaba a su antojo. Tal era así que se podía oír hasta el vuelo de una mosca.
-Quiero que...mejor dicho, me gustaría que me ayudaras a dirigir El Jaral y todo lo que ello conlleva. Pensé que me podía enfrentar a esta finca yo sola, pero lo cierto que es que no, de muchos asuntos se encargaba Olmo y ahora que no está necesito a alguien que me ayude y creo que no hay nadie más preparado en este pueblo que tú, ¿qué me dices?
Durante unos segundos creí que Doña Águeda me había hecho ir hasta allí sólo para chancearse de mí, pero poco a poco me fui dando cuenta de que aquella proposición no era ninguna broma, y ciertamente me convenía, ya no sólo por el jornal que ganaría, sino para poder tener controlada a aquella mujer. En cierta manera veo lógico que quiera vengarse de madre (y no conozco a nadie que no quiera hacerlo) pero en el lote de los Montenegro va mi hermana Soledad, y eso no lo podía permitir. Si algo he aprendido de madre, es que a los amigos hay que tenerlos cerca, pero a los enemigos, mucho más.
-Acepto de buen grado su oferta. Será un placer trabajar para usted
-Me alegro, me alegra muchísimo que aceptes, pero no me gustaría que tu madre se enterara que estés trabajando para mi...no lo hago por mi, sino por ti y si soy sincera no me gustaría que llegase a sus oídos las cuentas de esta finca, pero también quiero decirte que confío plenamente en ti.
-Agradecido. Supongo que no habrá sido fácil decidir contratar como persona de confianza a uno de sus enemigos. ¿Puedo preguntarle por qué lo ha hecho?
Ahí había gato encerrado. ¿Por qué contratar a uno de sus enemigos para llevar sus cuentas? Sí, es posible que ella quiera tenerme tan cerca como yo a ella, pero con mandar a alguno de sus hombres a vigilarme, todo solucionado. Debe haber alguna otra razón...
-La Primera razón es que no tienes ocupación, la segunda porque eres mi yerno, todavía eres el marido de Pepa por lo que de algún modo seguimos siendo familia, y la tercera porque Pepa puso toda su confianza en ti, por lo que yo hago lo mismo.
Doña Águeda no ha negado que soy uno de sus enemigos, así que mi recelo se acentúa un poco más. Pero aún así, sigo aceptando el trabajo.
-¿Cuándo le viene bien que empiece?
-Cuando quieras, lo dejo a tu elección, pero cuanto antes mejor.
-Si le parece puedo empezar ahora mismo, no tengo ningún inconveniente. Ya sabe, no me espera nadie en casa...
-Perfecto. Acompáñame asi te muestro el despacho.
-Con mucho gusto.
Al comenzar a trabajar hoy para doña Águeda, sé que Emilia se estrañará de no verme por la posada.
CONTINUARÁ...
Sorteo como puedo las súplicas de Emilia para que desayune, pero nada me cabe en el buche. Ya comeré luego.
El camino hasta El Jaral se me hace eterno. He estado toda la vida acostumbrado a moverme en calesa o en mi caballo, y ahora que he de hacerlo a pie, cada paso que doy me resulta eterno, pero por fin, llego ante la puerta de la finca y llamo a la campanilla que cuelga del lado derecho de la puerta. Una de mis antiguas doncellas me abre la puerta con gran pudor, pues sabe que su marcha a El Jaral fue precipitada y a nuestras espaldas, pero no la culpo, Doña Francisca Montenegro es una déspota sin corazón e incapaz de aflojar la faltriquera. Le pongo una mano en el hombro, dándole a entender que no estoy enfadado con ella. ¿Quién soy yo para enfadarme con una persona que sólo quiere mejorar honradamente en esta vida?
Al entrar en la espléndida casa, me indican que Doña Águeda me está esperando en el salón. Por un momento la decepción se apodera de mí. ¿Y Pepa? Pienso para mis adentros.
- ¿Da usted su permiso, Doña Águeda?
-Adelante Tristán, te estaba esperando. Toma asiento, por cierto, ¿has desayunado?
- Lo cierto es que no, esta mañana al despertar tenía un nudo en el estómago por el desasosiego que me produjo su nota. ¿Le ha pasado algo a Pepa? ¿Acaso ha vuelto?
-No te inquietes Tristán, Pepa está bien. Ya están instalados en Madrid, el viaje fue algo cansado y llegaron sin ningún percance y a tu última pregunta debo decirte que no, Tristán, no ha regresado.
- Me lo suponía, pero entiéndame, tenía que preguntarlo.
-Lo sé, un amor como el vuestro no se olvida fácilmente y ni los sentimientos desaparecen del día a la noche. No te recrimino, al contrario te entiendo y sé que no la has olvidado como ella no se ha olvidado de ti.
- Lo sé. Bueno, y dígame, ¿A qué tanto misterio con su nota? He de reconocer que he venido movido más por la curiosidad que por deferencia hacia usted.
-Fui escueta en mis palabras para que vinieras, si no lo hiciera así me arriesgaba a que no aceptaras mi invitación. Bien, quiero proponerte algo.
Por un momento el silencio se apoderó del salón.
-Usted dirá, Doña Águeda.
Estaba nervioso, no me gusta que me tengan en ascuas, y menos si recelo de la persona que me mantiene en vilo. Ella, sabedora del impacto de los silencios, los usaba a su antojo. Tal era así que se podía oír hasta el vuelo de una mosca.
-Quiero que...mejor dicho, me gustaría que me ayudaras a dirigir El Jaral y todo lo que ello conlleva. Pensé que me podía enfrentar a esta finca yo sola, pero lo cierto que es que no, de muchos asuntos se encargaba Olmo y ahora que no está necesito a alguien que me ayude y creo que no hay nadie más preparado en este pueblo que tú, ¿qué me dices?
Durante unos segundos creí que Doña Águeda me había hecho ir hasta allí sólo para chancearse de mí, pero poco a poco me fui dando cuenta de que aquella proposición no era ninguna broma, y ciertamente me convenía, ya no sólo por el jornal que ganaría, sino para poder tener controlada a aquella mujer. En cierta manera veo lógico que quiera vengarse de madre (y no conozco a nadie que no quiera hacerlo) pero en el lote de los Montenegro va mi hermana Soledad, y eso no lo podía permitir. Si algo he aprendido de madre, es que a los amigos hay que tenerlos cerca, pero a los enemigos, mucho más.
-Acepto de buen grado su oferta. Será un placer trabajar para usted
-Me alegro, me alegra muchísimo que aceptes, pero no me gustaría que tu madre se enterara que estés trabajando para mi...no lo hago por mi, sino por ti y si soy sincera no me gustaría que llegase a sus oídos las cuentas de esta finca, pero también quiero decirte que confío plenamente en ti.
-Agradecido. Supongo que no habrá sido fácil decidir contratar como persona de confianza a uno de sus enemigos. ¿Puedo preguntarle por qué lo ha hecho?
Ahí había gato encerrado. ¿Por qué contratar a uno de sus enemigos para llevar sus cuentas? Sí, es posible que ella quiera tenerme tan cerca como yo a ella, pero con mandar a alguno de sus hombres a vigilarme, todo solucionado. Debe haber alguna otra razón...
-La Primera razón es que no tienes ocupación, la segunda porque eres mi yerno, todavía eres el marido de Pepa por lo que de algún modo seguimos siendo familia, y la tercera porque Pepa puso toda su confianza en ti, por lo que yo hago lo mismo.
Doña Águeda no ha negado que soy uno de sus enemigos, así que mi recelo se acentúa un poco más. Pero aún así, sigo aceptando el trabajo.
-¿Cuándo le viene bien que empiece?
-Cuando quieras, lo dejo a tu elección, pero cuanto antes mejor.
-Si le parece puedo empezar ahora mismo, no tengo ningún inconveniente. Ya sabe, no me espera nadie en casa...
-Perfecto. Acompáñame asi te muestro el despacho.
-Con mucho gusto.
Al comenzar a trabajar hoy para doña Águeda, sé que Emilia se estrañará de no verme por la posada.
CONTINUARÁ...
#133
11/12/2011 16:18
¿Tristan trabajando para Águeda? ¡No me lo esperaba en absoluto
#134
11/12/2011 17:12
Al comenzar a trabajar hoy para doña Águeda, sé que Emilia se estrañará de no verme por la posada.
-Sebastián, ¿has visto a Tristán?
-No, desde ayer por la noche no lo he vuelto a ver.
-Padre, ¿ha visto a Tristán?
-No Emilia, supongo que estará en su habitación como siempre...
-No padre, salió muy de mañana y todavía no ha vuelto...
-Emilia, conozco a Tristán desde niños y seguro que estará bien.
Ya me pueden decir lo que quieran para tranquilizarme, pero me preocupa igualmente. Yo misma le he colocado la habitación y sé a ciencia cierta que no ha venido, pues estuve pendiente de su llegada toda la mañana. Padre se va a las tierras, por lo que mi hermano y yo comemos solos.
-Sebastián, ¿me permites contarte lo que llevo barruntando desde que Pepa se ha ido?
-Claro mujer, ¿de qué se trata?
-Es sobre Tristán y Pepa.
-¿Qué ocurre?
Clavo mi mirada en mi hermano.
-¡Ah! Vale, me quieres hablar de ese turbulento tema que los ha separado...tiene que ser tremendo que después de tanto luchar para estar con la persona amada el destino te guarde semejante sorpresa...
No separo mis ojos de Sebastián.
-Pero dime, ¿qué es eso que me quieres contar?
-Le llevo dando vueltas a este tema desde que Pepa se ha ido y la verdad tengo dudas.
-¿Dudas? ¿Por qué?
-No sé Sebastián. Hay algo en todo este asunto que no me cuadra...
-¿A qué te refieres?
-Pues que al saber que padre mantuvo en su juventud una relación con doña Francisca...
-Emilia baja la voz...
-Pues que al tener conocimiento de esa relación me he puesto ha pensar que...
-¿Qué? Pero habla mujer.
-¿Y si Tristán es nuestro hermano?
Sebastián deja el cubierto dentro del cuenco. En su rostro hay una expresión como si viera un fantasma.
-Pero Emilia, ¿qué dices?
-Lo que llevo barruntando hace unos días Sebastián, además me vino a la mente lo que nos dijo el señor Santamaría, que al poco de romper, sin justificación ninguna Francisca apareció casada con Salvador Castro y se sabe que a los siete meses de ese matrimonio nació Tristán.
-¿Y cómo pretendes que lo averiguemos lista?
-No lo sé...¿Y si le pregunto a padre?
-Ni de lejos Emilia, que te vas a acercar a padre y decirle: padre, ¿no ha sospechado que tal vez Tristán fuera su hijo? ¡El mosqueo que se agarraría! Y sabemos que cuando padre agarra un mosqueo no lo suelta en años.
-Ea, ¿qué propones?
-No propongo nada, porque no podemos hacer nada...
Levanto la mano cerrada en un puño cuando oí esas palabras salir de la boca de mi hermano.
-¿Y que haces loca? Baja ese puño que solo te falta cantar el himno de Riego.
En la cara de mi hermano se había dibujado una expresión de chanza por el puño, bajo la mano y miro para el frente perdiendo la mirada mientras mis esperanzas se desvanecen
-Hermana, ¿por qué quieres buscar indicios de que Tristán no es un Castro?
-Para que vuelva Pepa. -Los ojos se me llenaron de lágrimas. -Si descubrimos que Tristán no es un Castro habría alguna posibilidad de que Pepa volviera al pueblo... Sebastián la echo mucho de menos, desde que se fue siento un vacío interno que cada día que pasa se hace más grande.
Sebastián me estrecha entre sus brazos para consolarme, pero lo único que me consolaría es ver entrar a Pepa por la puerta e la taberna como hacía siempre.
CONTIMUARÁ...
-Sebastián, ¿has visto a Tristán?
-No, desde ayer por la noche no lo he vuelto a ver.
-Padre, ¿ha visto a Tristán?
-No Emilia, supongo que estará en su habitación como siempre...
-No padre, salió muy de mañana y todavía no ha vuelto...
-Emilia, conozco a Tristán desde niños y seguro que estará bien.
Ya me pueden decir lo que quieran para tranquilizarme, pero me preocupa igualmente. Yo misma le he colocado la habitación y sé a ciencia cierta que no ha venido, pues estuve pendiente de su llegada toda la mañana. Padre se va a las tierras, por lo que mi hermano y yo comemos solos.
-Sebastián, ¿me permites contarte lo que llevo barruntando desde que Pepa se ha ido?
-Claro mujer, ¿de qué se trata?
-Es sobre Tristán y Pepa.
-¿Qué ocurre?
Clavo mi mirada en mi hermano.
-¡Ah! Vale, me quieres hablar de ese turbulento tema que los ha separado...tiene que ser tremendo que después de tanto luchar para estar con la persona amada el destino te guarde semejante sorpresa...
No separo mis ojos de Sebastián.
-Pero dime, ¿qué es eso que me quieres contar?
-Le llevo dando vueltas a este tema desde que Pepa se ha ido y la verdad tengo dudas.
-¿Dudas? ¿Por qué?
-No sé Sebastián. Hay algo en todo este asunto que no me cuadra...
-¿A qué te refieres?
-Pues que al saber que padre mantuvo en su juventud una relación con doña Francisca...
-Emilia baja la voz...
-Pues que al tener conocimiento de esa relación me he puesto ha pensar que...
-¿Qué? Pero habla mujer.
-¿Y si Tristán es nuestro hermano?
Sebastián deja el cubierto dentro del cuenco. En su rostro hay una expresión como si viera un fantasma.
-Pero Emilia, ¿qué dices?
-Lo que llevo barruntando hace unos días Sebastián, además me vino a la mente lo que nos dijo el señor Santamaría, que al poco de romper, sin justificación ninguna Francisca apareció casada con Salvador Castro y se sabe que a los siete meses de ese matrimonio nació Tristán.
-¿Y cómo pretendes que lo averiguemos lista?
-No lo sé...¿Y si le pregunto a padre?
-Ni de lejos Emilia, que te vas a acercar a padre y decirle: padre, ¿no ha sospechado que tal vez Tristán fuera su hijo? ¡El mosqueo que se agarraría! Y sabemos que cuando padre agarra un mosqueo no lo suelta en años.
-Ea, ¿qué propones?
-No propongo nada, porque no podemos hacer nada...
Levanto la mano cerrada en un puño cuando oí esas palabras salir de la boca de mi hermano.
-¿Y que haces loca? Baja ese puño que solo te falta cantar el himno de Riego.
En la cara de mi hermano se había dibujado una expresión de chanza por el puño, bajo la mano y miro para el frente perdiendo la mirada mientras mis esperanzas se desvanecen
-Hermana, ¿por qué quieres buscar indicios de que Tristán no es un Castro?
-Para que vuelva Pepa. -Los ojos se me llenaron de lágrimas. -Si descubrimos que Tristán no es un Castro habría alguna posibilidad de que Pepa volviera al pueblo... Sebastián la echo mucho de menos, desde que se fue siento un vacío interno que cada día que pasa se hace más grande.
Sebastián me estrecha entre sus brazos para consolarme, pero lo único que me consolaría es ver entrar a Pepa por la puerta e la taberna como hacía siempre.
CONTIMUARÁ...
#135
11/12/2011 17:21
Otra que se apunta a la búsqueda de noticias para conseguir traer a su hermana de vuelta. enhorabuena chicas que gran trabajo estáis haciendo
#136
11/12/2011 18:37
He de reconocer que al entrar en el despacho de Doña Águeda me quedé bastante impresionado. La habitación, sobria pero decorada con un gusto exquisito, era muy distinta al depacho de la casona. En el centro, una gran mesa invitaba a ocupar la cabeza en cuentas, números, lindes y contratos. Tras recibir una invitación de mi ahora patrona, me senté en una de las sillas que había junto a la mesa y esperé órdenes.
-Tristan siéntate, por favor, ponte cómodo.
-Gracias -dije. Una vez sentado, tomé la palabra- Usted dirá, Doña Águeda.
-Mira en estos libros están las cuentas, los contratos. En una palabra, todo lo que respecta a la finca.
Miré con detenimiento todos los papeles que me iban llegando. En un principio pensé que iba a costar más adaptarme a unos papeles ajenos, pero luego me di cuenta de que aquella idea era un dislate; en primer mujer porque los negocios son los negocios, y en segundo lugar, porque me había criado entre aquellas tierras y las conocía palmo a palmo, desde el pedregal donde me llevaba Don Pedro Mirañar con Hipólito, como las tierras de algunos otros puentevejeros.
He de decir, que aunque mi madre era muy cuidadosa con los documentos, Doña Águeda no lo era menos, y la pulcritud y claridad de aquellos documentos era impecable. Por un momento maldije en silencio nuestro pequeño desorden burocrático. Quizá, si la familia hubiese estado más unido y más pendiente de los negocios, mi hermana no se vería en la situación en la que está. Quise maldecir a Olmo, no sólo por su habilidad con los negocios, sino por llevarse todo lo que me correspondía, a mí y a mi familia.
- He de reconocer que Olmo hizo un trabajo excelente -dije intentando que no se me notasen los celos que sentía por el joven Mesía-
-Es muy ordenado y pulcro para los papeles, como su padre, Gonzalo. Me recuerda mucho a él, muchísimo. A ninguno de los dos les gusta el desorden, pero entiendo que para los negocios es mejor ser ordenado, ¿no crees?
- Sin lugar a dudas -dije mientras a mi mente se venían imágenes de una furibunda Francisca Montenegro esparciendo documentos de vital importancia por la habitación, como muestra de su terrible grado de enfado, decepción o cualquier otro estado anímico que no fuese amable.
-Bueno pues, ya puedes comenzar, siéntate aquí y mira, revisa todo lo que te plazca. Mañana si quieres se revisan las tierras, me das tu opinión y me dices que es lo mejor. Tristán yo voy a salir ahora, tómate el tiempo que quieras y si cuando termines no he llegado todavía marcha si quieres.
Tras despedirme de Águeda, miré durante unos minutos más los documentos a los que me enfrentaba y cuando estuve seguro de la marcha de mi patrona, salí del despacho y me encaminé a la planta superior, donde suponía que estaría la antigua habitación de Pepa. No fue difícil encontrarla, tenía su personalidad. Es posible que muchos se lo tomen a chufla, pero cierta vez escuché a alguien decir que las casas, y en especial sus aposentos, reflejan la personalidad de sus moradores, y en este caso era cierto, aunque Pepa sólo hubiese morado aquí unas horas. Era una habitación que transmitía frescura y energía. Era una estancia clara y luminosa.
Me senté en el borde de la cama durante unos instantes mientras observaba el resto de la estancia. De repente, mis ojos de posaron en la cómoda, tan majestuosa. No sé por qué, pero me encaminé hacia ella y al llegar reparé en algo que no había visto antes: un frasquito de cristal. Al abrirlo olía a manzana y canela, su perfume. Tal fue la impresión que no supe cómo reaccionar, y para cuando quise darme cuenta, estaba entrando en la casa de comidas, pálido como la cera.
CONTINUARÁ...
-Tristan siéntate, por favor, ponte cómodo.
-Gracias -dije. Una vez sentado, tomé la palabra- Usted dirá, Doña Águeda.
-Mira en estos libros están las cuentas, los contratos. En una palabra, todo lo que respecta a la finca.
Miré con detenimiento todos los papeles que me iban llegando. En un principio pensé que iba a costar más adaptarme a unos papeles ajenos, pero luego me di cuenta de que aquella idea era un dislate; en primer mujer porque los negocios son los negocios, y en segundo lugar, porque me había criado entre aquellas tierras y las conocía palmo a palmo, desde el pedregal donde me llevaba Don Pedro Mirañar con Hipólito, como las tierras de algunos otros puentevejeros.
He de decir, que aunque mi madre era muy cuidadosa con los documentos, Doña Águeda no lo era menos, y la pulcritud y claridad de aquellos documentos era impecable. Por un momento maldije en silencio nuestro pequeño desorden burocrático. Quizá, si la familia hubiese estado más unido y más pendiente de los negocios, mi hermana no se vería en la situación en la que está. Quise maldecir a Olmo, no sólo por su habilidad con los negocios, sino por llevarse todo lo que me correspondía, a mí y a mi familia.
- He de reconocer que Olmo hizo un trabajo excelente -dije intentando que no se me notasen los celos que sentía por el joven Mesía-
-Es muy ordenado y pulcro para los papeles, como su padre, Gonzalo. Me recuerda mucho a él, muchísimo. A ninguno de los dos les gusta el desorden, pero entiendo que para los negocios es mejor ser ordenado, ¿no crees?
- Sin lugar a dudas -dije mientras a mi mente se venían imágenes de una furibunda Francisca Montenegro esparciendo documentos de vital importancia por la habitación, como muestra de su terrible grado de enfado, decepción o cualquier otro estado anímico que no fuese amable.
-Bueno pues, ya puedes comenzar, siéntate aquí y mira, revisa todo lo que te plazca. Mañana si quieres se revisan las tierras, me das tu opinión y me dices que es lo mejor. Tristán yo voy a salir ahora, tómate el tiempo que quieras y si cuando termines no he llegado todavía marcha si quieres.
Tras despedirme de Águeda, miré durante unos minutos más los documentos a los que me enfrentaba y cuando estuve seguro de la marcha de mi patrona, salí del despacho y me encaminé a la planta superior, donde suponía que estaría la antigua habitación de Pepa. No fue difícil encontrarla, tenía su personalidad. Es posible que muchos se lo tomen a chufla, pero cierta vez escuché a alguien decir que las casas, y en especial sus aposentos, reflejan la personalidad de sus moradores, y en este caso era cierto, aunque Pepa sólo hubiese morado aquí unas horas. Era una habitación que transmitía frescura y energía. Era una estancia clara y luminosa.
Me senté en el borde de la cama durante unos instantes mientras observaba el resto de la estancia. De repente, mis ojos de posaron en la cómoda, tan majestuosa. No sé por qué, pero me encaminé hacia ella y al llegar reparé en algo que no había visto antes: un frasquito de cristal. Al abrirlo olía a manzana y canela, su perfume. Tal fue la impresión que no supe cómo reaccionar, y para cuando quise darme cuenta, estaba entrando en la casa de comidas, pálido como la cera.
CONTINUARÁ...
#137
11/12/2011 18:43
Y Tris ya se ha enfrentado a su primer día d etrabajo con Doña Águeda. En este relato me gusta como ha hablado Águeda del parecido entre Gonzalo y Olmo, y el cariño que delatan esas palabras
Seguid así que me tenéis enganchada
Seguid así que me tenéis enganchada
#138
11/12/2011 23:27
En fin chicas que quereis que os diga, decididamente esta historia está mucho mejor que la de la serie, tiene coherencia y lo más importante pone al descubierto los sentimientos de los protagonistas, que en la serie, parece que se quedan un poco cojos.
He de deciros que he estado a punto de soltar una lagrimilla en la despedida de Pepa............seguid así...
¿que nos tendreis preparados?
He de deciros que he estado a punto de soltar una lagrimilla en la despedida de Pepa............seguid así...
¿que nos tendreis preparados?
#139
12/12/2011 15:13
Me senté en el borde de la cama durante unos instantes mientras observaba el resto de la estancia. De repente, mis ojos de posaron en la cómoda, tan majestuosa. No sé por qué, pero me encaminé hacia ella y al llegar reparé en algo que no había visto antes: un frasquito de cristal. Al abrirlo olía a manzana y canela, su perfume. Tal fue la impresión que no supe cómo reaccionar, y para cuando quise darme cuenta, estaba entrando en la casa de comidas, pálido como la cera.
-Don Tristán, por la mañana me han dejado esta nota para usted...¿está bien? Está muy pálido., ¿Qué ha sucedido? -Paro un momento para no atosigarlo a preguntas.
- Estoy bien, Emilia. Gracias por tus desvelos -dije mientras esbozaba una suerte de sonrisa- Dame un vaso de agua, por favor.
Quería decirle que aquel frasquito había puesto patas arriba la poca cordura que me quedaba, y había salido de aquella casa sin decir esta boca es mía. Pero no quería preocuparla ni que me viera como un melindroso que se dedica a ir llorando por los rincones por algo que no tiene solución.
- Tranquila, Emilia, es que no estoy acostumbrado a desplazarme a pie. Desde que era un zagal he ido a casi todos lados a lomos de mi caballo, y ahora me cuesta un poco más. Pero no se lo digas a nadie, no quiero que piensen que estoy acabado -chanceé a la muchacha- Por cierto, Emilia, muchas gracias por la nota, de seguro que me alegra el día, como tus guisos.
-Su vaso y no me chancee más, pero no quiero que vuelva a decir que está acaba, porque no es así...
-Hola Tristán. -Dijo Sebastian entrando a la taberna. -Hola hermana.
-Hola, Sebastián. ¿Qué tal va todo, amigo?
-Pues ahí estoy luchando con la conservera y con ciertas modificaciones que tu madre quiere hacer y yo no las veo factibles. Y tú, ¿dónde has estado?
-Haciendo lo que nunca creí que haría. Trabajar para Doña Águeda. Pero amigo, sé que huelga decirlo, pero te pido discreción. Y con mi madre... te recomiendo paciencia y resignación. Ya sabes cómo es ella.
-Quien lo diría, tú trabajando para Doña Águeda, increíble Tristán...
-¿Qué es tan increíble? -Dije cuando regresé a la barra de atender a unos paisano. -Sentaros en una mesa y os pongo unos chatos...y sin rechistar.
-Señor, sí, señor -bromeé- Pero con una condición, Emilia. Que dejes que luego te ayude. En tu estado no deberías estar tanto tiempo de pie.
-Tonterías, haré lo de simepre hasta que pueda. -Miré para los dos. -Pero si quereis echar una mano yo encantada. -Les dije con chanza.
-Si me disculpáis un momento, he de ir a la habitación. Enseguida vuelvo.
Sin más me dirigí a la habitación mientras habría el sobre. Al llegar a la cama, la nota ya estaba en mis manos en la Soledad que me detallaba cómo su búsqueda empezaba a dar sus frutos. Buscando en la biblioteca había encontrado un libro de poemas de Rosalía de Castro con la siguiente dedicatoria: “Que estas líneas sean el principio de una pasión compartida. R”
Era evidente que Salvador Castro no era el autor de dicha dedicatoria, y no conocía a nadie cuya inicial fuese R, salvo Rosario, su hijo Ramiro y Raimundo, y ninguno de los tres...
Fue una centésima de segundo, pero la luz se hizo en mi cabeza. Recordé la noche de mi boda, cuando el tabernero se acercó a hablar con mi madre y me pareció entender que habían estado enamorados. Pero no, no podía ser cierto... ¿o sí?
Con una sensación un tanto extraña, salí de la habitación y volví junto a mis amigos, que aún me esperaban para tomar ese chato de vino.
-Don Tristán lo vuelvo a notar raro, como cuando llegó. ¿Seguro que todo va bien?
Sabía que lo que acababa de descubrir no era como para ir contándolo a los cuatro vientos, y mucho menos a dos personas involucradas, pero si no lo contaba, iba a pasar la noche entera en blanco, y no podría afrontar otra nochechita toledana. Finalmente me decidí a hablar.
-Veréis, es que he descubierto algo... o creo que he descubierto algo que no creo que os haga gracia... pero siento que tengo que desahogarme con alguien. Es sobre vuestro padre y mi madre.
Durante un instante creí que me iban a soltar alguna fresca o que iba a ver caras de preocupación, pero en vez de eso, vi como los hermanos Ulloa se miraban con sonrisa pícara y acto seguido estallaban en una carcajada que me desconcertó por completo.
-Don Tristán, por la mañana me han dejado esta nota para usted...¿está bien? Está muy pálido., ¿Qué ha sucedido? -Paro un momento para no atosigarlo a preguntas.
- Estoy bien, Emilia. Gracias por tus desvelos -dije mientras esbozaba una suerte de sonrisa- Dame un vaso de agua, por favor.
Quería decirle que aquel frasquito había puesto patas arriba la poca cordura que me quedaba, y había salido de aquella casa sin decir esta boca es mía. Pero no quería preocuparla ni que me viera como un melindroso que se dedica a ir llorando por los rincones por algo que no tiene solución.
- Tranquila, Emilia, es que no estoy acostumbrado a desplazarme a pie. Desde que era un zagal he ido a casi todos lados a lomos de mi caballo, y ahora me cuesta un poco más. Pero no se lo digas a nadie, no quiero que piensen que estoy acabado -chanceé a la muchacha- Por cierto, Emilia, muchas gracias por la nota, de seguro que me alegra el día, como tus guisos.
-Su vaso y no me chancee más, pero no quiero que vuelva a decir que está acaba, porque no es así...
-Hola Tristán. -Dijo Sebastian entrando a la taberna. -Hola hermana.
-Hola, Sebastián. ¿Qué tal va todo, amigo?
-Pues ahí estoy luchando con la conservera y con ciertas modificaciones que tu madre quiere hacer y yo no las veo factibles. Y tú, ¿dónde has estado?
-Haciendo lo que nunca creí que haría. Trabajar para Doña Águeda. Pero amigo, sé que huelga decirlo, pero te pido discreción. Y con mi madre... te recomiendo paciencia y resignación. Ya sabes cómo es ella.
-Quien lo diría, tú trabajando para Doña Águeda, increíble Tristán...
-¿Qué es tan increíble? -Dije cuando regresé a la barra de atender a unos paisano. -Sentaros en una mesa y os pongo unos chatos...y sin rechistar.
-Señor, sí, señor -bromeé- Pero con una condición, Emilia. Que dejes que luego te ayude. En tu estado no deberías estar tanto tiempo de pie.
-Tonterías, haré lo de simepre hasta que pueda. -Miré para los dos. -Pero si quereis echar una mano yo encantada. -Les dije con chanza.
-Si me disculpáis un momento, he de ir a la habitación. Enseguida vuelvo.
Sin más me dirigí a la habitación mientras habría el sobre. Al llegar a la cama, la nota ya estaba en mis manos en la Soledad que me detallaba cómo su búsqueda empezaba a dar sus frutos. Buscando en la biblioteca había encontrado un libro de poemas de Rosalía de Castro con la siguiente dedicatoria: “Que estas líneas sean el principio de una pasión compartida. R”
Era evidente que Salvador Castro no era el autor de dicha dedicatoria, y no conocía a nadie cuya inicial fuese R, salvo Rosario, su hijo Ramiro y Raimundo, y ninguno de los tres...
Fue una centésima de segundo, pero la luz se hizo en mi cabeza. Recordé la noche de mi boda, cuando el tabernero se acercó a hablar con mi madre y me pareció entender que habían estado enamorados. Pero no, no podía ser cierto... ¿o sí?
Con una sensación un tanto extraña, salí de la habitación y volví junto a mis amigos, que aún me esperaban para tomar ese chato de vino.
-Don Tristán lo vuelvo a notar raro, como cuando llegó. ¿Seguro que todo va bien?
Sabía que lo que acababa de descubrir no era como para ir contándolo a los cuatro vientos, y mucho menos a dos personas involucradas, pero si no lo contaba, iba a pasar la noche entera en blanco, y no podría afrontar otra nochechita toledana. Finalmente me decidí a hablar.
-Veréis, es que he descubierto algo... o creo que he descubierto algo que no creo que os haga gracia... pero siento que tengo que desahogarme con alguien. Es sobre vuestro padre y mi madre.
Durante un instante creí que me iban a soltar alguna fresca o que iba a ver caras de preocupación, pero en vez de eso, vi como los hermanos Ulloa se miraban con sonrisa pícara y acto seguido estallaban en una carcajada que me desconcertó por completo.
#140
12/12/2011 15:23
Empiezan a investigar.. Esto empieza a ponerse interesante. Esto está mil veces mejor que la serie