Foro El secreto de Puente Viejo
Una historia de dos: La GRAN INVESTIGACIÓN y una noche de amor
#0
27/11/2011 13:21
Artemisilla y yo, Verrego, hemos juntado nuestras fuerzas, nuestras mentes y el resultado es una FIC un tanto diferente. La historia es narrada desde el punto de vista de Tristán y de Pepa, ellos serán los narradores.
UNA HISTORIA DE DOS, comienza con un suceso que todas tenemos ganas ver y en medio se descubrirán secretos, engaños, familias enfrentadas y los sentimientos jugarán un papel importante en todo el desarrollo de la historia.
Tanto Artemisilla como yo esperamos que os guste y disfrutéis.
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#101
07/12/2011 13:19
ay verrego, por dios, que bastante estamos sufriendo, no nos hagas esto, que se arreglen las cosas o me va a dar algo, por lo demás, me está encantando esta historia en primera persona, es como si todo fuese más real, ayyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyy arregladlo, por favor
#102
07/12/2011 13:29
¡Qué guay! Me alegro de que os vaya gustando. La historia ya está arreglada, sólo falta tener paciencia hasta que llegue, pero nuestras mentes pensantes lo han arreglado todo, todito, todo, jejeje.
#103
07/12/2011 13:54
Como bien dice Arte, lo tenemos todo arregladillo, pero tiene que llegar el momento y tenemos que dar emoción porque sino se soluciona todo de la noche a la mañana y qué hacemos nosotras? Tenemos que intentar que estéis atentas a lo que vaya pasando que sino...NO ES EMOCIONANTE, jajajajajaja!!!!!
#104
07/12/2011 20:55
Salí de la taberna y al pasar por la habitación de Pepa sentí el deseo irrefrenable de entrar en ella. Quería despedirme de aquella estancia en la que he vivido momentos tan importantes en mi vida. Recuerdo el día que tuve que colarme por su ventana para verla y explicarle la verdad sobre Angustias. Y cómo olvidar el desmayo que sufrí minutos más tarde. Quiso Dios que estuviera Pepa allí para salvarme la vida.
Eran tantos los recuerdos que me abrumaban que tuve que sentarme en la silla de la esquina, la que está detrás de la puerta.
Estaba absorto en mis pensamientos cuando la puerta se abrió, dejando paso a Pepa, que se volvió para escuchar a Olmo. Al parecer él le daba todo el tiempo del mundo para recoger sus cosas mientras él esperaba en la taberna. Ella cerró la puerta y se dispuso a recoger sus cosas sin percatarse de mi presencia. Ella estaba de espaldas, con el pelo ensortijado cayéndole por la espalda. Me gusta verla faenar, aunque solo sea haciendo una maleta. Me gusta verla con la cabeza ocupada, como si las miserias de este mundo no le afectaran. Me levanto de la silla y me acerco a ella. Sé que es una locura, pero no quiero que se vaya sin reiterarle mi amor, sin oler su pelo por última vez...
Estaba metiendo mis pertenencias en la maleta, la ropa...todo lo que necesitaba ya lo había colocado encima de la cama cuando...
Tomo su cintura con mis manos, sobresaltándola y haciéndole chillar. Creo que aún no se ha dado cuenta de que soy yo y me atiza con una percha. O quizá me atice porque sabe que soy yo quien la importuna. Apoyo mi cara en su hombro derecho.
-Pepa... -susurro.
-¿Se puede saber qué haces, Tristán? Esto no puede ser...
-Lo sé. Pero hay tantas cosas que no pueden ser y son...
-Pues entonces no hagas nada y será más fácil. -Dije con todo el dolor de mi corazón. -Por cierto, mañana marcho a Madrid. -Le dije con amargura.
- ¿Facil, dices? ¿Facil? No, Pepa, no es fácil. Fácil es hacer feliz a la persona que amas, pero separarte de ella hasta el fin de tus días sabiendo que es una historia imposible es todo menos fácil.
-Tampoco me está resultando fácil, ¿o qué piensas?...Pero ¿qué podemos hacer Tristán? -Dije intentando no llorar. -Lo mejor es poner distancia y darnos tiempo para mentalizarnos a esta...situación. -Dije mirando al suelo.
- Sabes bien que aunque vayamos cada uno al otro extremo del mundo, lo que sentimos no va a desaparecer -dije mientras volvía a acercarme hacia ella- Pepa... hay cosas contra las que no se puede luchar.
-Tristán...
Pongo en su mejilla mi mano y atrayéndola hacia mí, la beso. Me da igual si ardo en los infiernos. Ya hemos hecho el amor siendo hermanos, así que estaremos condenados. Pues pequemos del todo.
Mi corazón me dice que lo haga, pero mi mente me dice que está mal, notar sus labios de nuevo sobre los míos es...es como si la vida, de repente, volviera de nuevo a mi. Me tiemblan las piernas, el cuerpo, todo y me vuelven a fallar las fuerzas...lo único que puedo hacer es dejarme llevar.
Mis labios de unen a los de ella y siento por primera vez en todo el día que estoy en paz. Creo que ni ella misma alcanza a entender lo que significan sus besos para mí. Abrazo su cuerpo mientras la beso con desesperación y ternura al mismo tiempo. Pero enseguida noto como ella pone sus manos en mi vientre, separándonos.
-Tristán, esto no está bien...
-Lo sé, pero creo que esto debe ser una confusión. Un juego del destino o de alguien que nos quiera mal. Me resisto a creerlo, Pepa.
-No es ninguna confusión Tristán, es la realidad y hay que aceptarla como viene. -Le dije con lágrimas en los ojos. -Lo que ha pasado no puede pasar nunca más, a partir de hora somos hermanos y tenemos que actúar como tal. -Cada vez me siento más segura de mis palabras. -Y eso significa que nuestras vidas las tenemos que llevar por separado.
Bajo la cabeza y miro para mi mano izquierda, con la máxima presteza que puedo arranco de mi dedo anular la alianza de casada y la pongo sobre la camilla donde unos días antes atendía a las parturientas.
Aquel gesto de Pepa me partió el alma. Sé que no lo hizo por falta de amor, sino para poder seguir adelante, pero no pude evitar una punzada en el corazón.
-Entonces es cierto -dije con la cabeza gacha- aquí se separan nuestros caminos. Pepa, quiero que sepas que puedes contar conmigo para lo que necesites. A fin de cuentas soy tu... hermano -Sólo Dios sabe que esfuerzo que me supuso pronunciar aquella palabra: hermanos- Quizá ya no pueda desnudarte, pero podré arroparte cuando lo necesites. He sido tan feliz contigo...
-Los dos hemos sido felices uno al lado del otro y nunca olvidaré los buenos momentos entre nosotros. -Dije con un gran pesar. -Pero en este punto también llegará un momento en que tengamos que olvidar. -El nudo en la garganta casi no me deja pronunciar palabra.
Era incapaz de pronunciar palabra alguna, así que sólo pude darle un casto beso en la mejilla y dejarla sola haciendo el petate.
CONTINUARÁ...
Eran tantos los recuerdos que me abrumaban que tuve que sentarme en la silla de la esquina, la que está detrás de la puerta.
Estaba absorto en mis pensamientos cuando la puerta se abrió, dejando paso a Pepa, que se volvió para escuchar a Olmo. Al parecer él le daba todo el tiempo del mundo para recoger sus cosas mientras él esperaba en la taberna. Ella cerró la puerta y se dispuso a recoger sus cosas sin percatarse de mi presencia. Ella estaba de espaldas, con el pelo ensortijado cayéndole por la espalda. Me gusta verla faenar, aunque solo sea haciendo una maleta. Me gusta verla con la cabeza ocupada, como si las miserias de este mundo no le afectaran. Me levanto de la silla y me acerco a ella. Sé que es una locura, pero no quiero que se vaya sin reiterarle mi amor, sin oler su pelo por última vez...
Estaba metiendo mis pertenencias en la maleta, la ropa...todo lo que necesitaba ya lo había colocado encima de la cama cuando...
Tomo su cintura con mis manos, sobresaltándola y haciéndole chillar. Creo que aún no se ha dado cuenta de que soy yo y me atiza con una percha. O quizá me atice porque sabe que soy yo quien la importuna. Apoyo mi cara en su hombro derecho.
-Pepa... -susurro.
-¿Se puede saber qué haces, Tristán? Esto no puede ser...
-Lo sé. Pero hay tantas cosas que no pueden ser y son...
-Pues entonces no hagas nada y será más fácil. -Dije con todo el dolor de mi corazón. -Por cierto, mañana marcho a Madrid. -Le dije con amargura.
- ¿Facil, dices? ¿Facil? No, Pepa, no es fácil. Fácil es hacer feliz a la persona que amas, pero separarte de ella hasta el fin de tus días sabiendo que es una historia imposible es todo menos fácil.
-Tampoco me está resultando fácil, ¿o qué piensas?...Pero ¿qué podemos hacer Tristán? -Dije intentando no llorar. -Lo mejor es poner distancia y darnos tiempo para mentalizarnos a esta...situación. -Dije mirando al suelo.
- Sabes bien que aunque vayamos cada uno al otro extremo del mundo, lo que sentimos no va a desaparecer -dije mientras volvía a acercarme hacia ella- Pepa... hay cosas contra las que no se puede luchar.
-Tristán...
Pongo en su mejilla mi mano y atrayéndola hacia mí, la beso. Me da igual si ardo en los infiernos. Ya hemos hecho el amor siendo hermanos, así que estaremos condenados. Pues pequemos del todo.
Mi corazón me dice que lo haga, pero mi mente me dice que está mal, notar sus labios de nuevo sobre los míos es...es como si la vida, de repente, volviera de nuevo a mi. Me tiemblan las piernas, el cuerpo, todo y me vuelven a fallar las fuerzas...lo único que puedo hacer es dejarme llevar.
Mis labios de unen a los de ella y siento por primera vez en todo el día que estoy en paz. Creo que ni ella misma alcanza a entender lo que significan sus besos para mí. Abrazo su cuerpo mientras la beso con desesperación y ternura al mismo tiempo. Pero enseguida noto como ella pone sus manos en mi vientre, separándonos.
-Tristán, esto no está bien...
-Lo sé, pero creo que esto debe ser una confusión. Un juego del destino o de alguien que nos quiera mal. Me resisto a creerlo, Pepa.
-No es ninguna confusión Tristán, es la realidad y hay que aceptarla como viene. -Le dije con lágrimas en los ojos. -Lo que ha pasado no puede pasar nunca más, a partir de hora somos hermanos y tenemos que actúar como tal. -Cada vez me siento más segura de mis palabras. -Y eso significa que nuestras vidas las tenemos que llevar por separado.
Bajo la cabeza y miro para mi mano izquierda, con la máxima presteza que puedo arranco de mi dedo anular la alianza de casada y la pongo sobre la camilla donde unos días antes atendía a las parturientas.
Aquel gesto de Pepa me partió el alma. Sé que no lo hizo por falta de amor, sino para poder seguir adelante, pero no pude evitar una punzada en el corazón.
-Entonces es cierto -dije con la cabeza gacha- aquí se separan nuestros caminos. Pepa, quiero que sepas que puedes contar conmigo para lo que necesites. A fin de cuentas soy tu... hermano -Sólo Dios sabe que esfuerzo que me supuso pronunciar aquella palabra: hermanos- Quizá ya no pueda desnudarte, pero podré arroparte cuando lo necesites. He sido tan feliz contigo...
-Los dos hemos sido felices uno al lado del otro y nunca olvidaré los buenos momentos entre nosotros. -Dije con un gran pesar. -Pero en este punto también llegará un momento en que tengamos que olvidar. -El nudo en la garganta casi no me deja pronunciar palabra.
Era incapaz de pronunciar palabra alguna, así que sólo pude darle un casto beso en la mejilla y dejarla sola haciendo el petate.
CONTINUARÁ...
#105
07/12/2011 21:20
Por Dios, se puede escribir más bonito? no digo nada más....
#106
07/12/2011 21:35
que bien escribis y sin galena mucho mejor:)
#107
08/12/2011 01:34
Que preciosidad. Que talento teneis las dos
#108
08/12/2011 18:00
Cuando entré en la habitación, rompí a llorar. Había estado penando toda la vida hasta que conocí a Pepa, y ahora que por fin habíamos unido nuestras vidas en matrimonio, el destino se reía de nosotros. Todos los que sabían la historia me decían que más tarde o más temprano conocería a una buena mujer, nos enamoraríamos y formaríamos una familia. Pero yo lo dudaba mucho. Me sentía un monstruo por sentir lo que sentía, pero aunque Pepa sea mi hermana, la amaré hasta lo que me quede de vida. Quizá encuentre consuelo en otras mujeres, quizá acabe acostándome con alguna mujer, incluso es posible que me case, pero jamás dejaré de amarla a ella y en mis sueños me uniré a ella.
Terminé como pude la maleta. “Tengo que salir de esta madilta habitación” pensé para mi misma. La vista se me comenzó a nublar y me volvieron a fallar las fuerzas. Cerré la maleta más mal que bien bien. Me miré al espejo que había en la pared, estaba pálida, blanca como la fría nieve que cubre los campos en invierno. “Adiós Pepa” me dije. Con un caminar lento y pesado llegué hasta la puerta. Al otro lado están Raimundo, Emilia, Alfonso y Sebastián con Olmo. Me están esperando para despedirme.
De todos ellos me despedí pero la emoción se desboca con mi querida Emilia...
-Pepa. -Me dijo envuelta en lágrimas. -Cuídate mucho. Como te dijo mi padre esta siempre será tu casa y yo limpiaré tu habitación cada día hasta que decidas volver. -En ningún momento nuestro abrazo se rompió. -Note olvides de mi y...
Las dos nos separamos y nos miramos.
-¿Y qué? -Le dije con nerviosismo y entusiasmo. -Venga habla.
-Me gustaría que vinieras a mi boda...bueno a nuestra boda. -Dijo ella mientras cogía a Alfonso de la mano.
-¡Claro que vendré! -Dije con alegría. -¡Como me voy a perder vuestra boda! -Dije mirando para los dos. -Os quereis y os mereceis ser felices. -Estas palabras me salieron de los más profundo de mi corazón.
-Por cierto. -Dijo Olmo. -¿No habrá que decir que todos están invitados a venir cuando gusten? -Dijo mientras miraba para todos los que estaban allí presentes. -Y sobre todo tú, Emilia, sé la amistad que te une a Pepa, y...si no encontráiss un lugar donde pasar la luna de miel, Madrid es el sitio perfecto. -Les dijo con una sonrisa.
-Muchas gracias Señor Mesía. -Le dijo Alfonso.
-Gracias Señor Olmo. -Dijo Emilia mientras me coge de la mano. -En cuanto a lo de la invitación a Madrid, no lo duden , yo iré antes de la boda y seguro que después también, puesto que Pepa es mi hermana, mi amiga. mi confidente.
Con estas palabras me despedí de todos ello, no sin antes decirle a Alfonso que me despidiera de su madre y del resto de su familia, a los que también voy a extrañar mucho. Olmo me coge la maleta. Así salimos a la plaza de camino a la calesa. Después del encuentro con Tristán mi cuerpo no se recuperó, las mismas sensaciones que me abordaron ayer las tenía de nuevo dentro de mi cuerpo. Me agarré fuerte al brazo de Olmo otra vez y un escalofrío recorrió mi cuerpo, de seguido un mareo. Los brazos de Olmo me cogen por la cintura.
-Solo es un mareo. -Le dije.
-No deberías haber salido de la cama Pepa. -Me dijo. -Y mucho menos la bíspera de un viaje tan largo. -Me recriminó de algún modo.
“No tienes la culpa” dije para mis adentros mientras lo miraba. Llegamos a la calesa, me ayuda a subir y una vez dentro arrancamos hacia El Jaral.
CONTINUARÁ...
Terminé como pude la maleta. “Tengo que salir de esta madilta habitación” pensé para mi misma. La vista se me comenzó a nublar y me volvieron a fallar las fuerzas. Cerré la maleta más mal que bien bien. Me miré al espejo que había en la pared, estaba pálida, blanca como la fría nieve que cubre los campos en invierno. “Adiós Pepa” me dije. Con un caminar lento y pesado llegué hasta la puerta. Al otro lado están Raimundo, Emilia, Alfonso y Sebastián con Olmo. Me están esperando para despedirme.
De todos ellos me despedí pero la emoción se desboca con mi querida Emilia...
-Pepa. -Me dijo envuelta en lágrimas. -Cuídate mucho. Como te dijo mi padre esta siempre será tu casa y yo limpiaré tu habitación cada día hasta que decidas volver. -En ningún momento nuestro abrazo se rompió. -Note olvides de mi y...
Las dos nos separamos y nos miramos.
-¿Y qué? -Le dije con nerviosismo y entusiasmo. -Venga habla.
-Me gustaría que vinieras a mi boda...bueno a nuestra boda. -Dijo ella mientras cogía a Alfonso de la mano.
-¡Claro que vendré! -Dije con alegría. -¡Como me voy a perder vuestra boda! -Dije mirando para los dos. -Os quereis y os mereceis ser felices. -Estas palabras me salieron de los más profundo de mi corazón.
-Por cierto. -Dijo Olmo. -¿No habrá que decir que todos están invitados a venir cuando gusten? -Dijo mientras miraba para todos los que estaban allí presentes. -Y sobre todo tú, Emilia, sé la amistad que te une a Pepa, y...si no encontráiss un lugar donde pasar la luna de miel, Madrid es el sitio perfecto. -Les dijo con una sonrisa.
-Muchas gracias Señor Mesía. -Le dijo Alfonso.
-Gracias Señor Olmo. -Dijo Emilia mientras me coge de la mano. -En cuanto a lo de la invitación a Madrid, no lo duden , yo iré antes de la boda y seguro que después también, puesto que Pepa es mi hermana, mi amiga. mi confidente.
Con estas palabras me despedí de todos ello, no sin antes decirle a Alfonso que me despidiera de su madre y del resto de su familia, a los que también voy a extrañar mucho. Olmo me coge la maleta. Así salimos a la plaza de camino a la calesa. Después del encuentro con Tristán mi cuerpo no se recuperó, las mismas sensaciones que me abordaron ayer las tenía de nuevo dentro de mi cuerpo. Me agarré fuerte al brazo de Olmo otra vez y un escalofrío recorrió mi cuerpo, de seguido un mareo. Los brazos de Olmo me cogen por la cintura.
-Solo es un mareo. -Le dije.
-No deberías haber salido de la cama Pepa. -Me dijo. -Y mucho menos la bíspera de un viaje tan largo. -Me recriminó de algún modo.
“No tienes la culpa” dije para mis adentros mientras lo miraba. Llegamos a la calesa, me ayuda a subir y una vez dentro arrancamos hacia El Jaral.
CONTINUARÁ...
#109
08/12/2011 18:08
¿Pea con mareos? ¿Nos la has dejado embarzada o es simplemente el agotamiento por la impresión? Y aquí ha tardado menos en irse al jaral
#110
08/12/2011 18:11
De momento es el agotamiento de la impresión de pensar que el amor de su vida es su hermano...
#111
08/12/2011 18:19
Está claro que no voy a poder dormir en toda la noche, así que prefiero salir a dar una vuelta, igual un poco de ejercicio me ayuda a dormir. No tengo rumbo fijo, y acabo en la ermita que hay a medio camino entre Puente Viejo y la puebla. Está cerrada, pero no me importa, se respira paz, y es justo lo que necesito. Es un lugar en el que no he estado con Pepa. Digamos que es un lugar neutro, lo que facilita las cosas.
Me tumbo en la hierba y dirijo la mirada a las estrellas. Es lo único que en estos momentos me puede relajar. Puedo ver la Osa Mayor y no muy lejos, la Osa Menor. Fue Raimundo quien me enseñó las constelaciones cuando era un crío, junto con Sebastián y Emilia. Me pongo a pensar y Raimundo me ha enseñado la mayoría de las cosas que sé. Ojalá Raimundo fuese mi padre, la vida sería tan distinta...
Olmo, una noche más, ha vuelto a velar mi sueño, pero esta vez se ha quedado dormido. No ha amanecido todavía, quedan dos para que nos pongamos en pie antes de comenzar el viaje, pero no tengo sueño la verdad. Doña Águeda ha dispuesto de algunos trajes elegantes que demuestren mi nueva posición, pero mi ropa, la que siempre me he puesto, la que me caracteriza, la que me muestra...ya no sé que ropa me muestra de dónde vengo, porque sinceramente mi vida ha sido una mentira y la verdad...la verdad me ha dejado rota por fuera, como muestran las heridas que tengo por el rostro, y por dentro, creo que le corazón late por latir pero...estoy muerta.
Me levanto, tengo fuerzas o eso creo. Me visto, claro está, detrás de un biombo. No es que no me fie, pero...no me convence la idea de que olmo me vea vestirme. “Pepa, vaya tontada que acabas de pensar”. Una sonrrisilla se me dibuja en la cara...me pongo mi ropa de siempre, mientras observo los vestidos nuevos, doña Águeda tiene un gusto exquisito. Me acabo de dar cuenta que una de las velas se acaba de consumir, no creo en las supercherías, pero espero que no sea una premonición. Acabo de vestirme, cojo las botas y voy hacia la puerta, con sumo cuidado la abro, Olmo ni se percata nada, salgo y cierro la puerta con el mismo cuidado.
En el pasillo hay alguna luz encendida, las suficientes como para ver las escaleras, las bajo y me dirijo a la cocina. Cuando llego a esas estancias, gracias a un luz del exterior puede encender unas velas, así fue como me senté en una silla y me puse las botas. Esperé antes de hacerme el desayuno, no se que hora es pero...no son las seis. Camino por la cocina adelante mirando donde está cada cosa. Así entre estante y estante el reloj dio la hora, ahora sí, son las seis de la mañana y todo el mundo sigue durmiendo.
Comienzo a prepararlo todo...como echo de menos eses desayunos en la posada, ese olor a chocolate recién hecho...no me ido ya lo añoro todo. Preparo una hogaza de pan, caliento leche y el desayuno listo...
-Pepa hija. -Doña Águeda me ha descibierto. -¿Qué haces aquí tú sola? ¿Te has hecho tú el desayuno?
-Sí. -Dije sin saber muy bien que responder. -Pero me gusta hacer lo que puedo hacer por mi misma, como el desayuno. -Le dije intentando explicarle.
-No hace falta ni que me des explicaciones ni que te justifiques, esta es tu casa y haces que lo que quieres.
Se acerca a mi, me acaricia el pelo y me da un beso.
-Pepa como te dije ayer por la mañana, irte a Madrid es una oportunidad única...
-¿Usted no viene con nosotros? -Le pregunto imaginándome su respuesta.
-No Pepa, alguien tiene que quedarse para a Francisca Montenegro si intentara quitarnos del medio si nos vamos los tres.
Las dos no echamos a reír. No abrazamos, ahora sí que puedo decir como madre e hija. Es un momento extraño, nunca antes había notado esta sensación. Por una parte me da pena que no venga, pero sus palabras son cierta, si la Doña se entera que los Mesía se han ido, se vuelve a apoderar de todo.
De repente escuchamos unos pasos acelerados que se iban acercando a la cocina, era Olmo que se había despertado, no me vio acostada y salió corriendo de la habitación preocupado por si me había pasado algo. Al vernos a las dos allí a los dos sonrientes se queda más tranquilo y nos dice con su voz profunda:
-Señora, Señorita, si me lo permiten me voy a adecentar para emprender el viaje. -Nos dijo sonriendo.
Madre y yo nos reímos cuando salió.
CONTINUARÁ...
Me tumbo en la hierba y dirijo la mirada a las estrellas. Es lo único que en estos momentos me puede relajar. Puedo ver la Osa Mayor y no muy lejos, la Osa Menor. Fue Raimundo quien me enseñó las constelaciones cuando era un crío, junto con Sebastián y Emilia. Me pongo a pensar y Raimundo me ha enseñado la mayoría de las cosas que sé. Ojalá Raimundo fuese mi padre, la vida sería tan distinta...
Olmo, una noche más, ha vuelto a velar mi sueño, pero esta vez se ha quedado dormido. No ha amanecido todavía, quedan dos para que nos pongamos en pie antes de comenzar el viaje, pero no tengo sueño la verdad. Doña Águeda ha dispuesto de algunos trajes elegantes que demuestren mi nueva posición, pero mi ropa, la que siempre me he puesto, la que me caracteriza, la que me muestra...ya no sé que ropa me muestra de dónde vengo, porque sinceramente mi vida ha sido una mentira y la verdad...la verdad me ha dejado rota por fuera, como muestran las heridas que tengo por el rostro, y por dentro, creo que le corazón late por latir pero...estoy muerta.
Me levanto, tengo fuerzas o eso creo. Me visto, claro está, detrás de un biombo. No es que no me fie, pero...no me convence la idea de que olmo me vea vestirme. “Pepa, vaya tontada que acabas de pensar”. Una sonrrisilla se me dibuja en la cara...me pongo mi ropa de siempre, mientras observo los vestidos nuevos, doña Águeda tiene un gusto exquisito. Me acabo de dar cuenta que una de las velas se acaba de consumir, no creo en las supercherías, pero espero que no sea una premonición. Acabo de vestirme, cojo las botas y voy hacia la puerta, con sumo cuidado la abro, Olmo ni se percata nada, salgo y cierro la puerta con el mismo cuidado.
En el pasillo hay alguna luz encendida, las suficientes como para ver las escaleras, las bajo y me dirijo a la cocina. Cuando llego a esas estancias, gracias a un luz del exterior puede encender unas velas, así fue como me senté en una silla y me puse las botas. Esperé antes de hacerme el desayuno, no se que hora es pero...no son las seis. Camino por la cocina adelante mirando donde está cada cosa. Así entre estante y estante el reloj dio la hora, ahora sí, son las seis de la mañana y todo el mundo sigue durmiendo.
Comienzo a prepararlo todo...como echo de menos eses desayunos en la posada, ese olor a chocolate recién hecho...no me ido ya lo añoro todo. Preparo una hogaza de pan, caliento leche y el desayuno listo...
-Pepa hija. -Doña Águeda me ha descibierto. -¿Qué haces aquí tú sola? ¿Te has hecho tú el desayuno?
-Sí. -Dije sin saber muy bien que responder. -Pero me gusta hacer lo que puedo hacer por mi misma, como el desayuno. -Le dije intentando explicarle.
-No hace falta ni que me des explicaciones ni que te justifiques, esta es tu casa y haces que lo que quieres.
Se acerca a mi, me acaricia el pelo y me da un beso.
-Pepa como te dije ayer por la mañana, irte a Madrid es una oportunidad única...
-¿Usted no viene con nosotros? -Le pregunto imaginándome su respuesta.
-No Pepa, alguien tiene que quedarse para a Francisca Montenegro si intentara quitarnos del medio si nos vamos los tres.
Las dos no echamos a reír. No abrazamos, ahora sí que puedo decir como madre e hija. Es un momento extraño, nunca antes había notado esta sensación. Por una parte me da pena que no venga, pero sus palabras son cierta, si la Doña se entera que los Mesía se han ido, se vuelve a apoderar de todo.
De repente escuchamos unos pasos acelerados que se iban acercando a la cocina, era Olmo que se había despertado, no me vio acostada y salió corriendo de la habitación preocupado por si me había pasado algo. Al vernos a las dos allí a los dos sonrientes se queda más tranquilo y nos dice con su voz profunda:
-Señora, Señorita, si me lo permiten me voy a adecentar para emprender el viaje. -Nos dijo sonriendo.
Madre y yo nos reímos cuando salió.
CONTINUARÁ...
#112
08/12/2011 18:30
Este es el Olmo que me gustaría ver en la serie y no el que nos van a colocar
#113
08/12/2011 20:53
Madre y yo nos reímos cuando salió.
Al final me tome mi desayuno junto con el chocolate que preparó Inés cuando hizo los desayunos. No era usual que madre y Olmo desayunaran en la cocina, pero como la que empezó fui yo...pues al final todos acabamos desayunando allí. Cuando madre y yo salimos de la cocina la maleta de Olmo y la mía ya estaban en la puerta. Olmo salió con una carpeta en la mano. Poco a poco le fue dando instrucciones a doña Águeda por si ocurría cualquier percance, ella lo escuchaba con detenimiento, aunque creo que no hace falta que se le diga como tiene que hacer las cosas. Una criada abre la puerta y cuando, para asombro de todos allí estaban Raimundo, Emilia, Sebastián y Rosario de a que no me pude despedir la noche anterior. Al verla el corazón se me para dentro de mi y salgo a abrazarla. La dos lloramos y Emilia también, lo sé porque la veo por el rabillo del ojo. Las miro a las dos y sonrío tristemente.
-¿Se puede saber por qué estáis aquí? -Pregunto haciendome la despistada.
-Pues no podíamos permitir que partieran sin llevar algo de comida de para el camino. -Dijo Rosario. -Señor, espero que le guste. -Dijo mirando para Olmo.
-No lo dude Rosario. -Le dijo con una sonrisa.
-Bueno yo también traigo algo. -Dijo Emilia algo emocionada. -Algo para meter al buche y además esas magdalenas que tanto te gustan Pepa. Y mi padre, aquí presente se emperr ó en meter una botella de vino.
-Claro para acompañar los manjares que llevan. -Explicó Raimundo con una sonrisa.
No puedo ver llorar a Emilia, cada vez que la veo en esa tesitura me cuesta más abandonar el pueblo y la abrazo. Cuando la suelto, con un nudo en la garganta digo.
-Gracias. Gracias por dejarme ver vuestros rostros antes de partir, siempre os llevaré en mi corazón hasta que regrese.
Las lágrimas se vuelven a apoderar de mi, como la angustia de la partida. Primero abrazo a Raimundo, ese hombre al que quiero como un padre y que siempre busca soluciones a los problemas; Sebastián, el confidente de Tristán y últimamente el mío también.
-No dejes solo a Tristán, por favor. -Le digo al oido para que nadie me oiga.
-No tenía pensado hacer, tranquila. -Me dijo por la bajo.
Me miró y me sonrió.
-Emilia.
Las dos nos abrazamos y volvimos a romper a llorar.
-Parecemos dos tontas. -Le djie
-Pepa, acuérdate lo que te dije en la fuente...
-Siempre estaremos unidas.
Nos miramos, nos cogimos de la mano y entre lágrimas sonreimos.
Y por último la mujer más buena de todo Puente Viejo, Rosario Castañeda.
-Pepa como se te va a echar de menos en el pueblo, esas visitas clandestinas que me hacías a la casona. -Dijo riendo y llorando la mismo tiempo.
-Yo también te echaré de menos Rosario. -Le dije. -Cuida de Tristán Rosario. -Le dije en voz baja.
-No te preocupes, así lo haré.
Después de volverlos a mirar varias veces más, Olmo me coge el brazo como señal de que ha llegado la hora de partir. Vuelvo a junto de Doña Águeda y la abrazo una vez. Está temblando, así que debe estar llorando. Olmo se acerca a nosotras, yo me separo y ellos dos se abrazan también. Algo le susurra ella en el oído que no alcanzo a escuchar, él mirándola fijamente asiente con la cabeza.
Nos subimos a la calesa, saco la cabeza, Emilia se acerca a mi por última vez.
-Ven a visitarme. -Le digo.
Lo haré. -Me dijo con ojos llorosos.
La calesa comienza a moverse. Todos agitan los brazos en el aire, yo hago lo mismo. Observo como madre se acerca a ellos y los invita a pasar, ellos la siguen. Aun no son las siete, así que salimos más pronto de la hora que había marcado Olmo. Está sentado enfrente de mi, su mirada me da algo de consuelo. Mientras que él lee unos papeles, yo me entretengo con los vistas que veo desde la pequeña ventana de la calesa.
Al final me tome mi desayuno junto con el chocolate que preparó Inés cuando hizo los desayunos. No era usual que madre y Olmo desayunaran en la cocina, pero como la que empezó fui yo...pues al final todos acabamos desayunando allí. Cuando madre y yo salimos de la cocina la maleta de Olmo y la mía ya estaban en la puerta. Olmo salió con una carpeta en la mano. Poco a poco le fue dando instrucciones a doña Águeda por si ocurría cualquier percance, ella lo escuchaba con detenimiento, aunque creo que no hace falta que se le diga como tiene que hacer las cosas. Una criada abre la puerta y cuando, para asombro de todos allí estaban Raimundo, Emilia, Sebastián y Rosario de a que no me pude despedir la noche anterior. Al verla el corazón se me para dentro de mi y salgo a abrazarla. La dos lloramos y Emilia también, lo sé porque la veo por el rabillo del ojo. Las miro a las dos y sonrío tristemente.
-¿Se puede saber por qué estáis aquí? -Pregunto haciendome la despistada.
-Pues no podíamos permitir que partieran sin llevar algo de comida de para el camino. -Dijo Rosario. -Señor, espero que le guste. -Dijo mirando para Olmo.
-No lo dude Rosario. -Le dijo con una sonrisa.
-Bueno yo también traigo algo. -Dijo Emilia algo emocionada. -Algo para meter al buche y además esas magdalenas que tanto te gustan Pepa. Y mi padre, aquí presente se emperr ó en meter una botella de vino.
-Claro para acompañar los manjares que llevan. -Explicó Raimundo con una sonrisa.
No puedo ver llorar a Emilia, cada vez que la veo en esa tesitura me cuesta más abandonar el pueblo y la abrazo. Cuando la suelto, con un nudo en la garganta digo.
-Gracias. Gracias por dejarme ver vuestros rostros antes de partir, siempre os llevaré en mi corazón hasta que regrese.
Las lágrimas se vuelven a apoderar de mi, como la angustia de la partida. Primero abrazo a Raimundo, ese hombre al que quiero como un padre y que siempre busca soluciones a los problemas; Sebastián, el confidente de Tristán y últimamente el mío también.
-No dejes solo a Tristán, por favor. -Le digo al oido para que nadie me oiga.
-No tenía pensado hacer, tranquila. -Me dijo por la bajo.
Me miró y me sonrió.
-Emilia.
Las dos nos abrazamos y volvimos a romper a llorar.
-Parecemos dos tontas. -Le djie
-Pepa, acuérdate lo que te dije en la fuente...
-Siempre estaremos unidas.
Nos miramos, nos cogimos de la mano y entre lágrimas sonreimos.
Y por último la mujer más buena de todo Puente Viejo, Rosario Castañeda.
-Pepa como se te va a echar de menos en el pueblo, esas visitas clandestinas que me hacías a la casona. -Dijo riendo y llorando la mismo tiempo.
-Yo también te echaré de menos Rosario. -Le dije. -Cuida de Tristán Rosario. -Le dije en voz baja.
-No te preocupes, así lo haré.
Después de volverlos a mirar varias veces más, Olmo me coge el brazo como señal de que ha llegado la hora de partir. Vuelvo a junto de Doña Águeda y la abrazo una vez. Está temblando, así que debe estar llorando. Olmo se acerca a nosotras, yo me separo y ellos dos se abrazan también. Algo le susurra ella en el oído que no alcanzo a escuchar, él mirándola fijamente asiente con la cabeza.
Nos subimos a la calesa, saco la cabeza, Emilia se acerca a mi por última vez.
-Ven a visitarme. -Le digo.
Lo haré. -Me dijo con ojos llorosos.
La calesa comienza a moverse. Todos agitan los brazos en el aire, yo hago lo mismo. Observo como madre se acerca a ellos y los invita a pasar, ellos la siguen. Aun no son las siete, así que salimos más pronto de la hora que había marcado Olmo. Está sentado enfrente de mi, su mirada me da algo de consuelo. Mientras que él lee unos papeles, yo me entretengo con los vistas que veo desde la pequeña ventana de la calesa.
#114
08/12/2011 21:18
Que penica me da Pepa.. Pobrecita.. Espero que esto se solucione de la mejor formas posible
#115
08/12/2011 23:16
Y digo yo..............¿por qué está mucho más emocionante y más coherente que la de la tele? en serio chicas, éste es el rumbo que debria haber tomado la serie, sin galletas de jengibre por el medio.....
#116
09/12/2011 10:21
Simplemente 



Queremos +




Queremos +
#117
09/12/2011 20:58
No sé cuándo fue, pero en algún momento me quedé dormido al lado de la ermita. El frío de la mañana y los primeros rayos de sol, sol otoñal, son los que me despertaron. Al hacerlo comprendí que era hora de volver a la posada. Me pongo de pie y empiezo a caminar hacia Puente Viejo, comprendiendo que ya no soy un zagal de diez años que puede pasar la noche al raso y levantarse como si nada. Al llegar a la posada Emilia ya estaba faenando en la cocina.
- Don Tristán, ¿cómo se encuentra? Trae mala cara, si me permite el comentario...
- Bien, Emilia, estoy bien. ¿Y tú cómo estás? ¿Te da mucha guerra el embarazo?
- Entre usted y yo, me dan más guerra mi padre y mi hermano con sus cuitas, que este crío.
- Si quieres hablo con ellos, aunque con el carácter que te gastas, seguro que los pones firmes tú solita. Si me permites el comentario.
- Ande, siéntese, que le voy a poner el desayuno. Pasar la noche al raso no debe ser agradable.
-¿Pero cómo lo sabías?
-Es fácil: viene con la misma ropa de anoche, mojado por el rocío y trae una brizna de hierba en el pelo. Por no hablar de que anoche me asomé a su dormitorio y usted no estaba. Y ahora dígame, ¿qué prefiere, chocolate con churros o huevos revueltos?
-Un chocolate estará bien, gracias.
Emilia se dirige a la cocina, y al salir aparece con un tazón de chocolate y unos cuantos churros.
-Tenga cuidado, que queman.
- Descuida, Emilia.
Han pasado algunos días desde la partida de Pepa y el dolor, lejos de remitir, va en aumento. Apenas como, apenas duermo, apenas vivo, sólo gustaba de pasar las horas muertas en mi habitación.
CONTINUARÁ...
- Don Tristán, ¿cómo se encuentra? Trae mala cara, si me permite el comentario...
- Bien, Emilia, estoy bien. ¿Y tú cómo estás? ¿Te da mucha guerra el embarazo?
- Entre usted y yo, me dan más guerra mi padre y mi hermano con sus cuitas, que este crío.
- Si quieres hablo con ellos, aunque con el carácter que te gastas, seguro que los pones firmes tú solita. Si me permites el comentario.
- Ande, siéntese, que le voy a poner el desayuno. Pasar la noche al raso no debe ser agradable.
-¿Pero cómo lo sabías?
-Es fácil: viene con la misma ropa de anoche, mojado por el rocío y trae una brizna de hierba en el pelo. Por no hablar de que anoche me asomé a su dormitorio y usted no estaba. Y ahora dígame, ¿qué prefiere, chocolate con churros o huevos revueltos?
-Un chocolate estará bien, gracias.
Emilia se dirige a la cocina, y al salir aparece con un tazón de chocolate y unos cuantos churros.
-Tenga cuidado, que queman.
- Descuida, Emilia.
Han pasado algunos días desde la partida de Pepa y el dolor, lejos de remitir, va en aumento. Apenas como, apenas duermo, apenas vivo, sólo gustaba de pasar las horas muertas en mi habitación.
CONTINUARÁ...
#118
09/12/2011 21:04
Otro que da mucha pena.. Si es que describiis su dolor de una forma tan cercana que es como si lo sintieras propio
#119
09/12/2011 21:11
Llaman a la puerta y maldigo a quien la aporree, por mucho que sea por mi bien, no deseo ver a nadie.
-Tristán, soy Soledad. Por favor, ábreme.
Le abro la puerta, más por compromiso que por gusto y vuelvo a sentarme en la cama.
-Tristán, hermano, que aspecto tan malo tienes, ¿estás bien?
- No, lo cierto es que no. Y te pediría que no le relatases nada a madre.
-Está bien, tranquilo, por madre no te preocupes, desde que te has ido tu nombre no se ha vuelto a pronunciar... pero cuentame lo que ha pasado.
Tomo aire y escojo en mi cabeza las palabras justas para dar una noticia así, si es que las hay. No sé cómo se lo va a tomar, pero tiene que saber la verdad
- Es algo tan... tan grotesco y tan difícil de asumir, que no sé por dónde empezar. Anda, será mejor que te sientes. Al día siguiente de la boda Doña Águeda vino bien temprano para comunicarnos que el padre de Pepa era Salvador Castro. Pepa es nuestra hermana, Soledad.
-¿Cómo puede ser?
-Verás, tú aún no habías nacido cuando padre tuvo que hacer un viaje al sur por negocios. Durante su estancia conoció a la hija del hombre con el que estaba de negocios. Esa adolescente se llamaba Águeda. La cosa fue a más, hasta que la dejó encinta. El resto te lo puedes imaginar. ¿Te das cuenta, Soledad, lo cruel que puede ser el destino? Ha querido que mi hermana sea la mujer de mi vida.
-Sé lo cruel que puede ser el destino. Pero ¿estás seguro de esta historia?
-He aprendido que en esta vida no se puede estar seguro de nada, pero vi los ojos de Doña Águeda mientras nos daba la noticia y no mentían.
-Lo siento Tristán, no quiero que pienses que no te creo, pero entiéndeme, ahora me entero que Pepa es mi hermana y resulta que mi hermano se ha casado con ella...hay algo que no cuadra, no sé es que a lo mejor es toda esta historia...¿Tristán no has pensado en la posibilidad de investigar?
-No te creas que no lo he considerado, pero luego pienso que para lo único que va a servir es para meter el dedo en la herida. He de asumir lo que el destino nos ha preparado.
-O no hermano. Sé lo que es sufrir por amor y sentirte la persona más desdichada de este mundo, pero también entiendo que si se puede luchar se haga, por eso te digo que intenta indagar en esta historia que parece tan enmarañada...no sé, puede que sea una tontería pero he sido testigo de cuanto la has amado y la amas.
-Puede que tengas razón, pero estoy tan aturdido que no sé ni por dónde empezar, ni a quién recurrir... -De pronto, una luz se encendió en mi cabeza, aportando algo de luz entre tanta confusión- Soledad, necesito que me ayudes. ¿Puedo contar contigo?
-Ya sabes que sí, ¿qué precisas?
-Necesito que busques entre las pertenencias de madre, algo que nos pueda indicar si madre estuvo enamorada antes de casar con padre.
-Está bien lo haré cuando esté en el despacho...espera mañana creo que tiene que salir a La Puebla por algún asunto, cuando salga me cuelo en su cuarto y hoy por la noche miraré en el despacho. Lo haré, lo haré para que al menos uno de los dos pueda ser feliz. Por cierto, ¿y Pepa dónde se aloja?
-En Madrid. Partió hace unos días con Olmo a estudiar medicina.
-Sé que Olmo se había marchado a Madrid, no me dijo la razón, a lo mejor supuso que en la casona la noticia había llegado... Bueno hay que mirar lo por el lado bueno, va acompañada de su otro hermano, porque de cierto modo también lo son.
-Sí, en cierto modo sí lo son, al menos a ojos de Doña Águeda. Qué irónico es el destino: Olmo, que ni la ama, ni comparte su sangre, aunque la considere su hermana, puede estar con ella que nadie murmurará, y yo, que daría mi último aliento por ella, soy su hermano, aunque a ojos de los demás no nos una ningún lazo de sangre.
-El destino juega con nosotros a su gusto mientras que nosotros no podemos hacer nada por evitarlo y...la vida, el amor es cruel con las personas que amamos de verdad, como si no quisiera que fuésemos felices. A veces pienso ¿por qué me tuve que enamorar de Juan? Me siento culpable, pero es que realmente nadie es culpable de enamorarse.
Realmente no supe qué decir ante las palabras de Soledad. ¿Podía acaso alguien decir algo más? Aún así, me atreví a hablar.
-Soledad, no te sientas culpable por haber estado enamorada de Juan. Tan sólo quédate con los buenos momentos vividos y con la experiencia, que para bien o para mal, seguro que algo te ha enseñado.
-Tristán todavía le sigo amando. He intentado olvidarme, he luchado con todas mis fuerzas por arrancarlo de mi corazón, pero es imposible, donde hubo llamas siempre quedan brasas.
-¿Acaso has olvidado todo lo que te hizo?
-¡No! No lo he olvidado créeme. El daño que me hizo encamándose con la duquesa fue enorme, pero no puedo evitar quererlo.
-Dime una cosa, hermana: ¿serías capaz de perdonarle su aventura con la duquesa? ¿Serías capaz de volver a yacer junto a él sin que el recuerdo de esa mujer te atormentara? No necesito que me contestes a mí, sino a ti.
-Creo que no, pero tampoco quiero a Olmo, mi corazón todavía le pertenece a Juan y tampoco me puede engañar a mi misma, ¿no crees?
-Puede que tengas razón, Soledad, pero yo no puedo decirte más, eres tú quien debe tomar tu propio camino.
Unos golpes en la puerta ponen fin a nuestra conversación, es Emilia.
CONTINUARÁ...
-Tristán, soy Soledad. Por favor, ábreme.
Le abro la puerta, más por compromiso que por gusto y vuelvo a sentarme en la cama.
-Tristán, hermano, que aspecto tan malo tienes, ¿estás bien?
- No, lo cierto es que no. Y te pediría que no le relatases nada a madre.
-Está bien, tranquilo, por madre no te preocupes, desde que te has ido tu nombre no se ha vuelto a pronunciar... pero cuentame lo que ha pasado.
Tomo aire y escojo en mi cabeza las palabras justas para dar una noticia así, si es que las hay. No sé cómo se lo va a tomar, pero tiene que saber la verdad
- Es algo tan... tan grotesco y tan difícil de asumir, que no sé por dónde empezar. Anda, será mejor que te sientes. Al día siguiente de la boda Doña Águeda vino bien temprano para comunicarnos que el padre de Pepa era Salvador Castro. Pepa es nuestra hermana, Soledad.
-¿Cómo puede ser?
-Verás, tú aún no habías nacido cuando padre tuvo que hacer un viaje al sur por negocios. Durante su estancia conoció a la hija del hombre con el que estaba de negocios. Esa adolescente se llamaba Águeda. La cosa fue a más, hasta que la dejó encinta. El resto te lo puedes imaginar. ¿Te das cuenta, Soledad, lo cruel que puede ser el destino? Ha querido que mi hermana sea la mujer de mi vida.
-Sé lo cruel que puede ser el destino. Pero ¿estás seguro de esta historia?
-He aprendido que en esta vida no se puede estar seguro de nada, pero vi los ojos de Doña Águeda mientras nos daba la noticia y no mentían.
-Lo siento Tristán, no quiero que pienses que no te creo, pero entiéndeme, ahora me entero que Pepa es mi hermana y resulta que mi hermano se ha casado con ella...hay algo que no cuadra, no sé es que a lo mejor es toda esta historia...¿Tristán no has pensado en la posibilidad de investigar?
-No te creas que no lo he considerado, pero luego pienso que para lo único que va a servir es para meter el dedo en la herida. He de asumir lo que el destino nos ha preparado.
-O no hermano. Sé lo que es sufrir por amor y sentirte la persona más desdichada de este mundo, pero también entiendo que si se puede luchar se haga, por eso te digo que intenta indagar en esta historia que parece tan enmarañada...no sé, puede que sea una tontería pero he sido testigo de cuanto la has amado y la amas.
-Puede que tengas razón, pero estoy tan aturdido que no sé ni por dónde empezar, ni a quién recurrir... -De pronto, una luz se encendió en mi cabeza, aportando algo de luz entre tanta confusión- Soledad, necesito que me ayudes. ¿Puedo contar contigo?
-Ya sabes que sí, ¿qué precisas?
-Necesito que busques entre las pertenencias de madre, algo que nos pueda indicar si madre estuvo enamorada antes de casar con padre.
-Está bien lo haré cuando esté en el despacho...espera mañana creo que tiene que salir a La Puebla por algún asunto, cuando salga me cuelo en su cuarto y hoy por la noche miraré en el despacho. Lo haré, lo haré para que al menos uno de los dos pueda ser feliz. Por cierto, ¿y Pepa dónde se aloja?
-En Madrid. Partió hace unos días con Olmo a estudiar medicina.
-Sé que Olmo se había marchado a Madrid, no me dijo la razón, a lo mejor supuso que en la casona la noticia había llegado... Bueno hay que mirar lo por el lado bueno, va acompañada de su otro hermano, porque de cierto modo también lo son.
-Sí, en cierto modo sí lo son, al menos a ojos de Doña Águeda. Qué irónico es el destino: Olmo, que ni la ama, ni comparte su sangre, aunque la considere su hermana, puede estar con ella que nadie murmurará, y yo, que daría mi último aliento por ella, soy su hermano, aunque a ojos de los demás no nos una ningún lazo de sangre.
-El destino juega con nosotros a su gusto mientras que nosotros no podemos hacer nada por evitarlo y...la vida, el amor es cruel con las personas que amamos de verdad, como si no quisiera que fuésemos felices. A veces pienso ¿por qué me tuve que enamorar de Juan? Me siento culpable, pero es que realmente nadie es culpable de enamorarse.
Realmente no supe qué decir ante las palabras de Soledad. ¿Podía acaso alguien decir algo más? Aún así, me atreví a hablar.
-Soledad, no te sientas culpable por haber estado enamorada de Juan. Tan sólo quédate con los buenos momentos vividos y con la experiencia, que para bien o para mal, seguro que algo te ha enseñado.
-Tristán todavía le sigo amando. He intentado olvidarme, he luchado con todas mis fuerzas por arrancarlo de mi corazón, pero es imposible, donde hubo llamas siempre quedan brasas.
-¿Acaso has olvidado todo lo que te hizo?
-¡No! No lo he olvidado créeme. El daño que me hizo encamándose con la duquesa fue enorme, pero no puedo evitar quererlo.
-Dime una cosa, hermana: ¿serías capaz de perdonarle su aventura con la duquesa? ¿Serías capaz de volver a yacer junto a él sin que el recuerdo de esa mujer te atormentara? No necesito que me contestes a mí, sino a ti.
-Creo que no, pero tampoco quiero a Olmo, mi corazón todavía le pertenece a Juan y tampoco me puede engañar a mi misma, ¿no crees?
-Puede que tengas razón, Soledad, pero yo no puedo decirte más, eres tú quien debe tomar tu propio camino.
Unos golpes en la puerta ponen fin a nuestra conversación, es Emilia.
CONTINUARÁ...
#120
09/12/2011 21:16
Esta es la Soledad de las dos primeras temporadas y no la Soel en que nos la han convertido en la serie. Precioso como siempre. Auqneu Vero ya sabe cual es la frase que me ha dejado muerta