Foro El secreto de Puente Viejo
Una historia de dos: La GRAN INVESTIGACIÓN y una noche de amor
#0
27/11/2011 13:21
Artemisilla y yo, Verrego, hemos juntado nuestras fuerzas, nuestras mentes y el resultado es una FIC un tanto diferente. La historia es narrada desde el punto de vista de Tristán y de Pepa, ellos serán los narradores.
UNA HISTORIA DE DOS, comienza con un suceso que todas tenemos ganas ver y en medio se descubrirán secretos, engaños, familias enfrentadas y los sentimientos jugarán un papel importante en todo el desarrollo de la historia.
Tanto Artemisilla como yo esperamos que os guste y disfrutéis.
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#81
04/12/2011 19:01
Me parece a mí que el Olmo de esta historia me va a gustar mucho.
#82
04/12/2011 19:10
Es que es una pena que el personaje de olmo vaya por otros derroteros en la serie.............veremos como evoluciona aqui.................
#83
04/12/2011 22:37
Cuando logré tranquilizar a Doña Águeda me fui a la posada. Ya sabíamos por Olmo que Pepa se encontraba mejor, así que no tenía sentido que yo siguiera en aquella casa. Cogí mis cosas y salí de El Jaral, no sin antes pedirle a doña Águeda que si había alguna novedad me hiciese llamar.
Al llegar a la posada, Emilia me estaba esperando con un plato de cocido que ella misma había preparado.
-Don Tristán, ¿saben algo de Pepa?
-Sí, ha aparecido desmayada en un chozo del campo. Pero ya está mejor, al cuidado de Doña Águeda y Olmo.
- Pobre Pepa... Por cierto, Don Tristán, ¿ha cenado?
-Lo cierto es que no, Emilia, pero tampoco podría, tengo el estómago cerrado.
-Pues va a tener que poder. Las penas con pan, son menos. Y ya no le digo con un cocido que he preparado para esta noche. Está mal que yo lo diga, pero me ha salido especialmente bueno.
-Te lo agradezco en el alma, Emilia, pero...
-¡Pero nada! Si no es cocido, será otra cosa, pero usted no puede irse al catre sin cenar. Además, usted no me conoce, pero soy cabezota como nadie y le aseguro que usted va a cenar. ¿Entendido?
-Caray, Emilia, si lo llego a saber antes, despido a Mauricio y te contrato a ti -me di cuenta de que era la primera vez que sonreía en aquel día- Venga ese cocido, pues.
-Marchando ese plato de cocido.
Al punto apareció la joven Ulloa con un cuenco de cocido cuyo aroma sería capaz de resucitar a los muertos. Lo puso ante mí acompañado de una jarra de vino y se sentó a mi lado.
-Don Tristán, ¿me permite que le diga algo?
-Adelante, Emilia.
- Sólo quiero decirle que usted no es sólo un invitado en esta posada, es un miembro más de la familia. ¿Se acuerda usted la de veces que hemos jugado juntos por las calles de este pueblo?
-Muchas, es cierto. Y también me acuerdo de Sebastián, que se empeñó en subir al campanario de la iglesia para comprobar si desde allí se veía Barcelona.
-Yo de lo que me acuerdo es de la regañina que os echó mi madre al saberlo, y de la cara del anterior cura, que casi os excomulga.
Una sonrisa se dibujó en mi rostro al recordar aquellos tiempos, pero inmediatamente se tornó en un gesto serio al recordar la paliza que me dio mi padre al enterarse por boca del cura la trastada que había hecho. Salvador Castro... hasta después de muerto tenía que seguir amargándome la existencia.
- Don Tristán, ¿se encuentra usted bien?
-Sí, Emilia, no te preocupes. Es que no es el mejor día de mi vida...
-Me hago cargo, no se preocupe.
Un golpe seco primero, y un ruido metálico, seguido de una blasfemia salió del cuarto de la muchacha. Me levanté dispuesto a ver qué pasaba, pero Emilia me tranquilizó.
-No se preocupe, es Alfonso, que le ha dado por la carpintería. Pero entre usted y yo... no es muy ducho con el martillo.
-Vaya, tenía entendido que el mayor de los Castañeda era todo un manitas.
-Y lo es, pero es la primera vez que hace una cuna, y le cuesta.
- ¿Una cuna? ¿Y se puede saber para qué quiere Alf...? Emilia, el desmayo del otro día...
-Sí -me confirmó la muchacha con una sonrisa contagiosa- estoy en estado.
Abracé a la hija de Raimundo mientras le daba mi más sincera enhorabuena y les deseaba todos los parabienes de este mundo. Se la veía tan radiante que hasta me avergüenza decir que sentí un poco de envidia.
-Por cierto, ¿cómo se lo ha tomado el bueno de Raimundo?
-Lo cierto es que me ha apoyado desde el principio y se mostró muy contento al saber que iba a ser abuelo. Me gustaría pedirle un favor, Don Tristán... no se lo diga a nadie de momento. Apenas lo saben unas cuantas personas, y hasta que Alfonso y yo no estemos casados, no me gustaría que nadie lo supiera, por las habladurías, ya sabe...
-No te preocupes, Emilia, mis labios están sellados. Voy a felicitar al futuro padre y marcho al catre, a ver si este maldito día acaba de una vez. Buenas noches -me despedí al tiempo que le besaba en la mejilla.
Al entrar al cuarto donde estaba Alfonso oí tal blasfemia que temí que si hubiese estado Don Anselmo allí, le hubiese excomulgado.
-Enhorabuena, Alfonso -dije a modo de saludo- Ya me ha contado Emilia la buena nueva. ¿Necesitas alguna cosa?
-Gracias, Don Tristán. Yo.. esto.. quería decirle que...
-No hace falta que sigas, Alfonso, ya supongo que te habrás enterado, ¿me equivoco? Tranquilo, que no me importa que lo sepas tú, y menos por boca de Raimundo o Emilia; son sabios eligiendo a sus confesores.
-Se lo agradezco, Don Tristán. Y le digo lo mismo, si necesita algo, lo que sea, ya sabe dónde encontrarme.
-Agradecido. Alfonso, ¿de verdad que no necesitas ayuda con la cuna?
- Necesitarla, claro que la necesito, pero cuando nazca mi hijo quiero decirle que su padre le hizo la cuna el solito y con estas... manazas.
-Como gustes, pero te advierto que voy a pasar mucho tiempo en la posada, así que me vas a tener a tu disposición para lo que necesites.
-Agradecido.
Me fui a mi habitación, no sin antes escuchar otro golpe y una blasfemia bastante mayor que la anterior.
Me quedé maravillado al ver la habitación que me había preparado Emilia. Eran humildes, pero con muy buen gusto. Se notaba que Emilia había querido tener un detalle conmigo haciéndome la alcoba más agradable, con búcaros con flores por la habitación.
Me desvestí y me metí entre las sábanas. Sólo quería cerrar los ojos y que al abrirlos Pepa siguiese a mi lado, como mi mujer. Pero el raciocionio me decía que aquello era imposible. Cerré los ojos, pero era imposible conciliar el sueño.
Dicen que cuando estás a punto de morir, toda tu vida pasa delante de tus ojos, a modo de resumen. Yo estuve varias veces en esa tesitura y no vi ninguna imagen, pero aquella noche sí aparecieron ante mí todas esas imágenes, pero sólo las hermosas. Vi a Martín, llamándome padre, a Pepa, jugando con él en el jardín con unos barcos de papel. La vi a ella en nuestro chozo, desnudándome por primera vez y derramé una lágrima al recordar su primer “te quiero, soldado”
CONTINUARÁ...
Al llegar a la posada, Emilia me estaba esperando con un plato de cocido que ella misma había preparado.
-Don Tristán, ¿saben algo de Pepa?
-Sí, ha aparecido desmayada en un chozo del campo. Pero ya está mejor, al cuidado de Doña Águeda y Olmo.
- Pobre Pepa... Por cierto, Don Tristán, ¿ha cenado?
-Lo cierto es que no, Emilia, pero tampoco podría, tengo el estómago cerrado.
-Pues va a tener que poder. Las penas con pan, son menos. Y ya no le digo con un cocido que he preparado para esta noche. Está mal que yo lo diga, pero me ha salido especialmente bueno.
-Te lo agradezco en el alma, Emilia, pero...
-¡Pero nada! Si no es cocido, será otra cosa, pero usted no puede irse al catre sin cenar. Además, usted no me conoce, pero soy cabezota como nadie y le aseguro que usted va a cenar. ¿Entendido?
-Caray, Emilia, si lo llego a saber antes, despido a Mauricio y te contrato a ti -me di cuenta de que era la primera vez que sonreía en aquel día- Venga ese cocido, pues.
-Marchando ese plato de cocido.
Al punto apareció la joven Ulloa con un cuenco de cocido cuyo aroma sería capaz de resucitar a los muertos. Lo puso ante mí acompañado de una jarra de vino y se sentó a mi lado.
-Don Tristán, ¿me permite que le diga algo?
-Adelante, Emilia.
- Sólo quiero decirle que usted no es sólo un invitado en esta posada, es un miembro más de la familia. ¿Se acuerda usted la de veces que hemos jugado juntos por las calles de este pueblo?
-Muchas, es cierto. Y también me acuerdo de Sebastián, que se empeñó en subir al campanario de la iglesia para comprobar si desde allí se veía Barcelona.
-Yo de lo que me acuerdo es de la regañina que os echó mi madre al saberlo, y de la cara del anterior cura, que casi os excomulga.
Una sonrisa se dibujó en mi rostro al recordar aquellos tiempos, pero inmediatamente se tornó en un gesto serio al recordar la paliza que me dio mi padre al enterarse por boca del cura la trastada que había hecho. Salvador Castro... hasta después de muerto tenía que seguir amargándome la existencia.
- Don Tristán, ¿se encuentra usted bien?
-Sí, Emilia, no te preocupes. Es que no es el mejor día de mi vida...
-Me hago cargo, no se preocupe.
Un golpe seco primero, y un ruido metálico, seguido de una blasfemia salió del cuarto de la muchacha. Me levanté dispuesto a ver qué pasaba, pero Emilia me tranquilizó.
-No se preocupe, es Alfonso, que le ha dado por la carpintería. Pero entre usted y yo... no es muy ducho con el martillo.
-Vaya, tenía entendido que el mayor de los Castañeda era todo un manitas.
-Y lo es, pero es la primera vez que hace una cuna, y le cuesta.
- ¿Una cuna? ¿Y se puede saber para qué quiere Alf...? Emilia, el desmayo del otro día...
-Sí -me confirmó la muchacha con una sonrisa contagiosa- estoy en estado.
Abracé a la hija de Raimundo mientras le daba mi más sincera enhorabuena y les deseaba todos los parabienes de este mundo. Se la veía tan radiante que hasta me avergüenza decir que sentí un poco de envidia.
-Por cierto, ¿cómo se lo ha tomado el bueno de Raimundo?
-Lo cierto es que me ha apoyado desde el principio y se mostró muy contento al saber que iba a ser abuelo. Me gustaría pedirle un favor, Don Tristán... no se lo diga a nadie de momento. Apenas lo saben unas cuantas personas, y hasta que Alfonso y yo no estemos casados, no me gustaría que nadie lo supiera, por las habladurías, ya sabe...
-No te preocupes, Emilia, mis labios están sellados. Voy a felicitar al futuro padre y marcho al catre, a ver si este maldito día acaba de una vez. Buenas noches -me despedí al tiempo que le besaba en la mejilla.
Al entrar al cuarto donde estaba Alfonso oí tal blasfemia que temí que si hubiese estado Don Anselmo allí, le hubiese excomulgado.
-Enhorabuena, Alfonso -dije a modo de saludo- Ya me ha contado Emilia la buena nueva. ¿Necesitas alguna cosa?
-Gracias, Don Tristán. Yo.. esto.. quería decirle que...
-No hace falta que sigas, Alfonso, ya supongo que te habrás enterado, ¿me equivoco? Tranquilo, que no me importa que lo sepas tú, y menos por boca de Raimundo o Emilia; son sabios eligiendo a sus confesores.
-Se lo agradezco, Don Tristán. Y le digo lo mismo, si necesita algo, lo que sea, ya sabe dónde encontrarme.
-Agradecido. Alfonso, ¿de verdad que no necesitas ayuda con la cuna?
- Necesitarla, claro que la necesito, pero cuando nazca mi hijo quiero decirle que su padre le hizo la cuna el solito y con estas... manazas.
-Como gustes, pero te advierto que voy a pasar mucho tiempo en la posada, así que me vas a tener a tu disposición para lo que necesites.
-Agradecido.
Me fui a mi habitación, no sin antes escuchar otro golpe y una blasfemia bastante mayor que la anterior.
Me quedé maravillado al ver la habitación que me había preparado Emilia. Eran humildes, pero con muy buen gusto. Se notaba que Emilia había querido tener un detalle conmigo haciéndome la alcoba más agradable, con búcaros con flores por la habitación.
Me desvestí y me metí entre las sábanas. Sólo quería cerrar los ojos y que al abrirlos Pepa siguiese a mi lado, como mi mujer. Pero el raciocionio me decía que aquello era imposible. Cerré los ojos, pero era imposible conciliar el sueño.
Dicen que cuando estás a punto de morir, toda tu vida pasa delante de tus ojos, a modo de resumen. Yo estuve varias veces en esa tesitura y no vi ninguna imagen, pero aquella noche sí aparecieron ante mí todas esas imágenes, pero sólo las hermosas. Vi a Martín, llamándome padre, a Pepa, jugando con él en el jardín con unos barcos de papel. La vi a ella en nuestro chozo, desnudándome por primera vez y derramé una lágrima al recordar su primer “te quiero, soldado”
CONTINUARÁ...
#84
04/12/2011 23:03
qué bien Vero, ya tenemos a alfonso y emila juntos............
#85
04/12/2011 23:35
Sí Vane, están juntos y el bebé que espera es de Alfonso y no de Severiano...
#86
04/12/2011 23:40
k va a pasar entre tristan ypepa??? seguiran creyendo k son hermans??? keremos soluciones
#87
04/12/2011 23:44
Y las habrá Sandra, las habrá y también muchas sorpresas, demasiadas...pero creemos que os gustará porque seguimos líneas muy diferentes a las de las de la serie. Pero esperamos que os gusten.
#88
04/12/2011 23:46
Sandra eso queremos y necesitamos soluciones.. Les queremos juntos
#89
04/12/2011 23:56
Una clara muestra de que hasta de las situaciones más feas y tristes se puede conseguir algo bonito. Enhorabuena chicas.
#90
05/12/2011 16:19
Sigo aplaudiendo.....Enhorabuena!
#91
06/12/2011 11:35
Que hay que subir esta historia a la más alto
que es preciosa me encanta sois unas artistazas por cierto que va a pasar con martincillo en esta historia
que es preciosa me encanta sois unas artistazas por cierto que va a pasar con martincillo en esta historia
#92
06/12/2011 22:18
No, no y no. Me negaba en rotundo a que nuestro destino en común se viese truncado de esta manera tan cruel. Me vestí como pude y salí a la taberna, con la esperanza de que hubiera alguien. Afortunadamente, Raimundo estaba colocando las sillas.
-Tristán, ¿ocurre algo?
- No puedo dormir, Raimundo. Y dudo mucho que vuelva a hacerlo en tiempo.
-No exagere usted, Don Tristán. Dicen por ahí que no hay mal que cien años dure.
-Ni cuerpo que lo aguante. Ande, póngame un coñac.
-Si me permite un consejo, Tristán, el alcohol nunca es buen consejero, se lo digo yo. Uno cree que está ahogando las penas, pero lo que no sabe es que ellas flotan.
- Le agradezco el consejo, pero necesito dormir.
-Entonces le recomiendo un vaso de leche caliente con miel.
-Lo siento, Raimundo, pero la leche caliente no me va a ayudar mucho. Prefiero el coñac.
-Como quiera. Aquí tienes.
Antes de que pudiera decir nada, me bebí la copa de un solo trago y ya le estaba pidiendo otra copa. El calor del coñac deslizándose por mi garganta me reconfortó bastante, y sólo quería beber. beber y beber.
-Don Raimundo, ya es tarde. Váyase a dormir. Déjeme la botella y no le importunaré más.
-No, Tristán, la botella se queda aquí. Y usted se va a ir derecho al catre, si no quiere que mi hija le ponga derecho como una vela.
-Hablando de Emilia, mi más sincera enhorabuena, Raimundo. Va a ser abuelo, y dicen que es una alegría aún mayor que la de saber que se va a ser padre.
-Lo es, sin duda. Cuando sabes que vas a ser padre te invade una alegría enorme, pero también piensas en las responsabilidades. En cambio, cuando sabes que vas a ser abuelo, sólo piensas en las mil maneras que tienes para consentir al nieto. Y ahora, hágame caso y vuelva a su habitación y trate de descansar. Ahora lo ve todo oscuro, pero lo que hoy está arriba, mañana estará abajo, y lo que hoy es negro, mañana será blanco.
-Supongo que tiene usted razón, me voy al catre. Que pase usted una buena noche, y disculpe las molestias.
-Buenas noches, Tristán.
Me desperté en una habitación extraña. No la reconocía, no me era familiar... “¿donde estoy? ¿Qué ha pasado?” No recuerdo apenas nada, solo que...que juraría que he visto a Flora, esa mujer que me cuida y me reconforta en los peores momentos, gracias a su recuerdo una sonrisa se me dibuja en los labios. La puerta se abre lentamente. Aparece Olmo con una bandeja y el desayuno, creo. Lo deja en una mesa, no muy lejos de la cama, se acerca y se sienta a mi lado.
-Buenos días Pepa. -Me dice mientras me da un beso en el frente. -¿Cómo te sientes?
-Buenos días a ti también, bien pero...¿qué ha pasado Olmo? ¿Cómo he llegado aquí?
Olmo me mira y me coge una mano
-Te encontré en un chozo en el bosque cerca de la montaña, estabas con una fiebre muy alta, te encontré casi inconsciente y te traje para aquí.
A medida que me iba relatando como había encontrado me acordé de las palabras que me había dicho Flora: “seguirás estando protegida. Pepa, abre los ojos y verás como habrá siempre alguien a tu lado protegiéndote”. ¿Se referiría a Olmo? Pero...¿cómo? ¿Cómo lo puede conocer?
-Pepa. -Dijo Olmo regrasándome a la realidad.
-Sí, disculpa. -Le dije.
Nos miramos y los dos sonreímos.
-Venga incorpórate. -Me dice mientras se levantaba y me ayudaba a sentarme en la cama. -Tienes que alimentarte.
Olmo se acercó a la mesa donde había dejado la bandeja con el desayuno. La coge y se acerca a mi.
-Pepa te tengo que preguntarte algo. -Me dijo poniéndo su semblante serio.
-Dime. -Le dije.
-¿Sigues pensando en ir a Madrid?
Esa pregunta me heló la sangre, era el plan que teníamos Tristán y yo. Olmo me miraba, su semblante serio se transformó en una mirada dulce.
-¿Por qué me preguntas eso? -Dije a la defensiva.
-Pepa tranquila, lo último que quiero es que te alteres. -Me dijo intentando tranquilizarme. -Te lo pregunto porque creo que es lo mejor para ti...y si decides irte yo me voy contigo, no te voy a dejar sola.
-Tristán, ¿ocurre algo?
- No puedo dormir, Raimundo. Y dudo mucho que vuelva a hacerlo en tiempo.
-No exagere usted, Don Tristán. Dicen por ahí que no hay mal que cien años dure.
-Ni cuerpo que lo aguante. Ande, póngame un coñac.
-Si me permite un consejo, Tristán, el alcohol nunca es buen consejero, se lo digo yo. Uno cree que está ahogando las penas, pero lo que no sabe es que ellas flotan.
- Le agradezco el consejo, pero necesito dormir.
-Entonces le recomiendo un vaso de leche caliente con miel.
-Lo siento, Raimundo, pero la leche caliente no me va a ayudar mucho. Prefiero el coñac.
-Como quiera. Aquí tienes.
Antes de que pudiera decir nada, me bebí la copa de un solo trago y ya le estaba pidiendo otra copa. El calor del coñac deslizándose por mi garganta me reconfortó bastante, y sólo quería beber. beber y beber.
-Don Raimundo, ya es tarde. Váyase a dormir. Déjeme la botella y no le importunaré más.
-No, Tristán, la botella se queda aquí. Y usted se va a ir derecho al catre, si no quiere que mi hija le ponga derecho como una vela.
-Hablando de Emilia, mi más sincera enhorabuena, Raimundo. Va a ser abuelo, y dicen que es una alegría aún mayor que la de saber que se va a ser padre.
-Lo es, sin duda. Cuando sabes que vas a ser padre te invade una alegría enorme, pero también piensas en las responsabilidades. En cambio, cuando sabes que vas a ser abuelo, sólo piensas en las mil maneras que tienes para consentir al nieto. Y ahora, hágame caso y vuelva a su habitación y trate de descansar. Ahora lo ve todo oscuro, pero lo que hoy está arriba, mañana estará abajo, y lo que hoy es negro, mañana será blanco.
-Supongo que tiene usted razón, me voy al catre. Que pase usted una buena noche, y disculpe las molestias.
-Buenas noches, Tristán.
Me desperté en una habitación extraña. No la reconocía, no me era familiar... “¿donde estoy? ¿Qué ha pasado?” No recuerdo apenas nada, solo que...que juraría que he visto a Flora, esa mujer que me cuida y me reconforta en los peores momentos, gracias a su recuerdo una sonrisa se me dibuja en los labios. La puerta se abre lentamente. Aparece Olmo con una bandeja y el desayuno, creo. Lo deja en una mesa, no muy lejos de la cama, se acerca y se sienta a mi lado.
-Buenos días Pepa. -Me dice mientras me da un beso en el frente. -¿Cómo te sientes?
-Buenos días a ti también, bien pero...¿qué ha pasado Olmo? ¿Cómo he llegado aquí?
Olmo me mira y me coge una mano
-Te encontré en un chozo en el bosque cerca de la montaña, estabas con una fiebre muy alta, te encontré casi inconsciente y te traje para aquí.
A medida que me iba relatando como había encontrado me acordé de las palabras que me había dicho Flora: “seguirás estando protegida. Pepa, abre los ojos y verás como habrá siempre alguien a tu lado protegiéndote”. ¿Se referiría a Olmo? Pero...¿cómo? ¿Cómo lo puede conocer?
-Pepa. -Dijo Olmo regrasándome a la realidad.
-Sí, disculpa. -Le dije.
Nos miramos y los dos sonreímos.
-Venga incorpórate. -Me dice mientras se levantaba y me ayudaba a sentarme en la cama. -Tienes que alimentarte.
Olmo se acercó a la mesa donde había dejado la bandeja con el desayuno. La coge y se acerca a mi.
-Pepa te tengo que preguntarte algo. -Me dijo poniéndo su semblante serio.
-Dime. -Le dije.
-¿Sigues pensando en ir a Madrid?
Esa pregunta me heló la sangre, era el plan que teníamos Tristán y yo. Olmo me miraba, su semblante serio se transformó en una mirada dulce.
-¿Por qué me preguntas eso? -Dije a la defensiva.
-Pepa tranquila, lo último que quiero es que te alteres. -Me dijo intentando tranquilizarme. -Te lo pregunto porque creo que es lo mejor para ti...y si decides irte yo me voy contigo, no te voy a dejar sola.
#93
06/12/2011 22:26
Ayyy Pepa ya desconfía.. Y Tristán pobrecillo descolocado con la situación
#94
06/12/2011 22:37
Uy este Olmooooo, mucho se preocupa por su "hermana"... jajaja
#95
06/12/2011 22:45
Las palabras de Flora volvieron a rondar mi cabeza, ahora estaba segura, pero me daba pensar que Olmo era esa persona que me protegerías, pero si soy sincera no me importa que sea él, no podía haber una persona mejor para sentirme protegida...no es Tristán, pero Olmo simepre se ha portado bien conmigo.
Mientras ella iba desayunando yo la miraba, no podía separar mi ojos de ella. Me quedé tan impresionado del estado en la que la encontré que no podía ni quería separarme de ella, para que nada malo le ocurriera. Las heridas en su rostro iban mejor, tenían mejor aspecto, Pepa tenía mejor aspecto, puedo decir que vuelve a ser ella físicamente...tiene apetito, eso es bueno para su recuperación. Sé que le he mentido en cuanto a las razones por las cuales, no fue idea mía, pero si ya la pregunta la ha alterado, decirle que la idea es cosa de Tristán y secundada por madre...no quiero que salga corriendo, no quiero turbar su tranquilidad de nuevo.
-Olmo. -Le digo mientras cojo su mano antes de que se levante.
Me mira y sonríe.
-Dime Pepa. -Agarrandome la mano.
-Vámonos a Madrid. -Le dije.
Lo dije movida por un impulso, pero mi corazón y mi mente me decían que era lo mejor para mi, para Tristán, para los dos.
-¿Cuándo quieres partir? -Me pregunta con interés.
-¿Mañana está bien? -Le pregunté.
-Perfecto. -Me dijo. -Cuando termines daré orden para que tengan todo preparado.
Se vuelve a sentar a mi lado sin soltarme la mano.
-Mañana por la mañana saldremos a Madrid. -Me dijo.
-Sí. -Le dije intentando no mostrar cierto nerviosismo y temor, que era lo que estaba sintiendo en estos momentos. -¿Y mis pertenencias? Están...
-Yo mismo iré a buscarlas o...
-Iré yo Olmo. -Le dije. -Pero me gustaria que me acompañases, no sé si seré capaz de...
-No hacen falta explicaciones Pepa. -Me dijo. -Iré contigo a donde haga falta.
Dos golpecitos sonaron en la puerta y se abrió dejando ver el rostro de Águeda.
-¿Puedo pasar? -Preguntó.
Olmo y yo nos miramos de nuevo.
-Claro madre. -Dijo él. -Adelante y si me permiten llevaré esta bandeja a la cocina.
Olmo se retiró mientras madre ya en la habitación sentó a mi lado.
-Pepa, hija mía, lo siento mucho. -Dijo la pobre mujer intentado no llorar. -¿Algún día sabrás perdonarme?
-Madre.-Le dije intentando sonreir. -No le tengo que perdonar nada cuando las dos hemos cometido el mismo error, el suyo fue Salvador Castro y el mío Carlos Castro. -Le dije mostrándome comprensiva. -Lo que no le perdonaría es que sabiéndolo no hubiera dicho nada.
Doña Águeda sin soltar palabra abrazo a su hija lo más fuerte que puedo.
-Sabes que me tienes para lo que necesites. -Me dijo.
-Lo sé. -Le dije. -Y gracias a Olmo y a usted este pena puede que se alivie algo más rápido que si tuviera que enfrentarme a ella yo sola...como siempre.
-Siempre estaré ahí Pepa. -Me dijo
-Madre he aceptado la propuesta de Olmo de marchar con él a Madrid...
-¿En serio? -Me dijo mostrando una tenue alegria en su rostro. -Muy buena decisión hija mía, además así tendrás tiempo de conocer mejor a Olmo. -De repente su rostro se volvió melancólico. -Siempre te ha buscado, nunca paró...
-Lo sé madre... -Le dije. -Hoy por la tarde noche me acompañará a recoger mis cosas a la posada...
-Puedo enviar a alguien del servicio que lo haga, si quieres...
-No. -Dije con rotundidad e interrumpiéndola. -Me quiero despedir de gente antes de marchar. -Le expliqué.
-Esta bien, si es tu deseo yo no te lo negaré. -Dijo acariciándome la mejilla.
Me pasé casi todo el día en la cama. No se me apetecía nada, porque a lo mínimo que hacía un cansancio envolvía mi cuerpo y perdía las pocas fuerzas que tenía. Caunod llegó el momento de vestirme, madre e Inés me ayudaron. Mi ropa estaba limpiaba y olía a jabón. Un vez, vestida y peinada, madre me ayudó a bajar las escaleras, al final estaba Olmo esperándome, listo para marchar.
Pronto llegamos al pueblo. Estaba nerviosa, tenía miedo, tenía miedo al pueblo, a sus gentes...Olmo me ofreció su brazo y yo gustosa lo acepté.
-Tranquila Pepa. -Me dijo en tono tranquilizador, apoyó su mano en mi mentón y me levantó la mirada. -Estoy aquí para lo que necesites...para protegerte. -Me dijo mirándome fijamente a los ojos.
Simplemente puedo asentir con la cabeza. Ni sonreir puedo. Lo malos recuerdos del día anterior me golpean con suma fuerza, noto que mi respiración se entre corta, hasta las ropas me oprimen el cuerpo. Llegamos a la plaza, todo seguía igual, ¿qué puede cambiar en un día? Noto como las miradas de los lugareños se clavan en mi, en mi figura. Agarro con más fuerza el brazo de Olmo, mientras que noto el cuero de guante posándose en mi mano como señal de que él está aquí conmigo, de que no estoy sola.
Ya en el patio de la posada...
-Pepa, tómate el tiempo que necesites para recoger tus cosas. -Me dijo atentamente. -Yo estaré en la taberna si me necesitas.
Me agarró las manos con fuerza y me miró con ternura. Estar con él me reconforta, noto alivio. Entro en mi antigua habitación, algo ha cambiado, las pertenencias de Tristán ya no están. No pienso, ni le quiero dar le vueltas, ya que estar en esta habitación el corazón me provoca que el corazón se me desboque.
CONTINUARÁ...
Mientras ella iba desayunando yo la miraba, no podía separar mi ojos de ella. Me quedé tan impresionado del estado en la que la encontré que no podía ni quería separarme de ella, para que nada malo le ocurriera. Las heridas en su rostro iban mejor, tenían mejor aspecto, Pepa tenía mejor aspecto, puedo decir que vuelve a ser ella físicamente...tiene apetito, eso es bueno para su recuperación. Sé que le he mentido en cuanto a las razones por las cuales, no fue idea mía, pero si ya la pregunta la ha alterado, decirle que la idea es cosa de Tristán y secundada por madre...no quiero que salga corriendo, no quiero turbar su tranquilidad de nuevo.
-Olmo. -Le digo mientras cojo su mano antes de que se levante.
Me mira y sonríe.
-Dime Pepa. -Agarrandome la mano.
-Vámonos a Madrid. -Le dije.
Lo dije movida por un impulso, pero mi corazón y mi mente me decían que era lo mejor para mi, para Tristán, para los dos.
-¿Cuándo quieres partir? -Me pregunta con interés.
-¿Mañana está bien? -Le pregunté.
-Perfecto. -Me dijo. -Cuando termines daré orden para que tengan todo preparado.
Se vuelve a sentar a mi lado sin soltarme la mano.
-Mañana por la mañana saldremos a Madrid. -Me dijo.
-Sí. -Le dije intentando no mostrar cierto nerviosismo y temor, que era lo que estaba sintiendo en estos momentos. -¿Y mis pertenencias? Están...
-Yo mismo iré a buscarlas o...
-Iré yo Olmo. -Le dije. -Pero me gustaria que me acompañases, no sé si seré capaz de...
-No hacen falta explicaciones Pepa. -Me dijo. -Iré contigo a donde haga falta.
Dos golpecitos sonaron en la puerta y se abrió dejando ver el rostro de Águeda.
-¿Puedo pasar? -Preguntó.
Olmo y yo nos miramos de nuevo.
-Claro madre. -Dijo él. -Adelante y si me permiten llevaré esta bandeja a la cocina.
Olmo se retiró mientras madre ya en la habitación sentó a mi lado.
-Pepa, hija mía, lo siento mucho. -Dijo la pobre mujer intentado no llorar. -¿Algún día sabrás perdonarme?
-Madre.-Le dije intentando sonreir. -No le tengo que perdonar nada cuando las dos hemos cometido el mismo error, el suyo fue Salvador Castro y el mío Carlos Castro. -Le dije mostrándome comprensiva. -Lo que no le perdonaría es que sabiéndolo no hubiera dicho nada.
Doña Águeda sin soltar palabra abrazo a su hija lo más fuerte que puedo.
-Sabes que me tienes para lo que necesites. -Me dijo.
-Lo sé. -Le dije. -Y gracias a Olmo y a usted este pena puede que se alivie algo más rápido que si tuviera que enfrentarme a ella yo sola...como siempre.
-Siempre estaré ahí Pepa. -Me dijo
-Madre he aceptado la propuesta de Olmo de marchar con él a Madrid...
-¿En serio? -Me dijo mostrando una tenue alegria en su rostro. -Muy buena decisión hija mía, además así tendrás tiempo de conocer mejor a Olmo. -De repente su rostro se volvió melancólico. -Siempre te ha buscado, nunca paró...
-Lo sé madre... -Le dije. -Hoy por la tarde noche me acompañará a recoger mis cosas a la posada...
-Puedo enviar a alguien del servicio que lo haga, si quieres...
-No. -Dije con rotundidad e interrumpiéndola. -Me quiero despedir de gente antes de marchar. -Le expliqué.
-Esta bien, si es tu deseo yo no te lo negaré. -Dijo acariciándome la mejilla.
Me pasé casi todo el día en la cama. No se me apetecía nada, porque a lo mínimo que hacía un cansancio envolvía mi cuerpo y perdía las pocas fuerzas que tenía. Caunod llegó el momento de vestirme, madre e Inés me ayudaron. Mi ropa estaba limpiaba y olía a jabón. Un vez, vestida y peinada, madre me ayudó a bajar las escaleras, al final estaba Olmo esperándome, listo para marchar.
Pronto llegamos al pueblo. Estaba nerviosa, tenía miedo, tenía miedo al pueblo, a sus gentes...Olmo me ofreció su brazo y yo gustosa lo acepté.
-Tranquila Pepa. -Me dijo en tono tranquilizador, apoyó su mano en mi mentón y me levantó la mirada. -Estoy aquí para lo que necesites...para protegerte. -Me dijo mirándome fijamente a los ojos.
Simplemente puedo asentir con la cabeza. Ni sonreir puedo. Lo malos recuerdos del día anterior me golpean con suma fuerza, noto que mi respiración se entre corta, hasta las ropas me oprimen el cuerpo. Llegamos a la plaza, todo seguía igual, ¿qué puede cambiar en un día? Noto como las miradas de los lugareños se clavan en mi, en mi figura. Agarro con más fuerza el brazo de Olmo, mientras que noto el cuero de guante posándose en mi mano como señal de que él está aquí conmigo, de que no estoy sola.
Ya en el patio de la posada...
-Pepa, tómate el tiempo que necesites para recoger tus cosas. -Me dijo atentamente. -Yo estaré en la taberna si me necesitas.
Me agarró las manos con fuerza y me miró con ternura. Estar con él me reconforta, noto alivio. Entro en mi antigua habitación, algo ha cambiado, las pertenencias de Tristán ya no están. No pienso, ni le quiero dar le vueltas, ya que estar en esta habitación el corazón me provoca que el corazón se me desboque.
CONTINUARÁ...
#96
06/12/2011 22:52
Y digo yo....¿qué falta hace una galena para llevar una historia de manera coherente? pues ninguna......ya tienen bastante con saber que son hermanos, para tener sobrevolando buitres......
Arte y Vero muchas gracias.....esperando la continuación.....
Arte y Vero muchas gracias.....esperando la continuación.....
#97
06/12/2011 23:41
Pobre Pepilla...
Gracias por darnos escenas más emotivas entre madre he hija de las que nos dan en la serie... a ver si copian...
Gracias por darnos escenas más emotivas entre madre he hija de las que nos dan en la serie... a ver si copian...
#98
07/12/2011 00:27
Como dice Monkey que penilla nos da nuestra Pepis.. Que preciosidad de historia.
#99
07/12/2011 10:49
me ha encantado este hilo, no os habia leido y la verdad es que esta genial, que bonita la historia contada en primera persona!! seguid asi, esperemos que los junteis pronto...
#100
07/12/2011 10:51
Jense!!!!! Que alegría verte por aquí, me alegro mucho que te guste!!!! Pues hay que estar pendiente porque habrá muchas sorpresas que nadie espera.