Foro El secreto de Puente Viejo
Una historia de dos: La GRAN INVESTIGACIÓN y una noche de amor
#0
27/11/2011 13:21
Artemisilla y yo, Verrego, hemos juntado nuestras fuerzas, nuestras mentes y el resultado es una FIC un tanto diferente. La historia es narrada desde el punto de vista de Tristán y de Pepa, ellos serán los narradores.
UNA HISTORIA DE DOS, comienza con un suceso que todas tenemos ganas ver y en medio se descubrirán secretos, engaños, familias enfrentadas y los sentimientos jugarán un papel importante en todo el desarrollo de la historia.
Tanto Artemisilla como yo esperamos que os guste y disfrutéis.
Vídeos FormulaTV
'Euphoria' regresa tras su salto temporal en el tráiler de la tercera temporada
'La isla de las tentaciones 10' lanza un extenso avance antes de su estreno en Telecinco
laSexta cumple 20 años con la información y el entretenimiento como bastiones frente a la competencia
'Masterchef' muestra un extenso avance de su nueva edición, que se estrena el lunes 30 de marzo en La 1
La serie de 'Harry Potter' muestra su primer tráiler y anuncia su fecha de estreno
'Los Bridgerton' confirma la pareja de su quinta temporada, que ya ha iniciado su rodaje
#61
02/12/2011 16:17
Esta noche habrá alguna escena más, segurísimo, jajajajajajajaja!!!!!!!!!!!
#62
02/12/2011 21:37
Estos son los mejores momentos de día, cuando estoy despertando y sé que puedo remolonoear un rato más en el catre con Pepa. ¿Pepa? Abro los ojos sobresaltado y no la encuentro. Mi mente me dice que habrá ido al baño o a desayunar, pero algo en lo más profundo de mi ser me dice que algo malo pasa y el corazón se me desboca y no puedo evitar sentir un pellizco en el estómago al recordar las premoniciones que sentí ayer.
Justo cuando voy a salir en busca de Pepa, entra ella con el semblante serio.
- ¿Son estos los buenos días que le dedicas a tu recién esposo, partera?
Sé que algo malo pasa, pero hago chanzas con la vana esperanza de que sólo sean imaginaciones mías.
- Tristán, vístete. Mi madre aguarda fuera para contarnos algo.
- ¿Tienes idea de lo que pueda ser?
- No, pero no debe ser bueno...
Mientras me visto, toda clase de pensamientos se agolpan en mi cabeza y no se me ocurre nada peor que Carlos Castro y Alberto. “No -me digo a mí mismo- no puede ser tan grave”
Cuando salimos de la habitación veo a una Águeda compungida y temerosa por el dolor que van a causar sus palabras. Puedo reconocer a leguas esa expresión porque yo mismo me he visto en la tesitura de comunicar a los familiares de algunos de mis hombres la terrible pérdida de sus seres queridos en el campo de batalla. Por eso mismo abrazo a Pepa con fuerza, pues sé que el trance que va a recibir es duro. Supongo que algo le habrá pasado a Olmo, pues no le veo...
-Buenos días, Doña Águeda. ¿Qué ha pasado? ¿Está Olmo bien?
-Lo de buenos es discutible, Tristán. He de deciros algo que no va a ser plato de gusto para nadie. Por Olmo no te preocupes, está en el Jaral enfrascado en unos asuntos con los albañiles. Pero no es de eso de lo que quiero hablaros.
Pepa y yo tomamos asiento mientras Emilia viene presta a traernos el desayuno.
- ¿Y bien? -pregunto impaciente.
Sé que la curiosidad mata al gato pero, al igual que Tristán, quiero salir de este sin saber que me mata por dentro.
- Siento tener que deciros esto, pero tenéis que empezar a tramitar la nulidad matrimonial de vuestro enlace.
Por un momento siento que aún sigo dormido y mis oídos distorsionan las palabras. ¿Nulidad? Pero Dios Santo, si no hace ni veinticuatro horas de nuestro enlace.
Raimundo en ese momento se levanta de la mesa y echa fuera de la taberna a los pocos paisanos que hay...no sé que decir...no doy crédito a lo que mis oídos están escuchando... no sé como tomármelo, la voz de Tristán me vuelve a la realidad.
- ¿Cómo dice, doña Águeda?
- Veréis. He intentado mantener esto en secreto, pues hay palabras y nombres muy difíciles de pronunciar, pero veo que no me queda otra alternativa. Pepa, mi niña... tu padre era Salvador Castro. Tristán y tú sois hermanos.
Me siento bapuleada, golpeada por la fuerza de un destino que lo único que quiere es que llore...me siento tan ahogada que no noto mi alma dentro de mi.
En aquel momento el mundo se paralizó. ¿Había dicho Salvador Castro? ¿Pepa era hija de mi padre?
- Con todos mis repetos, Doña Águeda -dije al tiempo que apretaba la mano de Pepa- pero aquí debe haber una confusión... ¿seguro que se refiere al mismo Salvador Castro?
- Con todos mis respetos, Tristán, pero ¿acaso tú confundirías a la persona que te deshonró, que te dio el mejor regalo de tu vida y que luego amenazó con matarte a ti, a tu hijo y a tu familia? ¿Acaso confundirías a un demonio reencarnado? Dime, Tristán, ¿confundirías a quien te hizo derramar las lágrimas más amargas que la hiel?
- No, supongo que no. -Entonces una idea me estremeció- Entonces, Martín...
- Tranquilo, Tristán, poca gente lo sabe, pero el verdadero apellido de Carlos no era Castro, sino Ibarra. Estuve investigando y al parecer la primera mujer de tu padre se casó embarazada de un mozo de servicio. Martín no fue el fruto del incesto.
A mi lado Pepa lloraba.
Sin poder evitarlo las lágrimas comienzan a rodar por mis mejillas. Mi cuerpo, mi Ser han muerto en menos de un minuto...ya no sé lo que siento...la felicidad que hace unas horas sentía se ha vuelto a convertir en el camino pedregoso y lleno de espinas del que pensaba había salido para siempre.
- Siento de veras tener que daros esta noticia. Os juro que nada me gustaría más que poder veros envejecer juntos, pues sé que vuestro amor es mutuo y sincero, pero no puedo cambiar las leyes de Dios y de los hombres.
El silencio se apodera de la estancia y durante unos segundos parece que el tiempo se hubiera detenido. Creo que todos los allí presentes quisiéramos estar muy lejos de allí, pero sólo Pepa tuvo el valor de reconocerlo y actuar en consecuencia.
No aguanto más, algo me está oprimiendo, no soy capaz de respirar, no me llega el aire a los pulmones. Soy un manojo de nervios, me incomoda la presencia de todas las personas que están aquí, quiero estar sola, ¿pero cómo? Por un momento cierro los ojos y lo veo todo más claro, “tienes que salir de aquí” me dice una voz interior y así lo hago.
Me levanto y la silla golpea la mesa que está justo detrás, voy corriendo hacia la puerta, la abro y una ráfaga de aire me golpea la cara, sin pararme vuelvo a correr para que nadie sea capaz de alcanzarme. Las gentes que están en la plaza me miran desconcertadas, no saben lo que ha pasado...no quiero que lo sepan.
- ¡Pepa! -exclamó Emilia, asombrada, al tiempo que Pepa salía como alma que lleva el diablo de la taberna.
Hice ademán de salir tras ella, pero Doña Águeda me detuvo poniendo su mano en la mía.
- No, Tristán, déjala. Necesita tiempo para asumir lo que acabo de decir. Tardaréis tiempo en asimilarlo, pero necesitáis tiempo y, sobre todo, espacio.
- Sí, supongo que tiene razón, pero si veo mal a Pepa tengo la necesidad de salir tras ella a protegerla de cualquier mal que pueda acecharla.
-Y puedes hacerlo, Tristán, pero como su hermano que eres.
No pude evitar pegar un puñetazo en la mesa, presa de la impotencia e indignación. ¿Por qué el destino es tan cruel? ¿Qué voy a hacer ahora con mi vida? Mi mundo se había desplomado por completo, ladrillo a ladrillo, y yo no sabía qué hacer con tanto ladrillo. En apenas unas horas había perdido a mi familia y a la única mujer a la que de verdad había amado en mi vida. Me despedí de Águeda y salí de la posada sin rumbo fijo.
CONTINUARÁ...
Justo cuando voy a salir en busca de Pepa, entra ella con el semblante serio.
- ¿Son estos los buenos días que le dedicas a tu recién esposo, partera?
Sé que algo malo pasa, pero hago chanzas con la vana esperanza de que sólo sean imaginaciones mías.
- Tristán, vístete. Mi madre aguarda fuera para contarnos algo.
- ¿Tienes idea de lo que pueda ser?
- No, pero no debe ser bueno...
Mientras me visto, toda clase de pensamientos se agolpan en mi cabeza y no se me ocurre nada peor que Carlos Castro y Alberto. “No -me digo a mí mismo- no puede ser tan grave”
Cuando salimos de la habitación veo a una Águeda compungida y temerosa por el dolor que van a causar sus palabras. Puedo reconocer a leguas esa expresión porque yo mismo me he visto en la tesitura de comunicar a los familiares de algunos de mis hombres la terrible pérdida de sus seres queridos en el campo de batalla. Por eso mismo abrazo a Pepa con fuerza, pues sé que el trance que va a recibir es duro. Supongo que algo le habrá pasado a Olmo, pues no le veo...
-Buenos días, Doña Águeda. ¿Qué ha pasado? ¿Está Olmo bien?
-Lo de buenos es discutible, Tristán. He de deciros algo que no va a ser plato de gusto para nadie. Por Olmo no te preocupes, está en el Jaral enfrascado en unos asuntos con los albañiles. Pero no es de eso de lo que quiero hablaros.
Pepa y yo tomamos asiento mientras Emilia viene presta a traernos el desayuno.
- ¿Y bien? -pregunto impaciente.
Sé que la curiosidad mata al gato pero, al igual que Tristán, quiero salir de este sin saber que me mata por dentro.
- Siento tener que deciros esto, pero tenéis que empezar a tramitar la nulidad matrimonial de vuestro enlace.
Por un momento siento que aún sigo dormido y mis oídos distorsionan las palabras. ¿Nulidad? Pero Dios Santo, si no hace ni veinticuatro horas de nuestro enlace.
Raimundo en ese momento se levanta de la mesa y echa fuera de la taberna a los pocos paisanos que hay...no sé que decir...no doy crédito a lo que mis oídos están escuchando... no sé como tomármelo, la voz de Tristán me vuelve a la realidad.
- ¿Cómo dice, doña Águeda?
- Veréis. He intentado mantener esto en secreto, pues hay palabras y nombres muy difíciles de pronunciar, pero veo que no me queda otra alternativa. Pepa, mi niña... tu padre era Salvador Castro. Tristán y tú sois hermanos.
Me siento bapuleada, golpeada por la fuerza de un destino que lo único que quiere es que llore...me siento tan ahogada que no noto mi alma dentro de mi.
En aquel momento el mundo se paralizó. ¿Había dicho Salvador Castro? ¿Pepa era hija de mi padre?
- Con todos mis repetos, Doña Águeda -dije al tiempo que apretaba la mano de Pepa- pero aquí debe haber una confusión... ¿seguro que se refiere al mismo Salvador Castro?
- Con todos mis respetos, Tristán, pero ¿acaso tú confundirías a la persona que te deshonró, que te dio el mejor regalo de tu vida y que luego amenazó con matarte a ti, a tu hijo y a tu familia? ¿Acaso confundirías a un demonio reencarnado? Dime, Tristán, ¿confundirías a quien te hizo derramar las lágrimas más amargas que la hiel?
- No, supongo que no. -Entonces una idea me estremeció- Entonces, Martín...
- Tranquilo, Tristán, poca gente lo sabe, pero el verdadero apellido de Carlos no era Castro, sino Ibarra. Estuve investigando y al parecer la primera mujer de tu padre se casó embarazada de un mozo de servicio. Martín no fue el fruto del incesto.
A mi lado Pepa lloraba.
Sin poder evitarlo las lágrimas comienzan a rodar por mis mejillas. Mi cuerpo, mi Ser han muerto en menos de un minuto...ya no sé lo que siento...la felicidad que hace unas horas sentía se ha vuelto a convertir en el camino pedregoso y lleno de espinas del que pensaba había salido para siempre.
- Siento de veras tener que daros esta noticia. Os juro que nada me gustaría más que poder veros envejecer juntos, pues sé que vuestro amor es mutuo y sincero, pero no puedo cambiar las leyes de Dios y de los hombres.
El silencio se apodera de la estancia y durante unos segundos parece que el tiempo se hubiera detenido. Creo que todos los allí presentes quisiéramos estar muy lejos de allí, pero sólo Pepa tuvo el valor de reconocerlo y actuar en consecuencia.
No aguanto más, algo me está oprimiendo, no soy capaz de respirar, no me llega el aire a los pulmones. Soy un manojo de nervios, me incomoda la presencia de todas las personas que están aquí, quiero estar sola, ¿pero cómo? Por un momento cierro los ojos y lo veo todo más claro, “tienes que salir de aquí” me dice una voz interior y así lo hago.
Me levanto y la silla golpea la mesa que está justo detrás, voy corriendo hacia la puerta, la abro y una ráfaga de aire me golpea la cara, sin pararme vuelvo a correr para que nadie sea capaz de alcanzarme. Las gentes que están en la plaza me miran desconcertadas, no saben lo que ha pasado...no quiero que lo sepan.
- ¡Pepa! -exclamó Emilia, asombrada, al tiempo que Pepa salía como alma que lleva el diablo de la taberna.
Hice ademán de salir tras ella, pero Doña Águeda me detuvo poniendo su mano en la mía.
- No, Tristán, déjala. Necesita tiempo para asumir lo que acabo de decir. Tardaréis tiempo en asimilarlo, pero necesitáis tiempo y, sobre todo, espacio.
- Sí, supongo que tiene razón, pero si veo mal a Pepa tengo la necesidad de salir tras ella a protegerla de cualquier mal que pueda acecharla.
-Y puedes hacerlo, Tristán, pero como su hermano que eres.
No pude evitar pegar un puñetazo en la mesa, presa de la impotencia e indignación. ¿Por qué el destino es tan cruel? ¿Qué voy a hacer ahora con mi vida? Mi mundo se había desplomado por completo, ladrillo a ladrillo, y yo no sabía qué hacer con tanto ladrillo. En apenas unas horas había perdido a mi familia y a la única mujer a la que de verdad había amado en mi vida. Me despedí de Águeda y salí de la posada sin rumbo fijo.
CONTINUARÁ...
#63
02/12/2011 22:38
! Menudas escritoras tenemos en este foro ! ! mil gracias a Vero y a Artemisilla por su estupendo trabajo, ! estoy disfrutándo un montón de vuestro relato !
#64
02/12/2011 22:57
pero como nos hacéis estos!!! Maledettas!!!
Arreglarme esto de los hermanos lo antes posible, por favor, q bastante penamos con la serie... Ah! y por favor, galenas NO.
Reclamaciones a parte... sois dos cracks!
Arreglarme esto de los hermanos lo antes posible, por favor, q bastante penamos con la serie... Ah! y por favor, galenas NO.

Reclamaciones a parte... sois dos cracks!
#65
02/12/2011 23:06
Tranquilas!!!!!!!!!!!!!!!!!!! no HAY GALENAS
#66
03/12/2011 00:42
Vero dime que aquí no tenemos a la Tutankamon.. bastante la sufro con la serie como para tenerla aquí también
#67
03/12/2011 01:32
La cara acelga NO ESTÁ EN ESTA HISTORIA
#68
03/12/2011 21:53
No pude evitar pegar un puñetazo en la mesa, presa de la impotencia e indignación. ¿Por qué el destino es tan cruel? ¿Qué voy a hacer ahora con mi vida? Mi mundo se había desplomado por completo, ladrillo a ladrillo, y yo no sabía qué hacer con tanto ladrillo. En apenas unas horas había perdido a mi familia y a la única mujer a la que de verdad había amado en mi vida. Me despedí de Águeda y salí de la posada sin rumbo fijo.
Tomo el camino que lleva a la montaña, sé que allí podré llegar a encontrar un poco de paz, aunque no sé yo si la alcanzaré algún día. No puedo dejar de llorar, la vida me ha golpeado de la forma más dura que se le puede golpear a una persona que ama a otra, como quiero a Tristán...él era mi presente y mi futuro, era la persona con la que quería pasar el resto de mi vida y ahora...el ahora no existe, porque el pasado ha vuelto para romperme en pedazos.
De repente, en mi camino se cruza una calesa, me aparto, la reconozco es la calesa de los Mesía...
-¡Pepa!
Reconozco esa voz, es Olmo, no me paro, lo ignoro...la calesa sigue su camino. Quiero que todos me dejen sola, sola en compañía de este dolor que me ahoga, que hunde en el barro sin posibilidad de respirar, que me entierra en vida. Me he desviado de mi camino, estoy en dirección a la Quedrada de los Lobos, mi niño, mi niñito...mi hijito que de la manera mas brutal me fue arrebatado, arrebatado dos veces...necesito estar allí, estar con él, sentirlo de algún modo...lo he perdido todo en esta vida, no me queda nada, hasta mi propia alma me ha abandonado.
Llego hasta ese lugar escarpado, tropiezo varias veces, la respiración es cada mas agitada y entrecortada, me cuesta mucho respirar, noto como la visión se me nubla, incluso la llego a perder, me siento cansada, noto como las fuerzas me van abandonando, es este dolor que me deja sin aliento. Me quiero acercar al borde del acantilado, no se si podre llegar...lo intento pero me cuesta, las lágrimas siguen cayendo por mis mejillas...esto es lo único que tiene sentido, las fuerzas me abandonan como mi propia vida, “¿para qué vivir? ¿Me quedo algo en esta tierra por lo que luchar?” Llego al borde pero mis ojos se cierran y noto como mi cuerpo muerto, inerte, cae como una pluma que se lleva el viento.
Cuando quise darme cuenta, estaba en mitad del campo, a la vera del río y preguntándome qué me retenía en este mundo. Estaba a punto de hacer una locura cuando algo me detuvo. Era Rosario.
- Tristán, hijo, ¿qué haces aquí? Te hacía de luna de miel.
- Más bien de hiel, Rosario.
- ¿Por qué dice eso, señor?
No supe qué decirle, así que simplemente callé y me abracé a ella llorando, como cuando era un zagal. Siempre he sabido que Francisca Montenegro me crió, pero también que Rosario ha sido mi verdadera madre. Ella era la única persona con la que podía desahogarme.
- Tristán, me está asustando. ¿qué tiene?
- ¿Que qué tengo? Angustia, desesperanza, frustración, impotencia, rabia, odio, y mil cosas más que no digo para no asustarte.
- No me suste, señor. ¿Le ha ocurrido algo a Pepa? ¿Ha...? -dijo mostrando cara de horror-
-No, Rosario, pierde cuidado. Aunque ambos hemos muerto un poco por dentro. Tenemos que anular nuestro enlace.
-¿Cómo? -una perpleja Rosario me miraba seriamente preocupada. ¿Qué es eso tan grave que ha ocurrido para que vuestro matrimonio se haya roto?
- Doña Águeda nos ha informado de que Pepa y yo...nosotros... compartimos algo más que un amor tan grande como este universo. Rosario, Pepa y yo compartimos al mismo progenitor. Ella es mi hermana...
Rosario me rodeó con sus brazos y me atrajo contra su pecho, donde lloré un buen rato hasta que de pronto caí en la cuenta de que le estaba robando un tiempo valiosísimo a la empleada de mi madre.
-Anda, Rosario, marcha a la casona. No quiero que tengas cuitas por mi culpa. Y por favor, no le digas nada a mi familia. Llegado el caso ya se lo diré yo.
- Señor, no me quedo tranquila sabiendo lo mal que lo está pasando usted... ¿Irá luego por la casona?
-No, Rosario, ya oíste anoche a mi madre.
-¿Y dónde va a ir ahora? Si no tiene donde ir, vaya a mi casa. Los muchachos estarán faenando, así que podrá estar solo sin nadie que le moleste.
-Gracias, Rosario, lo consideraré.
Cuando Rosario se fue, me quedé sentado en una piedra del camino. ¿Qué iba a hacer ahora con mi vida? Estaba claro que a la casona ni quería ni podía volver, pues eso significaría oir las burlas de mi madre y los “te lo advertí” de mi hermana. Y Madrid... supongo que ya no podrá ser, tanto Pepa como yo necesitamos tierra de por medio para aplacar nuestros sentimientos.
Cuando quiero darme cuenta, la noche se está echando encima, así que decido volver a la posada. Con suerte, Pepa habrá llegado y podremos hablar de lo que ha pasado. Y si no ha llegado me tomaré una copa; la necesito.
CONTINUARÁ..
Tomo el camino que lleva a la montaña, sé que allí podré llegar a encontrar un poco de paz, aunque no sé yo si la alcanzaré algún día. No puedo dejar de llorar, la vida me ha golpeado de la forma más dura que se le puede golpear a una persona que ama a otra, como quiero a Tristán...él era mi presente y mi futuro, era la persona con la que quería pasar el resto de mi vida y ahora...el ahora no existe, porque el pasado ha vuelto para romperme en pedazos.
De repente, en mi camino se cruza una calesa, me aparto, la reconozco es la calesa de los Mesía...
-¡Pepa!
Reconozco esa voz, es Olmo, no me paro, lo ignoro...la calesa sigue su camino. Quiero que todos me dejen sola, sola en compañía de este dolor que me ahoga, que hunde en el barro sin posibilidad de respirar, que me entierra en vida. Me he desviado de mi camino, estoy en dirección a la Quedrada de los Lobos, mi niño, mi niñito...mi hijito que de la manera mas brutal me fue arrebatado, arrebatado dos veces...necesito estar allí, estar con él, sentirlo de algún modo...lo he perdido todo en esta vida, no me queda nada, hasta mi propia alma me ha abandonado.
Llego hasta ese lugar escarpado, tropiezo varias veces, la respiración es cada mas agitada y entrecortada, me cuesta mucho respirar, noto como la visión se me nubla, incluso la llego a perder, me siento cansada, noto como las fuerzas me van abandonando, es este dolor que me deja sin aliento. Me quiero acercar al borde del acantilado, no se si podre llegar...lo intento pero me cuesta, las lágrimas siguen cayendo por mis mejillas...esto es lo único que tiene sentido, las fuerzas me abandonan como mi propia vida, “¿para qué vivir? ¿Me quedo algo en esta tierra por lo que luchar?” Llego al borde pero mis ojos se cierran y noto como mi cuerpo muerto, inerte, cae como una pluma que se lleva el viento.
Cuando quise darme cuenta, estaba en mitad del campo, a la vera del río y preguntándome qué me retenía en este mundo. Estaba a punto de hacer una locura cuando algo me detuvo. Era Rosario.
- Tristán, hijo, ¿qué haces aquí? Te hacía de luna de miel.
- Más bien de hiel, Rosario.
- ¿Por qué dice eso, señor?
No supe qué decirle, así que simplemente callé y me abracé a ella llorando, como cuando era un zagal. Siempre he sabido que Francisca Montenegro me crió, pero también que Rosario ha sido mi verdadera madre. Ella era la única persona con la que podía desahogarme.
- Tristán, me está asustando. ¿qué tiene?
- ¿Que qué tengo? Angustia, desesperanza, frustración, impotencia, rabia, odio, y mil cosas más que no digo para no asustarte.
- No me suste, señor. ¿Le ha ocurrido algo a Pepa? ¿Ha...? -dijo mostrando cara de horror-
-No, Rosario, pierde cuidado. Aunque ambos hemos muerto un poco por dentro. Tenemos que anular nuestro enlace.
-¿Cómo? -una perpleja Rosario me miraba seriamente preocupada. ¿Qué es eso tan grave que ha ocurrido para que vuestro matrimonio se haya roto?
- Doña Águeda nos ha informado de que Pepa y yo...nosotros... compartimos algo más que un amor tan grande como este universo. Rosario, Pepa y yo compartimos al mismo progenitor. Ella es mi hermana...
Rosario me rodeó con sus brazos y me atrajo contra su pecho, donde lloré un buen rato hasta que de pronto caí en la cuenta de que le estaba robando un tiempo valiosísimo a la empleada de mi madre.
-Anda, Rosario, marcha a la casona. No quiero que tengas cuitas por mi culpa. Y por favor, no le digas nada a mi familia. Llegado el caso ya se lo diré yo.
- Señor, no me quedo tranquila sabiendo lo mal que lo está pasando usted... ¿Irá luego por la casona?
-No, Rosario, ya oíste anoche a mi madre.
-¿Y dónde va a ir ahora? Si no tiene donde ir, vaya a mi casa. Los muchachos estarán faenando, así que podrá estar solo sin nadie que le moleste.
-Gracias, Rosario, lo consideraré.
Cuando Rosario se fue, me quedé sentado en una piedra del camino. ¿Qué iba a hacer ahora con mi vida? Estaba claro que a la casona ni quería ni podía volver, pues eso significaría oir las burlas de mi madre y los “te lo advertí” de mi hermana. Y Madrid... supongo que ya no podrá ser, tanto Pepa como yo necesitamos tierra de por medio para aplacar nuestros sentimientos.
Cuando quiero darme cuenta, la noche se está echando encima, así que decido volver a la posada. Con suerte, Pepa habrá llegado y podremos hablar de lo que ha pasado. Y si no ha llegado me tomaré una copa; la necesito.
CONTINUARÁ..
#69
03/12/2011 22:05
Uffff d everdad me habéis puesto el corazón en un puño
#70
03/12/2011 22:08
Pues cuando leais la parte de Pepa lloráis os lo digo en serio...
#71
03/12/2011 22:12
Entro en la posada y noto como todos los parroquianos me miran, y no les culpo. Hace unas horas se han enterado de mi enlace con Pepa, y ahora me ven solo, desaliñado y con semblante serio. Algunos murmuran sobre la veracidad de los rumores, otros me clavan sus miradas en la nuca y los menos, se dedican a jugar a las cartas en alguna mesa.
-Buenas noches, Raimundo. Póngame lo más fuerte que tenga.
- Tristán, ¿cómo se encuentra?
Durante unos segundos permanezco en silencio, rumiando la pregunta de Raimundo. ¿Que cómo me encuentro? Ni yo mismo sabría decirlo a ciencia cierta. Sé que odio a Salvador Castro con todas mis fuerzas, sé que amo a Pepa con toda mi alma y sé que los meses venideros van a ser los peores de mi vida, más incluso que cuando perdí a Martín. Sé que puede parecer duro, pero sabía que Martín estaba en un lugar mejor, y que no iba a sufrir nunca más. Pero Pepa va a sufrir, y yo también, pues podría ir a buscarla a Madrid o al fin del mundo, pero he de contenerme si no quiero caer en pecado mortal. Finalmente decido responder al tabernero con un monosílabo.
- Mal.
- ¿Coñac? No te va a solucionar la vida, pero te va a recomponer el cuerpo.
- Gracias, Raimundo.
-No hay de qué, Tristán. Sabe que en esta casa se le aprecia. ¿Puedo preguntarle lo que va a hacer ahora que sabe lo que sabe?
- No lo sé, Raimundo, no lo sé. A la casona no pienso volver, e ir a Madrid ya no tiene sentido.
- ¿Y por qué no se queda con nosotros? No sólo tendría un techo y comida, sino que además, estaría acompañado de gente que le aprecia de verdad. No tiene que responder ahora si no quieres, pero piénselo.
- Gracias, Raimundo, pero no hay nada que pensar, me quedo con usted y su familia. Lo único que me gustaría pedirle un favor.
- El que quiera.
- Si fuera posible me gustaría ocupar una habitación que no fuese en la que he amanecido hoy. Demasiados recuerdos, demasiado dolor.
- Eso está hecho. ¡Emilia! Emilia, hija, dispón la nueva habitación de Tristán, la del final del pasillo.
- Al punto, padre.
- Por cierto, Raimundo, ¿sabe si Pepa está en su habitación?
- Que yo sepa, no ha vuelto desde que salió esta mañana... pero si quieres, voy a mirar.
Asentí con la cabeza y aguardé a que llegara el tabernero. Cuando lo hizo, tenía el semblante serio y me informó que no había ni rastro de Pepa. Ya era noche cerrada y Pepa sin aparecer...
-Raimundo, tengo que hablar con ella. Voy a El Jaral, seguramente esté allí.
Cogí mi capa y salí de allí a paso ligero. Cuando llegué a El Jaral, fue la misma Águeda la que salió a recibirme.
- ¡Tristán! ¿Sabe algo de Pepa?
- No, yo he venido a hablar con ella. ¿Es que no está aquí?
- Desde que salió esta mañana de la posada, no la he vuelto a ver, y mira qué horas son. ¿Y si le ha pasado algo a mi niña?
- No aflija, Águeda, seguro que Pepa está bien, pero hay que salir a buscarla.
- ¿Pasa algo, madre? -Olmo apareció por el zaguán preocupado
- Es Pepa, nadie sabe dónde está.
-Olmo, si no le importa, quisiera departir un asunto con usted.
-Claro, dígame, Tristán.
-Creo que lo mejor para Pepa es poner tierra de por medio, estudiar medicina y ser feliz, y eso no lo va a conseguir en Puente Viejo, pero no me gustaría que estuviera sola.
-¿Y qué propone?
- Si a ustedes no les parece mal, me gustaría que fueran con ella a Madrid. Sé que es muy atrevido por mi parte pedirles semejante cambio de vida, pero sé que es lo mejor para ella. Yo ya tenía apalabrado un piso en Madrid, pero puedo buscar otro más amplio.
- Olmo, creo que Tristán tiene razón. Pepa necesita alejarse de aquí, y creo que tú eres el más indicado para protegerla. Partiréis mañana, pasado a lo sumo. Id a buscar a Pepa mientras yo hago unas gestiones. Aún me quedan contactos suficientes como para teneros totalmente instalados a vuestra llegada.
- ¿Y usted, madre? ¿Acaso no viene con nosotros?
-No, hijo, de momento no. He de quedarme para hacerme cargo de las cuentas. Acabamos de gastarnos una auténtica fortuna para instalarnos aquí, y si queremos que el patrimonio de los Mesía no se desplome, alguien debe quedarse al frente. Y ahora, ve a preparar tu caballo para buscar a Pepa.
-Como usted disponga, madre.
Cuando Olmo salió de la habitación, me tomé el atrevimiento de preguntarle a Doña Águeda por sus verdaderas intenciones al quedarse en Puente Viejo.
-Es cierto que tengo que hacerme cargo de las finanzas familiares, pero también tengo muchos problemas que solucionar. Y ahora, si no te importa, hay que buscar a mi hija.
CONTINUARÁ...
-Buenas noches, Raimundo. Póngame lo más fuerte que tenga.
- Tristán, ¿cómo se encuentra?
Durante unos segundos permanezco en silencio, rumiando la pregunta de Raimundo. ¿Que cómo me encuentro? Ni yo mismo sabría decirlo a ciencia cierta. Sé que odio a Salvador Castro con todas mis fuerzas, sé que amo a Pepa con toda mi alma y sé que los meses venideros van a ser los peores de mi vida, más incluso que cuando perdí a Martín. Sé que puede parecer duro, pero sabía que Martín estaba en un lugar mejor, y que no iba a sufrir nunca más. Pero Pepa va a sufrir, y yo también, pues podría ir a buscarla a Madrid o al fin del mundo, pero he de contenerme si no quiero caer en pecado mortal. Finalmente decido responder al tabernero con un monosílabo.
- Mal.
- ¿Coñac? No te va a solucionar la vida, pero te va a recomponer el cuerpo.
- Gracias, Raimundo.
-No hay de qué, Tristán. Sabe que en esta casa se le aprecia. ¿Puedo preguntarle lo que va a hacer ahora que sabe lo que sabe?
- No lo sé, Raimundo, no lo sé. A la casona no pienso volver, e ir a Madrid ya no tiene sentido.
- ¿Y por qué no se queda con nosotros? No sólo tendría un techo y comida, sino que además, estaría acompañado de gente que le aprecia de verdad. No tiene que responder ahora si no quieres, pero piénselo.
- Gracias, Raimundo, pero no hay nada que pensar, me quedo con usted y su familia. Lo único que me gustaría pedirle un favor.
- El que quiera.
- Si fuera posible me gustaría ocupar una habitación que no fuese en la que he amanecido hoy. Demasiados recuerdos, demasiado dolor.
- Eso está hecho. ¡Emilia! Emilia, hija, dispón la nueva habitación de Tristán, la del final del pasillo.
- Al punto, padre.
- Por cierto, Raimundo, ¿sabe si Pepa está en su habitación?
- Que yo sepa, no ha vuelto desde que salió esta mañana... pero si quieres, voy a mirar.
Asentí con la cabeza y aguardé a que llegara el tabernero. Cuando lo hizo, tenía el semblante serio y me informó que no había ni rastro de Pepa. Ya era noche cerrada y Pepa sin aparecer...
-Raimundo, tengo que hablar con ella. Voy a El Jaral, seguramente esté allí.
Cogí mi capa y salí de allí a paso ligero. Cuando llegué a El Jaral, fue la misma Águeda la que salió a recibirme.
- ¡Tristán! ¿Sabe algo de Pepa?
- No, yo he venido a hablar con ella. ¿Es que no está aquí?
- Desde que salió esta mañana de la posada, no la he vuelto a ver, y mira qué horas son. ¿Y si le ha pasado algo a mi niña?
- No aflija, Águeda, seguro que Pepa está bien, pero hay que salir a buscarla.
- ¿Pasa algo, madre? -Olmo apareció por el zaguán preocupado
- Es Pepa, nadie sabe dónde está.
-Olmo, si no le importa, quisiera departir un asunto con usted.
-Claro, dígame, Tristán.
-Creo que lo mejor para Pepa es poner tierra de por medio, estudiar medicina y ser feliz, y eso no lo va a conseguir en Puente Viejo, pero no me gustaría que estuviera sola.
-¿Y qué propone?
- Si a ustedes no les parece mal, me gustaría que fueran con ella a Madrid. Sé que es muy atrevido por mi parte pedirles semejante cambio de vida, pero sé que es lo mejor para ella. Yo ya tenía apalabrado un piso en Madrid, pero puedo buscar otro más amplio.
- Olmo, creo que Tristán tiene razón. Pepa necesita alejarse de aquí, y creo que tú eres el más indicado para protegerla. Partiréis mañana, pasado a lo sumo. Id a buscar a Pepa mientras yo hago unas gestiones. Aún me quedan contactos suficientes como para teneros totalmente instalados a vuestra llegada.
- ¿Y usted, madre? ¿Acaso no viene con nosotros?
-No, hijo, de momento no. He de quedarme para hacerme cargo de las cuentas. Acabamos de gastarnos una auténtica fortuna para instalarnos aquí, y si queremos que el patrimonio de los Mesía no se desplome, alguien debe quedarse al frente. Y ahora, ve a preparar tu caballo para buscar a Pepa.
-Como usted disponga, madre.
Cuando Olmo salió de la habitación, me tomé el atrevimiento de preguntarle a Doña Águeda por sus verdaderas intenciones al quedarse en Puente Viejo.
-Es cierto que tengo que hacerme cargo de las finanzas familiares, pero también tengo muchos problemas que solucionar. Y ahora, si no te importa, hay que buscar a mi hija.
CONTINUARÁ...
#72
03/12/2011 22:16
Third el corazón encogido es poco......
#73
03/12/2011 22:17
¿Tristan le propone a Olmo que se lleve a Pepa a Madrid a estudiar medicina? Y a saber cuando la encuentran
#74
03/12/2011 22:19
Si vosotras supierais lo que viene ahora...jajajajajajajajaj!!!!!!!!!!!!!!!
#75
03/12/2011 22:23
Fui abriéndo los ojos. Oía el fuego de una lumbre. Estoy acostada en un catre y el cuerpo me pesa mucho. A medida que la visión se va haciendo mas clara, veo que estoy en un chozo...
-¿Que ha pasado?
-Has sufrido un desvanecimiento Pepa.
Esa voz me resulta familiar, la conozco. Nunca la podré olvidar, esté en donde esté, siempre la reconocere. Abró los ojos con mas presteza y allí está, sentada junto a mi...
-¡Flora!
Me incorporo, el cuerpo me duele, pero no me impide abrazarla con todas las fuerzas que me quedan en mi cuerpo. Su abrazo calma mi interior de tal manera que no puedo refrenar el comenzar a llorar, por todo lo que ha pasado.
-Pepa, mi niña, llora, llora todo lo quieras, desahógate.
La voz de Flora entraba dentro de mi como si quisiéra curar las heridas que se habían abierto en mi interior. Yo sigo llorando, no puedo hacer otra cosa. Es tal el dolor que siento, la impotencia, que la abrazo con más fuerza. Hasta que encuentro el momento de romper el silencio.
-Flora, ¿cómo me has encontrado?
-Pasaba por aquí cerca y me pareció verte correr. -Me dijo cogiendo mi cara entre sus manos. -Pero Pepa ¿qué ha pasado?
-Algo tan horrible que no sé como decirlo, ni describirlo.
-Inténtalo, ya verás como puedes.
-Hoy he recibido la noticia más triste de mi vida, una noticia contra la que no se puede luchar, es un golpe del pasado contra el que no puede hacer nada.
-Niña habla. -Me dijo Flora.
-Tristán, el amor de mi vida, el hombre por el que lo daría todo, el hombre al que más quise es mi hermano.
Al decirlo el aire me volvió a faltar, las lágrimas se apoderaron de mis ojos como el dolor de mi cuerpo y de mi mente. Era tan grande el disgusto que tenía que me dejé llevar por la desesperación.
-Pepa, mírame. -Dijo levantando mi cabeza.
-Hasta en el día más oscuro, las nubes tiene un borde plateado que nos muestran que tiempos mejores están por venir. Sé que el dolor en estos momentos está dentro de ti...
-Flora, el amor de mi vida...no podré estar con él, no hay ley humana o divina que pueda unirnos. Siempre supe que nuestro amor era imposible, pero ahora es mas imposible que nuca. -Dije con mi voz ahogada entre lágrimas. -No me queda nada en esta vida por lo que luchar, lo he perdido todo...
-No Pepa. -Dijo interrumpiéndome con fuerza y dulzura en su voz. -No digas eso, tienes muchas cosas por las que luchar, te quedan muchas cosas que vivir y por las que vivir, mira a tu al rededor hay mucha gente que te quiere...
-Pero...sin él nada tiene sentido, sentirlo cerca de mi era estar segura, de alguna manera estar protegida...
-Y seguirás estando protegida. Pepa, abre los ojos y verás como habrá siempre alguien a tu lado protegiéndote. Pepa, mi niña, no es momento de tirar la toalla, no permitas que el dolor y el miedo se apoderen de ti. Pepa has vivido cosas peores y has salido con la fuerza que simepre te ha caracterizado.
-Ahora no puedo Flora, no puedo. -Le dije llorando.
-Sí que puedes que Pepa, claro que puedes, eres una mujer fuerte y luchadora, no te dejes vencer ni te rindas. La vida te depara muchas cosas por las cuales no debes dejarte vencer por por el dolor, por la desesperación. No lo hagas mi niña, no lo permitas por ahí fuera hay que te espera...
-¿A qué te refieres? -La interrumpí y le pregunté extrañada.
-A que busques en tu interior, que busques y escuches a tu alrededor, siempre hay alguien a nuestro lado y es por esa persona y por uno mismo por lo que debemos seguir adelante. Pepa, no permitas que la desesperanza, el desconsuelo o la mismísma tristeza se asienten dentro de ti. Eres fuerte y tienes las fuerzas suficientes para tirar hacia delante. Mi niña...
Nos volvimos a brazar. Como siempre Flora tiene razón, pero sé que el dolor me nubla todo el entendimiento.
-Ahora acuéstate y descansa. -Me dijo ayudándome a tenderme en el catre.
-¿A dónde vas? -Le pregunté mientras que mis ojos se cierran sin poder hacer nada.
-Voy a prepararte un caldo. -Dijo mientras me acariciaba el rostro.
Cerré los ojos y perdí el mundo. Estaba sumergida en un lugar oscuro, no podía ver nada, ni tan aiquiera sé si tenía ojos. A lo lejos alguien me llama, es un hombre, pero no lo veo. Intento abrir los ojos, pero algo me lo impide. Oigo un golpe, como si se batiera una puerta, alguien me habla, pero no puedo ver nada.
CONTINUARÁ...
-¿Que ha pasado?
-Has sufrido un desvanecimiento Pepa.
Esa voz me resulta familiar, la conozco. Nunca la podré olvidar, esté en donde esté, siempre la reconocere. Abró los ojos con mas presteza y allí está, sentada junto a mi...
-¡Flora!
Me incorporo, el cuerpo me duele, pero no me impide abrazarla con todas las fuerzas que me quedan en mi cuerpo. Su abrazo calma mi interior de tal manera que no puedo refrenar el comenzar a llorar, por todo lo que ha pasado.
-Pepa, mi niña, llora, llora todo lo quieras, desahógate.
La voz de Flora entraba dentro de mi como si quisiéra curar las heridas que se habían abierto en mi interior. Yo sigo llorando, no puedo hacer otra cosa. Es tal el dolor que siento, la impotencia, que la abrazo con más fuerza. Hasta que encuentro el momento de romper el silencio.
-Flora, ¿cómo me has encontrado?
-Pasaba por aquí cerca y me pareció verte correr. -Me dijo cogiendo mi cara entre sus manos. -Pero Pepa ¿qué ha pasado?
-Algo tan horrible que no sé como decirlo, ni describirlo.
-Inténtalo, ya verás como puedes.
-Hoy he recibido la noticia más triste de mi vida, una noticia contra la que no se puede luchar, es un golpe del pasado contra el que no puede hacer nada.
-Niña habla. -Me dijo Flora.
-Tristán, el amor de mi vida, el hombre por el que lo daría todo, el hombre al que más quise es mi hermano.
Al decirlo el aire me volvió a faltar, las lágrimas se apoderaron de mis ojos como el dolor de mi cuerpo y de mi mente. Era tan grande el disgusto que tenía que me dejé llevar por la desesperación.
-Pepa, mírame. -Dijo levantando mi cabeza.
-Hasta en el día más oscuro, las nubes tiene un borde plateado que nos muestran que tiempos mejores están por venir. Sé que el dolor en estos momentos está dentro de ti...
-Flora, el amor de mi vida...no podré estar con él, no hay ley humana o divina que pueda unirnos. Siempre supe que nuestro amor era imposible, pero ahora es mas imposible que nuca. -Dije con mi voz ahogada entre lágrimas. -No me queda nada en esta vida por lo que luchar, lo he perdido todo...
-No Pepa. -Dijo interrumpiéndome con fuerza y dulzura en su voz. -No digas eso, tienes muchas cosas por las que luchar, te quedan muchas cosas que vivir y por las que vivir, mira a tu al rededor hay mucha gente que te quiere...
-Pero...sin él nada tiene sentido, sentirlo cerca de mi era estar segura, de alguna manera estar protegida...
-Y seguirás estando protegida. Pepa, abre los ojos y verás como habrá siempre alguien a tu lado protegiéndote. Pepa, mi niña, no es momento de tirar la toalla, no permitas que el dolor y el miedo se apoderen de ti. Pepa has vivido cosas peores y has salido con la fuerza que simepre te ha caracterizado.
-Ahora no puedo Flora, no puedo. -Le dije llorando.
-Sí que puedes que Pepa, claro que puedes, eres una mujer fuerte y luchadora, no te dejes vencer ni te rindas. La vida te depara muchas cosas por las cuales no debes dejarte vencer por por el dolor, por la desesperación. No lo hagas mi niña, no lo permitas por ahí fuera hay que te espera...
-¿A qué te refieres? -La interrumpí y le pregunté extrañada.
-A que busques en tu interior, que busques y escuches a tu alrededor, siempre hay alguien a nuestro lado y es por esa persona y por uno mismo por lo que debemos seguir adelante. Pepa, no permitas que la desesperanza, el desconsuelo o la mismísma tristeza se asienten dentro de ti. Eres fuerte y tienes las fuerzas suficientes para tirar hacia delante. Mi niña...
Nos volvimos a brazar. Como siempre Flora tiene razón, pero sé que el dolor me nubla todo el entendimiento.
-Ahora acuéstate y descansa. -Me dijo ayudándome a tenderme en el catre.
-¿A dónde vas? -Le pregunté mientras que mis ojos se cierran sin poder hacer nada.
-Voy a prepararte un caldo. -Dijo mientras me acariciaba el rostro.
Cerré los ojos y perdí el mundo. Estaba sumergida en un lugar oscuro, no podía ver nada, ni tan aiquiera sé si tenía ojos. A lo lejos alguien me llama, es un hombre, pero no lo veo. Intento abrir los ojos, pero algo me lo impide. Oigo un golpe, como si se batiera una puerta, alguien me habla, pero no puedo ver nada.
CONTINUARÁ...
#76
03/12/2011 22:32
Flora es de los personajes más bonitos de la novela
#77
03/12/2011 23:58
NEEEEEENAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAS!!!!! Que ya está Flora cuidando de nuestra Pepis!!!
Me encanta que hayáis rescatado este personaje chicas, como bien dice third, es el más bonito que ha habido en la serie y más después de comprender porqué siempre está con Pepa.
Me encanta que hayáis rescatado este personaje chicas, como bien dice third, es el más bonito que ha habido en la serie y más después de comprender porqué siempre está con Pepa.
#78
04/12/2011 13:58
Impresionante!! Describís tan bien las situaciones, los lugares, que por un momento me ha dado la sensación de que yo estaba allí, viéndolos. Y describís tan bien los sentimientos de los protagonistas que por momentos parece que el lector está dentro de su mente.
Gracias por combatir tanto talento.
Vero: grazas por avisarme. Nenas, sodes grandes!!!
Gracias por combatir tanto talento.
Vero: grazas por avisarme. Nenas, sodes grandes!!!
#79
04/12/2011 14:46
LAPuebla, non me teñes que dar as grazas, eu a ti sí, porque a túa historia é alucinante, de verdade, non sabía que escriberas tan ben, jajajajajaja!!!!!!!!!!!! É emocionante saber que teño tan preto de miña casa a unha gran escritora coma ti.
Un biquiño rula.
Por certo, góstame moito o teu avatar
Un biquiño rula.
Por certo, góstame moito o teu avatar
#80
04/12/2011 18:52
¡Pepa! -Dijo Olmo asustado a verla allí tendida. -¡Pepa despierta! ¡Vamos Pepa! -Decía con desesperación.
Olmo...-No pude abrir los ojos, pero sé que es él por la voz.
La incorporo como puedo y la tomo en brazos. No sé qué le habrá pasado y ni dónde ha estado pero su estado no es bueno. Tiene heridas por la cara, la más grande la tiene en el comisura del labio, mientras la observo me fijo como una lágrima destella en uno de sus ojos, va cayendo lentamente por su mejilla y va dejando un rastro a medida que se desliza por la mejilla. Acerco mis labios a su cara, no me había equivocado, está ardiendo, debe tener fiebre. No sé como me fijo en sus manos, están enrojecidas
-¿qué has hecho Pepa?
Mi voz da sonido a la pregunta que me golpeaba con fuerza la mente, el corazón. Sé que no voy a tener respuesta pero verla en ese estado me produce un sentimiento de culpabilidad que nunca había sentido, pero lo ocurrido no tiene nada que ver conmigo, pero yo era sabedor desde un principio de lo que había pasado y no hice nada, pero más profundo es le sentimiento de pérdida que es el que me produce este nudo en mi garganta y que oprime mi alma.
Como puedo pongo el cuerpo de Pepa encima del caballo. Una vez que está sobre el animal monto yo. Contra mi cuerpo, apoyo el cuerpo de Pepa, lo sujeto con fuerza y a galope tendido me dirijo hasta El Jaral. El camino se hace largo. Pepa balbucea pero no la entiendo.
-¡Pepa aguanta!
Intento que el caballo vaya más rápido, noto como si se acelerara el paso del animal. En el horizonte ya veo las luces de El Jaral. Ya estamos llegando, estoy deseando llegar. No veo el momento de poner a salvo a Pepa. Llego a las caballerizas, el mozo sujeta el cuerpo de Pepa mientras yo desmonto, cojo a mi hermana en brazos, me dirijo al interior. En la puerta están doña Águeda y Tristán. Sin tan siquiera mirarlos me dirijo presto a la habitación que habíamos preparado para ella. Abro como puedo la puerta, los dos me siguen, coloco el cuerpo de mi hermana en la cama.
-Ines trae agua y paños. -Ordené a la sirvienta.
-Olmo, ¿qué ha pasado? -Me dijo madre desconsolada.
-La encontré en un chozo de pastores en la montaña y me y estaba en este estado. -Les expliqué a los dos.
Madre comenzó a llorar. Tristán intentaba aguantar.
-Les recomiendo que bajen. -Les dije. -Si se despierta y los ve ahí...no sabemos como va a reaccionar. -Les dije intentando ser lo menos brusco que pude.
-Olmo...yo quiero estar con mi hija. -Me dijo madre desesperada.
-Lo sé y estaré con ella. -Le dije mientras la abrazaba. -Pero será mejor que ahora no esté aquí, hágalo por ella madre.-Le di un beso en la frente.
-Esta bien. -Me responde resignada.
Tristán, como el caballero que es, ayuda a mi madre a bajar las escaleras. Al tiempo que llega Inés con el agua y los paños. La muchacha la despojó de sus ropas manchadas, entre los dos le limpiamos las heridas, a la vez que le limpiamos el rostro y las manos que estaban impregnados de tierra. Cuando terminamos, le dije a Inés que trajera una jarra de agua y vaso, Pepa necesitaba beber después de todo lo que había pasado. Me quedé toda la noche velando su sueño...más que un sueño eran pesadillas lo que la asaltaban. A veces la incorporo y le doy de beber. Otras coloco paños húmedos en su frente. Poco a poco la fiebre fue remitiendo, las pesadillas fueron desapareciendo, pero en ningún momento me permití cerrar los ojos.
CONTINUARÁ...
Olmo...-No pude abrir los ojos, pero sé que es él por la voz.
La incorporo como puedo y la tomo en brazos. No sé qué le habrá pasado y ni dónde ha estado pero su estado no es bueno. Tiene heridas por la cara, la más grande la tiene en el comisura del labio, mientras la observo me fijo como una lágrima destella en uno de sus ojos, va cayendo lentamente por su mejilla y va dejando un rastro a medida que se desliza por la mejilla. Acerco mis labios a su cara, no me había equivocado, está ardiendo, debe tener fiebre. No sé como me fijo en sus manos, están enrojecidas
-¿qué has hecho Pepa?
Mi voz da sonido a la pregunta que me golpeaba con fuerza la mente, el corazón. Sé que no voy a tener respuesta pero verla en ese estado me produce un sentimiento de culpabilidad que nunca había sentido, pero lo ocurrido no tiene nada que ver conmigo, pero yo era sabedor desde un principio de lo que había pasado y no hice nada, pero más profundo es le sentimiento de pérdida que es el que me produce este nudo en mi garganta y que oprime mi alma.
Como puedo pongo el cuerpo de Pepa encima del caballo. Una vez que está sobre el animal monto yo. Contra mi cuerpo, apoyo el cuerpo de Pepa, lo sujeto con fuerza y a galope tendido me dirijo hasta El Jaral. El camino se hace largo. Pepa balbucea pero no la entiendo.
-¡Pepa aguanta!
Intento que el caballo vaya más rápido, noto como si se acelerara el paso del animal. En el horizonte ya veo las luces de El Jaral. Ya estamos llegando, estoy deseando llegar. No veo el momento de poner a salvo a Pepa. Llego a las caballerizas, el mozo sujeta el cuerpo de Pepa mientras yo desmonto, cojo a mi hermana en brazos, me dirijo al interior. En la puerta están doña Águeda y Tristán. Sin tan siquiera mirarlos me dirijo presto a la habitación que habíamos preparado para ella. Abro como puedo la puerta, los dos me siguen, coloco el cuerpo de mi hermana en la cama.
-Ines trae agua y paños. -Ordené a la sirvienta.
-Olmo, ¿qué ha pasado? -Me dijo madre desconsolada.
-La encontré en un chozo de pastores en la montaña y me y estaba en este estado. -Les expliqué a los dos.
Madre comenzó a llorar. Tristán intentaba aguantar.
-Les recomiendo que bajen. -Les dije. -Si se despierta y los ve ahí...no sabemos como va a reaccionar. -Les dije intentando ser lo menos brusco que pude.
-Olmo...yo quiero estar con mi hija. -Me dijo madre desesperada.
-Lo sé y estaré con ella. -Le dije mientras la abrazaba. -Pero será mejor que ahora no esté aquí, hágalo por ella madre.-Le di un beso en la frente.
-Esta bien. -Me responde resignada.
Tristán, como el caballero que es, ayuda a mi madre a bajar las escaleras. Al tiempo que llega Inés con el agua y los paños. La muchacha la despojó de sus ropas manchadas, entre los dos le limpiamos las heridas, a la vez que le limpiamos el rostro y las manos que estaban impregnados de tierra. Cuando terminamos, le dije a Inés que trajera una jarra de agua y vaso, Pepa necesitaba beber después de todo lo que había pasado. Me quedé toda la noche velando su sueño...más que un sueño eran pesadillas lo que la asaltaban. A veces la incorporo y le doy de beber. Otras coloco paños húmedos en su frente. Poco a poco la fiebre fue remitiendo, las pesadillas fueron desapareciendo, pero en ningún momento me permití cerrar los ojos.
CONTINUARÁ...